Page 4

Le Cour quien lo puso en contacto con el Maestro de Savignies, hasta el punto de que éste fue el ejecutor testamentario de Phileas Lebesgue. Una primera pregunta me vino entonces al espíritu: ¿podía descubrirse quien se ocultaba tras el seudónimo de Fulcanelli? Desde 1926, y más especialmente desde 1929, año de la aparición de la segunda hoja del tríptico de Fulcanelli, no han dejado de abordarse toda clase de hipótesis sin prueba alguna segura e incluso sin ningún indicio serio, contradichas las unas por las otras. ¡Algunos incluso se han atrevido a hablar de camelo! ¡Calidad como la de Fulcanelli nos gustaría tenerla más frecuentemente! Pero subrayaré que cuando después de tres milenios se plantea la cuestión de saber si Homero ha existido y seguimos sin respuesta, nos vemos obligado a constatar la existencia de la Ilíada y la Odisea, obras a las que se reconoce un enorme interés. Igual ocurre con la obra firmada por Fulcanelli. Esta obra cuyo valor es incuestionable está ahí y ha sido escrita por una mano humana (¿o por varias manos?) Por mi parte siempre pensé que El misterio de las catedrales y Las moradas filosofales eran la expresión escrita, bajo el nombre de Fulcanelli, del Colegio de los Hermanos de Heliópolis, de los que se reclamaba Eugène Canseliet discípulo indidable del Adepto. Pues bien, en la carta de envío del manuscrito que aquí se presenta se precisa a mi intención: "Sepa Vd. también que no somos en nuestro opúsculo sino el heraldo del Colegio de los Adeptos". Lo que confirma perfectamente mi intuición. Por añadidura, esta búsqueda obstinada de un autor identificable me parece vana y concerniente solamente al "haber" mientras que en estas circunstancias sólo debería contar "el Ser". Además son constatables numerosas contradicciones (¿quizás voluntarias?) que no pueden resolverse. Me viene al espíritu una de ellas. Se dice y escribe habitualmente que Fulcanelli habría retirado su tercer manuscrito justamente tras la publicación por el editor Jean Schemit (al que he conocido personalmente) de la primera edición de Las moradas filosofales en 1929, y que Fulcanelli habría desaparecido en 1930. Ahora bien, el mismo Eugène Canseliet escribe en el primer párrafo de su Prefacio a la primera edición del Misterio de las catedrales, fechada en Octubre de 1925, las siguientes líneas: "El autor de este libro no está, desde hace ya mucho tiempo, entre nosotros. El hombre se ha borrado. Sólo flota su recuerdo". Dicho de otra manera, conviene buscar siempre el Espíritu y no la letra. Era pues necesario intentar asegurarse –en la medida de lo posible- que este Finis Gloriae Mundi estaba efectivamente y de manera estricta en la línea de Fulcanelli. Y que por lo tanto era del mismo autor. La lectura atenta me ha convencido que era en efecto del Adepto Fulcanelli. En primer lugar volvemos a encontrar en este texto consideraciones 4

Finis Gloriae Mundi  

Finis Gloriae Mundi

Finis Gloriae Mundi  

Finis Gloriae Mundi