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EDITORIAL

CAPITALIZAR OPORTUNIDADES Se supone que la crisis económica internacional está siendo superada y que deberíamos entrar a una etapa de consolidación de nuestro crecimiento económico. En estas condiciones, todos deberíamos estar compartiendo expectativas positivas y entusiasmo sobre inversiones, nuevos mercados, nuevos productos. Por el contrario, el BCR, el FMI y otras instituciones corrigen sus proyecciones a la baja y los analistas expresan opiniones divididas. Unos son optimistas y señalan que mejoraremos en el segundo semestre, otros dicen que hay signos de desaceleración preocupantes; y también los hay de aquellos que se colocan en el punto medio y dicen que “crecer a una tasa de 5% no está nada mal”. Por nuestra parte, hace tiempo que sostenemos que, de cara a las inmensas oportunidades que tiene el Perú en los mercados internacionales, podríamos crecer entre 6.5% y 7% cada año si es que se hacen las reformas de segunda generación y se levantan las regulaciones que son un verdadero obstáculo para el desarrollo empresarial. En efecto, crecer a una tasa de 5% es bueno, generar empleo y reducir la pobreza también lo es, pero, mirar solo la “foto” actual de la economía y no mirar el “vídeo” que nos muestra tendencias y revela dinámica, podría significar un sesgo peligroso en el análisis. Por ejemplo, entre el 2005 y el 2008 crecimos a tasas ascendentes que iban desde el 6.8% al 9.8%. En ese período, las inversiones privadas crecieron entre 20% y 26% y la exportación de bienes y servicios, en términos reales, lo hacía a tasas que iban del 6.9% al 15.2%. Es decir, teníamos una demanda creciente que le imprimía dinámica a nuestra economía. Por el lado productivo, además de la construcción que crecía por encima del 14%, teníamos una industria dinámica con un crecimiento sostenido superior al 7.5%. Sin embargo, en los últimos 4 años, el ritmo de crecimiento descendió de 8.8% a 5%. En ese mismo período, el ritmo de crecimiento de la inversión privada pasó de 22% en el 2010 a 4% en el 2013, y el de las exportaciones totales (incluyendo bienes y servicios) de 8.8% a 1%. Es decir, los dos principales motores del crecimiento se desaceleraron. Paralelamente, el PBI industrial perdió velocidad al bajar de 14.1% a 1.7%. Claramente, estamos en un escenario de desaceleración, el claro desánimo del inversionista y la pérdida de competitividad que sufren los exportadores manufactureros nos exponen a una desaceleración mayor. Lamentablemente nadie se da el trabajo de estimar las consecuencias futuras de estas tendencias. Nos queda claro que la exportación de minerales se frenó. Vamos por nuestro tercer año consecutivo de contracción y, en adelante, solo podremos crecer si incrementamos nuestra inversión productiva. Solo nos queda la exportación no tradicional que crece en algo por el agro y la pesca, pero cae en todos los demás subsectores. En el medio empresarial (especialmente de la mediana y pequeña empresa) el desánimo es evidente. La forma en que se está manejando las políticas tributaria y laboral, con regulaciones crecientes para los formales, sin ningún esfuerzo

tangible para reducir la informalidad y con una discrecionalidad que raya en la arbitrariedad, hace ver al gobierno como el principal agente generador de informalidad en la economía y el que deprime la inversión. Y mientras que la política de corto plazo afecta rápidamente a la competitividad del país, la política de largo plazo camina con una lentitud que nos garantiza que siempre llegaremos tarde a nuestra cita con las oportunidades. Los economistas dicen que debemos crecer en función de nuestras ventajas competitivas -por eso crecen el agro, la pesca y la minería pero, ante ello, los empresarios nos preguntamos: ¿Cuánto más podríamos crecer, no solo en los sectores primarios, sino en todos los sectores, si las concesiones y la reforma educativa no caminaran tan lentamente? ¿Cuánto más podríamos hacer con unas instituciones reformadas, modernas y eficientes? No es suficiente con que MINCETUR haga denodados esfuerzos por negociar más TLCs y fortalecer las oficinas comerciales en el exterior. Hace falta emprender una seria y consecuente reforma de segunda generación que nos permita contar con instituciones públicas eficientes y bien coordinadas entre ellas. Por si todo esto no fuera suficiente, la política peruana pasa por su peor momento. Nuestros políticos están muy entretenidos en sus juegos particulares, acusando, defendiendo, interpelando e interfiriendo con otros poderes, sin darse cuenta que la seguridad y la sostenibilidad del modelo están en riesgo. El mundo trata de imprimirle mayor velocidad a sus inversiones y exportaciones, nosotros, en vez de correr más rápido, estamos en un escenario en el que lo único que consolida su posición en el largo plazo es la informalidad, la inseguridad, la corrupción y el narcotráfico. Conforme nos acercamos a un nuevo proceso electoral, todos estos factores pueden converger y generar una crisis muy seria en el país. No pretendemos ser alarmistas ni apocalípticos, pero sí es nuestra responsabilidad llamar la atención de los peligros que se ciernen sobre nuestra economía y bienestar. EDUARDO AMORRORTU VELAYOS Presidente de ADEX

Perú Exporta - Adex N° 389  

Revista de la Asociación de Exportadores ADEX

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