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MOVILIDAD INTERNACIONAL: UN DESAFÍO CONJUNTO En mayo, El Mercurio (en la prensa se) publicaba un artículo que indicaba que los intercambios estudiantiles se masificaban entre los universitarios. Este incremento y creciente interés responde a que la dimensión internacional de la experiencia académica es hoy ineludible para las instituciones de educación. Autoridades y alumnado reconocen que implica apertura mental, exposición a la multiculturalidad, y un enorme crecimiento personal. En la Unión Europea no hay duda: los programas de intercambio (Erasmus, que reúne a treinta países y 2.000 universidades) han reforzado la integración e incluso algunos sostienen que dio soporte a dicha alianza de países. El programa Erasmus recibió el Premio Príncipe de Asturias 2004 por considerarse uno de los más importantes proyectos de cooperación internacional en la historia de la Humanidad (Reding, 2004, p. 3). Esto representa una voluntad general para que la movilidad sea algo transversal y masivo. De hecho, los Ministros de educación superior de la UE establecieron el objetivo de que hacia el año 2020 al menos el 20% de los estudiantes de educación superior tengan una experiencia de movilidad. En Sudamérica la situación dista mucho de ese escenario. Mientras en 2007, 3 millones de estudiantes internacionales participaban en programas de movilidad en todo el mundo, un 6,3% era de América del Sur. Aunque no hay datos exactos de cuántos alumnos salen de intercambio desde Chile, imponernos una meta implicaría tener una política que asuma los desafíos de la movilidad. Algunos puntos importantes a considerar para ello son: Un gran obstáculo de los países en desarrollo es la falta de recursos económicos para financiar los estudios en el extranjero, que aunque no deben considerar el pago de arancel en la universidad de destino, implica abordar los costos de traslados, alojamiento y alimentación entre otros. Si se considera que en muchas familias hay más de un hijo, esta posibilidad se vuelve inalcanzable. Respecto del punto anterior, se desprende que faltan programas específicos de estímulo a la movilidad, tanto desde las universidades, como de las empresas y el Estado. Hay falta de asociatividad en torno a un tema que se vuelve cada vez más relevante. En Europa existen Erasmus y otros mecanismos, en Iberoamérica hasta ahora los estímulos son bastante acotados, aunque en los últimos años el claro interés del grupo Santander por entregar becas de intercambio ha contribuido a asentar estos procesos como visión de sociedad. Otra forma de viabilizar los intercambios, muchas veces limitados por los recursos, es potenciar destinos en Latinoamérica, que siempre son más abordables e igualmente aportan a la visión global y más aún, a la integración regional.


La falta de flexibilidad curricular muchas veces atenta contra la realización de intercambios, por lo tanto es crítico promover una política de reconocimiento de los créditos realizados en universidades extranjeras. La Universidad UNIACC define con el estudiante las asignaturas a cursar para agilizar el proceso de reconocimiento a su regreso. Demás está decir que en Europa el proceso de Bolonia implicará que los créditos tendrán equivalencia entre todas las universidades europeas. El dominio de idiomas muchas veces es una limitante para quienes aspiran a salir de intercambio a un país en que el español no sea la lengua oficial. Por ello, se justifica una política nacional, pero también desde las universidades para promover el uso del inglés y otros idiomas. Los intercambios a veces son programas rígidos que obligan a permanecer un semestre en el extranjero y por lo tanto implican una preparación y costos importantes. Es por ello que innovar para permitir la movilidad es fundamental. Finalmente, como país es importante desarrollar estrategias para atraer estudiantes extranjeros. En el año 2000, en los países de la OCDE, 1 de cada 10 estudiantes era estudiante internacional, mientras que en países como Brasil, Chile, Argentina y México los estudiantes extranjeros constituían menos del 1% del total de estudiantes de educación superior (Holm-Nielsen, Thorn, Brunner, Balán, 2005).Esto porque mas allá de poder disfrutar de una experiencia internacional, es posible que todos se beneficien con la presencia de estudiantes o docentes extranjeros en una comunidad universitaria, lo que también permite exposición cultural internacional. En Chile hay mucho por hacer y las universidades han tomado conciencia de ello. Firman convenios y amplían las perspectivas de sus alumnos. Sin embargo aún falta un compromiso nacional para que los profesionales de mañana tengan familiaridad con un mundo que será cada vez más global. Referencias Reding, V. (2004). Discurso Premio Príncipe de Asturias. Extraído el 21 de julio de 2010 de http://www.fpa.es/premios/2004/programa-erasmus-de-la-unioneuropea/speech/. Holm-Nielsen, L.B., Thorn K., Brunner J. J., Balán J., (2005). Regional and International Challenges to Higher Education in Latin America”. En H. I. De Wit, C. Jaramillo, J. Gacel-Avila y J. Knight (Eds.). Higher Education in Latin America The International Dimension

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