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el Lado Oscuro de Internet

J. Llop


“Si tienes que decir la verdad a los demás, hazles reír o de lo contrario te matarán.” (Oscar Wilde)


1 - the Ring A Jose María le gustaba considerarse un madurito interesante. Alguien que ha dejado atrás la belleza de la juventud, pero también la ingenuidad y la confusión de las etapas más pasionales y caóticas de la vida. En su tiempo libre había descubierto un nuevo hobby gracias a las nuevas tecnologías y gustaba de gastar su tiempo en un blog de crítica de arte y un perfil en una de las grandes redes sociales donde se juntaba la gran masa de gente en estos tiempos modernos a los que uno debía amoldarse. Ahora se encontraba en su casa delante de la pantalla del ordenador haciendo un repaso de los comentarios que habían escrito tras su última crítica. [… con una voz dulce y aterciopelada, este nuevo cantante seguro que nos deparará muchas sorpresas…] [Me gusta – 47] [Comentarios – 3] [Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Estoy seguro de que llegará muy lejos.] [Me gusta mucho tu crítica. Reflejas muy bien tanto a la persona como al artista.] [Oye, eres un madurito muy guapo. Me gustaría poder conocerte algún día.] Aunque él no lo admitiría para sí, aquellos comentarios eran lo que le daba la vida. Gente a la que no conocía, pero que igualmente le devolvían su aprobación y que de una manera más ficticea que real conformaban su propio universo mental dentro de las cuatro paredes de su habitación. El blog iba muy bien y cada vez tenía más seguidores. Empezó a imaginarse qué ocurriría si aquello crecía, si cada vez más gente leía sus comentarios mordaces sobre música, cine y literatura. En algún momento aquello pasaría de la pantalla y se haría real. Caminaría por la calle y de pronto alguien susurraría a otro: “¿No es aquel el crítico de arte tan conocido de internet?” Jose María dejó de imaginar, pues un ente oscuro surgió de pronto a través de la pantalla del ordenador y lo abdujo tras él. En la habitación quedó tan sólo una luz reflejada sobre su silla vacía.


2 – Sex in the Darkroom Pedro era un hombre como otro cualquiera. Era bastante atractivo, con buenos atributos físicos, una conversación interesante y mucha testosterona. Le gustaba pasear por los bares gays de la ciudad, concretamente por el “Q3”, un nuevo local de moda que estaba despuntando entre los demás locales de osos. Aquella era una noche como otra cualquiera, en la que el único motor que lo sincronizaba todo era el simple deseo sexual. Entró en el local y pidió una cerveza. Ser gay en una ciudad se parece mucho a ser el protagonista de un cuento sin final feliz. Primero uno lucha contra sus propios demonios para aceptarse. Más tarde quizás se enfrenta también a los demonios de los demás. Luego descubre un refugio en apariencia que se revela como una burda trampa para tontos. Sólo para descubrir que debajo de los adoquines había arena de playa, y que detrás del hombre civilizado se ocultaba un animal salvaje agazapado, esperando. Alguien llevaba un buen rato observándole al final de la barra. Después de un par de miradas se perdió en las profundidades del local, y Pedro decidió seguirlo. Llegó junto a la puerta de un pequeño cuarto oscuro. Alrededor esperaban impacientes hombres que durante el día giraban sus vidas en torno a la razón y que en aquel lugar podían dar rienda suelta a sus más oscuras pasiones. Gente que se negarían a sí mismos aquella parte de su propia naturaleza frente a cualquier evidencia de lo contrario. Entró en el cuarto oscuro y utilizó su móvil de última generación para iluminar aquel cuarto con una luz verdosa. En una esquina esperaba aquel hombre que le había estaba observando desde que entró en el local. Era bajito, pelirrojo y tenía una sonrisa de medio lado que parecía ser la única invitación que uno necesitaba. Aquello fue un asalto a mano armada. Le aplastó contra la pared y sin ningún tipo de juego previo le desató el cinturón y le bajó los pantalones. Tenía un buen culo y notó como de golpe la sangre empezaba a acumularse de manera predominante en la mitad inferior de su cuerpo. Un poco de saliva y aquello entró de golpe. El tipo gimió pero no era un gemido de queja si no de placer. El resto fue un proceso de simple física y química, de mecánica y de fluidos, que terminó con dos cuerpos exhaustos en la oscuridad. Dos desconocidos que durante un momento habían compartido algo quizás demasiado íntimo. Ser gay en una ciudad es como ser el protagonista de un cuento sin final feliz. ¡Pero demonios!, me gustan los finales felices.


3 – the Walking Dead Si pudiese, Pedro se habría encendido un cigarro después de aquel encuentro, pero ni él fumaba, ni se podía fumar dentro de aquellos locales. Paseó con la mirada perdida en aquel bar pensando en tomarse la cerveza del 2x1 cuando de pronto un viejo amigo del ambiente le saludó. -

Hola, Pedro.

-

¡Hombre, Jorge! ¡Cuánto tiempo! Pensé que ya no salías por estos sitios. ¿Puedo sentarme?

-

Claro.

-

¿Y qué te trae por aquí? Espera que me pido una cerveza. ¿Has cambiado tu forma de ver estos lugares o te traen asuntos más oscuros como de costumbre?

-

Sigo pensando igual. Ya sabes el tipo de personas que puedes encontrar por aquí. Adictos al sexo que te van a valorar sólo en función de tu cuerpo, tóxicodependientes cuyo único propósito en la vida es malgastar su tiempo con el alcohol y la cocaína, perdidos que no saben lo que buscan, pero que piensan erróneamente que lo van a encontrar saliendo por aquí, vampiros del dinero ajeno que montan sus negocios sobre los instintos más primarios de la gente con el único fin de vaciarles los bolsillos, y ególatras sin autoestima que juegan a subir en el escalafón de la sociedad gay, sin darse cuenta de que cuando salen de aquí son las mismas mediocres personas de siempre.

-

Aha, pues a mí me gusta el sexo y no creo ser un tipo superficial por ello.

-

Todo termina corrompiéndose.

-

¿Te he dicho alguna vez que lo que más aprecio de ti es tu optimismo?

-

No.

-

Déjalo, trataba de ser irónico.

-

Ah.

-

¿Entonces? ¿Por qué has venido?

-

Quería probar mi última creación y este es el lugar adecuado para ello.

Jorge le mostró unas gafas oscuras a Pedro y este las cogió para examinarlas. -

¿Qué son?

-

Unas gafas de “visión verdadera”. Sirven para rasgar el velo de la realidad aparente.

-

¿Qué tal me quedan?

-

No juegues con eso.

¿Qué podría pasar? El local estaba lleno de gente friki. Paré la vista en una pareja cualquiera. Un tipo pretenciosamente masculino en una pose demasiado exagerada para ser


natural y junto a él un travesti con altos tacones y larga melena rubia. Ambos eran conocidos en el ambiente y se envanecían de su talento para atraer a las demás personas. Me coloqué las gafas. -

¡Wow! Esto es peor que los “walking dead”.

La pareja se había transformado en un par de zombies bajo las oscuras lentes. -

Ya te dije que no es un juguete.

-

Deja, deja.

Ahora decidí probar con un trío formado por tres chulos. Un cachas bastante atractivo que en realidad era el dueño de aquel local, un osete grandote que dejaba entrever un buen paquete en su entrepierna y un chaval joven y guapillo con un culo que marcaba contra el pantalón. Me coloqué las gafas. El dueño del local se había convertido en un Lord Oscuro con un par de sabuesos del infierno a los que mantenía atados por unas correas de cuero. -

¿Y esos?

-

En todo grupo siempre hay gente que lidera. Sin embargo, el liderazgo no es más que otra forma de esclavitud. Es una paradoja. El seductor seduce sólo aquello por lo que antes ha sido seducido. Deberías devolvérmelas.

-

Quita, quita.

Volví a colocarme las gafas. Alguien pasó por delante de mí. Tenía los ojos saltones y mechones dispersos de pelo, y caminaba encorvado buscando algo ávidamente. Me saludó. Al quitarme las gafas me sorprendí al reconocer a aquel hombre con el que había estado momentos antes en el cuarto oscuro. Traté de sonreír en una expresión que pareciera mínimamente sincera y le devolví el saludo. -

Toma. Creo que prefiero seguir siendo feliz en mi autoengaño.

-

No tengo ningún motivo para oponerme.

Sonó el móvil de Pedro. -

Vaya. Parece que se terminó la diversión. Dime, Morfeo.

-

[Pedro. Escucha. Es urgente. Tengo un trabajo para los tres que requiere de máxima prioridad. Están sucediendo misteriosas desapariciones de índole paranormal. Todas relacionadas de alguna manera con internet. Debéis encontrar la raíz de mal y combatirlo. Pero antes, pásate por el oráculo lésbico.]

-

No, el oráculo lésbico no.

-

[Sí, el oráculo lésbico sí. Es necesario.]

-

Aha. Sí. Ok. Vale. Hasta luego.

-

¿Tenemos trabajo?

-

Eso parece.

-

Investigaré a ver qué puedo averiguar.


-

Yo iré a ver a las gemelas antes. Luego buscaré a Javi y me reuniré contigo.

-

Bien. Por cierto, la salida es por aquí.

-

<He he>


4 – Lesbos’ Oracle El neón del Lesbos’ Oracle brillaba en la noche como una trampa para polillas. A veces, uno debía enfrentarse a la adversidad para… -

Sí, eh, voz en off, déjame a mí. Puto bar de bolleras. ¿Qué se me habrá perdido a mí aquí?

Pedro entró en aquel bar lleno de mujeres amantes de mujeres. Se colocó de espaldas a la barra y pidió una cerveza a una camarera de rizos pelirrojos. -

¡Pedro!

-

Hola, Raquel. Cuánto tiempo.

-

Hacía mucho que no te pasabas por aquí. ¿Qué quieres? ¿Una cerveza? ¿Cuándo fue la última vez?

-

El 26 de noviembre del año pasado.

-

Vaya, pensé que lo habías olvidado. Aquella noche habías bebido mucho. Hicimos muchas tonterías.

-

Sí. Eres la peor lesbiana que conozco.

-

Y tú el gay más idiota qué ha pisado este local. Pero sé que no vienes a verme a mí. ¿Ha qué has venido entonces? ¿Quieres algo de material? Tengo buena calidad.

-

No, deja. Hace tiempo que no lo pruebo. He venido a ver a las gemelas.

-

Están abajo. Como siempre.

-

Bien. Creo que antes puedo terminarme esta cerveza contigo.

Un rato más tarde bajaba a las profundidades de aquel local que era una mezcla de bar, almacén de contrabando y consultorio pseudo-sentimental. -

Pasa. Pedro. Siéntate.

-

Sabemos a qué has venido.

-

No esperaba menos de vosotras.

No era la primera vez que me encontraba con las gemelas, pero siempre me había sentido incómodo en su presencia. Y esta vez no fue diferente. -

Veamos qué dice el Oráculo –dijeron ambas a la vez.

Y esta era la peor parte. Cuando empezaban a fumar porros con vetetúasaberquéporquería y se pasaban el humo con un húmedo beso de tornillo con lengua. -

¿Esta parte es realmente necesaria?

-

Vemos tu futuro…


-

… encontrarás a un enemigo al que habrás de derrotar…

-

… alguien muy cercano, pero al mismo tiempo desconocido…

-

… escucha atento, porque para vencerle…

-

… habrás de mirar a tus propios pies.

Y las dos chicas quedaron en silencio. -

¿Y ya está?

-

Sí, ya está.

-

Es todo.

-

Oye, pues muchas gracias, chicas.

-

De nada…

-

… son 50 €.

Puto dinero. Daba igual para qué, siempre estaba detrás de todo. Me despedí y salí del local. Tenía el presentimiento de que aquel trabajo no iba a resultar sencillo. ¿Por qué no me habría dedicado simplemente a pintar cuadros? Atrás quedó Raquel que le siguió con la mirada mientras se marchaba. Y suspiró.


5 – the Mask and the Shadow Los ojos de Javi pasaban por las imágenes de un montón de cuerpos de hombres. No siempre el todo era mayor que las partes. La pantalla del ordenador se paró en una imagen concreta. Un hombre gordito sonriente que sostenía un gran miembro entre sus piernas y parecía invitar a cualquier tipo de juego con él o al menos con alguna parte suya. Javi desabrochó la cremallera de su pantalón que estaba empezando a soportar más tensión de la habitual y con una manó empezó a… -

¡Javi, hijo! Ha venido uno de esos amigos raros que tienes. Le he dicho que suba a verte. Luego iré para ver si queréis que os haga algo de merendar.

Y Javi volvió a guardar aquella tensión sexual no resuelta bajo la ropa y cambió la imagen de la pantalla por algún dibujo animado. -

Vamos, kung-fu-panda. Tenemos trabajo por hacer. Vístete que nos vamos a ver al señor-oscuro para convertirnos en los tres-ositos-terribles.

Pedro iba vestido con una amplia gabardina de cuero negro y unas oscuras gafas que le tapaban los ojos. A ambos lados llevaba sendas pistolas de gran calibre. Javi empezó a ponerse su kimono blanco con un cinturón y una cinta para el pelo de color rojizo cuando el móvil de Pedro empezó a emitir una intensa luz verdosa. -

Morfeo…

Y ambos se fundieron en una luz verde y desaparecieron de aquella habitación justo cuando un ente oscuro trataba de salir por la pantalla del ordenador, apareciendo a su vez en una lúgubre estancia. -

Bienvenidos a mi humilde morada. Os aconsejo que no toquéis nada. Lo que aquí domita no es humano.

Aquel era el rincón secreto de Jorge. Una gran biblioteca llena de tomos de antigua sabiduría y objetos cuyo conocimiento se había perdido a lo largo del tiempo. Este iba vestido con una túnica oscura con filigranas de azul celeste que apenas dejaban entrever sus ojos marcados por el dolor y las malas experiencias. -

He estado investigando en mis libros y he encontrado algo.

-

Oye, ¿y no podías simplemente usar internet como todo hijo de vecino?

-

Yo no uso internet. Los útiles estériles te vuelven inútil. Es…

-

… una paradoja. Sí, ya lo pillo. Oye, y si no sales por el ambiente y no usas internet cómo haces para…

Pedro paró la vista en una figurilla con forma de demonio multifálico. -

… , esto, déjalo, creo que prefiero no saberlo. Cuéntanos qué has descubierto.

-

¿Conoces a Jung?

-

No, ¿quién es?


-

Es uno de los grandes. Hubo tres grandes del psicoanálisis: Freud, Adler y Jung. Freud se dedicó a investigar las neurosis provocadas por la represión de un impulso de vida unido al sexo, al que posteriormente opuso a un impulso de muerte. Adler centró sus estudios en el yo y su necesidad de controlar los objetos externos. Mientras que Jung giró todo su trabajo en el crecimiento interior de la psique.

-

Sigue.

-

Una parte importante de la teoría de Jung puede definirse como la oposición de la máscara y la sombra. La parte consciente del sí mismo denominada yo, adopta una personalidad para relacionarse con los demás y esta conforma la máscara que es la forma en que nos presentamos al mundo y que a menudo es confundida con el propio yo. La sombra es todo aquello de lo que carece la máscara. La parte de nosotros mismos que no queremos mostrar al mundo y que a menudo permanece oculta a nosotros mismos, pero que igualmente nos es propia. Es aquello que nos pertenece y que al caer sobre los demás detestamos en ellos.

-

Aha, ¿y eso qué tiene que ver con las desapariciones en internet?

-

Internet es un baluarte del ego. Allí todo el mundo se muestra de la forma en que consiga mayor aprobación ajena. Su mejor máscara. Pero toda máscara lleva implícita su sombra. Algo de una maldad inefable está despertando las sombras en internet contra sus propios dueños a un nivel más allá de lo psíquico. ¿Qué o quién? Eso lo ignoro.

-

Bien. Pues vayamos a averiguarlo. Si nos damos prisa puedo volver a tiempo para ver Juego de Tronos. Morfeo, introdúcenos en Matrix.

Una luz verde envolvió a los tres. Y desaparecieron.


6 – Némesis Entraron en el interior de internet, una dimensión física de lo virtual. Allí regían otras reglas. Y lo mejor es que había pocas reglas que limitaran nada. -

Vaya, si esto parece la peli de Tron. Esperaba algo más divertido, no sé, un poco de porno.

-

Tranquilo, que pronto habrá alguien que te de lo tuyo y lo de tu primo.

Un par de entes oscuros salieron de aquel lugar. Eran versiones difuminadas de Pedro y Javi. Sonreían maliciosamente al verse cara a cara con sus propios dueños. -

¿Y estos quienes son?

-

Son vuestras sombras. Era previsible encontrarlas aquí.

-

Eh, ¿y por qué tú no tienes una?

-

Yo me fundí con mi sombra hace muchos años. Fue parte de mi entrenamiento arcano.

-

Oh, estupendo.

Javi se lanzó contra su sombra usando el infalible golpe de la furia del león. Tan sólo para ser detenido por la férrea e inquebrantable defensa de su adversario. -

Esto. ¿Y cómo se derrota a estas cosas?

-

No hay nada escrito. Sólo algo es cierto. El propietario de su sombra es el único que puede combatir contra ella.

-

¡Basta de charla! Un poco de acción.

La sombra de Pedro lanzó una ráfaga de disparos con sus pistolas. Pedro consiguió esquivarlas una a una ralentizando el tiempo, pero aquello era sólo un despiste. La sombra saltó en el aire. Pedro hizo lo mismo. Se encontraron por un momento a medio camino, cara a cara, persona y sombra, en un forcejeo en igualdad de fuerzas pero con opuesto sentido. No podía haber un vencedor. Finalmente se separaron. -

¿No puedes hacerlo mejor?

No puede ser. Es igual de fuerte que yo. No hay forma de vencerle. … encontrarás a un enemigo al que habrás de derrotar… … alguien muy cercano, pero al mismo tiempo desconocido… … escucha atento, porque para vencerle… … habrás de mirar a tus propios pies. ¿Mis pies? Pedro agachó la cabeza y comenzó un bajo diálogo interior.


-

A veces soy tan sarcástico porque me frusta la realidad. Siempre intento ser perfecto en todo lo que hago y a menudo no lo consigo. Por eso vuelco mi decepción en los demás. Me gustaría cambiar esa parte de mí y deshacerme de ella. No es algo sencillo, pero lo reconozco.

Su sombra entrecerró los ojos mientras empezaba a desvanecerse. -

Muy inteligente. Pero tus autocríticas no siempre te salvarán el pellejo. No me has derrotado. Esto es sólo un hasta luego. Volveré cuando no lo esperes.

Y desapareció. -

¡Yuhu! ¡Viva el rollo bollo! ¡Sabía que lo conseguiría! Ahora debemos ayudar a Javi.

-

Creo que no será necesario.

-

<He he>

-

¿He he?

Javi estaba revolcándose con su sombra tratando de hacerse cosquillas el uno al otro. -

Parace que Javi se ha hecho amigo de su sombra.

-

Era previsible.

-

Eso me temo.

-

Bueno, pues pongámonos en marcha para encontrar qué o quién está detrás de todo esto. Y dile a tu amiguito que no se me acerque mucho.

-

No va a hacer falta. Parece que los problemas nos han encontrado a nosotros. Y no vienen solos.

De pronto se vieron rodeados en círculo por todas las sombras que habitaban aquel lugar. La parte oscura de todas las personas que usaban internet y que permanecían ignorantes de aquel lado suyo que de tanto oculto permanecía ajeno.


7 – the Dark Side Los cuatro se juntaron espalda contra espalda contra aquella multitud. -

¿No tienes algún truco bajo la manga que nos pueda servir en una situación así?

-

Algo puedo hacer, sí.

-

Pues ya estás tardando.

Jorge empezó a gesticular con las manos y a murmurar palabras en los lenguajes ignotos de la magia. Un halo de luz azulada envolvió a los cuatro creando un círculo de símbolos de protección para mantener alejadas a aquellas sombras. -

¿Era necesaria la postura?

-

Es lo más importante.

-

Bien, pues parece que funciona.

-

Sí, pero no contra eso.

Tras la multitud apareció un constructo metálico. Tenía la forma de una gran araña de ojos multifacetados. Los programas de rastreo que alimentaban los grandes motores de búsqueda en internet servían también como protección contras las intrusiones en aquel sistema. Traspasó el círculo protector. -

¡Mierda, el final boss!¿Y tienes algo contra eso?

-

No, y necesito mantener la concentración para rechazar a las sombras.

-

Estupendo, ¿y qué puedo hacer?

-

No sé, estos monstruos suelen tener un punto débil.

-

¿Cómo en los videojuegos?

-

¿Eh?

La sombra de Javi llamó la atención de su persona y este a su vez intentó llamar la atención de Pedro. -

Ahora no, Javi. Estamos tratando de pensar como derrotar al “malo final”. Pensar. Es un nuevo concepto para ti. No tengo tiempo de explicártelo. Trata de no molestar.

Javi torció el gesto. A menudo Pedro le trataba con cierto desdén y eso era algo que le molestaba sobremanera. -

Vamos a ver de qué estás hecho, bicho.

Pedro lanzó una ráfaga de disparos con sus pistolas directamente hacia los ojos del monstruo que rebotaron sin hacer ningún daño. A lo que el monstruo respondió con un chillido metálico que resonó a lo largo de todo el cyber-espacio. -

La jodimos.


La araña-robot se abalanzó contra él. Utilizó cuatro de sus patas en forma de grilletes para encadenar a su adversario de pies y manos al tiempo que con otra de sus patas en forma de afilado cuchillo le desgarraba la ropa dejándole desnudo. De su boca arácnida surgieron un par de artefactos: un dispositivo en forma de ventosa que se adhirió al generoso miembro y un gran consolador metálico que se iba acercando peligrosamente a su culo. -

¡Eh, no puedes sodomizarme! ¡Soy activo, sólo activo, 100% activo! ¿Me oyes, bicho? ¡Soy tan activo que si me descuidase me follaría a mí mismo!

-

Sí, eso dicen todos al principio… luego termina gustándoles.

Los ojos multifacetados del robot-araña se iluminaron de pronto convirtiéndose en un montón de pantallas que componían en forma de mosaico un mismo rostro. -

¡Tú!

Miles de imágenes pasaron raudas por la mente de Pedro. -

Sí, yo. El tipo en el que apenas te fijaste. Llevo mucho tiempo detrás tuya porque siempre me has molado. Y por fin conseguí enrollarme contigo en un cutre cuarto oscuro. Pero tú apenas lo recuerdas. Para ti fui solo uno más, un trozo de carne que usar como haces con todos. Creéis que podéis utilizar a las personas y luego deshaceros de ellos como si fueran juguetes rotos. Pero os equivocáis. Las personas tenemos sentimientos. Yo soy un tipo sensible y no merezco ser tratado así.

-

No te confundas. Sólo eres un puto psicópata, y pienso borrarte del facebook en cuanto salga de esta. ¿Por qué siempre atraeré a los tipos más raros?

-

Puede ser, pero ahora yo controlo internet, y mi venganza será recordada por siempre. Hahaha…

La risa metálica de aquel monstruo se fue apagando poco a poco igual que las pantallas que conformaban sus ojos. Pedro se quedó atónito. No comprendía nada. Un poco más lejos Javi sostenía en sus manos un enchufe. El punto débil de aquel enemigo terrible que le unía a la red y le daba energía para existir. Por un momento Javi lo sopesó. Todas las burlas de las que había sido víctima, todos los momentos de degradación, todo el desprecio por no llegar a ser como los demás. Pensó que uno podía estar en el bando de los buenos, pero quizás no fuera necesario terminar tan pronto con el mal. Volvió a conectar el enchufe. Los ojos del robot-araña volvieron a encenderse. -

¡Nooo… <Flop>

Un doloroso rato más tarde. -

Al final conseguimos vencer al mal que habitaba en internet, aunque nunca sabremos exactamente cómo. Lo que es cierto, es que puede volver en un futuro.

-

No importa. Cuando eso suceda, estaremos preparados. ¡Joder, qué dolor de culo!


Todos los títulos de la serie:

el Lado Oscuro de Internet

Pedro es un hombre despreocupado que vive su vida sin pensar demasiado en el futuro. Pronto tendrá que ocuparse de una inminente amenaza dentro de internet que le hará enfrentarse a su parte oscura y a las consecuencias de sus propios actos.

Corazón de León

Javi es un hombre cansado de los fracasos sentimentales. En las lejanas tierras de oriente su maestro le empujará a enfrentarse a los 5 grandes guerreros para ayudarle a comprender el verdadero valor de su propio corazón.

las Pruebas de la Torre de la Alta Hechicería

Jorge es un hombre en busca de sí mismo. No existen magos fuera de las Escuelas. Cuando un mago alcanza la madurez ha de probar su valía en la torre de la alta hechicería enfrentándose a demonios, fantasmas y dragones. Al final habrá de madurar y elegir el camino que seguir en la vida.


el Lado Oscuro de Internet