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medio de un teatrito que parecía improvisado. Con diez mesitas, una tarima y una cortina de cualquier manera habían montado el festival de cada miércoles. Unos cuantos ojos les reprocharon que les estorbasen en medio del acto, y decidieron, silenciosamente, dar marcha atrás. En la trastienda, muchos jóvenes escuchaban al porta que recitaba los versos inéditos que sostenía con la mano. Con la otra, se apoyaba en el suelo con un bastón de mango descantillado. “El viento es frío, la tarde es áspera”. Silabeaba con energía cada concepto. “Venid a mi, pequeños malos pensamientos”, les decía, y el público saboreaba la música de las palabras con los ojos cerrados. De tanto en tanto celebraban un buen verso de Francisco Garriga con un sorbo de Moritz, de la botella. “Quemad los libros. Alimentaos de las cenizas”. Y estaban dispuestos a hacerle caso. Acabado el recital, aplaudían al poeta y el ponía el gesto de siempre, la de saber que el reconocimiento desembarcaba con demasiados años de retraso. Cenaron tapas. El profesor quería tapas y cenaron tapas. Croquetas, patatas bravas, pulpo con pimentón rojo y jamón. El profesor quería jamón y el intelectual sin cargo pidió jamón. In platillo tras otro, porque Clemence se los ventilaba cogiendolo con dos dedos, con una técnica que no le era nueva. Al salir, el profesor dijo al intelectual sin cargo que gracias por todo, que no hacia falta que le acompañase hasta el hotel, que Laura ya sabría el

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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