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Primer día en Roma. Empecemos por la Plaza Venecia La plaza tiene dos edificios casi idénticos, pero construidos en diferentes épocas, y un gran monumento blanco que parece un extraño castillo con escaleras: El Vittoriano. El Vittoriano, dedicado al primer Rey de Italia, Vittorio Emanuele II, no es un monumento muy apreciado por los Romanos, que siempre lo han considerado demasiado vistoso e impresionante. Pero te aconsejo que subas a su cima con un ascensor transparente. Desde sus terrazas más altas podrás admirar una vista extraordinaria de la ciudad y podrás jugar a “¿quién adivina más monumentos?”: encontrarás maquetas y siluetas con explicaciones para que puedas controlar tu puntuación. El Vittoriano también es famoso por albergar la tumba dedicada al Soldado Desconocido, llamada así porque rinde honor a un soldado anónimo enterrado en la cima de la escalinata. El Palacio Venecia: construido en el siglo XV, es el más antiguo de los dos edificios casi gemelos que se encuentran en esta plaza. Su nombre se debe a que en la antigüedad hospedaba a los embajadores de la República de Venecia que visitaban Roma. Hoy en día es la sede de un Museo Nacional que a menudo alberga exposiciones de gran calidad. Y ahora.... decide hacia donde quieres ir y empieza tu recorrido.....

Hacia el Capitolio Mirando el Vittoriano, recorre la calle que hay a su derecha hasta que encuentres dos escalinatas adyacentes. La primera de ellas, muy empinada, te llevará a la iglesia de Santa Maria en Ara Coeli. La otra escalinata, llamada Cordonata, te conducirá hasta la plaza del Capitolio. En su cima te esperan las estatuas de los míticos gemelos Cástor y Pólux con sus caballos. El Capitolio es una de las siete colinas de la ciudad, la más pequeña de ellas pero también la más famosa. Durante el imperio romano fue un importante centro religioso y contaba con el Templo dedicado a Júpiter Capitolino. Pero también fue un bastión fortificado, donde refugiarse durante los asedios de los enemigos. De hecho, el collado tiene dos cimas: la de la izquierda, donde aún se puede ver la iglesia, era el Arx, o baluarte; mientras que la cima de la derecha era el Capitolium o centro religioso. Tras la caída del imperio romano, la colina fue abandonada y acabó siendo una zona de pastos para cabras. Más tarde, durante la Edad Media, recobró su importancia como sede del gobierno de la ciudad. Pero tuvo que esperar hasta el siglo XVI para convertirse en la preciosa y espléndida plaza que aún puedes admirar: el Papa le pidió a Miguel Ángel, el más grande de los artistas de aquella época, que remodelase el Capitolio. Así que Miguel Ángel construyó esta gran terraza, alta y abierta que se asoma sobre la ciudad, con su famosa Escalinata, llamada “Cordonata”, como acceso.


La plaza tiene forma de trapecio y está delimitada por tres edificios: dos de ellos, los que albergan los Museos Capitolinos, son gemelos, se trata del Palacio de los Conservadores y del Palacio Nuevo. El tercer edificio, el Palacio Senatorio, cierra la plaza en el fondo y en su interior están ubicados los despachos del Alcalde de Roma. Su fachada presenta una escalinata con dos rampas que enmarcan tres grandes estatuas. En el centro descansa la Diosa Roma, flanqueada por dos gigantes sentados: ahí están el Nilo, con la Esfinge; y el Tíber, con la Loba y los gemelos. El pavimento de la plaza está decorado con la famosa estrella de Miguel Ángel de doce puntas. En el centro de la estrella puede admirarse una estatua ecuestre: se trata de la copia perfecta del monumento al Emperador Marco Aurelio. Desde el Capitolio puedes regresar a la Plaza Venecia y desde allí continuar con tu itinerario.

Hacia los Foros y el Coliseo Si desde la Plaza Venecia te diriges hacia Via dei Fori Imperiali, a mano izquierda podrás admirar el Foro de Trajano con los Mercados de Trajano: hasta hace poco se creía que fuese una especie de centro comercial de la antigüedad, pero ahora se barajan nuevas hipótesis. Y justo aquí se yergue la Columna Trajana: altísima, imponente y majestuosa. La columna aparece como envuelta por una espiral de piedra con imágenes esculpidas en bajorrelieve. Estas imágenes nos narran las hazañas del emperador romano Trajano y su victoria sobre los pueblos de la antigua Dacia (la actual Rumanía). Si te fijas bien en las figuras del bajorrelieve, que en la antigüedad aparecían coloreadas, podrás observar que Trajano aparece representado en más de 60 ocasiones. Y si eres un buen observador, podrás descubrir cómo se vestían los soldados en aquella época, qué armas usaban y cómo construían sus campamentos. Desde ahí puedes continuar hacia el Foro Romano, la plaza principal de la antigua Roma. Antes de que se fundase la ciudad, la zona ocupada por el Foro era un valle pantanoso lleno de mosquitos, pastores, y ovejas, además de ser el punto de encuentro “fuera de los recintos de la villa” en el que se daban cita los mercantes. De ahí proviene el nombre de “Foro” que significa “fuera de las murallas”. A lo largo de los siglos este lugar cambió su aspecto y acabó convirtiéndose en el centro de su vida cotidiana romana, de su vida pública y de su vida religiosa. La gente se daba cita en el Foro para dar un paseo o disfrutar de una tertulia; también se celebraban acuerdos comerciales, se discutía de política y se votaban las leyes. Y a menudo, en este mismo sitio, los chavales se divertían con sus juegos al aire libre. Continúa tu recorrido por la Vía dei Fori Imperiali hasta que llegues al Coliseo, el gran Anfiteatro Flavio, construido durante la época imperial romana. Para los romanos, el anfiteatro era una especie de estadio en el que el pueblo y el Emperador asistían a varios espectáculos: luchas entre gladiadores, competiciones de caza, luchas entre hombres y fieras e incluso batallas navales. Casi todos los espectáculos que se celebraban eran violentos y sangrientos, como las competiciones de


gladiadores que luchaban entre ellos o contra tigres, leones, cocodrilos y elefantes. Y además, ¡en cada espectáculo había alguien que la palmaba! Y mientras tanto, los espectadores animaban a uno u otro y se hacían hinchas de su gladiador preferido: lo observaban, le gritaban consejos y se excitaban.

Poco distante del Coliseo, a mano derecha, aparece el arco de triunfo romano más famoso el Arco de Constantino: fue construido por encargo del Emperador Constantino en el año 312 d. C., tras una importante victoria suya sobre Majencio. El Arco está dividido en tres luces de arco (arcos de paso) y mide casi 25 metros de altura. Este monumento destaca sobre todo por los bajorrelieves y las esculturas que lo decoran: pero no sólo por su belleza, sino porque muchos de sus ornamentos fueron “robados “a monumentos aún más antiguos y podríamos decir que se “reciclaron”. Constantino a menudo utilizaba decoraciones de edificios más antiguos para adornar su nuevo arco, y no sólo por motivos estéticos, sino también para crear un enlace entre las diferentes épocas del imperio y dar así continuidad a la grandiosidad de Roma.

PRIMER DIA EN ROMA  

guia para el viaje de estudios a Roma

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