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Graciela Frigerio ı Aída Poggi ı Silvia Costanzo

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a cabo en el marco de unas reglas que distinguían posiciones sociales y jerarquías. Los colonizadores y conquistadores, por su parte, llevaron a cabo políticas de exterminio injustificables y ello, sin duda, contribuyó a cerrazones y encierros identitarios que expresaban −y aún deben ser significados como tales− una necesaria defensa ante el ataque más que como una posición existencial. Dispuestos a no ignorar y a no idealizar, queda sugerir algunos puntos o un horizonte que sabemos que siempre se instala y se verifica sólo a posteriori, ya que es el único modo que tiene de efectivizarse, como ocurre con la confianza: hay que tener confianza para poder constatar luego que la confianza es posible, aún a riesgo de las decepciones.

Puntos de partida (desordenados) En este punto debemos considerar algunos principios propios de lo intercultural (y, a la vez, imprescindibles para que simplemente haya mundo). Proponemos algunos puntos de partida, tan sencillos como simbólicos, cuya institucionalización se vuelve urgente. Esta urgencia se relaciona con la convicción de que todo orden simbólico produce efectos concretos en las existencias reales: • Todo hombre es un par para todo hombre. • Todos los hombres son iguales;18 se trata de una regla de la igualdad de las diferencias,19 por la cual la diferencia no puede convertirse en jerarquía (véase Badiou, 2007).

18 Nos referimos aquí al modo de entender la igualdad propuesta por el pedagogo J. Jacotot a fines de 1770, concepción que es, teórica y políticamente, sostenida por el filósofo J. Rancière, quien se expresa así: “Todo su esfuerzo, toda su exploración tiende a esto: una palabra de hombre les ha sido dirigida, quieren reconocerla y quieren responder. Responder no como alumnos ni como sabios, sino como hombres, como se responde a alguien que nos habla (no como quien responde a un examinador) bajo el signo de la igualdad” (Rancière, 1987, p. 22). Sobre la igualdad de las inteligencias, véase el trabajo de G. Frigerio en la Agenda del crefal , México, 2005. 19 Para Badiou hay una derivación: la denomina “la perversión de esta idea: considerar que la diferencia sólo se da bajo la forma de la víctima” (Badiou, 2007, p. 106).

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