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Black Keys “El triunfo de la constancia y el abandono de la soledad” Nadie diría hace tres años que el dúo conformado por Dan Auerbach y Patrick Carney fuera capaz de llenar un recinto como el Palacio de los Deportes de Madrid. No porque se tratara de una banda sin experiencia (pues contaba por entonces con cinco discos a sus espaldas y pleno conocimiento de todo el circuito alternativo de los EEUU), ni tampoco porque se volcaran en un estilo radicalmente diferente al actual (aunque los sintetizadores han ido ganando terreno y se han afianzado los estribillos). Sin embargo, fue su sexto álbum, “Brother”, el que rompió esa dinámica en el 2010, siendo “El Camino” (2011) el que ha elevado al grupo a los altares del rock internacional, dotando al mismo de un amplio número de fieles por todo el mundo. Entre ellos, es fácil delimitar una clara línea que separa a los fans “alternativos” que disfrutan de su original síntesis de rock y blues sureño desde hace casi una década (los menos) y aquellos que los han descubierto tras los Grammy del 2011 y los han convertido en grupo de cabecera tras la escucha y el visionado de su exitoso videoclip “Lonely boy” (los más). Finalmente, tanto unos como otros (quizás más de los segundos) acabamos retirando tempranamente las entradas de su única cita en nuestro país (desafiando a la crisis de la industria y la subida del IVA) y acabamos citándonos en una de las primeras noches 12

gélidas de la capital española llenando el aforo del Palacio de los Deportes (18.000 personas). A la hora fijada, Patrick Carney y Dan Auerbach hicieron su aparición. Sencillos y con el traje (quizás no buscado) de estrellas de rock n’ roll, tomaron sus respectivos puestos a la batería y a la guitarra, viéndose auxiliados desde el fondo del escenario por John Wood a los teclados y Guss Seyffert al bajo. Conocedores de los gustos y composición del público (común al resto de plazas que van conquistando), diseñaron un setlist que debía dejar a todos contentos, así que volcaron el mismo en los grandes hits de sus dos últimos álbumes (los ya mencionados “Brother” y “El Camino”) e hicieron constantes guiños a sus anteriores trabajos a través de temas como “Same Old thing”, “Thickfreakness”, “Girl is on my mind” o “Your Touch”. Así mismo, el dúo mostró un perfecto dominio de los tiempos (aunque no del sonido, aspecto quizás más achacable a sus técnicos), iniciando el directo con “Howlin’ For You”, marcando el ecuador con “Gold on the ceiling” y “Little Black Submarines” (que encendieron a un público desigualmente animado hasta ese momento, pero que acabó coreando las letras y sacudiendo su cuerpo al ritmo de los endiablados cambios y riffs de guitarra de la banda norteamericana hasta el final) y dejando como colofón la locura desbordante que

Madrid, Palacio de los Deportes 28 de Noviembre de 2012 Por Rubén López Sánchez Foto de Alex García www.flickr.com/alexgarciafotografo www.solo-rock.com >> >>

generan los primeros acordes de “Lonely Boy”. Tras ello, el grupo abandonó el escenario y tras un largo reclamo por parte de los asistentes, la pareja de Ohio volvió sin la compañía del bajo y el teclado. El Palacio de los Deportes aplaudió el regreso de ambos y se sumió ahora en una atmósfera íntima y oscura, sólo rota por el afilado sonido de la guitarra de Auerbach, los contundentes golpes recibidos por la batería de Carney y unos asombrosos efectos de luz generados por dos enormes bolas de espejos que delimitaban la longitud de la pista central. En este corto, pero sentido regreso (“Everlasting Light” y “I Got Mine”), la banda decidió dejar claro que son un dúo moldeado por el trabajo en los ensayos, la defensa de sus temas en multitud de salas y la creación de un sonido propio y característico que rompe cinturas y penetra por debajo de la piel. Con estas dos canciones, la banda dio por concluido un concierto que aunque no sobrepasó la hora y media, si ofreció casi 20 temas y nos recomendó precaución (para volver a unir nuestros caminos en un futuro cercano), dejando en su salida el nombre de la banda grabado a fuego en un luminoso profundamente americano, que recordó a los asistentes que nada en esta banda es fruto de la casualidad, sino más bien del trabajo, la constancia y el saber hacer de dos artistas que han dejado de caminar en solitario.

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