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Stanislas de Guaita – En el Umbral del Misterio

NOTAS AL PREFACIO DE ZANONI (1) Sectario de Averroes y Paracelso. AVERROES o Averrhöes (ben-Roxd), médico y filósofo árabe de la segunda mitad del siglo XII, es ante todo famoso como traductor y comentarista general de la obra de Aristóteles.

Europa no conoció durante largo tiempo a ese último más que a través de su intérprete musulmán, de quien nuestros buenos escolásticos tradujeron al latín la versión árabe, a falta del texto griego original. Averroes es a quien se debe en gran parte la tendencia universal en favor de Aristóteles; hasta el punto de que los comentarios del doctor árabe gozaron en la Edad Media de una autoridad al menos igual a la reconocida en los tratados del filósofo ateniense. Sin embargo, faltaba que la doctrina de Aristóteles concordase con la de Averroes, quien amalgamaba a las enseñanzas del Liceo las más audaces especulaciones de los teósofos alejandrinos. Con eso sedujo a gran número de místicos e iniciados que lo consideraban como uno de los suyos, mientras que los aristotélicos no veían en él sino un alter ego de su Maestro, un discípulo igual al fundador de la Escuela. Averroes se nos aparece como el Jano de la metafísica de la Edad Media; hasta el punto de que su nombre, unido al del gran Paracelso, no resultaría erróneo equipararlo al de Santo Tomás de Aquino. PARACELSO: véase el presente volumen, páginas 23-24. (2) La extraña secta conocida con el nombre de Rosa † Cruz.

Rosacruz. Cuando, a finales del reinado de Enrique IV de Francia, el mundo profano oyó hablar por primera vez de una asociación muy oculta de teósofos taumaturgos, los rosacruces ya databan de un siglo atrás. Sacaron su nombre de un emblema pantacular de tradición entre ellos, así como Valentín Andrea (o más bien Andreæ), el gran maestro a la sazón, llevaba grabado sobre el engaste de su sortija: una cruz de san Juan, cuya austera desnudez se alegraba con la sonrisa de las cuatro rosas abiertas en las esquinas. Se ha comentado ampliamente que la Orden no se remonta a más allá de ese Valentín Andreæ. Error manifiesto. Si invocamos, para combatirlo, ese artículo de los estatutos que ordenaba disimular durante ciento veinte años la existencia de la fraternidad 101

Stanislas de Guaita - En el umbral del misterio  

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