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FORMACIÓN DEL PROFESORADO

En esa línea, deberían reforzarse por un lado los planes de formación en centros, enfocados a la toma de decisiones conjuntas interdepartamentales, el aprendizaje y uso de las plataformas en línea, asesoramiento y resolución de problemas (con el refuerzo tanto de los CEP como de la coordinación TIC que debe despegarse de su mala entendida y lamentablemente exclusiva función de técnico informático), etc. Lógicamente, este plan de formación debería realizarse antes de la incorporación del alumnado al centro, de forma que sea efectivo desde el comienzo de la actividad lectiva.

Por otro lado, desde la Plataforma de formación del profesorado

deberían estar a disposición del mismo formaciones acerca de metodologías híbridas, diseño de programaciones en estos tipos de enseñanza, instrumentos de evaluación para plataformas en línea, ecosistemas educativos robustos y cómo lograrlos, adaptación de metodologías cooperativas a la educación a distancia, etc.

Y, especialmente, formación sobre evaluación (uno de los aspectos fundamentales que diferencian la educación formal de la no formal). Un gran error cometido por los profanos en la materia es creer que una versión en línea sustituye, llevándose a cabo de la misma manera, a una presencial en todo, incluida la evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Además, en los catálogos de formación se deberían eliminar las formaciones no relevantes para el modelo a distancia

“La formación del profesorado requiere ahora planificar de manera especial una enseñanza híbrida, sabiendo cuáles son los contenidos que se deben cubrir en las plataformas y cuáles en la parte presencial” ...

que en otros momentos podrían ser interesantes, pero que ahora sólo crean distracciones del objetivo urgente.

En este aspecto adquiere especial relevancia el papel de los Centros de Profesorado, que deberán dar soporte al profesorado sobre el diseño del curso completo, desarrollo de contenidos digitales competenciales, gestión del aprendizaje y utilización de herramientas específicas. Esto implica que es necesario renovar los recursos que, en muchos casos están descontextualizados y modificar sustancialmente la figura de la asesoría CEP. Tendrán que ser capaces de ayudar al profesorado, mediante formaciones y asesoramiento telefónico o directo, a desarrollar su competencia digital y sus habilidades para enseñar en este nuevo escenario, mientras se garantiza la necesidad institucional de mantener una continuidad educativa.

Crear un curso completo con una enseñanza híbrida, sea el porcentaje que sea de enseñanza en línea, requiere generalmente de unos ocho a nueve meses si quiere realizarse de manera eficiente y que sirva a largo plazo, que sea flexible, inclusiva y centrada en el alumnado. Por tanto, es importante que las y los docentes dispongan de la formación y el tiempo necesario para desarrollar esta ardua tarea. No se puede depender sólo de la buena voluntad ofrecida hasta ahora por este colectivo.

COORDINACIÓN CON LAS ADMINISTRACIONES

Esta situación es difícil de resolver si no existe una coordinación real entre administraciones, puesto que la administración educativa no puede abarcar todo el trabajo. Además, el presupuesto debería compartirse para que sea más eficiente y evitar duplicidades innecesarias. Pero para ello hace falta crear una comisión donde estas administraciones estén representadas, capaz de trabajar en equipo y dejar los egos institucionales aparte.

Llevamos muchos años en los que la solución de los problemas sociales recae también sobre educación, cargando de trabajo a los centros educativos y descargándolo sobre las autoridades responsables, lo que provoca que educación se haya convertido en una institución social más que educativa y sus competencias hayan aumentado exponencialmente. La gestión de becas, los comedores cuota cero, libros de texto gratuitos, transporte escolar, atención específica con personal externo a alumnado con necesidades educativas especiales, campamentos de verano, actividades extraescolares, …, todos estos servicios complementarios deberían ser de gestión y presupuestos compartidos, en los que educación sólo tenga un papel informativo y sean otras administraciones quienes gestionen estos recursos humanos y materiales. De esta manera, los ayuntamientos tendrán una fotografía más real de cuál es la situación de su municipio y puedan tomar cartas en afrontar la solución de los problemas de una manera más efectiva para que esa situación no se prolongue en el tiempo. Pero volviendo al caso que nos urge solucionar, que es la gestión inmediata al volver a iniciar las clases en el próximo curso, algunas de las propuestas son:

- Sanidad puede asumir los protocolos de prevención de riesgos en los centros educativos y facilitar a una persona de referencia en los centros de salud que se encargue de asistir a los centros educativos de la zona. Una alternativa más viable y más lógica que la de poner a un/a enfermero/a en cada centro como se venía hablando hasta ahora. - Asuntos Sociales podría gestionar la atención a las familias que necesitan ayuda económica o alimentaria, dirigir las tareas de sus trabajadores o educadores sociales que, más que nunca, son necesarios en los centros educativos, en colaboración con los ayuntamientos. Los ayuntamientos, en coordinación con los colegios, podrían ser los encargados de dotar de material y recursos a aquellas familias que no dispongan de ellos.

Los Cabildos, podrían encargarse de asegurar la conectividad allá donde haga falta, negociando con las operadoras la ampliación de ésta o comprando los dispositivos necesarios para que exista.