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olía a tabaco, “Sí, y qué”, como casi cada viernes. Comía en dos minutos, hacia la bolsa, y cogía el autocar de línea y volvía a casa para pasar el fin de semana con sus padres. - Ayer salí, sí, ¿algún problema? – De repente se sacó la camiseta y la echó en el cesto de la ropa sucia, con el resto de las bragas, camisetas y calcetines de basket que había echado en la bolsa – Ya la bajaré yo a la lavadora. Tú no hagas nada. Laura no quería oír, nunca más, el reproche que le había hecho su padre. Era uno de los primeros viernes de curso, había llegado a casa con la ilusión de dar un beso a sus padres y explicarles lo libre que se sentía de vivir en Barcelona y que bueno que era el profesor de Literatura inglesa, y sin que viniese a cuento, el padre se había enfadado a medio cenar y le había dicho, en su tono seco de contable de tienda de muebles, que si se pensaba que su madre era una criada, no hacía falta que volviese. Le lanzó, de mala gaita, que que era eso de volver a Banyoles con la ropa sucia de toda la semana, de la Universidad y de los entrenamientos, y llevársela, el lunes por la mañana, toda limpia y planchada a Barcelona. Y, encima, unos canalones y judía tierna y unos libritos rebozados para que solo tuviese que freírlos y unos tupers con chanfaina, que Laura se chupaba los dedos. La madre había bajado la vista, acariciaba al Dickens – ajeno al baile de bastones – y prefería no decir nada de nada. Pintaban bastos. Sabía que si se

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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