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PENSAMIENTO DE MARTIN BUBER. 3.1- ICH und DU (Yo y Tú) La aportación que Buber ha legado a las futuras generaciones de hombres y mujeres es su concepción dialógica de la realidad pero sobre todo del hombre. Diálogo que el hombre establece en dos dimensiones distintas la relación Yo-Tú que es inmediata y se caracteriza tener lugar como presencia de ser a ser es decir, persona a persona. “En el diálogo auténtico uno se vuelve hacia su interlocutor y se dirige a él de verdad: es, pues, un movimiento del ser hacia él. Cada uno de los que hablan ven aquí en su interlocutor a quien se dirige a su ser persona... Pero el que habla no sólo percibe a la persona que le es así presente, sino que también la acepta como interlocutor, es decir, confirma, en la medida, que le es posible, al otro en su ser.” La palabra presente tiene un significado de permanencia y no de “ahora” en el sentido del instante matemático. Sin embargo en la relación Yo-ello no cabe el presente, pues los objetos que el individuo “conoce” y utiliza están en el tiempo que pasa. El ser humano es un ser para relacionarse que se afirma y crece en una triple relación: con los demás hombres (yo-tú) con el mundo (yo-ello) y con Dios (yo-Tú). “ Tres son las esferas en las que se alcanza el mundo de la relación. La primera: La vida con la naturaleza. Allí la relación oscila en la oscuridad y por debajo del nivel lingüístico. Las criaturas se mueven ante nosotros, y nuestro decirles -Tú se queda en el umbral del lenguaje. La segunda: la vida con el ser humano. Allí la relación es clara y lingüística. Podemos dar y aceptar al Tú. La tercera: La vida con los seres espirituales. Allí la relación está envuelta en nubes pero manifestándose, sin lenguaje aunque generando lenguaje. No percibimos ningún Tú, y sin embargo nos sentimos interpelados y respondemos imaginando, pensando, actuando. Decimos con nuestro ser la palabra básica sin poder decir Tú con nuestros labios. Pero ¿Cómo podríamos nosotros integrar lo extralingüístico en el mundo de la palabra básica?. En cada una de las esferas avistamos la orla del tú eterno gracias a todo lo que se nos va haciendo presente, en todo ello percibimos un soplo que llega de Él, en cada Tú dirigimos la palabra a lo eterno, en cada esfera a su manera.”[5] La relación con el mundo es sólo una relación con el “ello”; el yo se afirma como sujeto que conoce y quiere frente al objeto que tiene delante. “En fin, con toda la seriedad de la verdad, escucha esto: sin el Ello no puede vivir el ser humano. Pero quien vive solamente con el ello no es ser humano”. La relación con los demás hombres es mucho más; el yo encuentra un tú; El encuentro personal es el que verdaderamente abra todas las dimensiones espirituales y nos constituye como personas. El hombre puede decir yo en un sentido personal, cuando


tiene delante un tú “Quién dice un tú se sitúa en la relación”. El yo no se da sólo se da siempre ante tú. Y el tú fundamental de todos los hombres es Dios. Aquí es donde aparece la última de las relaciones del yo, cuando el yo intuye que su relación con otro tú como él limitado y finito, hay una nostalgia de Dios (Tú) “en cada tú, nos dirigimos al Tú eterno”; “El sentido del tú. no pude saciarse hasta que encuentra al Tú infinito”. En cada tú hay anhelo de plenitud que sólo el Tú eterno puede colmar. Por eso Tú es el nombre adecuado de Dios. “A los sentimientos se les “tiene”; el amor ocurre. Los sentimientos habitan en el ser humano; pero el ser humano habita en su amor. Esto no es una metáfora, sino la realidad: El amor no se adhiere al Yo como si tuviese al Tú como “contenido”, como objeto, sino que está entre tú y yo. Quien no sepa esto, quien no lo sepa con todo su ser, no conoce el amor, aunque atribuya al amor los sentimientos que vive, experimenta, que goza y exterioriza. El amor es una acción cósmica. A quien habita en el amor, a quien contempla en el amor, a ése los seres humanos se le aparecen fuera de su enmarañamiento en el engranaje; buenos y malos, sabios y necios, bellos y feos, uno tras otro, se le aparecen realmente y como un Tú, es decir, con existencia individualizada, autónoma, única y erguida; de vez en cuando surge maravillosamente una realidad exclusiva, y entonces la persona puede actuar, puede ayudar, sanar, educar, elevar, liberar. El amor es responsabilidad de un yo por un tú: en esto consiste la igualdad (y no ningún tipo de sentimiento) de todos lo que se aman, desde el más pequeño hasta el más grande, y desde el anímicamente guarecido, aquel cuya vida se halla incluida en la de un ser amado, hasta el de por vida escarnecido en la cruz del mundo, aquel que pide y aventura lo tremendo: amar a los seres humanos”[6] http://www.uv.es/~tyrum/artpersonalismo3.htm


KAROL WOJTYLA La unidad de la persona en Wojtyla se centra en el ser humano con el fin de conocer las conexiones e interacciones que se dan en la realización del mismo como persona mediante la “expresión existencial central del individuo en cuanto agente, es decir, en cuanto se manifiesta en la acción.” El hombre como sujeto se manifiesta mediante la acción y su revelación como tal se logra por la acción, y en particular por la acción moral. El conjunto de todas las acciones revela o manifiesta a la persona en la complejidad de su dinamismo, es decir en una totalidad dinámica. Y la totalidad de la actuación del hombre tiene una unidad propia que Wojtyla llama acción. De allí entonces que la acción, “sólo se puede atribuir a una persona y a ningún otro agente” [2] . La acción implica y presupone de este modo a la persona. En la acción se identifican sujeto y objeto y se hace patente al hombre su realidad propia, es decir, que en la experiencia de la acción se reúnen la experiencia y el conocimiento de sí mismo, como sujeto de acción y como objeto de conocimiento [3] La acción es entonces el conjunto dinámico en el que se expresa la unidad del sujeto persona, con todas sus implicaciones e interrelaciones complejas internas. Se trata aquí de autoconocimiento como interioridad, en la cual se reúnen la experiencia empírica y la intuición intelectual del autoconocimiento o conocimiento del sí mismo. Wojtyla le asigna a esta interioridad además un carácter óntico, que se realiza en la autoconciencia, a la cual conduce el autoconocimiento que acabamos de mencionar. [4] Como el mismo autor señala, la multiplicidad de sentidos, o conjunto de sentidos, la conciencia se los debe al autoconocimiento. La cita exacta, que transcribimos, dice: [...] “Podemos [...] hablar de la conciencia, desde un punto de vista objetivo; de forma más específica, en relación con la estructura significativa, que es propia de la conciencia del ego; con su forma de ser y operar y con todo lo que tiene alguna conexión con ello. Este sentido o, hablando más propiamente, este conjunto de sentidos, la conciencia se los debe al autoconocimiento. Como consecuencia de estos diferentes sentidos, la conciencia se presenta también como una modalidad especial de “autoconciencia”. Es el autoconocimiento quien contribuye a la formación de la autoconciencia.” Entonces, la interioridad de conciencia abre a otra interioridad básica, la interioridad óntica. Se trata de [...]“la conciencia, en unión íntima con el ser y actuar, basados en la realidad óntica del hombre-persona concreta” [5] . Siguiendo al P. Ismael Quiles en el análisis que él ha hecho de la filosofía de la persona de Karol Wojtyla, podemos sintetizar los siguientes niveles: Primero: La interioridad es experiencia interna, “experiencia de sí mismo”. Según Quiles: [...]“es nuestro primario y fundamental contacto con nuestra interioridad”. En segundo lugar: el núcleo óntico, que es el “yo como un “ser” cuya estructura óntica es ser sujeto de sí y de sus actos.” [6] Y un tercer nivel, es el núcleo óntico como sujeto óntico dinámico y autoconsciente. Es decir, es el dinamismo del núcleo óntico.


Ahora bien, desde esta breve síntesis de la concepción de la persona según Karol Wojtyla, y con vistas al tema de nuestra reflexión: la unidad de la persona y la captación de la belleza, surge en este punto una cuestión fundamental relacionada a persona y acción: la Trascendencia. http://www.quilesfundserysaber.org.ar/ColoquioIX/SegundaParte/PonenciaIs.html


CLAUDE LEVI-STRAUSS (1908- ) Claude Levi-Strauss "Odio los viajes y los exploradores…", así de radical comienza uno de los viajeros y exploradores más prolíficos del siglo XX su autobiográfico "Tristes Trópicos" (1955). El tono escéptico - aunque no cínico - es característico de quien tal vez haya visto demasiadas cosas y sufrido demasiadas decepciones como para dejar un hueco a la esperanza en el ser humano. Quizá esa distancia hacia las personas y hacia la vida en general le haya permitido a Levi-Strauss convertirse en un genial observador del ser humano. Podría afirmarse que Levi-Strauss es el antropólogo total. Según Levi-Strauss la mente humana organiza el conocimiento en polos binarios y antagónicos (bueno - malo; dentro - fuera; nosotros - vosotros; crudo -cocinado, etc.) que se organizan de acuerdo con la lógica. Tanto la ciencia como el mito, como explicaciones del mundo, estarían estructurados por pares de opuestos relacionados lógicamente y por tanto compartirían la misma estructura, solamente que aplicada a diferentes cosas. Para Claude Levi-Strauss, las reglas por las que las unidades de la cultura se combinan no son producto de la invención humana, sino que siguen las pautas que se encuentran en el cerebro humano. Expresado en términos más actuales, las pautas de la cultura serían genéticas. Por lo tanto, en el paso del ser humano de animal natural a animal cultural (a través de la adquisición del lenguaje, la preparación de los alimentos, la formación de relaciones económicas y unidades políticas, etc.) el ser humano sigue unas leyes ya determinadas por su estructura biológica. Por eso el ser humano no sería la especie privilegiada que creemos que es, sino una especia más que pasará y que solamente dejará algunas trazas de su actividad cuando se extinga. El concepto de estructura Lévi-Strauss ha definido las condiciones que implican el concepto de estructura: 1. Implican el carácter de SISTEMA. Esto consiste en que sus elementos se relacionan de manera tal que la modificación de cualquiera de ellos implica una modificación de todos los demás. 2. Como todo modelo pertenece a un grupo de TRANSFORMACIONES, cada una de éstas se corresponde con un modelo de la misma familia, de manera que el conjunto de estas transformaciones, constituye un grupo de modelos. 3. Las propiedades enunciadas previamente permiten PREDECIR, de qué manera reaccionará el modelo en el caso en que alguno de sus elemento se modifique. 4. El modelo debe ser construido de tal manera que su FUNCIONAMIENTO pueda dar cuenta de todos los hechos observados.


Una estructura, pues no es una realidad empírica observable sino un modelo explicativo teórico construido no como inducción sino como hipótesis. Se diferencia así "estructura" de "acontecimiento". En la estructura no se considera a los términos en sí mismos sino a sus relaciones, es por lo tanto, un sistema de relaciones y transformaciones, regulado por una cohesión interna que se revela en el estudio de sus transformaciones.

http://filosofia.idoneos.com/index.php/367743


EL EXISTENCIALISMO DE JEAN PAUL SARTRE El existencialismo es un movimiento filosófico que se desarrolla a partir de 1927, con la publicación de "El ser y el tiempo", de Martín Heidegger, y que alcanzó su máximo esplendor en los años 40 del presente siglo, para decaer hacia la década de los 60. Su fundamental principio filosófico es el análisis de la existencia humana como punto de partida para cualquier ulterior reflexión sobre lo real. Como precursores de este movimiento hay que citar a Kierkegaard, quien influye poderosamente en el ambiente intelectual pre-existencialista, aportando numerosos temas de reflexión, y a Husserl, no tanto por el contenido de sus doctrinas como por el uso que harán algunos existencialista (como Heidegger) de su método fenomenológico. Como lugares comunes del existencialismo podemos reseñar los siguientes puntos: a) Todas las filosofías de la existencia arrancan de una llamada "vivencia existencial", que es entendida de diversos modos por los existencialistas: como fragilidad del ser", como "marcha anticipada hacia la muerte", o como "repugnancia o náusea general". b) Su tema principal de investigación es la existencia, entendida como '`un modo de ser particularmente humano". El ser humano es, pues, el único animal que tiene existencia, en ese preciso sentido. c) La existencia es concebida como una actualidad absoluta, no como algo estático, de lo que se pueda decir que es, sino como algo que se crea a sí misma en libertad, que deviene, que es un proyecto. La existencia, por lo tanto, es algo que pertenece sólo a los seres que pueden vivir en libertad. d) En consecuencia, el ser humano es pura subjetividad, es decir, puro despliegue de su capacidad creadora, de su capacidad de ser para sí mismo, de su propio hacerse, de su "existir”. El ser humano se crea libremente a sí mismo, es su libertad. e) Pero pese a su subjetividad el ser humano no queda cerrado en si mismo, sino que se halla esencial e íntimamente vinculado al mundo y, en especial, a los demás seres humanos. En su real y efectivo hacerse, la existencia deviene "co--existencia". f) La distinción entre sujeto y objeto, tal como es planteada por la metafísica tradicional, es también rechazada por los existencialistas, entre quienes prevalece la vivencia de la realidad sobre el conocimiento de la realidad. Y en esa vivencia la oposición sujeto/obieto queda anulada. La realidad es vivida fundamentalmente mediante la angustia, es decir, por medio de aquello por lo que el ser humano se da cuenta de su finitud y de la fragilidad de su posición en el mundo. La angustia se presenta como el modo en que el ser humano accede al fondo último de la realidad. No olvidemos las condiciones históricas que acompañan el surgimiento del existencialismo: entre la primera y la segunda guerra mundial.


Entre los más destacados representantes del existencialismo podemos destacar a los alemanes Heidegger (que es indiferente al tema de Dios) y Karl Jaspers (que admite la trascendencia del ser humano después de la muerte) dentro de la corriente que se ha dado en el llamado existencialismo negativo, y en la que también se suele encuadrar al francés Sartre (existencialismo ateo declarado y consecuente); y el también francés Gabriel Marcel, como representante del existencialismo teológico o espiritualista. La filosofía de la existencia se presenta como una filosofía pesimista, cuya conclusión es la de que la existencia humana carece de sentido, es un absurdo (el ser humano, como dice Sartre, es "una pasión inútil "),ya que no hay ninguna esencia, ninguna dirección fija en la que deba desarrollarse. Pero es a partir del reconocimiento de la existencia de donde, precisamente, al no haber ninguna esencia prefijada, al no ser el ser humano esto o aquello, sino pura libertad, como es posible re-construir el ser de esa existencia y, con ello, la realidad toda y el ser humano, como un fruto de su libertad.

http://www.webdianoia.com/contemporanea/sartre/sartre_filo.htm


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