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Tercer día en Roma Empecemos por la Plaza San Pedro La Plaza San Pedro es la plaza de Roma más famosa en todo el mundo: para llegar a ella, has pasado la frontera del Estado italiano para entrar en el Estado Vaticano. El límite entre los dos Estados está marcado con una línea de travertino clara incrustada en la calzada de la plaza. Hacia mitades del siglo XVII, Gian Lorenzo Bernini creó en esta plaza un escenario maravilloso. Un grande espacio con forma de trapecio inicia en la fachada de la Basílica y, delimitado por los dos brazos semicirculares de la columnata, se va ampliando paulatinamente para acoger a los feligreses de todo el mundo y acompañarles hasta el centro de la Cristiandad. La plaza y su columnata cuentan con una excepcional geometría arquitectónica que puedes comprobar tú mismo. Si te pones de pie sobre uno de los dos discos de mármol situados en el suelo entre las fuentes y el obelisco, podrás ver sólo la primera hilera de columnas y parecerá que todas las demás hayan desaparecido, pero no, ¡es que se han escondido detrás de la primera hilera!. Para que puedas apreciar la envergadura de la plaza, te proponemos unos cuantos datos: la columnata está formada por 284 columnas y 88 pilastras, está culminada por 140 estatuas de Santos y delimita una zona de 240 metros de anchura. El Papa Sixto V decidió colocar en el centro de la plaza el obelisco que aún puedes ver, pero ¡para colocarlo en su lugar se necesitaron 900 hombres, 150 caballos, 44 cabrestrantes y 4 meses de trabajo!Si miras por encima del brazo derecho de la columnata verás asomarse el Palacio Apostólico, la residencia del Papa. Las tres primeras ventanas de la última planta corresponden a sus alcobas privadas: desde la ventana central se asoma cada domingo para bendecir a los fieles que se congregan en la plaza. La magnificencia de esta plaza culmina con la Basílica de San Pedro: grande, majestuosa y dotada de una larga historia. Sobre la tumba del Santo (que según la tradición está enterrado en el mismo sitio en que sufrió el martirio, es decir en el Circo de Nerón), el Papa Anacleto hizo construir en el siglo II una pequeña capilla. Más adelante, en el siglo IV, Constantino, el primer emperador cristiano, transformó la capilla en una antigua basílica, que desafortunada-mente quedó destruida. Ya en el año 1.506, el papa Julio II puso la primera piedra de la nueva basílica, dando inicio a una de las mayores obras de toda la historia: para construirla tal y como la ves, tardaron 179 años, durante los que se sucedieron 28 pontífices. Y los mejores artistas de ese período colaboraron en su proyecto, en su construcción y en su decoración: Bramante, Raffaello, Miguel Ángel, Vignola, Carlo Maderno y Gian Lorenzo Bernini.


Hacia los Museos Vaticanos Si te apetece visitar los Museos Vaticanos, Vaticanos desde la Plaza de San Pedro tienes que dirigirte hacia la Via di Porta Angelica (una de las entradas a la Ciudad del Vaticano) y recorrerla hasta la Piazza Risorgimento; desde aquí tienes que recorrer el Viale Vaticano siguiendo el recorrido de la muralla hasta el portal de acceso: en 15 minutos habrás llegado. Estos Museos nacieron hace 500 años, cuando el Papa Julio II decidió exponer su colección de esculturas. Desde entonces, cada Papa ha ido ampliando esta colección artística original, enriqueciéndola con óleos y objetos preciosos hasta formar uno de los museos más importantes y famosos de todo el mundo, puestos a disposición del público.

Hacia el Castel Sant’Angelo Si desde la Plaza San Pedro das la espalda a la basílica, delante tuyo te encontrarás Via della Conciliazione, llena de tiendas de arte sacro, librerías, papelerías y tiendas de recuerdos. Esta avenida, que representa una “vía escenográfica” de enlace entre la Plaza de San Pedro y la ciudad, fue construida entre 1937 y 1950 por dos importantes arquitectos: Piacentini y Spaccarelli. Para obtener el espacio necesario tuvieron que derrumbar un característico grupo de edificios medievales. Cuando pasees por ella, podrás observar los 28 obeliscos que fungen de farola, los dos espléndidos palacetes del siglo XV (Palazzo dei Penitenzieri y Palazzo Torlonia), o la iglesia de Santa María en Traspontina. Al final de la Via della Conciliazione verás la Plaza Pía. Desde aquí podrás proseguir a mano izquierda por el Lungotevere Castello, donde encontrarás el Puente Sant’Angelo y la entrada de Castel Sant’Angelo. Historia y leyenda unen estos dos espectaculares monumentos de Roma, que se remontan a épocas muy antiguas. De hecho, ambos fueron construidos en el siglo II d. C.: el Castillo nace como Mausoleo de Adriano, es decir, como sepulcro monumental del Emperador; mientras que el puente, que se llamaba Ponte Elio, fue construido como vía de acceso al monumento fúnebre. Así pues, Mausoleo de Adriano y Castel Sant’Angelo son los dos nombres que se refieren a un mismo monumento, que a lo largo de los siglos se ha transformado en numerosas ocasiones: de mausoleo pasó a ser una fortaleza; siendo prisión se convirtió en refugio para los Papas y, al final, acabó convertido en Museo. Visitándolo puedes conocer su historia, entre pasadizos, bastiones, prisiones, salas y antiguas armaduras, hasta llegar a la espectacular Terraza del Ángel. Justo delante del Castillo está el Puente del Ángel, uno de los más conocidos de Roma. Convertido en zona peatonal, puedes pasear por él entre los turistas, los romanos y los ángeles que lo adornan. Aprovecha para observar detenidamente los detalles de los diez gigantescos ángeles blancos que parecen desfilar en una espectacular procesión.

TERCER DIA EN ROMA  

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