Padres y Colegios Nº 109 - junio 2016

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educar hoy

VIRGINIA MADRID “Es que eres tonta no te dije ayer que necesitaba tener limpios los vaqueros azules para este viernes. Es que no vales para nada”. Con insultos y descalificaciones así empezó todo”, recuerda María Hernández (nombre ficticio) divorciada y madre de un joven de 17 años. Esta diseñadora gráfica de 48 años prefiere ocultar su identidad, porque le avergüenza explicar que durante un año su hijo la estuvo agrediendo tanto física como verbalmente. “Cuando miro atrás y recuerdo las cosas que me ha dicho y hecho mi propia hijo no me lo puedo creer. Me gustaría decir que ha sido un mal sueño, pero por desgracia las faltas de respeto, los empujones y los golpes han existido y me han hecho mucho daño a nivel emocional, tanto que estoy yendo a terapia psicológica. Tras buscar ayuda, localicé a un grupo de expertos (psicólogos, trabajadores sociales) con amplia experiencia en este tipo de casos y ahora estamos un poco mejor. Principalmente, porque los psicólogos nos aconsejaron que lo más adecuado era que mi hijo se fuera a convivir con mi ex marido y su nueva familia durante un tiempo para erradicar la violencia del día a día. Desde entonces, mi hijo acude a terapia dos días a la semana y ha mejorado mucho su conducta.Y mi ex marido y yo cada dos semanas acudimos a un grupo de padres e intercambiamos experiencias”. El caso de María no es un hecho aislado. Según datos de la Fiscalía General del Estado, las agresiones de hijos a padres han aumentado considerablemente en los últimos años. En 2006 se cuantificaron en nuestro país 2.000 casos y en 2013 un total de 4.760. Pero en realidad, hay más casos insisten los expertos. “No es fácil denunciar a tu propio hijo. Los padres sienten vergüenza, se sienten culpables. Es muy duro reconocer que tienes un hijo que te golpea, te humilla y te insulta”, afirma Javier Urra, presidente de la Comisión Rectora del Programa RecURRA- GINSO. Pero hay más cifras significativas. Se estima que el

Todo comienza con pequeños desafíos que cambian la jerarquía en la familia, y la autoridad pasa a los hijos 13% de los hijos ejercen violencia física contra los progenitores, el 70% de los agresores son varones, y el 100% de víctimas son mujeres (madres), mientras que padres varones lo son en un 50%. Estadísticas que manejan con frecuencia el gran equipo de exper-

PADRES Junio de 2016

En numerosos casos, la vergüenza o autoculpabilidad de los padres oculta estos casos dentro de las familias. Aun así, los casos registrados de vio tos que trabajan a diario con los menores ingresados voluntariamente en el centro terapéutico RecURRAGINSO (www.recurra.com/Teléfono: 900- 65-65-65) especializado en adolescentes que ejercen violencia filio-parental y situado en la localidad madrileña de Brea de Tajo. El Director del centro Campus Unidos RecURRA-GINSO, Eduardo Atarés, señala el perfil de los chicos que agreden a sus progenitores: “Son menores inmaduros, a los que les cuesta tolerar la frustración, porque están acostumbrados a conseguir lo que desean sin tener que luchar por ello, algo que a la vez les hace ser dependientes de sus padres y que les hace tener una baja autoestima, ya que en seguida abandonan sus retos. Además, no están acostumbrados a las rutinas diarias y realizan un consumo habitual de cannabis y alcohol”. Una de las particularidades de este centro privado en el que los chicos continúan con sus estudios y asisten a

Causas y señales de la violencia f

¿Qué hago si mi h Quiero esas zapatillas o llegar más tarde a casa. Cualquier detalle basta para desatar el infierno. La violencia no es sino un medio para lograr aquello

terapias individuales, en grupo y con los padres, es que durante los diez meses que dura el tratamiento, los chicos no tienen acceso ni a móviles ni a redes sociales. . Este proceso comienza mucho antes de los empujones, golpes e insultos. Se va gestando poco a poco a lo largo del tiempo. Magdalena

que los chicos consideran que merecen. Son hijos que agreden a los padres. Cada vez son más jóvenes y cada vez hay más casos.

Mayorga, Subdirectora del programa RecURRA-GINSO en la sede central, apunta las señales de alarma que indican que se debe buscar ayuda profesional cuanto antes: “Las pequeñas desobediencias y faltas de respeto (como es que tu eres tonta o llegar tarde a casa continuamente), el chantaje emocio-

nal (si no me compras estas zapatillas, no estudio), las amenazas constantes, las faltas de asistencia al colegio. En definitiva, percibir que la jerarquía de la familia ha ido cambiando y ahora son los hijos los que ejercen la autoridad y los padres bailan al son de los menores. Lo que sucede es que en la mayoría