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a単o.uno-abril.mayo-dos.mil.diez


En el número tres de g ü a c a l i t o

abraham soriano pablo hernández noelia toscano luis sánchez alejandro uribe

e d i c i ó n tach manefusa


cualquier cosa que pase en “el eden” pablo hernández


puro gallo cabron - vĂ­deo.poema - 3m.19s. - alejandro uribe (ver vĂ­deo en www.exposotros.blogspot.com)


abraham soriano


v por Luis Sรกnchez


Intro: Erik Satie, Gnossiene #1 En algún lugar, repleto de figuras de precisión, yace un hombre hecho de fierros, estático, ahora detenido en posición, perdurando como testimonio de su proceder, capaz de ejecutar, nunca más. Hecho, pieza por pieza, con suma exactitud, llevaba a cabo una simple tarea; Observar, medir, estudiar, comparar, compilar. Pasaba el tiempo registrando lo que observaba, con un par de lentes adheridos a él, que captaban y enfocaban, todo tipo de eventualidad. En su quehacer rutinario existía poca variación, acontecimientos sin relevancia, sumido en su rutina contemplativa, era, sin dedicarle un segundo más al entender o al sentir, tan sólo un mirar hueco, un observador inerte depositado en un cuerpo de vacuidad. Sentado en un pequeño pupitre, absorto en aquel irremediable tedio, anotaba y describía la fenomenología de su cotidianeidad, hasta que súbitamente fue objeto de una enorme fascinación; Solamente un leve fulgor, captado en la mirilla de alguna resquebraja facción, emanando como un misterio luminoso, parpadeante; una leve distracción, quizás, detonada por una carencia de comprensión, de lo cual no fue provisto al nacer, sobre la espontaneidad de los sucesos, ajenos a su rigor. Culminó con un repentino chasquido, un destello y pronto dispersaron chispeantes trayectorias entre las orillas de la pared y desapareció. Algo le impidió dejar pasar aquella mínima sucesión de eventos, inexplicablemente cautivadores para él y que acabaron por hacerle perder el equilibrio y caer. Tan frágil era aquel balance de sus elementos corporales, dispuestos todos como una marioneta en suspensión, que pudo verse desmoronar, falto de las tensiones que su banal tarea podía proveer. Primero, su cabeza de latón golpeó el suelo, rebotando una trayectoria sonora en las paredes hemisféricas, sacudiendo partículas de polvo y óxido acumuladas en cada mecanismo, llenándole el pensamiento de una metálica orquestación. Se halló girando en cada eje, sacudido y maltrecho por la dinámica traicionera de su factura artificial. Al final, encarando simétrico al piso, en un ir y venir pendular, derrumbado todo estructural. Los momentos subsecuentes fueron una nebulosa reincorporación, algunas piezas habían cambiado de lugar y le impedían volver a su postura original. Su aparato ocular se había fraccionado, derramando el líquido lubricador y una ruptura en el polo craneal expedía un vapor menguante, que parecía reemplazar la lógica y el orden al que estaba tan acostumbrado, con una inexorable incertidumbre y confusión.


Día con día halló en detrimento toda capacidad que solía poseer. Invadido por la turbación y una severa degeneración del mirar, encontró obstaculizado el desempeño de su propósito fundamental. Sin embargo, aquella sensación fugaz le acosaba como un fantasma residual. No podía entender plenamente esa funesta consecuencia, aquello que había vulnerado todo en sí. Se dedicó a repetir las funciones que acostumbraba desempeñar, pero ahora sumido en un profundo deslumbramiento sobre cada trivial acontecimiento; Perplejo ante el transitar de la arenilla cobriza que deslizaba entre las falanges, estableció una ruta punteada desde el índice a la palma, calculando el tiempo transcurrido ante el desplazamiento de un compás dactilar; formuló un sistema para denotar las cualidades tonales en la superficie del papel, a partir de una disertación ontológica sobre el algodón; dotó de una numerología categórica las hendiduras de la veta milimétrica en un trozo de carbón; Nombrando cada filamento textil en su ropa, creó un compendio geográfico e instauró una pequeña monarquía constitucional en la región septentrional del botón del cuello en su camisa. Entradas semanas en su condición, se le dificultaba más y más volver a su función original, y se veía perdido en pequeñas tareas sin sentido, motivado por una nueva curiosidad sobre las cosas. Sin embargo, las rupturas generadas a partir de su accidentado hallazgo dejaban escapar su artificiosa vitalidad, cobrándose factura con el paso del tiempo. Un día, no pudo más levantarse y andar, sentía la cabeza un gran peso en los hombros y parecía herrumbrarse con velocidad, no pudo más proseguir sus anotaciones, por lo cual solo pudo permanecer, al final, con la mirada fija en el papel en blanco, meditando. Incluso habiendo perdido su movilidad, podía aún perderse en sus pensamientos y recordar, aunque fragmentados, aquellos pequeños sucesos recientes. En aquel momento pudo reflexionar; lo que en tiempo inmemorable parecía un parco despliegue de pletórico aburrimiento, habría permanecido uniforme e ininteresante, de no haber sido por aquel místico hallazgo. A pesar de su trágico advenimiento inspirativo, la luz en sus ojos parecía brillar con ese inexplicable fulgor, incluso cuando esa chispa se extinguía con lentitud, él parecía comprender, al final, aquello que había contemplado, si tan sólo efímero y mínimo, le habría dotado de un nuevo propósito. Outro: Erik Satie, gnossiene 4 Luis Sánchez 2010


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pensamientos pasajeros alejandro uribe


-four suicides-


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mayo


güacalito tres (cualquier cosa que pase)