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Tras la presentación del disco en la sala El Sol de Madrid, el 26 de Mayo de 1994, una discusión presuntamente motivada por asuntos económicos terminaba con la salida de Iñaki Conejero de la alineación básica de Los Problemas. Cuando Enrique viajaba un año después a Inglaterra para grabar “Dos Caras Distintas”, su último álbum con Los Secretos, el resto de músicos de su proyecto personal ya habían caído como fichas de dominó, siendo Begoña Larrañaga la única en permanecer a su lado. De esta forma, el camarote de los Hermanos Marx que una vez habían sido Los Problemas quedaba reducido a dúo. Por su parte, Los Secretos estaban a punto de iniciar una etapa particularmente agridulce. Salvo por su renqueante producción, “Dos Caras Distintas” es un disco valioso, mucho más elaborado que “Cambio De Planes”, y revela además una fructífera

participación de Enrique Urquijo, aliado definitivamente en las labores de composición con el teclista Jesús Redondo. Se trata, sin lugar a dudas, de un inspirado regreso a su trono como autor de canciones, y a la vez una nueva vuelta de tuerca a sus temas de siempre: la lucha de contrarios entre el deseo de cambio y la incapacidad de llevarlo a cabo, la inadaptación a la vida, el persistente acomodo en la tristeza. Entre otras, Enrique dejaría aquí para la posteridad un clásico instantáneo abrazado por el gran público (la esperanzadora “Pero A Tu Lado”) y un clásico todavía oculto: la perezosa y evocadora “Una tarde gris”. Con las musas recuperadas, el grupo disfrutaría de un renovado éxito de público, que a su vez iba a activar la inevitable e inmediata maniobra comercial del recopilatorio de “Grandes Éxitos” (1996), ésta vez justificado por la inclusión de la hasta entonces inédita “Agárrate A Mí

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María”, una escalofriante canción de Enrique dedicada a su hija recién nacida. La apretada agenda de lanzamientos, sumada a la larga gira de presentación de la nueva antología, no tardaría en repercutir negativamente en la situación personal de un Enrique Urquijo atascado entre sus adicciones y conflictos privados. Más necesitado de escape que nunca, la única solución posible pasaba por romper con Los Secretos y retomar la accidentada carrera de fondo con Los Problemas. Consecuencia: una separación extraoficial y regreso al estudio de grabación con una banda renovada. La decisión fue algo así como colocar un parche sobre una herida mal curada: retomar Los Problemas suponía un nuevo viaje al corazón de la noche, lejos del control familiar de su grupo de siempre. En consecuencia, el trabajo en estudio estuvo de nuevo presidido por el caos. Álvaro Urquijo no tardó en renunciar a sus iniciales labores de producción, abandonando la responsabilidad de redirigir el barco en un viejo conocido de los Secretos: Joaquín Torres. Si exceptuamos la participación de Jesús Redondo, el resto de instrumentistas se reclutaron entre solventes músicos de sesión, intentando evitar un descarrilamiento en toda regla; y, para colmo, Enrique no pasaba por uno de sus mejores momentos. Inexplicablemente, nada de ello se trasluce en el resultado final. Muy al

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