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En nuestro barrio hay una

Es una

abandonada.

vieja, enorme, en la que no vive nadie desde

hace muchísimos años. Varios somos los vecinos que creemos que allí en realidad habita un

, al que cada uno imagina de manera diferente.


El hijo del panadero afirma que seguramente se trata de un ser con piel de

cรกscara de

sacramento,

, piernas de pan flauta, nariz de

de pan de leche y cuernitos en la cabeza.

Es muy grosero y suele escupir pan rallado sobre sus enemigos.

El hijo del carpintero lo imagina con patas de

papel de lija, dientes de circula sangre sino barniz.

, piel de

y cabeza de madera. En sus venas no


Para el hijo del electricista, en la casa deshabitada vive un

con cinco

a transistores,

de

dial de radio y una gran cabellera de cables pelados. Mientras duerme recarga sus

baterĂ­as poniendo los

en el

de la pared y, para escuchar lo que le dicen, debe orientar correctamente sus antenas.

Como cada uno imaginaba al

decidimos investigar la

a su manera, cierta vez

.


Los tres

idearon un plan y esa misma noche lo llevaron a

cabo. Sonaban

las

doce

campanadas,

la

calle

estaba

desierta

y

la

inmersa en una absoluta oscuridad.

Mientras el hijo del carpintero colocaba la

,

el

hijo

del

electricista

en la

lo

iluminaba

con

su


y

el

hijo

del

panadero

los

protegía

con

el

. El primero en ingresar fue el hijo del carpintero, quien se asustó al enredarse con

una espesa y viscosa

.

Una vez que todos lograron entrar, se quedaron paralizados ante la tonalidad marrón oscura de las paredes, todas descascaradas, que se mezclaban con la opacidad del piso. Luego de imaginarse que podían encontrarse con las peores cosas,

los niños con valentía y temor, continuaron recorriendo la Finalmente descubrieron que todas las habitaciones concluían en un largo pasillo lleno de bruma, y que solo una de ellas les faltaba revisar.


Cuando tocaron el

el miedo se apoderó de ellos, fuertes

chillidos comenzaron a escucharse, el viento zumbaba contra las

y

un escalofrío les recorría el cuerpo. Sin embargo, el hijo del carpintero los convenció de entrar, ya que no habían llegado allí para quedarse con las dudas.

Decididamente abrió la

, la cual rechinaba agudamente. La

sorpresa fue inesperada, las dudas aclaradas y el miedo superado. Lo que se encontraba detrás de aquél trozo de madera antigua, era tan solo un pequeño

, ansioso y juguetón. La alegría fue tanta y la excitación de superar aquella travesía tan inmensa, que el joven valiente lo adoptó con mucho entusiasmo.


AsĂ­ concluye el gran misterio de la

FIN

.


Mi extraño vecino