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l Afán” es tu segundo disco, un trabajo que dicen es el de la confirmación. ¿Estás satisfecho con el resultado final del mismo? La verdad es que no he sentido esa presión que dicen llega siempre con el segundo trabajo, básicamente porque todo ha sido fruto de un proceso muy natural. Por otro lado, después de la reacción que están teniendo tanto el público como la prensa, hablando muy bien en todo momento de “El Afán”, no puedo estar más satisfecho con todo lo que está ocurriendo. Desde fuera sorprende el poco tiempo que ha pasado entre tu último Ep, “Dulus Dominicus”, y ésta nueva obra. Debo decir que hay una parte de mí que se arrepiente de haber sacado “Dulus Dominicus”, porque creo que esas canciones podrían haberse incluido en éste último trabajo. Me acuerdo que con ese Ep veníamos de hacer una gira GPS (Girando Por Salas) armada por el Ministerio de Cultura, que elegía a una serie de artistas a los que daban una subvención con la que podíamos hacer lo que quisiéramos: Grabar, pagar una cartelería o hacer una promoción. En ese momento ya tenía algunas canciones compuestas por lo que decidí sacar un Ep, de no haber salido lo de GPS seguro que éste trabajo hubiera sido más largo. Pero también es cierto que hay diferencia en el sonido de uno y otro, ya que “Dulus” lo grabé en Santo Domingo, siendo mezclado después por Manuel Cabezalí, a pesar de lo cual hay bastantes puntos en común entre ambos. “El Afán” es un trabajo que en primeras escuchas descoloca por su aparente desnudez y por no ser tan inmediato como su predecesor. Quizás sea un disco que no entre de primeras porque el anterior, “Un Domingo Cualquiera”, era un álbum muy directo y sencillo que tenía muchas guitarras eléctricas, cosa que aquí no ocurre. De entrada es algo que choca. Por otro lado, es cierto que hemos jugado mucho con la desnudez de las canciones y con el menos es más. Hay veces que cuando estás en una mesa de mezclas la solución para escuchar una

guitarra no es subir el volumen, sino bajarlo y eliminar ciertos elementos. También es muy llamativo el juego de baterías y ciertas programaciones electrónicas que has decidido incluir. Hay mucha gente que cree que eso son “loops” electrónicos, pero no es así. Todas las baterías fueron grabadas por nosotros, detrás de cada golpe hay una persona encargada de meter el ritmo lo que dota al disco de un sentido muy orgánico, de hecho hay algunas imperfecciones en el tempo. Lo que sí le da la sensación de ser un trabajo con toques electrónicos son los sintetizadores que aportan un sonido muy brillante. Recuerdo que cuando grabamos el concierto de Radio 3 con todo el grupo meses atrás tenía la sensación de que sonaba muy electrónico, pero en realidad éramos seis personas tocando en directo. Un disco muy heterodoxo, donde se tocan palos musicales muy diversos que van desde el pop a la electrónica, pasando por el folklore americano. ¿A qué responde éste hecho? Siempre digo que conforme va pasando el tiempo me siento cada vez más orgulloso de ser latinoamericano, aunque llevo un montón de años afincado en España. Quiero ir encontrando un vínculo con ciertos elementos musicales de allí para trazar mi camino. Canciones como “Me pierdo Contigo” o “Ay! Paciencia”, son un buen ejemplo de ello. La idea de alejarme del rock y el pop estaba pensada con la vista puesta en buscar algo que fuera visceral y potente, que tuviera peligro. Girando por España en distintos festivales no dejo de ver un montón de grupos que

"En España se empieza a ver el despertar de la gente, cada vez hay más protestas callejeras e inconformismo"

tienen dos guitarras eléctricas que no paran de dar por culo. Es algo que me encanta, pero creo que personalmente tengo otras cosas que aportar. Me flipa The New Raemon, pero no quiero subir al escenario a hacer el mismo espectáculo que él. Ya está Ramón para bordarlo. Yo pertenezco a la escena musical de Madrid pero soy el latino, eso lo llevo por bandera y estoy realmente orgulloso. En las letras predomina una triple vertiente temática: Amor/desamor, afán crítico y un espíritu relativamente hedonista. ¿Por qué decidiste decantarte por ésta dinámica? Después de terminar de grabar intenté ver el disco con perspectiva para analizarlo y me encontré con que se trataba de un álbum que se contradecía. La palabra “El Afán” define un anhelo vehemente que no podemos evitar, sea el que sea en cada caso. Es un poco lo que se refleja en las canciones. Aunque es curioso porque en la primera canción me pregunto “¿Cuál es el Afán?”, un pensamiento muy paranoico, digno de película de Woody Allen, donde parezco decir “para qué sirve hacer las cosas si todo va a acabar mal”. Y la última “Habitación” es una alegoría a estar feliz en un sitio concreto sin que te importe lo que pase fuera. Luego está “Bailando en las Orillas” que habla de la muerte, pero vista con la perspectiva de que hay que disfrutar todo lo bueno que depara la vida. Una de las cosas buenas que tiene el ser humano es que tiene consciencia de que su final es la muerte, pero aun así intentamos tirar para adelante. Sinceramente no sé si me he explicado muy bien. (Risas) Antes citabas “Ay! Paciencia”, una de las canciones más especiales y bonitas de tu último disco. Es una canción que me gusta mucho porque parece de otra época, además de que fue la última que hice para el disco. Nació cuando estaba todo ya grabado, por eso está hecha de una manera determinada con unos “loops” muy antiguos. Queríamos que fuera un tema visagra que separará el lado A del B. La toco en directo únicamente con mi guitarra acústica, porque tal y cómo está no la podemos hacer. 17

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