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ÍNDICE CUADRO DE LA CEREMONIA DE EXALTACIÓN TRANSPARENTE DEL SEGUNDO VIGILANTE DEL TRONO DEL SEGUNDO VIGILANTE TRANSPARENTE DEL PRIMER VIGILANTE DEL TRONO DEL PRIMER VIGILANTE TRANSPARENTE DEL RESP. MAESTRO DEL TRONO DEL RESPETABLE MAESTRO CAPÍTULO I.—Decoración de la cámara del medio CAPÍTULO II.—Fórmulas para elevar los trabajos CAPÍTULO III.—Apertura de los trabajos de la cámara CAPÍTULO IV.—Orden de los trabajos CAPÍTULO V.—Clausura de los trabajos CAPÍTULO VI.—Ceremonia de exaltación CAPÍTULO VII.—CATECISMO DEL MAESTRO CAPÍTULO VIII.—Deberes de los Garantes de Paz LO QUE NO DEBE IGNORAR EL MAESTRO MASON CAPÍTULO IX.—Explicación de los símbolos CAPÍTULO X.—Estudio sobre el tercer grado CAPÍTULO XI.—Estudio cosmográfico CAPÍTULO XII.—Explicación de la piedra angular CAPÍTULO XIII.—Descripción del gran jeroglífico CAPÍTULO XIV.—Leyenda de las escaleras CAPÍTULO XV—La Piedra fundamental CAPÍTULO XVI.—Los artífices dionisiacos CAPÍTULO XVII.—La palabra perdida CAPÍTULO XVIII.—La rama de acacia CAPÍTULO XIX.—Leyenda del tercer grado CAPÍTULO XX.—Leyendas de la Francmasonería CAPÍTULO XXI—El nombre inefable

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CAPÍTULO XXII.—En la cúspide del simbolismo CAPÍTULO XXIII.—El maestro masón CAPÍTULO XXIV.—Doctrina CAPÍTULO XXV.—Leyenda de Hirám CAPÍTULO XXVI.—Variantes de la leyenda CAPÍTULO XXVII.—El drama simbólico CAPÍTULO XXVIII.—La resurrección CAPÍTULO XXIX.—Otra variante de la leyenda CAPÍTULO XXX.—Interpretación astronómica de la leyenda CAPÍTULO XXXI.—Interpretación moral de la leyenda CAPÍTULO XXXII.—Interpretación astrológica de ia leyenda CAPÍTULO XXXIII.—Interpretación filosófica de la leyenda CAPÍTULO XXXIV.—Interpretación genésica de la leyenda CAPÍTULO XXXV.—Interpretación teosófíca de la leyenda CAPÍTULO XXXVI.—Schibboleth CAPÍTULO XXXVII.—Nobaom CUADRO DEL SIGNO DE SOCORRO CAPÍTULO XXXVIII.—Grado de maestro CAPÍTULO XXXIX.—Instrucción CAPÍTULO XL.—Instrucción del grado de maestro CAPÍTULO XLI.—La masonería mundial CAPÍTULO XLII.—Del simbolismo CAPÍTULO XLIII.—De las iniciaciones BIBLIOGRAFÍA ÍNDICE

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CAPÍTULO I. DECORACIÓN DE LA CÁMARA DEL MEDIO. La decoración de la CÁMARA DEL MEDIO, deberá ser con cortinaje negro, calaveras y huesos en aspa, grupos de TRES, CINCO, SIETE y NUEVE, arriba del asiento del SEG VIG habrá un esqueleto pintado y armado de una REGLA, y sobre su mesa un rollo de papel negro y grueso de diez y ocho pulgadas de largo y nueve de circunferencia, que le sirve de mazo; y un transparente -negro, con este letrero "ENSEÑA AL IGNORANTE" arriba del trono del Prim Vig otro esqueleto armado de una ESCUADRA; y en su mesa un rollo igual al del Seg Vig, leyéndose en la caja del transparente "DESENMASCARA AL HIPÓCRITA", arriba del trono de oriente, otro esqueleto armado de un MARTILLO; y en su mesa un mazo de lona o de goma elástica, una cuchara de albañil y otra caja como las anteriores, en la que se lee "ABATE AL AMBICIOSO", encima de ella una calavera. En el fondo del solio el símbolo del grado dispuesto en un transparente que se descubrirá al iluminarse la cámara en cierto punto de la iniciación, pues hasta llegar a él no habrá más luz que la que den las tres cajas con los letreros de los tronos, aunque todo se dispondrá para que pueda pronto alumbrar la logia con profusión. Al norte estará el cuadro del templo que sirvió en el grado de COMPAÑERO, y se cubrirá con una cortina negra que se corre en un punto determinado de la iniciación. Dos estrellas le alumbrarán entonces. El altar estará cubierto de negro, con la CARTA CONSTITUTIVA o DISPENSA de la logia, arriba el COMPÁS y la ESCUADRA, colocando las dos puntas de aquel sobre la rama de ésta; y además una ESPADA, una CUCHARA de albañil, y BANDAS y MANDILES del grado, en número suficiente para los candidatos. Cerca de ORIENTE y al MEDIODIA, estará un ATAUD con un SUDARIO NEGRO, UN MANDIL y una RAMA DE ACACIA, cubierto con un paño negro, de modo que no se conozca lo que es. Al lado del H Guard Templo, UNA CAMPANA. TÍTULOS El Ven Maest, se le llamará MUY RESP MAEST. El Prim Vig, se le llama M V H PRIM VIG. El Seg Vig, se le llama M V H SEG VIG. A los demás HH VENERABLES HERMANOS.

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INSIGNIAS La insignia es una BANDA azul celeste y de aguas con ribetes encarnados, y se bordan con hilo de oro dos ramos de acacia y siete estrellas, en su parte anterior, una roseta en el centro del lazo sosteniendo la joya y que consiste en una escuadra sobre la cual se cruza un compás abierto a 45 grados, se lleva la banda de derecha a izquierda. El mandil será de raso blanco forrado y ribeteado de rojo con el símbolo del grado, y en la solapa la escuadra y el compás, con las piernas de éste sobre las ramas de aquella. Regresar a índice. CAPÍTULO II SIMPLIF DE FORMULAS PARA ELEVAR LOS TTRAB Estando los trabajos abiertos en Prim Cámara y teniéndose la necesidad de ser elevados a cámaras superiores y para evitarse el abrirlos con el ritual, se observará el siguiente formulismo que sólo es una SIMPLIFICACIÓN DE FÓRMULAS, no debiéndose circular el SACO DE BENEF, sino en la Cám en que fueron abiertos. PRIMERA CÁMARA VEN MAEST —H Seg Vig, por un solo golpe de mallete, servíos suspender los trabajos en la Prim Cám. El Maest de Cer se colocará frente al ARA con la vista a Or y esperará a que el Seg Vig diga: SEG VIG—(-X-) Es la voluntad del Ven Maest en Or, que por un solo golpe de mallete, se suspendan los trabajos en la Prim Cámara, V H Maest de Cer, servíos atender el ARA. El Maest de Cer cumple la orden y dirá: MAEST DE CER —H Seg Vig, cumplidas vuestras órdenes. SEG Vig:

Vuestras órdenes han sido cumplidas.

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VEN MAEST —HH míos, los trabajos están en suspenso, HH AApdz, servíos cubrir el Temp. Después de que los AApdz se han retirado, el Ven Maest continúa diciendo: SEGUNDA CÁMARA MUY VEN MAEST —H Prim Vig, por un sólo golpe de mallete, poned en toda su fuerza y vigor los trabajos en Seg Cám, —H Maest de Cer, atended el ARA. (-X-X-X—X-X-, en pie y al orden) HH míos. Todos obedecen la orden del Muy Ven Maest y el Prim Vig dirá: PRIM VIG—(-X-) Es la voluntad del Muy Ven Maest en Or, que por un golpe de mallete, se pongan en toda su fuerza y vigor los trabajos en la Seg Cám —H Maest de Cer, atended el ARA. El Maest de Cer, cumple la orden y dirá: MAEST DE CER—H Prim Vig, cumplidas vuestras órdenes. PRIM VIG —Muy Ven Maest, cumplidas vuestras órdenes. MUY VEN MAEST—(-X-) tomad plaza HH míos, los trabajos están en toda su fuerza y vigor. Si hay asuntos urgentes, se tratarán en el menor tiempo posible y al terminarse, el Muy Ven Maest, dirá: MUY VEN MAEST —H Prim Vig, por un solo golpe de mallete, suspended los trabajos en la Seg Cam, H Maest de Cer, atended el ARA, El Maest de Cer se colocará frente al ARA con la vista al Or y esperará a que el Prm Vig diga:

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PRIM VIG —(-X-) Es la voluntad del Muy Ven Maest, en Or que por un solo golpe de mallete se suspendan los trabajos en la Seg Cám —H Maest de Cer, servíos atender el ARA. El Maest de Cer, recogerá herramienta y al terminar, dirá: MAEST DE CER—H Prim Vig, cumplidas vuestras órdenes. PRIM VIG — Ven Maest, cumplidas vuestras Ord MUY VEN MAEST — HH míos, los trabajos están en suspenso, HH CComp, servíos cubrir el Temp. Después de que los CComp se han retirado, el Muy Ven Maest, continúa diciendo: TERCERA CAMARA MUY RESP MAEST —(-X-) Es mi voluntad, QQ HH , que por un solo golpe de cuchara, poner en toda su fuerza y vigor los trabajos en la cámara del medio, (-X-X-X—X-X-X—X-X-X- en pie y al orden) VV HH, CONMIGO POR EL SIGNO Y LA BATERÍA DEL GRADO). Los trabajos están abiertos, (-X-). Tomad plaza. Regresar a índice. CAPÍTULO III APERTURA DE LOS TRABAJOS DE LA CÁMARA Así que todos ocupan sus puestos en la cámara del medio, el Muy Resp Maest, dará un golpe con su cuchara, y dirá: PRELIMINARES MUY VEN MAEST —Muy VV HH Prim y Seg VVig, servíos pedir a todos los presentes las palabras del Terc Gr (-X en pie, y al orden, VV HH) VISTA A ORIENTE.

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Todos los HH ejecutan la orden del Muy Resp Maest y los VV HH VVig hacen el reconocimiento en la forma debida, y vueltos a sus tronos, el Seg Vig dará un golpe y dirá: SEG VIG —(-X-) V H Prim Vig, todos los de mi columna son MM MM. PRIM VIG —(-X-) Muy Resp Maest, todos somos del grado. MUY RESP MAEST —(-X) Tomad plaza. El Muy Rep Maest , hará las preguntas litúrgicas, que dan principio a los trabajos de maestro: PREGUNTAS LITÚRGICAS MUY RESP MAEST —Muy Ven H Prim Vig, ¿sois maestro? PRIM VIG—La acacia me es conocida. MUY RESP MAEST—Muy Ven H Seg Vig, ¿qué significa esa frase? SEG VIG —Que sé cómo se alcanza la inmortalidad. MUY RESP MAEST—Muy Ven H Prim Vig, ¿qué es la inmortalidad? PRIM VIG —El pensamiento elevándose a su idealidad y tomando posesión de su propia divinidad. MUY RESP MAEST—Muy Ven H Seg Vig, ¿por qué os rodeáis de cuadros de la muerte para simbolizarla? SEG VIG—Porque la del iniciador era el complemento necesario de la iniciación, según la ley palingenética de los antiguos filósofos “que la vida se sostiene por la muerte”, y nosotros representamos en el drama astronómico de Hiram, la metempsicosis, en el sentido en que la tomaban aquellos sabios. MUY RESP MAEST —Muy Ven H Prim Vig, ¿cuál es el secreto de la maestría? PRIM VIG —Revelar el de la inteligencia suma, de la que nuestro pensamiento es un efluvio, son inmortales; y si la primera cambia sin cesar de formas, lo que hace de la creación al estado natural del universo, el pensamiento o la IDEA, en vez de destruirse como aquellos, se fecunda y perfecciona más y más, propagada de una en otra generación; y por consecuencia, morir por la IDEA no

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es morir, sino perder la forma para eternizarse en el panteón de los bienhechores de nuestro linaje. MUY RESP MAEST —Muy Ven H Seg Vig, ¿A qué hora acostumbran los MM MM abrir sus trabajos? SEG VIG —Al mediodía. MUY RESP MAEST —Muy Ven H Prim Vig, ¿qué hora es? PRIM VIG —Mediodía en punto. ANUNCIO DE LA APERTURA MUY RESP MAEST—Muy VVen HH Prim y Seg Vvig servíos pedir a los VV HH, que decoran vuestras respectivas CCol, como yo lo hago a los de oriente, se unan a vosotros y a mí, para abrir los trabajos de la cámara del medio, por los golpes y signos misteriosos. PRIM VIG —Muy Ven H Seg Vig y VV HH de la Col del sur, nuestro Muy Resp Maest, os pide os unáis a él y a mí, para abrir los trabajos de la cámara del medio, por los golpes y signos misteriosos del grado. SEG VIG—VV HH que decoráis la Col del norte, nuestro Muy Resp Maest, por conducto del Muy Ven H Prim Vig, os pide os unáis a él y a nosotros, para abrir los trabajos de la cámara del medio (-X-anunciado) Muy Ven H Prim Vig. PRIM VIG —(-X- anunciado) Muy Resp Maest. MUY RESP MAEST—(X-X-X—X-X-X—X-X-X-) En pie y al orden) VV HH. Todos los presentes se levantan al orden y el Muy Resp Maest continúa diciendo: APERTURA A L G D G A D U, en su nombre, por la Confraternidad universal, y en virtud de los poderes de que me hallo investido por la libre y espontánea voluntad de mis HH DECLARO ABIERTOS los trabajos de la CÁMARA DEL MEDIO de la Rep Log Simb……... (A mi VV HH, por el Sig y la Bat del Gr)

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Todos ejecutan la orden y el Muy Resp Maest, dirá: V H Maest de Cer, servíos atender el ARA. El Maest de Cer, cumple con la orden, y al terminar, dirá: MAEST de CER —Justa y perfecta, Muy Resp Maest, vuestras órdenes están cumplidas. MUY RESP MAEST —VV HH, los trabajos están en toda su fuerza y vigor. (-X-) Tomad plaza. Todos los presentes, guardarán el mayor silencio posible y esperarán al desarrollo de los trabajos. NOTA: —Para los trabajos ordinarios, no es necesario tener el sombrero puesto, ni voltearse el mandil. Los maestros hablarán estando sentados, no es necesario ponerse de pie.— Sólo en trabajos de la cámara del medio estarán con el sombrero puesto. —(José Díaz Carvallo). Regresar a índice. CAPÍTULO IV ORDEN DE LOS TRABAJOS Estando los trabajos de la cámara en toda su fuerza y vigor, el Muy Resp Maestro, dará un golpe de cuchara y dirá: MUY RESP MAEST —(-X-) Muy VVen HH Prim y Seg VVig, servíos anunciar en vuestras respectivas CCol como yo lo hago en oriente, pongan atención a nuestro V H Secretario que nos va a dar cuenta con la lectura de la PLANCHA de los últimos trabajos. PRIM VIG—(-X-) Muy Ven H Seg Vig, y VV HH, que decoráis mi Col nuestro Muy Resp Maest os suplica pongáis atención a nuestro V H Secretario, que nos va a dar cuenta con la lectura de la PLANCHA de los últimos trabajos. SEG VIG —(-X-) VV HH, que decoráis la Col del norte, nuestro Muy Resp Maest., por conducto del Muy Ven H Prim Vig,

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os suplica pongáis atención a nuestro V H Secretario, que nos va a dar cuenta con la lectura de la PLANCHA de los últimos trabajos.-(X-anunciado) Muy Ven H Prim Vig. PRIM VIG—(X-anunciado) Muy Resp Maest. MUY RESP MAEST —V H Srío, tenéis la palabra. El V H Srio, después de haber dado cuenta con la lectura del acta de los últimos, trabajos, dirá: SECRETARIO: —Muy Resp Maest, vuestras órdenes están cumplidas. OBSERVACIONES MUY RESP MAEST—(-X-) Muy VVen HH Prim y Seg VVig, servíos anunciar en vuestras respectivas CCol como yo lo hago a los de oriente, que se concede la palabra, si tenéis objeciones que hacer a la PLANCHA con que nos acaba de dar cuenta vuestro V H Secretario. PRIM VIG — (-X-) Muy Ven H Seg Vig, y VV HH que decoráis la Col del sur, nuestro Muy Resp Maest, os concede la palabra, si tenéis que hacer objeciones a la PLANCHA con que nos acaba de dar cuenta nuestro V H Secretario. SEG VIG —VV HH, que decoráis la Col, del norte, nuestro Muy Resp Maest, os concede la palabra si tenéis que hacer observaciones a la PLANCHA con que nos acaba de dar cuenta nuestro V H Secretario. (-Xanunciado) V H Prim Vig PRIM VIG —(X— anunciado) Muy Resp Maest. MUY RESP MAEST —(-X-) La palabra es concedida. Si hay observaciones que hacer, y después que termina el último en hablar, el Muy Ven H Seg Vig dará un golpe y dirá: SEG VIG —(-X-) Muy Ven H Prim Vig, reina el silencio en mi Col. PRIM VIG —(-X-) Muy Resp Maest, en ambas CCol, reina el silencio. MUY RESP MAEST —(-X-) Reinando también en oriente, ¿se

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aprueba la PLANCHA, VV HH? Todos los que estén conformes, levantarán la mano derecha en signo de aprobación y el Muy Resp MAEST dirá: SANCIÓN A LA PLANCHA VV HH, aprobada la PLANCHA, ayudarme a sancionarla (X-X-X—X-X-X—X-X-X en pie y al orden). Conmigo, por el Sig y la Bat del Gr (-X-). Tomad plaza. Todos ejecutan la orden del Muy Resp Maest. SACO DE PROPOSICIONES El saco de proposiciones, se circulará en la misma forma que en las cámaras anteriores. MUY RESP MAEST—V H Maest de Cer, servíos circular el SACO de PROP, con el ritual acostumbrado. El Maest de Cer , después de circular el saco de Prop, como en las cámaras anteriores, se colocará entre CCol y hará el anuncio respectivo, por conducto de los Muy VVen HH VVig, y el Muy Resp Maest, le ordenará pasarlo a Or LECTURA DE LA CORRESPONDENCIA MUY RESP MAEST — (-X-) Muy VVen HH Prim y Seg VVig, servíos anunciar en vuestras respectivas CCol, como yo lo hago en Or, pongan atención a nuestro Ven H Secretario, que nos va a dar cuenta con la lectura del Mat de Sría, que arrojó el saco de Prop PRIM VIG —(-X-) Muy Ven H Seg Vig y VV HH que decoráis la Col del sur, nuestro Muy Resp Maest os suplica pongáis atención a nuestro V H Secretario, que nos va a dar cuenta con el material de secretaría, que arrojó el SACO DE PROP

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SEG VIG —(-X-) VVen HH, que decoráis la Col del norte, nuestro Muy Resp' Maest, por conducto del Muy Ven H Prim Vig, os suplica pongáis atención a nuestro V H Secretario, que nos va a dar cuenta con la lectura del Mat de Sría, que arrojó el saco de Prop (-X-anunciado) Muy V H Prim Vig PRIM VIG —(-X-anunciado) Muy Resp Maest MUY RESP MAEST—(-X-) Tenéis la palabra Ven H Secretario. El Secretario, dará cuenta de Pl por Pl y al margen de cada una irá poniendo el acuerdo recaído y al terminar, dirá: SRIO —Agotado el Mat de Sría, Muy Resp Maest USO DE LA PALABRA MUY RESP MAEST —(-X-) Muy VVen HH Prim y Seg VVig, servíos anunciar en vuestras respectivas CCol, como yo lo hago en oriente, que se concede el USO DE LA PALABRA en bien generalde la orden, de la humanidad y de este taller en particular. PRIM VIG —(-X-) Muy Ven H Seg Vig y VV HH que decoráis la Col del sur, nuestro Muy Resp Maest os concede el uso de la palabra en bien general de la orden, de la humanidad y de este Taller en particular. SEG VIG —(-X-) VVen HH que decoráis la Col del norte, nuestro Muy Resp Maest, por conducto del Muy Ven H Prim Vig, os concede el uso de la palabra en bien general de la orden, de la humanidad y de este taller en particular. (-X-anunciado) Muy V H Prim Vig PRIM VIG —(-X-anunciado) Muy Resp Maest MUY RESP MAEST —(-X-) La palabra es concedida. Después de haberse tratado todos los asuntos y que nadie haga uso de la palabra, el Seg Vig dará un (-X-) golpe y dirá: SEG VIG —(-X-) Reina el silencio en mi Col Muy Ven H Prim Vig PRIM VIG —(-X-) Reina el silencio en ambas CCol Muy

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Resp Maest MUY RESP MAEST—Reinando también en oriente, V H Orad, servíos dar vuestra opinión sobre los trabajos realizados, y las gracias a los VV HH visitantes. OPINIÓN DEL V H ORADOR El Orad da a conocer su opinión, y da las gracias a los HH visitantes (si los hay), y al terminar, dirá: ORAD —Muy Resp Maest, cumplidas vuestras OOrd SACO DE BENEFICENCIA MUY RESP MAEST —Ven H, Hosp, servíos circular el SACO de BENEF con el Rit acostumbrado. El saco de Benef se circulará como en las cámaras anteriores y al terminar, hará el anuncio por medio de los Muy VVen HH VVig, contará el contenido y lo hará saber al Tall, y al terminar, dirá: HOSP —Muy Resp Maest , cumplidas vuestras OOrd. MUY RESP MAEST— VV, HH, os suplico me ayudéis a cerrar los trabajos de la Cám del Med, por los golpes y Sig Mist del Gr Regresar a índice. CAPÍTULO V CLAUSURA DE LOS TTRAB DE LA CÁM DEL MEDIO ANUNCIO DE LA CLAUSURA MUY RESP MAEST—¿Servíos, Muy VVen HH Prim y Seg VVig, pedir a los VV HH, que decoran vuestras CCol, como yo lo hago a los de oriente, nos ayuden a cerrar los trabajos de esta TERCERA CÁM SIMB, por los golpes y signos misteriosos del Gr

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PRIM VIG—Muy Ven H Seg Vig, y VVen HH, que decoráis la Col del sur, nuestro Muy Resp Maest, os pide nos ayudéis a cerrar los trabajos de esta TERC CÁM SIMB por los golpes y signos misteriosos. SEG VIG —VV HH, que decoráis la Col del norte, nuestro Muy Resp Maest, por conducto del Muy Ven H Prim Vig, os pide nos ayudéis a cerrar los trabajos de esta TERCERA CÁM SIMBOLICA, por los golpes y signos misteriosos. (X-anunciado) Muy Ven H Prim Vig PRIM VIG —(-X-anunciado) Muy Resp Maest, MUY RESP MAEST —Muy Ven H Prim Vig, ¿qué edad tenéis? PRIM VIG —Siete años. MUY RESP MAEST —Muy Ven H Seg Vig, ¿por qué esa edad? SEG VIG —Porque expresa las artes de TRIVIUN y el CUATRIVIUN, que debía poseer al subir el último tramo de la escalera de nuestro Temp, y era el número de años, que contaba su construcción a la muerte de Hiram. MUY RESP MAEST —Muy Ven H Prim Vig ¿Y qué habéis aprendido durante ellos? PRIM VIG —A morir por la IDEA, para alcanzarla inmortalidad. MUY RESP MAEST —Muy Ven H Seg Vig ¿por qué se dice que Dios, hizo al hombre a su semejanza? SEG VIG —Por la razón de que le ha dotado, y que es un destello de la suya. MUY RESP MAEST —Muy Ven H Prim Vig, ¿A qué debe aspirar el verdadero M M? PRIM VIG —A hacerse digno por la CIENCIA y la VIRTUD, y de volver al seno de su creador. MUY RESP MAEST —Muy Ven H Seg Vig, ¿a qué hora mandó Salomón a los MM cerrar sus trabajos? SEG VIG —A medianoche. MUY RESP MAEST—Muy Ven H Prim Vig, ¿qué hora es? PRIM VIG —Medianoche en punto. MUY RESP MAEST (X-X-X X-X-X X-X-X) En pie y al orden

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VVen HH Todos los VV HH, cumplen con la orden, y el Muy Resp Maest, continúa diciendo: CLAUSURA A L G D G A D U en su nombre, por la confraternidad universal, y en virtud de los poderes de que me hallo investido, por la libre y espontánea voluntad de mis HH, DECLARO CERRADOS LOS TRABAJOS DE ESTA TERCERA CÁMARA SIMBÓLICA, de la Resp Log………, por los golpes y signos misteriosos del grado. — A mí HH míos, por el signo y la batería del grado. Todos ejecutan la orden y el Muy Resp Maest dirá: V H Maest de Cer, servíos atender el Ara. El Maest de Cer cumple con la orden y recoge la herramienta y al terminar, dirá: MAEST DE CER —Muy Resp Maest, vuestras órdenes están cumplidas. MUY RESP MAEST —Los trabajos están cerrados, id en paz HH míos, que el Gran Arq os ilumine. Todos contestan. ASI SEA. Retirándose todos los HH, en el mayor orden posible. Regresar a índice.

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C A P Í T U L O

V I

CEREMONIAS DE EXALT AL SUBL GR DE M M

PRELIMINARES Preparado el candidato o candidatos y previa la orden del Muy Resp Maest, serán conducidos a las puertas de la cámara, donde se les hará llamar en su grado, y el H Guard Temp al oír dará un golpe con su espada y dirá: LLAMADAS

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GUARD TEMP—¡Muy Ven H Seg Vig, a la puerta de la cámara, llaman de compañero! SEG VIG —(-X-) ¡Muy Ven H Prim Vig, a la puerta de la cámara llaman de compañero! PRIM VIG —(-X-) ¡Muy Resp Maest, a la puerta de la cámara, llaman de compañero!. MUY RESP MAEST —¿Quién viene a turbar nuestro dolor? PRIM VIG —Muy Ven H Seg Vig, preguntad quién viene a turbar nuestro dolor. SEG VIG —V H Guard_Temp, preguntad quién viene a turbar nuestro dolor. El Guard Temp, entreabre la puerta y no vuelve a cerrarla, para que los graduantes oigan lo que sigue y pregunta al abrir. GUARD TEMP —¿Quién viene a turbar nuestro dolor? MAEST DE CER —Es el Maest de Cer, que trae a un H, que pide pasar de la ESCUADRA AL COMPÁS. GUARD TEMP—Muy Ven H Seg Vig, es nuestro Ven H Maest de Cer que trae a un H que pide pasar de la ESCUADRA AL COMPÁS. SEG VIG —Muy Ven H Prim Vig, es nuestro Ven H Maest de Cer, que trae a un H, que pide pasar de la ESCUADRA AL COMPÁS. PRIM VIG —Muy Resp Maest, es nuestro Ven H Maest de Cer, que trae a un H, que pide pasar de la ESCUADRA AL COMPÁS. MUY RESP MAEST —¿Cómo se atreve ese COMP a esperar que se le admita entre nosotros? ¿Ha concluido su tiempo? ¿Le es favorable el testimonio de sus maestros? PRIM VIG—SÍ. MUY RESP MAEST—Pues siendo así, dejadle entrar. (-X-X-X— X-X-En pie y al orden) VV HH RECEPCIÓN Todos los HH se pondrán de pie, y si hay música, tocará de un modo solemne y grave. El Guard Temp, abre la

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puerta y da paso. El Maest de Cer se pone entre columnas con el candidato o candidatos, y saludan como compañeros. Así que cesa la música, dirá el Muy Resp Maest: ¡Compañero(s) concibo vuestra admiración al hallaros en este sitio donde todo respira tristeza y duelo, creías tal vez que el abrirse las puertas del SANTUARIO, su lujo y esplendor deslumbrarían vuestras miradas; y en lugar de ello os halláis en la estancia de la muerte, en la Cámara del Medio, en la Cámara del Juicio! Compareceréis hoy vivo, lleno de vigor, de salud y de esperanza ¡Un día vendrá, y Dios quiera que sea lo más tarde posible; en que vuestro cuerpo inanimado recibirá aquí también los últimos honores! Todos los maestros os recomiendan por vuestra aplicación, inteligencia y constancia en el trabajo, y piden os recompensemos. Para ello vamos a juzgaros vivo, como os juzgaremos muerto. Tenéis que darnos cuenta de vuestras opiniones en asuntos muy serios, y de vuestra conducta en otros muy graves; de la misma manera que antes de conducir vuestros restos al campo del reposo, la pediremos al mundo, de la que hayáis seguido como hombre(s) y como masón (es).—(-X) tomad plaza, HH míos. Todos los HH vuelven a tomar. plaza y el Muy Resp Maest, continúa diciendo: PRIMERA PREGUNTA ¿Qué es lo que caracteriza al hombre, H mío? El candidato da a conocer su respuesta y el Muy Resp Maest, le aclarará: MUY RESP MAEST —El hombre se caracteriza por la razón y el pensamiento. SEGUNDA PREGUNTA PRIM VIG —¿De dónde viene el hombre como ser racional? El candidato da a conocer su respuesta y el Prim Vig y le explicará:

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PRIM VIG—El hombre viene, como ser racional, de las manos del Creador. TERCERA PREGUNTA SEG VIG —¿Cuáles su misión? El candidato da a conocer su respuesta y el Seg Vig, le explicará: SEG VIG —La misión del hombre, es hallar la verdad y proclamarla al universo. CUARTA PREGUNTA PRIM DIÁC—¿Qué opináis acerca del desafío? El candidato da a conocer su respuesta y el Prim Diác, le explicará: PRIM DIÁC—Los MASÓNes "jamás aprobamos el desafío" y*muy rara vez le creemos digno de disculpa. QUINTA PREGUNTA SECRETARIO. —¿Qué pensáis del suicidio? El candidato da a conocer su respuesta y el Secretario, le explicará: SECRETARIO. —Para nosotros el suicidio es un acto de locura o de bajeza. En el primer caso es enfermedad; pero el cobarde que se mata porque no puede soportar un sufrimiento físico o moral, no merece llamarse hombre. SEXTA PREGUNTA TESORERO.—¿Qué pensáis de la guerra? El candidato da a conocer su respuesta y el Tesorero, le explicará:

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TESORERO. —La guerra es lícita y aun necesaria cuando es el único medio de conseguir, defender o asegurar nuestros derechos. SÉPTIMA PREGUNTA ORADOR.—¿Qué opináis acerca de la muerte? El candidato da a conocer su respuesta y el Orador, le explicará: ORADOR.—Las ideas de materia animada o inanimada, son abstracciones del entendimiento; pues lo que se llama MUERTE, es una nueva forma de vida. Ésos fenómenos que distinguimos con la palabra de VIDA o MUERTE, son los efectos naturales de las acciones y reacciones de los elementos, y nada tienen que ver con el ALMA, ella rige al cuerpo, más no la vivifica, el movimiento perpetuo de composición que ya nos presenta fenómenos de vida, ya de muerte, es el resultado de la atracción y el influjo de los imponderables. Si los agentes que nos rodean obran en la materia organizada de un modo adecuado, se da una forma de vida; pero si aumenta, debilita o suprime su acción, aquella se suspende o se engendra otra. ¿Qué será la creación? El estado natural del universo, que como obra de Dios, está sujeta a mutaciones inmutables que la perfeccionan sin fin en el mundo orgánico e inorgánico incesantes de la materia bruta y de la orgánica? También se perpetúa, crece y perfecciona: la generación presente utiliza los descubrimientos de la pasada, los -acrisola y aumenta, para que la que sigue los fructifique a su turno, por la ley universal del progreso. Esa inmortalidad de la idea es el verdadero sentido de la metempsícosis que pocos han logrado comprender, y es la denuestra perfectibilidad indefinida. Entendemos por IDEA, la verdad, amarla con amor soberano, conquistarla y defenderla con sacrificio absoluto, nuestra misión. No confundáis la vida transitoria con la inmortal del pensamiento; y cuando se trata de perder la una para ganar la otra, no vaciléis: esperad la muerte con filosófica serenidad, con esa serenidad que brilla en el rostro del justo que sucumbe por ella. Hay en sus facciones algo que parece vivir en la muerte, la VERDAD y la VIRTUD, ningún poder de la Tierra es bastante a destruir el sello sagrado que guarda en sus facciones. Estas son las arduas materias acerca de las cuales deseábamos saber vuestra opinión. Ahora vamos a interrogaros en lo que se refiere a vuestra conducta, como si estuvierais en el lecho mortuorio. CONFESIÓN

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MUY RESP MAEST—(-X-) En pie y al orden HH míos. H……. . . ¿Habéis derramado la sangre de vuestros semejantes en desafío, o para satisfacer una venganza? Hará a todos la pregunta, y si alguno lo confiesa, le convencerá de su delito. Cerciorado de su arrepentimiento, pedirá el agua lustral, y con toda solemnidad le purificará. Es un acto muy importante, y el que mejores efectos ha producido, corrigiendo a los querellistas. Si no prometiere la enmienda, no se le DARÁ EL GRADO, así como en los casos siguientes: PRIM VIG—¿Vuestra lengua ha servido alguna vez al perjurio, la delación o la calumnia? Esta pregunta la hará a todos los graduantes, y después que contesten, el Seg Vig continuará con la tercera y última pregunta: SEG VIG —H mío, ¿os animan sentimientos de odio, deseos de venganza o intenciones reprobadas por la probidad, delicadeza, contra una o más personas? Con la contestación del `último graduante, termina la confesión, y el muy Resp Maest continúa con otras pruebas. PRUEBAS MUY RESP MAEST —H mío, vamos a proceder a otro género de pruebas, ¿queréis sorneteros a ellas?—(-X-) Tomad plaza, QQ HH Si la respuesta de los candidatos es afirmativa, el Muy Resp Maest dará un golpe y dirá: PRIMER VIAJE (-X-) Servíos H Exp, conducirle como APRENDIZ en su PRIMER VIAJE, y que lea los letreros de las SIETE GRADAS del tercer tramo de nuestro templo, y el que se halla en el trono del mediodía.

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La música tocará solemnemente. El Exp los dirige con lentitud de NORTE a ORIENTE, partiendo por la izquierda. Al llegar frente al MUY RESP MAEST, todos hacen el signo de APRENDIZ, al que aquel contesta; y siempre al ORDEN del primer grado, siguen al MEDIODIA, saludan al Seg Vig y luego a OCCIDENTE, repitiéndolo ante el Prim Vig, al volver al NORTE, el Exp descubre el CUADRO: cesa la música, leen en alta voz los letreros de los escalones y el que está al frente del trono del Seg Vig, al cual se dirigen rectamente, y tocan de aprendiz, el Seg Vig se levantará, pone el rollo de papel en el pecho del graduante y dirá: SEG VIG —¿Quién va? EXPERTO.—Es un Apdiz y Comp, que ha concluido su tiempo y desea iniciarse en el Sub Gr de Maest SEG VIG —¿Y cómo espera conseguirlo? EXPERTO:—Por la palabra de PASE. SEG VIG —¿Cómo podrá darla siendo compañero? EXPERTO.—Yo la daré por él. SEG VIG—iDádrnela! El Exp dirá al oído del Seg Vig, la palabra de pase del tercer grado. SEG VIG —¡Que pase! El Exp coloca entre columnas a los graduantes, advirtiendo que aunque sean muchos, sólo el que lleva el TRIÁNGULO será el preguntado. El Seg Vig al verle en aquel sitio, dará un golpe y dirá: SEG VIG —(-X-) Muy Ven Maest, el primer viaje ha terminado, la palabra es JUSTA y PERFECTA, y he dado mi consentimiento. MUY RESP MAEST —(-X-) Tomad plaza. EXPLICACIÓN DEL PRIMER VIAJE Este PRIMER VIAJE que hicisteis viniendo del NORTE como

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APRENDIZ, para ir a ORIENTE, luego al MEDIODIA y al fin al OCCIDENTE, simboliza el que dieron nuestros padres para salir de la ignorancia. Unos tras otros recorrieron el MUNDO conocido o por conocer, con la mira de estudiar la NATURALEZA y comunicarse lo que iban aprendiendo; y fundaron aquellas ARTES, cuyos nombres brillan en el tercer tramo de la escalera de nuestro TEMPLO: GRAMÁTICA, RETORICA, LOGICA, ese TRIVIUM fundamental que así como desarrolla la inteligencia sirve para comunicar los pensamientos; y la ARITMÉTICA, la GEOMETRIA, la MUSICA y la ASTRONOMIA, que forman el CUATRIVIUM y suman las SIETE antorchas de la MAESTRIA. Honremos la memoria de esos SABIOS, a cuyos esfuerzos incesantes se debe lo que sabemos, y hoy sin fatiga alguna adquirimos lo que costó a tantos sacrificar hasta su existencia. Pagad esa deuda sagrada, ENSEÑAD AL IGNORANTE, verted el tesoro que vuestros predecesores y maestros han cedido gratuitamente para que gocéis, con los demás hombres vuestros hermanos, porque la VERDAD es patrimonio universal, y la gloria del que la descubra está en ser el primero en proclamarla. SEGUNDO VIAJE (-X-) H Exp, servíos guiarle corno COMPAÑERO en el SEGUNDO VIAJE, y haced que lea los letreros del segundo y primer tronos. La música toca. El Exp, los conduce del mediodía a oriente, con el sipo de compañero: hacen el saludo al Muy Resp Maest, luego van por el norte a occidente y mediodía, saludan al Prim y Seg Vigilantes, acabada la vuelta, leen los letreros y se dirigen al trono del Prim Vig, en el que el Exp, les hace tocar de compañero, y cesa la música. El Prim Vig, deteniéndole con el rollo, dirá: PRIM VIG —¡Quién va? EXPERTO:—Un compañero masón que ha terminado su tiempo y desea iniciarse en, el sublime grado de maestro. PRIM VIG —¿Y cómo espera obtener esa gracia? EXPERTO:—Por la palabra de pase. PRIM VIG —¿Cómo la dará si no la sabe? EXPERTO:—Yo la daré por él.

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PRIM VIG—iDádmela! El Exp dice al oído del Prim Vig la palabra de pase del tercer grado: PRIM VIG —¡Que pase! El Exp lleva entre columnas al graduante el Prim Vig, dará un golpe, y dirá: PRIM VIG —(-X-) Muy Resp Maest, el SEGUNDO VIAJE ha terminado, la PALABRA es JUSTA y PERFECTA y le concedo el pase a la MAESTRÍA. MUY RESP MAEST —(-X-) Tomad plaza. EXPLICACION DEL SEGUNDO VIAJE Hicisteis el PRIMER VIAJE como APRENDIZ y el SEGUNDO como COMPAÑERO, partiendo del mediodía para recorrer los cuatro puntos cardinales. Aquel viaje os mostró el deber de persistir en el trabajo, para enseñar a vuestro turno al IGNORANTE; y el último os indica los incesantes esfuerzos que tenéis que hacer en ORIENTE, OCCIDENTE, SEPTENTRIÓN Y MEDIODÍA para destruir los abusos de la inteligencia: "DESENMASCARAR AL HIPOCRITA y ABATIR AL AMBICIOSO", como leéis en estos dos transparentes. Apoyaos en el bordón del peregrino, con vuestros pies sangrantes, decidme, H mío ¿Qué observasteis en todas partes? Habéis visto que los que salían del mediodía, foco de luz, la comunicaran al universo? No: ¡Sólo hallasteis mentira y engaño! Visteis a los sabios aislarse en los templos de la Samotracia, Delhi, de Isis, de Eleusis y de Menfis, y estudiar en secreto las ciencias para afianzar en sus manos el poder de los FARAONES, y profundizar el arte de dominar al vulgo, inculcándoles falsas ideas acerca de DIOS y de nuestros deberes y derechos! Visteis que le infundían bajo el manto religioso las creencias más absurdas, para asentar allí la aristocracia, allá la oligarquía, y en todos los países la distinción de castas más que menos declaradas. Visteis a los ministros de sus templos hacerse legisladores, llamarse seres privilegiados, y decir que los creó la cabeza de su divinidad pues a ellos se les rebelaba; que los guerreros que los sostenían habían salido de sus brazos; que los artistas y agricultores de sus limbos; y que los proletarios, el pueblo, nació del polvo de sus pies. Esos hipócritas han corrompido la moral y la conciencia, y han abusado de su habilidad para degradar la especie humana con sus jerarquías, donde

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no la han abismado con su oscurantismo. Para vencer a los Faraones de los pasados y presentes siglos. ¡COMPAÑEROS! reuníos en una falange civilizadora; y si queréis ser MAESTROS DIGNOS de la MASÓNERÍA ESCOCESA, levantaos contra todos los FEMENTIDOS, arrancadles la máscara y ABATID a los AMBICIOSOS. TERCERO Y ÚLTIMO VIAJE MUY RESP MAEST TERCERO y ÚLTIMO VIAJE.

—(-X-) H Exp, conducidle en su

Este le hace dar una vuelta sin ningún signo. Al llegar frente al Muy Resp Maest, da (X-X-X X-X-X X-X-X) nueve golpes con el puño de su espada. MUY RESP MAEST —H Exp ¿Qué pedís? EXPERTO:—Más luz en Mas, para este COMPAÑERO. MUY RESP MAEST —Para ir a los campos elíseos tienen que atravesar el negro tártaro. Decid si ¿queréis morir para el VICIO y renacer a la VIRTUD? GRADUANTE:—Sí. MUY RESP MAEST —En ese caso, saldréis del reino de la ignorancia, de la hipocresía y de la ambición. Volveréis regenerado(s) a la vida, y comprenderéis nuestros misterios, pero antes tenéis que prestar al más solemne de los juramentos. (-X-) H Maest de Cer; conducidle al ALTAR y vosotros HH míos, servíos acompañarme (-X-X-X—X-X-X—X-X-X-) en pie y al orden. Todo se ejecutará en orden, formándose la bóveda de acero, los graduantes ponen la mano en escuadra sobre la espalda del Muy Resp Maest, quien dirá: JURAMENTO DEL MAESTRO Repetid conmigo. Yo ....................................... de mi libre voluntad y sin restricción mental, en presencia del G A D U y de esta Resp Log ………, JURO por mi honor, no revelar jamás los misterios de este grado, sino al que lo haya obtenido legalmente; obedecer y hacer obedecer (la Constitución de la Muy Resp Gr …….) y los Reglamentos de esta Resp

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Log: guardar los secretos de mis HH, como los míos propios, excepto si intentaren una infamia o matar a alguno a traición, lo que impediré haciéndoles el menor mal posible; no permitir que ninguno se los haga si cumplen con sus deberes, y avisarles de cualquier peligro que les amenace: no hablar mal de ningún hermano, ni tolerar que lo haga otra persona en mi presencia; servirlos en cuanto a mis fuerzas alcancen; no intentar deshonrarlos en sus madres, mujeres, hijas o hermanas, e impedir que otros los deshonre; amparar a todo MAESTRO MASÓN errante, necesitado o perseguido, conforme a mis medios e influjo, y socorrer a sus viudas y huérfanos. JURO igualmente acudir al llamado de cualquier MAESTRO MASÓN que haga el signo de socorro. aunque tenga que arriesgar mi vida. Y primero que faltar a estas obligaciones, o a las que antes he contraído, quiero que mi cuerpo sea trozado (-X-) en dos partes, una llevada al sur y la otra al norte; mis entrañas quemadas, y las cenizas arrojadas al viento. ¡Que Dios me libre de tal desgracia! (-X-) En esta llamada se le enseña al neófito el signo de MAESTRO. TODOS:—ASÍ SEA. MUY RESP MAEST —¡Tomad asiento, VV HH! Sube al trono, y así que todos se sientan, dirá: PREVENCIÓN ¡ COMPAÑERO! Tocáis ya el lugar venerado de la MASÓNERÍA; os aproximáis al arca misteriosa colocada en el SANCTUS SANTORUM del templo, que ninguno debe abrir si no ha abjurado de los vicios y errores, y elevado su espíritu a la alta concepción de nuestros emblemas. Sabéis que el fin de la iniciación primitiva fue el conocimiento de la naturaleza y de cuanto podría interesar a la felicidad del hombre; mas no tardó en hacerse patrimonio de los privilegiados en la India y el Egipto. Vais como ellos a conocer la ACACIA, y a manejar nuevos instrumentos; instrumentos de perfección si los usáis con inteligencia, con el celo y la buena fe que os exigimos; instrumentos de iniquidad si abusáis de su empleo y como nuestros fundadores, os armáis de la ciencia para explotar a las masas. Para complemento de vuestros estudios preparatorios, vais a representar la parte más activa de un DRAMA; y si meditáis el sentido de la alegórica muerte del célebre arquitecto del templo de la antigua JERUSALEM, hallaréis la antorcha que en el camino de la inmortalidad ha de guiar la inexperiencia. 37


Sabed que DAVID, rey de Israel, quiso levantar un templo al Altísimo, y comenzó a reunir materiales para la obra; mas separándose de la senda de la virtud, no logró realizar la empresa. Su hijo JUDIDIACH, o el amado de Dios, conocido después con el nombre de SALOMÓN o el PURIFICADO, y según otros el PACÍFICO, fue el escogido para llevarla a cabo. Sin artistas, maderos, ni metales suficientes, acudió a HIRAM II, Rey de Tiro, iniciado como él en los misterios de Egipto, para que le proporcionara maestros, cediera los montes de Líbano, ricos en cedro, y le auxiliara en lo demás comprometiéndose a indemnizarle los sacrificios con la cesión de VEINTE ciudades de GALILEA, que le entregaría a la conclusión del TEMPLO. En el acto HIRAM II le dio lo que le pedía, y le envió para que dirigiera la fábrica a HIRAM ABIF hijo de un Tirio y de una judía de la. tribu de NEFTALÍ, iniciado como ellos en los sublimes misterios de los jefes de la casta sacerdotal y legisladora de Egipto y el más famoso trabajador de metales y arquitecto del mundo, cuyas virtudes y talento no tardó en apreciar el monarca israelita, dándole la superintendencia de los trabajos. Hiram Abif, organizó la inmensa turba de operarios, dividiéndoles según su capacidad y sus obras en APRENDICES, COMPAÑEROS y MAESTROS; y para que ninguno usurpara las prerrogativas y salarios que no les correspondían se dio con SALOMÓN y el Rey de Tiro, signos y tocamientos diversos, porque querían educar al pueblo, haciéndolos marchar al unísono al trabajo material e intelectual. Desde entonces se constituyó la MASÓNERÍA como institución de universal progreso, y dejó de ser el monopolio de una minoría dominadora. Los APRENDICES se reunían para recibir su salario en la columna B , los COMPAÑEROS en la columna J, y los MAESTROS en la de oriente o CÁMARA del MEDIO. Los trabajos adelantaban, y la gran fábrica estaba a punto de terminarse, cuando tres de los COMPAÑEROS, al verlos tan próximos a su conclusión, y ansiando elevarse al SUBLIME GRADO DE MAESTRO, que les aseguraba en lo sucesivo y en otros países la subsistencia, mas del cual su torpeza, su falsedad y carácter envidioso indefinidamente los alejaba, intentaron obtener por la fuerza los SIGNOS, TOCAMIENTOS y PALABRA SAGRADA. Con este fin sedujeron a NUEVE COMPAÑEROS más, que faltos de constancia y de virtud, aceptaron el recurso de arrancar el SECRETO de la boca del MAESTRO HIRAM, por el ataque más osado y sangriento. Según la tradición masónica, los TRES CABECILLAS, se llamaban JUBELÁS, JUBELÓS y JUBELÓN, quienes personificaban la IGNORANCIA, la HIPOCRESÍA y la AMBICIÓN. LOS ASESINOS DE HIRAM (-X-) Muy VV HH Prim y Seg VVig, servíos proclamar en vuestras columnas, como yo lo hago en oriente, que los asesinos que atacaron a nuestro maestro Hiram, fueron: la IGNORANCIA, la HIPOCRESÍA y la

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AMBICIÓN! ¡Que se guarden de ellos! PRIM VIG —(-X-) V H Seg Vig, y VV HH que decoráis la columna del sur, nuestro Muy Resp Maest, os advierte que los asesinos que atacaron a nuestro maestro Hiram, fueron: la IGNORANCIA, la HIPOCRESÍA y la AMBICIÓN! ¡Guardaos de ellos! SEG VIG —(-X-) VV HH, que en estos momentos decoráis la columna del norte, nuestro Muy Resp Maest os advierte que los asesinos que atacaron a nuestro maestro Hiram, fueron: la IGNORANCIA, la HIPOCRESÍA y la AMBICIÓN! ¡Guardaos de ellos! HIRAM Y SU COSTUMBRE MUY RESP MAEST —El día señalado para el crimen, los NUEVE COMPAÑEROS seducidos, comprendieron toda su iniquidad y se opusieron a la ejecución, amenazando a los TRES HERMANOS, con hacerlos castigar si no desistían de la empresa. Aterrados los perversos, lo ofrecieron; mas llegada la hora acudieron a la cita. Nuestro virtuoso MAESTRO HIRAM; fiel a la costumbre que tenía, despidió a los operarios al trasponer el sol, entró en el templo, y alzando los brazos hacia el SANCTUS SANTORUM, dirigió al eterno su ferviente oración (X-X-X X-X-X X-X-X) En pie y al orden VV HH. Todos lo ejecutan; el Maest de Cer colocará en el centro y en la posición dicha, al que hace de HIRAM, y el Muy Resp Maest, dirá: ORACIÓN "¡OMNIPOTENTE DIOS, Creador de cuanto existe! Ilumina m i e n t e n d i m i e n t o y da fuerza y buena voluntad a tus operarios para que con tu ayuda elevemos a la virtud este TEMPLO en que se lea tu nombre, se proclame tu existencia, y tu DIVINIDAD reciba los homenajes de todas las criaturas". (-X-) Tomad plaza, VV HH. DRAMA SIMBÓLICO Todos lo ejecutan, menos el Exp, el Maest de Cer y los graduantes, el primero tomará del brazo al que tiene el TRIÁNGULO, siguiendo en su movimiento las palabras del Muy Resp Maest, de suerte que al llegar a las

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últimas, el Seg Vig lo tenga asido del cuello y haga al iniciante las preguntas a que responderá el Exp, el Maest de Cer seguirá detrás con los otros compañeros, que no tomarán parte en la ejecución. Concluida la oración, el MAESTRO HIRAM se dirigió tranquilamente a la puerta del SUR para salir del templo; mas allí un COMPAÑERO le aguardaba armado con una REGLA, lanzándose a él, con voz imperiosa le dijo: PUERTA DEL SUR

El Seg Vig que debe haberse levantado y cogido al graduante por el cuello, dirá con voz fuerte y amenazándole con la REGLA, que tiene en la mano derecha, dirá: SEG VIG—¡Dadme el SIGNO del Maestro! EXPERTO:—No es posible de esa manera: sólo con el trabajo lo aprenderéis. SEG VIG —¡Dadme el TOCAMIENTO de Maestro! EXPERTO:—Sólo con el estudio y la virtud podréis obtenerle. SEG VIG—¡Dadme la PAL SAG de Maestro! EXPERTO:—¡No puedo! SEG VIG—¿No? ¡Pues muere! Y le da con la regla en la garganta, pero sin lastimarle. MUY RESP MAEST —Escapó del golpe mortal dirigido contra su CABEZA, inclinándola hacia atrás, y lo recibió en la GARGANTA. El Exp lleva al graduarte al Prim Vig, le coge a su turno, y ejecuta lo que dice el Muy Resp Maest. Trató de salir por la puerta de OCC, y allí otro COMPAÑERO armado de una ESC, se apoderó de él y le dijo:

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PUERTA DE OCCIDENTE

PRIM VIG—¡ Dadme el TOCAMIENTO de Maestro! EXPERTO:—Sólo con el estudio y la virtud podréis obtenerlo. PRIM VIG —¡Dadme el SIGNO de Maestro! EXPERTO:—No es posible de esa manera: sólo con el trabajo lo aprenderéis. PRIM VIG—¡Dadme la PAL SAG de Maestro! EXPERTO:—No puedo darla, sino en presencia de SALOMÓN y de HIRAM, Rey de Tiro. PRIM VIG—¿No? ¡Pues muere! Le toca ligeramente el pecho con la ESCUADRA; lo retira el Exp, y el Muy Resp Maest dirá: MUY RESP MAEST—El Gran HIRAM salvó la vida desviando el cuerpo, mas quedó bastante lastimado. El Exp le conduce a la entrada de ORIENTE, siguiendo las palabras del jefe, que baja a su encuentro con el MAZO de GOMA; mientras el Maest de Cer con los miembros necesarios trae silenciosamente el ATAÚD, y lo dispone para recibir el cuerpo: todo se preparará con el mayor concierto, y el Muy Resp Maest continuará diciendo: Reunió sin embargo las fuerzas que le quedaban, y trató de salir por la puerta de OR; pero allí halló otro COMP armado de un MAZO de HIERRO, agarrándolo le dijo: PUERTA DE ORIENTE

MUY RESP MAEST—¡Dadme la PALABRA SAGRADA de Maestro! EXPERTO:—Os repito que no es posible. MUY RESP MAEST—Dadme la PALABRA SAGRADA de Maestro.

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EXPERTO:—¡No puedo! MUY RESP MAEST—¿No?— ¡Pues muere! Da con el MAZO elástico en la frente del graduante, y lo empuja; recibiéndole los otros en el ataúd con las fuerzas combinadas y cubriéndole con el sudario.—Todos se sientan, y el Muy Resp Maest continúa diciendo: Así murió HIRAM, nuestro admirable MAESTRO.—(-X-) Tomad plaza, HH míos. QUÉ SE OBTUVO DEL CRIMEN Los tres asesinos se reunieron y pidieron recíprocamente el SIG TOC y PAL SAG; y al ver que ninguno los poseía, quedaron absortos y desesperados de un crimen tan inútil y difícil de ocultar. Al dar las doce: El Guard Temp tocará lentamente (xxxxxx-xxxxxx) mientras el Exp y sus ayudantes colocan el ataúd en OCCIDENTE entre el MAR de Bronce y el trono del Seg Vig, con espacio suficiente para andar alrededor. Pone en el pecho del graduarte el TRIÁNGULO que tenía en el brazo; la pierna derecha doblada en ESCUADRA, y los pies dirigidos a ORIENTE: la mano derecha sobre el CORAZÓN, el brazo izquierdo a lo largo del cuerpo, con la RAMA de ACACIA en la mano, y extendido el sudario de los tobillos a la cintura, de manera que los pies, la rama y la cabeza estén cubiertos y el mandil que se levantará hasta el labio inferior, tape la mano derecha y el TRIÁNGULO que está sobre el pecho, terminado de arreglar el cuerpo, se sentarán. El Muy Resp Maest continuará diciendo: HORA DE LOS TRABAJOS Llevaron el cadáver a una montaña, abrieron la fosa, y le enterraron. En seguida huyeron por montes y collados, y al llegar la hora de los trabajos, ni el MAESTRO ni los TRES COMPAÑEROS estaban presentes.

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LOS NUEVE COMPAÑEROS Todo quedó en suspenso, y se presagiaba una gran desgracia. Los NUEVE COMPAÑEROS que se habían arrepentido y opuesto a la empresa de los TRES HERMANOS, así que pasó el día sin que volvieran, revelaron a los JEFES sus temores; y habiendo instruido a SALOMÓN de lo que pasaba, éste envió a los NUEVE COMPAÑEROS a buscar por toda la tierra, con los demás operarios, a HIRAM ABIF y a los sospechosos. "Si lo halláis muerto, les dijo, buscad en el CADÁVER algún SIGNO que os dé a conocer la PALABRA DE MAESTRO, pues sólo TRES la sabían, y no es posible darla, sino por esas TRES PERSONAS reunidas, y una de ellas era HIRAM. EL ENCUENTRO DEL CADAVER Después de haber recorrido cinco días todos los lugares, sin resultado, uno de los NUEVE COMPAÑEROS que dirigía a los que buscaban a HIRAM, penetró de noche en una caverna abierta en la roca, cerca de JOPA. ¡Cuánto no fue su sorpresa al oír voces humanas que venían de lo profundo del antro! Eran las de los TRES HERMANOS que se recordaban mutuamente las particularidades del crimen. Llamó en silencio a los demás, y les oyeron decir que habían enterrado el cuerpo en la montaña de LÍBANO. —Jubelás, exclamó con desesperación: SENTENCIA DE JUBELÁS.—SIGNO DE APRENDIZ SEG VIG —¡Ojalá hubiera sido DEGOLLADO, mi LENGUA arrancada de raíz y mi CUERPO arrojado en la arena del mar durante la marea baja, atado a un cable de la ribera, para que el flujo y reflujo que la cubre cada veinticuatro horas, insultara mis restos, antes de haber excitado a mis hermanos al crimen, levantado mi mano contra nuestro MAESTRO, y herido su GARGANTA! SENTENCIA DE JUBELÓS.—SIGNO DE COMPAÑERO PRIM VIG —¡Y yo que destrocé su pecho! ¡Yo, infeliz Jubelós! ¡Ojalá me hubieran primero arrancado el CORAZÓN y arrojándolo a los buitres para servirles de pasto, abriendo mi seno por la TETILLA izquierda! SENTENCIA DE JUBELÓN.—SIGNO DE MAESTRO

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MUY RESP MAEST —¡Y yo Jubelón, que le he dado el golpe mortal! ¡Yo, miserable de mí! ¡Ojalá mi cuerpo hubiese sido trozado en dos partes, una lanzada al SUR, la otra al NORTE; mis ENTRAÑAS abrasadas y reducidas a cenizas, y éstas arrojadas a los cuatro vientos, más bien que oír los negros consejos de la IGNORANCIA, de la HIPOCRESÍA y de la AMBICIÓN que nos han hecho odiosos a nosotros mismos y al universo entero! ORIGEN DE LOS SIGNOS Y JURAMENTOS Al punto se precipitaron en el fondo de la caverna, para prenderles; mas tenía otra salida, y los asesinos escaparon. Dieron parte a SALOMÓN, quien convencido del crimen y de sus perpetradores, pronunció esta sentencia. (-X-) En pie y al orden, VV HH. Todos ejecutan la orden, y el Muy Resp Maest SIGNO DE APRENDIZ ¡Que la muerte de HIRAM sea vengada y sus tres asesinos castigados a las penas que ellos mismos se impusieron! Que de hoy más, el APRENDIZ traidor sea como JUBELÁS lo ha pedido, DEGOLLADO. Todos hacen el signo de Aprendiz. SIGNO DE COMPAÑERO ¡AL COMPAÑERO traidor, como JUBELÓS, se le arranque, el corazón! Todos hacen el signo de compañero: SIGNO DE MAESTRO ¡Y al MAESTRO traidor, como JUBELÓN, se le divida el cuerpo en dos mitades, una lanzada al SUR y la otra al NORTE. Todos hacen el signo de maestro. (-X-) Tomad plaza, VV HH

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Todos ocupan sus puestos. ORIGEN DE NUESTROS JURAMENTOS Y SIGNOS Tal fue el origen de nuestros juramentos y de los signos de saludo que han llegado hasta nosotros. Inmediatamente SALOMÓN envió a TRES MAESTROS en busca del cadáver del mártir HIRAM ABIF, recomendándoles atender a los signos, tocamientos y palabras que se hicieran al descubrir el cuerpo, pues reemplazarían a las perdidas con la muerte del MAESTRO. Partieron del MEDIODÍA, pasando por el ESTE, hasta el NORTE; y en el monte LÍBANO observaron un lugar en que la tierra estaba removida y en ella plantada una RAMA DE ACACIA; midieron el espacio fofo y hallaron que tenía TRES, CINCO y SIETE pies, en sus varias direcciones. Quitaron un poco de tierra, y al sentir un cuerpo retrocedieron para no profanarle, y lo participaron al jefe. Era el séptimo día de la catástrofe, y hay que fijar en nuestra memoria los SIGNOS, TOCAMIENTOS y PALABRAS que sirven para reconocernos. RECONOCIMIENTO DE LA FOSA

MUY RESP MAEST—Muy Ven H Seg Vig, -servíos reconocer el sitio (-x-) En pie y al orden, VV HH. El Seg Vig sale de su lugar, la música tocará una marcha fúnebre, mientras aquél toma por el ORIENTE y baja por el MEDIODÍA a OCCIDENTE, para llegar a donde está colocado el ataúd: la música cesa, y tomando la rama de ACACIA, dirá: SEG VIG —¡Este es el sitio, aquí está la rama de acacia! Quita la rama de acacia, levanta por un costado el paño mortuorio, y con su REGLA mide la excavación, y dirá:

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¡TRES pies de NORTE a SUR, es la latitud! Lo vuelve a cubrir con el paño y coloca la mano izquierda como estaba, dejándole la derecha sobre el corazón. MUY RESP MAEST ¡Muy Ven H Prim Vig reconoced el sitio. La música toca. El Prim Vig sale de su puesto, da una vuelta a la logia, por el mismo camino que el Seg Vig; se coloca del lado opuesto a éste, levanta el sudario, mide con su regla la profundidad, y dirá al cesar la música: PRIM VIG—¡ CINCO pies de profundidad! MUY RESP MAEST —Llegó la hora decisiva, VV HH, vistamos nuestros MANDILES y atended a todos los PASOS, SIGNOS, TOCAMIENTOS y PALABRAS que se hagan o digan al descubrir y levantar el CUERPO, porque han de reemplazar a la marcha, signos, tocamientos y palabras perdidas si es el CUERPO DE HIRAM, nuestro MAESTRO. El Muy Resp Maest, con todos los VV HH presentes, sale de ORIENTE, mientras toca la música; a los demás graduantes los recoge en el trayecto, y se transportan a OCCIDENTE, llega su comitiva al ataúd, por el lado del MEDIODÍA, da una vuelta a su rededor y se coloca frente a los pies con los COMPAÑEROS. La música cesa. Arranca la RAMA de ACACIA, y después de examinarla, dirá: Este fue el orden con que se procedió, VV HH, al descubrir la FOSA de nuestro MUY RESPETABLE MAESTRO HIRAM ABIF.—Sirvió de indicio, y bien funesto, esta RAMA de ACACIA sobre la tierra removida, sabidas ya la LATITUD y la P ROF U N D ID AD , so lo fa lta a se g ura rs e de la LON GI T UD . —¡Midámosla! El Muy Resp Maest toma la REGLA que el Maest de Cer le presenta, mide el largo, y dice con dolor:

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¡SIETE pies de longitud, de ESTE a OESTE! Tales fueron las medidas, y así debió hallarse el cuerpo! El Muy Resp Maest quita enteramente el sudario y baja el mandil que cubría el triángulo; el Maest d e Cer lo recoge de encima del pecho y lo presenta al Muy Resp Maest, éste lo toma, da un paso atrás y exclama, haciendo el SIGNO DE DOLOR, en tres partes, con las palabras siguientes, en que todos le acompañan, y son la traducción de las hebreas “ADONAY”: (se pronuncia “ADONAIS ELOJAIS”) SIGNO DE HORROR ¡Ay, señor Dios mío! ¡Ay, señor Dios mío! ¡Ay, señor Dios mío! ¡Esta es indudablemente la FOSA, y éste es también el cuerpo del respetable maestro HIRAM ABIF! ¡VV HH, cumplamos el doloroso deber que SALOMÓN nos impuso y que conmemoramos en esta ceremonia! ¡Muy Ven H Seg Vig, levantadle con el tocamiento de APRENDIZ! TOCAMIENTO DE APRENDIZ El Seg Vig se acerca, le coge la mano derecha para levantarle, haciendo el tocamiento de aprendiz; y dejando escapar la mano, dirá: SEG VIG— ¡B! —¡La carne se separa del hueso! TOCAMIENTO DE COMPAÑERO Muy RESP MAEST —Muy Ven H Prim Vig, levantadle con el tocamiento de COMPAÑERO. El Prim Vig le coge la mano derecha, le da el tocamiento de compañero, deja escapar la mano, diciendo: PRIM VIG —¡ J! ¡Nuestro Gran MAESTRO está podrido hasta los huesos!

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Y se retira a un lado. El Muy Resp Maest, se adelanta, y dirá: MUY RESP MAEST —¡Muy VV HH, nada podéis hacer sin mí! ¡Ni la FUERZA, ni la SABIDURÍA aprovechan sin el ORDEN! ¡Juntad vuestros esfuerzos a los míos para lograr dar cima a nuestra empresa! El Muy Resp Maest le tome la mano derecha con el tocamiento de maestro, la (GARRA) y los vigilantes, cada uno por su lado ayudan a levantarle. El Muy Resp Maest forma los CINCO PUNTOS de PERFECCIÓN y le da al oído la PALABRA SAGRADA, mientras la logia se ilumina con profusión y la música toca de un modo triunfante. LA GARRA Y LOS CINCO PUNTOS DE PERFECCIÓN ¡VV HH, ved esta postura! es la de los CINCO PUNTOS de PERFECCIÓN, o cinco vínculos masónicos que forman el estrecho y cada vez más íntimo enlace que debe reinar entre los MAESTROS. Se adelanta PIE contra PIE, representando la velocidad con que debemos acudir a nuestro mutuo socorro. Una RODILLA toca a la OTRA, para figurar el triángulo inmovible que nos sostiene. Una MANO agarra la OTRA, para defenderse hasta el último trance en peligros, enfermedades e infortunios. EL PECHO contra PECHO, indica que nuestros corazones deben latir unísonos y guardar inviolables todos los secretos que se nos confían. En fin, la MANO sobre la ESPALDA, que nos defenderemos presentes o ausentes, y jamás consentiremos que ninguno nos desacredite. ¡Sentaos, VV HH! El Maest de Cer sienta a los graduantes entre COLUMNAS, y todos ocupan sus puestos SIMBOLISMOS DE LA ACACIA Pronto conoceréis las formas más esenciales de este grado, sus palabras, emblemas y utensilios. Si se os pregunta: ¿SOIS MAESTRO? responderéis: la ACACIA me es conocida. Acordaos que una rama de ella sirvió de SIGNO para hallar el cuerpo de nuestro MAESTRO HIRAM. Es para los MASÓNes modernos lo que fue el LOTUS en Egipto, el MIRTO en Grecia en los misterios ELEUSINOS, y el RAMO DE ORO que debía tener el hijo de Anquises para llegar vivo a los campos Elíseos. Por su verdor eterno, se toma la ACACIA como emblema de la inmortalidad, la más bella de las

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aspiraciones del hombre. Esa inmortalidad la conseguimos descubriendo, estudiando, desarrollando y sosteniendo los principios de la civilización humana. Si no lo hacéis así, jamás seréis dignos de llamaros MAESTROS. Recordad las respuestas de HIRAM a los que quieran ser tales, sorprendiendo con la FUERZA aquel título, irrisorio a los que no lo merecen: "sólo con el TIEMPO, la VIRTUD y el TRABAJO le obtendréis". Tampoco olvidéis que sin el ORDEN, la CIENCIA y la FUERZA son infructuosas, y que sólo por su unión civilizaréis al UNIVERSO. Por eso el PRIMERO y SEGUNDO VIGILANTES que representan las dos últimas fueron impotentes a levantaros, hasta que el JEFE, que simboliza al ORDEN, reunió con ellos sus esfuerzos combinados. ¡Cuán grande es el tesoro de misterios, de virtudes y admirables inducciones que encierra el DRAMA en que habéis representado parte tan viva. Todo es místico, los personajes, la acción, la víctima, los asesinos! (Véase la explicación de los símbolos del tercer grado). Se dice que HIRAM nació de una judía, símbolo de la VIRTUD, y de un Tiriano que lo es la CIENCIA; porque HIRAM es la civilización, la idea, el progreso; y en alegoría astronómica es el SOL o el "PADRE ELEVADO". ¿Qué significa vuestra muerte y resurrección? Que la verdad, la idea, renace como el fénix de las cenizas de la hoguera en que pretenden destruirla sus enemigos. El masón que combate por ella, la muerte misma le hallará sereno, porque sabe que es DIVINA y que se alzará de su tumba más resplandeciente y acrisolada con la sangre del martirio, como lo manifiesta el CUADRO BRILLANTE que resume el secreto de la MAESTRIA. ¡De la fosa de HIRAM sale el ramo de ACACIA, y sobre sus flores veis fulgurando ese FENIX, ese SOL que nos ilumina, que en apariencia muere, y sin cesar revive más espléndido y majestuoso. Si VV HH, nuestra forma material desaparecerá un día, pero nunca nuestra idea, y por un HIRAM que cae, ¡MIL HIJOS DE LA VIUDA SE LEVANTAN! La vida y la muerte son estados transitorios de la materia, y lo que amedrenta en la última, son los sufrimientos que en ocasiones la preceden. Los ignorantes, los ateos, los malvados, son los que la temen: los primeros, porque no saben lo que es; los segundos, porque creen volver a la nada y dejar de gozar; los últimos, porque tiemblan ante la justicia de DIOS. ¡Comprended la grandeza de vuestra misión y la necesidad de vuestra purificación constante, y ningún poder será capaz de paralizar vuestros esfuerzos! ¡Que este cráneo, estas lúgubres pinturas que os rodean, estos espectros que os amenazan, sólo os recuerden lo transitorio de la forma de la materia y la inmortalidad del pensamiento: que habéis nacido para morir, y moriréis para siempre si no vivís para los otros, si no cultiváis vuestra razón y ENSEÑÁIS AL IGNORANTE, DESENMASCARÁIS AL HIPOCRITA y ABATIS AL AMBICIOSO! En dos palabras: haréis de la carne el sepulcro

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del entendimiento. Personificando esa abnegación que se exige a los REDENTORES DE LA HUMANIDAD, figuraban nuestros antepasados la METEMPSICOSIS, consumando la INICIACIÓN, para que fuese perfecta, con el sacrificio del MAESTRO. A Iaco le matan los titanes. Prometeo es herido en el Cáucaso con los rayos de Júpiter, por haber comunicado al hombre el fuego celestial. Pero en vano un buitre le roe el corazón: éste se reproduce a cada instante. En vano los envidiosos cabiras asesinan al más joven de sus hermanos, cuya muerte se deploraba en los misterios de la samotracia: en vano Chiven decapita a Vinaguyen en los misterios de la India: en vano TRES COMPAÑEROS destruyen a HIRAM: en vano los fariseos clavan en la cruz al Redentor del mundo. Resucita al tercer día, porque todo renace a la manera del SOL: personifican la idea y tal es la GRAN CRUZ DE LA MAESTRIA. Si meditáis acerca de la historia de HIRAM, comprenderéis que es la alegoría de la marcha del SOL en los signos inferiores, durante los tres meses que corren después del equinoccio de otoño, y que son los TRES CONSPIRADORES causas inmediatas de su muerte aparente en el SOLSTICIO de INVIERNO. Los TRES MESES sucesivos, simbolizan a los MAESTROS que procuran levantarle, y no lo consiguen hasta que emplean sus esfuerzos combinados, o sean al llegar la PRIMAVERA. Se nos ha perseguido porque enseñamos la VERDAD, y nuestros padres acosados como bestias feroces, huyeron de la faz de la Tierra. ¡La "PALABRA SAGRADA" se perdió, "la INTELIGENCIA, el LOGOS, el VERBO de PLATON" fue ahogado! Los verdaderos patriotas la pidieron inútilmente a las escuelas, a los templos y a los palacios. En los primeros regía la presuntuosa IGNORANCIA, la falsa ciencia de los teólogos, en los segundos, la HIPOCRESIA; y en los últimos, la AMBICIÓN. Desesperados de hallarla, bajaron a llorar su impotencia en los sepulcros, como iréis el día que recibáis NUESTRO SECRETO; allí oyeron a los filósofos proscritos, a los verdaderos sabios y MASÓNes; e instruidos a su vez, comprendieron la causa de la decadencia y el modo de salvar al linaje humano. ¡Imitad a esos patriotas, y una mano sostenida a la otra, un pie apoyando otro pie, una rodilla a otra rodilla, un hombro a otro, y un corazón enérgico latiendo unísono al de vuestro hermano, sed los ADALIDES de la VERDAD, sacadla de las catacumbas que la encierran, y proclamadla! INSTRUCCIÓN EN GRADO DE MAESTRO (-X-) Ven H Maest de Cer, servíos acompañar al neófito a oriente.

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El Muy Resp Maest, da todas las instrucciones del grado de maestro, Inclusive la palabra de paso y los demás signos de orden, de miseria y de socorro. H mío, os suplico pongáis atención a la INSTRUCCIÓN que corresponde a vuestro Gr de MAESTRO MASÓN, ésta se compone de marchas, signos, tocamiento, llamadas y baterías. LLAMADA.—Dar (xxx-xxx-xxx) nueve toques de tres en tres a la puerta de entrada y esperar a que el V H Guard Temp os permita el paso. SIGNO DE ORDEN:—Llevarse la mano derecha a la cadera, formando una escuadra con el índice y demás dedos, y el brazo izquierdo tendido a lo largo del costado. SALUDO:—Estando al orden se describe una recta de izquierda a derecha como si se tratare de cortarse el vientre con el pulgar. SIGNO DE HORROR:-Levantar al mismo tiempo las manos a la altura de la cabeza, tocándose las extremidades de los dedos pronunciando al mismo tiempo: ¡Ay, señor Dios mío! dejando caer las manos sobre el mandil en actitud de sorpresa y admiración, haciendo el signo de horror. MARCHA:—Tres pasos precipitados de APRENDIZ; los dos de COMPAÑERO, dando otros dos más, uno con el pie derecho a la derecha y con el pie izquierdo a la Izquierda, para contar siete pasos. SIGNO DE SOCORRO:—Se ponen las manos entrelazadas sobre la cabeza, a la altura de la frente con las palmas hacia afuera, pronunciando al mismo tiempo: ¡A MI LOS HIJOS DE LA VIUDA; en hebreo, ¡Elai b'ne al'manah! A este grito deben acudir a socorrer al H en desgracia, todos los MASÓNes y prestarle su protección en todos los casos y circunstancias de la vida. TOCAMIENTO Y PUNTOS DE PERFECCIÓN: Acércanse recíprocamente los dos HH, juntando los pies derechos por el lado interior; tocándose las dos rodillas, ponerse la mano izquierda sobre la espalda para estrecharse más; cogiéndose al propio tiempo la mano derecha en forma de garra, tres movimientos a las manos de izquierda a derecha dándose al oído la palabra sagrada alternada con la de PASE. BATERIA:—La del grado es (-xxx-xxx-xxx-) dar tres veces tres golpes. La de júbilo, es- como vulgarmente se aplaude. La de duelo, es como en las cámaras anteriores, con la diferencia que deben ser nueve golpes, de tres en tres. PALABRA SAGRADA:—NOBAOM, que significa LOT, nacido del

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incesto con su hija mayor. PALABRA DE PASE:—NIAKLABUHT. Esta palabra se da al entrar en logia y significa posición del mundo, hija de LAMECH, descendiente de EBLIS, ángel de la luz, primer fundidor de metales. EDAD:—Siete años y más. TIEMPO DE TRABAJO:—El mismo que en los grados de aprendiz y compañero, del mediodía a la medianoche. INSIGNIAS:—Banda azul con ribetes punzó; la joya se compone de compás y escuadra con la letra "G" y dos ramas de acacia; en el centro de la banda, siete estrellas; ésta se lleva de derecha a izquierda. MANDIL de raso blanco ribeteado de punzó y en el centro, bordadas las iniciales de la palabra sagrada M B PREGUNTAS LITÚRGICAS.—Cuando se os pregunte: P.—¿De dónde venís, H mío? R.—Del occidente. P.—¿A dónde vais? R.—Al oriente. P.—¿Qué vais a buscar a oriente? R.—Una logia de maestros. P.—¿Sois maestro? R.—La acacia me es conocida. P.—¿Qué simboliza la acacia? R.—La inmortalidad del alma. P.—¿Dónde la conocisteis? R.—En la fosa el maestro Hiram. P.—¿Qué más hallasteis en ella? R.—Un triángulo reluciente con el nombre de DIOS. P.—Si un maestro se pierde, ¿dónde se encontrará? R.—Entre la escuadra y el compás. Vuestras respuestas nos satisfacen V H, por lo que os doy la

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bienvenida a esta cámara. (-X-) Ven H Maest de Cer, conducid al ara a nuestro nuevo H, y vosotros VV HH servíos acompañarme. Todos los VV HH presentes, rodearán el ARA y el Muy Resp Maest toma la espada, y con la cuchara en la mano derecha dirá: CONSAGRACIÓN A L G D G A D U, en su nombre, por la confraternidad universal, y en virtud de las facultades de que me hallo investido por la libre y espontánea voluntad de mis HH, os creo, nombro y constituyo, MAESTRO MASÓN y miembro activo de la CAMARA DEL MEDIO, por los golpes misteriosos del grado: -X-LIBERTAD, -X-IGUALDAD, -XFRATERNIDAD, -X-CIENCIA, -X-VIRTUD, -X-TRABAJO, -XPERSEVERANCIA, -X-PRUDENCIA, y -X-RECTITUD. Si son varios los candidatos, a todos se les consagrará de igual manera. Ven H Maest de Cer, servíos proclamar entre columnas a nuestro V H……... como maestro masón. PROCLAMACIÓN El Muy Resp Maest, vuelve a su trono y el Maest de Cer dará nueve golpes con el puño de su espada de tres en tres, diciendo: MAEST DE CER:—(-x-x-x x-x-x x-x-x-) De Orden, de nuestro Muy Resp Maest, proclamo en oriente, occidente, septentrión y mediodía, MAESTRO MASÓN a nuestro V H………. y miembro activo de la CÁMARA DEL MEDIO de la Resp Log…….. ¿Lo aceptáis, reconocéis y admitís como tal? Todos los HH extendiendo la mano derecha exclamarán: TODOS:—Lo aceptamos, reconocemos y admitimos. MAEST DE CER:—Yo también lo acepto, reconozco y admito como tal, vuestras órdenes están cumplidas. Muy Resp Maest

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FELICITACIÓN MUY RESP MAEST:—VV HH, servíos ayudarme a tributar una batería del grado en honor de nuestro V H, a mí por el signo y la batería del grado. Todos ejecutan la orden y al terminar el Muy Resp Maest dirá: VV HH, la ceremonia de exaltación ha terminado, os doy las gracias por vuestra cooperación, los trabajos ordinarios están en toda su fuerza y vigor. (X-) Tomad plaza. Regresar a índice.

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CAPÍTULO VII CATECISMO DEL MAESTRO MASÓN MR M—Muy V H Prim Vig ¿Sois Maestro? PRIM VIG —La acacia me es conocida M R M —¿Dónde la conocisteis? PRIM VIG —En la fosa del maestro HIRAM. M R M —¿Qué más hallasteis en ella? PRIM VIG —Un triángulo de oro purísimo con el nombre de Dios. M R M —¿Qué simboliza la acacia? PRIM VIG—La inmortalidad, por su verdor eterno. M R M —¿Y el triángulo de oro? PRIM VIG —La necesidad de que el ORDEN, representado por uno de sus lados, enlace la FUERZA a la INTELIGENCIA, de que son imágenes los otros, para alcanzar aquella inmortalidad. M R M—¿De SALOMÓN e HIRAM ABIF?

quiénes son

alegóricos,

HIRAM II,

PRIM VIG —De las mismas ideas morales, El primero El segundo, reasume la casta sacerdotal que en la INDIA, el EGIPTO, la CALDEA e ISRAEL, dominaba por la INTELIGENCIA, y era el foco de la Sabiduría en aquellas edades. Y Virtud, la cual dándonos aquella abnegación sublime, que nos eleva al GRAN AR QUITECTO DEL UNIVERSO, nos hará irresistibles, y nos conquistará la inmortalidad. M R M —¿Cuál, es el secreto de la Maestría? PRIM VIG —Probar que la materia y la inteligencia suma que la rige, son las únicas cosas eternas: y que lo es nuestro PENSAMIENTO, o la IDEA, por ser un destello de la última que, la CREACION o cambio de forma, es el estado natural del Universo, por lo que la clasificación, de cuerpos en orgánicos e inorgánicos, y las palabras de VIDA y MUERTE no constituyen una verdad científica, sino un científico artificio para explicar los fenómenos que hieren nuestros sentidos; y así sacrificar la forma

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material en defensa de la IDEA o de la HONRA, la DIGNIDAD, la VIRTUD, la VERDAD y el PROGRESO, no es morir, sino inmortalizarse. M R M—Fuera del sentido moral de la Maestría, ¿no hay otro en la leyenda de HIRAM? PRIM VIG —Hay el astronómico, pues nuestros antepasados expresaban con símbolos los fenómenos de la naturaleza y las ideas morales que de ellos derivaban. HIRAM ABIF es el SOL (ABIF padre, HIRAM, elevado); y los doce compañeros son los meses del año, de los cuales los TRES de OTOÑO se conjuran para destruirle, y hasta que los TRES de INVIERNO no reúnen su influjo, no vuelve a culminar en la primavera. M R M—¿Si un MAESTRO se pierde, dónde le hallaríamos? PRIM VIG —Entre la ESCUADRA y el COMPÁS, es decir, entre la Tierra que aquella simboliza como regulada, y el Cielo que el otro representa como regulador; porque el DIGNO y VERDADERO MAESTRO domina las afecciones materiales y se remonta a su origen celeste. M R M—¿Qué hicieron los MAESTROS para reconocerse después de la muerte de HIRAM? PRIM VIG —Convinieron en que la primera palabra que se pronunciase y el primer signo que se hiciese en el momento de descubrir el cadáver, se sustituyeran a los perdidos. M R M—¿Qué significa la palabra de PASE? PRIM VIG —Recuerda a VULCANO, nombre que se alteró en Israel, y fue el que tuvo la idea de trabajar el hierro, y enseñó a los demás a extraer los metales y aplicarlos en los usos de la vida. M R M —¿Qué debe hacer un MAESTRO si se halla en peligro de perder la vida? PRIM VIG —El Signo de SOCORRO, con las palabras, si es de noche o aquel no puede hacerse. M R M —¿Y no hay otro signo de MISERIA en el RITO DE YORK? PRIM VIG —Sí. M R M —Levantaos y hacedlo ambos. PRIM VIG —Da los signos.

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M R M —¿Por qué se da el grado de MAESTRO? PRIM VIG —Porque establece la enseñanza mutua. M R MAESTROS?

M—¿Qué

conocimientos

deben

poseer

los

PRIM  VIG —Los de las Siete Artes cuyos nombres están inscritos en las gradas del tercer tramo de la escalera de nuestro TEMPLO, a saber: GRAMÁTICA, RETÓRICA, LÓGICA, ARITMÉTICA, GEOGRAFÍA, MÚSICA y ASTRONOMÍA - de éstas, las TRES primeras constituyen el TRIVIUM, las cuatro últimas el QUATRIVIUM. M R M —¿Cuáles son los instrumentos que manejan? PRIM VIG —Todos porque trabajan, enseñan y dirigen a los demás, conservando la CUCHARA en nuestras manos, para que así como el Albañil la emplea en el pulimiento de sus obras materiales corrigiendo la desigualdad que las deforma, nosotros la usamos moralmente en perfeccionar la instrucción, corregir y encubrir los defectos de nuestros hermanos. M R M—¿Por qué visten los MAESTROS de oro y azul? PRIM VIG —Porque aquel representa el poder y éste la sabiduría; dones que concedió a SALOMÓN el G A D U. M R M—¿Cómo se saludan los MAESTROS? PRIM VIG —Por TRES veces TRES, en memoria de los NUEVE compañeros que fueron en busca de HIRAM. M R M—¿Cuántas preguntas se hacen para abrir o cerrar la Logia de MAESTRO? PRIM VIG —SIETE, dirigidas alternativamente a los Vigilantes. AMPLIACIÓN DEL CATECISMO PREGUNTA.— ¿Sois Maestro? RESPUESTA.—Probadme: la acacia me es conocida. P.—¿Dónde fuisteis recibido? R.—En la Cam del Med P.—¿Qué visteis al entrar?

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R.—Luto y consternación. P.—¿No visteis más? R.—Una luz sombría alumbraba la tumba de HIRAM. P.—¿De qué tamaño era esa tumba? R.—De tres pies de anchura, cinco de profundidad y siete de largo. P.—¿Qué había encima? R.—Una rama de acacia. P.—¿Qué objeto tenía todo ese aparato fúnebre? R.—Conmemorar el asesinato del Maest HIRAM. P.—¿Quién era HIRAM? R.—Un jefe de trabajos, que sucumbió bajo los golpes de tres compañeros, que le querían arrancar la palabra de maestro, para cobrar este salario. P.—¿Qué hicieron los Maestros, para reconocerse en lo sucesivo? R.—Convinieron en que el SIGNO y la palabra de MAESTRO, serían en adelante el primer signo que hicieran y la primera palabra que pronunciaran al descubrir el cuerpo de HIRAM. P.—Haced el Signo. R.—Levantaron el cuerpo que cubría el cadáver e hicieron la señal de horror. (Se hace). P.—¿No hay otro Signo que se recibe en este grado? R.—SÍ, se llaman palabras A M L H D L V, y recuerda el espíritu de Paz y Socorro que las antiguas divinidades, ISIS, CERES y otros derramaban sobre sus iniciados, para quienes esos nombres eran una mutua defensa. En numerosos peligros, y sobre todo en la guerra, en el último siglo y después, ese signo importante ha prevenido o aliviado muchas desgracias. El recuerdo de la V(Viuda) salvará todavía largo tiempo la vida a sus hermanos. P.—Decidme la palabra Sagrada. R.—Al tocar el cuerpo de HIRAM, el Muy Resp Maestro exclamó: M B ¡La carne se despega de los huesos! P.—Dadme la palabra de Pase. R.—Tub

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P.—¿Cuál es la edad de un Maestro? R.—Siete años y más. P.—¿Por qué decís y más? ¿Qué significa ese número siete? R.—La palabra y MÁS expresa que conoce no solamente los misterios. de la masonería, sino los que de ellos podrían derivarse. El número SIETE significa los SIETE PLANETAS, las SIETE NOTAS MUSICALES, las SIETE ARTES LIBERALES y las épocas septenarias del hombre. P.—¿En qué trabajan los masones? R.—El aprendiz trabaja en la piedra bruta, símbolo de la ignorancia: el compañero en la piedra cúbica, símbolo de la emulación, y el Maestro en la Plancha de trazar, símbolo del genio y de la perfección. P.—Si un maestro se pierde, ¿adónde lo encontrarías? R.—Entre la ESCUADRA y el COMPÁS. La Escuadra, símbolo de la justicia, decora el oriente de una Logia, el Compás, emblema de equidad, está abierto a 45° gr sobre la puerta de nuestros templos, y los dos reunidos forman la joya de los Maestros. P.—¿Qué habéis visto en la Cámara del Medio? R.—Primero el Sol cubierto con un velo fúnebre, pues se llora su muerte; las lágrimas que cubren las colgaduras significan el llanto de ISIS, genio del bien, muerto en el día que HIRAM, por TYPHON, genio del mal; las columnas rematan en urnas funerarias, símbolo de la muerte, y contienen una rama de acacia, emblema de la INMORTALIDAD. P.—¿Por qué es la ACACIA el Árbol de los Maestros? R.—La acacia es el símbolo de la Orden Masónica, que florece sobre toda la tierra. En manos del neófito reemplaza al mirto que llevaban los iniciados del Menphis y Heliópolis, y el ramo de oro que Virgilio en el Capítulo Sexto de la Eneida coloca en manos de Eneas. Es además estimada por los masones a causa de los emblemas que ofrecen su madera, corteza y sus hojas. Su madera incorruptible simboliza la pureza de la institución, que nada puede alterar; su corteza rechaza todo insecto malhechor, como el masón rechaza todos los vicios; y sus hojas inclinadas durante la noche se levantan a la aparición del Sol; a medida que este astro se eleva, como inteligencia del neófito se desarrolla y engendra a medida que asciende en grado. P.—¿Qué es la muerte? R.—La DESPERSONIFICACIÓN del individuo. La muerte es la condición para que hemos nacido; así pues, como sólo se deben temer los

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acontecimientos imprevistos, no debe abrirse temor ninguno por la muerte, sino prepararse a ella. P.—¿Qué era el individuo antes de morir? R.—Un efecto CAUSADO por la unión de dos seres, y como ellos sometido a las tres fases de la vida. P.—¿Qué es después de la muerte? R.—De EFECTO que era, se convierte en CAUSA a su vez; es decir, que quedando en libertad por su descomposición los elementos que formaban su ser natural, vuelven a los elementos análogos para sufrir nuevas transformaciones, porque sólo perecen las formas. En cuanto a su ser intelectual, o a su ALMA, siendo según la opinión de la antigüedad, una partícula del ALMA UNIVERSAL, vuelve a esa inmensa fuente de la vida. La GANARÁ DEL MEDIO es la imagen del gran laboratorio de la Naturaleza, donde se operan esas transformaciones, y aquí es donde el iniciado debe estudiar el tercer lado del Triángulo, el REINO ANIMAL, también indicado por la palabra de MAESTRO. P.—¿No es la creencia en la inmortalidad del alma uno de los dogmas fundamentales de la masonería? R.—Sin duda. Los filósofos antiguos no concebían en qué podría transformarse el alma, quinto elemento, según los indios y los egipcios, y la declararon INMORTAL. P.—¿Conserva su individualidad? R. —Se ignora, pues que está privada de órganos; pero se supone. P.—¿Qué habéis observado en la Cámara del Medio? R.—La vida triunfante de la muerte, el bien del mal, la verdad de la mentira, la luz de las tinieblas. P.,—¿Por qué nuestras frentes no llevan el sello del dolor? R.—Porque la vida ha sucedido a la muerte, el día a la noche, la alegría a la consternación. P.—¿Conduce al conocimiento de la verdad el estudio de los grados masónicos? R.—Ningún grado conocido enseña ni descubre la verdad: sólo DESVANECE el velo que la cubre, y el neófito que sabe aprovechar de un Colegio Profano de Filosofía. Los grados practicados hasta hoy han hecho MASONERÍA y no INICIADOS.

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P.—¿Podéis decirme el secreto de la Francmasonería? R.—El secreto de la masonería, es inviolable por su propia naturaleza, porque el masón que la conoce no puede llegar más que a adivinarle, y para ello le ha sido preciso frecuentar las Logias instruidas, observar, comparar y juzgar. Una vez llegado a ese descubrimiento, le guardará seguramente para sí mismo, y no le comunicará ni aún a aquel hermano en quien pudiera tener más confianza, porque toda vez que él no ha sido capaz de hacer ese descubrimiento, es también incapaz de sacar partido del secreto, si oralmente lo recibiese. Regresar a índice.

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CAPÍTULO VIII DEBERES, DERECHOS Y OBLIGACIONES DE LOS GARANTES DE PAZ Y AMISTAD Después de la reorganización de la Masonería por la Gran Logia de Inglaterra, y queriéndose estrechar las relaciones fraternales que deben existir entre la GRAN FAMILIA MASÓNICA UNIVERSAL, se creó la modalidad de nombrarse de Logia a Logia y de Gran Logia a Gran Logia, sus representantes diplomáticos a los que acreditaban por medio de un DIPLOMA que desde aquella época hasta la presente se conocen con el nombre de GARANTES DE PAZ Y DE AMISTAD. DEBERES PRIMERO:—Son deberes de un GARANTE DE PAZ Y AMISTAD, poner al corriente de todos los asuntos que se refieran al BIEN GENERAL DE LA ORDEN, de la HUMANIDAD y del TALLER que representa, para la buena marcha de la institución, remitir oportunamente el Cuadro Logial y dar a conocer el movimiento de Iniciaciones, Aumento de Salario, Exaltaciones, Afiliaciones y Regularizaciones, y especialmente el nombre de los que fueron BORRADOS dando a conocer el motivo, remitirse mutuamente las copias de trazados presentados por HH en su logia que sean la instrucción masónica, la Constitución de la Gran Logia a que esté jurisdiccionada siempre y cuando no sean de la misma jurisdicción, remitir un Juego de Liturgias con que se trabaje y los ejemplares de la revista que se edite. DERECHOS SEGUNDO:—Son derechos de un GARANTE DE PAZ Y AMISTAD, representar en todo y por todo a la Logia que lo designó, defenderla cuando sea atacada su soberanía, organización o situación, no permitiendo que se hable mal de ella, ni en lo particular de ningún hermano, dar a su nombre las medallas al finalizar los trabajos litúrgicos de su Logia, NO PUDIENDO CONTRAER NINGUNA OBLIGACIÓN O COMPROMISO SIN EL PREVIO CONSENTIMIENTO POR ESCRITO DE SU REPRESENTADA. OBLIGACIONES TERCERO:—Son obligaciones de un GARANTE DE PAZ Y AMISTAD, atender en todo a los miembros del taller que lo nombró, cuando éste sea de Oriente fuera del que la representa, dándole todas las

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facilidades si no conoce el Oriente, presentarlo a su taller, y si llegase el caso pedirá en su nombre ayuda moral o económica si las circunstancias así lo exigieren. GENERALIDADES La LOGIA que designa un GARANTE DE PAZ Y AMISTAD, debe inscribirlo en su Libro de Oro como MIEMBRO HONORARIO y éste lo será mientras sea miembro activo de la Logia en que fue designado, cuando un Garante de Paz y Amistad se presente a la Logia que lo eligió, deben dispensarle los honores que correspondan a un VENERABLE MAESTRO EN FUNCIONES.

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Regresar a Ă­ndice.

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C A P Í T U L O

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EXPLICACION DE LOS SIMBOLOS Las marchas de los tres grados simbolizan: la del primer grado o aprendiz cuyo estado de desnudez representa al hombre anterior a la civilización y que tiene la marcha insegura, opera en línea recta, avanzando un pie y reuniendo el otro en escuadra, para significar que no tiene más que un objeto, el de llegar directamente y sin desviarse, a las luces de la civilización; el Compmás libre en su marcha, va de Occidente al Medio día, de aquí al Norte y de éste al Oriente, para simbolizar que el iniciado debe buscar y extender por todas partes la instrucción. La marcha del Maest demuestra la del filósofo a quien NO DETIENEN LAS PREOCUPACIONES DE SU EPOCA. Sus saltos indican que sabe superarlo todo, y que para él la vista de la muerte no es un obstáculo, tratándose lo que está disperso; expresa también el paso del estado de corrupción y servidumbre a una era de la vida y libertad. La iniciación en los tres GGr SSimb es, como los antiguos misterios una revolución solar: el neófito representa en el primer Gr el soldado de Mitrha padre de la luz; en el segundo es el león de Mitrha, cuando el Sol en toda su fuerza ocupa en estío el signo de Leo; y en el tercer grado figura bajo el nombre de Hiram, que significa elevado el astro luminoso que parece extinguirse y sucumbir bajo las funestas influencias de los tres últimos meses del año, que son los tres malos compañeros de su carrera, siendo levantado por los primeros meses del año siguiente, para volver a empezar una nueva carrera, y subir otra vez al cielo donde nadie ha subido sino el que acaba de bajar. Tal es el sentido físico que sirve de base inmutable a la Masonería, en el sentido moral, Hiram es la imagen de las persecuciones que sufre el hombre de genio, y de la muerte moral con que quieren herirle los tres azotes que asolan la tierra comúnmente, la ignorancia, la hipocresía y la ambición. Simboliza también la verdad, a quien quieren ahogar otros tres enemigos: la mentira, el error y la superstición. Además Hiram es el modelo del perfecto masón que prefiere morir a vender los secretos que le han confiado, o a faltar a su conciencia y su honor. Los tres malos CComp que dan la muerte a Hiram, son los tres últimos del año; octubre, noviembre y diciembre. En la iniciación egipcia los compañeros malvados eran: el Hipopótamo del Nilo, el Pytbon (anagrama de Typhon, griego, el jabalí que hirió mortalmente al bello Adonis; los Gigantes que pretendieron destronar a Osiris; los Titanes que intentaron escalar el Olimpo; los genios de las tinieblas y del mal, el lobo escandinavo; el dragón chino Arhiman. Uno de estos CCom se llaman en algunos GGr, Abi-

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Ramah (el parricida). Estos monstruos, hombres o animales, son los fenómenos naturales que parece luchan contra el padre ostensible de los hombres, el Sol. El agua, el aire, el fuego, son también en algunas iniciaciones los tres CComp perversos que abandonan en su muerte al hombre (el Maestro). El cuarto elemento, la tierra, en su punto de partida, que se asemeja al de un compás abierto, que después de su revolución circular, símbolo de la vida humana, vuelve al mismo punto (la tierra) de donde había salido y adonde torna a entrar. La imagen de esta ley sucesiva y natural de los seres de la Creación, ley terrible de la vida sobre la muerte, del presente sobre el pasado, es simbolizada ingeniosamente en este grado. En efecto, cada periodo cíclico no puede establecerse sino por el asesinato o la desaparición del que representaba la época anterior: así como el germen (el hijo) matar al grano del trigo (su padre) en el seno de la tierra (su madre); que Uranus mató a su padre Acmon, que Saturno mató a su padre Uranus; que Júpiter símbolo del bien mutiló a su padre Saturno para aprovecharse de su reino, quien relegado en el sombrío tártaro, tiene encadenados a los Titanes; que Judas "duodécimo" mes de diciembre mata al año que concluye; como el sábado mata a la semana y como la vigésima cuarta hora mata al día. Se dice que el Sol muere al llegar a Occidente porque esta palabra del latín (occidre) expresa la idea de matar. La salida de Hiram por la puerta de Occidente huyendo de los asesinos es también un gran símbolo, pues fácilmente se comprende que el Sol no puede salir de nuestro universo, templo de la naturaleza. La marcha de Hiram para sustraerse a los golpes de los CComp es precisamente la que el Sol sigue en el último mes del año en que baja el horizonte por la puerta de Occidente. Si contemplamos en ese momento la esfera, veremos al Or el gran Orión con el brazo levantado y armado con una maza, (el mallete) y al Sagitario disparando su flecha (la Esc) y al Norte a Perseo armado igualmente (la regla) y dispuesto a acertar un terrible golpe. Desde ese instante, su inclinación hacia el hemisferio austral parece tan rápida, que realmente semeja a una caída. He aquí porqué el simbolismo le tenemos precipitado en la tumba. Las pesquisas que se hacen por los HH para buscar el cuerpo de Hiram representan la angustia que debieron sufrir los primeros hombres cuando vieron la desaparición del Sol. La alegórica muerte del Sol ha sido creación de los sacerdotes astrónomos de la antigüedad cuyo objeto era pintar la ausencia del principio, o sea la lucha de la luz contra las tinieblas. Por esta razón los iniciados al celebrar estos misterios se visten de negro y decoran el Temp con velos fúnebres. El Sol en el solsticio de estío, inspira a cuanto existe palabras de gratitud, himnos de reconocimiento, y su calor benéfico parece descender en lenguas de fuego hablando a

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nuestros sentidos. Hiram, que le representa, es quien posee y puede dar a quien sea preciso, la palabra sagrada, es decir la vida. Cuando el Sol en su marcha retrógrada (y este fenómeno astronómico se simboliza por el último viaje del Comp) y desciende a los signos inferiores, comienza el mudismo de la naturaleza o sea su infecundidad. Hiram ya no puede dar la Pal. de Maest a los CComp que, como se ha dicho antes, representan los tres últimos meses del año. El primer compañero hiere débilmente a Hiram con una regla de 24 pulgadas, imagen, de las 24 horas que dura la revolución diaria, primera distribución del tiempo que después de la exaltación del gran astro, atenta débilmente a su existencia dándole el primer golpe en la garganta. En el primer grado se presenta por el signo de aprendiz. El segundo le hiere con una escuadra de hierro, símbolo de la última estación figurada en las intersecciones de las líneas rectas que dividiesen en cuatro partes iguales el círculo zodiacal, cuyo centro simboliza el corazón de Hiram, donde va a pasar la punta de los cuatro ángulos, distribución del tiempo que en esta época asesta un golpe más fuerte a la existencia solar. El tercero le hiere mortalmente en la frente con un martillo, cuya forma cilíndrica, simboliza que a su terminación da el último golpe a su existencia de sol expirante. En Egipto se llamaba al tercer Gr puerta de la muerte, y en el centro del recinto donde se verificaba la recepción elevábase el ataúd de Osiris, cuyo asesinatose consideraba recién ejecutado. Preguntábase al aspirante con insistencia si había tomado parte en el crimen, y a pesar de sus negativas y sus esfuerzos por sincerarse, fingiese herirle de un hachazo, se le derribaba y envolvía en bandas de lienzo como las que se usaban para las momias, y a su alrededor brillaban mil relámpagos, figurando que el fuego rodeaba al muerto y le volvía a la vida. Cuando en diciembre el Sol de invierno parece dejar nuestros climas para ir a reinar en otro hemisferio, semejando que baja a la tumba, la naturaleza queda viuda de su esposo, de quien cada año recibe la alegría y la fecundidad, sus hijos quedan desolados y representando esa bellísima alegoría se denominan H de la V así como a la reaparición del Sol toman el nombre de H de la L Según la interpretación anterior, se deduce claramente que Hiram, arquitecto del templo de Salomón y héroe de la leyenda Mas es el sol ministro de Salomón, el más poderoso y el más sabio de todos los monarcas

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(que es el G A D U) conservador del templo (el Mundo), y maestro de los obreros (LOS HOMBRES), el cual, Hiram, sacado de la tumba y vengado por los nueve HH virtuosos, los nueve meses de primavera, verano y otoño que dan las flores, las mieles y los frutos. Según la tradición salomónica, los nueve MM elegidos después de la supuesta muerte de, Hiram, son los siguientes: Moabón (a parte); Anigam (aflictio populi); Isch'gi (salus mea),* Jachin (firmus); Garzariach o Azariah (auxilium Dei); Achal o Acal (comedit); Bogaz (in fortitudine); Joram (exselsus); Gober u Obed (serviens). Elevemos nuestros -corazones e inteligencias, ilustremos nuestro entendimiento; combatamos nuestras preocupaciones, vigilemos nuestros HH y así habremos perfeccionado el templo del cual somos a la vez Arquitecto material y obrero, porque el templo es en el hombre, el corazón humano, y trabajar en la perfección del templo es trabajar en el mejoramiento de sus costumbres y en el perfeccionamiento de su ser. Regresar a índice. Regresar a índice.

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CAPÍTULO X ESTUDIO SOBRE EL TERCER GRADO Cuando una institución social, fundada en elementos filosóficos, tiene por dogma las verdades eternas que Dios ha grabado en el corazón del hombre, es preciso, para sostener su existencia moral y su acción civilizadora, que su doctrina esté en armonía con el principio divino que la anima. Rodear sus usos y sus enseñanzas de fábulas y de ficciones pueriles; es mezclar lo absurdo a lo sublime, e imitar a la mayor parte de esos legisladores religiosos que lejos de ilustrara los pueblos, los han sometido a una ignorancia tanto más funesta, cuanto que está nutrida con el fanatismo y la superstición. Hay tantas opiniones diversas en lo que la concierne, tantos puntos históricos dudosos, tantas variedades en los ritos que me veo obligado para ser un poco ortodoxo, a encerrarme en el círculo estrecho, pero racional, de su principio dogmático, y de los deberes que impone a los francmasones, sea cual fuere la tribu de la tierra a que pertenezcan. Colocar de nuevo a los hombres en su dignidad primitiva, hacerlos gozar de las ventajas que han recibido de la creación, hacer de las simpatías morales, y de los instintos elevados de la humanidad una cadena fraternal que los obliga a no salir jamás de la vía de perfectibilidad que la naturaleza les ha trazado: tal es el sistema de educación filosófica que ha sonreído a todos los sabios que han querido fundar los destinos sociales sobre firmes bases. Que ese sistema haya tenido origen en el paraíso terrestre, que, creciendo con el mundo, haya, como una chispa eléctrica, pasado de la India a la China, de la China a la Persia, el Egipto a la Grecia; que haya enardecido la mente del gran rey Salomón y de su sublime arquitecto, es tanto más probable, cuanto que los teogonistas de todas las religiones, -los misteriólogos de todos los tiempos, los filósofos de la antigua academia, se han ligado a esa cadena elementaria de la vida social; pero si cada uno ha tomado lo que le ha convenido, para sostener el trabajo de su genio y de su inteligencia, es preciso confesar que la Masonería, puede reivindicar su antiguo origen, probar su derecho de primogenitura y decirles: a mí me debéis los laureles que os coronan. Así como los gérmenes que fecundan la tierra llevan consigo todo lo que es necesario para su eterna existencia, así la Masonería ha aparecido entre los hombres con un germen eterno de perpetuidad; para ella nada cambia en el Universo, la muerte y la vida no son más que el vaivén de destrucción y de regeneración que la naturaleza se ha impuesto para aparecer, a los ojos de su creador, siempre joven y bella como lo fue al salir de sus manos. Fundando su 70


núcleo social, sobre una verdad, que es la fuente de todas las demás, se ha hecho dueña de sus destinos y ningún poder humano podría atacarla. Semejante institución no tenía necesidad de crearse un carácter original, ni de buscar un punto histórico para hacerse un pedestal en la posteridad; sin embargo, está en el orden natural, que cada cosa tenga su origen, sólo a DIOS pertenece no tenerle. La teoría social de la Masonería, o su doctrina filosófica se encierra, como se ve en el espíritu de la moral universal, la verdad ilustra sus obras, la razón las prueba, la justicia las define, y por lo mismo nunca podrá dominar, ni los gustos, ni las costumbres, ni el carácter de ningún siglo ni de generación alguna. El egoísmo, la avaricia, que se adhieren a nuestra especie como los huesos a la carne, la ambición que los sigue como su escolta de malos genios, le declararán una guerra eterna y tratarán de destruir, con las armas de los hipócritas y de los tiranos, todo el bien que ella puede hacer en el mundo. Para combatir esa terrible plaga de la humanidad y por un espíritu de conservación, se ha rodeado del velo de una ciencia oculta, cuyos elementos han sido tomados en los elementos de las cosas y nada tienen que pueda probar la más austera sabiduría. Los templos no han sido edificados, sino para dar un libre curso a su enseñanza, y para que los adeptos sepan que en la familia está la fuerza y la unión, que en la calma de la soledad y en el trabajo de la meditación, el genio del bien digiere su obra de perfeccionamiento y de progreso. Las iniciaciones le dan el derecho de escoger en la gran multitud del género humano, todo lo que pueda encontrar de robusto y de sano de cuerpo y de espíritu, a fin de no tener por elegidos más .que hombres de valor, de adhesión y de inteligencia. Sus secretos, sus misterios, sus símbolos, sus emblemas, sus alegorías, son figuras que recuerdan al cuerpo y al espíritu los dogmas y las doctrinas sobre que ha establecido en bases sociales, son la lengua sagrada del genio divino que dirige nuestros trabajos. ¿Y quién ha creado ese lenguaje sagrado? ¿Nosotros los francmasones modernos, los francmasones de un día? ¿No han salido de la estrella flamígera del horizonte masónico? ¿En el templo de Júpiter Ammon en la Samotracia, en los de Palmira y de Memfis en el Egipto no se hablaba? ¿Qué le ha hecho tan común, tan necesario en todo tiempo, sino es el que el genio del mal, entonces como ahora había invadido la tierra, que la luz no podía difundir sus rayos sin que se perdiesen en las tinieblas de la ignorancia, y que la verdad no tenía su estrella más que en el templo del Gran Arquitecto Creador del Universo? Los signos, los tocamientos, las palabras convencionales, son el carácter simbólico de la fraternidad que se comunica y que se hace conocer, son los primeros eslabones de una mutua alianza. Sea cual fuere al lugar de la tierra a

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que el masón dirija sus pasos, la vista de su hermano hace nacer en él, la alegría y le inspira las más vivas afecciones. Recordando, hermanos míos, la parte elemental, de nuestros trabajos simbólicos, hemos querido hacer notar que la Masonería está sujeta a las variaciones de temperatura de las sociedades profanas; que la piedra cúbica sobre la cual está asentada aunque labrada hace cosa de seis mil años, no tiene ningún ángulo vulnerable. A excepción tal vez de algunos bárbaros civilizados arrastrados por los vicios más bajos y las pasiones más groseras. ¿Quién osaría soplar el viento de las tempestades políticas o religiosas sobre este edificio social? ¿Veis a esa hija de la creación, a esa primera luz de la inteligencia humana, en el mar de las tempestades en que se ha colocado? ¿No es un modelo completo de inmolación y de perseverancia para el bien? En los templos no se ocupa más que de beneficencia y de fraternidad, en el mundo profano es tímida y reservada por temor de dañar el orden que los destinos han establecido en él. ¿No se somete a las condiciones más duras y a veces a las más deplorables? Para cualquiera que conoce el espíritu tolerante de la Masonería, sobre todo en lo que concierne a sus opiniones religiosas, no debe parecer extraño que haya pasado el largo periodo del paganismo sin haber sido inquietada un instante por ningún pueblo ni gobierno alguno. En todos los países del mundo civilizado existen dos religiones bien distintas y completamente extrañas la una de la otra; la de la multitud, que reside en la satisfacción de los sentidos y en el juego de la imaginación, religión que tiene una fe bastante robusta para tomarla en serio; y la religión de los hombres ilustrados, que se encierra en el estudio del hombre y de su Creador, y en piadoso deber que tiene que cumplir hacia uno y otro; religión pura y sublime que la conciencia y la razón imponen; religión que nutre el alma y la eleva de la Tierra al Cielo, por el culto de la verdad y la nobleza de los sentimientos. Extraños a los movimientos del mundo profano y a los errores que le dominaban, tolerantes y pacíficos como deben serlo cuando se quiere que el libre albedrío sea para todos un derecho, los iniciados o los antiguos maestros del santuario no podían inspirar temor alguno a los que fabrican religiones y gobiernos ni a los que explotaban la credulidad de los pueblos; y se les dejaba vivir en pacífica independencia. Si ahora queremos conocer la causa de la primera persecución de nuestros maestros, descendamos rápidamente los siglos para ponernos frente a la más asombrosa revolución que se haya operado nunca en las ideas morales y religiosas. Los iniciados que salían del santuario proclamaban en el mundo

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profano todas las opiniones filosóficas que podían revelar sin dañar el orden misterioso y simbólico que arreglaba los trabajos del templo, de suerte que a la aparición del hijo de María sobre la tierra, había pocos puntos de moral universal que no fuesen conocidos en las academias; pero el notable exoterismo de la doctrina tan pura y tan sublime de este divino genio, una conducta tan rica en bellos ejemplos, y tan en armonía con los preceptos que enseñaba, le dieron una reputación inmensa, y a su muerte una parte de su nación le tomó por el Mesías, y muchos paganos ilustrados, por un Dios. Estas diferentes opiniones hicieron nacer un conflicto espantoso entre las inteligencias, y a principios del siglo IV la confusión y el desorden fueran tan grandes, que Constantino, temiendo un trastorno general en su imperio, se apresuró a reunir un concilio en Nicea que estableció la doctrina y simbolizó el dogma; entonces fue preciso ser trinitario o esperar ser perseguido, y las persecuciones eran poca cosa; se apedreaba a los unos: se crucificaba a los otros; y se cortaba la cabeza a los que se consideraba menos culpables. Los hombres que querían una libertad de conciencia absoluta y que hacían del eclectisismo filosófico su principal estudio no pudiendo someterse a una sujeción tan tiránica, huyeron a los bosques, y durante muchos siglos celebraron sus sanos misterios en montañas inaccesibles y en cavernas profundas. Entregados a los encantos de la vida espiritual y a los dulces éxtasis de la contemplación, no viendo en el vasto Océano más que a Dios y al hombre, sus semejantes eran para el uno, y sus trabajos para el otro, su indiferencia por lo que se llama las glorias y las grandezas de la Tierra, su completo aislamiento del mundo profano, los hacía tomar por hombres de otra especie. Los trinarios los llamaron hijos del demonio; los paganos los tomaban por bestias feroces. En fin el Gran Arquitecto Creador del Universo, irritado del desprecio con que se veía a sus dignos hijos, hizo salir del fondo del Asia una horda salvaje que invadió el Oriente y que no perdonó ni a los cristianos ni a los paganos; pero conservó a los unitarios, y no solamente los protegió con todo su poder, sino que les permitió elevar colegios y dirigir la educación de los hijos de las más altas familias del vasto imperio de Mahoma. Estudiosos y sabios casi todos, conocían los misterios de todos los templos, y los respetaban como procedentes de un mismo santo origen. El hijo de María era considerado entre ellos, como el mito más extraordinario de la antigüedad; así es que fueron los primeros en llamarle Cristo, lo que en su lengua significa sol. Lejos de sacar partido de sus ventajas y de vengarse de sus enemigos los coptos, los ofitas, los gnósticos, los esenianos, los terapeutas, y todas las

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sectas teofilantrópicas que poblaban el Oriente, se entregaron con más ardor a los estudios históricos del antiguo universo; ni las doctrinas filosóficas y religiosas de Zoroastro, y Confucio y teocráticas de Moisés, ni los trabajos misteriológicos y simbolísticos de los templos del Egipto les fueron desconocidos. Las categorías de los unitarios se distinguían entre sí por usos y costumbres diferentes, pero no formaban ni cisma ni herejía; la unidad de Dios, la inmortalidad del alma, y la fraternidad social eran la creencia común. Esas categorías no eran otra cosa que lo que llamamos hoy los ritos que los orientes de diferentes naciones pueden modificar; cada una de ellas tenía un género de iniciación que, aunque variado en los detalles, tenía una perfecta analogía con los principios generales, en lo que concierne a la doctrina científica y moral y a la admisión a los misterios de la institución; quiero decir, que antes de dejar acercar al altar a un aspirante para consagrarle como adepto o como hermano, era preciso que diese pruebas de su saber, de su inteligencia, de su buena conducta, y que tuviese una convicción plena sobre los principios fundamentales de la sociedad de que quería formar parte. Estos puntos de historia están bastante desarrollados en los trabajos inmensos de los bernardinos, de los benedictinos y oratorianos, de todos esos infatigables comentadores de la primera escuela cristiana y de las sectas judías, y si tenemos la clave simbólica de la orden masónica, el método tan sabio y tan interesante de las iniciaciones, el espíritu social que presidía a tan graves y tan santas ceremonias, lo debemos a ellos. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XI ESTUDIO COSMOGRÁFICO Desde la mansión terrena que habitamos apenas podemos darnos cuenta aproximada de algunos de los demás planetas, compañeros del nuestro en el sistema solar. Desde la órbita de Urano no distinguimos ya los cometas, las lunas de Neptuno son aproximadamente un arcano para la ciencia, los mismos soles del firmamento se confunden a nuestra vista bajo la apariencia de una vaga fosforescencia indefinible, o se disipan del todo ante la inmensidad del espacio infinito, y ¿qué podremos saber de los numerosos planetas, satélites y cometas, que giran en número infinito alrededor de tales centros, ya casi imperceptibles en el campo de los más poderosos telescopios de lord Rosen y de Lassall? Por esto una verdadera astronomía, es en cuanto hoy alcanzamos a concebir, una cosmografía de nuestro sistema planetario, y más propiamente de nuestro globo y de aquellos cuerpos celestes que desde él se descubren, y tal como se ofrecen a nuestra contemplación y en perspectiva desde el reducido punto que habitamos. Veamos lo que dice el docto y erudito Dutens respecto a astronomía. Después de probar, siempre con abundancia de citas textuales, que los antiguos "no ignoraron la gravitación universal, y que conocían, el movimiento curvilíneo de los astros, producto de las dos fuerzas motoras que los solicitan, la del movimiento rectilíneo y de la línea perpendicular", como también las fuerzas "centrípeta y centrífuga" salva la denominación "la desigualdad del curso de los planetas y la ley de la razón inversa del cuadro de la distancia al centro de la revolución"; después de citar opiniones de Empédocles, Timeo Locreuse, Pitágoras, Platón, Diógenes y Lucrecio; después de señalar la notable contestación de Anaxágoras acerca de "la razón que- contiene a los cuerpos celestes en sus órbitas" y las acertadas ideas de Plutarco, que dice, entre otras cosas, ser causa de la gravedad "una atracción recíproca entre todos los cuerpos, que es causa de que la Tierra haga gravitar hacia sí los cuerpos terrestres, así como el Sol y la Luna hacen gravitar hacia sus masas todas las partes que les pertenecen y por una fuerza atractiva las contiene en sus esferas particulares", argumento que ilustra con el ejemplo de la honda, que a un mismo tiempo recibe impulsos, el de la fuerza central, el cual combinado con la fuerza de proyección, le hacen describir un círculo; después de apoyar cada vez más igual doctrina en testimonio de Lucrecio, Demócrito y

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Aristóteles, el cual sabía que la gravedad de los cuerpos era proporcional a la cantidad de materia de que éstos se componían; después de justificar que Pitágoras conoció tales verdades, por testimonio de Plinio, Madaurin, cuando refieren, entre otras cosas, las palabras de aquel sabio griego "que la gravedad de un planeta es cuádruple de la de otro que está a una distancia doble, y para que la gravedad de un planeta llegue a ser igual a la de otro más próximo al Sol, debe aumentarse a proporción que es mayor el cuadro de su distancia del Sol", y después, por último, de transcribir las palabras de Galileo, en que este ilustre sabio hace, justicia a la ciencia de Platón acerca del particular, nos presentan las opiniones de nuestros mayores acerca de la Vía láctea (es la claridad reunida de un gran número de estrellas, Plutarco); acerca de las estrellas fijas y pluralidad de mundos, sostenida con tanta brillantez y por el moderno enciclopedista Fontenelle y original de Tales y Anaximenes, de Heráclides y otros pitagóricos de quienes cita Plutarco "que cada estrella era un mundo, o un sistema solar, que se componía, como el nuestro, de un sol y de planetas, a los que parece también añadían un aire, una atmósfera que les rodeaba, y un fluido llamado éter en que se sostenían"; que esto mismo se desprende de los versos de Orfeo, de las opiniones de Demócrito citadas en el Filosofoumenes de Orígenes, con cuyo motivo lloró el famoso Alejandro, porque siendo tantos los mundos aún no había conquistado uno solo; y expone, la opinión de Favorina, de lo extraño que a éste parecía el que se creyese comúnmente no había más estrellas, errantes o planetas que los que observaron los caldeos. Aquí Dutens añade, con arreglo a los conocimientos astronómicos de su tiempo, que si "estaba persuadido Favorino de que era posible que el número de planetas fuere mayor de lo que se creía, los cuales estaban ocultos a nuestra vista", parecía haber indicado con esto el referido Favorino "los satélites que después se han descubierto con el auxilio del telescopio, cuya suposición y anuncio, por decirlo así, hacen mucho honor a Favorino. Y ¿qué no habría dicho el acertado Dutens si hubiese alcanzado nuestros tiempos y llegase a ver confirmada la legítima hipótesis de su cita con el descubrimiento predicho por Fourrier en 1808 y realizado ya, de más de 50 planetas y satélites sobre los conocidos en su tiempo? También cita, por último, el principio de Descartes reconocido por Leucippo "que los cuerpos que giran circularmente procuran apartarse del centro y escaparse por la tangente". Pero lo que más conduce a nuestros propósitos, de las curiosas indagaciones del profundo autor, es lo concerniente al SISTEMA DE COPERNICO y movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Dutens encuentra esta opinión, a más de varios de los autores citados, en Philolao, Nicetas Siracusano, Aristarco de Samos y Estobeo, señalando cómo Pitágoras enseñaba

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"que la Tierra era movible y que no ocupaba el centro del mundo, sino que giraba alrededor de la región del fuego, por la cual entendía el Sol, y formaba así los días y las noches"; como expresaba Philolao "que la Tierra discurría por el círculo oblicuo, por el cual entendía sin duda el zodiaco"; como Seleuco sostuvo también colocando el Sol inmóvil en el centro de una órbita por donde hacía girar la Tierra en movimiento circular, autoridad que apoya también Sexto Empírico; como Plutarco atribuye a Cleantes la creencia del doble movimiento de la Tierra e inmovilidad de estas estrellas fijas, y como el mismo Platón acabó por profesar tal doctrina, que aprendiera de sus maestros Timeo y Architas Tarentino. Por último, Dutens cita las autoridades de Heráclides Póntico, Platón, Plotina y Nicetas en apoyo del conocimiento, que tenían los antiguos de la rotación terrestre. Finalmente, al llegar a la Luna, dice nuestro autor que Tales y Anaxágoras creyendo que aquel astro "no tiene luz propia, sino que resplandece por la luz del Sol, que refleja, de ella"; que Empédocles atribuía a esto el llegar semejante luz más amortiguada a nosotros, no llegando a ser sensible su calor, como lo prueba el no haberse logrado que condensada semejante luz en un espejo ustorio, produjese en su foco el menor efecto de calor; que Estobeo atribuía las manchas de nuestro satélite a la sombra ocasionada por sus elevadas montañas, y que en suma, las opiniones de los primeros filósofos estaban en la antigüedad divididas, como aún hoy sucede, respecto a la admisión o no admisión de habitantes en el expresado satélite. No ignoramos lo que eminentes sabios contemporáneos han concedido a los antiguos en profundidad y conocimientos referentes a astronomía, como lo hace Bailly en su historia de dicha ciencia y el respetable Barón de Humboldt en su COSMOS y otras; pero ninguno conocemos que haya formado y llevado a cabo plan tan acabado, para probar la competencia de los antiguos en materias científicas, y entre una de tantas la que nos ocupa, como la ha hecho el concienzudo escritor Dutens, tiene éste, por tanto, el mérito de haber abrazado sistemática y proporcionalmente el conjunto de conocimientos de los antiguos, y en consecuencia le cabe la gloria de ser el primero, que ha señalado el camino que necesita no perder de vista la Humanidad, para no engreírse con las ventajas, a menudo aparentes, de un gratuito adelanto en la ciencia y sus descubrimientos. Porque, habiendo dirigido su contemplación sobre los diversos ramos del saber y diferentes géneros de las invenciones humanas, ha dado a conocer la prueba más incontestable de que no le guiaba ceguedad alguna en favor de una especialidad determinada, ni debía sus argumentos a la casualidad, que pudiera hacerles más fáciles, tratándose de un solo punto.

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Indudablemente que el modo de ver es en toda ciencia un punto de mayor interés: por esto indicamos alguna de las fuentes en que los verdaderos aficionados pueden hacerse ricos en datos y antecedentes, que por más ,que puedan a primera vista parecen vagos o frívolos, siempre conducen a ilustrar la historia de la Tierra. No puede negarse que el globo, que habitamos, es el único cuerpo celeste, que por estar destinado a servirnos de morada durante nuestra terrenal vida, puede sernos conocido con mayor exactitud. Y cierto que no nos interesa poco, tanto para las aplicaciones de la vida material. Cuanto para la educación del espíritu y las grandiosas enseñanzas, que su conocimiento encierra, de amor a Dios, autor de las maravillas de la naturaleza, y de agradecimiento por los beneficios repetidos, que de él recibimos, el comprender de una manera exenta de preocupación lo que es este cuerpo planetario que llamarnos Tierra, y que aunque nos parezca tan colosal y posea una historia, que se pierde en lo que llamamos la noche de los tiempos, no es mayor que un grano de arena en el océano, si lo comparamos con la inmensidad del espacio y los seres infinitos que los pueblan, y la eternidad del tiempo, que no pasa de ser un instante, y todas sus divisiones un presente para el Autor de todo lo creado. Para sensibilizar esta idea y dando principio por la consideración del tamaño, piénsase en que solo el planeta Júpiter tiene 1,414 veces el tamaño de la Tierra, y sin embargo es el Sol 1,050 veces mayor que él, y tan grande respecto de la Tierra que, como dice Kluber, si imaginamos una esfera que tenga su centro en el de la Tierra, y cuya superficie cubra la órbita de la Luna, todavía no llegaría a ser su volumen la sexta parte de el del Sol, y cuenta que su radio, que es la distancia de la Tierra a la Luna, tendría unas 70,000 leguas; pero qué extraño si el diámetro del Sol es 112 veces mayor que el de la Tierra, y su masa 354,936 veces la de nuestro planeta, ¿qué es el Sol sino una estrella cualquiera, acaso invisible desde muchas de las constelaciones que a simple vista descubrimos, si a esta consideración agregamos la de las distancias y movimientos, no podrá cualquiera menos de exclamar? ¿Qué son 27 ó 29 millones de leguas que nos separan del Sol, cuyo radio da una órbita de 214 millones de leguas, que recorre la Tierra en el corto espacio de un año, con la increíble velocidad de 24,000 leguas por hora o sean 400 por minuto, de cuya velocidad no puede dar idea ni aún la de la bala de cañón, para la distancia de 662 millones de leguas que separan del Sol a Urano, que tarda más de 83 años en recorrer su órbita alrededor del Sol, teniendo cuatro y media veces el volumen de la Tierra y acompañado de 8 lunas que además de seguir tan dilatada órbita, tienen que girar constantemente alrededor de su planeta? Pero aún hay más; Neptuno, el más remoto planeta conocido de nuestro Sol, describe alrededor de este astro una órbita cuyo radio solamente es de 1,020 millones de leguas; imagínese

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por esto lo que será su órbita de más de 3,500 millones de leguas y la velocidad de las dos lunas que le acompañan en su trayecto tan fabuloso. Pues bien, todas, estas distancias no son sino meras unidades que hay que repetir miles de veces, para expresar lo que nos separa de las estrellas más cercanas. Por último el tiempo de la vida de nuestro planeta no podría parecernos gran cosa, aunque le concediéramos los 80,000 años de vida media que un poético sabio le atribuye, si consideramos que la luz, que muchas estrellas emiten, puede llegar-al campo de nuestra órbita después de la muerte natural del globo que habitamos, y que la misma, que actualmente recibimos, puede muy bien haber empezado a cruzar los espacios infinitos muchos años antes de la creación de nuestro planeta. Si a esto se agrega el que tan distantes cuerpos no pueden menos de ejecutar perpetuos movimientos, inapreciables para nosotros desde el nacimiento de la Astronomía, a causa del tiempo que se debe suponer transcurrido para que pueda cualquier apartamento hacerse sensible a tan pasmosas distancias, habiendo notado tan sólo con cierta dificultad que el Sol de nuestro sistema con su cortejo sidéreo se dirige hacia el rumbo de la constelación de Hércules, y que gran número de estrellas pareadas ejecutan revoluciones mutuas; entonces y sólo entonces, al comparar la cortedad de nuestra vida y de nuestras facultades, podemos decir con el sabio Salomón: Vanidad de vanidades y de toda vanidad. El hombre, finalmente, es sobre nuestro planeta el objeto más digno de nuestra propia atención; dígalo su bella forma, la simpática armonía de ambos sexos, la facultad preciosa del lenguaje, el don inapreciable de la inteligencia, la sensibilidad exquisita de su alma, la eficaz voluntad de su poder, que imita el de la divinidad dentro de la esfera de lo humano. El hombre, en efecto dotado de conocimiento, sensibilidad y actividad, y con una aptitud admirable para las artes, imitando toda clase de movimientos sobre el terreno, nadando en el agua y aspirando volar por los aires; pudiendo por medio de sus sentidos y las facultades de su espíritu entrar en relación con todos los seres del universo bajo condiciones dadas; ha descubierto los metales, ha modificado el terreno, cultivando las plantas, aumentando su número: ha domeñado y extinguido los animales dañinos multiplicando y variando los provechosos; ha combatido los elementos; ha obligado a todos los seres naturales a prestarse a las creaciones humanas del arte y de la industria; ha penetrado en el polo, finalmente, y se ha elevado hasta los límites del inaccesible espacio. Así ha conocido, desde su humilde morada, toda aquella parte del universo que alcanza su mirada, marcando las leyes de los movimientos planetarios y prediciendo los fenómenos del mundo sidéreo, y cultivando además su inteligencia, estudiando su propia historia, consignándola por la prensa, y meditando acerca de Dios y de su infinita Providencia, ha

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merecido cada vez mĂĄs llamarse imagen y semejanza del Eterno, porque ha podido decir: ÂĄGloria a Dios en las alturas, y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad! Regresar a Ă­ndice.

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CAPÍTULO XII EXPLICACION DE LA PIEDRA ANGULAR IMPROPIAMENTE LLAMADA CUBICA DE PUNTA

Ha llegado el, tiempo en que debe desenvolverse la ciencia masónica, cuyos principios se indican desde el primer grado, y debieran quedar perfeccionados en el tercero, no explicándose en éste, o no entendiéndole algunos, nos determinamos a entrar en algunos detalles para la inteligencia de las láminas que siguen. Esta piedra angular, el gran jeroglífico universal y la cruz filosófica, son las bases del arte masónico. El cuadrado formado debajo del triángulo del costado izquierdo de esta piedra, contiene una división de cien casillas las veintiséis primeras encierran la división de las letras jeroglíficas, otras veintiséis las itálicas; cuatro los jeroglíficos compuestos; doce casillas, los caracteres vulgares jeroglíficos y otras doce los caracteres vulgares itálicos, y en las diez y seis casillas restantes que completan este cuadro se observarán los números desde el 1, hasta el 10 y 20, 30, 40, 50, 60, 70 según se escribieron en su origen. En el triángulo o capitel que está sobre el cuadrado de esta cara, se observará la llave por medio de la cual se formaron las letras. Los dos niveles en sus lados demuestran que los talentos y virtudes elevan al hombre desde la clase tosca u ordinaria hasta nivelarse con los más grandes de la Tierra. En la composición del frente de esta piedra, hay una división de 81

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casillas, (cuadrado de 9) en los cuales se hallan encerradas las palabras misteriosas de la Masonería, y en las diez y seis de su capitel o triángulo una sola palabra sagrada compuesta de tres. Para leer lo que contiene este cuadrado se empezará por la T que está en la parte inferior en la primera casilla, primera línea a la izquierda: luego la U que está encima de la primera casilla de la segunda línea, la cual forma la primera sílaba de la palabra paso de Apdiz en el Rito Francés y de la de maestro escocés, se toma la B en la segunda casilla en la primera línea, sigue la A de la primera casilla en la tercera línea; se baja sesgando la tercera casilla de la primera línea, y así las demás, etc. Debe de advertirseque las dos letras Th se hallan en posición de la T por la cual se principió. Las diez y seis casillas triangulares del capitel forman reunidas en un triángulo o delta, emblema de la Divinidad según los Egipcios: en ésta es en donde está 'colocado el tetragrama de la palabra nominal de Jehová: esto nos anuncia que todo es divino en las ceremonias masónicas; adorar un solo Dios y jamás perderle de vista en todas las acciones de la vida. Pasemos a otros detalles que se unen a la ciencia y que debieran explicarse en los grados simbólicos, sobre todo la GEOMETRÍA, porque ella es la que conduce a los conocimientos más abstractos. Los antiguos iniciados nos han trasmitido la ciencia del cálculo, cuyos conocimientos deben anteceder a la Geometría, por lo que la llave de los números se observará trazada en el costado derecho de la PIEDRA compuesta de un cuadrado perfecto, cortado en cuatro partes por una línea perpendicular, otra horizontal, y por dos diagonales tiradas de uno a otro ángulo, y que dividen el cuadrado en ocho partes triangulares iguales; en esta figura se encuentran los diez números desde el 1 hasta el 0. Por el dibujo de estos números se observará que todos eran angulares en su origen, y que a medida que los pueblos se han perfeccionado, han dado a estos caracteres una forma más agradable redondeando sus líneas. El conocimiento de la Geometría condujo a nuestros antepasados al estudio del mundo habitado; conociendo su inmensidad e intentaron penetrar su bóveda azulada; se dedicaron al estudio profundo de las matemáticas, que sólo eran conocidas en la antigüedad por los iniciados en los misterios de segundo orden. Esta ciencia los condujo a desenvolver, con corta diferencia la organización de la naturaleza, observando el curso de la Tierra, en aquel tiempo el del Sol, el de la Luna, y el orden periódico de las estaciones. La composición de este costado derecho nos representa los antiguos sistemas; los tres círculos y el triángulo son las cuatro regiones presumidas

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alrededor de la Tierra, se descubren los 4 puntos cardinales, Oriente, Occidente, Mediodía y Norte, los cuatro cuadros sirvieron de ángulos de división para las estaciones dando la cuarta parte del año solar. (Véase la numeración de la explicación de la cruz filosófica y oriental). Los Magos observaron con atención la naturaleza, y esta observación los condujo a investigar la esencia de ella en su composición: la inmensidad del fluido y el aéreo lleno de sus fuegos, los consideraron otros tantos soles pequeños que después llamaron estrellas. El poder del aire sobre todas las substancias y la unidad de acuerdo con las leyes orgánicas; las maravillas de la naturaleza, les admiraron e intentaron conocer los principios vivificantes, alma de la naturaleza y reconocieron por sus trabajos la Divinidad; el solo principio de la conservación y de la organización universal; adoraron al Ser Supremo en todas las producciones de la tierra, y se creyeron sus obreros, pero ocultaron a los pueblos las verdades que habían descubierto, dando diverso sentido a los emblemas que manifestaban a los ojos del público. Descompusieron la materia; el Sol (el fuego) el azufre y el mercurio, les parecieron ser los principales constituyentes, y éstos formaron el triángulo que se hizo un principio de culto y emblema del gran motor de los seres animados. Dios, que los hebreos llamaron Jehová la verdadera alma de la naturaleza y colocaron este triángulo en el centro de diversos círculos y cuadros para indicar el principio vivificador que extiende sus ramificaciones sobre todas las cosas de la creación. La cuarta y última cara o parte posterior de esta piedra, la llamaremos el gran triángulo; todos los jeroglíficos que decoran su capitel son los que empleaban en el estudio de las matemáticas después de numerosos años, con los cuales los sabios hicieron otros descubrimientos interesantes que se hallan indicados en esta cuarta cara, representándonos un gran círculo dividido en 360 grados que la Tierra recorre periódicamente en las 24 horas del día; en este círculo se distinguen tres triángulos que forman 27 casillas en el cual están trazados en el orden invariable, todos los principios conocidos. Para conocer bien este lado es necesario principiar por el triángulo del centro, llamado el gran todo que nos representa la Divinidad, o el espíritu de la naturaleza. Desde este punto central admiramos con asombro las maravillas que nos rodean sobre el vasto universo. El espacio inmenso de la bóveda azulada, condujo al hombre a estudiar la naturaleza en todas sus partes y conocer el movimiento de los cuerpos celestes. Descompuso la luz y encontró tres colores principales: el encarnado, el amarillo, y el azul, los colores intermedios o binarios, son formados de la mezcla de los primitivos, por ejemplo el colorado y el 83


amarillo producen color de naranja, el amarillo y el azul producen verde, el azul y el encarnado producen violeta. El blanco no lo creyeron color sino la Luz, así como el negro, las tinieblas, la muerte, el caos; otros descubrimientos les proporcionaron el conocimiento, de los tres reinos, el animal, el vegetal y el mineral, y creyeron que el globo estaba compuesto de una materia espesa de tierra mezclada con agua y sal: sus obervaciones les hicieron conocer la infinidad de la naturaleza en su continua y perpetua renovación, así como todo el poder de la Divinidad, de la cual el Sol fue mucho tiempo el símbolo, por la influencia que tiene en la vegetación en general; los primeros pueblos le reconocieron como un Dios eternamente benéfico. Ensanchando el hombre el círculo de sus conocimientos quiso medir las superficies, observó la necesidad de señalar un punto de partida que debía de conducirle a otros; éste le dio la línea, y laslíneas los ángulos, con los que logró hallar exactamente la superficie en general y el cubo de los diferentes cuerpos; lo mismo hizo con el tiempo y logró conocer y determinar su división; admiró la perfección de algunos cuerpos, así como la deformidad de otros, y formándose la idea de la proporción, vio que la materia era blanda o dura y formó idea de la solidez de la una con la debilidad de la otra para la construcción; la necesidad de sustentarse le obligó a cultivar la tierra, y de aquí tomó principio la AGRICULTURA, la de albergarse de las injurias del tiempo; y para librarse de los animales feroces, le obligó a construir cabañas y produjo la arquitectura que la vanidad perfeccionó con el tiempo. La vista del conjunto celeste animó la curiosidad del hombre y lo condujo a la Astronomía, esta ciencia puesta en práctica por los Magos, que anunciaban la llegada de los eclipses y cometas, añadió mucho a los misterios de la religión y dio principio a la Metafísica; el viento, el granizo, el trueno, los relámpagos, los rayos, el calor y el frío le incitaron a conocer la substancia del aire, y produjo FÍSICA probándose que el fuego y el aire existían en todas las materias que componen el globo. Penetrado de estas verdades estudió la materia en general; tomó los vegetales y minerales, y buscando el conocimiento de sus propiedades halló el método de descomponerlos y llegó a la Química que sirvió para establecer la medicina admitiendo las dosis bienhechoras y extrayendo las que pudieran ser contrarias o perjudiciales, y . la superstición introdujo la proporción de las partes combinadas con las cuales suponían producía un gran bien para la curación de los enfermos. Los Magos practicaron la ciencia de Esculapio, y adquirieron por este medio mayor veneración de parte del pueblo que muy frecuentemente los creía semidioses y aun les rindieron homenaje.

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En los cuatro ángulos o esquinas del cuadrado se ven las artes que están operando en la naturaleza, la voz y el sonido nacidos con el hombre, así como en los animales, y el canto de los pájaros, dio la armonía que después llamaron música, y poniéndola en palabras dio la Elocuencia y ésta la poesía que empezaban para cantar la gloria de Dios y de los héroes. Entre las piedras que la naturaleza había formado, encontró el hombre semejanza con los seres animados y con estos hicieron sus Dioses penales; con el tiempo esos objetos de barro y madera fueron perfeccionándose y esto fue el origen de la escultura, y al mismo tiempo las sombras de los objetos, el dibujo y los colores de la tierra, el carbón y el colorido dieron nacimiento a la pintura que tanto nos lisonjea hoy la vista por la ilusión. Los planetas que decoran el triángulo del capitel anuncian la antigüedad de los grandes personajes que gobernaron la tierra, los cuales fueron colocados en el cielo por los mismos que los habían admirado. El Sol primer influjo de la luz celeste, por Apolo Dios de la luz, de las ciencias y de las artes; la Luna luz de reflexión de segundo orden, por Diana hermana y mujer de Apolo; Marte por Dios de la guerra y de los combates presidía tas batallas; Mercurio por el intérprete de la luz divina; Júpiter por Dios del fuego y del poder divino; Venus por la Diosa de las gracias, madre del amor y la fecundidad; Saturno por Dios del tiempo que se destruye y renueva todos los días, el día que huye tras nosotros. Los antiguos nos lo representan devorando a sus hijos. Los colores que distinguen a cada uno de los planetas son los que los antiguos les habían asignado según los metales con que los representaban. Los atributos que también adornan los lados del capitel nos anuncian los sacrificios y las abluciones que se practicaban en el culto de la antigüedad y cuyos usos se conservan en gran parte. Sobre la parte superior del cuadrado de esta casa se ven trazados dos arcos de círculo que demuestran el principio de la Divina naturaleza, hallándose todo en ella sometido a una organización y a una marcha periódica, que nos anuncia un motor que trae veneración, y nos obliga a pensar que nada puede ser superior a él. La estrella refulgente nos demuestra el simbolismo de los tres poderes de la Divinidad, y se halla trazada sobre la parte superior de la piedra, cuya altura nos anuncia por el cielo, mansión eterna de la Divina Providencia adorada por los masones bajo el título de G A D U (Datos recopilados por José Díaz Carvallo) Regresar a índice.

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CAPÍTULO XIII DESCRIPCION DEL GRAN JEROGLÍFICO

Este jeroglífico tiene la forma de un triángulo equilátero, la primera y más sencilla de las figuras rectilíneas regulares y que se sabe ha sido empleada por los pueblos de la antigüedad para designar el fuego generador. Si se corta cada lado del triángulo en tres partes iguales y se unen todas las líneas de intersección, se hallará dividido en nueve pequeños equiláteros iguales: en el dibujo sólo se distinguen tres, que ocupan los tres ángulos del gran triángulo: el espacio que se halla entre éstos forma un hexágono regular en los ángulos del cual salen trazados en jeroglíficos seis planetas.

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En este hexágono está inscrito un círculo formado por la borla anudada (houppe dentelle y vínculum commune) con nueve nudos cuyo cuadrado ochenta y uno, es el número que expresa la última de las suputaciones o cálculos masónicos. En lo interior de este círculo, emblema de la perforación, está trazado el GRAN JEROGLÍFICO DE LA NATURALEZA, que hacía la base de los misterios de las iniciaciones, y las cosmogonías de los dioses de la antigüedad, sobre el cual se apoya igualmente el grado de maestro, el primero y el más importante, y EL SOLO POR EL CUAL este arte sublime se adhiere a la doctrina de los antiguos. Se ven a los lados de las dos columnas B y J con los detalles explicados en la Biblia: sobre sus capiteles y los globos de una y otra parte se considera puesto un plomo o perpendicular, de suerte que su base, los contornos exteriores de las columnas y la base de la pirámide de que se hablará, forman un cuadrado perfecto inscrito en el círculo, y la serie de las figuras geométricas presenta un triángulo equilátero que designa la unión para la formación de los mixtos, y su cuadrado la reducción de los mixtos en sus cuatro elementos para operar la generación. Entre columnas se eleva una pirámide cuya altura es igual a su base, pues que está inscrita en un cuadrado, semejante a la gran pirámide de Egipto; tiene como su modelo ciento ocho escalones. Esta pirámide derecha, y blanca es en hebreo: aret hachain (Tierra viventium). Está pintada irregularmente, es decir; que el color va disminuyendo desde la parte inferior a la superior, para manifestar que las emanaciones groseras o toscas y terrestres se purifican elevándose hacia las regiones superiores. Delante de esta pirámide y a la mitad de su altura, es decir, desde la línea que hace el medio del cuadro, se ve otra pirámide negra vuelta hacia abajo y cortada, en la cual se manifiesta la imagen de la muerte; allí debe verse; aret schel (terra sepulcri). Esta pirámide está delante de la primera para mostrar que la muerte es la puerta de la vida; que la destrucción de los seres, es decir, la separación de sus partes constituyentes, su fermentación y su disolución, pueden solas operar la generación de nuevos individuos, y que sin ellas no puede haber reproducción alguna. Nisi granum frumento cadens in terra mortum fuerit, ipsum solum manet. Si auten mortum fuerit. Multum fructum adesto. Esta importante verdad fue la que formó la base de todas las cosmogonías simbólicas, las cuales no son otra cosa: que una pintura alegórica de la generación universal y perpetua de los seres; y para consagrarla para siempre se constituyeron los misterios y ritos fúnebres Occesit

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confinnim mortis (dice Apuleo) ete calcat proserpina limine pro omnia vectus elementa remeavit. Es a esta física a la que se debe el sistema moral o simbólico de la regeneración, objeto fundamental de las instituciones de todos los siglos. El espacio que separa la hoppre dentelle, o vínculo común del hexágono, es blanco, la bordadura azul de los tres costados superiores, y encarnado en los inferiores, alusión que no es difícil de comprender; el vínculo común tiene su color amarillo el área o espacio del círculo es verde, color del maestro perfecto y el emblema de la vida de las columnas de bronce. La pirámide derecha es de mármol blanco. Se ven, además, en su color natural, una calavera atravesada con una rama de acacia. De esta cabeza de muerto salen tres rosas (otro símbolo de la reproducción). Estas tres rosas son: la una de oro, su raíz y el corazón de púrpura; la otra de plata, raíz, tallo, y corazón azul y la otra blanca, con el tallo y corazón negros y hojas verdes. Estos emblemas serán fácilmente conocidos por los filósofos herméticos. Detrás de la pirámide y el sepulcro se eleva sobre un gran candelabro, semejante al cirio pascual, una preciosa luz sol terrestre, manantial inagotable de la vida; ella es la imagen de esta partícula inalterable que sirvió a la organización de la materia; es decir la semilla aquella chispa del fuego incredo que libre de sus lazos por la separación de las partes constituyentes del mixto, se precipita en el seno de una materia fecunda y da la Vida a un nuevo individuo. Además sobre el diámetro entero del hexágono, se ve desde el Mediodía al Norte, una grande aguja tocada a la piedra imán. Ella es el emblema de este fluido universal, lazo común de la naturaleza que encadena todos los cuerpos, produce todos los fenómenos de atracción, de repulsión, de afinidad y de simpatía, los cuales por no ser bien conocidos se han supuesto tantas verdades ocultas; fluido que, sin duda, no es otra cosa que una modificación del fluido ígneo generador, que llamamos vulgarmente fluido eléctrico. El alma universal, manantial de la vida de todos los seres, la animación de los tres reinos y de los mundos, es según los filósofos herméticos, luz, calor, electricidad, magnetismo terrestre, inteligencia y movimiento, efectos todos supremos, sometidos a una misma causa. El frotamiento de donde proviene el descubrimiento del fluido eléctrico, produce al mismo tiempo la electricidad y el calor, y en su, punto exterior, la luz; tres efectos que tienen una naturaleza común, puesto que es una misma causa la que los engendra. Que la electricidad sea un agente universal es la teoría que ha venido a renovar, aunque con algunas modificaciones la creencia antiquísima en el alma del mundo; es una fuerza que mantiene el equilibrio físico y químico del

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universo; que aglomera los átomos del reino mineral, formando con ellos cuerpos de propiedades distintas; que desarrollando en el seno de la tierra el diminuto germen, hace producir en el reino vegetal algunas plantas como los micos, cuya organización ha habido filósofos que la han hecho comparable a la del reino animal, y que en nuestra organización trasmitida por los sentidos, efluvios, activos llega a ejercer su influencia aun en los cuerpos extraños, produciendo sorprendentes efectos resdomáticos y catalépticos. De esto viene a deducirse, que el mundo y el hombre físico, son un punto eléctrico, y que la ciencia es como la varita de 'Moisés, que constantemente está pidiendo milagros, sin que por concederlos se debilite ni se agote su virtud incomprensible. Solo así se comprende cómo un cuerpo humano frotado puede ocasionar la muerte a otro casi sin tocarlo, y sólo así se comprende también cómo una pobre muchacha en el país del espiritualismo, haya hecho creer a personas de la más alta nombradía científica, que con solo un esfuerzo de su voluntad, ponía en movimiento los muebles más pesados, trasmitiéndoles una virtud vital capaz de ser interrogados. Si regamos sobre algún papel alguna marmaja y dejamos descansar sobre ellas poco a poco un imán de varios polos consecuentes, se nota que aquella se adhiere sobre éste en cantidades diversas. En este hecho físico conocido por los griegos en Magnesia, pueblo de Lidia, hace más de veinte siglos ha venido a comprobar en estos últimos tiempos, que de este modo es como su primitivo tiempo se han formado las grandes minas y aun los más delgados filones, bajo una acción galvano-eléctrica pues en todas ellas se nota el par negativo y positivo, como si fuera hembra y macho, remarcándose en algunas la diferencia de metales, separados por un filón de lama, y aun por un reliz delgado. El magnetismo en los haces permanentes, es producido por la electricidad, y aun esta última se debilita notablemente con alguna anticipación al momento en que se verifica un temblor, por muy poco sensible que éste sea. Después de un temblor nuestros cabellos se hallan tan electrizados, que al tocarlos suavemente con la mano truenan como el pelo de los gatos al frotarlo. Hase observado también en el magnetismo, que en ciertas horas del día disminuye su potencia atractiva e invisible volviendo después a su estado natural de tensión. Ese fuego hermético y filosofal, mirado como el artista maravilloso de la metamorfosis -más singular del mundo físico, ese taumaturgo, poderoso, único agente que pudo cumplir la trasmutación de los metales, no es otra cosa que la electricidad penetrándolo todo, animando todos los cuerpos físicos, y que reconocían los antiguos, como las más extraordinarias de las cualidades ocultas de 89


la naturaleza. Decían que ese fuego generador del fuego ordinario que produce la luz y la llama, es una esencia universal visible o sensible: universal, porque es el alma del mundo que vivifica; visible, en su segundo desarrollo; la luz, sensible en su tercer desarrollo, el calor. Hoy se pretende, como si estuviera probado por la experiencia, que el magnetismo y la electricidad son una sola cosa. Para el magnetizador el color del fluido excéntrico, es el de la chispa eléctrica. Sin embargo, el conde de Szampray, en su Magnetoterapia, establece una diferencia. Considera al hombre como una máquina electro-magnética: la electricidad corre en la sangre, el magnetismo en los nervios es el fluido nervioso. Todas las funciones del alma se operan por el magnetismo; todas las desorganizaciones por la electricidad, renunciando a la teoría del fluido magnético en los nervios y en la de las corrientes eléctricas en la sangre, y en los órganos, no se explica uno, dice, el mecanismo de las funciones de la máquina humana y de sus órdenes. Según este autor, las enfermedades provienen de una lucha de la electricidad superabundante con la fuerza magnética, de ésta con la electricidad. Las personas en quienes domina el magnetismo, sienten temblores, son difíciles de calentar, y solo con gran trabajo se opera una frialdad en las personas dominadas por la electricidad. La principal corriente magnética corre del cerebro a las cavidades del estómago y de allí al cerebro, la primera corriente tiene lugar durante el día, por el movimiento del cuerpo y la segunda de noche por el sueño. El estómago y el cerebro están en una relación continuamente sostenida la una por la otra, por esto es que si se siente una impresión demasiado viva, por ejemplo un temor súbito, se toca involuntariamente la cabeza y el estómago, para volverle el fluido retirado pronto. Este movimiento oscilatorio en el magnetismo del hombre que tiene sus polos de afinidad con su semejante la infatigabilidad del cuerpo viene de la actividad espiritual que hace remontar el fluido magnético a su curso. La fuerza magnética viene del Sol, penetra la Tierra y vuelve a salir, y de este encuentro o frotamiento de su propia fuerza, nace el calor. De la absorción y de esta emisión de la Tierra resulta-la descomposición química y el acrecentamiento de los cuerpos que se encuentran en ella; del calor físico resulta la vegetación. La Luna tiene una influencia eléctrica "destructiva putrificante". Disminuye la fuerza magnética del Sol, causa el sopor en los sonámbulos, inquieta y turba a los enfermos. Pasemos ahora a los, pequeños triángulos; ellos están unidos a los tres mundos distinguidos, por los filósofos antiguos, y designan al mismo tiempo las diversas aplicaciones que se han hecho del sublime arte de la masonería. 90


El triángulo de arriba representa el mundo, Archelino, y por consiguiente se refiere o hace relación a los iluminados sectarios de Swedenborg Co. El fondo es de púrpura, en el ángulo superior un segmento de círculo resplandeciente, indica el inagotable foco o punto céntrico de la luz celeste increada el Iod, pentagrama de la divinidad, y más abajo la palabra ausopt (non finis). Esta luz inagotable fluye hacia las partes inferiores, y va siempre divergente o separándose a proporción que se aleja de su foco. Por debajo del segmento del circulo se ve un templo con bóveda en forma de media naranja, el cual deberá subir por 21 escalones; está sostenido por tres columnas torcidas, sobre las cuales se leen las letras S. F. B., sabiduría, fuerza, belleza. Estas tres columnas son emblemas de la trinidad o triada increada, de la triple esencia de todas las cosas; la primera encarnada, la segunda blanca y la tercera azul. Más abajo se ven los dos grandes principios de toda generación, el agente y el paciente, el macho y la hembra, Sol y Luna. El Sol representa la luz creada, éste presta a la Luna sus rayos fecundados, y los dos unen sus semillas al producto de la unión. La Estrella Flamígera, hija del Sol, es Horus, materia o semilla universal de todos los seres; ésta está colocada en lo anterior del círculo, y forma un triángulo equilátero con el Sol y la Luna, y se apoya sobre la cima de la pirámide descrita: en medio de esta estrella se ve la letra G cuya parte curva es blanca y la derecha negra, porque esta letra es por su forma el emblema de la unión de la materia al espíritu; es decir, el fuego generador. Sobre las puntas de la estrella está en pentagrama de Jesús, verdadero signo de quinario o de la mónada, (ente invisible) creado en medio de los cuatro elementos generadores. El segmento, del círculo del foco inagotable, el Sol (la Estrella Flamígera, la llama del cirio y la rosa de oro son la imagen del fuego o de la luz. Estos son los cinco soles distinguidos por los Misthografos de la antigüedad; a saber luz increada y creadora está designada por el segmento del círculo, la luz creada y generadora por el Sol, la semilla universal de todos los seres por la estrella flamígera, la semilla especifica y primordial que da nacimiento a cada mito por la llama del sirio; en fin la semilla segunda introducida en cada mixto, y que desprendida del caos de la putrefacción que da la vida a un nuevo ser de la misma especie y el primero .está indicado por la Rosa de Oro. En lo anterior del triángulo formado por el Sol, la Luna y la Estrella Flamígera, se ve el ojo egipcio; este jeroglífico tan común en las antigüedades de este pueblo, y del que se había descuidado su interpretación se compone del ojo propiamente dicho, ojo del bastón de Osiris, al cual se reúne el látigo o azote del mismo Dios. Este Jeroglífico que se sabe es como el sello de Osiris, presenta un emblema bien exacto del problema universal que lo ve todo; porque debajo del

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triángulo de púrpura se lee en hebreo el trigama de Dios Schaldai palabra sagrada del. Mas Teósofo y de otros muchos grados. Pasamos al segundo triángulo, que está debajo de la derecha de la plancha; es su fondo azul por hacer referencia al mundo celeste y a la masonería Escocesa y cabalística, el globo con las alas que se ve en lo alto; es aquel jeroglífico egipcio que representa el alma del mundo; este globo es azulado y las alas alternativamente encarnadas y pajizas, sobre el globo se lee Ropach Elohin (en hebreo espíritu de Dios) que lleva sobre las aguas, aclaró o desenredó el caos y separó los elementos. Por debajo se ve sobre el Ecuador un área (unidad de medida para las superficies) de la eclíptica. Esta figura designa la ingeniosa hipótesis del caballero de Louville y de Delormel que creyeron estar seguros de que la oblicuidad de la eclíptica sobre el Ecuador disminuía insensiblemente, suponiendo que esta oblicuidad era periódica y que en su período, de un número prodigioso de siglos, la elíptica operaba una revolución entera sobre el Ecuador. Se puede ver en que la misma obra de Delormel (el grande periodo de la Edad de Oro) la consecuencia de esta hipótesis para el origen progresivo de los pueblos de su civilización, de las religiones, de las ciencias, etc. Se observará que por encima de las dos columnas masónicas, están el Sol y la Estrella Flamígera. Estas dos columnas son el símbolo de la pureza y sobre ellas las letras A. S. (Amor Sabiduría) los dos grandes principios adoptados por Swedembour, y que no son más que las dos potencias generadoras el agente y el paciente, el macho y la hembra, observada que ésta fue la duplicidad de la naturaleza, reunida y la nómada creadora, y de esta androgeneidad primitiva hizo que los hebreos diesen a la divinidad los nombres plurales de Adonahí Elorinect. Todos los pueblos de la, antigüedad, consideraban al Dios supremo como Andrógino. (Hermafrodita). Entre las dos columnas está el sello o pentáculo de Salomón, figura apócrifa según algunos, pero consagrada por los cabalistas. Sobre los pedestales de las columnas se ven las tablas de la ley en medio de los fuegos del monte Sinaí y la Piscina otros emblemas de los principios generadores a derecha e izquierda de las columnas, está el candelabro de siete luces y el mar de bronce (otro símbolo de la misma especie) que pertenece como se sabe al Escocismo, aunque los designa sostenido por 12 bueyes. A los dos lados inferiores de este triángulo se ven dos figuras empleadas por los cabalistas para designar* el bueno y el mal principio; es decir Ornase y Arimane que otros les llaman por Anagrama, Si-Gamoro y Senamira. Estos dos

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principios no son otra cosa, más que los dos puntos extremos de la generación universal, la vida y la muerte, o el fuego generador y vivificante y el fuego consumidor y destructor cuyos dos fuegos no forman ni hacen más que uno solo. En la parte inferior del triángulo se ve una cifra que usaban los Jesuitas, el nombre de Dios y hombres; las diversas líneas rectas y curvas que forman esta monografía o cifra, designan las dos naturalezas de Cristo, y para hacer más sublime esta duplicidad, la cifra está pintada de blanco, la cruz de negro y el espacio intermedio de gris. Pasemos al último triángulo; éste designa el mundo elementario y se refiere por su fondo negro, a los elegidos y por sus atributos al Kadosch y a la Mas hermética. Se ve en lo alto del triángulo el tau o cruz de Asa pintada de azul, este jeroglífico egipcio es el emblema de la fecundación de los cuatro elementos generadores que muchos autores han tomado por la figura radical del Phalus. Por debajo de este signo está un templo con nueve bóvedas sostenidas en cada lado por otras tantas columnas, sobre esta bóveda están grabados los caracteres de los elementos y los de las principales operaciones herméticas: y sobre la puerta del fondo un frontis triangular está Jehová. Delante del templo hay un altar al cual se sube por 7 escalones (4 más 3) están pintados de los siete colores de la obra; sobre uno de ellos hay un puñal para manifestar que sólo abriendo los cuerpos se puede extraer la semilla, y también se refiere al Elegido. Sobre el altar hay un cáliz de oro, lleno de sangre, del cual sale una espiga de trigo; esta sangre está vivificada por un rayo de sol que pasa por un conducto hecho en la bóveda; y todo es un emblema hemético que no es difícil comprender. Más abajo está una cruz encarnada y una corona caída que designa suficientemente el Kadocismo y la famosa planta llamada Moly (parecida al ajo) cuyas tres raíces negras, las cinco hojas verdes, y las cuatro flores blancas, designan una parte de la filosofía hermética que trata del rejuvenecimiento y de la medicina universal. Para corresponder al Schaddai del Arquetipo (patrón modelo, dechado) y al nombre de Jesús, se han delineado en la parte inferior los nombres escritos, encarnados sucesivamente Dios, Jesús, Adam, que son las mónadas principales de las cuales la una es el generador, la otra el ser engendrado y fecundo, y la de medio del reparador, es decir la semilla destinada a perpetuar los seres. En la parte inferior del cuadro, al lado opuesto del triángulo y entre los

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pies del secuestro se ve un segmento de esfera sombrío y nebuloso que representa el caos y se lee: Tehomrabbah (abisus igen). Se habrá observado en la línea que la pirámide derecha manifiesta la exaltación de las partículas gaseosas y terrestres hacia la región superior, operada por aquella ascensión, lo mismo que la pirámide derribada, designa, la acción de las influencias celestes sobre las cosas inferiores y su descenso hacia la Tierra para operar la fecundación de los seres. También se habrá notado que la pirámide derribada representación o símbolo de la muerte, interrumpe o destruye su nudo del cordón (vinculum commune) pero que esta interrupción es muy pasajera, puesto que inmediatamente los lazos de la fraternidad vuelven a unirse. Téngase presente que todos los números empleados en este jeroglífico son simbólicos: su significación no es difícil de comprender por los que están iniciados en los misterios de la Francmasonería. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XIV LEYENDA DE LAS ESCALERAS Antes de proceder al examen de las más importantes leyendas míticas pertenecientes al grado de maestro, creemos que no dejará de ser interesante e instructivo el estudiar la única relacionada con el grado de compañero masón, es decir, la que se refiere al ascenso alegórico de las escaleras de caracol para llegar a la cámara del medio y recibir el simbólico pago del salario. Aunque la leyenda de las escaleras de caracol es una importante tradición del antiguo arte de la francmasonería, sólo se encuentra una alusión a ellas en las Sagradas Escrituras, la cual puede verse en el capítulo sexto del primer libro de los reyes, donde dice: "La puerta del aposento de en medio estaba al lado derecho de la casa; y, subíase por un caracol al de en medio, y del aposento de un medio al tercero. Con estos escasos y medrados materiales se ha formado una alegoría, cuya belleza trascendental se descubre estudiando sus relaciones simbólicas. Sin embargo, esta tradición sólo debe estudiarse como símbolo, porque los hechos históricos y los detalles arquitectónicos que se encuentran en ella, nos impiden suponer que la leyenda, tal como se enseña en el segundo grado de la francmasonería, sea algo más que un magno mito filosófico. Investiguemos el verdadero objeto de esta leyenda y aprendamos la lección de simbolismo que trata de enseñar. Al investigar la verdadera significación de todo símbolo y alegoría masónicas, debemos guiarnos por el único principio de que el objeto de la francmasonería especulativa es investigar la verdad divina. A este objeto fundamental se supeditan todos los demás. Desde el momento en que el francmasón recibe la primera iniciación hasta que logra disfrutar plenamente de la luz masónica, es un investigador, un trabajador de las canteras del templo, cuya recompensa es la verdad. Todas las ceremonias y tradiciones de la orden tienden a este objeto último. -¿Qué luz hay que buscar en la orden? La luz intelectual de la sabiduría y de la verdad. ¿Qué palabra ha de perseguirse? La palabra que es el símbolo de la verdad. ¿Se ha permitido la pérdida de alguna cosa? Esta pérdida simboliza el fracaso humano en descubrir la verdad, debido a la flaqueza de su naturaleza. ¿Existe algún sustituto de esta pérdida? Una alegoría que nos

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enseña que, en este mundo el hombre sólo puede tener una idea aproximada de la verdad. De ahí que en la francmasonería exista la evolución, simbolizada en sus ceremonias iniciáticas. En ellas se avanza desde lo inferior a lo superior — de las tinieblas a la luz—, de la muerte a la vida, del error a la verdad. El candidato asciende continuamente; nunca se estaciona, ni retrocede, pues cada paso que da le produce nueva iluminación mental: el conocimiento de una doctrina más elevada. La doctrina de la francmasonería es la misma que la del divino maestro cuando dijo. "El hombre que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no entra en el reino de los cielos", lo que nos recuerda el precepto de Pitágoras: "No mires hacia atrás cuando viajes, porque si tal haces te acompañarán las furias". Ahora bien, este principio de simbolismo masónico se encuentra en muchos lugares de todos los grados. En el de aprendiz se desarrolla en la escalera teológica, que, descansando en la tierra, llega hasta los cielos. De esta manera se inculca la idea del ascenso de lo inferior a lo superior, como objeto de la labor masónica. En el grado de maestro toma forma más religiosa, encontrándose en la resurrección, en el cambio de la oscuridad de la tumba al santo de los santos de la divina presencia. Este principio se encuentra también en la ceremonia de circunvalación de todos los grados, en la cual se verifica una inquisición gradual, pasando desde el jefe inferior a los superiores. Y, por último, esta idea simbólica se expone en el grado de compañero en la leyenda de las escaleras de caracol. Al investigar el simbolismo de las escaleras de caracol, ha de buscarse su explicación en relación con su origen, número de objetos que recuerdan y terminación, pero sobre todo estudiando su objeto fundamental, consistente en la evolución ascendente. Dícese que las escaleras de caracol comenzaban en el pórtico del templo, es decir, en la misma entrada; pero en la ciencia del simbolismo masónico no hay cosa de que se dude menos de que el templo es la representación del mundo, purificado por Shekinah. El mundo profano es el exterior del templo; el de los iniciados se encuentra dentro del recinto de sus muros. De ahí que las frases entrar en el templo, pasar al pórtico, hacerse francmasón, y nacer en el mundo de la luz masónica, sean sinónimas. Aquí es donde comienza el simbolismo de las escaleras de caracol. Cuando el aprendiz traspasa el pórtico del templo, empieza a vivir

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masónicamente; pero el primer grado de la francmasonería, así como los misterios menores de los sistemas antiguos, no sirve sino de preparación o purificación para elevarse a grados superiores. El aprendiz es a manera de un niño, y las lecciones que recibe purificaran su corazón y le preparan para encontrar la iluminación mental en los grados siguientes. Al llegar a compañero masón el aspirante ha avanzado un paso más, y como este grado simboliza la juventud, en él empieza su educación intelectual. Y es aquí, en el lugar que separa el pórtico del santuario, donde termina la infancia y comienza la juventud donde encuentra ante sí una escalera que le invita a subir, y le enseña que debe comenzar a realizar su labor masónica y emprender las gloriosas y difíciles investigaciones que le han de procurar la posesión de la verdad. Las escaleras de caracol empiezan cuando el candidato ha entrado en el pórtico, entre las columnas de la fuerza y de la fundación, como símbolo significativo de que tan pronto como haya pasado los años de la infancia y comenzado su vida de hombre, debe tener siempre ante sí como primer deber la tarea ardua del mejoramiento personal. Si quiere ser, digno de su vocación no puede permanecer quieto; su destino de ser inmortal le obliga a subir paso a paso hasta alcanzar la cumbre, donde le esperan los tesoros de la sabiduría. El número de peldaños es siempre impar en todos los sistemas. Vitruvio dice que a los templos antiguos se llegaba siempre por escalones impares, y cree que se hacía así porque, comenzando a subir el primer peldaño con el pie derecho, el devoto entraba con el mismo pie en el templo, lo cual se consideraba de buen presagio. Pero lo cierto es que los francmasones tomaron el simbolismo numérico del sistema pitagórico. En este sistema en el que se creía que los números más perfectos eran los impares, jugaban un papel importantísimo en el simbolismo. Por esta razón, predominan los impares en el sistema francmasónico, y mientras que los números tres, cinco, siete, nueve, quince y veintisiete son símbolos importantes, raras veces se habla del dos, cuatro, seis, ocho o diez. Por tanto, el número impar de peldaños simboliza la idea de perfección, a la cual debía de tender el aspirante. El número de escaleras ha variado según las épocas. Se han encontrado . trazos de arquitectura o carpetas masónicas el último siglo en que sólo se habían dibujado cinco escaleras, y otros en que éstas ascienden a siete. Las conferencias prestonianas, leídas en Inglaterra a comienzos del siglo XIX, fijan en treinta y ocho el número de peldaños, dividiéndolos en series de una, tres, cinco, siete, nueve y once. El error de poner un número par de escaleras, con el que se violaba el principio pitagórico de los números impares como símbolos de perfección,

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se corrigió en las conferencias de Hemming, las cuales se adoptaron cuando se verificó la unión de las dos grandes logias de Inglaterra, desechando también el once por suponer que se explicaba de forma sectaria. En los Estados Unidos se redujo su número a quince, dividiéndolos en series de tres, cinco y siete. Nosotros adoptaremos esta división americana cuando expliquemos el simbolismo, si bien el número particular de peldaños, o el método peculiar de su división en, series no afecta para nada al simbolismo general de la leyenda. Así, pues, en el segundo grado de la francmasonería el candidato representa al hombre que comienza la jornada de la vida, teniendo por tarea el perfeccionamiento de su ser. Para que pueda realizar este trabajo se promete recompensarle con desarrollar todas sus facultades intelectuales, la elevación espiritual y moral de su carácter, y la adquisición de la verdad y de la sabiduría. Ahora bien, el logro de esta condición moral e intelectual supone la sublimación del carácter, el ascenso desde la vida inferior a la superior, el paso desde la fatiga y las dificultades; a la completa fruición de la sabiduría, empezando por enseñanzas rudimentarias. Tal es lo que simbolizan las escaleras de caracol, a cuyos pies permanece el aspirante, presto a escalar el fatigoso graderío, mientras que, en lo más alto, se ve "ese brillante jeroglífico que únicamente pueden contemplar los artífices" y que es el emblema de la verdad divina. Ya dijo un célebre autor que: "Estos pasos, como todos los símbolos masónicos, son ejemplos de disciplina y de doctrina, así como de ciencia metafísica, natural y matemática, y nos abren las puertas para hacer una extensa investigación especulativa y moral". El candidato comienza el fatigoso ascenso incitado por su amor a la virtud y su deseo de conocimiento, ávido de la recompensa de verdad que se le ofrece. En cada división hace una pausa, para reunir las enseñanzas del simbolismo que le llaman la atención en ella. Durante la primera pausa se le instruye en la organización peculiar de la orden de que es discípulo; pero si las enseñanzas que entonces se le dan se tomaran en sentido literal no merecerían esfuerzo alguno. El rango de los jefes directores y los nombres de los grados de que consta la institución, no le proporcionan conocimientos que no pudiera poseer antes. Por tanto, el valor representativo de esta parte de la ceremonia, debe buscarse en su significación simbólica. Cuando se explica al aspirante la organización de la orden masónica, es para que tenga presente la unión de los hombres en sociedad y la formación del estado social surgido del estado de naturaleza. Por tanto, al comenzar la jornada se le invita a que medite en los beneficios que produce la civilización y en los

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frutos de virtud y sabiduría que se cosechan en esta condición. La misma francmasonería no es más que un producto de la civilización, que ha servido para extender esta condición de humanidad. Todos los monumentos, han sobrevivido a los percances de la historia demuestran que el hombre comenzó a organizar misterios religiosos y a separar lo sagrado de lo profano, valiéndose de una suerte de instinto divino, tan pronto como pasó del estado salvaje al social. Entonces se inventaron la arquitectura y todas sus artes afines para edificar moradas con qué protegerse contra las inclemencias del tiempo y las vicisitudes de las estaciones; y por último, se ideó la geometría, ciencia necesaria para que los cultivadores del campo pudieran medir sus tierras y señalar el límite de sus pertenencias. Todas éstas, son las características peculiares de la francmasonería especulativa, la cual viene a ser el arquetipo de la civilización, estando la primera en la misma relación respecto al mundo profano, que la última con el estado salvaje. Por eso nos parece acertadísimo este simbolismo que comienza a cultivar la sed de saber y el ansia de verdad del candidato, primer paso de su escala ascendente, recordándole que la civilización y la unión social de la humanidad son pases necesarios para el logro de estos objetos. Valiéndose de nuestro lenguaje simbólico, revestimos la historia de la organización de la sociedad con el ropaje de las alusiones a los cargos de la logia y a los grados de la francmasonería. A medida que el candidato adelanta, se le invita a contemplar otras series de instrucciones. Los sentidos humanos, apropiados canales para recibir todas las ideas de percepción y que constituyen, por tanto, las fuentes más importantes de nuestros conocimientos, simbolizan en francmasonería el cultivo del intelecto. También se alude con ello a la Arquitectura como arte más importante en el bienestar humano, y no porque tenga relación íntima con la francmasonería operativa, sino por ser el arquetipo de otras artes útiles. Por eso en la segunda pausa que hace el candidato, cuando sube las escaleras de caracol, se le recuerda que es necesario que cultive el conocimiento práctico. Hasta este momento, pues, las instrucciones que ha recibido él, se refieren a su situación en la sociedad como miembro de la gran agrupación social, ya que para ser miembro útil y necesario en ella debe adquirir el conocimiento de las artes de la vida práctica. Pero su lema debe ser "Excélsior'': ha de seguir avanzando, porque todavía no ha alcanzado la cumbre de la escalera; aún le quedan tesoros de

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sabiduría qué buscar, y no ha logrado la recompensa, ni ha llegado a la cámara del medio, aposento de la verdad. Por tanto, al hacer la tercera pausa llega al lugar en que se explica el círculo completo de1a Ciencia humana. Sabido es que los símbolos son arbitrarios y que tienen una significación convencional, de modo que también podría haberse simbolizado al círculo de la ciencia humana por otro signo o serie de doctrinas que el de las siete ciencias y artes liberales. Pero la francmasonería es institución antigua, y el hecho de que eligiera como símbolo de todos los conocimientos humanos las siete ciencias y artes liberales es una de las pruebas más fecundas de la antigüedad. En el siglo séptimo y mucho tiempo después, todos los conocimientos de los más distinguidos filósofos y de las más célebres escuelas se contenían en las llamadas artes y ciencias liberales, que consistían en las dos ramas del trivium y del quatrivium. En el trivium se estudiaban la gramática, la retórica y la lógica; en el quatrivium, la aritmética, la geometría, la música y la astronomía. "La ciencia universal estaba contenida en estos siete títulos. Quien era maestro en ellos no necesitaba preceptor alguno que le explicase los libros o le resolviese los problemas que abarcaban la razón, pues el conocimiento del trivium le había dado la clave de todo lenguaje humano, y el del quatrivium le había descubierto las leyes secretas de la naturaleza", dice Enfield en su "Historia de la Filosofía" (vol. II, pág. 337). Estas dos palabras latinas, son verdaderamente clásicas; pero su significación es medieval. Para los romanos antiguos, trivium quería decir el lugar en donde se reúnen tres vías, y quatrivium, la encrucijada que forman dos caminos. Cuando hablamos de senderos de sabiduría, descubrimos el origen de la significación dada por los filósofos escolásticos a estos términos. El mismo autor dice que hubo un periodo en que bastaba conocer el trivium y el quatrivium, cosa que hacían pocos, para ser considerado como filósofo. Por tanto, la adopción de lo siete ciencias y artes liberales como símbolo de todos los conocimientos humanos, es atinadísima. Cuando el candidato ha llegado a este punto se supone que ha realizada la tarea para cuya realización entró en la orden, pues ha subido el último peldaño y está en condiciones de recibir la fruición plena de los conocimientos humanos. Hasta aquí podemos penetrar en el verdadero simbolismo de las escaleras de caracol, que representan el progreso de la mente investigadora en el cultivo del intelecto y del estudio, y la adquisición previa de toda ciencia humana, como paso preliminar para poder alcanzar la verdad divina, la cual se simboliza en francmasonería por medio de la PALABRA.

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Veamos ahora cual es el simbolismo de los números, presentados por primera vez al estudiante masón en la leyenda de las escaleras de caracol. Los masones tomaron de la escuela pitagórica de la teoría de los números como símbolos de ciertas cualidades. Sin embargo, no podemos tratar extensamente sobre esta doctrina, porque el simbolismo numeral de la francmasonería requiere un ensayo más amplio. Baste con advertir que el hecho de que el número total de peldaños-sea quince en el sistema americano, es un símbolo significativo, ya que este número era tenido por sagrado, JAH es quince; por eso hacían un poderoso talismán dibujando una figura en la que colocaban los nueve dígitos de tal forma que tanto las columnas horizontales como las verticales y las diagonales sumaban siempre quince. Por tanto, los quince peldaños de las escaleras de caracol simbolizan el nombre de Dios. Pero no hemos terminado todavía. Se recordará que se prometía una recompensa a quien lograra subir las escaleras de caracol. Ahora bien. ¿Cuál era el salario de los francmasones? No les daban moneda, ni trigo, ni vino, ni aceite, pues todos éstos no son más que símbolos. Su SALARIO era la verdad, o una aproximación de ella, apropiada al grado en que se les había iniciado. La doctrina de que los francmasones han de buscar siempre la verdad, sin lograr encontrarla jamás, es una de las más bellas y abstrusas de la ciencia del simbolismo masónico. Esta verdad divina, objeto de todos sus esfuerzos, se simboliza por medio de la PALABRA, de la cual todos sabemos que sólo se puede encontrar una palabra sustituta; con ello se trata de enseñar la humillante pero necesaria lección de que en esta vida no puede adquirirse jamás el conocimiento de la naturaleza de Dios y la relación del hombre con Él, cuyo conocimiento constituye la verdad divina. Este conocimiento únicamente se alcanza cuando las puertas de la tumba se abren ante nosotros y entramos en una vida más perfecta. ¡Cuán feliz es el hombre que desciende a las profundidades de la tierra, habiendo contemplado estos misterios! ¡Quien conoce el fin de la vida, conoce también su origen!, dice el padre de la poesía lírica. La cámara de en medio simboliza esta vida, donde únicamente puede darse el símbolo de la palabra, donde sólo se percibe un vislumbre de la verdad, y donde, sin embargo, aprendemos que esta verdad ha de consistir en el conocimiento perfecto del G A D U. En esto consiste la recompensa con que se premia al francmasón; se le pone en el camino de la verdad, pero debe viajar y ascender hasta lograr alcanzarla.

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De modo que la bella leyenda de las escaleras de caracol sólo debe estudiarse como símbolo, pues si intentáramos hacerlo como hecho histórico, los hombres cuerdos se reirían de nuestra credulidad. Quienes la inventaron no quisieron que creyésemos en su historicidad, porque cuando nos la ofrecieron como gran mito filosófico, no sospecharon ni remotamente que pudiésemos dejar a un lado las sublimes enseñanzas morales que encierra, para aceptarla como hecho histórico, sin sentido alguno y completamente en desacuerdo con los anales de las escrituras y con todo viso de probabilidad. Suponer que en el estrecho recinto de las cámaras del templo se pudiera pagar mensualmente a ochenta mil obreros es un disparate. Pero creer que toda esa representación gráfica de una ascensión al lugar donde se pagaban los salarios, por una escalera de caracol, es una alegoría que tiene por objeto enseñarnos la ascensión de la mente desde la ignorancia, a través de las fatigas del estudio y de la dificultad de obtener conocimientos, recibiendo ora un poco y después otro poco, añadiendo a cada paso algo al núcleo de nuestras ideas, hasta obtener la recompensa en la cámara de en medio, donde se confiere al intelecto culto el premio que le indica cómo ha de buscar a Dios y a su verdad —creer esto, decimos, es creer y conocer el-verdadero objeto de la francmasonería especulativa, único objeto digno de los hombres buenos, sabios y estudiosos. Los detalles históricos de la leyenda son infructuosos, pero en cambio, sus símbolos y alegorías son fértiles en enseñanzas. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XV LA PIEDRA FUNDAMENTAL La piedra fundamental es uno de los símbolos más abstrusos e importantes de la francmasonería, pues no sólo tratan de él las leyendas y tradiciones de los francmasones, sino también las de los rabinos, talmudistas y musulmanes. Hay que confesar que muchas de estas leyendas son completamente pueriles y absurdas; pero algunas, especialmente las masónicas, son interesantísimas por su significación alegórica. El símbolo de la piedra fundamental pertenece a los grados superiores, aparece por primera vez en el real arco, siendo el más importante de este grado; pero está tan íntimamente relacionado, por su historia legendaria, con la construcción del templo Salomónico, que puede considerarse que forma parte de la antigua francmasonería, aunque quien limite sus investigaciones al estrecho círculo de los TRES GRADOS PRIMEROS, no podrá apreciar debidamente el simbolismo de la piedra fundamental. Ante todo, y como preliminar al tema que vamos a estudiar, es necesario que distingamos la piedra fundamental de otras piedras que representan un papel importante en el ritual francmasónico, pero que son completamente diferentes. Estas piedras son: la piedra angular, que se colocaba en el ángulo noreste de la obra que se iba a edificar y de la que se trata en las ceremonias del primer grado; la clave del arco, que constituye una parte interesante del grado de Mark Master; y, por último, la piedra de albardilla, en la que se funda todo el ritual del grado de muy excelente maestro, Todas ellas son altamente interesantes e instructivas, pero no tienen relación alguna con la piedra fundamental ni con su simbolismo. Aunque se dice que la piedra fundamental tiene forma cúbica, no debe confundirse con la piedra que los francmasones del continente conocen con el nombre de piedra cúbica, la pierre cubique de los franceses y la cubik stein de los alemanes. La piedra fundamental tiene su historia legendaria y su significación simbólica distinta que las de las demás piedras. Primeramente vamos a definir esta piedra masónica fundamental; luego, comparemos las leyendas que a ella se refieren, y, por último, investigaremos su significación como símbolo.

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Al empezar esta investigación entiéndase que todo cuando digamos sobre la piedra fundamental se ha de tomar en sentido mítico y alegórico. El doctor Oliver ha estudiado esta piedra como si fuera realidad substancial, a pesar de que sabía que no era sino un símbolo. De ahí que, si los lectores de las Historical Land-marks y de sus demás obras toman sus palabras al pie de la letra, encontrarán absurdos y puerilidades, cosa que no ocurriría, si la piedra fundamental se estudiase como un mito filosófico que encierra y guarda profundo y bello simbolismo. Leyéndola bajo este punto de vista, desde el cual deberían leerse todas las leyendas masónicas, la historia mítica de la piedra fundamental se convierte en uno de los símbolos más importantes y sugeridores de la masonería. Según la teoría en que se funda la piedra fundamental, se supone que fue colocada en los cimientos del templo de Salomón, transportándose al santo de los santos durante la construcción del segundo templo. Tenía forma de cubo perfecto, hallándose inscrito en su cara superior el nombre de Dios, encerrado en una delta o triángulo. Oliver dice, hablando con toda la solemnidad de que es capaz un historiador, que Salomón pensó que había hacho un templo digno de ser morada de Dios, "cuando depositó con solemnes ceremonias la célebre piedra fundamental —en la que había grabado el nombre místic—, colocándola en el Monte Moria, a lo largo de la cimientos de Dan y Asher, centro del lugar sacratísimo, donde el shekinah de Dios cobijaba debajo de sí al arca de la alianza”. Los talmudistas hebreos, que meditaron mucho sobre esta piedra y conservaban tantas leyendas referentes a ella como los talmudistas masónicos, la denominaban eben shatijah, o piedra fundamental, porque decían que Jehová la había colocado como cimiento del mundo. Por eso habla el libro apócrifo de Enoch de "la piedra que soporta los ángulos de la tierra". La idea de la piedra fundamental debió derivarse probablemente del hermoso pasaje del libro de Job, en que el Todopoderoso pregunta al afligido patriarca: "¿Dónde estabas cuando se fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular? ¡Cuando las estrellas todas del alba alababan y se regocijaban todos los hijos de Dios! Noyes explica del siguiente modo las alusiones a la piedra fundamental: "Era costumbre celebrar con música, cánticos y alborozo la colocación de la piedra angular en los edificios importantes. De ahí que se represente a las estrellas celebrando la colocación de la piedra fundamental de la tierra". Y sobre estas palabras de Job se han acumulado más tradiciones que en ningún otro símbolo masónico. Los rabinos comparten con los

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masones la gloria de estas historias apócrifas; claro que sospechamos que casi todas las leyendas masónicas deben su primera existencia al carácter imaginativo de los talmudistas judíos. Pero las tradiciones hebreas se diferencian de las masónicas en que los talmudistas las recitaban como si fueran historias verídicas, admitiendo a ojos cerrados todos los anacronismos y cosas imposibles, mientras que los estudiantes masones las han recibido como alegorías, cuyo valor no estriba en los hechos, sino en los sentimientos que expresan. Habiendo determinado de qué modo debe comprenderse su significado, procedamos a cotejar estas leyendas. En la obra blasfema, Toldoth Jeshu o Vida de Jesús, escrita, al parecer, en el siglo XIII o XIV, hállase el siguiente relato de esta piedra maravillosa: "En aquella época (en la de Jesús) había en la casa del santuario (es decir, en el templo), una piedra de fundación, que es la "misma que nuestro padre Jacob ungió con óleo, según describe el capítulo vigésimo del Génesis. En esta piedra se habían escrito las letras de tetragrámaton. El israelita que pudiera leerlo se haría dueño del mundo. Por eso; para impedir que alguien pudiera aprender estas letras, se colocaron dos canes de hierro sobre dos columnas frente al santuario. Si la persona que había aprendido estas letras deseaba salir del santuario, le inspiraban tal terror los aullidos de los perros, llenos de mágico poder, que se olvidaba repentinamente de todo". Buxtorf cita este pasaje en su Lexicon Talmudicum; pero hallé en otro ejemplar del Toldoth Jeshu un párrafo en que se relatan algunos detalles más que dicen: "En aquellos tiempos guardábase en el recinto del templo el inefable nombre de Dios, inscrito en la piedra fundamental, porque, cuando el Rey David estaba cavando para hacer los cimientos del templo, encontró en lo más profundo de la excavación cierta piedra en la que estaba inscrito el nombre de Dios, la cual depositó en el santo de los santos". Y se repite, con mayor amplitud todavía, la pueril historia de los perros aulladores. Aunque no viene a cuento en el presente estudio, es curioso que este libro, que, de cabo a rabo, difama continuamente del Salvador, diga que Jesús obtuvo astutamente el conocimiento del tetragrámaton grabado en la piedra fundamental y que realizaba los milagros valiéndose de la mística influencia de este nombre. Las leyendas masónicas de la piedra fundamental, basadas en éstas y otras fantasías rabínicas, tienen un carácter extraordinario, si se consideran

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como historias; pero, estudiadas a la luz de las alegorías, pueden conciliarse fácilmente con el sentido común. En ellas se expone una serie ininterrumpida de acontecimientos; desde Adán a Salomón, y desde Salomón a Zerubabel, en las que la piedra fundamental representa un papel importantísimo. La primera de estas leyendas, en orden cronológico, relata que Adán poseía ya la piedra fundamental, mientras estuvo en el Edén; que se sirvió de ella como del altar, y que, cuando le arrojaron del paraíso, la trajo consigo al mundo en donde él y sus descendientes habían de ganarse el pan con el sudor de sus frentes. Otra leyenda dice que la piedra pasó desde Adán a Set, y desde éste a Noé, por sucesión directa, quien la colocó en el arca, y, después del diluvio, hizo sobre ella su primera dación de gracias. Noé, la dejó en el monte Ararat, en donde, más tarde, la encontró Abraham, quien la recogió y utilizó como altar de sacrificio. Su nieto Jacob se la llevó consigo a Mesopotamia cuando huyó de su tío Labán, e hizo de ella su almohada en las cercanías de luz, donde tuvo la célebre visión. Aquí se interrumpe súbitamente la legendaria historia de la piedra, y no sabemos cómo vino a parar a poder de Salomón desde Jacob. Es cierto que se dice que Moisés la sacó de Egipto, de modo que así pudo llegar fácilmente a Jerusalem. El Dr. Adam Clarke cita una "disparatada tradición" según la cual, después de haber dormido sobre ella Jacob, la piedra fue llevada a Jerusalem, y de ahí, tras un gran lapso de tiempo a España, de España a Irlanda (y de Irlanda a Escocia, en donde servía de asiento a los reyes de Escocia durante la coronación. Sabido es que Eduardo I trasladó la piedra a que se refiere esta leyenda desde Escocia a la Abadía de Westminster, donde aún se conserva con el nombre de almohada de Jacob, la cual se coloca siempre bajo la silla en que se sientan los soberanos ingleses para ser coronados, porque existe un antiguo dístico que dice que los reyes de Escocia reinarán doquiera que esta piedra se encuentre. Pero esa tradición escocesa desplazaría la piedra fundamental de toda relación masónica, y, por tanto, se rechaza en la orden. Las leyendas que acabamos de relatar son contradictorias y no nos satisfacen en muchos de sus aspectos. Los masones adoptan actualmente otra serie de leyendas tan antiguas como las anteriores y que están más de acuerdo con el simbolismo que las explica. Esta serie de leyendas comienza, por el patriarca Enoch, quien se

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supone que fue el primer consagrador de la piedra fundamental. La leyenda de Enoch es tan importante en la ciencia masónica que merece que le dediquemos mayor atención que a las demás. Esta leyenda es como sigue: Inspirado por el Ser Supremo (Enoch construyó un templo subterráneo en el Monte Moria dedicado a Dios, obedeciendo a las instrucciones recibidas en una visión. Su hijo Matusalem erigió el edificio, sin saber qué motivos le movían a su padre a edificarlo. El templo estaba formado por nueve bóvedas o cuevas que caían verticalmente unas debajo de otras y se comunicaban entre sí por medio de aberturas. Entonces mandó Enoch que hicieran una plancha triangular de oro, cuyos lados tenían un codo de longitud. La adornó con piedras preciosas y la incrustó en una piedra de ágata de la misma forma. Sobre la plancha grabó el nombre de Dios, o tetragrámaton, y, colocándola en una piedra cúbica, que desde entonces recibió el nombre de piedra fundamental, la depositó en la bóveda inferior. Cuando se hubo terminado la obra subterránea, hizo una puerta de piedra, y, poniendo en ella una anilla de hierro para que se pudiera levantar cuando fuera preciso, la colocó en la abertura de la cueva superior, y la tapó de manera que no pudiera descubrirse. El mismo Enoch no entraba en el templo subterráneo más que una vez al año. Pasados los días de Enoch, de Matursalem, de Lamech y de la destrucción del mundo por el diluvio, se perdió todo conocimiento del templo subterráneo y de la piedra fundamental sobre la cual se había grabado el nombre inefable. La piedra fundamental reaparece durante la construcción del primer templo de Jerusalem. Ya hemos hablado de la tradición judía que dice que mientras se hacían las excavaciones para colocar los cimientos del templo, el rey David encontró una piedra, en que estaba grabado el nombre inefable de Dios, la cual, según se decía, fue depositada en el santo de los santos. La leyenda favorita de los talmudistas es precisamente la de que el Rey David fue quien colocó los cimientos sobre los que más tarde había de levantar Salomón el templo maravilloso que lleva su nombre. La leyenda masónica es acaso idéntica en el fondo a la judía, si bien substituye a David por Salomón, dando mayor viso de probabilidad a la narración, y supone además, que la piedra descubierta por Salomón era la misma que depositó Enoch en la bóveda secreta. Dice la tradición que Salomón retiró de allí la piedra y la colocó en un lugar secreto y sagrado. En esto coincide la tradición masónica con la judía, pues en el tercer capítulo del tratado del templo, debido a la pluma del célebre Maimónides, se

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encuentra la siguiente narración: "En el santo de los santos había una piedra, situada en el ángulo oeste, sobre la cual se depositó el arca de la alianza, poniendo delante de ella el vaso con maná y la varita de Aarón. Pero, cuando Salomón construyó el templo, pensó que algún día se habría de destruir, y para ocultar el arca, construyó una cripta subterránea y profunda, en cuya cripta la depositó Josías, juntó con el vaso de maná, la varita de Aarón y el óleo de la unción, según dice el segundo libro de las crónicas, XXXV, 3. El libro talmúdico Yoma de la misma tradición, dice que "el arca de la alianza se colocó en el santo de los santos, sobre una piedra que levantaba tres dedos del suelo, y que le servía de pedestal". "A esta piedra", dice Prideaux, "la llamaron los rabinos "Piedra Fundamental" y escribieron infinidad de pataratas sobre ella". El problema de la existencia del arca en el segundo templo es objeto de viva controversia. Algunos escritores judíos aseguran que se hizo otra nueva; otros, que en la antigua se encontró en donde la había ocultado el Rey Salomón; y algunos, sostienen que en el templo de Zorobabel no existió arca alguna, colocándose en su lugar la piedra fundamental, sobre la cual había originalmente descansado. Los masones pertenecientes al grado del Real Arco saben cómo se tratan de reconciliar todas estas tradiciones en la leyenda masónica, en la que el arca substituta y la piedra fundamental representan un papel importantísimo. En el grado trece del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, la piedra fundamental sirve de descansadero al delta sagrado. En los grados del Real Arco y de Maestro Elegido del Rito de York americanizado, la piedra fundamental constituye la parte más importante del ritual. En ambos grados sirve de receptáculo al arca y lleva inscrito el nombre inefable. Lee ha dedicado en su Temple of Solomon un capítulo entero a la piedra fundamental, y recapitula de este modo las tradiciones talmúdicas y rabínicas. "Las quimeras de los antiguos rabinos referentes a la piedra fundamental del templo son vanas y fútiles. Unos aseguran que Dios colocó esta piedra en el centro del mundo para que sirviera de firme base a la Tierra. Otros creen que era la materia prima de que han surgido y tomado forma todos los hermosos seres visibles del mundo. Algunos cuentan que es la que sirvió de cabezal a Jacob durante la noche en que tuvo la visión angélica, cuya piedra ungió con óleo y consagró a Dios, y que, cuando Salomón la encontró (sin duda debido a una falsa revelación, o tras de una busca fatigosa, como un nuevo Rabí Selemah), no se atrevió más que a colocarla como piedra fundamental del templo. Y hasta dicen que mandó grabar en ella el tetragrámaton o nombre inefable de Dios".

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Como se ve, las tradiciones masónicas sobre la piedra fundamental no difieren gran cosa de las rabínicas, si bien dan algunos detalles más. La piedra fundamental, hace su primera aparición en la leyenda masónica durante los días de Enoch, quien la colocó en las entrañas del Monte Moria. Allí la descubrió más tarde el Rey Salomón, poniéndola en una cripta del primer templo, en donde permaneció guardada hasta que se pusieron los cimientos del segundo templo, época en que fue descubierta y llevada al santo de los santos. Pero el detalle más importante de la leyenda correspondiente a la piedra fundamental es su íntima y constante relación con el tetragrámaton o nombre inefable. Este nombre inscrito en ella es el que da a la piedra todo su valor y significación masónicos. De este hecho depende su simbolismo. Si considerásemos estas leyendas como relatos históricos, tendríamos que convenir con Lee en que parecen “absurdas y fútiles fantasías”. Por eso hay que buscar algo tras de la leyenda, considerándole únicamente como alegoría y estudiando su simbolismo. Por tanto, la investigación que vamos a emprender a continuación será la del simbolismo de la piedra fundamental. Al acercarnos al más abstruso de los importantes símbolos de la orden, nos impresiona su relación patente con la antigua doctrina de la idolatría. Para comprender debidamente el verdadero simbolismo de la piedra fundamental, es preciso estudiar, aunque sea brevemente, este género de culto religioso. El culto de las piedras es una forma del fetichismo que prevaleció en la infancia de la religión, quizá más extensamente que las demás formas de cultos religiosos. Lord Kames explica este hecho suponiendo que las piedras erigidas como monumento a los muertos, llegaron a ser el lugar donde la posteridad rendía veneración a la memoria de los fallecidos y que, con el tiempo, el pueblo perdió de vista la significación simbólica, que en realidad no comprendió bien, convirtiendo a estas piedras fundamentales en objetos de adoración. Otros tratan de encontrar el origen de la idolatría en la piedra que Jacob ungiera en Betel, cuya tradición se difundió por las naciones paganas, comprendiéndose. Es cierto que los fenicios adoraron ciertas piedras sagradas en las que daban el nombre de Boetylia, lo cual da cierta apariencia de verdad a la teoría. Pero una tercera leyenda supone que la idolatría procede de la desmaña de los escultores primitivos, que, no sabiendo esculpir la verdadera imagen de su Dios, debido a sus escasos conocimientos del arte plástico se contentaron con poner en su lugar una piedra en bruto o ligeramente pulida.

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De ahí que los griegos usaran al principio piedras sin tallar para representara los dioses. Pausanias dice haber visto treinta piedras de este género en la ciudad de Pharae. Todas ellas tenían forma cúbica, y, como la mayor parte de ellas se dedicaron al Dios Hermes o Mercurio, se las designó con el nombre genérico de Hermae. Más tarde, se les añadió una cabeza, cuando hubo progresado el arte plástico. En las puertas de casi todas las casas atenienses se colocaban piedras sagradas. También se ponían enfrente de los templos, en los gimnasios, bibliotecas, esquinas de las calles y de los caminos. Cuando se dedicaban al dios Término servían de lindes o mojones, colocándose en el cruce con las fincas vecinas. Los Tebanos adoraron a Baco en forma de una piedra cuadrada y sin pulimentar. Arnobio dice que Cibeles se presentaba con una pequeña piedra negra. Eusebio cuenta que, según Porfirio, los antiguos representaban a Dios con una piedra negra, porque su naturaleza es oscura, e inescrutable. El lector conocerá seguramente la negra piedra Hadsjar el Aswad colocada en el ángulo suroeste de la Kaaba de la Meca, que adoraron los árabes antiguos y que aun hoy día es objeto de religiosa veneración por parte de los mahometanos modernos. Los sacerdotes musulmanes dicen que antes había sido blanca y que brillaba tan extraordinariamente que podía verse a cuatro jornadas de distancia; pero que las lágrimas de los peregrinos la habían ennegrecido. Sabido es que los druidas no tenían más imágenes de sus dioses que las piedras cúbicas o cilíndricas, de las que cita varios ejemplos el famoso Toland. Los caldeos tenían en gran veneración la piedra Menizuries, a la cual hacían sacrificios para evocar al Buen Demón. Las razas aborígenes de América practicaron también la idolatría. Squier dice que según Skinner, los peruanos acostumbraban colocar piedras en bruto en sus campos y plantaciones, a las que adoraban como protectores de sus cosechas. Y Gama dice que el Dios que presidía la primavera se representaba en México sin cuerpo humano, substituyéndole éste por una pilastra o columna cuadrada, cuyo pedestal estaba adornado con diversas esculturas. En realidad, el culto a las piedras ha sido tan universal, que HIGGINS dice en su Celtic Druids: "Parece que el primer objeto idolatrado en todo el mundo fue una piedra sin pulimentar, clavada en tierra, como emblema de las energías procreadoras y generativas de la naturaleza". Bryant sostiene en el Analysis of Ancient Mythology que "en todos los templos oraculares existió siempre una leyenda referente a una piedra".

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Creemos que no hará falta citar más ejemplos de costumbres religiosas en otros países, para que admita que la piedra cúbica constituía una parte importante del culto religioso en las naciones primitivas. Pero Cudworth, Bryam, Baber y otros distinguidos escritores, que han tratado sobre este tema, han fundado hace tiempo la teoría de que las religiones paganas, son eminentemente simbólicas. Por ejemplo, Dudley dice que el pilar o piedra "se, adoptó para simbolizar la fuerza y la firmeza. También era el símbolo del poder divino, y, en consecuencia, el ídolo de la Divinidad". Símbolo que confirma Cornoto, quien dice que los griegos solían representar al Dios Hermes sin manos ni pies, simbolizándolo con una piedra cúbica, porque el cubo significaba su solidez y estabilidad. Así, pues, quedan demostrados los siguientes hechos, si bien con distinto orden cronológico: 1º., que en las naciones primitivas de la antigüedad prevaleció generalmente el culto de las piedras, con las cuales se simbolizaba la Divinidad; 2º., que en casi todos los templos antiguos existía una leyenda referente a una piedra mística o sagrada; 3º., que esta leyenda se encuentra también en el sistema masónico, y 4º., que la piedra mística ha recibido en este sistema el nombre de "piedra fundamental". Ahora bien, como la piedra de todos los demás sistemas es simbólica, siendo su tradición de carácter místico, nos sentimos compelidos a asignar los mismos atributos a la piedra masónica, es decir, que esta piedra es simbólica y que su leyenda, es un mito o alegoría. Bailly ha dicho que la fábula o alegoría, "subordinada a la historia y a la filosofía, nos miente para mejor instruirnos, y fiel en conservar las realidades que se le confían, cubre con seductor ropaje las lecciones de la una y las verdades de la otra". Desde este punto de vista es desde el que vamos a estudiar la alegoría de la piedra fundamental, convertida en uno de los símbolos más importantes de la francmasonería. El hecho de que la piedra mística de todas las religiones antiguas simbolizara la divinidad, nos lleva a la conclusión de que la piedra fundamental masónica era también un símbolo de Dios, idea simbólica a la que hace tomar mayor fuerza el tetragrámaton grabado sobre la famosa piedra. Este nombre sagrado santifica la piedra en que se graba por ser el Símbolo del Gran Arquitecto, y al mismo tiempo la despoja de su significación idolátrica, y la consagra al culto del verdadero Dios. La idea predominante sobre Dios en el sistema masónico es que es un poder creador y formador. Para el francmasón Dios, es Al Gabil, como le llaman los árabes, o es, el Constructor, o, como le titulan los masones, el 111


Gran Arquitecto del Universo, abreviado de común acuerdo en la fórmula G A D U Para simbolizar este aspecto creador de Dios no ha podido inventarse símbolo más apropiado que el de la piedra fundamental, sobre la que se supone que Él construyó el mundo. Este símbolo relaciona íntimamente la obra creadora de Dios, que es el arquetipo, con la edificación hecha por el trabajador sobre una piedra fundamental y similar. Esta idea masónica se puede extender todavía más. La verdad divina constituye el objeto fundamental de toda labor masónica. La búsqueda de la palabra perdida es la de un término sinónimo de Dios, cuyo nombre inefable, es mía la verdad; pero la verdad divina es un término sinónimo de Dios, cuyo nombre inefable, es símbolo de verdad, porque Dios es verdad, idea que se encuentra en las escrituras, principalmente en el libro de los salmos, en el que se dice que la verdad del señor "alcanzaba hasta las nubes" y que "Su verdad perdura en todas las generaciones". Si Dios es verdad, y la piedra fundamental es símbolo masónico de Dios, síguese de esto que también debe serlo de la verdad divina. Al llegar a este punto de nuestras especulaciones, podemos fácilmente demostrar que todos los mitos y leyendas de la piedra fundamental pueden explicarse racionalmente diciendo que forman parte de la "ciencia de moralidad, velada en alegorías y explicada por medio de símbolos", o sea, de la francmasonería. El sistema masónico consta de dos templos: el primero es el que atañe a los tres grados del arte antiguo de la masonería, y el segundo, el que corresponde a los grados superiores y especialmente al Arco Real. El primero, simboliza la vida presente, y el segundo, la vida venidera. Aquél, o sea, la vida actual, debe destruirse, para construir sobre sus cimientos el segundo, el de la vida eterna. Pero Salomón colocó la piedra mística en los fundamentos del primer templo, es decir, que el primer templo de nuestra vida presente, debe edificarse sobre el firme cimiento de la verdad divina, "porque el hombre no puede basarse sino en ese fundamento". No obstante, aunque la vida actual está construida sobre el fundamento de la verdad, nunca alcanzamos ésta en la tierra sublunar. Pues la piedra fundamental se halla oculta en el primer templo, y el maestro masón no la conoce. No posee la verdadera palabra, lino únicamente su sustituta. Para pasar al segundo templo, el de la vida futura, hemos debido estar en la tumba, que es donde finaliza nuestro trabajo del primer templo. Hemos quitado los escombros y encontrado la piedra fundamental que hasta este

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momento no pudieron contemplar nuestros ojos. Hemos dejado a un lado la palabra sustituta de la verdad con la que nos habíamos satisfecho en el primer templo, y descubierto el resplandor refulgente del tetragrámaton, hallando la piedra fundamental y entrando en posesión de la verdadera palabra, o sea, de la verdad divina. El hecho de que la piedra fundamental o verdad divina estuviese oculta en el primer templo, y se descubriese en el segundo, explicará las siguientes palabras del Apóstol: "Porque vemos a través de un cristal oscuro; pero después cara a cara: ahora conozco en parte; pero después conoceré también hasta cómo soy conocido". De modo que nuestra investigación da por resultado que la masónica piedra fundamental es un símbolo de la verdad divina, sobre la cual se ha levantado el edificio de la francmasonería especulativa; y que las leyendas y tradiciones referentes a ella tienen por objeto describir en forma elegórica, el progreso o evolución en el alma de la verdad, en cuya busca consiste el trabajo del francmasón, siendo la recompensa su descubrimiento. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XVI LOS ARTÍFICES DIONISIACOS Después de haber dado un vistazo general a los misterios religiosos del mundo antiguo, procedamos ahora a examinar más detalladamente los que están más íntimamente relacionados con la historia de la francmasonería, y cuya influencia se siente con mayor fuerza en su organización actual. La pluma satírica de Aristófanes no ha perdonado ni los festivales dionisiacos; pero la burla y el sarcasmo de un autor cómico se pueden escuchar siempre con cierta condescendencia, pues por lo menos, ha tenido la candidez de confesar que nadie podía iniciarse si era culpable de un crimen contra su país o contra la seguridad pública. Eurípides hace proclamar el. coro en su BACCHAE que los misterios se practicaban únicamente con propósitos virtuosos. Sin embargo, las iniciaciones llegaron con el tiempo a tener cierto carácter licencioso en Roma; pues ya dice Sainte Croix: "no se puede dudar de que la introducción de las fiestas de Baco en Italia aceleró los progresos del libertinaje y de la intemperancia en este país". San Agustín prorrumpe en invectivas contra la pureza de las ceremonias correspondientes a los ritos sagrados de Baco, practicadas en Italia; pero, no niega que fueron practicadas con carácter religioso, o por lo menos supersticioso: Sic videlicet liber deus placandus fuerat. La propiciación ofrecida a la divinidad era en realidad un acto religioso. De todos los misterios paganos instituidos por los antiguos no hubo ningunos más difundidos que los del Dios griego Dionisios, los cuales se establecieron en Grecia, Roma, Siria y Asia Menor. Entre los griegos y sobre todo entre los romanos, los ritos celebrados en los festivales dionisiacos eran de carácter licencioso; pero en Asia adoptaron una forma diferente. Allí, como en todas partes, la leyenda (ya hemos dicho que cada misterio tenía su leyenda), relataba el asesinato de Dionisios por los titanes. En las ceremonias se representaba lo que decía la leyenda. La doctrina secreta no era tampoco diferente en Asia que en las naciones occidentales; pero había algo peculiar en su sistema. Especialmente los misterios de Dionisios celebrados en Siria, no tenían solamente carácter teológico, pues, además de aceptar las opiniones secretas de la unidad de

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Dios y de la inmortalidad del alma, comunes a todos los misterios, practicaban sus discípulos el arte arquitectónico dedicándose a construir templos y edificios públicos, mientras buscaban la verdad divina. Sólo se puede explicar la gran pureza de estos ritos sirios adoptando la ingeniosa teoría de Thirwall, según la cual "todos los misterios eran restos de un culto anterior a la mitología helénica. Sus ritos auxiliares se basaban en una idea menos fantástica y más real adecuada de la naturaleza con objeto de despertar el pensamiento filosófico y el sentimiento religioso". Thirwall supone además, que como los asiáticos, debido a su situación geográfica, no incurrieron tan pronto como los griegos en los errores del helenismo, pudieron conservar mejor la pureza y la filosofía de la doctrina pelástica, que indudablemente había emanado directamente de la religión patriarcal, o sea, de la francmasonería pura del mundo autediluviano. Sea como fuere, nosotros sabemos que "los dionisiacos de Asia Menor constituían una sociedad de arquitectos e ingenieros que gozaban del exclusivo privilegio de construir templos, estadios y teatros, bajo la misteriosa tutela de Baco, y se distinguían de los habitantes no iniciados o profanos por la ciencia que poseían y por los signos y toques privados con los que se reconocían entre sí". Esta sociedad especulativa y operativa, especulativa por las lecciones teológicas y esotéricas que se enseñaban en sus iniciaciones, y operativa por el trabajo arquitectónico a que se dedicaban sus miembros — se distinguía por muchas características que la asimilan a la institución francmasónica. En la práctica de la caridad, los hermanos más opulentos debían subvenir a las necesidades y contribuir al sustento de los más pobres. Por convenir así al trabajo y a su dirección, se dividían en organismos más pequeños, los cuales estaban dirigidos, como nuestras logias, por oficiales superintendentes. Empleaban en sus ceremonias los instrumentos de la albañilería, y tenían, como los francmasones, un lenguaje universal de signos convencionales para reconocerse, con los cuales los hermanos podían conocerse tanto en la luz como en las tinieblas, sirviendo para unir a todo el organismo en una fraternidad común, en cualquier parte en que se encontraran sus miembros dispersos. En las obras de los autores antiguos se encuentran pruebas evidentes de la existencia de estos signos y palabras de paso empleadas en los misterios. Por ejemplo, Apuleyo dice en su Apología: "Si qui forteadest corundem Solemnium mehi particep, signum dato", etc., lo cual quiere decir que "si entre los presentes hay alguien que haya sido iniciado en los mismos ritos que yo, estará en libertad de escuchar lo que yo guardo con tanto secreto, si me da el

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signo". Plauto alude también a esta costumbre, cuando hace que Milfidipa diga a Pirogopolónices, en su miles Gloriosus, act. IV, sc. 2: "Cedo signum, si harutic Baccharum es", o sea, "Dadme el signo si sois uno de los báquicos" o iniciados en los misterios de Baco. Clemente de Alejandría llama a estas maneras de reconocerse es decir, medios de salvación. En otra parte, Apuleyo emplea la palabra memoracula, para denotar la palabra de paso, cuando dice "snctissime sacrorum signa et memoracula custodire", que debe traducirse "conservar escrupulosísimamente los signos y palabras de paso de los ritos y símbolos sagrados". Ya hemos dicho que la leyenda de los misterios de Dionisios relataba la muerte de este héroe-dios y el descubrimiento de su cadáver. Pero, para apreciar debidamente los hechos, es preciso dar más detalles sobre la naturaleza del ritual dionisiaco. En estos ritos místicos, el aspirante representaba de un modo simbólico y dramático los acontecimientos relacionados con la muerte del Dios de que derivaban su nombre los misterios. Después de una serie de ceremonias preparatorias, en las que ponían a prueba su fortaleza y valor, se procedía a figurar el afanismo o muerte mística de Dionisios; y el griterío y las lamentaciones de los iniciados, con el entierro del candidato en el pastos, cofre o ataúd, constituía la primera parte de la ceremonia iniciática. Después empezábase a buscar los restos de Dionisios, lo cual se hacía en medio de la mayor confusión y de gran tumulto. Por fin, se encontraba al Dios; la tristeza se transformaba en alegría, la luz sucedía a las tinieblas, y se investía al candidato con el conocimiento de la doctrina secreta de los misterios: la creencia en la existencia de un solo Dios y un futuro estado de recompensas y castigos. Tales fueron los misterios practicados por los arquitectos —mejor dicho por los francmasones—, de Asia Menor. En Tiro, la ciudad más rica e importante de esta región, memorable por el esplendor y magnificencia de sus edificios, existieron colonias o Logias de estos arquitectos místicos. Este hecho debe tenerse presente siempre, pues constituye un importante eslabón de la cadena que posteriormente une a los Dionisios con los francmasones. Pero, para completar los eslabones de la cadena, es necesario demostrar que los artistas místicos de Tiro, fueron por lo menos contemporáneos de la construcción del templo de Salomón. Tal es lo que vamos a intentara continuación. Lawrie, cuyas minuciosas investigaciones sobre este asunto han dejado poco ya por descubrir, sitúa en la época de la emigración jónica, la llegada de

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los Dionisios al Asia Menor cuando "los habitantes del Atica, descontentos de-la pequeñez de su territorio y de la pobreza del suelo, salieron en busca de tierras más extensas y fértiles. Habiéndoseles unido algunos habitantes de las provincias limítrofes, embarcaron para Asia Menor, de donde expulsaron a los aborígenes, apoderándose de las mejores posiciones y uniéndose bajo el nombre de Jonia, por ser la mayor parte de los refugiados procedentes de esa provincia griega". Valiéndose de sus conocimientos en las artes escultórica y arquitectónica, en las cuales habían ya los griegos hecho grandes progresos, llevaron los emigrantes a las nuevas tierras sus costumbres religiosas, e introdujeron en Asia los misterios de Atenea y Dionisios, mucho tiempo antes de que el libertinaje del país paterno los corrompiera. Ahora bien, Playfair sitúa la emigración jónica en el año 1044 antes de Cristo; Gilles, en el 1055, y el Abate Barthelemy, en el 1076. La última de estas fechas es anterior en cuarenta y cuatro años al comienzo de la construcción del templo de Salomón, y da un margen de tiempo suficiente para que se pudiera establecer en la ciudad de Tiro la fraternidad dionisiaca e iniciarse "Hiram el Constructor" en sus misterios. Sigamos ahora el eslabonamiento dé los acontecimientos históricos que, finalmente, unieron esta purísima rama de la francmasonería espúrea de las naciones paganas con la francmasonería primitiva de los judíos de Jerusalem. Cuando Salomón, rey de Israel, iba a empezar, de acuerdo con los propósitos de su padre "una casa dedicada al nombre de Jehová su Dios", quiso hacer sabedor de su deseo a Hiram, rey de Tiro, pues sabía cuán diestros eran los arquitectos dionisiacos de su país, y rogó a este monarca que le prestara su colaboración con el fin de llevar a feliz término su piadoso propósito. Cuentan las escrituras que Hiram satisfizo los ruegos de Salomón y le envió trabajadores para que le ayudaran en su gloriosa empresa. Entre los enviados estaba un arquitecto, a quien describe brevemente el primer libro de los Reyes, como "hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, y su padre había salido de Tiro: trabajaba él en bronce, lleno de sabiduría, inteligencia y saber en toda obra de metal", y con más detalle en el segundo libro de las crónicas, donde se dice: "Yo, pues, te he enviado un hombre hábil y entendido, que fue de Hiram mi padre. Hijo de una mujer de las hijas de Dan, mas su padre fue de Tiro, el cual sabe trabajar en oro, plata y metal, en hierro, en piedra y en madera, en púrpura y en cárdeno, en lino y en carmesí; asimismo para esculpir todas figuras, y sacar toda suerte de diseño que se le propusiere". A este hombre —a este hijo de viuda, como dice la sagrada escritura y refiere la tradición masónica—, le confió el rey Salomón un importante cargo entre los trabajadores del sagrado edificio que se erigía sobre el Monte Moria. Sus 117


conocimientos y experiencias de artífice y sobresaliente pericia en todo género de "primorosas y sabias manufacturas" pronto le colocaron al frente de los trabajadores judíos y tirios, como arquitecto jefe y director principal de las obras. A él es a quien atribuimos la unión de dos pueblos tan antagónicos por sus razas, tan desemejantes en costumbres y tan opuestos en religión, como el judío y el tirio, en una fraternidad común, que vino a convertirse en la institución francmasónica. Para conseguirlo debió de servirse de la influencia que le daba su elevada posición. Hiram, como tirio y como artífice, debió estar en relación con la fraternidad dionisiaca y no fue un humilde miembro a juzgar por la elevada posición de sus afectos en la corte del Rey de Tiro. Por tanto, debió de conocer todas las costumbres ceremoniales de los artífices dionisiacos, y gozar una larga experiencia de las ventajas de la disciplina y del gobierno por ellos practicados en la construcción de los numerosos edificios sagrados en que trabajaban. No cabe duda de que él introduciría algunas de las costumbres del ceremonial y de la disciplina entre los trabajadores de Jerusalem. Para ello les unió en una sociedad, parecida en muchos de sus aspectos a la de los artífices dionisiacos; enseñó lecciones de caridad y de amor fraternal; estableció una ceremonia de iniciación para poner a prueba experimental la fortaleza y valía de los candidatos; adoptó modos de reconocimiento, e inculcó las obligaciones del deber y los principios de la moral, valiéndose de símbolos y alegorías. A los peones y cargadores, los Ish Sabal, así como a los albañiles, correspondientes al primero y segundo grados de la Francmasonería más moderna, se les confiaban pocos secretos. Sus instrucciones, semejantes a la de los aspirantes a los misterios menores, consistían simplemente en purificar y preparar para pruebas más solemnes y para el conocimiento de verdades más sublimes, que se aprendían en el grado de maestros, a imitación de los grandes misterios, en el que se descubrían, exponían y corroboraban las grandes doctrinas de la unidad de Dios y de la inmortalidad del alma. Pero aquí es donde al parecer se levanta un obstáculo infranqueable que impide continuar la semejanza de la francmasonería con los misterios dionisiacos. Ya hemos dicho que en los misterios paganos estas lecciones se enseñaban alegóricamente por medio de una leyenda. Ahora bien, en los misterios de Dionisios esta leyenda era la de la muerte y resurrección del Dios Dionisios; pero hubiera sido completamente imposible enseñar a los candidatos esta leyenda como base de las instrucciones que debían de recibir; porque cualquiera alusión a las fábulas mitológicas de sus colindantes los gentiles cualquiera celebración de los mitos teológicos paganos, hubiera sido igualmente ofensiva a las inclinaciones y repugnante a los prejuicios

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religiosos de la nación judía educada de generación en generación en el culto a un ser divino, celoso de sus prerrogativas, que se había dado a conocer a su pueblo con el nombre de Jehová, el Dios del tiempo presente, pretérito y futuro. No sabemos de qué modo habría podido saltar este obstáculo el fundador israelita de la orden. No cabe duda de que habría tenido que inventar un sustituto en el que se comprendieran todos los requisitos simbólicos de la leyenda de los misterios, o sea, de la francmasonería espuria, sin violar los principios religiosos de la francmasonería primitiva judía. Pero no fue preciso recurrir a invención semejante, porque dícese que antes de la terminación del templo, ocurrió un triste suceso, que sirvió para cortar el nudo gordiano: la muerte del arquitecto jefe, que ha proporcionado a la francmasonería su leyenda, leyenda, que, como la de todos los misterios, sirven para testimoniar nuestra fe en la resurrección del cuerpo y la inmortalidad del alma. Antes de concluir este tema, vamos a decir algo sobre la autenticidad de la leyenda del tercer grado. Algunos francmasones distinguidos creen que es un hecho histórico, mientras que otros lo consideran bella alegoría, lo cual no tiene importancia alguna en lo atañente al simbolismo de la francmasonería. Quienes defienden su carácter histórico, se fundan en lo siguiente: Primero. Porque el carácter de la leyenda cumple todos los requisitos del bien conocido axioma de Vicentius Lirinenses sobre lo que debe creerse de la tradición: "Quodd semper, quod ubique, quod ab omnibus traditam est". O sea, que debe creerse todo aquello que se ha trasmitido por tradición y por todas las personas en todos los tiempos y lugares. Opinan que la leyenda de Hiram Abif está completamente de acuerdo con esta regla, pues ha sido universalmente admitida y abonada casi en su integridad por los francmasones, desde los tiemp o s m á s a n t ig uo s . N o h a y p rue b a h is t ó r ic a d e q ue la francmasonería existiera sin esta leyenda desde la época del templo de Salomón en adelante. Está ella tan íntimamente ligada al sistema general, formando su parte esencial, y dándole su más definido carácter, que es evidente que la institución no podría existir sin la leyenda. Quienes abogan por el carácter histórico de la leyenda creen que esto es por lo menos una probabilidad de la verdad. Segundo. La historia contenida en las segundas escrituras sobre la construcción del templo, no contradicen esta leyenda. Y, por tanto, en ausencia de la única autoridad escrita sobre este tema, quedamos en libertad de depender de la tradición, con tal de que ésta sea razonable y se apoye en una

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sucesión ininterrumpida, como en este caso ocurre. Tercero. Se pretende que este mismo silencio de las escrituras sobre la muerte de Hiram el Constructor es un argumento en favor de la misteriosa naturaleza de su muerte. Es difícil que a un hombre que llegó a ser el favorito de dos reyes —enviado por uno y recibido por el otro como don inapreciable y digno de historiarse— se le dejara en olvido una vez terminado su trabajo, sin dedicarle tan siquiera unas líneas de recuerdo, a menos que su muerte hubiera acontecido en circunstancias tales que fuera impropio darlas a la publicidad. Esto es precisamente lo que se cree que debió ocurrir. Ella se convirtió en leyenda de los nuevos misterios, que, al igual que las de los más antiguos, sólo se podía divulgar cuando se acompañaba de instrucciones simbólicas que se trataban de inculcar en las almas de los aspirantes. Además, aun admitiendo que la leyenda del tercer grado sea mera ficción— que todo el relato masónico y extraescritural de la vida de Hiram Abif sea simplemente un mito, esto no afectaría en lo más mínimo a la teoría que tratamos de demostrar. Ya observó el sabio Müller que en el relato mítico van íntimamente unidos el hecho y la imaginación, lo real y lo irreal. Puesto que, según la opinión de este mismo autor, el mito nace siempre de una necesidad inconsciente por parte de sus creadores y por principios que actúan del mismo modo en todos, debemos remontarnos hacia la francmasonería de los dionisiacos en busca del principio que condujo a la formación involuntaria de este mito hirámico. As!, pues, llegamos al mismo resultado que el indicado antes, es decir, que la necesidad del sentimiento religioso en el alma judía, que hubiera rechazado la introducción de la leyenda de Dionisios, llevó a la sustitución de ésta por la de Hiram, en la cual las partes ideales de lo narrativo van íntimamente ligadas a las transacciones reales. De modo que la existencia de Hiram Abif, arquitecto-jefe del templo de Jerusalem y amigo confidencial de los reyes de Israel y de Tiro, como indica su título de Ab, o padre, y el hecho de que no se vuelva a oír nada sobre él después de terminado el templo son hechos rigurosamente históricos. Su muerte violenta descrita por la leyenda masónica, puede ser cierta o, también, un elemento mítico incorporado a la narración histórica. Pero sea o no cierto esto —que la leyenda es hecho o ficción, historia o mito— lo indudable es que los francmasones salomónicos la adoptaron como sustituta de la leyenda idolátrica de la muerte de Dionisios, perteneciente a los misterios dionisiacos de los trabajadores tirios. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XVII LA PALABRA PERDIDA El último símbolo, cuya existencia depende de un mito y al cual vamos a dedicar nuestra atención, es el de la palabra perdida, y su busca. Este símbolo es el más a propósito para terminar nuestras investigaciones, ya que abarca dentro de su esfera a todos los demás, siendo en sí la esencia misma de la ciencia del simbolismo masónico. Para apreciar debidamente los demás símbolos es necesario conocer el origen de la orden, por ellos deben su creación a su relación con instituciones semejantes y anteriores a la francmasonería; pero el simbolismo de la palabra perdida tiene relación exclusiva con el designio y objetos de la institución. Definamos primeramente el símbolo, que después estudiaremos su interpretación. La historia mítica de la francmasonería refiere que hubo un tiempo en que existió una palabra de valor inestimable que era venerada profundamente. Pocos la conocían y, con el tiempo acabó por perderse, siendo substituida por otra, pero, como la filosofía masónica enseña que no hay muerte sin resurrección, ni decaimiento sin restablacimiento posterior, síguese de este principio que la pérdida de la palabra implica su recuperación. En esto consiste el mito de la palabra perdida y de su búsqueda. No tiene importancia el saber cuál era la palabra, ni cómo se perdió, ni conocer la que la sustituyó, ni cuándo se recuperó, porque todos estos hechos tienen un valor secundario que, si bien son necesarios para conocer la historia legendaria, no son imprescindibles para poder comprender su simbolismo. El único, detalle del mito en que debemos fijarnos en el curso de su interpretación es la idea abstracta de la existencia de una palabra perdida y su recuperación posterior. Tal es el objetivo a que hemos de dirigir los pasos durante nuestra investigación. Pero, refiriéndonos en este caso el simbolismo únicamente al gran objeto de la francmasonería, parece lógico dedicarse primeramente al estudio de la naturaleza de este objeto. ¿Cuál es, pues el objeto de la francmasonería? La mayoría de sus discípulos llegan con excesiva precipitación a la conclusión de que es la caridad,

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en su sentido elevado, porque tienen en cuenta tan sólo los resultados prácticos, las nobles caridades que dispensa, las lágrimas de viudas que enjuga, los lamentos de huérfanos que acalla, las necesidades múltiples de desamparados que cubre. Otros, recordando las placenteras reuniones de los banquetes, el trato franco que en ellos se alienta y las solemnes obligaciones de confianza mutua que se inculcan de continuo, creen, que la francmasonería tiene por objeto único el fomento de los sentimientos sociales y la fortificación de los lazos de amistad. Aunque en las conferencias modernas se nos dice que el amor fraternal y la caridad son "las dos principales doctrinas de la profesión francmasónica", también aprendemos en ellas que la verdad no es menos importante; la verdad en sentido estrictamente filosófico, en cuanto se opone a los errores y falsedades intelectuales y religiosos. Pero ya hemos demostrado que la francmasonería primitiva de los antiguos se fundó con objeto de conservar la verdad originalmente comunicada a los patriarcas en toda su integridad, y hemos visto también que la francmasonería espuria, o sea, los misterios nacieron de la necesidad sentida por los sabios, filósofos y sacerdotes de volver a encontrar la verdad perdida. También hemos expuesto que esta misma verdad continuó siendo el objeto de la francmasonería del templo, constituida al verificarse la unión del sistema primitivo o puro con el espurio. Y, por último, hemos tratado de demostrar que esta verdad se relacionaba inextricablemente con la naturaleza de Dios y del alma humana. Nosotros creemos que el objeto y el des ignio de la francmasonería especulativa es la búsqueda de esta verdad. Desde que empieza sus estudios masónicos se encamina al aspirante, por medio de símbolos significativos y enseñanzas expresivas a la adquisición de esta verdad divina; cuya lección se expone ampliamente en las leyendas y mitos del grado de maestro. Dios y el alma.— La unidad del primero y la inmortalidad de la segunda— son las dos grandes verdades, cuya búsqueda constituye la ocupación constante de todo francmasón, de tal modo que, cuando se encuentran, se convierten en la piedra angular, o piedra fundamental del templo espiritual —"la casa no edificada con las manos"— que él está erigiendo. Esta idea de la búsqueda de la verdad es tan importante en la ciencia francmasónica, que no encontramos respuesta mejor a la pregunta: "¿Qué es la francmasonería?" que decir que es una ciencia que tiene por objeto buscar la verdad divina.

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Pero la francmasonería es, sobre todo, un sistema de simbolismo, y todas sus enseñanzas se expresan por símbolos. Por tanto, no podemos creer que careciera de simbolismo una idea tan importante como ésta —la cual constituye, como hemos dicho ya, el objeto fundamental de la institución, de modo que puede adoptarse para definir su ciencia. Por tanto, la palabra es para nosotros el símbolo de la verdad divina; y todas sus modificaciones— su pérdida, sustitución y recuperación—, no son sino partes componentes del símbolo mítico, que representa la búsqueda de la verdad. ¿Como, pues, se ha conservado este simbolismo? ¿De qué manera ha de interpretarse la historia de esta palabra para que todos sus accidentes de tiempo, lugar y circunstancia, tengan relación patente con la idea sustantiva que se ha tratado de simbolizar? Las respuestas a estas preguntas abarcan quizá la parte más intrincada, ingeniosa e interesante de la ciencia masónica del simbolismo, el cual se puede interpretar en sentido general o particular. E n s e n t i d o g e n e r a l a b a r c a t o d a l a h i s t o r ia d e l a francmasonería, desde su nacimiento hasta su consumación. La búsqueda de la verdad es el epítome de la evolución intelectual y religiosa de la orden, que comenzó cuando las multitudes se sumergieron en las profundas tinieblas morales donde parecía haberse extinguido el fuego, a consecuencia de la dispersión de Babel. Entonces, se perdió el nombre de Dios; dejóse de comprender: Su verdadera naturaleza, olvidáronse las divinas lecciones de nuestro padre Noé, corrompiéronse las antiguas tradiciones y se pervirtieron los antiguos símbolos. La carroña del sabeísmo había enterrado a la verdad, y los cultos idolátricos del Sol y de las estrellas había substituida al antiquísimo del verdadero Dios. Tinieblas morales esparciéronse sobre el haz de la Tierra, cual nube impenetrable y densa, que obstruía los rayos del Sol espiritual y cubría al pueblo con el tétrico paño mortuorio de la noche intelectual. Pero esta noche no podía ser eterna. Apuntaba otra brillante aurora, y, en medio de tanta oscuridad, quedaban aún unos pocos sabios cuyo sentimiento religioso les incitaba a buscar la verdad con avidez. Hasta en aquellos tiempos de tinieblas intelectuales y religiosas existieron obreros que buscaban la palabra perdida y que aunque no pudieron lograr lo que se proponían se aproximaron tanto a ello, que el resultado de su búsqueda podía simbolizarse de una manera relativamente satisfactoria por la palabra substituida,

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La multitud idólatra perdió la palabra, asesinó al constructor y suspendió las obras del templo espiritual. De modo que, al perder de vista la existencia divina, fue desvaneciéndose cada vez más su conocimiento de Dios y de la religión pura que les enseñara Noé, terminando por caer en un grosero materialismo y en la idolatría. Así es como se perdió la verdad —la palabra—, según se dice, o empleando las palabras de Tutchinson modificadas en relación con el tiempo, "podría decirse que, en esta situación, se perdió la guía del cielo, y fue muerto el Maestro-Jefe de las obras de la rectitud. Las naciones se entregaron a la más grosera idolatría; y el servicio al verdadero Dios se borró de la memoria de los que cedieron al dominio del pecado". El anhelo que sentían los filósofos y sacerdotes de los misterios antiguos o francmasonería espuria, por descubrir la verdad, les indujo a buscar la palabra substituta. Fueron sus obreros quienes vieron el golpe fatal, quienes conocieron que la palabra no se había perdido, quienes se lanzaron en su busca. Y ellos fueron también los que, al no poder rescatarla de la tumba del olvido en que había caído, con todos los esfuerzos de su sabiduría incompleta, se volvieron hacia las vagas y difusas tradiciones conservadas desde tiempos primitivo, y, con su ayuda, buscaron un sustituto a la verdad en sus religiones filosóficas. Schmidtz opina que los misterios del mundo pagano, no son sino restos de la antigua religión pelásgica, y dice que "las asociaciones de personas creadas con objeto de celebrarlos, debieron haberse formado cuando la influencia abrumadora de la religión helénica empezó a imponerse en Grecia, y cuando las personas que sentían reverencia por el culto practicado en tiempos anteriores se reunieron con objeto de conservaren lo posible la religión de sus antepasados". De modo que, si aplicamos nuestra interpretación en sentido general y admitimos que la palabra es el símbolo de la verdad divina, la narración de su pérdida y su búsqueda se convierte en símbolo mítico de la decadencia y pérdida de la verdadera religión de las naciones antiguas, y de los esfuerzos hechos por los filósofos y sacerdotes para encontrarla y retenerla en sus misterios e iniciaciones secretas, a los que hemos designado hasta ahora con el nombre de francmasonería espuria de la antigüedad. Pero hemos dicho también que además de la interpretación general, existe la particular, duplicidad simbólica, que no es corriente en francmasonería. En páginas anteriores hemos puesto un ejemplo de esta interpretación

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en el simbolismo del templo de Salomón, donde, en sentido general, el templo simboliza el edificio espiritual formado por la agregación de todos los individuos de la orden, del cual es cada francmasón a modo de una piedra: y, en sentido individual, se considera que el mismo templo ha de verse como templo espiritual que debe levantar en su corazón todo francmasón. Ahora bien, la palabra, en sentido individual, con el mito de su pérdida, sustitución y recuperación, viene a ser el símbolo de la evolución personal del candidato, desde la primera iniciación hasta la última, donde llega a conocer todos los secretos de los misterios. El aspirante empieza a buscar la verdad como aprendiz, envuelto en tinieblas, que busca la luz, la luz de la sabiduría, la luz de la verdad, la luz simbolizada por la palabra. Para realizar esta importante tarea, que comienza a tientas, vacilante, dudoso y débil, se prepara purificando el corazón, y recibe la primera palabra sustituta de la verdadera, que, como el pilar que los israelitas tenían ante sí en el desierto, ha de guiarle camino adelante en su jornada. Se le ordena que coja todas las virtudes que ensanchan el corazón y dignifican el alma como báculo y zurrón de viaje, por medio de grandiosos símbolos y tipos, que asocian el primer grado con la juventud, se le inculcan las virtudes de saber guardar el secreto, la obediencia, la humildad, la confianza en Dios, la pureza de conciencia y la economía de tiempo. En el grado de compañero emprende otra ruta, porque ya ha pasado la juventud y ha llegado a la edad madura. Nuevos deberes y obligaciones recaen sobre el individuo. Esta etapa simboliza la parte de trabajo y pensamiento de la vida. En ella ha de cultivarse la ciencia, adquirirse la sabiduría y buscarse la palabra perdida —la verdad divina—, sin lograr por eso encontrarla todavía. Luego llega la etapa de maestro, con todo el simbolismo de la vejez: pruebas, sufrimientos, muerte. Y En ella también avanza el aspirante siempre adelante, clamando "por luz, más luz". La búsqueda está a punto de terminar; pero ha de aprenderse la humillante lección para la naturaleza humana de que, en esta vida —triste y oscura, terrestre y carnal—, no vive la verdad pura; y ha de contentarse el hombre con una sustituta, esperando el momento en que pueda entrar en el segundo templo de la vida eterna, en donde la palabra, la verdad divina, nos enseñará que siempre hemos de aprender de Dios y del alma humana, emanación suya. Así es como el maestro masón, una vez recibida la palabra que sustituye a la perdida, aguarda pacientemente el momento de encontrar ésta y de alcanzar la sabiduría.

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Pero por más que nos afanemos, jamás puede encontrarse enteramente la palabra simbólica —el conocimiento de la verdad divina— en esta vida, o en la cámara del Maestro Masón, su símbolo. La naturaleza mortal, la oculta de la vista de los ojos mortales nublando el intelecto humano. El hombre es capaz de recibir y apreciar la revelación más allá de la tumba, cuando se liberta de la pesada carga de su vida terrenal. De ahí que, cuando hablamos de la recuperación de la palabra, en un grado superior y suplementario a la Antigua Masonería, queramos dar a entender que esta parte sublime del sistema masónico simboliza el estado post mortem. Porque la verdad divina, a cuya busca dedicamos toda la vida, si no en vano, por lo menos sin éxito, así como su clase mística, únicamente puede encontrarse en el profundo abismo de la tumba, bajo los cimientos del edificio, cuando se destruya y venga abajo este templo de vida. Ahora ya sabemos en qué consiste el trabajo masónico que en sí no es más que otra forma del mismo símbolo. El trabajo del francmasón consiste únicamente en buscar la palabra —hallar la verdad divina—, siendo esta palabra el premio concedido a sus esfuerzos. Los monjes de la antigüedad decían que el trabajo es una oración — laborare est orare—. Por eso, el culto de nuestras logias estriba en trabajar por la palabra o por la verdad, con la vista fija siempre hacia adelante y sin mirar jamás hacia atrás, esperando la consumación y la recompensa de nuestro trabajo en el conocimiento prometido a todo lo que no se rezaga. Goethe, que fue a la par que poeta, francmasón, conocía a fondo todo este simbolismo de la vida del Maestro Masón cuando escribió la siguiente hermosa poesía: “La conducta del masón, modelo es de existencia, cuya porfía dura lo que la vida de los hombres. El futuro guarda en su preñado seno alegrías y tristeza, pero nosotros avanzamos por él sin que nada nos acobarde. Ante nuestros ojos se abre el velado y sombrío portal en donde acaban los mortales. Sobre nuestras cabezas duermen estrellas silenciosas; bajo nuestros pies calladas tumbas. Y, mientras contemplamos ansiosos este presagio de terror, acércanse el fantasma y el error a llenar de turbadoras dudas y temores a los más valientes. Pero oíd el clamor de la opinión, de los sabios, de los mundos y de los siglos: "Elegid bien, que la elección es breve, pero infinita. ¡Oh valientes!, en el

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silencio de la eternidad unos ojos os contemplan. Aquí es llenedumbre de recompensas; trabajad con empeño y arrojo y no perdáis la esperanza". Al terminar esta obra, tan inadecuada a la importancia de los temas tratados en ella, puede hacerse, por lo menos una deducción de todo cuanto llevamos dicho: Historiando la evolución de la francmasonería y detallando su sistema simbólico, adviértase que está tan íntimamente relacionado con la historia de la filosofía, la religión y el arte, en todas las épocas del mundo, que tenemos la convicción de que ningún francmasón puede llegar a comprender su naturaleza o apreciar su carácter científico, a menos que se dedique asidua y esforzadamente al estudio de su sistema. La habilidad de repetir sin equivocarse las lecturas ordinarias, cumplir con todos los requisitos ceremoniosos del ritual y dar con precisión los signos del retejador, no es más que el rudimento de la ciencia masónica. Pero la francmasonería tiene que ver con series de doctrinas mucho más elevadas, cuya exposición hemos tratado de hacer en esta obra, aunque de un modo imperfecto. Ellas son las que constituyen la ciencia y la filosofía de la francmasonería, ellas las que únicamente premiarán con creces los esfuerzos de quienes se dediquen a estudiarlas. La francmasonería ha dejado de ser una institución meramente social, para adoptar su, posición original y evidente de ciencia especulativa. Mientras se conserve aún el ritual, como -joyel donde se guarda la preciada perla; mientras se ejerce en ella la caridad, como resultado necesario, pero incidental de sus doctrinas morales; mientras se cultivan todavía sus tendencias sociales cual cemento que une la bella simetría y fortaleza de la fábrica toda, el alma masónica anda por todas partes buscando y pidiendo algo que nos alimente como el mago del desierto, con pan intelectual, en nuestro viaje de peregrinación por la tierra. El mundo masónico clama universalmente por la luz; de ahora en adelante, nuestras logias han de convertirse en escuelas; nuestro trabajo ha de ser el estudio; nuestro salario, la cultura; los tipos, símbolos, mitos y alegorías de la institución han de empezar a investigarse en relación con su significado último; en nuestra historia han de buscarlos celosos investigadores su conexión con la antigüedad. Los francmasones comprenden ahora en toda su amplitud la definición tantas veces citada de que: "La masonería es una ciencia de moral, velada en alegorías y esclarecida por medio de símbolos". Por tanto, aprender francmasonería es conocer nuestro trabajo y realizarlo bien. ¿Cuál será el buen obrero que se atreva a no realizar esta labor? Regresar a índice.

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CAPÍTULO XVIII LA RAMA DE ACACIA La historia mítica de la RAMA DE ACACIA está íntimamente relacionada con la leyenda del tercer grado. No existe símbolo de mayor interés para el estudiante masón que el de la rama de acacia; no sólo por su significación peculiar, sino porque nos abre un campo extenso y bello de investigaciones de las plantas sagradas. En todos los antiguos sistemas iniciáticos y religiosos, hubo siempre una planta sagrada que tuvo su simbolismo especial y fue venerada por los devotos como sagrado emblema. Así, por ejemplo, en los misterios de Dionisios se empleaba la HIEDRA; en los de Ceres, el MIRTO; en los de Osiris, la ERICA y en los de Adonis, la LECHUGA; pero ya tendremos ocasión de tratar de este tema en otra parte de esta disertación. Antes de examinar el simbolismo de la acacia, será conveniente, quizás, identificar la planta que ocupa un lugar tan importante en el ritual francmasónico. Hemos de decir, aunque sea de pase, que se incurre en gran error cuando se designa la simbólica planta de la francmasonería con el nombre de "CASIA", error que se explica por la costumbre que tiene la gente inculta de eludir la letra "A", en las palabras de que constituye sílaba inicial. La opinión de Oliver de que la palabra casia se corrompió desde 1730, transformándose en acasia, es contraria a toda experiencia etimológica. Las palabras al corromperse, no se alargan, sino que se reducen. La gente inculta y descuidada tiene tendencia a suprimir sílabas, pero no a añadirlas. Por desgracia, esta corrupción de la palabra acacia no se ha limitado al círculo de los iletrados, sino que también algunos escritores la han empleado. Hasta el venerable Oliver, tan conocedor del simbolismo de la acacia, sobre el cual ha escrito bellas páginas, se permite emplear este barbarismo, influido quizá por la excesiva frecuencia con que se usaba en las logias inglesas. En América son pocos los francmasones que caen en semejante error; pero quedé extrañado de haber visto que una o dos logias habían adoptado el nombre de "Casia". La casia de los antiguos era una planta innoble, sin significación, ni carácter sagrado, cuya misión más elevada estriba en formar guirnaldas con

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otras olorosas plantas; según dice Virgilio: ... pálidas violetas, sonrojadas amapolas, eneldos que perfuman el viento, casias, jacintos y narcisos con amarillos clavelones la guirnalda llenan. Alston dice que la "Casia lignea de los antiguos eran las ramas más largas del cinamomo, que se cortaban con su corteza, y se enviaban a los fabricantes de drogas; la Casia fístula, o Syrinx, era el mismo Cinamomo con la corteza únicamente"; pero Ruaeus dice que, a veces, también denotaba el espliego o el romero. En las escrituras no se menciona la casia más que tres veces: dos para traducir la palabra hebrea kiddal, y una para verter la voz ketzioth; pero siempre se hace para referirse a una planta que forma parte de un perfume determinado. Tenemos suficientes razones para creer que la casia no es más que el nombre con que se conoce una preparación rudimentaria del cinamomo. También es un dato digno de tenerse en cuenta que no crecía en Palestina, sino que se importaba de oriente. Por el contrario, la acacia se estimaba como árbol sagrado. Es la acacia vera de Tournefort, y la mimosa milotica de linneo. Crecía abundantemente en las inmediaciones de Jerusalem donde todavía se puede encontrar, y todos sabemos que de ella se extrae la goma arábiga. Es cierto que Oliver dice que "no existe el menor vestigio de .que este árbol creciera tan al norte como en Jerusalem"; pero esta afirmación la refuta el teniente Lynch, que vio las plantas de este género en Jericó y aún más al norte. El Rabí .José Schwarz, que es una gran autoridad, dice: "Del árbol llamado Acacia (Sittim), Al Sunt, existen gran variedades en Palestina; se parece al moral, alcanza gran altura, y tiene una madera recia. La goma que de él se obtiene se conoce con el nombre de goma arábiga. Schwarz residió durante dieciséis años en Palestina, y sus observaciones son directas. Por tanto, los testimonios de Lynch y Schwarz acaban de un modo terminante con la discusión sobre la existencia de la acacia en Palestina. La acacia, que recibe en las Escrituras el nombre de shittah y en el plural Shittim, era tenida por sagrada entre los hebreos. Moisés recibió orden de hacer el tabernáculo, el arca de la alianza, la mesa para colocar los panes de proposición y el resto del mobiliario sagrado con esta clase de madera. Isaías dice, cuando enumera las gracias que había de otorgara los israelitas al volver del cautiverio, que, entre otras cosas, él plantaría en el desierto para su descanso y disfrute, el cedro, la acacia (o, como decimos en nuestra versión común, el shittah), el abeto y otros árboles.

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Así, pues, la primera cosa que se observa cuando se estudia el símbolo de la acacia es que este árbol es el elegido entre los del bosque para fines sagrados. El árbol con que se habían construido el tabernáculo y el arca de la alianza, tuvo que ser considerado por los judíos como más sagrado que los demás. Por tanto los francmasones primitivos estuvieron acertados cuando eligieron esta planta consagrada, como símbolo que enseñara una importante verdad divina a los siglos futuros. Hemos terminado ya la historia de esta planta, y ahora podemos proceder al examen de sus relaciones simbólicas: Primera. En el sistema, mítico de la francmasonería, la acacia es en grado superlativo el símbolo de la INMORTALIDAD DEL ALMA, importante doctrina, cuya enseñanza constituye el objeto fundamental de la institución. Así como la naturaleza evanescente de las flores que "florecen y se marchitan" nos recuerda la transitoriedad de la vida humana: en cambio, la renovación perpetua de la planta perenne, que siempre joven y vigorosa, puede compararse a la vida espiritual, en la cual el alma goza de juventud inmortal y eterna primavera, una vez emancipada de la compañía corruptible del cuerpo. En el solemne e impresionante servicio funerario de nuestra orden decimos: "Esta planta perenne es el símbolo de nuestra creencia en la inmortalidad del alma. Ella nos recuerda que en nuestro interior existe una parte inmortal que ha de sobrevivir a la tumba y que nunca jamás ha de perecer". Y, asimismo, en las sentencias con que se cierran las lecturas del manual del tercer grado, se repite el mismo sentimiento diciendo que "con la rama perenne y siempre viva" el francmasón "tiene mayor confianza en la inmortalidad del alma". Esta interpretación del símbolo es tan sencilla y natural que es la que se le ocurre a todo hombre pensador, por cuya razón se le encuentra en las naciones de todos los tiempos. Era costumbre antigua, que todavía no ha caído en completo desuso, el que, quienes asistían a los funerales, llevaran ramas de alguna planta perenne, en general del cedro o del ciprés y la depositaran en la tumba de la persona muerta. Según dice Dalcho, los hebreos plantaban siempre una rama de acacia en la cabecera de la tumba dedicada al amigo muerto. "Esta costumbre se estableció debido a que los hebreos no enterraban a sus muertos en el recinto de la ciudad, por obedecer a sus leyes, y como se prohibía que los Cohens, o sacerdotes, cruzaran por encima de las tumbas, era necesario poner o plantar señales para que pudieran evitarlas. La acacia se empleaba con este objeto". De mi parte no estoy de acuerdo con las razones dadas por 130


Dalcho, pero no puede dudarse de la existencia de la costumbre a pesar de las objeciones del doctor Oliver. Blount dice hablando de las costumbres judías en los enterramientos que "quienes colocan una losa de mármol sobre las tumbas dejan un agujero de una vara de largo y un pie de anchura en el cual plantan una siempreviva, que parece crecer del cuerpo y que se cuida esmeradamente". Hasselquist confirma sus palabras. Según Potter, los griegos "tenían por costumbre adornar las tumbas con hierbas y flores". Toda suerte de plantas de los colores rojo y blanco eran gratas a los muertos, principalmente el amaranto y el mirto. El mismo nombre de la primera de estas plantas, que significa "jamás marchita", parece indicar la verdadera significación simbólica de la costumbre, aunque los arqueólogos han supuesto en general que con él se expresa simplemente el amor de los supervivientes por la persona fallecida. Ragón dice que los antiguos sustituyeron todas las plantas por la acacia, porque creían que era incorruptible e inatacable por los insectos y otros animales, simbolizando con ello la naturaleza incorruptible del alma. De cuanto hemos dicho se verá cuán acertada es la colocación de la acacia entre los símbolos de este grado, cuyas ceremonias tienen por objeto la enseñanza de la gran verdad de que "la vida del hombre, regulada por la moral, la fe y la justicia, será recompensada a la hora de la muerte con la perspectiva de la bienaventuranza eterna". De modo que cuando el maestro masón exclama: "Mi nombre es Acacia", es como si dijera: me he levantado de entre los muertos, y, como me he regenerado, tengo derecho a la vida eterna. La significación vulgar de la rama de acacia presenta al maestro masón un símbolo de la inmortalidad del alma, y su naturaleza inmutable y perenne, tiene por objeto recordarle esa parte espiritual existente en nosotros que nunca puede morir, por ser emanación del Gran Arquitecto del Universo. Y esta significación, que es la más general y ordinariamente aceptada, es también la más importante; la acacia, por ser el símbolo peculiar de la inmortalidad, se ha convertido en el más apropiado de una orden, que trata de enseñar en todas sus enseñanzas la sublime lección de la "vida que se levanta de la tumba". Pero existen dos interpretaciones incidentales de importancia que son también dignas de investigarse. Según. La acacia es símbolo de INOCENCIA. Este simbolismo es de un carácter insólito, pues no depende de la analogía de la forma o empleo del

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símbolo con la idea simbolizada, sino de la doble significación de la palabra. Porque la voz griega akakta significa al mismo tiempo que la planta en cuestión, la cualidad moral de inocencia o pureza de vida. En este sentido el símbolo se refiere a aquel hombre sobre cuya tumba se plantó la acacia y que por su conducta virtuosa, se ha convertido en modelo de masones, y, en consecuencia, alude también a todo maestro masón, que ha de emular su ejemplo. Hutchinson, prolonga la interpretación de este símbolo de la manera siguiente, incurriendo de nuevo en su teoría favorita de la francmasonería cristianizada: "Cuando los francmasones describimos el deplorable estado en que se encontraba la religión bajo la ley judía, hablamos siempre de modo figurado: Su tumba eran los escombros y desechos del templo, y la acacia tejía sus ramas sobre su monumento; la palabra griega akakta significa inocencia, o estar libre de pecado. Con estas palabras queremos dar a entender que los pecados y depravación de la antigua ley y de los devotos del altar judío habían ocultado la religión a quienes la buscaban, la cual sólo se podía encontrar en donde se sobrevivía la inocencia, bajo el pabellón del divino cordero. Nosotros creemos que se nos debe distinguir por nuestra Acacia, y como verdaderos acacianos en nuestra religión y doctrina". Los antiguos acostumbraban a simbolizar las virtudes y otras cualidades del alma con diversas plantas de conformidad con su naturaleza. Estos simbolismos se han perdido actualmente en muchos casos, pero todavía se conservan bastantes, a los cuales damos hoy día interpretación acertada. Por ejemplo, el olivo era el símbolo de la paz, porque, como dice Lee, "su aceite es utilísimo en todas las artes manuales que florecen, principalmente en tiempo de paz". El membrillo era entre los griegos el símbolo de la felicidad y del amor, y por esta razón ordenaban las leyes de Salón que los novios comieran juntos un membrillo, en los matrimonios atenienses. Es probable que el simbolismo del membrillo se derivara de su nombre, como en el caso de la acacia; porque parece existir cierto parecido entre la voz griega que quiere decir en membrillo, y el participio que significa, regocijo, alborozo, pero esta interpretación debió de ser tardía, puesto que el nombre se deriva de Cpdon en Creta, de cuya isla procede el membrillo. Desprez dice al tratar de la palma, como emblema de victoria: "Palma veró signum victoriae passim apud omnes statuitur, ex Plutarcho, prospterea quod ea est cjus natura ligni ut urgentibus opprimentibusque minimé cedata Unde est illud Alciati epigramma:

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Nititur in pondus palma, et consurgit in altum: Quoque magis premitur, hoc magé tollit onus. En el libro octavo de su Symposia habla Plutarco de la cualidad especial que tiene la palma de resistir cualquier peso y levantarse y erguirse a pesar de ello, por lo cual se adoptó el símbolo de victoria. También Cowley alude a ello en su obra llamada Davidesis, cuando dice: Sabía que las palmas se enderezan cuando las oprimen, y que era el galardón de victoria. La palma era el símbolo de victoria; por eso se encuentra constantemente en las catacumbas de Roma, como emblema del triunfo cristiano sobre el pecado y la muerte. El romero simbolizaba la memoria y el recuerdo, y por esa razón se empleaba en los matrimonios y funerales. "Antiguamente se creía que el romero fortalecía la memoria, y no sólo se llevaba en los funerales, sino también en las bodas". Douce cita la siguiente canción antigua: Entre nosotros dos tenemos el romero noche y día para que no me olvide de que quisiera poder contemplarte siempre. El perejil se consagraba al duelo, y por eso los griegos adornaban las tumbas con esta planta. También se usaba como corona de los vencedores en los juegos Nemeos, que eran de carácter funerario. Según dice Ste. Croix, estaba prohibido en los Misterios de Samotracia poner perejil en la mesa, porque, según los misterios, esta planta habla nacido de la sangre de Camilo asesinado por sus hermanos. Cuando la francmasonería adoptó la acacia como símbolo de inocencia, no hizo sino extender la antigua costumbre universal de consagrar determinadas plantas a ciertas virtudes particulares. Y, por último, la acacia debe estudiarse también como símbolo de INICIACION, que es la interpretación más interesante y, a nuestro parecer; la primaria y original, siendo las demás incidentales. Esto nos induce a investigar el hecho significativo a que ya aludimos antes, de que en todas las antiguas religiones y misterios existía una planta, consagrada por su significación esotérica, que jugaba un papel tan importante en la representación de los ritos; que terminaba por convertirse en símbolo de iniciación a fuerza de haberse empleado constantemente en ceremonias de este género. En los misterios de Adonis oriundos de Fenicia, más tarde

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transferidos a Grecia, se representaba la muerte y resurrección de Adonis. En cierto pasaje de la leyenda de estos misterios se refería que, cuando Adonis fue muerto por el jabalí, Venus depositó su cadáver en un lecho de lechuga. Y para conmemorar este supuesto acontecimiento, los iniciados llevaban lechugas recién plantadas en macetas de tierra el primer día de la celebración, en el que se verificaban los ritos funerarios. Por eso la lechuga llegó a ser la planta sagrada de los Misterios Adonisiacos o Adonis. El loto es la planta sagrada de los ritos brahamánicos de la India y simboliza la trinidad elemental —tierra, agua y aire— porque, como planta acuática se nutre de todos estos elementos combinados, pues clava las raíces en tierra, el tallo está sumergido en agua y las hojas se encuentran expuestas al aire. "Los hindúes representan el loto del mundo con cuatro hojas grandes y cuatro pequeñas colocadas alternativamente, mientras que del centro de la flor surge una protuberancia. Para ellos el cáliz circular formado por las ocho hojas simboliza la tierra, que flota en la superficie del océano y consta de cuatro grandes continentes y cuatro islas intermedias más pequeñas. La protuberancia central representa el sagrado Monte Merú". Los egipcios que copiaron gran parte de sus ritos religiosos de oriente, adoptaron el loto, también indígena en su país, como planta mística, para simbolizar la iniciación y el nacimiento en la luz celestial. Por eso, solían representar en sus monumentos al Dios Phere, el sol, naciendo en el cáliz abierto de un loto, como observa Champollion. La flor del loto es parecida a la amapola. Sus grandes hojas, en forma de lechuga, flotan en la superficie del agua. Los egipcios observaron que esta planta se abre cuando sale el sol y se cierra cuando llega el ocaso, y por esta razón la adoptaron para simbolizar al astro-rey. Como esta estrella era el objeto principal del culto popular, el loto llegó a ser una planta mística y sagrada en todos los ritos. También los egipcios tenían por sagrada a la ERICA. En el origen de la consagración de esta planta hay una coincidencia singular interesante para los estudiantes masónicos. Dice la leyenda osírica que Isis descubrió el cadáver de su esposo muerto, cerca de una erica, situada en la ceja de una colina, mientras la Diosa vagaba en busca del Dios: de ahí que ella adoptara la erica como sagrada, cuando instituyó los misterios, para conmemorar que esta planta señalaba el lugar en donde estaba oculto el cuerpo desgarrado de Osiris. También es cosa significativa que la palabra eriko, del griego de la que probablemente se deriva erica, quiera decir despedazar. 134


Ragon describe de la manera siguiente este místico acontecimiento: "Isis encontró el cuerpo de Osiris en las cercanías de Biblos, junto a una alta planta llamada erica. Llena de dolor, sentóse al margen de una fuente, cuyas aguas brotaban de una roca. Esta roca es la pequeña colina de que habla el ritual; la erica se ha reemplazado por la acacia, y el dolor de Isis por el de los compañeros masones". La planta sagrada de druidismo es el muérdago. Su carácter sagrado procede de una leyenda de la mitología escandinava que relatan así los Eddas, o libros sagrados: Habiendo soñado el Dios Balder, hijo de Odín, que se encontraba en gran peligro su vida, su madre, Friga, obligó a que todos los seres pertenecientes a los reinos vegetal, animal y mineral le jurasen no hacer daño a su hijo. Sólo se olvidó el muérdago, débil planta de pequeño tamaño. Enterado de ello Lok, el genio del mal o Dios de las tinieblas, entregó una flecha hecha de muérdago a Holder, el hermano ciego de Balder, cierto día en que los Dioses se entretenían en arrojarle armas, maravillándose de que no pudiera hacerle daño con nada. Pero Holder disparó la flecha de muérdago y Balder cayó herido de muerte. Desde entonces se reverenció el muérdago como planta sagrada, consagrándola a los poderes de las tinieblas. Todos los años salían los druidas en procesión por el bosque en la busca del muérdago, que, al ser encontrado, cortaba el Archidruida y distribuía entre el pueblo, después de celebrar un solemne sacrificio. Clavel observa con verdadero ingenio que es evidente que como Balder simboliza el Dios-sol y Lok, las tinieblas, la busca del muérdago se verificaba con objeto de privar al Dios de las tinieblas del poder de destruir al Dios de la luz. La distribución de los fragmentos del muérdago entre los piadosos adoradores, se hacía para cerciorarles de que, desde entonces, Lok no podría repetir su hazaña, por no tener medios para ello. Según Toland el festival de la busca, corte y consagración del muérdago, se celebraba el día 10 de marzo, o el Año Nuevo. "Esta es la ceremonia a que alude Virgilio con las palabras rama de oro en el Sexto Libro de Eneida". Y tiene razón, porque todas estas plantas sagradas tuvieron un origen común en alguna idea simbólica general y antigua. El mirto representaba el mismo papel en el simbolismo de los misterios griegos que el Loto en los egipcios y el muérdago en los druídicos. En estas iniciaciones se coronaba al candidato con mirto, porque, según la teología popular, esta planta se consagraba a Proserpina, la Diosa de la vida futura. Todo el que haya estudiado los clásicos recordará la dorada rama que la sibila entregó a Enea, 135


antes de que éste continuara su viaje a las regiones infernales, viaje que según la opinión que priva actualmente, era la representación mítica de las ceremonias de iniciación. Mientras que la planta sagrada era en todos los misterios antiguos, un símbolo iniciático, la iniciación simbolizaba, a su vez, la resurrección a una vida futura y a, la inmortalidad del alma. La francmasonería representa hoy día de las iniciaciones antiguas, ha substituido el loto, la hiedra, la erica, el muérdago y el mirto, por la acacia. La lección de sabiduría es idéntica; solo ha cambiado la forma de la inmortalidad, de la inocencia y de la iniciación; pero estas tres interpretaciones van íntimamente unidas, lo cual puede observarse cuando se encuentra la verdadera interpretación del símbolo. Este símbolo nos enseña que, en la iniciación de la vida, cuyo emblema es la iniciación en el tercer grado, la inocencia ha de yacer durante cierto tiempo en la tumba, hasta que, por fin, la palabra del Gran Maestro del Universo le llame a la inmortalidad bienaventurada. Únase a esto el recuerdo del lugar en donde se plantó la acacia, o sea el Monte Calvario, donde fue sepultado "quien trajo la vida y la inmortalidad", cuyo personaje se conoce en la masonería cristiana con el nombre de "león de la tribu de Judá", y recuérdase, además, que la cruz de madera sustituye a la acacia tan insignificante, pero que, en realidad, es el más importante y significativo de la ciencia masónica, hállase una bella sugestión de todos los misterios de vida y muerte, de tiempo y eternidad, del presente y del futuro. Leída de esta forma (y nuestros símbolos deberían leerse también así) la francmasonería demuestra a sus discípulos que es algo más que una entidad social o una asociación de caridad. Viene a ser a manera de "una lámpara colocada a nuestros pies", cuya luz espiritual brillan en la oscuridad del lecho mortuorio y disipa las tenebrosas sombras de la tumba. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XIX LEYENDA DEL TERCER GRADO. El símbolo legendario más importante y significativo de la francmasonería es, sin duda alguna, el que relata la vida de HIRAM ABIF, que por su excelencia se conoce comúnmente con el nombre de LEYENDA DEL TERCER GRADO. El documento más antiguo que se ha podido encontrar sobre esta leyenda está contenido en la segunda edición de las CONSTITUCIONES publicadas por ANDERSON en el año de 1738, y dice así: "Se terminó (el Templo) en el breve espacio de SIETE AÑOS y SEIS MESES, lo cual asombró al mundo; la fraternidad celebró con júbilo la colocación de la piedra cimera; pero su júbilo fue interrumpido por la muerte de su querido maestro Hiram Abif, a quien enterraron decorosamente en la logia, cerca del templo, según la antigua usanza". En la siguiente edición de esta obra, publicada en el año de 1756, se relatan algunas circunstancias más, como, por ejemplo, la participación del Rey SALOMÓN en el dolor general, y el hecho de que el Rey de Israel "ordenó que sus exequias se celebraran con gran solemnidad y decoro". Excepto estas palabras de Anderson y las citas que de ellas hicieron algunos autores posteriormente, la narración no se ha escrito jamás, comunicándose de época en época por tradición oral. Tal es la importancia de esta leyenda que se ha conservado en todos los ritos masónicos. A pesar de las modificaciones experimentadas por el sistema general, y de que los fundadores de ritos se han dejado llevar de su imaginación para pervertir o corromper otros símbolos, aboliendo los antiguos y substituyéndolos por otros nuevos, la leyenda del Constructor del templo ha permanecido intacta, conservando toda la integridad de su antigua forma mítica. ¿Cuál es, pues, la significación de este símbolo tan importante y difundido? ¿Qué interpretación puede dársele que justifique su universalidad? ¿Cómo ha llegado a tener tanta importancia en la francmasonería, que forma ya parte de su esencia y se ha considerado inseparable de ella? Para responder debidamente a estas preguntas, es preciso describir, tras breve investigación, el remoto origen de la Francmasonería y su relación con los antiguos sistemas iniciáticos.

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El objeto fundamental de todos los ritos y misterios de que constaba la "francmasonería espuria" consistió en enseñar la doctrina consoladora de la inmortalidad del alma. Este dogma, que brillaba a manera de faro en las tinieblas del ambiente pagano, procedía del antiguo sacerdocio o pueblo que practicó el sistema de la "francmasonería pura", conservándolo únicamente en forma de una proposición abstracta y de una sencilla tradición. "Varios sabios investigadores, entre ellos Creuzer, relacionan la interpretación alegórica de los mitos con la hipótesis de la existencia de un cuerpo de sacerdotes antiguos y cultísimos, procedente de oriente o de Egipto, que comunicó a los rudos y bárbaros griegos conocimientos históricos, físicos y religiosos, bajo el velo de los símbolos". El Caballero Ramsay corrobora esta teoría, diciendo que: "En las obras de los sabios de todas las naciones, épocas y religiones se encuentran vestigios de las verdades más sublimes, vestigios que son emanaciones más o menos adulteradas y disimuladas de la tradición antediluviana y noaquita". Pero, cuando la idea se exponía en los misterios a las almas sensuales de los filósofos y místicos paganos, se encerraba siempre en forma de representación escénica. De ello pueden encontrarse abundantes pruebas en todos los escritores antiguos y modernos que han tratado de los misterios. Apuleyo dice, describiendo cautamente su iniciación en los misterios de Isis: "Yo me aproximé a los confines de la muerte, y, despues de hollar el umbral de Proserpina, volví de allí, siendo llevado a través de todos los elementos. A medianoche vi lucir el Sol con toda su brillante luz; me acerqué a los Dioses de abajo y a los Dioses del cielo, permanecí cerca de ellos y los adoré". De estas palabras se desprende que se trataba de una representación escénica. Asimismo, la influencia del primitivo culto sabeo, en que se adoraba al Sol resucitado por la mañana de la muerte aparente padecida en la hora del ocaso, hizo que se adoptara el Sol naciente en todos los misterios por símbolo de la regeneración del alma. En los misterios egipcios se representa la muerte y regeneración de Osiris; en los fenicios, la de Adonis y en los sirios, la de Dionisios. En todos ellos, el aparato escénico de la iniciación tenía por objeto enseñar al candidato el dogma de la vida futura. Baste saber también que las ramas espuria y pura del sistema masónico, y que la última adoptó el mismo método de representación escénica que la primera. La narración del constructor del templo sustituyó a la de Dionisios, mito

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peculiar a los misterios practicados por los trabajadores tirios. Por lo tanto, la idea enseñada en el mito de los misterios antiguos es la misma que la que se expone en la leyenda masónica del tercer grado. De ahí que Hiram Abif sea en el sistema masónico el símbolo de la naturaleza humana que se desarrolla en esta vida y en la venidera; y así, mientras que el templo era el símbolo visible del mundo, como hemos visto hasta ahora, su constructor venía a ser el símbolo mítico del hombre, habitante y trabajador de ese mundo. Ahora bien, ¿no es acaso este símbolo evidente? El hombre que emprende el viaje de la vida, poseyendo facultades y energías que le capacitan para el ejercicio de los elevados deberes a cuyo cumplimiento ha sido llamado, conserva al obtener el triunfo, el conocimiento de la verdad divina que le otorgara el atavismo de su raza, si es "un trabajador hábil y entendido", conocedor de todas las cuestiones morales e intelectuales (sólo de semejante hombre puede ser símbolo el constructor del templo). Esta verdad divina se simboliza por medio de la PALABRA. Y mientras la muda creación inclina los ojos hacia abajo, y a su terrenal madre tiende, el hombre mira hacia lo alto, y con levantados ojos contempla su propio cielo hereditario. Provisto de la palabra de vida, dedica el tiempo a construir un templo espiritual, y continúa viajando para cumplir todos sus deberes, depositando sus designios sobre el tablero del futuro e invocando la ayuda y dirección de Dios. Pero, ¿acaso cruza siempre su camino por bosques floridos? ¿No le obstruye el camino enemigo alguno? ¿Camina por ventura eternamente por lugares calmos y claros, que el Sol enciende y los suaves céfiros orean? ¡Ay! no. "El hombre ha nacido para la inquietud, como las chispas que saltan del fuego". En todas "las puertas de la vida le acechan peligros", dicen los orientales. De joven, alucinante las tentaciones; de hombre, oscurécele el camino las desventuras, y de anciano es víctima de la enfermedad y de la flaqueza; pero si se cubre con la armadura de la virtud puede resistir a las tentaciones, arrojar a un lado las desventuras y erguirse triunfante sobre ellas; más al fin ha de ceder eventualmente ante el enemigo más espantoso e inexorable de su raza. Dirribado por la muerte, cae vencido en la tumba, y se le entierra en los despojos de su fragilidad humana y pecadora. Esta doctrina de la francmasonería, se denominaba APHANISMO en los antiguos misterios. En ella se aprendía la amarga, poro necesaria lección de la muerte. El alma viviente, con el cuerpo muerto que la encerraba, ha desaparecido

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y no puede encontrarse en ninguna parte. Todo es oscuridad —confusión—, y desespero. Se ha perdido por unos momentos la verdad divina —la PALABRA y el maestro masón puede decir ahora como Hutchinson: "Preparo mi sepulcro y abro mi tumba en la corrupción de la tierra. Encuéntrome bajo la sombra de la muerte". Pero el simbolismo seria incompleto si se terminara con esta lección de la muerte, que sería inútil y ociosa —por no decir perniciosa y corrupta—, ya que iría contra el instinto de la existencia futura innato en el hombre. Por esta razón, las subsecuentes partes de la leyenda tienen por objeto enseñar el sublime simbolismo de la resurrección de la muerte y del nuevo nacimiento a una vida futura. El descubrimiento del cuerpo, que en la iniciación de los mistarios recibía el nombre de euresis, y su traslado desde la tumba en que se hallaba encerrado a un lugar sagrado situado dentro del recinto del templo, simbolizan de un modo bello y profundo esta gran verdad, cuyo descubrimiento era el objeto de todas las iniciaciones antiguas, y asimismo casi el designio fundamental de la francmasonería. Esta verdad enseña que cuando el hombre traspase las puertas de la vida y obedezca al inexorable mandato de la muerte, se levantará (no en el ritual gráfico de una logia, eterna de la que la masónica no es sino el símbolo) ante la palabra creadora del Gran Maestro del Universo, desde el tiempo a la eternidad, desde la tumba de la corrupción a las cámaras de esperanza, desde las tinieblas de la muerte a la luz celeste de la vida; y asimismo, su espíritu desencarnado será llevado tan cerca del santo de los santos donde mora la divina presencia, como la humanidad se puede acercar a Dios. Esta es la interpretación que nosotros damos a la leyenda del tercer grado. Hemos dicho ya que la historia mítica del constructor del templo se ha difundido universalmente en todas las naciones y ritos, y que no sumió ninguna forma nueva ni diferente en su esencia, cuando se alteró, disminuyó o aumentó sea cuales fueran las épocas y naciones en que esto aconteciera, de modo que el mito ha sido siempre el mismo. No ocurre lo propio con su interpretación. La que nosotros acabamos de dar, que, según creemos, es correcta, es la adoptada generalmente por los francmasones de nuestro país; pero en otras partes, otros escritores lo han interpretado de diferente manera, si bien han estado siempre acordes en conservar la idea general de la resurrección o regeneración de algo desde una esfera o función inferior a otra superior. Así, por ejemplo, uno de los más antiguos escritores del continente ha creído ver en este mito el símbolo de la destrucción de la orden templaría, 140


representado proféticamente su restauración a la dignidad y poder originales. En algunos grados filosóficos elevados se enseña que la leyenda se refiere a los sufrimientos, muerte y resurrección del Cristo. Un autor francés dice hablando del grado de "Muy perfecto maestro" que: "En este mito se ve que Hiram no es en realidad sino el tipo o símbolo de Jesucristo, y que el templo y los demás símbolos masónicos son alegorías relativas a la iglesia, la fe y las buenas costumbres", Hutchinson, que tuvo el honor de ser el primer escritor filosófico que trató de la francmasonería en Inglaterra, supone que ésta leyenda tiene por objeto carnar la idea de la decadencia de la religión judía y su sustitución por la cristiana. Este autor dice: "Así, pues, nuestra orden es una contradicción positiva a la infidelidad y ceguera judaica, y testifica nuestra Creencia en la resurrección del cuerpo". El Dr. Oliver — "clarum et venerabile nomen", nombre inmaculado y venerable—, cree que la leyenda tipifica la muerte de Abel a manos de Caín y que simbólicamente se refiere a la muerte universal de nuestra raza debida al pecado de Adam y su resurrección por el sacrificio del Redentor, de acuerdo con las palabras del Apóstol: "Así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados". "Por tanto, la leyenda existente en todas las épocas de la francmasonería especulativa, se refiere históricamente a nuestra muerte en Adam y nuestra vida en Cristo. ¿Cuál fue, pues, el origen de nuestra leyenda? o con otras palabras, ¿A qué incidente particular anterior al diluvio se refiere la leyenda iniciática? Yo creo que es el asesinato de Abel por Caín; a la fuga del asesino; el descubrimiento del cadáver verificado por los desconsolados padres, a su entierro, con la esperanza de que resucitara de entré los muertos, y a la detención y castigo de Caín por divina venganza". Ragón opina que Hiram es un símbolo del Sol, cuyo poder y rayos vivificantes se amenguan en los tres meses invernales, y del recobro de su calor en la primavera. Y, por último, Des Etangs, adoptando en parte la interpretación de Ragón; añade otra, a la que denomina simbolismo moral de la leyenda, y supone que Hiram no es sino la eterna razón, cuyos enemigos son los vicios que depravan y destruyen a la humanidad. A toda esta interpretación habría que hacer importantes objeciones, si bien hay algunos que lo merecen más que otras. En cuanto a quienes interpretan la leyenda de un modo astronómico, y

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dicen que simboliza los cambios anuales del Sol, hemos de decir que, si bien admiramos el ingenio con que exponen sus argumentos, creemos que se olvidan al dar tal interpretación de la evolución religiosa experimentada por la francmasonería en pasados siglos, y caen en la corrupción y perversión del sabeísmo. La interpretación templaria del mito ha de descartarse también,para evitar anacronismo, a menos que se niegue la existencia de la leyenda antes de la abolición de la orden de los caballeros templarios, con lo cual negaríamos también la antigüedad de la Francmasonería. En cuanto a la suposición de que el mito sea cristiano, hemos de decir que Hutchinson y Oliver se equivocaron cuando afirmaron que el grado de maestro masón es una institución cristiana, si bien hay que reconocer que sus argumentos son profundamente filosóficos. Es cierto que este grado abarca las grandes verdades que enseña el cristianismo sobre el tema de la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo; pero esto se debe a que la francmasonería es verdad, como también el cristianismo, y a que todo lo que es verdad es idéntico. Sin embargo, su origen y su historia son diferentes. La Francmasonería es mucho más antigua que el cristianismo de Salomón, y hasta de los pueblos anteriores a esta época su religión se deriva del antiguo sacerdocio, y su fe es la de Noé y sus inmediatos descendientes. Si la Francmasonería fuera tan sólo una institución cristiana no podría participar conscientemente de su iluminación quienes pertenecieran a otras religiones; pero, precisamente, se precia y está orgullosa de su universalidad porque con su lenguaje pueden conversar los ciudadanos de todas las naciones; porque ante sus altares se arrodillan hombres pertenecientes a todas las religiones; y porque los discípulos de todas las creencias suscriben su credo. Pero no podemos negar que, al advenir el cristianismo, si infundió casi imperceptiblemente en el sistema masónico un elemento de esta religión, o por lo menos entre los francmasones pertenecientes a ella, lo cual ha sido inevitable, porque toda religión predominante tiende a infiltrar sus influencias en todo cuanto la rodea, ya sea religioso, político o social. El hombre que siente intensamente el espíritu de su religión experimenta el deseo casi inconsciente de acomodar y adaptar todos los asuntos, esparcimientos, trabajos y ocupaciones de la existencia diaria, a la fe de su alma. Por esta razón los francmasones cristianos ansian dar a los demás un carácter cristiano, investirlos en cierta manera con las particularidades de su credo e interpretar el simbolismo conforme a sus sentimientos religiosos, a pesar de que aprecian en su justo valor las bellas doctrinas que enseña la francmasonería y agradecen que se hayan conservado en el seno de su antigua orden en tiempos en

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que las naciones circundantes no las conocían. Este sentimiento instintivo es una de las más nobles aspiraciones de la naturaleza humana; pero los autores masónico-cristianos se dejan llevar por ella con exceso, y afectan al carácter cosmopolita de la institución con la extensión de sus sectarias interpretaciones. Esta tendencia cristianizante ha sido en ciertos casos tan universal y ha prevalecido durante periodos tan largos que ha logrado imbuir el elemento cristiano de tal forma en ciertos simbolos que, quienes no conocen la causa de ello, no saben ni atribuir al símbolo un origen antiguo o moderno y cristiano. Para esclarecer la idea que adabamos de exponer y dar un notable ejemplo de una interpretación cristiana y gradual de un símbolo masónico, vamos a estudiar el mito subsidiario (queremos decir subordinado a la gran leyenda del constructor), que se refiere a las circunstancias relacionadas con la tumba, colocada en "la cumbre de una colina cercana al monte Noria. Ahora bien, el mito o leyenda de la tumba es una deducción auténtica y genuina del simbolismo de la antigua masonería espuria. Es análogo el pastos, féretro o lecho, de que hablan los rituales de los misterios paganos. En todas estas iniciaciones se colocaba al aspirante en una celda o sobre un lecho, envuelto en la mayor oscuridad, durante un periodo de tiempo que oscilaba desde tres días en los misterios griegos, hasta cincuenta en los persas. Esta celda o lecho, que recibe el nombre técnico de pastos, se adoptó por símbolo del ser cuya muerte y resurrección o apoteosis se representaba en la leyenda. El descenso mítico al Hades y el retorno desde éste a la luz del día se representaba escénicamente en la iniciación de los misterios; esto es lo que quería decir la entrada en el Arca y la subsiguiente liberación de su sombría reclusión. Los misterios se establecieron en casi todo el mundo pagano; siendo los de Ceres idénticos en sustancia a los de Adonis, Osiris, Hu, Mitra y los Dioses Cabires. En todos ellos se comienza relatando la desaparición, muerte o descenso alegórico del gran padre, concluyendo con su invención, renacimiento o retorno del Hades; pero esta teoría del arca no ha merecido la aprobación de los demás autores. El erudito Faber dice que esta ceremonia es, sin duda alguna, la misma que la del descenso al Hades, y que, cuando el aspirante entraba en la celda mística, recibía la orden de acostarse en el lecho que simbolizaba la tumba del gran padre Noé, a quien sabido es que refiere Faber todos los ritos antiguos. Y continúa diciendo el autor que: "Mientras yacía sobre el santo lecho imitando a su muerto prototipo, se decía que dormía el profundo sueño de la muerte. Su resurrección del lecho representaba el retorno a la vida o su regeneración en un nuevo mundo".

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Sin dificultad alguna se comprenderá que los francmasones del templo debieron tomar este simbolismo y apropiarlo a la tumba situada en la cumbre de la colina. Al principio la interpretación sería cosmopolita como la de aquella de que se había derivado, y estaría exactamente de acuerdo con los dogmas generales de la resurrección del cuerpo y de la inmortalidad del alma. Pero, con el advenimiento del cristianismo, se infundió el espíritu de esta nueva religión en el antiguo sistema masónico, afectando al simbolismo íntegro de la tumba. Es cierto que se conservó la misma interpretación de una restauración o resurrección, derivada del antiguo pastos; pero el hecho de que Cristo hubiese venido a enseñar el mismo dogma consolador a las multitudes y de que el monte Calvario, el "lugar de la calavera", fuese el sitio donde el redentor demostró la verdad de la doctrina con su propia muerte y resurrección, sugirió a los antiguos francmasones cristianos la idea de cristianizar el viejo símbolo. Examinemos ahora cómo fue tomando cuerpo esta idea. En primer lugar es necesario identificar el lugar en donde se descubrió la "tumba recién hecha" con el Monte Calvario, donde se encontraba el sepulcro del Cristo. Esto se puede hacer fácilmente valiéndose de unas cuantas analogías convincentes. 1ª. El Monte Calvario es una pequeña eminencia, situada al poniente del Monte Noria, donde se construyó el templo de Jerusalem. Antiguamente era un montecillo de regular altura que se ha reducido bastante al hacer las excavaciones para construir la iglesia del santo sepulcro. "La actual roca llamada Calvario e incluida en la iglesia del santo sepulcro, tiene señales de haber sido un redondo nodulo de roca situado sobre el nivel común de la superficie". 2ª. Estaba situado en dirección oeste desde el templo y cerca del Monte Moria. 3ª. Se encontraba en el camino directo a Jerusalem a Joppa, y era el lugar donde un fatigado hermano se sentó para reposar de sus fatigas. El Dr. Beard razona detin modo parecido sobre el lugar de la crucifixión, y, suponiendo que los soldados debieron obligar a Jesús a que marchara rápidamente hacia el lugar de la ejecución por temor a un tumulto, dice: "El camino de Joppa a Damasco era el que más les convenia, y no había lugar vecino más a propósito que la pequeña elevación llamada Monte Calvario. 4ª. Estaba fuera de las puertas del templo. 5ª. En la roca había por lo menos una abertura o cueva, que fue más tarde el sepulcro de nuestro señor; pero no hace falta insistir sobre esta

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coincidencia porque en la vecindad hay abundantes hendiduras en la roca, que están de acuerdo con las condiciones de la leyenda masónica. Pero para que este razonamiento analógico se pueda comprender de modo más expresivo, baste saber que, si un grupo de personas sale del templo de Jerusalem y se dirige hacia poniente para buscar el puerto de Joppa, la primera colina contraria sería el Monte Calvario; como es posible que éste se utilizara como lugar de sepultura, como parece deducirse de su nombre de Gólgota, es de suponer que sea el mismo lugar a que se alude en el tercer grado, en donde encontraron la acacia los obreros que fueron por el camino a Joppa. Habiendo ya descrito la analogía, estudiemos su simbolismo. El Monte Calvario ha ocuparo siempre un lugar importante en la historia legendaria de la francmasonería, pues existen muchas historias relacionadas con él que tienen una importancia altamente interesante. Una de las tradiciones dice que es el lugar donde se enterró a Adán, según refiere la antigua leyenda, para que el sitio donde yacía el que fue causante de la perdición de la humanidad, fuera también el mismo en que el Salvador padeciera martirio, muriera y fuese sepultado. Sir Torkington, que publicó una peregrinación a Jerusalem en 1517, dice que "bajo el Monte del Calvario se encuentra otra capilla de nuestra Señora y de San Juan Evangelista, denominada Gólgotha; y allí, precisamente bajo la mortaja de la cruz, se encontró la cabeza de nuestro antepasado Adán". Recuérdese que Golgotha significa en hebreo "el lugar de una calavera”; según ello hay cierta concomitancia entre la tradición y el nombre de Golgotha, con que se conocía el Monte Calvario en tiempos de Cristo. Calvario o Calvaría tiene la misma significación en latín. Según otra tradición. Enoch erigió en las entrañas del Monte Calvario su bóveda de nueve arcos, grabando en la piedra fundamental ese nombre inefable, cuya investigación como símbolo de la verdad divina, constituye el objeto principal de la francmasonería especulativa. Una tercera tradición refiere que el rey Salomón descubrió, mientras se hacían excavaciones en el Monte Calvario para la construcción del templo, la piedra que depositara Enoch. En este lugar fue muerto y enterrado el Redentor. Allí fue donde demostró él con actos la resurrección del cuerpo y la inmortalidad del alma, levantándose del sepulcro en el tercer día de su sepultura. Y a este lugar se refiere la gran verdad de la Francmasonería. —la misma sublime— cuyo desarrollo constituye el objeto principal del tercer grado, o sea del grado de maestro masón.

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La sublime belleza de estas analogías, así como la maravillosa coincidencia existente entre los dos sistemas de la Fancmasonería y del cristianismo, debieron atraer la atención de los francmasones cristianos de los primeros tiempos. El Monte Calvario se ha consagrado en el cristianismo por ser el lugar donde su Señor dio la última gran prueba de la segunda vida, y fundó la doctrina de la resurrección que él había venido a enseñar. Es el sepulcro de El que, cautivo, triunfó del cautiverio, de quien arrebató a la tumba su victoria, y arrancó a la muerte su aguijón. También es un lugar sagrado para los francmasones como escena de la euresis, lugar del descubrimiento, donde se expresan las mismas consoladoras doctrinas de la resurrección del cuerpo y de la inmortalidad del alma con formas profundamente simbólicas. Estas grandes verdades constituyen la esencia misma del cristianismo, que en esto supera y se diferencia de los demás sistemas religiosos. También constituyen ellas el objeto de la Francmasonería y, especialmente, del tercer grado, cuya leyenda particular, simbólicamente considerada, nos enseña ni más ni menos que la existencia en nosotros de una parte inmortal, que, por ser emanación del espíritu divino que llena toda la naturaleza, no pude morir jamás. La identidad del lugar a que se refieren las enseñanzas de esta verdad divina en los dos sistemas —el cristianismo y el masónico— es un ejemplo admirable de la prontitud con que el espíritu religioso del primero logró infiltrarse en el simbolismo del último. Por esta razón, el escritor Hutchinson, imbuido de los puntos de vista cristianos sobre la francmasonería, opina que la ceremonia del maestro masón es un grado cristiano, cristianizando de este modo todo el simbolismo de su historia mítica. "El Gran Padre de todos, compadecido de las miserias del mundo, envió a Su único hijo, que era la inocencia personificada, a que enseñara la doctrina de la salvación. Por El logró el hombre levantarse de la muerte del pecado a la vida de la rectitud; de la turnba de la corrupción a la cámara de la esperanza, y de las tinieblas del desespero a la luz celestial de la fe; y no sólo nos redimió, sino que prometió resucitarnos; dé donde nos hemos convertido en hijos de Dios y en herederos de los reinos del cielo": "Los francmasones hablamos figuradamente cuando describimos el deplorable estado en que se encontraba la religión, sometida a la ley judía: Su tumba se hallaba entre los escombros e inmundicias sobrantes del templo, y la acacia tendía sus ramas sobre los monumentos. Como la palabra griega akakia significa inocencia, o estar libre de pecado, queremos dar a entender con estas

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palabras que las corrupciones y pecados de la ley antigua y de los devotos del altar judío, habían ocultado la religión a quienes la buscaban, y que sólo podría encontrarse en donde sobreviviera la inocencia, a la sombra del divino cordero. En cuanto a nosotros, profesamos la idea de que se nos debe distinguir por nuestra acacia, y por nuestros actos y doctrinas religiosas de verdaderos acacianos. La obtención de la doctrina de la redención se expresa por la palabra típica Eureka (lo he encontrado). Cuando aplicamos este nombre a la francmasonería, queremos dar a entender que hemos descubierto el conocimiento de Dios y su salvación, y que se nos ha redimido de la muerte del pecado y del sepulcro de la injusticia y de la corrupción. "De modo que el maestro masón representa al hombre que se ha salvado de la iniquidad y ha renacido a la fe de la salvación, siguiendo la doctrina cristiana." De esta manera es como escritores tan célebres como Hutchinson, Oliver, Harris, Scott, Salem Toyne y otros muchos más han cristianizado la francmasonería, por un inevitable proceso (dado el sentimiento religioso de sus intérpretes). Nosotros no tenemos nada que objetar al sistema, cuando la interpretación no se fuerza y es plausible, consistente y produce los mismos resultados que en el caso del Monte Calvario: pero lo que sí afirmamos rotundamente es que semejantes interpretaciones son modernas y no pertenecen al sistema antiguo, aunque, a veces, se hayan deducido de él. Pero la verdadera interpretación de la leyenda —y la universal en masonería—, en todos los países y épocas, es que el destino del constructor del templo simboliza la peregrinación del hombre sobre la Tierra, a través de pruebas y tentaciones, de pecados y tristezas, hasta que cae herido por la muerte, y su resurrección final y gloriosa a otra vida eterna. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XX LEYENDAS DE LA FRANCMASONERÍA El carácter mixto de ciencia especulativa y arte operativo asumido por la institución masónica en la edificación del templo del Rey Salomón a consecuencia de la unión verificada en aquella época entre la francmasonería pura de los noaquitas y la espuria de los trabajadores tirios, le ha proporcionado dos diferentes clases de símbolos: los míticos o legendarios y los materiales. Entendemos por noaquidae o noaquitas, los descendientes de Noé, patriarca que únicamente conservó el verdadero nombre y culto de Dios entre la raza impía de los idólatras. Los francmasones tienen derecho a proclamar que son los descendientes de Noé, porque continúan profesando la pura religión que distinguió a este segundo padre de la raza humana del resto del mundo. Los tirios que trabajaban en el templo de Salomón descendían de la otra división de la raza humana que se separó del verdadero culto en Sinnar y repudió los principios de Noé. Sin embargo, los tirios restablecieron parte de la luz perdida, como otros místicos de la antigüedad, y terminaron por poseerla por completo cuando se unieron con los trabajadores judíos, que eran noaquitas. Los símbolos legandarios y materiales de que acabamos de hablar están tan íntimamente unidos por su objeto y designio, que es imposible apreciar los unos sin investigar los otros. Como por ejemplo de ello, diremos que en el templo mismo se ha adoptado por símbolo material del mundo (como ya lo hemos expuesto en anteriores capítulos), mientras que la legendaria historia de su fundador es el símbolo mítico del destino del hombre en el mundo. Todo cuanto es tangible y visible a los sentidos en nuestros tipos y emblemas —como por ejemplo, los utensilios de trabajo, el mobiliario y ornamentos de la logia o la escalera de siete escalones—, es un símbolo material. Todo aquello cuya existencia se deriva de lá tradición y toma la forma de alegoría o leyenda, es un símbolo mítico. Por tanto, Hiram el constructor y todo cuanto se relaciona con su leyenda del templo y con su vida— con la rama de acacia, la colina cercana del Monte Moria, y la palabra perdida—, puede considerarse que pertenecen a la clase de los símbolos míticos o legendarios. Esta división no es arbitraria, sino que depende de la naturaleza de los

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símbolos y del aspecto con que se presentan a nuestra vista. Así, aunque la rama de acacia es material, visible y tangible, no se puede tomar como símbolo material, pues, como toda su significación se deriva de su íntima relación con la leyenda de Hiram Abif, que es un símbolo mítico, no puede separarse de esta clase sin violencia inoportuna. La pequeña colina cercana al Monte Moria, la búsqueda de los doce compañeros, y toda la serie de circunstancias relacionadas con la palabra perdida deben considerarse, por idéntica razón, como símbolos legendarios y míticos, y no como materiales. Estas leyendas de la francmasonería constituyen una parte considerable e importantísima de su ritual. Sin ellas dejarían de existir las porciones más valiosas de la masonería considerada como sistema científico. Las enseñanzas profundamente religiosas que la institución trata de inculcar deben buscarse sobre todo en sus tradiciones y leyendas, más que en sus símbolos materiales. Recuérdese que hemos definido la francmasonería diciendo que es "un sistema moral, velado en alegorías e ilustrado por medio de símbolos". Por tanto, los símbolos no constituyen por sí solos todo el sistema, pues además existen las alegorías, en las que se velan las verdades divinas de la francmasonería enseñadas a los neófitos en las diferentes leyendas conservadas tradicionalmente por la orden. La íntima relación existente por lo menos entre los objetos y métodos de ejecución de la institución francmasónica y los pertenecientes a los antiguos misterios —en los que se infundió intensamente el carácter mítico de las religiones de su época—, dio por resultado que se introdujese este mismo carácter mítico en el sistema masónico. Los mitos y leyendas estaban tan difundidos en los sistemas religiosos, filosóficos e históricos de la antigüedad, que Hayne cree que toda la historia y la filosofía de los antiguos procede de los mitos. Faber dice que: "El carácter antiguo propendía a la personificación y a la alegoría, de modo que la sencillez de la verdad se sacrificaba de continuo en el ara de la creación poética". La palabra MITO, del griego (mitos) historia, significaba en su acepción original la narración de un acontecimiento o suceso, sin que implicara verdad o falsedad; pero tal como hoy se emplea, significa una narración de época remota, que aunque no es necesario que sea falsa, sólo se puede certificar por la evidencia interna de la tradición. Creuzer dice en Symbolik que los mitos y los símbolos proceden por una parte de la situación desamparada y de la pobreza de principios religiosos en que se encontraban los pueblos antiguos, y, por otra, de que los sacerdotes

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educados en oriente o de origen oriental, trataron de enseñarles conocimientos más puros y elevados. Pero las observaciones del profundo filósofo e historiador Grote dan sobre el probable origen de la universalidad del elemento mítico en todas las religiones antiguas, una idea tan correcta y adecuada al tema de las leyendas masónicas, que no podemos resistir la tentación de citarle libremente: "Muchos sabios investigadores, especialmente Creuzer, han relacionado la interpretación alegórica de los mitos con la hipotética existencia de un cuerpo de sacerdotes muy instruidos que, procedentes de Egipto y Oriente, enseñaron a los griegos rudos y bárbaros la sabiduría histórica, religiosa y física, ocultándola tras el velo de los símbolos. Dícese que el lenguaje de los símbolos visibles era la forma más vivida de influir en el alma de los oyentes ignorantes cuando el idioma se encontraba todavía en mantillas. El paso inmediato consistió en los términos y el lenguaje simbólicos; pues las exposiciones literales se habían escuchado con indiferencia, aunque se hubieran comprendido, por no corresponder a la cultura intelectual del pueblo". "Por eso los primeros sacerdotes expusieron sus doctrinas sobre Dios, la naturaleza y la humanidad por medio de alegorías, creando los primeros mitos. Pero, los poetas, idearon además otra clase de mitos más populares y cautivadores, mitos puramente épicos que describían acontecimientos pasados, ora reales, ora supuestos." "Más tarde, los poetas se apoderaron también de los mitos alegóricos, que fueron confundiéndose con los narrativos; ya no se tuvo en cuenta el asunto simbolismo, y las palabras simbolizantes se tomaron en sentido literal. El nervio de las alegorías primitivs, perdido ya para el vulgo, se conservó únicamente en el seno de varias fraternidades religiosas y secretas compuestas de miembros iniciados con ciertas ceremonias místicas, y dirigidas por familias hereditarias de sacerdotes-presidentes." "La doctrina secreta de los antiguos mitos teológicos y filosóficos, que constituyera el acopio primitivo y legendario de Grecia y que poseyera el sacerdocio original perteneciente a los tiempos prehoméricos, se conservó en las sectas órficas y báquicas y en los misterios de Eleusis y Samotracia. A quienes se habían sometido a las pruebas preliminares de la iniciación, se les permitía escuchar bajo promesa de guardar secreto, esa antigua religión y esa doctrina cosmogénica, que revelaban el futuro del hombre y la certeza de las recompensas y castigos póstumos, libres ya de las corrupciones de los poetas así como de los símbolos y alegorías que las ocultaban a los ojos del vulgo". "De esta forma retrotraían los misterios griegos a su época primitiva, y se jactaban de ser los únicos depositarios fieles de la teología y de la física más 150


puras que, originalmente, enseñara a los rudos aborígenes, bajo el inconveniente inevitable de su expresión simbólica, un sacerdocio de iluminados procedentes del extranjero". Este largo e interesante extracto, no sólo explica filosóficamente el origen y el objeto de los antiguos mitos, sino que además, es una hermosa sinopsis de todo cuanto puede enseñarse en relación con la formación simbólica de la Francmasonería, considerada como una de las depositadas de la teología mítica. La idea de que existió un pueblo iluminado, que vivió en una época remota y vino de oriente, predomina en las antiguas tradiciones. Esto lo corrobora la palabra hebrea kedem, que significa el ORIENTE, con respecto a tiempos. La frase de Isaías que dice: "Yo soy hijo de los sabios, e hijo de los reyes antiguos" podría traducirse también "soy hijo de los reyes de oriente" (XIX, II). Adam Clarke dice en una nota explicativa de las siguientes palabras de Ezequiel, XLIII, 2: "Y vi cómo entraba la gloria del Dios de Israel por el camino de oriente", que "Toda la sabiduría, toda la religión, todas las ciencias y artes han viajado siguiendo el curso del sol desde oriente a occidente". Bazot dice que "la veneración que sienten los francmasones por el oriente confirma la opinión antes expuesta de que el sistema religioso de la Francmasonería procede del este, y está relacionado con la religión primitiva, cuya primera corrupción fue el culto solar". Por último, recuérdese la observación que hace el manuscrito de Leland a la pregunta sobre el origen de la Francmasonería, diciendo: "Empezó con los primeros hombres de oriente, que existieron antes que los de occidente y que, dirigiéndose hacia poniente, trajeron todo su bienestar a los salvajes." Esta nota puede terminarse cumplidamente con el comentario de Locke a esta respuesta: "De las palabras anteriores parece desprenderse que los francmasones creen que existieron hombres en oriente antes de Adán, a quien llaman el "primer hombre de occidente", y que las artes y las ciencias nacieron en oriente." "Algunos célebres eruditos son de la misma opinión; y es cosa evidente que Europa y Africa (que son países occidentales respecto al Asia) fueran salvajes cuando las artes y las costumbres cultas habían alcanzado ya gran perfección en China y la India." Los talmudistas hacen idénticas alusiones a la superioridad del oriente, Rabbi Bechai dice; "Adán fue creado de cara a oriente para que pudiera ver cuanto antes la luz y el Sol naciente, por eso supuso que el oriente era parte anterior del mundo."

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Los mitos de la Francmasonería, que en sus comienzos consistieron quizás únicamente en las sencillas tradiciones de la Francmasonería pura del sistema antediluviano, corrompiéronse con la separación de razas; pero, cuando se fundó la Francmasonería espuria, volvieron a purificarse, y a adaptarse para inculcar la verdad, acabando de perfeccionarse y desarrollarse en el sistema que ahora practicamos. Y, si en la interpretación de nuestros mitos masónicos existieron las corrupciones con que los han plagado la ignorancia y la falta de comprensión; Les daríamos su verdadero significado, y seguiríamos el curso de su historia hasta encontrar las doctrinas y creencias antiguas de donde se derivaron las ideas que tratan de encarnar. Los mitos y leyendas del sistema simbólico francmasónico se pueden dividir en tres clases: 1ª. El mito histórico. 2ª. El mito filosófico. 3ª. La historia mítica. Estas tres clases de mitos o leyendas pueden definirse como sigue: 1° El mito puede tener por objeto el trasmitir un relato de acontecimientos o sucesos primitivos, fundados en la verdad, cuya verdad ha sido, no obstante, falseada y pervertida al omitir o introducir circunstancias y personajes. Este es el mito histórico. 2º La leyenda puede haberse inventado y adoptado como medio de enunciar un pensamiento o de inculcar cierta doctrina. En este caso es un mito filosófico. 3º Por último, los elementos de verdad constitutivos de la historia pueden predominar grandemente sobre los materiales ficticios e inventados del mito, y la narración estar formada de hechos, con unas pequeñas pinceladas de imaginación. Entonces estamos ante una historia mítica. Strauss clasifica los mitos en históricos, filosóficos y poéticos en su obra Leben Jesu, Vida de Jesús. Su mito poético es nuestro mito histórico; el filosófico, nuestra segunda clase de mitos y el histórico, la tercera. Pero el autor no cree que sea apropiado designar con la palabra poético, al primero, porque todos los mitos se fundan en ideas poéticas. Estas son las tres divisiones de la leyenda o mito, pues no estamos dispuestos a distinguir en esta ocasión entre estas dos palabras, como hacen algunos autores alemanes. Todas las leyendas pertenecientes al simbolismo mítico de la Francmasonería pertenecen a una u otra de estas divisiones.

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Los mitos masónicos participan, por su carácter general, de la naturaleza de los mitos que constituyen el fundamento de las religiones antiguas, como acabamos de decir con las palabras de Grote. Sobre estos últimos mitos, dice Muller que: su origen se ha de encontar en la tradición oral", y que lo real, es decir, los hechos de la historia y los engendros de la imaginación, concurren con su unión y fusión recíproca, a la producción del mito. Los mismos principios rigen en la formación de los mitos o leyendas masónicas, que también deben por entero su existencia a la tradición oral y están formados, como acabamos de ver, por la mezcla de lo real con lo ideal —de lo verdadero con lo falso— y de los hechos de la historia con las invenciones de la alegoría. El Dr. Oliver opina que "las primeras series de hechos históricos, subsiguientes a la caída del hombre, fueron tradicionales y deben haberse trasmitido necesariamente de padre a hijo por comunicación oral," El mismo sistema, adoptado por todos los misterios, se ha continuado en la institución masónica, de modo que todas las instrucciones esotéricas contenidas en las leyendas de la Francmasonería sólo se pueden comunicar oralmente de francmasón a Francmasonería que se permite trasladarlas al papel. De Wette expone el procedimiento para distinguir el mito de la narración histórica en su Criticism on the Mosaic History, y dice que el mito debe su origen a la intención del inventor, que no ha sido la de satisfacer la sed natural de verdad histórica por medio de una simple narración de hechos, sino más bien deleitar o afectar a los sentimientos o ilustrar alguna verdad filosófica o religiosa. Esta definición puede aplicarse también al carácter de los mitos francmasónicos. Considérese, por ejemplo, la leyenda del tercer grado, o el mito de Hiram Abif. Su valor "como narración de hechos" es casi nula y desproporcionada para el trabajo que cuesta su trasmisión. No aludimos ahora a la invención o imaginación de todos los incidentes de que se compone esta leyenda, pues existen abundantes materiales en ella, cuyos detalles son verdaderos y reales, sino que nos referimos a su composición en forma de mito por adición de algunos rasgos, la supresión de otros y a la gran cantidad de datos que constan en la historia, sino la formación general del conjunto. Su invención no tuvo por objeto el añadir algún detalle, más bien "esclarecer una verdad filosófica y religiosa", cuya verdad es la doctrina de la inmortalidad del alma. De todo cuanto hemos dicho respecto a la analogía de origen y objetos

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de los mitos religiosos antiguos con los masónicos, se desprende que, quien conozca la verdadera ciencia de este tema, no puede negar que todas las tradiciones y leyendas de la orden son consideradas al pie de la letra hechos históricos. Lo único que se puede decir sobre estas leyendas es que algunas no tienen más que un substratum o base histórica, siendo puramente imaginativo el edificio levantado sobre ellas con objeto de servir de medio para inculcar una verdad religiosa; en algunas, la leyenda o mito debe su existencia a una idea, sirviendo el mito para exponerla, y en otras, la narración verídica, va más o menos unida con la ficción, si bien con enorme predominio de lo histórico. Por ejemplo, tenemos la leyenda de que Euclides fue francmasón y que enseñó la Francmasonería a los egipcios. A continuación insertamos esta leyenda tal como se publicó en el Gentleman's Magazine del mes de junio, correspondiente al año de 1815, tomada, según se dice, de un pergamino escrito al parecer en el siglo diez y siete, y que con toda seguridad, debió copiarse de otro más antiguo: "Además, cuando Abraham marchó a Egipto en compañía de Sara, enseñó a los egipcios las siete ciencias, y tuvo por discípulo al célebre Euclides, que aprendió de él las siete ciencias liberales hasta convertirse en verdadero maestro. Y por aquellos años el señor y la gente de rango del reino tuvieron numerosos hijos de sus esposas y otras mujeres, pues en ese caluroso país eran muy prolíficos. Y ocurrió que no encontraban medio de proveer a la subsistencia de sus hijos, por lo que estaban muy preocupados. El rey convocó entonces un gran consejo y un parlamento para que encontrasen el medio de que los hijos pudieran vivir honradamente como caballeros. Pero como no llegaron a un acuerdo, ordenó el rey que los heraldos proclamasen por todo el reino que se otorgaría la recompensa que pidiese a quien fuera capaz de solucionar éste problema." "Y cuando se pregonó, el sabio Euclides presentóse ante el rey y los grandes señores y les dijo: “Entregadme vuestros hijos para que los eduque y les enseñe una de las siete ciencias, con lo cual podrán vivir honradamente como corresponde a caballeros. Sólo impongo la condición de que me autoricéis para dirigirlos de acuerdo con la ciencia que les he de enseñar." Y el rey y su gran consejo le otorgaron cuanto pedía. Luego este hombre sabio se llevó consigo a los hijos de los grandes señores, y les enseñó para que trabajaran en las piedras, todas las clases de obras pertenecientes a la construcción de iglesias, templos, castillos, torres y casas solariegas y todo género de edificios." Ahora bien, el francmasón ortodoxo no debe creer necesariamente y de un modo literal que el gran geómetra Euclides fuera francmasón ni que los 154


egipcios le deben la formación de su sociedad en Egipto; porque el palpable anacronismo o error de fecha de la leyenda, en la que se hace que Eudides sea contemporáneo de Abraham, impide que se crea sumejante cosa y que demuestra que la narración entera es pura invención. Sin embargo, los francmasones inteligentes no pueden rechazar la leyenda por absurda o ridicula, sino que, conocedores de la naturaleza y objeto de nuestro sistema simbólico, la han de aceptar como “mito filosófico”, o medio de expresar una verdad masónica por medio de símbolos. En esta leyenda Euclides sirve de símbolo de la geometría, la ciencia en que fue tan eminente maestro. El mito o leyenda, simboliza, por tanto, el hecho de que existió en Egipto una relación íntima entre esta ciencia y el gran sistema moral y religioso, que fue para los egipcios lo que en nuestra época representa la Francmasonería: una institución secreta, fundada con objeto de enseñar los mismos principios de idéntica manera simbólica. Interpretándola de esta forma, la leyenda corresponde a todas las épocas de la historia egipcia y viene a enseñarnos que estaban en estrecha relación los sistemas religiosos y científicos. Por eso dice Kenrick que "cuando leemos que algunos extranjeros tenían que someterse (en Egipto) a penosas y terribles ceremonias iniciáticas, creemos que no se hacía esto para que aprendiesen el secreto de los ritos de Osiris e Isis, sino para que conocieran la Astronomía, la Física, la Geometría y la Teología (I). Otro ejemplo es el mito o leyenda de las escaleras de caracol, por las que debían subir los compañeros para recibir su salario en la cámara del medio. Tomado este mito en sentido literal, se observará que está en completa oposición con la historia y con lo probable. Como mito, se funda en el hecho de que existía en el templo una "Cámara de en Medio" a la que se subía por las "escaleras de caracol", pues el primer libro de los reyes dice: "Y subíase por un caracol al aposento de en medio" (VI, 8,) Pero no existe prueba histórica evidente alguna de que las escaleras estuvieran construidas tal como indica el relato mítico expuesto en ritual del segundo grado, ni de que la cámara sirviera para el mismo objeto que en la Francmasonería. En realidad la leyenda es un mito histórico en que el número místico de los escalones, el proceso de pasar a la cámara y el salario que se recibe en ella, son ficciones que se han añadido a la historia fundamental contenida en el sexto capítulo de los Reyes, para inculcar importantes enseñanzas simbólicas relativas a los principios de la Orden. Es cierto que podrían haberse enseñado estas lecciones en forma árida y didáctica; pero el método alegórico y mítico tiene por objeto impresionar al alma de un modo más profundo e intenso, sirviendo al mismo tiempo para unir a la

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institución francmasónica con la del templo antiguo. Véase también el mito que remonta el origen de la institución francmasónica al principio del mundo, haciéndola coetánea con la creación. Este mito se interpreta erróneamente hasta en nuestros días, creyendo que es un hecho histórico, al que se alude en la fecha del "anno lucis" año de luz que se pone en todos los documentos masónicos. Este mito pertenece a la clase de los filosóficos, y simboliza la idea que asocia por analogía la creación de la luz física con el nacimiento de la luz intelectual y espiritual en el candidato masónico. La primera es el tipo de la segunda. Por tanto, cuando Preston dice que "la fundación de la Francmasonería se remonta hasta el principio del mundo", y cuando afirma que "nuestra Orden ha existido desde que empezó la simetría y ejerció sus encantos la armonía", no debe suponerse que este autor trate de enseñar la existencia de una logia masónica en el jardín del Edén. Semejante cosa nos pondría en ridiculo. Lo único que él quiere decir es que los principios de la Francmasonería que, sin duda alguna, son independientes de su organización como sociedad, son contemporáneos de la existencia del mundo; que cuando Dios dijo: "Hágase la luz", esta luz material era el símbolo de la espiritual que ha de resplandecer en todo candidato cuando su mundo intelectual, hasta entonces "desordenado y vacío" se pueble con pensamientos vivientes y con los divinos principios que constituyen el gran sistema de la Francmasonería especulativa, y cuando el espíritu de esta institución haga surgir de las tinieblas mentales la luz intelectual moviéndose sobre el profundo abismo de su caos mental. En las leyendas del grado de maestro y del Real Arco se baraja de tal modo el mito histórico con la historia mítica, que es preciso profundizar los juicios para poder distinguir los elementos que los diferencian. Así, por ejemplo, la leyenda del tercer grado es mítica en algunos de sus detalles, mientras que, en otros, es indudablemente histórica. La dificultad de separar uno del otro y de distinguir los hechos de la ficción, ha dado por resultado que los autores masónicos tengan diversas opiniones sobre este tema. Para Hutchinson y Oliver toda la leyenda no es más que una alegoría o mito filosófico. Nosotros opinamos con Anderson y otros antiguos escritores, que es una historia mítica. La leyenda de la reconstrucción del templo pertenece al Real Arco, es netamente histórico; pero se encuentran en ella tantos elementos cuya historicidad no puede demostrarse más que por la tradición oral, que toda la narración tiene apariencia de historia mítica. La leyenda de los tres fatigados viajeros es, sin duda alguna, un mito quizá filosófico, pues trata de enunciar la idea de la recompensa otorgada a la perseverancia infatigable en busca de la 156


verdad, a través de toda clase de peligros. "La labor principal del sacerdocio antiguo consistió en hacer símbolos y en interpretarlos", dice Creuzer. Tal es también la tarea de todo masón estudioso, pues no debe satisfacer quien desee apreciar por sí mismo la profunda sabiduría de la institución, con aceptar crédulamente todas las tradiciones que se le relaten como historias verídicas, ni tampoco con rechazarlas con incredulidad antifilosófica como fábulas e invenciones. Caer en estos dos extremos sería incurrir en error. Según Hermann, “El mito es la representación de una idea, es la que debe buscar el estudiante en los mitos francmasónicos, porque tras de ellos se oculta algo más espiritual y bello que la narración en sí. Por eso debe aprender a extraer de la ganga esta esencia espiritual, que, como precioso metal, se encuentra en ella. En esto es en lo que consiste el verdadero valor de la Francmasonería. Los esfuerzos hechos para perpetuar la institución no tendrían utilidad alguna sin sus símbolos, mitos, leyendas, ideas y conceptos, porque, sin ellos, no sería más que una "exhibición vana y vacía". Sus toques y signos no tienen otro valor que el de servir de medio para conocerse. Lo mismo ocurriría con sus palabras, si no fueran simbólicas. Sus costumbres sociales, su caridad, no son más que puntos incidentales de su constitución, que podrían conseguirse de modo más sencillo. Su verdadero valor científico en el simbolismo, en las grandes lecciones de verdad divina que enseña, y en la admirable manera de realizar esta enseñanza. Quien desee llegar a ser un buen francmasón, no ha de creer que su tarea debe limitarse a conocer perfectamente la fraseología del ritual, ni en saber abrir y cerrar los trabajos de una logia o tener cierta habilidad para conferir grados. Todo esto tiene su valor, pero, sin su interno significado, parecería juego de niños. El francmasón debe, por tanto estudiar los símbolos y tradiciones de la orden y aprender su verdadera interpretación, porque en esto es en lo que únicamente estriban la ciencia, la filosofía, el fin, el objeto y el designio de la Francmasonería especulativa. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXI EL NOMBRE INEFABLE Otro símbolo importante es el NOMBRE INEFABLE, con el que terminamos la serie de símbolos ritualistas. El tetragrámaton o palabra inefable —el nombre incomunicable— considerado como se debe, no es más que un símbolo, si bien hay que confesar que es el que más, ha influido en los ritos de la antigüedad, si se exceptúan quizá los relacionados con él culto sotar. No conocemos ningún sistema antiguo de iniciación en que no ocupara un lugar importante. Sin embargo, como fue el primer símbolo que la Francmasonería espuria del paganismo corrompió al separarse del primitivo sistema patriarcal y sacerdotal, es necesario empezar su investigación estudiando su naturaleza israelita, con objeto de discutir completamente el tema. Los judíos veneraban profundamente el NOMBRE DE DIOS, que nosotros pronunciamos al acaso JEHOVA, porque desconocemos cuál es su verdadera pronunciación. Este nombre fue el que comunicó el TODO PODEROSO a Moisés, para que fuera empleado por su pueblo elegido diciéndole junto a la zarza ardiente: "Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre (Jehová) para siempre, y éste es mi memorial para todos los siglos." Más adplante declara todavía con mayor énfasis que ese es su nombre verdadero diciendo: "Yo soy Jehová, y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob, bajo el nombre de El Shaddai (Dios Omnipotente); más en mi nombre JEHOVA no me notifiqué a ellos." Hemos conservado para los dos nombres la voz original hebrea. El Saddai, "el Ser o Dios Omnipotente", era el nombre con que hasta entonces le conocieron los patriarcas; su significado es análogo a la de Elohim, el creador del mundo, según el primer capítulo del Génesis, Pero el nombre de Jehová no se reveló al pueblo hasta la época de Moisés. El nombre de Dios, anunciado con toda solemnidad y consagrado religiosamente en esas escenas y acontecimientos, llegó a ser adorado por los israelitas con profunda veneración y con verdadero temor. Y para añadir mayor misticismo a la cosa, los cabalistas leían el siguiente pasaje cambiándole una sola

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letra: "Este es mi nombre para siempre", o como dice el original Zeh shemi l’ olam que escribiendo así eh shemi l’ alam significa: "Este es mi nombre que debe ocultarse en secreto." Esta interpretación pronto se convirtió en precepto, siendo obedecida estrictamente hasta en nuestros días, a pesar de fundarse en un error craso y probablemente intencionado. "Los judíos conservan muchas opiniones y fábulas supersticiosas sobre este nombre pomposo como les habían prohibido que lo mencionaran en vano, decidieron no pronunciarlo jamás. Lo sustituían por la palabra Adonai y por otras, siempre que tenían que leerlo o pronunciarlo, y, a veces, se referían a él denominándolo simple y enfáticamente el Nombre. "Algunos suponían que bastaba repetir este nombre para producir hechizos, y hasta hay quien asegura que nuestro Salvador produjo todos los milagros (que no niegan) empleando místicamente el nombre venerable. Véase el Toldoth Jeshu, obra difamatoria escrita por un judío del siglo XIII. En la pág. 7 de la edición de Wangenseilius, publicada en el año 1681, se detalla sucintamente cómo entró el Salvador en el templo y llegó a poseer el santo nombre. "Leusden dice que había prometido dar cierta cantidad de dinero a los judíos pobres de Amsterdam, cuando pronunciase deliberadamente el nombre de Jehová, pero que tuvo que renunciar por no atreverse”. "Los brahamanes pronuncian temblando de temor y tapándose los labios con la manga del traje el nombre del Todopoderoso." Los judíos piadosos jamás pronuncian la palabra Jehová, que sustituyen por Adonai o Señor siempre que la encuentran en la escritura; práctica seguida por los traductores de la versión inglesa de la Biblia con escrupulosidad casi judía, puesto que la palabra Jehová del original ha sido traducida invariablemente por la voz señor. En otras versiones se han tenido también los mismos escrúpulos. La versión de los setenta traduce ''Jehová" por "Kupios" Kyrios; la Vulgata, por "Dominus", la Alemana por "der Herr" y la inglesa por "Lord", todas las cuales equivalen en español a "Señor". La versión francesa emplea el título de "I'Eternel"; pero el Isaías Lowth, así como la versión swendenborgiana de los Salmos, y otras traducciones recientes han restaurado el nombre original, comprendiendo el verdadero valor de esta palabra. La pronunciación del tetragrámaton terminó por perderse al ser abandonada, pues, dado el carácter peculiar de la escritura hebrea que carece por completo de signos vocales, las letras, que son siempre consonantes, no pueden dar idea de la verdadera pronunciación de una palabra, si antes no se ha oído.

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Para que el lector pueda comprender esto fácilmente vamos a intentar dar una explicación. El alfabeto hebreo consta únicamente de consonantes. Los sonidos vocales se insertaron siempre oralmente y nunca se marcaron en la escritura hasta que los masoritas inventaron "los puntos vocales", en el siglo sexto de nuestra era. Como el lector suplía los sonidos vocales correspondientes a cada palabra por haberlo aprendido oralmente, no sabía pronunciar las palabras que no había oído. Así como nosotros sabemos que "Dr." se pronuncia doctor y "Ud." usted, por haber oído antes enunciar estas combinaciones de letras, y no porque den el sonido que les atribuimos, los judíos sabían por la constante práctica y no por las letras en sí, cómo debían vocalizarse las consonantes que formaban las palabras de uso corriente. Pero como nunca se pronunciaban en su presencia las cuatro letras de que se compone la palabra Jehová, sino que sustituían por la voz Adonaí, y esta combinación de cuatro letras no daba indicación alguna de cómo debían pronunciarse acabaron los judíos por perder la enunciación verdadera. Sin embargo, dícese que había una persona que conocía el verdadero sonido de las letras así como la pronunciación propia de la palabra. Era ésta el gran sacerdote, quien la oía de labios de su antecesor y conservaba el recuerdo de su sonido pronunciándolo tres veces; el día del año, el día de la propiciación y cuando entraba en el santo de los santos del tabernáculo o del templo. Si las tradiciones de la Francmasonería son ciertas, los reyes debieron participar también de este privilegio, pues dícese que Salomón poseía la palabra y que la comunicó a sus dos colegas en la construcción del templo. Esta es la palabra que se llamó "Tetragrámaton" por tener cuatro letras y, que, debido a su inviolabilidad sagrada, se denominó "inefable" o impronunciable. Los Cabalistas y Talmudistas le han rodeado de numerosas supersticiones, la mayor parte de ellas tan absurdas como increíbles, si bien todas tienden a demostrar la gran veneración en que siempre le han tenido. Así por ejemplo, dicen que esta palabra posee poderes ilimitados, y que, quien la pronuncia, conmueve los cielos y la tierra e inspira terror y pasmo hasta a los mismos ángeles. En el tratado talmúdico, Majan Hachochima, citado por Stephelin en la pág. 131 del capítulo 1, de la Rabbinical literature, se dice que, comprendiendo correctamente el Shem Hamphorash, se posee la clave para interpretar todos los misterios. Y dice este tratado, que: "Sabiéndolo

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comprenderás las palabras de los hombres, el lenguaje del ganado, el canto de los pájaros, el habla de las fieras, el ladrido de los perros, la conversación de los demonios, la lengua dé los ángeles y de las palmeras, el movimiento del mar, la unidad de los corazones, el murmurio de la lengua y hasta los pensamientos de las entrañas. Los rabinos lo llamaban "Shem Hamphorash", es decir, "el nombre declaratorio", y decían que David lo encontró grabado en una piedra mientras cavaba la tierra. Debido a que se veneraba este nombre como cosa tan sagrada, raras veces, si alguna ver se hizo, se escribía por completo y, por esta causa, se inventaron numerosos jeroglíficos y símbolos para expresarlo. Uno de ellos era la letra... YOD; equivalente a I o YE (y griega) del alfabeto español, que era la inicial de la palabra. A menudo se inscribía en un triángulo, siendo esta figura geométrica un símbolo de Dios. Este símbolo del nombre divino merece toda nuestra atención, puesto que, no solamente ocupa el triángulo en muchas religiones antiguas la misma posición sino que el símbolo completo es el origen del jeroglífico exhibido en el segundo grado de la Francmasonería, en que, si bien se explica de igual manera, su forma se ha adaptado al inglés en lo que respecta a la letra. La letra "G" empleada en el grado de compañero masón no debió de haberse admitido jamás en la Francmasonería por creerse que es un anacronismo absurdo, que podría haberse evitado si se hubiera conservado el símbolo hebreo. Pero sea como fuere, y no siendo posible que la letra “G” se pueda sustituir ahora, no tenemos más que recordar que en realidad es un símbolo de otro símbolo. La veneración del nombre de Dios estuvo muy difundida. Y, por esta causa, su simbolismo se encuentra en todos los ritos antiguos bajo diferentes formas. Por ejemplo, los esenios, conservaron la verdadera pronunciación del nombre inefable, que se comunicaban susurrándoselo al oído entre ellos en los ritos sagrados, haciéndolo de forma que, mientras conocían las partes de que se componía, éstas se hallaban tan separadas, que la palabra completa era un misterio. Los egipcios, cuya relación con los hebreos fue más inmediata que con ningún otro pueblo, empleaban este nombre sagrado como palabra de paso para poder ser admitidos en los misterios. La ceremonia iniciática de los misterios brahamánicos terminaba comunicando al aspirante el sagrado nombre triliteral "Aum", cuyas tres letras

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simbolizaban el principio creador, el conservador y el destructor del ser supremo, personificado en las tres manifestaciones de Brahma, Shiva y Vishnu. Estaba prohibido pronunciar en voz alta esta palabra, que constituía el objeto de meditación de los piadosos indios. En los ritos persas se revelaba a los candidatos recién iniciados un nombre inefable. El nombre de Mitra, principal divinidad de estos ritos, que sustituía al Jehová hebreo y representaba al Sol, tenía la particularidad de que el valor numérico de las letras de que se componía sumaba precisamente 365, que es el número de días que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol o, según ellos creían, era la duración de una revolución completa del Sol en torno de la Tierra. En los misterios llevados a Grecia por Pitágoras se encuentra de nuevo el inefable nombre de los hebreos, aprendido, sin duda, por el sabio de Samos cuando estuvo en Babilonia. Jámblico dice que Pitágoras marchó desde Mileto a Sidón, creyendo que por allí podría ir más fácilmente a Egipto, que, mientras estuvo en aquella ciudad, se inició en los misterios practicados en Biblos, Tiro y otras poblaciones de Siria, y que no hizo esto obedeciendo a motivos supersticiosos, sino por temor de que, si no aprovechaba esa oportunidad, podría dejar de adquirir algún conocimiento de estos ritos que fuera digno de estudio. Pero como los fenicios habían recibido estos misterios de Egipto, Pitágoras se trasladó a este último país, en donde permaneció veintidós años, dedicándose a estudiar geometría, astronomía y todas las iniciaciones de los dioses hasta que los soldados de Cambises le llevaron cautivo a Babilonia. Doce años después, Pitágoras volvía a Samos a la edad de sesenta años. El símbolo adoptado por él para expresar el concepto de Dios, era, no obstante, algo diferente, pues constaba de diez puntos distribuidos en forma de triángulo, de modo que cada lado tuviese cuatro puntos, como la figura adjunta. La punta del triángulo tenía un solo punto, debajo de ella había dos, luego tres, y, por último, la base constaba de cuatro. Según el número de puntos de que se formaba cada hilera, los pitagóricos trataban de representar la moneda, o principio activo de la naturaleza; la duada o principio pasivo; la triada o el mundo emanado de su unión; y la cuaterniada, o ciencia intelectual. El número total de los puntos —diez— simbolizaba la perfección y la consumación. Los pitagóricos conocían esta figura con él nombre de "Tetractis", palabra equivalente al tetragrámaton por su significado. Era tan sagrada, que por ella juraban los aspirantes a los ritos pitagóricos guardar escrupulosamente los secretos y ser fieles. "Le confiaban las palabras sagradas, siendo la principal la inefable 162


Tetractys, o nombre de Dios. El Dios Supremo de los escandinavos y los cabalistas, que se daba a conocer en los misterios, tenían doce nombres, siendo el de ALFADER o padre universal el principal y más sagrado. El nombre sagrado de Dios empleado por los druidas era "Hu”, que es una modificación del tetragrámaton hebreo, aunque Bryant supone que lo aprendieron de labios de Noé. En realidad es el pronombre masculino hebreo que puede considerarse como simbolización del principio masculino o fecundador de la naturaleza, especie de modificación del culto fálico. "Los Britanos elevaron a la categoría de principal Dios-demonio a Hu, el poderoso cuya historia es precisamente la de Noé; y, como su carro se componía de rayos de sol, es de creer que le adornaron en conjunción con este astro. Con la misma superstición se puede relacionar cuanto se dice de su luz y rápida carrera". El nombre sagrado de los druidas nos recuerda la última y quizá la más filosófica especulación sobre el verdadero significado y pronunciación del inefable tetragrámaton, debida a la ingeniosa inteligencia del célebre Land. Los antiguos creían que el ser supremo era bisexual, incluyendo en la esencia de su ser los principios masculino y femenino y las fuerzas fecundantes y generativas de la naturaleza, doctrina universal de todas las religiones antiguas, desarrollada en el símbolo del Falo y del Cteis entre los griegos, y en el correspondiente del Lingam y el Yoni, entre los orientales, de cuyos símbolos se deriva el masónico "punto dentro del círculo". En todos ellos se enseñaba que Dios, el creador, tenía los dos sexos. La ortodoxia no puede objetar nada en contra de esta teoría, si se considera bajo d punto de vista espiritual, con que sus primeros expositores tratan de presentarla, y no con el significado grosero y sensual que más tarde recibiera. Porque no tomando la palabra "sexo" en su acepción corriente, que índica una particularidad física, sino en el sentido puramente filosófico, único que puede adoptarse en este caso, no se puede negar que el ser supremo posea en sí un poder masculino y otro femenino. "Todos los dioses varones (de los antiguos) se pueden reducir a uno: la energía generativa, y todos los femeninos a otro: el principio prolífico. En realidad, todos pueden englobarse en una gran Hermafrodita, el que combina en su naturaleza todos los elementos productores, y que continúa conservando la vasta creación, surgida de su voluntad. Land, con su notable inventiva, ha encontrado en el tetragrámaton o nombre de Jehová esta idea tan difundida en las naciones de la antigüedad; y lo

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más interesante, es que con este descubrimiento ha podido demostrar cuál era la verdadera pronunciación de la palabra. Al detallar este descubrimiento filológico, trataremos de exponerlo del modo más comprensible para quienes no conocen la estructura de la lengua hebrea, pues de este modo podrán apreciar en seguida su carácter peculiar, sin tener que recurrir a explicar detalles innecesarios. El nombre inefable, el tetragrámaton, el shem lamphorash —con todos estos nombres se conoce— consta de las cuatro letras yod, het (con h aspirada), vau y het que forman la palabra, la cual se lee, de acuerdo con el carácter de la lengua hebrea, hacia atrás, o sea, de derecha a izquierda, empezando por la yod y terminando por la het. La primera letra, la yod (..), se pronuncia como la I española; las letras segunda y cuarta, het, tienen el sonido de h aspirada; la tercera, la van, suena como o abierta. Ahora bien leyendo estas cuatro letras, o I, o H, u O, y H, según lo exige el hebreo, de derecha a izquierda, se tiene la palabra, que equivale en español a IH-OH, cuya pronunciación es lo más aproximada posible a la de los patriarcas a pesar de no ser ninguna de las siete formas de enunciación corrientes de la palabra. Pero pronunciándola de esta manera, no tiene significación alguna, ya que no existe en hebreo la palabra ihoh, y como todo nombre hebreo tiene su significado, es evidente que su pronunciación no es ésta, sino otra. Ahora bien, Lanci descubrió su pronunciación como sigue: En la cábala se deducen a mentido los significados ocultos de las palabras trasponiendo o inviniendo las letras de que se componen. Este fue el procedimiento que emplearon los cabalistas. Ahora bien, invertir una palabra es en español leería de derecha a izquierda, pues nuestra forma de lectura es de izquierda a derecha; en hebreo sucede lo contrario, pues para invertir una palabra hay que leerla de izquierda a derecha. Lanci aplicó esta costumbre cabalística al tetragrámaton en cuanto encontró el IH-OH, y leyéndola a la inversa obtuvo la palabra HO-HI. Pero en hebreo ho es el pronombre masculino, equivalente a él, y he es el femenino, equivalente a ella; y por lo tanto, la palabra HO-HI, traducida literalmente significa EL-ELLA; es decir que, leyendo cabalísticamente el nombre inefable, tenemos el principio masculino y femenino, las energías generativa y prolífica de la creación. Vuelve, pues, a repetirse una vez más el tan difundido

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símbolo del falo y del cteis, del lingam y el yoni, o su equivalente el punto situado dentro del círculo, lo cual es otra prueba evidente de la relación de la Francmasonería con los misterios antiguos: Con esto el siguiente pasaje del Génesis hasta ahora incomprensible no lo sería (I, 27): "Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó: macho y hembra los creó". No podrían ser a imagen de IHOH, si no hubieran sido macho y hembra. Los cabalistas han agotado su ingenio y su imaginación especulando sobre el nombre sagrado. Algunas de sus investigaciones son verdaderamente dignas de estudio. No obstante, creemos haber dicho ya bastante para hacer resaltar la importante posición que este nombre ocupa en el sistema masónico y capacitarnos de los símbolos con que se representa. Los antiguos representaron el nombre del Ser Supremo por medio de jeroglíficos, prefiriendo éstos a las palabras, debido a la gran reverencia, o mejor dicho a la supersticiosa veneración que les infundía. Por ejemplo, las últimas investigaciones de los arqueólogos han demostrado que en todos los documentos demóticos o comunes, los nombres de los dioses se representan invariablemente por medio de símbolos; ya hemos aludido también a las diferentes formas con que expresaban los judíos el tetragrámaton. Igual costumbre prevaleció en otras naciones antiguas. La Francmasonería del universo, a quien por costumbre se designa en los escritos con las iniciales G A D U, se presenta también con varios signos, tres de los cuales vamos a explicar. Son éstos: la letra "G", el triángulo o equilátero y el ojo que todo lo ve". De la letra "G" hemos hablado ya. Esta letra del alfabeto español no puede aceptarse como símbolo apropiado de una institución, cuyos orígenes datan de los mismos comienzos del lenguaje humano, pues le faltan los dos elementos de antigüedad y universalidad que deben caracterizar a todo símbolo masónico. No cabe duda alguna de que su forma actual es la corrupción del símbolo hebreo: la letra yod, con que se acostumbraba a expresar el nombre sagrado. Esta letra es la inicial de la palabra Jehová, o Ihoh, como ya hemos demostrado antes, que se encuentra constantemente en las obras hebreas, como símbolo o abreviatura de Jehová, cuya palabra no se escribía nunca entera. Pero como la "G" es la inicial de la palabra "God" (Dios), equivalente a Jehová, las logias modernas la han elegido para sustituir la voz hebrea, cosa que, al parecer, ha sido errónea. Teniendo, pues la letra G la significación y fuerza de la palabra hebrea

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yod, puede considerarse que es, como su prototipo, un símbolo de la energía vivificante y conservadora de Dios, expresada en la palabra Jehová o Ihoh energía generativa y prolífica del Creador. El "ojo que todo lo ve" es quizás el símbolo más importante del gran ser. Los hebreos y los egipcios lo emplearon debido a que las almas imaginativas tienen tendencia natural a elegir un órgano del cuerpo para simbolizar la función que tratan de representar. Así, por ejemplo, el pie era el símbolo de la rapidez; el brazo, de la fuerza, y la mano, de la fidelidad. Basándose en el mismo principio, eligieron el ojo abierto como símbolo de la vigilancia y el ojo de Dios para irepresentar la vigilancia y custodia divina del universo. Los autores hebreos, emplean repetidamente este símbolo con tal sentido. Así, el Salmista dice (Salmo XXXIV, 15): "Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos", con lo cual se explica el siguiente pasaje: "He aquí no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel" (Salmo CXX, 4). En el libro apócrifo De la conversación de Dios con Moisés en el Monte Sinaí, traducido por el Rev. W. Cureton de un manuscrito árabe, y publicado por la Sociedad Philobiblon, de Londres, se simboliza la eterna vigilancia de Dios con la siguiente alegoría: "Y, luego, dijo Moisés al Señor: ¡Oh, Señor! ¿Duermes o estás despierto? El Señor respondió a Moisés: Yo no duermo jamás; pero toma una copa y llénala de agua". Entonces Moisés tomó una copa y la llenó de agua, como el Señor se lo había ordenado, el Señor derramó en el corazón de Moisés el hálito del sueño; por lo cual se durmió, la copa se le cayó de la mano, derramándose el agua que contenía. Moisés se despertó entonces, y Dios le dijo: "Por mi poder y por mi gloria declaro que si dejara de proteger con mi providencia a los cielos y a la Tierra tan sólo el corto espacio de tiempo que has estado dormido, caerían en la ruina y en la confusión, como la copa que se desprendió de tu mano". Obedeciendo al mismo principio hebreo, los egipcios representaron a Osiris, su Dios principal, por medio del símbolo de un ojo abierto, y colocaron este jeroglífico en todos sus templos. En los monumentos solían representar su nombre simbólico con un ojo acompañado de un trono, al cual añadían la figura abreviada de Dios y, a veces lo que se ha dado en decir que es un hacha, y a que más bien parece la representación de una escuadra. El "Ojo que todo lo ve" puede considerarse como símbolo de Dios omnipotente su aspecto conservador y guardián—, al que alude Salomón en el libro de los Proverbios, cuando dice: "Los ojos de Jehová están en todo lugar mirando (nosotros preferimos traducir vigilando) a los buenos y los malos" (cap. XV, 3). Este es un símbolo de la divinidad omnipresente. 166


Quédanos el triángulo. No hay símbolo más difundido, ni que tenga más distintas aplicaciones en todo el sistema de la Francmasonería espuria y de la pura. Todas las naciones han adoptado, el triángulo equilátero para simbolizar a Dios. Ya hemos dicho antes que los hebreos empleaban esta figura con una Yod en el centro para representar el tetragrámaton o nombre divino. Los egipcios creían que el triángulo equilátero era la figura más perfecta y que representaba el gran principio de la existencia animada, refiriéndose cada uno de sus lados a cada uno de los reinos de la creación; el animal, el vegetal y el mineral. Los egipcios simbolizaban la naturaleza universal por el triángulo rectángulo, representando el lado perpendicular a Osiris, o principio masculino; la base, a Isis, o el principio femenino, y la hipotenusa, a su hijo Horo, o mundo emanado de la unión de ambos principios. Todo lo cual no es, al fin y al cabo, sino el falo y el ctesis, o el lingam y el yoni, con forma diferente. Pitágóras adoptó el símbolo del triángulo rectángulo cuando, tiempo más tarde, visitó las orillas del Nilo. La Francmasonería conmemora el descubrimiento hecho por este sabio en relación con las propiedades de esta figura, incluyendo el problema cuarenta y siete del primer libro de Euclides entre los símbolos del tercer grado. En realidad fueron los sacerdotes egipcios quienes enseñaron a Pitágóras esta relación. Este problema simboliza místicamente lo mismo que la figura egipcia, o sea, la creación del mundo por medio de la unión de los principios masculino y femenino, o activo y pasivo de la naturaleza. Porque, siendo el teorema geométrico que los cuadrados de la perpendicular y de la base son iguales al cuadrado de la hipotenusa, puede decirse que aquellas han producido a ésta, del mismo modo que Osiris e Isis al mundo. Representando la perpendicular —Osiris o principio masculino y activo—, por una línea cuya medida sea 3; y la base —Isis, o principios femenino y pasivo—, por otra cuya medida será 5; pues el cuadrado de 3 es 9, y el de 4, 16; siendo 25 el de 5; pero 9 y 16 es igual también a 25. De modo que el cuadrado de la hipotenusa es la adición o unión de los cuadrados de la perpendicular y de la base, de la misma manera que la unión de los principios y activos produce el universo según el sistema egipcio. En la edad media, el pueblo ignorante dejó de representar a Dios

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simbólicamente, y siguiendo las inclinaciones de su materialismo, pintó al Padre en la forma de anciano. Numerosas pinturas irreverentes de este género pueden encontrarse en los libros religiosos y en los edificios construidos én Europa nada menos que en el siglo XII. Pero con la llegada del renacimiento volvieron los artistas a tener gustos más refinados, y desde entonces se ha representado al Ser Supremo por medio de su nombre inscrito en un triángulo equilátero, colocado dentro de un círculo de rayos. Didrón presenta en su valiosísima obra Christian Iconography, uno de estos símbolos grabado en madera en el siglo XVII, cuya copia puede verse en esta página. Pero hasta en los tiempos primitivos en que pintaban a Dios como si fuera una Persona, el nimbo o aureola que rodeaba la cabeza del Padre tenía forma de triángulo. Didrón dice: "Por tanto, el nimbo triangular era el atributo exclusivo de Dios y, particularmente, del padre eterno. Las demás personas de la trinidad llevan, a veces, el triángulo, si bien esto ocurre solamente en las representaciones de la trinidad y porque el Padre se encuentra con ellas. Y hasta en este caso, se suele representar al padre con un triángulo, mientras que el hijo y el espíritu santo llevan tan sólo un nimbo circular". En todas las épocas y religiones el triángulo ha sido el símbolo de Dios. Los egipcios, griegos y habitantes de otras naciones antiguas creían que esta figura, con sus tres lados, simbolizaba la energía creadora que desplegándose en los principios masculinos y femeninos, o activo y pasivo, producían el universo; los cristianos le asignaban a su dogma de la trinidad, manifestaciones del Dios supremo; y los judíos y los primitivos francmasones a los tres periodos de la existencia incluidos en la significación del tetragrámaton: el pasado, el presente y el futuro. El triángulo es el símbolo más importante en los grados superiores de la Francmasonería, y toma generalmente el nombre de "Delta", para aludir a la cuarta letra del alfabeto griego, que tiene la misma forma y se llama de esa manera. La Delta, o triángulo místico, se rodea generlamente con un círculo de rayos, qué recibe el nombre de "gloria". Cuando esta gloria no toca a las figuras y la rodea en forma de círculo (como en el ejemplo de Didron que acabamos de citar), simboliza la eterna gloria de Dios. Cuando los rayos emanan del centro del triángulo encerrándolo dentro de su brillo, cosa que se acostumbra hacer en el emblema masónico, simboliza la luz divina. Los paganos, relacionaban estos rayos con los rayos de luz de su Dios-Sol y su culto sabeo.

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Pero la verdadera idea masónica de esta gloria o aureola es que simboliza la luz eterna de la sabiduría circundando al Supremo Arquitecto como un mar de gloria, que emana el universo de su ser como de un centro común. A esta gloria se refiere el profeta Ezequiel, cuando describe elocuentemente a Jehová: "Y vi una cosa que parecía como de ámbar, como apariencia de fuego dentro de ella en contorno: por el aspecto de sus lomos más arriba, y desde sus lomos más abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor" (Cap. I., vers. 27). Dante también ha descrito la luz que nimba a la Divinidad diciendo: Hay en el cielo una luz que hace visible al creador a toda creatura que sólo funda su paz en contemplarle; y se esparce en forma circular por tanto espacio, que su circunferencia, sería un cinturón demasiado anchuroso para el Sol. Todavía es más notable, por su relación con la fraseología masónica, el siguiente pasaje del paraíso perdido de Juan Milton (libro VII). Con su mano asió los áureos compases, preparados en la fábrica divina para circunscribir este universo y todas las cosas creadas; clavó una punta en el centro, hizo dar a la otra numerosas vueltas en la vasta profundidad y oscura, y dijo: "Hasta aquí te extenderás y llegarán tus límites; ésta será tu circunferencia, oh, universo". Y Dios creó así el cielo y el mundo. Otros célebres autores, por ejemplo el francmasón Voltaire, se han valido de esta alusión poética al Todopoderoso como Arquitecto y Geómetra Omnipotente del Universo. Por esta razón el triángulo, o delta, es el símbolo de la divinidad. En geometría una línea recta no puede representar una figura perfecta o demostrable. De ahí que esta figura simbolice al Dios eterno, cuya naturaleza es infinitamente perfecta. Pero el triángulo en realidad se refiere únicamente a Dios en calidad de ser eterno, ya que sus tres lados representan el pasado, el presente y el porvenir. Algunos simbolistas cistianos han dicho que los tres lados representan al padre, el hijo y el espíritu santo; pero, con ello destruyen la unidad divina, haciendo una trinidad de Dios en la unidad de una divinidad. La trinidad gnóstica de Manes estaba formada por un Dios y dos principios: el bueno y el malo. La India, simbolizada también con un triángulo, se compone de Brahama, Shiva y Visnú; el creador, conservador y destructor, representados por la Tierra, el agua y el aire. La simbolización del Dios eterno por medio de un triángulo, ha sido la causa de que en todas las religiones importantes se creyese que tiene tres aspectos, ya que los tres lados sugerían las tres divisiones de la divinidad. Pero en

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las religiones paganas así como en las orientales esta trinidad no venía a significar sino un triteísmo. Recapitulando, pues, cuanto hemos dicho en relación con los tres símbolos de la divinidad que posee el sistema masónico, podemos decir que cada uno expresa un atributo diferente. La letra "G" es el símbolo del Jehová existente por sí mismo. El "Ojo que todo lo ve" es el emblema de Dios omnipresente. El "triángulo" es el símbolo del Supremo Arquitecto del Universo, el creador; y, cuando está rodeado de los múltiples rayos de gloria, del Arquitecto y otorgador de luz. Ahora bien, ¿No es acaso todo este predominio del nombre de Dios en tantos símbolos del sistema masónico religioso de la institución? ¿No existe tras de ello un simbolismo más profundo, que constituye, en realidad, la esencia misma de la Francmasonería? "Los nombres de Dios" —dice un sabio teólogo—, "tienen por objeto comunicar la sabiduría de Dios. Por medio de ello, pueden percibir los hombres algunas escasas ideas de su majestad, bondad y poder esenciales, y saber en quién hemos de creer y lo que debemos creer de El". Estas palabras pueden aplicarse también a la admisión de los nombres en el sistema francmasónico. Para nosotros, sin embargo, el nombre de Dios es un símbolo de la VERDAD DIVINA que el francmasón debe buscar incesantemente. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXII EN LA CÚSPIDE DEL SIMBOLISMO El H que ha tenido la dicha de ser exaltado al sublime grado de maestro masón, y que desde ese pináculo simbólico se acuerda de lanzar una ojeada al sendero recorrido, ¿siente que real y positivamente ha merecido el diploma? ¿Cree que ostenta su banda adornada del símbolo del septentrión porque ya labró la piedra bruta y porque sus aptitudes como buen compañero lo han hecho digno de recibir el supremo grado de la jerarquía simbólica? ¿Está seguro de que su admisión en la cámara del medio se debe a que ya está apto para conocer la Acacia y se siente con fuerzas para encontrar la palabra perdida, cuyo secreto se llevó a la tumba nuestro bien llorado maestro Hiram? Pensad cuan triste y humillante sería recibir el tercer grado masónico sólo por un mal entendido amor fraternal de nuestras logias, a las que nunca debe introducirse, ni mucho menos formar criterios, el orgullo de las efímeras vanidades humanas. Meditad, en que no hay equivalencia alguna entre la más brillante posición social o política y nuestros grados, así fuera el humilde de aprendiz. ¿Cómo dirigir y dar buenos consejos a los HH compañeros, si no los superamos, de hecho, en el arte real? ¿Cómo hacernos respetar de los HH aprendices, si no estamos en condiciones de darles luz en masonería? El maestro masón, debe serlo en el sentido más amplio de la palabra: hombre moral y digno; conocedor del símbolo, filosofía, leyes y tradiciones de los grados azules; humildes y afable, debe de honrar su taller, para que su Tall lo honre; pues el H que vale por sus méritos espirituales, vale mil veces más que si se condecora con todas las pompas mundanas. ¿Qué eran para nuestro humilde maestro Jesús, los orgullosos fariseos? Oídlas palabras del evangelio: sepulcros blanqueados. Y sobre todo, cuando se trate de nuestra institución, de la enseñanza de nuestros misterios y del ascenso gradual por méritos, por conocimientos, por virtudes, hagamos todo cuanto esté en nuestras conciencias de maestros masones, para no merecer aquel reproche también del Gran Nazareno: "vosotros dispensáis de honrarlos cuando el dinero afluye al templo. . . sois devotos sin corazón”. Ciertamente que este no es un reproche gratuito y anticipado: solo estamos señalando los principales escollos que deben salvar los QQ HH que se sientan fuertes, potentes y bien preparados para llegar a la cúspide del

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simbolismo. Así, pues, meditemos, "Conócete a ti mismo y conocerás el universo de los Dioses". He aquí el secreto de los sabios iniciados. Cuanto más ascendemos en la serie de los organismos, más la mónada desarrolla los principios latentes que en ella están. La fuerza polarizada se vuelve sensible, la sensibilidad instinto, el instinto inteligencia. Y a medida que se enciende la antorcha vacilante de la conciencia, esta alma se vuelve más independiente del cuerpo, más capaz de llevar una existencia más libre. He ahi una enseñanza de nuestro maestro Pitágoras. Conscientes de todo lo que aún nos separa del ideal, midamos la distancia sin flaqueza del corazón, camino de nuestro sendero de perfección, continuemos la ruta alegremente, no considerando esta vida como una maldición, sino como una ocasión del esfuerzo para modelar nuestro carácter, y como una de tantas pruebas para más altas iniciaciones. Ha sonado la hora de estudiar seriamente, mirando, nuevos Janos, con un rostro perspicaz, hasta la aurora de los siglos, y con otro rostro valiente, más allá de las columnas que marcan, en lo futuro, el "non plus ultra" de los timoratos. "Lo que en más alto grado caracterizó la alquimia —escribe M. Hoefer— fue la paciencia. NUNCA SE DESALENTÓ POR LA FALTA DE ÉXITO. El operador, al que una muerte prematura sorprendía en sus trabajos, dejaba a menudo y en herencia a su hijo un experimento empezado, y no era raro verlo legar en su testamento, los secretos de la experiencia no terminada; de la cual él, a su vez, había sido el heredero de su padre". Y Liebig comenta, por su parte: "No basta comprender la química, no basta conocer su historia para tener, como muchas gentes, ese desdén presuntuoso y ridículo por la época de la Alquimia... La transmutación de los metales estaba perfectamente de acuerdo con todas las observaciones del tiempo; no se encontraba entonces en contradicción con ningún hecho conocido... Sin esta idea, la química no existiría en su estado actual de perfección, y han sido necesarios estos 1500 ó 2000 años de trabajos preparatorios para llevarla al grado en que se encuentra ahora. La piedra filosofal, se dice, ha sido un error; pero no se piensa en que todas nuestras verdades han surgido de los errores". Como sabéis, los alquimistas no fueron otra cosa que nuestros antepasados, cuyos recuerdos conservamos en los grados filosóficos herméticos de nuestra Orden. En el sentido moral y evolutivo, los masones, seguimos siendo alquimistas, y nuestro gran problema aún consiste en hallar la piedra filosofal, con igual fe, con igual paciencia y con igual sacrificio que nuestros antepasados, a los que aún se les hace justicia por hombres de ciencia talentosa como Hoefer y Liebig. Esa piedra elagábala o heliogábala es el

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fundamento de la filosofía absoluta; es la suprema e inquebrantable razón. "Antess de pensar —dice Eliphas Levi— en la obra metálica, es necesario haberse fijado para siempre en los principios absolutos de la sabiduría, es necesario poseer esa razón, que es la piedra de toque de la verdad JAMÁS UN HOMBRE CON PREJUICIOS PODRA LLEGAR A SER REY DE LA NATURALEZA y maestro en transmutaciones. La piedra filosofal es, ante todo, necesaria; pero ¿cómo hallarla? Hermes nos lo dice en su tabla de esmeralda: "Es necesario separar lo sutil con gran cuidado y atención extremada". Dirigir ese trabajo, en busca de la suprema e inquebrantable razón, tal es, condensando en breves palabras, el programa y la obligación de los maestros. El que se sienta con fuerzas y quiera ir adelante, prosiga sus estudios y haga a la vez labor práctica, cuando el maestro Hiram, de pie sobre la colina iniciática, al levantar en la diestra mano el sagrado tau, lo llame a pasar lista de presente. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXIII EL MAESTRO MASÓN Fundándose todos los ritos regulares, y en general, casi todos los ritos conocidos, sobre la base del simbolismo universal libre, el nombre de maestro masón es el título que corresponde al tercer grado simbólico, en casi todos los sistemas. Algunos masones —dice Abrines— inspirados por su desconocimiento de la verdadera índole de la institución, pretenden que este grado es el non plus ultra y verdadera meta de la Francmasonería, sin considerar que el grado de maestro no es más que la última etapa del simbolismo que prepara el masón con conocimientos especiales para entrar en la verdadera misión filosófica y progresiva de la orden, influyendo en la sociedad cristiana. En la Edad Media, las asociaciones de constructores libres, se dividían en grupos o secciones de nueve individuos, a cuya cabeza estaba un jefe que se llamaba maestro. Ahora, como es bien sabido, el presidente de una logia se llama de igual manera, aunque se acostumbra anteponerle el tratamiento reverencial de VENERABLE. Los maestros existían en las agrupaciones de constructores que organizó Numa Pompilio, cuando dividió al pueblo romano en 31 colegios. Maestros eran también los de cierta instrucción entre los obreros que edificaron el templo de Salomón. Maestros se denominaron los célebres constructores de como (magistri comacini), llegando este calificativo a ser genérico de los miembros de las corporaciones de arquitectos, según afirma John Truth. Considérase el grado de Maestro en la Francmasonería, como el ultimo y más perfecto grado del simbolismo, por ser el que contiene, en su iniciación todos los misterios y conocimientos necesarios para poder dirigir un masón a sus hermanos y para poder penetrar en la serie de los filosóficos. Entre los obreros dionisianos o arquitectos sagrados, dióse por primera vez este título, a los presidentes o encargados de gobernar y dirigir los distintos colegios, o sínodos en que se dividió la gran comunidad. Posteriormente, se dio este título a los hermanos que formaban la tercera clase en que se dividían los miembros de los colegios de constructores, fundados por Numa Pompilio, el año 715 de nuestra era. En aquellos tiempos, la iniciación de los aprendices y compañeros, parece que se limitaba a algunas ceremonias religiosas; a instruirles en los deberes y obligaciones a que debían sujetarse; a la explicación de algunos

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símbolos; a la comunicación de la palabra de reconocimiento, y el juramento de silencio y discreción; pero para alcanzar el grado de maestro, se sometía el candidato a las pruebas más solemnes, al igual que tenía lugar en las antiguas iniciaciones de Egipto, cuyos misterios se practicaban en estas sociedades; y a un riguroso examen sobre los principios que profesaban y sobre los conocimientos que poseían. Los arquitectos directores de los colegios, así como los encargados de la ejecución de las grandes obras, elegían por sufragio los Magistri (maestros) y sus funciones duraban cinco años. Esta organización es la misma que subsiste aún en nuestros días, con muy contadas alteraciones, entre los modernos francmasones que la adoptaron como base de la institución; por lo que el grado de maestro, debe considerarse como el tercero y último de la masonería primitiva. Como maestro es aquél que puede enseñar, para ser maestro, entre otras circunstancias es necesario conocer perfectamente el delta y sus propiedades, como asimismo, la creación, el desarrollo, la perfección y la unidad de esencia, de sustancia y de naturaleza, cuyo origen es el mismo delta, principio de todas las verdades; por lo que, es necesario que esté firmemente resuelto a poner en práctica todas aquellas virtudes fundamentales, sin las cuales, ni el hombre ni la sociedad pueden aspirar nunca al bienestar y a la felicidad. El maestro debe apoyo y sabios consejos a todos sus hermanos, como se lo recuerda incesantemente uno de los cinco puntos de perfección, y por último, no debe olvidar nunca que, a los ojos del iniciado, y especialmente de los compañeros y aprendices, se halla revestido con los atributos que el G A D U concedió a Salomón. El párrafo IV de los antiguos cargos o preceptos de los francmasones, (The Ancient Charges) establece que "toda preferencia entre los masones, se funda SOLAMENTE en el valor y méritos personales, para que el constructor sea bien servido, para que los hermanos no tengan que avergonzarse y PARA QUE EL ARTE (craft) NO SE DESPRESTIGIE. Por eso no se elegirán maestros o sobrestantes, vigilantes según su edad, sino según sus méritos... para que si además, tiene las cualidades requeridas, pueda adquirir la honra, según sus méritos, de llegar a ser sobrestante, en seguida maestro de la logia (Venerable), Gran Sobrestante (Gran Vigilante) y por último gran maestro de todas las logias. Ningún hermano podrá ser sobrestante, (Vigilante) si antes no ha pasado por las divisiones de los compañeros del gremio; ni maestro, (Venerable), si no ha ejercido el empleo de sobrestante, ni Gran Sobrestante, si no ha sido Maestro en una logia, ni Gran Maestro, si antes de su elección no ha sido compañero del gremio. También este último, tiene que ser o de la alta nobleza, o un hombre instruido, de posición, un excelente sabio, un hábil arquitecto o algún otro artista,

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descendiente de padres honorables y tener, al mismo tiempo, según la opinión de las logias, principalmente, grandes méritos." Al Muy Resp Gran Maestro, al Diputado Gran Maestro y a las luces de la logia, manda el mismo párrafo de los antiguos preceptos, que todos los hermanos les presten obediencia "con humildad, respeto, amor y buena voluntad". Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXIV DOCTRINA No obstante la división de las obediencias masónicas en simbólicas y filosóficas, necesariamente ambas soberanas dentro de sus respectivos grados, y ambas independientes entre sí, como ya lo hemos dicho, muy lejos de estar reñidas guardan las más fraternales relaciones masónicas, de institución a institución, y como los altos grados de todos los ritos regulares toman por base el simbolismo, en otras palabras, como el filosofismo empieza siempre desde el grado 4o., cualquiera que sea su sistema y nomenclatura, se deduce, que la doctrina de los grados filosóficos, verdaderos comentarios de los grados azules, se enlaza de tal manera con ellos que en el examen de admisión, al referido grado 4o. se exige a los candidatos ciertos conocimientos filosóficos; por otra parte, propios de la enseñanza simbólica y que sólo en logias simbólicas debe impartirse. De donde, al definir y establecer las potencias filosóficas su dogma y moral, la hacen extensiva a los tres primeros grados, sin que esto signifique que pretendan ninguna jurisdicción de hecho, ni de derecho; pero ni siquiera moral, reconociendo y respetando invariable, como debe ser, la independencia simbólica. Esta aclaración hecha, vamos a pasar una breve revista sobre la doctrina que algunas potencias filosóficas entienden propia de los tres primeros grados. El Supremo Consejo del R E A y A de México, explica en su ritual del Gr 14º. —¿ Cuál es el fin del grado de aprendiz? — Sembrar en el corazón del profano aquella duda filosófica que produce pingües y sazonados frutos, acerca de las materias que no ha estudiado por sí mismo; explicarle la diferencia entre el bien y el mal, la virtud y el vicio, y la necesidad de nuestra depuración constante para alcanzar la una y no caer en el otro, y hacerle palpable la esclavitud en que vive, despertando en su corazón el sentimiento de su propia dignidad, para que se esfuerce en salir de la primera y reconquiste la segunda, estudiando incesantemente lo que debe a Dios, a sí mismo y a sus semejantes. A este fin se dirigen todas las pruebas a que le someten. —¿ Cuál es el fin del grado de compañero?

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— Darle a conocer las facultades de que los dotó el G A D U y el modo de utilizarlas, desarrollarlas y perfeccionarlas física e intelectualmente. —¿ Cuál es el grado de maestro? — Probar con el estudio de los fenómenos de la creación o de la vida y de la muerte, que lo constituye al hombre, es la inteligencia, y que si queremos alcanzar la inmortalidad, debemos morir antes que ceder a las pretensiones degradantes de la ignorancia, la hipocresía y la ambición. Continúa el interrogatorio con el fin de los diversos grados filosóficos, que el maestro masón conocerá después. Según el Supremo Consejo de Inglaterra, se enseña al aprendiz, que para hacer efectivos los derechos y los deberes del hombre, debe unir el progreso moral al progreso intelectual, apartar su inteligencia de toda responsabilidad capaz de perjudicar su acción, modificar los principios según las exigencias de la experiencia y de las necesidades reconocidas. Debiendo la inteligencia del hombre, progresar a toda costa, resulta que para el espíritu, el status quo equivale a perecer. El compañero debe ser el apóstol de la igualdad, el defensor de las leyes del progreso. Por este medio se llegará a establecer sobre bases sólidas el reino de la justicia. El maestro tendrá conciencia del cuidado y la abnegación con que debe prepararse el advenimiento de este reino, comprenderá la importancia excepcional de los medios empleados para una obra sin la cual, la libertad se trasforma en licencia y el orden en anarquía. Según los Supremos Consejos de EE UU del Norte, el aprendiz, personifica la ceguedad, la miseria y la esclavitud de la humanidad entregada a los malos instintos; él recibe de la Francmasonería, con la cooperación de los masones, la luz de la esperanza en la perfectabilidad y la dicha del ser humano. El compañero, acepta los deberes de amor, de gratitud y de desprendimiento para la Francmasonería; de afección, de simpatía y de justicia para sus semejantes; deja de ser una máquina para convertirse en uno de los factores de la dicha de la humanidad. El maestro medita la necesidad de nacer por segunda vez muriendo simbólicamente y resucitando completamente regenerado y libre de todas las preocupaciones del oscurantismo. Según los Supremos Consejos de la América del Sur, el aprendiz ve

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surgir en su espíritu la duda filosófica, base de toda sabiduría; se sorprende de haber aprendido cosas que desde luego no tiene sometidas al crisol de la razón; tiene la conciencia de su esclavitud material e intelectual. El compañero aprende a conocer cuales son las facultades de que está dotado; estudia los medios más eficaces para desarrollarlas y acrecentarlas tanto cuanto es posible. En presencia de los misterios de la vida y de la muerte, el maestro considera que el pensamiento y la inteligencia son los agentes de la generación intelectual; así como el Phallus y el Ligam lo son de la generación natural; investiga por qué medios dará a su inteligencia toda perfección. Según el Gran Oriente de Italia, el orador debe en todos sus discursos envolver y vestir con su elocuencia las 33 afirmaciones siguientes cuyo tenor jamás debe modificar: 1º. —La masonería viene de las épocas más remotas de la historia, como su era lo indica; ha sufrido diversas modificaciones, para adaptarse al espíritu de cada siglo, mejorándose y asimilándose lo bueno, y el bien de todas las épocas de la civilización humana. 2º. —Pitágoras profesaba una doctrina, una enseñanza misteriosa, acromática que era el complemento, la revelación de la enseñanza pública y popular, y esotérica de su época. 3º. —La masonería tiene símbolos análogos a los de la doctrina pitagórica. En sus misterios, como en los misterios antiguos, las fuerzas de la naturaleza están representadas por símbolos cuya significación íntima sólo se revela a los iniciados. 4º. —Los dignatarios de la logia representan a los agentes de la creación, y en todos los misterios su enseñanza comprende tres grados. 5º. —Sólo posteriormente, a fin de especular sobre la vanidad y la imbecilidad, es cuando explotadores descarados han introducido otros grados postizos. 6º. —Los antiguos rodeaban, la admisión a los misterios, de las más duras pruebas, exigían los juramentos más solemnes, sancionados por los más atroces castigos, para que jamás revelasen los secretos a los profanos. 7º. —La leyenda de Adon-Hiram representa el curso, la marcha anual del Sol. 8º. —Los tres primeros grados, representan tres periodos de esta marcha anual.

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9º. —El primer grado, representa el periodo del 21 de diciembre al 21 de marzo del solsticio de invierno al equinoccio de primavera. 10º. —El segundo grado, representa el periodo del 21 de marzo al 21 de septiembre, del equinoccio de primavera al equinoccio de otoño. 11º. —El tercer grado, representan periodo del 21 de septiembre al 21 de diciembre, del equinoccio de otoño al solsticio de invierno. 12º. —Esto explica porqué, en el primer grado, el profano hundido primero en las tinieblas, recorre las tres pruebas de la purificación: por el aire, por el agua y por el fuego, acompañado del hermano terrible, que simboliza el mal. 13º. —En el segundo grado, el compañero representa al Sol que da forma y hermosura a la naturaleza entera. 14º. —En el tercer grado la escena se oscurece, porque el Sol baja, en efecto, a la región de las tinieblas. 15º. —En la leyenda de Adon-Hiram, el templo, casi terminado, representa al año que va a terminar. 16º. —Los tres compañeros asesinos, son los tres meses de septiembre, octubre y noviembre, que conspiran contra el Sol. 17º. —Las tres puertas del templo, son los tres puntos del cielo en que el Sol está visible: oriente, mediodía y poniente. 18º. —Adon-Hiram, el Sol, no puede dar la palabra que simboliza la vida, porque el otoño se aproxima, y aquél ha perdido sus fuerzas vivificantes. I9o. —La regla de 24 pulgadas que hiere en la garganta al maestro, representa el día de 24 horas, cuya disminución de tiempo y de luz, da al Sol el primer golpe. 20º. —La escuadra que le da el segundo golpe, es la estación equivalente a un cuarto zodiacal. 21º. —El mazo que da el tercer golpe, el golpe mortal, es cilindrico y redondo; representa al año que termina la vida anual del Sol. 22º. —Los nueve maestros que van en busca de Adon-Hiram, son los meses de diciembre, enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio y agosto, que vuelven al Sol la vida. 23º. —El ramo de acacia, estaba consagrado al sol por los árabes. 24º. —El túmulo y la rama fresca de acacia, representan el enlace del misterio de la vida y del misterio de la muerte que gobierna al mundo. 25º. —La marcha del candidato, representa la renovación zodiacal.

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26º. —Los adornos masónicos, tienen su significación, y el mandil semicircular representa el hemisferio inferior. 27º. —El cordón, representa la banda del zodiaco y el compás significa el Sol, por su cabeza, y los rayos del Sol, por sus ramas. 28º. —La escuadra, representa la porción de la circunferencia terrestre, que se encuentra alumbrada por el Sol cuando este astro llega al cénit. 29º. —La edad del aprendiz es de tres años, emblema de los tres elementos de la generación: el agente, el paciente, y el producto. 30º. —La edad del compañero es de cinco años, emblema de la vida activa en los cinco sentidos vitales del hombre. 31º. —La edad del maestro es de siete años, emblema de la vida perfecta, simbolizada por los siete planetas. 32º. —Cualquier otro grado masónico es, o invención de los enemigos de la masonería para desacreditarla, o maniobra culpable de charlatanes indignos. El grado de Rosa-Cruz, fue compuesto por los jesuítas, y el Kadosch, templario, debe su existencia a los intereses políticos, diametralmente opuestos a los intereses de masonería. Según el Supremo Consejo de Francia el grado de aprendiz. — El aprendiz no es aceptado en la masonería sino como un hombre de buena voluntad. En la masonería práctica de la Edad Media era el servidor de los maestros. Veía y aprendía. Silencioso en el taller del trabajo, continuaba la obra del maestro, llevaba los materiales, se sometía y obedecía. Dócil a la voz de superiores, esclavo de un juramento, ignoraba los secretos del arte y de la sabiduría, esperaba la recompensa del celo que demostraba. Consideraba como un derecho, el de escoger el jefe de su taller, entre la lista de los maestros más dignos; lista formada por los maestros mismos. Era, pues, el aprendiz una prueba de docilidad y de sumisión. Cuando la institución masónica se convirtió en una corporación regular, el aprendiz tuvo que franquear el riesgo de las pruebas físicas. La masonería ha conservado algunas de estas pruebas como un medio tradicional de herir la imaginación de los adeptos, dejándoles entrever que, el camino de la sabiduría, está lleno de asperezas, y que la ciencia es un árbol a cuya cima no se llega sino después de haber vencido las pasiones. Grado de compañero. — Los compañeros dan a los maestros buen testimonio del celo de los aprendices. Los maestros llaman entonces a los aprendices diligentes, al compañerismo, al estudio de las artes liberales. Les inician en todos los elementos de la ciencia, y en el empleo de todos los útiles,

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tanto bajo el punto de vista material e intelectual, como bajo el punto de vista alegórico. Sin embargo, cualesquiera que sean los conocimientos que hayan adquirido, el compañero está todavía lejos de haber acabado su trabajo; los materiales destinados a la construcción de este templo, de que es a un mismo tiempo la piedra y el obrero, no están suficientemente pulimentados; Está en el camino, pero no percibe el objeto, que no podrá alcanzar sino después de constantes esfuerzos. Grado de Maestro. — La alegoría contenida en el maestrazgo, es sublime. "Un paso más, y el obrero se apartaría de la materia, para elevarse al mundo de las inteligencias. La forma tumular del templo, su aspecto, las imágenes del duelo que encierra, todo da a este grado el carácter de una ceremonia fúnebre; ¡han pretendido con esto, nuestros padres, enseñarnos que la ciencia es dolorosa, y recordarnos este terrible aforismo: ¿Summum sapientiae, dolorís summum? En medio de un silencio profundo, la voz del maestro se alza para contar la poética leyenda de la muerte de Hiram. Alegoría sencilla y conmovedora, en la que el principio del bien, combatido y derribado de pronto por el orgullo, sobrevive y sale del sepulcro para perpetuarse en las edades. Todas las creencias han consagrado el culto de los sepulcros. Los masones van más lejos, os hacen bajar a él; y allí, mientras os despojáis del hombre viejo, os instruyen por la relación de la vida del maestro. El compañero ha caído en las pasiones de la humanidad. Debe levantarse purificado e instruido; y a fin de que comprenda que el dogma no basta sin las obras, ve a los maestros marcharse en su derredor, en busca de la luz". Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXV LA LEYENDA DE HIRAM Como es bien sabido, el asunto medular del tercer grado simbólico, está constituido por el desarrollo del relato bíblico contenido en I Reyes VII; 13 y V, siguientes y II Crónicas II; 13 y 14 y nuestro 3er. Landmark establece que, la leyenda de maestro es inmutable. "No existe absolutamente ningún Rito masónico, practicado en cualquier país, o idioma; en el que los elementos esenciales de esta leyenda no sean enseñados. Las lecturas pueden variar; mas, a pesar de que estén constantemente variando, la leyenda permanece sustancialmente la misma; y para esto, es necesario que la leyenda del constructor del templo, constituya la verdadera esencia y se identifique a la masonería. Ningún rito puede excluirla, o materialmente alterarla pues inmediatamente que la excluye o la altera, cesa de ser un rito masónico". Aquí se tropieza con una grave dificultad, por lo que respecta a los rituales llamados escoceses, y que el autor de estos folletos considera como franceses reformados, por las razones que en otro lugar hemos dado. En efecto, del tercer Landmark se desprende que la leyenda de Hiram corresponde al último grado azul, y de la independencia del simbolismo, se deduce que debe estar íntegramente contenida en el tercer grado, pues de no ser así, para los HH que no quisieran tomar los grados filosóficos la leyenda resultaría alterada, si no trunca. Esto lo ha tomado en consideración el Rito Universal, que trae casi íntegramente en su tercer grado la leyenda de Hiram; aunque no con todos los datos que nos proporcionan los otros ritos. Por su parte, los rituales llamados "escoceses", del tercer grado, hacen una adaptación sui géneris de la leyenda, algo así como un resumen en el que se escapan demasiados detalles dejando tácitamente al cuidado de los grados 4º, al 12º del filosofismo escocés, todas las omisiones de la vida, muerte, resurrección y venganza del maestro Hiram, que apenas se bosquejan en el tercer ritual susodicho. Por esto no es raro que haya tantas divergencias, no sólo de detalle como las autoriza el comentario de Makey al tercer Landmark, sino en su parte que debiera ser inmutable; en la esencial ("the essencial elements"). En no poco ha contribuido a estos retoques, la circunstanda de que, en

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la leyenda primitiva, aparece la figura del Balkis, la reina de Saba, que "emprendió viaje a Jerusalem para hacer cortesía al magnífico rey (Salomón), y admirar las maravillas de su reino", y como quiera que la masonería clandestina andrógina, ha tomado como pretexto esta participación de la reina Balkis en el relato de Hiram, para alegar la nulidad de nuestro décimo octavo Landmark que prohibe hacer labor comasónica (en lo cual no le asiste ninguna razón a la masonería andrógina), en algunas jurisdicciones se creyó prudente suprimir de una vez, lo relativo a la referida reina de Saba. Bajo este pie se han redactado todos los rituales det tercer grado, en vigor en la República Mexicana. Asi modificaba la leyenda, ¿no sufrió una verdadera mutilación de su "integridad"? Es nuestro parecer que sí. Por tal motivo, y ya que los MM MM conocen bien la leyenda de sus rituales, no la copiaremos aquí; pero sí la comentaremos y porque va acorde con Leo Taxil y otros autores —lo cual por sí solo podría ser sospechoso dado la parcialidad de éstos— sino porque es la única versión que se acomoda bien y se deja explicar, son contradicciones esenciales, por todas las escuelas de interpretación esotérica, y también porque es la única, como antes dijimos, que no pasa en silencio personajes tan importantes como Tu cuyo nombre constituye ni más ni menos la palabra de pase del grado y que de por sí explica la parte más profunda del sentido esotérico de la leyenda. He ahí las razones por las que, anticipadamente nos defendemos del cargo de veleidosidad, al escoger esta versión. Después de todo, los HH Maestros pueden compararla con la de sus propios rituales oficiales, y formarse su criterio según su leal saber y entender. "La celebridad de la sabiduría y obras monumentales de Solimán BenDaoud (Salomón, hijo de David), había cundido hasta los extremos confines del orbe, y Balkis, reina de Saba, emprendió viaje a Jerusalem para hacer cortesía al magnífico rey y admirar las maravillas de su reino. Le halló cubierto con ropaje de oro, sentado en un trono de cedro revestido con planchas de oro y hollando con sus pies un tapete recamado del mismo precioso metal. "Su continente le hizo impresión, de una escultura de oro con rostro y manos de marfil, cuando se adelantó al recibimiento de Balkis y le brindó atento en aquel mismo trono, cuyo resplandor habría deslumbrado a cualquier otro que no fuera la Reina del Mediodía. "Balkis, después de haber obsequiado a Solimán con ricos presentes, le propuso tres enigmas. El sabio (que con este sobrenombre se engrandece, de antemano, por soborno del Sumo Sacerdote de los sabios, había tenido soplo de ellos, y encargado la interpretación a Sadoc, Sumo Sacerdote de los hebreos, y así

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incontinenti se los descifró a la Reina. "Solimán, pasea a ésta por el palacio, mostrándole sus magnificencias; y luego la conduce al templo que está levantando a la gloria del Dios de los hebreos. Al llegar a los cimientos del Altar fíjanse los ojos de la Reina en una cepa arrancada de la tierra y tirada por allí, y una ave maravillosa, una abubilla llamada Hud-Hud, que por todas partes la acompaña, con lastimeros chillidos le da a entender qué cosa es aquel signo despreciado y el sacro depósito encubierto bajo aquella tierra profanada por el orgullo de Solimán. "—Has elevado tu esplendor sobre la tumba de tus padres, reconviene Balkis al Rey, esta cepa... este leño sagrado... "—Lo mandé arrancar, interrumpe Solimán, para alzar aquí un altar de pórfido y madera de olivo, al cual han de ornar cuatro serafines de oro. "—Esta vid, replica ella, fue plantada por Noé, tronco de tu raza, y sólo su impío nieto pudo enfurecerse con esta cepa venerable. Sepas, que el postrer Príncipe de tu linaje será enclavado como un malhechor en este leño, que debió haber sido sagrado para tí. "En esto la Reina suriana, con el fuego de sus ojos, ha hecho un volcán del corazón del Rey, que semeja a un servidor o esclavo delante del señor de quién pende su vida; con lo cual ella, si antes se sintió repelida por el orgullo de Solimán, ya se mueve a piedad, de ver que el amor le ha trocado en otro hombre y goza de haber quebrantado aquel pecho soberbio, accede a sus ruegos de tomarle por esposo. "Pero sea que visite el palacio del Rey o el templo dedicado al honor de Dios de los hebreos, o que se pare delante de cualquiera de las obras estupendas que han sublimado el renombre de Solimán, al preguntar quién es el autor y ejecutor de ellas, cada vez el rey le contesta: "Es un tal Adonhiram, hombre raro e intratable, mandado por el buen rey de los tirios, Hiram". Balkis solicita que le sea presentado, y Solimán se da maña por distraerla de semejante empeño. Mas como le hace ver las columnas, las figuras de animales y las estatuas de querubines, le enseña el trono de marfil y oro colocado frente por frente del Altar, le habla de un mar de bronce que va a fundirse, la Reina pregunta: ¿Quién ha modelado estas columnas?, ¿Quién ha cincelado las estatuas? ¿Quién ha construido este trono? ¿Quién va a fundir ese mar de, bronce? Y Solimán no puede menos de responder a cada pregunta: "Adonhiram”; ya arde ella en deseos de conocerle, y Solimán, por no desazonarla, cede a sus instancias y ordena que traigan a Adonhiram a su presencia. "Nadie está al corriente, ni siquiea de la patria de este tétrico personaje, ensalzado por su talento sobre todos los hombres, a quienes mira con el más alto

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menosprecio, y con razón vive como un ser extraño entre los hijos de Adán, puesto que pertenece a otra estirpe muy diversa. Si la primera madre de aquellos lo fue también de Caín. Adán no fue sino ayo de éste; porque como Eblis, el ángel de la luz no pudiera ver la hermosura de la primera mujer sin codiciarla. ¿Había ella de haber resistido al amor de un ángel? El alma de Caín, centella del ángel de la luz, le daba infinita ventaja sobre Abel, hijo de Adán, y con todo, se mostró bueno con Adán, a quien sirvió de báculo en su vejez caduca e impotente; bueno como Abel, cuyos primeros pasos guió. Mas Jehová, celoso del genio comunicado por Eblis a Caín, desterró a Adán y Eva del paraíso para hacerles expiar a los dos y a toda su prole la flaqueza de ella. "Adán y Eva aborrecían a Caín, causa inculpable la cruel sentencia y engreído del corazón de éste por la injusta preferencia, pagaba a Caín el amor con menosprecio. Aclinia, su hermana, unida a Caín por lazo de mutuo cariño, vino a ser la esposa de Abel, por querer de ese Adonay, envidioso, que había amasado el barro para formar a Adán, dotándole de un alma servil y recelosa del alma libre de Caín. Exasperado éste por la injusticia de Adonay y la de Adán, Eva y Abel, hirió de muerte a su ingrato hermano, Adonay el Dios que tantos miles de hombres había de anegar en las aguas del diluvio, juzgó la muerte de Abel por crimen irremisible, por más que en satisfacción de su falta, Cain pusiese al servicio de los hijos de Adán aquella alma superior recibida del ángel de luz. El mismo, en persona, les enseñaba a cultivar la tierra; su hijo Henoc los aleccionaba en la vida social; Matusael, les descubría la escritura; Lamee introducía el uso de la poligamia; su hijo Tubal-Caín los adiestraba en el arte de forjar metales; Nohema, que tuvo trato carnal con su hermano Tubal-Caín, les daba lecciones de hilar y tejer, con qué hacer tela para vestirse. Y Adonhiram el sucesor de Caín, de Matusael, de Lamec de Tubal-Caín y Nohema, emplea todo su genio, industria y fuerzas en el diseño y construcción de este templo, que el fausto de Solimán erige a ese Adonay, a ese Dios inexorable, cuyas iras, desde el principio del mundo; de generación én generación, acosan a la progenie de Caín. "El hijo de los Genios del Fuego, pasa melancólico y solitario sus días en medio de los hijos de Adán, sin revelar a nadie el secreto de su sublime alcurnia. Todos le tiemblan, y más que todos Solimán. El terror que infunde, ahoga en todos los pechos el afecto hacia él, y Solimán, a quien le da en el corazón la grandeza de Adonhiram y que internamente se humilla en su presencia, le detesta con toda la fuerza de su orgullo. "Presentarse el artífice de tantas maravillas, echar sin encogimiento ni arrogancia una ardiente mirada a la reina y estremecércele a ésta todas las fibras de su ser, fue una misma cosa; hasta que un tanto serenada se pone a preguntarle acerca de cada una de sus obras y a defenderle en contra las críticas de Solimán, nacidas de baja envidia. Como deseara luego ver junta la multitud innumerable de

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albañiles, carpinteros, ebanistas, barreteros, obreros y fundidores, canteros y escultores que trabajaban a las órdenes de Adonhiram, y que hablan en todas las lenguas, están diseminados por muchas partes, y es imposible congregarlos; cuando Adonhiram, trepando a un peñón de granito para ser divisado de dondequiera y levantando la diestra, hace ademán de trazar en el aire una línea horizontal y del punto medio de esa figura baja una perpendicular, representando así la T. (tau) misterioso. En el acto, acuden de todos los puntos del horizonte los obreros de toda nacionalidad, lengua y raza, en número demás de cien mil y fórmanse por sí solos en orden de batalla, componiendo el ala derecha, los carpinteros y demás trabajadores en madera; la izquiera, los mineros, fundidores y demás artífices en metal; y el centro, los albañiles y demás ocupados en obra de piedra. Extiende Adonhiram el brazo, y aquel ejército queda inmóvil. Entonces viene a comprender la reina, que Adonhiram excede la talla de simple mortal, y Solimán cae en la cuenta de que su pujanza es flaqueza: en parangón con la de Adonhiram. A Balkis le pesa el compromiso trabado con Solimán, éste sorprende los ojos de reina clavados en el prodigioso obrero. "Mas el poder de Adon-Hiram, capaz de dominar las más arduas empresas, va a sufrir un desastre, tanto más sensible, cuanto que la reina, expresamente venida para contemplar el triunfo, va a ser espectadora de su humillación. Un sirio llamado Fanor, compañero albañil, un fenicio de nombre Amrú compañero carpintero, un judío de la tribu de Rubén, dicho Methusael, compañero barretero, se presentaron a reclamar el título y salario de maestro, rechazando su pretensión Adon-Hiram, por carencia de méritos. En venganza de la repulsa, el compañero revolvió cal en la masa de los ladrillos con que se había de revestir el molde, el compañero carpintero, alargó más de lo justo los travesaños de las vigas para que se quemasen, y el compañero herrero, trajo del lago emponzoñado de Gomorra, lava sulfúrea y la echó a derretir con el metal. Un joven obrero de apellido Benoni, que amaba a Adonhiram como un hijo a su padre, averiguó el complot, y fue a denunciárselo a Solimán para que mandara suspender la operación; mas en balde, porque él otra cosa no desea sino afrentar a Adonhiram en los ojos de la reina, y da orden de seguir adelante. Ábrese la compuerta que detenía el bronce derretido, y precipítanse en el ancho molde del mar de Bronce, torrentes del líquido metal, mas reviéntanse las paredes por exceso de la carga, y corren por todos lados ríosde líquido inflamado. Imagina Adon-Hiram que la acción del fuego está vitrificando la tierra, y para impedirlo arroja un chorro de agua a los estribos del molde, con lo cual entran en lucha, revueltos el agua y el fuego, hace saltar con el empuje una lluvia de metal fundido, sembrando el espanto y la muerte entre la innumerable muchedumbre atraída al espectáculo. "El gran artífice, confundido, busca en derredor suyo con los ojos al fiel

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Benoni, y no hallándole, en el pesar de su deshonra, atribuyele la culpa, ignorante de que el infeliz mancebo ha perecido víctima de su lealtad, mientras intentaba los medios de evitar tamaña catástrofe, ya que Solimán rehusara interponer su autoridad suspendiendo la obra. "Adon-Hiram permanece clavado en el teatro de su derrota, y abrumado de pesadumbre, no hace caso de que cae en el mar de bronce fundido, aventado por la fuerza del vapor, y que todavía hierve en su fondo, puede por momentos devorarle. En la reina de Saba tenía embelecido su pensamiento, lo cual habiendo acudido a solemnizar su triunfo no ha presenciado más que su ignominiosa desgracia; cuando de súbito oye una voz extraña y temerosa, salida al parecer, del centro del abismo y que tres veces le llama por su nombre: ¡Adon-Hiram, AdonHiram, Adon-Hiram! Levanta los ojos, y en medio de la hoguera divisa una figura humana de mucho más crecido talle que los moradores terrestres. Aproxímasele la visión sobrehumana, diciéndole: "Ven, hijo mío, ven sin sobresalto; porque he soplado sobre ti y respirarás impunemente entre las llamas". Envuelto por el fuego, Adon-Hiram gusta inefable delicia, sumergido en el elemento donde un hijo de Adán aspirará la muerte. Impídele un misterioso atractivo, y sin bastar a contenerse, pregunta al que le llamó y la va guiando: "¿A dónde me conduces? — al centro de la Tierra, al alma del mundo, a los dominios de Caín, donde reina la libertad. Aquí fenece la envidiosa tiranía de Adonay; aquí burlando sus furores nos es lícito saborear los frutos del árbol de la ciencia. Estos son los estados de tu padre. —Entonces ¿quién soy yo y quién eres tú? —Yo soy el padre de tus hijos, hijo de Lamech y nieto de Caín, soy Tubal-Caín". "Tubai-Caín, introduce a Adon-Hiram en el santuario del fuego, le declara la impotencia de Adonay, la villanía de ese Dios enemigo de la creatura, a quien condenó a muerte para vengar los beneficios de que le han colmado los genios del fuego. Sigue caminando Adon-Hiram, y llega a la presencia del autor de su raza, Caín. El ángel de luz qué engendró a Caín, puso un reflejo de su inexplicable beldad en el rostro de su hijo, cuya grandeza provoca los celos de Adon-Hiram. Caín narra al postrero de sus nietos las propias faltas, las virtudes superiores la las faltas, sus infortunios iguales a sus virtudes causados por Adonay. "Muéstranse a la vista de Adon-Hiram todos los descendientes de Caín, muertos antes del diluvio. Los muertos después de esta implacable venganza de Adonay, también están allí presentes; bien que no puede verlos Adonay, para cubrir el polvo sus restos: sus almas entraron en la mansión de Caín, que es el alma del mundo. Adon-Hiram oye la voz del que nació de los amores de TubalCaín .con su hermana Nohema (él mismo se ayuntó con la mujer de Caín y procreó a Chus, padre de Nemrod), y esta voz le habla así:

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"De ti procederá un hijo a quien tú no verás y que te dará infinita posteridad. Tu progenie, bien que muy superior a la de Adán, será pisoteada por ésta. Por largos siglos desperdiciará su valor y su genio en derramar beneficios eala ingfata estirpe de Adán, hasta que a la postre los mejores se harán los más fuertes y restaurarán en la tierra el culto del fuego. Tus hijos, coadunados bajo tu bandera, harán trizas del poder de los reyes, que son los instrumentos de la tiranía de Adonay. Anda hijo mío, que los genios del fuego están contigo". "Adon-Hiram" es trasportado del santuario del fuego a la Tierra, acompañado por algunos instantes más de Tubal-Caín, el cual, antes de separarse de su nieto acaba de levantar su espíritu y le regala el martillo de que él se sirviera en tantas obras memorables, diciéndole: "Con este martillo que abrió el cráter del Etna y con el favor de los genios del fuego, darás cabo a la empresa acometida y llenará de estupor a los testigos de tu derrota en lo del mar de Bronce". "Desaparecido Tubal-Caín, empuña Adon-Hiram el precioso martillo y comienza a reparar los deterioros de la obra; pocos instantes le bastaron, y los primeros albores del día iluminaron la nueva maravilla acabada por su genio, todo el pueblo de Israel celebra Su gloria, y la reina de Saba, cuyo reciente amor se había enardecido más con las contradicciones de Solimán, está inundada de gozo. "Mientras con el séquito de mujeres pasea fuera de los muros de Jerusalem, un secreto impulso guía los pasos de Adon-Hiram a hacerse encontradizo con ella, cuando esquivaba los aplausos del triunfo y buscaba la soledad. Se declaran mutuamente su amor, y Hud-Hud, la avecilla que es la mensajera de los genios del fuego con la reina de Saba, así como siempre dio muestras de profunda aversión contra Solimán, viendo a Adon-Hiram trazar en el aire el T (tau) misterioso, se va a Revolotear en torno de su cabeza (y amorosa, se posa en su puño). A vista de esta señal, Sarahil, la aya de la reina, exclama: "Se cumplió el oráculo, Hud-Hud reconoce al esposo destinado por los genios del fuego para Balkis, el "único cuyo amor pueda ella aceptar sin mancilla". "Ya no vacilan, se toman uno a otro por esposos y discurren la traza de eludir el cumplimiento de la palabra empeñada con el Rey de los hebreos. AdonHiram saldrá el primero de Jerusalem: poco después la reina, ansiaba de juntársele en la Arabia, burlará la vigilancia de Solimán. "Mas los tres compañeros, cuya traición sólo por la intervención de los genios del fuego fue frustrada, y que sin cesar le espían, para tomar de él venganza, sorprenden el secreto de sus amores y se avistan con Solimán. Amrú le dice: "Adon-Hiram ya no visita las canteras, los talleres ni las fraguas". Fanor le dice: "Como a las tres de la madrugada, delante de mí ha pasado un hombre en dirección a los pabellones de la reina, y he conocido que era Adon-Hiram". Methusael le dice: "Mandad que salgan mis compañeros, pues traigo nuevas

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reservas para el rey. Quedando solo con éste, se explica así: "Aproveché las sombras de la noche para colarme entre los eunucos de la reina, y he visto a Adon-Hiram escurrirse adonde ella estaba: cuando poco antes del alba me escabullía, él quedaba todavía solo con ella". "Solimán, trata con el Sumo Pontífice Sador de las ocurrencias que acaba de saber, y entre los dos maquinan el modo de vengarse de Adon-Hiram. "Este en el entretanto, pide audiencia a Solimán para recabar la venia de retirarse. Preguntado a qué país piensa encaminarse en saliendo de Jerusalem: "Quiero regresar a Tiro, al lado del buen rey Hiram, que me mandó allá prestado". Otórgale Solimán la licencia, aunque antes de partir Adon-Hiram, ha de pagar el salario a los obreros. Vuelve a interrogarle Solimán, quiénes son unos tres compañeros nombrados Amrú, Fanor y Methusael. Son, responde, tres artesanos inhábiles que pretendían grado y paga de maestros, y yo resistí a su injusta reclamación. "Solimán despide a Adon-Hiram testificándole su perpetua amistad, y hace comparecer a los tres compañeros. Les notifica la próxima partida de AdonHiram, y añade: "Muchos maestros han ido falleciendo y es menester substituirlos: esta noche, después de los pagos, avocaos con Adon-Hiram y pedidle el ascenso al grado de maestro. Si os lo concede y merecéis su confianza, estad seguros también de la mía. Si os lo rehusa, mañana vosotros juntamente con él vendréis a mi presencia, él a justificar su negativa y vosotros a alegar en contra suya, a fin de sentenciar en ese pleito, a menos que Dios, le deseche y manifieste con alguna evidencia en su acatamiento". "Adon-Hiram y la reina de Saba van a separarse para volver en breve a reunirse. La reina le dice: "Sed una y otra vez feliz señor y amado dueño mío: vuestra esclava no ve la hora de juntarse con vos para siempre; y sabed que, cuando la halléis en Arabia, encontraréis al mismo tiempo el fruto de vuestro amor que lleva en su seno". "Se arranca de los brazos de ella y la quiere más todavía por la razón que le acaba de decir. "Solimán mientras tanto, instigado por la declaración de Amrú, Fanor y Mathusael, procura acelerar su enlace con la reina de Saba. La insta aquella noche a que satisfaga su amor: ahí precisamente la aguarda Balkis. La cual le anima a beber y él de buen grado accede, esperando sacar del vino atrevimiento para usar su fuerza: cobra ánimo y se regocija de ver que ella ha apurado la copa llena de un vino que en las entrañas se trueca en viva llama e incendia los sentidos. Mas ella muy sobre sí no ha bebido sino para engañarle, y al ver que poco a poco caía Solimán en brazos del sueño de la embriaguez, se aprovecha para quitarle del dedo el anillo entregado en prenda de su compromiso. Al punto estará el caballo árabe que veloz la lleve lejos de Jerusalem, a la tierra de Saba, donde ha de

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encontrarse con Adon-Hiram. "Mas este ha tocado a Methusael en la puerta de Poniente, a FANOR en la del NORTE y a ÁMRU en la del ORIENTE. Los tres compañeros le pidieron la consigna de maestro, y como se negase a darla, cayó bajo los golpes de estos traidores. Para borrar las huellas del crimen, fueron a enterrar el cuerpo en un solitario altozano y Methusael plantó una rama de acacia en la tierra removida. "Cuando se le disiparon a Solimán los vapores de la embriaguez y se vio solo, abandonado de Balkis, de pronto le dio un arrebato de furor; amenazando con él a Sadoc y a su Dios Adonay. Mas el profeta Ohias de Silo le apaciguó y metió en cintura, acordándole que el matador de Caín fue castigado siete veces, y el matador de Lamech setenta veces siete; y añade que, quien derramó la sangre de Caín y de Lamech, será castigado setecientas veces siete. Solimán para apartar de su cabeza esta sentencia, ordena que busquen el cuerpo de Adon-Hiram. Nueve maestros le encuentran donde los tres compañeros lo habían enterrado, y Solimán le hace dar sepultura bajo el altar del templo. "No obstante, le asalta el pavor en su trono de marfil y oro macizo. Clama piedad a todas las potencias de la naturaleza; mas se olvida de pedir gracia al más diminuto de los insectos, el arador. "El arador, paciente en la satisfacción de su venganza, está royendo sin pasar, un momento, por espacio de 224 años, el trono de Solimán, y este trono al cual parecía el mundo entero inclinarse, derrúmbase con temeroso estruendo". Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXVI VARIANTES DE LA LEYENDA La leyenda de Hiram, difícil por sí sola en su exegesis, al grado de que masones tan ilustrados y de tanta autoridad en la materia, como el H Ragon, han cometido el error de calificarla de "fábula grosera", sin concederle plenamente su verdadero carácter, que no es otro, que el "mito iniciático", cosa bien distinta a una fábula; aumenta su dificultad de interpretación al considerarse las diversas variantes que de ritual se anotan, aun dentro de la tolerancia permitida por el Landmark respectivo. La versión que hemos dado in extenso no deja de adolecer, a su vez, de graves dificultades; la más seria de las cuales es que no menciona en lo más mínimo, la resurrección del maestro, objeto de otro Landmark, si bien es cierto que expresamente dice "y Methusael plantó una rama de acacia en la tierra removida". Las diferencias más notables, aparte de esta que acabamos de apuntar, que la versión de la leyenda incluida en los antiguos rituales del tercer grado, de la Gran Logia "Valle de México", tiene con a Saint-Albin, son los que siguen. En primer lugar, siguiendo en esto la liturgia de casi todas las potencias simbólicas, no aparecen en nuestra leyenda ni la reina Balkis, ni Tubal-Caín (o Tubalkaín), ni la abubilla Hud-Hud, ni todos los detalles y episodios que a ellos se refieren. En segundo lugar, los tres malos compañeros, que aquí se llaman Jubelás, Jubelós y Jubelón, no asaltan a Hiram a las puertas de la ciudad de Jerusalem, sino en las puertas del templo de Salomón, a donde había ido a orar "fiel a la costumbre que tenía. . . y alzando sus brazos hacia el Sancta Sanctorum". En tercer lugar, la versión de Saint-Albin omite la oración de Hiram, con esa manera de entender el liberalismo, de los MM franceses, que no han aceptado el efecto mágico de la oración, siempre observado, respetado y admitido por las logias de habla inglesa y por todos los HH suficientemente iniciados en el ocultismo de nuestros ceremoniales. La ignorancia de esto, es también la causa de que en muchas de nuestras logias se mutile o desfíguren los rituales, omitiendo las oraciones masónicas, diciendo "protesto" en vez de "juro" y cometiendo otras irregularidades encaminadas a demostrar cierta cultura; pero que en realidad demuestran precisamente la falta de ellas, en cuanto al dogma masónico.

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En cuarto lugar, ha sido un desacierto, en la versión que nos da SaintAlbin, el de suprimir la personificación de la ignorancia, la hipocresía y la ambición, en los compañeros infieles, respectivamente llamados Jubelás, Jubelós y Jubelón. En quinto lugar, dado el desarrollo de la leyenda, tan divergente en ambas versiones, el móvil que llevó a los tres compañeros infieles a cometer el crimen, aunque semejante, se expone con grandes variantes. En sexto lugar, en la leyenda de Saint-Albin, no se explican el porqué del signo, del tocamiento, de la palabra, de los cinco puntos de perfección, ni de las sanciones, por lo que a su vez ésta, por sí sola, tiene grandes oscuridades. Quieren las logias azules que trabajan el Rito Universal, y es probable que en ello les asista la razón, que se reserve el nombre de G A D U, para ser supremo en las logias filosóficas, ya que el Landmark decimonoveno exige expresamente creer en Dios, por lo cual, no le dan otro nombre en el simbolismo. Considerándolo desde ese punto de vista, y dado el carácter de Adonay y del ángel de la luz, decididamente con este criterio no es aceptable, la versión de Saint-Albin; pero en cambio, en los altos grados masónicos y especialmente en su dogma, esta última, como primero dijimos, es la más viable y satisfactoria. Queda, por consiguiente, un hecho inconcluso: ninguna versión, por sí sola es completa, y urge la forma standard de la leyenda del tercer grado, que un convento masónico puede y debería definir, para común observancia en los diferentes rituales de los distintos ritos practicados por las potencias simbólicas. Ante esta dificultad, aún no resuelta, no nos queda más recurso que especificar claramente a cuál versión nos referimos (que a varias mencionaremos) en las diversas partes de nuestros comentarios, y nos permitimos aconsejar a los HH maestros que, muy lejos de rechazar tal o cual versión mientras la autoridad competente, no defina cuál sea la legal y pruebe que es la masónica, con un criterio ecléctico, tome de todas lo bueno y deseche lo malo, según su leal saber y entender, dejando por supuesto, incólume la creencia en la inmortalidad del alma y en la resurrección a una vida futura, que forman la esencia de la iniciación de este grado. Hecha esta muy necesaria advertencia, intentemos la exégesis de la leyenda de Hiram.

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CAPÍTULO XXVII EL DRAMA SIMBÓLICO Jubelás, Jubelós y Jubelón La admirable organización, instituida por el más genial y dirigida por el más benévolo de los jefes (Adon-Hiram), debió haber funcionado perennemente de una manera perfecta. Pero la perfección no está nunca en la naturaleza de las cosas: sólo es un ideal hacia el cual tienden los seres y las instituciones; pero que ninguna podía nunca alcanzar. Como no existe sino lo que se puede hacer, el perfecto (o terminado) se excluye de la existencia objetiva. Por otro lado, Hiram debía comprobar en su misma persona, hasta qué punto la perversidad se desliza insidiosamente en el corazón humano, a pesar de los esfuerzos de la instrucción y cualquiera que sea la sabiduría de las medidas tomadas en el común interés social. Está desgraciadamente en la naturaleza del hombre, estar más satisfecho de sí mismo que de su suerte. Multitud de obreros se creen superiores a la situación que se han hecho. Entre sí, los cornpañeros se persuaden de que la maestría les corresponde; pero que justamente se les rehusa, siendo dignos de ella, según su propio juicio. La buena opinión que los compañeros se forman de sí mismos, los hace ciegos para sus defectos. Víctimas de su mediana inteligencia, se ilusionan peligrosamente sobre el alcance de su instrucción; pues el que menos sabe, es el que siempre está dispuesto a rebasar los límites del saber humano, en la estrechez de su horizonte mental. Con acritud, los descontentos critican todo aquello cuya razón de ser no comprenden. Se erigen en jueces infalibles y condenan las opiniones y métodos de trabajos de los demás. De hacerles caso, sólo ellos están en lo justo, y nada hay de cierto sino lo que predican. En fin, hay miserables que pretenden atribuirse un salario, el cual, ni siquiera tienen conciencia de merecerlo. Estos son los que resuelven llegar a la maestría por violencia, innodando en odioso complot a los demás compañeros, de los que saben explotar sus malas tendencias. Bien es cierto que, la leyenda reduce a tres los obreros criminales; pero

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precisa no olvidar, que cada uno de ellos personifica un estado de espíritu extensamente repartido; lo mismo ahora, como en tiempos muy antiguos. Los traidores espían a la hora en que los trabajos están en receso, y en la cual el maestro procede sólo a su visita diaria de inspección. La hora meridiana, consagrada al reposo, da esa propicia oportunidad. Su visita terminada, Hiram no desconfia de nadie, y se dirige, para salir, hacia la puerta del sur, cuando ve a uno de los conjurados venir hacia él. El maestro se detiene sorprendido, para preguntar al obrero la causa que lo llevaba al templo en aquella hora insólita. "Hace largo tiempo, responde el compañero, que me habéis postergado en una categoría inferior; tengo derecho a mi aumento de salario. Admitidme, pues, entre los maestros". —"Tú no ignoras, le explica con dulzura Hiram, que yo solo no te puedo conceder ese favor. Si eres digno de ser exaltado, preséntate ante la asamblea de los maestros, que te harán justicia". “—Ya no esperaré más, y no os dejaré mientras no me deis la palabra de los maestros". —"Insensato, no es así como debe pedirse; trabaja y serás recompensado". E1 compañero insiste y amenaza a Hiram, blandiendo una regla, con la cual hiere al maestro, que ha permanecido firme en su respuesta. Dirigido a la garganta, el golpe se desvía sobre el hombro, lastimado el brazo derecho. Huyendo el foragido, Hiram intenta salir por la puerta de occidente; pero más amenazador aún que el primero, un segundo infame lo detiene pretendiendo arrancarle por la fuerza sacrilegas revelaciones. Exasperado por la firmeza del maestro, el compañero decidió asesinarlo con un furioso golpe de escuadra en el corazón. El herido, vacilante, se siente ya perdido. Junta, sin embargo, sus fuerzas para encaminarse hacia la puerta de oriente; pero algunos pasos le bastan para quedar en presencia del más perverso de los tres conspiradores. Este se precipita sobre el maestro, lo coge de un brazo, resuelto a arrancarle su secreto o la vida. Hiram, aunque ya muy débil, mira fijamente a su infame agresor gritando: "Más bien morir que faltar a mi deber". Estas fueron sus últimas palabras, porque estremeciéndose de rabia, el traidor lo abatió rápidamente de un formidable golpe de mallete en plena frente. Habiéndose consumado el crimen, los cómplices se reunieron para comunicarse el resultado, quedan aterrados al reconocer la inutilidad de su

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monstruosa acción; no pensando ya otra cosa que borrar de ella, las huellas que pudieran delatarlos. Esperando que la noche les permitiera transportar lejos el cadáver de Hiram, lo ocultaron provisionalmente bajo unos escombros acumulados al norte del templo; después, a media noche, salieron al campo con su fúnebre cargamento.

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CAPÍTULO XXVIII LA RESURRECCIÓN Hiram había siempre dado el ejemplo de la más rigurosa puntualidad en el desempeño de sus funciones. Desde que no se le vio aparecer en medio de sus obreros a la hora habitual, éstos se inquietaron por lo que hubiera podido acontecer. Entonces recordaron ciertos detalles a los que hasta entonces no les habían dado importancia; pero que arrojaban trágicas sospechas sobre la clase de los compañeros. Recogiendo estos ecos, los maestros resolvieron reunirse. Ninguno de ellos osaba pretender a la sucesión del artista tirio; pero preciso fue, que uno de sus más experimentados confidentes, tomara su lugar para presidir la asamblea. Esta no se preocupó de otra cosa sino de buscar a Hiram, y encontrarlo muerto o vivo, con cuyo fin designó a nueve maestros encargados de explorar, de tres en tres, el sur, el occidente y el oriente; para reunir al noveno día de las investigaciones, en un punto determinado de la región del norte. Cuando, extenuados se reunieron los exploradores, sus rostros desanimados sólo expresaban la inutilidad de suá esfuerzos. Uno de ellos, sin embargo, llevaba una noticia que reanimó todas las esperanzas. Cayendo literalmente de fatiga, este maestro había querido apoyarse en una rama de acacia; mas grande fue su sorpresa, al ver que la rama había en su mano; pues sola estaba superficialmente detenida en la tierra, que presentaba el aspecto de haber sido recientemente removida. A este anuncio, ninguno siente ya el cansancio; todos se levantaron para seguir al guía hasta la altura desolada que coronaba un montículo marcado con la rama de buen augurio. No cabe duda que ahí reposan los despojos del maestro; pues un compás y una escuadra se encuentran tirados cerca de la rama verde, emblema de la esperanza que surge de la tumba. Con sus trullas, (cucharas de albañil) los maestros ahuecaron la tierra, descubriendo a poca profundidad el cuerpo de Hiram, cuyo rostro estaba cubierto por el mandil, insignia de su dignidad. Retiran este velo con brusco gesto. Los trazos augustos del difunto, aparecen entonces inalterados, como si la vida aún los animara. Un indecible horror se apodera entonces de los maestros, y su actitud desde ese momento, que habían entrado en posesión del cuerpo inerte de la tradición masónica.

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Ahora bien, cuando una tradición ha cesado deser comprendida, por esta sola circunstancia, ya no vive en los espíritus. Mientras su observancia es servil, no puede mantenerse sino transitoriamente; pero lo que le falta de cohesión racional no tarda en dislocarse, pues todo cadáver tiende a descomponerse. Fue una descomposición natural la que dispersó los despojos del cuerpo de Osiris, que la inconsolable Isis buscó penosamente recorriendo la tierra. Los viajes de la viuda (Isis), corresponden a las peregrinaciones de los maestros, ansiosos de encontrar el cadáver de Hiram, es decir, los vestigios materiales y oscurecidos de lo que fue una síntesis luminosa. Estas formas huecas que han perdido su espíritu, estas cortezas muertas aunque persistentes por razón misma de su secamiento, figuran lo que se mantiene en estado cadavérico, la superstición, en el sentido etimológico de la palabra. Conviene, en efecto, llamar superstición, todo aquello que se sostiene sin justificación lógica; los ritos perpetuados por hábito o respeto al pasado, cuando ya no se sabe a qué corresponden, su razón de ser. Hiram es la inteligencia que anima la tradición masónica: revive en nosotros desde que comprendemos todo el misterio de la masonería, dándonos cuenta exacta de la razón de ser de sus usos simbólicos. Cuando el cadáver de Hiram ha sido descubierto en su integridad, como presto para su resurrección, es que los maestros fieles han logrado reconstruir la tradición en su conjunto material. No les resta sino resucitar al muerto, procediendo según los ritos. Es el vigilante encargado de los aprendices, quien experimenta la virtud de la palabra B, oprimiendo el índice de la mano derecha del cadáver. Así hace un llamamiento a la energía interior, al fuego constructor interno, que hace obrar por sí mismo a los seres. Pero nada se mueve, y el vigilante renuncia a su empresa gimiendo: "La carne se desprende de los huesos". Su colega que instruye a los compañeros, espera tener más éxito oprimiendo el dedo mayor, mientras que articula J; pero no es más feliz, porque la fuerza exterior, que penetra los individuos para estimar su ardor vital, no tiene eficacia, si no encuentra una pequeña chispa oculta bajo las cenizas del fuego definitivamente apagado. Por esto, desesperado de su medio de acción, el iniciado (Segundo Vigilante, en este caso) deja escapar la mano del muerto, y dice, con un gemido: "¡Ya nuestro Gran maestro está en putrefacción"! Entonces el jefe (M R M) interviene, y adelantándose dice: "Muy Ven HH, nada podéis hacer sin mí! Ni la fuerza, ni la sabiduría, aprovechan sin el orden. Juntad vuestros esfuerzos a los míos, para lograr dar

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cima a nuestra empresa". Habiendo formado la cadena conforme a ritual, el M R M, frente a los pies del muerto, se inclina, coge la mano derecha del cadáver, con el tocamiento de maestro (garra) y tirando vigorosamente lo incorpora, mientras los dos vigilantes empujan a Hiram por la espalda; luego lo levantan enteramente, de tal manera que el maestro resucitado quede en pie frente al M R M, quedando en la posición dePi contra Pi, Ro contra Ro, Pe contra Pe, las manos derechas enlazadas y la mano izquierda sobre la Es para sostener el desfallecido; pues la reivindicación no es aún completa; solo la vida vegetativa circula de nuevos pero el espíritu queda todavía adormecido. Para despertarlo, el M R M pronuncia al oído del recipiendario que substituye al cadáver de Hiram, las palabras de vida: M R M. Como si estas palabras acabasen de dar la clave de toda la maestría, el nuevo maestro, desde tal punto, es temido y, honrado como si en realidad Hiram hubiese reencarnado en él. Instantáneamente la fúnebre cámara del medio se transforma en un santuario resplandeciente de luz. El espeso velo que aislaba a los maestros que se encontraban invisibles en oriente, levantan su extremo para comunicar libremente a todos los MMaest con el nuevo Hiram. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXIX OTRA VARIANTE DE LA LEYENDA Por considerarla mejor, que la de nuestros rituales, damos ahora la que trae el Diccionario Enciclopédico de la Masonería, de Frau Abrines, artículo "Hiram", y en la cual no interviene la reina de Saba. Así el lector tendrá más datos para formarse un juicio más exacto. Hiram (del hebreo hhi, o hhai, vida viva, y ram, elevado, de egregia estirpe) fue un Rey de Tiro, hijo y sucesor de Abibal. Nació el año de 1063 antes de J.C. y murió el 985. Es muy celebrado por la amistad y alianza que mantuvo siempre con David, y después con el sabio Salomón. Fortificó la villa de Tiro, y para unirla con el templo de Júpiter Olímpico, que estaba situado a bastante distancia de la población, hizo terraplenar el espacio que los separaba. Hermoseó notablemente este templo, destinando para ello una gruesa suma de oro, e hizo cortar gran cantidad de maderas del monte Líbano, para emplearlas en la construcción de los edificios sagrados, mandando demoler los templos ruinosos y haciendo construir otros nuevos, que consagró a Hércules. Hizo la guerra a los egeos, que se resistían a pagarle los tributos, y los venció. Mandó una embajada al rey David para solicitar su alianza, ofreciéndole de su parte, la cantidad de cedro y los obreros que fuesen necesarios para construirle un soberbio palacio. A la muerte del rey profeta, se apresuró a renovar el pacto de amistad y alianza con su hijo y sucesor Salomón; desde el mismo momento en que supo que había subido al trono, mandándole una numerosa embajada, con encargo de demostrarle su alegría y de patentizarle sus fervientes votos para que tuviera su reinado feliz y glorioso. Ambos monarcas mantuvieron siempre la más amistosa y cordial correspondencia, como lo atestigua Josefo, en el libro 8º. de sus Antigüedades. En el año del mundo 3022, y 1013 antes de J.C., Hiram ofreció a Salomón, como había hecho con su padre David, que haría cortar en los bosques todos los pinos y cedros que necesitara para la construcción de su casa y la del templo, comprometiéndose a hacérselos conducir por mar, atados, hasta el lugar más cómodo para que desde allí pudiesen ser conducidos a Jerusalem. Salomón, en justa recompensa, concedió a Hiram la facultad de poder sacar de sus estados, todos los años, cierta cantidad de trigo, de vino y de aceite, dándole más de veinte ciudades de Galilea, próximas a Tiro, porque además de los cedros, le había provisto también de gran cantidad de oro y plata y de obreros para la construcción del templo de Jerusalem que debía ser la admiración del

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mundo. Deseoso Salomón de construir una flota de Esion-Gaber, villa situada en el golfo de Egipto, cerca del mar Rojo, Hiram le demostró una vez más el cariñoso afecto qué le profesaba, facilitándole cuantos materiales hubo de menester, así como carpinteros y calafates; y por último, experimentados pilotos que le condujeron sus naves hasta Ofir, de donde volvieron cargadas con una considerable cantidad de oro. Según Josefo, a quien se conceptúa como el historiador más autorizado entre todos los que han escrito el reinado de Salomón, Hiram reinó 34 años; pero Moreri y otros, fundándose en la misma escritura, afirman rotundamente que fueron 60 años los que aquel monarca ocupó el trono. Hiram, célebre arquitecto y escultor, llamado por algunos antiguos escritores Chiram, era un excelente obrero para toda clase de obras de oro, de plata y de cobre; e hijo, según afirma el citado Josefo, de un tirio llamado Ur (fuego), y de una de las hijas de Dan. Par. II, 13 y 14. En otros pasajes de la Biblia, se dice que era de la tribu de Neftalí, siendo ésta la versión más admitida entre los masones. La tradición le llama también Hiram Abif, que significa padre elevado (Hiram, elevado; abí padre), y le da el sobrenombre de Adon-Hiram, o Adonhiram (Adon, dóminus, señor), Señor Hiram, de donde se deriva la masonería adonhiramita. Fue enviado por Hiram rey de Tiro, a Salomón, para trabajar los querubines y otros adornos del templo. Este hábil artífice, que "sabía trabajar en oro y plata y metal; en hierro, en piedra y en madera; en púrpura y en cárdeno, en lino y en carmesí; asimismo, sabía esculpir todas las figuras y sacar toda suerte de diseños que se le propusiese, y estar con los hombres y peritos" hizo dos querubines de oro (cubiertos de oro), de forma de niños, cuyas alas tenían cinco codos cada una, y las dos columnas de bronce, tan celebradas, llamadas B y J, que según los términos de la escritura (II Parl., III: 15 y 16), tenían "treinta y cinco codos de longitud, con sus capiteles encima, de cinco codos; e hizo asimismo unas cadenas como en el oratorio, y púsolas sobre los capiteles de las columnas, e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas". Hiram, floreció hacia el año del mundo 3003 y antes de J.C., 1032. Esto es cuanto nos enseña y nos dice la escritura acerca de este personaje tan interesante en el simbolismo masónico, y sobre el cual, tan distantes se hallan muchos masones de saberlo interpretar. El importante grado de maestro, basado sobre la curiosa leyenda de Hiram, es, sin disputa, el más profundo e instructivo de la Francmasonería; procuraremos, por tanto, insertarla aquí tan completa como nos ha sido dado encontrarla; teniendo en vista las contradictorias opiniones e inexactitudes de

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algunos rutinarios, que se empeñan aún en negar o en modificar la alta enseñanza o interpretación filosófica que encierra. Habiendo resuelto Salomón, hijo de David, elevar un templo digno de la grandeza y excelsa majestad del Soberano Arquitecto de los mundos, rogó a Hiram, rey de Tiro, que le ayudase en su gran empresa, permitiéndole cortar de los bosques del monte Líbano, los cedros y pinos necesarios para, la construcción de este edificio. Accedió gustoso Hiram a esta demanda, conviniendo en recibir, en cambio un tributo anual de 20,000 medidas de trigo candeal y otras 20,000 de aceite del más puro. Salomón escogió, pues, 30,000 obreros que mandó sobre el Líbano, dividiéndolos en tres turnos, que se iban relevando mensualmente; de manera que hubiese constantemente diez mil trabajadores sobre el monte, y que por cada mes de trabajo, les quedaran dos a los obreros para poder descansar en sus hogares. El mando de estos 30,000 leñadores, fue confiado a Adon-Hiram. Organizó por otro lado un cuerpo de peones para la mecánica de los trasportes, compuesto de 70,000 hombres y otro de 80,000 canteros destinados a la labra de las piedras; vigilados y dirigidos todos por 3,300 maestros que trasmitían sus órdenes al pueblo y a los obreros. Al cabo de trece años de trabajo no interrumpidos, el templo quedó terminado. Salomón hizo venir de Tiro a Hiram, hijo de una mujer de Nephtalí y de un tirio llamado Ur (fuego). Hiram trabajaba el bronce con una habilidad maravillosa; por otra parte, se hallaba lleno de sabiduría, de actividad y de inteligencia; hizo dos globos, y los coloco encima de las dos columnas que hizo emplazar en el vestíbulo del templo; la una a la derecha, que llamó J y la otra a la izquierda, a la que puso el nombre de B. Hizo luego un mar de fundición circular, de 10 codos de diámetro, por 5 codos de altura, rodeado de soportes en forma de cartelas, colocadas por haces de 10, en cada intervalo de un codo; y el todo de esta magnífica obra, sobre doce toros de fundición, también agrupados de tres en tres, y dispuestos de manera que uno de estos grupos correspondiera al Septentrión, otro al occidente, otro al medio día y el otro al oriente. Todas estas obras y otras y otras muchas de la misma clase, destinadas a adornar el interior del templo, fueron fundidas en una explanada gredosa situada no lejos del Jordán. Hiram distribuyó a los obreros que tenía bajo sus órdenes, en tres clases: aprendices, compañeros y maestros, señalando a cada una, un salario proporcionado al grado de habilidad que los distinguía. Los aprendices se reunían para recibir su paga en la columba B; los compañeros, en la columna J, y los maestros, en la cámara del medio.

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Quince compañeros, viendo que las obras tocaban a su término, sin que les hubiese sido dable alcanzar el grado de maestro, porque aún no habían cumplido su tiempo, resolvieron arrancar por la fuerza al maestro Hiram los signos, palabras y toques (tocamientos) de este grado a fin de hacerse pasar por maestros en otros países, y recibir el salario correspondiente a tan honrosa clase. Doce de entre los descontentos, reflexionaron las deplorables consecuencias que acarrearía esta mala acción, y terminaron por renunciar al designio que habían formado; pero tres de ellos persistieron violentar al maestro para obtener la palabra y el signo. Estos tres miserables, llamados Hobbhen, Sterké y Austerluth, sabiendo que el maestro iba diariamente al mediodía a hacer sus oraciones en el templo, mientras los obreros descansaban, fueron a apostarse, para acecharle, uno en cada una de las tres puertas: Sterké, a la puerta del sur; Austerfluth, a la del oeste, y Hobbhen, a la del este. Así emboscados los tres compañeros, esperaron que Hiram terminase su plegaria y se presentase para salir a una de dichas puertas. En efecto, no bien lo hubo verificado, cuando se dirigió a la puerta del este, en donde se encontró con Hobbhen, que le pidió la palabra de maestro. Hiram le contestó que no podía acceder a su demanda, porque era necesario para ello que el tiempo de su compañerazgo hubiera sido cumplido, y entonces, si realmente merecía un aumento de salario, la palabra aún no podría serle confiada, sino en presencia de los reyes de Israel y de Tiro; porque ambos monarcas y él, habían hecho juramento de no darla sino en presencia de los tres. Descontento Hobbhen de esta respuesta, le asestó al instante un fuerte golpe en la nuca, con una regla de veinticuatro pulgadas con que se había armado de antemano. Hiram huyó hacia la puerta del sur, en donde encontró a Sterké, que interceptándole el paso, le hizo la misma demanda, e irritado porque al igual que su compañero, no pudo obtenerla, le dio un violento golpe sobre el corazón con una escuadra de hierro que tenía entre sus manos. Desconcertado con este golpe, Hiram reunió las pocas fuerzas que le quedaban y se dirigió hacia la puerta del oeste, tratando de salvarse saliendo por ella; pero se le apareció Austerfluth, quien, al igual que sus dos cómplices, le pidió imperiosamente la palabra de maestro; y viendo que también se la negaba terminantemente, le asestó tan terrible golpe sobre la frente con un martillo, que le dejó cadáver a sus pies. Reunidos los tres asesinos después del crimen, se preguntaron recíprocamente la palabra de maestro; pero como ninguno había podido conseguirla, desesperados por haber cometido un crimen inútil, no pensaron ya en otra cosa, más que en hacer desaparecer las señales que pudieran descubrirles.

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Levantaron, pues, el cuerpo de Hiram, le ocultaron debajo de un montón de escombros, y llegada que fue la noche, le sacaron de Jerusalem y fueron a enterrarlo muy lejos, sobre la cumbre de una montaña. Al día siguiente, notando con extrañeza que Hiram, contra su costumbre, no aparecía para inspeccionar los trabajos, no pudieron menos los obreros de hacerlo comunicar a Salomón, quien inmediatamente realizó varias pesquisas que no dieron el menor resultado; pero los doce compañeros que habían tomado parte en el primer complot, y que se habían retirado, sospechando la realidad de lo acaecido, revistiéndose de mandil blanco y de los guantes en señal de su inocencia, fueron a encontrar a Shelomoh (Salomón) y le dieron conocimiento de todo cuando había pasado. Salomón envió a estos doce compañeros en busca del maestro, prometiéndoles que les concedería el aumento a este grado, si conseguían realizar con buen éxito su misión. Temiendo que la palabra hubiera sido arrancada a Hiram, antes de su muerte, si es que realmente hubiese sucumbido violentamente, se convino en que la primera palabra que fuera pronunciada al encontrar su cuerpo, sería en lo sucesivo la nueva palabra de maestro. Después de haber viajada cinco días sin haber podido descubrir el menor vestigio, los compañeros fueron a dar cuenta a Salomón de la inutilidad de sus pesquizas. Entonces éste hizo partir a nueve maestros, que se esparcieron por la montaña siguiendo distintas direcciones, llegando al segundo día sobre la cumbre del monte Líbano, siendo más afortunados que los compañeros: en efecto, uno de ellos por la fatiga, después de una larga carrera, se tendió pata descansar sobre un cerrillo, y observó que aquella tierra, al parecer, hacía poco tiempo que había sido removida; en el primer instante llamó a sus compañeros y les participó la observación que acababa de hacer, en vista de lo cual, creyeron que debían excavar en aquel paraje; y habiéndolo hecho, descubrieron un cadáver que presumieron, llenos de dolor, debía ser el de Hiram; pero no atreviéndose por respeto a llevar más lejos sus indagaciones, cubrieron de nuevo la fosa con la misma tierra que habían sacado, y para reconocer aquel sitio, cortaron una rama de acacia, y la plantaron encima, marchando seguidamente para ir a dar cuenta a Salomón del triste descubrimiento que acababan de hacer. Al enterarse éste de semejante nueva, experimentó el más profundo dolor, y nó dudó en creer que los restos mortales que se habían encontrado en la fosa, no debían ser otros, que los de su gran Arquitecto Hiram-Abi. Dispuso, pues, que los nueve maestros volvieran inmediatamente ai lugar en donde los asesinos le habían enterrado, para que procedieran piadosamente a la exhumación del cuerpo, y le trasladaron a Jerusalem; recomendándoles de nuevo, que procurasen encontrar la palabra de maestro, y de no ser así, que recogieran como,

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habían convenido, las primeras que se pronunciaran. Revestidos con sus mandiles y guantes blancos los nueve hermanos, se dirigieron de nuevo al monte Líbano, y procedieron seguidamente a la exhumación; pero cuando el cadáver quedó completamente descubierto, no pudieron menos de hacer un signo de horror, porque haciendo ya nueve días que se había perpetrado el asesinato, el cuerpo se hallaba en plena descomposición, exclamando todos al mismo tiempo: M B ¡La carne se separa de los huesos! Uno de ellos probó de levantarlo, tomándole el dedo índice de la mano derecha, pronunciando la palabra B; pero el brazo cayó inerte a lo largb del cuerpo; otro le cogió por el dedo pulgar de la mano derecha, pronunciando la palabra J, pero esta tentativa no fue más afortunada que la primera; entonces un tercero cogió la muñeca del cadáver formando la garra, pasó la mano por encima de la espalda derecha, y lo levantó por los cinco puntos de la maestría diciendo: M B M La carne se separa de los huesos. Salomón tributó magníficas exequias al cadáver de su querido maestro, y le hizo inhumar en el santuario, colocando sobre su tumba una placa de oro, triangular, sobre la cual estaba grabada la antigua palabra Ihohua. Terminada la pompa fúnebre, y reanudados de nuevo los trabajos, Salomón no tuvo otro cuidado más preferente que el de inquirir el paradero de los asesinos de Hiram, para hacerles sufrir un castigo proporcionado al crimen que habían perpetrado. La ausencia de los tres compañeros y los instrumentos de su delito, no dejaron ninguna duda acerca de los culpables; el mayor de los tres, como el más criminal, fue designado especialmente con el infame nombre de Abibalac (parricida). En esto presentóse un desconocido a la puerta de palacio, y habiéndose hecho introducir en secreto cerca del rey, le reveló el lugar donde se habían refugiado los malhechores. Salomón no quiso confiar a ningún extranjero una comisión tan delicada, y convocando durante la noche el consejo extraordinario de maestros, les declaró que necesitaba nueve de ellos para una expedición importante, que exigía actividad y valor; que conocía su disposición y su celo; que no quería dar preferencia a ninguno de ellos, y que por tanto la suerte sola decidiría, y el primero a quien ésta designase seria el jefe de la comitiva. Dispuso, pues, que con los nombres de todos metidos dentro de una urna, se formara el competente escrutinio; y habiendo salido el primero el de Johaben, fue éste nombrado jefe de la comisión, siendo después designados sucesivamente los otros ocho. Hecho esto, Salomón dispuso que se retiraran todos los maestros, excepto los nueve elegidos; y encerrándose con ellos en un lugar apartado de los

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trabajos, les comunicó el descubrimiento que acababa de hacer por conducto del desconocido; en vista de lo cual, acordaron entre sí las medidas que debían adoptar para lograr el objeto que se proponían. Los elegidos prestaron juramento de vengar la muerte de Hiram; adoptaron por palabra de reconocimiento, el nombre del más culpable, y salieron de la ciudad antes de amanecer, a fin de no ser vistos de nadie, caminando por mil sendas extraviadas y escabrosas, guiados siempre por el desconocido. Después de haber andado veintisiete millas más allá de Jerusalem, hacia el lado de Joppa, llegaron a una caverna inmediata al mar, llamada la caverna de Ben-Acar (hijo de la esterilidad) o lugar estéril, donde Abibalas (asesino del padre) y sus compañeros, acostumbraban retirarse. En efecto, allá al anochecer, distinguieron dos hombres que caminaban con precipitación hacia la caverna. Reconociéndoseles al momento por culpables, porque no bien se apercibieron de la comitiva, se dieron a la fuga por entre las rocas, y viéndose alcanzados, se precipitaron en un barranco, donde los maestros les hallaron expirando. Johaben, que se hallaba un poco separado de sus compañeros, distinguió el perro del desconocido, que se dirigía hacia la caverna, en ademán de seguir la pista de alguno, Este celoso maestro, corrió solo y penetró en la roca por una escalera muy recta, compuesta de nueve gradas abiertas en aquella. Luego que estuvo en el interior, distinguió a favor de una lámpara, al traidor que acababa de entrar y se disponía a descansar. Este desgraciado, aterrado a la vista de un maestro, a quien reconoció en el mismo momento, se sacrificó a sí mismo enterrándose un puñal en el corazón. Johaben se apoderó del puñal y salió victorioso de la caverna. Al encontrarse afuera, percibió un manantial que brotaba con fuerza de entre las peñas, y sintiéndose fatigado, corrió a el para mitigar la sed y serenar su espíritu. Los elegidos, resolvieron dejar los cuerpos sobre el campo, para que sirvieran de pasto a las fieras; les cortaron la cabeza y regresaron a Jerusalem al ponerse el Sol. Cuando llegaron a la ciudad, ya avanzada la noche, dieron cuenta a Salomón del resultado de su cometido. Satisfecho de su conducta, aquel rey les hizo presente, que en prueba de su reconocimiento, quería que en lo sucesivo llevasen el nombre de Elegidos. Posteriormente les agregó otros seis maestros, más, aunque no habían formado parte de la comitiva, lo que arrojó un total de quince elegidos, en lugar de los nueve que eran en un principio. Dióles por divisa o señal distintiva, una banda negra que se sostenía en el hombro izquierdo y terminaba en la cadera derecha,

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de cuyo extremo pendía un acerado puñal con la empuñadura de oro. Las palabras de reconocimiento y sus signos, se fundaron en la acción que acababan de ejecutar. Más adelante les fue confiada la inspección general, a cuyo honroso cargo se hicieron acreedores por el ardor y la severidad que siempre habían demostrado en el desempeño de sus funciones. Cuando llegaba el caso de tener que juzgar o proceder contra algún masón, el rey los convocaba y sometía la causa y el fallo de la misma, a su juicio. El desconocido, que no era más que un simple pastor, fue generosamente recompensado. Entró también en la corporación de los masones, y posteriormente, cuando estuvo suficientemente instruido, obtuvo entre ellos una plaza de elegido. Las cabezas de los asesinos estuvieron expuestas por espacio de tres días en el interior de los trabajos, junto con los mismos instrumentos de que se sirviéronlos tres malos compañeros para cometer su crimen. Trascurridos tres días, fueron consumidas por el fuego, sus cenizas echadas a volar, y sus útiles y herramientas hechos pedazos. El crimen y el castigo fue un secreto que Salomón dispuso que quedase oculto entre los elegidos. Una vez castigados los asesinos y estando a punto de terminar los trabajos, no quedaba al gran rey otra cosa que hacer, sino consignar en un lugar seguro y secreto el verdadero nombre del G A D U, cuyos caracteres habían sido conocidos mucho tiempo antes, cuando hizo su aparición sobre el monte Abed, en un triángulo luminoso. Su pronunciación fue ignorada por el pueblo, y se transmitía tradicionalmente una vez al año, por el Sumo Sacerdote, que rodeado únicamente de los que tenían derecho de oírle, lo invocaban con toda solemnidad. Durante esta ceremonia se ordenaba al pueblo que prorrumpiera en gritos y aplausos a fin de evitar con este ruido que la palabra pudiera ser oída de los profanos; Salomón creyó que debía depositarla en un subterráneo del templo, como un tipo innominable. Hizo, pues, practicar en la parte más misteriosa de aquel, una bóveda secreta, en medio de la cual, mandó colocar un pedestal triangular, que denominó el pedestal de la ciencia. Se bajaba a aquel subterráneo, por una escalera de veinticuatro gradas, dividida en tramos de a tres, cinco, siete y nueve. Esta bóveda no era conocida más que de Salomón y los maestros que habían trabajado en ella. Hiram había grabado la palabra sobre un triángulo del más puro metal; pero temiendo perderlo, lo llevó siempre pendiente del cuello, colocado sobre su pecho el lado en que estaba grabada la palabra, y no presentando por el otro más aspecto, que el de un sello grabado y perfectamente bruñido. Cuando le asesinaron tuvo la

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gran suerte de poderse despojar de este precioso delta y echarlo en un pozo que estaba en un extremo del oriente, hacia el mediodía. Salomón manifestó el temor de que este precioso triángulo cayera en manos profanas, y ordenó que fuera buscado. Tres maestros tuvieron la suerte de hacer este descubrimiento. Pasando junto a aquel pozo, a eso del mediodía, percibieron en el fondo una cosa muy brillante. Uno de ellos hizo que le descendieran, y halló en él, en efecto, el objeto que se buscaba. Llenos de alegría y de satisfacción con la posesión de tan codiciado tesoro, corrieron presurosos a comunicárselo al rey Salomón, quién a la vista del delta, dando un paso hacia atrás, levantó los brazos en señal de admiración, y exclamó: ¡Ya está aquí la palabra de. . .! Inmediatamente llamó a los quince elegidos y a los nueve maestros, y acompañado de ellos y de los tres que habían hecho el descubrimiento, bajó a la bóveda secreta, hizo incrustar el delta en medió del pedestal, y lo cubrió con una piedra de ágata, cortada en forma cuadrangular, sobre la que hizo grabar por la parte superior la palabra substraída; en la cara inferior grabó asimismo todas las palabras secretas de la masonería, y en cuatro laterales, las combinaciones cúbicas de este número, por lo que se le dio la denominación de piedra cúbica. Delante de este instrumento, aquel sabio monarca hizo colocar tres lámparas con nueve mechas cada una, que ardían perpetuamente; declaróles la antigua ley que prohibía pronunciar el nombre del Gran Arquitecto, y después de haber recibido de ellos el juramento inviolable de no revelar jamás lo que acababa de pasar, dio a aquel lugar el nombre de bóveda sagrada, e hizo sellar la entrada. Este secreto no fue participado más que a los veintisiete Grandes Elegidos y a sus sucesores; todos ellos se juraron una eterna alianza, y en prueba de esto Salomón les dio un anillo del más puro metal. Luego que subieron al templo, admiraron la magnificencia de la obra y dieron gracias por todo al Gran Arquitecto del Universo. Después de la muerte de Salomón, se gobernaron por sí mismos, siguiendo sus leyes, siempre dirigidas a la conservación de la obra. Tal es la leyenda en que se hallan basados muchos de los más importantes grados de la Francmasonería; y este relato, en las diversas fracciones que se aplican en la recepción de maestro, de Elegido de los Nueve y Elegido de los Quince, es el que se ofrece a la imaginación del recipiendario, junto con las ceremonias de que va acompañado. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXX INTERPRETACIÓN ASTRONÓMICA DE LA LEYENDA "¡Compañero! Tocáis ya el lugar venerado de la masonería, os aproximáis al arca misteriosa colocada en el Sancta Sanctorum del Tem, que ninguno debe abrir si no ha abjurado de los vicios y errores, y elevado su espíritu a la alta concepción de nuestros emblemas. Sabéis que el fin de la iniciación primitiva, fue el conocimiento de la naturaleza y de cuanto podía interesar a la felicidad del hombre; mas no tardó en hacerse patrimonio de los privilegios en la India y el Egipto. Vais, con ellos, a conocer la acacia. . . "Si meditáis acerca de la historia de Hiram, comprenderéis que es la alegoría de la marcha del Sol en los signos inferiores del zodiaco, durante los tres meses que corren después del equinoccio de otoño, y que son los tres conspiradores, causas inmediatas de su muerte aparente en el solsticio de invierno. Los tres meses sucesivos, simbolizan a los maestros que procuraron levantarle, y no lo consiguen hasta que emplean sus esfuerzos combinados, o sea al llegar a la primeravera". En el catecismo de maestro, se lee también lo siguiente: "Fuera del sentido moral de la maestría, ¿no hay otro en la leyenda de Hiram? "—Hay el astronómico; pues nuestros antepasados expresaban con signos los fenómenos de la naturaleza y las ideas morales que de ellos derivan. Hiram Abif es el Sol, Abif padre; Hiram, elevado, y los doce compañeros son los meses del año, de los cuales, los tres de otoño, se conjuran para destruirle, y hasta que los tres de invierno reúnen su influjo, vuelve a culminar en la primavera. "—Si un maestro se perdiere, ¿dónde lo hallaríamos? "—Entre la Esc y el Comp, es decir: entre la tierra que aquella simboliza como regulada, y el cielo que el otro representa como regulador; porque el digno y verdadero M domina las afecciones materiales y se remonta a su origen celeste". Muchos consideran la LEYENDA DE HIRAM como la relación de un simple hecho histórico, y como una especie de ayudamemoria simbólica. En caldeo, la palabra Hiram es la expresión más elevada de la vida. Como personaje alegórico, Hiram es evidentemente el Osiris de los egipcios; el Mithra, de los

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persas; el Atis, de los frigios; el Adonis, de los fenicios; el Baco, de los griegos, etc. Como todos ellos, es el emblema del Sol, que recorriendo en su marcha aparente los doce signos del zodiaco, ilumina y fecunda el hemisferio septentrional; desciende después sobre el Ecuador, y lleva el calor y la vida al hemisferio austral. Orfeo, en uno de sus himnos inmortales, dice: que Adonis habita tan pronto el antro oscuro saliendo tan luego, saliendo de él y remontándose hada el Olimpo, hace renacer la verdura y da la madurez a los frutos. Los físicos según Maclovio, han dado el nombre de Venus, al hemisferio superior que nosotros habitamos, y el de Proserpina, al hemisferio inferior. Lo mismo sucede, añade, entre los egipcios, bajo diferentes nombres religiosos. Puesto que Isis llora a Osiris, es evidente que éste no es otra cosa que el SOL y que aquella no es otra que la Tierra o la naturaleza. En todas las leyendas, en todos los misterios antiguos, lo mismo que en la iniciación masónica, el ceremonial de recepción figuraba las revoluciones de los cuerpos celestes y su fecunda influencia sobre la Tierra; en todas ellas se encuentra aun héroe herido de muerte por un genio, o un monstruo, o un asesino, y tiene UNA ESPOSA Y UN HIJO. El héroe es siempre el Sol, su esposa la Tierra, y el hijo el hombre. Aunque difieran frecuentemente las diferentes leyendas, todas van, sin embargo, al mismo fin, aunque por distintos caminos: unas veces el héroe resucita; en otras le reemplaza su hijo, el nuevo Sol, y ambos casos se representan en la leyenda masónica. A pesar de que muchas tradiciones tengan a Salomón como fundador de la Francmasonería, sin embargo, el principal personaje que figura en ellas es Hiram, arquitecto del templo de Jerusalem. Hiram, lo mismo que Osiris, que Mithra, Baco, Balder y que todos los dioses célebres de los antiguos misterios, es una de las mil personificaciones del Sol. Hiram, que en hebreo significa vida elevada, explica perfectamente la posición de aquel astro de la Tierra. Era hijo de Ur, que significa el fuego, y se llama Hiram-Abif, HiramPadre, así como los latinos decían Jovispater, Júpiter-padre; Liberpater; Baco-padre; pudiendo notar que entre Hiram e Hiram-Abif, existe la misma diferencia que entre los egipcios había; por ejemplo, entre oro (Horus) y Osiris, puesto que este último es el Sol que declina en el solsticio de invierno, mientras que el otro es el que se puede decir que renace en la misma época. La alegoría que nos representa a Hiram como jefe y director de todos los obreros del templo, es la misma que se encuentra en los mitos del paganismo y hasta en la misma Biblia. Así vemos a Apolo, o el Sol, trabajar como masón albañil en la construcción de los muros de Troya, y a Cadmo que también

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simboliza el Sol, edificando la ciudad de Tebas con sus siete puertas, de las que cada una lleva el nombre del planeta que representa. Un arquitecto escandinavo se compromete a construir una ciudad para los dioses, y sólo pide en recompensa de su trabajo, el Sol y la Luna; y últimamente, en el libro de los proverbios, se encuentran estas expresivas palabras: "La sabiduría ha edificado su casa y ha librado las siete columas”. Si seguimos paso a paso la tradición siriaca relativa a la construcción del templo de Salomón y la leyenda de Hiram, encontraremos la confirmación de estas hipótesis. Estando las obras para terminarse, es decir, habiendo recorrido el Sol las tres cuartas partes de su curso anual, tres malos compañeros, que son los tres meses del otoño, conspiraron contra la existencia del maestro Hiram Abif. Para consumar su atentado se apostaron en las tres puertas del templo, situada al mediodía, al occidente y al oriente, o sean los tres puntos del cielo por donde se deja ver el Sol. ¿Y a dónde se va a colocar Hobbhen (Jubelón)? A la puerta del oriente, es decir, en el punto por donde el Sol aparece sobre el horizonte (oben); Sterké (Jubelás), se coloca a la puerta del mediodía, en el sitio en donde el Sol está en toda su fuerza (sterke); en fin Austerfluth (Jubelós) se sitúa en la del occidente, que es donde el Sol termina su marcha aparente, en donde toca al fin de su curso (aus der flucht); y en el momento en que Hiram, habiendo acabado su oración, se presenta a la puerta del mediodía, uno de los tres compañeros le exije la palabra sagrada que Hiram no podía revelar: la palabra que representa la vida; Habiendo rehusado darla, recibe en el instante un golpe en la nuca con una regla de 24 pulgadas, número igual al de las horas del día, o sea de la revolución diurna. Hiram cree poder huir por la puerta de occidente; pero ahí se encuentra con el segundo compañero, que viendo que se negaba a darle la palabra, le hiere el corazón con una escuadra. Si se divide en cuatro partes el círculo de la eclíptica, y desde los puntos de intersección más inmediatos se trazan dos rectas convergentes hacia el centro, obtendremos un ángulo de 90 grados, o sea una escuadra. Este segundo golpe alude a la segunda división del tiempo del año, en cuatro estaciones. Por último, creyendo poder huir por la puerta de oriente, se presenta en ella, y allí el tercer compañero, después de pedirle en vano, a igual que sus cómplices, la palabra, le asesta un terrible martillazo en la frente, tendiéndole muerto a sus pies. La forma cilindrica de este instrumento figura el completo círculo de la eclíptica. Consumado el delito, se apresuraron los arrepentidos compañeros a lavar las huellas de su crimen, y ocultaron el cadáver debajo de un montón de escombros; imagen de las lluvias, de los hielos y en general de la tristeza que inspira al mundo la llegada del invierno; transportándole después al monte Líbano, en donde lo enterraron. Esta montaña desempeña también un importante papel en la leyenda de Adonis a Adonaí, cuyos misterios,

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establecidos entre los sirios, fueron adoptados por los judíos que dieron a Dios el nombre de Tammus. Adonis fue muerto sobre este monte por un jabalí, emblema del invierno, y allí fue también a buscarlo la diosa. Venus, afligida por su desaparición. Salomón, ansioso por la desaparición de Hiram, manda a nueve compañeros en su busca, que representan los nueve meses del año que comprenden las demás estaciones. Llegados a la cumbre del monte Líbano, descubre el cadáver, y para reconocer el sitio, plantan sobre la fosa en que yacía un ramo de acacia, que los antiguos árabes, bajo el nombre de huzza habían consagrado al Sol. Esta planta era también el Mirto de los griegos, el ramo de oro de Virgilio, el muérdago de los druidas y el oxicanto de los cristianos. Por último, exhumado el cadáver, la palabra fue encontrada; lo que alude evidentemente al renacimiento del Sol. Tal es la alegoría del grado del maestro» que, como se ve, se halla íntimamente relacionado con la de todos los mitos solares de la antigüedad. En todos dios, la victima que se inmola es un hombre virtuoso, un bienechor de la humanidad; en todos domina el mismo pensamiento, oculto bajo el velo del más ingenioso simbolismo. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXXI INTERPRETACIÓN MORAL DE LA LEYENDA Entre todas las instituciones humanas, la Francmasonería es la sola que ha previsto su propia decadencia y la manera de remediarla. No se forja ilusiones acerca del peligro interior que amengua a todos los seres vivientes, en razón de los gérmenes mortales y de la disolución inherente a todo organismo. Los enemigos exteriores pueden obstruccionar y aun paralizar nuestra actividad; pero no nos matan. Son las enfermedades, como consecuencia de nuestros trastornos interiores, las que más a menudo nos conducen a la tumba. Toda higiene previsora, dará pues, buena cuenta de esos elementos disolventes que nos van minando sordamente, por lo que debemos vigilar nuestro buen funcionamiento vital. Para resistir a la muerte, debemos conocer sus agentes, a fin de neutralizar constantemente su obra nefasta. En masonería, la solidez del edificio nada tiene que temer de la lluvia, del viento, ni de los clamores furiosos del exterior; pero los obreros que trabajan mal, con su mal espíritu, comprometen la corporación y podrían hasta matarla, si la orden no poseyera un poder suficiente de resistencia a la disolución. Una institución indispensable al desarrollo de la humanidad, no podría fácilmente desaparecer, porque beneficia con un espíritu de vida, y como el fénix, perfectamente la hace renacer de sus cenizas. Al instrumento usado o corrompido que se disloca, este arquero imperecedero, fuego constructor substituye incesantemente nuevos organismos, más y más adaptados a su misión. Cada vez, el Hijo de la Putrefacción sucede más resplandeciente a su padre asesinado; como Horus, el Sol matinal, diariamente vuelve a emprender la carrera de Osiris, que declina a partir del mediodía, para hundirse por la noche en las tinieblas del occidente. Pero para resucitar más fuerte y más gloriosa, la masonería, debe precaverse contra el mal que determina su pérdida. Se trata de un triple azote representado por la Ignorancia, la Hipocresía y la Ambición. Tales son los indignos compañeros que constantemente atacan al Respetable Maestro Hiram, es decir, a la tradición masónica personificada. Puesto que los criminales de la leyenda son obreros que cooperan con nosotros en la construcción del templo, es Adentro, y no afuera, donde debemos buscar los más temibles enemigos de la masonería.

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Seguramente que los referidos tres vicios, extienden sus estragos por toda la humanidad, a la que es menester curar gradualmente de la ignorancia, del fanatismo y de la superstición. Pero antes de proponernos orgullosamente ser los médicos de los demás, seamos modestos y procuremos, antes que todo, nuestra propia salud. La masonería en su obra de saneamiento y regeneración, debe, pues, empezar por sí misma; esforzándose por extirpar de su seno los vicios disolventes. No estará verdaderamente a la altura de su misión, sino hasta el día en que el personaje de nuestra fraternidad sepa mostrarse INSTRUIDO, TOLERANTE y DESINTERESADO. Entonces, y solamente entonces, su influencia intelectual y moral se afirmará irresistiblemente. Por consiguiente, desenmascaremos a los asesinos de Hiram. Desgraciadamente son muy numerosos, pues muchos son los malos hermanos; pero muy a menudo no saben lo que hacen, puesto que están sumergidos en la ignorancia masónica más deplorable. Precisamente, porque todo lo ignoran en masonería, todo lo censuran con una intransigencia que rebasa los límites de su impotente comprensión. En nombre de un racionalismo a machamartillo, reclaman la supresión de fórmulas y usos de los que no disciernen su razón de ser. Su vandalismo se inspira en una lógica rígida y en un dogmatismo estrecho, cuya imagen es la regla que se abate contra la garganta. Privado de sus signos materiales de manifestación, el espíritu masónico se encuentra, en efecto, reducido a la impotencia, por las mutilaciones y alteraciones que el simbolismo tradicional ha sufrido. Ninguna enseñanza iniciática es posible si los símbolos, sobre los que se basa, no existen. Racionalizada al gusto de los antisimbolistas, la Francmasonería no sería sino una escuela en la que, los alumnos, que aún no saben leer, hubieran decretado la supresión del alfabeto. Pero la estrechez del corazón es peor aún que la de la inteligencia. La masonería, enseña a los hombres a amarse, a pesar de sus divisiones. Debemos elevarnos sobre nuestras diferencias, para comunicarnos, por efecto de esta mutua tolerancia fuera de la cual no hay Francmasonería. ¿Qué pensaremos de esos presuntuosos masones que, creyéndose los solos poseedores de la verdad masónica, ven con ira y rencor a los que no piensan según sus propias ideas? Como se proclaman infalibles en sus opiniones estos pontífices las erigen en dogmas, y fulminan incesantes excomuniones contra los heréticos opuestos a su manera de ser. Tienden a desorganizar la masonería, a reducirla a las dimensiones de una estrecha iglesia, olvidando que la logia se extiende "de oriente a occidente y de sur a norte", para expresar hasta qué punto se impone la universalidad a nuestra institución, esencialmente antisectaria. Así, infiltrándose entre nosotros, bajo diversos disfraces, el espíritu del sectarismo, reduce a polvo los cimientos de nuestra fraternidad universal, y disocia las piedras del edificio, pretendiendo

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volverlas a tallar con más exactitud. Es así como con la escuadra de su concepto muy particular sobre lo justo, los intolerantes, los sectarios y los fanáticos, hieren el corazón del maestro Hiram. —Como todos los vicios, el fanatismo siempre resulta de la exageración de una cualidad; porque es preciso formarse una convicción para obrar. Eminentemente activo, el compañero no se puede sostener en un escepticismo flotante; forzosamente necesita una base de certidumbre, relativa cuando menos, para edificar. Pero habiéndose determinado libremente, respetará la libertad de los demás, dándose cuenta de las divergencias de opinión que resulta de la compejidad del aspecto de las cosas, de tal manera que, ciertos HH, y con mayor razón los profanos, pueden llegar con toda sinceridad a conclusiones contradictorias. Cuando la ininteligencia y el sectarismo han hecho su obra, no les resta a Hiram más qué recibir el golpe de gracia. Aletargado, se desploma bajo el mallete de los ambiciosos. Estos no piensan sino en sacar partido, en su provecho, de una institución falseada, en via de dislocación. Separándole de su elevado, aunque lejano fin, le asignan un objetivo práctico inmediato para servir sus egoístas propósitos. La Francmasonería, se vuelve así, el Instrumento de una pandilla política, acaparadora del poder, o de una conspiración dirigida contra el bien general; ésta es la muerte del masonismo, en adelante indiferente a su propio cadáver. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXXII INTERPRETACIÓN ASTROLÓGICA DE LA LEYENDA Doce, corresponde a la división más antigua y más natural del círculo, dado por dos diámetros que se cortan a ángulos rectos, y por cuatro arcos del mismo radio que la circunferencia, trazados, tomando como centros, las extremidades de la cruz. Esta división ha sido aplicada al cielo, es decir, y hablando más exactamente, al zodiaco, determinando en él, doce espacios iguales que el Sol recorre con regularidad en su curso anual aparente alrededor de la Tierra. Las constelaciones que coincidían con estos espacios, les han dado sus nombres, tomados de los animales o de seres animados. Así se formó el duodenarío zodiacal, cuyo simbolismo es de extrema importancia; porque el año viene a ser asi, el prototipo de todos los ciclos, alegorizando tanto las fases de la vida humana, como las de la iniciación. En los misterios de Ceres, el iniciado compartía, en efecto, los destinos del grano confiado al suelo. Como este grano, debía sufrir la influencia solar para desarrollarse y fructificar, y pasar por esa concatenación de metamorfosis, de la que resulta la revolución circular de la vida; cada signo del zodiaco, toma, desde este punto de vista, una significación particular, que nos esforzaremos en fijar, después de haber dado algunas indicadpnes generales sobre el simbolismo de los doce signos. La figura que sigue representa las tradiciones relativas al zodiaco, cuyos signos se enlazan con el septenario de los planetas, en el entendido de que el Sol tiene su domicilio en el León y que la casa de la Luna está en el signo de Cáncer.

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Los otros dominios o esferas de influencia se reparten como sigue: Mercurio: Gemelos y Virgen Venus: Toro y Balanza. Marte: Aries y Escorpión. Júpiter: Peces y Sagitario. Saturno: Acuario y Capricornio. Cada signo, por otra parte, participa de la naturaleza de los cuatro Elementos, de donde procede la clasificación siguiente: Fuego: Aries, León y Sagitario, Tierra: Toro, Virgen y Capricornio. Agua: Cáncer, Escorpión y Peces. Cada signo queda así caracterizado por un planeta y por un elemento. Veamos qué resulta de ahí, respecto a la iniciación. ARIES. Fuego. Marte. Es el Azufre de los alquimistas. Fuego constructor interno, estimulante de todo crecimiento y de todo desarrollo. Aletargado durante el invierno, despierta en la primavera, hace germinar el grano y provoca la eclosión de las yemas. Representa la iniciativa individual, que se desprende bajo el impulso de una influencia exterior general, como la energía aprisionada en el germen, entra en obra a la señal del Sol. El ardor iniciático conduce a buscar la iniciación. TORO. Tierra. Venus. La Sal, materia receptiva en la cual la fecundación se efectúa. La elaboración interior. Cuidadosamente preparado, el recipiendario es admitido a las pruebas iniciáticas.

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GEMELOS. Aire. Mercurio. Los hijos de la tierra fecundada por el Fuego. El doble mercurio de los alquimistas simbolizado por dos serpientes o por una serpiente de dos cabezas. La vitalidad constructiva y organizante. La sublimación de la materia en la flor que se abre. El neófito recibe la Luz. CANCER. Agua. Luna. La savia llena las formas que alcanzan su plenitud. La vegetación es lujuriosa. Es la estación de las hojas, de la hierba y de las legumbres; pero los granos y los frutos aún están verdes. Los días son largos y la luz abunda. El iniciado se instruye asimilándose la enseñanza iniciática. LEON. Fuego. Sol. Habiéndose terminado la obra constructiva del ardor sulfuroso e interno de Aries, el fuego externo interviene para sacar y matar todo cuanto sea construcción acuosa, para cocer y madurar la cubierta de los granos maduros. La razón implacable, ejerce su crítica rigurosa sobre todas las nociones recibidas. El iniciado, controla por sí mismo, con severidad, las ideas que han podido seducirle. VIRGEN. Tierra. Mercurio. La sustancia fecunda, esposa virginal del fuego fecunda, después del parto vuelve a ser virgen. La cosecha está madura y el calor menos tórrido. Habiendo ya elegido sus materias de construcción, el iniciado, los reúne para desbastarlos y tallarlos, según el destino que piensa darles. BALANZA. Aire. Venus. Equilibrio de las fuerzas contructoras y destructoras. Madurez: el fruto en todo su sabor. El compañero en condición de desplegar su máximo de actividad últimamente aplicada. ESCORPIÓN. Agua. Marte. La masa acuosa fermenta. Los elementos de la construcción vital se disocian, atraídos por nuevas combinaciones. Desorganización revolucionaria. El sol precipita su caída hacia el hemisferio austral. Complot de los malos compañeros. Hiram es herido de muerte. SAGITARIO. Fuego. Júpiter. E1 espíritu animador se desprende del cadáver y se eleva en las alturas. La naturaleza toma un aspecto desolador. Los obreros abandonados, sin dirección, se lamentan y se dispersan para buscar el cuerpo del maestro asesinado. CAPRICORNIO. Tierra. Saturno. Nada vive ya: sustancia terrestre está inerte, pasiva; pero fecundable. La tumba de Hiram es descubierta, gracias a la rama de acacia, único vestigio de la vida desaparecida. ACUARIO. Aire. Saturno. Los elementos constructores se reconstituyen en la tierra reposada, que se prepara a nuevos esfuerzos generadores. Se satura de dinamismo vitalizante. Se exhuma el cadáver del arquitecto y se forma la cadena para resucitarlo.

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PECES. Agua. JĂşpiter. El hielo se rompe; las nieves se funden, y el suelo abreva los fluidos propios para ser vitalizados. Se alargan los dĂ­as rĂĄpidamente y el reino de la luz se afirma. Hiram ha resucitado y vuelve a tener conciencia: Se ha encontrado la palabra perdida.

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CAPÍTULO XXXIII INTERPRETACIÓN FILOSÓFICA DE LA LEYENDA Cuando ha terminado la representación, el actor se quita la máscara (persona y vuelve a ser él mismo. ¿En qué podría afectarlo esta vuelta a sí mismo? ¿La vida real será para él un desencanto? No será un artista consciente de su propio arte, en tanto se engañe con su propio juego. Un papel no es para él sino un incidente de su carrera, y su ambición será la de desempeñar honorablemente muchos empleos, representándolos cada vez mejor. Igual cosa sucede con el actor oculto de nuestra personalidad. Nada le interesa que no proporcione la ocasión de probar su arte y de perfeccionarse en é1. Si es artista, vive para su arte, y no para su papel (persona), vita brevis, ars longa. Se entiende por esto, que la vida es corta, si se limita a la personalidad; pero participa de la permanencia del arte, cuando se identifica con é1. En otros términos: no hay muerte para el Artista. El abandono de un organismo usado o deteriorado, ya impropio para llenar sus funciones, no representa para el obrero sino un cambio de un útil de bien poca importancia, si sabe trabajar. El buen obrero, jamás se queda sin ocupación, aun en el dominio de nuestra agitación planetaria, y con mayor razón en un orden superior de las cosas, donde, como en la física y en la química, nada se destruye. Seamos fuerza creadora y no nos preocupemos más por nuestro futuro. Cuando nuestra personalidad de estado civil se apaga, los residuos que de ello nos quedan, no son sino de un mediano interés. Para ella no debemos esperar nada después de la muerte: Post mortem nihil. Pero el instrumento no debe ser confundido con el obrero. Y al fin ¿qué es lo que espera el iniciado, sino trasformarse? Agente de trasformación, ¿cómo podrá temer su propia metamorfosis? Para progresar y subir, es preciso arrojar la impedimenta. Sepamos, pues, despojarnos de lo que nos hace pesados y ganemos en potencia lo que perdamos en densidad. Renunciemos, por otro lado, a figurarnos la vida no personalizada, porque en este dominio todas las conjeturas son vanas. Basta con que la acacia no sea conocida, o dicho de otra manera, con que tengamos conciencia de la vida verdadera. Pero la rama reveladora, es inseparable de la escuadra y el compás; instrumentos de medida y de positivismo, que determinan la estricta equidad de

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nuestros actos y el meticuloso rigor de nuestras concepciones teóricas. Un masón jamás se perderá en lo desconocido. Desempeñará sabiamente su papel en el misterio, y siempre se rehusará a fungir como pontífice, capaz de satisfacer todas las curiosidades. Sus convicciones son de orden práctico: no afirma sino en la medida de lo que le consta. Discierne el lazo que une toda vida con una vida más general; compara el individuo humano a una cédula orgánica del gran organismo llamado humanidad. Este ser colectivo, corresponde al Gran Adam de los Kabbalistas; vive esa vida superior, prometida a los iniciados que saben morir en su personalidad profana. Bajo la multitud de las apariencias exteriores, infinitamente esencial es la unidad. Esto es lo que hacía decir a los antiguos: en to pan, uno el todo. Conocían una sustancia única, disimulada bajo los aspectos constantemente diversificados de la materia. Como, además, ellos creían que una sola y misma vida circula al través de todos los seres vivientes, admitían, por analogía, que una sola luz intelectual se manifiesta en todas las inteligencias. A medida que nos acercamos a esa unidad fundamental de los seres y de las cosas, somos cada vez más inmortales, si cabe la expresión. Si la universalidad repercute en nuestro centro animador, participamos de lo permanente y de lo imperecedero. Si, por lo contrario, lo transitorio sólo se refracta en nosotros, no hay ninguna razón para sobrevivimos en aquello que por naturaleza misma es efímero y fugitivo, o temporal, como dicen los místicos. Contrariamente a los iniciados, éstos se figuran una vida éterna distinta de la que llevamos en este bajo mundo. No comprenden que la vida es necesariamente una, y que desde ahora estamos viviendo en la eternidad. Lo que les engaña es que, con relación a nuestra personalidad, la vida única se desdobla, según que aparecemos sobre la escena de la objetividad, o que nos retiramos momentáneamente de ella. Estas fases de retirada, están marcadas por el sueño y por la muerte, que son similares. El uno, no es más alarmante que la otra. Mientras dormimos, el actor que desempeña su papel, que ha entrado literalmente en nuestra piel, de ella se deshace y momentáneamente vuelve a ser él mismo. Pero al cabo de algunas horas regresa a la escena, hasta el día en que, renunciando al teatro, no vuelye a aparecer en él: entonces es cuando se produce eso que se ha convenido en llamar la muerte, simple incidente, con relación al principio que en nosotros piensa y obra. Como nada puede perderse o destruirse, toda actividad prosigue bajo otro modo de aplicación. Así es como la tradición masónica considera al masón muerto, que está llamado a trabajar sobre un plano superior. Tenía en sí una energía consagrada a la Gran Obra, fuerza indestructible a igual título que las 221


restantes fuerzas. Esta energía es independiente del instrumento, gracias al cual se manifiesta entre nosotros. Se trasforma sin extinguirse; pero si queremos permanecer sobre el terreno iniciático, conviene no avanzar más nuestra afirmación. Si llevamos esto al simbolismo del tercer grado, en él nos encontramos separados del más allá por un velo impenetrable. Estamos organizados para trabajar en el dominio restringido que nos revelan nuestros sentidos. Apliquémonos, pues, a nuestra obra, sin dejarnos distraer por una curiosidad indiscreta en el presente estado de nuestra condición. El obrero que se ha puesto la escafandra, en vista de la necesidad que tiene de descender bajo las olas, en vano lamentará no ver los horizontes de la superficie marina. Debe contentarse con lo poco que percibe en la penumbra del sucio fondo en que lo tienen sus suelas de plomo. El aparato en el cual está prisionero, le permite actuar en un medio que no es el suyo; mientras ahí está encerrado, el buzo, a fin de dedicarse enteramente a su labor, hace abstracción de sus recuerdos del aire libre. Tal es nuestro caso, mientras estamos materializados, es preciso sacar el mejor partido de los órganos de que disponemos, y esforzarnos para llenar concienzudamente nuestro papel de buzos. Sin embargo, no se nos va a persuadir de que siempre estaremos en el fondo del agua. A ella se desciende, sólo para cumplir una misión de arriba. ¿No es lo mismo que pasa con el misterioso actor que, por la necesidad de una causa elevada, se ha revestido de nuestra personalidad? Los antiguos sabios nunca pretendieron tener sobre esto más luces que el común de los mortales. No presumían de ninguna sensibilidad anormal, reveladora de los secretos de otro mundo o de otra vida. La meditación los ponía sobre la ruta de las suposiciones razonables, sobre las que preferían guardar silencio; dejando a los adivinos y a las pitonisas las divagaciones sobre lo que es normalmente incognoscible. Lo que subsiste después de la muerte es, sobre todo, el recuerdo. Dejar detrás de sí una memoria honrada, debe ser la ambición de todos. Por humilde que sea el papel que nos toque, hay que desempeñarlo bien; pues el arte de bien vivir debe ser el supremo entre los demás, y éste es el gran arte, o arte real, al que se consagran los iniciados. Quien ha vivido bien, se inmortaliza; y bajo la forma de una influencia atávica feliz, corriente, destinada a fortificarse, es como los descendientes; son fieles al culto de los antepasados. Este culto, hunde sus raices en un instinto muy seguro. Ha dado lugar a prácticas infantiles; pero es profundamente respetable en la pureza de su principio. Debemos vivir de manera de dejar detrás de nosotros un dinamismo 222


de bien, herencia más preciosa que aquellas sobre las que el fisco percibe contribuciones. Esta sucesión inmaterial, se abre siempre en beneficio de todos los que saben gozarla, sin que ningún interés pueda frustrarla. La influencia benéfica así ejercida, no depende del ruido que haya podido hacerse alrededor de una personalidad. No tarda en hacerse el silencio sobre los que más han hecho hablar de sí mismos. La gloria no genera, sino una inmortalidad muy digna de lástima, caricatura de la verdadera. Sepamos vivir bien, en el sentido filosófico y moral de esta frase, y la muerte no será para nosotros sino EL MEDIO DE VIVIR MÁS AUN. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXXIV INTERPRETACIÓN GENÉSICA DE LA LEYENDA A pesar de la existencia bíblica de Hiram, no debe ser considerado en la Francmasonería, sino como un ser alegórico, que personifica al Gran Arquitrecto del Universo, con el mismo título que el hierofante de los antiguos misterios, era el representante emblemático de Phta, de Osiris, o de la divinidad a cuyo culto estaba consagrado. La doctrina del grado de maestro, es la continuación de la del aprendiz y del compañero. El sexo femenino (B) y el masculino (J) se unen en este grado: se ha encontrado el nombre de Dios que se buscaba. Este nombre es M B, el hijo del incesto de Loth con su hija; es decir, el hombre, hijo de la unión del Sol con su hija la Tierra; y es también M B M el hijo de la putrefacción, el hombre-mujer (andrógino) en el acto mismo de la generación; porque todo lo que nace y tiene vida, viene de la muerte y de la podredumbre. El misterio inefable de la naturaleza que esta doctrina condensa bajo una forma concisa, merece una explicación más detallada. Consideramos un grano de trigo. Producto de un grano de trigo semejante a él, es al mismo tiempo causa y efecto. Alegóricamente puede ser considerado, como padre y a veces como hijo. Encierra en sí mismo el germen reproductor. Así pues, es al mismo tiempo que padre y que hijo, espíritu vivificador y reproductor. Está depositado en el seno de la tierra que es su madre y que se convierte en su esposa; pues que cumplen reunidos el acto de la generación. Es también su hermana, porque exisgiendo homogeneidad toda fecundación, la tierra es hermana del principio contenido en el grano. A pesar de la potencia generadora del grano, está en relación con la potencia generadora de la tierra: cuando el grano se hincha, se ablanda; fermenta y se descompone. Los elementos que lo constituyen, emprenden un combate terrible entre la vida y la muerte. La muerte triunfa, toda unión se interrumpe, el grano cae en podredumbre. Pero entonces el grano que parecía condenado a prisión perpetua, en la estrecha envoltura que lo contenía, se abre paso, se esfuerza, atraviesa el seno de la tierra, y comienza a brotar. Su nacimiento cuesta la vida a su padre, el grano, cuya sola destrucción ha hecho posible su existencia.

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El grado de maestro merece, pues, la importancia que le han dado Andersson y Desaguliers; le han dado como consagrado a enseñar este secreto supremo, a delinear esta eterna lucha y las victorias alternativas de los dos agentes de la naturaleza, destinado a poner en evidencia, que la vida y la muerte, son ambas el principio, y ambos también el fin de lo que existe, que no puede existir el uno sin el otro, y que ambos emanan de una misma potencia, la cuál potencia no podría estar mejor expresada sino por un tipo bisexual, andrógino, hermafrodita. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXXV INTERPRETACIÓN TEOSÓFICA DE LA LEYENDA La Ley del Sacrificio El estudio de la ley del sacrificio, sigue, naturalmente, al estudio de la ley kármica; y, como observaba un maestro es igualmente necesario para el mundo, conocer una y otra. Por un acto de sacrificio espontáneo, se manifestó el logos para emanar el universo; por el sacrificio subsiste este mundo y, finalmente, por el sacrificio alcanza el hombre la perfección. Síguese de aquí, que toda religión procedente de la sabiduría antigua, tiene como enseñanza fundamental, el sacrificio; y queden la ley del sacrificio, radican algunas de las más profundas verdades del ocultismo. Tratando de comprender, aunque imperfectamente, cual es la naturaleza del sacrificio del logos, podemos evitar el general error de considerar el sacrificio como algo esencialmente penoso; ya que por esencia, es una efusión espontánea y gozosa de la vida, a fin de que otros puedan participar de ella. No sobreviene el dolor, a menos que en el ser que sacrifica, haya desacuerdo entre la naturaleza superior, cuyo gozo consiste en dar, y la inferior, cuya satisfacción es recibir y guardar. Sólo este desacuerdo introduce el elemento dolor; en la perfección suprema, en el logos, no puede haber desacuerdo. El único es el acorde perfecto del ser, síntesis de infinitos acordes melodiosos, donde la vida, la sabiduría y la belleza, se confunden en la tónica una de la existencia. Al objeto de manifestarse, impone el logos un límite a su vida infinita. Esto es lo que se llama su sacrificio. Simbólicamente, es el océano de luz infinita, cuyo centro está en todas partes, y la circunferencia en ninguna, surge una esfera inmensa, llena de luz viva, un logos; la superficie de esta esfera es la voluntad que ha de limitarse a si misma, a fin de producir su manifestación; es el velo en que se envuelve, a fin de que en el interior pueda tener forma de universo. Este universo, por el que se efectúa el sacrificio, no existe aún; su futuro ser yace en la "Mente" del logos. A él se debe su concepción y se deberá su vida múltiple. La diversidad no puede surgir en el "invisible Brahma, sino por el sacrificio voluntario del ser divino, al imponerse forma, a fin de emanar miríadas de ellas, dotadas cada una de una chispa de su vida, y susceptibles por ello, de evolucionar hasta su imagen perfecta”. Se ha dicho: El sacrificio primordial de que procede el nacimiento de los seres, se llama acción (karma). Y este paso a la actividad, fuera

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del reposo perfecto, de la existencia en si, se ha reconocido siempre como sacrificio del logos. Este sacrificio se perpetúa a través de la duración del universo, porque la vida del logos es el único sostén de cada vida separada. El que engendra, soportando todas las restricciones y limitaciones que implica cada una. De cualquiera de ellas puede resurgir, no importa en qué momento, el señor infinito, llenando mismo circunscribe su vida en cada una de las formas infinitas con su gloria el universo; pero sólo por una sublime paciencia, por una expresión lenta y gradual, puede desarrollarse cada forma hasta ser como Él, un centro independiente de limitado poder. Por esto se encierra en formas y soporta toda imperfección hasta que su criatura alcanza la perfección y es semejante a Él, y una con Él, conservando intacto el hilo de su memoria individual. Esta efusión de la vida del logos en las formas, constituye parte del sacrificio original y entraña la dicha del padre eterno, al enviar sus hijos al mundo en forma de vidas separadas, a fin de que cada una pueda envolver una identidad imperecedera, y acordar su nota en armonía con las demás, para entonar el himno eterno de la felicidad, inteligencia y vida. Esto indica que la naturaleza esencial del sacrificio, cualesquiera que sean los elementos que se entremezclan en esta noción fundamental. El sacrificio es la efusión espontánea de la vida divina, a fin de hacer de ella participes a los demás seres, de traer a la existencia y de mantenerlos hasta que puedan subsistir por si mismos; esto es expresión de la alegría divina. Porque siempre es gozoso el ejercicio de la actividad, como expresión de la potencia del operante. El pájaro goza entonando sus gorjeos, y vibra entusiasmado por su canto. El pintor se regocija en las creaciones de su obra, en el plasma de su idea. La actividad esencial de la vida divina, no puede ejercerse sino el don, puesto que nada hay que pueda recibir. Si necesita ser activa (y toda vida manifestada es movimiento activo), debe necesariamente fundirse. De aquí que el signo del espíritu sea el don, porque el espíritu es la vida activa, en todas las formas. Pero la actividad esencial de la materia consiste, por otra parte, en recibir; al recibir las influencias vitales, se organiza en formas mantenidas por la continuidad de dichas influencias que al cesar las disgregan. Toda la actividad de la materia tiene este carácter receptivo, solo por recibir subsiste como forma; por esto siempre toma, sujeta y retiene. La persistencia de la forma, depende de su poder de abarque y contención. Así atraerá hacia ella todo cuanto pueda, cediendo de mal grado lo que haya de dejar. Tener y retener es su única alegría, dar es muerte para ella. Fácilmente podemos ahora ver cómo surge la idea de que el sacrificio fue sufrimiento. Mientras la vida divina se deleita con el ejercicio de su actividad con la donación, aun cuando incorporada en una forma, no cuida de si esta forma perece por el don, y preocúpase únicamente de que es una expresión

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pasajera y en medio de su individual crecimiento. Por el contrario, la forma que siente escapársele las fuerzas vitales, clama angustiada y ejerce su actividad en retener la vida, resistiendo a la corriente de difusión. El sacrificio disminuye las energías vitales que la forma reclama como suyas, y agotándolas totalmente, deja que la forma perezca. En el mundo inferior, éste es el único aspecto cognoscible del sacrificio; la forma, al verse próxima al suplicio, grita temerosa de su agonía. ¿Qué hay de sorprendente, pues, en que los hombres, cegados por la forma, hayan identificado el sacrificio con la agonizante forma, al vez de con la vida libre que se entrega exclamando alegremente: "Heme aquí, ¡oh Dios!, a tu voluntad sometido y por ello gozoso"? ¿Qué hay, además, de sorprendente en que, los hombres, conscientes de sus naturalezas superior e inferior e identificándose, sin embargo, con ésta, más que con aquella, hayan sentido las angustias de la naturaleza inferior de la forma como angustias propias, sintiendo que ellos, aceptan el sufrimiento al resignarse a una voluntad más alta y consideran el sacrificio como la aceptación devota y resignada del dolor? Mientras él confunda con la forma, no podrá eliminar del sacrificio el elemento dolor. Pero el dolor no puede subsistir en un ser perfectamente armonizado; porque la forma es entonces el vehículo perfecto de la vida que con igual complacencia recibe o abandona. E1 dolor cesa al cesar la lucha, porque el sufrimiento procede de traqueteos, frotaciones y movimientos antagónicos cuando la naturaleza opera en perfecta armonía, no existen las condiciones de que el dolor dimana. Siendo asi la ley del sacrificio, la de evolución de la vida en el universo, vemos que cada peldaño de la escala se franquea por el sacrificio. Así la vida se funde para renacer en una forma más elevada, mientras muere la forma que la contiene. Aquellos cuya mirada se detiene en las formas perecederas, no ven en la naturaleza sino un gran osario; pero quienes ven que el alma inmortal se escapa para animar formas nuevas y más elevadas, escuchan en todo instante el gozoso himno de la renaciente vida. En el reino mineral la mónada evoluciona por la ruptura de sus formas, para la producción y mantenimiento de las plantas. Los minerales se disgregan a fin de que sus materiales puedan reconstruir las formas vegetales. La planta saca del suelo sus elementos nutritivos, disociándolos y asimilándolos a sus propias sustancias. Así las formas minerales perecen a fin de que las vegetales crezcan; esta ley de sacrificio esculpida en el reino mineral, es la ley de la evolución de toda vida y toda forma. La vida pasa, y la mónada evoluciona para producir el reino vegetal, siendo el perecimiento de las formas inferiores condición indispensable para la aparición y mantenimiento de las superiores. El proceso se repite en el reino vegetal, cuyas formas quedan a su vez sacrificadas, para que puedan producirse y crecer las formas animales. En todas partes, hierbas, semillas y árboles perecen, para el mantenimiento de los cuerpos

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animales; sus tejidos se disgregan a fin de que el animal pueda asimilarse los materiales que los componen, para edificar en el mundo, y esta vez en el reino vegetal. La vida subsiste y las formas perecen. La mónada evoluciona para producir el reino animal y los vegetales se sacrifican a fin de que las formas animales puedan engendrarse y mantenerse. Hasta aquí, la idea del sufrimiento apenas se asocia a la de sacrificios; pues como hemos visto, en el curso de nuestro estudio, los cuerpos astrales de las plantas, no están suficientemente organizados para las sensaciones agudas de placer o de dolor. Pero cuando consideramos la ley de sacrificio en el reino animal, no podemos por menos de reconocer que el dolor se asocia a la ruptura de las formas. Puede decirse que la suma de dolor ocasionado, cuando, en "el estado de naturaleza" dolor; y en verdad se puede decir también, que en el papel de animal hace a otro presa suya, es comparativamente insignificante en cada caso particular, habiendo, sin embargo, que desempeña ayudando a la evolución de los animales, acrecienta el hombre considerablemente de los animales carnívoros en vez de debilitarlos. Sin embargo, no es él quien ha infundido estos instintos en el animal, aunque los haya puesto a su propio servido para sus propósitos; en innumerables variedades de animales carniceros en cuya evolución no ha ejercido el hombre influencia directa, las formas se sacrifican, para el mantenimiento de otras, como en los reinos mineral y vegetal. La lucha por la existencia siguió su curso, acelérase la evolución de la vida y de las formas comenzara desde mucho antes que el hombre apareciese sobre la escena y su larga tarea: hacer sentir a la mónada evolutiva el carácter transitorio de todas las formas y la diferencia entre las formas que perecen y la vida que subsiste. La naturaleza inferior del hombre, ha evolucionado según la misma ley de sacrificio que rige en los bajos reinos. Pero con la efusión de vida divina que da la mónada humana, sobreviene un cambio en la manera de operar de la ley de sacrificio como ley de vida. En el hombre es preciso desenvolver la voluntad, la energía automotora, la iniciativa. El impulso que fuerza en los reinos inferiores el curso de la evolución, no puede emplearse aquí sin paralizar el crecimiento de ese poder nuevo y esendal. No se pide al mineral, ni a la planta, ni al animal, la aceptación de la ley del sacrificio, como ley de vida escogida voluntariamente. Se les impone desde lo exterior e impele su desarrollo por necesidad ineludible. Pero el hombre debe tener la libertad de escoger, indispensable para el desarrollo de una inteligencia dotada de conciencia y discernimiento. Entonces surge el siguiente problema: ¿Cómo esta criatura, libre de escoger, ha de aprender, sin embargo, a escoger la ley del sacrificio, cuando se halla aún en estado de organismo sensible, temiendo el dolor, que es inevitable en la ruptura de las formas?" La experiencia de muchas eternidades, analizada por una criatura de

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inteligencia continuadamente creciente, habría podido, sin duda, llevar al hombre a descubrir que, el sacrificio es la ley fundamental de la vida. Pero en esto, como en otras tantas cosas, no quedó sin ayuda y abandonado a sus propios esfuerzos. Los divinos instructores estaban allí, al lado del hombre, en su infancia. Proclamaron con autoridad la ley del sacrificio, y en forma rudimentaria fue incorporada a las religiones en que se sirvieron educar a la naciente inteligencia de los hombres. Inútil era exigir de aquellas almas infantiles un abandono espontáneo de los objetos que les parecían más apetecibles; objetos cuya posesión garantizaba su existencia formal. Habia que conducirlos por un camino destinado a elevarlos seguramente, pero por grados, hasta las alturas sublimes del sacrificio voluntario. A tal fin se les enseñó que no eran unidades aisladas, sino que, como parte de un conjunto mayor, su vida estaba ligada a otras vidas, asi como superiores; que su vida física estaba mantenida por las vidas inferiores, por la tierra y por las plantas, cuyo consumo constituía para la naturaleza, un crédito que tenían que saldar. Viviendo del sacrificio de los demás seres, necesitaban sacrificar, en cambio, algo que pudiera mantener otras vidas. Nutridos por la actividad de las entidades astrales, presidentes de la naturaleza física, tenían que compensar con ofrendas adecuadas las fuerzas gastadas en su provecho. De aquí todos los sacrificios ofrecidos a esas fuerzas, como les llama la ciencia, o según la constante enseñanza de las religiones, a esas inteligencias directoras de la naturaleza física. El fuego disgrega rápidamente la materia física densa, y destituye al éter las partículas etéreas de la ofrenda consumida. Las partículas astrales quedan, pues, fácilmente libertadas, para que se las asimilen las entidades astrales encargadas de sostener la fertilidad de la tierra y asegurar el crecimiento de las plantas. Asi se mantiene el movimiento cíclico de la producción, y el hombre aprende que está constantemente incurso en deuda con la naturaleza y que debe constantemente satisfacerla. El sentimiento de la obligación queda así implantado y nutrido en el espíritu, y el pensamiento humano recibe el estigma del deber hacia todo, hacia la naturaleza nutridora. Este sentimiento de obligación alíase estrechamente con la idea de que, el cumplimiento del sacrificio es necesario al bienestar del hombre; y el deseo de prosperidad continua, le lleva a pagar la deuda. No es todavía sino un alma infantil que aprende las primeras lecciones; esta lección de interdependencia de las vidas, de la vida de cada ser dependiente del sacrificio de los demás, tiene capital importancia para su desarrollo. No puede todavía experimentar la divina dicha de dar; es preciso que antes venza la repugnancia de la forma a dejar todo lo que la alimenta. El sacrificio se identifica, pues, en el hombre primitivo, con el abandono de una cosa estimada: abandono provocado por el sentimiento de la obligación, por una parte, y por otra, por el deseo de continua prosperidad. La lección siguiente traslada la recompensa del sacrificio a una región

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más allá del mundo físico. Primeramente el sacrificio de los bienes materiales debe asegurar el bienestar material; luego el sacrificio de esos mismos bienes materiales ha de proporcionar la dicha en el cielo más allá de la muerte. La recompensa ofrecida al sacrificio, es de naturaleza más elevada; y el hombre aprende que, un bien relativamente permanente, puede adquirirse por el sacrificio de un bien relativamente transitorio: lección importante que conduce al discernimiento, La sujeción de la forma a los objetos físicos, se trueca en apego a las dichas celestes. En todas las religiones esotéricas, vemos empleado por los sabios este procedimiento de educación. Demasiado sabios para esperar de las almas jóvenes el heroísmo sin recompensa, se contentan con sublime paciencia con animar dulcemente en la espinosa vía de la naturaleza inferior a los niños indisciplinados confiados a su custodia. Gradualmente los hombres se ven inducidos a subyugar su cuerpo, a dominar su inercia por el cumplimiento metódico de cotidianos ritos religiosos, de carácter frecuentemente áspero; sus actividades se reglamentan y canalizan siguiendo direcciones útiles. Se ven impelidos a vencer la forma y a mantenerla sumisa a la vida, y el cuerpo adquiere el hábito de prestarse a obras caritativas y benébolas, obedeciendo a las exigencias de la voluntad aun cuando ésta no se halle estimulada todavía sino por el deseo de recompensa en el cielo. Podemos ver entre los indios, persas y chinos, cómo los hombres aprenden a reconocer sus múltiples obligaciones, a ofrecer por el cuerpo su sacrificio de obediencia y de veneración hacia los antepasados, los padres y los ancianos; a ser caritativos con delicadeza, y buenos con todo el mundo. Poco a poco los hombres se ven obligados a desenvolver en el más alto grado el heroísmo y la abnegación, como atestiguan los mártires que entregan con gozo sus cuerpos a las torturas del potro, antes que apostatar de sus creencias y traicionar su fe. Esparan, en verdad, una "corona de gloria" en el cielo, en recompensa del sacrificio de SU forma física; pero ¿no es ya bastante haber vencido el apego a la forma física y haber hecho el mundo invisible de tal modo real que se le puede tomar por e1 visible? La siguiente etapa se franquea cuando el sentimiento del deber está claramente establecido; cuando el sacrificio de lo inferior a lo superior se considera como bueno en sí, independiente de todo estímulo de recompensa en otro mundo; cuando se reconoce la obligación de la parte hacia el todo; en fin, cuando el hombre siente que la forma que existe para el servicio de los demás, debe, en completa justicia, servir a su vez sin derecho alguno a recompensa. El hombre comienza entonces a comprender la ley de sacrificio como ley de la vida, y a asociarse voluntariamente a ella. Comienza igualmente a distinguirse él mismo en su pensamiento de la forma que habita para identificarse con la vida evolucionante. Esto le lleva por grados a experimentar cierta indiferencia por todas las actividades de la forma, menos por las consistentes en deberes que

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cumplir, y acaba por considerarlas todas, como simples instrumentos para la utilización de energías vitales debidas al mundo, y no como acciones cuyo móvil sea el logro de un resultado. El hombre se eleva así hasta el punto en donde cesa de engendrar el arma que le sujeta a los tres mundos, y en donde se unce a la rueda de la existencia, porque es preciso que gire, pero no a causa de los objetos deseables que su revolución le puede procurar. Mas el pleno reconocimiento de la ley del sacrificio, eleva al hombre más allá del plano mental donde el deber se considera como deber, como "lo que debe hacerse porque es debido", y le transporta al plano más elevado del Buddhi, donde se siente la unidad de todos los "yoes" y todas las energías se despliegan en provecho de todos y no de un yo separado. Únicamente en este plano se siente la ley de sacrificio como delicioso privilegio, en vez de reconocerse sólo por la inteligencia como verdadera y justa. En el plano búdico, el hombre ve claramente que la vida es aún, que del logos deriva perpetuamente en libre efusión de amor, y que la existencia aislada no puede ser sino mezquina y pobre, sin hablar de la ingratitud que apareja. Allí, el corazón se lanza completamente hacia el logos en potente impulso de amor y de adoración; se entrega en gozosa renuncia a ser una de las vías por donde su vida descienda e irradie sobre el mundo, para ser un portador de su luz, un mensajero de su compasión, un operario de su reino, como única vida digna de vivirse para acelerar la evolución humana, servir a la buena ley y aliviar un poco la carga de este mundo. Esto parece ser el único gozo del señor mismo. Únicamente en este plano puede obrar el hombre como uno de los salvadores del mundo, porque allí es uno con los "yoes" de todos. Identificado con la humanidad, une su fuerza, su amor y su vida, pueden dirigirse hacia cualquiera de los "yoes" separados hacia todos. Se ha convertido en fuerza espiritual y acrecienta la energía espiritual disponible en el sistema del mundo al añadir su propia vida. Las fuerzas que antes empleara en los mundos físico, astral y mental, en busca de satisfacciones para su yo separado, se reúnen en un acto de sacrificio, y trasformadas así en energía espiritual, se difunden por todo el mundo, como oleada de vida espiritual Esta transmutación se efectúa, según el motivo que determina el plano en el cual se descaiga la energía. Si el hombre tiene por motivo el logro de objetos físicos, la energía descargada opera sólo en el plano físico; si desea objetos astrales, descaiga la energía en el plano astral; y si busca goces mentales, su energía funciona en el plano mental. Pero si se sacrifica para ser una canal en la vida del logos, descarga la energía en el plano espiritual, y esta energía opera en todos los lugares, con potencia y sutilidad de fuerza espiritual Para un hombre semejante, la acción y la inacción vienen a ser lo mismo, porque lo hace todo no haciendo nada, y no hace nada al cumplirlo todo. Para él, arriba y abajo, lo grande y lo pequeño, son lo mismo. Ocupa con gozo el

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lugar que se le ofrece, porque el logos es idéntico en todo lugar y en toda acción. Puede dirigirse hacia toda forma y obrar en todo sentido, porque no conoce, ni escoge ni diferencia. Por el sacrificio se ha hecho su vida una con la del logos, y ve a Dios en todo y todo en Dios. ¿Qué le importa el lugar o la forma, si él mismo es la vida consciente? "Nada tiene, y posee todas las cosas"; nada pide, y el universo entra en él. Su vida es dichosa, porque es uno con su señor bienaventurado; al utilizar la forma para el servicio, sin sujetarse a ella "pone fin al dolor". Los que comienzan a comprender las maravillosas posibilidades ofrecidas al que se asocia voluntariamente a la ley del sacrificio, experimentarán sin duda el deseo de comenzar esta asociación voluntaria antes de poder elevarse a las alturas cuya vaga descripción acabamos de hacer. Como toda verdad espiritual profunda, el sacrificio es eminentemente práctico en su aplicación a la vida cotidiana; quien comprende su belleza puede efectuarlo sin vacilar. Una vez tomada la resolución de comenzar la práctica del sacrificio, el hombre debe señalar con un acto de sacrificio el comienzo de cada jornada. Antes que comience la labor del día, él mismo será la ofrenda hecha a aquél a quien consagró su vida. Así que despierte, su primer pensamiento será la consagración de toda su fuerza a su señor. Luego ofrecerá en sacrificio todos los pensamientos, palabras y acciones de la vida diaria, efectuándolo, no por el fruto que reporte, ni como un deber, sino por ser en aquel instante, la mejor manera de servir a Dios. Todo lo que le ocurra, lo aceptará como expresión de su voluntad. Gozo, pena, inquietud, éxito, derrota; toda cosa debe bien recibida como indicadora del camino de su servicio. Recibe con gozo las cosas que le llegan, y las ofrece en sacrificio; las que se van, las pierde con gozo; puesto que se van, es que el señor no las necesita. Todas las potencias de que el ser dispone, se consagran con gozo al servicio; cuando le faltan, acepta la privación con ecuanimidad dichosa; puesto que han de ser disponibles, no tendrá ya que emplearlas. Igualmente el sufrimiento inevitable, fruto de un pasado no redimido aún, puede trasformarse, por la aceptación, en sacrificio voluntario. El hombre que voluntariamente acepta este sufrimiento, puede ofrecerlo en don y trasformarlo asi en fuerza espiritual. Cada vida humana depara ocasiones innúmeras de realizar la ley del sacrificio, y cada vida humana se convierte en una potencia a medida que las ocasiones surgen y se utilizan. Sin ninguna expansión de su conciencia en estado de vigilia, el hombre puede llegar a ser un trabajador en los planos espirituales, porque descarga en ellos energías que desde allí se esparcen profusamente en los mundos inferiores. Su renunciamiento aqui abajo, en su conciencia inferior, aprisiona en el cuerpo, despierta responsivos estremecimientos de vida en el aspecto búdico de la mónada, que es su verdadero Yo; acelera la época en que esta iniciativa gobierne y rija todos sus vehículos,

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empleándose a voluntad la obra que quiera cumplir, Ningún otro método asegura un progreso tan rápido ni tan pronta manifesación de todas las potencias latentes en la mónada, como la comprensión y práctica de la ley del sacrificio. Por esto ha sido llamada por un maestro "la ley de la evolución del hombre", tiene, en verdad, aspectos más profundos y más místicos que todos los que se han estudiado aquí; pero éstos se revelarán, sin palabras, al corazón tranquilo y amante, cuya vida es por completo una ofrenda y un sacrificio. Pertenece al orden de cosas que no son sino para oídas, en la calma interior; una de esas enseñanzas que sólo la "voz del silencio" puede exponer. Entre estas enseñanzas también se encuentran las profundísimas verdades que tienen su raíz en la ley del sacrificio. Se extrañará que en esta interpretación no hayamos mencionado directamente los personajes de la leyenda de Hiram; mas la filosofía de este mito, interpretado en abstracto, desde el punto de vista del sacrificio necesario de los grandes iniciados, va enteramente de acuerdo con la anterior exposición teosófica. Sin embargo, añadiremos que, los teósofos aceptan como suya también la interpretación, en la cual Hiram es el Sol; Salomón, el 2o. Logos; Hiram II, Rey de Tiro, elprimer constructor, etc. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXXVI SCHIBBOLETH Entre las muchas voces hebreo-bíblicas que se encuentran en las liturgias o rituales de la orden de la masonería nos ha llamado mucho la atención la que se emplea como palabra de pase, que debe dar el masón del grad de Compañero, tanto por la apropiada y significativa para el caso, como por la inexacta interpretación que le dan algunos escritores masónicos. Nos hemos propuesto explicar algunos puntos dudosos y aun combatir errores contenidos en muchos de los mencionados rituales. Nos referimos ahora al vocablo que encabeza este artículo. En primer lugar haremos notar que no debe decirse palabra de paso, sino de pase, pues consultando el diccionario de la Lengua Castellana, por la Academia, se notará la diferencia entre ambas voces; la última es la propia y conveniente. Se dice generalmente que la dicha voz de pase significa la carga, palabra divina, o encargado de las palabras; y otros autores la traducen por numerosos como espigas de trigo. Pues bien, recurramos a las fuentes bíblicas, a los grandes lexicones hebreos y caldeos, y aun a los siriacos y árabes, pues que la raíz de dicha voz pertenece a casi todas las que se llaman lenguas semíticas. En el libro de los Jueces, capítulo 12, se hace mención de una guerra que tenían los de Galaad con los de Efraím. Los primeros impidieron a éstos el paso de los vados del Jordán, y cuando al acercarse alguno decían: déjame pasar, los galaditas le hacían esta pregunta dicha palabra con pureza, y dijese Sibboleth, allí mismo los mataban. De modo que en aquel tiempo murieron de Efraím cuarenta y dos mil hombres” (versículo 6). Inverosímil y exagerada nos parece la cifra; pero esto no es de nuestro asunto. Sea de ese mentido número lo que se quiera es lo cierto (según la Biblia) que semejante matanza se debió a un defecto de pronunciación Efraimítica, de que tenían conocimiento los de Galaad. Veamos si estos eligieron una palabra que además de su difícil pronunciación para los contrarios, era muy a propósito para aquel caso. El efraimita al pretender atravesar el vado se hallaba en medio de la corriente o en la

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orilla, y esta circunstancia fue la que sugirió la palabra dicha a los galaaditas. Todas las traducciones de la Biblia hebraica, principiando por la versión griega, conocida con el nombre de setenta intérpretes, han dejado originales y sin traducción las voces Schibboleth y Sibboleth, para que resaltase su diferente pronunciación, que era lo que constituía la prueba. La verdadera significación de la voz hebrea Shibboleth según los diccionarios clásicos de la lengua por Simonis Winer y Gessenis, está dividida en dos acepciones. En la primera se dice Fluxus aquae, flumen rivosephraimitice Schibboleth. Es decir que significa corriente de agua, y río. La voz Schibboleth procede de la raíz Schabal, que los mismos diccionarios definen diciendo: radix hebraica non usitara; processit progressus, etc., especialiter cié aquis fluxit, esto es: corrió pasó, marchó adelante, adelantó camino hablando especialmente de aguas, deslizóse corriendo. Schibboleth en la segunda acepción, significa Spica espiga y nada nás; teniendo como ella, iguales radicales y significación la voz caldea. Schubbaltha (Zenolini dic. caldeo) la árabe Schonbala thon (Golio dic. árabe) y la Siriaca Schibolath (Zemol, Lex, Sem). Por muchas investigaciones que hagamos sobre la voz de que se trata, podemos asegurar que no se hallará en parte alguna más de lo que dejamos consignado, y siendo así se notará fácilmente, que no le conviene otra interpretación, y que no hay razón para decir carga. Sabidas con toda certeza las dos únicas acepciones de la voz Schibboleth, corriente de agua, o rio, y espiga, es racional suponer que fuese la primera acepción la que se exigiese al efraimita, por cuanto éste se hallaba dentro del rio o muy cerca de él; asi como hubiera sido la de espiga a haber pretendido atravesar un sembrado que las tuviese. Muchas voces hebreo-bíblicas contienen nuestros rituales pero de seguro que por su venerable antigüedad no pudiera haberse elegido otra más acertada como palabra de pase para nuestro segundo grado simbólico. Tanto en la adopción de ésta como en la de otras muchas voces, se está conociendo que la Biblia ha sido el arsenal a donde se ha acudido para la formación de nuestras liturgias; y que sus primeros redactores fueron protestantes, que tienen aquel libro como su principal código religioso, exento de todo comentario, cualesquiera que sean los orígenes oscuros de nuestra orden, su existencia demostrable no se aleja mucho más allá del siglo XII, siguiendo en aumento hasta la Reforma de Lutero, de la cual fueron nuestros antepasados ardientes partidarios.

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(Datos recopilados por José Díaz Carvallo) Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXXVII NOBAOM PAL SAG DEL MAEST MAS En los pocos rituales masónicos que circulan impresos en español, hay uno que llegó a tener mucha aceptación, especialmente en América, el del H Andrés Cassard, gr. 33 pulicado en Nueva York. Dicho libro es una copilaeión voluminosa, formada de retazos sin crítica alguna; es una verdadera obra de tarea masónica, donde entre cosas aceptables sobre nuestra orden y la ritualidad de los diversos grados escoceses, franceses y de adopción, se encuentra un cúmulo tal de inexactitud, que demuestran la carencia de conocimiento del copilador, pues peca contra la lengua española a fuerza de galicismos; peca contra las reglas de nuestra gramática, contra la verdad histórica, y hasta puede decirse que peca contra el sentido común. Si dicho manual ha podido tener ésa aceptación, se debe de impugnarlo, no han querido tomarse ese trabajo. Inexactitudes y mentiras superabundan en el referido manual y algunas de las muy notables, son las contenidas en el párrafo segundo de la página que vamos a analizar, pareciéndonos que con nuestras observaciones, hacemos un pequeño servicio a los HH que poseen dicha obra o que deseen adquirirla. El párrafo principia así: La palabra de Maest, que según la tradición se perdió con la muerte de Hiram, hace referencia a la exclamación del Salvador al expirar, la cual los judíos no comprendieron: Helos-Helos-Lamma Sabactani; "Padre mío, padre mío, tened piedad de mí, y perdona a mis enemigos". Primera observación: —Como la historia de la muerte del arquitecto Hiram-Abif es una fábula, por cuanto lo que de él se nos cuenta son puras ficciones, de los forjadores de liturgias masónicas, y nada de lo que a él se refiere que tenga relación con nuestra orden puede probarse con datos suficientes es evidente que la exclamación de Cristo en la cruz ninguna relación tiene con la palabra sagrada del maestro. Y respecto a que la noticia nos haya venido por la tradición, téngase siempre muy en cuenta que la tradición así como la historia, nos ha trasmitido abundante copia de mentiras que corren aceptadas y veneradas como verdades. Una mentira convenida equivale a un hecho: El gran Voltaire,

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H nuestro decía sobre la verdad de la historia que: "En mil quintales de noticias y de historias antiguas no se sacarían diez onzas de verdad." Segunda observación: —Dice Cassard que la exclamación de Jesús (Helos-Helos-Lamma Sabactani, que él traduce: "Padre mío, etc. etc., no la entendieron los judíos." Siendo el evangelio la única fuente histórica a que hay que acudir para escribir la vida de Jesús, es inadmisible cuando se aparta de lo que dijo aquél. El apóstol Mateo en el capítulo 27, versículo 46 del suyo, dice que, cerca de la hora de nona exclamó Jesús en voz alta: Eli, Eli, Lamma Sabactani, que quiere decir, añade el apóstol: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado"? El evangelista escribe: Eli, y no Helos, como apunta Cassard, cometiendo un grave error en esto y en la versión del citado pasaje… que es verdadera la que pone el apóstol, lo vamos a confirmar con lo que resultará del análisis gramatical de dichas voces en la lengua en que las pronunció Jesús. La frase en hebreo dice: Eli, Eli, Lamma Sabactani. Analicemos: La primera palabra Elí, está compuesta de El, uno de los varios nombres que daban los hebreos al Ser Supremo; este nombre termina con la letra vod, que expresa el posesivo de mí y unidas ambas dicen: Eli, Dios mío. La segunda palabra es un vocático igual al primero. 1

prevalecido la pronunciación Lamma. Es una partícula interrogativa que quiere decir: ¿Por qué, por qué causa? La cuarta palabra debe pronunciarse Schebactani, pronunciación propia que tiene cada letra en la lengua de Moisés.

según

la

Esta voz sale de la raíz griega Schebac abandonaste: el final tiene el prefijo, ni; a mí, que es la segunda silaba del pronombre personal ani, yo, y reunidas dicen Schebactani, abandonaste a mi, me abandonaste, me has abandonado. Esta es la verdadera traducción de las antedichas voces hebreas, atribuidas a Jesús, y no las caprichosas del copilador Cassard, dado que el discurso todo en que está ese párrafo, no es de su cosecha, sino una mala traducción francesa, como todo el manual. Dice el párrafo que los judíos no comprendieron las palabras de Jesús ¡Cómo! Conque Cristo, que era judio y hablando la lengua propia en el mismo Jerusalem, ¿no fue entendido por sus compatriotas? Decir ésto es casi una 1

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barbaridad. Porque aun cuando en el versículo 47 del citado capítulo diga el apóstol Mateo que algunos de los circunstantes que oyeron la palabra Elí, Elí, decían “este llama a Elias” esos algunos no eran ciertamente judíos, que demasiado comprendían las palabras de Jesús. El apóstol Juan en el Capítulo XIX de su Evangelio, dice hablando de la inscripción puesta en la cruz: "Este cartel, lo leyeron muchos judíos, porque estaba cercano a la ciudad el sitio donde Jesús fue crucificado". Además de los judíos, había presentes soldados romanos, y esos pudieron no comprender la exclamación. De manera que es un absurdo decir que los judíos no entendieron a su paisano, hablando en su lengua. …Substituyéndose por respeto a dicha exclamación, tres palabras árabes que forman también la del maestro, y son Mo-A-Bon, cuya traducción es: “El hijo de la viuda ha muerto”. Para impugnar con acierto lo afirmado por Cassard o por el autor del pasaje que antecede, necesitamos poner nuestra atención en el siguiente análisis, que no por ser aquí muy conveniente, deja de ser árido y disgustará a la generalidad, de los que no tengan algunos conocimientos lingüísticos. Principiemos. Las iniciales M.B.N. que dice Cassard forman tres palabras árabes, y también la palabra sagrada de maestro, deben serlo o de Mahabone, empleo en el R E o el Machbenah en el francés. Las sílabas que pueden formarse de esta palabra sagrada son Ma-ha-bone, y de la segunda Mach-ben-ach, o Man-ben-ach. Como pudiera manifestársenos que la inicial M. la tiene el árabe en la voz mut que significa murió, vamos a probar que esa circunstancia, aunque parece corroborar lo dicho por el parrafista, no nos hace fuerza ninguna. La primera sílaba de la palabra sagrada según está escrita y la pronunciación, no puede ser otra que Ma en Mahabone, y Mach, en Machbenach, o Mah, en Mahbenah, que dicen algunos franceses. La vocal parece siempre en la sílaba primera, y no u, si la primera letra de la palabra árabe mut, es equivalente a la M, eso mismo se ve en el verbo morirde las llamadas lenguas semíticas, o de la raza de Sem. En hebreo,

Mut,

significa

murió.

En siriaco,

Mut,

significa

murió.

En caldeo,

mit,

significa

murió.

El samaritano,

Mut,

significa

murió.

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En persa,

murdenm,

significa

murió.

En etiope,

Mut,

significa

murió.

Es notable que en todas las lenguas citadas, el verbo morir tenga por inicial una M, nunca seguida de la vocal a, pero la letra m, del árabe, así como las de las varias dicciones apuntadas antes, reconocen toda una raíz primitiva, cual es la sánscrita MRI, que expresa la idea de asesinar, matar, ser muerto, perecer, acabar. Del sánscrito MAR se formaron en latín las radicales mor, primera sílaba de otras varias palabras, principalmente por el verbo morir, morim que en sánscrito es Mri-ya-me, morir; y de ahí han salido en italiano, moriré; en español, morir; en francés, mourir; en persa, murden; en armenio, Mer-il, y en polaco, Mier-ati. En participio latino mor-tus-us procede del sánscrito mritas, muerto. De mri-tas, muerto o mortal ha resultado en griego brotos por el cambio de M. en B. Dígasenos ahora, si por estar escrita con M. la voz árabe mut, no pudiera decirse que esa M. pertenece a otras muchas lenguas? Fuera de que ninguna de las sílabas Ma, Mach o Mah, de la palabra sagrada puede prefijarse al verbo árabe mut, ni a ninguno de los verbos de las lenguas orientales que hemos citado. Prosigamos. La letra B. es la segunda de las iniciales conque al decir de Cassard, se forma la palabra sagrada en árabe. De Mahobone no se puede formar ninguna palabra que signifique hijo. De machbenach, formando las sílabas a voluntad, puede salir Ben en árabe, y con un alef prostético, se formaría la voz Ebnom o Abem que significa hijo; pero reclamarían el derecho a dicha frase, si fuera cierto, otras lenguas semíticas. En caldeo, se dice Ben, hijo. En hebreo, se dice Ben, hijo. En siriaco, se dice Ben, hijo. Réstanos la inicial N, que según Cassard debe completar la frase árabe de que vamos hablando. Si la letra N, fuese la final de la palabra Ben, que hemos formado desentendiéndonos de las demás palabras de la voz, Machbenach, la última sílaba sería ach si ésta estuviera unida a la n, resultada ríach; pero con ninguna de éstas sílabas se expresa en árabe la palabra viuda, que es la que nos falta para terminar la aserción del autor del párrafo.

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En árabe, se dice AYEME, viuda. En turco, se dice TUL, viuda. En persa, se dice KELEM, viuda. Del anterior análisis resulta que lo escrito por el M P S G Com Andrés Cassard, es una grande equivocación porque no puede formarse la supuesta frase árabe con las letras M. B. N. Lo que si puede decirse es que esas letras están en las palabras, Mahbone y Machbenach, y que ninguna relación tienen con las que Jesús dijo en el patíbulo. Chocante cosa nos parece que debiendo ser uno el espíritu y el fin que se propone la masonería, y una la ritualidad y la colocación de sus grados, haya una palabra sagrada para maestro en el rito Esc y otra en el Rito Francés. Porque es evidente que de las consonantes y vocales de las voces Mahabone y Machbenach deben resultar distintas suposiciones. Una liturgia inglesa de Richard Carlite, dice que algunos de los masones que hallaron el cadáver de Hiram “exclamaron Mahanone o Machbenach, palabras ambas de igual significación, siendo la de la primera: La muerte de un hermano, y la de la segunda: el hermano ha muerto a golpes. Por tanto el rey Salomón ordenó que aquellos signos, tocamientos y palabras casuales designasen por todo el mundo a todos los maestros masones, hasta que el tiempo o las circunstancias restableciesen la genuina significación". Sigue todavía el párrafo diciendo: "Estas palabras nos recuerdan al C. hijo de la virgen, esposa de Dios". Cuéntase que Hiram Abif, hijo de un tirio y de una judía de la tribu de Neftalí, arquitecto del templo de Salomón fue muerto por tres compañeros, porque no les reveló, el signo de maestro, el tocamiento y la palabra sagrada. Esto es una ficción, en la Biblia nada se dice. Y por semejanza, quiere el autor del párrafo que el supuesto pasaje: EL hijo de la viuda ha muerto, tenga relación con la muerte de Jesús, cuando sabemos, que nuestra exclamación al hacer el signo de socorro fue inventado por los caballeros, que se llaman hijos de la viuda de Carlos I, y se juramentaron para vengarle, lo que dicen se confirma por el hecho de que los del Rito de York sólo usan el signo de socorro. Es lo cierto, dice Castro, que no se conocía el otro en la antigüedad. En el vocabulario masónico del mismo Carlite se dice Machbanai Machbenach. —"My poor son, or the death of the biaul der". Mi pobre hijo o la muerte del constructor. Otro autor inglés dice que: perdida la palabra del maestro, debia

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continuar empleándose la voz Mahbone "until future generation shall fine out tigth one". (Hasta que las generaciones venideras hallasen la verdadera). En la dicción Mahbone, sus dos últimas silabas son bone, y como esta voz significa hueso en inglés, hay liturgistas angloamericanos, que interpretan Mahbone, diciendo: "La carne se desprende de los huesos". Este es otro error copio el del H Cassard. Hemos empleado mucho tiempo recorriendo diccionarios de idiomas orientales, y por más combinaciones que hemos hecho, no hemos podido dar con la palabra de maestro. Cuanto sobre ella se diga son conjeturas más o menos fundadas. Observación grave. A ningún cristiano le ocurrirá dudar de que Jesús era hijo de su madre María; ¿pero ésta era verdaderamente viuda? ¿No era como dice Cassard esposa de Dios? y viviendo éste, ¿cómo podía ser viuda si vivía y sigue viviendo el esposo? Si Cristo, pues es el hijo de la virgen, y ésta esposa de Dios, Cristo que es la segunda persona de la Santísima Trinidad, que es el mismo Dios, dividido en tres personas iguales, aunque una en esencia, es al mismo tiempo esposo e hijo de la virgen su madre? ¿No es así H. Cassard? Síguese pues que Cristo encarnó en María, y que él mismo se encerró en el vientre de ella, para salir a luz a los nueve meses, como los demás mortales, y predicar después la salvación del género humano, que sigue tan perdido como antes de su venida. Un respetable padre de la Iglesia, San Ambrosio dice: María per aurem impregnata est. El espíritu es el mismo hijo, luego Cassard hace cometer a Jesús, ¡un horrible incesto con su madre! Al final de la página 322 dice todavía Cassard; "Todos nuestros misterios son los mismos de la Iglesia Católica". Preciso es hablar ahora con toda la seriedad que requiere la notable proposición que antecede. Si nuestros misterios fueran iguales a los de la Iglesia Católica, la Francmasonería constituiría una religión, pero está muy lejos de ser así. Si se nos hubiera dicho que la masonería es una religión o que pudiera equivaler a ella, nunca nos habríamos hecho iniciar en sus secretos misterios. Y si una vez iniciados, hubiéramos conocido que era realmente una religión, la hubiéramos inmediatamente abandonado. La Mas no contiene en el fondo nada de sobrenatural y es, evidentemente, obra de hombres. Y como todo lo que sale de las manos de

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hombres es más o menos imperfecta, más o menos defectuosa, resulta necesariamente que la Francmasonería es una obra más o menos defectuosa. Los que no ven sino el lado bello de la masonería es que son ciegos y fanáticos, y los que después de haberse hecho iniciar en sus primeros grados se retiran desencantados y disgustados, están faltos de paciencia o de juicio y son hombres inconsiderados o inconscientes. El verdadero secreto de la Francmasonería no puede ser comprendido sino por el estudio profundo y serio de su doctrina, y no es un examen rápido y superficial, como se pretende comúnmente, querer penetrar en sentido de una institución que data de muchos siglos, y que acaso sea tan antigua como las primeras sociedades humanas. La Mas remonta a las épocas más lejanas de la historia del hombre. Su nombre actual es nuevo; pero su sistema de iniciación, sus doctrinas filosóficas y políticas, y sobre todo las graduaciones que se advierten en ella, en lo que toca al progreso social, prueban que es en realidad la obra de todos los tiempos, ultrajada en sus derechos, se ha esforzado en conquistarlos o defenderlos. Si nunca hubiera habido ni despotismo religioso, ni despotismo politico, y si no hubiese sido necesario combatir y hacer desaparecer el despotismo religioso y político, jamás hubiera existido la masonería. Pero como habrá siempre y en todas las sociedades humanas, por parte de los poderosos, de los fuertes y de los ricos, tendencias a oprimir a los humildes, a los débiles, a los pobres, la masonería durará tanto como el mundo, ¿Con qué fundamento o criterio se atreve el H Cassard a decir que nuestros misterios son los mismos que los de la Iglesia Católica? ¿Habla ese H como masón escocés? Pues en ese caso es preciso rechazar enérgicamente tan desacertada afirmación. Desde que tenemos la honra de ser contados entre los miembros más humildes, pero más fervorosos de la masonería, nos llama la atención el oír dar el nombre de templo a lo que no es, según la genuina significación de dicha voz, y según el espíritu de nuestra institución. Nuestros antepasados no empleaban dicha voz, ni mucho menos la de santuario, que vemos en alguna liturgia y nosotros no deberíamos emplear otra que taller, pues ello le dieron un noble equivalente al lugar donde se reunían para disponer sus trabajos materiales. Un antiguo ilustre H Luis Dufau, Gr Sec del Sup Cons para el estado soberano e independiente de Luisiana, ha dicho en una muy apreciable obra de Francmasonería que "L'atelier ecossairs, n'es ni une église, ni un temple, ni une Pagode; c' est tout simplement une école practique de Philosophie", esto es que: "el taller escocés, no es ni una iglesia, ni un templo, ni una pagoda, sino simplemente una escuela de filosofía práctica".

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Nosotros somos obreros del taller de la razón y del derecho y no MINISTROS DE CAPILLAS PROTESTANTES, ni sacerdotes católicos; ni rabinos de las sinagogas, ni mirabutes de las mezquitas, ni brahamanes de las pagodas índicas. Así lo comprendemos nosotros y los hemos enseñado a nuestros HH teniendo presente la esclarecida y pura doctrina del citado Dufau, la de Castro, la de otros ilustrados escritores masónicos, y sobre todo la índole y la esencia de nuestra orden antiquísima. Si la masonería tuviera por objeto la adoración y el culto de Dios bajo una forma cualquiera, sería un contrasentido porque haría concurrencia con las diferentes sectas religiosas, o hablando en lenguaje corriente, con las diversas religiones que en todas las cinco partes del mundo se disputan la conciencia del hombre. Los masones escoceses no pueden negar que haya una causa primera, un gran arquitecto del universo, que es Dios; pero admiten más bien este punto como filósofos que como prosélitos o sectarios de tal o cual religión. Véase aquí porque no comprendemos el uso que se hace de la Biblia en algunas logias. “Nosotros respetamos todas las creencias, dice Castro en sus liturgias, no imponemos ninguna; y los que usan biblias en sus logias, o juran por otra cosa que por el honor, no saben una palabra de nuestro rito o de masonería verdadera”. Las religiones, cualesquiera que sean, se ocupan especialmente de los destinos del hombre en otra vida que ésta, de la inmortalidad del alma, de las penas o recompensas reservadas no debe ver más allá de esta vida mortal. En esto precisamente se distingue él rito escocés de los ritos masónicos. Verdad es que a causa del despotismo político y religioso que ha pesado constantemente, sobre todos los pueblos desde los tiempos de la Edad Media y desde los tiempos modernos, este rito, el más antiguo, digan lo que quieran los que combaten su origen, no ha sido trabajo imperfectamente y ha debido alertarse al contacto de los demás ritos que se han establecido a su lado y que lo han revestido de una forma eminentemente religiosa o política. En Rito de York por ejemplo, como se trabaja en los Estados Unidos, no tiene de masónico más que el nombre, se ha trasformado completamente en culto religioso. En cada página de los cuadernos de esa masonería, se encuentran oraciones y salmos. Cristo está designado en ellos, como el hijo de Dios, y la Biblia como la única guía de la fe masónica. Desde el momento en que por el voto de todos sus partidarios la masonería es una institución universal, y debe convenir a todos los hombres,

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cualquiera que sea su creencia, la Biblia en logia es un contrasentido y una injuria para los mahometanos, para los paganos y para los deístas. Es al mismo tiempo un contrasentido y una injuria para los judíos que no creen tampoco en el nuevo testamento, como igualmente los mahometanos y los paganos. El taller escocés debe poblarse de hombres verdaderos, de hombres francos, reservados, silenciosos y no lenguaraces y palabreros, como estamos viendo y oyendo en la nueva era masónica que se inaugura actualmente, siendo cosa por demás sabida que una de las principales causas de la perpetuidad de nuestra Orden, ha sido siempre la reserva y el absoluto silencio respecto a todo lo que nos pertenece y deben ignorar los profanos, como prometemos en nuestros juramentos. Los masones, deben ser hombres que no vayan a los talleres sino para trabajar en la liberación del hombre y en la emancipación de los pueblos, y que en todos casos deben de abstenerse de remedar o parodiar como tales francmasones, las prácticas siempre respetables de la religión cualquiera que sea su forma. Sigan, pues, los yorkistas, o sean los HH que trabajan en el Rito de York, abriendo y cerrando sus trabajos invocando a Dios por medio de oraciones, como se hace en la iglesia, en el templo, o en la Sinagoga, intercalen en sus trabajos Salmos, antífonas, y pasajes enteros de las escrituras, afirmen seriamente que sin Biblia no puede haber masonería, esto es cuenta suya y no nuestra. En nombre de la tolerancia que profesamos como masones escoceses, estamos dispuestos a respetar la opinión de los que trabajan de esa manera; pero guardémonos mucho, de pensar como ellos y de imitarlos. No convirtamos el taller en un centro de política, ni de partido, como tenemos el disgusto de ver aquí alguno. Hagamos lo que debe de ser, lo que ora primitivamente, si es cierto que nuestros misterios, son la continuación de los misterios de Egipto, de los misterios de la Asia, y de los misterios de Grecia en donde a la verdad, no se conocía la Biblia. Despojemos nuestro Rito de todos los dementos extraños que se han introducido en él, y no titubiemos en declarar, no solamente que nuestros misterios no son los mismos que los de la Iglesia Católica, como dice Cassard, sino que la Biblia es uno de esos extraños elementos. Devolvamos a la masonería su racionalismo primitivo, hagamos de NN TTall unos establecimientos en donde se inocule a NN HH, una especie de vacuna moral y filosófica, porque asi como hoy se conocen las grandes ventajas de la vacuna para evitar los estragos, que ocasionan las viruelas, pueda decirse que la pura enseñanza masónica, es una vacuna moral que preserva el alma de las viruelas destructoras de la ignorancia. Sean nuestros talleres escuelas de filosofía práctica y de moral universal,

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en donde se reparta a los profanos que ingresen en ellas, el plan del espíritu, escuelas para usos de todos los hombres cualesquiera que sean, por otra parte, sus creencias religiosas. Por último digamos a los profanos que quieran oírnos: venid a nuestras LLog no importa que seáis católicos, luteranos, anabaptistas, presbiterianos, calvinistas, judíos, mahometanos o paganos; como hijos del G A D U no podemos ser enemigos, somos hermanos. Guardaos vuestro nombre, vuestro culto, vuestras deprecaciones, y vuestra fe. Recibir en vuestra alma la simiente de la sabiduría verdadera, del amor de Dios y de los hombres; y formemos una sola familia de todos los pueblos, y una sola religión de todas las religiones. Hemos terminado nuestro pequeño trabajo, y os lo dedicamos no porque lo creamos digno de vuestra ilustración, sino cómo una exigua manifestación del afecto que os profesamos a todos nuestros HH en donde quiera que se hallen y proclamen el lema antiguo del estandarte de la orden: LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD UNIVERSAL Estos datos recopilados fueron sacados de los rituales aprobados en 1875 por el Convento de Lausana, Suiza, por José Díaz Carvallo. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXXVIII GRADO DE MAESTRO Un gran crimen, una ceremonia fúnebre, la conmemoración de la muerte de un ilustre personaje: tales son los hechos que relata la leyenda del tercer grado simbólico. Si la palabra simbólica no nos recordase como en los grados precedentes, que todo es aquí emblemático, bastaría que observarais sus ceremonias para convenceros de ello. En efecto, ¿qué presenta este grado a nuestros espíritus? La muerte de un jefe de trabajó, asesinado por tres pérfidos obreros, quien se llevó a la tumba el secreto de la masonería; la edificación magnífica de un monumento en un pueblo célebre por sus desventuras y destierros. ¿Son dignos todos estos vulgares acontecimientos de que se ocupen de ellos tantos hombres inteligentes en todos los países y siglos? ¿Qué interés puede tener para nosotros? Ninguno, si se toma al pie de la letra. ¿Cómo es posible que, a pesar de haber transcurrido tres mil años de la muerte de Salomón, el mundo entero celebre todavía con muestras de dolor la muerte de un arquitecto, mientras que han habido tantos sabios y filósofos que perdieron su vida, sin que se observe su recuerdo excepto en la historia? Pero es que Hiram es otro Sócrates, uno de los bienhechores de la humanidad, cuyo nombre recuerda las más eminentes virtudes y los más señalados servicios. Abro los anales de las naciones y no encuentro en ello ni su nombre, ningún historiador ha conservado su recuerdo. La historia sagrada, que es la única que le nombra, apenas añade a su nombre el epíteto de perfecto obrero; y no vuelve a hacer mención de él en los minuciosos debates de todo lo que acompaña y sigue a la construcción del templo, ni tampoco se habla de su muerte trágica, suceso que no habría omitido un escritor escrupuloso. ¿Ha sabido subsanar la memoria de los hombres este defecto de la historia conservando el recuerdo de Hiram? No; la misma tradición tranca aquí, y nada recuerda que Hiram haya muerto a manos de sus asesinos, como dice la tradición masónica; de donde llegamos nosotros a la conclusión de que esta muerte no es más que una alegoría, cuya clave no nos será difícil encontrar. No nos abandonemos ahora a las hipótesis, como han hecho otros ni apliquemos esta conmemoración fúnebre a todos los acontecimientos que recuerden un gran crimen religioso, político o privado, ni cubramos con el nombre y emblema de Hiram a todas las victimas de la tiranía, del fanatismo y de la avaricia.

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Los masones celebran a porfía en todas partes la muerte de Hiram desde hace muchos siglos. Por tanto este acontecimiento interesa al mundo entero, y no sólo a una nación, una secta, una orden o una sociedad íntima de amigos; no pertenece a época alguna, a ningún culto, a ningún pueblo en particular; no nos recuerda ni la muerte de Jesús, considerado como víctima del odio sacerdotal, ni a Sócrates, proscrito por el fanatismo y la intolerancia, ni al jefe respetable de una ilustre orden, entregado a los más honrados suplicios por el más inaudito de los despotismos religiosos; no conmemora ni las proscripciones de los cristianos primitivos ni las de los israelitas en las diversas naciones europeas, ni las más recientes y horrendas que, bajo los últimos Valois, inundaron a Europa con la sangre de sus hijos, atizaron las hogueras de Juan Hus y la de la Inquisición, e hicieron que la nobleza francesa cayera bajo el puñal de los Médicis. Basta pensar un poco para convencerse de que este acontecimiento no se aplica por las quimeras astrológicas, ni por las demencias de la alquimia; objeciones que son tanta más verdaderas cuando se hacen basándose en la razón. Pero, ¿cuál es, entonces, esta victima ilustre y cuál es su asesino? Esto es lo que conviene buscar. La meditación y el estudio de las antiguas iniciaciones nos han conducido ya a descubrir varias verdades e interpretar muchos emblemas masónicos, que de otro modo serían ininteligibles. Pues bien, sigamos ahora una vez más la misma muerte, con objeto de que este estudio sea a manera de un hijo de Adriadna que nos ayude a salir del tenebroso dédalo de los jeroglíficos. En las sesiones anteriores de este curso he demostrado la analogía existente entre los dos primeros grados de la masonería moderna y los primeros pasos de las iniciaciones egipcias, mithraica y cristiana primitiva; y he demostrado que el aprendiz es un aspirante de Tebas o de Eleusis, un soldado de Mithra y un catecúmeno. Hemos visto en el compañero el antiguo mysto, al iniciado de segundo orden, al león de los misterios orientales, al neófito cristiano. Vamos a demostrar ahora que, a pesar de sus formas hebraicas, el maestro no es sino el Epopta, el Vidente, el iniciado de todos los tiempos y misterios. Pensemos primero en el oriente, cuna de todas las religiones y alegorías, y veámosle en esos tiempos lejanos en que dieron comienzo los misterios. Por doquiera se encuentran siempre la misma idea, bajo nombres diferentes; en todas partes, muere un Dios, un ser superior o un hombre extraordinario, para recomenzar poco después una vida gloriosa; en todas partes, el recuerdo de un acontecimiento funesto y grande, de un crimen, o de una tansgresión, hunde a los pueblos en el hito y el dolor, a los cuales sucede en seguida la alegría más viva.

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Aquí, se ve a Osiris que sucumbe a manos de Tifón; allá a Mithra o Athys en Persia. Ormuz cede durante unos insantes ante el negro y feroz Arimán; en Fenicia, es Adonis que, herido por un jabalí, resucita poco después. No acabaría nunca si quisiera de recordar todas las muertes que han llegado a ser para los pueblos motivo de fiestas fúnebres; muertes, cuyas leyendas diferentes se basan en los mismos principios que la de Hiram. La creencia en el dogma de los dos principios ha dado origen a estas ficciones, que prevalecen principalmente entre los persas. Este dogma constituia la creenda favorita de Plutarco, menos como iniciado que como filósofo. No obstante por haberse atrevido el iniciado Plutarco a revelar el gran secreto de los misterios, supo como Filocteto dudir con tal ingenio su juramento, que pone en el camino al iniciado moderno, y da a la fábula de la iniciación una interpretación moral y religiosa que se conserva en esta máxima: Erigid templos a la virtud y construid calabozos para los vicios. Este dogma previene a quien se dedique a estas meditaciones que debe evitar dos escollos, en que han sucumbido muchos hombres, unos, apartándose del verdadero camino, han caído en la superstición; otros, creyendo huir de la superstición, se han entregado a la impiedad y al ateísmo como ellos lo llaman. En Egipto era admitido el candidato en la iniciación después de haberse hecho digno del favor de los dioses por su valor, virtudes e instrucción. Descorríase el velo que cubría a la magnífica estatua de Isis, y la diosa aparecía ante sus ojos, no como la ven las miradas vulgares, rodeada de emblemas e inexplicables jeroglíficos, sino desnuda, es decir, que cuando el adepto recibía la iniciación participaba en la interpretación secreta de los misterios, interpretación que únicamente se confiaba a los iniciados para quienes Isis no era ya la Diosa hermana y mujer de Osiris, adorada por el vulgo bajo tantas formas y atributos diferentes, sino la naturaleza, en todas sus épocas, caracterizada por sus símbolos. Osiris era el astro del día o el principio de la luz y del calor, que moría a consecuencia de la traición de Tifón después de haber recorrido el universo. Si el crimen se ha cometido bajo el signo de escorpión, si su esposa reúne sus dispersos miembros y si él resucita, es que cuando el Sol termina de recorrer su ruta celeste al finalizar el año, parece que va a sucumbir para renacer en seguida más brillante y bello. De suerte que toda la historia de este Dios, a quien adoraba el pueblo con la frente hundida en tierra, no era para el iniciado más que un tema celeste. El Adonis fenicio presenta idénticos emblemas con aventuras poco diferentes. Consultemos e interpretemos su leyenda. Adon, raíz de esta palabra, significa Dios, señor; su plural, Adonai, significa en hebreo, los Dioses. Adonis era el amante de Venus. Su fábula significa que el Sol fecunda a la naturaleza durante la primavera y el estío. Este astro pierde sus facultades productivas en

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nuestro hemisferio cuando han trascurrido estas estaciones. He ahí porqué al ir de caza es derribado Adonis en otoño por un jabalí (símbolo del invierno), que le mutila y le priva de sus órganos de generación. Antes de que este Dios sea devuelto a Venus, quien deplora su pérdida, Adonis —cuya mutilación y muerte son meras ficciones—, deben parar otros seis meses del año con la mujer de las constelaciones, situada sobre la esfera delante de la serpiente, proe serpens, de donde viene Proserpina. He ahí, pues, al sol de primavera muriendo en otoño para resucitar en la primavera siguiente. Las historias de Atys y de Mitra; el descenso del Krishna indo a los infiernos; la lucha de Ormús, y Arimán, y la de Cristo y Satanás, son como la primera, el emblema de la perpetua lucha contra las tinieblas, dé la revolución anual del Sol. Pero, ¿qué relación pueden tener estas diversas fábulas astronómicas con una historia del arquitecto del templo de Salomón monumento elevado por el más sabio de los reyes al gran arquitecto del mundo? No existe ningún monumento auténtico del asesinato de Hiram; la escritura no dice nada acerca de él; es una historia imaginaria, que si fuese cierta, no tendría interés para nosotros ni para las naciones a quienes es extraño este crimen. Pero volvamos a la historia de Hiram tal como se menciona en los anales masónicos. Este venerable maestro es asaltado al visitar los trabajos por tres infieles compañeros, que le asesinan sin lograr arrancarle la palabra de maestro, voz inefable, palabra innominable que tan sólo pronunciaba una vez al año el gran sacerdote. Fijémonos en que los asesinos están situados en las puertas de occidente, del mediodía, y del oriente, es decir, en los puntos iluminados por el Sol, el cual no pasa nunca por el norte del hemisferio boreal. Los infames asesinos entierran inmediatamente el cuerpo, y señalan el lugar en que se encuentra el cadáver con una rama de acacia. Observamos aquí los dos hechos importantes. Es el primero que doce "personas representan un gran papel en esta historia, asi como en todas las que tienen al Sol por objeto; a saber: los tres asesinos compañeros, es decir, los tres obreros inferiores, y los nueve maestros o nueve obreros superiores. El número doce responde evidentemente a los Signos recorridos por el astro del día; los tres compañeros son los signos inferiores o signos de invierno que dan muerte a Hiram, o sea, la Balanza, el Escorpión, y el Sagitario, los cuales ocupan hacia el centro del otoño estos tres puntos del cielo; de modo que el primero se encuentra hacia la declinación u occidente, el segundo se halla en su ascensión recta o mediodía, y el último 252


comienza a aparecer en levante lo que se figura por la puerta de oriente, en que muere Hiram, de igual modo que el Sol perece en el Sagitario, y renace o vuelve a comenzar un año nuevo en el Capricornio. Si los tres signos inferiores se representan por maestros, entonces se da a entender que el Sol comienza a remontarse. Ellos son quienes levantan el cuerpo del Respetable Maestro, por lo cual tienen derecho a ser elegidos. Por eso dice el Muy Respetable o los dos vigilantes: "¿No sabéis vosotros que sin mí no podéis nada, y que estando juntos, lo podemos todo?" Asimismo, en las fábulas hebraicas hay doce patriarcas y un solo templo para las doce tribus. En la historia cristiana se habla de doce apóstoles o compañeros de Cristo, de quienes también tres faltan a sus deberes: el primero, entregándole a sus enemigos; el segundo, al renegar tres veces de él, y el último al dudar de su resurrección. El discípulo que según el libro, recibe treinta monedas número de los días de que se compone el mes, las arroja en el templo de Jerusalem, símbolo del universo en que desaparecen los meses y los días. Los egicios, griegos y romanos tienen igualmente doce grandes dioses. Los altares de Jano son doce en número, así como los trabajos de Hércules. Podría llevar aún más lejos estas analogías. En fin una rama de acacia hace que se encuentre a la víctima y se descubren los culpables. Ahora bien hay que tener en cuenta que los árboles representan un papel importante en las alegorías solares. Aquí, es el árbol de la ciencia del bien y del mal, emblema del tránsito de las tinieblas a la luz, el del invierno al estío. Dediquemos unos momentos a estas alegorías, que quizá no hayan comprendido todavía los maestros nuevos: este árbol representa el año. El conocimiento del bien es esa felicidad que se experimenta en las estaciones agradables y productivas de la primavera y del estío, reino del bien. La ciencia del mal es el funesto conocimiento de los rigores y privaciones del invierno, reino del mal. Por tanto, puede decirse metafísicamente que el hombre iniciado en esta ciencia conoce el año, o sea el bien y el mal; y conocería a Dios si estudiando profundamente pudiera apreciar y saber todo cuanto la naturaleza prepara y realiza en una renovación anual. Es verdad que, cuando Adam (nombre que significa la naturaleza humana, la cual fue creada macho y hembra, y que, tiempo más tarde, no representa más que el primer hombre) y su compañera Eva, o sea la vida; pasaron la primavera y el verano en el Edén, probara el fruto del árbol alegórico producido durante el reino del bien; y que, después, vino la serpiente a indicar en la esfera celeste que iba a dar comenzó el reino del mal. La ciencia alegórica, insinuándose por doquiera, ha hecho que malum, que quiere decir el mal, signifique también manzana, producto otoñal que indica que s ha terminado la

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recolección y que el labrador debe volver a cultivar la tierra con el sudor de su frente. El frío llega, y el hombre tiene que cubrirse, pero no con la hoja alegórica de la higuera, sino con algo de más abrigo. La esfera de los cielos gira; en ella se ve al hombre de la constelación (el bootes) que va precedido de una mujer y lleva en la mano el ramo del otoño cargado de frutos; ella parece seducere, conducir consigo, atraer o seducir al hombre tal es la alegoría de los dos primeros humanos expulsados del paraíso, y la del árbol de la ciencia del bien y del mal. En otras partes, el manzano es sustituido por el loto egipcio, el almendro de Athys, el mirto de Venus, el muérdago de los druidas, la rama de oro virgiliana el boj del domingo de Ramos, el junco o la caña de los peregrinos, que en la fábula masónica es la acacia o el tamarindo, en que encalló el cofre en que iba encerrado el cadáver de Osiris. Este árbol, que queda sin hojas en el solsticio de invierno, fue escogido por los reveladores, para mejor dar a entender que la fábula de Hiram era un veto que no debía tomarse al pie de la letra. Pero los antiguos que creían que la acacia era incorruptible, sustituyeron sus ramas (símbolo de eternidad) por el mirto, la ginesta y el laurel, plantas siempre verdes, que en esta época del año figuraban en las antiguas teogonías para cubrir él cuerpo del Dios victima. ¿No colocaron los autora del zodiaco una corona verde entre las piernas del Sagitario (signo en que se halla el Sol durante el solsticio de invierno) con objeto de indicar que el triunfo de las tinieblas y de la muerte aparente ha de suceder inmediatamente una vida nueva a consecuencia de una próxima evolución solar? De suerte que el primer grado, que los antiguos consagraban por entero a las pruebas física, era especialmente el emblema del principio del año o de la primavera, durante la cual el Sol crece, se fortalece y pasa la línea que separa a los signos inferiores de los superiores. Este grado era en lo moral el emblema de la infancia o de la primavera de la vida, figurada por la piedra bruta, la cual es susceptible de recibir todas las formas que quiera darle el artista hábil, lo que recuerda las ventajas de la buena educación, pues, como he tenido ocasión de observar, las alegorías antiguas habían sido meditadas con tanta sabiduría que se podían aplicar, bajo cualquier punto de vista, a la instrucción y a la felicidad de los humanos. El grado de compañero es el emblema de la juventud, de la edad en que el hombre se fortalece por medio del estudio de las ciencias, de las letras y de la filosofía; cultiva su razón, aprende a conocer, y se crea, en cierto modo, una existencia nueva consagrada a las virtudes y a la sabiduría después de haber dominado a las pasiones que le arrastraron én la edad precedente. También simboliza el verano, estación en que, habiendo adquirido el astro del día todo su

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poder, abrasa al universo con sus benéficos rayos, y hace que maduren los frutos con que ha cubierto la naturaleza a la tierra fecundada. La piedra cúbica, característica de este grado, figura al hombre instruido y civilizado, que vive para la sociedad y que considera que su primer deber consiste en conservar las formas de ésta, emblema de la solidez y de la rectitud. En fin, el grado de maestro representa el otoño, esa última estación en que el Sol termina su curso y muere para renacer de sus cenizas, lo mismo que el Fénix, cuyo prototipo ha sido. Este grado es el símbolo de la edad madura, época en que recoge el hombre los frutos de sus trabajos y estudios. Su emblema es la plancha en que se trazan los planos, es decir, las lecciones de la moral y de la experiencia, los deberes de los compañeros y de los aprendices. No es extraño, que toda la masonería, al relacionarse con las estaciones y las épocas de la vida esté comprendida por entero en tres grados. Este número indica, como ya hemos visto, el origen oriental de estas alegorías que si hubieran nacido en el norte o en occidente, en Roma y hasta en la misma Grecia, habrían presentado el emblema de las cuatro estaciones, y, para porresponder con ellas en forma debidamente apropiada se habría tenido que dividir la vida en cuatro épocas. Las religiones antiguas y sobre tedo las de Egipto estaban llenas de misterios, cuya urdimbre se componía de multitud de imágenes y de símbolos, admirable tejido y obra sagrada de una serie ininterrumpida de hombres sabios que leían en el libro de 1a naturaleza y traducían el idioma humano de un modo tácito, pero sencillo, este inefable lenguaje. Los que contemplan con estúpida mirada esas imágenes, ésos símbolos y esas alegorías sublimes sin llegar a comprenderlos, se estancaban en la ignorancia como muchos masones de nuestros días; pero hay que confesar que su ignorancia era voluntaría, puesto que, en cuanto querían salir de ella, se abrían para ellos los santuarios, y nada podía impedir que marcharan de conocimiento en conocimiento, y de revelación en revelación hasta llegar a descubrir las cosas más sublimes, si en conseguirlo ponian la constancia y la virtud necesarias. Estando vivos podían descender a la morada de los muertos, elevarse hasta los Dioses y penetrar en la naturaleza elemental, porque la tercera iniciación o grado de maestro, consistía en el conocimiento profundo de las religiones, y en aquella época las religiones lo abarcaban todo; pero el iniciado que anhelaba penetrar en los sectores misteriosos del sacerdocio no llegaban a este punto culminante de la doctrina sagrada hasta haber agotado alternativamente la dosis de ciencia correspondiente a cada grado y de haberse mostrado digno de ascender al superior. Únicamente había un iniciado de derecho: el rey de Egipto, quien era

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admitido a los más secretos misterios como consecuencia inevitable de su educación. Los sacerdotes poseían los conocimientos de su Orden, los cuales aumentaban al elevarse de grado. Sabían que sus supriores no eran tan sólo seres de mayor categoría, sino, también, hombres más cultos que ellos; de suerte que la jerarquía sacerdotal iluminábase al elevarse a la maneta de una pirámide, y la ciencia se aliaba siempre con el poder en su organización teocrática. En cuanto al pueblo era lo que quería ser. La ciencia ofrecida a todos los egipcios, no se negaba a nadie. Los dogmas de la moral, las leyes de la política, el freno de la opinión, el yugo de las instituciones civiles eran idénticos para todos; pero la instrucción Religiosa difería según la capacidad, la virtud y la voluntad de cada individuo; No se prodigaban entonces los misterios como ahora la masonería, porque los misterios eran algo. Tampoco se profanaba el conocimiento de la divinidad, porque este conocimiento existía, y con objeto de poder conservar la verdad para muchos hombres, no se daba vanamente a todos. ¡Feliz sabiduría, que, por haber sido ignorada por los masones sobre todo desde el día en que se abrió su santuario indistintamente a todo el que podía pagar la entrada! El grado de Maestro conservaba algunos vestigios de su antiguo esplendor antes de que la Francmasonería rebasara sus límites naturales en los tiempos modernos. Entonces, todavía podía traslucir el masón el carácter, el objeto y el origen de ese antiguo monumento de la sabiduría humana, a través de los diferentes emblemas de que estaba rodeado. El grado de Maestro no tiene aparentemente nada de común con los antiguos misterios; pero, si levantamos el velo de la alegoría con que se cubre, podremos ver el complemento de los dos primeros grados, y, por consiguiente, el término de la masonería, tan bien expresado con la palabra de paso Sibl que significa término, fin; es decir, que volveremos a encontrar todos los emblemas simbólicos ideados antiguamente para representar la revolución anual del Sol, con la imagen alegórica de las constelaciones que acompañan a este astro en el equinoccio de otoño, época en que las religiones fijaron su agonía y su muerte. Como consecuencia de este sistema nuestras dos columnas simbolizan los dos trópicos, más allá de los cuales jamás ha llegado el gran Hércules, o sea el Sol. El origen de las fábulas mitológicas se pierde en la noche de los tiempos, pero lo más notable es que a pesar del número considerable de estos poemas y de la diferencia de épocas y de lugares en que se redactaron, se encuentren siempre en todos ellos la misma invención y el mismo espíritu.

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¿Han bebido en una misma fuente los autores de estas obras, puesto que, sin conocerse y oírse, se han entendido y han sostenido los mismos discursos y han hablado el mismo lenguaje? ¿Les ha guiado en su trabajo una misma y única regla? Asi es como los masones, que habitan en diferentes puntos del planeta, se comunican entre si, y cooperan de común acuerdo y muy fraternalmente por la prosperidad de la orden en bien de cada miembro en particular. En los poemas antiguos consagrados por los sacerdotes, se observa que la luz lucha con las tinieblas, el oriente contra el occidente, y el genio del bien contra el del mal. La natividad del héroe o del personaje se celebra en los poemas, solemnemente. Su fin trágico se detalla con toda escrupulosidad; luego, se le llora y encierra en la tumba. Por tanto, debemos estudiar la naturaleza si queremos penetrar en el santuario de las iniciaciones y levantar el velo que cubre desde hace mucho tiempo a los misterios sagrados de los antiguos, así como a los de la masonería. El avance del compañero se detiene en el solsticio de estío. El astro del día va a abandonar insensiblemente nuestro hemisferio; parece que retrograda: he aquí por qué se hace viajar hacia atrás el recipiendario. El templo había sido casi terminado, es decir, que entonces todas las plantas ban producido y no se trata ya más que de esperar su madurez. El grado de maestro, va a describirnos, pues, la muerte del Dios-luz, ya sea que se considere a este Dios como Sol físico, el cual muere en invierno para reaparecer y resucitar en primavera, en pascuas, es decir, cuando entra en el signo del Codero reparador y devuelve la vida a la naturaleza; ya sea que como los filósofos, no se vea en él más que una conmemoración figurada, o representación emblemática del caos, de cuyo seno surgió la luz eterna; o bien, lo que viene a ser lo mismo, de la putrefacción expresada por la palabra Moab muerte aparente del cuerpo, pero fuente magotatole de la vida, por medio de la cual recibe el germen en primavera su desarrollo. Los reconstructores de la Francmasonería han substituido la leyenda alegórica que constituía la base de los antiguos misterios por la de la edificación de un templo al gran arquitecto. Consecuencia natural de esta elección ha sido la de convertir en principal personaje de la leyenda masónica a Hiram, palabra que, en hebreo, se escribe Chiram en el libro de los Reyes y Churam en el de los Paralipómenos y que, en el primer caso significa vida elevada, y en el segundo, candido blanco, expresiones que convienen todas al Sol. Este Hiram, al que metafóricamente se apellida arquitecto del templo de

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Salomón, es el emblema del Gran Arquitecto del Universo, del mismo modo que el hierofante era el representante de Phtá, (de Oshris, de Jachus o de la divinidad del culto a que él estaba consagrado. De suerte que, a pesar de que en la Biblia se habla de Hiram, no debe considerarse en masonería a este individuo más que como personaje alegórico. Este aserto es tan verdadero que su leyenda desaparece en los grados superiores, en donde no se vuelve a tratar de él. Por otra parte, los sacerdotes egipcios no comunicaron los altos misterios más que a los individuos de su nación que consagraban la vida al sacerdocio. Por eso ha sido preciso tomar el complemento de la masonería, o el velo del grado de maestro, de las ceremonias de un culto que se semejara en algo al de los egipcios, sí, pues, se ha tomado de la religión judía el complemento de los misterios de la Francmasonería, y la leyenda de Moisés afirma que este legislador nació en Egipto donde pudo instruirse en todas las ciencias. Por tanto, descorramos el velo en que sé envuelven los misterios de la muerte de Hiram, y veremos que este personaje no es otro que el Osiris, celeste. Los tres pérfidos compañeros que traicionaron a su maestro, por tener celos de la gloria de Hiram, a quien asesinaron, como Tifón a Osiris, no son más que un símbolo del principio del mal, el cual se representa en todas las fábulas antiguas por un príncipe, que arrebata el poder a su jefe, a quien persigue sin cesar y logra asesinar. La tradición de este grado refiere que Hiram se presenta a la puerta de occidente para salir del templo; pero vos sabéis que esta salida es imposible, ya que el Sol no puede salir de nuestro universo o templo de la naturaleza. La marcha que realiza Hiram para eludir los golpes de los asesinos es, precisamente, la misma que verifica el Sol, ya que en el primer día de la primavera, si se supone que este astro reside en el signo del carnero; ya sea.en el último día de su triunfo en el solsticio de verano, o, en fin, en la víspera de su muerte que tiene lugar en la Balanza en que declina hacia el horizonte por la puerta de occidente. Si se examina la esfera celeste en esta época y se observa la posición en que se encuentra en oriente el carnero (Aries), se verá cerca de él al gran Orión, sosteniendo con el brazo levantado una maza en actitud de golpear; en el norte, se verá a Perseo, con un arma en la mano y en la actitud del hombre que está dispuesto a herir. Desde este instante, parece tan rápida la declinación del Sol hacia el hemisferio austral que semeja una caída; he aquí, pues, al Sol precipitado en su tumba; ¿reaparecerá, se realizarán nuestros deseos de que vuelva? Esta inquietud que debieron experimentar los primeros hombres, se figura por medio de la busca del cuerpo de Hiram. De suerte que, bajo el punto de vista figurado y simbólico, su asesinato es, cual la pasión de Osiris, de Adonis, de Athis o de Mithra, un producto de la imaginación de los sacerdotes astrónomos, con que se

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quería representar la ausencia del Sol en la Tierra, para designar el triunfo de las tinieblas sobre la luz o sobre el principio del bien. Por tanto los iniciados que celebran este misterio hacen bien en vestirse de negro y decorar el templo con colgaduras fúnebres. La historia celeste de Hiram es completa, pues en la esfera se ven a los nueve maestros, que van en busca de su cadáver. En efecto, si se dirige la mirada a la parte occidental del horizonte en el momento en que el Sol se pone en el signo del Carnero se distinguirá alrededor de esta constelación a Perseo, al Cochero y a Orión; al norte se verá a Cefeo, a Hércules y a Bootes; en el oriente aparecerán el Centauro, el Serpentario y el Escorpión; todos los cuales con el Carnero y le siguen paso a paso hasta el momento de su nueva aparición por oriente. Los seis días trascurridos entre la muerte de Hiram y el descubrimiento de su cadáver, son, también, una continuación del mismo tema celeste; pues estos seis días representan los seis meses que pasa el Sol en los signos inferiores antes de aparecer por oriente en el signo de Aries o del cordero regenerador. Y el descubrimiento del cadáver de Hiram realizado en el séptimo día es un símbolo de la resurrección del Sol, la cual tiene lugar en el séptimo mes de su paso a los signos inferiores, tránsito que se considera como su muerte o descanso a los infiernos (loci, inferi, lugares inferiores). Cuando el Sol invernal va a abandonar, al parecer, en diciembre nuestro hemisferio para reinar en el inferior y descender a su tumba, la naturaleza es a manera de una viuda del ser que la fecundiza y alegra todos los años. Sus hijos se llenan de desolación. Por eso los masones, discípulos de la naturaleza que representan en el grado de maestro esta bella alegoría, se llaman con justicia hijos de la viuda (o de la naturaleza), que, al reaparecer el Dios, se convierten en hijos de la luz. En este grado se enseña un signo importante, conocido con el nombre de signo de socorro, el cual se hace diciendo: ¡A mí los hijos de la VIUDA! Este signo, recuerda el espíritu de paz que difundían entre sus iniciados las antiguas divinidades Ceres, Isis, etcétera. Este signo, ha servido muchas veces en los últimos siglos para alejar peligros en la guerra y en otras ocasiones. El recuerdo de la viuda ha de salvar todavía muchas vidas de sus hijos. La naturaleza nos ha destinado a nacer y morir en el seno de la amistad. Prueba de ello es esa necesidad de apoyo y de ayuda que exigen los primeros y últimos días de nuestra vida. La época de la vida comprendida entre estos dos extremos se debe dedicar a pagar los socorros recibidos y a merecer los que se han de necesitar en la vejez.

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Todo cuanto recuerda la muerte está impregnado de grandeza. Hoy, los muros del templo están cubiertos de ropajes fúnebres; los signos de la fragilidad humana rodean al sarcófago en que habéis permanecido unos momentos; sepulcrales resplandores contribuyeron a aumentar el horror a las tinieblas; unos lamentos, influyendo en las facultades de vuestra alma, han debido predisponer al recogimiento, a la melancolía, a la meditación, a la reflexión profunda, porque acercarse a la muerte es tocar los pliegues de la verdad. Hemos nacido para ir a la muerte. Temerla, sería locura, porque sólo se deben temer los acontecimientos inciertos. Hay circunstancias en que es preciso que sepamos desdeñarla, he ahí porqué nos aconseja la sabiduría que nos familiaricemos con su imagen. No es a la muerte a la que se teme, sino a la pérdida de la vida lo que se lamenta, por ser ésta un bien cierto que todos poseemos. Si se muere en la juventud, parece duro que se arrebate al hombre lo que sólo ha conocido para desearlo. Sin embargo, la felicidad no es producto de los años, sino del empleo que de ellos se hace y de la manera como se terminan, porque una muerte hermosa honra a toda una vida, como una muerte infame, la deshonra. El autor de la sabiduría dice qe este último día es el juez inflexible y justo de todos los demás dias. Hermano recientemente admitido, es cierto que la muerte es el término a que tienden todos los seres, pero en la economía del universo, hasta la vida misma surge del seno de la muerte. En el curso de vuestra recepción habéis visto que el principio del bien puede sucumbir; pero, al mismo tiempo, habéis aprendido que el principio del mal no es invencible. Tened siempre presente esta verdad, y aplicadla constantemente a vuestros pensamientos y actos. Tened sobre todo en cuenta que lo que os ha acontecido es una demostración física de la resurrección de los cuerpos, renacimiento que ha tenido lugar para daros a conocer la gran lección moral de que la víctima triunfa siempre. Hermano mío, en los discursos de nuestros oradores oiréis a menudo denominar con su sinónimo a la masonería, porque antes del empleo de esta palabra se conocía con el nombre de arte real. Algunos autores suponen que esta expresión técnica tuvo su origen a causa del celo que mostró el rey Salomón por la iniciación. Igualmente se podría haber llamado arte imperial o augusto, cuando el emperador romano Marco Aurelio ingresó en ella. El origen que le da el hermano Dumast es curioso y más verdadero: "Desde que eh hombre comenzó a pensar en sí mismo, observó que, en ciertas circunstancias, hacia el mal queriendo hacer el bien. El video meliora proboque, deterioro superior ha debido demostrarle que el poder de los deseos era más fuerte que el de la razón; que él no gozaba más que en apariencia y no

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realmente de su libre albedrío, y que era preciso domeñar a las pasiones antes de adquirir la libertad efectiva de escoger y terminarse en todas las acciones de la vida. Desde ese momento, la primera idea que tuvo el hombre de lo que debería ser un sabio consistió en que éste debe ser un hombre libre y dueño de si mismo; todas las instituciones que tendían a formar sabios se convirtieron en arte de libertad y de realeza. "Triunfar de sí mismo es la más bella de las victorias; aquél cuyo corazón es esclavo sería servil aunque estuviera en un trono; aquél cuyo corazón es libre, sigue siendo libre aunque esté cargado de cadenas". Todas las máximas pueden encontrarse en los tiempos más antiguos de la historia. Hermanos, vosotros habéis sido constituidos en los ritos francés y escocés, y celebráis ordinariamente vuestras tenidas en el primero. Este rito, formado por masones instruidos, data del año 1786, y tiene una superioridad incontestable sobre el escocés, superioridad que reconoceremos en cuánto hagamos una pequeña Comparación entre ellos. En el rito francés las palabras dd aprendiz es Jak palabra racional, puesto que significa iniciación, preparación, comienzo (símbolo de la primavera y del año.) La palabra de compañero es Bo, la cual ha sido bien elegida, porque significa fuerza y nos recuerda el iniciado de Mithar conocido con el sobrenombre de León (símbolo del verano). La de maestro es Machen Las palabras correspondientes del rito escocés son Bo, Jak, Moab. El significado de estas palabras no despierta ninguna consecuencia de ideas satisfactorias. La palabra de paso del aprendiz francés es Tubal. Los aprendices escoceses no poseen palabra de esta clase. Schibb sirve en el segundo grado de palabra de paso para los dos ritos. Gibl es la palabra de paso del maestro francés. La del maestro escocés es Tubalc, lo que representa aquí una verdadera inversión. Interpretemos el triángulo, ese símbolo de poder y de igualdad que se ha convertido en emblema de los hombres libres; interpretemos ese signo que veneran los masones y los cristianos, y nos daremos cuenta de la inteligencia desplegada para formar el rito francés.

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He demostrado que ya cada grado presenta al masón tres cosas para que medite en ellas: la.—La historia de la humanidad clasificada por épocas, 2a.—La de la civilización y de los progresos del espíritu humano en las artes y en las ciencias, productos de los misterios. 3a.—Y el conocimiento de la naturaleza (o de la divinidad manifestada en sus obras) y de las religiones. He llamado vuestra atención acerca de las dos primeras; me queda enfocar el tercer estudio atesorado en cada grado. Veamos porqué razón representa el triángulo a Dios, y cómo facilita su interpretación cada uno de los grados de la masonería. Una línea geométrica no puede representar un cuerpo absolutamente perfecto. Tampoco dos lineas constituyen una figura perfecta. Pero tres lineas forman al unirse el triángulo o primera figura regular y perfecta; por eso sirvió y sirve todavía para caracterizar al Ser Eterno que, siendo infinitamente perfecto en su naturaleza, es como creador del primer ser, y de consiguiente, la primera perfección. No siendo el cuadrado por perfecto que parezca mas que una segunda perfección, no podía representar de ninguna manera a Dios, que es la primera. Obsérvese que la palabra de Dios tiene como inicial en francés, español, latín, etc., la delta griega, la cual representa al triángulo. Esta es la causa de que los antiguos y modernos hayan considerado como sagrado el triángulo, cuyos lados figuran los tres reinos, o la naturaleza; o Dios. En el centro del triángulo se ve una iod hebraica, espíritu animador o fuego, principio generador que se representa ahora por la legra G, inicial de la palabra Dios en las lenguas de norte, cuya significación filosófica es generación. El primer lado del triángulo, cuyo estudio corresponde al aprendiz (en el rito francés), es el reino mineral, simbolizado por Tubalcain, el inventor del arte de trabajar los metales. El segundo lado, cuya meditación corresponde al compañero, es el reino vegetal, simbolizado por schibboleth, que significa la espiga. En este reino comienza la generación de los cuerpos. Por esta razón se representa la letra G con radios en el grado de compañero. El tercer lado, cuyo estudio concierne al reino animal y completa la instrucción del maestro, se simboliza por la palabra Macben, la carne abandona los huesos, o mejor traducido, hijo de la putrefacción. Este estudio triple o acacia triple, característica de cada grado masónico,

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inspiró en 1816 la idea de designar con el nombre de trinósofos a los hermanos que ayudaran a fundar una respetable logia, con cuyo nombre se quiere significar el estudio o conocimiento de las tres ciencias (los tres grados o la masonería.) Atribuyese a los templarios la invocación religiosa que se pronuncia en la apertura de trabajos del rito escocés como si fuera la significación de un culto, y concordancia con las preguntas del catecismo del rito: ¿Qué hay cntre vos y yo? y la pregunta hoy día insólita: ¿A qué religión pertenecéis? Uno de nuestros dignatarios os dio esta antigua divisa en 1819: Pensar bien, decir y obran bien. ¡Ojalá los trinósofos no la olviden y la observen siempre! El rito francés no admite estas formas, porque la masonería no es un culto de ninguna manera. La imagen del Sol debe estar velada en el primer departamento, porque se va a velar su muerte. Las lágrimas de que están cubiertas las decoraciones recuerdan el llanto de Isis cuando iba en busca de su esposo. El Sol, y la Luna, cuyas figuras decoran nuestros templos, significan moralmente que nuestras instituciones deben tener como base las leyes de la naturaleza. El conocimiento de las leyes inmutables es lo que eleva, al masón hasta el más alto grado de la escala social; toda religión, o asociación política que se aleje de estas leyes es informe, contranatural y no puede tener duración. El mallete es la representación de llave táutica o cruciforme de las divinidades egipcias, de las que era una simple imitación la llave del Nilo. El mallete simbolizaba al grado más elevado, como consagración de su sacerdocio. Hoy día se confía únicamente a los tres primeros dignatarios que tienen a su cargo en la logia la dirección de las iniciaciones y la instrucción de los adeptos. El mallete se ha trasformado también en la cruz truncada gnóstica o bafomética. La marcha de cada grado indica su espíritu. Hemos visto que el aprendiz, cuyo estado de desnudez representa al hombre anterior a la civilización, tenía una marcha incierta insegura y que avanzaba en línea recta al adelantar el pie derecho con el que unía el izquierdo en escuadra, para dar a entender que no tiene otro objeto que el de llegar directamente y sin rodeos a las luces de la civilización. El compañero, ya más libre en su marcha, va de occidente a mediodía, de allí al norte y después al oriente para significar que el iniciado debe buscar y llevar la instrucción por todas partes.

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En la marcha de maestro se reconoce la del filósofo a quien no pueden detener los prejuicios de su época. Sus saltos indican que sabe franquearlos todos y que ni aun la muerte es un obstáculo para él. Esta marcha nos da a conocer también que el compañero que ha llegado al grado de maestro ha pasado desde la escuadra al cornpás, es decir, de la obediencia al mando. Los siete peldaños del templo indican en lo moral las siete artes liberales que educan a los masones que las practican, y al propio tiempo simbolizan los siete vicios capitales de que se debe huir pisoteándolos. En este grado comenzará a conocer el iniciado el lugar que ha de ocupar en la cadena de los seres; a apreciar sus relaciones con lo que lo rodea, y, por consiguiente, a conocer cuales son sus deberes, y explicar el enigma en cierto modo contradictorio de la naturaleza de su ser. Antiguamente, cuando el iniciado estaba suficientemente instruido y había dado pruebas de su inteligencia, se acababa para él la ilusión, y se le revelaba el conocimiento de un Dios único, con la explicación de las trascendentes verdades basadas en la más depurada moral. Lo mismo os ocurrirá a vos, hermano recién admitido. Aprovechad bien lo que se os acaba de revelar, iluminad vuestro corazón y vuestra razón; dirigid vuestras pasiones hacia el bien general; combatid vuestros prejuicios; vigilad vuestros pensamientos y obras; amad, instruid y socorred a vuestros hermanos. Si hacéis todo esto habréis perfeccionado el templo de que vos sois a un mismo tiempo arquitecto, material y obrero. "Sabido es que las revelaciones que se hacían a los inciados eran de tres clases: la moral, las altas ciencias y los dogmas sagrados", dice Boulange en su historia de los misterios. Por eso es la Francmasonería en sus tres grados una escuela de moral, de ciencia y de virtud. Ella es la antigua iniciación mitraica, egipcia, griega, romana, y druídica apropiada a los tiempos modernos. Esta continuación de los misterios de los antiguos hace que la masonería sea la cadena que une de modo inseparable el pasado con el presente y la guia segura para el porvenir. “Así es que la masonería es el resultado de la ciencia de los siglos anteriores a la era vulgar, y por eso goza de una inmutabilidad de que no participa ninguna otra asociación humana. “¡Cuan consolador es el espectáculo de una asociación perseverante en su objeto, cimentada en todas las virtudes y unida por todos los lazos de amistad, de benevolencia y de fraternidad, mientras no se ven en el mundo más conmovedor y magnífico de los fenómenos morales; es el espectáculo más bello que pueda mostrar la naturaleza al mundoy el más raro y saludable de los dones

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del cielo”. El grado de maestro, considerado antiguamente como el grado superior, llevaba aparejado un estado de perfección sobre los demás grados, puesto que con él se terminaba la iniciación y se daban al adepto todas las cualidades que le hacían destacar por doquier como sujeto superior a la clase ordinaria de los hombres. El masón que llegaba a este grado antiguamente no veía en torno suyo más que iguales; hoy día, quien lleva el honroso título de maestro tiene por encima de sí treinta clases superiores. Si pudiera ocurrir el milagro de que un iniciado antiguo llegara a nuestros templos en que nos investimos con los títulos de pontífices, príncipes y soberanos y nos cubrimos con cordones de todas las clases y colores, creería hallarse en medio de una corte de los reyes, en vez de estar en el modesto asilo de la sabiduría. Pero, ¡ay! todos esos cordones, no halagan al masón instruido, quien observa que en masonería lo que sus adeptos han ganado en cintas, lo perdieron en instrucción. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XXXIX INSTRUCCIÓN Las ciencias ocultas revelaban al hombre los misterios de su naturaleza, los secretos de su organización, el medio de llegar a su felicidad y el decreto de su destino. Este estudio era el de las altas iniciaciones egipcias; es tiempo ya que sea el de los masones modernos. Los primitivos instructores tenían dos objetos en sus misterios, aunque no dejaban de tener relaciones idénticas; lo que nos faculta para creer que tenían una doble doctrina. El primer objeto fue, sin duda, sacar al hombre del estado de la barbarie para civilizarlo, y tomar al hombre civilizado para perfeccionarlo, a fin de volverlo a su naturaleza primitiva que se creía degenerada. Segun ellos, el hombre necesitaba rehacerse, era necesario elevarlo hasta la humanidad, y solo la iniciación podía regenerarlo. De allí provienen los pequeños misterios imitados en la actual masonería." El segundo objeto fue buscar los medios para elevar a la materia a su naturaleza primitiva de la que se juzgaba también decaída. El oro era ocasionado para la materia lo que el Éter del octavo cielo para las almas; y los siete metales conocidos entonces, llamados cada uno con el nombre de un planeta, formaban la escala ascendente de purificación material que correspondía a las pruebas morales de los siete cielos. Así, la mistagogia o iniciación en los misterios tenía dos divisiones: En la primera solo se purificaban las inclinaciones; no se pasaban por el crisol sino a los ombres; era una verdadera alquimia de los espíritus, una mistagogia humana. La segunda era la iniciación en los misterios de las operaciones de la naturaleza, una mistagogia de los cuerpos. En la primera se buscaba la "piedra cúbica o la piedra angular" del templo, capaz de reunir intelectualmente por este simbolo ingenioso, a toda la Humanidad en una misma fe, en una misma esperanza, en un mismo amor. En la otra se buscaba lo que puede renacer la edad de oro: la piedra filosofal. El objeto de la investigación de los masones es el conocimiento del arte

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de perfeccionar lo que la naturaleza ha dejado imperfecto, y de arribar al tesoro de la verdadera moral. Así, pues, residiendo, la vida en la humanidad radical, para no desvirtuar la obra es necesario despojar la materia de sus escorias nocivas. Esta depuración tiene su símbolo en masonería cuando es necesario despojar al candidato de todas las preocupaciones mundanas, del error y sus pasiones peligrosas, para atraerlo a la virtud y la perfección. La masonería simboliza la quinta esencia celeste de la antigua iniciación, por medio de su estrella flamígera de cinco puntas llamada también por los antiguos fuego central de la naturaleza. La letra G que se halla en el centro de la estrella, significa generación de los cuerpos. El bellísimo grado de maestro apenas es un pálido reflejo de la iniciación primitiva, y cuyo drama alegórico ha sido notablemente desfigurado por algunos que han confundido la masonería con la política. Aunque el simbolismo moral deja en este grado una gran parte al simbolismo filosófico, la alteración de algunos sistemas es tal, y su desarrollo tan incompleto, que hoy es necesaria toda la habilidad de un Ven instruido para dar interés a los trabajos y proporcionar una instrucción sólida a los obreros fundada en la verdadera interpretación de los jeroglíficos de este sublime grado. Este grandioso resultado no se podrá obtener si no se estudian con detenimiento las antiguas tradiciones Mas, los escritos simbólicos de los sacerdotes de todos los pueblos y los distintos rituales de las diversas sociedades misteriosas, pues asi se encontraría en todos esos estudios una serie constante y una unidad invariable de principios fundamentales que aparten de un conjunto vasto, imponente y verdadero. El encanto de la seducción y el deseo ardiente de conocer, incitarían al adepto a penetrar en el santuario recorriendo los senderos espinosos que a él conducen, y ayudando por una voluntad firme, una perseverancia constante y un estudio sin preocupaciones, lograría levantar el velo y el secreto de esas alegorías, de esos emblemas, de esos símbolos, de esos enigmas sagrados, cesaría de ser un monopolio para alguno y un secreto para todos, porque la naturaleza se lo descubriría. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XL INSTRUCCIÓN DEL GRADO DE MAESTRO Esta instrucción o catecismo tiene por objeto completar los de los grados anteriores. La masonería se llama algunas veces arte real, porque el fin de ella es conferir a sus adeptos la primera de todas las coronas, que es el imperio sobre si mismos, o el poder de dominar sus pasiones para dirigirse con perseverancia por el camino de la virtud. Esto es lo que a nuestros ojos constituye el arte verdaderamente real, y la maestría verdadera. Los masones se llaman con frecuencia hijos de la verdadera luz; y han de hacerse dignos de ese dictado, no sólo por su amor ardiente a la verdad, sino también por sus constantes esfuerzos en pro del triunfo de ella sobre la tierra; pues la verdad es la que constituye la verdadera luz, y sólo ella puede aliviar el mayor número de los males que pesan sobre los hombres. La joya de Hiram llevaba esta inscripción Hagg-sein-agg, que significa Soy el hijo de la verdad. Todo masón debe merecer ese calificativo, es decir, debe amar y defender la verdad como un buen hijo ama y defiende a su madre. Llámanse los masones hijos de Hiram, porque se obligan a imitar el modelo de hombres virtuosos, que la masonería les ofrece en aquel simbólico personaje. Y se apellidan también hijos de la viuda, porque son hijos de la naturaleza, de la verdad y de la virtud, las cuales quedan viudas al morir un justo como el representado por Hiram. Según el antiguo catecismo, todo maestro se llama Gabaón; y acerca de esto, el relato contenido en los nuevos rituales se refiere indirectamente a los antiguos, pues se limita a recordar que la joya de Hiram contenía el nombre de los maestros, sin determinar cual sea dicho nombre. ¿Qué significa, pues, el de Gabaón? —designa el sitio en que se detuvo el arca de la alianza, que representaba el templo del eterno. Esto nos enseña que el corazón del masón, y especialmente del maestro, debe siempre estar abierto como un arca de alianza a la unión, a la concordia, ate conciliación, y ser digno por su pureza de servir de templo al G A D U Esa palabra es también una de las simbolizadas por la letra inicial G.

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Los maestros trabajan en la plancha de trazar. Dicha plancha, que constituye una de las tres joyas inmóviles de la logia, de que hablamos en el grado de compañero, compónese de los buenos ejemplos que deben dar los maestros a los compañeros y aprendices. Los nuestros viajan de Oriente a Occidente y de Mediodía a Norte, es decir, por toda la Tierra, para ilustrarse y difundir por doquiera la masónica luz. Los trabajos de maestro se abren y reciben el salario los maestros en la Cámara del medio. Para explicar el nombre de esta cámara, supone el H Vassal que las tres clases de obreros empleados en la construcción del templo de Salomón habitaban una casa de tres cuerpos; que los aprendices ocupaban el primero, los compañeros el tercero y los maestros el principal; y que éste, por su posición entre uno y otro piso, se llamaba cámara del medio. Este pequeño y supuesto "histórico detalle, parece de comprobación tan insignificante como difícil; pero en el sentido simbólico aquella denominación se presta por sí misma a útiles interpretaciones. Así, la cámara de los maestros, que por su decoración fúnebre representa el asilo de la muerte, se llama precisamente cámara del medio, porque a los ojos del masón la muerte no es más que un medio entre este mundo y la vida eterna. Trabajan en la cámara del medio los maestros, porque imbuidos en los principios masónicos, se conservan lo más cerca posible del justo medio, firmemente convencidos de esta verdad: "La moderación es el tesoro del sabio". Finalmente en la cámara del medio, es decir, al salir de esta vida, reciben los maestros el salario, que es la pena o recompensa reservada a sus obras por el G A D U Para probar el maestro que posee el grado, dice: La acacia me es conocida. Esta declaración significa: "Conozco "en general la masonería, en particular el grado de maestro"; pues la acacia es a la vez el símbolo de ambas cosas. En efecto, la acacia se distingue de los otros arbustos por las siguientes propiedades: su madera es incorruptible; su corteza ahuyenta los insectos dañinos; y sus hojas, inclinadas durante la noche, se levantan hacia el Sol a medida que este astro se adelanta hacia el cénit. Del propio modo distínguese la

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masonería de las demás instituciones humanas por sus principios de inalterable pureza; la práctica de su moral aleja todos los vicios; y sus adeptos, afligidos por las tinieblas, elevan con alegría sus pensamientos hacia la luz de la verdad. Por otro lado, la rama de acacia en el grado de maestro, reemplaza los diferentes vegetales que figuraban en las antiguas iniciaciones, tales como el almendro de Atys, el loto de Osiris, el mirto de Eleusis y de Venus, el muérdago de los Druidas y el ramo de oro de Virgilio. Como aquellos, la acacia es un signo de pesar o de gozo, según las diferentes fases solares, porque sucesivamente anuncia el triunfo de las tinieblas y el de la luz; y es a la vez el símbolo de la inmortalidad y de la muerte, doble imagen característica de grado de maestro. La palabra sagrada expresa la muerte que nos amenaza y cuyo incesante recuerdo lo tiene la masonería por la mejor enseñanza de la vida y por el más poderoso medio de moralización social. La palabra de pase designa una alta montaña cuyos habitantes trabajaron en la construcción del templo de Salomón para recordar a los masones que sin descanso han de trabajar en construir dentro de su propio corazón un templo de virtud A L G D A D U, y que su verdades elevación consiste en la perfección de ese moral edificio. El orden y el signo ordinario del grado figuran dos escuadras, una alta y otra baja. Este doble emblema simboliza la igualdad que debe reinar entre los masones de todos los estados y la justicia que debe animar a todos los miembros de la corporación masónica. El signo de horror indica el temor irreflexivo que inspiraría de educarnos. La señal de socorro es una invocación a los sentimientos de la fraternidad, que es entendida por todos los masones esparcidos por ambos hemisferios, a pesar de la diferencia de los idiomas; y que triunfa de todas las enemistades religiosas y políticas. El toque ofrece la más completa imagen de la amistad fraternal, que ha de unir a todos los hijos de la gran familia masónica. El abrazo y la aclamación ordinaria de maestro son los mismos y, encierran el propio significado que los de los dos grados anteriores. La aclamación de duelo es el emblema del eterno reposo. La batería de duelo expresa la pena que inspira la pérdida de los HH separados para siempre del oriente de la vida; y la batería ordinaria de maestro significa la firme confianza de los masones en la inmortalidad del alma.

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La marcha de maestro indica que se encuentra en estado de vencer todos los obstáculos, y que pasa sin temor de la vida de este mundo a la vida eterna. El mandil y la banda de color azul celeste, anuncian que la posesión del cielo, es decir, de la eterna beatitud, le está reservada si trabaja dignamente en la construcción del templo moral cuya imagen le recuerda su mandil; esto es, si practica fielmente las virtudes que enseña la masonería simbólica. ¿Por qué se dice que el maestro tiene siete años y más? Para indicar que conoce el valor alegórico de los números masónicos, no sólo hasta el 7 inclusive, especialmente consagrado al maestro, sino también más adelante. En efecto, llegado el maestro a la cima de la masonería simbólica, debe poseer por completo la alegórica ciencia de los números comprendidos en esa masonería; y según lo hemos visto, ella abraza todos los números primitivos, o sea los compuestos de una sola cifra, desde el 1 hasta el 9 inclusive. Y no sólo ha aprendido el maestro a conocer la mayor parle de. Esos números en los grados de aprendiz y compañero, sino que los halla todos reunidos en el tercer grado. Asi la unidad, tan querida para los masones, como símbolo de orden y armonía, se representa aquí por la luz única que alumbra el hikal. La dualidad, como emblema de unión, se halla en las dos partes componentes de la cámara del medio, tan inseparable una de otra como la Tierra y el cielo, como la muerte y la inmortalidad. La Trinidad del mal está representada por los tres compañeros perjuros, que asestan a Hiram tres golpes en las tres puertas del mediodía, del norte y del oriente; y la Trinidad del bien se simboliza en la triple aclamación del grado, en las tres sucesivas pesquisas que producen el descubrimiento de la, tumba de Hiram —de tres pies de ancho, superadas por un triángulo— y en los tres signos de su resurrección. El cuaternario, como emblema de la ciencia masónica pertenece especialmente al grado de maestro, término de dicha ciencia. Recuerda ese número que las cuatro bases de la ciencia masónica son silencio, profundidad, inteligencia, verdad. El quinario, como imagen de lá naturaleza y especialmente de la humanidad, está aquí representado por los cinco pies de profundidad de la sepultura de Hiram y por los 5 viajes hechos alrededor de ella. Enseñamos de este número que en el fondo de la tumba se oculta una

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profunda verdad, complemento de las enseñanzas de los anteriores grados, cual es que a los cuatro periodos de la vida humana hay que agregar el quinto, la vida eterna. El senario, que indica un lazo entre la Tierra y el cielo, se halla en los tres autores de la muerte de Hiram sumados con los tres signos de su resurrección, o sea con el vapor que exhala su sepultura, el ramo de acacia que de ella se desprende y el delta brillante que la corona. El septenario, considerado como tipo de la perfección, está representado por los siete escalones del templo, yen particular por los siete pies de largo del sepulcro de Hiram; pues las altas lecciones que emanan de este sepulcro, están destinadas a perfeccionar la masonería simbólica y a dar a sus adeptos el adelanto moral de que son capaces. El octario, que une al mundo con su divino autor, se reproduce en los cinco pies de profundidad del sepulcro, unidos a los tres lados del triángulo que lo supera. Por último, el nonario, como símbolo de reproducción constante y de inmortalidad, en este grado se representa por la consagración y la batería, que se hacen ambas por nueve; como también por las 9 estrellas que iluminan el dehbir, y por los 9 maestros que encuentran el cuerpo y la joya de Hiram. Esos nueve renovadores son, en sentido astronómico, los nueve meses de invierno, primavera y verano, durante los cuales el Sol, muerto por los tres meses de otoño, renace, crece y adquiere la plenitud de su calor y de su luz. Bajo el punto de vista filosófico, los nueve salvadores son: físicamente, los 7 preceptos principales de la higiene, con más la sobriedad y la templanza; en el sentido intelectual, las 7 primeras ciencias liberales de que hemos hablado, y además la psicología y la teodicea; y en el moral, las siete principales virtudes masónicas que ya enumeramos antes, con la moderación y la prudencia. Si examinamos ahora en su conjunto las tres dimensiones de la tumba de Hiram, que tiene tres pies de ancho, cinco de profundidad y siete de largo, veremos que ella representa toda la masonería simbólica, es decir, sus tres grados: el de aprendiz, caracterizado por el 3, el de compañero por el 5 y el de maestro por el 7. ¿Qué debemos entender por estas palabras: siete hacen una Logia justa y perfecta? En el sentido literal, es en verdad el número de HH indispensable para construir una logia; mas no basta la existencia de ese número para hacerla perfecta.

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En el sentido simbólico, recordaréis que el 7 representa en todo la perfección, y especialmente la perfección de la humanidad que se compone de 4 y 3, ó sea de las dos naturalezas terrenal y divina. Pues bien: la perfección del hombre no puede resultar sino del equilibrio y armonía de sus facultades físicas, intelectuales y morales. Por tanto, la masonería no considera justa una logia sino cuando las facultades de todos sus miembros se hallan en justo equilibrio; y no la declara perfecta, sino en tanto que esas facultades han alcanzado aquella perfección que establece entre todas una armonía perfecta, signo de su sabiduría. Debemos agregar que aquel precepto se entiende lo mismo de la logia que de toda la masonería. Entonces, significa el precepto que el grado de maestro, simbolizado por el 7, que especialmente le pertenece, es el único que puede hacer justa y perfecta la masonería, porque él completa las enseñanzas distribuidas a los adeptos, para asegurarles la felicidad en este mundo y en el otro. Ahora podemos ya comprender en su conjunto la fórmula siguiente, puesta en el catecismo de compañero, mas que sólo se explica totalmente en el grado de maestro: a la pregunta ¿qué se necesita para que ana logia sea justa y perfecta?, responde el compañero: —Tres la gobiernan, cinco la componen, y siete la hacen justa y perfecta. Ya hemos explicado separadamente las tres partes distintas de esa contestación en cada uno de los tres grados a que nos ha parecido pertenecer en particular; de modo que ahora sólo tenemos que reunir aquellas parciales explicaciones, para obtener una interpretación completa. Hemos visto, en efecto, que en el lenguaje simbólico el número 3 representa en especial a "Dios, la inteligencia y la virtud", y está particularmente consagrado al aprendiz; que el 5 figura con preferencia la naturaleza, el mundo, la humanidad, y pertenece al grado de compañero; y que el 7 simboliza especialmente la perfección humana y se consagra al maestro. De manera que las tres prescripciones contenidas en aquella triple respuesta, presentan los significados que siguen: Primera proposición.— La logia, o la masonería, es gobernada por 3, o sea por Dios, su creador y dueño; la inteligencia, su antorcha y guía; la virtud, objeto de su ardiente amor y de sus constantes esfuerzos. O bien es gobernada por los principios generales de la moral universal, explicados en el grado de aprendiz. Segunda proposición.— La logia, o la masonería, se compone de 5, es

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decir, de la naturaleza, único objeto de su estudio y límite de su ciencia; del mundo, sobre el cual esparce diariamente la suave luz de la filosofía; y de k humanidad, a la que abraza toda entera en un mismo sentimiento de caridad fraternal. O lo que es lo mismo, la logia se compone esencialmente de la práctica de la moral universal, que se realiza en el grado de compañero. Tercera proposición.— La logia, o la masonería, no es justa ni perfecta sino por 7, es decir, por el perfeccionamiento de las facultades físicas, intelectuales y morales de sus adeptos, que dan por fruto la sabiduría. O lo que es igual, se hace justa y perfecta por la inmortalidad, digna corona de una vida virtuosa, que se simboliza especialmente en el grado de maestro. Finalmente, la masonería, con sus tres grados simbólicos, representa el nacimiento, la vida y la muerte físicos, intelectuales y morales del hombre, y recuerda cuanto es posible al G A D U, su dueño, fundador y modelo; pues a la vez simboliza sus tres modos principales de acción sobre el mundo, creación, conservación y destrucción; los tres principales atributos de la sabiduría, poder, justicia, bondad; y los tres caracteres esenciales de la perfección, sabiduría, fuerza, belleza. En efecto, el grado de aprendiz realiza la creación de un nuevo mundo moral, por medio de la revelación de los principios masónicos; el de compañero cuida de la conservación de la inmortalidad del espíritu. La masonería manifiesta así su poder en el grado primero, su justicia en el segundo y su bondad en el tercero; y prueba en el primero su sabidiría, en el segundo su fuerza y en el tercero su hermosura. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XLI LA MASONERÍA MUNDIAL Discurso del segundo Gran Vigilante Oliver D. Steet, en la Logia Bessemer, No. 458, en te noche del lunes 29 de mayo de 1922. Leemos en nuestros boletines y oímos en los efusivos discursos de los oradores masónicos que la masonería es universal y une a los hornbres de todo país, en las entrañas de los bosques de Africa y Sudamérica, en las dilatadas estepas de Asia en las llanuras y desiertos de Arabia, por doquier, hay masones dispuestos a darse a conocer por las familiares palabras, signos y toques, y prestar favor y auxilio aun a costa de la propia vida. Palpita de orgullo el corazón, con los ojos fijos de asombro, al considerar que pertenecemos a tan benéfica y universal fraternidad. Es una hermosa ficción que lástima fuera desvanecer; pero lo deplorable es que no hay en día ni una sola palabra de verdad. Por tanto, muchos de vosotros quedaréis desanimados y conmovidos si os digo que no hay ni hubo ni habrá masonería universal, por más que digan algunos de nuestros más estimables hermanos. Hay vastas regiones del globo en que no existe la masonería, y en los países en que existe se repudian unas a otras las organizaciones masónicas y no se reconocen como tales, especialmente las de los países de habla inglesa; y otras, aunque no profesen semejante norma, la practican. Algunas trazan una línea de separación con las que no están conformes con ella sobre algún dogma religioso o en hasta qué punto puede la masonería tomar parte en tas cuestiones políticas de actualidad o en tal o cual asunto de mera disciplina en el que nunca hubo uniformidad entre las corporaciones masónicas. De la más baladí y absurda diferencia en doctrina o práctica se aprovecha alguna Gran Logia para manifestarse como la conservadora de la pura e inadulterada masonería y levantar infranqueables barreras entre las corporaciones masónicas del mundo. Entre las más rencorosas disputas que ha presenciado la humanidad, se cuentan las que durante los dos últimos siglos han sostenido los masones sobre cosas de poca o ninguna importancia. Sólo pueden compararse a las disputas entre masones las suscitadas entre las sectas y denominaciones religiosas. La intolerancia de muchos masones y corporaciones masónicas respecto

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de otras a las que tildan de irregulares, pero que se consideran igualmente masónicas es tan extrema que fruncen el ceño ante la sola sugestión de reconocimiento. Tan antiliberal es esta actitud de separatividad, que casi todas las Grandes Logias norteamericanas rasgarían sus farisaicas vestiduras y rechazarían despectivamente toda sugerencia para la reunión de una conferencia masónica mundial o cualquier otro movimiento que prometiera efectuar la unión con masones o corporaciones masónicas no reconocidas formalmente como regulares y legítimas. En otras palabras, nada tenemos que ver con hombres o corporaciones que no se ajusten completamente a nuestra norma y por consiguiente no necesitan ayuda de .nosotros ni nosotros la necesitamos de ellos. Pagados de nuestra suficiencia, no admitimos la posibilidad de aprender algo valedero de los masones de otros países y en nuestra presumida complacencia decimos de ellos que son "imposibles" como masones. Es precisamente la misma actitud que asumieron los griegos respecto de los extranjeros, los antiguos hebreos respecto de los gentiles; los fariseos respecto de los samaritanos, que tan sin piedad condenamos en ellos, pero que no acertamos a ver en nosotros. Todos estamos conformes en lo deplorable de semejante situación y esperamos que cambie; pero cada cual desea y espera que el cambio se efectúe de conformidad con sus particulares por siempre la unión de todos los masones del mundo. Hastar que reconozcamos que si bien podemos estar en lo justo, hay otros que discrepan de nosotros y pueden no estar equivocados; hasta que admitamos la posibilidad de que si bien acertados en lo principal, podemos estar equivocados en algunos puntos; hasta que nos demos cuenta que aunque nuestros oponentes puedan errar en algunos puntos, pueden estar en lo cierto en lo principal; hasta que nos percatemos de que hay dos aspectos en toda cuestión sucitada entre hombres honrados y sinceros; hasta que anhelamos trabar conocimiento con nuestros vecinos masones y comprender sus puntos de vista y ponernos en su lugar y tratarnos con ellos para estudiarnos mutuamente, y ejercer la verdadera virtud masónica de caridad, hemos de perder toda esperanza de un real mundo de masónica fraternidad. Si discrepamos de ellos en cuanto a la necesidad masónica de la creencia en Dios, debemos prepararnos a admitir que esta cuestión tiene dos aspectos, cuando vemos que masones como Luis Block de Iowa, George W. Baird, del distrito de Columbia; Willian F. Kuhu, de Missouri; Sam Henry Goodwyn, de Utah; James A. Bilbro, de Alabama, asumen opuestas actitudes en esta cuestión. Debemos discutir con ellos este problema y quizás halláramos que no están muy lejos de la solución. Si vemos que la diferencia de opiniones respecto a la naturaleza de Dios nos mantiene separados, debemos admitir que esta cuestión tiene no dos, sino muchos aspectos, pues apenas la aceptan de conformidad dos de nuestros más

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eminentes tratadistas. Los más insignes teólogos y filósofos, han discrepado siempre respecto al concepto de Dios. Si examináramos esta cuestión con la mente libre de prejuicios, quizás hallaríamos que la masonería no puede prescribir lo que el masón ha de creer respecto a los atributos de la divinidad. Si observamos que las opiniones respecto a la presencia de la Biblia sobre el altar son motivo de separatividad, recordemos que no formó parte de los enseres de una logia durante medio siglo después de la fundación de la Gran Logia de Inglaterra, y que aun hoy día no se coloca sobre el altar en las logias inglesas, sino en el pedestal del Venerable, y la Gran Logia de Inglaterra admite que el Corán, los Vedas y el Zend Avesta pueden colocarse en vez de la Biblia. Si consideramos que nos separa la presencia de la Biblia en las logias; si algunos insisten en que los masones deben creer en todas las enseñanzas bíblicas, mientras que otros dicen que la Biblia es un símbolo de la divina verdad, hemos de reconocer que hay en esto cómodo lugar para las discrepancias, pues admitimos en la masonería a profanos que rechazan toda la Biblia y a otros que repudian al menos la mitad de día. Si nos separamos de quienes se meten en política, imaginemos lo que sería la fraternidad masónica si se adueñara del poder civil un partido político que se declarara abiertamente contra la libertad de pensamiento, de prensa, de palabra, de conciencia, y en favor de la sumisión del Estado a la iglesia. Si la masonería no combatiera semejantes proposiciones, perecería; y precisamente contra tan reaccionarias proposiciones ha de luchar Francia, Bélgica, España, Italia, y en todas las naciones de Centro y Sudamérica, por no citar a México y muchos otros países. Hay ciertas cuestiones políticas fundamentales que siempre ha manteado la masonería, y si no quiere luchar en su defensa no tendrá razón de existir. Una detenida investigación descubriría que las actividades políticas de la masonería que nosotros condenamos en otros países, son precisamente las mismas que nosotros deberíamos hacer y haríamos en las mismas circunstancias. Como corresponsal extranjero he tenido frecuentes ocasiones de observar la extrema estrechez manifestada a veces en esta cuestión. Pongamos un ejemplo: Un hábil periodista residente en un país de habla inglesa quedó asombrosamente horrorizado al saber que el Gran Oriente de Italia había invitado a todas las logias del mundo que tomaran parte en la celebración de la entrada de los italianos en Roma en 1870 y la caída del poder temporal dd Papa. Aquel distinguido hermano opinaba que por haberse "entremetido en política" debe quedar el Gran Oriente de Italia sumido en la sombra y excluido totalmente de la masonería. 277


A mi entender, toda corporación filantrópica, caritativa o fraternal de cualquier parte del mundo, puede adherirse a la celebración de un señaladísimo paso en el adelanto de la humanidad. ¿Habrá de quedar excluida del gremio masónico cualquier Gran Logia de los Estados Unidos que se atreviera a celebrar el 4 de julio? ¿Seria impertinencia de la Gran Logia de Inglaterra o de cualquier otra logia inglesa celebrar la firma de la carta magna o el reconocimiento de los derechos individuales o la separación de la iglesia y del Estado? ¿Pueden los masones celebrar el nacimiento de Martín Lutero, John Knox, John Wycliff? ¿Por qué no han de celebrar las victorias de Cromwell, o la cremación de Savonarola, o de Juana de Arco o la huida de Roger Williams, de los puritanos y de los hugonotes franceses de las persecuciones religiosas? En mucha estima tenemos los masones norteamericanos y los ingleses a Jorge Washington. ¿Habrá alguien tan cándido para creer que no nace esta estimación de que fue tan hábil guerrero como consumado estadista? ¿Por qué no podemos los masones manifestar públicamente nuestra satisfacción por el fructuoso esfuerzo de los políticos que en otros países han logrado separar la iglesia del Estado, o quebrantar las cadenas con que la iglesia y el Estado aherrojaron las libertades de pensamiento, palabra, conciencia y acción? Si los masones no pueden hacer nada de esto, ¿qué les queda después de conferir grados y distribuir limosnas? Si una Gran Logia anatematiza al que no admite la doctrina de una exclusiva jurisdicción territorial, recordemos que en un principio no estaba reconocida en ninguna parte esta doctrina, y que hoy día no la reconocen algunos países y tan sólo se considera en otros como una sana medida disciplinaria. En algunos países existen dos o más obediencias en perfecta armonía unas con otras. ¿Ño deben estos hechos movernos a meditar y sugerirnos que esta cuestión es ajena a los principios que pudieran separar a los masones? Es posible que por franca discusión pudiéramos demostrar a nuestros hermanos de otros países las ventajas y la sabiduría de la única jurisdicción territorial. Las Grandes Logias derivadas del llamado antiguo arte, se niegan a reconocer a las de rito escocés, porque nadie ha sido capaz de aducir prueba convincente del regular origen del rito masónico escocés. Pero conviene advertir que, aun cuando lleváramos la historia del antiguo arte un siglo más allá de donde podemos llevar la del rito escocés, tampoco hallamos prueba convincente de la regularidad de origen de la moderna masonería. Al menos hay motivos fundados para creer que el rito escocés no es más que una derivación del antiguo arte. Seguramente que a los Consejos Supremos del Rito Escocés y a los masones de este rito se les podría convencer de la conveniencia de adoptar el plan tan felizmente realizado en los Estados Unidos, Inglaterra y otros países de dejar los tres grados simbólicos a la exclusiva jurisdicción de las grandes logias. Cabe preguntar si la tan deseada universalidad de la masonería allegará

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beneficios y ventajas. Formular ésta pregunta equivale a poner en tela de juicio el valor de la masonería, suscitar la cuestión de si sirve de algo, porque si es buena para un hombre ha de serlo para todos y el aforismo de que "en la unión está la fuerza". Creo que ningún masón inteligente negará la conveniencia de una fraternidad mundial que enseñe y practique las doctrinas que profesamos. Uno puede entonces preguntar: ¿Cómo corregir estas condiciones? Respondemos que no por los métodos que hemos estado empleando ni repudiando la comunicación de unos con otros ni permaneciendo aislados para denigrar a los demás ni mirando como masones o corporaciones masónicas contaminados e impuros a los que difieren de nosotros en algunas o todas de estas cuestiones. Primeramente, sugerimos que se apoye y favorezca la asociación masónica internacional de Neuchatel, en Suiza, para que se desenvuelva y llegue a ser, como fue el propósito de su fundación, un real centro del cual obtengamos prontos y seguros informes del movimiento masónico y de las actividades de los masones en el continente europeo. En segundo higar, ya tenemos en la sociedad masónica nacional de investigación, establecida en Iowa, el núcleo de una organización que podría prestar en los Estados Unidos el mismo servicio; pero si esta sociedad no está bien adecuada o bien localizada para tal propósito, se podría constituir otra. Lo principal sería proporcionarle recursos económicos y hombres capaces de realizar la empresa de modo que allegasen informes de sus respectivos países. En tercer lugar, nuestras comisiones de relaciones exteriores deben procurar el conocimiento de hechos y exponerlos ante la respectiva gran logia más bien que darnos recalentadas opiniones a medio cocer y fundadas en incompletas o falsas informaciones. Las ideas preconcebidas o las opiniones de pasadas generaciones deben desechar y examinar de nuevo la cuestión, Cuarto; los masones inteligentes que viajen por el extranjero han de visitar las logias de las poblaciones por donde pasen y obtener de ellas informes de primera mano, en vez de prohibírsele como ahora se les prohibe. De cuando en cuando, si hubiere ocasión debieran enviarse con este objeto delegaciones a propósito, y dar publicidad a los informes obtenidos por este medio. Verdad es que todo ésto costaría dinero, aunque no más del que podría fácilmente recaudarse, Quinto; cada cinco años debiera reunirse una conferencia mundial de francmasones sin facultades legislativas, sino tan sólo para apresar y discutir las opiniones relativas a los problemas masónicos. La primera de dichas conferencias debería reunirse en Inglaterra como

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el país masónico más antiguo o en los Estados Unidos por ser el que cuenta con mayor número de masones. La lista de corporaciones invitadas, aunque cuidadosamente seleccionadas, no demasiado restringida, con la condición de que la corporación invitada no habría de considerar la invitación como prueba de reconocimiento, pues el principal objeto de las conferencias sería fomentar el recíproco trato y conocimiento pera el intercambio y discusión de ideas y obtener mutuas infamaciones. Me parece que algunos hermanos levantarán las manos con horror, diciendo que sugiero la constitución de una gran logia universal. Este claro ha invalidado todo movimiento de solidaridad masónica doquier fue sugerido; pero es un espantajo que durante largo tiempo ha impedido la cooperación entre los masones. Soy tan opuesto como el que más a una gran logia universal o suprema; pero veo la diferencia entre tal logia y una conferencia de amistosa discusión. Finalmente, hemos de desechar el prejuicio de que nos irregularizamos al ponemos en comunicación con masones o corporaciones masónicas no reconocidas como regulares. No nos perjudicaremos masónica, social ni moralmente al discutir cuestiones masónicas con hombres a quienes nunca podamos reconocer como masones. Si algún día ha de realizarse el sueño de la masonería universal, ha de tener un principio de realización. Se han de encontrar masones y corporaciones masónicas con suficiente valor y perseverancia para mantener, en marcha el movimiento. Creemos que unos cuantos años de esfuerzo por el camino que hemos indicado daría por fruto una mucho mejor comprensión entre las corporaciones masónicas del mundo. Datos racopilados de la constitución General de la Orden, desde 1786. Regresar a índice. José Díaz CARVALLO

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CAPÍTULO XLII DEL SIMBOLISMO Los símbolos y los emblemas fueron la lengua primitiva de los pueblos del Oriente, y todo nos induce a creer que fue también la de todas las naciones del mundo. Las ideas nacieron antes que las palabras, y la sintaxis de las ideas antes que la de las frases y de los periodos; para comunicarse y comprenderse, fue preciso crearse una inteligencia de tacto y de discernimiento, una ciencia de convicción. Hubo que juzgar las cosas por apreciaciones, por la impresión que hacían en nuestros sentidos y en nuestro espíritu, y en fin, que designarlas por sus cualidades especiales o por la analogía que tenían entre sí. Así tuvo origen la lengua simbólica, la más poética y la más enérgica de todas las lenguas. Los símbolos y los emblemas no fueron al principio más que la imagen simple y natural de la cualidad de las cosas: el caballo representó el valor, el buey la fuerza, la serpiente la prudencia. La teología pagana se sirvió de los símbolos para pintar la virtud distintiva de cada divinidad, y las ciencias y las artes no tuvieron otro lenguaje. Los símbolos expresaron también un gran pensamiento de creación, un dogma, una doctrina, una creencia; el gran jeroglífico, de la naturaleza representa al espíritu la animación eterna del mundo planetario, la destrucción y la generación de los seres cuya causa primera es el Sol. El cristianismo y el judaismo tuvieron, desde sus principios sus símbolos; el budismo tuvo los suyos; en fin, la lengua simbólica y emblemática fue la lengua de los sacerdotes, de los sabios y de los poetas, no porque es oculta y más misteriosa, sino porque personifica y caracteriza mejor la verdad de las cosas. Aun cuando los símbolos y los emblemas no sirvieran a la Francmasonería más que para conservarle, entre los siglos, el carácter de su antigüedad y para mostrar su verdadero origen, deberían ser un objeto de veneración a los ojos de los hermanos; pero tienen una aplicación sacramental que santifica su sabia costumbre. Bajo su cubierta metafísica se encuentra el criterio del dogma religioso y filosófico de la institución; cada figura simbólica o emblemática es la imagen de una verdad natural que sirve de antorcha al masón para ilustrar su razón y abrirle una vía recta en el pasaje de la vida. En la clasificación moderna de la Francmasonería escocesa, cada grado tiene sus símbolos y sus emblemas, que son otras tantas líneas luminosas trazadas a la inteligencia del iniciado para llegar a descubrir la esencia de la verdad, de lo

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bueno y de lo justo de cada cosa; asi el rosa cruz, el dieciocho del rito, tiene por insignias una rosa y una cruz; la rosa símbolo del secreto, la cruz de la inmortalidad; ahora bien, he ahí la clave del grado masónico; pero el sentido moral y filosófico que encierran estos dos símbolos, es el secreto de la ciencia, que sólo se llega a descubrir por un estudio particular. El secreto, como virtud del sabio, se presta a útiles lecciones de prudencia, de moderación, de confianza intima. Dirigiendo sus estudios según el espíritu fraternal y humanitario de la francmasonería, el masón rosa cruz se forma necesariamente una idea justa de la virtud del secreto y de la verdad de su cualidad moral. Sucede lo mismo con el símbolo de la cruz. Considerando la inmortalidad del alma como un premio glorioso reservado al sabio que consagra su vida a la dicha de sus semejantes, nacen en su corazón setimientos generosos, nobles inspiraciones. La inmortalidad no es para él el estimulante del egoísmo, ni la ilusión de una preocupación orgullosa; es la recompensa que el Gran Arquitecto del Universo reserva a la virtud. Encerrando los símbolos y los emblemas de un rito, cada uno en su expresión metafísica, un rayo de la verdadera luz, la explicación o el desarrollo científico de esas figuras conducen al conocimiento cierto de los principios morales de la masonería. Los antiguos iniciados se reconocían entre sí, no solamente por los signos y los tocamientos, sino también por las reglas de conducta que esos principios les imponían; entonces la fraternidad no se formulaba en palabras ni en demostraciones, era toda en acción. El corazón era el que hacía la obra, y como la naturaleza arreglaba su movimiento, no había ambigüedad de lenguaje ni de pasamiento: Dios, patria, amor, abnegación, libertad, igualdad y tantas otras palabras que dicen tan grandes cosas y que se emplean hace tanto tiempo para ejecutar obras tan malas, tenían un sentido preciso y absoluto. No hay mejor lógica que la del corazón cuando le domina el amor de Dios y de los hombres. Algunos masones ilustrados, pero seducidos por el falso brillo de la ciencia profana, se imaginan que los símbolos y los emblemas no tienen ni alcance social, ni carácter solemne, y querían no verlos ya figurar como lengua sagrada el código masónico; según ellos, para poner la Francmasonería a la altura del siglo, es preciso nacionalizar su lenguaje y hacer marchar su espíritu en la línea ascendente que las ciencias y las artes han trazado a las inteligencias contemporáneas. Errores son esos que deben combatirse por peligrosos. Una institución fundada en los principios eternos de la ley natural, no puede ni cambiar, ni variar su destino; porque la verdad, que viene del seno de Dios, no tiene más que una manera de expresarse y un solo modo de enseñanza. Ahora bien, para hacer que esta doctrina no esté sujeta a falsas interpretaciones o a excentricidades heréticas, tiene necesidad de una lengua universal, inmutable en el

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fondo y en la forma, en las figuras como en las expresiones. El sentido oculto y problemático de las palabras ha sembrado siempre la confusión y el desorden en el mundo y hecho perder al género humano la vía de la razón y de la verdad. Los cristianos del oriente y del occidente disputaron y se batieron durante cuatro siglos por cinco o seis palabras que ni unos ni otros comprendían, y luego, durante cuatro siglos, los más fuertes degollaron a los más débiles sin otra razón que esta absurda mentira: Dios lo quiere así. Con cinco o seis palabras se hicieron las revoluciones inglesa y francesa, se derrumbaron los altares y los tronos, cambiaron de mano el poder y la fortuna; y, cosa inaudita, con las mismas palabras se trata todavía de representar la propia comedia en Francia y en Inglaterra, sin que se entienda por eso que los que quieren ser sus actores tengan la menor intención de cambiar en lo más mínimo las cosas que son viejas y malas, ni los hombres que son hipócritas y perversos. La lengua simbólica es una e indivisible; depende de la naturaleza de las cosas, de sus propiedades interiores y exteriores, y por consiguiente no puede cambiar la significación de sus figuras y de sus expresiones sin destruir sus propiedades distintivas. Las lenguas nacionales distan mucho de ofrecer las mismas ventajas; cambian y varían sin cesar, y el abuso que ciertos escritores hacen de ellas degenera en una corrupción tal, que apenas deja al talento y al genio la facultad de hacerse comprender. Por otra parte, ¿acaso una lengua bella y rica como la lengua francesa no es toda figura? ¿En un periodo de veinte palabras pueden encontrarse cinco que no tengan un sentido figurado? ¿Las metáforas, las hipérboles, las metonimias de que hacen un uso tan frecuente y tan singular nuestros novelistas, no son en pequeño lo que los símbolos en grande? Toda la diferencia no consiste únicamente en que los tropos no expresan más que una idea y los símbolos forman cuadro y representan todas las ideas de un asunto. La lengua simbólica y emblemática nada ha perdido de sus ventajas naturales; es siempre la lengua de las altas concepciones de la inteligencia. El arte, dice Simónide, es un pensamiento mudo y nunca se reproduce mejor que por medio de imágenes: pero los pensamientos metafísicos sobre los cuales reposan los dogmas religiosos y políticos, los que el genio presta a la bella poesía no son también más que silenciosas verdades: necesitan ser materializados, o para servirme de la expresión de Brebeuf, tomar un cuerpo y color. Sin duda las palabras les dan un valor real; pero solo los símbolos, haciéndolos hablar a los ojos, presentan al espíritu todos los atributos de naturaleza. Una lengua universal, que lejos de corromperse, se perfecciona y se enriquece envejeciendo, es de un precioso auxilio para una orden difundida por toda la tierra y dividida en pequeños cuerpos independientes los unos de los otros. Conserva la unidad de su fe, la pureza de su doctrina, la ortodoxia de sus leyes, la homogeneidad de sus enseñanzas; en fin, es el fluido eléctrico de la

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ciencia social; que se comunica por todas partes con la misma fuerza y los mismos efectos. Privar a la Francmasonería de su lengua sagrada, es despojarla de su fuerza de dirección, del soplo de su animación universal; es quitarle todo el encanto de su creencia religiosa, y las dulces esperanzas que la inspiran sus filantrópicos esfuerzos. Hay en esta institución misterios que el espíritu debe saber comprender sin tratar de definirlos. Lo que es esencia y luz puede representarse por el símbolo, pero no explicarse por la lógica de las palabras. En esto, la fe es la que ve, y la conciencia la que decide. La simbolización del Oviathan de los ofitas, o la de los Sefirth, de los cabalistas hebreos, encerrando en un simple cuadro los atributos de Dios y sus propiedades inspiran la admirádón y d respeto, pero que nos imponen la humildad y el silencio. ¿Queréis evitar el necio examen de los indiferentes y de los impíos, no dar a una orgullosa filosofía el medio de sutilizar sobre vuestras doctrinas y de materializar vuestra fe? Respetad el velo bajo d cual oculta la naturaleza sus misterios; contentos con el lenguaje mudo que habla a vuestra razón; ella misma es un gran símbolo, una imagen perfecta de una suprema providencia. Permaneced, pues, fíeles a la lengua que os ha dado para iniciaros en la obra eterna de beneficencia y de amor del Gran Arquitecto del Universo. De la religión de los egipcios y de la de los magos la lengua simbólica pasó al cristianismo. Cuando, en los siglos III y IV, se dividieron los cristianos sobre los puntos fundamentales de su creencia, ella sirvió de mucho a los que perseguía el partido dominante. Las diferentes sectas que había hecho nacer el espantoso conflicto de las opiniones dogmáticas, se sirvieron de ella para formular la enseñanza de su doctrina religiosa; entre ellas se encontraba la que había unido los ritos antiguos a la divina moral de Cristo. Ella sola proseguía la grande obra del perfeccionamiento intelectual de la especie humana: quería hacerla llegar por la fraternidad a la perfecta felicidad; eran los primeros masones cristianos. Eran poco numerosos, pero todos tenían un gran saber y una conducta prudente; su probidad y sus vastos conocimientos los hacían amar del pequeño número de hombres que querían ver a los pueblos llegar por las luces y las virtudes a una dichosa independencia. Sin embargo, la consideración que se había conquistado, lejos de procurarles una posición más dulce y más tranquila, los expuso al odio de sus enemigos, que entonces eran los más fuertes, y por consiguiente los más intolerantes. Para escapar a esta incesante tiranía, tanto más odiosa cuanto que era el fruto de una negra hipocresía, encubriendo sü doctrina con las sombras del misterio, ya ejemplo de los sabios el Egipto, simbolizaron las verdades de la naturaleza y las virtudes morales, para hacer de ellas el objeto de su culto y la base única de su enseñanza.

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La masonería simbólica instituida de esa manera, permaneció pura de toda liga profana. No conservó de las ciencias ocultas que habían invadido al Oriente más que lo que se necesitaba para cubrir su teología y ponerse al abrigo de una bárbara inquisición. Cuando, movidas por un exceso de celo, otros dicen por el espíritu de una sabia política, las poblaciones ignorantes y supersticiosas de la Europa fueron a Asia a pelear con los discípulos de Mahoma, aquellos de entre los cruzados que tenían el amor de las ciencias, y que querían aprovecharse de las ventajas de la conquista para ilustrarse, se vieron obligados a aprender la lengua simbólica que era, si puedo decirlo así, la llave del tesoro científico de oriente. Por otra parte, las órdenes religiosas caballerescas, descontentas les hacía sufrir, no encontraron nada mejor que hacer para escapar a su mirada investigadora que familiarizarse con esa lengua y cubrir con día el pensamiento político de sus estatus secretos. De suerte que cuando los cruzados volvieron a Europa, la lengua simbólica se difundió en todos los países y llegó a ser la lengua de los sabios. Adoptada por los hermanos de la Sociedad de Juan (francmasones), como lengua natural que sus hermanos, los cristianos de oriente, se habían escogido para pintar al espíritu, ha pasado hasta nuestros días con todo el brillo y toda la frescura de la juventud, y debemos esperar que conserve esa belleza virginal mientras que la Francmasonería exista sobre la tierra. Regresar a índice.

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CAPÍTULO XLIII DE LAS INICIACIONES Si tuviera yo que escribir la historia de las iniciaciones antiguas seguiría la genealogía de los sabios que han tratado de los usos y de los ritos religiosos, desde Herodoto y Diódoro de Sicilia hasta Montfaucon y don Calmet, y llegaría a los que gustan de hacer libros con libros, pero que seria muy inútil a la gran familia de los iniciados. La manera con que veo mi asunto me dispensa de cosechar para los otros en los campos de la antigüedad; debo hacer conocer el objeto moral de las iniciaciones y de los efectos benéficos que producían sobre el espíritu del pueblo. Este trabajo es menos importante, pero es más concienzudo y más necesario. Mientras que la ciencia de los sabios que dirigían las razas primitivas se limitó a los simples elementos de un orden social que el solo instinto de la razón indicaba, las excepciones y las preferencias fueron inútiles en el dominio de los conocimientos humanos; y los débiles lo mismo que los fuertes pudieron, sin peligro para la sociedad, acercarse al foco de luz que la naturaleza, todavía salvaje, había sabido formarse; pero cuando a fuerza de estudio y de trabajo algunos hombres privilegiados del cielo llegaron a descubrir las misteriosas profundidades en que el Gran Arquitecto del Universo oculta su voluntad eterna; cuando reconocieron que la vida del mundo era obra de su amor, y la verdad hija de su pensamiento íntimo, debieron hacer de esta ciencia la religión de la inteligencia y del genio, y consagrarle un culto de respeto y de admiración. Los fundadores de tas naciones hicieron del santuario de los dioses el centrotro de la Verdadera Luz y sometieron a pruebas a los que quisieron conocerla, no para someter a nuestra débil humanidad al yugo de una larga y funesta ignorancia, ni para privar a la sociedad de los medios sobre los cuales podía asentar su independencia moral y la fuerza de su principio organizador, como lo han asegurado algunos detractores su origen y darle un carácter sagrado: nunca, que yo sepa, de los usos religiosos de la antigüedad, sino para santificar estuvieron cerradas las vías iniciatorias al hombre prudente y concienzudo que reunía a costumbres puras el amor de la ciencia y el deseo de difundirla entre sus semejantes; jamás se vio que se establecieron excepciones o categorías a no ser las de las incapacidades morales: ni el rango ni las dignidades obtenían preferencias, sólo se consideraba el mérito personal: una alma bella, disposiciones generosas, una noble abnegación por la humanidad, tales fueron las cualidades que se exigían a los que querían participar de los beneficios de la iniciación. Los 286


sacerdotes de Júpiter Ammon fueron sordos a la voz de Alejandro, los de Ceres Eleusina a la de Nerón, y el santuario de sus templos fue abierto a Orfeo, a Lino, a Minos y a los filósofos de todas las opiniones y de todas las creencias. Sin embargo, se me dirá: ¿Qué objeto tiene ese aparato inquisitorial a la puerta del templo, esas experiencias que se hacen sobre e1 cuerpo y el alma de los neófitos, ésa averiguación de su vida, ese estudio minucioso de su carácter y de sus costumbres antes del bautismo de la consagración fraternal? Dirigiendo una mirada escrutadora a la sociedad tal como era entonces y tal como es todavía, fácil es comprender y justificar semejantes actos de prudencia. La parte interior de los templos reservada al sacerdocio era el asilo de la ciencia: allí era donde la razón, sostenida por el trabajo y la experiencia, maduraba el elemento intelectual. Los sacerdotes, desprendidos entonces de toda pasión terrestre, no deseaban otra cosa que encontrar obreros dispuestos a cooperar a la edificación del templo simbólico, es decir, a la obra de la perfectabilidad del espíritu humano; pero querían hombres para formar al hombre, querían de esas naturalezas poderosamente constituidas que buscan los obstáculos para vencerlos y que nunca están mejor que en medio de las dificultades que presentan las creaciones del genio. El mundo profano encierra perversidades ocultas, tantas criminales ambiciones y un número tan grande de espíritus ligeros y frívolos, que para no tener en la comunión de los filántropos ni renegados ni hipócritas, era esencialmente necesario conocer la fuerza moral y el valor de los neófitos, estudiar sus indinadones, saber si podían despojarse de las debilidades de su humanidad y renunciar al tejido de errores y de preocupaciones que forma las costumbres mundanas. Las iniciaciones tenían también por objeto unir a los hijos de la Verdadera Luz por un pensamiento social, establecer entre dios un lazo de fraternidad fundado en una misma fe, en una misma ley, en una homogeneidad perfecta de sentimientos y de lenguaje, a fin de que de un extremo a otro del mundo pudieran hablarse, entenderse, servirse y vivir en una cordialidad dulce y tranquila. Rechazar el uso religioso de las iniciaciones como contrario a la razón, ponerle en el rango de esas farsas deslumbrantes de que se sirve el charlatanismo sacerdotal para mantener la credulidad dd pueblo, es pecar por ignorancia o carecer de buena fe. La iniciación es una educación misteriosa; tiene por objeto probar las fuerzas morales del hombre, hacerle más valeroso y decidido, y sujetarle por el juramento y el secreto a un principio fijo e inmutable. En las ciencias positivas, en aquellas cuyo progreso depende del cálculo o de los estudios no exigen sacrificio alguno de sí mismo. Pero no sucede así con una doctrina fundada en la unidad moral y de la que dimanan todos los principios de moralidad necesarios a la unión fraternal de los hombres, cuando esa doctrina sirve de base al contrato de alianza de una sociedad religiosa y filosófica; si se

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quiere profesarla bajo el patronato de la comunidad, debe uno previamente probar su fuerza y el valor de su alma, porque una vez fuera del templo en que ha consagrado su juramento y estigmatizado su voluntad ya no se pertenece uno a sí mismo sino al principio a que ha inmolado su libertad, y entonces tiene que dar su conducta y sus costumbres como prueba de su celo y de su fidelidad, o pasar por haber renegado la obra de su conciencia. Vivir virtuoso en medio de los vicios y de las pasiones de la tierra no es una tarea fácil de cumplir; muchas veces no basta la voluntad, sólo el valor de la fe puede conservarnos puros y fieles. Se ha escrito mucho sobre la iniciación del paganismo, y de todas las cosas que se han dicho pocas merecen ser creídas. Estos actos religiosos, los más graves y más importantes de todos, se hacían en la parte más oculta del templo, no lejos del santuario, y algunas veces en los subterráneos, como en el antro de Trofonio. Se tomaban las precauciones más minuciosas para no ser visto ni oído, y para hacer imposible toda investigación profana. Por otra parte, la educación religiosa del neófito estaba hecha, sus convicciones ya formadas, cuando se le coronaba de mirto y se le lavaba con el agua lustral, y su obra iniciatoria no podía ser mas que la impresión de su fe. Los iniciados hacían de su iniciación un punto de alianza íntima, y del secreto una ley de religión; se miraban en medio de su patria como un pueblo separado por las conveniencias del culto. La violación del secreto era a sus ojos una especie de desidia, un crimen que no había pena ni tormento que pudiera rescatar. Habían hecho participar de esta idea a todos los pueblos sometidos a la influencia del santuario; los griegos tenían una veneración tan grande por las iniciaciones en los misterios, que bastaba hablar de ellos con indiferencia, o manifestar una creencia contraria a este uso religioso, para excitar la animadversión pública. Diágoras se atrevió la declamar contra los misterios y fue maldecido de toda la Grecia; el poeta Esquiles iba a ser víctima del furor del pueblo por haber tocado ligeramente en una de sus piezas a los Misterios de Ceres, y Alcibiades fue condenado a muerte por contumacia por haberse permitido una representación simulada de los honores que se hacían a este Dios. Si a todo esto se agrega el rigor de las leyes contra los sacrílegos, el carácter sagrado impreso por la opinión general a las iniciaciones, y la inviolabilidad del juramento guardada por los iniciados en todos los países, se comprenderá, con la mayor parte de los autores que han escrito sobre esta materia, que el tipo sagrado, la esencia real de los misterios, todavía está por conocer para el mundo profano. De todos los santuarios en que se daba la consagración iniciatoria, los más antiguos son los de la Tracia y de la Samotracia, y los del Egipto, que se hallaban en Memfís, en Tebas y en Sais. Tanto en unos como en otros se cuidaba de no admitir más que neófitos originarios; de escoger a los que se habían hecho notar por su inteligencia y por su virtud; y hasta después de un noviciado de

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cinco años y de pruebas tan largas como crueles se completaba su educación sagrada con el conocimiento de los misterios. Los egipcios iniciaron después en sus misterios a neófitos extranjeros; Orfeo, Lino, Homero, Hesiodo, Moisés, Pitágoras, Platón, se hallan en el número de aquellos a quienes los Hierofantes concedieron este favor. Es indudable que todos los pueblos antiguos, los persas, los asirios, los indios, tuvieron su santuario; pero el más célebre de la antigüedad fue el de Ceeres en Eleusis, pequeña dudad marítima poco distante de Atenas. No se está de acuerdo sobre el nombre del fundador de este establecimiento religioso; unos quieren que sea Orfeo, los otros Erecteo; en fin, no falta quien le suponga un tributo de reconocimiento de los atenienses hacia Ceres, porque esa Diosa los había socorrido en una época de hambre. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que las iniciaciones se concedían durante las eleusinas o fiestas de Ceres. Estas fiestas se dividían en grandes y pequeñas; las grandes se celebraban en el mes boedromion (agosto), y las pequeñas, fundadas en favor de Hércules, en el mes de anthisterion (enero). Murcio ha escrito sobre las fiestas de Eleusinia una obra llena de interés y digna de consultarse por los que quieren instruirse en esta materia; en cuanto a mí, que no me atengo más que al fruto moral de las iniciaciones, creo deber limitarse al efecto maravilloso que producía este acto religioso en los que disfrutaban el favor de ejecutarle. Se habría dicho que el tiempo de prueba había sido para ellos una época de muda durante la cual se había operado en el ser moral una metamorfosis completa. Una vez fuera del templo, los iniciados recordaban apenas lo que habían sido en el mundo profano: el espíritu, el corazón, las inclinaciones, los sentimientos, todas las facultades inteligentes del hombre habían cambiado y seguían una dirección conforme a los votos de la naturaleza y al instinto de la razón. No se veía entre los iniciados ni egoístas, ni avaros, ni de esos ambiciosos ávidos que monopolizan la fortuna y centralizan en derredor suyo las ventajas sociales: eran amigos de la gran familia humana que se entregaban a útiles trabajos, a estudios serios, a todo lo que puede engrandecer la ciencia social y darle una vida de fuerza y de porvenir. No hablaré de esa multitud de grandes ciudadanos que hicieron la gloria de su siglo y el honor de su patria, puesto que la historia ha conservado sus nombres y sus obras; pero debo decir que casi todos los iniciados de las primeras épocas fueron hombres ilustrados, discretos y concienzudos, para quienes el bien público era el bien supremo la consideración de sus conciudadanos la más dulce recompensa de su celo. Ante semejantes modelos el pueblo se inclinaba y se convertía en imitador; sus costumbres austeras, su noble y generosa actividad en la obra de perfeccionamiento le servían de ejemplo; se habituaba a amar la virtud cuando la veía querer hombres tan eminentes, a no ser ni cruel ni salvaje,

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oyéndolos hablar de la humanidad con un santo fervor. Así se formaban costumbres sociales que tenían por móviles el amor del bien público y el gusto por las cosas bellas. Jamás hubo pueblos que comprendieran mejor la necesidad de vivir en comunidad de interés y de sentimiento que los que debieron su educación a los sabios que habían formado la suya en el santuario de los Dioses; los egipcios, los judíos, los persas, los griegos, sufrieron la devastación y la conquista sin ver romperse la cadena mutua que los había unido en cuerpo de naciones. Sin embargo, el uso de las iniciaciones debía correr la suerte de las cosas humanas, debilitarse, corromperse y sufrir la influencia funesta de un egoísmo brutal y salvaje. El sacerdote, que en su origen era un sabio sencillo y modesto, intérprete de las leyes de la naturaleza, y consagrador del culto que se tributa a su autor, se apasionó por los bienes de la tierra; se entregó a la avaricia, escuchó a la carne mejor que al espíritu, y para saciar su avidez fue trapero, hipócrita y embustero; sembró la perturbación en las ideas religiosas que inspiran a los hombres mutuos sentimientos de estimación y de amor; desnaturalizó esa creencia universal que da un Dios a la naturaleza y un padre a una humanidad. Esa grosera ambición hizo perder a las iniciaciones su majestuosa y sublime autoridad moral; no fueron ya la vía intermediaria por la que el hombre de genio iba al santuario a depurar su corazón y su conciencia y donde el sabio adquiría toda su sabiduría; se hizo de ellas una de esas ceremonias banales que alimentan la credulidad del pueblo y su gusto por lo maravilloso, sin hacerle ni más religioso ni más sabio. Pero cuando la voz poderosa de Cristo hizo caer los altares del paganismo, los hombres del renacimiento social fraternal conservaron en sus ritos religiosos todo lo que las iniciaciones tenían de moral y de filosófico; los discípulos de los apóstoles y sus sucesores se sirvieron de ellas para alejar de su culto a los débiles y a los tímidos; las sectas cristianas, a las que perseguían los trinitarios, hicieron de ellas una condición esencial para la admisión en su comunidad. En fin, el uso de las iniciaciones pasó del oriente al occidente con el cristianismo; las órdenes monásticas, filantrópicas y caballerescas tuvieron su noviciado, sus pruebas, sus secretos y sus misterios; las corporaciones de la edad media crearon cada una un modo de iniciación; en fin la sociedad de Juan, llamada de los hermanos masones, habiendo adoptado desde su origen las formas iniciatorias de los tres grados simbólicos que Zoroastro fundó para la recepción como, el más digno de todos y más en armonía con el espíritu de su institución. Las iniciaciones masónicas produjeron en Europa el mismo bien que en Asia; formaron hombres de principios, fuertes en valor y en abnegación, que

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trabajaron sin descanso en sacar a la humanidad de sus mantillas y en colocarla de nuevo en la esfera de su actividad natural. Desde el sabio Manes hasta Bacon, y desde este profundo escritor hasta d'Alembert; nueve siglos de combates dados al fanatismo y a la superstición, las tiranías feudales y sacerdotales pulverizadas bajo el martillo de la razón, las libertades del hombre reconocidas como principios de derecho político, y en fin, esa fuente de gloria y de prosperidad abierta a todas las inteligencias por los que aprendieron en el templo a amar Ja verdad y a cultivar la virtud, hacen conocer bastante el objeto moral y filosófico de las iniciaciones y la necesidad de conservar religiosamente sus santas prácticas. Sin embargo, no sé si por ceguedad o por ignorancia, o porque las cosas más útiles tienen su época de vejez y de caducidad, no se tiene ya por las iniciaciones ese respeto y esa veneración que inspiraban una confianza tan santa a los neófitos; se desconoce su importancia moral, se descuida la severidad de sus prácticas; parece no son consideradas más que como uno de esos preámbulos que nada dicen y sirven solamente de principio a alguna cosa; se olvida que han sido y que son siempre la llave maestra del templo, la piadosa base en que se apoya el porvenir de la Francmasonería. El bautismo de la iniciación se da hoy como en otro tiempo, cuando los sacerdotes de Ceres la convertían en oficio y mercancías; los neófitos llegan por grupos y en procesión al templo sin ninguna idea del sacrificio que van a hacer, ni de las obligaciones serias que va a contraer; algunos simulacros de pruebas, una lección del catecismo bastan para iniciarlos en los misterios de la grande obra. ¡Y causa asombro el que haya tantos obreros torpes, tantos compañeros ignorantes, y tan gran número de maestros que dejan la escuadra y el compás para volver a sus costumbres profanas! El hombre que hace abnegación de sí mismo para trabajar en la felicidad de sus semejantes es de una especie rara; es preciso buscarle largo tiempo en la multitud adonde está casi siempre desapercibido e ignorado. Sólo la iniciación puede hacerle reconocer, sólo ella puede manifestar su celo y su buena fe. Si los hipócritas y los trapaceros se han deslizado en el templo, si se ve a tantos renegados violar un juramento sagrado y abandonar una causa santa, débense tan deplorables ejemplos al poco cuidado que se pone en el estudio de los hombres y al olvido de los medios prudentes que sirven para hacerlos conocer. Para hacer recobrar a la Francmasonería la alta consideración que su principio social le ha merecido, es tiempo de enseñar a los neófitos que la fraternidad no es la simple expresión de algunos sentimientos humanitarios, la fórmula de algunos actos recíprocos de simpatía y de mutualidad, sino la beneficencia establecida en principio como ciencia Universal de la sociedad humana. Regresar a índice.

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Librería "Valle de Mexico" Sadi Carnot No. 75 Col. San Rafael 06470 México, D.F. Tel. 592 45 51. Literatura para el Grado de Maestro 1.— Liturgia de Maestro. Edición "Valle de México". 2.— Instructivo para el Maestro. Edición "Valle de México" 3.— Constitución de Anderson. Edición "Valle de México". 4.— Lo que no debe ignorar el Maestro. Juan L. Paliza. 5.— Los Misterios Iniciáticos. Henry Durvilli. 6.— Los 27 Temas del Maestro Masón. Adolfo Terrones Benítez. 7.— Manual de Maestro (Magister). Aldo Lavagnini. 8.— Manual Ortodoxo de MaestroHumbert Santos. 9.— La Gran Búsqueda. W. Cox Learche. 10.— Regularidad Masónica en una Nueva Luz. W. Cox Learche. 11.— Curso Filosófíco de las Iniciaciones Antiguas y Modernas. Ragón. 12.— La Misa y sus Misterios. Ragón. 13.— Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada. René Guenón. 14.— Masonería Oculta Iniciación Hermética. Ragón. 15.—El Kybalión. 3 Iniciados. 16.— Revelaciones de los Libros Sagrados. Dr. Frederich L. Leynon. 17.— E1 Simbolismo Francmasónico. Albert G. Makey. 18.— El Desarrollo de la Luz. Rodney Collin. 19.— Introducción a la Francmasonería (2 Vols.). Jaime Ayala Ponce. 20.— Liberalismo Social Mexicano. Hector M. Calderón. 21.—La Rama Dorada. Frazer. 22.— El Enigma de los Celtas. Pedro F. Frutos. 23.— Las Claves Perdidas de la Francmasonería. Many P. Hall. 24.— Historia de las Sectas y Sociedades Secretas (2. Vols.). Santiago Valente. 25.— Manual de la Masonería (2 Vols.). André Cassard. 26.— Enciclopedia de la Francmasonería (4. Vols.). Albert Gallantin Makey. 27.— Diccionario Enciclopédico de la Masonería (5 Vols.). Fraud Abrinez. Regresar a índice.

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Manual del maestro mason  
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