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M o n Tour y glamaoucro De la bici al Rolls en

Por Jesús Gómez Peña Fotos: T. de Wael e Subiendo La Turbie en la primera etapa del Tour.

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ace tiempo que el ciclismo y los coches conviven a gusto en Mónaco, el Principado del glamour y la ruleta, y también el mejor escaparate para exhibir la riqueza. A la entrada del famoso túnel del circuito de

fórmula 1 se alinean los concesionarios de Rolls Royce, Lamborghini y Bentley. No pone precios. Ya se suponen. Un par de calles más arriba, en la plaza del Casino, se ven ciclistas. Sentados en el Café de París o en el Planete Café. Les gusta ese sitio. Tampoco importa el precio. A ocho euros el cortado. Mónaco suena a Fernando Alonso, Schumacher o Senna. Pero de allí son vecinos casi todo el año O’Grady, Pozzatto, Gilbert, Steegmans, Hushovd, Renshaw o Cooke. Mónaco tiene imán. Cerca están el col de la Madone, el lugar donde Armstrong se reconstruyó tras el cáncer. Y el col de Eze, el de la París-Niza. Aquí, a las carreteras las llaman cornisas. “Corniche”. Porque circulan en capas por la roca que cae sobre el Mediterráneo. Incómodas por el tráfico, por ser estrechas y por sus cuestas. Pero atiborradas de bicicletas y ciclistas. De eso tiene la culpa el microclima que se esconde todo el año entre la roca y el Mediterráneo: Mónaco es una especie de invernadero. Claro que también hay otro motivo. Algo que el Principado no tiene: impuestos. Aquí debe de dar gusto ganar dinero. Tanto que está lleno de deportistas. Extranjeros. En el paseo junto al Forum Grimaldi están clavadas en bronce las huellas de Pelé, Ronaldo o Puskas. Por allí vive Sergei Bubka. Y entre el 4 y el 6 de julio, por allí rodaron Armstrong, Contador, Sastre y Cavendish. Mónaco a sus pies. Y eso que el mejor deportista local es Daniel Elena, copiloto de Sebastian Loeb en el Mundial de Rallys. Hay algo más. Lo subrayó el Príncipe Alberto:“Hemos sido campeones de mundo de petanca”. Cada uno a lo suyo. Y Mónaco tiene sus propios récords: la noche de parking cuesta 49 euros. El menú en una terraza “chic” no baja de 150. El amarre de un gran yate puede llegar a los 3.000 euros diarios. Alquilar un apartamento de 40 metros cuadrados en la segunda línea

de playa se eleva a 6.900 euros al mes. Hay un banco en cada esquina. Cada ciudadano monegasco posee una media de diez cuentas bancarias por cabeza... Así es esta esquina de la Costa Azul. Despilfarradora. Los ciclistas que la desconocían la vivieron con ojos de pez. Mirando a cada lado. Al Ferrari Testa Rosa. Al cantante Bono, el de U2, que de repente aparecía. A ese ambiente único capaz de generar la sensación de que en esa curva van a surgir de nuevo Cary Grant y Grace Kelly, como cuando rodaron allí “Atrapa a un ladrón”. De esa época viene todo. Grace se quedó en Mónaco, como princesa. Su boda, en 1956, la vieron 30 millones de europeos cuando en el continente no había tantas televisiones. Ahora sobran. En el Principado la riqueza salta a la vista. Exagera. Hasta el Tour se sumó a la fiesta. Los autobuses de los equipos se juntaron en una orilla del Puerto de Hércules. Desde allí se vio partir en un enorme yate al presidente de Itera, la compañía del gas ruso que patrocina al Katusha. Alguien lo aclaró en el muelle: “Bonito yate, eh. Pues ése lo usa para ir al otro, al que está a unas millas, al grande”. Un trasatlántico privado. Durante el prólogo, allí se presentó Fernando Alonso. Fiel aficionado a los “julios” del Tour. Con la mirada de un niño ante un autógrafo. Saludó a Armstrong, a Sastre..., siguió a Contador en la contrarreloj. Frenó por él. Mónaco es conocido por su circuito de fórmula 1. Pero también es recordado en el Tour por su pasado. Sólo cinco veces antes había rodado por allí. Suficientes para mantener a flote la memoria. Mónaco disfrutó de Vietto, de Coppi, de Bobet y de Anquetil, que en 1964 arrebató allí la bonificación a Poulidor que luego le dio aquella edición del Tour. Desde este julio ya tiene otra historia para archivar: la del suizo Cancellara, que vino desde el país de las finanzas, para darle a una entidad bancaria, el Saxo Bank, el triunfo en el prólogo del Principado más rico. Como si jugara en casa. En Mónaco.

Izquierda: El pelotón empequeñecido por yates, trasatlánticos, coches. y demás vehículos ostentosos Derecha: en sentido de las agujas del reloj: El diablo no podía faltar a la cita monagesca.Salida de la primera etapa. El ciclismo se adueñó del principado. Alberto de Mónaco da la salida al primer corredor. La presencia de Fernando Alonso ha desatado muchos rumores.que ligan su imagen y sus sponsors al ciclismo.Presentación de los equipos. Salida de la primera etapa con Cancellara de amarillo.

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Texto: “ginobartali” Fotos: Archivo “Le miroir des Sports”

Mónaco y el Tour

El Tour de Francia no llegó a Mónaco hasta el año 1939. Hasta entonces, la cercana Niza era una llegada y salida de etapa habitual, pero el Tour de 1939 estaba predestinado a ser especial por muchos motivos. Especial y triste porque era inminente el estallido de la segunda guerra mundial. Ya Italia y Alemania habían rechazado enviar a sus equipos nacionales, y España no participaba desde el año 1936 por la contienda civil. Especial también porque por primera vez, se iba a disputar una cronoescalada al Iseran, aunque la meta se situó en la bajada. Especial porque en ese día de la crono, se disputaron... ¡¡3 sectores!! 126 km en línea, 64,5 km en crono individual (con el Iseran), y de postre, otros 103 km en línea. Una auténtica salvajada. Y especial finalmente, porque por primera vez, el Tour iba a hacer escala en el Principado, y además por 3 días: Una llegada de etapa, una etapa Mónaco - Mónaco y una salida de etapa. El primer vencedor de etapa en el Principado fue además un ilustre ciclista, el francés Maurice Archambaud, que ganó un total de 10 etapas en el Tour, pero es sobretodo recordado por haber batido el record de la hora en 1937, con una marca de 45,800 km/h. Posteriormente, el Tour ha vuelto a Mónaco en 4 ocasiones más: en 1952 en una etapa con comienzo en Sestrieres y con Fausto Coppi de maillot amarillo, en 1953, 1955, y por última vez en 1964, en una etapa de montaña de 239 km que salía de Briançon. La llegada se situó en el velódromo del estadio Louis II, y venció al sprint Jacques Anquetil, con el recordado Tom Simpson a pocos centímetros.

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Barcelona y C atalunya El Tour en la pue rta de casa Por Claudi Montefu

sco Fotos: T. de Waele Paso por Manre sa, con la Cated ral y el Puente Viejo al fondo

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l pasado mes de Octubre se confirmó la noticia que se estaba esperando los últimos años: Barcelona acogería el final de una etapa del Tour 2009. Después de muchos años yendo a ver el Tour a los Pirineos por fin lo iba a tener al lado de casa. La sensación de que no llegan nunca, la tensión previa al paso de los corredores iba a sentirla sin tener que sufrir un desplazamiento en coche de más de tres horas. No era una mala notica. Todo lo contrario. Después de muchos años, pues, el Tour volvía a Barcelona. El año 1957 fue la primera ocasión en que el Tour de Francia visitó Catalunya. Y llegó al mismo lugar que llegó este año: el estadio Olímpico de Montjuic. La victoria correspondió a Rene Privat, que llegó en una escapa de cuatro donde también estaba Bernardo Ruiz. El segundo sector de esa misma etapa, la 15ª, fue Barcelona-Barcelona (10 km contra reloj), con un ganador iluste: Jacques Anquetil, y la despedida del Tour fue la etapa Barcelona-Ax les Thermes. Pero es 1965 el último año que el Tour vino la ciudad condal. El año que todo el mundo recuerda por la victoria de José Pérez Francés. Un cántabro afincado en Catalunya que en la etapa Ax Les Thermes-Barcelona, de 241 km tuvo la osadía de escaparse de inicio, subiendo Puymorens. Un día de un calor terrible que no sólo no amilanó a Pérez Francés sino que le sirvió de acicate. Cuanto más se acercaba a Barcelona mejor conocía el terreno y más seguridad en sí mismo demostraba. Toda Barcelona salió a la calle, también en la montaña de Montjuic, para saludar el triunfo de un ciclista español. Al mismo tiempo, consiguió el record de la fuga victoriosa más larga de la historia del Tour de Francia (210 km), record que unicamente le fue arrebatado el año 1991, cuando Thierry Marie consiguió la victoria en la 6ª etapa entre Arras y Le Havre tras 234 km de fuga. Ese día de julio, el tiempo sí acompañó la llegada del Tour y toda Barcelona salió a la calle para recibir a este español de carácter irascible que afirma que no ganó el Tour de 1963 por culpa de Bahamontes, el otro gran homenajeado este año de la llegada del Tour a Barcelona.   José Pérez Francés, genio y figura. En una entrevista que le hicieron el El País, afirmaba que el día que el Tour llegara a Barcelona no lo esperaran en la llegada, que ese día saldría con la bicicleta, como siempre. La leyenda dice que a su edad, 72 años, no sólo anda como una moto sino que suele subir con regularidad las rampas más duras del Rat Penat. Pero para que el Tour llegue a Barcelona, procedente de Girona debe pasar por muchas localidades que viven el Tour de forma diferente al final de etapa.

Permitidme que os explique la experiencia del paso del Tour por una de ellas, donde yo resido: Cardedeu. Hasta principios del mes de junio, no hay novedades. A falta de poco menos de un mes el Ayuntamiento contacta con los clubs ciclistas del pueblo para buscar voluntariado. Nuestro caso es un poco diferente al de otros pueblos, puesto que tendremos un Sprint Especial. Preocupa el hecho de que pueda haber algún accidente, y se vallan prácticamente los dos kilómetros de paso por el casco urbano. Tiene que haber un montón de voluntarios que refuercen el trabajo de la policía local y protección civil. La etapa se disputa en día laborable, por lo tanto habrá que confiar en la gente mayor y en aquellos afortunados que podemos coger un día de fiesta. Para empezar a hacer ambiente, la semana anterior celebramos un coloquio con la asistencia del exprofesional Melcior Mauri, que nos explicó curiosidades e interioridades del Tour, después de la experiencia que le otorgan sus 8 participaciones. Otra medida que se recomienda a los ciudadanos es que adornen su balcón con banderas de Catalunya, que es como se celebran aquí los días festivos. También se elabora un díptico que se repartirá en todos los puntos de información explicando qué es el Tour, haciendo un poco de didáctica ciclista a la gente que probablemente con el paso del Tour solo asocie un corte de tráfico monumental y molestias en su quehacer diario. Ahí explicamos la magnitud del Tour, la gente y los vehículos que mueve, las anteriores ocasiones en que el Tour ha visitado Catalunya, incluso explicando qué hace el Tour fuera de Francia (ya sabéis, la globalización). Aunque mucha gente ya es consciente de ello. El Tour es un escaparate formidable, es una transmisión televisiva que llega a todo el planeta. Para muchos es el momento de darse a conocer y de manifestarse. Un buen ejemplo es el de las «Colles geganteres», las agrupaciones populares catalanas que mantienen y portan los gigantes y cabezudos. El día del paso del Tour han acordado sacar a pasear a sus gigantes para dar a conocer esta costumbre festiva catalana.   El día D despierta con amenaza de lluvia. Es un día de esos especiales, casi como el de la final de la Champions. Uno está con esos nervios. El Tour pasa por la puerta de casa. Han convocado a los voluntarios a las 12,00 o sea que con el día libre, decidimos hacer una salida en bici de unos 70 kilómetros que coincida con los kilómetros previos al paso por Cardedeu. Una zona que todos conocemos bien, con los puertos de Sant Vicenç de Montalt (El Pollastre, como se le conoce popularmente) y Collsacreu, ambos clasificados de tercera categoría. La salida nos permitirá ver cómo se empieza a vivir el

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Izquierda: Col de Serra Seca camino de Andorra. Derecha: en sentido de las agujas del reloj: Salida en Girona. la caravana del Tour a su llegada a Barcelona. Foto: S. Ros. El grupo de cabeza se acerca a la zona de Montjuic. Foto: S. Ros. Sprint final, Hushovd supera a Freire y Rojas. salida de Barcelona. El pelotón a su paso por Cardedeu

ambiente sobre la carretera, las autocaravanas en las cunetas y las pintadas de ánimo especialmente a Eduardo Gonzalo (residente en Mataró) y a Joan Antoni Flecha, los dos únicos catalanes que participan en esta edición del Tour. No es como visitar el Tourmalet pero se vive un gran ambiente y en el último kilómetro de Collsacreu revivo tantos puertos subidos horas antes del paso del Tour. También destaca una enorme bandera catalana a la salida de Arenys de Munt. Una salida para disfrutar, jugando a atacarnos y a ver quién pasa primero por las pancartas del Gran Premio de la Montaña, que ya están montadas. Una vez llegados a Cardedeu recogemos las camisetas de voluntarios (!verdes! ¿Por qué no amarillas?), se nos asigna la zona que debemos controlar y a las 13,00 empieza un plantón que nos mantendrá hasta poco después de las 16,00 cuando hayan pasado los ciclistas. No es la mejor manera de ver el Tour, ver pasar a los ciclistas a toda velocidad unos pocos segundos antes de un sprint especial, pero vale la pena colaborar en un acontecimiento de grandes dimensiones que no es fácil que regrese. Y digo yo que si los que queremos el ciclismo no nos mojamos en cosas como ésta, apaga y vámonos. El paso de la caravana entretiene a grandes y mayores. Me soprende el civismo con el que se comporta la gente. No hay que enfrentarse con el típico que quiere atravesar la calle o el que se queja del corte de tráfico. La gente lo vive expectante e ilusionada. Yo había incluso previsto algunas frases disculpando las molestias del paso del Tour y los cortes de tráfico, o la fugacidad del paso de los corredores, pero finalmente no serán necesarias. Todas la molestias se dan por buenas a cambio del momento de ilusión de los niños y a cambio de situar Cardedeu en el mapa, de que por televisión se dé a conocer nuestra localidad. Cuando pasa la caravana publicitaria, es una mezcla de Bienvenido Mr Marshall, la cabalgata de Reyes y el paso del Dakar por los pueblos africanos (ya sabéis, tiran cuatro artículos y la gente se pelea por ellos...) pero supongo que todo ello forma parte del espectáculo. Una vez pasa el pelotón todo vuelve a la normalidad de una forma rapidísima. Las vallas se recogen, se abre el tráfico y como si nada hubiera pasado. Antes de que recojan la pancarta de sprint Especial podemos hacer una foto de grupo todo el voluntariado con la pancarta al fondo. Será un buen recuerdo para rememorar el paso del Tour por la puerta de casa. Quién sabe si no llegará de nuevo hasta dentro de 44 años más, aunque las palabras del alcalde de Barcelona dan a entender que el éxito de este año, reconocido incluso por

el director general del Tour, tendrá sus efectos a corto plazo. Después de la foto, vamos con el tiempo justo para volver a casa y ver el final de la etapa en Barcelona. La participación ciudadana ha sido uno de los objetivos del Ayuntamiento de Barcelona para la llegada del Tour. La idea principal era la creación de una ola amarilla gigante al paso del Tour. Para ello, a la salida del metro (transporte público recomendado ese día, cómo no), se ofrecía unos grandes rectángulos amarillos para que los espectadores pudieran levantarlos y crear ese curioso efecto que finalmente se vió de forma modesta, posiblemente por la lluvia, que cayó con mucha fuerza en las horas previas y amenazó durante todo el día. A pesar de ello, el éxito de público fue total, con unas estimaciones de 250.000 espectadores en Barcelona y un total de un millón durante toda la etapa. Al mismo tiempo, aprovechando la llegada del Tour, los autobuses de Barcelona y las bicicletas del Bicing también llevaron distintivos de color amarillo, representativo del Tour, durante los días previos. Además, los comerciantes de las calles por las que se desarrolló la carrera intentaron atraer al público con elementos referentes al Tour. Con motivo del Tour, el Ayuntamiento también colaboró en las 24 horas ciclistas de Montjuic, a imagen y semejanza de las 24 horas motociclistas que se celebraron durante los años 50 y 60. Una buena iniciativa popular, pero mal resuelta, con unos precios de inscripción para mí abusivos e injustificables. ¿Más cosas? Sí. En la verdadera fiesta de la bicicleta que se convirtió Barcelona, se superó el récord Guinness del mayor número de bicicletas estáticas al aire libre. 453 personas pedalearon bajo la luvia en el Arc de Triomf, superando las 412 que se habían registrado en Irlanda. La lástima es que la clase tuvo que celebrarse sin música, debido al aguacero que cayo unas horas antes. Al final, todos los medios valoran muy positivamente el paso del Tour por Barcelona. La participación masiva de la gente e incluso su paciencia y colaboración en temas de tráfico. La guinda hubiera sido la victoria de un ciclista español, pero la suerte no estuvo de nuestro lado y nos quedamos con la miel en los labios con la segunda posición de Freire y la tercera de Rojas. Cuando acaba la etapa decido volver atrás la grabación de la etapa (lo estaba grabando, cómo no) y ver cómo ha salido nuestro pueblo por la televisión, qué se ha visto de él en todo el mundo. Y descubro que cuando los escapados y el pelotón pasaban por Cardedeu en la 2 y en Teledeporte emitían anuncios. O sea, que hemos sido invisibles. Y ya se sabe, que si no sales en la tele es que no existes.

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PDLPRO 10 - El Tour en Monaco  

Publicado en julio 2009

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