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Bernard Hinault un carácter indomable Texto: “ginobartali” • Fotos: archivo L´Équipe – Miroir du cyclisme Bernard Hinault es, por palmarés, el segundo ciclista más laureado de la historia, tras el intocable Eddy Merckx. Coincidió con “el caníbal” en sus dos primeros años de profesional, y aunque apenas se encontraron en carrera, el bretón ya dió muestras de su fuerte carácter en un criterium post-Tour, en el que se dedicó a esprintar vuelta tras vuelta y se fue creciendo con un punto de arrogancia provocadora, que obligó al mismísimo Eddy Merckx a ponerse a su altura y recriminarle de la siguiente forma: “Vale, chaval. Tienes un buen día y no se hable más”. Llegar justo después de “el caníbal” supuso que sus triunfos se compararan inevitablemente con los del belga, tanto en cantidad como en la manera de conseguirlos. El listón estaba, pues, muy alto, pero consiguió ponerse a su altura en no pocas ocasiones.

Cada gran campeón ha tenido una característica que ha perdurado en el tiempo. Así, en el caso de mi admirado Gino Bartali, destacaría su tesón. De su gran rival y sin embargo amigo Fausto Coppi, su elegancia. De Jacques Anquetil, la eficacia. De Eddy Merckx, su ambición. Y de Bernard Hinault, su carácter indomable. Un carácter que le granjeó pocas simpatías, tanto dentro como fuera del pelotón. Se recuerdan su pelea a puñetazos con unos mineros en huelga que bloquearon una etapa de París–Niza. Sus declaraciones sobre la París-Roubaix, después de ganarla: “No me gusta esta carrera”. Su bronca al neoprofesional francés Joel Pelier por escaparse de salida en una etapa: “Lo hice por su bien, para que no se quemara”, declararía después. Su escapada junto a Pedro Delgado en la primera etapa de montaña del Tour de 1986, tras la cual se puso de amarillo en esa edición del Tour en la que había prometido ayudar a su “amigo” americano Greg Lemond, tras la impagable ayuda de este último en su quinto Tour victorioso del año anterior. El americano debe de tener aún llagas en la lengua de tanto mordérsela aquellos días... Su decisión, anunciada años antes, de retirarse coincidiendo con su 32 cumpleaños, en noviembre de 1986, cuando aún podía ganar muchas carreras. Y la cumplió, cómo no. Sus dif íciles relaciones con la prensa: “carroñeros, mentirosos...” En suma, un sinf ín de anécdotas que describen al personaje. Quisiéramos contaros dos episodios muy ilustrativos de este carácter. Uno de ellos corresponde a, quizás, su victoria más contundente: el Mundial de 1980. Y el otro corresponde a, quizás, su derrota más amarga: el Tour de Francia de 1984. Una gran victoria por un lado, una gran derrota por el otro, pero un mismo carácter indomable en ambos casos. Veréis.

El mundial de Sallanches

Hinault ha debido de abandonar el Tour por problemas en una rodilla, cuando vestía el maillot amarillo y parecía encaminarse hacia una tercera victoria consecutiva. Ese contratiempo no hará sino motivarle más aún para un campeonato del mundo que se celebra, además, en Francia. Y llega la fecha del domingo 30 de agosto. Más de 100.000 personas han tomado la pequeña ciudad de Sallanches, al pie de los Alpes, habitualmente tan tranquila. La única cota del circuito, la de Domancy, está abarrotada de aficionados italianos, holandeses y franceses. Peter Post, director de los Oranje, no olvida las críticas del bretón al desenlace del Mundial precedente, ganado por Jan Raas, y perjura que Hinault no ganará en Sallanches. Pero Hinault no sólo está muy seguro de sí mismo, sino también de su equipo. En efecto, como no podía ser de otra forma, el equipo francés tiene un único líder ese día. Uno de los componentes del equipo es nada menos que Bernard Thevenet, bicampeón del Tour, que no duda en declarar: “El honor de Francia está en juego”. Desde el primer momento, Hinault domina la situación. Tira del pelotón desde la

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primera subida a Domancy. En el llano, su equipo controla y en cada una de las subidas, el pelotón se reduce por la única impulsión del bretón. Raas, campeón del mundo saliente, ni siquiera termina la primera vuelta. Saronni se retira a media carrera, seguido poco después por Moser y Zoetemelk. A 90 km de meta, Hinault aumenta aún más la presión. Sólo resisten Baronchelli, Millar, Pollentier y Marcussen. ¡A falta de 90 km! Los suelta uno a uno. El último es Baronchelli, que no da relevos desde hace dos vueltas, y que se queda en la última subida. Hinault es campeón del mundo en una carrera en la que sólo acaban 15 ciclistas... Una carrera dominada personalmente de cabo a rabo, una forma de ganar sólo comparable hasta hoy día a la de dos mitos como Coppi y Merckx. No-hay-más.

más fuerte, así como un amateur colombiano llamado Lucho Herrera, que hará historia ganando la primera etapa del Tour para su país. En la cima, Hinault llega derrotado a 3 minutos de su gran rival, pero sin haber tirado la toalla en ningún momento. José Miguel Echavarri declarará sobre los continuos ataques del bretón: “O Hinault cambia de táctica o no llegará a París.” No cambió de táctica, y llegó a París segundo, exhausto, a más de 10 minutos, claramente derrotado pero fiel a sus principios, con ese carácter indomable para lo bueno y para lo malo.

El Tour de 1984

Cuatro años más tarde, el decorado ha cambiado sustancialmente. El año anterior, 1983, le ha visto forzar la máquina para imponerse por segunda vez en la Vuelta, debiendo doblegar al “Junco de Berriz”, Marino Lejarreta, y al jovencísimo Julián Gorospe, que únicamente cederá el amarillo la víspera del final de la ronda. En esa vuelta victoriosa, ha contado en su equipo con un gregario de auténtico lujo, un joven de 22 años fácilmente identificable por su melena rubia, su cinta “Renault” en la frente y sus gafitas redondas. Lo han adivinado, se llama Laurent Fignon. Algo más que un gregario, pues a pesar de tener que trabajar para su jefe de filas, termina nada menos que séptimo en la general final. Ya entonces, no congenian excesivamente bien. Se limitan a una relación estrictamente profesional. Y es que el rubio parisino, como todos sabéis, tampoco ha sido nunca un corredor de fácil carácter. El caso es que la rodilla de Hinault está dañada, y debe de renunciar al Tour de ese año, que será ganado por su aún compañero Fignon. Al final de la temporada, Hinault está convaleciente de su operación de rodilla, y el director de la Renault, Cyrille Guimard, sabe que debe elegir un campeón. Sus relaciones con Hinault son dif íciles, y opta por Fignon. Hinault sólo tiene 29 años, pero son muchos los que dudan de su capacidad para volver a su mejor nivel, tras haberlo dado todo durante 6 años desde marzo hasta octubre. Es ahí cuando salta la noticia en Francia. Un joven y ambicioso hombre de negocios llamado Bernard Tapie decide montar una nueva estructura alrededor del “viejo” campeón, y es así como nace “La Vie Claire”. No faltarán las chanzas al respecto, pues Tapie es conocido por dedicarse a reflotar empresas en dificultades. Antes del Tour, Fignon marca puntos al imponerse en el campeonato de Francia, y así llega al Tour como campeón saliente y con el maillot tricolor. Hinault sabe que quizás no está en su mejor momento, pero promete atacar sin tregua. Lo cumplirá. En el prólogo, es él quien vence y se viste de amarillo, para sorpresa de muchos. Esto le motivará aún más. Llega la primera crono larga, nada menos que de 67 km, y Fignon vence. Sean Kelly se intercala entre los dos, terminando Hinault a sólo 49 segundos. Pero la sensación de cambio de generación parece consolidarse: como un símbolo más, Hinault ha utilizado una bicicleta clásica, mientras que Fignon utiliza una bicicleta “delta”, con el cuadro inclinado, y lleva un casco aerodinámico. Cada vez está más claro que Fignon es el más fuerte, pero Hinault ataca y ataca en muchas etapas. Según algunos, corre como un principiante. Él lo ve de otra forma: “Sabía que no podía dominar la carrera, y entonces he usado los medios a mi alcance. Me podría haber contentado con seguir a Fignon el máximo tiempo posible, y habría terminado quizás a menos distancia en la general final. Decidí atacar todos los días con la esperanza de que Fignon pudiera tener un día malo, pero no lo tuvo.” La etapa con final en Alpe d´Huez será su mayor derrota, pero al mismo tiempo, le reconciliará con la afición y con los periodistas, agradecidos ante su valiente actitud, todo el día al ataque hasta reventar. Una etapa que podía haber sido una más, bajo el dominio total de Fignon, pero que ha pasado a la historia gracias en gran parte al campeón bretón. La etapa es muy movida, e Hinault decide atacar en el penúltimo puerto, la cota de Laffrey. Pero Fignon va muy fuerte, le caza sin problemas y además, se escapa junto a Lucho Herrera en la bajada. Hinault caza con rabia por detrás, Fignon no insiste, y todos se juntan poco antes de la subida final. Apenas llegado Hinault a su altura, ataca de nuevo y así, comienza la subida a Alpe d´Huez en cabeza. Es un ataque suicida, todos lo ven, pero Hinault es así. Fignon, tan poco diplomático como siempre, declarará luego: “Cuando he visto atacar a Hinault, he tenido ganas de reirme”. Es verdad, él está mucho

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