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Director: Carlos Ramírez

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Enero 15, 2014, Número 14, Segunda Época

Elena Poniatowska y su juego con el poder

Elena Poniatowska, con el presidente Carlos Salinas en Los Pinos. Los acompañan (izquierda) Héctor Aguilar Camín y Carlos Monsiváis. Atrás, Rafael Tovar y de Teresa, entre otros intelectuales. En el recuadro superior: Benjamín Wong, Iván Restrepo, Elena Poniatowska, Margo Su, Héctor Aguilar Camín, Carlos Monsiváis, Miguel Ángel Granados Chapa, el presidente Salinas, Gabriel García Márquez y León García Soler.

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El gallo literario

Mtro. Carlos Ramírez Presidente y Director General carlosramirezh@hotmail.com

Por Luy

Lic. José Luis Rojas Coordinador General Editorial joselrojasr@hotmail.com Consejo Editorial René Avilés Fabila Wendy Coss y León Coordinadora de Relaciones Públicas Mathieu Domínguez Pérez Formación Raúl Urbina Asistente de la Dirección General Luis Rodríguez, Monserrat Méndez Redacción El Mollete Literario es una publicación mensual editada por el Grupo de Editores del Estado de México, S.A., el Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional, S. C. y el Grupo Editorial Transición. Editor responsable: Carlos Javier Ramírez Hernández. Todos los artículos son de responsabilidad de sus autores. Oficinas: Durango 223, Col. Roma, Delegación Cuauhtémoc, C. P. 06700, México D.F. Reserva 15670. Certificación en trámite por la Asociación Interactiva para el Desarrollo Productivo,A. C.

Índice Elena Poniatowska La ingenuidad como coartada

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Por Carlos Ramírez

1984, el “futurismo utópico” de Orwell

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Por Salvador González Briceño

Falseó Poniatowska testimonios sobre 1968

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Por Luis Rodríguez

De periodista a escritor sin pasar por el Boom René Delgado

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Por Raúl Urbina C.

Los extraños poderes de Norman Mailer

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Por Edward Mendelson

Novedades literarias de la quincena

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Por EL Bolillo Escéptico

Cuento Terapia de grupo

10

Coordinador: Freddy Secundino Martha Cupa León Desirée Jiménez Ylla Kannter Roger Vilar

Cuento La tarotista de la calle Mesa

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Por Hilda Sotelo

Entre mis libros de Octavio Paz

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Por Lucila Rivera de Blanco

Novela por entregas El 777 vs. El Chalequero

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Por Slaymen Bonilla

Escribir un libro es una aventura. Para empezar, es un juguete y una diversión. Luego se convierte en una amante, entonces en un amo, después en un tirano…Cuando empiezas a reconciliarte con la esclavitud, matas al monstruo y lo arrojas al público.

Winston Churchill


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Elena Poniatowska La ingenuidad como coartada Por Carlos Ramírez

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icen algunas crónicas de pasillo que el jurado del Premio Cervantes de España recibió la visita de Hugo Chávez en forma de pajarito para decidir a favor de Elena Poniatowska.

Porque la argumentación para premiar la obra de la princesa Helene Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores Poniatowski Amor, heredera del reino de Polonia, se ajustó a la decisión de Hugo Chávez en el 2007 para otorgarle a Elena Poniatowska el Premio Rómulo Gallegos en base a “la maravilla de escritura la de Elena”. En una fiesta amenizada por mariachis, con el propio Chávez como cantante principal --cómo iba a perderse esa oportunidad--, el entonces presidente de Venezuela contó su experiencia como lector de la prosa de Poniatowska: “Qué maravilla de escritura la de Elena. Yo subrayé anoche algunos párrafos extraordinarios (de la novela El tren pasa primero, ganadora del Gallegos)”, dijo, y citó uno en especial: “los rostros desencajados de quienes no habían pegado el ojo en toda la noche…”. Si ése fue el párrafo de la prosa deslumbrante de Poniatowska que sacudió los sentimientos del jefe de la revolución bolivariana, entonces el jurado del Cervantes recibió la visita del pajarito de Chávez. La obra más citada de Poniatowska, La noche de Tlatelolco, fue adelgazando sus posibilidades cuando entró en conflicto con el escritor Luis González de Alba en 1997, pues parte de los testimonios los mal copió sin crédito de la novela Los días y los años, que González de Alba escribió en Lecumberri. El debate sobre este asunto llevó a la censura de González de Alba en La Jornada por presión de Carlos Monsiváis y su despido del diario del que era fundador y copropietario. El debate se extendió a nexos en octubre y noviembre de 1997. Poniatowska se ha movido en el ambiente de las mafias de escritores. Una de ellas fue seguida, en ficción, por el escritor Enrique Serna y la llevó al papel en 1995 en el libro El miedo a los animales, una divertida e irónica novela policiaca en el ambiente de intelectuales: un periodista se ve inculpado por un asesinato que no cometió, acudió a la protección de Elena Poniatowska que en la ficción se llama Palmira Jackson y la exhibió como jefa de una perversa mafia literaria. De sus últimos libros militantes como periodista promotora de López Obrador, Poniatowska circuló en el 2007 una mediocre, personal, desorientada y sin gracia crónica del plantón del tabasqueño en el zócalo, decepcionada porque la derrota del candidato perredista le impidió ser nada menos que Ministra de Cultura, la Malraux mexicana.

Letras Libres publicó en agosto de 2007 una reseña muy completa de Rafael Lemus www.letraslibres.com/revista/libros/amanecer-en-el-zocalo-deelena-poniatowska, que retrata en las últimas líneas el perfil de la escritora como periodista política en el plantón: No se descubre nada si se dice que Poniatowska es esencialmente ingenua. De hecho, se dice poco si nada más se afirma eso: su comportamiento raya a veces --como ha notado Luis González de Alba-- con el cinismo. Ser cándido podría ser, al fin y al cabo, una ventaja: en medio de los políticos profesionales, el ingenuo podría exponer sin cautela cosas que aquéllos no ventilan. Pero Elena no dice nada. No a López Obrador, con quien se encuentra --según su propio testimonio-- sólo un puñado de veces, y tampoco a los lectores. Curiosamente, oculta la información más importante. Una y otra vez apunta que las personas en la calle la reconocen, la abrazan, la besan, pero nada revela sobre sus escasas reuniones a puerta cerrada con AMLO y su equipo. Poniatowska gasta sus días en el Zócalo para arribar a esto: “[Andrés Manuel] Es el hombre más besado y abrazado de México. No entiendo cómo todavía le quedan mejillas”. Por lo demás, Poniatowska es una intelectual sistémica. La fotografía en los jardines de Los Pinos, del brazo del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, junto a Héctor Aguilar Camín y a Carlos Monsiváis no condena ni justifica sino tan solo re-

La obra más citada de Poniatowska, La noche de Tlatelolco, fue adelgazando sus posibilidades cuando entró en conflicto con el escritor Luis González de Alba en 1997, pues parte de los testimonios los mal copió sin crédito de la novela Los días y los años, que González de Alba escribió en Lecumberri. El debate sobre este asunto llevó a la censura de González de Alba en La Jornada por presión de Carlos Monsiváis y su despido del diario del que era fundador y copropietario.

trata el juego político de poder de los intelectuales mexicanos. Monsiváis, por ejemplo, durante años se movió en el espacio de la crítica al poder y al salinismo, pero al final participó como miembro del Consejo Consultivo del Pronasol, programa social y político, ciertamente, pero también espacio de absorción de intelectuales. El problema de fondo no radica en saber si los intelectuales deben estar junto, frente, contra el poder, sino en algo mucho más sencillo que elude las complicaciones de las justificaciones: la coherencia. Los intelectuales pueden estar muy cerca o muy lejos del poder, pero al final de cuentas deben tener muy clara la cercanía, no engañar con la crítica pero participar de los saraos de la política presidencial, no decir una cosa y hacer otra. Finalmente, a los escritores lo juzgan sus obras. Junto a crónicas recomendables sobre marginados conviven otras demasiado comprometidas con la política y no con la revelación del trasfondo del sistema priísta. Su cercanía a López Obrador le restó seriedad e independencia como escritora. Al final, el problema de Poniatowska ha sido su intención de jugar a la política de las ideas y del poder pero sin estar preparada con un marco teórico ni metodológico y resumir todo a percepciones tan superficiales como suponer en el 2006 que Cárdenas le tenía envidia a López Obrador. Su estilo de ingenuidad le sirvió para hacer algunas entrevistas bastante superficiales y para hacer sonreír a Octavio Paz, pero no para usar las preguntas como una forma de meterse en el alma de los entrevistados.

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Falseó Poniatowska testimonios sobre 1968 Con evidencias y sustentos fundamentados, el escritor Luis González de Alba delata los yerros de la escritora en La Noche de Tlatelolco Por Luis Rodríguez El texto y trabajos periodísticos y de compilación de la escritora y Premio Cervantes de Literatura 2013, Elena Poniatowska, que durante décadas permanecieron en los anales de la historia como “excepcionales”, muestran severas deficiencias y exhiben falta de rigor documental, pues están fundamentadas en apreciaciones subjetivas y en reflexiones que no le corresponden, pues son del escritor Luis González de Alba, uno de los más severos críticos de la autora de la Noche de Tlatelolco.

Basado en documentos, artículos e investigaciones de los que Transición posee una copia, queda al descubierto que la autora de ese libro careció de lo más importante que debe tener un investigador: “autenticidad”, respecto de los hechos a los que hace referencia y que plasmó en su obra, pero que no están narrados tal y como en realidad sucedieron. Contrario a lo que se espera de un trabajo bien documentado de una investigadora y literata con prestigio en las letras hispanas, la escritora basó una parte de su libro en citas inciertas, suposiciones y nulas comprobaciones, de un pasaje de la historia más oscura del proceso político estudiantil que vivió México. Esto demuestra que la autora no indagó fehacientemente ni documentó su trabajo profesional, lo que plasmó hace cuatro décadas en el libro, La Noche de Tlatelolco, pues son “fusiles e interpretaciones subjetivas de entrevistas y análisis de uno de los documentos más leídos, respecto de la matanza estudiantil del ocaso de los 60’s". El llamado de Luis González de Alba es auténtico y lo expresa sin tapujos: “Hay que limpiar el episodio del 68”. Mediante su artículo titulado: Para limpiar la memoria, González de Alba solicitó a Elena Poniatowska corregir de La Noche de Tlatelolco los párrafos correspondientes a su novela Los Días y los Años; párrafos usados con su autorización, ya que luego de ser tergiversados por la autora, señalan imprecisiones y falsedades que en nada corresponden a la verdad histórica de los hechos. La solicitud fue explícitamente señalada a 28 párrafos, es decir, un poco más de 500 líneas de texto en la cual, la escritora y ganadora del Premio Cervantes de Literatura, debe corregir, apegado a los hechos. La razón es simple: La Noche de Tlatelolco mezcla

conceptos sin conceder la importancia a la fidelidad, narra el escritor y periodista mexicano. Sucedió que Poniatowska deseó utilizar la narración de González de Alba, pues le parecieron necesarios para ser empleados en su texto. Lo anterior, a decir del citado autor y de quienes conocen los ensayos, relatos y textos de Poniatowska, evidencian una investigación poco sustentada, con bajos fundamentos y en donde al parecer la escritora se deja llevar por su interés de sobre salir, basada en el trabajo de terceros, y no en la suma de sus propios esfuerzos. Las cifras sobre el número de muertos no cuadra. Los diarios El Universal, Excélsior, Novedades, La Prensa y El Heraldo, de esa época, daban 20 muertos esa fecha, hoy, las cifras ventilan los errores y omisiones pues la cantidad de cuerpos que fueron levantados esa fecha, no coincide con el número total de desaparecidos. Los nombres de los desaparecidos inscritos en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco donde ocurrieron los hechos, suman más de 80 y los cuerpos exigidos, pero jamás entregados a sus familiares, fueron desparecidos, pues a los anfiteatros, hospitales y delegaciones nunca llegaron siquiera como heridos o desconocidos. Con fundamento en los estudios, ensayos y artículos de investigación del exlíder estudiantil, el hoy escritor mexicano exige a la autora del citado libro (1971), amplié y ofrezca un relato autentico de lo sucedido en la plaza de las Tres Culturas aquella noche del 2 de octubre de 1968. González de Alba dice estar convencido de que el Ejército Mexicano “no iba a matar estudiantes, sólo a dispersar la manifestación”, y que el resultado de estos hechos, fue un operativo “intencionalmente mal organizado”, que enfrentó a soldados con el Batallón Olimpia. Contrario a lo que Poniatowska narra en su obra, Luis González de Alba dedica un capítulo de su más recien-

te libro: No hubo barco para mí (Cal y Arena 2013) a los momentos que vivió hace 45 años, dando elementos que sustentan la versión de que soldados y estudiantes fueron víctimas de una “emboscada”. Sin embargo, la escritora francesa nacida en el año 1932, tergiversó o manipuló los hechos pues sus relatos no están apegados a lo que en verdad sucedió esa tarde noche, del 2 de octubre de 1968. Los yerros de Poniatowska Mediante la cronología de hechos que en forma puntual describe González de Alba, al cumplirse 30 años de ese episodio, advierte a Elena Poniatowska sobre imprecisiones en los testimonios que él mismo aclara cómo sucedieron en el tercer piso del edificios Chihuahua, donde líderes del Consejo General de Huelga (CGH) encabezaron la manifestación. Pero, en lugar de corregir como habría sido prudente, ella toma y hace suyo un relato personal sobre los primeros minutos de aquel episodio, en donde se demuestra que Raúl Álvarez Garín, uno de los exdirigentes de 1968, no estuvo en el lugar donde supuestamente ella lo ubica en tiempo y forma. La razón explica González de Alba, es que la novia de Álvarez Garín, lo había invitado a comer. Poniatowska atribuyó situaciones que otros le señalan e hizo suyas declaraciones que no le constaban, hechos en donde quienes sí las vivieron, expresaron lo sucedido, mientras que ella solía componer, a su estilo, añadiendo frases que el autor jamás utilizó. Otro de los errores evidentes fue que Poniatowska dio por atribuidos hechos y declaraciones de Salvador Martínez de la Rocca “Pino”, cuando no sucedieron de esta forma, ya que la escritora coloca frases y citas que no son ciertas, además de que las adorna con calificativos propios de su estilo y narrativa. Una de las citas que este análisis periodístico aporta advierte que cuando las tergiversaciones no son triviales, llega el lenguaje “poniatowsko” para alterar los hechos reales. Da como reales hechos que no atestiguó Elena Poniatowska recibió en innumerables ocasiones recomendaciones de quienes estuvieron ahí, que vivieron entre las balas, las marchas, las detenciones y la represión con la que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, actuó en 1968.


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Una de las citas que este análisis periodístico aporta advierte que cuando las tergiversaciones no son triviales, llega el lenguaje “poniatowsko” para alterar los hechos reales.

En la página 205 de La Noche de Tlatelolco, Elena Poniatowska narra situaciones que no sucedieron tal y como las plasma en el libro antes señalado, pues Luis González de Alba describe lo que ocurría en la tribuna del mitin ese 2 de octubre, pues asegura haber estado en ese lugar donde más tarde fue detenido. Señala también que la orden para los dirigentes fue explicita. No caer en las provocaciones, pues “no era posible que hablaran todos, solamente se leían mensajes, cartas, telegramas y saludos y se anunciaban nuevas organizaciones que se adherían al Movimiento”. Demanda legal da pie a aclaración necesaria Luis Gonzalez de Alba, escritor, exlíder del 68 y periodista, solicitó a Elena Poniatowska corregir los 28 párrafos -un poco más de 500 líneas- para dar pie a una “reedición” apegada a los hechos que realmente sucedieron en 1968. En el curso de esta investigación fue posible verificar cómo fue que el escritor Luis González de Alba pidió a Elena Poniatowska, en reiteradas ocasiones, corregir o meter en contexto las citas y párrafos que se tomaron de Los Días y los Años para La Noche de Tlatelolco. De manera puntual, el quejoso le pide a la ganadora del Premio Cervantes de Literatura 2013 ponga en voces de quienes corresponde cada párrafo, para que así no aparezca Raúl Álvarez Garín como testigo de lo ocurrido, en el tercer piso del edificio Chihuahua, el 2 de octubre de 1968. Lo anterior, dice González de Alba, porque no estuvo allí, o Gilberto Guevara haciendo llamados a “impulsar la organización de los obreros en gremios independientes”.

Entre los ejemplos que menciona Luis González de Alba destaca cómo es posible que los reporteros, teniendo un léxico de 20 mil palabras en español, exista la probabilidad de que al azar un párrafo de 150 palabras pueda ser redactado de la misma forma, sin ni siquiera, cambiarle una copa o un punto. Las evidencias de esta y otras irregularidades han sido ofrecidas, una y otra vez por el periodista y exdirigente estudiantil, quien al hacer cálculos de las probabilidades que existen para hacer esto posible, sencillamente, son muy bajas comparadas con los plagios del que por años ha sido objeto. Y cita de manera puntual: “No le reclamo a Elena que en su página 76 transcriba mi descripción del grito de CU, sino que siendo el narrador, lo atribuya a Gilberto Guevara. Aquí los párrafos de cada libro. Los Días y los Años: “A las once de la noche, cuando se terminaba en el Zócalo la ceremonia oficial, repetida en cada pueblo y en cada ranchería del país, se dio el “grito” de independencia en la Ciudad Universitaria y el Politécnico en medio del júbilo desbordante”…. Etcétera. La Noche de Tlatelolco: A las once de la noche, cuando se terminaba en el Zócalo la ceremonia oficial, repetida en cada pueblo y en cada ranchería del país, dimos el “grito” de independencia en la CU y el Poli en medio del júbilo desbordante… etcétera. Es de señalar que el primero, es un relato de Luis González de Alba, y según Elena Poniatowska, lo narra Gilberto Guevara, la cual ha dicho hasta la saciedad que el mismo autorizó, pero ese al final no es el problema, sino que la escritora decidió por su libre albedrío, cambiar en este y otros 30 párrafos, al narrador, en ocasiones con repercusiones políticas graves, idénticas a las que en tiempo y forma señala González de Alba. En todo momento, el exlíder estudiantil advierte que por ningún motivo acusa a Elena Poniatowska de plagio, ni de fraude, pues lo único que le habría solicitado una y otra vez, es darle a cada narrador su lugar de acuerdo con las frases y palabras atribuidas y que por consiguiente, no coloque en boca de Gilberto posiciones políticas que no sólo le eran ajenas, sino las combatió abiertamente.

Ejercito Mexicano en el Zócalo de la Ciudad de México, Agosto 1968

Cabe destacar que Los días y los años, lleva por título Plaisir d’amour, y que Elena atribuye en su propio relato al matemático Ernesto Olvera, en aquel entonces dedicado a desentrañar el teorema de Goedel, tarea alejada de si la atmósfera del otoño es violeta. Otras pruebas contra Poniatowska En el cuaderno IV, fechado 5 sin año, de la Cárcel de Lecumberri, refiere como los errores más evidentes de una obra como Los Días y los Años es una muestra de que la escritora Elena Poniatowska ofrece un relato que no le consta, y que es producto de la recopilación y compendio de trabajos de otros escritores como Luis González de Alba, quien advierte la forma, tan “evidente” en que una persona hace suyos, trabajos que no le corresponden, faltando a los principios más básicos del trabajo de investigación, es decir, buscar, constatar y confirmar todo aquello que en breve habrá de ser sometido a consideración de los amables lectores. Concluye, el citado investigador y periodista su queja con un Corolario que textualmente advierte: “Quizá ninguno de los cambios realizados por Elena Poniatowska a mi narración del 68 tenga mayor repercusión política que el siguiente: soy testigo presencial del momento (clave para comprender los sangrientos hechos de la tarde de Tlatelolco), nada más alejado a la realidad”.

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Los extraños poderes de Norman Mailer Por Edward Mendelson

Distribuido por The New York Times Service & Syndicate

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orman Mailer tenía 16 años cuando descubrió a John Steinbeck, John Dos Passos y James T. Farrell, y dijo más tarde, "formé el deseo de ser un gran escritor”. Tenía 25 años cuando hizo su primera novela, "Los desnudos y los muertos" (1948), famosa por su fuerza narrativa y notoria por su vocabulario de cuarteles del ejército.

A diferencia de cualquier otro escritor político de su tiempo, Mailer comprendió que las tendencias políticas fueron impulsadas por los mitos colectivos irracionales, que el público vio a líderes políticos como formas de realización de los héroes míticos.

Se convirtió en el escritor americano más famoso y el más odiado de su tiempo, una industria de un solo hombre que producen historias, novelas, poemas, ensayos, historias y biografías en prosa expansivo y eufórico, dirigiendo películas y obras de teatro, en los titulares con sus elocuentes protestas contra la guerra de Vietnam, su campaña quijotesca para ser alcalde de Nueva York, sus teorías extravagantes de raza y sexo, su habilidad como boxeador aficionado, sus seis matrimonios y asuntos incontables, y las peleas de borrachos -en uno de los cuales, en una noche de copas y juergas, apuñaló a su segunda esposa casi hasta la muerte. Tenía la esperanza de escribir una novela lo suficientemente grande como para causar "una revolución en la conciencia de nuestro tiempo". Pero su mejor obra fue su reportaje político y cultural: "Los ejércitos de la noche" (1968), "Miami y el cerco de Chicago" (1968),"Un fuego en la Luna" (1971), y "La canción del verdugo" (1979). Insistió en la comercialización de la última de ellas como ficción, a pesar de que dijo que era "una relación fáctica, tan precisa como es posible hacerla". Pasó gran parte de su vida informando de hechos como si estuviera escribiendo una versión ficticia de su vida como si fuera un hecho. La biografía de J. Michael Lennon es lo primero que interpreta Mailer desde dentro, no como un espectáculo público. A diferencia de sus predecesores -Mary V. Dearborn, Peter Manso, Carl Rollyson y otros- Lennon fue amigo y colaborador de Mailer. Lennon es también el primer biógrafo en ver los pensamientos prolíficos de Mailer sobre dioses, demonios y fuerzas divinas que estaban en el corazón de su trabajo -a partir de las insinuaciones de los poderes oscuros en " Los desnudos y los muertos", al diablo que narra "El castillo en el bosque" (2007)- . Toda su carrera buscó la trascendencia. Él, de 16 años de edad, estudiante de primer año de Harvard, que esperaba ser un ingeniero aeronáutico, se convirtió en el profeta místico tronando con la tecnología. Su último libro es una transcripción de sus conversaciones con Lennon, "Sobre Dios: Una Conversación infrecuente" (2007) y la biografía de Lennon deja en claro los hábitos mentales que mantuvo Mailer de escribir una gran nove-

generaciones de novelistas normalmente tratan. Pero incluso estas novelas van más o menos mal, porque se imaginaba a sus personajes más como encarnaciones de las fuerzas impersonales que como personas. Planeó novelas en las que los personajes de "El Parque de los Ciervos" se convertirían en personas diferentes en cada libro, a veces una reencarnación un yo anterior, a veces una epifanía mientras se encontraba con "una perdida estación en el camino perdido de lo divino”. Mailer dijo que su novela sobre faraones reencarnando, "Ancient Evenings" (1983), fue creada en un mundo "antes de todo lo que sabemos, sin Moisés o Jesús," aunque no, al parecer, sin C.G. Jung y Joseph Campbell. Todos los grandes personajes son arquetipos míticos -o nociones de arquetipos del siglo xx - que ocupa temporalmente uno u otro un cuerpo humano, reencarnando en sí mismos a través del sexo vaginal, sondeando profundidades místicas a través del sexo anal con las mujeres y los hombres. Un príncipe narrador, despertando a la muerte, dice: "Los pensamientos crudos y las fuerzas feroces son mi estado", resumiendo la idea de Mailer acerca de la realidad humana, aunque el propio estado de Mailer tendía a ser imaginaciones teóricas y hábitos de trabajo burgueses que generaron su enorme producción Mailer, según informes de Lennon, resolvió no volver a escribir sobre su infancia. Como resultado, sólo escribió acerca de las experiencias que habían sido mediadas a través de la teorización adolescente o la inteligencia del adulto, nunca los sentimientos sin filtro de un niño. El narrador de su segunda novela, "Barbary Shore" (1951), es un amnésico, pero por lo demás, sufre lo que Mailer describió en su propia vida como una "lobotomía a mi pasado”. DH Lawrence, héroe de Mailer

la, los que lo hizo un gran periodista. Mailer estaba menos interesado en los seres humanos que en las fuerzas cuasi-divinas que encarnaban, y en las grandes corrientes inconscientes que formaban la historia política y cultural. Mailer sonaba como el pueblo gnóstico cuando hablaba de religión, quiso decir lo que dijo. "Dios estaba en guerra con el diablo", escribió en "Fuego sobre la luna" y en otros. Él le dijo a Lennon, "tiene sentido para mí que esta lucha entre Dios y el diablo ha sido un factor en la evolución". "Cuando actuamos con mucha energía –dijo- es porque Dios y el diablo tienen el mismo interés en el resultado”. Él no estaba siendo metafórico. Se imaginó a los demonios en "El castillo en el bosque", como personajes de ficción, como Anna Karenina, semidivinos, personas que no existen, pero que se asemejan a aquellos que sí. La mejor novela de Mailer después de su primera "El Parque de los Ciervos" (1955), "¿Por qué estamos en Vietnam?" (1967), "El fantasma de Harlot" (1991), muestran más variedad de estilo y de sucesos que las


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Hogar de Norman Mailer escribió más tarde sobre James Joyce de esta manera: "tan terriblemente sería y hecho a propósito, totalmente sin espontaneidad o de la vida real". Las posteriores novelas de Mailer tienden a ser productos de hecho, a propósito de la voluntad, no ablandado por los regalos de la memoria y escrito en desafío de su más profundo sentido de sí mismo: “yo, que soy tímido, cobarde, y deseo sólo la amistad y la seguridad", escribió en un periódico, "soy el que debe tener todo el mundo". El mismo impulso arquetípico que desdibujaba y resumieron sus personajes de ficción hizo su reportaje político vivo y convincente. A diferencia de cualquier otro escritor político de su tiempo, Mailer comprendió que las tendencias políticas fueron impulsadas por los mitos colectivos irracionales, que el público vio a líderes políticos como formas de realización de los héroes míticos. En su ensayo sobre la campaña presidencial de John Kennedy, "Superman llega al supermercado", escribió: "Hay un río subterráneo de deseos sin explotar, feroz, solitario y romántico, la concentración de éxtasis y violencia, que es el sueño de vida de la nación”. Todo el mundo lee esto como una metáfora viva; Mailer, como un nacionalista romántico del siglo 19, decía literalmente. Él siempre creyó que una nación como los Estados Unidos o en un pueblo como "el Negro" tenía una psiquis propia, con "corrientes inconscientes" que dieron forma a su destino. Él creía en mitos que, como todos los grandes mitos de Zeus en el mito moderno de la "sociedad" que tiene la omnipotencia de Zeus, se parecía literalmente a la realidad. “Un mito, para alguien que cree en él, no es un mito sino la verdad”. Las convenciones políticas, visitas de campaña, marchas de protesta y periodistas pululando de Mailer son sus obras más memorables. Él normalmente se presenta como una figura arquetípica, “el reportero", "el novelista", "el observador", "Aquarius" o algún otro avatar del escritor y héroe de las mil caras. También percibe, a veces tardíamente, que un héroe político mítico también podría ser un operador de cálculo. Ma-

Mailer fue único en combinar imaginación mitológica con la política de izquierda. Escritores como W.B. Yeats y Ezra Pound, quienes veían el mundo a través de los mitos arquetípicos tendieron a favorecer fantasías reaccionarias sobre las jerarquías naturales y dirigentes con alma de oro. rilyn Monroe dijo de su novela Hollywood "The Deer Park" que estaba "muy impresionada por el poder". Mailer fue único en combinar imaginación mitológica con la política de izquierda. Escritores como W.B. Yeats y Ezra Pound, quienes veían el mundo a través de los mitos arquetípicos tendieron a favorecer fantasías reaccionarias sobre las jerarquías naturales y dirigentes con alma de oro. Los escritores tentados por arquetipos, pero que se negaron a la tentación, como Virginia Woolf y WH Auden, se alinearon con lo racional. Mailer era un apasionado contra la injusticia, y su doble perspectiva abrió el camino para convertirse en el primer estadounidense capaz, en ocasiones, para escribir sobre su país con la profundidad profética y la observación precisa de Tocqueville. Mailer hizo su mejor informe en la década de 1960, cuando la política estadounidense parecía un apocalipsis wagneriano. Tenía menos que decir, y se sintió "muy fuera de lugar", desde 1970 hasta la década de 1990, cuando los tecnócratas cínicos se hicieron cargo y la política parecía opaca a la imaginación mítica. Luego, el 11 de septiembre de 2001, como escribió en estas páginas:

"dioses y demonios están invadiendo los EU, llegando justo fuera de la pantalla de televisión. Era como si las fuerzas divinas fueran un erupción de furia". Mientras el gobierno de Bush comenzó su brillante armadura para una nueva cruzada, Mailer, ahora de 70 años, escribió de nuevo con toda su vieja energía y perspicacia. Gran parte de la izquierda explica la guerra de Irak; Mailer, reconoció que el robo de petróleo fue parte de la historia, reconoce los impulsos teológicos que llevaron a George W. Bush, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz -la "lógica no divulgada" en "la raíz de la bandera conservadurista"- porque esos impulsos son versiones distorsionadas de sí mismo. "Los mitos son tónico para el corazón de una nación", escribió, pero "una vez abusado son venenosas". A veces él era el agresor. Escribió un ensayo que hizo que todos los argumentos racionales y morales contra la pena de muerte, con fuerza y claridad, pero concluyó que el asesinato patrocinado por el Estado "puede ser una de nuestras últimas defensas en contra de la ola que se aproxima del universo informático". "La canción del verdugo" (“The Executioner’s Song”) es el mejor de sus libros, en parte porque se obligó a retener de mitificación y escribir sobre el asesinato y la miseria en un estilo casi sin adornos. Joan Didion observó que en la primera parte del libro se habla sobre todo de las mujeres limitadas a un mundo doméstica local, la segunda mitad de los hombres "que se mueven en el mundo en general y creen que pueden influir en los acontecimientos". Mailer reconoció que tenía razón, a pesar de que por error había pensado que la primera mitad fuera de vaqueros actuando de manera varonil, el segundo sobre los tipos que actúan de maneras femeninas. Había sido engañado por las fantasías arquetípicas sobre las acciones intrínsecamente viriles y poco viriles. Didion percibe que el libro fue formado por el sentido de su artífice de las maneras en que las mujeres y los estilos de los hombres fueron formados por normas y convenciones sociales, no por arquetipos eternos.

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Norman Mailer junto a Muhammad Ali el 1 de agosto de 1965. La madre de Mailer nació en Lituania poco antes de que su familia emigrara a Nueva Jersey. El padre de Mailer, cuyos padres habían emigrado de Lituania a Sudáfrica, nació en Johannesburgo, se trasladó a Brooklyn como un hombre joven, y se encontró con la madre de Mailer en el hotel de su familia. Su hijo nació en 1923 y creció por primera vez en Nueva Jersey, a continuación, en Brooklyn, siempre en un clima de mentiras. Su padre era un mujeriego y un jugador compulsivo secreto. Su madre es la figura más consistente en la biografía de Lennon. "Mi hijo es un genio”. Mailer dijo que nunca dejó a su padre, ya que hacerlo "podría interferir con el más grande trabajo en su vida, yo”. Animado por ella, él escribió una novela de 35.000 palabras cuando tenía 11 años, luego abandonó la escritura hasta que encontró su vocación con un profesor de Inglés Harvard asignado de Farrell Studs Lonigan, de Dos Passos USA. Poco después de graduarse en 1943 publicó una historia en una antología comercial, se casó por primera vez, fue reclutado por el ejército, y soportó las batallas de las islas del Pacífico que hizo a manera de ficción en "Los desnudos y los muertos". Todo el mundo lee el libro como si perteneciera a la tradición realista de Farrell y Dos Passos, pero Mailer dijo que había estado en "una patada mística” cuando lo escribió. Le dijo a su editor: "Va a ser de terroríficas visiones de orden en el desorden, de un horror que puede o no puede estar al acecho bajo la superficie de las cosas". Los personajes son el primero de muchos en su obra cuyos impulsos malvados abren “atisbos primitivos de una estructura detrás de las cosas", que viven "en el borde de un conocimiento más profundo". El libro también incluye la primera de muchas pruebas en su ficción y su vida en la que los hombres se ponen a prueba a sí mismos caminando por una peligrosa y estrecha cresta. El único que no pasa la prueba en "Los desnudos y los muertos" es el niño judío universitario recién casado. Mailer había pensado en sí mismo como ateo, ni orgulloso ni avergonzado de ser judío, pero "asqueado" por la ceremonia de matrimonio judío que su madre exigió después de que se casó con su primera esposa en secreto. El destellos de un profundo conocimiento en "Los desnudos y los muertos" eran reflejos de la historia determinista de Oswald Spengler en "La decadencia de Occidente", que tenía el mismo efecto abrumador sobre Mailer que ha tenido en muchos adolescentes brillantes y sensibles.

El inconformista es al mismo tiempo un teólogo que “concibe el destino del hombre está atado con el destino de Dios” y “un psicópata filosófico” (...) que tiene mucho en común con la emoción de la mera violencia psicopática. En "Los desnudos y los muertos" echó un vistazo hacia un futuro de América en la que el control centralizado parecía tener una "mascarada bajo un liberalismo conservador", pero el libro tenía poco más que decir acerca de la política partidista. Mailer, por su parte, se había lanzado a la política de izquierda, oratoria de la campaña presidencial de Henry Wallace en 1948, luego de perder la fe en el Soviet. En 1949, Mailer fue ovacionado cuando se levantó para hablar en la "estalinoide" (palabra de Dwight Macdonald) Waldorf Conferencia en Nueva York, y abucheado cuando se sentó, habiendo dicho que los lados soviéticos y americanos, ambos fueron avanzando hacia el capitalismo de Estado y que no había futuro en la lucha para cualquiera. Pero se mantuvo comprometido con la lucha contra la izquierda estalinista. "Barbary Shore" fue el primer intento de Mailer de escribir sobre política como mito. Fuerzas ideológicas se encarnan en personas en una casa de huéspedes en mal estado, "la autoridad y el nihilismo acechan entre sí en el hueco orgiástica de este siglo", como él describe más adelante. La Unión Soviética es la "tierra a través del mar". Lennon supone que Mailer bebió y fumó marihuana, junto con su segunda mujer Adele Morales, para encontrar consuelo tras el fracaso fundamental de este libro, pero parece probable que los utilizaba para empujar las puertas de la percepción, al mismo tiempo que buscaba las profundidades míticas bajo los titulares de los diarios. En 1955 Mailer no tenía "nada menos que una visión del universo". Lennon escribió: "Su ateísmo se marchitó y se arraigó en la creencia de un Dios que no era todopoderoso, un Dios existencial" que, como

escribió Mailer, "está en peligro de muerte, que puede sufrir una corrupción moral". "Yo creo en ello -ha insistido- es lo único que tiene sentido para mí". El primer fruto de su fe era su teoría del “inconformista” (Hipster), expuesta en 1957 su ensayo "El Negro Blanco", y más tarde en entrevistas, reseñas y ficciones. Hoy cuando el "inconformista" significa un seguir sumiso en sintonía con los últimos gadgets, es difícil recordar que Mailer, sólo exagerando un poco su significado contemporáneo, popularizó una imagen de la última moda de caballero solitario del espíritu en sintonía con las corrientes arquetípicas indetectables por la plaza, al igual que un exiliado Obi-Wan Kenobi sintiendo una profunda perturbación en la Fuerza. El inconformista es al mismo tiempo un teólogo que "concibe el destino del hombre está atado con el destino de Dios" y "un psicópata filosófico", cuyo drama "es que busca el amor" a través de un "orgasmo apocalíptico" que tiene mucho en común con la emoción de la mera violencia psicopática. La frase en "El Negro Blanco" que causó más indignación fue una en la que Mailer atribuye "valor de una especie" a dos matones que arriesgaron su futuro por matar a un tendero. (Los lectores infieren que los asesinos eran negro y la víctima judía, aunque Mailer identificó, ninguno). Mailer, aquí hizo el error de confundir la valentía o la intensidad de una acción con su mérito. Su argumento se ha defendido citando T.S. Eliot sobre Baudelaire - "es mejor, de manera paradójica, hacer el mal que no hacer nada". Durante las próximas décadas, en contra de toda la evidencia de su experiencia, Mailer todavía imaginaba que “la perturbación de todos los sentidos”, algunos provocados por las drogas, la bebida o la violencia, podría revelar las verdades instintivas profundas prometidos por sus ideas religiosas. El nadir en la búsqueda de la intensidad de Mailer ocurrió en 1960 durante una fiesta en la que tenía previsto anunciar su campaña a la alcaldía. Borracho y drogado, pasó la noche golpeando amigos con los puños y otros objetos convenientes. Alrededor de las 4 de la mañana se metió en una pelea a gritos con Adele y la apuñaló dos veces con una navaja, una en la espalda y otra en el pecho. Lennon recuerda desinfectado a Mailer del apuñalamiento como un performance vanguardista que impredeciblemente salió mal. Lennon enumera los infor-


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mes sensacionalistas. Pero ignora el único informe de primera mano, por la propia víctima, aunque parece coherente con todo lo conocido acerca de esa noche. Adele (en "The Last Party", 1997) recuerda a un extraño y su marido de pie junto a ella. Lennon tiende a retratar la vida de Mailer como una secuencia de acontecimientos desconectados, y en su relato meses después del apuñalamiento, describe a Mailer tan silenciosamente levantándose y reanudando el trabajo. Norris Church Mailer es una guía mejor que Lennon en otro episodio cuando Mailer defendió los escritos de prisión de Jack Henry Abbott, un asesino que fue puesto en libertad condicional en 1981 y disfrutó de seis semanas de celebridad en Nueva York antes de matar a puñaladas a un camarero que le dijo que su restaurante no tenía baño público. Lennon y Norris, ambos informaron que Abbott no había sido puesto en libertad por recomendación de Mailer, sino porque era un soplón y por las drogas que supuestamente repartía. Norris añade que Mailer no sabía nada del historial de violencia o las advertencias de los psiquiatras penitenciarios acerca de que Abbott era paranoico y "capaz de una violencia repentina". Lennon desdibuja la medida en que Mailer fue manipulado por la habilidad retórica de Abbott. Abbott se retrató en sus cartas -publicado con la ayuda de Mailer como "En el vientre de la bestia" (1981) que, -en efecto, el verdadero inconformista quien Mailer sólo había imaginado, una víctima impulsada a la ferocidad, apenas contenida, ira casi visionaria por la autoridad estatal impersonal que Mailer despreciaba. Al mismo tiempo que Mailer estaba alabando "Búsqueda de la inviolabilidad” de Abbott, este último, en circunstancias que aún no están claras, se coludía con el guardia y el fiscal de Estados Unidos. Mailer llevó a Abbott a Nueva York y cuando lo asesinaron en Nueva York, informe de Lennon, no fue un consuelo para Mailer el que probablemente habría sido asesinado en otro lugar si Mailer nunca hubiera oído hablar de él. Mailer nunca volvió a escribir acerca de los inconformistas psicóticos. Lennon es el albacea literario de Mailer y cumple admirablemente sus obligaciones a su memoria. A veces exagera logros de Mailer. Mailer sobre los "tentáculos psíquicos" de la matriz y sus "ondas de comunicación a alguna fuente concebible de la vida" es un eco

Norman Mailer y J. Michael Lennon de la visión del plexo solar en Lawrence "Fantasía de lo inconsciente”. Romanticismo excrementos de Mailer (el ano como un centro de poder, las heces como "las riquezas de Satanás") copia el capítulo "excurse" en "Mujeres enamoradas". Las fantasías de Mailer sobre la etiología psicosomática del cáncer derivan de Georg Groddeck a través de Wilhelm Reich. En cada caso, Mailer usa más palabras que sus fuentes y dijo menos. Cuenta la vida sexual de Mailer como un gran corazón, Don Juan con las mujeres esperando en todas las ciudades, tiene un tufillo de admiración lasciva que inspira escepticismo. Norris Church Mailer cuenta una historia más plausible. Tanto ella como Lennon describir el momento incómodo cuando conoció en Chicago a la novia de Mailer, pero sólo Norris añade el detalle de que la mujer "era no mayor, llevaba una peluca gris, estaba a unos 5 metros de altura, y debía de pesar 250 libras o más. "Cuando Norris le preguntó qué le había atraído, Mailer dijo que a veces tenía que ser el guapo”. Norris se enteró más tarde que otras amantes secretas de Mailer se parecían a la de Chicago, y aunque Norris no lo menciona, las fotos que imprime de la madre de Mailer ajusta a la misma descripción. En público, por su parte, Mailer provocó la envidia masculina y se presentó como un profeta de la energía sexual que estalló limitaciones sociales. Su verdadera sexualidad parece haber sido todo lo contrario. A los 30 escribió en su diario que sus deseos eran los deseos polimorfas de la infancia. Parte de su actuación como mentor del orgasmo era su teorización acerca del inconformista "búsqueda de un orgasmo más apocalíptico que el que le precedió”. El inconformista persigue el orgasmo a través de actos de dominio, pero las "contradicciones extremas de la sociedad que forman su carácter" lo hizo “tan remoto como el Santo Grial". ¿Podría el inconformista alcanzar el orgasmo apocalíptico, experimentaría un éxtasis visionario del poder? Las teorías de Mailer sobre los inconformistas ignoran todos los testimonios de la literatura y la vida que describe experiencias visionarias inducidas sexualmente, cualquier juego de dominación lleva a ellos, como visiones de gratitud, igualdad y respeto. Para DH Lawrence, "trascendencia sexual" era "un poco de éxtasis donde podía perderse el sentido de sí mismo y de su voluntad". Lawrence logra el éxtasis a través del "dominio sobre las mujeres", porque son físicamente débiles, el dominio psicológico "no era la

tiranía de él, pero la iguala". El sentido de sí mismo de Mailer como "el guapo" era para él la forma de dominación que, al equilibrar su debilidad interior, hizo posible la igualdad. Los amigos de Mailer se preguntaban por qué se animó a sí mismo a atacar a las mujeres indignadas con sus teorías, como lo hizo en el Ayuntamiento en el año 1971 cuando se moderó un "Diálogo sobre la liberación de la mujer", que él sabía que iba a ser un asalto bien publicitado. Él estaba haciendo un papel mientras más mujeres se sintieron provocados por él. Sus provocaciones tuvieron algunos efectos adversos. Mailer siempre reconoció de manera indirecta que él era el perdedor en las guerras sexuales que provocó. "La hora de su tiempo" (1959) es la historia conocida en la que Sergio O'Shaugnessy -un personaje de "The Deer Park", es ahora un inconformista que de alguna manera se ganaba la vida como profesor de las corridas de toros en Greenwich Village- trae un estudiante universitario que reprime su primer orgasmo a través del sexo anal y vaginal con el órgano que Sergio llama "mi vengador". Como notaron los lectores atentos, Sergio finalmente provoca el orgasmo de la chica susurrando en su oído, "¡Pequeña Judia sucia!". Al final la chica resulta ser el matador, Sergio el toro caído. Mailer, como observa Lennon, escribió relativamente pocas críticas, pero él escribió sobre los libros y las películas con un entusiasmo forzado a diferencia de cualquier otra cosa en su trabajo. Los ensayos seleccionados en "Mind of an Outlaw" son espléndidos ejemplos como su escena por escena de la disección de "El último tango en París”. Deslizó juicios críticos en casi todo lo que escribió. Denunciando sintéticos modernos. El último de ellos fue el nombre comercial de las novelas de William Styron. En 2007, pocos meses antes de morir a los 84 años, Mailer visitó a su amante de San Francisco durante una gira publicitaria. Se reunieron en el restaurante del hotel y hablaron sobre sus cirugías. "¿Quieres venir a la habitación?", le preguntó. Ella se negó: "Si voy, voy a dormirme". Él respondió que él también, quizás todavía con la esperanza de aferrarse soñoliento a una mujer "como un niño que abraza el universo". Edward Mendelson es el profesor Lionel Trilling en Humanidades en la Universidad de Columbia y el albacea literario de la finca de WH Auden. Él es el autor de “Early Auden, tarde Auden”).

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Cuento

Terapia de grupo Coordinador: Freddy Secundino S. A partir de esta edición, se publicarán aquí relatos cortos de escritores mexicanos y extranjeros, con trayectoria editorial y nóveles. El nombre de esta sección no es más que una metáfora de las historias (propias o inventadas) que nos contarán los autores reunidos en cada número.

El hijo artificial

Clave

¿Quién es Pepe Caramelo?

Martha Cupa León (Michoacán, Méx.)

Roger Vilar (Cuba)

Ylla Kannter (Veracruz, Méx.)

Llegué de otro mundo para cumplir una misión en la Tierra. Me impusieron en un vientre fértil y saludable. Renací aquí, a pesar de que mi “madre” trató en vano de abortarme: sin yo saber porqué, ella me sentía ajeno. Nadie le informó nada de mí. Un ente de mi planeta, haciéndose pasar por médico, la hipnotizó y, después de reducirme de edad y de tamaño, me introdujo en su útero. Incluso, cuando yo era un bebé, ella me descuidó cuando sufrí una infección y alcancé una temperatura de 40 grados centígrados. Me desmayé y se hizo la ilusión de que había muerto. Me tendió sobre una mesa para “velarme”, pero llegó mi padre y me llevó al hospital, donde me curaron. Cuando cumplí los 20 ya estaba realizando mi misión en la Tierra, junto con otros entes de mi planeta. Todos los integrantes del proyecto sabíamos que éramos hijos artificiales de madres terrícolas. Ellos nada comentaban de las actitudes de sus madres aquí. Las de allá eran frías y, por lo tanto, no echábamos de menos sus muestras de afecto. Pero la de aquí, la mía, era cariñosa con sus hijos. Yo deseaba que lo fuera también conmigo. Casi a punto de terminar con la misión, decidí ganarme el cariño de mi “madre”, para experimentar su amor, pero la mala suerte lo impidió: sufrió un infarto cerebral y quedó en estado de coma. No había nada que hacer. Agonizante en su recámara, mis “hermanos” la dejaron sola para que muriera. Yo permanecí allí, observándola en ese momento tan suyo. Su respiración era cada vez más espaciada. Su rostro más relajado. Yo sabía que en cualquier momento ocurriría en su cerebro la explosión de endorfina, dopamina y otras sustancias que le provocarían el gran orgasmo de su muerte, y yo estaría junto a ella… Eso era algo muy importante para mí: despedirme de mi madre artificial de ese modo… Los minutos transcurrían… De pronto, entró el menor de mis “hermanos”, el más cariñoso con ella. Se sentó a mi lado a contemplarla y lo hizo con amor, con ternura, con una admiración que yo no había visto nunca en ninguno de los hijos de mi planeta. Me puse de pie en silencio. -Te dejo solo con ella –otorgué. No habían transcurrido ni cinco minutos cuando mi “hermano” salió nervioso y nos informó: “Ya murió”. Así debió ser. Ella me negó a mí, su hijo artificial, su momento más íntimo y orgásmico: su muerte. Creo que siempre supo a quién debía amar.

La mano de Juan hurgó en el bolsillo. Tomó las cotidianas tres llaves unidas por una argolla de bronce. La del trabajo, la del edificio, la del apartamento en que vivía. Pero por primera vez en 9 años, enredada entre los dedos, surgió una cuarta llave. La miró detenidamente. Era muy simple. Pequeña. Un mezquino metal la constituía. Probó a abrir con ella la puerta del edificio. No funcionó allí ni tampoco le permitió entrar a su casa. “¿Será del trabajo?”, se preguntó. No recordaba que nadie se la hubiera dado. Al otro día le preguntó a la sirvienta si la llave era de ella. “No, no señor”. Media hora después Juan intentó abrir con la advenediza la puerta de su oficina. No pudo. La insignificante llave no permitía el acceso a nada que él conociera. ¿Quién se la había dado? ¿Por qué estaba en el bolsillo de su pantalón? ¿Cuál era la puerta que no recordaba? Durante el primer mes de ser propietario de la absurda llave Juan la probó en las cerraduras de todas las casas de su vecindario. Por lo menos 400 domicilios. Y así continuó, mes tras mes, calle por calle, hasta cumplir 85 años de edad. Ya había olvidado cualquier cuestionamiento sobre la cuarta llave. Entonces, al introducirla mecánicamente en una cerradura, la puerta de la mansión se abrió de par en par, y Juan pasó a la sala, donde se sentó en un antiguo sillón. Escuchó el rumor de unos pasos. Alguien se acercaba. Lo saludó. “Juan, qué bueno verte”. Tomaron té negro toda la tarde mientras el sol fenecía tras los vitrales góticos de un gran ventanal.

Pepe Caramelo despierta con una duda existencial: “¿Quién soy?”. Se pregunta con frecuencia “¿de dónde salí?”, una cuestión que quiere resolver. Se mira las manos, se cuenta los lunares frente al espejo. No reconoce su especie. Llega a la conclusión de que es extraterrestre. Sale a la calle convencido de su origen intergaláctico y pide un latte en la cafetería de la esquina. “Para comerme un poco de vía láctea”, se dice en cada sorbo.

*Del libro Minutario de un viajero, de próxima aparición en la editorial Jus.

*Del libro Cuentos de Caramelo, inédito.

Palabras de hombre muerto Desirée Jiménez (España)

A Marta ya le habían dicho que el vecino de arriba era raro. Tenía miedo a la muerte. A una muerte lenta, silenciosa, anónima. Vivía solo desde hacía mucho. No recibía visitas. Temía morir y que nadie encontrase su cadáver. Por eso cada día, en intervalos de unos treinta minutos, su vecino dejaba caer un pedazo de papel en el que escribía, con caligrafía de caléndula, una palabra. A Marta, al principio, la enternecía esta costumbre. Le hacía gracia. Pronto se percató de que jamás repetía una palabra. Así, caían elefantes, engranajes, café, caballeros, granadas, amor, polvo, él, magdalena, rata, moco, filantropía, licenciados, suave, primoroso, sastre, gata, enano, chinos, oraciones. Marta vivía sumida en un torrente de celulosa, en una desesperada lluvia de palabrería. Obviamente, resultaba molesto tener que barrer cada día los nazis y los musulmanes, los ahogados y las cerezas, los pájaros y los océanos y las diecisiete variedades de arbustos, las doce tribus de Israel todas esparcidas y arrugadas en su patio. Una vez encontró un petirrojo bajo su almohada y otra un dedo en la sopa. Del cabello se había sacudido galimatías, laberintos y lagartos. Empezaba a estar harta. Entonces percibió algo, un oscuro retorcerse en la caligrafía de su vecino, que ya no era de caléndula, sino de enredadera. Había notado, también, cierta alteración en la temática. Ahora no paraba de recoger del patio huesos, cavernas, nudos. Con su letra de musgo, sus trazos mohosos, comenzó a escribir sangre, hígado, podrido, agujero. La frecuencia comenzó a disminuir. Los papelitos caían cada hora, cada atardecer, cada semana. Marta recordará siempre la última palabra que recogió. “Gracias”.


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Cuento

La tarotista de la calle Mesa Por Hilda Sotelo

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us ojos cansados casi no veían. Había pasado 40 años leyendo las líneas de la mano y las cartas del Tarot. Se aproxima a la puerta de entrada y salida. Y al dar el octavo paso mis ojos le regalan liberación.

Entré precavida, pensé en lo dividida que me siento últimamente. Conduje cuarenta años desde el nacimiento, a la edad de uno y un ángel gigante sin alas me entrega el Don del vidente. Yo era niña, apenas si balbuceaba “mom”. La tarotista tenía 41 años, su bisabuela la convenció de que San Judas Tadeo era milagroso, también la instruye en los amarres y desamarres. Cada mañana despiertan amorosas, su pecho latía entusiasmado, toman café, desayunan pan de trigo con mantequilla fresca y permanecen largas horas sobre la mesa de madera larga, y mantel rojo de vinil. Conversan prediciendo la semana, y los rostros de los futuros clientes. A la tarotista le encanta entretener su mirada en las tazas y las enormes estatuillas de San Judas Tadeo y la Virgen.

-No te entretengas tanto en los adornos, mija, tu misión será quitar esos pequeños obstáculos que rodean a las personas. Has demorado 41 años para perder el miedo. Me alegro que sea tu voluntad la que llegue aquí. De hambre no te vas a morir, tendrás que hacer votos de sencillez pero serás feliz ayudando, sonreirás y cada palabra tuya es tomada para construir o destruir. Lo sencillo no es simple, le toma varios lustros al alma comprender eso. - Buelita, me gustan mucho estas tacitas, yo no quiero ir tan lejos ni me interesa saber el futuro. Tengo el Don, pero soy libre. Di varios pasos, de la puerta de entrada al cuarto mágico restaban ocho. Me entretuve viendo la sala, sillones color negro, ocupaban casi toda la estancia, una tv gigante amenaza con llevarse los episodios de la realidad entretenida en la venganza. Varias fotografías de ella joven, decoraban la pared. El cabello relamido, su vestido entallado, sus perfectas facciones entonaban con la sonrisa que en ese momento intentaba ofrecerme. Eran las 8pm en la fotografía, el reloj se había detenido sin sospechar de su propia eternidad. Ella realmente creía poseer el Don, -venga Hermana, le cobraré 800 dls, y en diciembre me traerá flores blancas, ya verá. No tengas miedo-. En estos tiempos el escepticismo casi acaba con el negocio.

El anuncio luminoso de Lectura de Tarot sobre la calle Mesa, estaba a punto de extinguirse. Ya casi nadie caminaba por esos rumbos. Los habitantes del pueblo perdieron la fe, la depositaron en el frasco de vino cuyo fondo anunciaba prometedores billetes. Andaban autómatas, robóticos, y sólo escuchaban a la deuda monetaria y las enfermedades, por ésas se desvivían. -A lot of things will change. You will have to keep you faith strong. Soon, people won’t believe in anything-. La bisabuela dio el último sorbo al café, al siguiente día falleció, hace 41 años eran las 8pm y sus crédulos ojos vieron al ángel de la muerte, luego al otro ángel femenino, el mismo que me traía el cofre y la extraña herencia. La bisabuela desaparece entre un camino nebuloso, nadie puede cruzar el umbral, ni mi fe, ni mis ojos que lagrimeaban humanos. El tiempo pasa rápido, tres rayos le tocaban su frente. La tarotista acaricia el rostro adorado, era clara una tabla lúgubre y fría. En ese momento supo que aquel cuerpo ya no era el de la bisabuela ni sus manos lectoras de palmas. Regresó la fantasía al cuadro fotográfico y la imaginación a su lugar. La bisabuela enfurecida nos ordena continuar su trabajo. Ella nos heredó la fe y la casa en la calle Mesa. También deja en un cofre las benditas cartas del Tarot, las mismas que el ángel femenino me lee a la edad de 1 año y ahora no existe. La Tarotista no sufrió con la muerte de la bisabuela, milagrosamente el Don le daba para ver entre sueños hacia donde iban exactamente sus familiares. No la abandonó, seguía ahí entre la cocina y el cuarto mágico, molesta. La vi de pie atrás de la estatua de San Judas Tadeo. Me dijo que había estado esperando mi llegada, que su adorada bisnieta estaba cansada de repetir lo mismo y que ella también había perdido la fe. La bisabuela dijo que muy pronto yo recuperaría mis dones que dos mujeres los habían enterrado junto con semillas de cardo y ortiga y que estos habían crecido para maldecir. En cambio yo decido entregar rosas blancas en diciembre, acto seguido, las infelices, me dejarían finalmente en paz. La tarotista me bendijo y entrega nueve veladoras blancas de luz perpetua. El cuarto mágico se ilumina cuando las veladoras arriban de Canadá, fue cuestión de fe y describir a detalle lo que anoche vi. Era ella la tarotista de la calle Mesa, ella vestida de guinda, desanimada, de ojos tristes, mirada resignada, la que limpia tu entorno y cuya fe te convence de dones conferidos, dones que regresan al verme liberarnos de ilusiones, justo a las 8pm.


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Entre mis libros de Octavio Paz Por Lucila Rivera de Blanco

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ndecisa, me acerco a mi colección de libros de Octavio Paz. Por lo general no importa cual libro prefiera, pues su obra es inabarcable. Siempre encontraré algo que me emocione, que me deje pensativa, imaginando las calles del centro, portales, iglesias, zaguanes, antiguas calles que conservan el estilo de comercios con sabor aldeano que conocí cuando niña: misceláneas, bazares, puestos que invaden de alegres coloridos las banquetas.

Por fin me decido por “El Laberinto de la Soledad” (1950) del Fondo de Cultura Económica, del que se piensa es “Una busca agónica del ser del mexicano, siendo un estudio de los más lúcidos y sin duda de mayor vigencia. Muchos de los conceptos que expresa continúan siendo empleados por propios y extraños cuando se lanzan a la aventura de definir el carácter nacional: la máscara, el “ninguneo”, el mexicano como fruto de una violación…” Abrir este libro produce la misma emoción que una puerta que espera tras de la que sabemos se encuentra la gran fiesta de la

palabra que nos llevará a las emociones, reflexiones y sutiles observaciones del poeta que ha sabido captar la sensibilidad delicada y el orgullo del mexicano que sabe esconder y manejar desde su soledad, su dolor oculto y su valía de hombre. En el Capítulo III “Todos Santos, Día de Muertos” nos va relatando el momento esperado de la fiesta de sus iglesias, de las fechas venerables que merecen el desahogo, el descanso en donde puede mezclarse entre las multitudes, cantar, gritar, beber y decirle al mundo de su valía y de su orgullo. Nos imaginamos al leer uno de los párrafos, entre la muchedumbre emocionada, al poeta que comparte como hermano el mismo júbilo: “Cada año el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la Fiesta del Grito y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año. Durante los días que preceden y suceden al 12 de diciembre, el tiempo suspende su carrera, hace un alto y en lugar de empujarnos hacia un mañana siempre inalcanzable y mentiroso, nos ofrece un presente redondo y perfecto de danza y juerga de comunión y comilona con lo más antiguo y secreto de México. El tiempo deja de ser sucesión y vuelve a ser lo que fue y es originariamente: un presente donde pasado y futuro al fin se reconcilian”. Más adelante nos retrata en su momento de exaltación nuestras fiestas: “Durante esos días el silencioso mexicano silba, grita, canta, arroja petardos, descarga su pistola al

“Cada año el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la Fiesta del Grito y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año.”

aire. Descarga su alma. Y su grito, como los cohetes que tanto nos gustan, sube hasta el cielo, estalla en una explosión verde, roja, azul y blanca y cae vertiginoso, dejando una cauda de chispas doradas”. Pero no puedo dejar de recurrir a mi libro de Octavio Paz “Poemas” (1935-1975) Y busco su sensibilidad ante un hecho tan lacerante para todo ser lúcido como es la muerte, busco su filosofía, su aceptación y entre algunos otros, selecciono “Elegía Interrumpida” En uno de sus párrafos, me detengo: “Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al que se fue por unas horas/ y nadie sabe en que silencio entró./ De sobremesa cada noche,/ la pausa sin color que da al vacío/ o la frase sin fin que cuelga a medias/ del hilo de la araña del silencio/ abren un corredor para el que vuelve/ suenan sus pasos, sube, se detiene / y alguien entre nosotros se levanta/ y cierra bien la puerta/ Pero él, allá del otro lado, insiste./ Acecha en cada hueco, en los repliegues,/ vaga entre los bostezos, las afueras/ aunque cerremos puertas, el insiste..” Ante estas palabras, yo también me detengo. La sensibilidad de este poeta que vivió con intensidad fiestas y duelos de sus hermanos mexicanos, me es suficiente. Ya sin mencionar todos los premios y distinciones que recibió, basta con decir: Octavio Paz nació y murió en México (1914-1998).


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1984, el “futurismo utópico” de Orwell Los hombres no son tan hijos de sus padres como de su tiempo Por Salvador González Briceño “En los tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”: Orwell. [NB: En junio de 2006, en Londres, un británico fue detenido por manifestarse con esta leyenda en una pancarta].

EE

n estos días, el 21 de enero, se cumple un aniversario luctuoso más de George Orwell (seudónimo de Eric Arthur Blair, 1903-1950), el escritor inglés que legó al mundo obras importantes como 1984 (primera edición de 1949) y La Rebelión de la Granja (obra de 1945) en donde plasmó su crítica, irreverente y objetiva —basadas en experiencias y su participación en la Guerra Civil en España (1936-1939)—, en contra de los totalitarismos nazi y estalinista.

Pero no sólo. Tiempo atrás, en 1934, había publicado Los Días de Birmania, en donde arremete igual en contra del propio imperialismo británico, tras su paso por la “policía imperial de Birmania”. Y otras como El camino a Wigan Pier, sobre las condiciones de vida de los mineros en el norte de Inglaterra, en donde refleja su compromiso social. Sus ensayos también dan cuenta de ello. Serían sus vivencias sobre las clases trabajadoras en el París de principios del Siglo XX —téngase en cuenta el ambiente bélico prevaleciente en Europa—, que alimentaron su postura como cronista, novelista crítico y escritor en favor de la justicia social y la mejoría en las condiciones de vida de las clases sociales bajas. De la mano de esto, y en coincidencia con Aldous Huxley, K. Dick y Antony Burges, Orwell pasaría revista a la cara “oscura” de la moneda: la indiferencia de la sociedad de su tiempo, por desdén o ignorancia, a los buenos augurios con que se presentan los avances científicos y tecnológicos. Peor aun cuando, recién escrita la novela 1984 había pasado el Holocausto que puso fin a la Segunda Guerra Mundial e hizo sentir

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pánico a la humanidad con la bomba atómica de Estados Unidos sobre territorio japonés. Un reclamo que en nuestra época sigue vigente. Como el enfoque distópico (antiutopía, lo contrario a utópico; que describe a una sociedad oprimida y bajo un gobierno autoritario) prevaleciente, más ahora que nunca por el desarrollo de la electrónica y las TIC (tecnologías de la información y las comunicaciones) que facilita el trabajo al “Gran Hermano”, el Leviatán omnipresente que escudriña tanto física como las actividades y la mente de los hombres del siglo XXI. Este breve contexto nos permite comprender los escenarios de 1984 de George Orwell. Con dedicación anti-totalitaria que, si bien aplica a la expresión de las políticas persecutorias y a los métodos criminales del dictador en la Rusia Soviética postleninista y antitrotskista (que describiría en carne propia Alekandr I. Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag [1973] y enfrentaría el rechazo de los comunistas recalcitrantes del mundo cerrados a creer en los campos de concentración de Siberia) José Stalin, no se alejan del despotismo y vigilancia de todo régimen autoritario de épocas recientes.

De ahí la vigencia; de ahí el maleficio orwielliano. En pocas palabras, el argumento central de 1984, refiere a un futuro en donde una dictadura autoritaria interviene en la vida privada de los ciudadanos a un grado tal que a éstos les resulta imposible escapar. El personaje central, un Winston Smith ubicado en Londres que tiene una vida totalmente controlada por el “Gran Hermano” (el que observa los pensamientos más profundos) y el partido único. Un mundo en donde los operadores del sistema, sabedores de la historia y operadores del lenguaje, se hacen de los instrumentos necesarios para regular y controlar en su beneficio —la división hipotética de los tres niveles de hombres “altos”, “medios” y “bajos”, y la lucha por los alimentos— la dinámica de una sociedad fraccionada por las guerras en donde no hay perdedores sino ganadores con la imposición del miedo como método de control. La ingeniería del terror y de la guerra, como mecanismo político para perpetuarse en el poder, que desnuda Orwell.


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De periodista a escritor sin pasar por el Boom

René Delgado Por Raúl Urbina C.

L

a lectura de El Rescate, primera novela de René Delgado, produce un suspenso a lo largo de la trama que quisiéramos prolongarla o duplicarla en el recuerdo. La descripción de la vida cotidiana de las ciudades de México, El Salvador, Miami, Holanda, Francia y Bruselas, lugares en que se desenvuelve toda la narración, nos obliga comentar y aun con la simple silenciosa evocación para recomendarla compartirla y avisando a quienes no lo han hecho.

La Historia narrada en El Rescate gira en torno a la vida del reportero Juan Lavín, en la década de los 70, en la que nos presenta esa parte que todo periodistas guarda de las vivencias y acontecimientos de su vida periodística y que posteriormente puede volcar en forma ficticia en apariencia en una novela ubicándolos en los límites de lo verosímil o verdadero. Una historia de 26 capítulos, que se inicia en la ciudad de México, en la que René Delgado, recrea su trabajo periodístico que realizó como enviado en El Salvador en 1979, para el diario en que trabajó, recrea la dinámica de las antiguas redacciones de los años 70, los compañeros de trabajo, las fiestas con los amigos de la universidad, que a lo largo de la narración nos describe de esa vida cotidiana y del periodismo ya desaparecido. “El periódico aún estaba en calma, sin la efervescencia vespertina. Juan saludó desde Margarito hasta el estúpido reportero de guardia. Se sirvió a hurtadillas un café en la Dirección y fue a su mesa de trabajo. Revisó los diarios y chacoteo con cuanto compañero llegaba. Escuchó los nuevos chismes sin dar crédito a ninguno, aunque registrando todos. Entre ires y venires, transcurrió la tarde. Juró entregar el reportaje en dos o tres días. Y, por no dejar, a eso de las siete y media llamó a Teresa. Tlapalería En el clavo, contestaron. Recogió su correspondencia y, sin ánimo de llegar, se fue a casa”. Teresa será la amante accidental y misteriosa, y parte fundamental en el secuestro que lleva acabo la guerrilla salvadoreña, trama principal en la novela desarrollándose en las ciudades de El Salvador, México, Miami, París, La Haya, y Bruselas. “Lunes, dos de la tarde y minutos: Bucareli. Voceadores levantando rubores con piropos y chiflidos. Olor a aceite quemado de fritangas. Río de vehículos. Canto de cláxones en celo. Hervor de motores. Pico de bullicio, los voceadores con histéricas noticias. El retraso del camión puntual. Teresa e Irene estaban recargadas en la salpicadera de un coche. Reconocieron a Juan. Ahora sí rieron con él y no a sus costillas. Bastó con levantar el seguro de la portezuela.

Teresa quedó a su lado; Irene junto a la ventanilla. Celebraron el reencuentro. En la esquina de Baja California, Irene se disolvió entre el nubarrón de carne y huesos que atravesaba avenida Cuauhtémoc. Teresa y Juan, por fin a solas: -¿Tienes algo que hacer o puedo secuestrarte? -Depende adónde me lleves y que pidas de rescate. Puedo estar contigo hasta las cinco”. Juan Lavín es el periodista que se entrampa por el capricho de los acontecimientos y la satisfacción de tener un lugar en ellos “-Como le dije, soy periodista, mi nombre es Juan Lavín y vivo en la ciudad de México. Ésta es mi tarjeta. Por circunstancias del azar cubro asuntos especiales y, de manera particular, el conflicto salvadoreño. Voy y vengo de México a El Salvador. Le cuento esto con toda franqueza y el ánimo de ser correspondido de la misma forma. No nos conocemos y conviene hablar sin engaños a partir de un pacto de caballeros: después de esta charla, se olvida usted de mí. No quiero tener ningún otro contacto ni verme inmiscuido en este asunto. No sé nada más de lo que voy a decirle. Ojalá no me equivoque al hablarle así. Mire, señor Margucían, en mi Último viaje a El Salvador me encontré en el hotel con este envoltorio y la solicitud de entregarlo, por razones humanitarias, aquí en Miami: son las condiciones del rescate de su sobrina Sandra“. El trío de amigos universitarios; Mauricio, Salvador y Guillermo, son la parte fundamental de la relación que Juan Lavín tiene con la guerrilla salvadoreña, que secuestra a Sandra la hija de Alejandro Margucían acaudalado terrateniente cafetalero salvadoreño, y quien no estará dispuesto a pagar el rescate que le exigen aún a costa de que su hija se ejecutada. “Camino al Vips, Juan Lavín recordó la militancia estudiantil de Mauricio, Salvador y Guillermo, su bien granjeada fama de acelerados que la juventud comunista resumió en el apodo de La guerrilla Plastimarx y la crítica a sus bromas. Bromas y locuras como aquella que violó el acuerdo de recabar firmas en contra del secretario de la Reforma Agraria, Fausto Gómez, quien de pronto apareció en la escuela con rango de investigador de tiempo completo. La guerrilla cazó al exfuncionario y, en su primera oportunidad, lo encadenó al escritorio del salón de clases, en protesta por incorporar a políticos desempleados a la docencia, verdaderos aviadores que veían la cátedra como exilio prestigioso y asistían a la universidad sólo los días de pago. Expuesto a la burla

quedó el flamante catedrático, simulando vivo interés por la plaga de excusas con que el director de la facultad quiso borrar el incidente, en tanto se conseguía un cerrajero capaza de liberarlo.” Otro de los personajes es Héctor Margucían, tío de Sandra, quien pagará el rescate que pide la guerrilla salvadoreña por dejar en libertad a su sobrina, contrariando la decisión de su hermano Alejandro quien opta por la intervención policiaca y los grupos paramilitares salvadoreños. El Rescate es la primera novela de René Delgado, en ella mezcla parte de sus vivencias como enviado en la guerra insurgente de El salvador y realiza una historia que recrea la parte oscura de los acontecimientos, que ficticios en apariencia, a través del relato de la historia los ubica en la frontera de lo verosímil y lo verdadero. Baste recordar que René Delgado cubrió los conflictos armados de Nicaragua en 1978 y El Salvador en 1979. De allí que en esta, su primera novela, vaya haciendo que el interés lector se separe y se concentre en hacer conjeturas de cuál será el final de la historia. La novela que fue producto de cinco años de trabajo de 1985-1990, iniciada en Europa, durante su estancia en Bruselas Bélgica, en la que fungió como agregado cultural en la embajada de México de 1984 a 1988, la termina en México e impresa en 1992. La historia periodística de René Delgado se inicia en 1973, época en que se inscribe en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México para estudiar Periodismo y Comunicación Colectiva. Nace en la ciudad de México el 17 de septiembre de 1954. En 1978 fue fundador de los noticieros Enlace en el Canal 11 del IPN. Colabora de 1980 a 1984 en el periódico UnomásUno. En 1984 ingresa al servicio exterior mexicano como agregado cultural en Bélgica. En 1988 se incorpora al diario La Jornada. Asume la dirección de Este País en 1991. Fundador del periódico Reforma, al que ingresa como subdirector editorial. Desde 2004 es director Editorial del periódico Reforma. Sus obras publicadas anteriores a la aparición de El Rescate (1992), son: La Oposición: debate por la nación (1988); Ovando y Gil: Muerte en víspera de elecciones (1989).

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Novedades literarias del mes Por El Bolillo Escéptico

El Mundo hasta ayer. Editorial Debate, España, 2013. 592 pp. Jared Diamond autor de Armas, gérmenes y acero o Colapso, en su nuevo libro el escritor e investigador ha optado por seleccionar algunas temáticas y sociedades. Para ello, ha dividido en nueve ámbitos su trabajo repartidos en los once capítulos a fin de ilustrar cómo podemos aprovechar de distintas formas nuestros conocimientos sobre sociedades tradicionales: los peligros y la crianza de los hijos, el trato de los ancianos, los idiomas y el poliglotismo, los estilos de vida saludables, la resolución pacífica de conflictos, e incluso asuntos que tienen que ver con lo religioso y lo espiritual. Un libro que garantiza el conocimiento sobre las formas de vivir de los antiguos pueblos. Usted decide… si desea aprender de las sociedades tradicionales.

Los Otomíes en la Mirada de Ángel Ma. Garibay. Instituto Mexiquense de Cultura. México, 2006. 428 pp. Valioso libro que reúne la obra de Ángel María Garibay Kintana, sobre la etnia Otomí, edición coordinada por la antropóloga Rosa Brambila Paz. La obra contiene material inédito y publicado, así como los veinte años de convivencia de Garibay con los otomíes del estado de México. Consta de tres capítulos alimentados por las crónicas del autor quien oriento a través de estas su esfuerzo para poner el pasado prehispánico en el mismo nivel que las culturas clásicas. El libro es en sí una recopilación de testimonios orales y escritos, observación de usos y costumbres, y la participación activa del autor en la vida de las comunidades otomís del estado de México. Un buen libro para quien desee ampliar su conocimiento de la obra de Garibay y el tema del indigenismo.

La Comuna de Oaxaca. Crónicas oaxaqueñas de una crisis del sistema político priista. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México, 2010. 437pp Carlos Ramírez, periodista, investigador y autor de más de una veintena de libros, ofrece en esta obra un panorama distinto del caso oaxaqueño. Plantea un mapa del conflicto que nos proporciona amplias explicaciones, ya que el autor de la columna Indicador Político no ha caído en lo que critica. Con su investigación periodística -método que ha utilizado a lo largo de su trayectoria profesional- nos muestra su agudeza para desarrollar el trabajo periodístico, su cultura y buena prosa. Con herramientas va desentrañando el conflicto por medio de sus artículos, ensayos, ponencias y libros lo que nos permite ubicar la situación que enfrenta Oaxaca y señala cual es el rumbo que debe seguir el estado para dejar atrás la miseria y desigualdades. Una excelente investigación para los interesados en la ciencia política.

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Naxihi Na Xinxe Na Xihi: Por una vida libre de violencia para las mujeres en el Valle de San Quintín, Baja California. Serie Vida y milagros de mujeres indígenas. Universidad Autónoma Metropolitana. México, 2013. 11 pp. Tomo 1 de la serie Vida y milagros de mujeres indígenas. Es una investigación realizada por las profesoras, Gisela Espinosa y Carmen Luna Muñoz. En la que se analiza la experiencia de Naxihi na xinxe na xihi (Mujeres en defensa de la mujer), narra la lucha desigual de un grupo de mujeres jornaleras del Valle de San Quintín, que emprenden en la defensa de sus derechos laborales. Se describe también cómo, estas admirables mujeres transitaron de la vulnerabilidad y la impotencia a la insumisión y la lucha por sus derechos y por una vida libre y sin violencia. Excelente libro sobre la lucha feminista de las mujeres indígenas en México.


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Novela por entregas

El 777 vs. El Chalequero Por Slaymen Bonilla Satélites turbados, los sentidos ceden al resplandor y las solemnes rosas funerales descienden sobre alguien que no existe sobre alguien que abandona la ciudad rumbo al río del nunca más volver y a la espalda el estrépito consume, en destruida patria, el óleo de la gloria, antiguo barro donde la conciencia vivía soledades y esperanzas. Alí Chumacero, La noche del suicida.

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l Coronel – como le gustaba que lo llamasen – encendió su pipa. Sus ojos parecían despreocupados, seguramente a causa de tantos años en los que el servicio le había forjado una tez de hierro. Pero sus manos no podían mentir. Un ligero temblor asomaba por ellas.

A su lado el teniente Eleuterio Sandoval esperaba pacientemente cualquier orden, movimiento o murmullo. Pero el tiempo se hacía eterno. El reloj marcaba las once de la noche, hora poco conveniente para hacer gala de un alarde de audacia. Había tenido que dejar el calor de su lecho marital para presentarse en la oficina a petición directa del Coronel. Eso sólo podía significar que algo estaba mal. Cuando llegó al Cuartel General unas farolas lo recibieron. El frío invierno comenzaba a pegar en la Ciudad. Y este invierno era más frío que de costumbre. Los pasillos del Cuartel estaban desérticos, tan helados como el exterior. Un olor a tabaco era el único resquicio de la vida humana que algunas horas atrás estallaba entre esas cuatro paredes. “Maldito sea el Coronel”, pensó mientras recorría un pasillo. Al fondo una luz discreta daba aviso de la presencia del susodicho. Un respiro y adentro. Ha vuelto a atacar – fue la sentencia que pronunció el Coronel apenas después de dar el primer sorbo a su pitillo. Las imágenes se anudaron en la garganta de Eleuterio. Lo primero que vio fue un torrente de sangre que manaba a borbotones. Lo siguiente, un río inundado de gritos y una sombra que lo atravesaba entre risas y burlas. Pero, hace mucho… eh… ¿cómo es posible? Las palabras atragantadas eran signo del miedo y la rabia que corrían por entre las venas del teniente. Su pierna comenzó a agitarse sin control. De nuevo ese maldito tic. Un sueño, quería que todo eso no

fuese más que un maldito sueño. Pero, por más que se pellizcaba, no conseguía despertar. Una ráfaga de viento azotó la puerta. Eleuterio Sandoval no pudo más que dar un respingo. Se había convertido en un niño cobarde. Todas las noches, desde hacía ocho años, soñaba con él. Una pesadilla convertida en rumor lejano. No podía soportarlo. Hubo días en que despertó jadeante, con un sudor helado recorriéndole el cuerpo. La cama mojada. Su esposa trataba de animarlo, se acurrucaba en su pecho y le decía que ya pronto todo terminaría. Y así fue. Un buen día la sombra desapareció sin dejar rastro. Nadie supo nada más. Pensó que se había hundido en ese maldito río, que se había ahogado con la sangre de todas ellas. Dios es un justiciero lento, pero seguro. Y ahora, de entre las cenizas, el ahogado volvía. La pesadilla volvía a ser vida. Sé lo que esto representa para usted –el Coronel hablaba con la seguridad de quien no siente lo que dice–, por eso he querido que fuese uno de los primeros en estar al tanto. ¿Cu-cu-cu-cuándo…? Una vez más Eleuterio no pudo concluir la oración. El Coronel lo entendió a tiempo, con lo que pudo evitarle un esfuerzo sobrehumano. Hoy, a las nueve y media, en el Río Consulado. Unas rodillas que se doblan, una lágrima que cae en el vacío, unos labios sangrantes, un olor a muerte. El humo del cigarro comienza a dispersarse en la habitación. El escritorio de madera. La máquina

de escribir recién traída del gabacho. La vela teñida entre un montón de papeles apilados en un orden esotérico. Más al fondo una salida que conduce a celdas mojadas y malolientes, donde decenas de infelices esperan una condena. Algunos saldrán pronto (sobre todo si tienen algún pariente cercano al Generalísimo), mientras que otros se pudrirán ahí. El reloj está a punto de marcar las once y media. Ya van más de quince minutos en que el silencio reina. El teniente Eleuterio Sandoval sigue ahí de pie, como un muñeco arrumbado. El Coronel va por su quinto cigarrillo. Busque a un hombre dispuesto a todo –es la sucinta orden dictada por el Coronel. Será muy difícil. El teniente tiene razón. Los hombres son seres pusilánimes, egoístas, incapaces de ofrecer su vida por el bien de la patria. Ya pocos quedan como el Generalísimo. Él sí que fue todo un héroe. Nada más verlo en batalla, dirigiendo a su país a la victoria. Pero de esos ya no hay. Las interminables guerras y revueltas se los han ido llevando. Nadie querrá arriesgar el pellejo y menos cuando enfrente está él, el peor de todos. ¿Conoce usted a alguno? –se atreve a preguntar Sandoval. No. La respuesta es clara y contundente. El silencio vuelve a apoderarse del pecho de los ahí presentes. El Cuartel es una tumba, húmeda y rancia. Afuera comienza a llover, es sólo una lluvia lenta, un chispoteo insignificante, pero suficiente como para repiquetear un silencio incómodo. Sandoval está sumergido en sus pensamientos, que no son más que tintineos absurdos. ¿Qué sabe del 777? –interrumpe una voz. El Coronel fija la mirada en su subordinado, atento. Sabe que es su única oportunidad. Espera un milagro. No mucho, un día, de pronto, se esfumó. El 777, otra sombra de un pasado sombrío, el eco de un alma desalmada, una mirada que mira sin mirar. Un buen día llegó, así nomás. Por aquel entonces debía tener unos diecisiete años o dieciocho, aunque no los aparentaba. Algo había en su mirada que estaba roto. Quizá, más bien, era que no había nada. Ni esperanzas, ni sueños, ni deseos. Era un chacal al acecho. Su piel correosa, venida de campo, transpiraba duras jornadas laborales. No, nada en ese hombre tenía un aire juvenil. Sus labios partidos y sangrantes, el polvo en su cabello, un olor a tierra mojada, la ropa corroída y remendada cientos de veces, los pies semi-


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desnudos. Lo único que lo delataba era su voz, que aún no maduraba del todo. Pero sus palabras eran tan duras como los callos de sus manos, en ellas no había rastro de compasión o sufrimiento. Palabras escuetas, que servían para comunicar lo indispensable, lo que de otra manera hubiese sido ambiguo, incomprensible. Ése era Diógenes Espinosa, mejor conocido como el 777. ¡Encuéntrelo! –el Coronel volvía a interponerse en sus pensamientos. Al teniente Sandoval no le quedó otra más que asentir. Lo hizo por instinto, no por convicción. ¿Dónde demonios lo iba a encontrar? ¿Quería encontrarlo? Un remolino de terror iba creciendo a sus anchas, sin que él pudiese hacer algo para detenerlo. Quería correr, huir, saltar al vacío, olvidarse de todo. Vio, por entre las rendijas de la ventaba que el Coronel le tapaba, un trueno afilado y pensó que Dios se había vuelto loco. El teniente salió a las frías calles de una Ciudad en plena expansión. Lo primero que vio fue al sereno, que avisaba la entrada de la medianoche. Metió las manos en su abrigo y a paso veloz se dirigió a su casa. El vaho que comenzaba a desprenderse del recién colocado asfalto, lo indujo a un estado somnoliento. Redujo su paso y se dio cuenta de que estaba llorando. Inés había sido una excelente hija, siempre cordial y afable. No era una época hecha para las mujeres, pero, por alguna extraña razón, ella destacaba de entre todas. Sabía tocar el piano, tejer, cocinar, leer y hasta escribir. Todo se lo había enseñado él. Claro que hubiese preferido a un varón, pero dados los problemas que su esposa había tenido para embarazarse debía sentirse afortunado de aquel regalo divino. Y así lo hizo, la educó como a cualquier hombre libre y de buenas costumbres. Le enseñó todo lo que sabía. La amó, en verdad la amó. Y, de pronto, él se la quitó. Fue una noche de primavera, de ésas que tanto gustan a los espíritus románticos. Inés, que ya era toda una señorita, salió a comprar el mandado. Huevo, tortilla, frijoles y un poco de pan. Siempre lo había hecho así. Por eso fue extraño que tardara tanto en regresar. Eleuterio trató de tranquilizar a su mujer diciéndole que seguramente se había que-

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dado platicando con alguien por ahí. Así pasó la primera hora. Luego pensó en el mequetrefe ése que la perseguía. Llevaba ya meses tras ella. Le regalaba rosas, le recitaba poemas de amor (bastante infames por cierto), le prometía el cielo y las estrellas. Hasta hubo una noche en que, con un montón de amigos, trató de llevarle serenara. Y digo trató porque, a las primeras notas y alaridos surgidos de aquella turba de holgazanes, Eleuterio salió, fusca en mano, y los despidió con unos cuantos balazos al aire. ¿Y si la había raptado? Jamás pensó en una posible fuga, pues su hijita era decente. Él era el responsable. Al menos eso creyó, hasta que fue a su casa y lo encontró comiendo con sus padres y su hermano menor. ¿Dónde está Inés? –preguntó con fiereza. El joven que ya de por sí estaba sorprendido por la inesperada visita, enarcó aún más las cejas. No lo sé señor, no la he visto desde antier. No te hagas el inocente. Sé que tú la tienes. Le juro que no señor. La respuesta parecía sincera, sobre todo tomando en cuenta el contexto que la rodeaba. Una comida familiar, una casa en perfecto orden. De haber raptado a su hija, ese mocoso no estaría ahí, tan quitado de la pena; habría huido con ella a algún paraje inhóspito. Quizá fue por eso que Eleuterio Sandoval dio media vuelta y se retiró sin decir palabra. Cuando regresó a su casa se encontró con un tumulto de personas, entre las que destacaban algunos gendarmes (las demás eran las típicas viejas chismosas y uno que otro niño curioso). Apuró el paso, pero súbitamente se detuvo. Tenía un mal presentimiento. Sabía lo que le esperaba del otro lado de la puerta. Así se quedó, inmóvil, hasta que los gritos y el llanto de su mujer lo regresaron a la realidad. Eva de Sandoval gemía tirada en el suelo. Dos gendarmes intentaban incorporarla. La casa olía a quemado, el horno seguía prendido. Por alguna razón que ni él mismo pudo explicar, el teniente no fue directo a consolar a su mujer, sino que, con toda calma, se dirigió a la cocina, apagó el fuego y se derrumbó en una silla. Tantos años en servicio le habían dado el colmillo necesario para entender y callar. Súbitamente el llanto de su mujer cesó. Se

habría desmayado. Fue entonces cuando uno de los gendarmes se postró en la puerta, listo para cumplir su trabajo, pero el teniente se le adelantó. ¿En dónde la encontraron? El gendarme reprimió su asombro y se limitó a contestar. En Río Consulado mi teniente. Dos gorriones pasaron cerca de la casa, emitiendo una silbatina alegre, ajenos al dolor que se esparce en cada rincón de este jodido planeta. Eleuterio Sandoval se agarraba las sienes, procurando detener una migraña inminente. Su boca estaba seca, la saliva se había agotado. Su estómago le dolía, tanto como al pobre que no ha comido en varios días. Por debajo, su pierna emprendió una danza desconocida, una danza que ya nunca se detendría. En una banca un hombre llora. Llora de impotencia. Llora de rabia. Llora de miedo. Sus recuerdos regresan como agujas venenosas. La ve flotando en el río; una raja recorre su cuello. Los médicos dicen que fue ultrajada y estrangulada. Su vestido flota junto con ella. Una risa se desdibuja. A doña Eva de Sandoval la tienen que internar en el manicomio, ha quedado perturbada de por vida. Cuando por fin llega a su casa Eleuterio besa a su mujer, ésa que está en el manicomio, pero que él insiste en abrazar cada noche. Se acurruca entre sus brazos y le pide un beso. Ella se lo da. El niño miedoso se va durmiendo poco a poco. Pero antes de perderse en una inmensidad que nunca conoceremos ve sus ojos, fríos, calculadores, llenos de un fanatismo etéreo. El 777. Sólo un demonio puede comprender a otro demonio. Él es el único que puede detener a El Chalequero. Tiene que encontrarlo.

Slaymen Bonilla (Ciudad de México, 1988) Filósofo y escritor mexicano. En 2011 Cursó el Diplomado en Creación Literaria (en el Centro de Creación Literaria “Xavier Villaurrutia”), en donde tuvo la oportunidad de aprender de maestros como J. A. Shelley, Pablo Mandoki, Mónica Brozon, Ernesto Murguía, entre otros. Ha ganado diversos reconocimientos en el campo de la poesía, entre los que destacan: el Premio Grau Miró 2008 (haiku) y el Metropolitano de Calaveras Literarias (FCE). Actualmente ha concluido su primera novela: el Cantar de Quetzalcóatl, y está a la espera de alguna editorial aventurera que apueste por él.


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En Veracruz, fuerte impulso al turismo cultural en 2014 Con nuevos planes y proyectos, en 2014 el turismo cultural tendrá un fuerte impulso en Veracruz, y “especialmente porque en este nuevo año queremos llevar la vocación turística a otros municipios emergentes en este campo”. Así lo informó la directora de Turismo Cultural y Cinematografía, de la Secretaría de Turismo y Cultura (Sectur), Dalia Edith Pérez Castañeda, quien destacó la próxima conmemoración de los 450 años de fundación de la ciudad de Misantla, “donde se contará con todo el apoyo del Gobierno del Estado para realizar un gran evento que conmemore este importante acontecimiento”. Apuntó que 2013 fue un año de grandes éxitos para la entidad en la materia, contando con una Cumbre Tajín a su máxima capacidad de asistentes, así como un notable incremento de visitantes en zonas arqueológicas como Quiahuiztlán, Zempoala y El Tajín, colocándose como algunas de las más visitadas a nivel nacional. Tras subrayar que 2013 fue un gran año para el turismo cultural en la entidad, mencionó que el 2014 se proyecta para ser igual o mejor en esta materia; “es un año que ya hemos empezado con el pie derecho y estamos a la espera de turismo nacional e internacional, sin contar a todos los veracruzanos que por una u otra razón recorren el estado de norte a sur día con día”.

Además, en materia de producciones audiovisuales, informó que en estos primeros días del año ya se han iniciado diversas producciones para el cine y la televisión, subrayando la realización de grabaciones en Tlacotalpan, Alvarado, Minatitlán y Coatzacoalcos, con motivo de la producción denominada “Casa grande, patria chica”, serie de documentales sobre el patrimonio histórico y cultural de nuestro país.

El Mollete Literario #14  

Periódico cultural mensual, dirigido por el periodista Carlos Ramírez. Con una vocación eminentemente dirigida hacia la lectura y los libros...

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