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Graciela Frigerio ı Aída Poggi ı Silvia Costanzo

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4. Muy próxima a la posición anterior se encuentra la de quienes sostienen que la educación intercultural bilingüe, más que estar dirigida a ciertos grupos aislados, debería llevar a cabo una educación centrada en lo cultural y destinada a todos, contemplando la reciprocidad de las perspectivas; es decir, más que estar dirigida a los “culturalmente diferentes”, sería una educación sobre las diferencias culturales. Siendo así, constituiría una pedagogía de la relación humana, al contemplar el pleno desarrollo de la persona, en la aceptación, por parte de los demás, de cada uno tal cual es (Camilleri, 1985, pp. 160-161). 5. Considerando “la interculturalidad como un proceso sociopolítico, cuyo principal objetivo es la construcción de una sociedad diferente, basada en la equidad y en el reconocimiento de identidades y diferencias culturales” (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, s/f), que tiene por objetivo el propiciar la participación y el diálogo paritario entre sujetos sociales portadores de diferentes culturas, ciertos autores interpretan que la educación intercultural bilingüe (eib) debe contribuir a la construcción de una sociedad pluricultural, para lo cual es necesario generar mecanismos de democratización en el interior de los propios sistemas educativos nacionales, reconocer no sólo las particularidades de los pueblos indígenas sino también sus derechos, y elaborar −con la participación real de todos los actores de la respectivas comunidades educativas− nuevas propuestas que contemplen los saberes, conocimientos y valores de esas sociedades en equilibrio con la cultura occidental en el currículo oficial. 6. Hay autores que, si bien avalan la eib, plantean algunas cuestiones que los preocupan. Algunos de ellos se preguntan: • la eib ¿contempla también la “explosión de las identidades sociales”, en especial, la situación de los grupos migrantes de distinto

pruebas  

depscrus dadasda

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