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la CNN, encendida todo el día, era un polo de atracción que le hacía la puñeta. Era una televisión muda, si, pero continuamente iba escupiendo rótulos de noticias que se escapaban por la izquierda de la pantalla. Que si el Bush, que si Irak, que si los resultados del New York Knicks, que si el maldito Dow Jones. Acabó de los índices de la bolsa – flechas verdes arriba, mierdecitas rojas abajo – hasta el gorro. El, manitas de plata, un profesional con una salud de hierro, no había dejado de tocar ni con el cambio de siglo. Ni tampoco con el cambio de milenio, en aquel fin de año tan sonado que decían que se acabaría el mundo y que se rompería todo. Los ascensores bajarían en caída libre, los radio despertadores se fundirían y los satélites, después de perder el oremus, estarían condenados a vagar eternamente por el espacio. Y al final, no pasó nada de nada. Aquella noche, desafiando a los malos augurios, el Rafaeli había organizado una fiesta especial para estrenar el año. Pero Paco Ráfales no apareció. De las fiestas, desde que se había ido consumiendo, no quería saber nada. Ni iba ni las organizaba. No estaba para celebraciones. Mientras no trajesen problemas, les decía tirad adelante y dejaba que se encargasen Kim, que había cogido las riendas del día a día del Rafaeli, y la Miriam que, a pesar de que no trabajaba, era la persona ideal para las movidas del hotel. Organizaba, montaba, delegaba, contrataba músicos, elegía menús, probaba cáterings, seleccionaba camareros, decidia vinos. Y,

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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