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Andreae precisa en las Bodas Químicas que Christian Rosenkreutz comete una falta mirando a Venus desnuda sin haber sido invitado a ello45. Sobre estas bodas conviene extender el pudor y el silencio, único que permite que se realicen verdaderamente. Dudamos mucho que sopladores con intenciones demiúrgicas puedan alcanzar la intensidad de semejantes esponsales. Su relación con la materia no sabría reflejar sino su voluntad de esclavizarla; la tratan como a esclava, no como a amante46y, si consiguiese arrancarle bastante sumisión para evitar hacerla estéril, no obtendrán castigándola sino una piedra imperfecta, capaz sin duda de operar alguna transformación en la estructura metálica, pero muy alejada de la medicina de los sabios. Para alcanzar la perfección de la obra tendrían que curar en primer lugar la lepra del orgullo. Ahora bien: la medicina imperfecta, si llega a aminorar durante algún tiempo las decrepitudes corporales o a reparar los accidentes que amenazan la vitalidad del hombre, acaba siempre por volverse contra su progenitor. La leyenda de Fausto lo ilustra abundantemente: el recurso a Mefistófeles, que se presenta a sí mismo como "el espíritu que siempre niega" no le procura sino la ilusión de la eterna juventud, hasta la caída final en el espanto y el delirio. El nombre de Mefistófeles fue construido a partir de una cábala fonética en griego: Comienza por la negación Mh. A continuación podemos oír la raíz fhs, futuro del verbo fhmi que significa afirmar, aconsejar o mandar: el poder que hace reflejar se ve negado incluso antes lo guste. El fin del nombre construye un sustantivo sobre el verbo tufow,hacer orgulloso. Si las consecuencias del llamamiento a Mefisto son temibles para el imprudente alquimista que lo evoca en la desesperación de sus fracasos, en el crisol desencadenan un cataclismo incontrolable: fusis, la naturaleza, o mejor la fuerza de crecimiento interno se exacerba en tufw, se abraza a tufon, el tornado, de donde procede nuestra palabra tifón. Además fus designa el soplo, el viento o la arrogancia. Quien siembra viento recoge tempestades, dice la sabiduría popular. Lo que promete el espíritu negador no sería otra cosa sino una tromba de fuego que se vuelve como un castigo preparado por la justicia divina contra quien intenta imponerla al universo. Se trata en efecto del abrazo purificador del que habla el apóstol Pablo cuando, al evocar los últimos días, dice que todos no morirán pero que todos serán cambiados y que, probadas las obras, el hombre será salvado como a través del fuego47. Pero mientras no le llegue la hora fijada a la Tierra el ciclón ígneo no podrá extenderse y no hará sino devorar a quienes, en su orgullo, lo hayan evocado. ¡Firmes pues los corazones! Los falsos profetas hablan de paz cuando habría que armarse para el combate48y aterrorizan a los débiles anunciando llamas que no quemarán más que a los que las desencadenan. Basta de cometas deletéreos, de meteoritos errantes, de estaciones espaciales 27

Finis Gloriae Mundi  

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