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INDICE Pata de perro

en México, pero también en el extranjero. 8 Brillaron Entérate en dónde.

Ropero

el llavero abuelita, y enseñame tu ropero. 10 Toma Con cosas maravillosas y tan hermosas que guardas tú.

Turisteando

que estando en la misma ciudad no conoces. 13 Lugares Vete este fin a turistear.

Sueños Guajiros

actividades que jamás imaginarías que estos 14 Las chipocludos hicieron y formaron parte de su vida.

Talacha

16 Chamba y talacha de estos chipcludos digna de que la conoscas. Dicharachero

22 10 frases consagradas del chipocludo del mes. Puros cuadernos

mancuernas que jamás te habrías imaginado. 24 Las Chipocludo vs. Chipocludo.


EDITORIAL Plasmar en una sobre una revista la totalidad de la obra de un poeta y ensayista de la talla de Octavio Paz, parecía ser una tarea imposible. De ahí que necesariamente, mis intentos porque esta pequeña fuente de información fuera la más completa ha terminado siendo un recorrido incompleto y parcial, de la vida creativa de este gran ser. Pero no me demeríto, realmente la intención del actual trabajo no es la de abarcarlo todo, si no la de llegar a conocer y a valorar la grandeza de grandes mexicanos como este. Chipocludos es una revista para todos aquellos que por el simple hecho de ser mexicanos podemos lograrlo todo, menos leer y ser cultos. La verdad es dura, pero no deja de ser la verdad. Ya que nos creemos tan chipocludos, nuestro objetivo es pintarte con colores, lo que como todo buen mexicano debes saber: cultura general, arte y conocer más de aquellos que han puesto en alto el nombre de nuestro país. Este primer número de la revista Chipocludos, contiene a nuestra manera única, parte de la vida y obra de Octavio Paz y pretende mostrar al lector algunos aspectos interesantes que hemos encontrado gracias a nuestra chipocludez. Ha 100 años de su nacimiento, para México, la obra de Octavio Paz está tomando su dimensión real en la poesía, el ensayo y la intelectualidad mundial del siglo XX; y un trabajo como el nuestro, pretende contribuir a esa tarea, engrandecer un poco más a mexicanos chipocludos como éste.

Portada Alejandro Hernández Aristeo Diseño Editorial Gretel Cervantes Galicia Director General de diseño Jose Jesús Olivares García

Una Produccion de NewBell Publicidad. Dr, Jiménez No. 58 Col. Doctores. Del. Cuauhtémoc. C.P. 53340 México, D.F. Tel. 5373 - 9617 // 5578 - 2485 Puedes enviarnos tus comentarios y sugerencias chipocludas a chipocludos@gmail.com

Si deseas colaborar como fotógrafo, redactor, publicista o patrocinador; ponte en contacto con nosotros en: gretel.cervantes.galicia@gmail.com

DIRECTORIO


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PATA DE PERRO A lo largo de su vida, Octavio Paz tuvo la oportunidad de vivir en cada uno de estos exóticos lugares. Desde la comercial California, hasta la lejana India, Paz puso el nombre de México en alto en cada uno de éstos lugares.

Valencia, España En 1937, Pablo Neruda invitó a Octavio Paz, quien tenía entonces veintitrés años de edad, al Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, que tuvo lugar en Valencia, Barcelona, en plena Guerra Civil. El congreso tuvo como tema central el combate al fascismo a través de lo que en aquella época se llamaba «libertad por la cultura». Aquí vemos una nueva cara de esta gran ciudad de antaño. La Ciudad de las Artes y las Ciencias es un complejo arquitectónico, cultural y de entretenimiento que fue inaugurado en 1998 y representa uno de los mayores atractivos turísticos de la ciudad.

Tokio, Japón En 1953, Octavio Paz fue asignado a trabajar en la embajada mexicana en esta histórica ciudad. Esta temporada se atesoraron y germinaron en el corazón de este hombre las tradiciones de la gran cultura japonesa, en la que encontró uno de los más ricos abrevaderos de tradición, filosofía, historia y belleza estética, que lo llevarían incluso a la creación de haikus y a traducir a autores como Matsuo Basho.

Aquí observamos dos de los edificios más emblemáticos, arriba el ayuntamiento de Tokio, y la izquierda el Castillo Himaji, en esta misma ciudad. Parte de lo nuevo y lo clásico que hacen rica a esta gran cultura.

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Berkeley, California En 1943 Octavio Paz recibió la Beca Guggenheim e inició sus estudios en la Universidad de California, en Berkeley en la unión americana, la cual se otorga a todos los profesionales en cualquier campo del saber. Estos tres lugares son los más representativos de esta turística y cálida ciudad. a la izquierda una fotografía del emblemático reloj de la Universidad de California; abajo el Walt Disney Concert Hall, un recinto para la cultura y las artes inaugurado en 2003; y abajo a la derecha las curiosas Torres Watts, creadas por Simón Rodia en un periódo de 33 años con material como botellas, conchas, bicicletas, vidrio de botellas, etc.

India La relación entre la obra de Octavio Paz y la India estuvo marcada siempre por la pasión. Poemas como “Mutra”, libros como El mono gramático, capítulos enteros de sus obras completas nos muestran la impronta del país asiático en el autor de El laberinto de la soledad. Tuvo una larga estancia en este lejano país, ya que desde 1952 fue llamado a trabajar en la embajada mexicana de este país , y finalmente en 1959 fue nombrado embajador. Aqui observamos una murala de Jaipur, India, también conocida como la ciudad rosa, un poco de lo exótico e interesante de esta cultura.

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ROPERO

Los inicios de una gran vida

Acompañados de buenas fotos

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ctavio Paz nació el 31 de marzo de 1914. Año turbulento en México, de discusiones violentas entre los grupos armados que buscaban imponer el proyecto social de su caudillo. Paz solía decir que había nacido en Mixcoac, entonces un suburbio de la ciudad, un lugar de grandes fincas, de casas con extensos jardines y árboles añosos. El nombre de ese suburbio es el recuerdo de que fue un asentamiento importante durante la ciudad azteca, y quiere decir “lugar de serpientes”. Pero en realidad, según prueba documental, Paz vino al mundo en lo que era entonces el barrio más elegante de la Ciudad de México: la Colonia Juárez, en la calle de Venecia. Aunque allí sólo vivió unos cuantos meses. A algunos años antes de su fallecimiento, el poeta explicó que él consideraba a Mixcoac como su verdadero lugar de nacimiento, pues cuando él sólo contaba con algunos meses de edad su madre se mudó a la casa de la familia paterna, ya que Octavio Paz Solórzano, el padre,

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por haber militado en el bando de los zapatistas, se había visto en una situación económica difícil. Paz Solórzano, un abogado de formación y que también ejerció el periodismo, se había destacado como agente de Emiliano Zapata. La infancia y adolescencia de Octavio Paz transcurrieron en la casa del abuelo. Si se empeñó en afirmar durante largo tiempo que su lugar de nacimiento había sido Mixcoac, debemos buscar la explicación de este hecho en que Octavio Paz

quiso relacionar su circunstancia biográfica con aspectos fundamentales de su obra y de su visión poética. Mixcoac representaba para él ligarse simbólicamente con la otra parte de su identidad mestiza, sobre todo si tenemos en cuenta que la rama materna de su familia era originaria del Puerto de Santa María, en Andalucía y que por la venas de su padre corría sangre indígena. Y esta identidad mestiza constituyó para él una parte básica de su quehacer artístico y de sus reflexiones filosóficas que se plasmaron en páginas de ensayos fundamentales para comprender la cultura y el arte en el México que surgió de la Revolución Mexicana.

El


abuelo de Octavio Paz fue un ilustre escritor y periodista que había vivido las contradicciones de los intelectuales del siglo XIX mexicano: empezó su vida adulta como liberal juarista, es decir, militó en el Partido Liberal que encabezaba Benito Juárez, y que alcanzó su mayor momento de gloria cuando el ejército bajo su mando, en mayo de 1862, derrotó a las tropas invasoras francesas en el primer intento de Napoleón III por instaurar bajo su tutela el Imperio Mexicano, que tan malos recuerdos dejó a la familia de Maxilimiano de Habsburgo y a las casas reales europeas. Irineo Paz no sólo luchó con la pluma sino que tuvo una destacada actuación militar. Luego Porfirio Díaz, un coronel destacado durante la invasión francesa, dio golpe de estado y se encaramó en el poder en 1876. Proponía la modernización del país y la supresión del atraso en que vivía la mayor parte de la población. Promesas que no se concretaron en cambios efectivos. Irineo Paz lo apoyó, se convirtió en un, como diríamos hoy, intelectual orgánico del régimen dictatorial. Fundó un

periódico y fue dueño de una vasta biblioteca. Tuvo varios hijos, uno de ellos se llamó Octavio. El que con los años se convertiría en el padre del poeta.

ta descubrió lo que significaba ser distinto ante los ojos de los demás, ahí se le reveló ese sentimiento que lo acompañaría toda su vida, el de la otredad.

La vida de Octavio Paz Solórzano fue azarosa y desordenada. Su trabajo como agente del zapatismo le exigió residir un tiempo en Los Ángeles, California, donde intentó conseguir armas y buena prensa para la causa zapatista. Se convirtió en un padre ausente, en una presencia lejana para el niño Octavio. Que lo hizo vivir una infancia distinta a la de muchos de sus compañeros de barrio y escuela. Podríamos localizar en este hecho el sentimiento de otredad, de excentricidad, que lo acompañó toda su vida. Paz no ha sido el primer escritor que intentó reinventar su biografía, para adecuarla a las líneas centrales de su poética. Él atribuyó ese sentimiento de otredad a su estancia en los Estados Unidos durante su infancia. Según Paz, su padre se vio obligado vivir en el exilio y se llevó con él a los Estados Unidos a su esposa y a su hijo. En Los Ángeles el futuro poe-

Octavio Paz Solórzano regresó a México cuando parecían aquietarse las pasiones en México. Tuvo una vida de frustraciones que buscó aliviar con el alcohol. Desapego de la familia, actividades erráticas. Las balas que habían segado la vida de Emiliano Zapata en Chinameca, en 1919 cancelaron también la hasta entonces brillante trayectoria del abogado y negociador de la causa zapatista. Hombre muy inteligente, destacó en el periodismo con páginas brillantes sobre la experiencia de la derrota de su bando político, pero nunca pudo borrar el estigma del fracaso. Y como sucede en casos semejantes, el alcohol, como ya dijimos, fue su gran refugio. La vida se convirtió en días de vino, delirios y extravío; existencia sin ningún orden en la que abundaban las aventuras galantes. Se convirtió en un padre ausente. Sin embargo, para el hijo fue en un privilegio invaluable escuchar hechos y sucedidos de la reciente Revolución Mexicana de labios de uno de sus protagonistas, “Mi padre habla de…” y hubo ocasiones en que se desempeñó como su secretario: a veces el estado físico lamentable del padre le impedía pasar en limpio sus artículos periodísticos, y más de una vez el joven Paz los concluyó. En

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dos poemas habló de estos aspectos de su progenitor. En “Pasado en claro” recuerda el alcoholismo de Paz Solórzano: “Atado al potro del alcohol/ entre el vómito y la sed/ ibas y venías entre llamas/ yo nunca pude hablar contigo/ te recuerdo ahora en sueños/ esa borrosa patria de los muertos” (Pasado en claro). En otro poema menciona las conversaciones con su padre. “En la mesa mi padre hablaba de Zapata y Villa y el mantel olía a pólvora” (Ladera este). La figura paterna ausente la suplió el abuelo Irineo. Octavio recordó en algunas entrevistas, y en algunas páginas de circunstancia, el papel tan importante que desempeñó el abuelo en esos años en los que cada hecho, cada conversación, cada libro, leído y manoseado, se graban en la mente y quedan incorporados en la carne de la memoria. Con el abuelo Irineo daba largos paseos por un Mixcoac aún impregnado de ambiente rural, lo acompañaba a visitar a sus amigos y él esperaba en los patios plantados de fresnos; se entretenía con otros niños y a veces se maravillaba contemplando las nubes y sus formas caprichosas en el entonces azul profundo del cielo del valle de México; juntos hacían ejercicios matinales y leían algunos libros. Irineo Paz era, a todas luces, un hombre del siglo XIX, en su biblioteca había volúmenes de los grandes novelistas como Dostoievski, Víctor Hugo y Anatole France; y como todo intelectual mexicano de la época, su sistema filosófico era el Positivismo; y entre sus poetas favoritos destacaban, Alfredo de Vigny, Verlaine y Ronsard. En la poesía mexicana estaban en el esplendor de su popularidad, de una popularidad de la que no han vuelto a gozar los poetas

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en México, aquellos que hoy llamamos modernistas: Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, Díaz Mirón, Urbina. La tía solterona, la tía Amalia (parece que en todas las familias mexicanas siempre hay una tía solterona), hermosa y que, por supuesto, murió célibe, leía en francés, en voz alta, poemas de la época. El fin de siglo mexicano había vivido bajo la órbita de la cultura francesa. No fue raro el caso de Amalia en aquellos tiempos. Así pues, la educación sentimental y literaria del niño Octavio Paz corrió a cargo del abuelo y la tía. Fue un privilegio haber nacido en el seno de esa familia, que se esmeró en dar una educación de primera al niño Octavio, por eso el abuelo decidió inscribirlo en el colegio Williams, que se hallaba en el mismo barrio de Mixcoac. En unas notas autobiográficas escritas a propósito del interés del gobierno de la Ciudad de México de ponerle su nombre a un parque del barrio de su infancia, pocos años antes de su muerte, Paz recordó muy vivamente, con su prosa de lujo: precisa, elegante y apoyada en relaciones poética de hechos y de cosas, el colegio de su infancia: “En el colegio Williams me inicié (sin saberlo) en el método inductivo, aprendí inglés y un poco de boxeo, pero, sobre todo, el arte de trepar a los árboles y el arte de quedarme solo, en una horqueta, escuchando a los pájaros. Cuarenta años más tarde descubrí, leyendo The Prelude, que Wordsworth había tenido experiencias semejantes en su niñez”.


Chilango

TURISTEANDO

cultural Octavio Paz y su legado para ver, tocar y oir. Conoce lo que chilangolandia tiene para ti.

En esta gran ciudad uno puede ver muchas cosas, lo que es cierto es que todo este año hay manteles largos en cualquier centro de cultura en honor a don Octavio Paz y sus 100 años de legado. Aqui te presentamos lo que algunos de estos grandes sitios tienen en exhibición y que vale la pena que visites, ya sabes, solo para turistear. Centro Nacional de las Artes Con Dmitri Dudin en la dirección, el Teatro de las artes presenta la musicalización del poema “Piedra de sol” de Octavio Paz, con motivo del centenario de su natalicio. Contará con la participación de la mexxosoprano Belém Rodríguez, el mismo Director Dudin al piano, la actriz y cantante Margarita Sanz y Rodrigo Macías, como director musical. La entrada es para el pubico en general y el costo va de los $100 a los $150. Biblioteca Nacional José Vasconcelos Estas modernista biblioteca contará con la distinguida visita de los tres premios Nobel que visitarán México para recordar el legado y la poesía de Paz son el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio (2008), el nigeriano Wole Soyinka (1986) y el antillano Derek Walcott (1992). Le Clézio impartirá una conferencia magistral en la Biblioteca de México José Vasconcelos y Soyinka y Walcott ofrecerán un recital de poesía en Bellas Artes. Date la oportunidad de estar ante la presencia de personas únicas en el mundo. Fonoteca Nacional La Fonoteca Nacional participa en el programa conmemorativo Centenario de Octavio Paz con una serie de acciones que difunden diversos materiales sonoros en torno a la vida, creación literaria y legado del escritor mexicano, desde la lectura de poemas en voz del Premio Nobel de Literatura 1990 hasta la recreación de su obra en arte sonoro, pieza orquestal o versión operística. No te lo pierdas por www.fonotecanacional.gob.mx

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Sueños Guajiros

l a a í s e o De la p

o m s i l a e r r u s

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La relación de Octavio Paz con el surrealismo no es del todo convencional, ya que no cayó bajo el encanto bretoniano sino después de que el movimiento que éste lideraba ya había pasado de “moda”. Sin embargo, se debe entender, primero y antes que todo, que el surrealismo no fue, ni para Breton, ni para Paz, una moda. Para ellos era una actitud del espíritu humano. Representaba —y según Paz siempre representará— la única posibilidad de resistencia frente a un mundo deshumanizado. Se trataba de subvertir una realidad que la sociedad se había empeñado en presentar como única y que ponía en tela de juicio a la misma libertad del hombre. El surrealismo afirmaba la necesidad de que la liberación del hombre fuera total — liberación de la razón y de las normas—; con ella se podrían reunir el pensamiento y la acción. La interpretación que hace Octavio Paz del surrealismo francés sin duda se evidencia en su única obra de teatro. En ella no hay una exposición lógica de sus ideas —ideas que desarrolla extraordinariamente en El arco y la lira, Las peras del olmo y Los hijos del limo—, éstas son representadas en una escenificación que recuerda tanto el teatro clásico como el teatro nō japonés y que crea un mundo de ensueño en donde todo es posible porque no es real. El poeta mexicano retoma un cuento de Nathaniel Hawthorne y lo reinventa. La historia es la misma, la intención es otra. La hija de Rappaccini es representada por primera vez el 31 de julio

de 1956 en el Teatro del Caballito.1 Es una de las cuatro obras que formaron parte del segundo programa “Poesía en Voz Alta” de la unam —las otras fueron Le salon de l’automobile de Ionesco, Oswald et Zénaïde ou Les Apartés de Tardieu y Le canari de Neveux, todas traducidas por Octavio Paz para este programa universitario. Dirigida por Héctor Mendoza, con escenografía y vestuario de Leonora Carrington, musicalizada por joaquín Gutiérrez Heras e

interpretada, en el papel del Doctor Rappaccini, por juan josé Arreola, esta obra poco estudiada y muchas veces menospreciada,2 sintetiza en unas cuantas páginas el pensamiento de Paz: su lado surrealista, su búsqueda por el origen, la analogía que establece entre la creación poética y el acto erótico —ambos relacionados con los movimientos cósmicos— y su concepto de

poesía universal. Es publicada el mismo año de su representación en la Revista Mexicana de Literatura (1956), y es incluida en Teatro mexicano del siglo xx (1970). Además forma parte del libro de Paz que reúne sus Poemas de 1935 a 1975, y de su Obra poética (19351988), ambas ediciones a cargo de Seix Barral (1990).3 Finalmente, el autor decide integrar La hija de Rappaccini en su Obra completa en el volumen xI —Obra poética I— a cargo del Fondo de Cultura Económica. Una edición independiente sale en 1990 en la editorial Era. Resulta curioso a primera vista que Paz haya decidido situar su única obra de teatro en el primer volumen de sus Obras completas dedicado a la poesía. De hecho, ya desde Poemas (1935-1975) —y Obra poética (1935-1988)— Paz dispone La hija de Rappaccini después de Libertad bajo palabra. Esto podría explicar la razón por la cual esta obra no parece una de teatro —o lo que se considera como teatro moderno.5 Además, el mismo autor, en el prólogo al volumen que incluye esta pieza, dice que “La hija de Rappaccini es un poema dramático y viene precisamente de un cuento” (1997: 19). No es mi intención aquí debatir sobre el género de esta obra, sólo me limitaré a decir que con ella Paz nos recuerda que en un principio el teatro era poesía y que lo que se pone en escena no es otra cosa que una tragedia. Así, se puede decir que, a pesar de que Paz se inspira en un cuento de Hawthorne, en realidad la intención, y por ende el resultado, de esta adaptación es muy diferente a la del escritor estadounidense. 13


TALACHA

POEMAS CORTOS Para que te cultives, te dejamos una selección de algunos poemas cortos de Octavio Paz. Talacha digna de ser leída.

Primavera a la Vista Pulida claridad de piedra diáfana, lisa frente de estatua sin memoria: cielo de invierno, espacio reflejado en otro más profundo y más vacío.

Nace del mar, asalta la colina, oleaje sin cuerpo que reviento contra los eucaliptos amarillos y se derrama en ecos por el llano.

El mar respira apenas, brilla apenas.Se ha parado la luz entre los árboles, ejército dormido. Los despierta el viento con banderas de follajes.

El día abre los ojos y penetra en una primavera anticipada. Todo lo que mis manos tocan, vuela. Está lleno de pájaros el mundo.

El Pájaro Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, fija en la rotación del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y llama equidistante. Tu salto es un segundo congelado que ni apresura el tiempo ni lo mata: preso en su movimiento ensimismado tu cuerpo de sí mismo se desata y cae y se dispersa tu blancura y vuelves a ser agua y tierra obscura. Del verdecido júbilo del cielo luces recobras que la luna pierde porque la luz de sí misma recuerde relámpagos y otoños en tu pelo. El viento bebe viento en su revuelo, mueve las hojas y su lluvia verde moja tus hombros, tus espaldas muerde y te deshuda y quema y vuelve yelo.

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Viento Cantan las hojas, bailan las peras en el peral; gira la rosa, rosa del viento, no del rosal. Nubes y nubes flotan dormidas, algas del aire; todo el espacio gira con ellas, fuerza de nadie. Todo es espacio; vibra la vara de la amapola y una desnuda vuela en el viento lomo de ola. Nada soy yo, cuerpo que flota, luz, oleaje; todo es del viento y el viento es aire siempre de viaje.

Entre Irse y Quedarse Entre irse y quedarse duda el día, enamorado de su transparencia. La tarde circular es ya bahía: en su quieto vaivén se mece el mundo. Todo es visible y todo es elusivo, todo está cerca y todo es intocable. Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz reposan a la sombra de sus nombres. Latir del tiempo que en mi sien repite la misma terca sílaba de sangre. La luz hace del muro indiferente un espectral teatro de reflejos. En el centro de un ojo me descubro; no me mira, me miro en su mirada. Se disipa el instante. Sin moverme, yo me quedo y me voy: soy una pausa.


Elegía Interrumpida Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al primer muerto nunca lo olvidamos, aunque muera de rayo, tan aprisa que no alcance la cama ni los óleos. Oigo el bastón que duda en un peldaño, el cuerpo que se afianza en un suspiro, la puerta que se abre, el muerto que entra. De una puerta a morir hay poco espacio y apenas queda tiempo de sentarse, alzar la cara, ver la hora y enterarse: las ocho y cuarto. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. La que murió noche tras noche y era una larga despedida, un tren que nunca parte, su agonía. Codicia de la boca al hilo de un suspiro suspendida, ojos que no se cierran y hacen señas y vagan de la lámpara a mis ojos, fija mirada que se abraza a otra, ajena, que se asfixia en el abrazo y al fin se escapa y ve desde la orilla cómo se hunde y pierde cuerpo el alma y no encuentra unos ojos a que asirse... ¿Y me invitó a morir esa mirada? Quizá morimos sólo porque nadie quiere morirse con nosotros, nadie quiere mirarnos a los ojos. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al que se fue por unas horas y nadie sabe en qué silencio entró. De sobremesa, cada noche, la pausa sin color que da al vacío o la frase sin fin que cuelga a medias del hilo de la araña del silencio abren un corredor para el que vuelve: suenan sus pasos, sube, se detiene... Y alguien entre nosotros se levanta y cierra bien la puerta. Pero él, allá del otro lado, insiste. Acecha en cada hueco, en los repliegues, vaga entre los bostezos, las afueras.

La Rama Canta en la punta del pino un pájaro detenido, trémulo, sobre su trino.

Se yergue, flecha, en la rama, se desvanece entre alas y en música se derrama.

Aunque cerremos puertas, él insiste. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Rostros perdidos en mi frente, rostros sin ojos, ojos fijos, vaciados, ¿busco en ellos acaso mi secreto, el dios de sangre que mi sangre mueve, el dios de yelo, el dios que me devora? Su silencio es espejo de mi vida, en mi vida su muerte se prolonga: soy el error final de sus errores. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. El pensamiento disipado, el acto disipado, los nombres esparcidos (lagunas, zonas nulas, hoyos que escarba terca la memoria), la dispersión de los encuentros, el yo, su guiño abstracto, compartido siempre por otro (el mismo) yo, las iras, el deseo y sus máscaras, la víbora enterrada, las lentas erosiones, la espera, el miedo, el acto y su reverso: en mí se obstinan, piden comer el pan, la fruta, el cuerpo, beber el agua que les fue negada. Pero no hay agua ya, todo está seco, no sabe el pan, la fruta amarga, amor domesticado, masticado, en jaulas de barrotes invisibles mono onanista y perra amaestrada, lo que devoras te devora, tu víctima también es tu verdugo. Montón de días muertos, arrugados periódicos, y noches descorchadas y en el amanecer de párpados hinchados el gesto con que deshacemos el nudo corredizo, la corbata, y ya apagan las luces en la calle ?saluda al sol, araña, no seas rencorosa? y más muertos que vivos entramos en la cama. Es un desierto circular el mundo, el cielo está cerrado y el infierno vacío.

El pájaro es una astilla que canta y se quema viva en una nota amarilla.

Alzo los ojos: no hay nada. Silencio sobre la rama, sobre la rama quebrada

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La Poesía 2

El Sediento Por buscarme, Poesía, en ti me busqué: deshecha estrella de agua, se anegó en mi ser. Por buscarte, Poesía, en mí naufragué. Después sólo te buscaba por huir de mí: ¡espesura de reflejos en que me perdí! Mas luego de tanta vuelta otra vez me vi: el mismo rostro anegado en la misma desnudez; las mismas aguas de espejo en las que no he de beber; y en el borde del espejo, el mismo muerto de sed.

Destino del Poeta ¿Palabras? Sí, de aire, y en el aire perdidas. Déjame que me pierda entre palabras, déjame ser el aire en unos labios, un soplo vagabundo sin contornos que el aire desvanece. También la luz en sí misma se pierde.

Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, fija en la rotación del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y llama equidistante. Tu salto es un segundo congelado que ni apresura el tiempo ni lo mata: preso en su movimiento ensimismado tu cuerpo de sí mismo se desata y cae y se dispersa tu blancura y vuelves a ser agua y tierra obscura. Del verdecido júbilo del cielo luces recobras que la luna pierde porque la luz de sí misma recuerde relámpagos y otoños en tu pelo. El viento bebe viento en su revuelo, mueve las hojas y su lluvia verde moja tus hombros, tus espaldas muerde y te denuda y quema y vuelve yelo. Dos barcos de velamen desplegado tus dos pechos. Tu espalda es un torrente. Tu vientre es un jardín petrificado. Es otoño en tu nuca: sol y bruma. Bajo del verde cielo adolescente tu cuerpo da su enamorada suma.

El Mar, El Mar Y Tú El mar, el mar y tú, plural espejo, el mar de torso perezoso y lento nadando por el mar, del mar sediento: el mar que muere y nace en un reflejo. El mar y tú, su mar, el mar espejo: roca que escala el mar con paso lento, pilar de sal que abate el mar sediento, sed y vaivén y apenas un reflejo.

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De la suma de instantes en que creces, del círculo de imágenes del año, retengo un mes de espumas y de peces, y bajo cielos líquidos de estaño tu cuerpo que en la luz abre bahías al oscuro oleaje de los días.


La Poesía 3 ¿Por qué tocas mi pecho nuevamente? Llegas, silenciosa, secreta, armada, tal los guerreros a una ciudad dormida quemas mi lengua con tus labios, pulpo, y despiertas los furores, los goces, y esta angustia sin fin que enciende lo que toca y engendra en cada cosa una aridez sombría. El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto y quedo frente a ti, solo, desnudo, despojado, sobre la roca inmensa del silencio, como un solitario combatiente contra invisibles huestes. Verdad abrasadora, ¿a qué me empujas? No quiero tu verdad, tu insensata pregunta. ¿A qué esta lucha estéril? No es el hombre criatura capaz de contenerte, avidez que sólo en la sed se sacia, llama que todos los labios consume, espíritu que no vive en ninguna forma, mas hace arder todas las formas con un secreto fuego indestructible. Pero insistes, lágrima escarnecida, y alzas en mí tu imperio desolado. Subes desde lo más hondo de mí, desde el centro innombrable de mi ser, ejército, marea. Creces, tu sed me ahoga, expulsando, tiránica, aquello que no cede a tu espada frenética. Ya sólo tú me habitas, tú, sin nombre, furiosa substancia, avidez subterránea, delirante. Golpean mi pecho tus fantasmas, despiertas a mi tacto, hielas mi frente y haces proféticos mis ojos.

Percibo el mundo y te toco, substancia intocable, unidad de mi alma y de mi cuerpo, y contemplo el combate que combato y mis bodas de tierra. Nublan mis ojos imágenes opuestas, y a las mismas imágenes otras, más profundas, las niegan, tal un ardiente balbuceo, aguas que anega un agua más oculta y densa. La oscura ola que nos arranca de la primer ceguera, nace del mismo mar oscuro en que nace, sombría, la ola que nos lleva a la tierra: sus aguas se confunden y en su tiniebla quietud y movimiento son lo mismo. Insiste, vencedora, porque tan sólo existo porque existes, y mi boca y mi lengua se formaron para decir tan sólo tu existencia y tus secretas sílabas, palabra impalpable y despótica, substancia de mi alma. Eres tan sólo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras. Rozo al tocar tu pecho, la eléctrica frontera de la vida, la tiniebla de sangre donde pacta la boca cruel y enamorada, ávida aún de destruir lo que ama y revivir lo que destruye, con el mundo, impasible y siempre idéntico a sí mismo, porque no se detiene en ninguna forma, ni se demora sobre lo que engendra. Llévame, solitaria, llévame entre los sueños, llévame, madre mía, despiértame del todo, hazme soñar tu sueño, unta mis ojos con tu aceite, para que al conocerte, me conozca.

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Árbol Quieto Entre Nubes Aquel joven soldado era sonriente y tímido y erguido como un joven durazno. El vello de su rostro se doraba con el rubor de los duraznos al amarillo sol de mediodía. Sus ademanes eran como los ademanes del durazno cuando el viento lo mueve, en la colina. Si sonreía era su sonrisa un imprevisto florecer durazno. Una ráfaga a veces lo nublaba y entonces, serio, ensimismado, era un durazno al aire, deshojado. Jugaba con los niños, en la tarde, con un fervor nostálgico, lejano, con la misma ternura de la ola que se aleja volviendo la cabeza.

Un viento melancólico barría nubes en flor, apenas nubes, y en el jardín volaban hojas ¡oh despeinada primavera! Árbol quieto entre nubes, hojas, niños, se preguntaba aquel soldado: ¿Es nube todo, todo es hoja, viento? ¿Los familiares árboles son nubes? ¿Esta rama que toco, esta corteza, estos niños, son nubes? ¿Nube el sueño y la muchacha aquella y su perfume, fantasma de la carne, nube, espuma apenas sostenida por el viento? Y se alejó, callada nube negra.

Cuerpo A La Vista de Octavio Paz Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron su cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de tus dientes caníbales, prisioneros en llamas, tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo no transcurre, valles que sólo mis labios conocen, desfiladero de la una que asciende a tu garganta entre tus senos, cascada petrificada de la nuca, alta meseta de tu vientre, playa sin fin de tu costado. Tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minutos después son los ojos húmedos del perro. Siempre hay abejas en tu pelo. Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos como las espalda del río a la luz del incendio.

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Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna, el viento sopla por mi boca y un largo quejido cubre con sus dos alas grises la noche de los cuerpos, como la sombra del águila la soledad del páramo. Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano. Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma, cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, boca de horno donde se hacen las hostias, sonrientes labios entreabiertos y atroces, nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)


Sonetos 1 Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, fija en la rotación del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y llama equidistante. Tu salto es un segundo congelado que ni apresura el tiempo ni lo mata: preso en su movimiento ensimismado tu cuerpo de sí mismo se desata y cae y se dispersa tu blancura y vuelves a ser agua y tierra obscura.

2 El mar, el mar y tú, plural espejo, el mar de torso perezoso y lento nadando por el mar, del mar sediento: el mar que muere y nace en un reflejo. El mar y tú, su mar, el mar espejo: roca que escala el mar con paso lento, pilar de sal que abate el mar sediento, sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces, del círculo de imágenes del año, retengo un mes de espumas y de peces, y bajo cielos líquidos de estaño tu cuerpo que en la luz abre bahías al oscuro oleaje de los días.

3 Del verdecido júbilo del cielo luces recobras que la luna pierde porque la luz de sí misma recuerde relámpagos y otoños en tu pelo. El viento bebe viento en su revuelo, mueve las hojas y su lluvia verde moja tus hombros, tus espaldas muerde y te desnuda y quema y vuelve hielo. Dos barcos de velamen desplegado tus dos pechos. Tu espalda es un torrente. Tu vientre es un jardín petrificado. Es otoño en tu nuca: sol y bruma. Bajo del verde cielo adolescente. tu cuerpo da su enamorada suma.

Bajo tu Clara Sombra Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo un cuerpo como día derramado y noche devorada; la luz de unos cabellos que no apaciguan nunca la sombra de mi tacto; una garganta, un vientre que amanece como el mar que se enciende cuando toca la frente de la aurora; unos tobillos, puentes del verano; unos muslos nocturnos que se hunden en la música verde de la tarde; un pecho que se alza y arrasa las espumas; un cuello, sólo un cuello,

unas manos tan sólo, unas palabras lentas que descienden como arena caída en otra arena.... Esto que se me escapa, agua y delicia obscura, mar naciendo o muriendo; estos labios y dientes, estos ojos hambrientos, me desnudan de mí y su furiosa gracia me levanta hasta los quietos cielos donde vibra el instante; la cima de los besos, la plenitud del mundo y de sus formas.

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DICHARACHERO “ El ojo piensa, el pensamiento ve, la mirada toca.”

FRASES CONSAGRADAS Octavio paz

“Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje”

“Tal vez amar es aprender a caminar por este mundo.”

“La soledad es el hecho más profundo de la condición humana. El hombre es el único ser que sabe que está solo.”

“A nuestra edad sabemos que nada es para siempre. Nos enamoramos pero sabemos que no será pasa siempre. Por eso nos arriesgamos, por eso nos entregamos hasta quedarnos vacíos.” 20


“Quizá morimos sólo porque nadie quiere morirse con nosotros.”

“La memoria no es lo que recordamos sino lo que nos recuerda. La memoria es un presente que nunca acaba de pasar.”

“Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos, soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos, hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros” 21


PUROS CUADERNOS

Julio Cortázar Julio Cortázar y Octavio Paz mantuvieron una amistad perdurable a lo largo de prácticamente toda su vida, a pesar de algunas diferencias políticas. Desde que se conocieron, a finales de los años 50, las dedicatorias de Octavio paz, escritas con letra firme y clara, se extienden a lo largo de los años, a veces con guiños que muestran la complicidad personal y literaria que los unía: «A Julio con un abrazo y mucha transparencia» escribe en Marcel Duchamp: L’Apparence mise à un… «A Julio, más cerca que lejos en un allá que siempre es aquí», se lee en Los hijos del limo; o la de Viento entero: «A Julio —no César: ¡Cortázar!; no capitán general—solitario combatiente en las fronteras ilimitadas del lenguaje, su lector, su partidario, su amigo, Octavio». Más allá de las dedicatorias, los libros de Paz están cuidadosamente leídos, y muchos profusamente anotados, como vemos en las siguientes páginas, llenas de paréntesis, flechas y comentarios, pertenecientes a El arco y la lira. Las dedicatorias se suceden a lo largo de los años, desde distintos lugares —París, México, Nueva Delhi, donde Paz estuvo destinado como embajador—, pero siempre con idéntica cordialidad. 22


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Chipocludos