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por el legítimo ideal de salvación. Para ser justo, abundan los ejemplos de la genuina capacidad de auxilio como la fundación Teletón, que en los últimos años ha puesto énfasis en la inclusión. La lucha que las personas con discapacidad vienen desarrollando para lograr la participación y la igualdad se traduce en la búsqueda de soluciones innovadoras e inclusivas para el futuro de la Humanidad. Contrario a lo que se cree, esto deriva de la ética de Hipócrates en donde no hay verdades morales pues la moral sería privada. El mensaje liberal de que la moral es una cuestión privada, conduce a una creciente legalización de todos los ámbitos de la vida y a una regulación estatal cada vez más intensa, no obstante cada cual adopta su propio compromiso ético con las personas en situación de discapacidad. De esta manera, el horizonte de la inclusión sería un resultado natural, pues cualquier conexión axiológica privada posee para el Estado el mismo derecho. En una situación de pluralismo ético, el Estado debe entonces respetar las capacidades diversas de los ciudadanos dado que el trato entre seres ontológicamente iguales debe estar educado como acto ético y regulado como un acto moral. De esta manera, surge la tesis de que con una debida base ética de ciudadanos educados en valores universales, los márgenes de actuación del Estado quedan reducidos a aquellos ámbitos a los que no ha llegado suficientemente el ordenamiento jurídico.

sino que a paradigmas casi pétreos que han atrofiado el músculo social de la inclusión. Campañas como la “teletón” han sido un puente cimentado sobre la rehabilitación, pero en ningún caso han sido el motor de un cambio de paradigma a nivel social, pues ese cambio no puede entenderse como monopolio de una persona jurídica de derecho público, dado que este último actúa solo como garante y no como impulsor. El comportamiento ético se entiende como el estudio de aquellos valores que guían el accionar propio, pero esta selección natural de valores morales por parte del individuo solo en los últimos diez años incorpora la inclusión. Si bien numerosos estudios cualitativos indican que la mayoría de las personas en situación de discapacidad han podido insertarse en la educación básica, media y superior, la inclusión es aun paradigma irresoluto: el 80% de las personas en situación de discapacidad no ha podido insertarse en el mundo laboral, cesando la mayoría de estas personas en sus intentos debido al cierre sistemático de puertas. El problema paradójicamente es ético, pues sin desmedro de los avances sustantivos antes mencionados, ha sido abordado desde las carencias y no desde su potencial riqueza. El foco en la mayoría de los países de la OCDE está puesto en la “educación inclusiva”, pero no así en la inserción laboral inclusiva. Constituye un consenso el que la educación es hoy en día un proceso en el que existen singularidades considerando que cada individuo posee una naturaleza orgánica, social o cultural que debe necesariamente ser respetada para aprender de ella, pero ¿qué sucede después?. La exaltación de un modelo se manifiesta en la legislación de las naciones en cuanto “declaración”

El problema es ético Las personas en situación de discapacidad aun deben enfrentarse a un sinnúmero de obstáculos formales que no solo se limitan a barreras arquitectónicas

JU L I O

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R E V I STA OCC I DE N T E

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Revista Occidente N° 496 | Julio 2019