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n par de años atrás iniciaste tu andadura como Jorge Ilegal y Los Magníficos. ¿Qué valoración haces de este proyecto hasta el momento? Jorge: Ha sido como un salto al vacío. En su momento tuvimos que parar la anterior gira porque nuestro saxofonista se rompió un dedo y hubo que viajar tres veces a Latinoamérica para cerrar el capítulo de Ilegales, por lo que no tuvimos opción de desarrollar el proyecto de la manera que queríamos. A pesar de esos detalles todo ha sido muy positivo, presentamos nuestro primer disco que era una ruptura con el pasado y ahora hemos hecho un disco de rock puro. Una aventura que tiene un sorprendente segundo disco en el mercado, “El Guateque del Hombre Lobo”, un álbum alejado de su predecesor tanto en lo estético como en lo puramente formal, donde te acercas al twist y al rock, pero que sinceramente esperábamos para más adelante. Jorge: Teníamos los temas y queríamos darles una salida. Nos hemos vuelto realmente productivos, como ocurría en los años cincuenta y sesenta, tanto que ya se atisba una tercera entrega repleta de cortes muy diferentes. Había un montón de twist y rock que nos apetecía editar, un par de estilos que no tenían cabida en Ilegales. Dejas atrás los boleros y los joropos. ¿Cuál es el motivo de ésta evolución sonora? Jorge: A mí me parece que eso de repetirse es una falta total de respeto con el público. Es llamarle estúpido y venderle siempre el mismo disco. Es una bajeza. Nosotros no vamos a hacer eso, creo que haremos la mayor cantidad de álbumes distintos que podamos hacer. También por decirlo de algún modo se trata de un disco más contestatario e irreverente, casi punk de serie-b, respecto a la situación del mundo actual, que en cierta medida busca arrancar una sonrisa al público a través de sus letras. Jorge: Es un disco de punk de serie-b, claramente. Primero porque parte de una estética de homenaje a esos monstruos de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Creo que tenían un componente cómico que es fácilmente rastreable en gente como Boris Karloff o Paul Naschy. Además es un poco nostálgico, porque recupera soni-

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dos muy antiguos, pero a la vez advierte sobre los peligros de la nostalgia. Por otro lado es un trabajo que busca hacer que la gente sonría para despertar con más fuerzas en este mundo tan desagradable, donde todo es una estafa a nivel global. Esta es una de mis respuestas, pero tengo otras mucho más contundentes y violentas. En algunas situaciones la violencia es totalmente necesaria, miles de especies sobre la faz de la tierra han sobrevivido gracias a ella. La violencia bien dirigida es un capital de alto valor. El repertorio se nutre a partes iguales de seis composiciones propias y seis adaptaciones de clásicos. ¿A qué responde este hecho? Jorge: Esto lo he copiado del sistema americano, ellos hacían discos cincuenta por ciento versiones y originales. La fórmula era hacer canciones cortas y contundentes, canciones muy directas, muy bien construidas, en las que no hay hueco para irse por las ramas. ¿No te planteaste en ningún momento la posibilidad de hacer un disco que pudiera ser enteramente de composiciones propias, o por el contrario solamente de versiones? Jorge: Quería esa fórmula del cincuenta por cien, sinceramente. Si no creo que hubiera sido demasiado “ego-trip”, como ocurría en Ilegales. Allí se nos echaba en cara hacer muy pocas versiones. Por eso ahora las estamos haciendo pero bien hechas, pasando incluso cosas al castellano. No entiendo a los grupos que cantaban canciones en inglés, supongo que sus letras eran muy malas.

“Nuestro primer disco era una ruptura con el pasado y ahora hemos hecho un disco de rock puro”

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