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La educación intercultural bilingüe. El caso argentino

nocer. Es decir, se trata de partir del principio de que sin extranjeridad no hay conocimiento. El conocimiento se sostiene en la adquisición de la lengua de la conciencia y en un saber sobre lo que la conciencia no admite (es decir, sobre esa extranjeridad propia de lo humano que se sintetiza en el concepto de inconsciente). El conocimiento se plantea, entonces, como ampliar lo pensable (véase Baquero, Diker, Frigerio, 2006). Lo intercultural no admite ninguna tramitación que se rija por una regla de exclusión que quisiera imponer, como natural, el no hay lugar para dos, para entronizar la figura del uno. En el territorio intercultural, el lugar no sólo es entre dos sino entre todos, y contrapone al totalitarismo del uno la compleja simultaneidad de lo polifónico, plural y múltiple. El pensamiento intercultural se esfuerza en no sostener ningún esfuerzo de idealización, ya que los juegos de poder se han dado en todos los tiempos y se han expresado en todas las comunidades. Sin que esto justifique nada ni sea usado como coartada por los colonizadores y conquistadores, debemos admitir que los antiguos,16 los originarios, los primeros pobladores (también en los comienzos extranjeros en nuevas tierras a las que llegaron como nómades sin opción de retorno, guiados por una suerte de pulsión de marcha17 que los hizo atravesar continentes y navegar mares antes de volverse locales), indígenas y aborígenes, no ignoraban prácticas derivadas del uso del poder: hicieron sus guerras, colonizaron a otras tribus, impusieron sus costumbres, ocasionalmente hicieron esclavos, no necesariamente trataban a hombres y mujeres en plano de igualdad, no desconocían la crueldad y, por supuesto, tampoco ignoraban el amor, la generosidad, la solidaridad, todas prácticas que se llevaban

16 En palabras del Libro del Consejo (o Libro de la comunidad), expresión proveniente de la traducción de Popol Vuh, el “primer libro pintado de antaño”, recuperado por Francisco Ximénez y conocido como el Manuscrito de Chichicastenango, Ximénez, además de traducir, transcribe (copia) el texto quiché: los Constructores, los Formadores, los Procreadores, los Engendradores (p. 11 de la edición de Losada, de 1996). 17 Noción elaborada por Haddad y Haddad, 2005.

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