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vierte, en cierta medida, en una obsesión. Todo suele ser, en principio, bonito, pero el amor también puede dar paso a los celos y estos al sufrimiento. Nada de esto es nuevo, ya lo sabemos porque, seguramente, lo hemos experimentado en nuestras propias carnes. Pero ahora, gracias a los avances en las técnicas neurológicas, también somos capaces de ver la actividad cerebral así como los cambios bioquímicos que tienen lugar en el cerebro cuando amamos. Podemos decir que el cerebro se convierte en un cóctel químico, ya que se inunda de neurotransmisores (sustancias químicas que interrelacionan las neuronas) y hormonas. Los niveles del neurotransmisor serotonina caen en picado cuando una persona se enamora y los centros de recompensa del cerebro, así como la parte emocional, se inundan de otro neurotransmisor, dopamina. Algunas de estas zonas también se estimulan con el consumo de cocaína, las responsables de causar el efecto euforizante y placentero y de inactivar las emociones negativas y de juicio social. El deseo, por el contrario, es consecuencia de hormonas sexuales, como la

testosterona. Con la excitación, los niveles de la hormona del estrés o cortisol y los de feniletilamina (sustancia relacionada con las anfetaminas) aumentan considerablemente. Los efectos de hormonas como la oxitocina y la vasopresina comienzan a ser notables más tarde y son cruciales para la formación de relaciones duraderas. ¡Cómo no vamos a hablar de montaña rusa de emociones cuando hablamos de amor! Lamentablemente, o no, también hemos sentido el desamor. En los casos de rupturas amorosas, las zonas del cerebro activadas son las mismas que cuando estamos enamorados, además de otras implicadas en el estrés y la ira. ¿Podremos, en el futuro, suplir la falta de amor activando artificialmente las áreas cerebrales implicadas en esta emoción? Algunas drogas actuales pueden reproducir algunos de estos efectos, pero ninguna lo hace en todos sus aspectos ni en la dosis adecuada.

+ Info www.eurekamuseoa.es

EL EXPERIMENTO EL VALOR DE UN ABRAZO Material: Tú, alguien a quien te apetezca abrazar y muchas ganas de dar un abrazo. Procedimiento: Abrazar, durante unos cuantos segundos, con todas tus fuerzas y ganas a alguien a quien realmente quieras abrazar y sentirlo de verdad. Fundamento científico del experimento: un abrazo prolongado es señal de amor o, cuanto menos, de cariño o amistad. Cuando alguien nos abraza o abrazamos a alguien con sentimiento y durante al

11 de febrero de 2012

menos cinco segundos, nuestro cerebro comienza a secretar oxitocina, una hormona que también actúa como neurotransmisor (recordemos que un neurotransmisor es una sustancia química que hace que las neuronas hablen entre sí) y que está involucrada en las relaciones sociales positivas y en el deseo sexual. También está estrechamente ligada al parto (razón por la cual se suministra oxitocina a las mujeres a las que hay que provocárselo) y a la lactancia, facilitando, en todos los casos, la creación de lazos de confianza.

 Abrazar, una gran experiencia. [FOTO: EUREKA!]

ONCIENCIA ❘ 31


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