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Sábado 20 de marzo de 2010 l Heraldo de Aragón

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CULTURA &OCIO

Música l Antes de salir al escenario, los músicos planchan, comen y afinan instrumentos en lugares curiosos. Después de 15 años, en el Auditorio de Zaragoza conocen el ritual previo al concierto y la experiencia les permite cuidar cada detalle casi sin necesidad de mediar palabra con sus visitantes

El ruido que alimenta un gran concierto

Las intérpretes rusas esperan para poder planchar antes del concierto. J. M. MARCO

Un violinista ensaya de cara a la pared para evitar las distracciones. J. M. MARCO

Uno de los intérpretes afina su trompeta en los baños del Auditorio. JOSÉ MIGUEL MARCO

U

na trompeta en el lavabo, varios violinistas frente a la pared y en los camerinos, una fila para hacerse con la plancha. Quedaban 20 minutos para arrancar con el concierto y lo único que la Filarmónica Nacional de Rusia producía era ruido, mucho ruido. Julio Lezcano no paraba quieto mientras veía a más de cien músicos moverse por los pasillos y repartirse los camerinos del Auditorio de Zaragoza, del que es regidor desde hace 15 años. Se encarga de que todo salga bien en los conciertos y con los ru-

sos no fue fácil. El martes pasado, después de tres semanas, la orquesta llegó a Zaragoza, última parada de su gira. Habían viajado desde Barcelona en autobús y de aquí volaban a casa. “Venimos entonados, por eso hoy no necesitamos ensayar mucho”, declaró Vladimir Spivakov, el director, y lo hizo en ruso, porque ni él ni casi ninguno de sus músicos hablan otro idioma. “No les entiendo nada”, decía el regidor, que había comenzado a trabajar desde la mañana, cuando un tráiler llevó la ropa y los instrumentos al recinto. Él tuvo que po-

El director, Vladimir Spivakov, comenta los tramos complicados del recital. J. M. MARCO

ner todo en su sitio antes de que llegaran los músicos, como hoy lo hará para The Scholars Baroque Ensemble. “Por lo general, vienen con dos horas de antelación”, contó sorprendido por los horarios de la orquesta rusa, que llegó solo 35 minutos antes del concierto. Spivakov fue el último en entrar, y de inmediato reunió a sus concertinos para recordarles los puntos difíciles de la interpretación. “También les escribo notitas para que no lo olviden”, reveló. Estaba nervioso, aunque eso la orquesta nunca lo llegó a saber.

“Vamos a sentir los instrumentos, rápido”, les ordenó a sus músicos, que al oírlo salieron al escenario todavía con ropa de calle. Quedaban veinte minutos y muchos ni se habían cambiado. “Son profesionales, saben lo que hacen”, afirmó Lezcano, que pidió a los artistas que volvieran a los vestuarios porque la gente había comenzado a tomar sus asientos. Dentro, unos se vestían, otros comían y los había que jugaban con su móvil. Vladimir y Victoria se besaban y lamentaban no haber conocido la ciudad. “Casi nunca

nos da tiempo”, reconoció el músico. En su cabeza, admitió, los nervios no eran por el concierto, sino por el fútbol. El CSKA de Moscú jugaba a la misma hora. Mientras, Galima Barsova buscaba unos tapones de oídos. “Estoy cerca de la batería, sin ellos no puedo tocar”, explicaba casi gritando, porque el ruido de la orquesta afinando ya era altísimo. Aunque a ella parecía no importarle: seguía intentando escuchar a Ksenia, su amiga de Zaragoza, a la que no veía desde hacía veinte años. GUILLERMO ARAGÓN


apertura backstage auditorio