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guarda gujas octubre 2011, n° 37

La ciudad lava su cara con el agua de la lluvia. Aguascalientes recobra por un momento su nombre.

http://lja.mx/guardagujas

octubre

adán echeverría

lo insalvable es el amor lo insalvable esos días de octubre los hemos descubierto hace un año tú caminabas perdida en la noche yo te seguía sobre las puntas lunares una lechuza pálida nos hizo tropezar lo insalvable es el amor aullamos toda la noche aullamos entre los dientes de los labios quedaron pedacitos lunares apenas las piernas nos inundaron y en el ahogo lo supimos

lo insalvable es el amor tenlo por cierto

juan francisco pizaña morones

fueron las noches de octubre milagrería de grillos

salvador gallardo topete /rodolfo jm / ricardo pohlenz / sofía ramírez /alejandro espinoza


pantun salvador gallardo topete, el hijo

Pantun. Composición poética malaya. Son los pantun unas estrofas de cuatro versos, de rimas entrelazadas, en los cuales raras veces el segundo dístico tiene relación íntima con el primero. Es la creación más típica del espíritu malayo. Brota de la playas, de los campos, de las cabañas y, en general, no dispone más que de unos pocos temas, en su mayoría de tipo erótico

Ay, si pudiera dejarme de cosas de alta cultura me enredaría a tu cintura sin ceremonia y sin cura.

Monte, pináculo, torre, cúspide blanca detente. Molesta espinilla deja, de jeringarme en la frente.

La muerte baja en la noche cuando me encuentro dormido. Ay si pudiera acostarme, ay, tempranito contigo.

La noche es un teorema del tránsito estelar. El Maquech sube a la luna con su carga de chalchihuites.

Plaza de hierro y cantera bajo un cielo provinciano. Un jubilado triste conversa con un triste jubilado.

El lobo manda mensajes por donde el viento circula. La luna en tanto regula el periodo femenino.

La muerte tiene por dedos guadañas de uñas largas, se acerca a mí, que no tengo tijeras con que cortarlas.

Una mujer encinta navega parsimoniosamente como un buque de carga con el viento en popa.

Me desperté soñando a Dios, al rasurarme miré hacia el espejo, lo vi de nuevo, sonriente con el rostro enjabonado.

Ay madre que se me va. Déjala hijo, volverá. Ay madre que se me fue. Mira mi hijo te cumplió.

El viento afuera taladra con su berbiquí de hielo. Adentro, en mi corazón me taladra tu recuerdo.

Un joven solitario como balandro riela. Sextante alerta el ojo en busca de una estrella.

En la noche por tu amor subía el mercurio la escala mientras la vida escapaba en un soltero estertor.

Un perro me mira triste a través de una vidriera. Yo por mi parte quisiera tomar un güisqui con soda.

Cuantos Brutos, Cesar, se encuentra por ahí escondidos. No me duelen las heridas, sino las manos amigas.

Carabina, carcajada. Estallido de los miedos, Por los caminos del polvo van huyendo los cuatreros.

La luz hiere mi retina con moléculas de plata y yo que dejé mis párpados en el buró de mi casa.

Francisco mira las nubes con tus ojos enlutados, toca las llagas del árbol con tus dedos de artista.

Las bocinas dejan descalzo al silencio de la calle. ¡Calle, calle! Use frenos no use claxon.

La tarde se puso triste al ver a un lagarto llorando, si supiera por qué llora no lo estaría consolando.

Los rusos y los gringos tienen escondidas sus atómicas. Yo voy a tirar la mía porque ya no tiene tinta.

Los perros gustan hacerse el amor en plena calle. Ay niña, niña tu talle se me ha enraizado en la vista.

Al llano, a la mar, al llano te voy a buscar amiga, hasta que tu corazón me diga ya no, ya no, ya no.

Me guiña un ojo el faro desde la roca y conduce mi beso hasta tu boca.

Narcisos vienen mirando sus rostros en las estrellas. Abajo, en las atarjeas una rata se está ahogando.

En la techumbre del día las nubes se hacen borrego, allá a lo lejos un ciego, pregona la lotería.

Faroles apagados corazones encendidos y la noche que se enreda temblando por la arboleda.

Las carcajadas del viento sacuden la cabellera de la verde enredadera. Y tú incógnita.

El día tiene las horas atadas a tu cintura. Ay niña ¿por qué demoras tu lumbre y mi calentura?

Tres noches de agonía tuvo, tres noches de calentura, dicen que lo mató el amor yo creo que fue la soltura.

El viento entró a la ciudad rodando su aro de polvo. Niño de malos modales arroja sal en los ojos.

“Desde que se fue, triste vivo yo”. Antes de que yo naciera, ella ya había partido.

Pastor y lobo conviven a un tiempo en mi interior, el uno en el sentimiento, el otro, en la razón.

Un huele de noche en la plaza palidecía de la envidia de ver pasar a un mendigo que huele de noche y día.

Me das un pie y en el acto la inspiración se asoma reprochándote el aroma con que ofendes a mi olfato.

En el Picacho convocan a una sesión de coyotes. En el ferrocarril la luna se viste de cien aullidos.

Pasé gritándole amor a la muerte ciriquiciaca y ya que la tuve cerca que se me sale la vida.

Los ruidos del grillo brotan en la noche adormecida, le están cantando a la luna pero ella ya está pedida.

Un coche recorría kilómetros de caminos asustados. No es lo mismo decir peces que pescados.

Las horas se tornan largas. Verde lechuga el torero mueve despacio las nalgas. El toro muge y se mea.

Tenías tan fría la mirada y tan fresca la sonrisa, que desde aquella noche sufro de bronconeumonía.

Tu voz me suena extraña por los hilos del teléfono. Avispa adormilada en la pared de un espejo.

Cenzontle, tu canto camaleón, va del petirrojo al gorrión.

Cristina de verde limón y de oro los alamares. El toro que se la coge y yo con celos de minotauro.

Estar tus ojos perdidos en la bruma de los bares y mi alma, marino en tierra, en busca de nuevos mares.

Ay como jedía la iglesia ¿quien cometería el pecado de traerse de Canán entre las faldas pescado?

Una parvada de tordos flecha al cielo por la tarde. Ante tus oídos sordos mi sangre se tibia y arde.

El cielo rompió sus cántaros. Llueve, llueve sobre el mar. Qué raro que sin ser Ramón tenga “unas inmensas ganas de llorar”.


gang bang ciudad de méxico/1

El Mezquite mezquino nos regala con su sombra poca, y con sus bayas. El sol desnudo se baña en las fuentes de la plaza. En mi corazón el fuego de la última hoguera se apaga. El sol dora los árboles y calienta las banquetas. Hay que esquivar con cuidado las piedras y las excretas. Pálida luna rechoncha damisela del espejo. Amor déjame que abra la doble flor de tu pecho. Un hielo flota que flota en un vaso de cristal. Ahí va un tal por cual y no flota. 1955 “Ser o no ser” dijo Shakespeare: la cuestión. Y dentro del corazón, cuántas ganas de joder.

Santa Olalla El alba no llegará. por los hilillos del cielo hasta que no te hayan cortado con una estrella los senos. A Desiderio Buscabas a la luz, en tu tropismo de criatura alada. Y eras con la llama fuente de luz. Octaviana “Haz muerto camarada en el ardiente amanecer del mundo”. Mientras que a mí, la vida me abandona por el anochecer. Pantun Quintaesenciado Dámini la nocti mena, dámini le richo sillo, dámini le chello billo, dámini la vua serena. La ciudad lava su cara con el agua de la lluvia. Aguascalientes recobra por un momento su nombre.

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Gang bang es un término compuesto por dos palabras en inglés. Gang, que literalmente significa pandilla, y bang, onomatopeya que puede traducirse como estruendo, explosión, o golpe. En el mundo de la pornografía el término se utiliza para identificar aquellas películas en que una persona mantiene relaciones con más de tres individuos. No hay que confundir con orgía, termino que implica un grupo de personas en una situación en la que es posible el intercambio sexual entre todos. El Gang bang es un ejercicio de avidez, de resistencia, de sometimiento, y algunas veces, de humillación. En nuestro país dicha práctica podría traducirse, de manera poco literal aunque con toda justicia, como “Echar montón”, a diferencia del “Todos contra todos”, que implica la orgía. Y contrario a la creencia de que esas cosas no suceden en nuestra casa, déjeme decirle, estimado lector, que en “el ambiente” de la ciudad de México ambas prácticas son más que una moda.

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Lo primero que llama la atención de estas fiestas, a diferencia de los clubes swinger (heterosexuales y gays) que sólo permiten el acceso a personas de su preferencia sexual, es su democracia: Somos un grupo de personas bisexuales disfrutando libremente de su sexualidad. Gays, Transgeneros, y Heteroflexibles ¡bienvenidos! Así dice el mensaje de bienvenida en la página de Internet de Orbi, grupo pionero en la organización de fiestas gang bang en la Ciudad de México. Lo siguiente a tomar en cuenta es su accesibilidad. A diferencia de los ya mencionados clubes privados cuyas membresías se reparten a cuentagotas, para poder asistir a las reuniones de Orbi sólo es necesario darse de alta en su foro de Internet. Allí se puede tener acceso al directorio de usuarios, a los álbumes de fotos y sobre todo al calendario de fiestas. Si se está interesado en acudir a alguna se debe llamar a un teléfono móvil donde el fundador y anfitrión de Orbi, Rodrigo, dará santo y seña. La dinámica de las fiestas según se lee en las reseñas que Rodrigo escribe cada semana en el foro, es la que sigue: recepción de asistentes de siete a once de la noche, hora en que se cierra la puerta y dan inicio los juegos, que van desde lanzamiento de dados hasta competencias de penes o nalgas. Después, cuando las inhibiciones se han

relajado lo suficiente, en uno de los cuartos inicia el gang bang. Suelen ser una o dos, en ocasiones tres, las anfitrionas dispuestas a recibir a cuantos quieran y puedan. Los interesados se congregan alrededor de la cama que ocupa la anfitriona y mientras observan esperan su turno. El récord, cuenta Orbi, lo tiene Genoveva, quien recibió en una sola noche a 25 suertudos. No es todo, hay otras habitaciones, también un cuarto oscuro. En cada una está sucediendo algo.

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De acuerdo a las instrucciones en la página de Internet de Orbi, me di de alta como usuario en su foro. Un par de días más tarde recibí la autorización a mi solicitud. Las autorizaciones las realiza el propio Rodrigo, quien me explica que por regla general sólo rechaza aquellas de “gentes que de plano se leen como sociopatas”. Aprovechando mi estatus de nuevo socio lo primero que hice fue revisar el calendario de fiestas. La más cercana sería ese mismo viernes y para mi suerte sería una noche de “fantasías”. “Gang bang, Bukkake, Dobles y triples penetraciones. Gran noche de fantasías. ¡Ven a cumplir la tuya!” Llegado el viernes, alrededor de mediodía, marqué el número que aparecía en la convocatoria. Me respondió la voz de un hombre joven. Le dije que estaba interesado en asistir a la reunión de esa noche. Sin dudarlo, la voz me dio un domicilio y una contraseña. —Cuando toques el interfón –me dijo- te van a preguntar a quién buscas. Diles que vas al ensayo de la obra de teatro. Ese mismo día, ya de noche, me estacioné frente al edificio donde se realizan las reuniones de Orbi y observé a mi alrededor: las calles lucían tranquilas, solitarias incluso para una noche de viernes. Un taxi se detuvo junto a mí y una pareja salió de sus puertas. Por la edad y el físico bien podrían haber sido mis vecinos del departamento de al lado: un contador público y una ama de casa, ambos en sus cincuenta, con dos hijos adolescentes y otro más en la primaria. Los observé tocar el timbre del mismo departamento que yo había ido a visitar. “Venimos al ensayo de la obra de teatro”, les escuché decir ante el interfón. La puerta del edificio se abrió para ellos. [Continuará]

manzanas (anti-panegírico para un empresario visionario llamado Steve Jobs) Llegaron las manzanas de Asia por el lado equivocado Desde China hasta Turquía de ahí hasta Grecia y bueno luego Francia y España Hubo de llegar la manzana de Asia por el lado equivocado No traída en bolsos ni guardada como corazones en las palmas de las manos De quienes en el hielo remoto bajaron del norte al poblar el hemisferio Para dejarla en Washington cuando no era Washington Cuando Seattle no era una ciudad ni tampoco un jefe piel roja

¿Estaban ahí todos esos manzanos blancos en flor antes de que pasara Juanito Manzana? ¿Estaban ahí todas esas manzanas de Washington tan grandes lucientes y desabridas? ¿Estaban ahí en el supermercado apiladas, rojas, rayadas, amarillas para decirlas una, dos veces? Era uno solo el manzano descubierto por John McIntosh en su jardín Un solo manzano que le daría las manzanas a las que le daría su nombre: el año era 1811 Dos siglos después una McIntosh es una manzana y no, es una máquina dicha y vuelta a decir En avatares que se sustituyen según las veleidades y las velocidades y las necesidades de mercado Es una balsa de salvación mientras haya señal, mientras haya señal, ¡corre corre y encuentra la señal! ¡Al cielo, levanta tu tableta al cielo, hazla sentir, hazla transmitir la señal! Una manzana caída del cielo que no venga a demostrar la gravedad Un nuevo libro de Job para perpetuar el consumo como felicidad ¡Mírame mírame, mírame mirar! Es una mirada, una miríada, es con mi dedo que lo hago todo llegar. ¡Mírame mírame, mírame a mí, mírame a mí primero, mírame verte llegar caído del cielo como avión en el noticiero. ¿Eres tú mi cielo desde el cielo? ¿Eres tú mi señal? No te oigo, no puedo verte, no tengo señal. Mira que te diremos, mira que tu foto pondremos, mira que somos los demás.


y me perdí: Y tras toda una vida soy dos momentos con poetas del mundo latino conciencia ahora/Aquel para quien llueve cuando llueve en su

E

Los llorones n una de las mesas de lectura del Encuentro de Poetas del Mundo Latino en octubre de 2002, en la ciudad de Morelia, participó Tomás Segovia y el destino me dejó ahí, en una butaca del teatro, quietecita: Toda una vida llevo aprendiendo un lenguaje/Vulnerable y sin párpados como una oreja. Quizá a Tomás Segovia yo lo conocía de oídas, de nombre; quizá nunca antes había tenido un libro de él bajo mis ojos, ni un poema solo; quizá ni siquiera había despertado en mí la inquietud de leerlo por referencia. Nunca mi boca ha bautizado nada/Siempre ha sido mi lengua bautizada. Y yo ahí, sola, expectante, vulnerable. El teatro lleno, silencioso, dispuesto a la poesía: Eso fue ser poeta/Desarmarme de lengua/Derribarle a mi idioma todos sus parapetos/Y no para reinar en las palabras/No para liberarlas/Para firmar con el relapso oculto/El supremo armisticio con lo que ellas acosa. Sí, Tomás Segovia leía: Nada terrestre me es ajeno/He sembrado de huellas todo mi territorio/Igual que todo hombre que ha vivido/Pero yo solo al fin las oigo hablar conmigo/Sólo mi idioma absorto/No tuvo nunca nada que decirles. Entonces las lágrimas me arrebataron la

mundo/A quien busca la voz en todos los rincones/ Con quien quiere tener el tiempo su aventura. Lloré hasta que el poema concluyó. Afuera del teatro, yo esperaba a Tomás Segovia: me encontré con la invitación de su mirada, me acerqué. Le conté mi historia y su poesía, le pedí que firmara mi libro -mi libro, tan mío como su poesía- y él sonrió. Tomó el libro y una vez dedicado, me lo devolvió con la complicidad de su mirada: “Para Sofía, de otro llorón, Tomás”. Gelman: El gran camello azul que descansa sobre la palabra ceniza on Gelman, el asunto es muy distinto. Su voz es inconfundible y contundente. Las palabras, las imágenes y la armonía no son sorpresa: estamos habituados a sus recursos siempre novedosos. Leer a Gelman es juego de emociones, el matiz constante de la vida. Los fantasmas despiertan con su grito y el silencio nos arropa maternal. Gelman es único y es todos los poetas. Gelman es un libro de versos salpicado/por el amor, por la tristeza, por el mundo. Su oficio no es simple, lo obliga a trabajar de día, de noche/con dolor, con amor/bajo la lluvia, en la catástrofe, pero al final sus poemas son las promesas en medio del otoño o del fuego. No hay mucho que decir, todos conocen a Gelman, incluso lo han leído, y yo puedo asegurar que Juan Gelman me ha enseñado a defender la luz que canta conmovida. Y aquí, las gracias.

C

la juventud postapocalíptica

A

veces me preocupo por la juventud de hoy. A veces los jóvenes me preocupan, pero no su destino sino sus acciones. Aunque sí un poquito acerca de su destino. A veces, no me preocupo de nada. A veces, me preocupan varias cosas a la vez, pero las preocupaciones duran poco en estos días. Creo que últimamente nos preocupamos por todo y por nada. A veces al mismo tiempo. Damos un sorbo al vaso con cerveza y proseguimos. Ahora quiero hablar sobre mi preocupación por la juventud. Porque el papel de la escritura es ese, creo yo: detener el flujo para saborearlo, saborear las palabras en su calidad de palabras y en su calidad de colocar a cuadro una situación. Detener el pensamiento, y dominar el flujo. Hoy en día, todo es flujo. Es por eso que nuestras preocupaciones son efímeras. De la depresión económica pasamos a la muerte pasamos a la violencia pasamos a las infidelidades pasamos a los candidatos de las próximas elecciones pasamos a trombas y demás improperios climáticos pasamos a la nota chusca sobre un panda que se cubre la cara con las manos en señal de incredulidad. Y puede decirse que la escritura es un ejercicio fútil, atrincherado en su placer retórico, atribulado por la velocidad absurda de los medios, y también puede decirse que es un ejercicio de resistencia. Lo que es verdad es que, muy probablemente, el lector olvidará el contenido de este texto en menos de 24 horas. El siguiente día tendremos otras cosas con qué divertirnos. No obstante, regreso a mi acometido. Les cuento. El penúltimo día de agosto celebramos el cumpleaños de Cecy, mi esposa. Estábamos un grupo de personas de su trabajo, así como otros conocidos y aledaños que sonrientes dijimos salud y tomamos las fotos del recuerdo. El festejo nos llevó a un antro “de diseño,” (léase: burda franquicia cuyo concepto gira alrededor de un “tema,” sea este el tequila, los cocteles fluorescentes, la parafernalia de la cultura popular, las mujeres majaderas o los machos cabríos) que se dedica a confeccionar parrandas para muchachos, la gran mayoría universitarios en su primer año de estudios. El lugar era ruidoso, oscuro, un teatro de sombras y espejos, diamantina y distintos aromas de cabellos engomados, pero al parecer la gente se divertía, el espacio está dividido en dos secciones. La primera, un conjunto de mesas apretujadas frente a una barra cuyo cantinero se la pasaba llenando cubetas con hielo y cervezas. Pantallas plasma en las paredes con videos musicales, música de los ochenta y noventa, suscitando casi casi proféticamente que una posible muchacha en una posible mesa salte de gusto cuando comience “Eternamente bella”; la segunda sección, una suerte de portal dantesco para la divina juventud desenfrenada. Para mí, ese espacio, al que sólo pude acceder de lejos, porque era impenetrable, era un nubarrón de gritos y remixes horrendos de música para obnubilar los sentidos. La gente aullaba, literalmente, en ese lugar. La mezcla de aromas –desodorante AXE, lociones de distintas temporadas, Tecate Light impregnada en el suelo- com-

binada con las sonrisas anestesiadas de los feligreses, fue sobrecogedora. Mis sentidos querían huir de ahí. Pero, por otro lado, me extrañó mi reacción. He estado aquí antes. No específicamente en el lugar sino en el contexto, y puede decirse que las mismas experiencias que vive esta nueva juventud no son muy distintas a las que yo viví de joven. Quizá menos ruido, quizá menos aromas, definitivamente menos anestesiado sensorialmente. En ocasiones veías cruzar el umbral de la puertezuela que dividía ambos espacios a un grupo de muchachitos, todo glitter y maneras hormonales. Es un nuevo tipo de joven, ataviado a la usanza de los tiempos, y los tiempos son andróginos y emos o rudos y bullyescos, a la vez que de una testosterona impositiva para una femineidad subyugada por la necesidad aspiracional de crecer y vivir experiencias intensas. Todas estas jovencitas estudiaron para ser mujeres desde los diez años. Aunque apenas tienen dieciocho. Los muchachos sostenían caballitos con “shots” de licor, mezclas de distintos espíritus, fructosa y tintes para darles un colorido más in. Lo tomaban con presurosa, alarmante libertad. Era martes. El grupo que conformábamos quienes celebrábamos el cumpleaños de Cecy nos mantuvimos quietos, arrejuntados en una mesa, silenciosamente asombrados y tomando cautelosamente nuestras cervezas. No quisimos bailar, ni siquiera alrededor de nuestras mesas. Huelga decir que estos contextos me son cada vez más ajenos. Que conforme creces las prioridades cambian y tu relación con el cuerpo y sus apetencias se refina (las fiestas se convierten en “reuniones,” la bebida pasa de ser el primer licor que tengas a la mano a una buena y bien medida copa de vino), al tiempo que te permite detectar la verdadera esencia de los rituales dionisíacos juveniles: todos queremos dejar de sentir, aunque sea por un par de horas. Sin embargo, yo recuerdo no haber sido muy afecto a este tipo de lugares, en mi juventud. Prefería sentarme en los rincones de los antros para tomar un vodka tonic y observar, con el cinismo melancólico del escritor, distintos ejercicios de apareamiento. De joven era insufrible. Si me conociera a mí mismo a esa edad, no me caería muy bien. Probablemente me agarraría a patadas y me diría que la vida es demasiado corta como para perder el tiempo en inseguridades. Sin embargo, en aquel entonces, no exigía que la realidad se acomodara inmediatamente a mis apetencias. No reclamaba que mis espacios, contextos y estilos de vida se comportaran con la gracia y la facilidad con la que los jóvenes hoy en día desean. Es como si quisieran vivir en un perpetuo estado de ser pellizcados por la realidad, como si quisieran a la vez vivir en un estado de gracia y plenitud sin el más mínimo esfuerzo. Una gratificación instantánea que, si no se presenta, los frustra y los convierte en renegados, en furiosos animales que están dispuestos a destrozarlo

todo si el mundo no se ajusta a la medida de sus deseos. Pensaba en todo esto cuando decidí abrazar a Cecy. Justo en esos momentos, comenzó la canción de María, de Café Tacvba. Pude ver de reojo, mientras descansaba mi mentón en su hombro, la mirada de Ofelia Medina. De vez en cuando, se abría la portezuela del otro espacio, de donde se dejaba escapar ese estruendo de basso profundo que es In Da Club de 50 Cent. Se escuchaban también los aullidos, y se veía el contoneo de cuerpos que recreaban, de la mejor manera posible, alguna escena de fiesta en el programa de Jersey Shore. Los referentes que toma la cultura fronteriza de la realidad son directamente proporcionales a la cantidad de canales que ofrecen los servicios satelitales. Cecy y yo, arremolinados en nosotros mismos, decidimos escaparnos a un lugar, donde las cosas eran, quizá, más sencillas e inocentes. Ahí donde María de Café Tacvba había sido un descubrimiento sensible. Y entonces, bailábamos en silencio. Cada dos, tres segundos, dominaban los beats de 50 Cent; luego, la guitarrilla entre bossa nova y bolero de María; llegaban de rebote las líneas de rap de 50 Cent, se escuchaba la voz meliflua de Rubén. Y así sucesivamente, hasta que se conformó un brutal mashup que conjugaba dos canciones y, por lo tanto, dos estados de ánimo distintos. Creo que estamos a punto de vivir el inicio de un fin. No el fin -aunque así lo deseara, por lo menos para darle gravitas a esta columna- pero sí un fin. ¿De qué se trata este fin, cómo está compuesto? Está compuesto por un contingente de jóvenes en todo el mundo, que descubrirán poco a poco que la vida no es sueño, que los sueños se empañan por las crudas realidades de la sociedad contemporánea, ahí donde somos, pues, contingente y consenso. Es el lugar que -desde las instituciones educativas hasta las estructuras de familia hasta las aspiraciones económicas del desarrollo profesional- ya no tiene lo que estos jóvenes necesitan. El problema puede entenderse si recurrimos al facilismo de decir que estos jóvenes “ya no tienen valores.” Debo admitir que esta juventud es más conservadora y más reaccionaria que las anteriores. Precisamente porque viven un presente de perpetuas gratificaciones. ¿Quién querría salir de aquí? Los que descubren que esta fiesta no dura toda la vida. Los que descubrirán -así como lo descubrió la juventud en Egipto, en Inglaterra-que los regalos que les ofrece el gran universo del consumo no está al alcance de sus manos; que formarán parte de una de las generaciones con la más alta tasa de desempleo en la historia moderna. Los que descubrirán que, si no hacen algo al respecto, la fiesta terminará. Sin embargo… No sé si estos muchachos, recién ingresados a la universidad, recién elegidos sus prospectos profesionales futuros, se den cuenta de su porvenir. Por otro lado, no sé si les importe.


tripulación Adán Echeverría. Mérida, Yucatán (1975). Escribe poesía y cuento. Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Integrante del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Ha publicado los poemarios El ropero del suicida, Delirios de hombre ave, Xenankó y La sonrisa del insecto, así como el libro de cuentos Fuga de memorias y la novela Arena. Salvador Gallardo Topete, el Hijo. (Aguascalientes, 1933). Promotor cultural y catedrático activo. Es autor de Desanclaje, No pretendo la voz, Un día de estos y El investigador córvido. Forma parte del consejo de redacción de Tierra baldía e imparte un taller de cuento y varia invención en el CIELA Fraguas. Rodolfo JM. México, 1973, es egresado del IPN (Instituto Politécnico Nacional) en Ingeniería Industrial. Cursó el Diplomado de literatura en la SOGEM. Ha publicado el plaquette de poesía Veneno para las hadas (1994); y el libro Poesía incompleta (1998). Ganó el premio Julio Torri 2008 por su libro de cuentos Todo esto sucede bajo el agua, editado por Tierra Adentro. Ricardo Pohlenz. Nacio en Puebla en 1965. Escritor y poeta. Estudio Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. Se ha dedicado a la crítica literaria, de arte y cine. Ha colaborado en Flash Art, Vuelta, Letras Libres, Mandarla, Art Nexus, La Tempestad, Artes de México, Esquire, Trace, Revista de la Universidad, Biblioteca de México, Espacio, entre otras. En 2006 formó Los Ositos Arrítmicos de Lemuria junto con el músico Fernando Díaz Corona (exintegrante de Los Amantes de Lola) espectáculo de vodevil posmo (recitación y música) que ha venido presentándose en diversos foros desde entonces; tienen listo un primer álbum. Es autor de la plaquete Oración para gato y dama en desgracia (1991) publicada en los Cuadernos de Malinalco y del volumen de relatos Lounge (2010) publicado por Magenta. Sofía Ramírez. (Aguascalientes, 1971). Estudió letras hispánicas en la Universidad Autónoma de Aguascalientes y una maestría en literatura mexicana. Actualmente es la directora de Casa Terán. Es autora de La sonrisa de un condenado a muerte y La casa callada. Su libro más reciente: La edad vulnerable, Ramón López Velarde en Aguascalientes. Alejandro Espinoza. (Mexicali, Baja California, 1970). Narrador, ensayista, traductor. Entre sus obras se encuentran las colecciones de cuentos Las Visitas, La ciudad y sus silencios, la novela La Saga: una noveleta filosófica la colección de viñetas, ensayos y artículos apócrifos titulada “Las Biondas no tienen corazón” (CRUNCH editores, 2004), así como una colección titulada Sobre la fascinación y otros ensayos. Profesor de Estética y Nuevas Tendencias por la Escuela de Artes de la UABC. La foto de portada es de Juan Francisco Pizaña Morones (Bajío de San José. Jalisco, 1965). Estudió la Licenciatura en Sociología en La Universidad Autónoma de Aguascalientes. Ha obtenido diversos reconocimientos tanto por su labor como fotógrafo como por su desempeño como escritor. Es autor del libro El amor, el olvido, la muerte y otras sorpresas (ICA, 2009)


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