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Desde la tienda

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ien dicen que visitar a un pueblo sin ir a su mercado, es nunca haberlo conocido, pues precisamente en estos sitios, habita la esencia y labor humana de cada lugar: costumbres, tradiciones, artes, oficios, sabores, olores, navegan ‘en el mismo barco’. En ellos reside la cotidianeidad, el trabajo, el sudor de hombres y mujeres de todas edades; también cobra forma un retrato de vida. Por fortuna, en muchos rincones de nuestro México, todavía navegan estas cápsulas de tiempo perceptibles a la vista, gusto, tacto, olfato, oído. El Distrito Federal –pese a estar invadido por nuevas costumbres, gustos y actitudes– no es la excepción y del mismo modo preserva a estos sobrevivientes del pasado. Y es que, dentro de ellos hasta el reloj corre distinto; incluso se llegan a convertir en la segunda casa de quienes ofrecen los tan preciados productos. Por ello en Mi Negocio Abarrotero, emprendimos dos viajes –a dos mercados diferentes–, para traer algunos testimonios de locatarios abarroteros, que ofrecen insumos de diversos tipos, pero que al final son vendidos con la misma vehemencia.

EL MERCADO DE LA BOLA Su construcción está conformada por una explanada donde en temporadas –fiestas patrias, día de muertos, fin de año, día de la Candelaria, etc.– se ponen algunos puestos ambulantes que ofrecen artículos para festividades o tradiciones; al ingresar al edificio, hay un pasillo en forma de círculo, donde existen locales que comercializan ropa, papelería, reparadoras de electrodomésticos y hasta comida elaborada; en el centro hay una entrada al mercado principal –otra circunferencia– donde convergen comerciantes que venden todo tipo de productos: carne de res, puerco, pollo, pescados, mariscos, frutas, verduras, hierbas, semillas, chiles secos, conservas, moles, tortillas, mercancías tradicionales. Hay materias naturistas, antojitos (esquimos, cocteles, jugos, carnitas, barbacoa, para comer ahí o llevar a casa), cremerías, abarrotes ¡Y hasta chamanes! Llegar dentro, es arribar a un sinfín de sensaciones, enfatizadas por el gran domo que cubre la construcción y que al mismo tiempo, deja entrar la luz natural del día. Como el techado tiene forma de media bola, la gente

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Mi Negocio Septiembre Octubre 2014  

Revista especializada en el sector abarrotero, retail y canal mayorista