Page 187

tal vez le venía del negocio familiar, tenía un encanto especial a la hora de poner velas de todas las medidas, aquí y allá, para crear ambientes. Si Miriam Mundi se había ganado la credibilidad y el respeto del personal, no era porque fuese la mujer del dueño, a quien todos acostumbran a hacer la rosca, sino por su simpatía, su criterio y su trabajo. El mérito que le reconocían todos los trabajadores dentro del Rafaeli, desde el chef hasta el último maletero, era que no parecía que moviese un dedo y lo encajaba todo a la perfección. Después, siempre con el traje más distinguido de la velada, estrenado para la ocasión, sabía recibir. Miriam era la mejor anfitriona, con la mirada franca que había enamorado a Kim. Siempre tenía a punto una conversación o el comentario inteligente para cada convidado que entraba por la puerta giratoria del Paseo de Gracia. Las fiestas del Rafaeli se habían convertido, con su ayuda, en un acontecimiento social de la ciudad. Al día siguiente ai que Paco Ráfales tenia interés en ver que decían los periódicos. Repasada la prensa, pasaba a felicitar a su hijo y hacía llegar una caja de trufas de Sacha a su nuera. Sabía que le encantaban y Miriam para hacerlas durar, se comía una – solo una – después de café de la comida. Como si solo pudiese pecar una vez al día. Una noche, en casa, Miriam sorprendió a su marido. -¿No notas raro a tu padre?

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

Advertisement