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PADRES Febrero de 2018

educar hoy

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Competencias personales

La importancia de trabajar la resiliencia en los niños Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, resiliencia es la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. ADRIÁN CORDELLAT Hablamos, por tanto, de una capacidad que siempre ha estado ahí, pero cuyo nombre e importancia no se ha generalizado hasta los últimos años, convertida hoy la resiliencia en una de las características más buscadas y cotizadas entre los empleadores. Para José Luis Gonzalo, psicólogo clínico y co-organizador del evento Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil,la resiliencia iría incluso un paso más allá de esa capacidad de adaptarse y sobreponerse a una adversidad e implicaría también la capacidad de la persona “para crecer a partir de la misma y salir transformado y fortalecido”. De ahí su importancia en un entorno tan cambiante y volátil como el actual, una circunstancia que hace más trascendental si cabe su desarrollo en los niños de hoy, que serán los adultos del mañana. “Todos sabemos que las dificultades, conflictos y adversidades son parte de la vida y el desarrollo del ser humano pasa por una serie de desafíos, algunos que les provocarán dolor y frustración, pero si confían en sus recursos y en el apoyo de los suyos podrán salir adelante. La resiliencia es una actitud y, por lo tanto, es un potencial de esperanza que ayuda a las personas a recuperarse de situaciones complejas”, argumenta Maryorie Dantagnan, pedagoga, psicóloga y co-directora del centro IFIV de Traumaterapia infanto-juvenil sistémica. Partamos de la base, como explica Gonzalo, de que no existen recetas mágicas para desarrollar la resiliencia en los niños y de que ésta se va consiguiendo a lo largo del desarrollo vital “siempre y cuando los padres y adultos que formen la

La resiliencia es la capacidad de crecer ante la adversidad y de salir transformado y fortalecido.

red psicosocial del niño se impliquen y trabajen por y para ello”. Los padres también son una pieza central para Dantagnan que destaca la necesidad de reconocer a los progenitores “como fuentes principales de los buenos tratos de sus hijos, que a su vez explicarían sus capacidades de resiliencia”. Teniendo en cuenta esto, surge una pregunta: ¿Podemos criar hijos resilientes si nosotros, como padres, no lo somos? Para José Luis Gonzalo este hecho “dificulta” el desarrollo de la resiliencia en los niños porque éstos necesitan “a ese adulto competente”. No obstante, hay caminos para la esperanza, porque como afirma el experto los padres “pueden dejarse ayudar” y, además, los niños pueden desarrollar un proceso resiliente “gracias a otras personas como las familias de acogida o educadores (en casos graves de desprotección), el círculo familiar extenso o los maestros”. Para desarrollar la resiliencia Gonzalo destaca la necesidad de todo niño de contar a su lado con al menos una persona “que crea en él durante todo el tiempo que dure

CUALIDADES DE LOS NIÑOS RESILIENTES n El desarrollo de la resiliencia es un proceso que comienza con el na-

cimientoy que nos acompaña hasta el fin de nuestros días. No obstante, según los expertos, sí que hay unas características comunes que son visibles en todos los niños que han sido capaces de desarrollar su resiliencia. “Diferentes estudios nos han mostrado que en la personalidad de estos niños sobresalen características como la autoestima, la confianza, el optimismo, también la autonomía o cierto sentido de independencia, así como la sociabilidad, la capacidad de experimentar una emoción y una perspectiva proactiva en las relaciones” destaca Maryorie Dantagnan. n José Luis Gonzálo, por su parte, prefiere diferenciar entre etapas vitales. Así, según el psicólogo, hacia los cuatro años los niños “van siendo capaces de regular sus emociones y pueden comprender que el otro tiene una mente”. n Para el comienzo de la educación primaria están en situación de “socializar adecuadamente colaborando con los iguales”. Y en la segunda infancia “son más estables emocionalmente, toleran mejor las frustraciones, perseveran ante las dificultades, se muestran más optimistas y esperanzados ante los reveses de la vida y creen más en sí mismos”. Esto, no obstante, son estimaciones, medias, porque como cierra Gonzalo, los niños, “con ayuda, pueden ir consiguiendo estas cualidades si no antes, posteriormente”

su crecimiento y maduración y satisfaga sus necesidades (físicas, afectivas, éticas y normativas)”. Un adulto que según el psicólogo debe ser“coherente pero flexible, estable emocionalmente, afectivo pero fir-

me, y que estimule el desarrollo del niño a través del juego”. Unas características que adquieren importancia porque los niños, sobre todo, aprenden de lo que ven en sus referentes: “Aprende de

cómo actuamos, de la coherencia entre lo que decimos y hacemos, de cómo reflexionamos y afrontamos las dificultades y adversidades de la vida. Aprenden de lo que ven y de lo que les inculcamos y enseñamos, porque lo interiorizan”, reflexiona. Maryorie Dantagnan destaca lo vitales que resultan las experiencias que los niños viven en su primera infancia, durante sus tres primeros años de vida, ya que los cuidados, la estimulación, la protección, y el afecto por parte de los cuidadores primarios que se ofrecen durante esta etapa “favorecen la emergencia de la resiliencia ofreciendo vinculaciones afectivas seguras, fiables y continuas”. “Lo malo es que nuestra sociedad fuerza a los niños a una autonomía cada vez más prematura y al háztelo tú mismo”, añade por último José Luis Gonzalo, que considera que el ritmo de vida actual, con cada vez menos tiempo y energías para dedicar a los niños, tampoco ayuda. “Lo que está en juego a medio y largo plazo es nada más y nada menos que la salud mental y el bienestar físico de la sociedad”.

Padres y Colegios Nº 125 - febrero 2018  

Revista digital para familias con hijos en edad escolar centra en la educación desde los 5 años hasta la mayoría de edad.

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