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-Claro, tío… - Claro que no lo quiero saber. ¿O quieres tu que te explique como me la ha mamado una holandesa hasta la última gota? -Muy bien – Volvió a pensárselo, y, más rotundo, añadió -: La Laura. Muy bien. A Kim, más que la respuesta, le rompió el esquema aquella pausa. Talmente como si se complaciese habiéndose tirado a Laura. -Mira, el que ya se calienta es el Carl Lewis, no? -Si, si, disimula, capullo. 8.54 el primer salto. Que bestias, el hijo del viento. El se quedó con la tele encendida. Marcos, a los cinco minutos, roncaba como un jabalí. A la mañana siguiente salieron de excursión en autocar. Laura se quiso sentar sola, al lado de la ventana. Para pensar. O, mejor dicho, para no pensar en nada. Solo corrió la cortina bien atrás para ver la vida con otros colores. Mirar y distraerse con las ristras de kilómetros y más kilómetros de paredes secas – piedra sobre piedra sin argamasa – que parcelaban los campos y delimitaban las propiedades como en un ciclorama sin fin, de punta a punta de la isla. Los barrancos de la costa norte agobiaron a Laura. El paisaje del faro de Caballería, agitado y salvaje, tenía poco que ver con los arenales del sur, un continuo de playas mucho más dulces, en calma por el Garbi de las horas. El chófer – “quien quiera orinar que aproveche los lavabos del bar del Santuario” – paró el autocar en el Monte Toro, el

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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