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-Supongo que si. -Es una mierda tan grande… -Claro que lo entiendo, Kim. Pero se hace difícil ponerse en la piel del que vive una cosa así. -Es… -Pero no me lo tienes que agradecer – el pretendía sosegarla con palabras. -Cuando tienes miedo necesitas una mano para andar. Y tu me… -Le volvió a coger la mano. -¿No lo haría tu por mí? -¿Yo? – No lo tenía muy claro, acostumbrado como estaba Kim a ir a la suya – Supongo, vaya. -Seguro que si. Laura se incorporó y puso la cabeza de Kim sobre su barriga y le abrazó fuerte. El, como pudo, ahogó la gota de la primera lágrima. Tanpoco se permitió sacar una segunda y estuvo a punto de decirle no te vayas, ¿que vas a hacer en Londres con ese viejo? Pero Laura, se le anticipó. Me voy. Escribámonos. Llameémonos, de cuando en cuando… Siempre que quieras. Siempre que tengas ganas. Solo serán tres semanas. - Cuando no pueda más; Laura, te enviaré un papelito doblado. Y se marchó. Casi quince años. Londres olía a curry y a historia. El profesor Clemence también en esto, tenía razón. En su casita

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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