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Aventura marina Érase una vez, un niño llamado Julián a quien le encantaban el mar y los peces, en su habitación tenía un espectacular acuario lleno de peces exóticos y de muchos colores. Una vez al mes solía ir a una exposición sobre animales marinos en el museo de su ciudad natal. Su gran sueño era poder navegar en un barco por el mar y poder bucear junto a delfines, tiburones, etc. El problema era que su familia no podía permitírselo, habían perdido toda su fortuna en apuestas. Sus padres se sentían culpables al no poder cumplir su sueño. Julián tenía una hermana mayor, Daniela, que era bióloga marina, prácticamente vivía en el mar, y cuando volvía siempre traía un nuevo pez para su hermano. Daniela le había prometido llevarlo con ella en uno de sus viajes mar adentro Cuando llegó el verano, Julián empacó sus maletas y embarcó. Ella lo esperaba adentro, nada más entrar vio un pequeño laboratorio y muchos peces de diferentes colores y tamaños. Julián se había llevado un diario y en el escribía todo lo que veía, lo que hacía, lo que descubría… Llevaban dos meses en el mar y en el se sentía como en casa, buceaba al lado de delfines, investigando y tomaba el sol. Un día hubo una gran tormenta, y una ola de 7 metros destrozó el barco de Julián y Daniela, naufragaron y acabaron en una isla desierta del Pacífico, pero el resto de tripulación no sobrevivió. Los dos hermanos pidieron ayuda hasta quedarse afónicos, no tenían agua ni comida y lo único que tenían era una maleta llena de ropa, la ataron a unas palmeras y hicieron una especie de refugio, les servía para descansar y protegerse del sol. Ya llevaban dos horas en la isla cuando decidieron ir a buscar agua, hallaron cocos y un río con agua potable. Al caer la noche ninguno de los dos podía dormir, esperaban algún barco, alguien que les rescataran. Habían pasado ya dos meses desde que naufragaron, ya se habían acostumbrado a vivir en la isla, tenían agua y comida, pero sus padres estaban desesperados, la policía buscaba y buscaba, pero no encontraron nada. Un día su hermana cayó gravemente enferma, tenía muchísima fiebre y deliraba, no tenían medicamentos y Julián no podía hacer nada. Daniela pasó así dos días, convaleciente, hasta que una mañana cuando despertó Julián, ella se encontraba sin pulso, pálida y fría, Julián la enterró y contempló el mar durante horas. La policía y los equipos de rescate les dieron por muertos y suspendieron la búsqueda, pero los padres no se rendían.


Ya no era un niño, llevaba 6 años en aquella isla y, ya era mayor de edad, pescaba, buscaba agua y volvía a su refugio. Así pasaba todos los días, el ya se había dado por vencido, sabía que ya no saldría de aquella isla en la cual había muerto su hermana y el había madurado. Una noche en la que no pudo dormir vio una luz, era un crucero, por primera vez en 6 años podía ver un barco, empezó a gritar ayuda con todas sus fuerzas y el crucero mandó un bote con unos cuantos hombres. Le socorrieron, le proporcionaron agua y comida, le dieron ropa limpia y lo llevaron a su casa junto a su padre y su madre y todo lo que había dejado atrás en esos 6 años.


AVENTURA MARINA