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Negar la Realidad!

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emos expresado anteriormente que la situación de nuestra facultad es muy crítica. Nuestra Casa ha resignado gran parte de la matricula estudiantil y del plantel docente y no docente. Registra el mayor retroceso en infraestructura edilicia y equipamiento de toda la UNLP. Y se mantiene sumida en un profundo encierro, ausente de ámbitos y foros que naturalmente debería ocupar. Sólo parece estar atenta para escudarse y resistir cualquier opinión disonante o intento de cambio. Pero el análisis debe ir más allá del diagnostico global. Y para ello es necesario profundizar en algunos datos de la realidad académica que sin duda explican en gran medida porque estamos como estamos. La modificación de los planes de estudio ha impactado sensiblemente en el perfil profesional de los egresados. Desde 2004, la formación académica es muy diferente de la que conocíamos. Es tan distinta que prácticamente podría ser considerada otra profesión, totalmente alejada y desvinculada del sector productivo, si se la compara con la de un graduado formado 10 o 15 años antes. Paralelamente con la reducción de la matricula y el achicamiento de la facultad en todo sentido, se ha venido produciendo un profundo cambio académico con directa repercusión en la formación de los alumnos. El marcado perfil social que se le ha dado a la currícula en detrimento de la formación agronómica hizo que varias columnas fundamentales de nuestra carrera hayan sido virtualmente desmanteladas. Terapéutica Vegetal es una materia trimestral que en sólo 60 horas debe impartir el criterio y los conocimientos básicos al futuro profesional que va a prescribir una receta agronómica. En este sentido, cabría preguntarse si hay una mejor base para promover el uso racional de agroquímicos que una sólida formación en terapéutica vegetal. Otras materias aplicadas no menos importantes como Fruticultura y Dasonomía se dictan en solo dos meses. Horticultura y Floricultura ha quedado reducida a sólo 90 horas con lo que ello representa en el contexto del cinturón hortícola más importante del país. Este hecho sea posiblemente el más paradigmático de lo que representa cerrar la puerta al sector productivo y anular cualquier posibilidad de encontrar un nicho académico frente a la atomización y dispersión de la oferta de carreras de agronomía. Esta situación se da del mismo modo en ambas carreras y es absolutamente comprobable con la simple observación de los planes de estudio, al igual que el incremento de la carga horaria dedicada a materias sociales y agroecológicas. Sin embargo y más allá de la propia formalidad del plan de estudio vigente no puede soslayarse el estatus quo instaurado en nuestras aulas. El paradigma social y ambientalista impuesto en el plano académico, es sostenido sobre la base de la negación y el cuestionamiento infundado a tecnologías como la Siembra Directa que alegre y gratuitamente relacionan con la mega-producción, los terratenientes y la oligarquía sojera entre otros. La conducta de la negación ha llevado la situación a niveles insospechadamente ridículos como el reemplazo del término “agroquímico” por el de “agrotóxico” muy difundido últimamente por los medios de comunicación. Igual que la gota que talla la piedra, la continuidad en el tiempo de estas políticas van generando cambios prácticamente imperceptibles para los que conviven diariamente o están mas cerca de la facultad. Sin embargo resultan muy profundos y estructurales a la hora de analizarlos en el contexto de la situación actual del sector y del país. Creemos que la realidad nos convoca, y lo sentimos así desde el convencimiento de que esta situación es el resultado de un camino elegido, es en gran medida el logro de un modelo de facultad que no compartimos y que pretendemos cambiar para ponerla nuevamente al servicio de la producción y la agroindustria que dan sustento a las economías regionales, llevando trabajo y dignidad a los pueblos del interior.

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