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que fuese ella la que dominase la escena hasta la larga sensación de fruición final. -Sobretodo, Marc, ahora no nos durmamos, que no dejemos a Xenia fuera – le dijo Laura, estirándose a su lado. Marcos solo tuvo que cambiar de habitación. Temía que le pasaría lo mismo. Kim se había quedado la única llave de la 28 y, más allá de las cuatro, tenía pocas probabilidades que oyese como llamaba a la puerta con los nudillos. -¡Voy! -Kim estaba despierto y le había oído a la primera. -¡Que haces despierto! – Marcos, con los pantalones puestos pero con el torso desnudo, decidió preguntar primero. -Juegos Olímpicos, tío. Esperando a Carl Lewis. -¿Cien metros? -No, hoy es largada. -Ya ha saltado? -Todavía no. ¿Qué tal? -¿El qué? -Laura… -¿Se oía – Marcos no se puso rojo porque ya había venido así. -Esto es S’Hortolá, tío. No se puede decir que las paredes sean de piedra precisamente… -Hemos intentado que… - Se oía poco, no te preocupes. ¿Pero que tal? -¿De verdad que lo quieres saber, Kim?

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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