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Esta debe ser la casa del hortelano, el payés que se cuidaba de los que sembraban y recogían en aquellos campos terrosos de por aquí. -Pero eso debía de ser en tiempos remotos. Ahora habían pintado la casa por fuera y la habían reformado por dentro. La habían dividido e habitaciones ridículas miniaturas con dos somieres y dos colchones, un estante que hacía de mesilla de noche, una pequeña tele que parecía que la habían puesto allí para no tirarla, y para de contar. Al lado de la puerta de entrada de cada habitación tenían una pica debajo de un espejo de dos palmos y un váter que pretendían disimular con una mampara de bambú. El plato de ducha, en cambio era comunitario. Estaba fuera de las habitaciones, al final del pasillo de cada una de las dos plantas. -¿Una ducha para veinte personas? Nos vamos a reír – el comentario se despertó por unanimidad. S’Hortolá era una construcción sencilla, una casa con el tejado a dos vientos y con las cuatro paredes blanquísimas, que deslumbraban desde muy lejos. Solo una tortuga que remoloneaba delante de la puerta y una buganvillas que se trepaban pared arriba por la fachada principal, moradas y orgullosas, daban un poco de vida a lo que era – se aceptan apuestas – el lugar más muerto de la isla. -¿No hemos encontrado nada peor? – dijo Marcos dejando la mochila sobre lo que decidió que sería su cama.

Profile for Guillermo de Castro

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

NOSOTROS DOS  

No se muy bien por donde empezar. No se si ya os he abrazado a todos y os he saludado como os merecéis.

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