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Hospitalidad para Los Refugiados Se solidario con ellos.

LA CAMPAÑA POR LA HOSPITALIDAD TOMA PARTIDO POR LAS Y LOS REFUGIADOS Hoy, día mundial de la persona refugiada, la Campaña por la Hospitalidad señala que permanece en nuestro continente un gran número de personas en situación de refugio. En los últimos 10 años se estima que más de 600.000 han estado forzadas a salir de sus países para preservar su vida y se encuentran con necesidad de protección. Desde hace décadas el conflicto colombiano genera el más amplio flujo de personas refugiadas (y también desplazadas internas) en el continente, que afecta no sólo los países fronterizos de Colombia, sino que llega hasta los países del Cono Sur y de Norte América. Además, las dinámicas de creciente violencia e inseguridad social en Centroamérica, México y en otros países de la región están provocando que más y nuevas personas deban dejar sus países en búsqueda de seguridad y protección. Llamamos la atención sobre el impacto negativo de la interpretación restrictiva de la definición de refugiado que se está adoptando en muchos países de la región y cuyo efecto es la exclusión de muchas personas de la posibilidad de ver reconocida su situación y de acceder al disfrute de sus derechos. Como consecuencia, esas personas quedan en una situación de indocumentación que constituye una nueva vulnerabilidad y las expone a la posibilidad de detención por falta de documentación y a la


deportación por presencia irregular, precisamente al país del cual quisieron alejarse Detectamos además una visión regresiva basada en un enfoque de seguridad nacional que presenta obstáculos para el acceso efectivo a la protección o lo impide, mediante plazos y requisitos no apropiados para el tratamiento de personas que solicitan el estatuto de refugio. Constatamos que persisten vacíos de protección. En particular los países de la Región Andina y Panamá no han logrado armonizar las normas, los procedimientos y las políticas de atención a las personas solicitantes y refugiadas conforme a las aspiraciones señaladas en el Plan de Acción de México del año 2004. Algunos procedimientos presentan aspectos problemáticos y/o ambiguos que atentan o dificultan el acceso efectivo, el “debido proceso” y el ejercicio del derecho a la defensa, conforme a los estándares internacionales aceptados de Derecho Internacional de Refugio y de Derechos Humanos. Especialmente destacamos la necesidad de que las nuevas condiciones de violencia y de crisis social que producen expulsión sean reconocidas entre las causales del refugio y generen la obligación de protección internacional. En el año del 30 aniversario de la Declaración de Cartagena instamos a los Estados de América Latina y el Caribe a recuperar el espíritu de esa Declaración y a poner todos los medios para garantizar la protección internacional a las personas refugiadas, utilizando un enfoque integral de derechos para alcanzar soluciones duraderas. Hoy, más que nunca, hay que tomar partido por las y los refugiados. ¡TOMA PARTIDO POR LAS Y LOS REFUGIADOS!!


Mensaje de la Campaña por la Hospitalidad Hoy, 20 de junio, conmemoramos el día mundial de las personas refugiadas. ¿Quiénes son los refugiados? Son personas que han tenido que dejarlo todo y abandonar su país debido a causas que ponen en serio riesgo su vida y la de sus familias: guerra, persecución de bandas armadas, inseguridad, amenazas por las propias creencias religiosas o políticas, por origen étnico o nacionalidad, por un desastre natural o por un conflicto generalizado. ¿Podemos imaginarnos qué significa dejarlo todo? A menudo es de prisa, sin prepararse, sin poderse despedir, con el miedo por la propia vida y la de los propios seres queridos, el dolor de dejar todo lo conocido, sin saber a dónde y a qué irse y sin tener tiempo para hacer duelo. ¿Podemos imaginarlo? Dejar a nuestros amigos y parientes o esa pequeña parcela que nuestra familia ha cultivado por generaciones o esa casa que a nuestros padres costó mucho construir, esa cama que regalamos a nuestra hija… con la herida de no poder esperar justicia, de ver que la fuerza se impone sin respeto por los derechos de las personas y de las comunidades. Nadie desea encontrarse en esa situación, sin embargo para las personas refugiadas no hay otra opción: irse es una necesidad y una apuesta por la vida y por reconstruir un futuro diferente. Irse es no rendirse a la violencia y a la muerte y arriesgarse por construir nuevos lazos y una nueva vida en un lugar diferente. Hay que tener valentía para ser refugiado y refugiada. En nuestro continente hay más de 600.000 personas que se encuentran en esa situación. Muchas han huido del conflicto de Colombia y se encuentran en la zona Andina, en Ecuador, Venezuela, Perú, llegando hasta Chile, y también en Panamá para moverse hasta Estados Unidos. Pero también hay un número creciente de personas que huyen de la cada vez peor violencia e inseguridad social en Centroamérica y México. El terrible terremoto de Haití del 2010 generó un nuevo flujo de personas hacia República Dominicana y varios países de América Latina, Brasil en particular. Por nuestro continente pasan además personas que huyen de las guerras en Siria, en Irak o Somalia, personas que arriesgan cruzar el océano Atlántico para salvar sus vidas. Sin son tantas, ¿por qué no nos damos cuenta de las personas refugiadas? A menudo estas personas quedan invisibles porque no logran integrarse en nuestras sociedades en las mismas condiciones de las y los demás habitantes y quedan marginadas. Un refugiado no es noticia: la televisión o los periódicos nos hablan de ellos sólo cuando hay grandes tragedias, pero no nos cuentan sus luchas y su valentía cotidiana. A veces, los medios de comunicación llegan a deformar su imagen y nos los presentan como amenazas, invasores o delincuentes. El desconocimiento genera miedo y el miedo es mal consejero. De acuerdo al derecho internacional, las personas refugiadas tienen el derecho de ser recibidas en otro país y gozar ahí de protección y del ejercicio de sus derechos básicos a la educación, trabajo, salud, etc. Sin embargo, en nuestro continente los Estado limitan cada vez más el reconocimiento de esos derechos y con frecuencia regresan a los refugiados a sus países de origen, lo que supone un enorme riesgo para sus vidas. Además, hoy en día los mismos acuerdos internacionales sobre el reconocimiento de las personas refugiadas resultan insuficientes porque no toman en cuenta las nuevas causas y los nuevos actores de violencia que están obligando a muchas personas a abandonar su país, tales como las bandas criminales, las maras, el clima generalizado de violencia, entre otros. Es necesario actualizar las leyes para que cumplan su sentido originario de ofrecer protección para las personas refugiadas. Y nosotros, ¿sabemos si hay algunas personas refugiadas en nuestras comunidades, escuelas y barrios? ¿Dónde y hacia quiénes estamos mirando? El Evangelio nos dice claramente hacia quiénes


mirar y cómo relacionarnos con las personas refugiadas en Mt. 25, 35: "Fui extranjero y me acogiste". Dios mismo se hace extranjero y nos pide hospitalidad, nos llama a acogerle en cada hermana y hermano extranjero y desamparado. Practicar la hospitalidad requiere superar los prejuicios, el temor, la desconfianza o los intereses egoístas y abrirse a la otra persona, reconociendo su dignidad, su dolor y su fuerza, desde la convicción de que podemos buscar juntos el bien común. La hospitalidad supone una actitud revolucionaria que acorta distancias entre próximos-prójimos y apunta a que otro mundo es posible: un mundo más humano, fraterno, justo, libre que conocemos como el “Reino de Dios”, pero que no queremos se quede en un futuro de esperanza, sino en un “aquí y ahora” que queremos construir ya. Este año recordamos el día del refugiado cuando estamos en medio de la fiesta del mundial de futbol. Si somos sociedades capaces de unirnos alrededor de un deporte, a mayor razón podemos y debemos organizarnos para mejorar las condiciones de vida de todas las personas que son parte de nuestras comunidades. Por eso, la invitación en el día de hoy es a ensanchar la mirada para descubrir a nuestros hermanos y hermanas refugiadas y a tomar partido por ellos: reconociéndoles y haciéndoles reconocer, acogiéndoles y pidiendo que sus derechos sean acogidos. Para que nuestras sociedades sean hospitalarias, ¡TOMA PARTIDO POR LAS Y LOS REFUGIADOS!!

La campaña por la hospitalidad los refugiados  
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