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SEPTIEMBRE 2011

Nº 4

ADIOS AL VERANO Este mes de septiembre despedimos al verano. Atrás se nos quedan tres meses en los que el trabajo en el hotel ha sido intenso; las fiestas de San Fermín, el Camino de Santiago, las murallas... son marcas con mucha fuerza desde el punto de vista turístico, en las que Pamplona ha sabido estar a la altura con una buena oferta en la que el binomio calidad-precio ha sido, y es, la clave del éxito. El Gran Hotel La Perla está en el borde del Camino de Santiago; está en el mismo centro geográfico, comercial, histórico y cultural de Pamplona; y, sobre, todo, llegado el mes de julio, está en el mismo centro de la fiesta sanferminera, ofreciendo a nuestros clientes todo un mundo de sensaciones y una estancia que les resulta ya difícil de olvidar. Decimos adiós al verano con la satisfacción de haber batido récords de satisfacción entre nuestros clientes, como así lo han evidenciado los diferentes rankings existentes en Internet. Vendemos Pamplona con calidad y con un buen servicio, y esto es algo que a nadie deja indiferente.

CONCIERTO EN HOMENAJE A DON PABLO SARASATE El mes de septiembre ha sido siempre en Pamplona un tiempo de obligado recuerdo hacia uno de sus paisanos más querido, y no sólo paisano, sino también Hijo Predilecto de la ciudad. Hablamos del violinista Pablo Sarasate, fallecido en Biarritz un 21 de septiembre de 1908, y que en su época estuvo conceptuado como el mejor violinista del mundo. Es sobradamente conocido que don Pablo, cada vez que llegaba a Pamplona, obsequiaba a sus paisanos con un concierto desde el balcón de su habitación en el Gran Hotel La Perla. Retomada esta costumbre en el año 2007, el próximo 24 de septiembre, a las 20’30, se ofrecerá un nuevo concierto de violín desde el balcón de Sarasate.


HOTEL CON HISTORIA EN UN SOLAR CON HISTORIA

SOBRE EL CASTILLO DE LUIS EL HUTÍN Estamos acostumbrados a ver el Gran Hotel La Perla en su emplazamiento de siempre, en una de las esquinas de la céntrica Plaza del Castillo, en el corazón de Pamplona. Sabemos que allí, en ese rincón, ha forjado desde su apertura en 1881 una historia rica de la que ahora nos sentimos orgullosos; una historia que distingue, y que nos hace distintos. Pero… si La Perla puede presumir y presume de historia, justo es reconocer que de alguna manera estaba ya, por ubicación, predestinado a ello; no en vano sus más de 131 años de historia están cimentados sobre un solar impregnado de patrimonio en cada uno de sus estratos; sobre un solar que durante las obras de reforma acometidas por el hotel en los años 2005, 2006 y 2007, se nos reveló como la parte más septentrional de un cementerio musulmán que ocupaba buena parte de la actual plaza; sobre un solar que soportó

siglos atrás la existencia de un castillo que militarmente protegía a la vieja ciudad de Pamplona. Y cuando nos referimos a aquél castillo hablamos de una Pamplona, la del siglo XIV, dividida en burgos o pequeñas ciudades, habitados por gentes variadas, tanto en oficios como en origen. Y nos referimos también a un rey en concreto, a Luis el Hutín (Luis I de Navarra, y X de Francia), hijo primogénito de Felipe el Hermoso y de Juana de Navarra, que nació en París en 1289, siendo coronado rey de Navarra en Pamplona en el año 1307. En 1315 la ciudad francesa de Reims acogió también los actos de su coronación como rey de Francia. En plena juventud murió envenenado en el bosque de Vincennes durante la noche del 4 al 5 de junio de 1316. Es en 1308 cuando el rey Luis el Hutín decide llevar a cabo el proyecto de levantar un nuevo castillo en Pamplona. Como emplazamiento de este nuevo castillo se eligieron los terrenos que se encontraban entre la Población de San


Nicolás y las ruinas de la ciudad de la Navarrería, que en la actualidad corresponden al tercio oriental de la Plaza del Castillo, área en la que se ubica el Gran Hotel La Perla. Y para su construcción se aprovecharon numerosas piedras procedentes de las ruinas de la Navarrería, aunque la mayor parte del material se trajo de las canteras de Ezkaba; dicen las crónicas que el acarreo de aquellas piedras dañó algunas viñas que tuvo que pagar el monarca Felipe “el Luengo” (hermano de Luis el Hutín).

El privilegio de 1321 del rey Carlos II para la reedificación de la Navarrería sirve para precisar la localización de esta fortaleza; al establecer que el mercado debería tener lugar en la plaza que existía delante de su puerta. En el mismo documento se habla de la Plaza del Castillo como la que “está situada entre el castillo y el muro de la población de San Nicolás”. Florencio Idoate lo sitúa entre la actual Chapitela y la calle Estafeta. Según el historiador y archivero Juan José Martinena seguiría los modelos franceses y respondería a la tipología de castillo gótico urbano de planta cuadrangular con torres en los ángulos. Contaba con tres puertas; una daba hacia el convento de los Predicadores, otra frente a la iglesia de San Tirso, situada en la actual calle Estafeta, y la puerta principal que posiblemente daba al Chapitel, sirviendo la Plaza del Castillo como plaza de armas. De hecho, la calle

Estafeta aparece como la trasera del castillo, conociéndosele en aquella época a esta calle como “la Zaga del Castillo”. Al reconstruirse la Navarrería el castillo pierde su valor estratégico, quedando a retaguardia y con poca utilidad militar, alejado de la línea exterior de murallas. A raíz de la conquista de Pamplona por el Duque de Alba en 1512, y siguiendo las indicaciones de Fernando el Católico, comenzaron la construcción de un nuevo castillo. En 1513 una parte de la vieja fortaleza se habilitó como cárcel, y el resto comenzó a ser demolido aprovechando su piedra en la construcción del nuevo castillo; pero una parte de la fortaleza de Luis el Hutín se mantuvo en pie hasta 1539. Por su ubicación era previsible la presencia en el solar del Hotel La Perla de estratos de época medieval en relación con el castillo o con estructuras anexas. En el proceso de intervención arqueológica, previa a la reforma del edificio iniciada en el año 2005, derivado de la campaña de sondeos, en los estratos medievales se documentaron pavimentos y materiales fechados entre los siglos XIIIXIV, un periodo que coincide con la implantación en esta área del Castillo de Luis el Hutín. A esto hay que añadir los restos documentados de lienzo de muralla en la calle Chapitela sobre los que se apoyan algunos de los edificios. Datos de la intervención realizada con motivo de la primera fase de la reurbanización del Casco Antiguo de Pamplona señalan la localización de otro tramo del lienzo de una muralla y de un torreón circular vinculado a dicho castillo en la actual calle Chapitela, junto al establecimiento hotelero. La escasa distancia que separa el hotel de este hallazgo y de los documentados en la Plaza del Castillo nos lleva a establecer las pertinentes relaciones entre este solar y el que ocupó el viejo castillo del rey Luis el Hutín.

RINCÓN DE LA SAL Curiosamente tras la retirada de las piedras de aquél castillo, y a pesar de que durante los siglos posteriores la zona se reurbanizó con la consolidación de las calles Chapitela y Estafeta, y también de la Plaza del Castillo, se da la circunstancia de que buena parte del solar que ahora ocupa el edificio del hotel se mantuvo intacto, sin edificarse, dando la imagen de una


pequeña plazuela situada en uno de los rincones de la Plaza del Castillo. Esa plazuela es lo que los pamploneses denominaron popularmente “Plazuela de la Sal”, o más comúnmente “Rincón de la Sal”, por ser en ese espacio en donde el Ayuntamiento de la ciudad había dispuesto a través de sus Ordenanzas municipales que se almacenase la sal y se procediese a su comercialización. Haría falta trasladarse por un momento, en un alarde de imaginación, hasta aquella sociedad de los siglos XVIII y XIX para entender la importancia que, en todos los órdenes de la vida, tenía un producto tan simple como la sal. La susodicha plazuela tenía su prolongación con una calleja, también llamada “de la Sal” que discurría paralela, y discurre todavía (hoy como patio interior), entre las calles Chapitela y Estafeta. Es por ello que hoy, en pleno siglo XXI, ocupando físicamente ese mismo espacio en el que un día el rey Luis I de Navarra, el Hutín, mandó erigir aquella fortaleza…; y ocupando también ese mismo espacio en el que generaciones de pamploneses comercializaron con la sal…; en ese mismo espacio… ha querido el Hotel La Perla que los dos salones que ocupan su sótano lleven, a modo de homenaje, los nombres de “Luis el Hutín” y “Rincón de la Sal”. No son nombres comerciales probablemente, pero la necesidad de echar las anclas allá donde estaban las raíces, como la necesidad de sentir que La Perla rezuma historia por todos sus poros, se tradujo en este homenaje permanente a la “prehistoria” del hotel.

ESCUDO DE ARMAS EN LA FACHADA DE ESTAFETA El Gran Hotel La Perla tiene tres fachadas: a la Plaza del Castillo, a la calle Chapitela, y a la calle Estafeta. Realmente cuando se levantó este edificio a mediados del siglo XIX lo que realmente se construyó fue la parte de edificio que se ve desde la Plaza del Castillo, fusionándolo entonces al ya existente en la calle Estafeta; haciendo de dos fincas, una sola.

Del primitivo edificio de Estafeta, que se correspondería con los números 24 y 26 de esa calle, hay un elemento cuya presencia en ese emplazamiento supera, con seguridad, los 200 años. Se trata del escudo de armas, en piedra, que se conserva en la entreplanta. Tanto este escudo de piedra como las fachadas de la Plaza del Castillo y de la calle Chapitela son elementos arquitectónicos protegidos por ley.

El escudo, tocado con yelmo que mira hacia la izquierda, exhibe dentro de un espacio ovalado, dos animales indefinidos, aparentemente un cánido y un león; todo ello rodeado de decoraciones vegetales. Es una piedra armera de claro estilo neoclásico. Estas armas corresponden a los Larroder, cuya ejecutoria de hidalguía fue obtenida en 1782 por Pedro José de Larroder y Pauca, como originario del castillo y casa fuerte de Araux, en el Bearne. Esta rama familiar llega a Pamplona a través de Francisca Ramona de Larroder y de su marido Juan Pedro Daguerre e Ibarrondo, comerciante de origen francés que obtuvo sentencia de hidalguía en 1807 como descendiente de la casa Daguerre de San Martín, en Francia. Hijos de este matrimonio fueron Juan Pedro, Pedro Antonio, María Dolores, Julián María, Anselmo, Respecio María, e Hilarión María Daguerre Larroder.

Nº 4 - SEPTIEMBRE 2011  
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