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Arqueología de la Costa de Ancash Editores: Miłosz Giersz Iván Ghezzi

ANDES Boletín del Centro de Estudios Precolombinos de la Universidad de Varsovia

Centro de Estudios

Precolombinos

N° 8


ANDES Boletín del Centro de Estudios Precolombinos de la Universidad de Varsovia N° 8

© 2011 Centro de Estudios Precolombinos de la Universidad de Varsovia ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia - Polonia Tel.: (48 22) 552 01 20, Fax: (48 22) 552 01 29 Correo-e: andes.obp@uw.edu.pl Pág. Web: http://www.maa.uw.edu.pl © 2011 Instituto Francés de Estudios Andinos, UMIFRE 17, CNRS-MAEE Av. Arequipa 4500, Lima 18 - Perú Tel.: (51 1) 447 60 70, Fax: (51 1) 445 76 50 Correo-e: postmaster@ifea.org.pe Pág. Web: http://www.ifeanet.org

Este volumen corresponde al tomo 290 de la Colección: «Travaux de l’Institut Français d’Études Andines» (ISSN 0768-424X) Diagramación y portada: Edición lingüística y estilo:

Miłosz Giersz Claudio César Olaya

Imprenta:

Tarea Asociación Gráfica Educativa

Nota de los editores: Los editores de este boletín dejan constancia que tanto el contenido, los datos científicos utilizados y el material gráfico empleado en cada artículo, son de plena responsabilidad de sus autores. Publicación cofinanciada por el Ministerio de Ciencia y Educación Superior de la República de Polonia, la Asociación Ancash y la companía minera Antamina Primera Edición: 2011 ISSN 1428-1384


Indice general

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Nota editorial Miłosz Giersz e Iván Ghezzi

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La evolución del Periodo Inicial en el valle de Casma del Perú: Una historia de dos rivales políticos Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

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Punkurí y el valle de Nepeña Lorenzo Samaniego

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Pallka, un sitio del Periodo Formativo en la parte media alta del valle de Casma: alcances preliminares sobre las etapas constructivas del Área Ceremonial Jack Chávez Echevarría

113 Cronología, relaciones interregionales y organización social en el Formativo: esencia y perspectiva del valle bajo de Nepeña Koichiro Shibata 135 El contexto social y ritual de las observaciones del horizonte astronómico en Chankillo Iván Ghezzi y Clive L. N. Ruggles 153 Hacia una reevaluación de Salinar desde la perspectiva del valle de Nepeña, costa de Ancash Hugo Ikehara y David Chicoine


185 Los moches del Santa, una larga historia Claude Chapdelaine 231 La guerra y la paz en el valle de Culebras: hacia una arqueología de fronteras Krzysztof Makowski, Miłosz Giersz y Patrycja Prządka-Giersz 271 Los guardianes de la frontera sur: la presencia moche en Culebras y Huarmey Miłosz Giersz 311 Detección remota y análisis con GIS de distribución de artefactos en superficie en el Castillo de Huarmey Miron Bogacki, Miłosz Giersz, Patrycja Prządka-Giersz, Wiesław Małkowski y Krzysztof Misiewicz 327 La presencia casma, chimú e inca en el valle de Culebras Patrycja Prządka-Giersz 357 Arquitectura de El Purgatorio: capital de la cultura Casma Melissa Vogel y David Pacifico 399 Estrategias de subsistencia en la periferia sur del imperio Chimú: el caso de Puerto Pobre, valle de Casma Klaus Koschmieder 449 Estudio bioantropológico de los restos humanos del Sector II, Punta Lobos, valle de Huarmey John W. Verano y J. Marla Toyne


Nota editorial

E

l presente número temático de Andes. Boletín del Centro de Estudios Precolombinos de la Universidad de Varsovia, titulado “Arqueología de la Costa de Ancash”, es una síntesis muy bien documentada de los aportes más recientes de la investigación arqueológica en la zona costera de los valles de Santa, Nepeña, Casma, Culebras y Huarmey, en la región Ancash. Esta edición no podría ser más oportuna. Desde los trabajos pioneros de Julio C. Tello, el valle bajo de Casma se convirtió en una de las regiones mejor estudiadas de la arqueología peruana. A partir de la década de 1980, cuando Shelia y Thomas Pozorski inician sus estudios de largo plazo en la zona, la arqueología de este valle y de áreas inmediatamente vecinas cobró un nuevo impulso. Pero fue en la última década cuando se produjo un verdadero despegue de la arqueología en toda la región costera de Ancash, con la aparición de nuevos proyectos de investigación de mediano y largo plazo, no sólo en los focos tradicionales de investigación en Casma y Nepeña, sino también en los valles de Santa, Culebras y Huarmey. Nuestra convocatoria para este número tuvo una respuesta extraordinaria de parte de la mayoría de los investigadores que trabaja en la costa de Ancash. Se reunió un conjunto de autores de diferentes generaciones que representan a todos los valles del área en cuestión, y que juntos abordan temas de investigación muy variados, como la cerámica, la organización social y política, la bioantropología, la subsistencia, los patrones funerarios y la arqueoastronomía. Los editores deseamos agradecer profundamente a las instituciones y personas que prestaron su apoyo en la publicación de este número. El Director del Centro de Estudios Precolombinos de la Universidad de Varsovia, Dr. Mariusz Ziółkowski, aceptó generosamente nuestra propuesta para que “Arqueología de la Costa de Ancash” se incorpore como el número 8 de la reconocida serie Andes. Junto con la Sociedad Polaca de Estudios de Latinoamericanos, otorgaron fondos del Ministerio de Ciencia y Educación Superior de la República de Polonia para este trabajo editorial. El Instituto Francés de Estudios Andinos en Lima, especialmente a través de su director, el Dr. Georges Lomné, apoyó la propuesta de realizar una edición


conjunta del número, y respaldó el proyecto con fondos. El Director Ejecutivo de la Asociación Ancash, Sr. Mirko Chang, hizo suyo el proyecto con gran entusiasmo, y gestionó un aporte muy significativo al presupuesto del proyecto a través de su Comité Editorial, presidido por el Dr. Rafael Varón-Gabai. El Instituto de Investigaciones Arqueológicas, una institución joven que cuenta con varios proyectos de investigación en la región, administró el proyecto editorial en el Perú y apoyó con sus fondos, equipos y personal para la conclusión satisfactoria del proyecto. Que todas estas instituciones unieran sus esfuerzos para la publicación de este boletín no es un hecho que deba sorprender, si tomamos en cuenta la reconocida trayectoria de apoyo a la investigación y a la publicación científica que poseen estas entidades, las más jóvenes así como las más establecidas, en conjunto. Gracias al apoyo de las instituciones mencionadas entregamos al público interesado este número de Andes, que representa el estado actual del conocimiento arqueológico sobre la costa de Ancash. Confiamos plenamente en que la difusión de estos trabajos promoverá la investigación científica de esta región tan importante para el mejor entendimiento de la prehistoria andina entre los investigadores jóvenes y el público en general. Miłosz Giersz e Iván Ghezzi Varsovia y Lima, diciembre de 2011 •


Andes 8 (2011): 7-57

La evolución del Periodo Inicial en el valle de Casma del Perú: Una historia de dos rivales políticos Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Durante el Periodo Inicial (2150-1000 cal a.C.) ocurrieron repentinos cambios en el nivel de complejidad cultural en el valle de Casma, involucrando a dos entidades políticas importantes: la entidad política del valle Sechín Alto y la entidad política costera de Las Haldas. Durante la mayor parte del Periodo Inicial, la entidad política Sechín Alto dominaba la entidad política Las Haldas. Alrededor de 1400 a.C., la entidad política Sechín Alto declinó, permitiendo que la entidad política Las Haldas se expandiera hacia el norte y el interior, reocupando sitios de la entidad política Sechín Alto y dominando la zona. Más tarde, el sitio principal de Sechín Alto fue abandonado y luego fue reocupado durante el Horizonte Temprano. Este artículo se centra en la entidad política Sechín Alto y la entidad política Las Haldas, su relación durante el Periodo Inicial, y cómo el estudio de esta relación amplía nuestro conocimiento de ambas entidades. During the Initial Period (2150-1000 cal B.C.) sudden changes occurred in level of cultural complexity occurred in the Casma Valley that involved two major polities: the inland Sechín Alto Polity and the coastal Las Haldas Polity. During most of the Initial Period, the Sechín Alto Polity dominated the Casma Valley yet coexisted with the Las Haldas Polity. Around 1400 B.C., the Sechín Alto Polity declined, allowing the Las Haldas Polity to expand northward and inland, reoccupying Sechín Alto Polity sites and dominating the area. Later, the main Sechín Alto site was abandoned and was subsequently reoccupied during the Early Horizon. This article focuses on the Sechín Alto and Las Haldas Polities, their relationship during the Initial Period, and how a study of this relationship expands our knowledge of both polities.

E

l Precerámico Tardío (3000-2150 cal a.C.) y el Periodo Inicial (2100-1000 cal a.C.)1 en el antiguo Perú constituyen una época que fue testigo de cambios fundamentales en el estilo de vida de los habitantes de las costas norte y central. Antes de este tiempo la gente vivía en pequeñas aldeas de pescadores situadas en la costa del Pacífico, desde la cual explotaron ricos recursos marinos, y se practicó la agricultura de pequeña escala en las inmediaciones de las bocas de los valles fluviales costeños. Durante el Precerámico Tardío hubo un enorme desarollo en la agricultura de riego y esta innovación se extendió a lo largo de gran parte de la costa peruana. La mayoría de las poblaciones costeñas existentes se trasladaba varios kilómetros tierra adentro hacia lugares óptimos para la práctica de la agricultura de riego que suministraba una base de alimentación fiable y ampliable (Burger 1985, 1987, 1992; Shelia Pozorski ■ Departamento de Psicología y Antropología de la Universidad de Texas-Pan American, Edinburg, TX 78539; correo-e: spozorski@panam.edu Thomas Pozorski ■ Departamento de Psicología y Antropología de la Universidad de Texas-Pan American, Edinburg, TX 78539; correo-e: tpozorski@panam.edu


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Figura 1. Mapa del valle de Casma mostrando la ubicaciรณn de los sitios tempranos.


La evolución del Periodo Inicial en el valle de Casma...

9

Morris y von Hagen 1993; Moseley 1992; Patterson 1985; S. Pozorski y T. Pozorski 1987; T. Pozorski 1980, 1982; Richardson 1995; Shady 2001, 2003, 2004, 2006; Tellenbach 1986; Von Hagen y Morris 1998). En los tiempos del Periodo Inicial, la alfarería y los tejidos también eran evidencias características en la mayoría de sitios. En unas pocas generaciones los grandes sitios que sirvieron como centros de entidades políticas importantes fueron construidos por una población que se volvía cada vez más compleja en lo social, económico y político. El Periodo Inicial en la zona del valle de Casma se caracteriza por la presencia de dos acontecimientos culturales que hemos designado como entidades políticas Sechín Alto y Las Haldas. El complejo más grande de esta época en el valle de Casma es Sechín Alto, un grupo de cuatro sitios relacionados que dominó el brazo norte del río, y la Pampa de Las Llamas-Moxeke fue el mayor sitio dentro de la rama sur del mismo (Figuras 1-2). Estos sitios, además de los tres satélites de la costa en Bahía Seca, Tortugas y Huaynuná, comprenden la entidad política Sechín Alto (Pozorski y Pozorski 1992). Esta entidad se caracteriza por las formas de cerámica decorada de jarras sin cuello predominantemente, y por profundas puntaciones en el hombro de la vasija, así como por figurillas de cerámica, morteros o tazones de piedra, y una distintiva forma arquitectónica modular conocida como unidad de habitación cuadrada que parece estar en relación con una función administrativa (Pozorski y Pozorski 1986, 1994). La entidad política Sechín Alto tenía al sitio Sechín Alto como capital, y nuestras investigaciones han demostrado que la Pampa de las Llamas-Moxeke fue contemporánea con, pero subsidiaria a, el complejo Sechín Alto durante gran parte del periodo de tiempo de ocupación y uso de este complejo (Pozorski y Pozorski 1986, 1987, 1998, 2000, 2002, 2005). El complejo Sechín Alto esta constituido por el sitio Sechín Alto, así como por tres pequeñas comunidades en las inmediaciones: Taukachi-Konkán, Sechín Bajo y Cerro Sechín. En la prehistoria del complejo de Sechín Alto este era probablemente un asentamiento único y continuo, pero gran parte del fondo del valle es intervenido actualmente con cultivos que opacan estructuras más pequeñas. Sin embargo, un área de la arquitectura y un rico basural se conservan fuera de las áreas de cultivo en la parte sureste del complejo (Figura 2B). La entidad política Las Haldas está centrada en la zona costeña del mismo nombre. Se definió inicialmente en el sitio de Las Haldas sobre la base de cerámica. Los punteados pequeños en los patrones en zona predominan en las botellas, y hay una mayor proporción de cerámica decorada (Pozorski y Pozorski 1987). Rasgos arquitectónicos tales como la construcción compartida de las paredes, el uso generalizado de las esquinas cuadradas y de accesos orientados hacia la parte posterior son distintivos de la forma de gobierno de Las Haldas. El material cultural de Las Haldas


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Figura 2. Plano del Complejo Sechín Alto mostrando la ubicación de sus cuatro sitios componentes: Cerro Sechín, Taukachi-Konkán, Sechín Bajo y Sechín Alto. También se observan (A) el ala sur de la primera plaza al este del montículo principal y (B) el área doméstica del sitio Sechín Alto.

Figura 3. Plano del montículo principal del sitio Sechín Alto mostrando: (A) el término norte del núcleo de adobe cónico; (B) la cara exterior este del núcleo de adobe cónico; (C) la cara exterior oeste del núcleo de adobe cónico; (D) la depresión al este del núcleo de adobe cónico; (E) el ala norte del atrio superior; (F) el sistema de escaleras central entre el atrio inferior y el atrio superior; (G) el corredor que conduce hacia la cima del núcleo de adobe cónico; (H) la sala de la cumbre; (I) el sistema de escaleras central entre el atrio superior y la sala de la cumbre; (J) el ala sur del atrio superior; (K) la arquitectura del Horizonte Temprano en la cumbre del montículo principal.


La evolución del Periodo Inicial en el valle de Casma...

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se ha encontrado en Bahía Seca, en la costa y en el interior, y en los sitios de Sechín Alto y Taukachi-Konkán en el Complejo Sechín Alto. Las organizaciones políticas de Sechín Alto y de Las Haldas tienen una larga historia dentro de la zona del valle de Casma. Las primeras fechas para la entidad política Sechín Alto vienen desde el sitio de Pampa de Las Llamas-Moxeke, que fue habitado desde 2080 hasta 1340 cal a.C. La ocupación de Las Haldas en la zona del valle de Casma está fechada entre 1925 y 1410 cal a.C. en el sitio costeño de Las Haldas (Pozorski y Pozorski 1992:Tabla 2). Por lo tanto, estas dos culturas distintas se presentaron en la misma época y convivieron durante varios cientos de años. No hay evidencia de interacción significativa entre las dos culturas, sin embargo, hasta aproximadamente el 1400 cal a.C., la cerámica y material cultural de Las Haldas y de su cultura apareció al norte de Las Haldas en los sitios de Sechín Alto, TaukachiKonkán y Bahía Seca, los cuales habían sido comunidades de la entidad política Sechín Alto. Incluso más tarde, durante el Horizonte Temprano, tanto Las Haldas como el sitio Sechín Alto fueron ocupados de nuevo, y Sechín Alto también cuenta con material intrusivo cultural que data del Horizonte Medio y épocas posteriores.

El sitio de Sechín Alto Durante el Periodo Inicial (2150-1000 cal a.C.) el sitio Sechín Alto, ubicado en el ramal del río Sechín del valle de Casma en la costa norcentral del Perú, es parte de un grupo de 10,5 km2 de sitios conocidos como el complejo de Sechín Alto (Figuras 1-2). De los cuatro sitios que componen el complejo - Sechín Alto, Sechín Bajo, Cerro Sechín, y Taukachi-Konkán - Sechín Alto es, con mucha ventaja, el más grande (Pozorski y Pozorski 1987:82; 2002:21). El montículo principal de Sechín Alto mide 300 por 250 m y tiene 35 m de altura, y es la construcción más grande dentro de la categoría de montículos para su época en el Nuevo Mundo. Cuatro grandes plazas rectangulares delimitadas por muros de piedra y pequeños montículos de piedra se extienden casi 1200 metros al este del montículo principal, y las plazas segunda y cuarta contienen los pozos circulares hundidos. La configuración general del montículo incluye una escalera central que conduce de un atrio flanqueado por alas de 6 m de alto a un atrio superior, el mismo que también está flanqueado por brazos laterales y la cumbre del montículo al oeste (Figura 3). Entre los atrios inferiores y superiores se produce un aumento en la elevación de alrededor de 11,5 m. Una segunda escalera larga lleva a la cumbre del montículo a una altura de unos 12,75 m sobre el piso del atrio superior. La mayor parte de la construcción es de piedra extraída de las colinas cercanas, y estas fueron unidas con mortero de barro arcilloso. Un sólido “núcleo” rectangular de adobes cónicos


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Muestra No.

Años Fecha sin radiocarbónicos calibrar a.C. Antes presente

Fecha calibrada a.C.

Material fechado

Contexto arqueológico

Beta-172352

3320 + 60

1370 + 60

1610 + 80

totora

Material del techo ubicado sobre del piso del corredor al este del corazón del adobes cόnicos, Fase Moxeke A

Beta-110593

3300 + 50

1350 + 50

1540 + 60

madera

Dentro de un hueco de poste de una columna en la esquina noreste del corazón de adobes cόnicos, Fase Moxeke A

Beta-110592

3240 + 60

1290 + 60

1510 + 60

carbón

Dentro de 10 cm del piso del cuarto profundo, Fase Moxeke A

Beta-138056

3240 + 50

1290 + 50

1510 + 55

madera

Dentro de una pilastra de una entrada en la ala norte norte del atrio superior, Fase Haldas

Beta-124948

3240 + 60

1290 + 60

1510 + 60

carbón

Dentro de Cuadro 2, nivel 15, área doméstica en la Esquina sureste del Complejo Sechín Alto

Beta-150768

3220 + 60

1270 + 60

1500 + 55

carbón y madera

Material del relleno 85145 cm debajo del piso gris en la ala norte del atrio superior, Fase Moxeke B

Beta-150766

3170 + 60

1220 + 60

1430 + 50

madera

Dentro de una pilastra de una entrada en la ala norte del atrio superior, Fase Haldas

Beta-138058

3160 + 60

1210 + 60

1425 + 50

carbón

Dentro de un fogόn cerca el piso de los cuartos en la ala norte del atrio superior

Beta-124947

3150 + 60

1200 + 60

1420 + 35

carbón

Material del relleno dentro de 10 cm del piso del cuarto cuadrado sobre la plataforma de adobes cόnicos dentro del cuarto profundo, Fase Moxeke B

Beta-124945

3140 + 60

1190 + 60

1410 + 55

madera

Dentro de un hueco de poste dentro de una columna en la esquina noroeste del corazón de adobes cónicos, Fase Moxeke A

Beta-150767

3110 + 70

1160 + 70

1400 + 70

madera

Dentro de 7 huecos de postes dentro del piso gris en la ala norte del atrio superior, Fase Moxeke B

Beta-164488

3090 + 70

1140 + 70

1390 + 70

carbόn

Material del relleno 0-40 cm debajo del piso del ala sur de la primera plaza al este de la huaca principal de Sechín Alto

Beta-172353

3090 + 60

1140 + 60

1390 + 65

carbόn

Material de relleno 50-60 cm debajo del piso del corredor, en la área doméstica en la esquina sureste del Complejo Sechín Alto

Beta-110594

3080 + 60

1130 + 60

1380 + 60

carbόn

Dentro de Cuadro 1, Nivel 18/19, área doméstica en la esquina sureste del Complejo Sechín Alto

Beta-138057

3050 + 70

1100 + 70

1305 + 95

madera

Poste dentro de un corredor en el ala norte del atrio superior, Fase Haldas

Beta-124946

3040 + 60

1090 + 60

1295 + 95

carbón

Material de relleno 1,5 m arriba del piso del cuarto cuadrado sobre la plataforma de adobes cónicos dentro del cuarto profundo, Fase Moxeke B

Beta-172354

3010 + 70

1060 + 70

1270 + 125

carbón

Material de relleno 0-30 cm debajo Piso #4 de un


Sechín Alto Beta-110594

3080 + 60

Beta-138057

3050 + 70

Beta-124946

1130 + 60

1380 + 60

carbόn

La evolución del Periodo Inicial en el

Dentro de Cuadro 1, Nivel 18/19, área doméstica en la esquina sureste del Sechín Alto valleComplejo de Casma...

1100 + 70

1305 + 95

madera

Poste dentro de un corredor en el ala norte del atrio superior, Fase Haldas

3040 + 60

1090 + 60

1295 + 95

carbón

Material de relleno 1,5 m arriba del piso del cuarto cuadrado sobre la plataforma de adobes cónicos dentro del cuarto profundo, Fase Moxeke B

Beta-172354

3010 + 70

1060 + 70

1270 + 125

carbón

Material de relleno 0-30 cm debajo Piso #4 de un cuarto dentro de ala sur de la primera plaza al este de la huaca principal de Sechín Alto

Beta-172351

3000 + 60

1050 + 60

1260 + 115

soga de junco

Dentro un hueco de columna dentro del ala sur del atrio superior, Fase Moxeke B

Beta-138059

2930 + 60

980 + 60

1120 + 110

carbόn

Dentro de un fogόn intrusivo ubicado arriba de la arquitectura de la Fase Haldas en el ala Norte del atrio superior

Beta-150765

2860 + 60

910 + 60

1010 + 90

madera

Poste dentro de la entrada principal sur del ala norte del atrio superior, Fase Haldas

Beta-164487

2760 + 60

810 + 60

900 + 70

carbón

Dentro de un fogón intrusivo sobre una plataforma baja dentro del ala sur de la primera plaza al este de la huaca principal de Sechín Alto

Beta-110591

2210 + 60

260 + 60

290 + 70

carbón

Dentro de un fogón intrusivo en la basura del Horizonte Temprano sobrepuesto de la arquitectura de la Fase Moxeke B al este del atrio superior

Beta-110591

2110 + 60

160 + 60

160 + 75

carbón

Dentro de un fogón intrusivo asociado con la arquitectura del Horizonte Temprano sobrepuesta de la arquitectura de la Fase Moxeke B del ala norte del atrio superior

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Tabla 1. Fechas radiocarbόnicas del sitio de Sechín Alto.

y mortero de arcilla limosa mide unos 90 m de norte a sur, 30 m de este a oeste y tiene 9 m de altura, y ocupa el centro de la cumbre del montículo. Adobes cónicos también se utilizan ocasionalmente para la construcción de escaleras y las partes superiores de las paredes de piedra.

Investigaciones anteriores El reconocimiento de superficie de Sechín Alto se llevó a cabo por muchos investigadores en los últimos 65 años (Collier 1962:411; Fung y Williams 1977:116-120; Kosok 1965:214-215; S. Pozorski 1987:20-21; S. Pozorski y T. Pozorski 1987:71-82, 1992:860-862, 2002:22; Tello 1956:79-82; Thompson 1961:201-224, 1962:294, 1964:207-208; Wilson 1995:192-193). Collier excavó dos pozos de prueba en el sitio en 1956 (Carlevato 1979:29-32; Collier 1962:411; Pozorski y Pozorski 2005:145). La


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

mayoría de los investigadores anteriores están de acuerdo en adjudicar una fecha “temprana” para el sitio sobre la base de una pequeña cantidad de material cultural excavado y, especialmente, por la forma y el diseño de su arquitectura de superficie.

Las investigaciones actuales Ocho temporadas de campo (entre 1995 y 2002) con excavaciones se apoyan en fechados tempranos, y se ha podido asignar la mayor parte de la construcción del montículo de Sechín Alto al Periodo Inicial (Tabla 1). La forma general del montículo principal indica claramente una construcción del Periodo Inicial, pero la mayoría de los detalles arquitectónicos relacionados con la construcción no están claros. En los últimos 15 m de deposición de la cima del montículo principal, hemos definido tres fases del Periodo Inicial, sin embargo, cuánto más tiempo está representado en los más de 20 m de la construcción sin explorar en la parte inferior del montículo es una cuestión de especulación. Anticipamos una o dos fases de construcción masiva anterior que data de principios del Periodo Inicial (2150 cal a.C.) y contemporáneas con las primeras ocupaciones en Pampa de Las Llamas-Moxeke y Cerro Sechín (Fuchs 1997:158; Pozorski y Pozorski 1992 :852), así como Las Haldas (Pozorski y Pozorski 1987:10-11, 21-23). La construcción final del Periodo Inicial está oculta por una ocupación del Horizonte Temprano (1000200 cal a.C.) en la cumbre del montículo. Durante este tiempo la gente se movía en el montículo, derribaron gran parte de la arquitectura del Periodo Inicial y convirtieron un sector grande de la cumbre en una superficie plana sobre la que construyeron habitaciones modestas, plazas, patios y pequeños montículos libres. Una capa que tiene de 30 a 100 centímetros de basural marrón, y que cubre gran parte de la cumbre del montículo, también se asocia a esta ocupación del Horizonte Temprano. Nuestras excavaciones en Sechín Alto se centraron en el trazado de patrones de acceso (escaleras, entradas) de la arquitectura del Periodo Inicial, la excavación estratigráfica de las porciones del montículo para establecer controles cronológicos, el examen detallado de áreas específicas para obtener información funcional en relación a la ocupación del Periodo Inicial, y la limpieza horizontal de arquitectura del Horizonte Temprano para comprender mejor esta reocupación.

Secuencia cronológica en el sitio Sechín Alto Seis fases de la construcción y la reocupación se han explorado a través de las excavaciones en el montículo principal del sitio Sechín Alto. Hemos designado las dos primeras fases del Periodo Inicial como Fases Moxeke A y B, puesto que los artefactos y los elementos arquitectónicos que definen este componente se observa-


La evolución del Periodo Inicial en el valle de Casma...

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ron por primera vez en Pampa de Las Llamas-Moxeke, en el ramal sur del valle de Casma. La información cronológica obtenida a partir del sitio de Sechín Alto indica que los primeros 20 m de la construcción del montículo principal, o dos tercios del volumen total de 2’000,000 m3 del montículo fechan a la Fase Moxeke A. Las fechas radiocarbónicas de la Fase Moxeke A son contemporáneas con gran parte de la ocupación en Pampa de Las Llamas-Moxeke (1500 cal a.C.). La configuración exacta del montículo en este momento se desconoce porque está oculto por la construcción de la Fase Moxeke B. La Fase Moxeke se subdividió en Fases Moxeke A y B, teniendo dos episodios importantes de construcción que son evidentes, pero no hay un cambio perceptible en artefactos asociados. Los fechados radiocarbónicos sugieren que abarcan tiempos aproximados que van de 2150 a 1500 cal a.C. y de 1500 a 1400 cal a.C. respectivamente para cada una de estas sub-fases. El final del Periodo Inicial, que va aproximadamente de 1400 a 1000 cal a.C., se ha designado a la Fase Haldas para distinguir una nueva presencia cultural. Estas fases del Periodo Inicial son seguidas por la reocupación del Horizonte Temprano, así como más tarde por el Horizonte Medio y un Periodo “Transicional” de reutilización efímera del montículo (Pozorski y Pozorski 2005:146-148).

Fase Moxeke A La Fase Moxeke en su conjunto se puede fechar entre 2150 y 1400 cal a.C., coincidiendo con las fechas de radiocarbono de Pampa de Las Llamas-Moxeke, Taukachi-Konkán, Bahía Seca y Cerro Sechín. Las fechas de Sechín Alto coinciden cerca del final de esta fase, entre 1600 y 1400 cal a.C. (Tabla 1), lo que refleja el hecho de que las excavaciones se limitaron a la mitad superior del montículo. La cerámica de la Fase Moxeke se encontró en asociación con la arquitectura de la Fase Moxeke A, en la construcción y relleno de la Fase Moxeke B y dentro de un ámbito doméstico en la esquina sureste del Complejo Sechín Alto (Figuras 2B, 4). La arquitectura que data de la Fase Moxeke A fue expuesta en cuatro áreas del montículo principal: el núcleo de adobe cónico, la depresión al este del núcleo de adobe cónico, el ala norte del atrio superior, y el segmento inferior de la escalera central. La arquitectura de la Fase Moxeke B fue expuesta en la cumbre del montículo, en el ala sur del atrio superior, y sobre un montículo de tamaño intermedio que bordea la primera plaza. El núcleo de adobe cónico fue probablemente la parte más alta de la cumbre del montículo durante la Fase Moxeke A (Figuras 3 A-C). Originalmente fue una construcción sólida que estuvo por lo menos 9 metros sobre la superficie del montículo adyacente. La excavación de una porción intacta de la zona oeste (Figura 3C), reveló que la altura de 9 m incluye tanto un banco que es de 3,5 m de altura y 4,7 m de ancho


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Figura 4. Vista de los restos de frisos policromados en la esquina noroeste del núcleo de adobe cónico.

y el segmento de muro de 5,5 m por encima del banco. Se encontró evidencia de columnas cuadradas en el núcleo de adobe cónico de las esquinas noroeste y noreste. Frisos policromados decoran los restos de tres columnas cuadradas en la esquina noroeste (Figura 4). Cada friso es distinto, pero no se conserva lo suficiente para determinar los motivos con precisión. Dos muestras de madera de los hoyos de poste en la plaza de las columnas arrojan como resultado una datación de 1540 ± 60 y 1410 ± 55 cal a.C. (Tabla 1). Creemos que estos restos de columnas cuadradas formaban parte de dos columnatas, que tal vez contenían hasta 45 columnas, y cada una se alineaba en los lados este y oeste de la superficie del núcleo de adobe cónico (Figura 3). Los frisos de estas columnas probablemente fueron visibles desde una gran distancia, cuando este sector constituía la parte más alta de la cumbre del montículo principal de Sechín Alto (Pozorski y Pozorski 2005:148-149). Al este del núcleo de adobe cónico probablemente estaba presente un patio rodeado por unidades de habitación cuadradas. El acceso a este patio fue posible a través de la escalera central empotrada. Una depresión de 15 m de profundidad facilitó la excavación de un par de habitaciones conservadas parcialmente y asociadas con cerámica de la Fase Moxeke (Figuras 3-B-D, 5). Una de estas habitaciones es una unidad de habitación cuadrada, la forma de arquitectura modular compues-


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Figura 5. Cerámica decorada de la construcción de la Fase Moxeke del sitio Sechín Alto que también es típica del sitio de Pampa de las Llamas-Moxeke.

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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Figura 6. Reconstrucción hipotética de una unidad de habitación cuadrada.

ta de una habitación cuadrada con esquinas exteriores redondas que denotan la arquitectura administrativa en Pampa de Las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán (Figura 6; Pozorski y Pozorski 1994:53). La unidad de habitación cuadrada del sitio de Sechín Alto descansa sobre una plataforma hecha de adobes cónicos que destaca por lo menos 5 metros sobre un piso que parece ser parte de un pequeño patio o espacio abierto (Figura 7). Muestras de carbón de leña de este piso arrojaron una fecha de 1510 ± 60 cal a.C. (Tabla 1). Debido a que estaba cubierto por la construcción de la Fase Moxeke B, restos de pintura original roja, amarillo, negra y blanca se encontraron en buen estado de conservación en el módulo de la unidad de habitación cuadrada y la plataforma. Arquitectura de la Fase Moxeke A también fue descubierta en el ala norte del atrio superior (Figura 3E). Un sistema de escaleras de 3 m de ancho hecho de adobes cónicos en parte subyace un gran bloque de cuartos asociados con cerámica de tipo Las Haldas (Figura 8). La parte sur de la escalera lleva hacia el norte desde el atrio superior hasta un descanso. En el extremo norte de la entrega la escalera desciende a un piso de estuco bien conservado que forma parte de una gran sala o patio. El extremo norte de esta escalera y la sala asociada están cubiertos por 3,75 m de relleno constructivo que data de la Fase Moxeke B, sobre la que descansa la posterior construcción de la Fase Haldas.


La evoluciรณn del Periodo Inicial en el valle de Casma...

Figura 7. Vista del suroeste de una plataforma de adobe cรณnico que fecha a la Fase Moxeke A y que soporta los restos de una unidad de habitaciรณn cuadrada y un cuarto rectangular.

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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Figura 8. Vista desde el oeste de una escalera enterrada que fecha a la Fase Moxeke A, en el ala norte del atrio superior.

Actualmente, dos sistemas de escalera ascienden la cara este del montículo principal a lo largo de su eje central. El sistema de escaleras inferior, que se levantan de la parte inferior hasta el atrio superior (Figura 3F), estuvo en uso durante la Fase Moxeke A porque la mayor parte de la cumbre del montículo fue más bajas en ese momento. Dos fases de construcción son evidentes en esta escalera y probablemente pertenecen a las fases Moxeke A y B. Un segmento corto de la escalera anterior fue expuesto en la parte baja del sistema de escaleras inferior, donde cuatro de sus pasos se extienden al este de la pared oeste del atrio menor. Más arriba, esta escalera estaba inscrita, y su tamaño y configuración probablemente coincidían estrechamente con la escalera de la Fase Moxeke B que en la actualidad se superpone (Pozorski y Pozorski 2005:149-151).

Fase Moxeke B El tercio superior del montículo principal se añadió durante la Fase Moxeke B. Esto revela la tendencia general de las personas del Periodo Inicial de adherirse a determinados principios arquitectónicos durante largos periodos de tiempo. Gran parte de la configuración general de este montículo visible hoy siguió los patrones arquitectónicos anteriores de la Fase Moxeke A, vistos en sitios como Pam-


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Figura 9. Vista desde el este del corredor estrecho que conduce hacia la cima del núcleo de adobe cónico.


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

pa de las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán. El montículo principal alcanzó su altura actual y claramente tuvo una configuración en forma de U durante la Fase Moxeke B, y la sala de la cumbre, la estructura de las alas, las cuatro plazas rectangulares, y las dos plazas circulares hundidas también fueron probablemente construidas durante este periodo. Esta fase se puede fechar en el lapso de 1500 a 1400 cal a.C. Las evidencias de la construcción de la Fase Moxeke B fueron expuestas en la zona del núcleo de adobe cónico, la sala de la cumbre, la escalera central y el norte y el sur de las alas del atrio superior. La arquitectura de la Fase Moxeke B también se encontró durante la excavación de un pequeño montículo que bordea la primera plaza (Figura 2A), y la arquitectura y basura residencial hacia el sureste también, probablemente, se inscriban dentro de esta fase (Figura 2B). El núcleo de adobe cónico se siguió utilizando durante la Fase Moxeke B. No obstante, los cuatro lados fueron rodeados y oscurecidos por las piedras y el barro de relleno de la fase de construcción Moxeke B, que elevó la mayor parte del montículo hasta la altura de la superficie del núcleo de adobe cónico. La poca cerámica diagnóstica encontrada en este relleno pertenece a la Fase Moxeke, y dos fechados asociados al relleno constructivo arrojan los resultados de 1420 ± 35 y 1295 ± 95 cal a.C., siendo estos datos cruciales en la datación de la construcción superior y el relleno del montículo para la Fase Moxeke B (Tabla 1). Estos resultados establecen una fecha inferior para la arquitectura del Periodo Inicial construida sobre el relleno (Pozorski y Pozorski 2005:151). Las excavaciones cerca del núcleo de adobe cónico revelaron un pasillo relativamente intacto, revestido con piedras (Figura 3G) que conecta la superficie del núcleo de adobe cónico con la sala de la cumbre (Figura 3H). El corredor, que mide 1,25 m de ancho con paredes laterales permanentes de 2,5 m de altura, restringió un acceso a la parte superior del núcleo de adobe cónico durante esta fase (Figura 9). El material del techo que se recuperó sobre el piso del corredor proporcionó un fechado de 1610 ± 80 cal a.C. (Tabla 1). El descubrimiento del corredor confirmó que el núcleo de adobe cónico originalmente era una construcción sólida que soportaba una superficie larga y rectangular rodeada de pórticos con frisos. Este diseño y la iconografía, junto con el acceso restringido a la zona, sugiere fuertemente que esta sirvió como un recinto ceremonial en el centro del montículo principal en ambas fases Moxeke. La sala de la cumbre principal fue construida durante la Fase Moxeke B. Mide 50 m de norte a sur por 25 m de este a oeste (Figura 3H), y sus paredes están hechas de piedras de cantera inusualmente grandes (con dimensiones de hasta 1,6 por 0,9 m) asentadas en mortero de arcilla limosa. Las paredes son de casi 5 m de espesor y tienen por lo menos 10 m de altura. La sala de la cumbre tiene una entrada de 5 m


La evoluciรณn del Periodo Inicial en el valle de Casma...

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Figura 10. Vista desde el este del sistema de escaleras central que conduce desde el atrio inferior hasta el atrio superior.

Figura 11. Plano del sistema de escaleras central que conduce desde el atrio inferior hasta el atrio superior.


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

de ancho en su muro oriental, que se alinea con el sistema de escaleras central del montículo. Numerosos fragmentos de frisos pintados (en colores rojo, amarillo, negro, azul, azul-gris, verde y blanco) se encontraron en el derrumbe de la pared este de la sala de la cumbre, revelando que la cara este de esta fue decorada con frisos polícromos, que hubieran sido visibles desde las plazas hacia el este. El sistema de escaleras central consta de dos escaleras separadas que ascienden la cara este del montículo principal. Una se levanta del atrio inferior al atrio superior (Figura 3F) y la segunda subió desde el atrio superior a la entrada de la sala de la cumbre. La construcción inicial de la escalera más baja se completó durante la Fase Moxeke A y durante la Fase Moxeke B la planta baja del atrio se elevó 2,2 m, cubriendo una parte de la primera escalera y proporcionando el nivel del arranque de la escalera que se superpone. Las excavaciones de la escalera inferior (Figuras 1011) revelaron 39 gradas, entre ellas un descanso y una banqueta, que abarcan un total de 11,5 m de altura. Los primeros 26 peldaños de la escalera son de 10,5 m de ancho y empotrados. Los siguientes tres pasos son de 5 m de ancho y llevan de la entrega a una banqueta. Los últimos 10 pasos son de 6,75 m de ancho y emplazados en el borde este del atrio superior (Pozorski y Pozorski 2005:152). La escalera superior cuenta con unos 46 pasos y se eleva a casi 13 m (Figuras 3I, 12-13). Esta escalera consta de cuatro segmentos que varían en anchura. Todos, excepto el más bajo, fueron expuestos por la excavación, pero sin embargo este primer segmento de escalera era probablemente de unos 5 metros de ancho y contenía aproximadamente 16 pasos. El segundo segmento de escalera conduce hasta un amplio descanso es de 5 m de ancho y consta de 4 pasos (Figura 13). El tercer segmento de la escalera se estrecha a medida que asciende hasta el relleno superior. Los primeros 13 pasos tienen una medida de unos 17 m de ancho, y a continuación la escalera se reduce a 9 m de ancho para los últimos 5 pasos (Figura 13). El cuarto y último segmento está formado por una amplia escalera en pie de 5 m, y de 8 pasos que conducen desde el relleno superior a un banco a lo largo de la pared este de la sala de la cumbre. Los lados de esta escalera se alinean con las paredes laterales de la entrada este a la sala de la cumbre (Figura 13). Cerámica de la Fase Moxeke fue recuperada durante la excavación de esta escalera superior, y la posición estratigráfica de la escalera demuestra su asociación a la Fase Moxeke B. La arquitectura expuesta en el ala sur del atrio superior estaba asignada a la Fase Moxeke B debido a su conexión arquitectónica con el sistema de escaleras superior (Figuras 3J, 14). El saqueo en esta área provocó daños, dejando escasos restos de dos habitaciones. Al cuarto del norte se accede desde el atrio superior a través de una entrada de 1,65 m de ancho. Dentro de esta sala, en un banco


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Figura 12. Vista desde el este del sistema de escaleras central que conduce desde el atrio superior hacia la sala de la cumbre del montículo.

Figura 13. Plano del sistema de escaleras central que conduce desde el atrio superior hasta la cumbre de la sala de la cumbre del montículo


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

cuadrado, se encuentran cuatro improntas de columna y cada una mide aproximadamente 35 centímetros de diámetro, los cuales contenían los restos de los núcleos de la columna de caña envuelta en una cuerda de fibra vegetal de junco (Scirpus sp.). Estas columnas pudieron sostener un techo, creando una galería que sirvió como un área de recepción para los visitantes del ala sur. Restos de cuerda de fibra de junco procedentes de una impronta de columna arrojan un fechado de 1260 ± 115 cal a.C. (Tabla 1). A la segunda sala se accede desde el lado este de la galería. Aquí todo lo que queda de una habitación mucho más grande es una banqueta conservada parcialmente que soporta a una plataforma baja cuadrada colindante con el montículo principal. Al sur de esta plataforma se tiene una impronta de columna y salientes de yeso que podrían ser los restos de un friso (Pozorski y Pozorski 2005:153-154). En el ala norte, un piso rústico de yeso en bruto limoso de color gris de hasta 12 cm de grosor cubre la superficie del relleno de la Fase Moxeke B de 3,75 m de profundidad, en una habitación de la Fase Moxeke A. Carbón de leña y madera de este relleno arroja un fechado de 1500 ± 55 cal a.C. (Tabla 1). En el relleno se halló un pendiente estilizado de cabeza de ave de piedra verde sin identificar (Figura 15), pero no cerámica diagnóstica. Incrustada en el suelo gris se tiene una alineación de siete hoyos para postes pequeños, de entre 10 y 12 centímetros de diámetro cada uno, los mismos que fueron cubiertos por la arquitectura posterior de la Fase Haldas. Fragmentos de madera de estos hoyos de poste nos brindan un fechado de 1400 ± 70 cal a.C. (Tabla 1). La edificación de la Fase Moxeke B finalizó con la construcción de este piso gris, y antes de que las estructuras se construyeran en el ala norte. Algunas partes de dos habitaciones que forman la frontera sur de la primera plaza tienen esquinas redondas interiores similares a las encontradas en la mayoría de las unidades cuadradas o habitaciones de la Fase Moxeke (Figura 2A). También hay un amplio piso de limo gris y yeso de la pared que coincide con el suelo gris del atrio superior del ala norte, y se recuperó tiestos de la Fase Moxeke de las excavaciones. Tenemos fechados de 1390 ± 70 y 1270 ± 125 a.C. (Tabla 1) procedentes de carbón recuperado del relleno que se halla debajo del piso de una de las habitaciones, los cuales también sugieren que estas estructuras fechan a la Fase Moxeke B. Estos datos también constituyen la base de nuestra asignación de las plazas asociadas a la Fase Moxeke B. Las excavaciones durante los años 1995 y 2002 dentro de una zona residencial al sureste del montículo principal descubrieron pruebas abundantes de basura y algunas estructuras que datan de la Fase Moxeke (Figura 2B). Sólo cerámica de la Fase Moxeke se recuperó de estas excavaciones, junto con numerosos fragmentos de fi-


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Figura 14. Vista desde el este del pórtico del ala sur del atrio superior.

gurillas, cuencos de piedra o fragmentos de mortero y textiles. Los vegetales y restos de animales eran abundantes. Las principales plantas alimenticias e industriales obtenidas son el algodón (Gossypium barbadense), mate (Lagenaria siceraria), calabaza (Cucurbita sp.), frijol (Phaseolus vulgaris), pallar (Phaseolus lunatus), frijol Canavalia (Canavalia sp.), pacae (Inga feuillei), lúcuma (Lucuma bifera), cansaboca (Bunchosia armeniaca), guaba (Psidium guajava), maní (Arachis sp.), papa (Solanum tuberosum), camote (Ipomoea batatas) y achira (Canna edulis). Los recursos marinos predominan en el inventario de fauna, incluyendo las anchoas, las sardinas, y varias especies de moluscos. Se tienen dos fechas de radiocarbono que arrojan los resultados de 1510 ± 60 cal a.C. y 1380 ± 60 cal a.C. (Tabla 1), procedentes de carbón recuperado en las excavaciones del basural de esta ocupación de la Fase Moxeke B (Pozorski y Pozorski 2005:154). La enorme cantidad de construcciones en el sitio Sechín Alto durante la Fase Moxeke B consolidó el poder de la entidad política Sechín Alto y el liderazgo de este sitio, que probablemente había servido siempre como capital política. Las excava-


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Figura 15. Un pendiente de piedra verde en forma de cabeza de ave descubierta en el relleno de la Fase Moxeke B, en el ala norte del atrio superior.


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ciones en Pampa de Las Llamas-Moxeke en la rama sur del valle indican que este sitio fue abandonado en gran parte por el final de la Fase Moxeke B, y el uso de los sitios de la entidad política Sechín Alto que rodean al sitio Sechín Alto también se redujo durante esta fase. Las huellas de la ocupación Haldas en Taukachi-Konkán sugieren que en este sitio ya no se tiene actividades de la entidad política Sechín Alto. La construcción grande del Periodo Inicial había terminado también en Cerro Sechín (Fuchs 1997:158-159) y las ocupaciónes relacionadas con Sechín Alto cesaron en los sitios costeños de Tortugas, Huaynuná y Bahía Seca. La consolidación del poder en el sitio Sechín Alto se hizo necesaria conforme la entidad política Sechín Alto se debilitaba. Trabajos de campo en los sitios de la entidad política Sechín Alto sugieren que dos acontecimientos la impactaron seriamente durante los años 1500-1400 a.C., lapso de tiempo de la Fase Moxeke B. La primera fase Moxeke está caracterizada por conflictos internos, probablemente representados por la insurgencia del segmento Pampa de Las Llamas-Moxeke de la entidad política. Creemos que la supresión éxitosa de esta rebelión por el segmento Sechín Alto fue conmemorada en Cerro Sechín. El vestido de las víctimas en las tallas de piedra de Cerro Sechín y los seres colosales en los frisos de barro de Moxeke es el mismo (Kauffmann 1983:179; Pozorski 1987:27; Roe 1974:34; Tello 1956:154, 159), lo que sugiere que la elite de Pampa de Las Llamas-Moxeke fue la perdedora de este gran conflicto. Un segundo factor que probablemente impactó la entidad política Sechín Alto fue un episodio del Fenómeno de El Niño en el 1400 cal a.C. (Pozorski y Pozorski 2005:159). Esto se documenta claramente en Cerro Sechín y se observó en Huaca A en Pampa de Las Llamas-Moxeke. El daño que ocasionó este episodio del Fenómeno de El Niño en Huaca A fue reparado, pero el sitio fue abandonado poco después de este evento.

El sitio Las Haldas y la Fase Haldas Las Haldas, situado en la costa norcentral del Perú a unos 20 km al sur del valle de Casma, llamó la atención de la comunidad arqueológica en 1956, cuando fue visitada por Engel y Lanning (Figura 1; Engel 1970:31; Fung 1969:13). El sitio de inmediato generó interés debido a su gran tamaño de casi 40 hectáreas, el montículo y la arquitectura de la plaza que es fácilmente visible en la superficie, y su ubicación remota. En consecuencia, el sitio ha sido objeto de reconocimientos y excavaciones por una serie de investigadores o instituciones, incluyendo a los autores. Las excavaciones de diversos investigadores desde la década de 1950 han demostrado que Las Haldas es predominantemente una ocupación del Periodo Inicial


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Figura 16. Plano del sitio Las Haldas mostrando sus segmentos de construcciรณn (1-8).


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(2150-1000 cal a.C.), pero también tiene importantes componentes del Precerámico Tardío (3000-2150 cal a.C.) y del Horizonte Temprano (1000-200 cal a.C.). Las excavaciones de Engel (1957), Fung (en 1957, 1958 y 1965), Grieder (en 1967), las expediciones japonesas de 1958 y 1969 (dentro del marco de la Expedición Científica de la Universidad de Tokio a los Andes), y de nosotros mismos (en 1980) sirvieron para definir estas ocupaciones y distinguir al menos dos construcciones importantes dentro de la arquitectura monumental del Periodo Inicial (Engel 1957, 1970; Fung 1969; Grieder 1975; Ishida et al. 1960:194-197, 444-447; Matsuzawa 1978; Pozorski y Pozorski 1987:16-30, 2006:30). Rosa Fung es una fuente especialmente valiosa de información acerca de Las Haldas (Fung 1969). Ella trabajó con Engel durante las excavaciones iniciales en el año 1957, describió las primeras excavaciones en el sitio por Muelle y Kelley cuyos resultados nunca se publicaron, llevó a la primera Expedición Científica de la Universidad de Tokio a los Andes que hizo investigaciones en el sitio, supervisando una excavación por ellos en 1958, y también llevó a cabo su propia investigación de Las Haldas en 1965. Fung también proporciona una posible fuente para el nombre del sitio, que es conocida por varios nombres como Las Haldas o Las Aldas (Fung 1969:25). Ella prefiere esta última denominación, ya que está más cerca de un nombre de origen posible de la zona, llamada Las Algas, el cual se sustenta en las algas que son abundantes en esta zona de la costa.

Figura 17. Cerámica decorada de la ocupación del Periodo Inicial en el sitio Las Haldas.


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Shelia Pozorski y Thomas Pozorski

Muestra No.

Años Fecha sin radiocarbónicos calibrar a.C. Antes presente

Fecha calibrada a.C.

Material fechado

Contexto arqueológico

carbón

Basura debajo de la Plaza Circular, nivel 4d, 107129 cm debajo del nivel de basura con cerámica Pozorski y Pozorski 1987:Tabla 2

Precerámico Tardío Las Haldas UGa-4531

3960 + 80

2010 + 80

2470 + 80

NZ-370-2

3800 + 80

1850 + 80

2205 + 80

UGa-4529

3785 + 60

1835 + 60

2200 + 60

carbón

Basura debajo de la Plaza Circular, Nivel 2b, 19-29 cm debajo el nivel de basura con cerámica Pozorski y Pozorski 1987:Tabla 2

UGa-4530

3745 + 60

1795 + 60

2135 + 60

carbón

Basura debajo de la Plaza Circular, Nivel 3c, 79-91 cm debajo del nivel de basura con cerámica Pozorski y Pozorski 1987: Tabla 2

Precerámico con algodón Engel 1966:82; Fung 1969:21

Período Inicial Las Haldas, antes del montículo y el complejo de plazas Universidad Gakushuin

3600 + 95

1650 + 95

1925 + 95

¿carbón?

Basura debajo de la superficie de la Plaza 4, Trinchera F, muestra F/15; Matsuzawa 1978: 666-667

UGa-4534

3595 + 75

1645 + 75

1920 + 75

carbón

Basura, Nivel 13, 113-149 cm debajo de la superficie de la Plaza 6; Pozorski y Pozorski 1987:Tabla 2

UGa-4532

3460 + 75

1510 + 75

1745 + 75

carbón

Basura, Nivel 5b, 13-39 cm debajo de la superficie de plaza 6; Pozorski y Pozorski 1987:Tabla 2

TX-631

3430 + 80

1480 + 80

1730 + 80

hojas quemadas de Tillandsia

Basura afuera y debajo del nivel del muro este de Plaza 4, 100 cm arriba de la división entre basura precerámica y basura con cerámica; Grieder 1975:100

Universidad Gakushuin

3130 + 90

1200 + 90

1415 + 90

carbón?

Basura debajo de la Plaza 4, Trinchera F, muestra F/3; Matsuzawa 1978:666667

UGa-4533

3140 + 75

1190 + 75

1425 + 75

carbón

Basura, Nivel 12, 103-133 cm debajo de la superficie de la Plaza 6; Pozorski y Pozorski 1987:Tabla 2

Universidad de Tokio

2590 + 80*

640 + 80

795 + 80

carbón?

Basura debajo de la Plaza 6, Trinchera B, muestra LH-BEX/9; Matsuzawa 1978:666-667

Fase 1 Las Haldas, construcción del montículo y plazas Gak-606

3590 + 130

1630 + 130

1920 + 130

Scirpus tatora

Relleno de shicra debajo de escalera en el lado norte de la Plaza 5, Trinchera P1, Pozo 1/No. 6; Matsuzawa 1978:666667

Universidad de Tokio

2520 + 60*

570 + 60

600 + 60

Scirpus tatora

Relleno de shicra debajo de la escalera en el lado Norte de la Plaza 5, Trinchera D, LH-D/4; Matsuzawa 1978:666-667

Post-montículo y plazas, Las Haldas TX-648

3140 + 80

1190 + 80

1325 + 80

carbón?

Base de nivel de ceniza sobre el piso de la Plaza Circular; Grieder 1975:100

UGa-4526

2990 + 75

1040 + 75

1250 + 75

carbón

Basura cenizosa sobrepuesta a la escalera


tatora

Universidad de Tokio

2520 + 60*

de escalera en el lado norte de la Plaza 5, Trinchera P1, Pozo 1/No. 6; Matsuzawa 1978:666667

La evolución del 600 Periodo Inicial en el valleRelleno de Casma... 570 + 60 + 60 Scirpus de shicra debajo tatora

de la escalera en el lado Norte de la Plaza 5, Trinchera D, LH-D/4; Matsuzawa 1978:666-667

Post-montículo y plazas, Las Haldas TX-648

3140 + 80

1190 + 80

1325 + 80

carbón?

Base de nivel de ceniza sobre el piso de la Plaza Circular; Grieder 1975:100

UGa-4526

2990 + 75

1040 + 75

1250 + 75

carbón

Basura cenizosa sobrepuesta a la escalera entre las plazas 4 y 5, construcción postmontículo, ocupación secundaria, Nivel 2, 0-27 cm debajo de la superficie; Pozorski y Pozorski 1987: Tabla 2

UGa-4527

2915 + 60

965 + 60

1115 + 60

carbón

Basura cenizosa sobrepuesta a la escalera entre plazas 4 y 5, construcción postmontículo, ocupación secundaria, Nivel 11, 7492 cm debajo de la superficie; Pozorski y Pozorski:Tabla 2

UGa-4528

2845 + 80

895 + 80

995 + 80

carbón

Basura cenizosa sobrepuesta a la escalera entre plazas 4 y 5, construcción postmontículo, ocupación secundario, nivel 19, 119144 cm debajo de la superficie; Pozorski y Pozorski:Tabla 2

Tx-632

2830 + 70

880 + 70

985 + 70

carbón

Basura cenizosa sobre la superficie de la escalera entre plazas 4 y 5 después de la construcción del montículo principal y plazas asociadas; Grieder 1975:100, 109

Tx-1101

2730 + 70

780 + 70

845 + 70

carbón

Basura cenizosa sobre la superficie de la escalera entre plazas 4 y 5 después de la construcción del montículo principal y plazas asociadas; Grieder 1975:100, 109

Gak-606

2690 + 150

730 + 150

825 + 150

carbón

NZ-370-1 NZ-370-1

2500++100 100 2500

550++100 100 550

590++100 100 590

carbón carbón

Basura cenizosa sobre la superficie de la escalera entre plazas 4 y 5 después la construcción del montículo principal y plazas asociadas, Trinchera P1, Pozo 1/No. 3, 40-60 cm debajo de la superficie; Matsuzawa 1978:666-667 Nivel Nivelcon concerámica cerámica Chavín, Chavín,Período PeríodoSechín Sechín ooterminal terminalChavín; Chavín;Engel Engel 1966:88, 1966:88,Fung Fung1969:21 1969:21

Universidad Universidad dedeTokio Tokio

2360 2360++90* 90*

410 410++9090

400 400++9090

carbón carbón

Basura Basuracenizosa cenizosa sobre sobrelalasuperficie superficiededelala escalera escaleraentre entreplazas plazas44yy55 después despuésdedeconstrucción construcción del delmontículo montículoprincipal principalyy plazas plazasasociadas, asociadas, Trinchera TrincheraA,A,LH-Aa/2, LH-Aa/2, 30-60 30-60cm cmdebajo debajodedelala superficie; superficie;Matsuzawa Matsuzawa 1978:666-667 1978:666-667

1210++5050 1210

Tillandsia Tillandsia carbonizado carbonizado

Basura Basuracon concerámica cerámicatipo tipo Las LasHaldas Haldasubicada ubicada arriba arribadedeuna unaestructura estructura circular circularcon confogón fogón ventilada; ventilada;Pozorski Pozorskiyy Pozorski Pozorski1992:Tabla 1992:Tabla22

Componente ComponenteLas LasHaldas Haldasenenelelsitio sitiodedeBahía BahíaSeca Seca UGa-6021 UGa-6021

2975++5050 2975

1025++5050 1025

Tabla 2. Fechas radiocarbónicas del sitio de Las Haldas y Bahía Seca.

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El componente precerámico de Las Haldas está profundamente enterrado debajo de 2 metros o más de una deposición del Periodo Inicial. Las excavaciones de los investigadores anteriores encontraron un basural precerámico por debajo del pozo circular y al este del montículo principal y el complejo de plazas. Engel describe la arquitectura residencial de paredes que pueden ser del Precerámico, pero no proporciona el contexto (Engel 1970:32). Las excavaciones de contexto conocido están separadas por distancias de hasta 120 metros y, con el depósito de basura precerámico que tiene consistentemente 2 metros o más de profundidad, se indica que Las Haldas era un asentamiento importante en ese momento. Sin embargo, esta extensión de área considerable es mucho menor que la correspondiente al posterior uso del Periodo Inicial de la zona. Cuatro fechas de radiocarbono están disponibles para la ocupación precerámica de Las Haldas, una fecha de 2205 ± 80 cal a.C. obtenida por Engel, y las fechas de 2470 ± 80 cal a.C., 2200 ± 60 cal a.C. y 2135 ± 60 cal a.C. obtenidas de las muestras de nuestra excavación debajo del pozo circular en 1980 (Tabla 2). El montículo y complejo de plazas del Periodo Inicial actualmente visible hace a Las Haldas uno de los lugares costeños más espectaculares de todo el Perú (Figura 16). El montículo principal se sostiene contra una colina baja y rocosa desde donde se aprecia una vista impresionante del océano. Está orientada hacia el noreste y tiene una configuración tipo aproximadamente en forma de U. Una ampliación de unos 370 metros más hacia el noreste es una sucesión de cuatro plazas cuadradas y rectangulares que se destacan y parecen ligeramente elevadas debido a que gran parte de la basura que la rodeaba fue utilizada en su relleno. Dentro de la segunda plaza hay un pozo circular que aparece en el mapa preliminar del sitio de Engel, publicado en 1957 (Engel 1957:Figura 4) y es descrito por Lanning en 1967, quien llamó la atención sobre esta ampliamente reconocida forma arquitectónica del Precerámico Tardío y del Periodo Inicial (Lanning 1967:91). A cada lado del montículo principal y plazas asociadas hay unos 18 montículos pequeños con plazas adicionales, incluyendo un segundo pozo circular pequeño. La zona residencial de Las Haldas, compuesta principalmente por trazados irregulares en estructuras internas de las paredes empedradas de doble cara y los grandes basurales de 2 metros o más de profundidad, se extiende mucho más allá de los montículos y las plazas. La extensión máxima de 40 hectáreas de áreas de Las Haldas se basa en la distribución de esta ocupación, y los basurales periféricos y residenciales. La reocupación del Horizonte Temprano de Las Haldas es efímera y sin relación con la función original de los montículos y plazas. La arquitectura pública del Periodo Inicial estuvo claramente fuera de uso en este tiempo, cuando los ocupantes comenzaron a mudarse adentro y construyeron estructuras pequeñas de carácter temporal en el área protegida al abrigo del montículo principal y sus brazos latera-


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les. Cenizas oscuras son claramente visibles y entierran la mayor parte del sistema de escaleras principal. Cabe destacar que esta basura contiene restos de maíz. La presencia de esta planta cultivada, unida a la falta de cerámica de superficie debido a la erosión de sal en el aire, ha propiciado que algunos investigadores concluyan erróneamente que el maíz producido en Las Haldas data de tiempos precerámicos (Lanning 1967:67; Pozorski y Pozorski 2006:36; Willey 1971:61, 186). Tenemos ocho fechas radiocarbónicas para esta reocupación del Horizonte Temprano de Las Haldas que datan entre 1325 ± 80 cal a.C. y 590 ± 100 cal a.C. (Tabla 2).

Periodo Inicial de Las Haldas Los artefactos que definen el Periodo Inicial de Las Haldas consisten principalmente en piezas de cerámica. Ollas sin cuello y botellas son las formas que predominan, y las botellas son típicamente decoradas con las técnicas del punteado, punteado por zonas y la incisión (Figura 17; Fung 1969:66-96; Grieder 1975:104105; Ishida et al. 1960:195-196, 445-447; Pozorski y Pozorski 1987:23-25, 2006:36). Ejemplos ocasionales de decoración con engobe rojo zonificado y grafito negro dividido en zonas también se han reportado (Grieder 1975:105, 112). Los artefactos no cerámicos incluyen anzuelos para capturar mariscos, tejidos de algodón, fibras de algodón, fibras vegetales y redes de mallas anudadas (Fung 1969:66-113). Un inventario de fauna y flora variada completa el cuadro de la cultura Las Haldas, documentando el acceso a las zonas costeñas arenosas y rocosas, así como a un valle cercano. Los restos vegetales son especialmente dignos de mención por su variedad y porque el maíz no está presente en estas muestras. Restos de algodón (Gossypium barbadense), calabaza (Cucurbita sp.), lúcuma (Lucuma bifera), frijol (Phaseolus vulgaris), pallar (Phaseolus lunatus), maní (Arachis sp.), papa (Solanum tuberosum), ají (Capsicum sp.), pacae (Inga feuillei) y cansaboca (Bunchosia armeniaca) se recuperaron en cantidades significativas en la excavación del basural de Las Haldas correspondiente al Periodo Inicial, revelando que la gente de Las Haldas había tenido acceso a las tierras cultivables a lo largo del río Casma o de poblaciones contemporáneas que se encontraban en dicho acceso (Pozorski y Pozorski 1987:26, 2006:36). Una secuencia preliminar para el desarrollo y la construcción en Las Haldas se puede sustentar sobre la base de los informes publicados de excavación y trabajos de campo. La ocupación más temprana de cerámica era en gran parte residencial, y cualquier estructura pública probablemente era pequeña y agrupada cerca de la colina natural. Los restos de esta ocupación inicial cubren 40 hectáreas con estructuras domésticas y un basural de hasta 2,70 metros de profundidad. Arquitectura residencial del Periodo Inicial fue encontrada mediante excavaciones justo afuera y subyacente de la pared este del Segmento 4 del montículo y el comple-


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jo de plazas (Grieder 1975:100, lámina XL, Figura 5), dentro de una excavación por debajo del piso del Segmento 4 (Matsuzawa 1978:662), y durante la excavación bajo el suelo cerca del extremo sur del Segmento 6 (Matsuzawa 1978:658; Pozorski y Pozorski 1987:23, 2006:37). Grieder encontró parte de una habitación con una dimensión interna de un poco menos de 2 metros, que describió como un conjunto de muros bajos de doble cara con argamasa de barro y con un suelo de barro amarillo (Grieder 1975:100). Fechas de radiocarbono procedentes de las muestras del basural asociado con la arquitectura residencial nos dan las fechas de 1730 ± 80 cal a.C. (de la pared exterior del segmento E 4), 1925 ± 95 cal a.C., 1415 ± 90 cal a.C. (debajo del piso del segmento 4), 1920 ± 75 cal a.C., 1745 ± 75 cal a.C. y 1425 ± 75 cal a.C. (debajo del piso del Segmento 6) (Tabla 2). El trabajo de campo de Grieder en 1967 (Grieder 1975), los de la segunda Expedición Científica a los Andes de la Universidad de Tokio, así como nuestro trabajo de campo, demuestran claramente la existencia de dos fases de construcción de montículos en Las Haldas que tuvieron siglos de diferencia en el tiempo. La Fase 1 tuvo un inicio relativamente temprano en la historia del sitio y tuvo una larga duración que duró de 300 a 400 años. La fase final, muy visible, con el complejo arquitectónico de la Fase 2, apareció alrededor del 1400 cal a.C., muy tarde en la secuencia de Las Haldas, y tuvo una corta duración. La construcción de la Fase 1 comenzó muy temprano y se limitó mucho en área en comparación con la más tardía, que en la actualidad es el montículo visible y el complejo de plazas. Los primeros constructores inicialmente edificaron el montículo principal en el lado de sotavento de una pequeña colina rocosa junto al océano. Esto les permitió lograr una elevación aparente considerable para el montículo con una inversión mucho más reducida de mano de obra. Este lugar también ofrece protección contra el viento frío del océano. Comenzando con el segmento más meridional, los segmentos del 1 al 5 del montículo y el complejo de plazas fueron construidos probablemente en este momento (Figura 16). Un fechado de radiocarbono de 1920 + 130 cal a.C. procedente de una muestra de la totora (Scirpus tatora) de shicra, ubicada debajo de la escalera en el borde norte del Segmento 5, proporciona información sobre cronología, la naturaleza y el alcance de la construcción anterior a los montículos de Las Haldas (Tabla 2; Matsuzawa 1978:666-667). La fecha es muy temprana, lo que indica que la construcción monumental estaba en marcha en Las Haldas por alrededor del 1900 cal a.C., cerca del comienzo de la ocupación de cerámica. El uso de shicras a lo largo del borde norte del Segmento 5 representa los esfuerzos tanto para nivelar la superficie subyacente y el basural, para construir el borde norte de los segmentos 4 y 5, y para hacer su superficie más pareja. La utilización de las shicras incluyó también rellenar los segmentos 1 y 2 del montículo y el complejo de plazas (Grieder 1975:102).


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Figura 18. Plano de la arquitectura intrusiva de la Fase Haldas en el área doméstica, en la esquina sureste del Complejo Sechín Alto.

Figura 19. Plano de la arquitectura de la Fase Haldas en el ala norte del atrio superior del montículo principal del sito Sechín Alto.

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Las porciones de la Fase 1 del montículo fueron reformadas durante la Fase 2 de la construcción, pero la arquitectura anterior todavía se puede detectar a través de excavaciones. Los resultados de la segunda Expedición Científica a los Andes de la Universidad de Tokio revelaron la existencia de una escalera enterrada en el Segmento 4 que forma parte de una fachada anterior al norte de ese segmento, pero aún se superpone a la shicra del relleno (Matsuzawa 1978:658, 666). Grieder descubrió evidencias similares de construcciones anteriores en las paredes superpuestas de la Estructura 3 (Grieder 1975:103, Lámina XLIV). En comparación con su extensión más tardío, la Fase 1 del montículo fue mucho menor y es solo uno de muchos montículos públicos, plataformas públicas y complejos públicos de plazas en uso en Las Haldas. Aproximadamente dieciocho de estas estructuras se despliegan alrededor de los lados y la base de la colina, y los límites de esta arquitectura pública en general coinciden con el borde norte del Segmento 5 del montículo principal y el complejo de plazas. Todos los pequeños montículos en general tienen la cara norte hacia el noreste, lejos de la colina, pero sus orientaciones respectivas no son consistentes. Una de estas estructuras esta frente a un patio circular pequeño. La única otra prueba de la utilización de relleno con shicras proviene de una de estas pequeñas estructuras (Fung 1969:32, 35, Laminas III3 y III4), y Grieder los considera parte de la Fase 1 anterior debido a que no fueron reformadas (Grieder 1975:101-103). Durante la Fase 2 de construcción en Las Haldas el montículo principal y el complejo de plazas adquirió su forma final a través de la adición de segmentos de las plazas 6, 7 y 8, así como por la remodelación de algunas fachadas de la Fase 1 (Figura 16). La adición de las plazas duplicó el tamaño de la estructura central que dominó el sitio y estableció un eje de éste. No hay evidencia de uso de shicras durante la segunda fase de construcción. En cambio, las zonas de basura fueron cortadas y retiradas de los lados de las plazas nuevas, dejando una zona elevada de basura estratificada intacta, con cortes marcados a cada lado. Las paredes fueron construidas para establecer los límites de plaza, y una espesa capa amarilla de limo cubrió las superficies de las plazas. El pozo circular hundido fue el último de los elementos principales creados. Fue cortado en el suelo intacto del Segmento 6 y la tierra removida resultante, incluidos los nódulos grandes de piso roto, se depositaron en las afueras de la pared oriental de esta plaza en orden estratigráfico inverso (Pozorski y Pozorski 1987:28, 2006:38). Fung reconoció que el pozo hundido circular fue uno de los elementos construidos más recientes, y argumentó que los segmentos 6 al 8 fueron adiciones posteriores basadas en los patrones de piedra de sus paredes (Figura 16; Fung 1969:32). Gran parte del trabajo de Grieder en Las Haldas estuvo centrado en dilucidar los detalles arqui-


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tectónicos con el fin de tener datos precisos para hacer el plano del sitio. En el proceso de estas investigaciones se distingue una fase anterior de construcción importante con mortero de color amarillo-marrón y el yeso de la fase posterior que se caracteriza por el uso de un material granular de color blanco grisáceo que él describe como “mortero de hormigón”2 (Grieder 1975:102-103). Grieder señaló que había “hormigón” en las paredes y los pisos de los segmentos 1 al 3, y los autores también han observado este material que recubre el patio circular del Segmento 6 (Figura 16; Pozorski y Pozorski 1987:27-28, 2006:38). Por el contrario, la presencia de mortero de color amarillo-marrón en el patio circular pequeño, así como un pequeño montículo excavado por Grieder, se utilizan para colocar estas estructuras en la fase de construcción 1. La construcción del montículo y el complejo de plazas visibles en la actualidad, durante la Fase 2, fue rápida, y su uso fue de corta duración. Grieder descubrió un palo amarrado por un hilo (implementos para hacer medidas) todavía en su posición original cerca de las zonas de “hormigón”, lo que lo llevó a la conclusión de que esta fase no se terminó (Grieder 1975:102-103). Todavía tenemos que identificar basura importante de la Fase 2, y la limpieza de la arquitectura no ha arrojado importantes colecciones de cerámica. No hay fechas radiocarbónicas disponibles para el complejo de montículo y plaza de la Fase 2, pero se niegan las fechas para la ocupación previa del Periodo Inicial, y las de la basura intrusiva posterior al montículo sirven para enmarcar cronológicamente este componente del sitio. Las últimas fechas fiables para el basural del Periodo Inicial que es subyacente a una plaza de la Fase 2 son 1415 ± 90 cal a.C. y 1425 ± 75 cal a.C., procedentes de las muestras recogidas por la segunda Expedición Científica a los Andes de la Universidad de Tokio (Matsuzawa 1978) y nuestras excavaciones respectivamente (Pozorski y Pozorski 1987:23, 2006:37). La primera fecha radiocarbónica para la reocupación posterior al montículo de Las Haldas es de 1325 ± 80 cal a.C., procedente de una muestra de carbón que Grieder recuperó dentro de un fogón intrusivo inmediatamente por encima del piso del círculo principal en el Segmento 6. Dataciones de radiocarbono para la capa de ceniza oscura del Horizonte Temprano que cubre la escalera principal arrojan resultados de 1250 ± 75 cal a.C., 1115 ± 60 cal a.C. y 995 ± 80 cal a.C., procedentes de las muestras de nuestras excavaciones en el basural (Pozorski y Pozorski 1987:29, 2006:39). El lapso de tiempo breve seguido por estas fechas, que podría haber sido tan corto como de unas pocas décadas, de forma independiente sostiene que la Fase 2 fue de corta duración. La conversión de los complejos de montículos múltiples de la Fase 1 en los complejos lineales de la Fase 2, que están dominados por un montículo, solo marcó cambios significativos en el sitio de Las Haldas y dentro de su organización política.


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Los numerosos complejos de montículos más pequeños de la Fase 1 quizás reflejan una sociedad estratificada de bajo nivel con un grupo de líderes de la elite y una gran población de apoyo residencial. En este escenario cada complejo montículo habría albergado a uno o más líderes. Los tamaños variados y la abundancia de estos complejos argumentan en contra de la idea de un líder dominante único. La situación ha cambiado notablemente durante la Fase 2, tal como se refleja en la construcción de un solo complejo enorme de montículos que irrumpe en la arquitectura anterior. Tal reestructuración drástica de la disposición del sitio sugiere que un solo líder había asumido el control y era capaz de orientar el trabajo necesario para más que duplicar el tamaño de la construcción monumental de acuerdo con un nuevo plan, y en detrimento de los sectores que rodean a la comunidad.

Componente Las Haldas en Bahía Seca La zona costeña de Bahía Seca está situada en el borde de una bahía de fósiles a unos 5 kilómetros al norte del río Casma (Figura 1). Está situada en el lado de sotavento de una estrecha gama de colinas que separa el lugar del Océano Pacífico. La ocupación principal de Bahía Seca se remonta al Periodo Inicial, aunque el sitio tiene un importante componente precerámico (Pozorski y Pozorski 1992:848, 859). A finales del Periodo Inicial, la entidad política Las Haldas se expandió hacia el norte a lo largo de la costa, ocupando brevemente Bahía Seca. Durante la mayor parte de su ocupación cerámica, Bahía Seca sirvió como puesto avanzado en la costa o como un satélite dentro del sistema político Sechín Alto. Fue uno de al menos tres sitios costeños (incluyendo también Tortugas y Huaynuná) que suministraban proteínas marinas para el interior a cambio de productos agrícolas. Un complejo de montículos de tamaño intermedio con una unidad de habitación cuadrada en el centro domina el lugar, lo que sugiere que Bahía Seca administraba la extracción y la distribución de los recursos marinos costeños por estos satélites. El complejo de montículos, un fogón ventilado y la arquitectura residencial y la basura acompañante cubren aproximadamente 2 hectáreas, con fecha aproximada de construcción en 1635-1425 cal a.C. (Pozorski y Pozorski 1992:852). La intrusión de la entidad política Las Haldas en el área de Bahía Seca se desprende de basura que contiene tiestos de cerámica punteada típica de Las Haldas que recubre el fogón ventilado, parte del complejo de montículos y el basural que pertenece a la anterior entidad política Sechín Alto. Ninguna evidencia de arquitectura fue descubierta por pozos de prueba en este basural, lo que sugiere que la ocupación fue breve y se caracterizó por estructuras perecederas. Una fecha de radiocarbono de 1210 ± 50 cal a.C. procedente de restos quemados de Tillandsia


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sp. de la intrusión del basural de Las Haldas también revela que esta ocupación se produjo a finales del Periodo Inicial (Tabla 1). Los datos de Bahía Seca establecen una relación estratigráfica entre la entidad política Las Haldas y la entidad política Sechín Alto en el sitio y revelan que gran parte de Bahía Seca fue abandonado o cayó en desuso en la época de la expansión de Las Haldas. Esto permitió a la gente de Las Haldas ocupar entre un cuarto y un tercio del área del sitio original, y taparon los elementos arquitectónicos importantes de esta sociedad, como el fogón ventilado y parte del montículo. La presencia de material cultural de Las Haldas en Bahía Seca también documenta la expansión hacia el norte de Las Haldas a lo largo de la costa.

La intrusión de la entidad política Las Haldas en el complejo de Sechín Alto Cerca del año 1400 cal a.C. un cambio en el poder político se produjo. La entidad política Sechín Alto estaba en declive, permitiendo que la entidad política Las Haldas estableciera puestos de avanzada más al interior en el valle de Casma. Movilizándose tierra adentro desde su capital costeña, la entidad política Las Haldas penetró en el complejo de Sechín Alto y en el sitio Sechín Alto mediante la construcción de lo que parece ser la arquitectura administrativa en la zona interna, cerca del basural cercano al borde sureste del complejo y en el ala norte del montículo principal del sitio de Sechín Alto (Pozorski y Pozorski 2005:154-155, 2006:42-44). Algunos tiestos de cerámica de Las Haldas también fueron recuperados de contextos de excavación tardíos de Taukachi-Konkán, lo que indica una breve intrusión en ese sitio. En el cruce de la distancia más corta entre el sitio Las Haldas y la capital Sechín Alto, la entidad política Las Haldas no encontró resistencia en la rama sur del valle de Casma porque Pampa de Las Llamas-Moxeke ya había sido abandonado. La primera de las intrusiones que vemos en Las Haldas son dos estructuras similares dentro de un complejo arquitectónico en el área de basural, en el borde sureste del Complejo Sechín Alto (Figuras 2B, 18). Nos atrajo inicialmente esta zona debido a un basural de la Fase Moxeke asociado a la entidad política Sechín Alto. Pronto nos dimos cuenta, a partir de la cerámica asociada Las Haldas, que el complejo arquitectónico cercano era intrusivo. Muchas casas de la Fase Moxeke anterior habían sido desmanteladas para construir el complejo, y la basura había perturbado las cercanías de éste, y en ocasiones se utilizó como relleno. El complejo arquitectónico intrusivo Las Haldas, en general, consiste de un montículo central muy disturbado, asociado a un patio circular pequeño, las dos estructuras que se excavaron, y un pequeño fogón ventilado, todo encerrado dentro


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de un muro perimetral. Las dos estructuras excavadas constan de una sala central rodeada por cuartos laterales y trasero, y la entrada se realiza por la parte trasera en ambas estructuras. En ambos casos la sala central tiene las esquinas redondeadas en el exterior. Una muestra de carbón de leña de un relleno ubicado dentro de un corredor, entre las dos estructuras administrativas, proporcionó una fecha radiocarbónica de 1390 ± 65 cal a.C. (Tabla 1). En el montículo principal del sitio Sechín Alto, gente de la entidad política Las Haldas construyó un muro masivo en el ala norte, creando un espacio cerrado con una entrada en el sur. Un complejo de habitaciones que rodean un espacio central fue construido dentro de este recinto (Figura 3E, 19). La habitación que forma el núcleo de la estructura se distingue porque tiene las esquinas redondeadas en el exterior y un fogón cerca de su centro. El acceso y el interior del complejo se encuentran limitados por la única entrada en la parte trasera del edificio, y cada entrada interna es aún más restringida por pilastras en sus paredes laterales. Cuatro fechados radiocarbónicos disponibles para la ocupación de Las Haldas del ala norte se acercan al 1400-1000 cal a.C. Los postes de madera dentro de las dos pilastras de la entrada del complejo habitación dieron resultados de datación de 1510 ± 55 y 1430 ± 50 cal a.C. Un poste de madera incrustado en el piso del corredor sur del complejo de habitaciones produjo una tercera fecha de 1305 ± 95 cal a.C. Un poste en la entrada sur de la pared de piedra circundante que rodea la pared dio una fecha de 1010 ± 90 cal a.C. y probablemente data de finales de una modificación del ala norte durante la ocupación de Las Haldas (Tabla 1). Un fechado más que arroja el resultado de 1120 ± 110 cal a.C. (Tabla 1) procede de un fogón intrusivo que está muy por encima del nivel del piso del complejo de habitaciones, y representa probablemente una presencia de ocupantes posteriores en el montículo poco después de que la fase Las Haldas hubiese terminado. El reconocimiento de la arquitectura intrusiva Las Haldas dejó en claro que la entidad política Sechín Alto estuvo en decadencia o que había terminado poco antes del final del Periodo Inicial. En Sechín Alto, los hechos documentados en Bahía Seca se repitieron en una escala más grande conforme la entidad política Las Haldas intruyó en el montículo principal y la capital política, así como en territorios de esta sociedad. Para entender cómo y por qué podría haber sucedido esto, es necesario observar la relación a largo plazo entre las entidades políticas Las Haldas y Sechín Alto.

El desarrollo paralelo de la cultura Las Haldas y la cultura Moxeke Tanto la entidad política Sechín Alto como la entidad política Las Haldas tienen una larga historia dentro de la zona del valle de Casma. Las fechas más tem-


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pranas de la ocupación de la sociedad Sechín Alto vienen desde el sitio de Pampa de Las Llamas-Moxeke que fue habitado entre el 2080 y 1340 cal a.C. La ocupación de Las Haldas de la zona del valle de Casma está fechada entre 1925 y 1410 cal a.C. en el sitio Las Haldas (Pozorski y Pozorski 1992:cuadro 2). Así, las entidades políticas Sechín Alto y Las Haldas se originaron en la misma época y convivieron en una relación de evasión o quizás incluso de hostilidad latente durante varios cientos de años. En contraste con el valle de Casma, donde se construyó arquitectura monumental de la entidad política Sechín Alto muy temprano, el asentamiento principal de Las Haldas contemporáneo consistía en una aldea de pescadores con poca o nada de gran arquitectura pública. Ocasionales artefactos de la entidad política Sechín Alto se han documentado en Las Haldas: un solo tiesto de Pampa de Llamas-Moxeke en los niveles más bajos de las excavaciones (Fung 1969:71, 72 Lamina X1B), siete fragmentos de figurillas tipo Sechín Alto, y un piruro de contexto del pre-montículo (Fung 1969:72, Lamina X1d, 90, 103, Figura 22d; Grieder 1975:105, 112, del mural XLV, figura 11; Ishida et al. 1960:196, 446), hallazgos en superficie de morteros de piedra, y un solo fragmento excavado de una mano de mortero (Fung 1969:28-29, 97-98, Lamina XV3g). No hay evidencia de interacción significativa entre las dos culturas hasta cerca del final del Periodo Inicial, alrededor del 1400 cal a.C. Para entonces, la entidad política Las Haldas se estaba redefiniendo y cada vez era más poderosa, como lo demuestra la construcción a gran escala en la zona costeña y por su intrusión en el territorio de la entidad política Sechín Alto. Pese a las pruebas de la evasión a largo plazo que culmina en una abierta hostilidad hacia el final del Periodo Inicial, la entidad política Las Haldas estuvo claramente influenciada por su rival político Sechín Alto (Pozorski y Pozorski 2006:46). La incorporación de ideas de la entidad Sechín Alto en el desarrollo de la entidad política Las Haldas está reflejada en el diseño de la zona costeña de Las Haldas durante la Fase 2, que emplea características tales como la simetría en el sitio a lo largo de un eje central, y plazas elevadas secuenciales que contienen pozos circulares. Estos elementos son bien conocidos en la capital de la entidad política Sechín Alto, así como otros sitios de esta sociedad. Esta similitud fue señalada anteriormente, antes de que Sechín Alto y Las Haldas fueron reconocidos como distintos desarrollos culturales (Burger 1992:86; Engel 1966; Fung 1972:8-10; Fung y Williams 1977:131; Moseley 1975:107; Pozorski y Pozorski 1987:116; Richardson 1995:68). Sin embargo, ahora interpretamos el templo de Las Haldas como generalmente inspirado en principios arquitectónicos anteriores de la entidad política Sechín Alto, pero también exhibiendo importantes prácticas locales, tales como el uso de esquinas cuadradas y paredes compartidas. Además del modelado físico de la Fase Haldas 2 en el sitio Sechín Alto, el nuevo líder surgido en la zona costeña puede haber emula-


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do el liderazgo y prácticas exitosas de gestión de la elite de Sechín Alto. Esto puede ser la clave para la reorganización rápida y exitosa de la entidad política Las Haldas. Significativamente, la influencia de la entidad política Sechín Alto es también evidente en las estructuras administrativas de la entidad política Las Haldas construidas en el sector residencial y en el montículo principal de Sechín Alto. Esta intrusión de la arquitectura de Las Haldas parece ser un esfuerzo por imponer un emblema administrativo en forma de una estructura que imita la unidad de la habitación cuadrada que representa la autoridad dentro de la entidad política Sechín Alto. Reconocida por primera vez en Pampa de Las Llamas-Moxeke, la unidad de habitación cuadrada es una forma modular de arquitectura con esquinas redondeadas en el exterior, nichos en la pared muy por encima del piso, umbrales levantados estrechados por pilastras, y barras deslizantes de madera usadas como cierre en las puertas para restringir el acceso. Estos módulos se utilizaron en grupos o por separado para el almacenamiento gubernamental, para controlar el acceso a grandes montículos, para monitorear el tráfico en los caminos y, posiblemente, para controlar la producción y distribución de bienes. Unidades de habitación cuadrada

Figura 20. Cerámica de la reocupación del Horizonte Temprano del sitio Sechín Alto, la misma que también es típica de los sitios San Diego y Pampa Rosario.


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son conocidas en todos los sitios del complejo Sechín Alto y de Bahía Seca, el centro administrativo costeño (Pozorski y Pozorski 1989, 1991, 1994, 1998:86-90). La arquitectura intrusiva de Las Haldas conserva las esquinas redondeadas en el exterior y la céntrica ubicación de la unidad de habitación cuadrada. Un examen más pormenorizado revela que estas habitaciones eran extrañas arquitectónicamente debido al esfuerzo por retener la importancia de la unidad de habitación cuadrada, y al mismo tiempo emplear a sus principios arquitectónicos más conocidos como las paredes compartidas y las esquinas predominantemente cuadradas. Sin embargo, el uso de esta variación de la unidad de habitación cuadrada permitió que la entidad política Las Haldas pueda “hablar con la entidad política Sechín Alto”, y de manera tangible presentar su presencia intrusiva en un “lenguaje” arquitectónico que fuera comprensible.

Horizonte Temprano La ocupación del Horizonte Temprano es ubicua en el sitio Sechín Alto y ha opacado en gran medida las fases de construcción primaria en el montículo principal. Esto llevó a algunos investigadores a fechar mal la construcción principal y la ocupación del sitio (por ejemplo Wilson 1995:193, 1999:369). Los ocupantes del Horizonte Temprano dejaron voluminosos depósitos de basura, así como estructuras construidas con materiales provenientes de las construcciones anteriores del Periodo Inicial. Estas alteraciones han desmantelado y ocultado la arquitectura del Periodo Inicial, por lo que un mapeo fiable de la arquitectura original del sitio es prácticamente imposible. El plano de Donald Collier (Tello 1956:fig. 41), con un diseño simétrico de la cima del montículo, se basa más en el conocimiento de los planos típicos de montículos tempranos de que la evidencia actual en el sitio. Nuestro primer plano (Pozorski y Pozorski 1987:fig. 46) tiene en cuenta la magnitud de la construcción del Periodo Inicial, con evidentes cambios en los niveles generales y configuración general del sitio, pero no diferencia claramente entre la construcción del Periodo Inicial y las alteraciones posteriores del Horizonte Temprano. La profanación del montículo principal de Sechín Alto fue extrema durante el Horizonte Temprano (1000-200 a.C.). La ocupación del sitio Sechín Alto comenzó en el 500 cal a.C. y duró unos pocos cientos de años. Se tiene bastante material en el basural que cubre gran parte de la superficie en la actualidad. Este lapso de tiempo marcó cambios culturales en el área, incluyendo un cambio en el patrón de asentamiento por medio del cual los sitios grandes, dominados por montículos del Periodo Inicial, fueron sustituidos por asentamientos que se caracterizan por pequeños complejos de montículos y plazas. La cerámica asociada a la ocupación


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del Horizonte Temprano incluye en su muestra antaras y vasijas con decoraciones exteriores como impresiones textiles, zonas de pintura gris y blanca, y círculos estampados con puntos (Figura 20). Los artefactos incluyen puntas de pizarra pulida. El maíz y los camélidos también se convirtieron en elementos importantes dentro de la dieta local. Durante el Horizonte Temprano la cumbre del montículo principal de Sechín Alto fue reocupada y tratada como un pequeño cerro en donde los recién llegados construyeron casas, pequeños montículos y plazas sobre la superficie. Este fue un proceso largo que involucró la profanación de la arquitectura del Periodo Inicial, masivas remodelaciones o reconfiguraciones de la superficie del montículo, y la reutilización de materiales de construcción anteriores. Tanto los actos de profanación como los de vandalismo intencional son muy evidentes en la destrucción sistemática de frisos, la cual se produjo relativamente pronto con la reocupación del Horizonte Temprano en el montículo. La mayor parte de los frisos relacionados a la Fase Moxeke A estaban presentes en el montículo principal de Sechín Alto en numerosos pilares cuadrados que forman los soportes que se alineaban en los lados largos del núcleo rectangular de adobe cónico cerca del centro del montículo, y los frisos de la Fase Moxeke B estaban presentes en el este o fachada principal de la gran sala central al este del núcleo de adobe cónico. El núcleo de adobe cónico había formado la parte más alta del montículo durante la Fase Moxeke A, y sus columnas y frisos habrían sido fácilmente visibles a una distancia considerable desde el montículo. La construcción de la sala central durante la Fase Moxeke B habría oscurecido la columnata oriental, pero su fachada decorada este habría sido visible desde lejos también. Incluso después de la decadencia de la entidad política Sechín Alto y la intrusión de la entidad política Las Haldas, quedaban suficientes restos de los frisos y su contenido como para incitar a su profanación durante el Horizonte Temprano. En el área de la columnata sólo quedan pequeños restos de tres columnas; la mayoría fueron cortadas en el punto en que sus bases se adhieren al núcleo de adobe cónico. En la fachada este de la sala central, el friso entero y el yeso de la pared subyacente fueron removidos completamente dejando un muro de piedra sin enlucido que contrasta marcadamente con las otras paredes de la huaca, las cuales contienen capas de enlucido que están generalmente bien conservadas. Cerca de las dos áreas de frisos, el derrumbe y los desechos de relleno contienen numerosos fragmentos de yeso grandes, restos de los frisos que fueron destruidos deliberadamente y aún conservan frescos sus colores rojo, amarillo, negro, blanco, verde y gris. La cima del montículo principal Sechín Alto fue remodelada y reconfigurada de manera importante durante el Horizonte Temprano. Las paredes principales, in-


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cluyendo porciones superiores de las paredes de la sala central, fueron destruidas, y los escombros se utilizaron para rellenar depresiones, sobre todo escaleras. Esto definitivamente dejó cerradas las rutas de acceso más rápidas que se dirigían hacia la cumbre, y en general dejó la superficie del montículo nivelada para posteriores construcciones. Esta no fue una tarea pequeña. La escalera central mide 17 m de ancho en su parte más ancha, y se tuvo que tener un enorme volumen de relleno para concretizar este esfuerzo de remodelación, el más grande realizado durante el Horizonte Temprano. Para llenar la escalera central, las piedras y la tierra fueron trasladadas inicialmente al este a través de la entrada principal de la sala de la cumbre. Entonces, como material acumulado, escombros de construcción adicional fueron empujados hacia la escalera central de la fuente y sobre los descansos asociados. En el atrio superior un sistema de inserción más pequeño y la escalera central fueron sellados por un muro de piedra de 1,5 m de alto y hecho de piedras reutilizadas. El relleno detrás de esta pared nivelaba el atrio superior, llenando la escalera. Una fecha de 290 ± 70 cal a.C. (Tabla 1) se obtiene de una muestra procedente de un fogón del Horizonte Temprano, en la basura que cubre este relleno. Otro fechado del Horizonte Temprano nos da el resultado de 160 ± 75 cal a.C. (Tabla 1), y este proviene de una muestra de un segundo fogón intrusivo que recubre la arquitectura de la Fase Haldas en el ala norte del atrio superior. Esta profanación y la remodelación fueron seguidas por la nueva construcción en la cumbre del montículo que tenía forma de un pequeño pueblo con casas, pequeños montículos y plazas. Muchas más personas probablemente vivieron en el montículo durante el Horizonte Temprano que en cualquier otro momento, anterior o posterior a éste. Las estructuras del Horizonte Temprano fueron construidas con materiales extraídos de las construcciones del Periodo Inicial. Las caras de las paredes fueron despojadas de sus piedras, y el núcleo de adobes cónicos de limo fue fundido para su reutilización como mortero y yeso. Los siguientes ejemplos muestran el alcance de las alteraciones en el Horizonte Temprano de la superficie del montículo principal. En un área de 35 por 20 metros en la cumbre (Figura 3K) hay dos patios, tres plataformas elevadas (de 1 a 2 metros de altura) y varias salas, segmentos de pared y bancos. Cerca de la entrada principal a la sala de la cumbre (Figura 3H), restos de casas de caña y barro, así como de casas de piedra, se encontraron en los estratos superiores del basural del Horizonte Temprano. El impacto de la intrusión del Horizonte Temprano en la estructura principal administrativa del Periodo Inicial fue enorme, y complicó enormemente la excavación y la interpretación de la ocupación principal en el sitio. Sin embargo, la magnitud y la naturaleza de esta intrusión son informativas. La profanación deliberada de los frisos, la remodelación de la cumbre y la nueva ocupación posterior de la superficie


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del montículo atestiguan tanto el antiguo poder de la entidad política Sechín Alto como la persistencia de una animosidad considerable en la población local. Al parecer, el legado de poder de la entidad política Sechín Alto seguía siendo tan fuerte que aún se percibía durante el Horizonte Temprano, cuando los miembros de la población local se ven obligados a responder a poderándose del edificio principal de la antigua capital y la erradicación de todas las pruebas de su antigua iconografía y diseños.

El Horizonte Medio y el “Periodo Transicional” Pasaron muchos siglos hasta el próximo uso prehistórico del montículo principal Sechín Alto. Para entonces, la capital política anterior fue vista sin hostilidad y tratada como un lugar especial debido a su antiguo poder. La intrusión del Horizonte Medio (600 a 1000 d.C.) ocurre exclusivamente a través de entierros. Todos los entierros con una excepción fueron excavados en las depresiones del núcleo de adobe cónico dejados por la extracción de adobe por la gente del Horizonte Temprano. Los entierros del Horizonte Medio en el núcleo de adobe cónico habían sido alterados, pero fue posible determinar que se ampliaron, ya sea horizontalmente o hacia abajo. Algunos entierros de llamas disturbados también fueron encontrados junto a restos humanos. Algunas vasijas asociadas con pintura rojo-blanco-negro aportan las pruebas principales para la asignación de estos entierros al Horizonte Medio (Carol Mackey y Melissa Vogel, comunicación personal 2010). El entierro restante fue excavado en el fondo de una profunda depresión, al este del núcleo de adobe cónico. Contenía un individuo sentado con una trompeta de cobre oxidado asociada. Tres entierros intrusivos adicionales de tipo fardo se colocaron en el relleno de la escalera que conducía al ala norte del montículo principal de Sechín Alto. Dos contenían bebés flexionados y sentados, y uno era una mujer adulta. Estos entierros datan presumiblemente del Periodo Transicional, una etapa de transición poco conocida entre el Horizonte Medio y el Periodo Intermedio Tardío (1000-1470 cal d.C.), de acuerdo a dos vasos asociados con decoración incisa sobre sus hombros identificados por Carol Mackey. Adicionales entierros flexionados y extendidos sin artefactos diagnósticos encontrados en el ala norte y en la sala de la cumbre también están provisionalmente asignados al Periodo Transicional, en función de su posición estratigráfica, tratamiento del cuerpo y la proximidad (en el caso de los ejemplos del ala norte) a los entierros tipo fardo. Algunos entierros aislados de perros encontrados en la zona norte también pueden datar de este periodo. Un tipo adicional de cerámica, caracterizada por el color rojo decorado con imágenes de animales, incluyendo lagartos moldeados a presión y apliques de felinos y lagartos, puede pertenecer a la cultura local Casma (Melissa Vogel, comunicación


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personal 2010). Esta cerámica se asoció con una cercadura muy tardía de piedras sin mortero que cubrían parcialmente la sala de la cumbre. Durante el Horizonte Medio, unos ocho siglos después del Horizonte Temprano, las construcciones masivas de la entidad política Sechín Alto todavía eran rasgos dominantes del paisaje. Sin embargo, para entonces una significativa distancia temporal y cultural separó a los residentes contemporáneos del valle de Casma de los tiempos de la entidad política Sechín Alto, y las actitudes hacia la entidad política anterior se habían desplazado al parecer, hacia la reverencia y el respeto. La reverencia se refleja en que el montículo principal de Sechín Alto y el montículo Moxeke en el sitio de Pampa de Las Llamas-Moxeke fueron favorecidos como sitios para colocar entierros del Horizonte Medio. Moxeke ha sido interpretado por nosotros y otros como un templo, debido a sus grandes frisos, y hemos descrito la columnata del núcleo de adobe cónico en el montículo de Sechín Alto como un recinto sagrado. Tal vez el legado de estas dos localidades como lugares sagrados trascendió en el tiempo, lo que permitió adaptar cementerios del Horizonte Medio sobre estos. La colocación de la estructura de piedra sin mortero en las ocupaciones intrusivas de la cultura Casma también puede reflejar reverencia o respeto hacia estas estructuras. La construcción tardía en la parte superior del montículo puede reflejar su legado como un lugar de gran alcance. Sin embargo, para entonces, el montículo era probablemente atractivo como un lugar privilegiado, con vistas al valle de Sechín, inspirando a los intrusos a construir en esta “colina” céntrica.

La entidad política Sechín Alto y la entidad política Las Haldas en contexto Nuestra investigación en Sechín Alto y los sitios Las Haldas se pueden poner en un contexto más amplio. La Fase Moxeke, en general, se diferencia sobre la base de la cerámica y la arquitectura que se definió originalmente en Pampa de Las LlamasMoxeke. Arquitectura del tipo de la unidad de habitación cuadrada y cerámica de la Fase Moxeke han sido encontrados en Taukachi-Konkán, Sechín Bajo y Cerro Sechín (Fuchs 1997:148, 152; Maldonado 1992:75; Pozorski y Pozorski 1992, 1998, 2000), lo que indica que el Complejo Sechín Alto fue un importante asentamiento durante la Fase Moxeke. Marcadores de la Fase Moxeke también están presentes en los sitios costeños de Bahía Seca, Tortugas, y Huaynuná (Pozorski y Pozorski 1992:859). El Complejo Sechín Alto, ubicado alrededor del montículo principal de Sechín Alto, era más grande que la Pampa de Las Llamas-Moxeke y sirvió como centro o capital de una entidad política que unió el valle del río Casma, y la costa adyacente.


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La relación entre los centros del interior y las zonas costeñas durante los tiempos de Moxeke se caracterizó por un sistema de intercambio de subsistencia. Bahía Seca, Tortugas y Huaynuná eran pueblos pesqueros semi-autónomos durante el Periodo Precerámico Tardío (Pozorski y Pozorski 1987:12-16, 1992:848-850). Con la introducción del riego y la cerámica, y la aparición de grandes centros del interior, estos sitios costeños se convirtieron en satélites que proporcionaban y suministraban importantes productos de origen marino como mariscos y pescados, ricos en proteínas. Estos fueron intercambiados por productos agrícolas que crecían cerca de los centros del interior. Dado el gran tamaño de los centros del interior en comparación con los asentamientos costeños, es probable que el sistema de intercambio fuese controlado por los centros del interior. La evidencia de este control es vista en Bahía Seca, el cual tiene un montículo de tamaño intermedio con una unidad de habitación cuadrada en su centro es similar a los montículos en Pampa de Las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán (Pozorski y Pozorski 1992:fig. 2). Se cree que tales montículos de tamaño intermedio habrían servido como estructuras administrativas (Pozorski y Pozorski 1986:392-393; 1991:359-362). Una serie de características del sitio Sechín Alto y la entidad política Sechín Alto argumentan de manera convincente el surgimiento de una organización política del nivel de estado en el valle de Casma en el Periodo Inicial. La magnitud de las fases de construcción con cientos de miles de metros cúbicos de piedras y tierra demuestra la capacidad de los líderes para movilizar una enorme fuerza de trabajo. La planificación cuidadosa, tipificada por Pampa de Las Llamas-Moxeke, Taukachi-Konkán y Sechín Alto, demuestra que los enormes montículos establecen los ejes centrales de los sitios. Además los montículos menores miran hacia a los ejes centrales de los sitios y fueron construidos en lugares espacialmente distintos y mantenidos a través de varios siglos. Dentro de estos sitios, la forma arquitectónica de la unidad de habitación cuadrada también persiste en el tiempo y el espacio como un emblema de control burocrático. Esta demostración de la longevidad de un plan preconcebido argumenta a favor de un linaje de gobernantes que mantuvo su hegemonía durante muchas generaciones. El plan maestro concebido por estos gobernantes fue ejecutado con una precisión que rivaliza con la tecnología moderna. En Pampa de Las Llamas-Moxeke, donde la preservación es óptima, los frentes del montículo que definen la alineación más larga se encuentran dentro de los 15 centímetros de una línea recta perfecta sobre una distancia de más de 700 metros, incluso después de más de 3500 años de exposición a los elementos (Pozorski y Pozorski 1989, 1994). Una clara jerarquía de cinco niveles que se reflejan en la disminución de la magnitud del sitio es también evidente, y van desde el sitio más grande de la capital de Sechín Alto, a través de los centros secundarios de la Pampa de Las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán, a los centros terciarios de Sechín Bajo y Cerro Sechín en cantidad menor en las zonas


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costeñas, incluyendo el centro administrativo de Bahía Seca con sus filiales Tortugas y Huaynuná. Una notable falta es, sin embargo, la ausencia de entierros ricos en elementos asociados, indicativos de estatus adscrito. Parece más bien que el consumo conspicuo y la cultura expresiva se manifiestan a través de la arquitectura monumental y sus atavíos, porque la metalurgia no se conoce aún, y las tecnologías cerámica, lítica, textiles y otras aún estaban en desarrollo. Hemos sugerido que la agricultura de riego en gran escala fue el impulso para el auge de la población y de la construcción que culminó con la evolución del Periodo Inicial del valle de Casma que se ha descrito aquí. Los sitios con grandes montículos se encuentran tierra adentro en las zonas óptimas para las tomas de canales y, en general, adyacentes a las áreas grandes de tierra cultivable. Una excepción notable es el sitio Sechín Alto, que parece señalar aún más su importancia por la ocupación de tierras cultivables en el centro del valle. La mayoría de grandes montículos están río arriba, orientados hacia la fuente del agua que es esencial para esta nueva forma de vida. También hemos sugerido que la gestión del sistema de riego y especialmente el control de la producción y distribución de productos agrícolas son fundamentales para el éxito a largo plazo de los líderes (Pozorski y Pozorski 1987:126-127, 1998:83, 2005:157). Las excavaciones en los montículos principales de Pampa de Las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán sugieren que estos edificios tuvieron funciones variadas. Moxeke funcionó como un templo donde los practicantes religiosos y sus ceremonias sirvieron para validar la jefatura. Huaca A, de Pampa de Las Llamas-Moxeke, era un inmenso almacén donde se tenían excedentes para evitar el hambre durante la estación seca y para sostener las obras públicas. El Montículo de las Columnas en Taukachi-Konkán sirvió como un palacio que contenía tanto zonas comunes como una residencia real (Pozorski y Pozorski 1999a, 1999b). Se estima que aproximadamente 18000 personas habitaban en el Complejo Sechín Alto durante su apogeo, y que este complejo gobernó sitios periféricos con una población total adicional de cerca de 5000 personas. Estas estimaciones se basan en datos de Pampa de Las Llamas-Moxeke, el sitio mejor conservado del valle de Casma para el Periodo Inicial. Dos terceras partes de este sitio se encuentran fuera de cultivos modernos, y este es relativamente poco afectado por la ocupación más tardía y las fuerzas naturales. Se determinó que aproximadamente el 7 por ciento de la superficie total fue ocupada por la arquitectura residencial que comprende alrededor de 500 estructuras. Con una estimación conservadora de 5 personas por estructura (que sería equivalente a 2500 personas en todo el sitio) y la corrección para el tercio del sitio con cultivo modernos (con unas 1250 personas), se calculó que la población residencial de Pampa de Las Llamas-Moxeke era de aproximadamente 3750 personas. Extrapolando a la población del complejo Sechín Alto,


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que es 4,77 veces mayor que Pampa de Las Llamas-Moxeke, obtenemos una figura que se acerca a las 18000 personas. La otra población estimada, algo más de 1200 personas, se basa en el área de los sitios costeños que son casi totalmente residenciales (Pozorski y Pozorski 2005). Nuestra investigación revela que se produjo un cambio en el poder político durante la transición de la Fase Moxeke a la Fase B de la Fase Haldas. Varios sitios de los valles interiores y costeños importantes fueron abandonados, y la cerámica de Las Haldas, antes limitada a Las Haldas misma, apareció en Sechín Alto, Taukachi-Konkán y Bahía Seca. La unidad de habitación cuadrada, central para la construcción administrativa de la Fase Moxeke, desapareció y fue reemplazada por habitaciones con paredes compartidas y esquinas predominantemente cuadradas. El templo de Las Haldas representa una imitación local de la arquitectura anterior, simétrica y con montículo y plaza que tiene una larga historia en el valle de Casma, pero omite la forma modular de la unidad de habitación cuadrada, tan integral a los sitios anteriores. Creemos que el templo de Las Haldas en la costa, probablemente, fue el que simbolizó la consolidación del control de la entidad política del valle de Casma sobre la cultura Las Haldas en el 1300 cal a.C. En el valle, la ocupación y la construcción de la Fase Haldas tomó la forma de puestos administrativos, especialmente en Sechín Alto. La arquitectura intrusiva de la Fase Haldas se deriva claramente de los patrones de la Fase Moxeke, pero expresada en una forma derivada y más débil. La entidad política Las Haldas, que distaba mucho de la organización política a nivel estatal de la Fase Moxeke, fácilmente dio paso a formas de vida del Horizonte Temprano que se caracterizaban por grandes asentamientos, donde los grupos de montículos muy pequeños, plazas y estructuras residenciales sustituyeron a los grandes montículos alineados y plazas del Periodo Inicial. La población del valle de Casma fue redistribuida durante el Horizonte Temprano lejos de la costa y en grandes zonas residenciales, incluyendo San Diego, Pampa Rosario y la reocupación del Horizonte Temprano de Sechín Alto. La ocupación del Horizonte Temprano en Sechín Alto produjo una remodelación considerable de la superficie del montículo principal. Un pueblo entero fue erigido en la cima de aquel montículo y ocupó ésta el tiempo suficiente para dejar como huella de su ocupación un basural de significativa proporción que oscurece la superficie del montículo. La reutilización de un montículo anterior también hace que la ocupación sechín alto sea análoga a la reocupación generalmente contemporánea del Horizonte Temprano en el templo de Las Haldas (Pozorski y Pozorski 1987:28-30). Una vez que Sechín Alto fue abandonado por sus primeros habitantes del Horizonte Temprano, alrededor del 200 cal a.C., ya no sirve como un importante sitio en el valle y sólo se utiliza ocasionalmente como lugar de enterramiento.


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Esta reconstrucción detallada del desarrollo temprano político y económico en el valle de Casma se basa en nuestras excavaciones en nueve sitios de Periodo Inicial y del Horizonte Temprano, además de los datos recopilados por otros investigadores. El resultado ofrece una mirada a fondo en la entidad política Sechín Alto, el más grande desarrollo en el Nuevo Mundo desde 1800 al 1400 cal a.C. Como parte de esta construcción se han documentado los rasgos que caracterizan a uno de los primeros estados andinos, la convivencia hostil con una organización política rival costeña, las variables económicas y la base de la población, factores internos y externos que contribuyen a la desaparición de la entidad política, y variadas intrusiones posteriores al Periodo Inicial en el montículo principal Sechín Alto. Estos datos permiten la comparación entre el valle de Casma y otras áreas del mundo donde las sociedades complejas evolucionaron.

Agradecimientos Los fondos para las investigaciones del sitio Sechín Alto fueron proporcionados por la Fundación Nacional de Ciencias, Subvención SBR-9806833, el H. John Heinz III Fondo de la Fundación Familia Heinz, la Fundación Curtiss T. Brennan y Mary G. Brennan, la Sociedad Americana de Filosofía, y el Consejo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Texas-Pan American. La financiación para las excavaciones en Las Haldas fue proporcionada por el Fondo de Compensación M. Graham Netting del Museo Carnegie de Historia Natural. El permiso para excavar fue concedido por el Instituto Nacional de Cultura. Los autores desean dar las gracias a German Yenque (2000-2001) y Rosa Marín (2002) quienes fueron co-directores del proyecto durante las últimas tres temporadas de campo. Los autores también agradecen la participación de los siguientes alumnos en las excavaciones del sitio: Georgina Díaz, Omar Fonseca, Juan García, Rosaura García, Lydia Garry, Marina Garza, Brooke Guelker, Angélica Guzmán, Tania López, Bobbie Lovett, Okie Reyes, Abigail Segovia y Jessica Villescaz. Los dibujos de artefactos fueron realizados por Félix Farro.

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Notas Todas las fechas calibradas utilizadas en este artículo se basan en la información de Stuiver y otros (Stuiver et al. 1998). 2 Se dió un ejemplar del “mortero de hormigón” al doctor George Harlow, geológo y especialista en 1


La evolución del Periodo Inicial en el valle de Casma...

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minerales del Museo Americano de Historia Natural. El determinó a través de análisis espectrográfico y microscópico que el mortero contenía los siguientes materiales: NaCl (Cloruro de Sodio o sal), SIO2 (cuarzo), yeso, NaAlSiO4 (ortoarcilla) y CaCO3 (calcitas, posiblemente de mariscos marinos). Adicionalmente, notó que la concentración de NaCl fue más alta lo cual es típico del agua marina.


Andes 8 (2011): 59-96

Punkurí y el valle de Nepeña Lorenzo Samaniego

La cuenca del río Nepeña, ubicada al noroeste de la región de Ancash, entre las ciudades de Chimbote al norte y Casma al sur, fue ocupada hace 7000 años y hacia los 2200 a.C. por el desarrollo socio-económico, cultural e ideológico de la antigua sociedad de Nepeña. Se construyó un templo en la parte media del valle como centro religioso de toda el área y esa fue su importancia que sustenta las características del edificio, levantado con adobes modelados, teniendo distintos ambientes pintados y decorados con pintura mural, relieves polícromos y escultura de bulto. La arquitectura y el arte de Punkurí representan un tipo de construcción con sus propias características y el arte un estilo diferente y anterior a Chavín, y corresponde a la cultura Sechín que tuvo su desarrollo en el espacio geográfico comprendido por los valles de Santa, Nepeña, Sechín y Casma durante los Periodos Arcaico y Formativo, entre los 2200 a 1800 a.C. The Nepeña River drainage, located northwest of the department of Ancash, between the cities of Chimbote and Casma, was occupied sometime between 5000 and 2200 BC by a socio-economically, culturally and ideologically developed society. They built a temple in the middle of the valley as a religious center of the whole area. Its importance is revealed by characteristics of the building, made with adobe bricks, having different rooms decorated with mural paintings, reliefs and polychrome sculpture. Thus the architecture of Punkurí represents a new type of construction with its own characteristics and its unique art style, prior to Chavín. It corresponds to the Sechín culture, which had its expansion in the geographic area of Santa, Nepeña, Sechín and Casma valleys during the Archaic and Formative periods, between 2200 and 1800 BC.

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a geomorfología de la región Ancash tiene fuertes contrastes debido a la presencia de los Andes que la convirtió en un territorio montañoso, porque la cadena occidental de la Cordillera de los Andes al ingresar a la región Ancash por el lado sur forma el Nudo de Tuco, y a partir de este punto se divide en dos cadenas de montañas las cuales son las cordilleras Negra y Blanca las mismas que avanzan separadas y se unen al norte de la región en el denominado Nudo de Mollepata. Este comportamiento de la cadena occidental de los Andes en Ancash formó claramente tres espacios longitudinales definidos, actualmente denominados Sub Región Pacífico en el flanco occidental, Sub Región Huailas en el centro, y Sub Región Conchucos en el flanco oriental. En la Sub Región Pacífico, la menos accidentada, discurren los ríos Santa, Lacramarca, Nepeña, Sechín, Casma, Culebras y Huarmey, que son parte de la cuenca hidrográfica del Pacífico; en la Sub Región Huailas está la parte alta del río Santa que

Lorenzo Samaniego ■ Universidad Nacional del Santa, Chimbote, Ancash, Perú; correo-e: lsamaniegor@yahoo.es


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recibe muchos tributarios provenientes de las cordilleras Negra y Blanca; y en la Sub Región Conchucos se forma la cuenca del río Marañón con la participación de los ríos que bajan del flanco oriental de la Cordillera Blanca, como de otros ríos que aportan sus aguas al río Marañón, límite natural entre Ancash y Huánuco. La configuración del relieve y de la hidrografía de Ancash permiten la existencia de una variedad de nichos ecológicos con diferentes climas y microclimas, una variada flora y fauna u otros recursos naturales, e importantes atractivos turísticos como los nevados de la Cordillera Blanca, los valles interandinos o las diferentes playas en su litoral. En suma, Ancash tiene potencialidades y recursos por conocer y aprovechar. De las ocho regiones naturales propuestas por Javier Pulgar Vidal (1987), Ancash tiene seis en sus 35902,58 km2, donde actualmente viven 1’092,662 habitantes y cuyos ancestros pusieron hace 10000 años las primeras bases de la civilización andina. La Sub Región Pacífico comprende un área de 12275 km2, con una población aproximada de 390171 habitantes distribuidos en cuatro provincias: Pallasca, Santa, Casma y Huarmey, ocupando básicamente las regiones naturales Costa o Chala y Yunga, y tangencialmente las regiones Quechua y Suni. La Sub Región Pacífico tiene el 30 por ciento del área total de Ancash y el 50 por ciento de su población. La provincia de Santa, al noroeste del departamento de Ancash, limita al norte con el departamento de La Libertad a través del río Santa y las provincias de Pallasca y Corongo, por el este con la provincia de Huailas, por el sur con las provincias de Casma y Yungay, y por el oeste con el Océano Pacífico. Su capital es la ciudad y puerto de Chimbote, ubicada a la altura del Kilómetro 385 de la carretera Panamericana Norte y a 4 msnm. La provincia tiene nueve distritos: Cáceres del Perú, Coishco, Chimbote, Macate, Moro, Nepeña, Nuevo Chimbote, Santa y Samanco. El distrito de Chimbote es el de mayor extensión y tiene 1461,44 km2, y por lo mismo es el segundo distrito más extenso de Ancash después del distrito de Huarmey (provincia de Huarmey), y en cambio es el más poblado con 390171 habitantes según el último censo poblacional. Los distritos más pequeños son Santa y Coishco, el primero tiene 38,61 km2 y el segundo apenas 9,21 km2. Por otra parte, a través de la provincia discurren tres ríos, Santa, Lacramarca y Nepeña. El primero es el más importante y luego de recorrer la parte central del departamento, entre las cordilleras Negra y Blanca, se integra a la provincia en el punto donde recibe las aguas oscuras del río Chuquicara o Tablachaca y voltea al oeste rumbo al Océano Pacífico.


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Los otros ríos, Lacramarca y Nepeña, son ambos de curso irregular, el primero mucho más. Nacen en el flanco occidental de la Cordillera Negra y desembocan en el Océano Pacifico. De esta manera la provincia tiene tres valles, Santa (margen izquierda), Lacramarca y Nepeña, los cuales fueron ocupados por los hombres andinos desde hace más de siete mil años, quienes mediante su trabajo y para satisfacer sus necesidades fueron ocupando y transformando estos valles.

Cuenca del río Nepeña La cuenca del río Nepeña ubicada al sur de la provincia del Santa, cuyas coordenadas geográficas están comprendidas entre los paralelos 8º9’ y 9º19’ latitud sur y los meridianos 77º50’ y 78º41’ longitud oeste, discurre entre los distritos de Pamparomás de la provincia de Huailas, Cáceres del Perú, Moro, Nepeña y Samanco de la provincia del Santa. Limita al norte con la cuenca del río Lacramarca, al sur con la cuenca del río Casma, al este con la divisoria de las aguas de la Cordillera Negra y por el oeste con el Océano Pacífico. El río Nepeña nace en las alturas de la laguna Chupicocha a 4600 msnm, alimentándose con las lluvias que caen en la parte alta del flanco occidental de la Cordillera Negra, pero a la postre es el resultado de la confluencia de las sub-cuencas Jimbe, Chumbe y Loco, que reúnen toda la red hidrográfica de la parte alta, riachuelos, lagunas, puquíos, aguas subterráneas y las aguas de las represas prehispánicas. La cuenca del río Nepeña tiene un área de drenaje total hasta su desembocadura en el Océano Pacífico de 1 900 km2, y su longitud máxima de recorrido desde sus orígenes es de 73,5 km, presentando una pendiente promedio del 6 por ciento, la que se hace más fuerte en el tramo de la parte alta comprendida entre la laguna Matarcocha y Colcap, donde la pendiente alcanza aproximadamente 22 por ciento. Asimismo, la superficie de la cuenca húmeda es de 900 km2, mejor dicho, el 47 por ciento del área aporta al escurrimiento superficial. “El curso del río Nepeña, desde su nacientes hasta su desembocadura, es algo sinuoso, siguiendo en general una dirección predominante noreste a suroeste; a la altura de la localidad de Huambacho adopta una dirección este a oeste…” (Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales 1972:36). El río Nepeña desemboca en el mar al norte del pueblo de Samanco (Figura 1). La cuenca del río Nepeña tiene las siguientes regiones naturales: Costa o Chala, Yunga, Quechua, Suni o Jalca y Puna. Desde el ángulo geológico la cuenca comprende formaciones rocosas que van desde el Jurásico Superior al Cuaternario Re-


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Figura 1. Cuenca del río Nepeña.

ciente, como también integrada por las unidades denominadas “Pampas costaneras”, “Estribaciones Andinas” (Proyecto Especial Chinecas 1994:54) y los macizos de la Cordillera Negra. La presencia de represas prehispánicas en la puna y de basurales o aldeas antiguas cerca al mar asegura que el antiguo poblador nepeñano conocía y aprovechaba inteligentemente la cuenca y sus múltiples recursos.

Antecedentes Los primeros trabajos de excavación arqueológica ejecutados en el templo de Punkurí son del doctor Julio C. Tello en 1933. Santiago Antúnez de Mayolo es quien ofrece la siguiente información: “El nombre primitivo de esta Huaca, fue Punguchuco de Punku, puerta y chuco, sombrero. Así aparece en el plano de Lindemann del año 1862, que se halla en la Hacienda de San Jacinto” (Antúnez de Mayolo 1933:16). Agrega que cuando la Hacienda San Jacinto era administrada por Mr. John Harrison, en el mes de setiembre de: “…1928 al abrir los peones de la hacienda San Jacinto una acequia entre las dos Huacas de Cerro Blanco, pusieron al descubierto una hermosa


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plataforma. Un año después en la Huaca Punkurí, situada en medio de unos cañaverales, se hizo un corte que puso al descubierto el felino en busto sentado en una escalinata” (Antúnez de Mayolo 1933:16). Entre 1928 y 1933 la casualidad y el interés en las antiguallas por el administrador de la hacienda San Jacinto hicieron factible el descubrimiento de dos edificios prehispánicos con relieves polícromos, los primeros de estas características en el país por esa época. John Harrison comunicó de estos hallazgos al reconocido arqueólogo de aquella época, el doctor Julio C. Tello, quien en agosto de 1933 llega a Nepeña y con el apoyo económico de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y del propio Harrison realizó sus tareas arqueológicas en el periodo de tres meses en los templos de Cerro Blanco y Punkurí (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:184; Tello 1970:69, 110). Luego de sus excavaciones, Tello al año siguiente encargó a su fiel colaborador Toribio Mejía Xesspe cubrir lo excavado, y por diversas razones no pudo retornar a los trabajos en Punkurí. Las excavaciones de Tello en Punkurí se realizaron en los lados norte, este y sur del sitio, y estas se sintetizan con el hallazgo de pisos de ocupación, en donde el piso inferior tiene estructuras de piedras con muros ornamentados de filiación chavín; luego el piso medio se levanta sobre el anterior, reutilizando sus estructuras que fueron destruidas para servir de base a las nuevas construcciones: “y éste, a su vez sirvió para los del piso superior” (Tello 1970:74). Los hallazgos en los dos primeros pisos fueron el macizo ídolo de barro representando un felino pintado y la tumba de la mujer sacrificada con sus ofrendas funerarias (Figura 2); en el segundo piso las estructuras de barro con relieves polícromos, como restos de cámara soterradas con pinturas murales, eran evidencias claras de su filiación chavín. Sobre este piso y el tercero se hallaron restos de casas, tumbas y basura de los últimos períodos Santa, Nepeña y Chimú. Tello, entonces director del Museo de Arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, luego de los tres meses de excavación arqueológica aseguró que Cerro Blanco y Punkurí habían sido construidos muchos siglos antes de Cristo, mas no sospechó que podrían ser anteriores a Chavín, y en todo caso eran la expresión pujante de esa cultura en la costa - donde consideraba natural el uso del barro en las antiguas construcciones costeñas - y estableciendo el límite del desarrollo de Chavín en la costa de Ancash.


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Figura 2. Puma y Tumba 1 de Punkurí (Archivo Tello).

Figura 3. Reproducción de la escultura en bulto del felino de Punkurí ubicada en el patio principal del antiguo Museo Nacional de Antropología y Arqueología de Lima.


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Luego de los trabajos de Tello, Punkurí fue presa de los huaqueros quienes causaron destrucción y daños a estructuras, pinturas murales, relieves polícromos y a la escultura en bulto del felino, del cual Tello encargó hacer un molde y reproducirlo en el patio principal del antiguo Museo Nacional de Antropología y Arqueología de Lima (Figura 3). El 15 de octubre de 1933 el diario El Comercio de Lima publicó el informe que el ingeniero Santiago Antúnez de Mayolo había presentado a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pues había asistido a las excavaciones arqueológicas de Tello como delegado de la universidad. El informe contiene valiosas notas, fotos y dibujos de los trabajos y hallazgos en Punkurí (Antúnez de Mayolo 1933). Por su parte, Rafael Larco Hoyle publicó un plano y cortes transversales del edificio de Punkurí con los hallazgos de Tello en 1933, documento importante porque después varios elementos arquitectónicos y de arte fueron destruidos por los huaqueros. El Padre Augusto Soriano Infante al publicar un artículo en 1941, aseguró que por gentileza del administrador de la hacienda San Jacinto pudo tomar notas y fotografiar al felino de Punkurí que aún se hallaba íntegro (Soriano 1941). El autor, como arqueólogo del Instituto Nacional de Cultura de la zona costa de Ancash entre 1971 a 1985, puso especial interés en la conservación de Punkurí y Cerro Blanco. En 1991 con motivo del Seminario Taller sobre “Ciencias de la Comunicación y Turismo”, realizado del 10 al 14 de febrero y promovido por la Universidad Nacional del Santa, luego de participar como ponente, conversé de forma circunstancial con el doctor Manuel Cisneros Navarrete, entonces Presidente de la Comisión Organizadora de la universidad, muy interesado en conocer el significado y los colores originales del logotipo de Universidad Nacional del Santa, uno de los motivos artísticos de Punkurí, tomó la decisión de que realizara un breve trabajo de investigación al respecto. Mediante la recopilación bibliográfica y de otras informaciones, como del reconocimiento exhaustivo del sitio arqueológico, pude tener la certeza del lugar donde se encontraba el motivo (Samaniego 1992), pero era menester hacer excavaciones para corroborar las características y significado del dibujo de Antúnez de Mayolo (1933:16) y lo que publicó Kauffmann (1978:272). Propuse a la autoridad universitaria excavar en el sitio con otro fin mayor, como era la investigación y la conservación del monumento, quedando en suspenso esta posibilidad.


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En 1996 a pedido del Sub Prefecto de la Provincia del Santa, el señor Enrique Venegas Morales, preparé un proyecto turístico para la Sub Región Pacífico con la esperanza de obtener el apoyo para poner en valor diversos monumentos arqueológicos de las provincias de Pallasca, Santa, Casma y Huarmey; pero debido a la situación económica en ese momento y en otros casos por la insensibilidad respecto al patrimonio cultural, no hubo respuesta, sin embargo, la propuesta de este proyecto fue un gran paso (Samaniego 2006). En el segundo semestre de 1997 el doctor Francisco Piscoya Hermoza asume la presidencia de la Comisión Especial Consejo Nacional para la Autorización de Funcionamiento de Universidades (CONAFU) para conseguir al más breve plazo la institucionalización de la Universidad Nacional del Santa. El había sido Vicerrector Académico de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos cuando laboraba en la misma, por tanto, al saludarlo como colega sanmarquino, surgió la propuesta del Proyecto Arqueológico de Punkurí, que fue aceptado por la comisión que presidía. Otras gestiones paralelas permitieron la aceptación del proyecto por el ingeniero Juan Emilio Paz Vergara Pérez, Director Ejecutivo del Proyecto Especial CHINECAS, del ingeniero Juan Calisaya Medina, Gerente General de Agroindustrias San Jacinto S.A.A., y del Instituto Nacional de Cultura a través de su Director Nacional Luis Arista Montoya, encargándole la coordinación a su asesor, el arqueólogo Miguel Pazos Rivera, colega y dilecto amigo. Finalmente el 8 de julio de 1998 en el Museo de la Nación de Lima se llevó a cabo la suscripción del Convenio Interinstitucional de Cooperación Científico Cultural para la ejecución del proyecto “Investigación y Restauración del Templo de Punkurí, Nepeña”, que suscribieron las instituciones mencionadas, con la emotiva participación del ilustre maestro universitario Javier Pulgar Vidal, quien depositó toda su confianza en el proyecto. El objetivo principal del proyecto fue organizar y ejecutar la puesta en valor de Punkurí en varias temporadas, desarrollando las siguientes tareas: a) Limpieza y delimitación del monumento arqueológico. b) Excavaciones arqueológicas y conservación del monumento. c) Tratamiento adecuado del entorno paisajista de Punkurí y su apertura al público. d) La administración y mantenimiento de Punkurí a cargo de la Universidad Nacional del Santa y Agroindustrias San Jacinto S.A.A., con la supervisión del Instituto Nacional de Cultura.


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e) Construir un local adecuado para guardar el material cultural de las excavaciones en Punkurí, estudiarlo, conservarlo y exponerlo al público. f) Promover la investigación arqueológica en la cuenca de Nepeña, coadyuvando a la defensa y recuperación de los monumentos arqueológicos de Nepeña. g) Recuperar la historia regional y contribuir a la afirmación de la identidad cultural. h) Aportar a la educación, la cultura y el turismo regional, con proyección nacional. Las tareas se cumplieron, a excepción del punto b, porque aún es necesario excavar en el monumento y en especial recuperar muestras orgánicas no disturbadas para tener fechados absolutos sobre el sitio.

Punkurí Se ubica a la altura del Kilómetro 19 de la carretera a San Jacinto y Moro, que antes se desvía de la Panamericana Norte en el Kilómetro 409, a la margen derecha del río Nepeña, valle medio, sobre los 216 msnm, en plena región natural costa y entre las coordenadas geográficas 78°18’60’’ longitud oeste y 9°9’43’’ latitud sur del meridiano de Greenwich. Políticamente se encuentra en la jurisdicción del distrito de Nepeña, provincia del Santa, departamento de Ancash. Arquitectura El edificio de Punkurí es una construcción de barro que tiene cerca de 3000 metros cuadrados, ahora 8 metros de altura y se halla levantado sobre una terraza aluvial del Cuaternario. El lugar fue elegido considerando los materiales existentes para la construcción, viento, la altura, el dominio visual y su relación con el cerro San Cristóbal ubicado al frente y a poca distancia. El edificio arqueológico tiene cuatro tipos de elementos estructurales que conforman su unidad arquitectónica, los cuales son el terraplén, el muro, la columna y la escalinata. Terraplenes La primera iniciativa de los constructores fue la de levantar un terraplén sobre el suelo natural con piedras, cascajo y tierra obtenidos del lugar, para elevar el edificio y darle connotación en relación a su principal función y entorno.


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El piso fue pintado de celeste agrisado claro, lo mismo en los siguientes terraplenes, que se superpusieron cada 1,60 m de altura. El terraplén más antiguo fue recortado progresivamente para que se extendiera el cultivo de la caña de azúcar desde el siglo XVII o quizás antes, y por eso hoy tiene aproximadamente 51 m de largo, 46,50 m de ancho y de 1,25 m a 1,60 m de altura. El segundo terraplén se levantó rellenando y nivelando los ambientes del primer edificio, y del tercer terraplén, destruido casi totalmente con el templo, solo queda la escalinata donde reposa el ídolo del puma. Muros Los muros tienen corte trapezoidal, son anchos en la base y se angostan hacia arriba. Los mampuestos se pusieron en forma horizontal, los adobes cónicos y troncocónicos con la punta hacia adentro y la base hacia fuera, los plano-convexos y piramidal-truncos de “cabeza” o “soga”, procurando el buen aparejo y unidos con mortero de barro. Los muros, de uno o doble paramento, fueron enlucidos, tienen de 5 a 10 cm de espesor, acabados, pintados y decorados con relieves polícromos. Los muros miden de 70 cm a 1,70 m de ancho y de 26 cm a 2,50 m de altura, variando según la función de cada uno de los ambientes construidos. Los muros sirvieron para modular el espacio, formar diferentes ambientes con muros rectos, son escalonados, tienen esquinas curvas o en ángulo recto, interrumpiéndose para formar puertas o ventanas y servir de sostén a coberturas. Columnas Son pilares cilíndricos elaborados con adobes y mortero de barro, enlucidos, pintados, y algunos con relieves. Se descubrieron cuatro columnas, tres destruidas durante el abandono del monumento y sólo una se conserva: a) Columna 1 Hallada por John Harrison en 1933 sobre el extremo sur de un muro bajo como resultado del cateo que mandó hacer en el lado este del monumento. Tello lo registró (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:79, 81, 83, 98, 99, 109 y 110), lo mis-


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mo que Santiago Antúnez de Mayolo (1933:Fig. Nº 15) y Rafael Larco Hoyle (2001:20-21, Figs. Nros 19, 20 y 2). La columna fue destruida.

En base a los dibujos y fotos describimos sus características y medidas. Debió tener 50 cm de diámetro y 73 cm de alto, y estaba incompleta. La columna tenía 25 cm de altura con decoración escarchada, hecha con piedrecillas y pintada de negro (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:111), luego el reborde de 8 cm de grosor y 55 cm de diámetro, y el fuste de 40 cm de altura con una figura incidida en forma de “V” que arrancaba en el reborde y pintado de varios colores (Figura 4).

b) Columna 2

Fue descubierta por Tello en 1933 en el extremo norte de otro muro bajo cercano al mencionado antes, y ambos formaron un pórtico. Esta columna, también destruida, tuvo 50 cm de diámetro y 70 cm de altura, y estaba incompleta y pintada.

c) Columna 3

Hallada por John Harrison al catear en el vestíbulo detrás de la escalinata del puma, se ubica en el ángulo suroeste del vestíbulo. Tello lo registró sucintamente porque apenas vio la parte superior de ella.

La descubrimos totalmente, y está delante de la Columna 2 de la segunda fase constructiva. Mide 30 cm de diámetro y su altura actual es de 1,53 m porque está recortada en la parte superior y empotrada al piso de color celeste agrisado (Figura 5).

Se encuentra decorada con rectángulos delgados y gruesos, contiguos y sucesivos, en espiral, pintados de negro, rojo y amarillo, dirigiéndose hacia arriba y sobre fondo rojo. En tres rectángulos, están representados cangrejos carreteros, aunque el del rectángulo superior se encuentra muy degradado; dos cangrejos se dirigen hacia abajo y el del centro hacia arriba, en el contexto polícromo de la columna (Figura 5).

d) Columna 4

Descubierta por Tello en 1933 sobre el extremo oeste de un muro de 4,80 m de longitud, 92 cm de ancho y 49 cm de altura, orientada de este a oeste y asociada a la tercera fase constructiva. Esta columna, ya destruida, debió tener


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Así, la columna en la arquitectura andina cumplió una función mítico-religiosa antes que decorativa o solo para sostener coberturas. Esta función debieron tener las columnas descubiertas en Taukachi (Casma), Huaca de los Reyes (Trujillo) y Chavín (Huari).

Escalinata El levantamiento de terraplenes o plataformas para diversas construcciones originaron desniveles que fueron solucionados con el uso de las escalinatas. No hay rampas o planos inclinados. Las escalinatas se construyeron con los adobes modelados, enlucidos y pintados de color rojo, celeste y azul oscuro; tienen uno, dos, tres, cuatro a siete escalones de acuerdo a la altura del desnivel por solucionar. Secuencia constructiva El edificio tiene construcciones superpuestas desde abajo hacia arriba, en tres niveles, hechas con adobes cónicos, tronco-cónicos, los más antiguos, plano-convexos y piramidal truncos, modelados, y tienen un peso de 40 kilos promedio cada adobe, a excepción de los adobes usados en el relleno que difieren en tamaño o peso. Primera fase Se inició con un amplio terraplén orientado hacia los cuatro puntos cardinales, primando el norte, que ahora tiene 51 m de este a oeste y 46,50 m de sur a norte, siendo su altura promedio de 1,25 m. El área total del terraplén fue mayor, pero durante la Colonia y gran parte de la República fue recortado por las máquinas de la ex hacienda y ex Cooperativa San Jacinto, incluso por el lado sur también


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Figura 4. Columna 1 (Archivo Tello).

Figura 5. Columna 3 in situ y su reconstrucción hipotética.

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Figura 6. Plano del sitio PunkurĂ­.


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fue cortado para dar paso a un camino de tránsito de vehículos hacia el pueblo de San Jacinto. Construido el terraplén se levantó el templo más antiguo, delimitado por dos muros laterales que tienen 1,70 m de ancho, no conocemos el total de sus longitudes, y son las alfardas este y oeste. El acceso por el lado norte se realizó mediante una escalinata, ya destruida, que conducía a un amplio vestíbulo de 19,50 m de largo y aproximadamente 16 m de fondo o más en el pasado. Al fondo, teniendo como referencia el eje central, se construyeron dos muros equidistantes, formando la entrada de 2,10 m de ancho del primer templo. Ambos muros se construyeron sobre dos plataformas de 6,20 m de longitud, 34 cm de alto y todavía no sabemos cuánto tienen de fondo. Sobre ellas se levantaron los muros equidistantes de 4,04 m de largo, 1 m de ancho y ahora de 1,04 m de altura, dejando delante y a los lados de la entrada una pestaña de retiro de 11 cm de ancho, formando zócalos que tienen la altura de las plataformas. Los paramentos exteriores de ambos muros tienen el diseño de un personaje estilizado en bajorrelieve y polícromo, cortados en la parte superior, pues ambos diseños fueron más grandes. A los extremos de los muros mencionados continúan las plataformas hasta un muro orientado de sur a norte y quedando un espacio libre de 2,15 m. Esto es lo que sabemos de las construcciones en la parte central del terraplén (Figura 6), sin embargo, a continuación de las dos alfardas mencionadas hay otros ambientes. En el ángulo noroeste se encuentran tres muros, uno perpendicular a los otros dos. El primero orientado de sur a norte, apenas tiene 2,70 m de longitud hasta donde está descubierto. En el punto de arranque, lado norte, hay una pilastra que mide 1,25 m por la cara exterior u oeste, 1,45 m por la cara interior este, y 1 m por las caras norte y sur; está incompleto arriba y tiene 95 cm de altura. El lado este presenta una cabeza humana en bajorrelieve, polícroma y deteriorada. El muro prosigue hacia el sur y a 90 cm se encuentra una escultura en bulto casi totalmente destruida (Figura 6). Los otros dos muros perpendiculares delante del descrito están orientados de este a oeste, adosados a la pilastra tienen 3 m de largo hasta donde están descu-


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biertos y 70 cm de ancho. Estos dos muros formando un ángulo recto delimitaron un ambiente que probablemente se extiende hasta la alfarda este, mediando entre ellos una distancia de 5,55 m. A continuación del muro perpendicular a la pilastra está adosado un muro hacia el norte, tiene 90 cm de ancho y 4,50 m de largo, pero está incompleto por el lado oeste y por el lado este se encuentra unido a otro muro formando un ángulo recto hacia delante y tiene 2,70 m de longitud de este a oeste, uniéndose a la alfarda occidental. En esta fase se utilizaron adobes cónicos y tronco-cónicos colocados en hiladas y en posición horizontal, con la punta hacia adentro y la base hacia fuera, teniendo en cuenta el buen aparejo; en los rellenos se usaron adobes de diferentes tamaños y dispuestos indistintamente.

Por otra parte, después de la alfarda oriental se observa: − Un muro adosado a la alfarda oriental que tiene 90 cm de ancho y 1,30 m de longitud, siendo más grande, perpendicular a éste otro incompleto, cuyo paramento interior podemos identificar por los dos adobes cónicos que lo forman (Figura 6), y está orientado de este a oeste. − Un poco más al sur, a 1,95 m del muro incompleto, hay tres muros adosados orientados de este a oeste que tienen 50, 45 y 70 cm de ancho y 60 cm, 80 cm y 1,05 m de largo, respectivamente (Figura 6). − Más al este y a 1,15 m de distancia de los muros antes descritos se halla otro muro orientado de sur a norte, con 90 cm de ancho y 4,70 m de longitud, pero es más largo. Entre éste y la alfarda oriental se tiene una distancia de 5,40 m, como sucede en el lado oeste del templo. − A 1,95 m más al sur del muro recién descrito se encuentran dos muros formando un ángulo recto, el primero de norte a sur y el otro de este a oeste. Ambos tienen 85 cm de ancho, 3 m de largo el primero y el segundo 3,65 m, aunque se encuentra incompleto.

Este edificio arqueológico fue íntegramente pintado, los pisos y muros de color celeste agrisado claro a negro azulino, con excepción de relieves que tienen otros colores como negro, blanco, rojo, verde, azul, anaranjado y sus matices. Ningún espacio quedó sin color.


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A 14 m antes de la entrada del Edificio 1 pusieron una wanka en el terraplén, probablemente cerca de la escalinata de acceso que ya no existe. La wanka tiene forma prismática de 34 por 50 cm y la altura hasta donde es visible ahora es de 1,72 m. Resumiendo, esta fase constructiva tiene un atrio de 19,50 de ancho por 14,60 m de fondo, delimitado por muros laterales o alfardas y al centro por dos muros equidistantes, separados por una entrada de 2,10 m que permite pasar al Edificio 1 o primer templo, y es más, lateral a los muros mencionados existen dos corredores hacia el mismo. Laterales al templo más antiguo están la Habitación 1 en el lado occidental con relieve y escultura de bulto en el muro oeste, y las habitaciones 2 y 3 en el lado este con sus respectivas entradas (Figura 6). La wanka tiene una ubicación especial y seguro fue considerada como una waka, sagrada. Segunda fase El templo o Edificio 1 fue cortado y rellenado para formar un segundo terraplén, y se construyó el segundo templo reduciendo el atrio a 8,50 m de fondo y adosando al terraplén una escalinata de cuatro escalones en la parte central; sobre las antiguas alfardas se superponen otras y continúan delimitando el atrio por el este y oeste. Se construye el núcleo (C1) del templo de esta fase con 16,10 m de frente, cuyas esquinas NE y NO son curvas y con 7,20 m de fondo, la entrada al centro tiene 1,60 m de luz y es probable que tenga otra en el muro sur para acceder a un corredor de 1 m de ancho que circunda a este compartimiento por los lados oeste, sur y este, donde hay una puerta de 65 cm para pasar a un ambiente de 2,60 m de ancho y más de 12 m de largo. A este ambiente también se accede por el lado este donde están dos muros escalonados de 4,25 m de largo cada uno, orientados de sur a norte, formando una entrada de 1,40 m de luz que se convirtió en un pórtico con dos columnas cilíndricas polícromas asentadas en los extremos de estos muros (Figura 6) que tienen 47 cm de alto y a los 2,60 m de recorrido se elevan los mismos quizás a 90 cm puesto que se encuentran deteriorados. El corredor este frente a la puerta que nos lleva al pórtico de las columnas está franqueado por un muro de 1,20 m de largo, 80 cm de ancho y 60 cm de altura aproximadamente, debido a que está deteriorado.


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Después del Compartimiento 1 está el Compartimiento 2, separados por el corredor de 1 m de ancho. Éste tiene 16 m de frente y 4,10 m de fondo, es de planta rectangular como el anterior y tiene las cuatro esquinas curvas. Tiene decoración incisa en el paramento norte, lado izquierdo, y se halla enterrado en gran parte; son visibles sus paramentos este y norte pero durante los trabajos del proyecto pudimos descubrir que el muro norte tiene un escalón de 26 cm de altura, 49 cm de fondo y 1,20 m de ancho, adosado a un muro bajo (Figura 7), ambos pintados de color celeste agrisado claro, y hacia el lado derecho a una distancia de 2 m aproximadamente tiene delante una columna cilíndrica polícroma de 30 cm de diámetro y 1,53 m de altura porque fue cortada en la parte superior. Detrás de la columna el muro norte tiene 90 cm de alto, con una pestaña de retiro de 15 cm a los 63 cm de altura. La parte baja se encuentra pintada de rojo y la parte superior de color morado. Deducimos que al otro extremo y equidistante debe haber otra columna cilíndrica, pero sólo hallamos un profundo agujero de 1,74 m de altura y 8 cm de diámetro, que en realidad es la evidencia de un poste de madera retirado en el pasado. Más atrás se encuentra el Compartimiento 3 (C3), del que conocemos sólo 4 m de largo del muro norte pues lo demás está enterrado. Está separado del C2 por un pasaje de 1,50 m de ancho que discurre de este a oeste y se engarza con otros pasajes o corredores orientados de sur a norte. Esta segunda fase tiene una sub fase a la que corresponde el vestíbulo detrás de la escalinata del puma de la tercera fase. El vestíbulo construido a 1,60 m de altura desde el C1 tiene 3,85 m de este a oeste y 4,30 m de sur a norte hasta donde es visible; a este se accede por un corredor de 2 m de ancho que está al lado este del C2, luego se ascendía por una escalinata de cuatro escalones y se podía avanzar por el pasaje de 1 m de ancho hasta al vestíbulo que tiene dos escalinatas, una de tres escalones y metida en el muro este, y otra de dos escalones en el ángulo suroeste, y precisamente al pie del primer escalón y al nivel del piso se halla la Columna 3. El muro sur que forma el vestíbulo tuvo un bajorrelieve polícromo descubierto por Tello en 1933, de 1,22 m de alto por 5,15 m de largo, ahora casi destruido y del que nos ocuparemos más adelante. En esta sub fase continuó funcionando el pórtico de las columnas y los ambientes conexos, y asimismo, la wanka ubicada en la parte anterior de todo el conjunto.


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Figura 7. Muro bajo norte con escalón.

Figura 8. Vista de Punkurí.

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Tercera fase Cubrió parcialmente las estructuras de la fase anterior, en especial los compartimientos 1 y 2, y lo demás continuó funcionando con pequeñas modificaciones o agregados. Se adosó un muro con adobes piramidales-truncos de 1,55 m de ancho y 2,45 m de altura al frontis del templo anterior, dividido por una entrada de 1,85 m de luz que dio paso a dos descansos de planta trapezoidal y luego a una escalinata donde reposa la escultura en bulto del puma, de siete escalones y planta trapezoidal, que conducía a un amplio vestíbulo aunque Tello vio y registró otros muros de esta fase. Destaca un muro “de 49 cm de alto y 92 cm de ancho. Presenta una columna hacia el extremo oeste pintada de color plomizo” (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:110). El muro tenía 4,80 m de largo (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos:109-110). Más atrás, descubrió otros cuatro muros (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:110-111), que al parecer ya no existen. A la escalinata construida al lado del C2 se le agregó tres escalones para acceder al nivel del tercer templo, ahora destruido. La wanka mencionada varias veces siguió en función. El monumento adquirió en este momento la mayor altura, probablemente 10 u 11 m y recién se utilizó la piedra en poco porcentaje para la construcción de muros. Concluimos en que la construcción de Punkurí fue planificada en sus diversos momentos y orientada hacia el norte, con una desviación de 20° hacia el oeste. Tiene tres fases constructivas superpuestas, y cada fase está sobre un terraplén donde se levantaron los tres templos divididos por compartimientos contiguos de norte a sur, con vestíbulos, pasajes o corredores que conducían a las habitaciones ubicadas después de las alfardas este y oeste. Entre las tres fases, la segunda muestra más evidencias (Figura 6). Las estructuras expresan una tradición constructiva utilizando elementos como el terraplén, adobes modelados, muros bajos y altos, rectos y curvos, cornisas, zócalos, escalinatas, pasajes, pinturas murales, relieves, escultura en bulto, wanka y la forma piramidal escalonada del edificio arqueológico.


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Las tres fases constructivas guardan unidad estilística y no tienen cerámica asociada, lo cual nos permite deducir y afirmar que la construcción debió iniciarse hacia los 2200 años a.C. o más. La arquitectura de Punkurí tuvo función religiosa, convirtiéndose en el santuario más importante del área, con tres templos superpuestos, un lugar de culto y un oráculo para las comunidades de aquella época, pues las divinidades estuvieron representadas en ella, incluyendo la wanka. A propósito de la wanka el diplomático norteamericano E. G. Squier dejó la siguiente información cuando exploraba la zona arqueológica de Huacatambo, valle de Nepeña, pues le llamó la atención “... una enorme roca solitaria, erguida en la cumbre misma de una elevada y desnuda colina…” (Squier 1974:105 [1877]). Averiguando sobre qué pensaban los pobladores del lugar respecto a la roca, escribió: “La gente del tambo nos informó que todavía era considerada huaca y que tenía una cavidad en su cúspide donde se depositaban aún ofrendas a Huari, el dios de la fuerza” (Squier 1974 [1877]). El espacio sagrado se extendía un poco más en el entorno del santuario (Figura 8). Arte Mural En Punkurí arte mural y arquitectura se integran armoniosamente. El arte mural se expresa con la pintura y la escultura. Pintura Las superficies de los edificios, la escultura, las columnas y una laja fueron pintadas en base a tres colores primarios, amarillo, magenta y cian, como a la combinación de los mismos para obtener colores secundarios, y al uso de los neutros, blanco y negro. Las pinturas son de origen mineral, a excepción del negro que es de naturaleza orgánica, conforme a los análisis químicos de varias muestras (ver Apéndice). La técnica de pintar fue al temple, aplicando color a los pisos, muros, esculturas y columnas, y quizás utilizaron el mucílago de algunas cactáceas para fijar la capa pictórica. Los pisos fueron pintados de celeste agrisado claro a oscuro, los muros en su mayor parte de color celeste agrisado claro al negro azulino, y algunos muros de


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rojo, rosado, morado y blanco gris. Los altos y bajorrelieves, la escultura en bulto y las columnas fueron pintados de rojo, rosado, anaranjado, morado, celeste, blanco gris, verde y negro. La única piedra pintada de rojo es una laja ubicada al fondo de la abertura debajo del mentón del puma. Los motivos hallados por Harrinson, Tello (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:79-80) y nuestro proyecto (1998-1999) corresponden a formas geométricas logradas con líneas delgadas, anchas y bandas, en trazos rectos, curvos, quebrados y entrecruzados para delimitar las partes constituyentes de un motivo o para dividir superficies en recuadros o paneles y/o representar otros motivos Escultura Es plasmada en bajo y altorrelieve, bidimensional, y en bulto, tridimensional. Se ejecutó en los muros, pilastras, columnas y piedras. Los relieves descubiertos son seis pero hay fragmentos con relieves polícromos como producto de la destrucción de muros. Personaje 1 (R 1) Descubierto por Tello en 1933, fue ejecutado en el muro norte, lado este, del primer templo de Punkurí. Él hizo una descripción, tomó fotos y realizó dibujos (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:102, 103 y 104). También Antúnez de Mayolo publicó un dibujo y una breve descripción (1933:17, Fig. 12), y luego lo hicieron otros estudiosos. El motivo tiene 4 m de longitud, 1,04 m de altura promedio (Figura 9, arriba), fue cortado por los constructores del segundo templo, logrado con incisiones profundas y anchas, asimismo retirando zonalmente el enlucido alrededor de una figura o figuras y después se aplicó el color. Este personaje incompleto fue reconstruido gráficamente por los dibujantes de Tello, agregando a los costados dos brazos que no tiene y se trataría de un probable búho. En cambio, Antúnez de Mayolo creyó que era un felino estilizado. La representación reconstruida por el autor desde el relieve original, agregando el lado derecho al motivo,considerando que el arte de Punkurí es simétrico, nos indicaría que se trataría de un personaje en posición horizontal, apoyado en el lado izquierdo del cuerpo y orientado de este a oeste (Figura 9, abajo).


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El personaje lleva una máscara con los ojos alados, la boca mostrando los dientes del maxilar superior, debajo tres bandas curvas y a los extremos de la boca dos pequeños rectángulos en diagonal. Debajo de la máscara el ribete del manto que cubre al personaje está representado por dos bandas diagonales y quebradas. El manto deja al descubierto la camiseta o unku del personaje que está cruzado por una faja ancha con diseño escalonado al centro.

Figura 9. Personaje 1 (R1). Dibujo del relieve tal como se encuentra (arriba) y su reconstrucción hipotética (abajo).


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Tres figuras decoran al manto, el lobo marino con un círculo entre el pecho y vientre, luego tres bandas curvas y un tigrillo, felino de cola larga, con dos apéndices en el lomo, uno cerca al cuello y el otro sobre el anca. Finalmente en un recuadro escalonado, adherido al manto, se observa una zarigüeya o comadreja (Didulphus marsupialis), que los campesinos vulgarmente llaman “muca”, entre dos bandas diagonales. El relieve del personaje se halla sobre fondo morado y el zócalo, debajo, es del mismo color. En cuanto a la policromía del personaje, este tiene la máscara de color celeste agrisado claro, el ojo alado de anaranjado y la pupila de blanco gris y negro alrededor, en tanto, los labios rojos y los dientes de blanco gris, las bandas debajo de la boca y el ribete de color rojo. El manto rojo tiene ribetes laterales de color agrisado claro, la faja anaranjada en la mitad superior y verde en la mitad inferior, y el diseño central de la misma de blanco gris; el taparrabo es de color rojo con ribete celeste agrisado claro y los flecos anaranjados, el pie estilizado de colores celeste agrisado claro, rojo y rosado y el unku o camiseta de color morado. El lobo marino es de color verde agrisado, el ojo tiene la pupila negra, en el pecho tiene el círculo pintado de morado al centro y de color celeste agrisado claro el anillo circular. El tigrillo, muy bien deteriorado, es de color anaranjado en el cuerpo y las patas, como los apéndices sobre el anca y la espalda. Las manchas en el cuerpo ya no existen, de igual modo la cara del felino, que fuera reconstruido idealmente en 1933. La zarigüeya es de color verde sobre fondo anaranjado y flanqueada por bandas diagonales de color rojo y celeste agrisado claro. El recuadro escalonado es de color blanco gris (Figura 10). La máscara representa la cara estilizada del tiburón, la pupila del ojo resaltada y los dientes triangulares, características de este pez, el ribete del manto al rayo, y una figura similar está en una escultura lítica de Sechín Alto (Figura 11). El lobo marino y las bandas curvas evocan al mar, el tigrillo a la floresta tropical del norte, la zarigüeya, animal de hábito nocturno y trepador, probablemente a la noche, y el motivo central de la faja de forma escalonada y simétrica está aún por ser desentrañado y siempre estará presente en el arte andino. La reconstrucción permite plantear que la representación corresponde a un sacerdote andino, cuya posición sino fue vertical por razones constructivas pues


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Figura 10. Reconstrucción hipotética del sacerdote de Punkurí.

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Figura 11. Escultura de SechĂ­n Alto.

Figura 12. Cabeza humana (R3).


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el muro hubiera tenido 4 m de altura y se hubiera contrapuesto al modelo de templo de la época, es razonable y permisiva en función de la cosmovisión del hombre andino de aquella época, pues un hecho parecido sucede en el templo de barro de Sechín, visto que allí en la cara exterior de una pilastra está representado un personaje de cabeza (Samaniego 1973:Fig. 2) dirigiéndose a la pachamama, lo cual desde la visión occidental es difícil de entender o explicar. Es más, en los edificios de Punkurí, como en el templo de barro Sechín, los muros y pisos generalmente están pintados de color celeste agrisado claro u oscuro que es el color del cielo o del hanan pacha, donde se encontraban las divinidades andinas. Por eso, representado el cielo en las paredes de estos templos, se procedía a la representación de las divinidades, a todo lo que estaba vinculado a ellas y a lo sacro. El sacerdote en la antigüedad era el intermediario o interlocutor entre la divinidad y el hombre, y usualmente su indumentaria representaba o aludía a la divinidad o divinidades y a los mitos ligados a ellos, de acuerdo a su cosmovisión. El sacerdote representado en Punkurí fue quien debió orientar, organizar y lograr la prosperidad de sus contemporáneos, por eso, cuando se construyó el primer templo fue perennizado en los muros de la fachada principal, y continuó vinculando a las divinidades con la comunidad. Personaje 2 (R2) Las fotos tomadas por Tello en 1933 (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:90, 96) presentan evidencia que en el muro norte, lado oeste, también del primer templo, se replica el Personaje 1, porque en las fotos se nota la parte superior de la máscara con el ojo alado. No hay comentario de Tello ni de sus colaboradores, pero allí está aún enterrado. Cabeza humana (R3) Fue descubierta en 1998. Es una cabeza humana con la cara hacia arriba, sangrando debajo de la barbilla y engarzado a la sangre se observa un motivo fitomorfo. Debajo de la cabeza posee un diseño simbólico que se parece a las hachas que portan los guerreros de Sechín (Figura 12). Motivo incompleto 1 (R4) Descubierto por Tello en 1933, se encuentra incompleto, faltando excavar al lado del paramento norte del C2 para identificar la representación en su totalidad (Figura 13).


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Figura 13. Motivo incompleto 1 (R4).

Figura 14. Muro con paneles y vista de Motivo lineal (R6) (Archivo Tello).


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Motivo incompleto 2 (R5) Fue descubierto por Tello en 1933. Es una representación estilizada, geométrica y abstracta, pero no es un fresco ni un cóndor como lo señaló Antúnez de Mayolo (1933:16, Fig. 11). Ha sido destruida en un 80 por ciento de su proporción. Motivo lineal (R6) Descubierto por Tello en 1933, se constituye de incisiones rectilíneas anchas y profundas en la cara exterior del muro adosado a la fachada del segundo templo de Punkurí, dividido al centro para el acceso del tercer templo. Las incisiones sirvieron para lograr dividir el paramento en paneles (Figura 14). Puma (E1) Escultura de bulto descubierta por John Harrison en 1933 y documentada por Julio C. Tello durante sus trabajos en el mismo año (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005:79-80). Se ubica en los tres primeros escalones de la escalinata del tercer templo de Punkurí, y se trata de un puma cuya cara fue destruida por huaqueros, y así lo redescubrimos en 1998. Pero felizmente hay dibujos y fotos de él, lo que permite una descripción completa, incluidos los colores. El puma fue elaborado con tres volúmenes de barro, dos en la base dejando una abertura al centro y el tercero arriba. En los dos primeros están representadas en alto relieve las patas delanteras con la palma extendida y las garras del puma. El volumen de arriba presenta la cabeza del puma, la cara con los ojos oblicuos, la nariz respingada, la boca abierta enseñando los dientes y los colmillos entrecruzados, y detrás las orejas erguidas. El puma debajo del mentón tiene una abertura vertical, cuyas paredes interiores son de color negro azulino y al fondo tiene una laja pintada de rojo. El cuerpo está pintado de negro azulino, como las dos orejas, las pupilas de los ojos, las encías de la boca y parcialmente las garras. De rojo está pintada la esclerótica del ojo, las fosas nasales, los labios y la palma de las patas. El color blanco gris solo se usó para el iris del ojo, los dientes y parcialmente las garras. Asimismo, la cara, el pecho y las patas delanteras fueron pintados de verde nilo (Figura 2).


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Figura 15. Personaje 3 (E2).

Figura 16. Mortero de piedra.


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Personaje 3 (E2) Hallado por nuestro proyecto y ubicado a continuación, hacia el sur, de la pilastra con la cabeza humana, en realidad separados por un vano de 1,3 m de luz. Pertenece a la primera fase constructiva. La escultura apenas tiene 24 cm de altura, y fue cortada con otras estructuras durante los años de abandono. Lo que queda de ella es poco, pero debió tener alrededor de un metro de altura o más, y probablemente fue un personaje con la cara hacia el este. Solo han quedado los dos pliegues finales del manto que llevaba el personaje y fue pintado de celeste agrisado claro (Figura 15). Mortero y pilón Son parte de las ofrendas a una mujer sacrificada según Tello la cual halló sobre el piso de la entrada al templo más antiguo. Nos referimos a un mortero y su pilón, ambos de piedra y con decoración en bajorrelieve. Ambos están extraviados. El mortero es de forma circular, de base plana, con reborde, de 30 cm de altura y 35 cm de diámetro aproximadamente, y bien pulido. La decoración en el lado que se conoce por la foto de Tello corresponde a un taparrabo dividido al centro, tres flecos triangulares y tres bandas ondulantes al lado derecho del taparrabo (Figura 16). El pilón tenía probablemente 60 cm de largo, estaba pulido y decorado con un par de dibujos en lazos según Antúnez de Mayolo (1933:16). Podemos concluir en que el arte de Punkurí es monumental. El estilo artístico transita desde el realismo naturalista a lo figurativo y abstracto, mostrando experiencia, madurez, riqueza formal y expresiva, lenguaje plástico que se impone en el área como producto de una sociedad equilibrada en sus necesidades materiales, que impulsa lo espiritual en base a su propia cosmovisión. El lenguaje plástico se materializa con líneas incisas finas y gruesas, superficiales y profundas, rectas, quebradas y curvas. También se tiene el uso del relieve cintado o retirando parte del enlucido en determinados motivos, y así mismo exagerando, modificando o quebrando la proporción de varios detalles llegan al expresionismo. La policromía que amalgama colores fríos y cálidos está en relación a una visión positiva de la vida, de la fuerza espiritual de sus deidades y de la pujanza vital de sus artistas, como de la colectividad.


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Los motivos representados son el hombre, los animales del entorno o los que conoce, y diseños que adquirieron otra significación y dimensión en los templos y se transformaron en íconos religiosos o sagrados. El arte con sus formas, volúmenes y policromía ligada armoniosamente a la arquitectura, estuvo al servicio del mensaje religioso, de los espíritus o deidades de la época. Así, la iconografía de la pintura mural, de los relieves y de la escultura en bulto se encuentra en estrecha relación con la concepción de la vida, de la muerte y el cosmos, en vinculación estrecha al uku pacha, kai pacha y hanan pacha. El puma alcanza el mayor estatus religioso. La concepción animista del hombre está presente en la manifestación artística, y podemos afirmar que Punkurí fue un santuario a la vida.

Comentario final Punkurí en base a los trabajos de Tello siempre fue punto de discusión sobre su filiación chavín o no. Desde 1933 las opiniones se ubicaron en dos propuestas, Tello liderando el origen selvático de Chavín, y Rafael Larco Hoyle (2001) señalando que Punkurí era anterior y de origen costeño, escribiendo: “… el templo de Chavín no fue construido en los primeros periodos a los cuales corresponden el templo de Punkurí, sino en la época en que Nepeña alcanzó su más grande desarrollo. Esto es concluyente. El centro del arte clasificado hasta hoy como Chavín es Nepeña, y el templo de Chavín, la obra mayor de esta cultura” (Larco 2001:15). Punkurí mostraba su arquitectura en base a la utilización de adobes modelados, formando muros bajos y altos, de corte trapezoidal, enlucidos y decorados con pintura mural, relieves polícromos y escultura en bulto, por lo mismo, arquitectura y arte se fusionaban. Exhibía novedades que no eran posibles de encasillar en la cultura Chavín. Asimismo, no hay presencia de cerámica en Punkurí, sino un extraordinario arte monumental, como el ídolo del puma que no tiene similar en otro monumento del área andina, y las controversias se centraron en las características y función de este arte, como lo hizo Larco Hoyle, luego Lumbreras (1969), Gordon R. Willey (1970:166-167, 180), Peter Roe (1974:37), y otros más. En 1937 Tello realizaría excavaciones en Sechín, monumento ubicado en el valle del mismo nombre, en la jurisdicción del distrito de Casma, descubriendo un edifi-


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cio con 98 piedras grabadas y muros hechos con adobes cónicos, como dos felinos pintados en el frontis de un edificio de barro, concluyendo que era la presencia de Chavín en la costa, y el sólido desarrollo de la misma. Nuestras excavaciones en Sechín entre 1971 y 1972 confirmaron la existencia de un gran edificio de barro con pintura mural y relieves polícromos, es más, identificaron que la pintura mural de los felinos correspondía a dos pumas (Figura 17). Sustentamos que este edificio era anterior al edificio de las estelas grabadas, y que el complejo arquitectónico orientado hacia el norte fue el centro de una sociedad anterior a Chavín, asignándole el propio nombre del sitio, Sechín (Samaniego 1973, 1996, 1997). Asimismo, pudimos establecer que los adobes cónicos y tronco cónicos no eran elementos diagnósticos para reconocer una filiación chavín o chavinoide tan normal hasta esa época. Todo lo contrario, eran anteriores a todo lo relacionado con Chavín. De igual forma, el edificio con sus litoesculturas aseguraban una etapa anterior y un estilo artístico diferente (Samaniego 1973, 1996). El estilo de Sechín tenía rasgos diferentes al estilo Chavín, y a nuestro parecer y coincidiendo con Larco Hoyle llegó a ser el sustento artístico de aquel.

Figura 17. Templo de barro con pintura mural.


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Estas evidencias, el análisis de los hallazgos de Tello y los trabajos llevados a cabo en Punkurí por nuestro proyecto, nos permiten asegurar que la filiación cultural de Punkurí está en relación directa con Sechín (Samaniego 1996, 1997). La arquitectura y el arte de Punkurí tienen más semejanzas que diferencias con Sechín, e incluso destaca la representación del puma en ambos monumentos y se puede sostener que este felino es una deidad anterior al jaguar tan vinculado a Chavín. También podemos mencionar que el primer templo de Punkurí es un poco anterior al templo de barro de Sechín, y éste contemporáneo al segundo templo de Punkurí, pues estos tienen el frontis pintado de rosado y las esquinas curvas, pero ambos edificios pertenecen a la misma tradición constructiva y sociedad: Sechín. Aún no hay fechas de radiocarbono para Punkurí, pero es razonable ubicarlo al final del Arcaico e inicios del Formativo Temprano, y su antigüedad debe estar entre 2200 a 1800 años a.C. Finalmente, es posible que otros edificios de las mismas o parecidas características existan cerca a Punkurí. En el valle de Sechín el edificio de barro de Sechín, la estructura de adobes cónicos y tronco-cónicos de Sechín Alto que originalmente debió ser un edificio y fue desfigurado, y en el valle de Casma solo Huaca Santa Cristina que se ubica cerca al mar. En el valle de Nepeña hay dos sitios aún no excavados, Cerro Blanco 1 y Cerro Blanco 2, el primero destruido en gran parte y el segundo afectado por los huaqueros, por máquinas y el Fenómeno de El Niño. En la margen derecha del valle del Santa se encuentra el sitio San Juanito donde los arqueólogos Claude Chapdelaine y Víctor Pimentel (2008) han excavado un edificio de barro que constructivamente y por los relieves polícromos hallados guarda estrecha relación con Punkurí, y además el mortero decorado en bajorrelieve y su pilón recuerdan a los artefactos parecidos hallados como ofrendas en la Tumba 1 de una mujer sacrificada en Punkurí. También tenemos el sitio de Cerro Ureña el cual con Mercedes Cárdenas vimos en 1974 y que después ella excavara (Cárdenas 1998), encontrándose ahora en proceso de destrucción y hallándose en este un asentamiento humano. Cerro Ureña es otro edificio construido con adobes modelados y relieves polícromos. Es seguro que existen otras estructuras similares en los valles mencionados, algunas o muchas destruidas durante la Colonia y parte de la República. Hace falta mayor investigación, pero por ahora podemos concluir que el área de desarrollo de este tipo de arquitectura comprendió los valles de Santa, Nepeña, Sechín y Casma


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durante los periodos Arcaico Tardío y Formativo Temprano (2200 a 1800 a.C.), en el marco del desarrollo de la sociedad Sechín.

Agradecimientos A la Universidad Nacional del Santa, Agroindustrias San Jacinto S.A., al doctor Francisco Piscoya Hermoza, al Mg. Esteban Horna Bances, al señor Pedro Cuenca Vargas, a mis compañeros de trabajo en Punkurí y a mi hijo Luis Samaniego López por su apoyo en digitar el texto del artículo.

Referencias citadas Antúnez de Mayolo, Santiago 1933 Los trabajos arqueológicos en el valle de Nepeña, Lima, Perú. El Comercio 15 de octubre:15-17. Lima. Cárdenas, Mercedes 1998 Material diagnóstico del Periodo Formativo en los valles de Chao y Santa, costa norte del Perú. Boletín de Arqueológica PUCP 2:61-81. Chapdelaine, Claude y Víctor Pimentel 2008 Personaje de alto rango en San Juanito, valle de Santa. En Señores de los Reinos de la Luna, editado por Krzysztof Makowski, pp. 248-253. Colección Arte y Tesoros del Perú, Banco de Credito, Lima. Kauffmann, Federico 1978 Manual de Arqueología Peruana. Promoción Editorial Inca, Lima. Larco Hoyle, Rafael 2001 Los Mochicas. 2 tomos. Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera, Lima. Lumbreras, Luis G. 1969 De los pueblos, las culturas y las artes del antiguo Perú. Moncloa-Campodónico, Editores Asociados, Lima. Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (editor) 2005 Arqueología del valle de Nepeña. Excavaciones en Cerro Blanco y Punkurí. Cuadernos de Investigación del Archivo Tello 4. Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima. Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales 1972 Inventario, evaluación y uso racional de los recursos naturales de la costa. Cuencas de los ríos Santa, Lacramarca y Nepeña, Vol. I. Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales, Lima. Proyecto Especial Chinecas 1994 Informe de evaluación técnico-económico del Proyecto Chinecas con la captación en “La Huaca” y “La Víbora”. Chimbote, Perú. Informe técnico presentado al Instituto Nacional de Cultura, Lima. Pulgar Vidal, Javier 1987 Geografía del Perú. Las ocho regiones naturales. PEISA, Lima.


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Lorenzo Samaniego

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Punkurí y el valle de Nepeña

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ANEXO 1 Análisis químico de pigmentos, Punkurí Enma E. Minaya Cabello, Ingeniero Químico, C.I.P. 14086

MUESTRA Nº 1 - PIGMENTO BLANCO Ubicación: Caja 47. El pigmento Blanco aplicado sobre el adobe, fue examinado por Microscopía Óptica de Luz Polarizada y por análisis Microquímico, hallándose Carbonato de Calcio (CaCO3) en la forma Mineralógica de CALCITA, con pequeñas impurezas de arcillas y ocres. MUESTRA Nº 2 - PIGMENTO NEGRO Ubicación: Caja 57. El pigmento Negro aplicado directamente sobre el sustrato de adobe, corresponde en mayor proporción a partículas de color negro de CARBÓN VEGETAL, mezclado en menor cantidad con el mineral Calcita. MUESTRA Nº 3 - PIGMENTO AMARILLO Ubicación: Grupo -1-Personaje de costado. Los análisis arrojaron la presencia del pigmento OCRE AMARILLO. Limonita, Óxidos de Hierro hidratados (FeO n H2O), con menor proporción de Calcita (Ca CO3). MUESTRA Nº 4 - PIGMENTO ROJO Ubicación: Personaje de costado. La capa pictórica de color Rojo, está aplicada sobre otra capa pictórica de color amarillo la cual a su vez viene aplicada directamente sobre el sustrato de adobe. La capa pictórica de color ROJO corresponde a OCRE ROJO, Hematita (Óxidos de Hierro como Fe2O3) como Tierra Roja. MUESTRA Nº 5 - PIGMENTO ROJO CLARO Ubicación: Personaje de costado. Como en el caso anterior la capa pictórica color Rojo Claro se encuentra aplicada sobre otra capa pictórica color amarillo y está sobre el adobe. La capa pictórica de color ROJO CLARO, está compuesta en mayor proporción por el pigmento OCRE ROJO-Hematita y en menor proporción de CALCITA. MUESTRA Nº 6 - PIGMENTO AZUL OSCURO Ubicación: Personaje de costado. La muestra enviada presenta una estratigrafía, de restos de una capa pictórica COLOR AZUL OSCURO, aplicada sobre otra capa pictórica color Rojo Violáceo, la cual está aplicada directamente sobre el adobe. Analizando la capa pictórica COLOR AZUL OSCURO, se encontró una mezcla de los pigmentos Negro de Carbón Vegetal, molido finamente con el mineral Calcita y un colorante de color Azul semejante al Índigo, el cual hay que verificar por otros métodos de análisis como CLAR (Cromatografía Líquida de Alta Resolución). MUESTRA Nº 6 - PIGMENTO AZUL OSCURO Ubicación: Personaje de costado. La muestra enviada presenta una estratigrafía, de restos de una capa pictórica COLOR AZUL OSCURO, aplicada sobre otra capa pictórica color Rojo Violáceo, la cual está aplicada directamente sobre el adobe. Analizando la capa pictórica COLOR AZUL OSCURO, se encontró una mezcla de los pig-


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Lorenzo Samaniego mentos Negro de Carbón Vegetal, molido finamente con el mineral Calcita y un colorante de color Azul semejante al Índigo, el cual hay verificar por otros métodos de análisis como CLAR (Cromatografía Líquida de Alta Resolución).

MUESTRA Nº 7 - PIGMENTO VERDE -NEGRO El pigmento Verde Claro aplicado sobre el adobe fue examinado por Microscopía Óptica de Luz Polarizada y por análisis Microquímico, determinándose el pigmento Mineral Crisocola que es un Silicato de Cobre Hidratado mezclado con Silicatos y presencia de Cuarzo. El pigmento Negro está constituido por Cenizas de Huesos con poco Carbón Vegetal y Silicatos con Cuarzo libre en menor proporción. OBSERVACIONES: De las 10 muestras enviadas se escogieron las más representativas y con mejores condiciones para ser analizadas. Las técnicas de análisis empleadas en los análisis de los pigmentos fueron: - Microscopía Óptica de Luz Polarizada. - Microanálisis. CONCLUSIÓN: Los pigmentos encontrados son naturales y no se han encontrado pigmentos de naturaleza artificial, en las muestras remitidas.


Andes 8 (2011): 97-112

Pallka, un sitio del Periodo Formativo en la parte media alta del valle de Casma: alcances preliminares sobre las etapas constructivas del Área Ceremonial Jack Chávez Echevarría Desde que Julio C. Tello, en el año 1937, llevara a cabo los primeros trabajos científicos en Pallka identificando al monumento como una típica ciudad chavín, no se han realizado excavaciones sistemáticas que nos permitan conocer el rango de influencia chavín en el sitio. Los trabajos arqueológicos desarrollados en el año 2001, bajo el auspicio de la Universidad Nacional Federico Villarreal, me han permitido distinguir dos grandes momentos o etapas constructivas relacionadas con la construcción del Edificio Principal y la Plaza Circular, modelo último que fue añadido a la planimetría del sitio, en un marco temporal que abarca el Período Formativo Medio (1000 – 600 a.C.) al Formativo Final (400 – 200 a.C.)1. Esta diferenciación en dos etapas toma como rasgos distintivos el adosamiento de muros, la técnica de asentado de piedras o mampostería y el material cerámico asociado con la última etapa, relacionada con el estilo Chavín-Janabarriu. Since Julio C. Tello, in 1937, carried out the first scientific studies in Pallka, recognizing this monument as a typical Chavin city, no other systematic excavations that let us know the range of Chavin influence within this site have been executed. Archaeological works executed in 2001, sponsored by the National University Federico Villarreal (Universidad Nacional Federico Villarreal), have allowed me to distinguish two great constructive moments or stages, related to the building of the Main Structure and the Circular Plaza, a model added to our map of the site; within a time frame between the Middle Formative Period (1000 – 600 B.C.) and the Final Formative Period (400 – 200 B.C.)¹. This differentiation between two stages has as main characteristics the abutment of walls, the stone masonry, and the ceramic material associated with the latest stage, related to the Chavin – Janabarriu style.

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l valle de Casma ha sido escenario de constantes investigaciones arqueológicas, iniciadas por el doctor Julio César Tello en 1937, quién realizó exploraciones y excavaciones científicas en diferentes sitios del valle, entre ellos Pallka, mencionando a este sitio como una típica ciudad chavín en base al material constructivo y principalmente a la cerámica encontrada en superficie (Tello 1956). Investigaciones posteriores del sitio se han desarrollado en base a reconocimientos superficiales, y sus propuestas están orientadas al establecimiento de cronologías. Los estudios conducidos en Pallka entre los años 1979 y 1980 por los arqueólogos norteamericanos Thomas y Shelia Pozorski, como parte de sus investigaciones de asentamientos y subsistencia temprana en el valle de Casma, plantean en base a evidencia artefactual que el sitio presenta un componente del Periodo Inicial y del Horizonte Temprano, y que este habría surgido por impulso de sistemas políticos mayores, proponiendo a Sechín Alto como centro principal (Pozorski y Pozorski 1987, 1998). La idea de un sistema político centralizado en el valle de Casma, en el cual se avizora el desarrollo precoz del

Jack Chávez Echevarría ■ Universidad Nacional Federico Villarreal, Facultad de Humanidades, Escuela de Antropología y Arqueología / Pontificia Universidad Católica del Perú, Escuela de Posgrado, Programa de Estudios Andinos. Av. Las Palmeras 5540, Los Olivos. Lima 39; correo-e: jackunfv@hotmail.com


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estado durante el Periodo Inicial, es un modelo que aún carece de argumentos sólidos que prueben una clara estratificación social, por lo que pudo desarrollarse otro tipo de organización como el propuesto por Richard Burger (2009) para el valle de Lurín. David J. Wilson (1995) en sus estudios de patrones de establecimientos prehispánicos en el valle de Casma, realizados en diferentes temporadas entre los años 1989 y 1994, propone una secuencia de nueve periodos, y entre ellos menciona el Periodo Pallka que abarcaría, según el autor, el Horizonte Temprano (ca. 900 – 350 a.C ). Este se caracteriza por presentar cerámica de estilo chavinoide, vías de comunicación (caminos) y sitios defensivos (Wilson 1995:194-196). Sin duda, la propuesta de una secuencia cronológica de 9 periodos, basada en un estudio de colecciones de cerámica superficial, es un avance muy significativo desde que Donald Collier (1962) diera a conocer su secuencia de 2 épocas, subdividida en 5 periodos, para el valle de Casma; sin embargo algunos “periodos estilísticos” tempranos no están muy bien correlacionados estratigráficamente. Por otro lado, los caminos aludidos por Wilson, ubicados en Pampa Colorada, perteneciente al distrito de Buena Vista en Casma, han sido reportados hace más de un siglo por el viajero Antonio Raimondi como una vía de intenso tráfico comercial entre la costa y la sierra de Ancash (Antonio Raimondi 2006:116 [1873]); documentos históricos como las ordenanzas de Vaca de Castro dan cuenta que en Casma se ubicaba un tambo: “... Y del dicho Tambo se ha de ir al de Cazma en el qual han de servir los Indios de Miguel de la Serna y los del Portuguez y los demas que suelen servir en el dicho Tambo” (Vaca de Castro 1908: 450 [1543]). Hyslop menciona que el sistema de tambos fue restablecido por las autoridades coloniales españolas y fueron básicamente las mismas estructuras que usaron los incas (Hyslop 1992:138). Por lo mencionado, las construcciones que vemos hoy pueden tratarse de estructuras muy posteriores al Periodo Formativo, pero que se trazaron sobre vías ancestrales, dado que aún se puede registrar cerámica asociada a periodos tempranos, según Wilson, y algunos de estos caminos tienen conectividad con sitios como Sechín Alto y Huerequeque. Otros estudiosos mencionan a Pallka de forma general y comparativa, y entre ellos tenemos las investigaciones del arquitecto Carlos Williams sobre la difusión de los pozos ceremoniales en la costa peruana. Efectuando un reconocimiento de los valles de Santa, Casma, Huarmey y Pativilca-Fortaleza establece cuatro tipos o casos en los que se presenta dicha estructura: Pozo circular simple, pozo sobre pirámide achatada, conjunto de pozo y pirámide, y complejo de pozo, patio y pirámide; así Pallka sería el resultado de la combinación de los cuatro tipos en formas secundarias y menos difundidas (Williams 1972:6). Esta concepción de “amalgama” de los cuatro tipos mencionados, no refleja la situación en Pallka y no ayuda a indagar sobre su proceso constructivo.


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Los trabajos arqueológicos llevados a cabo en el año 2001 por nuestro equipo de investigación tuvieron entre sus metas la elaboración de la planimetría del sitio (Chávez y Suárez 2003), dado que los planos existentes se mostraban inexactos en la ubicación de los elementos arquitectónicos, principalmente los accesos del Edificio Principal. Una de las interrogantes que nos sirvió de guía para nuestra investigación fue ¿cuándo se produjo la incorporación del modelo de Plaza Circular en Pallka? Por esta razón las excavaciones arqueológicas se concentraron en el Edificio Principal y la Plaza Circular. Los datos recuperados en el proceso de investigación me permiten referirme a dos etapas constructivas, donde el modelo de Plaza Circular fue insertado en la última etapa, junto con nuevas técnicas de construcción. Mucho tiempo después, al parecer durante el Periodo Intermedio Tardío, Pallka es escenario de dos construcciones piramidales de adobe ubicadas en la Plaza 1 del Área Ceremonial; las excavaciones clandestinas en una de ellas muestra una especie de “cámara” al interior, por lo que se presume que fue depositaria de algún tipo de objetos o tal vez individuos. La presencia de este tipo de arquitectura en Pallka puede ser interpretada como una continuidad del carácter sagrado del sitio durante este periodo.

Ubicación geográfica Pallka se encuentra ubicado en el sector medio del valle de Casma, distrito de Yaután, región de Ancash, costa nor-central de Perú (Figura 1). Se emplaza en un promontorio rocoso, a 700 msnm y 30 m de elevación sobre el lecho del río, a la margen izquierda, lo que le faculta de una visión dominante de gran parte del valle formado por el río Grande. Por la topografía del terreno, la zona más asequible para el acceso es por la quebrada Castillo donde la pendiente es moderada, lo cual facilitó la construcción de una gran escalinata que conduce hasta el sitio. Así mismo, la circulación en el sector medio y superior del valle es determinada por el relieve abrupto de los cerros, condicionando el tránsito por las laderas, próximas al valle, y presentándose difícil en la parte alta por la irregularidad del terreno. Actualmente no existe alguna traza de camino o sendero que cruzando la quebrada Castillo, hacia el este, continúe en las faldas del cerro Bombón, por lo que se propone que el camino, que precedía a las escalinatas, se proyectó hacia la margen derecha del río Grande, donde se encuentra la carretera que conduce a Huaraz, y siguiendo este mismo trazo pudo llegar hasta el sitio de Mesapatac (asentamiento doméstico del Periodo Formativo ubicado a 5 km al este de Pallka) y luego seguir hacia el Callejón de Huaylas. Dentro del espacio que comprende el entorno cultural del asentamiento de Pallka se encuentra también un conjunto de petroglifos ubicados frente al Edificio Principal,


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Figura 1. Mapa del valle bajo y medio de Casma con la ubicación de sitios del Periodo Formativo mencionados en el texto, basado en el plano de Pozorski y Pozorski (1987).

en las faldas del cerro Bombón, margen derecha de la quebrada Castillo. Entre las variadas representaciones, que en su mayoría comprenden figuras estelares, cabe destacar los diseños de dos rostros antropomorfos, en diferentes paneles, con rasgos felínicos (Figura 2 arriba) y la figura de un ser zoomorfo (Figura 2 abajo), cuyo estilo no tiene paralelos con la gama de motivos conocidos para el valle de Casma, pero podrían estar relacionados con la identidad de la sociedad de Pallka, fundamentando así su sentido de pertenencia o arraigo al lugar.

Descripción y análisis de la arquitectura de Pallka En Pallka la arquitectura relevante por sus dimensiones, forma y volumen se encuentra reunida en un espacio, separada de otros tipos de construcciones menos elaboradas que se disponen en las inmediaciones de la primera (zona lateral sur). Esta diferenciación me permite referirme a un área pública ceremonial y a un conjunto residencial distribuido en tres sectores (Figuras 3 y 4).


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Figura 2. Petroglifos: rostro antropomorfo con rasgos felinos (arriba); Figura zoomorfa con cabeza de felino (abajo).

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Figura 3. Plano general del sitio arqueológico Pallka, mostrando el Área Residencial (izquierda) y el área Público-Ceremonial (derecha).

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Figura 4. Panorámica del sitio tomada desde el cerro Shutcap, mostrando el Área Ceremonial y el Área Residencial compuesta por tres sectores.

Figura 5. Panorámica del Área Pública Ceremonial, tomada desde el Sector 2 del Área Residencial.


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En el área pública ceremonial destaca una gran edificación de planta rectangular (Edificio Principal) de 70 m de largo por 50 m de ancho y 15 m de alto, construida con piedra canteada y mortero de barro, en base a 4 plataformas superpuestas de manera escalonada, cuyos accesos centrales (escalinatas) definen la orientación hacia el noreste2. La mayor parte de construcciones se alinean con el eje de este edificio, como son las plataformas A y B ubicadas en la parte posterior del Edificio Principal y la Plaza 1 situada frente a la edificación, lo cual le confiere una organización de tipo lineal, donde las construcciones y espacios abiertos como plazas se encuentran directa o indirectamente interrelacionadas3 (Figura 5). El modelo de organización de tipo lineal es característico del valle de Casma y tuvo su desarrollo durante el Periodo Formativo Temprano (1500–1000 a.C), en sitios como Pampa de Llamas-Moxeke, Sechín Alto, Taukachi–Konkan y al sur del valle en el sitio de Las Aldas, por lo que se asume que la planificación de Pallka estuvo influenciada por las sociedades casmeñas asentadas en la parte baja del valle, quienes compartían rasgos comunes en el diseño. La arquitectura edificada en el área pública ceremonial no se adaptó a la topografía un tanto accidentada del valle medio, sino que como muchos sitios costeños del Periodo Formativo en el valle de Casma construidos en terreno plano, la sociedad Pallka busca y reproduce esas mismas condiciones frente a un entorno diferente para de-

Figura 6. Reconstrucción isométrica parcial del Área Público-Ceremonial. El color de la parte interna de la Plaza Circular se hizo en base a restos de enlucido con pintura roja registrado en la base del muro al interior de la misma (elaboración del gráfico: Rember Martínez B.).


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sarrollar este tipo de arquitectura que gira en torno a grandes edificios y amplias plazas que requieren de terreno llano. Las construcciones que se observan hacia el oeste del área ceremonial (Plaza Circular, plataformas A y B, Plaza 3) descansan sobre un gran relleno artificial de piedras y arena gruesa4, el cual sirvió para nivelar el terreno, puesto que la superficie se encontraría en pendiente pronunciada en esa dirección; es posible verificar aún este desnivel que se proyecta en forma gradual desde la Plaza 2 hacia la Plaza 3, y en una distancia de 140 m la diferencia de niveles es de 6 m. La arquitectura residencial, en cambio, no muestra una gran inversión de trabajo en la nivelación del terreno, y los declives en la superficie son superados mediante pequeños aterrazamientos que en la mayoría de los casos forman áreas abiertas a manera de patios. El área residencial se encuentra distribuida en tres sectores a lo largo del extremo suroeste y sur del área ceremonial, en superficies más elevadas con respecto a la anterior, dada la topografía del terreno. El Sector 1 se encuentra retirado del área ceremonial 150 m al suroeste y presenta una superficie construida de 116 m de este a oeste por 60 m de norte a sur aproximadamente. Esta edificación comprende una plaza rectangular dominada por una pequeña plataforma de 0,60 m de alto y por el lado sur de esta estructura se encuentra un conjunto de medianos y pequeños recintos aglutinados que comparten muros y al parecer no presentan accesos. Inmediatamente hacia el oeste y en un nivel inferior destacan una serie de patios interconectados, y algunos de ellos presentan accesos definidos por escalinatas. El segundo sector se encuentra hacia el este del anterior y se define por aterrazamientos dispuestos en forma escalonada, encontrándose ambos sectores comunicados por un estrecho camino. El tercer sector se compone de recintos rectangulares y se encuentra próximo al área ceremonial sobre un pequeño promontorio desde el cual se tiene una visión panorámica de todo el complejo arqueológico. La planificación del Sector 1 del Área Residencial no parece responder en su totalidad a un área de vivienda, salvo un recinto que presenta división interna y espacios interconectados que pudo ser utilizado de residencia o albergar a un pequeño número de personas. Las demás construcciones, sin considerar a los recintos aglutinados, parecen constituir espacios abiertos, donde se ha registrado batanes y manos de moler, artefactos tal vez empleados en las actividades cotidianas llevadas a cabo en estos lugares.

Etapas constructivas Por los estudios de planimetría y excavaciones realizadas en el Área Ceremonial, se logró esclarecer dos grandes momentos o etapas constructivas, relacionadas con la construcción del Edificio Principal y la Plaza Circular (Figura 6).


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Se está considerando, hasta el momento, al Edificio Principal como una de las edificaciones más antiguas del sitio, puesto que se ha identificado un claro adosamiento del muro sur de la Plataforma B al muro posterior del Edificio Principal. Las excavaciones en la Plataforma B revelaron que esta estructura se encontraba adosada al Edificio Principal y que su construcción supuso el enterramiento de estructuras más tempranas, mediante el levantamiento de muros de contención y un gran relleno de arena gruesa de 1,50 m de altura. Otro aspecto resaltante es una marcada diferencia en la disposición de los mampuestos en la fachada sur de la Plataforma B, la cual no presenta ordenamiento en hileras como la mayoría de muros que forman el Edificio Principal (Figura 7); el mismo caso se presenta en todo el conjunto arquitectónico que forma la Plaza Circular. Por esto considero que la disposición de la Plaza Circular junto con la remodelación llevada a cabo en la Plataforma B se realizó mucho tiempo después de finalizada la construcción del Edificio Principal.

A

B

Figura 7. Mampostería del Edificio Principal: a) Muro del frontis de la Plataforma 1; b) Muro lateral sur de la Plataforma 2.


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Figura 8. Mampostería de la plataforma que contiene a la Plaza Circular.

Figura 9. Muro de la plataforma inferior del edificio de Sechín Alto. La disposición de los mampuestos y pachillas es muy similar al muro de la Plataforma 1 del Edificio Principal en Pallka mostrada en la Figura 7a.

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En la segunda etapa constructiva se remodeló gran parte del Edificio Principal, manteniendo en su planimetría el sistema de accesos centrales y patios; pero si bien se construyeron en la Plataforma 1 igual número de recintos laterales (4 recintos a cada lado) que evocarían una simetría bilateral, estos no presentan dimensiones similares al igual que las pequeñas plataformas ubicadas en la Plataforma 2 como producto de la remodelación de la Plaza Rectangular Hundida. Por lo descrito se observa una intención por mantener ciertos lineamientos constructivos, posiblemente desarrollados en fases más tempranas en Pallka, debido a la interacción con las sociedades de la parte baja del valle de Casma, pero que en esta última fase dichos conocimientos arquitectónicos no son ejecutados con rigurosidad, ya que al parecer se da más énfasis a la construcción de la Plaza Circular. La Plaza Circular (PC) se articula al Edificio Principal (EP) mediante la elevación de la Plataforma B, que se adosó a la pared posterior de la Plataforma 1 del EP, y en cuya superficie se diseñó un corredor perfectamente alineado con el acceso a la PC en un eje norte-sur. La construcción de la PC reorganiza el espacio, generando nuevos patrones de circulación, cambios que son notorios en su distribución interna configurada mediante accesos indirectos, formado por dos escalinatas ubicadas en extremos opuestos y que a su vez convergen en un descanso5. Este diseño es totalmente innovador con respecto a la disposición de accesos centrales alineados que presenta el Edificio Principal en Pallka y sitios tempranos del valle bajo de Casma. La configuración espacial interna como vestíbulo, corredores estrechos con graderías, sugiere actividades más restringidas que las llevadas a cabo en los patios de las plataformas del Edificio Principal. La disposición de la mampostería registrada en la plataforma que contiene a la Plaza Circular (Figura 8), también se observa a lo largo del camino ubicado hacia el extremo sur del sitio y en los muros que delimitan el Acceso Principal. Estas construcciones presentan una correspondencia tecnológica al incorporar como parte de su estructura grandes piedras de granito sin trabajar, colocadas de forma vertical y otras horizontalmente, por lo que la segunda etapa constructiva no solo estaría relacionada con la incorporación de una nueva arquitectura religiosa, sino también con el crecimiento y consolidación del área pública ceremonial.

Comentarios finales Como bien se ha expuesto, la primera etapa constructiva se encuentra representada por la construcción del Edificio Principal, la cual muestra una mampostería característica de edificaciones pertenecientes al Formativo Temprano, asentadas en la parte baja del valle de Casma, como se puede ver en la plataforma inferior de Sechín


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Figura 10. Mampostería de la muralla externa del templo fortificado de Chankillo.

Alto (Figura 9) y en el sitio de Cerro Sechín correspondiente a su segunda etapa constructiva (Maldonado 1992: foto 28c, 41a y 45). Estos edificios tienen una antigüedad que va entre 1535±50 a 1335±60 a.C para Sechín Alto (Pozorski y Pozorski 1998:95) y 1550±55 a 1290±20a.C para Cerro Sechín, correspondiente a la construcción en piedra (Shibata 2004:96). Por lo explicado el Edificio Principal en Pallka podría ubicarse en ese rango cronológico dado el gran parecido con la mampostería del frontis de la Plataforma 1. Otro aspecto resaltante es que la técnica de colocación de piedras por hiladas dispuestas de manera horizontal se presenta también en el Formativo Final, en sitios como Chankillo (Figura 10), donde el edificio con muros concéntricos definido por Iván Ghezzi como templo fortificado muestra este tipo de mampostería, pero a diferencia de sus predecesores no mantiene una regularidad en la colocación de las pachillas. Este sitio ha sido ocupado entre los años 400 y 0 a.C. (Ghezzi y Ruggles 2008:217). Según lo anotado se tiene que, para la disposición horizontal de los mampuestos existe una continuidad tecnológica en la manera de disponer o encajar las piedras en los muros, con algunas pequeñas variantes, durante el Periodo Formativo en el valle bajo de Casma, pero no hay un precedente registrado durante este periodo el cual muestre grandes piedras acomodadas de manera vertical como parte del sis-


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Figura 11. Fragmentos de cerámica recuperados en las excavaciones de la Plaza Circular: a) Fragmento con decoración de círculo estampado y mecido dentado; b) Fragmento de vasija con decoración de banda aplicada e incisiones diagonales; c) Fragmento de cuerpo decorado (¿rostro felínico?); d) Fragmento de borde de botella.

tema estructural de muros de contención, como lo anotado para la Plaza Circular en Pallka durante la segunda etapa constructiva, por lo que se asume que esta técnica fue ajena al valle de Casma. Si afirmamos que “The most far—reaching changes in the evolution of societies have usually either involved or led to profound shifts in spatial form, and in the relation of society to its spatial milieu…” (Hillier y Hanson 1984:27), podemos deducir a través de la organización del espacio que la construcción de un nuevo modelo de arquitectura religiosa junto con la variación en la técnica constructiva puede ser interpretada como el inicio de un cambio sociocultural en Pallka. Además, las excavaciones estratigráficamente controladas en la Plaza Circular han permitido asociar la cerámica registrada en el piso de fundación y en sucesivos niveles superiores (Figura 11), con el estilo Chavín-Janabarriu definido por Burger (1998). La introducción en Pallka de este modelo de Plaza Circular puede tratarse de un fenómeno de alcance regional, considerando que este diseño se presenta en Kuntur Wasi y Chavín de Huántar como complemento a la arquitectura religiosa existente, en un tiempo relativamente contemporáneo y asociado con el estilo de cerámica Chavín-Janabarriu.

Agradecimientos Agradecemos a la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal por su respaldo institucional que se vio plasmado en la firma de un convenio con las municipalidades de Casma y Yaután, las cuales financiaron el proyecto en el año 2001, teniendo como autoridades a los señores alcaldes Melida Rosales y Melicio De Paz, respectivamente. El desarrollo del proyecto no hubiera sido po-


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sible sin el apoyo de profesores, egresados y estudiantes de la especialidad de arqueología de la Universidad Nacional Federico Villarreal, entre ellos el licenciado Miguel Pazos, licenciado Carlos Farfán, licenciada Lyda Casas, licenciado Genaro Barr, Mónica Suárez, Andrés Ocas, Jhonny Apcho, Martín Calero, Luis Flores, Ana Flores, Iván Ccachura, Martín Chanta, Yessenia Huacho, Karina Solís, Miguel Castillo, Hugo Benavides, Karina Pacheco, Dennis Muchotrigo, Rocío Jorge Durand, Máximo Salazar, Henry Collana, Dóris Pérez, Arón Rodríguez, Patricia Robles, Shirley Salcedo, Alberto Cornejo, y de los estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos Rocío Venturo y Bertha Flores. Cabe destacar la valiosa colaboración de autoridades y pueblo de Yaután, en especial a la familia Palomo, Paz Dextre e Hidalgo. Así mismo agradezco al licenciado Carlos Farfán por la revisión del texto, a Claudia Bastante por la traducción del resumen y a Rember Martínez por la isometría presentada en este trabajo.

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Jack Chávez Echevarría

Pozorski, Shelia G. y Thomas G. Pozorski 1987 Early settlement and subsistence in the Casma Valley, Peru. University of Iowa Press, Iowa City. 1998 La dinámica del valle de Casma durante el Periodo Inicial. Boletín de Arqueología PUCP 2:83100. Lima. Raimondi, Antonio 2006 [1873] El departamento de Ancachs y sus riquezas minerales. Colección Estudios geológicos y mineros para la obra «El Perú» Vol. II. Compilación por Luis F. Villacorta. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima. Shibata, Koichiro 2004 Nueva cronología tentativa del Período Formativo - aproximación a la arquitectura ceremonial. En Desarrollo arqueológico costa norte del Perú, editado por Luis Valle, pp. 79-98. Ediciones Sian, Trujillo. Tello, Julio C. 1956 Arqueología del valle de Casma. Culturas: Chavín, Santa o Huaylas Yunga y Sub-Chimú. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima. Vaca de Castro, Cristóbal 1908 [1543] Ordenanzas de tambos, distancias de unos a otros, modo de cargar a los indios y obligaciones de las justicias respectivas. Hecho en la ciudad del Cusco el 31 de mayo de 1543. Revista Histórica 3:427-492. Wilson, David J. 1995 Prehispanic settlement patterns in the Casma Valley, north coast of Peru: preliminary results to date. Journal of the Steward Anthropological Society 23(1-2):189-227. Williams León, Carlos 1972 La difusión de los pozos ceremoniales en la costa peruana. Apuntes Arqueológicos 2:1-9.

Notas La cronología relativa de Pallka se ha establecido en base al modelo constructivo que presenta un edificio escalonado con accesos centrales definidos por escalinatas, patrón ampliamente desarrollado en la parte baja del valle de Casma durante el Periodo Inicial o Formativo Temprano hasta comienzos del Formativo Final (Pozorski y Pozorski 1987). Así también estos datos arquitectónicos han sido contrastados con la cerámica asociada a la edificación a nivel superficial y con datos controlados estratigráficamente durante los trabajos de campo. Por lo mencionado, a la fecha, Pallka presentaría una ocupación que va desde finales del Formativo Temprano (1500 – 1000 a.C.) hasta el Formativo Final (400 – 200 a.C.), tomando la propuesta cronológica de Kaulicke (1994). 2 Los planos levantados en campo por D. Collier y por Shelia y Thomas Pozorski en base a una foto aérea no son rigurosos en señalar la alineación de los accesos del Edificio Principal, generando una distorsión en la planimetría del edificio. 3 Este tipo de organización también es conocido como Disposición Lineal (DL) por Yasutake Kato y se refiere a la colocación repetida de plataformas y plazas a lo largo del eje del sitio (tomado de Shibata 2004:86). 4 La excavación en la Plaza 3 junto a la plataforma que contiene a la Plaza Circular (Unidad de excavación N° 8) puso en evidencia un gran relleno artificial de arena gruesa de 1,50 m de profundidad que descansa sobre otro relleno de piedras angulosas. 5 Al excavar la mitad oeste de un pequeño corredor, antes del ingreso a la Plaza Circular, se descubrieron 3 escalinatas de piedra enlucidas con barro, por lo que en la parte no excavada se presume un comportamiento formal similar, partiendo de una posible simetría bilateral. 1


Andes 8 (2011): 113-134

Cronología, relaciones interregionales y organización social en el Formativo: esencia y perspectiva del valle bajo de Nepeña Koichiro Shibata El valle bajo de Nepeña se ubica en la costa nor-central del Perú, región geográficamente estratégica para el estudio del Periodo Formativo con referencia a las relaciones interregionales. Pese a ello, durante todo el siglo veinte, la zona carecía de una cronología, establecida en base a excavaciones controladas, lo que impedía ubicar apropiadamente los sitios relevantes, como Cerro Blanco, en una mayor escala que abarca las denominadas culturas Chavín y Cupisnique. Nuestro proyecto efectuado desde 2002 en los sitios Cerro Blanco y Huaca Partida cumplió dicha misión cronológica, y ofreció puntos de referencia para abordar otras problemáticas. Además, una serie de hallazgos afortunados, unidos con un modelo etnohistórico, nos permite marcar un punto de partida para aproximarse a la organización social del Formativo. The lower Nepeña valley is located on the North-Central Coast of Peru. In spite of the region’s strategic position for studying interregional interaction during the Formative Period, any excavation-based local chronology was absent for a long time, hindering the appropriate placement of some relevant archaeological sites as Cerro Blanco in a larger scale embracing the so-called Chavín and Cupisnique. Our archaeological project since 2002 at Cerro Blanco and nearby Huaca Partida was successful in the development of a local chronology, and provided references to deal with other issues, such as interregional interaction. Furthermore, a series of fortunate discoveries, in combination with an ethnohistorical model, allows us to approach the social organizacion of the Formative Period.

E

ste ensayo intenta presentar una visión panorámica de los estudios del Periodo Formativo vista desde el valle bajo de Nepeña, un área estrátegica para poder interrelacionarse a las otras áreas estudiadas tanto en la misma región de Ancash como a mayor distancia en la costa norte y la costa central (Figura 1). Para ello, luego de describir brevemente unas problemáticas del Formativo con referencia al valle de Nepeña, se resume el avance de estudios que nuestro proyecto ha llevado a cabo hasta el presente, en base a las excavaciones de los sitios Cerro Blanco y Huaca Partida.

Problemáticas del Periodo Formativo y la ventaja de estudiar el valle de Nepeña Nepeña es un valle fértil pero complejo para quienes abordan las problemáticas del Periodo Formativo, sobre todo aquel fenómeno arqueológico antes llamado “Chavín”. Julio César Tello, el padre de la arqueología andina, se refirió a Cerro Blanco de Nepeña, sitio arqueológico que el mismo había investigado, como uno de los templos costeños influenciados por Chavín (Tello 1943); en tanto que Rafael Koichiro Shibata ■ Correo-e: sebaseva@hotmail.com


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Figura 1. Ubicación del valle bajo de Nepeña y algunos sitios del Formativo (mapa nor-peruano: Hugo Ikehara y Koichiro Shibata; mapa del valle bajo de Nepeña: Koichiro Shibata).

Larco Hoyle, en su argumentación sobre el origen de Chavín en Cupisnique, predijo que Cupisnique tendría su origen en Nepeña (Larco 1941). Fue predominante la corriente a favor de Tello durante décadas, frecuentemente acompañada con el término Horizonte Chavín. En los años de la década de 1980, sin embargo, se llegó a un punto de cambios que avanzaban sosegadamente. Resulta que fueron revelados como pre-Chavín la mayoría de los sitios monumenta-


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les considerados como receptores de la influencia chavín (Burger 1981; Donnan 1985). De ahí hasta ahora, no hay una opinión común. Todavía ha quedado un manojo de sitios relevantes contemporáneos o posteriores al auge de Chavín de Huántar, algunos confirmados según fechados absolutos como el caso de Huaca Guavalito, y otros presumidos por la comparación estilística cuyo caso típico es Cerro Blanco de Nepeña. Bajo esta circunstancia, es decir, una vez liberada de la clásica idea de influencia chavín, apareció una cadena de distintas hipótesis que trataban de las relaciones interregionales referentes a este fenómeno reducido en su dimensión y que incluían una version renovada del Horizonte Chavín (Burger 1992; Burger y Matos 2002; Elera 1997; Onuki 1993, 2001a, 2001b; S. Pozorski y T. Pozorski 1987). Es preciso advertir que, en el fondo de esta confusión y ante la falta de consenso, había un problema fundamental de cronología. Pese a que todas las hipótesis mencionadas enfocaban una alteración significativa en la costa en el primer milenio a.C., no se había establecido ni una confiable cronología del Formativo en la costa (Shibata 2004). Me refiero a esta carencia en el sentido de que no teníamos una cronología local costeña en base a excavaciones de sitios que tuviesen una larga e ininterrumpida secuencia cultural, asociada a los datos arquitectónicos, cerámicos y de fechados radiocarbónicos, entre otros, tal como las cronologías locales de Huacaloma (Terada y Onuki 1985), Huaricoto (Burger y SalazarBurger 1985), Kotosh (Izumi y Terada 1972) y Kuntur Wasi (Onuki 1995) que se ubican en la sierra. El valle de Nepeña está en el centro de las áreas culturales arqueológicas de Cupisnique en la costa norte, de Ancón-Cardal-Garagay en la costa central, y de Chavín en la sierra de Ancash. Para el sitio Cerro Blanco de Nepeña, Tello dejó publicadas unas muy breves pero importantes descripciones en que figuran tres fases constructivas, todas las cuales presentan iconografías vinculadas a “Chavín” (Tello 1942, 1943). En resumen, las excavaciones en el sitio Cerro Blanco y luego en otro sitio vecino, Huaca Partida, ofrecían condiciónes ideales para poder avanzar uno de los principales temas del Formativo, muchas veces tratado pero nunca resuelto.

Cronología y relaciones interregionales La cronología local del Formativo establecida a través de las excavaciones en los sitios Cerro Blanco y Huaca Partida se suma en cuatro fases (Tabla 1). Los fechados de cada fase están comprobados tanto por la medición radiocarbónica (Figura 2), como por la datación cruzada de materiales arqueológicos.


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Tabla 1. Síntesis cronológica del Periodo Formativo en el valle bajo de Nepeña (elaboración de la tabla: Koichiro Shibata).

Figura 2. Fechados radiocarbónicos provenientes de los sitios Cerro Blanco y Huaca Partida (elaboración del cuadro: Koichiro Shibata): el Episodio CB/NP corresponde al inicio de la fase Nepeña (véase la nota 2).

Las relaciones interregionales que se discuten en este artículo se basan en la contemporaneidad comprobada por los fechados radiocarbónicos en cuanto sean disponibles, junto con las evidencias como arquitectura, cerámica e iconografía, entre otros (ver el detalle en Shibata 2010). Luego de esta verificación cronológica, algunos sitios relevantes pero sin fechados se datan según el diagnóstico comparativo. Fase Huambocayan (HC) La primera evidencia cultural confirmada en nuestras excavaciones se denomina fase Huambocayan. Se trata de un nivel apisonado, un fogón y un conjunto cerámico encontrados sobre el estrato estéril en el sitio de Cerro Blanco. Es muy evidente que la cerámica Huambocayan (Figura 3) corresponde a la de la fase Haldas en el valle bajo de Casma (Cárdenas 1998:Fig. 9a; T. Pozorski y S. Pozorski 2005:Fig. 5).


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Figura 3. Cerámica de la fase Huambocayan (HC), sitio Cerro Blanco (dibujos: Hugo Ikehara; fotos y elaboración: Koichiro Shibata): b-c) punteados alargados.

Figura 4. Pintura mural polícroma (véase la figura 8b), fase Cerro Blanco, sitio Huaca Partida (dibujo: Koichiro Shibata).

Fase Cerro Blanco (CB) Tanto en Cerro Blanco como en Huaca Partida aparecen las primeras construcciones monumentales, las cuales se modifican y se renuevan algunas veces. Hay una serie de características comunes entres los dos sitios. La base morfológica corresponde a la plataforma, a veces escalonada, probablemente junto a una plaza delantera. El uso de adobes para muros de contención se observa sólo durante esta fase, si bien la forma varía desde el cónico y rectangular en el caso del sitio Cerro Blanco, hasta el troncopiramidal en Huaca Partida. Se destaca sin duda la frecuente representación iconográfica en forma de frisos de barro que se ve en aquella estructura ornamentada de la Plataforma Sur en Cerro Blanco (Bischof 1997; Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005; Shibata e.p.a; Tello 1943; VegaCenteno 2000), así como los recientes hallazgos en Huaca Partida (Figuras 4, 5).


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Figura 5. Alto relieve bĂ­cromo de barro (vĂŠase la Figura 8e), fase Cerro Blanco, sitio Huaca Partida (foto: Koichiro Shibata).


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Figura 6. Plano del sitio Cerro Blanco (levantamiento y digitalización: César Valverde; elaboración del dibujo: Koichiro Shibata).

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Figura 7. Reconstrucción isométrica, fase Cerro Blanco, Plataforma Principal, sitio Cerro Blanco (dibujo: Koichiro Shibata).

Figura 8. Reconstrucción isométrica, fase Cerro Blanco, sitio Huaca Partida (dibujo: Koichiro Shibata).


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A pesar de los puntos comunes mencionados arriba, y de tan poca distancia (2,2 km), los dos templos difieren en medida nada desdeñable. Como se transluce parcialmente en el plano (Figura 6), nuestras excavaciones han confirmado que en Cerro Blanco había tres plataformas dispuestas probablemente en forma de U asimétrica, que nos hace recordar los sitios contemporáneos en la costa central (Burger y Salazar-Burger 1991:Fig. 5; Ravines e Isbell 1975:Fig. 3), pero con la Plataforma Principal muy particular (Figura 7). Por otra parte, Huaca Partida muestra una sola plataforma alta sobre la cual se dispone un atrio simétrico compuesto por dos hileras de columnas y dos recintos laterales (Figura 8), que sugiere vinculaciones con los sitios en la costa norte como Huaca de los Reyes y Huaca Lucía (Pozorski 1976:Fig. 3; Shimada et al. 1982:Fig. 5a). No tenemos aquí suficiente espacio para discutir sobre la iconografía, pero las diferencias existen en la técnica física, estilo artístico y motivo metafórico como el kenning (Rowe 1967), y algunos últimos como el hueso convertido en la hilera de dientes (Bischof 1997:Fig. 19; Rowe 1967:Fig. 6) y los pies antropomorfos convertidos en las cabezas monstruosas (Figura 4; Pozorski 1976:Fig. 48; Rowe 1967:Fig. 9) comparten solo con muy pocos sitios específicos en caso de artes inmuebles1. Es preciso mencionar también que mientras en las regiones distantes tanto de la costa como de la sierra se encuentran algunos sitios equivalentes junto a rasgos simbólicos compartidos con los dos sitios estudiados, en la misma costa nor-central no se han registrado otros sitios contemporáneos que posean una dimensión y características comparables, y algunos sitios contemporáneos del valle bajo de Nepeña, como PV31-27 y PV31-192 (Proulx 1985) ya se encuentran en peligro de desaparecer antes de realizar investigaciones adecuadas. Las cerámicas de la fase Cerro Blanco (Figura 9) muestran varias características afines a las del Cupisnique Clásico de la costa norte (Elera 1997), aunque los picos de botellas son gruesos y ligeramente evertidos (Ikehara y Shibata 2008:Fig. 8A-C). Entre el repertorio decorativo, las líneas incisas tienden ser delgadas y no hay ejemplares de círculos concéntricos y/o puntos. El borde de la olla sin cuello se ve engrosado y/o biselado al interior, mientras el cuello de la olla con cuello corto tiende mostrar el perfil recto o tronco-cónico. Lamentable, la escasez de cerámica diagnóstica de esta fase en Huaca Partida no nos ha permitido comparaciones de los dos sitios estudiados. Fase Nepeña (NP) La modificación arquitectónica o “renovación del templo” (Onuki 1993) realizada al inicio de esta fase muestra la mayor envergadura en toda la historia de ambos sitios2. Las nuevas construcciones, que cubren las de la fase Cerro Blanco, multiplican la dimensión; por ejemplo, el ancho de la parte norte-sur de la plataforma de


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Figura 9. Cerámica de la fase Cerro Blanco (CB), sitio Cerro Blanco (dibujos: Hugo Ikehara): b) pigmento rojo dentro de las incisiones; c) pasta compacta gris; d) banda grafitada delimitida con líneas incisas sobre el engobe rojo y la pasta porosa.

Huaca Partida aumentó de 27 a 55 metros, y posteriormente hasta 60 metros. Los materiales de construcción para el muro de contención son piedras canteadas inmensas, algunas de las cuales exceden un metro de largo, de tal manera que los denominamos construcciones o templos megalíticos. La base morfológica de ambos sitios sigue siendo la plataforma rectangular escalonada, y Cerro Blanco deja de manifestar, a medio terminar esta fase, aquella disposición de las tres plataformas en forma de U. El cambio que se ha operado en los dos sitios, sobre todo al inicio de esta fase, presenta una serie de elementos comunes que pueden resumirse en el carácter serrano. En ambos sitios se encuentran los dinteles y vigas megalíticas que forman parte del techo de falsa bóveda o de ménsula (Figura 10), cuyo caso del Formativo se ha registrado sólo en la sierra (Rodríguez Kembel 2008:Fig. 2.3.). Lo mismo ocurre en el caso de los canales o ductos de ventilación hallados en Huaca Partida (Figura 11), los cuales son elementos que se observan frecuentemente en la sierra (Alva 1986:Fig. 20; Rodríguez Kembel 2008:Fig. 2.6; Matsumoto 2009:Figs. 15, 16; Onuki 1995; Terada y Onuki 1985; Wester et al. 2000:Fotos 171-174). Además, para ningún muro se emplea el adobe, material de construcción muy costeño. Mientras muy poca ornamentación arquitectónica ha sido hallada hasta ahora, el registrado número de tipos decorativos de la cerámica es notablemente alto (Figura 12). Las líneas incisas suelen ser más anchas que en la fase anterior. Aparecen por primera vez las líneas bruñidas cruzadas, el grafitado en área y los círculos concéntricos y/o puntos, mientras el rocker stamping se hace más común que en otras fases. Las botellas mantienen la forma de pico de la fase anterior, pero


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Figura 10. Techo desplomado del Recinto R-6, fase Nepeña, sitio Huaca Partida (foto: Koichiro Shibata).

Figura 11. Ducto de ventilación, fase Nepeña, sitio Huaca Partida (foto: Koichiro Shibata).

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Figura 12. Cerámica de la fase Nepeña (NP), sitio Cerro Blanco (dibujos: Hugo Ikehara): e) grafitado en área y rocker stamping; f) líneas bruñidas.

también aparece un nuevo pico del perfil en forma de flecha truncada (Figura 12d). Las ollas sin cuello comienzan a presentar el borde redondo y el biselado al exterior, mientras las ollas con cuello corto suelen tener su cuello recto o ligeramente evertido. En estas dos vasijas grandes hay ejemplares de la pasta rosada y dura por una buena cocción, la cual se hace muy común en la siguiente fase. Las antaras y los discos con huellas de perforación hechos de fragmentos de vasijas aparecen desde el principio de esta fase. Con respecto a otros materiales, vale mancionar que la cantidad de obsidiana es claramente mayor que en otras fases, y todas las muestras analizadas son de la fuente Quispisisa (Richard Burger, comunicación personal 2008). A pesar de la fuerte presencia de los elementos serranos tanto en la arquitectura como en los materiales, sería prematuro concluir que los dos sitios nepeñanos eran receptores pasivos de la influencia serrana. En paralelo con el cambio al inicio de la fase Nepeña, es decir hacia los 800-700 cal a.C. aproximadamente, hubo un opuesto cambio en la sierra, lo cual se ha reportado por lo menos en dos sitios intensivamente investigados, Kuntur Wasi y Chavín de Huántar. Cuando se inicia la fase Kuntur Wasi - segunda fase cultural en el sitio Kuntur Wasi hacia 800 cal a.C. - es notorio una fuerte presencia de elementos costeños, tanto en el plan arquitectónico que incluye una plaza circular como en la cerámica e iconografía (Onuki 2001b). Asimismo, como varios investigadores han discutido, un repertorio de elementos costeños se observan en Chavín de Huántar, sobre todo la Plaza Circular y los objetos en la Galería de Ofrendas (Lumbreras 1993; Burger y Salazar-Burger 2008). Las


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recientes investigaciones en Chavín de Huántar han revelado que el Portal Negro y Blanco y la Plaza Circular junto a la Galería de Ofrendas fueron construídos en la última etapa constructiva del monumento, hacia 900-780 cal a.C. (Rodríguez Kembel 2008). Este resultado implica que los elementos costeños de mayor envergadura fueron introducidos en Kuntur Wasi y Chavín de Huántar casi al mismo tiempo que el cambio contrario ocurría en el valle bajo de Nepeña. Fase Samanco (SM) Hasta ahora no tenemos evidencias de la arquitectura propia de esta fase ni vestigios de haber modificado los templos megalíticos de la fase anterior. Es de suponer, sin embargo, que no hayan sido abandonados por completo sino reutilizados para algunas actividades poco aclaradas, pues una considerable cantidad de materiales tanto cerámicos como orgánicos están depositados en torno a los muros perimetrales de los dos templos megalíticos (Figura 13). Tanto la cantidad de vasijas decoradas como la variedad decorativa disminuyen marcadamente. Son muy escasos los datos que indican la comunicación interregional, y más bien un repertorio de materiales como la antara cerámica, el rallador cerámico, la vasija con impronta de textil y/o red, entre otros muestran una fuerte tendencia regional entre los valles de la costa nor-central (Shibata e.p.b), como los sitios de Huambacho, Caylán, VN-35 y 36 de Sute Bajo y Samanco en el valle bajo de Nepeña (Chicoine 2006a, 2006b; Cotrina et al. 2003; Daggett 1999; Proulx 1985), San Diego, Pampa Rosario y probablemente las construcciones rectangulares de Chankillo en Casma (Ghezzi y Ruggles 2007; S. Pozorski y T. Pozorski 1987), Huaca Coishco en Santa (Cárdenas 1998), entre otros.

Figura 13. Cerámica de la fase Samanco (SM) (dibujos y fotos: Hugo Ikehara): a) sitio Huaca Partida; b-g) sitio Cerro Blanco; f-g) impronta de textil y/o red.


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Fases Huambocayan (HC) y Cerro Blanco (CB)

a Olla sin cuello Borde engrosado y/o biselado al interior Pasta marrón

b Olla con cuello corto Cuello recto o troncocónico

Fases Nepeña (NP) y Samanco (SM)

c Olla sin cuello Borde biselado exterior

d Olla con cuello corto Cuello evertido

Pasta marrón o rosada (endurecida por buena cocción)

Notas: 1. Todas estas vasijas grandes suelen ser sin decoración. 2. No tenemos ejemplar de “b” de la fase Huambocayan. 3. Hay unos muy pocos ejemplares de la forma “c” en la fase Cerro Blanco, pero son decorados y no muestran pasta rosada de buena cocción. 4. En la fase Nepeña disminuyen “a” y “b”, mientras comienzan a aparecer “c” y “d”. 5. El grado de evertido en “d” tiende ser mas ligero en la fase Nepeña. 6. Hay unos ejemplares de “c” de la fase Samanco los cuales muestran un pico en el cuerpo (véase la Figura 13a).

Figura 14. Tendendias cronológicas de dos vasijas grandes en el valle bajo de Nepeña (dibujos y elaboración del cuadro: Koichiro Shibata).

Para terminar este sumario de la cronología, se presenta un cuadro que expone los rasgos diagnósticos locales de materiales cerámicos más accesibles tanto en la prospección como en la excavación (Figura 14).

Perspectiva de la organización social en el Periodo Formativo, desde el punto de vista del valle bajo de Nepeña A diferencia de algunos casos cronologicamente próximos como el de la cultura Moche (Castillo y Uceda 2008), los segmentos sociales del Formativo se buscan a tientas. Arqueológicamente, se han reconocido sólo dos componentes tan simples como los líderes y los demás, sin poder subdividir el posterior ni identificar el carácter hereditario de los dos. De no incluir casos precerámicos tardíos, unos pocos hallazgos han confirmado la existencia de personas enterradas en los contextos funerarios privilegiados de templos tanto en la costa como en la sierra (Burger y Salazar-Burger 1991:287; Wester et al. 2000:129-135). Entre ellos el caso más extraordinario es el de Kuntur Wasi que nos ofrece una serie de ricas informaciones sobre los líderes (Onuki 1995; Onuki 1997). Por ejemplo, los suntuosos objetos acompañados, que a veces provienen de regiones a larga distancia, cuentan tanto su tratamiento distinguido de los demás como su vinculación interregional; mientras que la deformación


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craneal de algunas personas implica que su tratamiento especial comenzó desde su niñez como un estatus innato (Seki 2006:157), y la lesión ósea de extosis auditorial en una de estas personas sugiere su procedencia foránea y costeña (Onuki 1995:212). Por otro lado, no tenemos casi ninguna información arqueológica sobre “los demás”. De hecho, parte del retraso en aproximarse a la organización social del Formativo se vinculará a la dificultad en perseguir arqueológicamente las huellas de plebeyos que constituían la sociedad local integrada en torno a los líderes y/o templos. Obviamente, el resultado de investigaciones en Cerro Blanco y Huaca Partida no puede resolver todo. Sin embargo, algunos datos únicos revelan unas actividades de los líderes. De los plebeyos no tenemos evidencias directas, como de la zona residencial, pero algunos materiales provenientes de la zona ceremonial nos sirven para acercarse un paso más a ellos. Estas nuevas evidencias están demasiado aisladas para llegar a una perspectiva, pero hay un modelo que les permiten interrelacionarse. Modelo de curacas en competencia Los que han trabajado en Chavín de Huántar tienden a hacer mención de peregrinajes a Pachacamac documentados en la época colonial (Burger 1992; Lumbreras 1993). Pero muy pocos formativistas se refieren a las obras de la etnohistoriadora Susan Ramírez, quien plantea un modelo muy sugestivo para entender la dinámica de sociedades prehispánicas, en base a documentos del inicio de la época colonial en la costa norte (Ramírez 1987, 1995, 1996, 2001). De simplificar su modelo como en algunos esquemas (Ramírez 1996:Fig. 2, 2001:Fig. 1), se resaltan sólo dos elementos: líderes y súbditos. Entre un líder y sus seguidores hay reciprocidad, como muchos investigadores han descrito para las sociedades prehispánicas. Los seguidores ofrecen su mano de obra y el líder les brinda las compensaciones como festines, redistribución de productos, buen gobierno, entre otros. La perspicacia de Ramírez queda en dos puntos: 1) el patrón de asentamiento de los súbditos en torno al líder no necesariamente formaba un área solida, fija y contigua, sino más bien se presentaba una “ocupación salpicada”, es decir que algunos súbditos residían alrededor de su propio líder mientras otros podían habitar más cerca de otros líderes que de su propio dirigente (Ramírez 2001:Fig. 1), y 2) La vinculación entre líder y súbdito no era fija y permanente sino flexible y cambiante. Los líderes de varios rangos como curaca, principal, mandoncillo, entre otros, competían por aumentar la cantidad de sus allegados, pues son mano de obra y valor fundamental en el mundo andino prehispánico. Tales competencias se realizaban mediante la exhibición de un mejor bienestar incluyendo festines y otros arriba


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mencionados para reclutar los súbditos de otros líderes, a veces manipulando coaliciones. Visto bajo otro punto de vista, los súbditos eran capaces de dejar su líder y establecer una nueva ligazón con otro, sobre todo en los momentos de crisis como desastres naturales, y también en condiciones apropiadas, como en las que el nuevo líder fuera lo suficientemente poderoso para protegerlos. Se nota que este modelo de Ramírez coincide básicamente con el conocido modelo presentado por Clark y Blake (1994) para el surgimiento del desarrollo y de la desigualdad social en Mesoamérica. Importante señalamiento de Ramírez para el mundo andino es la práctica social en un mundo sin conceptos de territorialidad fija ni propiedad privada del terreno, que acredita las relaciones salpicadas y saltadas geográficamente en varios niveles socio-políticos, y que contiene potencial para explicar un fenómeno arqueológico que se observa en varias épocas en el mundo prehispánico andino. Evidencias y modelo para la fase Cerro Blanco Dejando la discusión sobre las fases Nepeña y Samanco para otros ensayos (Shibata e.p.b), aquí se enfoca la fase Cerro Blanco para no tocar aquella problemática Chavín que podría hacer a este ensayo sobrecargado. Uno de los pocos datos obtenidos en el valle de Nepeña que nos permitan aproximarnos a los plebeyos en el Formativo es el de la cerámica. Se agrupan las características técnicas de las vasijas grandes halladas en un contexto relacionado a festines en las fases Cerro Blanco y Nepeña, lo cual sugiere que fuesen varios los grupos alfareros locales los que suministraban tales vasijas al centro ceremonial (Ikehara 2007; Ikehara y Shibata 2008). Por lo tanto, es de suponer que los allegados a un templo, y posiblemente a un líder, no serían uniformes sino que existirían ciertas distancias geográficas y/o consanguíneas lo suficientemente para ser conservadas, por lo menos, dichas diferencias técnicas. Otra evidencia se observa en las construcciones. Durante la fase Cerro Blanco en el valle bajo de Nepeña se emplearon por lo menos tres formas de adobe, el cónico, el rectangular y el tronco-piramidal, y se ha confirmado que al menos las dos primeras formas son netamente contemporáneas pues forman parte de la misma arquitectura. Importante es el hecho de que las formas de adobe ya no son visibles, debido al enlucido, una vez terminada la construcción. Entonces, la diferencia no sería decorativa o simbólica para los visitantes al sitio sino algo involuntariamente aflorado, como parte de conocimientos encarnados correspondientes a determinados grupos locales. También puede ser que esta diferencia morfológica, así como


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diferencia material en algunos casos, corresponda a los grupos que fabricaron los adobes y/o levantaron los muros como parte de la labor tributaria (Hastings y Moseley 1975; Seki 2006:84). Sea lo que fuese, estos materiales de construcción también relatan que no fue uno solo sino varios grupos los que se allegaban a un templo. No tenemos más datos acerca de las relaciones entre los plebeyos y los líderes, por lo tanto dejamos este vacío en manos del modelo de Ramírez por ahora, y veremos algunas actividades de los líderes. Cabe recordar que el modelo descrito por Ramírez, el de la relación competitiva entre líderes, trata básicamente unos pocos valles vecinos en la costa norte, o sino el valle bajo y su correspondiente parte serrana. En otras palabras, este modelo tiene un fondo intra-regional. Las nuevas evidencias del valle bajo de Nepeña arrojan luz sobre la ligazón inter-regional de líderes en el Formativo. Como se ha mencionado, las construcciones e iconografías en los sitios Cerro Blanco y Huaca Partida sugieren comunicaciones interregionales con, por lo menos, la costa norte, la costa central y la sierra de Ancash, saltando a veces varias áreas geográficas. Además, se aprecia que los dos templos nepeñanos no necesariamente tenían las mismas contrapartes de comunicación. La semejanza arquitectónica con dichas contrapartes remotas, en cuanto a los espacios internos donde el acceso sería restringido, nos conduce a suponer que el vehículo de “influencias” no fuese un peregrino cualquiera. Lo mismo sucede con las complejas metáforas iconográficas como algunos kennings. Dadas estas evidencias, es de suponer que las personas enfocadas estaban muy al corriente de conocimientos esotéricos, ubicándose a sí mismo en una posición líder, y que cada líder y/o cada centro ceremonial tenía sus propias contrapartes en las regiones a larga distancia. De hecho, se aprecia que el viaje era una de las actividades comunes entre los líderes prehispánicos en los Andes Centrales (Amino 2008:60-62; Ramírez 1996:19-21). Se puede considerar una cadena de motivos para que los líderes viajaran y establecieran estrechas vinculaciones con las regiones distantes. Los grupos lejanos pueden ser considerados menos negativos, pues están fuera de la competencia directa (Helms 1988:42). Considerando varias diferencias regionales como de idiomas mutuamente incomprensibles (Torero 1986:534, 1990:245), para los súbditos de un líder en el valle bajo de Nepeña sería menos difícil de cambiar su líder dentro de la misma zona que con otros de las distantes regiones, lo cual resultaría ser una condición latente que aflojaba la competencia interregional. Además, hay ventajas directas en tales comunicaciones a larga distancia. Por ejemplo, a través del viaje y la obtención de los objetos exóticos, los líderes pueden


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Líder y Súbditos

Líder y Líder

Intra-regional

1) Reciprocidad (en la misma unidad)

2) Competencia (entre diferentes unidades)

Inter-regional

3) Contactos limitados (entre diferentes unidades)

4) Reciprocidad (entre diferentes unidades)

Base Principal de discusión 1) modelo de Ramírez 2) modelo de Ramírez y evidencias arqueológicas 3) suposición en base a las demás discusiones 4) evidencias arqueológicas

Tabla 2. Esquema de relaciones múltiples entre líderes y súbditos (elaboración de la tabla: Koichiro Shibata).

aumentar su autoridad local (Goldstein 2000; Helms 1993). Se advierte que esta red de comunicación se interrelaciona con la identidad interregional de líderes dispersos, la cual se refleja en los materiales simbólicos a diferencia de los materiales plebeyos (DeMarrais et al. 1996:31; Schortman 1989:58-59), y que coincide con el patrón arqueológico de la fase Cerro Blanco también. Esto no contradice con aquel modelo de Pachacamac, pues se puede considerar la posibilidad de que la ligazón entre los líderes distantes se estableció en base al parentesco religioso, si bien no necesariamente Chavín de Huántar tiene que ser el “padre de familia”. Finalmente, un esquema simplificado se vislumbra desde las evidencias de la fase Cerro Blanco enlazadas por el modelo básico de Ramírez (Tabla 2). En la dimensión intra-regional, un líder y sus allegados se vinculan por la reciprocidad, formando una flotante unidad política y/o ceremonial, mientras compiten y se ligan los líderes de diferentes unidades por atraer un mayor número de la mano de obra. En la dimensión inter-regional, los específicos líderes distantes establecen la relación recíproca para aumentar su autoridad local, mientras un líder tiene muy limitados contactos con los allegados a otros.

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Notas Es preciso revisar las últimas discusiones sobre la cronología de Chavín de Huántar (Mesía 2007; Rodríguez Kembel 2008; Shibata 2010). 2 Los contextos relacionados al proceso de la primera construcción megalítica muestran ya casi todas las características materiales de la fase Nepeña, con un visiblemente alto poncentaje de materiales importados a larga distancia, de tal manera que si bien estos contextos se consideran correspondientes al inicio de la fase Nepeña, los distinguimos de la fase Cerro Blanco y de la fase Nepeña y denominamos Episodio CB/NP (Shibata 2010). 1


Andes 8 (2011): 135-152

El contexto social y ritual de las observaciones del horizonte astronómico en Chankillo1 Iván Ghezzi y Clive L. N. Ruggles

Basados en la identificación de un punto de observación evidente hacia el oeste y un punto de observación plausible hacia el este, los autores han demostrado previamente que las Trece Torres de Chankillo formaron un horizonte artificial “dentado” que sirvió para registrar los arcos de levante y poniente solar e identificar cada día del año observando la posición del sol durante el amanecer y el atardecer con referencia a dichas estructuras. Así, las Trece Torres son un dispositivo único de observación solar que está aún en funcionamiento y un ejemplo notable de una forma nativa de registrar el tiempo en el paisaje, antecediendo las instalaciones similares del Cusco imperial por casi dos milenios. Sin embargo, se necesita una mayor exploración de los contextos de índole social, político y ritual en el que operaron los alineamientos astronómicos de Chankillo. En este artículo, presentamos nuevas evidencias arqueoastronómicas que no solo clarifican algunos aspectos de este mecanismo de observación solar, sino que también sugieren un mayor rango de alineamientos que son visibles desde las partes públicas más accesibles del complejo ceremonial, así como un posible interés en señalizar los alineamientos lunares y solares. También presentamos evidencia arqueológica que sugiere que la población que construyó Chankillo era una sociedad diferenciada. Las Trece Torres pudieron haber servido para regular el calendario solar y ritual, mientras el culto solar basado en este calendario pudo haber dotado de legitimidad y autoridad a una elite guerrera emergente a través de las ceremonias realizadas en un escenario sagrado impresionante, reuniendo a la sociedad aunque también reproduciendo su creciente desigualdad. The authors have shown previously that, as viewed from an evident observing point to the west, and a plausible observing point to the east, the Thirteen Towers of Chankillo formed an artificial ‘toothed’ horizon that spanned the annual rising and setting arcs of the sun and provided a means to identify each day in the seasonal year by observing the position of sunrise or sunset against them. The Thirteen Towers thus constitute a unique solar observation device that is still functioning, and a remarkable example of a native form of landscape timekeeping that preceded similar facilities in imperial Cusco by almost two millennia. Yet the social, political, and ritual contexts in which Chankillo’s astronomical alignments operated deserve further exploration. In this paper, we present new archaeoastronomical evidence that not only clarifies some aspects of the solar observation device but suggests a wider range of alignments visible from more publicly accessible parts of the ceremonial complex, and also suggests a possible interest in marking lunar alignments as well as solar ones. We also bring together archaeological evidence to suggest that the society that built Chankillo was differentiated. The Thirteen Towers may have served to regulate the calendar, solar and ritual, while the solar cult centered on them may have lent legitimacy and authority to a rising warrior elite through ceremony in an impressive sacred setting that brought society together while reproducing its growing inequality.

L

a estructura conocida como las Trece Torres forma parte del sitio arqueológico Chankillo, un gran centro ceremonial con atributos rituales, administrativos y defensivos, localizado en el desierto costeño, adyacente a la llanura aluvial

Ivan Ghezzi ■ Pontificia Universidad Católica del Perú, Departamento de Humanidades, Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú; correo-e: ighezzi@pucp.edu.pe Clive L. N. Ruggles ■ School of Archaeology and Ancient History, University of Leicester, Leicester LE1 7RH, United Kingdom; correo-e: rug@le.ac.uk


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Iván Ghezzi y Clive L. N. Ruggles

del ramal sur de la cuenca conformada por los ríos Casma y Sechín, en la región de Ancash, Perú (Figura 1). Treinta y dos fechados C14 provenientes de excavaciones en varios sectores de Chankillo fueron obtenidos principalmente de restos de plantas de vida corta, minimizando así el problema de la “madera vieja”, una distorsión especialmente problemática en la costa del Perú (Figura 2). Cinco de estas muestras (AA57020, AA57022-25) fueron obtenidas usando principios dendrocronológicos de los anillos externos de algunos dinteles de madera que aún se conservan in situ en la arquitectura de Chankillo. Estas muestras se aproximan mucho a la fecha real de la tala de los árboles, proporcionando así una excelente datación de la construcción del sitio. Sin embargo, la calibración de los fechados C14 para esta época crea distribuciones de probabilidad con un rango bastante amplio: 2350-2150 cal a.P. Teniendo esto en cuenta, se propone que Chankillo fue ocupado aproximadamente en el rango 400-100 cal a.C., correspondiendo así su construcción, ocupación y abandono al periodo Horizonte Temprano tardío (500-200 a.C.) (Burger 2008).

Figura 1. Mapa arqueológico de los principales complejos de edificios en Chankillo, incluyendo (A) el Templo Fortificado, (B) el Edificio de Observación, (C) las Trece Torres y (D) el complejo administrativo. Coordenadas UTM, Zona 17S, WGS 1984.


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Figura 2. Rangos de fechas calibradas a.P. correspondientes a las muestras de radiocarbono de Chankillo. Para cada muestra, la primera columna representa el número de identificación del laboratorio (NSF-Arizona AMS Laboratory). Las áreas sombreadas representan la distribución de probabilidad de los puntos de intersección posibles con la curva de calibración. La línea horizontal debajo de estas áreas simboliza el rango de edad calibrado a 2-sigma.

Chankillo contiene múltiples estructuras, plazas y patios, construidos con piedra canteada y barro, y dispersos sobre aproximadamente 4 km2 de afloramientos de roca, pampas desérticas y dunas de arena. El elemento mejor conocido es una estructura de 300 m de longitud construida en la cima de un cerro, que resalta por su ubicación defensiva, su apreciable fortificación con paredes enormes, entradas restringidas, etc. (Figura 3). La función de esta estructura monumental ha sido objeto de considerable debate en la literatura arqueológica, pues ha sido descrita como una fortaleza, un reducto, o un sitio ceremonial para combates rituales. Recientes investigaciones apoyan la interpretación alternativa de este edificio como un “templo fortificado”, construido en tiempos cuando la guerra tenía motivaciones ideológicas, y cuando los símbolos y lugares de poder eran los objetivos principales de ataque y destrucción (Ghezzi 2006; 2007). Al este del templo fortificado se encuentra un área cívico ceremonial con edificios, plazas, patios, instalaciones de almacenamiento, y las Trece Torres: una hilera de trece construcciones cúbicas ubicadas a lo largo de la cresta de una colina de poca altura, aproximadamente en el centro del sitio (Figura 4). Las Trece Torres se


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encuentran relativamente bien conservadas; sus esquinas han colapsado, aunque subsisten lo suficiente como para permitir una descripción. Las torres son construcciones elevadas de piedra y barro, con escalinatas en sus lados norte y sur para acceder a sus cimas y con plantas que varían perceptiblemente de rectangular a romboidal. Fueron estructuras enlucidas y también pudieron haber estado decoradas. El tamaño (75-125 m2) y la altura (2-6 m) de estas construcciones muestran una gran variación. Las torres más septentrionales son mucho más altas que las restantes, un rasgo que, hasta cierto punto, pudo haber servido para compensar la menor elevación de la parte del cerro donde fueron construidas. Sin embargo, a pesar de los desniveles del terreno, las torres están regularmente separadas, con espacios de 4,7 a 5,1 m entre ellas. Las torres tuvieron una cima aplanada, y en conjunto formaron originalmente un “falso” horizonte relativamente uniforme, tal como se aprecia desde el terreno bajo que se extiende al oeste o este. A pesar del colapso de sus esquinas, la buena preservación de la cima de la mayoría de estas estructuras permite determinar con exactitud sus alturas originales. No se observa restos de artefactos en las cimas, pero las escalinatas sugieren firmemente que estas superficies fueron ocupadas en tiempos especiales. El ascenso a la cima de las torres pudo haber sido muy importante ritualmente; sin embargo, varias escalinatas son demasiado empinadas para subir, a juzgar por su estrechez (1,3-1,5 m de ancho), y porque su longitud (1,3-5,2 m) y altura (2-6 m) varían en proporción a las dimensiones de las torres con las que se asocian individualmente. Generalmente, las escalinatas están alineadas al eje más corto de las estructuras; las del norte se encuentran generalmente centradas a lo largo del lado norte de las torres, mientras las escaleras del sur están más a menudo corridas hacia el este. La importancia del concepto de dualidad en los Andes Centrales ha sido discutida ampliamente (Millones y Onuki 1993), de manera que su manifestación en las escaleras duales que acabamos de describir, la presencia del motivo doblemente escalonado en los elementos arquitectónicos sagrados (Ghezzi 2007), y los motivos de la cerámica en Chankillo (Ghezzi y Ruggles 2008), sugieren en conjunto que las torres tuvieron una gran importancia simbólica. La fila de las torres se extiende en general de norte-sur, aunque las torres 11-13 se encuentra fuera de este eje, y se alinean hacia el sur-oeste (Figura 5A). También, las torres 11 y 12 cubren el área de terreno más grande. Esto podría sugerir que, desde algunas posiciones de observación al este, la torre 13 fue intencionalmente “escondida”. Sin embargo, los azimuts de los espacios entre las torres, los cuales varían progresivamente de norte a sur desde aproximadamente 90°-270° a 120°-300°, sugieren algo más: que el propósito de las notables variaciones en la orientación de los ejes de las torres fue el de orientar los espacios entre ellas hacia un par de edificios rectan-


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Figura 3. Vista aérea del Templo Fortificado (Servicio Aerofotográfico Nacional, Perú).

Figura 4. Las Trece Torres de Chankillo observadas desde el Templo Fortificado.

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Figura 5. Plano de las Trece Torres y los edificios adyacentes: (A) las Trece Torres; (B) el corredor externo y el punto de observación occidental; (C) el punto de observación oriental; (D) el complejo administrativo; y (E) estructura sin excavar en el extremo oriental de la plaza. Coordenadas UTM, Zona 17S, WGS 1984.

gulares dentro de un conjunto amurallado localizado directamente hacia el oeste. El edificio rectangular mejor preservado tiene 53,6 m de largo y 36,5 m de ancho, presenta varios corredores interiores y un corredor exterior que se extiende 40 m a lo largo del lado sur del patio del conjunto (Figura 5B). Este corredor se comunica con un acceso restringido en el lado noroeste y exhibe una abertura o vano en el lado sureste desde el cual se observa directamente las torres que se levantan a unos 235 m de distancia. Este vano del lado sureste, a diferencia de todos los vanos de acceso documentados hasta la fecha en Chankillo, no tiene las típicas cajuelas, como se llama a los nichos pequeños usados para colocar y atar firmemente un vástago a la mampostería de piedra, y presumiblemente sujetar una puerta de madera (Topic y Topic 1997). En otras palabras, ésta era una abertura sin puerta. Por lo tanto, el corredor que hemos descrito fue una construcción única que se extendía a lo largo del patio pero que nunca condujo a su interior. Aparentemente, su único propósito fue dirigir el movimiento desde su ingreso hacia una abertura sin puerta orientada hacia las torres. Considerando que el ancho del corredor es de 2,4 m y la altura original de sus paredes de 2,2 m, se concluye que un observador podía tener una vista completa del


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alineamiento de las torres solo si alcanzaba el punto donde se encuentra la abertura. Las excavaciones arqueológicas alrededor de la abertura revelaron que el corredor, tal como el resto del edificio, fue cuidadosamente construido, enlucido y pintado de blanco. También se encontró ofrendas de cerámica, concha y piedra en el nivel del piso, lo que sugiere que algunos elementos rituales significativos fueron parte del proceso de movilizarse a través del corredor y detenerse en su extremo final para observar las torres. Dada la orientación, ubicación y otras características únicas del corredor, planteamos la hipótesis de que éste era un lugar para observar las torres, y denominamos a su abertura “punto de observación oeste”. En lo que sigue, nos referimos al edificio mismo como el “Edificio de Observación”2. Vistas desde las plazas y edificios de las partes bajas, tanto al lado oeste como este, las Trece Torres forman un horizonte artificial “dentado”, con espacios relativamente angostos a intervalos regulares. Así, planteamos por simetría que también existía un punto de observación en el lado oriental. Al este de las torres se observa una gran área (1,4 km2) con varios edificios, incluyendo un gran complejo de recintos y patios interconectados, una gran plaza (0,16 km2) y edificios pequeños. En varios lugares de la plaza se encontraron ofrendas de antaras de cerámica y de la concha mullu (Spondylus princeps), mientras que los basurales cerca de la plaza contenían restos de vasijas para servir, antaras de cerámica y maíz. Presumiblemente, esta área fue el escenario de grandes reuniones con festines rituales celebrados de acuerdo al calendario ceremonial. Una excavación arqueológica de 25 por 25 m en un área que constituiría la contraparte del punto de observación occidental (similar distancia al este en el sistema geográfico cartesiano, así como similar elevación y distancia desde las torres) reveló los cimientos mal conservados de un recinto rectangular de 6 m de ancho que no era visible en la superficie (Figura 5C). Cuando se observan las torres desde el interior de este edificio, se percibe que ellas también forman un horizonte artificial. Consecuentemente, sugerimos la hipótesis de que existiría una entrada restringida a esta estructura (usando el punto de observación occidental como una analogía) correspondiente al punto de observación oriental, aunque su exacta posición no puede ser conocida con certeza. Las Trece Torres de Chankillo parecen representar una forma nativa de registro del tiempo en el paisaje: tal como se les ve desde los puntos de observación occidental y oriental, las torres abarcan los arcos solares de salida y ocaso a lo largo de un año, señalizando no solamente los cuatro puntos de levante y poniente del solsticio, sino también proporcionando los medios para identificar cada día del año a través de la observación de los puntos por donde sale y se oculta el sol con referencia a la posición de las torres en el paisaje (Figura 6).


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A

B Figura 6. Las Trece Torres vistas desde (A) el punto de observación occidental y (B) el punto de observación oriental corregido. Se indica las posiciones de la salida/puesta del sol en los solsticios y “equinoccios temporales” (Ruggles 1997), así como las fechas del pasaje sobre el cénit y anticénit hacia el 300 a.C. Resultados de la prospección del 2010 con estación total.

Un trabajo de prospección con estación total fue emprendido en el 2010 tanto para verificar nuestros resultados iniciales obtenidos con un GPS diferencial (Ghezzi y Ruggles 2007), como para explorar qué es lo que se podría haber observado desde otras posiciones que no fuesen los “puntos de observación” (por ejemplo, lo que habrían observado las multitudes reunidas en fechas críticas desde las plazas). Las principales conclusiones son las siguientes: a) El punto de observación occidental está plenamente corroborado. Además, las buenas condiciones del clima permitieron observar que el centro de la saliente solar en el solsticio de junio (δ=+24.0°), a la izquierda de la Torre 1, no corresponde a un punto arbitrario en la pendiente del Cerro Mucho Malo, sino a su intersección con un cerro más lejano que tiene forma de cuna (Figura 6A y Figura 7). Este resultado apoya sustantivamente nuestro argumento anterior (Ghezzi y Ruggles 2007) de que este cerro puede haber sido


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percibido como la “torre’ del extremo izquierdo desde esta posición, y también sugiere que además de la evidente simetría con los alineamientos de las torres restantes, el solsticio de invierno pudo haber sido simbólicamente importante en la medida que es un tiempo del año cuando el sol emerge de la intersección de una colina natural y una construcción humana (Torre 1). En este mismo sentido debe mencionarse que una ofrenda inca de “fertilidad”, específicamente una figurina femenina colocada dentro de una concha marina (Ghezzi 2008), que fue cuidadosamente enterrada en el centro del primer escalón de la escalinata norte de la Torre 1, enfatiza la relación entre esta torre y los festivales de la cosecha del solsticio de junio, una relación que fue aparentemente reconocida y honrada por los incas casi dos milenios más tarde. b) Ya que no pudo determinarse con certeza el punto de observación oriental, realizamos nuevas mediciones desde el centro aproximado del pequeño edificio al este de las torres (Figura 5C). Desde esta nueva posición de observación oriental corregida, se aprecia que el sol del solsticio de junio se habría posicionado directamente sobre la cima de la torre del extremo derecho, la Torre 1 (Figura 6B), replicando de este modo la trayectoria observada desde la posición de observación occidental, esto es, que el sol del solsticio de diciembre emerge directamente sobre la cima de la torre del extremo derecho, en este caso la Torre 13 (Figura 5A). c) Tal como se observa desde la única entrada al gran complejo de recintos interconectados localizados al este de las torres (Figura 5D), la torre más sureña (Torre 13) marcaría la puesta de sol del solsticio de junio (Figuras 6B y 8). d) Divisado desde el “Edificio de Observación”, el Templo Fortificado al oeste también forma un horizonte artificial. Opuesto al corredor que contiene el punto de observación occidental, existe otro corredor semejante orientado al oeste, esta vez con una hipotética abertura noroeste mirando al templo (Figura 5). Este ordenamiento dual incorpora los principios de oposición/ complementariedad que caracteriza al dualismo andino, y así sugiere que este nuevo corredor pudo haber sido un punto de observación orientado al oeste. Desde esta posible abertura noroeste , que debe ser confirmada por excavaciones, se observaría el sol del solsticio de junio ocultándose sobre el espacio inmediatamente a la izquierda del Templo de los Pilares (Figura 9), esto es, el edificio rectangular ubicado dentro del templo de la cima del cerro, entre su pared sur y la muralla defensiva interior del Templo Fortificado. El Templo de los Pilares estaba localizado de tal manera que el sol nunca se puso (completamente) detrás del edificio mismo.


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Figura 7. El centro de la saliente solar en el solsticio de junio (δ=+24.0°), a la izquierda de la Torre 1, corresponde a la intersección de Cerro Mucho Malo con un cerro más lejano que tiene forma de cuna. Prospección arqueoastronómica del 2010 con estación total (foto: Clive Ruggles).

Figura 8. Vista desde la entrada al complejo administrativo (Figura 5D), la torre más sureña (Torre 13) marcaría la puesta de sol del solsticio de junio. Prospección arqueoastronómica del 2010 con estación total (foto: Clive Ruggles).


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e) El edificio rectangular colindante con el lado noroeste del “Edificio de Observación” se orienta hacia la cima del muro interior sur del edificio circular sureño del Templo Fortificado (Figura 5B). Desde la posición del centro aproximado de este edificio rectangular, se observa que el rango de declinación de la cima del muro interior sur del edificio circular es +28.0° ≤ δ ≤ +28.3° (Figura 10). El hecho de que este rango se acerque bastante al punto teóricamente más norteño de puesta lunar (centro: +28.0°) eleva la posibilidad de una asociación con los ciclos de la luna. f) Desde una pequeña estructura sin excavar localizada en el extremo oriental de la gran plaza (Figura 5E), se observa que el espacio entre las torres 12 y 13 se halla alineado con la única entrada al Templo de los Pilares (Figura 11), quizás el lugar más sagrado en todo Chankillo (Ghezzi 2006). Esta alineación presenta una declinación de +28,0°, correspondiendo nuevamente a la ubicación más septentrional de la puesta de la luna (el punto de declinación máxima de la luna). g) Ya que la silueta natural del horizonte al este del sitio muestra características significativas cerca a las posiciones del solsticio, y una secuencia de montañas

Figura 9. Desde un posible punto de observación noroeste en el edificio de observación oeste, se observaría el sol del solsticio de junio ocultándose inmediatamente a la izquierda del Templo de los Pilares. Prospección arqueoastronómica del 2010 con estación total (foto: Clive Ruggles).


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Figura 10. Desde el centro de un edificio rectangular colindante al lado noroeste del Edificio de Observación oeste se observa que el rango de declinación de la cima del muro circular interno del Torreón Sur del Templo Fortificado es +28.0° ≤ δ ≤ +28.3°. Este rango se acerca bastante al punto teóricamente más norteño de la puesta lunar (centro: +28.0°). Prospección arqueoastronómica del 2010 con estación total (foto: Clive Ruggles).

lejanas entre ambas posiciones, sugerimos que este paisaje pudo haber sido el antecedente natural que inspiró la construcción y diseño de las torres (Figura 12). La interpretación arqueoastronómica de las Trece Torres y la alineación de estructuras plantea varias cuestiones. Una de ellas es si, dada la semejanza entre las Trece Torres y los pilares del Cuzco como dispositivos de observación del horizonte (Bauer y Dearborn 1995), se puede sostener que las civilizaciones que se desarrollaron en los Andes antes de los incas presentaron prácticas semejantes. ¿Es posible extrapolar aspectos del contexto social y ritual que enmarcaban las observaciones astronómicas en el Cuzco imperial al cuarto siglo a.C. en Chankillo? Asimismo, el horizonte artificial creado por las torres presenta nítidas discontinuidades a intervalos regulares, debido a los espacios vacíos, agudos y estrechos, que separan cada una de las torres. Al examinar las torres desde el punto de observación occidental, determinamos que el sol sale, durante uno o dos días, precisamente detrás de cada espacio vacío. Este espaciamiento a distancias regulares descarta la idea de que los espacios vacíos entre las torres marquen intervalos regulares de tiempo a lo largo del año, ya que el cambio diario de la posición de la salida del sol se hace más


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Figura 11. Visto desde una pequeña estructura sin excavar localizada en el extremo oriental de la plaza (Figura 5E), el espacio entre las torres 12 y 13 se alinea con la entrada al Templo de los Pilares y tiene una declinación de +28,0°, correspondiendo nuevamente a la ubicación más septentrional de la puesta de la luna (punto de declinación máxima de la luna). Prospección arqueoastronómica del 2010 con estación total (foto: Clive Ruggles).

lento hacia los solsticios (Ghezzi y Ruggles 2007); sin embargo ¿puede la disposición de las torres todavía decirnos algo acerca de la manera en que era dividido el año? Dada la clara naturaleza defensiva y cívico-ceremonial del sitio, existe otra pregunta interesante respecto del tipo de relación que habría existido entre el calendario, en tanto que depende de las observaciones astronómicas, y las actividades sociales, rituales y militares de la sociedad que construyó Chankillo. Es obvio que tales observaciones pudieron haber regulado un calendario ritual, pero ¿qué se puede decir acerca de la posible relación entre los acontecimientos astronómicos y la guerra? Finalmente, estamos en condiciones de desarrollar diversas preguntas de investigación sobre la cosmología de la sociedad que estudiamos, explorando por ejemplo los orígenes del culto solar, y posiblemente lunar, y la existencia de posibles creencias que le conceden a la elite un origen heliaco. Sin embargo, en este artículo nos enfocaremos en colocar nuestros hallazgos arqueoastronómicos dentro del contexto de la evidencia arqueológica de Chankillo.


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Figura 12. La silueta natural del horizonte al este de Chankillo muestra características significativas cerca a las posiciones del solsticio. Prospección arqueoastronómica del 2010 con estación total (foto: Clive Ruggles).

Incluso si se tuviera registro de observaciones directas del movimiento anual de la salida o puesta del sol a lo largo del horizonte para regular acontecimientos estacionales, tales como los festivales religiosos, o para el mantenimiento de un calendario estacional, no resulta una tarea fácil evaluar la naturaleza de esas observaciones y el contexto social y ritual dentro del cual funcionaban. Un punto de partida es tener en cuenta que la astronomía basada en las observaciones del horizonte puede ser practicada usando medios más simples que los marcadores y puntos de observación de Chankillo. Hay muchos ejemplos de sociedades tradicionales que destacan en este tipo de conocimientos que usan un horizonte natural con elementos distintivos tales como picos montañosos, pendientes, rocas, etc. (Ruggles 2005). En Chankillo, por otro lado, los elementos que componen las alineaciones astronómicas están formalmente definidos por construcciones ad-hoc, sumamente visibles a una escala monumental y ocupando una posición central en lo que fue el espacio público más importante de esta sociedad. Ya que el simbolismo, forma y contexto de las torres excede ampliamente lo requerido para servir como meros marcadores de


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Figura 13. Reconstrucción artística de vasijas de cerámica decoradas con figurinas que representan a pares de guerreros entablando lucha encima de edificios públicos.

horizonte, dudamos que su único propósito haya sido práctico, tal como el de regular simplemente la agricultura, la pesca y otras actividades de acuerdo a las estaciones. Muy por el contrario, es evidente que el diseño y construcción de las torres tuvo que ver con diferentes principios y motivaciones –ideológicos, rituales, sociales, políticos, etc. Por ejemplo, se sabe, a partir de la evidencia escrita, que la identificación y predicción de los ciclos celestiales entre los mayas, en última instancia para fines de pronosticación, respondió a demandas mucho más amplias que las evidentes necesidades de regulación de los ciclos anuales de actividad de acuerdo a los cambios estacionales de la naturaleza (Aveni 1992). Entonces, ¿cuál es el marco social y ritual en que se realizaban las observaciones astronómicas de Chankillo? Para responder esto, es necesario contextualizar las alineaciones astronómicas con ayuda de la evidencia arqueológica (Ghezzi 2006; 2007; 2008). Hay indicios de que la sociedad que construyó Chankillo transitaba por un proceso de creciente centralización política y diferenciación social. Por ejemplo, el trazo del


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sitio refleja un fuerte grado de diferenciación social en su diseño, con una gran plaza presentando evidencia de actividades públicas masivas, y un estricto control de los accesos a los edificios, como en el caso del Templo Fortificado y el Edificio de Observación y, consecuentemente, también con control sobre los rituales practicados en estos lugares. Otro indicio es la abundante evidencia superficial de banquetes rituales (Ghezzi 2004). Las ofrendas de antaras y mullu fueron frecuentes en toda la plaza. Alrededor de la plaza también se documentaron muchos montículos de basura conteniendo restos de vasijas utilitarias, antaras y maíz. Asimismo, en la parte posterior del gran complejo de recintos interconectados al este de las torres se localizaron instalaciones para la preparación y almacenamiento de bebidas; a juzgar por la abundante cantidad de restos de maíz, se trataría de chicha (cerveza de maíz). De este modo, la plaza pudo ser el escenario de grandes banquetes públicos en donde el consumo de comida y bebidas se habría acompañado con música, bailes y otras prácticas rituales. Durante las festividades, pudo reunirse aquí un gran número de peregrinos procedentes de la vasta región circundante a Chankillo. Las festividades podrían haber sido programadas y organizadas por medio de un calendario ritual, el que a su vez habría estado determinado por la observación sistemática de la trayectoria del sol a través de las estaciones, un ejercicio realizado desde el Edificio de Observación. Algunos eventos astronómicos importantes, que habrían sido observados no solo por unos pocos privilegiados desde los puntos de observación, sino también por las multitudes desde las plazas, pudieron haber sido fechas centrales en este calendario ceremonial – por ejemplo la puesta del sol durante el solsticio de junio visto sobre la Torre 13 desde el patio delantero del complejo de recintos interconectados. Los individuos a cargo de este edificio pudieron haber ejercido un rol “administrativo” importante en la preparación, almacenamiento y redistribución de comida, bebida y otros bienes durante estas festividades, organizando así las ceremonias a la vez que controlando la participación de las masas. La redistribución de bienes y comestibles en un contexto ritual, para crear lazos mutuos de reciprocidad, proporcionar fondos y/o fuerza laboral para proyectos, establecer alianzas, realizar intercambios de parejas de matrimonio, etc., es una de las estrategias universales practicada por los líderes de una sociedad para obtener ventajas económicas, sociales y políticas que consoliden y reproduzcan las desigualdades en riqueza y estatus sobre el cual basan su poder (Bray 2003; Hayden 2001). Así, en Chankillo, los individuos con acceso a los espacios sagrados y con control del conocimiento astronómico y del calendario pudieron haber sido los promotores y grandes benefactores de los banquetes públicos programados en base al movimiento del sol. Estos líderes pudieron haber tenido la habilidad para manipular el


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tiempo, la ideología, los rituales calendáricos y el culto solar en medio de un escenario impresionante que integraba a la sociedad al mismo tiempo que acentuaba su creciente desigualdad. Estos individuos incluso pudieron haber reclamado una relación especial con el sol, tal como hicieron los reyes incas casi dos mil años más tarde. Desde esta perspectiva, es interesante considerar las imágenes de guerreros halladas en Chankillo (Figura 13). Las excavaciones arqueológicas han recuperado una colección de figurinas de cerámica representando pares de guerreros en combate (Ghezzi 2006; 2007; 2008). Los guerreros llevan armas especializadas –principalmente estólicas y dardos, pero también mazas y lanzas- que son apropiadas para el ataque y defensa de una fortificación, además de ser importantes en la lucha cuerpo a cuerpo y en el prestigio que se deriva de esta forma de combate. Los individuos también portan escudos y otras formas de protección para el cuerpo, indicando la importancia de la integridad física de un guerrero durante la batalla. Además del prestigio militar y social proporcionado por la destreza y experiencia en combate, los guerreros también usan una variedad de tocados –camisas y capas, así como ornamentos para la nariz, el cuello y el torso, probablemente hechos de metal- que reflejarían su elevado estatus social. Estos símbolos de alto estatus, así como la preocupación por la integridad física del guerrero en combate, sugieren el surgimiento de una clase de elite de líderes guerreros. Así, la adquisición de un rol de suma importancia tanto en el culto solar como en las creencias cosmológicas relacionadas, la orquestación de los banquetes ceremoniales, la redistribución de bienes y la excelencia en combate, pudieron haber sido atributos que, en conjunto, dotaron de legitimidad y autoridad a la elite de Chankillo, de forma similar a lo ocurrido entre los incas. El Edificio de Observación y las Trece Torres, entonces, no fueron solo la expresión de un avanzado conocimiento astronómico, ni simplemente instrumentos empíricos para observaciones solares, sino un lugar donde se regulaba y recreaba el calendario ceremonial, y donde se reproducían las jerarquías sociales establecidas.

Referencias citadas Aveni, Anthony F. (editor) 1992 The sky in Mayan literature. Oxford University Press, New York. Bauer, Brian S. y David S. P. Dearborn 1995 Astronomy and empire in the ancient Andes: the cultural origins of Inca sky watching. University of Texas Press, Austin. Bray, Tamara L. (editora) 2003 The archaeology and politics of food and feasting in early states and empires. Kluwer Academic Publishers/Plenum Publishers, New York.


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Burger, Richard L. 2008 Chavín de Huántar and its sphere of influence. En Handbook of South American Archaeology, editado por Helaine Silverman y William H. Isbell, pp. 681-703. Springer, New York. Ghezzi, Iván 2004 Proyecto Arqueológico Chankillo: Informe de la Temporada 2003. Presentado al Instituto Nacional de Cultura, Lima. 2006 Religious warfare at Chankillo. En Andean Archaeology III: north and south, editado por William H. Isbell y Helaine Silverman, pp. 67-84. Springer, New York. 2007 La naturaleza de la guerra prehispánica temprana: la perspectiva desde Chankillo. Revista Andina 44:199–225. 2008 Los primeros tambores de la guerra. En Señores de los reinos de la luna, editado por Krzysztof Makowski, pp. 39–53. Banco de Crédito del Perú, Lima. Ghezzi, Iván y Clive L. N. Ruggles 2007 Chankillo: A 2300-year-old solar observatory in coastal Peru. Science 315(5816):1239-1243. 2008 Las Trece Torres de Chankillo: arqueoastronomía y organización social en el primer observatorio solar de América. Boletín de Arqueología PUCP 10 (2006):215-235. Hayden, Brian D. 2001 Richman, poorman, beggarman, chief: the dynamics of social inequality. En Archaeology at the Millennium: a sourcebook, editado por Gary M. Feinman y T. Douglas Price, pp. 231–272. Kluwer Academic/Plenum Publishers, New York. Millones, Luis y Yoshio Onuki (editores) 1993 El Mundo Ceremonial Andino. Senri Ethnological Studies Nº 37. National Museum of Ethnology, Osaka. Ruggles, Clive L. N. 1997 Whose equinox? Archaeoastronomy 22 (Journal for the History of Astronomy 28): S45–S50. 2005 Ancient Astronomy: an encyclopedia of cosmologies and myth, ABC-CLIO, Santa Barbara. Topic, John R. y Theresa Lange Topic 1997 Hacia una comprensión conceptual de la guerra andina. En Arqueología, antropología e historia en los Andes. Homenaje a María Rostworowski, editado por Rafael Varón Gabai y Javier Flores Espinoza, pp. 567-590. Instituto de Estudios Peruanos, Banco Central de Reserva del Perú. Lima.

Notas Publicado originalmente en “Oxford IX” International Symposium on Archaeoastronomy Proceedings IAU Symposium No. 278, 2011. Editado por Clive L. N. Ruggles. 2 De esta manera evitamos el término “observatorio”, el cual ha reavivado la discusión sobre si el término puede ser confuso para un instrumento empírico de observación solar como éste. 1


Andes 8 (2011): 153-184

Hacia una reevaluación de Salinar desde la perspectiva del valle de Nepeña, costa de Ancash Hugo Ikehara y David Chicoine

Este capítulo examina la transición entre los estadios finales del Periodo Formativo en el valle de Nepeña y se enfoca en la importancia de Salinar en la comprensión de los desarrollos sociales y culturales posteriores. El fenómeno Salinar ha sido considerado como un estilo cerámico, una cultura y una red de entidades políticas interrelacionadas. Ha sido empleado como caso para investigar los orígenes del urbanismo en los Andes, pero poco se ha estudiado acerca del fenómeno en sí, especialmente al sur del valle de Virú. Este artículo ofrece una reevaluación del fenómeno Salinar desde la perspectiva de las recientes investigaciones del valle de Nepeña, costa de Ancash, donde varias formas de organización comunitaria han sido reportadas. La hipótesis que se plantea es que Salinar no representa una cultura per se, pero un fenómeno que corresponde a las condiciones políticas cambiantes en la costa norcentral y norte del Perú y que tiene antecedentes claros durante el Formativo Tardío. Estos cambios incluyen el aumento de tensiones intercomunitarias y conflicto y la emergencia de la centralización, expresada en los patrones de asentamiento que incluyen sitios con arquitectura defensiva y con altas densidades de población. This chapter examines the transition between the final stages of the Formative Period in Nepeña and focuses on the relevance and place of the Salinar phenomenon in our understanding of social and cultural developments. The Salinar phenomenon has been ascribed as a ceramic style, a culture, and a network of interrelated polities. Although it has also been used to investigate the origins of urbanism, very little is currently known about the Salinar phenomenon, especially south of the Virú Valley. This article offers a reassessment of the Salinar phenomenon as viewed through recent investigations in the Nepeña Valley, coastal Ancash, where different patterns of community organization have been reported. It is hypothesized that Salinar corresponds to a phenomenon of changing conditions that includes increase of inter-community tensions and armed conflicts, the emergence of centralized settlements with defensive architecture and high population densities, as well as innovations in architecture and ceramic vessels, which roots can be traced into the Late Formative.

H

acia el final del Periodo Formativo, el culto denominado Chavín colapsó y con él las redes económicas y sociales que integraban a las elites de diferentes entidades políticas en los Andes Centrales. Durante el siguiente periodo denominado Desarrollos Regionales (Lumbreras 1974) o Intermedio Temprano (Rowe 1960:627-628; 1962), sociedades altamente jerarquizadas política y económicamente dominaron la región, sobre todo en la costa norcentral y norte, incluyendo la costa de Ancash. Varios de estos grupos denominados bajo el nombre de Moche o Mochica son considerados como las primeras manifestaciones claras de la existencia de estados en los Andes. El contraste entre las sociedades

Hugo Ikehara ■ Departamento de Antropología, 3302 WW Posvar Hall, Universidad de Pittsburgh, Pittsburgh, PA, 15260. E-mail: hci1@pitt.edu David Chicoine ■ Departamento de Geografía y Antropología, Universidad del Estado de Luisiana, 227 Howe-Russell-Kniffen Geoscience Complex, Baton Rouge, LA, 70803. E-mail: dchico@lsu.edu


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Figura 1. Mapa con la ubicación de los sitios mencionados en el texto.

formativas y las sociedades mochicas es marcado, mostrando estas últimas un alto grado de diferenciación social expresada en jerarquías de asentamientos, especialización económica y laboral en la población, y la aparición de zonas urbanas y rurales, entre otros elementos estructurales no tan marcados anteriormente. Este lapso o periodo de transición entre el colapso del culto Chavín y el desarrollo de las sociedades más centralizadas (Moche) ha sido generalmente estudiado como parte de investigaciones centradas en lo que se ha denominado como “Salinar”. En la costa de Ancash esta situación ha generado un reduccionismo y una simplificación de la complejidad social, económica y sobretodo política de la época.


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La propuesta presentada en este capítulo expone la idea que este periodo de aproximadamente cinco siglos entre el fin del culto Chavín y las primeras manifestaciones estatales en la costa de Ancash (500 – 1 cal a.C.), también denominado como Formativo Final (500 – 200 a.C.) y Epiformativo (200 – 1 a.C.) (Kaulicke 1994, 1998), representa un periodo en el cual, y contrario a la visión simplificada denominada como Salinar, existe una gran variabilidad de expresiones culturales, donde diversas entidades políticas surgieron, se expandieron e interactuaron creando un panorama político dinámico. Nuestra intención es de revisar el paradigma Salinar a la luz de las recientes investigaciones en el valle de Nepeña y describir un modelo emergente para entender el desarrollo político en la costa de Ancash en el momento crítico de transición al final del Periodo Formativo. Basándose en datos arquitectónicos, cerámicos y funerarios, y comparando variaciones y similitudes entre ellos, proponemos una reevaluación del fenómeno Salinar y planteamos una interpretación preliminar del paisaje sociopolítico en la costa de Ancash al final del Formativo. Queremos enfatizar las diferencias al nivel del valle de Nepeña para definir dos patrones distintos de desarrollo humano en valle bajo y alto, respectivamente. Enfatizando el tema de este libro, se comparan a la vez los datos de Nepeña con manifestaciones contemporáneas en los valles vecinos de la costa de Ancash.

Antecedentes sobre el fenómeno Salinar Salinar fue definido por primera vez por Rafael Larco Hoyle (1944) para referirse a un estilo cerámico con pintura blanca sobre fondo rojo asociado a contextos arqueológicos en el valle alto de Chicama en la Pampa de Jaguey (Figura 1). En la visión histórica cultural de Larco los datos funerarios salinar correspondían a una fase cultural de transición entre Cupisnique y Moche (Larco 1948). Los trabajos de Larco ayudaron a la creación de una visión tradicional según la cual el fenómeno Salinar se coloca cronológicamente entre el fin del Formativo y el inicio del Periodo Intermedio Temprano donde las manifestaciones culturales denominadas Gallinazo y Moche surgieron (Moseley 1992:174; ver Tabla 1). A pesar de que John Rowe sugirió que la cerámica blanco-sobre-rojo tiene sus orígenes más al sur, el estilo Salinar como tal se ha considerado como un fenómeno exclusivo de la costa norte. En base al trabajo de Max Uhle (1908), Gordon Willey (1945:51) señaló que la cerámica blanco-sobre-rojo de tipo Salinar enfatiza diseños geométricos simples y las zonas pintadas se ven ocasionalmente delimitadas por incisiones, además de describir que el conjunto cerámico Salinar incluye también elementos modelados con formas animales y antropomórficas.


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En el valle de Virú, Willey (1945) identificó el estilo Salinar como parte del Horizonte Blanco-sobre-Rojo, el cual fue luego identificado como la fase Puerto Moorin durante el Proyecto del valle de Virú (Willey 1953). Aquí, la fase Puerto Moorin fue descrita como una etapa donde las ocupaciones humanas consisten en pequeños poblados sin arquitectura monumental y con ausencia de evidencias de estratificación social, agregación de población y arquitectura administrativa, lo cual contrasta con la monumentalidad arquitectónica de los sitios del periodo anterior denominado Guañape (Willey 1953). En el valle de Moche, aunque el Proyecto Chan Chan-Valle de Moche produjo un primer catastro de sitios relacionados al estilo Salinar en dicho valle, las investigaciones sobre la cultura o sociedad Salinar fueron pocas. Christopher Donnan y Carol Mackey (1978) reportaron la excavación de entierros humanos en posición extendida con cerámica de estilo Salinar en Huanchaco y luego, en el sitio de Cerro Arena, trabajos de excavación por Elías Mujica (1975) y Curtiss Brennan (1978) demostraron que, a diferencia de lo encontrado en el valle de Virú, el asentamiento en Cerro Arena muestra una alta densidad de estructuras. Los datos de Cerro Arena se han interpretado como evidencias de una población socialmente estratificada cuyos asentamientos contaban con espacios comunales dedicados al ritual, administración y producción, sugiriendo que el periodo Salinar representa el inicio de un estilo de vida de características urbanas y la aparición de elites claramente definidas. Para Brennan (1982:252), los desarrollos de Salinar reflejan una integración política regional que abarcaba los valles de Moche y Virú, e interpretó la ausencia de centros grandes en el valle de Virú como prueba de la dominación de Cerro Arena en el proceso de centralización política en la costa de La Libertad. En contraste, Mujica (1984:12) interpretó diferencias en los patrones de asentamientos como evidencia de la existencia de comunidades independientes. Para él, las diferencias estilísticas entre Salinar, Cerro Arena y Puerto Moorin, así como la presencia de cerámica (1) de pasta roja con pintura blanca y patrón de líneas bruñidas, (2) de pasta negra pulida, y (3) de pasta blanca (por ejemplo, caolinita) en Cerro Arena serían indicadores de un paisaje económico y político más fragmentado durante esta época. Según Mujica, los valles de Chicama, Moche y Virú fueron ocupados por grupos independientes cuya integración política no iba más allá del nivel de cada valle, y además sugirió conexiones históricas y culturales con regiones de la costa y de la sierra norte (por ejemplo, Cupisnique, Layzón) (Mujica 1984:12). En la sierra norte, los trabajos de la Expedición Científica Japonesa a la América Nuclear (Terada y Onuki 1982, 1985) ayudaron en Perú a desarrollar secuencias locales en paralelo con el desarrollo del fenómeno Salinar en la costa. Estos trabajos


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apuntan hacia aparentes rupturas culturales hacia la mitad del primer milenio antes de Cristo. En el valle de Cajamarca se ha denominado este momento como fase EL, y en el valle alto del río Jequetepeque como la fase Copa. La fase EL (550 – 250 a.C.) representa una ruptura en la secuencia del sitio de Huacaloma y es un periodo en el cual la arquitectura monumental es reemplazada por estructuras más modestas y los diseños típicos de cerámica “Chavín” desaparecen dando lugar a diseños más estilizados con líneas bruñidas y diseños de círculos y puntos (Seki 1998). Las evidencias de la fase Copa en Kuntur Wasi son similares a los de la fase EL pero con una mayor variedad en formas y tipos en la cerámica (Inokuchi 1998), aunque hay que señalar que a la fase Copa se relacionan tumbas de individuos con asociaciones poco comunes por su cantidad y riqueza, y con cerámica que recuerda la de la fase anterior (Onuki 1997; Onuki et al. 2000). En el caso de la zona de Cajamarca, se ha reconocido semejanzas en cerámica entre los materiales encontrados en Cerro Arena y la fase Layzón (250 – 50 a.C.), y se atribuye esto a un intercambio de productos entre ambas regiones, y en este caso la importación de cerámica Layzón al valle de Moche (Seki 1993). En Moche, Steve Bourget y Claude Chapelaine (1996) reportaron la existencia de un sitio con afiliación salinar en las faldas de Cerro Blanco. Fechados radiométricos de 2130 ± 60 a.p. y 2270 ± 70 a.p. colocan la ocupación salinar entre 380 y 20 a.C. (cal 1σ). También en Moche, la investigación de Brian Billman (1996) sobre la evolución política en el valle de Moche incluyó el análisis de las diferentes fases definidas por el Proyecto Chan Chan-Valle de Moche. Aquí Billman (1996:189190) propuso una división en dos fases: Salinar Temprano (400 – 200 a.C.) la cual se caracterizó por un patrón de asentamiento con dos niveles de jerarquía y el uso de cerámica con decoración de patrón de líneas bruñidas, y la fase Salinar Tardío (200 – 1 a.C.), durante la cual Billman (1996:195-204) sugiere un incremento en la jerarquización del patrón de asentamiento hacia tres niveles y la introducción de cerámica con pintura blanca sobre fondo rojo natural (blanco-sobre-rojo). La transición entre la fase Guañape (1800 – 400 a.C.) hacia Salinar muestra una reducción en inversión en la construcción de arquitectura monumental, la aparición de espacios públicos con menor capacidad de audiencia y de estructuras que reflejarían el poder económico adquirido por las elites locales, y el incremento de conflicto inter-grupal evidenciado en la reorganización de la población en asentamientos agrupados en núcleos con zonas abandonadas entre estos últimos o zonas de amortiguamiento, ubicaciones defensivas de los sitios y la construcción de fortificaciones (Billman 1996:224; ver también Moseley 1992:175). Según Billman la complejidad emergente se debió en parte a la presión demográfica producida por la migración de población desde el valle de Virú (el cual muestra un declive demográfico en la fase Puerto Moorin) y el incremento de la guerra (y por lo tanto el uso de fuerza coercitiva) que


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hace posible el control del valle de Moche durante este tiempo, y probablemente de los valles vecinos, por parte del centro de Cerro Arena (Billman 1996:233). Más al sur, en la costa de Ancash, los trabajos de Wilson (1988, 1995) en los valles del Santa y Casma señalaron cambios en el patrón de asentamiento durante las fases Cayhuamarca y Vinzos (considerados en este artículo como Formativo Final y la parte final del Formativo Tardío) y Patazca, respectivamente. Estos cambios reflejan por ejemplo un aumento en el conflicto con agentes externos donde destacan las fortalezas del valle medio en el Santa y la de Chankillo en Casma (Ghezzi 2006), y la aparición de asentamientos con aglutinamiento de estructuras que reflejaría la concentración de población y centralización política como en San Diego y Pampa Rosario (S. Pozorski y T. Pozorski 1987; Wilson 1995), los cuales son contemporáneos con este periodo. En resumen, las investigaciones previamente descritas muestran la visión existente sobre este periodo y que acorde con la secuencia histórico-cultural correspondería a la “cultura” Salinar. De manera preliminar parece que este fenómeno corresponde cronológicamente a un lapso entre el 500 al 1 a.C. (cal 1σ). Este periodo aparece como un tiempo de cambios en la cultural material, arquitectura y patrones de asentamiento que reflejan profundas transformaciones estructurales de las sociedades después del colapso del culto Chavín. Esta contribución se enfoca sobre este periodo de aproximadamente cinco siglos. Se reevalúa este momento clave y su relación con el fenómeno Salinar. Usamos el término Salinar para referirnos al conjunto de cambios sociales existentes en este periodo. Basándose en datos de Nepeña, sugerimos ir más allá del fenómeno Salinar como una “cultura” o un “estilo artístico” para analizar de manera preliminar las variaciones y similitudes en las expresiones sociales, culturales y políticas durante la segunda mitad del primer milenio antes de Cristo. Es necesario definir qué similitudes y diferencias existen entre las diferentes regiones para entender el fenómeno Salinar en su totalidad, y aclarar si es que se trata de (1) un conjunto de fenómenos locales aislados, (2) una tradición cultural que se expande desde un centro geográfico distinto, y/o (3) un proceso social a gran escala con manifestaciones locales. Planteamos que las diferencias en la evidencia arqueológica son el resultado de las diferencias en los casos estudiados. La composición y la organización social, política y desarrollo económico de estas poblaciones son variados, pero se mantuvieron en contacto y compartieron a la vez una herencia cultural común proveniente de los sistemas sociales e ideologías del Formativo Tardío. Usamos el caso del valle de Nepeña como punto de partida para la revisión del fenómeno Salinar al final del Formativo en la costa de Ancash.


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Variaciones y similitudes de manifestaciones culturales “salinar” Antes de discutir los datos de las recientes investigaciones en Nepeña y su significado para reevaluar el fenómeno Salinar, se puede sintetizar el estado de nuestro conocimiento sobre este importante periodo. Los modelos y las evidencias presentadas por la mayoría de investigadores (Billman 1996; Brennan 1980; Mujica 1984; Wilson 1988, 1995) señalan las siguientes similitudes en la costa norte: a. Cambios en la organización política e interacción inter-grupal identificados en base a: - La desaparición de la arquitectura monumental, o al menos en la escala existente en los periodos precedentes, lo que reflejaría cambios en la organización social dentro de las comunidades, y variación en las expresiones de poder y autoridad.

- Cambios en el patrón de asentamiento: la población se concentra en poblados de mayor tamaño y ubicados muchas veces en lugares de difícil acceso, que sería resultado de movimientos de población, posibles fluctuaciones ambientales y/o intensificación de conflicto.

b. Cambios en los rituales y ceremonias públicas que se reflejan en:

- Cambios en la arquitectura pública: desaparecen las grandes plazas que congregaban cientos o miles de personas y son reemplazadas por centros con un mayor número de plazas pero de menor capacidad individual de audiencia.

- Cambios en los conjuntos cerámicos: los diseños y las técnicas decorativas se simplifican, y las vasijas aparecen más estandarizadas. Aparentemente la necesidad de importar una gran variedad de cerámica desaparece con la desintegración del culto Chavín.

- Cambios en los objetos de intercambio: la obsidiana, la antracita, el cinabrio y las conchas exóticas son reemplazados por puntas de piedra pulida (pizarra), maíz, y otros objetos menos reconocibles, lo que implicaría un mayor gasto ideológico para otorgarle valor a estos objetos.

Este conjunto de semejanzas refleja similares estrategias económicas y políticas de la población (Chicoine 2010a). Sin embargo, consideramos que son las diferencias entre los casos las que nos van a dar información acerca de la relación existente


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entre las comunidades que habitaron la costa y sierra norte durante el periodo del fenómeno Salinar. Debido al límite de espacio la discusión se centrará en dos aspectos: (1) la variación en los conjuntos cerámicos y materiales, y (2) los patrones arquitectónicos, que reflejan cambios estructurales en estas comunidades. Cerámica y cultura material Las vasijas cerámicas son artefactos de fácil movilidad y que es común que formen parte del conjunto de objetos intercambiables entre comunidades. Las relaciones entre grupos humanos pueden tener carácter integrador y/o desintegrador, siendo muchas veces ambas características partes complementarias de las mismas instituciones sociales. A diferencia de una forma común de pensar, el incremento en la interacción e intercambio entre grupos no necesariamente colabora con la homogeneización de los estilos, sino que al contrario, puede incentivar la aparición de estilos definidos y de fronteras estilísticas debido al interés de las comunidades de acentuar y/o perpetuar su propia identidad (Hodder 1979). La homogeneización de un conjunto cerámico sucederá en cambio cuando éste simbolice la afiliación de los usuarios, como por ejemplo a un culto o a una identidad étnica (estilos de élite, cultos o de ideologías políticas como chavín o mochica), pero que crean fronteras sociales con otras personas o grupos al mismo tiempo. La homogeneización y heterogeneización por lo tanto pueden reflejar respectivamente tendencias integradoras y desintegradoras que suceden dentro de un grupo. Una revisión de la cerámica de este periodo Salinar muestra similitudes en las técnicas decorativas, especialmente en el uso de patrones de líneas bruñidas y las líneas incisas post-cocción, así como las impresiones de círculos y/o puntos. Sin embargo, estas no son técnicas decorativas ni diseños que aparecen durante esta época sino que se encuentran presentes desde el Formativo Tardío (750 – 500 a.C.) junto con técnicas decorativas y diseños relacionados al culto Chavín (Burger 1981, 1988, 1993; Roe 1974). De la misma forma, la mayor parte de los conjuntos cerámicos registrados en los sitios incluyen tipos de vasijas que ya existían en los periodos anteriores (Formativo Medio y Tardío) reflejando una continuidad en las técnicas de manufactura y uso. Esto es crucial para entender la naturaleza del fenómeno Salinar, pues muchas hipótesis (Billman 1996:233; S. Pozorski y T. Pozorski 1987) consideran agentes exógenos como invasiones para explicar el abrupto cambio entre una fase a otra, cuando en realidad se tratarían de poblaciones locales en total reorganización de sus comunidades y cuyo cambio está afectando también la producción y uso de cerámica. Si bien las técnicas básicas son compartidas las formas de aplicación (diseños y vasijas afectadas) difieren como puede observarse entre los materiales de Cerro Arena (Brennan 1980) y de los casos de Huambacho (Chicoine 2006, 2010b;


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Proulx 1968:135-137), Caylán (PV31-30) (Chicoine e Ikehara 2010) y Kushipampa (PV31-56) (Ikehara 2008, 2010b; Proulx 1968:96-98) en el valle de Nepeña, y que serán descritos más adelante. Esta diferenciación en la forma de aplicación de las técnicas y por lo tanto en la apariencia final de las vasijas puede interpretarse de dos formas: como el aislamiento de determinados grupos, o como sugerimos, una forma de crear identidades con un limitado espectro de técnicas disponibles. Otras innovaciones se presentaron sobre todo en dos grupos de vasijas, que serían las botellas y las tinajas, las cuáles tienen relación con cambios de los rituales y organización social de los grupos. Muchas botellas escultóricas están mostrando el manejo de nuevas técnicas o de técnicas subempleadas en los periodos previos para crear vasijas con mayor variedad de formas. La mayoría de vasijas de botellas antes del 750 a.C., salvo excepciones (Alva 1986), son globulares con decoraciones añadidas, lo cual implica que prácticamente todas las vasijas fueron formadas con una o dos técnicas básicas, anillado o modelado manual, o en casos un poco más complejos por la combinación de formas básicas de cuencos y tazones. La aparición en Salinar de formas complejas como animales implica un mayor desarrollo de técnicas escultóricas. Estas formas escultóricas y con asa estribo son comunes en la muestra analizada por Larco (1944) para el valle de Moche y Chicama, pero en cambio éstas son ausentes en los contextos funerarios en otros casos aparentemente contemporáneos (Chauchat y Guffroy 2003). En realidad, las vasijas “finas”, principalmente botellas, de esta fase y catalogadas generalmente como Salinar o pertenecientes a este periodo, presentan una gran variación en la costa norcentral y norte, y también en la sierra adyacente contemporánea. Esta variabilidad indicaría diferentes requerimientos o demanda de cerámica para los rituales realizados en diferentes territorios en el mismo momento, no solamente funerarios sino también para contextos de afirmación de poder y/o integración social como fiestas comunales, considerados muy importantes para el Formativo Tardío (Ikehara y Shibata 2008). De la misma forma, las tinajas de gran tamaño aparecen en los conjuntos cerámicos de diferentes regiones pero asumen diferentes formas. Es particularmente interesante que tanto las botellas y las tinajas serían objetos altamente visibles en las reuniones comunales de las poblaciones, por lo que cualquier manipulación en la apariencia externa sería altamente visible para los espectadores. Las tinajas o cántaros de grandes dimensiones eran prácticamente ausentes en los conjuntos del Formativo Medio y Tardío, y se difunden durante el Formativo Final, y tendrían relación directa con el control centralizado de la producción y manejo de las ceremonias públicas por parte de una elite (Chicoine 2011; Ikehara 2010a). Por lo tanto,


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es posible que la arquitectura refleje menor audiencia en los centros, pero las elites tendrían mayor control económico sobre los recursos empleados en las fiestas, por lo que habrían generado un mayor poder político en comparación al otorgado por el modelo de delegación de la responsabilidad de producción de los alimentos rituales propuesto para la mayor parte del Formativo (Ikehara 2010a). Arquitectura y patrones de asentamientos La arquitectura asignada a este periodo muestra similitudes en el uso de la técnica ortostática para la construcción de muros de aparejo de piedra en la arquitectura monumental o en la considerada de élite (Bourget y Chapdelaine 1996; Chicoine 2006; Mujica 1984). A parte de esto, es mayor la diferencia que similitud entre los edificios en los diferentes valles considerados en este trabajo. En valles como Moche y Virú, si bien con diferentes historias demográficas, los asentamientos de manera elemental carecen de un núcleo monumental y se pueden describir básicamente como grandes aldeas o pueblos. En los valles de Nepeña y Casma existen grandes centros ceremoniales que utilizan una cantidad de mano de obra similar a los que debieron haberse empleado en la construcción de los monumentos durante el Formativo Tardío (Huambacho, Chankillo, San Diego) (Chicoine 2010a; Ghezzi 2006; S. Pozorski y T. Pozorski 1987). Mientras que en el valle de Virú se describe prácticamente una reducción en la población durante este periodo, otras zonas como las de los valles de Moche, Nepeña y Casma muestran un aumento considerable de sitios habitacionales (Billman 1996; Daggett 1984; S. Pozorski y T. Pozorski 1987; Proulx 1985; Wilson 1995). Esto fue interpretado por algunos como la migración de población entre valles (Billman 1996) o una invasión de poblaciones serranas (S. Pozorski y T. Pozorski 1987). Los patrones de asentamientos de los valles de Moche, Virú, Santa, Nepeña y Casma han sido considerados como orientados a la defensa de su población debido al incremento de la violencia inter-grupal, aunque la identificación de los grupos en conflicto es aún discutido (Billman 1996; Daggett 1987b; T. Pozorski y S. Pozorski 1987; Wilson 1987). Sin embargo, la revisión de las evidencias de conflicto no es homogénea ni similar en estos valles. Violencia inter-grupal o guerra puede llevarse a cabo en una gran variedad de formas, intensidad, frecuencia, escala y duración lo cual afecta en diferente medida a diversos aspectos de la vida de la población (Arkush y Stanish 2005; Keeley 1996). Violencia con variables de pequeña magnitud puede ser absorbida por la población sin mayor cambio reflejado en su cultura material, sin embargo el incremento en la magnitud de sus variables exigen a las poblaciones un mayor interés en invertir recursos y energías en defenderse y luego


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en atacar para reducir el peligro. Por lo tanto, si el tipo de conflicto es similar en todos los valles y si fueran entidades políticas fragmentadas veríamos similares distribuciones de arquitectura defensiva, zonas abandonadas y ubicaciones defensivas. Sin embargo, esto no sucede y observamos que mientras el valle de Moche registra solo dos fortificaciones durante la fase Salinar (Billman 1996), en los valles de Santa, Nepeña y Casma se registran docenas de casos (Daggett 1987b; Wilson 1988, 1995) indicando que los patrones de intercambio de violencia intra-grupal e inter-grupal no son los mismos. Billman (1996:213) registra en el valle de Moche un incremento en la jerarquía de asentamiento entre su fase Salinar Temprano y Salinar Tardío, llegando a tener tres niveles durante este último, lo cual puede indicar la organización de la población en una jefatura compleja con un centro preeminente que fue Cerro Arena. Sin embargo, en el valle de Santa, durante la fase Cayhuamarca, Wilson (1987:61-63) registra agrupamiento de sitios, pero difícilmente puede sustentar la existencia de sistemas de asentamientos de más de dos niveles de jerarquía incluyendo el siguiente periodo Vinzos. En Casma, Wilson (1999) identifica como mínimo tres niveles de jerarquía en el patrón de asentamiento para la fase Patazca. El panorama que emerge es que coexisten durante el periodo Salinar sociedades de diferentes niveles de centralización e integración política, lo cual explicaría en parte las diferencias en los patrones de interacción, incluyendo intercambio de materiales y de violencia. En base a la revisión preliminar de la información sobre complejos cerámicos, arquitectura y patrón de asentamiento atribuida a este periodo, el panorama que emerge nos muestra que: – La mayor parte de la costa y sierra norcentral y norte estuvo ocupada por comunidades organizadas en entidades políticas de diferentes niveles de complejidad social desde comunidades con poblaciones viviendo en relaciones igualitarias hasta sociedades organizadas en jefaturas complejas según lo descrito por Billman para el valle de Moche durante el Salinar Tardío y por Wilson para la fase Patazca en el valle de Santa. – La interacción entre las diferentes comunidades fue altamente dinámica y modelada por variables como distancia espacial y social, grado de complejidad política, grado de centralización económica, geografía y acceso y/o control de recursos. Estas interacciones incluyeron intercambio de ideas, intercambio de violencia, intercambio de bienes, pero este último sin la escala que tuvo durante el apogeo del culto Chavín.


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– Finalmente, los dos puntos anteriores nos indican que este periodo o fase Salinar no es un periodo de “crisis” por el colapso de Chavín (Burger 1992:184), sino que es un periodo que por su complejidad y duración muestra procesos sociales en marcha como fue revelado por Billman (1996) y Wilson (1987, 1988, 1995) en sus respectivas investigaciones. Entonces, enfocándonos en la pregunta planteada inicialmente, nuestra interpretación es que este periodo muestra un proceso de reorganización política a escala regional, causado efectivamente por el colapso del culto Chavín, pero con manifestaciones locales producto del mantenimiento de tradiciones preexistentes y la creación de nuevas, y cuya interacción a escala regional crea un mosaico cultural complejo que difícilmente puede simplificarse bajo el término de cultura Salinar. A continuación se expondrá el caso del valle de Nepeña en donde, concentrándonos en los resultados de las investigaciones en los sitios de Huambacho, Caylán en el valle bajo y en la cuenca de Moro en el valle alto, en especial el sitio de Kushipampa, se podrá tener detalle de la dinámica política y social que caracterizó este periodo dentro de los parámetros anteriormente descritos.

Figura 2. Mapa del valle de Nepeña con los sitios mencionados en el texto.


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Figura 3. Vista de arquitectura mostrando la técnica ortostática en los muros de Caylán (UE6-Ext4-Rec3).

Figura 4. Reconstrucción hipotética de estructuras públicas de Huambacho.


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Figura 5. Ejemplos de cerámica decorada de Huambacho.

El desarrollo político del valle de Nepeña dentro del fenómeno Salinar Desde las investigaciones pioneras de Julio C. Tello (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2005) y Donald Proulx (1968, 1973), el estudio arqueológico del valle de Nepeña ha brindado una cantidad significativa de datos para reevaluar las últimas fases del periodo Formativo y caracterizar sus manifestaciones sociales y materiales (Chicoine 2006; Cotrina et al. 2003; Daggett 1987b; Ikehara 2010b; Ikehara y Shibata 2008; Shibata 2010, 2011). Basándose en datos de superficie, Donald Proulx (1985) y Richard Daggett (1987b) propusieron la existencia de al menos dos fases de desarrollos culturales para el valle de Nepeña durante lo que denominan como Horizonte Temprano. Más recientemente, en una secuencia local del valle propuesta por Koichiro Shibata (2010, 2011), el momento contemporáneo a la fase Salinar es denominado como fase Samanco (450 – 200 a.C.). Durante la fase anterior, denominada fase Nepeña (800 – 450 a.C.) y equivalente al Formativo Tardío, nuevas tradiciones arquitectónicas emergieron en el valle. Una de ellas está materializada en la construcción del pequeño centro de elite de Huambacho (800 – 200 a.C.), en el valle bajo (Chicoine 2006). Esta tradición, la cual parece hacer sido dominada por el asentamiento mayor de Caylán, se distribuye sobretodo en la parte media y baja del valle (Chicoine 2010b; Chicoine e Ikehara 2010; ver Figura 2), y la tradición de arquitectura megalítica, esta última incluyendo muchas variantes dentro de un sistema de asentamiento complejo como fue descrito en otra publicación (Ikehara 2010b). En el valle bajo, como fue documentado en Huambacho y Caylán (Chicoine 2006, 2010b; Chicoine e Ikehara 2010), se oberva el empleo de mampostería de


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pequeña escala con barro, una técnica ortostática para la construcción de los muros (Figura 3), un diseño arquitectónico de columnata interior (Figura 4) y su ubicación en el fondo del valle. Estas características distinguen las sociedades de la tradición basada en Caylán de la tradición megalítica del valle alto. Fechados radiométricos de la ocupación principal Huambacho señalan un lapso de tiempo entre 800 – 200 cal a.C. (2σ) (Chicoine 2010b). Mientras tanto, entierros intrusivos en una de las estructuras elevadas están fechados a 1960 ± 40 a.p. y 1850 ± 60 a.p., respectivamente. En contraste con la cerámica típica de la ocupación principal de Huambacho, la cual incluye tipos decorativos circulo-y-punto, patrón de líneas bruñidas, punteado zonal, e improntas de textil (Figura 5), los entierros intrusivos tienen como elementos asociados cerámica modelada. El entierro de una mujer adulta en posición flexionada se encontró acompañado de vasijas de varios estilos los cuales son diferentes a los hallados en contextos asociados a la arquitectura con columnata. Este conjunto de vasijas funerarias incluyen un cántaro con aplicación animal, un cuenco hondo negro pulido, un plato, así como cántaros utilitarios, uno de los cuales posee base trípode. En tres patios con columnata en Huambacho, esta última ocupación está asociada al derrumbe intencional de las columnas y la remodelación de los espacios para su uso residencial. Cerámica con pintura blanca sobre fondo rojo natural también ha sido documentada en Huambacho. A unos 700 metros del conjunto arquitectónico de Huambacho se encuentra el sitio de Cerro Popo. En la cima del cerro se puede observar un complejo arquitectónico con posible carácter defensivo compuesto de muros concéntricos, así como de una plataforma de piedras con recintos rectangulares. Aunque el sitio de Cerro Popo todavía no ha sido investigado sistemáticamente, se puede sugerir una asociación con Huambacho en base a su proximidad geográfica y similitudes en su arquitectura y mampostería. A pesar de que los fechados iniciales otorgados para Huambacho indican su contemporaneidad con el fenómeno del culto Chavín, la arquitectura y cerámica indican que no participaban en él, y más bien permanece como una zona de rasgos culturales locales bien marcados (Chicoine 2006, 2010a). Es muy probable que la negación inicial en participar de este culto Chavín haya contribuido a que estas comunidades del valle bajo de Nepeña hayan sobrevivido al colapso posterior, y más bien haya aprovechado esta situación para extender su propio dominio político o cultural sobre otras áreas. Por ello, durante la fase Samanco, o Formativo Final, contemporáneo a la fase Salinar de la costa norte, observamos el desarrollo de un complejo monumental en Caylán y sitios secundarios ubicados en los alrededores y en los valles vecinos, y cuya influencia pudo extenderse más allá de Nepeña.


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Figura 6. Reconstrucción hipotética de estructuras públicas de Sute Bajo (Basado en Cotrina et al. 2003:Figura 2).

Figura 7. Reconstrucción hipotética de la Plaza D de Caylán.


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La tradición del valle bajo de Nepeña se compone de un conjunto de sitios con al menos dos o tres niveles de jerarquía de asentamiento. El sitio de Caylán se interpreta como el centro primario del sistema. Desde el 2009, el Proyecto de Investigación Arqueológica Caylán (PIAC) se encuentra estudiando el desarrollo de este importante centro formativo (Chicoine e Ikehara 2010). En este sitio, sucesivos trabajos de mapeo, limpieza superficial de muros, excavaciones extensivas y pozos de prueba en todo el asentamiento han brindado datos sobre la organización espacial del núcleo monumental, así como una visión general de las características de la cultura material. Mientras tanto, sitios como Huambacho, Samanco y Sute Bajo se interpretan como sitios de menor jerarquía en el sistema de asentamiento del sector bajo del valle de Nepeña y con espacios públicos de similares características espaciales y arquitectónicas. En Sute Bajo, los trabajos del Proyecto CHINECAS han traído evidencia de la existencia de estructuras compuestas por plataformas con columnas rectangulares (Figura 6) asociadas a un conjunto cerámico que incluye ollas sin cuello típicas del Formativo Final, y entierros interpretados por Cotrina, Peña, Tandaypan y Pretell (Cotrina et al. 2003) como relacionados al fenómeno Salinar. El sitio Formativo reportado por estos investigadores se compone de varios niveles de plataformas con hileras de columnas, así como de recintos periféricos de dimensiones más pequeñas. En Nepeña, estos elementos arquitectónicos se ven similares a los documentados en Huambacho y Caylán.

Figura 8. Ejemplos de cerámica decorada de Caylán.


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Figura 9. Reconstrucción hipotética del Templo de los Pilares de Chankillo (Basado en Ghezzi 2006:Figura 3.7).

Figura 10. Regresión linear entre el área de las plazas con mayor audiencia de los seis mayores centros ceremoniales del valle alto de Nepeña y área cultivable disponible en su alrededor, basado en el trazado de polígonos Thiessen. Leyenda: 56: Kushipampa, 59: Huancarpón, 64: Paredones, 180: San Juan, 170: Vinchamarca, 351: Virahuanca Bajo.


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Los trabajos en Caylán demuestran la existencia de más de 350 estructuras de piedras las cuales estaban organizadas en conjuntos arquitectónicos. Se pueden diferenciar cuatro o cinco en base a los accesos y muros visibles de superficie, pero sin embargo muchos más pueden ser inferidos en base a la orientación de los grupos de edificios. Estos conjuntos están organizados alrededor de plazas grandes con muros-banquetas y estructuras de menores dimensiones incluyendo patios con columnatas interiores y recintos rectangulares. Los trabajos de levantamiento permitieron la identificación de diferentes componentes arquitectónicos cuyas funciones parecen haber sido distintas incluyendo un núcleo monumental (80 ha), zonas de basurales, zonas de terrazas en las faldas de cerro, ejes de transporte y movimiento, y zonas con arquitectura irregular interpretadas como posibles aldeas. Los conjuntos arquitectónicos del núcleo de Caylán se interpretan de manera preliminar como pertenecientes a grupos coresidenciales. Etapas de mapeo permiten la reconstrucción de la organización espacial de las plazas (Figura 7). Como lo demuestra la reconstrucción de la Plaza-D, estos espacios estaban organizados con banquetas de varios niveles con hileras de columnas soportando super-estructuras (techos). Las excavaciones han brindado una muestra significativa de materiales del Formativo incluyendo artefactos de cerámica como vasijas, antaras, discos, ralladores y piruros, entre otros. En Caylán la cerámica afiliada estilísticamente a Salinar incluye líneas bruñidas, así como botellas finas con zonas pintadas de gris claro o blanco grisáceo sobre fondo rojo (Figura 8). Una de estas botellas se encontró asociada al abandono de una de las plazas monumentales con banquetas interiores. Se encontraron también artefactos de piedra como puntas pulidas y porras que son indicaciones del rol de la violencia y posiblemente de conflictos como parte de las relaciones intercomunitarias durante el Formativo Final. Más allá de Nepeña en la costa de Ancash, esta tradición tiene similitudes con sitios como Las Huacas (Cárdenas 1979:10; 1998:78) fechado a 1840 ± 70 a.p. y 1930 ± 70 a.p. (Ziółkowski et al. 1994:399-402) en el valle del Santa, y San Diego, Pampa Rosario y Chankillo en el valle de Casma (Ghezzi 2006; S. Pozorski y T. Pozorski 1987:51-65). El sitio de San Diego está fechado entre 2510 ± 115 a.p. y 2245 ± 60 a.p. y Pampa Rosario entre 2760 ± 75 a.p. y 2400 ± 70 a.p. (S. Pozorski 1987:17). El sitio de Chankillo fechado entre 320 y 200 cal a.C. posee una serie de amurallamientos que rodean tres estructuras, una de las cuales, el Templo de los Pilares (Ghezzi 2006) muestra patrones arquitectónicos similares a la tradición representada por Huambacho y Caylán (Figura 9).


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Figura 11. Reconstrucción hipotética de Kushipampa.

Figura 12. Reconstrucción hipotética de Virahuanca Bajo.


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Figura 13. Vista de la portada megalítica de Kushipampa. La altura máxima de los muros conservados de la portada es de 2,6 metros aproximadamente.

En Huambacho, la última fase de ocupación corresponde al abandono de las estructuras y su remodelación, así como a la reutilización de una pequeña plataforma como área funeraria. Los datos apuntan hacia una fase, después del abandono de las estructuras con columnatas alrededor del 200 cal a.C., durante la cual una población reducida ocupó áreas limitadas del sitio. Se necesitan trabajos sistemáticos en las estructuras del Cerro Popo, pero se puede sugerir de manera preliminar alguna relación entre el desarrollo del posible asentamiento defensivo en Cerro Popo y el abandono del conjunto formativo en Huambacho. Por ejemplo, se encontró porras de piedras en Huambacho las cuales apuntan hacia la importancia de la violencia en algún momento de la ocupación del Formativo. Investigaciones en Caylán han brindado también evidencias de conflictos armados en la forma de arquitectura defensiva y puntas de piedras. La arquitectura con posibles funciones defensivas está representada por grandes murallas de piedras que rodean un sector de terrazas, así como conjuntos en la planicie de la pampa. En el valle alto, en cambio, la situación es diferente. Encontramos más bien una fragmentación política evidenciada por la existencia de al menos seis grandes centros ceremoniales (Kushipampa, San Juan, Paredones, Huancarpón,


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Anta y Virahuanca). La aparente diferencia entre tamaños y dimensiones de sus plazas puede relacionarse parcialmente por la disponibilidad de suelos potencialmente cultivables en sus alrededores (Figura 10). La arquitectura de estos centros ceremoniales es muy distinta a la arquitectura de los centros definidos para el valle bajo, y existen al menos dos grandes tipos: el ejemplificado por Kushipampa (Figura 11) y Paredones, y el ejemplificado por Virahuanca (Figura 12) y Anta. El primer grupo se caracteriza por grandes cercaduras y plazas jerarquizadas en su accesibilidad desde el exterior. Tiene como rasgo predominante

Figura 14. Ejemplos de cerámica decorada de Kushipampa.

Figura 15. Comparación de conjuntos cerámicos de Caylán y Kushipampa.


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el uso de grandes rocas en su mampostería y la selección de mampuestos bien elaborados para sus portadas (Figura 13). El segundo grupo se caracteriza por el mismo tipo de mampostería pero aún no tenemos evidencia de similar tratamiento de las entradas. El plano general se asemeja a grandes montículos que fueron cercados, por lo tanto si existe algún tipo de segregación espacial interna, esta no es visible desde la superficie, y se reduciría a la zona baja dentro de la cercadura y la cima e interior de los montículos. Alrededor de estos dos tipos de centros encontramos otros de menor extensión como montículos aislados construidos con mampostería de roca canteada (montículos en la cima de los cerros, fortalezas en la cima de los cerros y aldeas). Algunas de estas aldeas se encuentran ligadas a los centros ceremoniales como en el caso de Kushipampa. Las fortalezas y estructuras en la cima de las colinas y cerros pueden ser interpretadas como parte de un sistema de asentamiento donde el intercambio de violencia forma parte de las relaciones entre las comunidades. A diferencia del valle bajo, la situación de fragmentación política evidenciada por la ausencia de jerarquía en el patrón de asentamiento refuerza la idea de un contexto social distinto a aquel del valle bajo centrado en Caylán. La violencia debió incrementarse en escala, intensidad y tamaño durante el Formativo Final de tal forma que la inversión de labor en la construcción de estructuras defensivas debió valer la pena. Los agentes en disputa debieron variar constantemente a causa de la formación y disolución de alianzas entre los actores internos y con actores externos. En el caso del valle alto de Nepeña, estos dos principales tipos de arquitectura en los centros mayores deben reflejar una interacción de larga duración reflejada en similares requerimientos de espacios rituales. Por otro lado, la presencia de plazas cercadas con las que podemos interpretar columnatas en la periferia de un patio en Chillhuay o Quilhuay Alto (PV31-162) podría explicar la intervención de agentes externos, en este caso la entidad política de Caylán. La cerámica encontrada indica el inicio de la ocupación de estos sitios durante el final del Formativo Tardío y su continuación durante la fase Samanco o Formativo Final. La cerámica de los centros ceremoniales, o al menos principalmente de Kushipampa (Figura 14) se caracteriza por un conjunto similar a los del Formativo Tardío, es decir ollas sin cuello, tazones, cuencos y botellas, pero con una reducción marcada en las técnicas decorativas, los diseños, las formas y la variedad tecnológica, lo cual es similar a los cambios estilísticos en la cerámica descrita para los casos del valle de Moche. La cerámica decorada posee principalmente patrón de líneas bruñidas cruzadas y rayado post-cocción, similares técnicas a las empleadas para la cerámica


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Figura 16. Reconstrucción hipotética del sitio de Captuy (PV31-163).

Figura 17. Reconstrucción hipotética del sitio de Quilhuay (PV31-162).


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decorada encontrada en el sitio de Cerro Arena (Brennan 1978). La cerámica cotidiana como las ollas sin cuello y los cuencos es similar a la encontrada en el valle bajo en Huambacho y en Caylán, pero sin embargo las botellas, tinajas, ralladores y tazones muestran una presencia y tipos diferentes (Figura 15). Es interesante que los tazones sean el tipo de vasija de servicio más común en Kushipampa, mientras que en los materiales de Huambacho (Chicoine 2006), y en la revisión preliminar de los materiales de Caylán, estos son de uso muy reducido en comparación a los cuencos de base redondeada. Además de estas diferencias en la cerámica, la presencia de arquitectura monumental a gran escala y la variedad existente entre los centros del valle alto indican también una organización social y estrategias de consolidación de poder político diferentes a los del valle bajo y los valles vecinos. Es significativo que las fortalezas del valle como Captuy (PV61-163) (Figura 16) y los que estamos definiendo como templos fortificados como Quillhuay (PV61-162) (Figura 17), estén relacionados a cerámica con diseños de círculo-y-punto que caracteriza la fase Samanco. Las ventajas defensivas en los asentamientos, sea por su localización o por la adición de rasgos defensivos, así como la diversidad material observada en los conjuntos cerámicos y la ausencia de jerarquización de asentamientos claros, apuntarían hacia una fragmentación del paisaje sociopolítico en el valle alto. Esta fragmentación política inicial y la aparición posterior de las fortificaciones serían indicadores de cambios en las relaciones intercomunitarias hacia una situación de conflicto intenso y frecuente. La situación de fragmentación y conflictos inter-grupales en el valle alto de Nepeña contrasta con los datos del valle bajo donde se ha propuesto la integración de varias comunidades bajo la influencia del centro de Caylán. En resumen, el panorama de la ocupación del Formativo Final, fase Samanco o periodo Salinar en el valle de Nepeña, indica la existencia de dos zonas densamente pobladas, el valle bajo y el valle alto, mientras que la zona intermedia de menor densidad demográfica puede caracterizarse como una zona de amortiguamiento. Las comunidades del valle bajo están aparentemente integradas en un sistema político que puede definirse de manera preliminar como más centralizado. En otra publicación sugerimos una comparación entre el sistema político basado en Caylán con las denominadas “jefaturas” de la literatura antropológica (Chicoine e Ikehara 2010). Mientras tanto, en el valle alto, las comunidades se encuentran fragmentadas en pequeñas unidades políticas de menor escala. Adelantamos que el colapso del culto Chavín alrededor del 500 a.C. habría impulsado a los grupos relacionados a movilizarse y afiliarse a nuevos centros reforzando el poder económico de las élites en la parte baja y creando presión en el valle


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alto donde una situación de competencia política ya se encontraba en marcha. Se cree que esta competencia está evidenciada por la existencia de seis centros ceremoniales en un área limitada de menos de ciento veinte kilómetros cuadrados en el Bolsón de Moro. Más aún, la relación entre la posible jefatura centrada en Caylán y el valle alto tendría que ser analizada cuidadosamente pues pudo haber creado desequilibrio en la interacción entre estos pequeños grupos mediante alianzas políticas o económicas como ha sido descrito en otros contextos históricos para sociedades más complejas y su periferia en otras regiones del mundo (Ferguson y Whitehead 1992). Basándose en los resultados preliminares de nuestra investigación en Caylán, la última ocupación del Formativo muestra la construcción de grandes muros aparentemente defensivos y asociados a un montículo en la cima de un cerro. Esto pudo haber sido resultado de inestabilidad política al final de la ocupación, cuando la jefatura que integraba las diversas comunidades finalmente se quebró.

Conclusión Las evidencias presentadas mediante la revisión de los materiales contemporáneos o relacionados al fenómeno Salinar indican que la simplificación, producto del uso de la idea de Salinar como cultura o tradición, ha impedido ver la variedad de expresiones culturales existentes en este periodo de aproximadamente cinco siglos (500 – 1 a.C.). Más importante aún, ha impedido ver con detalle la variedad de procesos sociales que estuvieron ocurriendo durante este periodo y que en muchos casos son respuestas a la caída del culto Chavín. Mientras algunos procesos muestran un colapso político claro y el abandono de áreas enteras como en el valle de Virú, otros casos muestran el aprovechamiento de esta situación para generar poder político sin comparación, como los casos de Cerro Arena y Caylán. Estos procesos sin embargo tienen diversos matices, pues las variables involucradas tienen diferente peso de acuerdo a los actores involucrados y la disponibilidad de recursos sociales y económicos de cada área. No todos los procesos llevaron a integración y centralización política y económica, por lo tanto, no todos son antecedentes de los rasgos de las economías y políticas definidas como Moche en la costa de La Libertad. Basándose en patrones de asentamiento, cerámicos y arquitectónicos, planteamos que lo denominado Salinar corresponde a un fenómeno que implicó (1) un tiempo de cambio asociado a un aumento de los conflictos inter-grupales, y (2) el desarrollo de una multitud de trayectorias locales compartiendo una tradición cultural al nivel de la costa de Ancash y más allá en la costa norte. En la costa de Ancash, específicamente en el caso mencionado de las secciones bajas y altas del valle de Nepeña, estos desarrollos políticos se materializaron en la consolidación de una entidad política compleja y en una fragmentación de las comunidades compi-


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tiendo entre ellas, respectivamente, pero a la vez compartiendo varios aspectos de su cultura, materializados en su cultura material y arquitectura, incluyendo ciertos estilos cerámicos que fueron tradicionalmente identificados como Salinar. En este capítulo se ha revisado el fenómeno Salinar a la luz de los datos del valle de Nepeña. Lo que hace interesante este caso es que es posible una comparación de casos coetáneos y de comunidades que efectivamente estuvieron interactuando pero que desarrollaron diferentes adaptaciones políticas y económicas. Las raíces de estos desarrollos comienzan siglos atrás durante el Formativo Tardío pero se materializaron de manera más clara durante el Formativo Final y el Epiformativo. Planteamos que el concepto de Salinar tiene poco valor heurístico más allá de corresponder a un periodo de transición entre patrones de organización política menos centralizados hacia sistemas más centralizados y jerarquizados. Al nivel arquitectónico se nota el desarrollo de una tradición de columnata interior basada en el centro primario de Caylán con una radiación a sitios de menor importancia en Huambacho, Samanco y Sute Bajo. El arte público de esta tradición está inspirado en el arte del Formativo Medio y Tardío, pero se rechaza la iconografía asociada al culto Chavín. Al nivel de la cultura material, se nota un crecimiento de la variabilidad estilística y una transición de un énfasis en la decoración zonal, circulo-y-punto y líneas bruñidas hacia el uso de pintura blanca sobre fondo rojo y formas modeladas. El crecimiento de los conflictos inter-grupales se nota en la producción de armas de piedras y el desarrollo de asentamientos hacia un carácter defensivo, procesos que están íntimamente ligados a la nucleación de las comunidades en centros grandes en el valle bajo de Nepeña (como Caylán) y en las cimas de los cerros en el valle alto (como Kushipampa). Tomando en cuenta la variedad de manifestaciones culturales que lo caracteriza, el estudio en el futuro de la manifestación Salinar como procesos sociales en marcha durante el Formativo Final y Epiformativo, colaborará en el entendimiento de la complejidad emergente de esta época. Los procesos sociales que se manifestaron durante el periodo Salinar cambiaron el paisaje político de la costa norte, pues a partir de este momento nunca más las comunidades siguieron patrones de integración social y religiosa como ocurrió durante la época Chavín, y más bien aparecieron nuevas formas de integración política y económica con bases claramente ideológicas, conocidas como estados.

Agradecimientos Queremos agradecer a Miłosz Giersz e Iván Ghezzi por la invitación a contribuir a este boletín y su valioso trabajo de edición. También extendemos las gracias al Instituto Nacional de Cultura en Lima y Chimbote por la generosa permisión de excavar en Huambacho,


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Kushipampa y Caylán. Los trabajos de campo y análisis de materiales de Kushipampa fueron posibles gracias al apoyo de la Dirección Académica de Investigación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Las investigaciones en el campo no hubieran sido posibles sin el apoyo de las comunidades de Huambacho el Arenal, Moro, y Nepeña, así como la dedicación de todos los miembros de nuestros equipos de trabajo.

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Los trabajos de campo del Proyecto Santa de la Universidad de Montreal, realizados entre los años 2000 y 2008, permitieron estudiar la cronología y causas de la presencia moche en la parte baja del valle de Santa. Las primeras hipótesis sobre este fenómeno señalaban la conquista militar moche del valle durante la Fase Moche III. Sin embargo nuestros datos indican un control gradual de Santa por los líderes moches, quienes durante dos siglos cohabitaron con una población local culturalmente asociada a la manifestación Gallinazo antes de emprender la reorganización política del valle. Entre los siglos VI y VII d.C. ocurrió una importante migración de pobladores del valle de Moche hacia Santa, evento que transformaría a esta zona en una nueva provincia del estado Moche Sureño. En el siglo VIII d.C. sucedería el abandono de los principales monumentos ceremoniales y administrativos moches en Guadalupito, la capital durante la Fase Moche IV local, momento durante el cual los accesos a los edificios públicos fueron sellados como parte del retiro planificado de la élite dirigente del asentamiento. En base a una serie de fechas radiocarbónicas y evidencias estratigráficas es posible sostener que la presencia moche en Santa perduro por más de cuatro siglos, habiendo experimentado cambios estructurales y distintas estrategias de consolidación política y económica. La expansión meridional moche constituye un notable caso de estudio sobre la formación de los estados andinos prehispánicos, y permite evaluar en un marco diacrónico el desarrollo local y regional de un estado Moche multivalle centralizado en Huacas de Moche. The Lower Santa Valley has been the object by the Université de Montréal Santa Project of extensive fieldwork between 2000 and 2008 to improve our understanding of the Moche presence, its chronology and nature. The conquest theory during the Moche Phase III has not been refuted but replaced by a more gradual appropriation by Moche leaders after two centuries of cohabitation with the local population culturally linked to the Gallinazo culture. Massive migration occurred between AD 500 and 600, indicating major change in the political organization of the valley. The Santa Valley became a new province of the Southern Moche State. The Moche abandonment of the Santa Valley during the VIIIth century is still a mystery but major ceremonial and administrative buildings at Guadalupito, the Moche Phase IV local capital, were sealed giving the impression of a planned departure by the elite. The Moche presence in the Santa Valley, based on radiocarbon dates and stratigraphic evidence, lasted more than four centuries, experimenting structural changes and various political and economic strategies of consolidation. This southward expansion should be regarded as a strong case for the establishment of a Moche multi-valley state with Huacas de Moche as the state capital.

A

partir de los trabajos de Christopher Donnan en la década de 1960 (Donnan 1973) y de David Wilson a fines de la década de 1970 (Wilson 1988), el valle costeño de Santa fue reconocido como uno de los dominios principales de la civilización Moche. Estos investigadores propusieron la conquista del valle santeño por un estado expansionista Moche originario de los valles de Moche y Chicama. Tal visión constituyó un paradigma, que luego sería empleado por otros investigadores para

Claude Chapdelaine ■ Département d’anthropologie Université de Montréal, Canada; correo-e: claude.chapdelaine@umontreal.ca


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Figura 1. Localizaciรณn de los sitios investigados en el valle de Santa.


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apoyar la idea que planteaba que los moches fueron los primeros en constituir una verdadera organización estatal en la costa norte de Perú (Moseley 1992). Con el descubrimiento de las tumbas reales de Sipán en 1987 (Alva 1994; Alva y Donnan 1993) y el consecuente inicio de numerosos proyectos de investigación en los principales centros urbanos moches que revelaron la amplitud de las construcciones monumentales y la sofisticación de la producción artística y tecnológica moche, la hipótesis de una sociedad altamente jerarquizada y centralizada recibió un apoyo significativo. Por otro lado, la percepción de la civilización Moche como una entidad monolítica empezó a ser puesta en cuestionamiento, proponiéndose en adelante una división territorial en dos zonas geográficas separadas por el desierto de Paiján: la esfera sureña, correspondiente inicialmente a los valles de Chicama y Moche, y la esfera norteña, extendida entre los valles de Jequetepeque, Zaña, Reque, La Leche y Alto Piura (Castillo y Uceda 2008). Además de dividir el mundo moche en dos regiones, los investigadores reconocieron de manera general la presencia de un estado Moche sureño, con un centro administrativo primario instalado en Huacas de Moche y en simbiosis con la élite del valle de Chicama concentrada en El Brujo. La naturaleza y amplitud de esta organización estatal moche están aún lejos de obtener una definición consensuada (Quilter y Castillo 2010), pero es innegable que el valle de Santa es uno de los espacios más adecuados para comprender el origen de las organizaciones estatales expansionistas andinas. Con esta perspectiva empezamos en el año 2000 el Proyecto Santa de la Universidad de Montreal (en adelante PSUM). Este programa de investigación presentó dos fases de trabajo de campo. La primera fue desarrollada entre los años 2000 y 2002, y la segunda comprendió el periodo entre los años 2005 y 2008, abarcando un total de seis temporadas de campo. Las dos fases conformaron un solo proyecto a largo plazo, ideado para documentar la ocupación moche en Santa y definir los mecanismos subyacentes de su presencia, como por ejemplo la difusión de rasgos culturales dentro de una vasta red de intercambios implicando a las elites locales o, por el contrario, una conquista territorial acompañada por invasión o migración de colonos moches buscando apropiarse del medio local. Durante la segunda fase del PSUM, y a partir de las interrogantes planteadas por los resultados de la primera etapa de investigación, ensayamos discernir el impacto de la presencia moche sobre las poblaciones locales. Con ese objetivo fueron seleccionados sitios asociados a la cultura Gallinazo. Varias de nuestras propuestas ya han sido publicadas, pero una síntesis completa se halla en preparación y será presentada próximamente en forma de un libro resumiendo las metas y resultados del PSUM. Antes de abordar los temas centrales de nuestro proyecto -la cronología y naturaleza de la ocupación moche, la importancia de sus élites y la relación con la


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poblaciรณn local, los mecanismos de cambio cultural, el apogeo y el final colapso de los moches en Santa- presentaremos una revisiรณn sumaria de las principales publicaciones concernientes al PSUM, sobre las cuales el lector deberรก eventualmente tener conocimiento para comprender nuestras perspectivas sobre la trayectoria de los moches en el valle de Santa.

Figura 2. Plano general del sitio El Castillo de Santa.


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Referencias bibliográficas del PSUM: guía para el lector La primera publicación del PSUM fue un artículo que trata sobre un hallazgo sorprendente en el sitio El Castillo (Figura 1). Se trataba de un tejido decorado que recubría a un infante sepultado en posición extendida sobre el cuerpo de un varón adulto, este último semiflexionado y con el rostro orientado hacia el terreno. El tejido, aunque incompleto, fue de gran calidad y muestra una escena de cosecha de yuca (Chapdelaine y Pimentel 2003). Este descubrimiento permitió subrayar el excelente estado de conservación de los textiles en el valle de Santa, y atrajo la atención a la importancia económica de este cultígeno andino, frecuentemente asociado al camote y al maní. La segunda publicación resumía los trabajos efectuados en un sitio particular, Huaca Chica (Figura 1), en el cual registramos la presencia de la cultura post-moche Tanguche, habiéndose excavado una tumba intacta de esta manifestación arqueológica (Chapdelaine et al. 2004). Sin embargo no se resolvió el problema concerniente a la identidad de los constructores de la muralla perimetral circular del sitio, conformada por dos muros paralelos erigidos con adobes alrededor de una pequeña plataforma situada en la cima de una colina. La presencia moche en el sitio fue comprobada fehacientemente por numerosos fragmentos de cerámica decorada, pero no fue posible atribuir de manera concluyente la construcción del edificio monumental a los moches. Huaca China había sido identificada anteriormente como una construcción fortificada y el único sitio moche con carácter defensivo en el valle de Santa (Wilson 1988). Esta hipótesis no pudo ser comprobada, pero a partir de la naturaleza poco habitual del sitio y el registro de la presencia post-moche fue posible sugerir que la construcción monumental en realidad habría sido erigida durante la ocupación tanguche. En noviembre del 2003, un coloquio organizado por Steve Bourget en la University of Texas en Austin permitió presentar una serie de ideas basadas en los resultados de las primeras campañas. Se abordaron la cronología de las ocupaciones en Santa y el tema de la identidad moche en el ámbito local. La cuestión principal tratada fue ¿hasta qué punto los moches de Santa reprodujeron la cultura de sus valles de origen? Los resultados de nuestros análisis indicaron una fuerte similitud entre la producción artesanal encontrada en asentamientos moches de Santa, principalmente en tres de ellos – El Castillo, Guadalupito y Hacienda San José – y en sitios de valles más norteños, lo cual no elimina la probable emergencia de tendencias estilísticas locales indicando un principio de autonomía política (Chapdelaine 2008). Aunque actualmente no es posible proponer un estilo Moche provincial particular del valle de Santa, la duración de la ocupación moche en Santa, perdurando varios cientos de


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años, y el crecimiento demográfico desarrollado al interior de este valle durante el Periodo Intermedio Temprano y principios del Horizonte Medio, debieron contribuir a la formación de una identidad “santeña”. Serán necesarios numerosos análisis sobre diversos materiales para llegar a conclusiones más firmes. No obstante, es indudable la identidad moche de las élites y de una gran parte de la población que habitaba los centros principales del valle de Santa. En la primavera del año 2004 organizamos un simposio sobre el estado de las investigaciones del PSUM en el marco del congreso anual de la Society for American Archaeology (SAA), desarrollado entonces en Montreal. El tema principal fue el estado Moche sureño. Las presentaciones han sido publicadas en forma electrónica y se encuentran disponibles en la página web de la Universidad de Montreal (Chapdelaine 2004a). Además de la presentación de los diversos investigadores del PSUM, otros colegas participaron en este encuentro: Steve Bourget, quien trató sobre la posición de Huancaco en la organización geopolítica moche, Jean-Francois Millaire sobre el sitio de Huaca Santa Clara, y Donald Proulx sobre la presencia moche en Nepeña, así como los comentaristas Izumi Shimada y Luis Jaime Castillo. Durante la primera fase del PSUM el sitio El Castillo retuvo nuestra atención a lo largo de cada una de las campañas de excavación. Este asentamiento monumental reveló una gran complejidad en el funcionamiento de los sectores investigados, tanto al nivel arquitectónico como en la cultura material (Figura 2). El Castillo permitió iniciar una mejor comprensión de la fecha de arribo de los moches al valle del Santa, la cual se remontó a la fase estilística Moche III. Donnan ya había identificado la presencia de materiales de la Fase III en el sitio a través de cateos y recolecciones de superficie (Donnan 1973). Nosotros deseábamos verificar sí la ocupación moche en el sector norte de El Castillo reposaba sobre los vestigios de una cultura local. En efecto, fue posible alcanzar la capa estéril, una espesa capa de arena, después de haber registrado una docena de pisos e identificado al menos cuatro fases de construcción. En el sector norte los indicios de una presencia gallinazo se limitaron a fragmentos de vasijas domésticas y de textiles (estos evidenciando origen o influencia serrana), pero estuvieron ausentes en forma de vestigios arquitectónicos. Una publicación adicional sobre el sitio El Castillo abordó en síntesis a las tumbas registradas a lo largo de la primera fase del proyecto (Chapdelaine et al. 2005). En este trabajo se describió una serie de entierros documentados en los sectores norte y este del asentamiento y pertenecientes a diferentes estratos de la sociedad Moche local. Dos tumbas pertenecientes a la élite fueron excavadas, pero habían sido previamente saqueadas por huaqueros. Nunca sabremos con certeza que fue extraído por los saqueadores, pero lo hallado, sobre todo fragmentos de cerámica


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pintada y moldeada pertenecientes a numerosas vasijas, es suficiente para tener una idea de la riqueza de estos contextos, al menos dentro de la escala del valle de Santa. Fue en el marco de un encuentro organizado en agosto de 2004 por Dumbarton Oaks en Lima, en colaboración con la Pontificia Universidad Católica del Perú y el Museo Rafael Larco Herrera, que expusimos nuestras perspectivas sobre la organización sociopolítica del estado Moche sureño en el valle de Santa (Chapdelaine 2010a). Se sustentó la tesis de una entidad estatal sureña vigorosa y expansionista que llegó a asumir control directo sobre la población y los recursos del valle de Santa. Se precisó que la ocupación moche es especialmente fuerte en el valle bajo, disminuyendo progresivamente en las secciones media y alta del valle costeño. Propusimos una conquista territorial del valle bajo durante la fase estilística Moche IV y la apropiación del territorio por colonos provenientes de valles al norte, probablemente de Moche y Chicama. Esta colonización estuvo íntimamente asociada a la construcción de un canal de irrigación en el valle adyacente de Lacramarca, permitiendo el establecimiento de diversas aldeas alrededor del sitio Hacienda San José que se extendió a lo largo de un kilómetro junto al borde del canal de irrigación. Este mismo canal proveía de agua al sitio de Huaca San Pedro (Figura 1), una plataforma de adobe que mide 90 m de largo en uno de sus lados. Un edificio público de esta magnitud fue uno de los más importantes construidos por los moches en Santa y ciertamente debió alcanzar una gran relevancia en la expansión moche al sur de este valle. En esa reunión también se expuso que la conquista moche del valle de Santa habría sido efectuada por etapas, y que una complementariedad económica pudo dar origen a la cohabitación de los moches y los gallinazos durante la fase estilística Moche III. Esta conclusión no fue modificada durante los trabajos de la segunda fase del PSUM, lo que permite considerar nuestra posición del 2004 como viable en el presente año, en el cual ha ocurrido la publicación de las actas generadas por la conferencia de Dumbarton Oaks. En el mismo encuentro de Lima se desarrolló otra conferencia organizada por jóvenes investigadores trabajando en diversos proyectos sobre la cultura Moche. Este evento dio lugar a una publicación (Castillo et al. 2008) en la cual tres capítulos emplearon datos del PSUM, presentando temas de gran importancia como la cultura Tanguche y su relación con la presencia moche en Santa (Belisle 2008), la comparación de conjuntos arquitectónicos monumentales en los valles de Moche y Santa (Gamboa 2008), y el estudio de los textiles (Dumais 2008). Un año después del encuentro en Lima se desarrolló en Trujillo la mesa redonda sobre la cultura Gallinazo organizada por Jean-François Millaire. Diversas evidencias de la presencia gallinazo recuperadas en la cima (Sector Alto) y el flanco este de El Castillo (Figura 2) posibilitaron identificar a varias de las tumbas halladas en esos


192

Claude Chapdelaine

sectores como pertenecientes a esta manifestación cultural (Gagné 2009). Una síntesis sobre la presencia gallinazo en El Castillo implicaba sobre todo una reflexión sobre los lazos entre los grupos locales y los moches (Chapdelaine et al. 2009b). Diversos elementos arquitectónicos y de cultura material del sitio, combinados con fechados radiométricos, nos llevaron a proponer la contemporaneidad entre ambas sociedades así como la cohabitación de sus elites sobre el mismo sitio. Esta cohabitación y el probable mantenimiento de una élite gallinazo sobre la cima de El Castillo originó una nueva perspectiva sobre la presencia moche en el valle bajo de Santa durante la fase estilística Moche III, la cual devino en más compleja y menos lineal. La intrusión moche en Santa se habría escalonado a lo largo de varios siglos, permitiéndonos elaborar escenarios complementarios al de una conquista militar total y rápida durante la fase Moche III propuesta por los primeros investigadores de la ocupación moche en este valle. Una publicación adicional resultó de nuestra participación el 2005 en un seminario de la Universidad Nacional Federico Villarreal la cual permitió abordar el rol de la cerámica en la afirmación social moche en Santa (Chapdelaine et al. 2009a). En esta contribución tratamos el problema de la producción masiva de cerámica pintada y moldeada como implemento de propaganda identitaria, así como los resultados del análisis de activación neutrónica ideado para establecer los lazos entre la producción cerámica de los valles de Santa y Moche. Este último estudio nos proveyó de evidencia para sustentar que algunas vasijas recuperadas en Santa pudieron proceder del sitio de Huacas de Moche, confirmando la estrecha relación mantenida a lo largo de varios siglos entre los moches de Santa y los de uno de sus valles de origen. Finalmente, en marzo del 2008 y en el marco de un simposio organizado por Justin Jennings en el congreso de la SAA desarrollado en Vancouver, el PSUM trató el tema de la presencia wari en la costa norte (Chapdelaine 2010b). Los aspectos tocados en esta ocasión fueron la contemporaneidad de la manifestación Wari y la organización estatal Moche sureña, la escasez de indicios de contacto directo entre ambas entidades, y la relativa permeabilidad del valle de Jequetepeque a la influencia de la organización expansionista Wari. En el coloquio de Vancouver también realizamos la presentación de una tumba de élite del Periodo Inicial registrada en el sitio de San Juanito (Figura 1), la cual sería publicada en ese mismo año (Chapdelaine y Pimentel 2008). También se presentó el trabajo de Jonathan Choronzey (2008), quien obtuvo luego su maestría en arqueología (Choronzey 2009) sobre el sitio gallinazo de San Nicolás (Figura 1) en el valle bajo de Santa. Este asentamiento presentó un sector de élite donde se recuperó fragmentos de vasijas con decoración negativa gallinazo en asociación a vasijas


Los moches del Santa, una larga historia

193

típicas de la cultura serrana Recuay. San Nicolás habría sido ocupado al mismo tiempo que los moches se instalaban en El Castillo y todo indica que sus dirigentes no fueron afectados por esta intrusión, conservando sus lazos con los grupos de la sierra. Por otro lado, la constatación de una autonomía de la élite de San Nicolás apoya la hipótesis de una inicial presencia pacífica de los moches, quienes, aunque establecidos en El Castillo, no controlaron los vínculos económicos y políticos de los grupos gallinazos. Más recientemente, un análisis de figurinas recuperadas por el PSUM en los sitios de Guadalupito y El Castillo fue realizado para la tesis de maestría de Erell Hubert, quien ha publicado en francés parte de este estudio en una colección quebequense dedicada a la prehistoria (Hubert 2010). El PSUM se encuentra actualmente en una fase de análisis de gabinete y laboratorio de los vestigios recuperados a lo largo de seis temporadas de campo. El lector ya ha sido puesto al tanto de los datos del PSUM publicados hasta ahora. Será con la comprensión de los lectores interesados que alcanzaremos a presentar la historia de los moches en Santa. Pero antes de pasar a los resultados del PSUM, nos parece oportuno presentar brevemente algunos aspectos de nuestra metodología sobre el terreno y en laboratorio, lo que ilustrará la naturaleza del proyecto, al cual calificaremos de envergadura media desde el punto de vista norteamericano, en tanto cuenta con presupuesto disponible y con el tiempo permitido para intervenciones en el campo durante el transcurso de un año académico.

Metodología Los objetivos de un proyecto arqueológico deben siempre tener en cuenta que la problemática de investigación determina la selección de las estrategias de campo y de laboratorio necesarias para su esclarecimiento. Inicialmente, tuvimos como puntos de ventaja para estudiar la presencia moche en Santa las dos intervenciones previas realizadas en el valle, que permitieron registrar más de 200 sitios atribuidos a la cultura Moche. Adicionalmente, la identificación de sitios moches en Santa ha estado basada sobre una similitud evidente entre sus restos materiales y los de sitios moches en valles localizados al norte, como Huacas de Moche (Donnan 1973; Wilson 1988). Con estas ventajas, empezamos los trabajos de campo en junio del año 2000. El terreno El planteamiento de nuestros objetivos de investigación estuvo basado sobre el conocimiento previo del valle. Antes de empezar las primeras excavaciones dedi-


194

Claude Chapdelaine

camos 3 semanas a inspeccionar los sitios más accesibles del valle bajo de Santa. Ello permitió familiarizarnos con sitios ya conocidos, evaluar su potencial para una excavación, y confirmar su pertenencia a la cultura Moche. En la mayoría de ellos se realizó recolecciones no sistemáticas de cerámica en superficie, privilegiándose la recolección de fragmentos diagnósticos no solo moches sino también de otras manifestaciones para obtener una mejor visión de las ocupaciones presentes. De esta forma se prospectó, examinó y muestreó más de 60 sitios con componentes moches (Figura 1). Este reconocimiento ciertamente confirmó el formidable trabajo de investigación realizado por los proyectos anteriores, aunque también proveyó de sorpresas en el primer sitio seleccionado para la realización de excavaciones extensivas, El Castillo. En efecto, este sitio se reveló como más complejo de lo supuesto y en su cima evidenció una fuerte presencia gallinazo y una ausencia de vestigios moches, abundantes en otras secciones del asentamiento. Al asociar la imponente construcción monumental en la cima de El Castillo a los gallinazos, este sitio devino en un importante centro de esta cultura en el valle bajo de Santa (Chapdelaine et al. 2009b). Nuestros trabajos confirmaron la presencia moche en el flanco norte del sitio, en asociación a una plataforma monumental dotada de pintura mural (lamentablemente deteriorada por su exposición a la intemperie), mientras que sobre la parte baja del flanco este se localizó un patio de 20 por 40 m presentando en la esquina suroeste una pequeña estructura decorada con relieves cruciformes y restos de pinturas murales (Chapdelaine 2010a). Nuestro proyecto privilegió la excavación de los sitios para comprender los procesos socioeconómicos relacionados a la presencia moche en Santa. Nuestras excavaciones fueron las primeras en ser efectuadas en sitios moches de este valle. Fue posible desarrollar temporadas de excavación durante lapsos de dos a tres meses, así como realizar paralelamente trabajos preliminares de gabinete. A lo largo de seis temporadas se trabajó de manera intensiva en cuatro sitios moches (Figura 1): El Castillo (2000 a 2002 y 2005), Hacienda San José (2001), Guadalupito (2002, 2006 y 2008) y G-109 (2008). Recolecciones de superficie y excavaciones de menor envergadura fueron realizadas en otros tres sitios: Huaca China (2000), GUAD-121 (incluyendo PSUM-01, en los años 2000, 2001 y 2005) y GUAD-88 (2002). En relación a los sitios gallinazos, se excavó en tres de ellos: el sector oeste de El Castillo en el año 2005, para confirmar una ocupación anterior a la moche, en el sitio de San Juanito en los años 2005 y 2006, lo que reveló una débil presencia gallinazo frente a una importante ocupación previamente inadvertida del Periodo Inicial, y en el sitio de San Nicolás en el año 2006. Intervenciones relativamente limitadas pero que permitieron la obtención de muestras para datación fueron ejecutadas el 2008 en dos asentamientos gallinazos del valle medio de Santa: LSUCH-103 y LSUCH-121. Estos sitios habían sido identificados por Wilson como pertenecientes a la cultura


Los moches del Santa, una larga historia

195

Gallinazo. Pudimos confirmar esta atribución, con LSUCH-121 presentando también ocupaciones anteriores y posteriores a Gallinazo, mientras que LSUCH-103 probó ser un importante centro local gallinazo, donde futuras excavaciones extensivas permitirán mejorar nuestra comprensión de las relaciones entre los grupos locales y los moches. El PSUM procedió así sobre el terreno, utilizando diversas estrategias pero sobre todo varias escalas de intensidad, lo que permitió excavar y sondear un número importante de sitios. Esta situación fue consecuente con nuestro objetivo primario: comprender la presencia moche en Santa, lo que no hubiera podido ser logrado concentrándose en un único sitio. Por otro lado, las primeras excavaciones en el año 2000 en el sector norte de El Castillo, considerado antes del trabajo de campo como una zona doméstica debido a la fuerte densidad de artefactos en superficie, se apoyaron sobre nuestro conocimiento adquirido en Huacas de Moche, donde dirigí excavaciones en el centro urbano del sitio entre los años 1995 y 2000 (Chapdelaine 2000, 2001, 2002, 2003, 2006, 2009). Partiendo de las experiencias acumuladas previamente, el decapado horizontal realizado para comprender el diseño arquitectónico de los sectores a intervenir fue efectuado en las partes menos afectadas en superficie por los saqueadores. Además de comprender la organización arquitectónica del sector norte de El Castillo (Figura 2) también nos enfocamos en el estudio diacrónico de la ocupación moche. Zonas de superficie limitada, frecuentemente confinadas al interior de ambientes relativamente pequeños, fueron seleccionadas para documentar la sucesión de ocupaciones, registrar artefactos y ecofactos asociados a cada momento ocupacional, y recuperar muestras orgánicas para datación. La estrategia de excavación en El Castillo fue una combinación de dos aproximaciones, horizontal y vertical. El sector este fue investigado en los años 2001 y 2002, la cima del sitio fue excavada en el año 2001, y el sector oeste fue objeto de estudio durante la temporada 2005. En todos los casos se tuvo como meta verificar la secuencia ocupacional, datar la sucesión de pisos, y constituir colecciones procedentes de contextos relativamente intactos e íntegros. Cabe señalar que las áreas excavadas en El Castillo estuvieron asociadas a espacios domésticos, administrativos y religiosos, en el último caso la plataforma moche en el flanco norte y la plataforma con escalinata lateral considerada como gallinazo presente en la cima (Chapdelaine et al. 2009b), así como a sepulturas (Gagné 2009). En el sitio de Guadalupito, las primeras excavaciones fueron realizadas el año 2002 en el sector urbano localizado sobre Cerro Temblador, siguiendo las estrategias ya señaladas (Figura 3). Se trabajo en un conjunto residencial localizado


196

Claude Chapdelaine

Figura 3. Plano general del sector urbano de Guadalupito.

Figura 4. Plano del complejo residencial #1 de Guadalupito.


Los moches del Santa, una larga historia

197

en lo alto del flanco de la colina. Excavaciones selectivas fueron ejecutadas en varios ambientes para comprender la secuencia ocupacional. Este conjunto residencial (Figura 4), al igual que la mayoría de complejos arquitectónicos situados en la ladera del cerro, presentó muros construidos con piedra, indicando para sus ocupantes una posición socioeconómica inferior a la de quienes habitaban en los conjuntos residenciales construidos con adobe en la parte baja de la colina. Dos bloques residenciales pertenecientes a la élite (conjuntos #4 y #5), situados al pie del cerro y frente a la huaca principal del sitio, fueron igualmente expuestos y sondeados. La excavación del sector urbano del año 2002 fue seguida por trabajos en los dos edificios monumentales de Guadalupito. El edificio principal o Huaca Tembladera fue investigado en el año 2006, mientras que la Huaca Chica fue excavada en la temporada 2008. En ambas construcciones (Figuras 5 y 6) la estrategia de excavación fue básicamente vertical, pero decapados horizontales fueron realizados en sectores seleccionados para comprender la organización arquitectónica de estos monumentos.

Figura 5. Plano de la Huaca Tembladera de Guadalupito.


198

Claude Chapdelaine

Figura 6. Plano de la Huaca Chica de Guadalupito.

En resumen se puede hablar de un equilibrio entre excavaciones horizontales para exponer los restos arquitectónicos y excavaciones verticales para comprender la historia del sitio desde la superficie hasta la capa estéril. Las excavaciones verticales han permitido elaborar un programa de datación radiocarbónica, una meta principal del proyecto para emplazar temporalmente a los contextos excavados y poder reconstruir de manera pormenorizada la historia de los moches en el valle de Santa. El gabinete Los trabajos de gabinete y laboratorio han sido intensivos y tuvieron dos objetivos principales: 1) efectuar las tareas relacionadas a la elaboración del informe anual, así como el catalogamiento de materiales, relevamiento planimétrico de sitios, y la organización de los registros efectuados en cada temporada, y 2) realizar análisis de material cerámico en fichas descriptivas, fotos y dibujos, así como proceder al estudio de restos orgánicos, textiles, óseos humanos y animales, metales, etc. La selección de las colecciones a analizar dependió de la condición de los materiales en el terreno. Así cuando un contexto estuvo disturbado solo las piezas cultural y cronológicamente diagnósticas fueron conservadas. Aunque todos los materiales trasladados a laboratorio fueron preservados cuidadosamente, una selección


Los moches del Santa, una larga historia

199

rigurosa se impuso al proceder a su estudio detallado. Varios objetos, sobre todo de cerámica, fueron considerados no analizables luego de su recuperación y catalogamiento. Uno de los objetivos primarios del análisis fue constituir archivos informáticos, utilizando la base de datos Microsoft Access para asegurar la conservación de la información y facilitar su eventual utilización por los investigadores. Al presente, las colecciones cerámicas han sido estudiadas por el autor con la generosa colaboración de Hélène Bernier y Jorge Gamboa, quienes han analizado y dibujado las muestras seleccionadas de cerámica. Los textiles fueron estudiados inicialmente por Delia Aponte con el apoyo de Delicia Regalado, labor que ha continuado con el trabajo de Arabel Fernández y France-Eliane Dumais. Gerard Gagné realizó los estudios de antropología física, siendo asistido por Emilie Desrosiers en el año 2008. Otros estudios sobre los restos orgánicos fueron efectuados por los especialistas del Laboratorio Arqueobios, Víctor Vásquez y Teresa Rosales, quienes fueron apoyados por Marilyn Rheault-Girard entre el 2008 y 2010 en el estudio de los restos faunísticos de Guadalupito. Diversos estudios especializados han sido conducidos sobre muestras procedentes del PSUM. Es oportuno mencionar los análisis fisicoquímicos con ayuda de activación neutrónica conducidos por el doctor Greg Kennedy de la Escuela Politécnica de Montreal, los análisis de pigmentos utilizados en textiles por Nathalie Boucherie con la ayuda de Witold Nowik (Laboratorio de Investigación de Monumentos Históricos de la Universidad Lumiere Lyon 2, Francia), un estudio sobre la genética del maíz por Claudia Grimaldo Giraldo, y un análisis comparativo de estroncio en restos óseos de cuy provenientes de Huacas de Moche y Guadalupito por Kelly Knudson (2009). Muestras de restos óseos humanos procedentes de tumbas gallinazos fueron seleccionadas para análisis de ADN mitocondrial y los resultados fueron provocadores, dado que el grupo gallinazo de Santa no se aparta realmente de los grupos moches con los cuales fue comparado (Shimada et al. 2008). Finalmente, un estudio de isótopos estables de carbono se encuentra en curso para mejorar nuestra comprensión sobre la dieta de los diversos grupos culturales de Santa, incluyendo muestras de las sepulturas de San Juanito del Periodo Inicial y de los individuos gallinazos, moches, tanguches y chimús hallados en diversos sitios. Esta investigación es desarrollada por Emilie Desrosiers del Departamento de Antropología de la Universidad de Montreal para la obtención de su maestría, prevista para el año 2012.

Resultados Sería difícil en el marco de un artículo resumir todos los resultados obtenidos en el curso de seis temporadas de excavaciones, gabinete y laboratorio. El lector in-


200

Claude Chapdelaine Tabla 1. Secuencia cultural de la costa norte del Perú.

Fecha sin calibración

Valle de Lambayeque

Valle de Jequetepeque

Valle de Chicama

Valle de Moche

Valle de Virú

Valle de Santa

<1200 a.P

Sicán / Lambayeque

Transicional

¿Chimú Temprano?

Chimú Temprano

Tomaval

Tanguche

1300-1200 a.P

Moche Tardío/Gallinazo

Moche Tardío

Moche IV/V

Moche IV/V

Moche IV/ ¿V?

Moche IV/V

1500-1300 a.P

Moche Medio

Moche Medio

Moche IV

Moche IV

Moche IV/Gallinazo

Moche IV/Gallinazo

1700-1500 a.P

Moche Medio

Moche Medio

Moche III

Moche III

¿Moche III?/Gallinazo

Moche III/Gallinazo

1900-1700 a.P

Moche Temprano/Gallinazo

Moche Temprano/Gallinazo

Moche I-II/Gallinazo

Moche I-II/Gallinazo

Gallinazo

Gallinazo

2100-1900 a.P

Gallinazo

Gallinazo

Gallinazo

Gallinazo

Gallinazo

Gallinazo

2400-2100 a.P

Salinar ?

Salinar

Salinar

Salinar

Salinar

Salinar

3000-2400 a.P

Cupisnique

Cupisnique

Cupisnique

Cupisnique

Cupisnique

Cupisnique

4000-3000 a.P

Periodo Inicial

Periodo Inicial

Periodo Inicial

Periodo Inicial

Periodo Inicial

Periodo Inicial

Tabla 1. Secuencia cultural de la costa norte del Perú.

teresado en el PSUM puede satisfacer su curiosidad en parte mediante los artículos y capítulos de libros ya publicados. Pero la organización de los resultados más importantes difícilmente puede escapar a la temática de esta contribución. La importancia de la cronología tiene una posición relevante, considerando el número de datos así como su procedencia. Empezaremos esta sección presentando el cuadro general de la historia cultural del valle de Santa elaborado a partir de nuestros datos y de la interpretación de fechas radiocarbónicas, estas últimas en relación a sus contextos estratigráficos y a la cultura material de los sitios investigados (Tabla 1). Cuadro cultural Aunque el objetivo principal del PSUM implicó una fuerte concentración sobre la sociedad Moche, la identificación cultural de otros componentes presentes en los asentamientos estudiados no puede ser dejada de lado, sobre todo sí deseamos arribar a una conclusión holística del fenómeno moche en Santa. El azar nos favoreció en el año 2005, cuando al inicio de la temporada excavamos un sitio del Periodo Inicial mientras buscábamos verificar el potencial de un asentamiento identificado previamente como perteneciente a la cultura Gallinazo. El sitio de San Juanito devino en el primer centro con arquitectura pública indiscutiblemente asociado al Periodo Inicial en el valle de Santa. Este pequeño templo presenta arquitectura única, vinculada a la tradición cultural previamente reconocida en sitios como Huaca Prieta y Cerro Sechín, lo que fue confirmado por tres fechas radiocarbónicas que emplazan su funcionamiento entre 1800 y 1600 a.C. (Chapdelaine y Pimentel 2008). Para el PSUM esté fue el verdadero inicio de nuestra contribución al estudio de la historia cultural de Santa.


Los moches del Santa, una larga historia

201

Por otro lado, no hemos trabajado sobre sitios del Horizonte Temprano, aunque existen centros monumentales de este periodo en las secciones media y alta del valle de Santa (Wilson 1988). Esta parte de la historia del valle de Santa espera aún el inicio de un proyecto dedicado a investigar los sitios monumentales y residenciales de este periodo. La cultura Salinar tampoco fue objeto de estudio, aunque se prospectó dos sitios pertenecientes a esta manifestación cultural. El primer sitio es una extensión de LSUCH-103, donde efectuamos una pequeña recolección de cerámica de superficie, mayormente de bordes. El segundo sitio salinar es un componente identificado por Wilson sobre el sitio LSUCH-121, en donde la ocupación salinar se limitó al flanco de la colina detrás de la planicie donde se concentra la ocupación gallinazo. Es necesario admitir que el PSUM no contribuyó mayormente al mejoramiento del conocimiento en el valle del Santa sobre la cultura Salinar, hasta ahora poco estudiada por los andinistas. La cultura Gallinazo, frecuentemente considerada a partir de las interpretaciones surgidas por los trabajos arqueológicos en el valle de Virú como anterior a la cultura Moche (Bennett 1950; Strong y Evans 1952), fue identificada en Santa mayormente por Wilson (1988), quien denominó a este episodio como Suchimancillo y la dividió en las fases antigua y tardía. No hemos verificado la propuesta de Wilson a partir de nuestras recolecciones de superficie, y es necesario recordar que esa misma propuesta fue criticada por Heidi Fogel (1993) en el marco de su tesis doctoral. Fogel consideró que las fases propuestas por Wilson correspondían en realidad a la última fase de la secuencia establecida por ella misma al estudiar las colecciones procedentes del sitio gallinazo del valle de Virú excavadas por Wendell Bennett. Sin mencionar todos los argumentos recientemente publicados (Chapdelaine et al. 2009b) podemos confirmar, con el apoyo de contextos estratigráficos y fechados radiocarbonicos, que la cultura Gallinazo en Santa es anterior a la Moche y que los sitios Suchimancillo de Wilson constituyeron la población local en el momento de arribo de los moches al valle bajo. Actualmente la naturaleza de la cultura Gallinazo se halla sujeta a debate. Los datos del PSUM apoyan la existencia de esta entidad cultural y política en el ámbito local del valle, habiendo sido reconocida en Santa a partir de varios rasgos culturales concurrentes y predominantes en los sitios o sectores prospectados y/o excavados, como la presencia de edificios públicos elaborados mayormente con adobes exhibiendo marcas de moldes de caña, cerámica decorada con pintura negativa, y cerámica doméstica ocasionalmente decorada con aplicaciones simples, impresiones e incisiones. La cerámica doméstica gallinazo, aunque recuerda a la cerámica doméstica moche, se distingue por la forma más evertida del borde de cántaros y ollas y por una mayor variedad morfológica del labio, frecuentemente engrosado. La variabilidad en calidad


202

Claude Chapdelaine

PSUM Muestra*

Laboratorio** Material

Contexto

2000-EC-01

TO-8967

Carbón

2000-EC-04

TO-8968

Maguey

2000-EC-05

TO-8969

2000-EC-06

TO-8970

2000-EC-07

Fecha BP

Intcal Cal 2 sigma

C#1, R-6, piso #11, B2

2000±90

200 BC-220 AD

C#1, R-1, Piso #5, B2

1240±50 660 AD-895 AD

755 AD-780 AD

Madera contaminada por termites

Carbón

Debajo ultimo piso en B4

2310±140

795 BC-40 BC

520 BC-200 BC

Muestra contaminada?

Caña

Deposito, B4

1540±50

410-635 AD

526-653 AD

TO-8971

Carbón

Terraza Este, C#1, fogón R-1

980±60

975-1190 AD

1015-1217 AD

2001-G-121

TO-9736

Maíz

C#1, piso #2

1210±50

685-900 AD

770-990 AD

MIV, sitio con una cercadura

2001-G-192

TO-9737

Maíz

C#2, piso #2

1540±80

375-655 AD

403-677 AD

MIV, debajo el piso más profundo

2001-G-192

TO-9738

Carbón

C#4, fogon

1360±60

595-775 AD

640-879 AD

MIV, estructura larga

2001-ECA-1

TO-9739

Maíz

Plaza, piso #2

1540±50

410-635 AD

430-595 AD

Contexto Gallinazo

2001-ECA-2

TO-9740

Maíz

Plataforma Este, piso #1

2410±100

800-350 BC

600-390 BC

Contexto Gallinazo

2001-ECA-3

TO-9741

Maíz

Plataforma Oeste, fogón piso #1

1410±50

555-685 AD

596-776 AD

Moche IV, estructura intrusiva

2001-EC-1

TO-9742

Carbón

C#2, fogón sobre piso #8

1480±50

525-655 AD

536-687 AD

Contexto Moche III

2001-EC-2

TO-9743

Maíz

C#2, R-5, piso #11

1600±50

375-565 AD

410-619 AD

Contexto Moche III

2001-EC-3

TO-9744

Maíz

C#2, R-5, piso #1

1420±50

540-685 AD

590-773 AD

Moche III, cerca la surperficie

2002-G-88-1

TO-10579

Carbón

Fogón en el sector central

1250±60

655-895 AD

687-973 AD

MIV, producción de cerámica

C#4, banqueta noroeste

1360±60

595-775 AD

640-879 AD

MIV, ultima remodelación

C#1, R-5, entre pisos #1 - #2

1340±60

635-775 AD

650-883 AD

MIV, ultimo conjunto

C#4, banqueta noroeste

1610±50

320-595 AD

402-612 AD

C#5, R-10, debajo piso #2b

1490±60

425-660 AD

528-688 AD

C#3C, R-2, entre pisos #2 - #3

1390±60

555-720 AD

598-784 AD

MIV, conjunto de alfarero

C#6, R-2a, entre pisos #2 - #3

1350±50

605-775 AD

649-830 AD

Conjunto Sureste

Sector Alto, cerca roca madre

3000±80

1430-1000 BC

1320-1125 BC

2002-G-112-1 TO-10580 2002-G-112-2 TO-10581 2002-G-112-3 TO-10582 2002-G-112-4 TO-10583 2002-G-112-5 TO-10584 2002-G-112-6 TO-10585

Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz Coronta de maíz

2002-ECA-1

TO-10586

2002-ECE-1

TO-10587

2002-ECE-2

TO-10588

2002-ECE-3

TO-10589

2002-ECE-4

TO-10590

2002-ECH-1

TO-10591

2002-ECH-2

TO-10592

2005-EC-1

BGS-2728

Carbón

Conjunto #4

1300±55

BGS-2729

Coronta de Conjunto #4 maíz

1300±65

2005-EC-2

Plaza, F3, entre pisos #3a - #3b

1560±50

400-615 AD

425-540 AD

L5, fogón, entre pisos #5 - #6

1650\50

315-535 AD

375-430 AD

L4, R-1, entre pisos #2 - #3

1580±50

385-600 AD

420-540 AD

Huaca, esquina NE, R-5, entre pisos #1 - #2 Huaca, lado Este, R-5, entre pisos #2 - #3

1530±50 1670±50

542-690 AD

Moche III, techo de un nicho Occupación Tanguche

Moche IV, entre la roca madre y el primer piso Moche IV, debajo primera fase de construcción

Muestra contaminada Contexto Moche III Contexto Gallinazo Contexto Gallinazo Contexto Gallinazo

528-657 AD

Contexto Moche III

335-425 AD

Contexto Moche III

661-894 AD

Contexto Moche IV Contexto Moche IV

540-722 AD

656-899 AD

210-428 AD

408-632 AD

Contexto Moche III

Conjunto #4

1530±45

338-540 AD

530-656 AD

Contexto Moche III

Carbón

Terraza superior, cuadro D-4

1410±50

408-646 AD

596-776 AD

Contexto Moche III/IV

Carbón

Terraza superior, cuadro D

1310±50

539-679 AD

666-884 AD

Contexto Moche III/IV

Carbón

Terraza superior, cuadro D

1320±55

535-680 AD

660-884 AD

Contexto Moche III/IV

Terraza superior, cuadro D-4

1400±50

425-645 AD

598-779 AD

Contexto Moche III/IV

533-660 AD

650-784 AD

541-663 AD

666-868 AD

657-780 AD

757-898 AD

2005-EC-5

BGS-2732

2005-EC-6

BGS-2733

2005-EC-7

BGS-2734

2005-EC-8

BGS-2735

Carbón

BGS-2808

1350±45 Huaca Tembladera, esquina Carbón suroeste, entre pisos #4-#5 1320±40 Huaca Tembladera, conjunto Carbón noreste, entre pisos #5-#6 Coronta de Huaca Tembladera, conjunto oeste, 1260±40 maíz R-2 sobre piso #1

BGS-2810

240-470 AD

Possible efecto de vieja madera

1600±55

2005-EC-4

2006-G-111-3

415-640 AD

Comentarios

Conjunto #4

BGS-2731

2006-G-111-2

501-643 AD

1560±50

BGS-2730

BGS-2809

95 BC-80 AD

J5, R-7, entre pisos #3 - #4

2005-EC-3

2006-G-111-1

400-615 AD

Hemisperio Sur Cal 2 sigma

Carbón Carbón

Contexto Moche IV Contexto Moche IV Contexto Moche IV

Tabla 2. Fechas radiocarbónicas del PSUM (2000-2006). *EC= El Castillo Terraza Norte; ECE= El Castillo Terraza Este; ECA= El Castillo Sector Alto; ECH= El Castillo Huaca Moche en Terraza Norte; G-112= Sector urbano de Guadalupito; G-111= Huaca Tembladera de Guadalupito; G-121= Guad-121; G-88= Guad-88. **TO= Isotrace, University of Toronto; BGS=Brock University, St-Catherines, Ontario.


Los moches del Santa, una larga historia

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de pastas y acabado de esta cerámica doméstica gallinazo es mayor a la presente en vasijas moches. El color de las vasijas domésticas gallinazo es marrón, mientras que el color rojo es más frecuente en vasijas domésticas moches. Proponemos para el valle del Santa una producción de cerámica doméstica gallinazo distintiva de la cerámica doméstica moche, y aunque reconocemos que esta propuesta se encuentra aún sujeta a los análisis de materiales cerámicos no decorados, es conveniente recalcar que los sitios gallinazos presentan la variedad señalada de vasijas domésticas al tiempo que carecían totalmente o presentaban escasa cerámica pintada y moldeada moche. La fuerte presencia de la cultura Gallinazo en el valle de Santa y su probable expansión demográfica deben hallarse relacionadas al mejoramiento de los canales de irrigación para la ampliación de la frontera agrícola. Las contribuciones del PSUM sobre la manifestación gallinazo han sido enfocadas en medir la duración prolongada de esta cultura, que cohabitó con los moches por un tiempo mayor al previsto. Esta propuesta está apoyada en contextos estratigráficos registrados en la cima y el flanco este de El Castillo y en fechados radiocarbónicos (Tabla 2). Actualmente no es posible sustentar la tesis anterior que favorecía una rápida conquista del valle de Santa por los moches (Wilson 1988). El mantenimiento de la población local gallinazo y de sus élites implica interacciones menos coercitivas con los moches, cuya integración con las sociedades locales pudo ser conveniente para sus propias necesidades económicas, factiblemente vinculadas a presiones internas afectando las condiciones de vida en el valle de Moche entre 300 y 500 a.C. La cohabitación de los gallinazos y los moches en el cerro donde se localiza El Castillo ocupa el núcleo de esta nueva propuesta, y la relación entre ambas élites parece haberse mantenido durante la mayor parte de la ocupación moche en este sitio, prolongándose por al menos 150 años. Señales de violencia han sido identificadas en un pequeño cementerio situado en una terraza adyacente al lado este de la cima del cerro. Se trató de ocho mujeres, con edades variando entre la adolescencia y más de 50 años (Gagné 2009). La mayoría de cuerpos fue depositado en un pozo sin ofrendas, y una de estas mujeres presentó huellas de corte en las vértebras cervicales, implicando su factible degollamiento y sacrificio. ¿Quiénes fueron los responsables de este ritual? Existen escasos indicios de ocupación moche en las terrazas altas del flanco este y en la cima del cerro, y todo tiende a indicar que los responsables de estas inhumaciones sencillas fueron pobladores gallinazos. Estos rituales pueden testimoniar un clima de creciente conflicto al interior de la comunidad local. El sitio El Castillo empezó a declinar, aunque jamás fue abandonado completamente, en relación al inicio de la construcción de una nueva capital en Guadalupito. Este cambio parece coincidir con el paso de la fase estilística Moche III


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Claude Chapdelaine

a la fase Moche IV, que sucedió durante el periodo de 450 a 500 d.C. tras lo cual la política moche en el valle del Santa alcanzó un mayor impacto. Al crear un nuevo centro primario local los dirigentes moches se distanciaron de las élites locales. Para responder a situaciones originadas en el valle de Moche, millares de inmigrantes debieron converger en Santa, apropiándose de nuevos terrenos agrícolas en el valle bajo y ampliando la frontera agrícola al extender los canales existentes, además de construir nuevos canales en el sector Lacramarca. El escenario de una invasión moche en el valle bajo de Santa entre 500 y 600 d.C. pudo implicar una reubicación de la población gallinazo en las partes media y alta del valle. Los trabajos de Wilson en esas secciones indicaban una fuerte presencia de sitios gallinazos. Nuestros propios trabajos en estas secciones han sido demasiado limitados y breves para confirmar la hipótesis sobre el movimiento poblacional gallinazo al interior del valle. Podemos no obstante presentar los datos de la intervención reciente en el sitio monumental LSUCH-103 (Figura 7). LSUCH-103 es un

Figura 7. Plataforma con adobes planos del sitio Gallinazo LSUCH-103.


Los moches del Santa, una larga historia

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amplio asentamiento que se extiende a lo largo de un kilómetro clasificado por Wilson (1988) como uno de los principales centros locales gallinazo. Wilson consideró para este sitio una alta densidad demográfica y un carácter jefatural. Nuestros trabajos permitieron reconocer la existencia de un conjunto de terrazas y de una estructura imponente elaborada con piedra que domina el sitio y que podría tratarse de una residencia de elite. Las recolecciones de superficie alrededor de estas estructuras y en las numerosas terrazas del sitio produjeron exclusivamente materiales que pueden ser clasificados como gallinazo. Al oeste se localiza una plataforma monumental de adobe que constituye la única edificación pública del sitio erigida con esos materiales. La recolección de materiales en esta plataforma produjo únicamente materiales gallinazo. Por otro lado, esta estructura fue erigida con adobes elaborados en moldes planos. Planteamos que este edificio data del tiempo de la ocupación Moche IV en el valle bajo, y que su estudio proveerá de valiosas evidencias sobre la influencia Moche IV en las élites gallinazos del valle medio-alto de Santa. Por el momento no existen muchos datos sobre el mantenimiento de las entidades gallinazos con posterioridad a la disolución de la provincia Moche IV de Santa y de la organización estatal Moche del sur. No obstante, la existencia de diversas afinidades en la cultura material de la sociedad Gallinazo y de la manifestación Tanguche del Horizonte Medio nos permite sugerir de manera preliminar la hipótesis de una continuidad cultural y biológica entre los gallinazos y los tanguches, lo cual deberá ser examinado conforme aumenten los datos sobre las ocupaciones en Santa entre 500 y 900 d.C. El PSUM ha permitido un mejor conocimiento de la manifestación moche en Santa, lo cual constituyó la razón del proyecto. De manera general, podemos afirmar que la llegada de los moches a Santa coincidió con la fase estilística Moche III. En distintos sitios, pero especialmente en El Castillo se identificaron botellas de asa estribo presentando una forma temprana (labio con reborde) y una forma tardía (borde ligeramente evertido), dos formas asociadas a la fase Moche III y que apoyan los fechados radiocarbónicos de niveles asociados con este tipo de cerámica. La fase estilística Moche III se remonta al siglo IV d.C. y perduró al menos durante los siguientes 200 años. La fase estilística Moche IV es definitivamente la mejor representada y la más conspicua en los sitios de Santa. A similitud de lo que sucede en el sitio Huacas de Moche y en base a fechas radiocarbónicas, la duración de esta fase parece mucho más larga de lo previsto. He sugerido en otra parte (Chapdelaine 2010b) que esta prolongada fase debe ser dividida en dos sub-fases, IVa y IVb, considerando para ambas una fuerte continuidad cultural y facilitando la comparación con la esfera norte del mundo Moche (Tabla 3).


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Claude Chapdelaine

Tabla 3. Secuencia cultural comparativa de las esferas norte y sur del mundo moche. Fechas radiocarbónicas* 800-¿? d.C. 600-800 d.C. 500-600 d.C. 300-500 d.C. 200-300 d.C. 100-200 d.C.

Esfera Norte (Valles de Lambayeque y Jequetepeque) Transicional Moche Tardío Moche Medio Moche Medio Moche Temprano Moche Temprano

Esfera Sur (Valles de Chicama, Moche, Virú y Santa) Pre-Chimú/Casma Moche fase IVB y V Moche fase IVA Moche fase III Moche fase II Moche fase I

Tabla Secuencia comparativa de las esferas norte y sur mundosur, moche. mayoría de * La 3.mayoría decultural las fechas radiocarbónicas provienen de del la esfera y las*Lacinco fases las fechas radiocarbónicas provienen de la esfera sur, y las cinco fases establecidas por Larco para el establecidas por Larco para el sur del mundo moche son relacionadas con el sistema sur del mundo moche son relacionadas con el sistema prevalente de la esfera norte.

prevalente de la esfera norte.

La cerámica Moche V es sumamente escasa en los sitios de Santa, lo cual está relacionado a la ausencia de cualquier evidencia de un centro administrativo con cerámica Moche V conocido para este valle. Es importante resaltar que varios sitios con cerámica Moche IV recientemente datados han probado su contemporaneidad con asentamientos Moche V (Lockard 2008, 2009 para el sitio de Galindo en el valle de Moche). La fase Moche IV se extendió aproximadamente entre 500 y 800 d.C. Habiendo discutido previamente sobre los sitios monumentales de El Castillo y Guadalupito, se hace necesario resaltar las contribuciones de otros sitios significativos: GUAD-121 y Hacienda San José (GUAD-192). El primero es una cercadura de grandes dimensiones (Figura 8), situada en proximidad a un cementerio con materiales moches y tanguches. En ambos espacios la presencia moche es mayoritaria. A partir de las características de los materiales recolectados en superficie o procedentes de nuestras excavaciones de prueba, la cercadura ha probado ser una edificación moche, contándose con una fecha radiocarbónica que sitúa el funcionamiento del asentamiento en el siglo VIII d.C. (Tabla 2). Este sitio tuvo un carácter estratégico ya que habría permitido controlar una de las secciones principales de la red de canales ubicados al sur de El Castillo (Gamboa 2008). En el sitio Hacienda San José se excavaron varios complejos residenciales (Figura 9), confirmando su ocupación durante la fase estilística Moche IV (con un fechado radiocarbónico comparable al de la cercadura en GUAD-121 (Tabla 2), lo que significaría una ocupación moche del sector Lacramarca prolongándose hasta el siglo VIII d.C. El PSUM ha confirmado la prolongada duración de la presencia moche en el valle de Santa, entre circa 300 a 800 d.C. Esto implica una historia larga y compleja que debe ser articulada con otros datos disponibles para establecer un escenario explicativo de la presencia moche en las diversas secciones del valle de Santa. Aún no hemos tocado el tema del colapso de la cultura Moche en este valle pero, a partir de


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los trabajos de Wilson, conocemos que la manifestación tanguche ocupó el valle durante la mayor parte del Horizonte Medio. Este autor también propuso una división de la ocupación tanguche en fases temprana y tardía. Se propuso asimismo que esta integró una comunidad de entidades sociopolíticas contemporáneas, con un centro regional en el valle de Casma. Gracias a los trabajos de Wilson (1988) conocemos que los tanguches erigieron en Santa una capital local en el sitio de Huaca Jedionda. Las evidencias materiales de la manifestación tanguche suelen aparecer en sitios moches, y postulamos que los tanguches fueron contemporáneos con los últimos grupos moches en Santa, deviniendo en sus sucesores en el dominio del valle bajo. Ciertas formas particulares de cerámica doméstica son atribuibles claramente a los

Figura 8. Plano de la cercadura del sitio Guad-121.


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Claude Chapdelaine

tanguches al igual que las vasijas decoradas con pintura tricolor y diseños moldeados o impresos (Figura 10). Los vestigios cerámicos tanguches son por lo tanto fáciles de identificar en relación a los de la manifestación moche. Nuestra principal contribución respecto a la sociedad Tanguche fue la excavación de un complejo residencial situado en una terraza intermedia del flanco este de El Castillo. Allí se excavaron numerosas partes de vasijas asociadas a una fecha radiocarbónica tardía (Belisle 2008). El sitio El Castillo debió ser reocupado por grupos tanguches, especialmente con fines residenciales, siendo posible que el asen-

Figura 9. Plano del sector residencial #4 de Hacienda San José.


Los moches del Santa, una larga historia

Figura 10. Vasija decorada tĂ­pica de la cultura Tanguche del sitio Guad-85.

Figura 11. Plano general del sitio Donnan-89 (D-89).

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tamiento hubiera perdido su prestigio por entonces. Los datos provenientes de Guadalupito también evocan la falta de interés de la élite tanguche por el valle bajo de Santa. En otras secciones del valle, dos sitios monumentales anteriormente considerados como moches, Huaca China y Huaca Ursias (GUAD-128 en la Figura 1) pueden corresponder al periodo de ocupación tanguche, pero esta posibilidad deberá

Figura 12. Vasijas pequeñas del estilo Chimú-Inca del sitio D-89.


Los moches del Santa, una larga historia

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ser verificada mediante futuras excavaciones. Esta manifestación cultural deberá ser objeto de estudios substanciales para eventualmente comprender su emergencia, funcionamiento y colapso. La riqueza de datos disponibles sobre el terreno es innegable, y un proyecto se hace necesario para inscribir de forma adecuada a la cultura Tanguche en la historia cultural de la costa norte peruana (Conlee et al. 2004). Las contribuciones del PSUM al estudio de la ocupación chimú en Santa se limitaron al hallazgo en Guadalupito de tres entierros identificados como chimús a partir de las características de sus ofrendas, y al registro en otros sitios moches de fragmentos de cerámica característica de esta manifestación. En el caso de la manifestación chimú-inca, un sitio identificado por Donnan como moche reveló una notable sorpresa. El estudio de una pequeña estructura pública en el sitio D-89 (Figura 1) permitió recuperar un conjunto de vasijas y de fragmentos de cerámica con características influenciadas por la cultura Inca (Figuras 11 y 12). Este hallazgo ha sido el único que ha permitido al proyecto tocar el final del Periodo Intermedio Tardío y el Horizonte Tardío. En resumen, los trabajos del PSUM permitieron documentar el primer sitio del Periodo Inicial en el valle bajo de Santa (San Juanito), excavar un sitio con carácter mayormente gallinazo (San Nicolás), excavar dos sitios moches principales en el valle bajo (El Castillo y Guadalupito) además de otros asentamientos menores moches (Huaca China, Hacienda San José, GUAD-88 y GUAD-121), y documentar un complejo doméstico tanguche en el flanco sur de El Castillo, así como tener una primera aproximación al panorama del valle de Santa luego del colapso de los centros moches. Cronología La investigación arqueológica moderna implica el control del factor temporal. La evolución de la cerámica decorada y los contextos estratigráficos han permitido crear un primer orden general útil para evaluar la historia cultural del valle de Santa. El estudio de elementos diagnósticos, frecuentemente identificados en la cerámica, pero también presentes en otros objetos materiales como piedra, hueso, metales y madera, frecuentemente vinculados a símbolos y motivos iconográficos característicos de la ideología moche, ha facilitado controlar esta secuencia relativa. Por ello, el método de fechado radiométrico, que recae sobre los principios de la física nuclear, puede ser adecuadamente interpretado en función de la calidad de las asociaciones entre la muestra fechada y el contexto del cual procede. Este ejercicio es efectuado bajo la certeza que la muestra no fue contaminada durante su extracción del suelo. La interpretación de una fecha radiocarbónica presenta sus propias


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dificultades. En primer lugar, la fecha obtenida presenta un margen de error en el cual otros resultados intervienen en la proyección estadística. Este margen de error o desviación estándar ocurre sobre la fecha promedio que resume los resultados. Es erróneo creer que una fecha de 1500±50 a.P. no calibrada equivale a una fecha de 1500 años no calibrada antes de 1950. La fecha obtenida es un intervalo con una posibilidad del 68 % a un sigma y de 95 % a dos sigmas, siendo así que la fecha se sitúa entre 1450 y 1550 a.P. La calibración es efectuada para tratar otra imprecisión reconocida en fechas radiocarbónicas obtenidas sobre muestras de madera de edad conocida con ayuda de estudios dendrocronológicos. A este nuevo cálculo realizado por especialistas deben adjuntarse las oscilaciones en la producción de carbono ocurridos a través del tiempo. Esto significa que un año carbónico no es equivalente a un año solar y que la calibración de las fechas radiométricas en años calendáricos aumentará el intervalo del tiempo y por consecuencia del método. Reconociendo los puntos arriba señalados, en el contexto del valle de Santa así como en Huacas de Moche hemos privilegiado la datación de contextos íntegros como un complemento inherente a la elaboración de columnas estratigráficas y secuencias ocupacionales. Cuando el contexto lo permitió, la coherencia de las fechas confirmó la selección de muestras de una misma unidad de excavación en dos niveles diferentes, complementando la información proporcionada por la estratigrafía para las ocupaciones más antiguas y más recientes. Debe indicarse que a pesar del costo de los fechados radiocarbónicos, a mayor cantidad de datos obtenidos por este método podemos intentar con mayor certeza una aproximación a los eventos, siempre privilegiando los intervalos de tiempo y no una fecha precisa. Los fechados radiométricos no son una solución universal, y no deben ser utilizados como los únicos medios para medir la duración de una manifestación arqueológica y de la ocupación de un sitio. Deben integrarse a otras fuentes de información para alcanzar una interpretación coherente, labor que deseamos tratar en extenso en nuestra futura publicación sobre los resultados del trabajo en Santa, donde presentaremos ampliamente las dificultades y beneficios del uso de esta estrategia. Al principio ensayamos comprender las fechas en años carbónicos y compararlos con los de otros valles. Se trata de una primera etapa que minimiza los efectos de la calibración que producirá intervalos en función al error estándar y a la tabla de conversión utilizada. La calibración radiocarbónica para fechas del Hemisferio Meridional parece atribuir frecuentemente edades más recientes a las fechas obtenidas en América del Sur (Chapdelaine 2010b), lo que amerita prudencia al utilizar dicha medida de conversión de años carbónicos en años solares.


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La fecha de arribo de los moches al valle de Santa está en principio basada en la presencia de numerosas vasijas moldeadas y pintadas típicas de la fase estilística Moche III. Se puede estimar que la ausencia de vasijas de fases más antiguas indica que los moches no se originaron en Santa sino que llegaron de valles al norte durante el tiempo de producción de vasijas Moche III. Las fechas radiométricas pueden contribuir a precisar este evento. Es interesante observar que las fechas más tempranas de la fase Moche III en Santa son bastante similares a las obtenidas en Huacas de Moche (Chapdelaine et al. 2001) y que fechas entre 1680 y 1500 a.P. no calibradas son las más recurrentes. Proponemos una intrusión de los moches en el valle de Santa durante este periodo de tiempo, y que una llegada entre los años 300 y 350 d.C. es bastante probable. Numerosas fechas radiocarbónicas que se escalan entre 1680 y 1500 a.P. se asocian a la cultura material de la fase Moche III a través de la sucesión de pisos de la terraza norte y la terraza baja del flanco este de El Castillo. Estas ocupaciones constituyeron sin duda una ocupación continua Moche III. Los sitios de la fase Moche III son escasos en el valle de Santa. Dos factores pueden explicar esta situación. Primero, los elementos diagnósticos de la Fase III son poco numerosos, tratándose esencialmente de botellas de asa estribo y de un conjunto de diseños y técnicas de pintura cerámica en línea fina. En segundo lugar, la ocupación Moche IV siendo más tardía y más extensiva, recubriría a sitios ocupados anteriormente por los moches de la fase estilística III. A pesar de estos factores, es posible que la presencia inicial moche fuera poco importante en el plano demográfico. Los sitios moches de esta fase son escasos y la existencia de una población reducida asentada en y alrededor de El Castillo constituye por ahora una hipótesis evaluable para el valle bajo de Santa, donde ese asentamiento constituyó a la vez el principal centro demográfico y la capital de esta población. Es muy probable que la ocupación moche en El Castillo refleje una presencia orientada a metas económicas antes que hegemónicas. El paso de la fase estilística Moche III a Moche IV constituye una ruptura visible en los datos acumulados por el PSUM. La cerámica identificada como Moche IV es hallada en la mayoría de sitios inventariados por Donnan (1973), Wilson (1988) y el PSUM. Debe mencionarse la relación entre estos sitios moches y la ampliación de los canales existentes, así como la construcción del canal Lacramarca en la parte suroeste de Santa. Este canal permitió establecer decenas de aldeas, varios cementerios y un centro secundario importante, Huaca San Pedro, para el cual no existe información evaluable, salvo por las menciones de Wilson sobre un lado intacto de la plataforma y por el registro de vasijas Moche IV por el Instituto Nacional de Cultura de Chimbote (Figura 13). Es necesario resaltar que la mayoría de sitios de Lacramarca fueron registrados por Wilson, quien no halló un solo sitio con componentes gallinazos. Nuestros


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Claude Chapdelaine

trabajos, con la identificación de nuevos sitios, incluyendo uno con una plataforma pequeña, confirman los resultados del reconocimiento previo y por lo mismo sustentan nuestras conclusiones de la conquista del desierto de Lacramarca como una solución ideada por los moches durante el transcurso de la fase estilística Moche IV para dar cabida a nuevos colonos. Esta migración habría sido dirigida desde un nuevo centro establecido en Guadalupito, que reemplazó a El Castillo como centro administrativo y demográfico principal. A pesar de la presencia esporádica de cerámica Moche III, Guadalupito es ante todo un sitio de la fase Moche IV, lo que se apoya en fechados radiocarbonicos concentrados entre 1490 y 1300 a.P. (Tabla 2). En resumen, la fase estilística Moche IV de Santa corresponde a una ruptura con la fase precedente. Además de construir una nueva capital en Guadalupito siguiendo el modelo clásico de dos huacas asociadas a conjuntos residenciales, el número total de sitios moches, la extensión de la red de irrigación, la expansión demográfica en Lacramarca, y la construcción de un centro ceremonial secundario en Huaca San Pedro, son elementos novedosos que convergieron en una ocupación hegemónica del valle bajo y que evidencian una nueva relación con la población local. Una fuerte inmigración de colonos moches en Lacramarca y alrededor de Guadalupito y El Castillo debió implicar un cambio político mayor. Creemos que este cambio ocasionó la integración del valle de Santa, específicamente el valle bajo con repercusiones menores en el valle medio, en el estado Moche del sur, originando el desplazamiento de las poblaciones locales y sus élites hacia el valle medio y alto del Santa. En esta perspectiva, el reemplazo de la élite local por aquella procedente del norte pudo ser facilitado por la familiaridad adquirida con el trascurso del tiempo, lo que también pudo ser marcado por mejoramientos en las condiciones de vida para ambos grupos. El cambio de política del estado Moche debió forzosamente estar relacionado a dificultades internas, posiblemente vinculadas a una sobreexplotación del valle de Moche y a daños producidos por fenómenos El Niño (Chapdelaine 2010a), problemas que entre 500 y 600 d.C. (Shimada et al. 1991) pudieron forzar a las élites de Huacas de Moche a hallar soluciones en las regiones del sur, eligiendo para este fin al valle de Santa, donde una avanzada económica había sido establecida generaciones atrás. Este dominio del valle bajo de Santa no parece haber sido realizado mediante grandes enfrentamientos bélicos, sino sobre todo por un reemplazo gradual de las élites locales, y por un desplazamiento de la población para dar cabida a nuevos pobladores moches. La amplitud de esta migración es visible en el sector Lacramarca, donde se establecieron millares de colonos. Ellos fueron los primeros en explotar esta sección del valle bajo de Santa. El sector Lacramarca ilustra bien la severidad del problema interno del estado Moche del sur, pero también nos muestra la capacidad de los dirigentes de un estado expansionista. Por otro lado, la presencia moche


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Figura 13. Vasijas Moche IV del sector de Huaca San Pedro.

en Santa durante la fase estilística Moche IV fue en los planos temporal y cultural (arquitectura, artefactos e ideología) una impresionante duplicación del estilo de vida de los moches en la capital de Huacas de Moche, indicando el mantenimiento de lazos vigorosos y constantes concluyendo en una verdadera integración. El valle bajo de Santa fue durante varias generaciones una provincia política y económica del estado Moche sureño. El colapso de los moches en Santa El colapso de la civilización Moche en Santa constituye el último punto a tratar en el marco de este capítulo. Las fuertes semejanzas estilísticas, arquitectónicas e ideológicas


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entre los moches de Santa y los de la capital en el valle de Moche nos motivan a creer en una relación continua y eficiente entre la capital y su provincia meridional. Se puede proponer entre ambos valles una migración circular, favoreciendo el mantenimiento de los lazos étnicos y la movilización interregional de los individuos. A lo largo de los siglos de ocupación del valle bajo de Santa -al igual de lo que sucedió a escala mayor en las zonas de dominio Inca en Ecuador o en los virreinatos españoles en América Latina entre los siglos XVIII y XIX- habría ocurrido en esta zona el nacimiento de una identidad con carácter provincial. Es muy probable que los colonos moches en Santa devinieran en santeños, al igual que las poblaciones gallinazos asimiladas. Los datos del PSUM muestran elocuentemente una ocupación hegemónica del valle bajo de Santa por los moches, pero también que estos últimos mantuvieron lazos directos con sus lugares de origen. La ruptura política señalada previamente habría sido planeada y ejecutada por la nobleza de Huacas de Moche y no por los dirigentes de Guadalupito o El Castillo. La estructura jerárquica desarrollada por los moches en Guadalupito nos lleva también a tratar sobre el colapso y el abandono de Santa por los moches en el plano de la historia de la élite local moche. Esta última debió hallarse subordinada a las élites de Huacas de Moche, a la cual habría dirigido sus excedentes productivos, lo cual implicó para los moches de Santa un destino inexorablemente ligado a aquel de los moches en la capital estatal. Una de las principales contribuciones del programa de datación del PSUM es haber fechado varios sitios de la fase Moche IV (principalmente Guadalupito) y haber confirmado la similar duración de esta fase con la del sitio de Huacas de Moche (Chapdelaine 2002, 2003, 2008, 2009; Uceda et al. 2008). La ocupación de la capital Huacas de Moche y la capital regional de Guadalupito se prolongó hasta el octavo siglo d.C. Esta conclusión debe ser contrastada con la hipótesis propuesta por Santiago Uceda sobre que la pérdida del valle de Santa pudo precipitar la caída del estado Moche del sur y su capital (Chapdelaine 2011; Uceda 2008:119, 2010). Es muy probable, a la luz de los datos arqueológicos y radiométricos, que el destino de ambos valles estuvo ligado hasta el siglo octavo d.C. y que su caída fue probablemente rápida, sincrónica y estrechamente vinculada. Los trabajos recientes e inéditos sobre las huacas de Guadalupito en 2006 y 2008 nos permiten abordar el tema del abandono por los moches del valle de Santa, un evento que ocurrió en el Horizonte Medio (Chapdelaine 2010b), y no a fines del Periodo Intermedio Temprano. En los dos edificios platafórmicos de Guadalupito, Huaca Tembladera y Huaca Chica (Figura 14) se ha registrado comportamientos similares que pueden ser atri-


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Figura 14. Las huacas Guadalupito, Tembladera y Chica.

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Claude Chapdelaine

Figura 15. La rampa monumental del frontis norte de Huaca Tembladera (y depรณsitos).


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buidos al abandono de las estructuras públicas y ceremoniales. Ambas estructuras compartían varios elementos arquitectónicos. En primer lugar, fueron erigidos sobre afloramientos rocosos, lo cual disminuyó la inversión en materiales constructivos y en tiempo y habría permitido acelerar la construcción de estos edificios públicos recubriendo los afloramientos rocosos. En segundo lugar, las fases de construcción de cada edificio no fueron numerosas, e incluyeron a dos fases principales y a diversas remodelaciones menores. En ambas edificaciones el nivel estéril fue hallado relativamente a poca profundidad. En tercer lugar, las dos plataformas no testimonian cambios arquitectónicos implicando el recubrimiento de un edificio temprano por uno nuevo, como sucedió frecuentemente en Huaca de la Luna (Uceda 2010; Uceda y Tufinio 2003). En Guadalupito parece haber ocurrido una mayor estabilidad en el diseño de los edificios, y por extensión del poder político e ideológico de sus ocupantes, una vez que la primera fase de construcción estuvo terminada. Huaca Tembladera, de mayores dimensiones y complejidad arquitectónica a Huaca Chica y aparentemente más temprana, fue modificada substancialmente en la fachada norte, donde se halla la rampa principal de acceso, la cual fue monumental y comparable en magnitud a la de la Plataforma 1 de Huaca de la Luna (Figura 15a). Durante la última fase constructiva de esta fachada, además de las modificaciones ejecutadas en la rampa monumental se añadieron una serie de depósitos rectangulares (Figura 15b), que señalan el carácter administrativo y económico impuesto a la fachada del edificio. La organización de las dos huacas de Guadalupito correspondió a sus distintas funciones, posiblemente a semejanza de las Huacas del Sol y de la Luna en Huacas de Moche. Estas edificaciones también nos brindaron información sobre un comportamiento relacionado directamente al abandono de las estructuras. Vanos de acceso y corredores fueron intencionalmente bloqueados mediante muros rápidamente elaborados, de fácil detección en las plantas arquitectónicas. En Huaca Tembladera dos de estos casos fueron documentados. En el primero, se trató del acceso entre la cima y la terraza adyacente al oeste, donde una rampa de dos metros de ancho fue completamente bloqueada con un muro de adobes (Figura 16). El cierre de una entrada que permitía ingresar directamente al “tablado” de la esquina noroeste de la cima desde la fachada norte constituye el segundo caso. Este tablado con tres niveles, de tamaño mediano y mal conservado (Figura 17), fue el espacio más elevado de la cima y posiblemente fue el escenario principal de la misma en los planos ideológico y político, siendo posible que en su cúspide se hubiera localizado el trono o asiento del líder principal de la capital regional. En la fachada norte también se hallaron indicios menos visibles de accesos bloqueados para la modificación de la circulación entre sus terrazas y la fachada oeste, aunque las diversas modificaciones arquitectónicas y el saqueo de las estructuras hacen difícil evaluar esa sección del edificio.


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Figura 16. La rampa sellada y el tablado de Huaca Tembladera.


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Figura 17. El tablado de Huaca Tembladera.

Figura 18. El patio hundido de Huaca Chica.

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Figura 19. Los vanos de acceso sellados del patio hundido de Huaca Chica.

En Huaca Chica se excavó la esquina noroeste, que antes del inicio de los trabajos mostraba una depresión cuadrangular a modo de patio hundido. Las excavaciones confirmaron que esta estructura formó parte de una extensa terraza adosada a la cima del edificio (Figura 18), formando un ambiente de 15,40 m por 14,30 m delimitado por gruesos muros y por terrazas, y dotado de cuatro accesos los cuales reflejan una serie de transformaciones. Estas entradas fueron selladas en distintos momentos de la utilización del patio, pero el último de estos eventos fue remarcable. Se trató del cierre con adobes de la entrada principal situado en la esquina noroeste del patio (Figura 19). Esta entrada tenía 1,90 m de ancho y adquiría la forma de una rampa que descendía al norte y luego giraba en ángulo recto al oeste, siendo una rampa “empotrada” en la terraza soportando al patio. El fino acabado original de este patio nos conduce a pensar que jugó un rol importante en la vida ceremonial de Huaca Chica antes de su abandono. Es evidente que ambos edificios ceremoniales fueron cerrados intencionalmente por las élites a cargo de los rituales y ceremonias que allí se desarrollaban. Es posible plantear que la clausura de los accesos fue programada, aunque no podemos espe-


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cificar si ambos cierres se ejecutaron simultáneamente o en el transcurso del mismo año. Sin embargo, proponemos que el cierre de Huaca Tembladera pudo ocurrir en primer lugar, y que la clausura de Huaca Chica debió suceder en el transcurso de la siguiente década. Es importante subrayar que los grupos tanguches que ocuparían posteriormente estos lugares sacros con fines funerarios, no modificaron las estructuras ni reabrieron los accesos sellados. Un elemento arquitectónico que amerita la atención es la rampa de acceso principal al patio noroeste de Huaca Chica. Esta rampa “empotrada” corresponde a un concepto arquitectónico característico de la Plataforma III de Huaca de la Luna (Santiago Uceda, comunicación personal 2008). La Plataforma III correspondería a la última inversión arquitectónica monumental en Huaca de la Luna, un esfuerzo que precedió al colapso del poder hegemónico de Huacas de Moche, y que puede representar una respuesta al surgimiento del poder concentrado en Galindo, un centro Moche V de la sección media del lado norte del valle de Moche. En el caso de Guadalupito, Huaca Chica también fue la construcción monumental más tardía del sitio. El diseño de este tipo de rampa fue compartido por los arquitectos de la capital y de un centro provincial, ilustrando la influencia de la metrópoli en la provincia de Santa y apoyando los datos proporcionados por los fechados radiométricos y las colecciones de cerámicas. El destino de Huacas de Moche y Guadalupito estuvo ligado hasta la última fase de construcción monumental en ambos asentamientos. Entre los nuevos datos de PSUM sobre el colapso de la civilización Moche de Santa, debe remarcarse que el cierre programado de las dos construcciones públicas principales fue un gesto voluntario por parte de sus elites. ¿Debe concluirse que el abandono del valle bajo de Santa pudo replicarse en la capital del estado Moche del sur, o, por el contrario, que ocurrió luego de conflictos bélicos decisivos? Sin importar el escenario, las élites de Guadalupito clausuraron sus espacios sagrados antes de abandonar los edificios. Esta planificación puede ser mejor explicada si proponemos una pérdida gradual en Santa del poder de los dirigentes moches. Esta disminución del poder puede ser percibida en las estrategias constructivas de los edificios públicos de Guadalupito. El colapso de las élites moches en Santa seguramente fue influenciado por los problemas de los grupos dirigentes en la capital estatal, y sus repercusiones debieron ser rápidas, posiblemente al interior de una o dos generaciones entre los años 750 y 800 d.C.

Conclusiones y perspectivas Después de los primeros trabajos de Rafael Larco Hoyle (Castillo 2001; Larco Hoyle 2001) a mediados del siglo XX, el valle de Santa ocupó un lugar particular en


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la historia de la civilización Moche. Esta percepción suscitó posteriores esfuerzos por diversos arqueólogos (Donnan 1973; Wilson 1988). Curiosamente, la riqueza de sitios moches en Santa, más de 200 de ellos, no motivó su excavación extensiva, labor que fue iniciada por el PSUM con la excavación selectiva de diversos asentamientos. Los trabajos del PSUM fueron ejecutados tanto sobre espacios domésticos como en monumentos públicos en los siguientes sitios: El Castillo, Guadalupito, Hacienda San José y San Nicolás. Nuestros datos tuvieron así cierto equilibrio entre los contextos de las élites y los de la población mayoritaria. Las excavaciones revelaron tanto espacios ocupados por las élites como por la gente común. Las diferencias entre esos espacios radican en la ubicación de los complejos residenciales, los materiales constructivos, la calidad del acabado de muros y pisos, los materiales hallados en ellos, y la diversidad de restos alimenticios. Las viviendas de las élites estuvieron siempre situadas cerca de los edificios públicos, siendo construidas con adobes, presentando mayores dimensiones y mejor acabado que aquellas del pueblo. Además fueron constantemente más ricas en cerámica pintada y moldeada, y presentaron una fuerte cantidad de restos óseos de camélido. Estos indicios señalan la presencia de una sociedad fuertemente jerarquizada, duplicando la situación identificada en la capital Huacas de Moche (Chapdelaine 2004b). Nos encontramos aún en camino a una primera síntesis detallada de la presencia moche en el valle de Santa. El PSUM privilegió sobre todo el valle bajo. Este sesgo es explicable por dos factores determinantes. El primero es la fuerte presencia de sitios monumentales moches en la sección baja del valle. El segundo está relacionado a la facilidad del acceso carrozable a estos sitios, factor que sumado al anterior incidió en nuestros esfuerzos desplegados en esta parte del valle. La presencia moche en las secciones media y alta del valle fue investigada en menor grado durante nuestras dos etapas de trabajos de campo. Dedicamos una jornada al sitio GUAD-12, identificado como un centro administrativo (Wilson 1988). Una de sus dos plataformas se halla destruida por saqueadores y pudimos constatar en ella que la edificación con adobes planos recubre a una pequeña estructura con adobes con marcas de gavera de caña. En otro sector del sitio fue hallado un componente gallinazo ocupando el flanco de la colina arriba de la ocupación moche. Esto hace posible percibir la complejidad de la ocupación moche en el valle medio y su relación con la población gallinazo local. Es posible sugerir que la historia de la cultura Moche en los sectores medio y alto del valle de Santa difiere de aquella en el valle bajo. Solo una nueva investigación sobre la presencia moche en el valle medio y alto de Santa podrá proveer con nuevas respuestas a este problema. Con el fin de estimular futuras investigaciones, planteamos las siguientes interrogantes: ¿La ocupación moche de estas zonas se remontó únicamente a la fase estilística Moche IV?, ¿esta presencia pudo ser efímera y esporádica, o impli-


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có un dominio territorial?, ¿cómo medir la autonomía política de las élites locales?, y ¿cómo comprender la transformación gallinazo en Tanguche? Todo ello podrá ser evaluado en nuevos programas de investigación. Es útil volver a mencionar que el PSUM investigó esencialmente la presencia moche en el valle bajo de Santa, y que sus principales resultados y conclusiones se aplican mayoritariamente a esta parte del valle. Aunque la síntesis global sobre los moches de Santa deberá aún esperar, podemos indicar que esta presencia se prolongó por 500 años. Hemos dado énfasis a la hipótesis de una llegada al Santa de los moches entre los años 300 y 350 d.C. Este arribo se explica en un escenario económico y no en el de una conquista territorial. En El Castillo se instaló una colonia moche que cohabitó el asentamiento con las élites locales gallinazos. Los moches habrían justificado su presencia contribuyendo a mejorar los sistemas de irrigación del valle bajo. Su presencia no fue una amenaza para las élites locales durante varias generaciones. Un pacto económico entre ambos grupos pudo traer beneficios comunes, pero avizoramos que la ocurrencia de problemas internos en el valle de Moche posteriormente ocasionó una nueva política económica y demográfica en Santa. Los dirigentes de Huacas de Moche favorecieron por entonces una migración masiva de colonos que pasaron a habitar el valle bajo de Santa. La construcción de una nueva capital en Guadalupito y de un imponente canal de irrigación en Lacramarca constituyen los dos índices principales de una conquista buscando la apropiación de las tierras agrícolas del valle bajo. A diferencia de la evidencia de cohabitación de gallinazos y moches en la fase estilística Moche III, la fase IV estuvo caracterizada por el desplazamiento de la población local gallinazo hacia los valles medio y alto. El valle bajo devino en una provincia integrada al estado Moche del sur. Los dirigentes de Huacas de Moche ejercieron control directo sobre la población, la cual habría estado mayormente constituida por gente originaria del valle de Moche. El PSUM ha ensayado verificar las relaciones entre los gallinazos y los moches para validar la hipótesis del desplazamiento de la población local hacia las secciones media y alta del Santa. Mantenemos esta propuesta, pero aceptamos que su demostración actual es incompleta. Las pequeñas excavaciones ejecutadas en dos sitios del valle medio de Santa no son más que los primeros pasos para eventualmente solucionar este dilema vinculado a la aparente conquista moche del valle bajo. Un nuevo estudio de la ocupación gallinazo y tanguche en la sección media y alta del valle deberá ser iniciada para resolver esta problemática. Las investigaciones arqueológicas en el valle de Santa deberán multiplicarse ya que restan muchos problemas a elucidar. En anteriores publicaciones, me permití proponer que los moches de Santa serán mejor comprendidos cuando dispongamos


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de nuevos datos sobre el centro cívico y ceremonial de Pañamarca en el valle de Nepeña al sur (Chapdelaine 2003, 2008). Este sitio clave pudo eclipsar a Guadalupito alrededor del año 700 d.C. Las dificultades de la provincia de Santa estarían en parte ligadas a la pérdida de su importancia estratégica a favor de Pañamarca, la nueva capital de los valles al sur de Huacas de Moche. Esta posibilidad hace necesaria nuevas excavaciones adjuntas a un programa de datación de los niveles ocupacionales en Pañamarca para comparar la historia de este asentamiento con la de Guadalupito. Por el momento, nos conforta el inicio de trabajos en el 2010 por Lisa Trever y Jorge Gamboa sobre la arquitectura y los murales polícromos en el sector ceremonial de Pañamarca. Una mejor comprensión del estado Moche del sur también será beneficiado por la continuación de los trabajos en los valles de Casma (Pozorski y Pozorski 1996; Wilson 1995), Culebras (Makowski 2010; Prządka y Giersz 2003) y Huarmey (Bonavia 1982; Prümers 2000) para establecer allí la presencia moche y verificar la integración estatal de estos valles meridionales. El enigmático colapso de los moches de Santa halla eco en las dificultades para establecer los límites del estado Moche del sur. La clausura voluntaria y programada de las huacas de Guadalupito nos ha indicado la transformación final del poder y prestigio de las élites moches de Santa. La erosión de su poder pudo estar vinculada a problemas internos combinados a una pérdida del apoyo brindado por las élites de Huacas de Moche, ellas mismas confrontadas a una pérdida similar de su poder. Es factible prever la relación de los destinos de la provincia de Santa y la capital Huacas de Moche, pero es difícil determinar las causas y las consecuencias de este hecho, dado que las fechas radiométricas para ambas zonas son similares. En este prolongado episodio de la historia moche en Santa hemos visto como una primera fase dominada por intercambios económicos e ideológicos y el rol del sitio El Castillo fue seguida por una segunda fase que cambió la trayectoria cultural de la costa norte de Perú. En efecto, aunque pueden persistir dudas sobre la naturaleza del poder moche centralizado en Huacas de Moche durante la fase estilística Moche III, los datos del PSUM nos muestran la creación y consolidación de un verdadero poder estatal Moche del sur a lo largo de la fase estilística Moche IV entre los años 500 y 800 d.C. El último siglo correspondió a la desarticulación de esta entidad sociopolítica, episodio seguido finalmente por el abandono de la provincia de Santa por los moches. Ellos desarrollaron una extensa página de la historia del valle de Santa, y su devenir constituyó un paso decisivo en el establecimiento del primer estado expansionista en la costa norte peruana.

Agradecimientos Quisiera agradecer a los editores por la invitación a publicar en este boletín. Mi gratitud va también a Jorge Gamboa Velásquez por la traducción del manuscrito


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y por sus comentarios a lo largo del Proyecto Santa de la Universidad de Montreal. Gracias a los miembros del PSUM, en particular su co-director Víctor Pimentel. Este proyecto científico ha sido posible con el apoyo financiero del Consejo de Investigaciones en Ciencias Humanas del Canadá.

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Andes 8 (2011): 231-270

La guerra y la paz en el valle de Culebras: hacia una arqueología de fronteras Krzysztof Makowski, Miłosz Giersz y Patrycja Prządka-Giersz

A juzgar por los resultados de prospecciones y excavaciones sistemáticas, el valle de Culebras llegó a formar parte sucesivamente de varios mini sistemas-mundo antes de la conquista incaica. La investigación ha aportado evidencias novedosas al debate sobre las características de los estados Moche del Sur y las razones de su expansión, sobre la cronología y la modalidad de la conquista de la costa norte por parte del hipotético imperio Huari, y sobre las fronteras meridionales del reino Chimor. Judging by the results of systematic surveys and excavations, the Culebras Valley became part of different mini world-systems before the Inca conquest. The research sheds a new light on the characteristics of the Southern Moche state and the reasons for its expansion, and the chronology and model of the conquest of the north coast by the hypothetical Huari Empire, as well as on the southern frontier of the Chimor kingdom.

L

as investigaciones de las fronteras y las zonas limítrofes poseen gran importancia para el entendimiento de las sociedades complejas. Esas áreas, alejadas de sus núcleos culturales, frecuentemente se convierten en el escenario de intensa interacción sociopolítica y difusión cultural (Elton 1996; Lattimore 1940, 1962). En términos generales, las fronteras se definen como líneas imaginarias que se trazan en los confines de una entidad política, y que la separan de la o las entidades vecinas o áreas despobladas, delimitando así el territorio en el que se ejerce el poder. Las fronteras pueden estar constituidas por elementos del terreno de difícil acceso (mares, lagos, ríos, montañas, etc.) o enmarcadas en la superficie por construcciones de función defensiva (por ejemplo la Gran Muralla de China o la muralla de Adriano en Northumbria, en el Reino Unido).

Krzysztof Makowski ■ Pontificia Universidad Católica del Perú, Departamento de Humanidades; correo-e: kmakows@pucp.edu.pe Miłosz Giersz ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Arqueología y Centro de Estudios Precolombinos, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: mgiersz@uw.edu.pl Patrycja Prządka-Giersz ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Estudios Inderdisciplinarios “Artes Liberales” y Centro de Estudios Precolombinos, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: p.przadka@uw.edu.pl


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Como lo han demostrado varios estudios sobre las fronteras culturales en los Andes durante las épocas prehispánicas, sobre todo las fronteras del Tawantinsuyu (Bauer 1992; Combes y Saignes 1991; D’Altroy 1994 2002; Dillehay y Gordon 1998; Hyslop 1990; Malpass 1993; Salomon 1986; Patterson 1986, 1987; Schjellerup 1997; Pärssinen y Siiriainen 2003; entre otros), en el ámbito andino, el concepto de la frontera no necesariamente comparte las mismas características. No existen claras demarcaciones fronterizas comparables con los ejemplos del Viejo Mundo y Asia. Sin embargo, existen casos comprobados de las fronteras fortificadas en tiempos prehispánicos, sobretodo en el límite oriental del Tawantinsuyu como es el caso de la frontera con Chiriguanos (Combes y Saignes 1991; D’Altroy 1994 Hyslop 1990; Pärssinen y Siiriainen 2003; véase también los relatos de Cobo (1964 [1653]) y Sarmiento de Gamboa 1942 ([1572]). En general, las fronteras en los Andes prehispánicos eran más culturales que militares. La ideología religiosa cumplía un papel significativo en la demarcación de las tierras, basta recordar el sistema incaico de los ceques (Bauer 1992; Rowe 1979; Ziółkowski 1997; Zuidema 1964) o el alcance territorial del poder de las huacas del Tawantinsuyu (Demarest 1981; Szemiński 1987; Ziółkowski 1997; entre otros). Otro aspecto del mismo problema son los conceptos andinos de la frontera, el límite y la zona limítrofe, existentes en el pensamiento indígena del pasado, y la polivalencia semántica de esos términos, referidos a la frontera (saywa) y límite (tincuy pura, ticci). Desde el punto de vista metodológico, existen varios instrumentos para abordar el tema del estudio de las fronteras y las zonas limítrofes. En los últimos 20 años se nota un fuerte impacto de la teoría de sistema-mundo (world-system theory) en el campo de la arqueología y la prehistoria. Esta teoría, planteada originalmente por Immanuel Wallerstein (1974), y diseñada para el modelo del mundo capitalista, ofrece instrumentos especialmente aplicables a este tipo de estudio. El sistema-mundo capitalista, según Wallerstein (1974, 1990, 1991, 1992), no es homogéneo en términos culturales, políticos y económicos. Es un mundo lleno de conflictos que se mantiene en un estado de tensión permanente. Está caracterizado por profundas diferencias en el desarrollo cultural, acumulación del poder político y capital. Estas diferencias se manifiestan en una división duradera del mundo en un núcleo (core), la semi-periferia (semi-periphery) y la periferia (periphery). A raíz de las polémicas acerca la validez de las propuestas del sociólogo norteamericano para el estudio de las sociedades complejas precapitalistas, se originaron varias modificaciones de la teoría original (Blanton y Feinman 1984; ChaseDunn y Hall 1997; Kardulias y Hall 2008; Peregrine 1999; Schortmann y Urban 1999; Wallerstein 1990, 1991, 1992; entre otros). Las modificaciones más impor-


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tantes conciernen al carácter de las relaciones entre el estado y el imperio por un lado y el sistema-mundo por el otro. En primera instancia, el modelo se aplicaría también a las sociedades pre-estatales puesto que cualquier sociedad requiere de bienes e informaciones procedentes de las áreas que no puede controlar directamente, lo que impulsa las redes de interdependencia (Chase-Dunn y Hall 1997; Peregrine 1999). En segunda instancia, conforme con los postulados de Wolf (1982) los sistemas-mundo pueden desarrollarse a partir de varios centros coetáneos y conexos. Algunos de ellos tienen características de ciudades-estado. En su versión adaptada al estadio precapitalista, el sistema-mundo se refiere a entidades políticas y socioeconómicas que por definición abarcan no solamente grandes territorios, sino también una serie de sistemas sociales interrelacionados que muchas veces constituyen civilizaciones. La estructura más importante –aunque ciertamente no la única– que mantuvo unificada a las antiguas sociedades complejas fue el intercambio (a través del comercio, el tributo y la entrega de regalos) de recursos básicos o escasos. El carácter y la intensidad de estas relaciones son los que definen a un sistema-mundo, no los aspectos específicos de la organización cultural (Williams y Weigand 2004). En tal teoría, la periferia facilita la materia prima al (los) núcleo (s), mientras que este (os) último (s) domina (n) todo el territorio y controla (n) el mercado (o la redistribución de los bienes), las guerras, los enlaces entre diferentes linajes de elites y el intercambio de ideas e informaciones (ChaseDunn y Hall 1997:28; Trigger 1989:332). Las aplicaciones recientes de la teoría del sistema-mundo a las sociedades complejas precapitalistas demuestran que, en este caso, la división entre el núcleo y la periferia no es perentoria, pues en lugar de la centralización del poder en el núcleo, tan característico para el sistema-mundo capitalista, nos enfrentamos al problema de la ausencia de una fuerte jerarquización entre los diferentes elementos de la estructura, o la presencia de más de un núcleo (Chase-Dunn y Hall 1997:28; Smith y Berdan 2000). En su adaptación de la teoría del sistema-mundo a las sociedades precapitalistas Chase-Dunn y Hall (1997:28) subrayan que el intercambio de bienes, la guerra, los matrimonios y el intercambio de ideas e información son cruciales para la reproducción de la compleja estructura interna formada por varios elementos e influyen, de forma decisiva, en los procesos que se ejecutan en las estructuras a nivel local. Los mismos autores diferencian cuatro niveles de redes de enlaces, basadas en los siguientes factores de interacción: 1) intercambio de bienes básicos; 2) intercambio de bienes escasos, de cierto prestigio; 3) interacciones políticas y militares; 4) intercambio de información. El sistema-mundo puede fundamentarse en todos esos niveles de interacción, que en la práctica funcionan mutuamente e integran el sistema. A consecuencia de


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tal definición del sistema-mundo, los cambios sociales y culturales en las periferias lejanas y zonas limítrofes se deben explicar por la intensificación de intercambios e interacciones. No obstante, la teoría de sistema-mundo no ha sido aceptada por todos los que estudian las sociedades complejas precapitalistas. En la literatura del tema, encontramos una vasta crítica de la aplicación de ideas de Wallerstein a este campo de investigación (Blanton y Feinman 1984; Edens 1992; Lightfoot y Martínez 1995; Schortman y Urban 1999; Schneider 1977; Stein 1999; Urban y Schortman 1992; entre otros). La teoría de sistema-mundo, en sus recientes formas modificadas, ha sido aplicada a las diferentes culturas prehistóricas del mundo. Para dar un ejemplo, basta recordar los trabajos de Modelski y Thompson (1999) acerca de las migraciones desde las zonas rurales hacia los centros urbanos en Asia y Europa, entre 4000 a.C. y 1500 d.C., o los estudios de Wells (1999) sobre el intercambio de bienes en el Imperio Romano. En el caso de las culturas prehispánicas del Nuevo Mundo, el concepto del sistemamundo ha sido inicialmente aplicado en América del Norte y Mesoamérica (Blanton y Feinman 1984; Kepecs y Kohl 2003; Peregrine 1999; Smith y Berdan 2000; entre otros). En el área centroandina, en cambio, la aplicación de la teoría de Wallerstein no goza de mucha popularidad y se limita principalmente al imperio Inca (Kuznar 1999; Stanish 1997), o algunas culturas preincaicas usadas a manera de ejemplos en los estudios comparativos (Fagan 1999; Lemmen y Wirtz 2003; La Lone 1994). A pesar de eso, en la literatura sobre las culturas prehispánicas centro-andinas existe una larga discusión acerca del surgimiento de la civilización, la formación del estado y el problema de la urbanización (Collier 1955; Hass et al. 1987; Isbell 1988; Lumbreras 1986; Makowski 2008d; Schaedel 1978, 1980; Shady 2003; Shimada 1994; entre otros). Estas polémicas se desprendían, en muchos casos, de los planteamientos ya clásicos de Childe (1954) y Carneiro (1970). En su trabajo sobre Mesoamérica, Blanton y Feinman (1984) observaron que el intercambio a larga distancia de bienes de lujo, destinados exclusivamente para los miembros de la elite, en general, tenía fuertes implicaciones a nivel político y económico. Obviamente, ese intercambio no se puede explicar por la simple aspiración a tener acceso a bienes exóticos de prestigio por parte de grupos minoritarios de estatus alto. El prestigio y el estatus de una cierta región y sus elites se fundamentaban en el grado de habilidad de manipulación del flujo de recursos (bienes básicos y escasos), energía (mano de obra) y servicios (artesanos especializados) a una escala macroregional mediante el control de las redes de reciprocidad. Este modelo


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suele ser muy dinámico y permite ver y analizar el problema del estrés y la rivalidad entre las unidades sociopolíticas dentro los núcleos (cores), y entre estos últimos y las zonas periféricas (Blanton y Feinman 1984:674). Algo semejante, según nuestra opinión, sucedía con las sociedades prehispánicas complejas de la costa norte del Perú, por lo menos desde el Horizonte Temprano. Siguiendo las pautas de Chase-Dunn y Hall (1997:43), el proceso de desarrollo de las sociedades sedentarias en el área centro-andina a partir de fines del IV milenio a.C. puede ser entendido como una paulatina integración que comprende avances, a veces bruscos, pero también retrocesos (Makowski 2010b, 2012). Esta integración continúa hasta el presente sin haber logrado abolir diferencias, a veces abismales, entre las áreas nucleares de desarrollo, las semi-periferias y las periferias. Con la integración en sucesivos sistemas-mundo algunas áreas nucleares de desarrollo han colapsado emergiendo otras. En la época prehispánica, las épocas definidas por Rowe (1962) como horizontes pueden interpretarse desde la perspectiva discutida como épocas de integración acelerada, las que se inician y terminan con crisis de reestructuración política, debido a la presión desde las periferias hacia las zonas nucleares. Hay un consenso general el cual sugiere que la integración nortesur tomó particular fuerza durante el Horizonte Medio (600-1000 d.C.), anticipando las exitosas conquistas incas. Es también materia de consenso que los fenómenos culturales como Moche, Cajamarca, Recuay, Chimú y Lambayeque corresponden a fenómenos de integración a nivel local o subregional, a pesar de que las opiniones acerca del carácter preciso de las instituciones políticas y económicas, y el grado de centralización del poder, son muy divergentes (por ejemplo el caso Moche: Makowski 2010a). Los intereses de sus elites podían en unos casos coincidir con los intereses de las elites del sur (Huari), y en otros casos probablemente eran contradictorios lo que incentivaba conflictos bélicos. Dadas las limitaciones de transporte marítimo y terrestre a través de caravanas de llamas (Lama glama), siendo las vías fluviales prácticamente inexistentes, los intercambios de materias primas preciadas pero de poco peso, de preformas (verbigracia obsidiana), así como de productos finales terminados, en particular vestidos, jugaron el papel primordial para entender la formación de los sistemas-mundo en los Andes Centrales. Los intercambios de productos a granel (por ejemplo maíz o sal) tuvieron el papel menos relevante debido a las dificultades de transporte. Se necesitó de la infraestructura imperial –la obra de la administración inca– para remediar en parte estas limitaciones. Dada la importancia del trueque (o de control directo de varios pisos a manera de archipiélago; véase Murra 1972; entre otros) entre una multitud de pisos y zonas ecológicas, distantes entre sí no mucho más de un día a pie a través del desierto, las relaciones de parentesco consanguíneo


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y ceremonial entre los dirigentes tuvieron sin duda una relevancia particular. La intensidad y la eficiencia de estas relaciones se pueden inferir tentativamente del flujo de información (sobre todo correspondiente a la ideología religiosa) entre los núcleos y las periferias, que en el registro arqueológico se manifiesta mediante el patrón funerario, la arquitectura pública y las iconografías comparadas. Desde este punto de vista, es importante considerar que los diferentes sistemas de organización social no siempre pueden entenderse desde una perspectiva regional. De otro lado, recordando las críticas planteadas por Stein (1999) y Lightfoot y Martínez (1995), tampoco podemos exagerar el rol dominante del núcleo. Estamos convencidos de que el único modo de entender la naturaleza de una sociedad compleja de los Andes prehispánicos, con todos los mecanismos y procesos que la organizan, es mediante un estudio, tanto de los núcleos como de las periferias, y sobre todo dando el debido peso al problema de interacción y al tema de las fronteras y de las zonas limítrofes. Las características de la guerra y de la tecnología guerrera es sin duda el segundo aspecto crucial en el estudio de las fronteras. Por otro lado, es necesaria una crítica constructiva de las múltiples cronologías en uso, puesto que las clasificaciones en las que se fundamentan condicionan también la percepción de los espacios culturales y políticos en la prehistoria, y por ende las interpretaciones de los mecanismos y de la envergadura de los procesos de integración. Por ejemplo, el espacio de interacción moche en el Periodo Intermedio Temprano se está definiendo en la literatura del tema a partir de la distribución de los rasgos formales de cerámica ceremonial con la decoración figurativa, polícroma, o escultórica, establecidos por Larco Hoyle (1948) a partir de los hallazgos hechos en los valles de Moche y de Chicama. Las variables de la clasificación de Larco se desprenden de la premisa que plantea que dicha cerámica fue producida por representantes de un solo grupo étnico del cual se reclutarían también las elites de un poderoso estado expansivo que tuvo su capital en las Huacas del Sol y de la Luna, “los mochica” (Castillo y Quilter 2010; Donnan 2010). El valor de esta clasificación como instrumento cronológico depende de un supuesto que no se ha confirmado, a saber que los cambios de las formas de la asa-estribo y en particular del gollete ocurrieron de manera simultánea o casi simultánea a lo largo de 700 km de la costa norte. Tal parece que estas variaciones atañen solo al centro de las Huacas Moche y de sus área de influencia en Chicama (Makowski 2010a). Siguiendo con el ejemplo, la hipótesis sobre el área de interacción chimú (Mackey y Klymyshyn 1990; Moore y Mackey 2008) está en cambio fundamentada con argumentos etnohistóricos (Rowe 1948), a los que se les busca respaldo en la distribución de la arquitectura con características comparables con las de Chan Chan. Hay serios problemas para fechar la expansión chimú hacia el norte a partir de las secuencias de cerámica (Koschmieder 2004, Makowski 2006; Tschauner y Wagner 2003).


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El carácter de la guerra en los Andes. ¿Guerra ritual o guerra de conquista? La pregunta que acabamos de mencionar en el subtítulo está latente en las polémicas que se desataron desde los influyentes artículos de Topic y Topic (1987, 1997a, 1997b) hasta los recientes aportes de Arkush y Stanish (2005). Es una polémica que por cierto no atañe solo al mundo moche. El mismo problema se presenta en todas las partes de los Andes centrales y en todas las épocas para las que tenemos evidencias de violencia organizada. El aspecto que no está atendido, creemos, con el énfasis suficiente por la mayoría de los estudiosos en este debate es la relación entre la tecnología, la dimensión económica de la producción del armamento y del mantenimiento del guerrero, por un lado, y las características del enfrentamiento bélico por el otro. Estas variables repercuten necesariamente en la manera como la violencia institucionalizada se refleja en las evidencias materiales: el tipo y la existencia misma de las fortificaciones, las huellas en los campos de batallas, las lesiones registradas por la bioantropología, e incluso la imagen del conflicto que eventualmente aparece en la iconografía. Los estudiosos que toman en cuenta la dimensión tecnológica en sus estudios sobre la violencia institucionalizada, como Topic y Topic (1987) y D’Altroy (1994), suelen oponer el mundo andino a otros casos de la prehistoria e historia de sociedades preindustriales, y lo hacen enfatizando las particularidades de la cosmovisión andina. Si bien compartimos con estos autores la idea de que el mundo andino tiene varios rasgos particulares, creemos que las características de la violencia organizada y del conflicto bélico en los Andes guardan similitudes significativas con los casos registrados en otras partes del mundo. La distinción entre “batalla ritual” (ritual battle) y “guerra real” (real war) (Arkush y Stanish 2005:16), si bien correcta, no ayuda a poner en relieve estas similitudes y diferencias. Proponemos en su lugar hacer la distinción entre los ritos de preparación del guerrero que incluyen a menudo al combate o el duelo (este último tan bien conocido de las gestas medievales), la guerra en la que ambos adversarios siguen estrictas reglas normadas por las creencias religiosas (la guerra ritualizada; véase Ziółkowski 1997), y la guerra total. En esta última casi todo está permitido para lograr la derrota del enemigo, más allá del honor, del ethos guerrero y de la moral, a pesar de que la razón de las conquistas puede respaldarse con argumentos religiosos. Cabe resaltar que tanto la guerra ritualizada en nuestra definición, como la total, son guerras de conquista y defensa, e implican muertes y lesiones masivas. Por la guerra total entendemos estas formas de operaciones bélicas en las que la existencia de armas de alto alcance, del armamento uniforme y sofisticado, ofensivo y defensivo, hacen primar en la contienda las estrategias en el manejo de cuerpos de ejército, debidamente adiestrados aunque no siempre profesionales, sobre la pericia, la valentía y la fuerza individual de cada uno de los combatientes. La astucia


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y la sorpresa sustituyen las reglas religiosas y el código del honor. El combate entre guerreros más fuertes –el mismo que a veces es un duelo entre dos– ya no decide sobre el resultado de la batalla, como ocurre a menudo en la guerra ritualizada. La guerra total tanto en la antigüedad como en los tiempos modernos suele surgir condicionada por el desarrollo tecnológico. Nuevas armas hacen sustituir la fuerza individual por la eficiencia de cuerpos de ejército, que maniesta su capacidad de diezmar al enemigo a distancia con proyectiles y gracias a estrategias ingeniosas. Su aparición pone fin a la vigencia del ethos guerrero y de sus valores centrales, a saber, el coraje, la audacia y la destreza individual en el manejo de las armas. Por supuesto desaparecen también a la larga los condicionamientos que vinculan el estatus del miembro de una elite aristocrática, la que a menudo se constituye en clase dominante, con la exitosa carrera del individuo como guerrero/caballero (Andrzejewski 2003 [1954]; Chaniótis y Ducrey 2002; Hamblin 2006). Aspectos tecnológicos y económicos de la guerra en el mundo moche Una breve revisión de las fuentes arqueológicas entre artefactos e imágenes basta para concluir que el armamento y las fortificaciones moches no guardan significativas diferencias con las que se observan en la época inca. A pesar de esta relativa sofisticación, todas las armas están concebidas para poner a prueba la fortaleza y el coraje de un combatiente individual que se enfrenta en el duelo mano a mano con el otro armado de manera similar. Las representaciones de combate y las características de fortificaciones conocidas sugieren que en el campo de batalla se alternaban dos formas de enfrentamiento, una que contemplaba el uso de proyectiles y la contienda cuerpo a cuerpo. En el caso de los proyectiles se trata por supuesto de flechas propulsadas con estólicas y eventualmente cantos rodados enviados al aire con hondas. En el enfrentamiento cuerpo a cuerpo se lucha con porras. Los guerreros de alto rango usaban porras estrelladas de cobre cuyo mango terminaba en punta revestida del mismo metal. El armamento defensivo, salvo escudos, es casi inexistente. Como bien lo observó Lechtman (1984, 1996) las aplicaciones de metal cumplen con un papel decorativo, enfatizando la posición social del guerrero. Hay indudables diferencias y de peso en cuanto al contexto tecnológico y socio-económico de esta clase de armamento y las sofisticadas armas que se relacionan con el advenimiento de la guerra total en la antigüedad, la que por cierto no logró eclipsar del todo las reglas de la guerra ritualizada. Basta recordar al respecto el ethos del hoplita espartano (Chaniótis y Ducrey 2002). Entre los descubrimientos tecnológicos anteriores al uso generalizado de la pólvora a fines de la Edad Media, los que han sentado bases para diferentes formas de la guerra total, podemos enumerar:


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– Espada de bronce, casco y formas de coraza de metal desde el fin del IV milenio a.C. en Mesopotamia. – Carro de batalla que evoluciona notablemente con el uso de caballo como animal de tracción desde los inicios del II milenio a.C. – Máquinas de asedio de uso generalizado desde el II milenio a.C. – Arco, en particular el arco reflexivo, y la ballesta, decisivas para la contienda durante la Edad Media. – Estribo cuyo uso desde el siglo III d.C. ha convertido a la caballería pesada y ligera en un arma de mayor importancia táctica que la infantería. Las nuevas tecnologías de guerra (Carman y Harding 1999; Hamblin 2006; McDermott 2006; Rice et al. 2003; Trigger 2003) que cambian el rumbo de la historia en el Mediterráneo Oriental, en Asia y posteriormente también en Europa romana y medieval se sustentan en redes comerciales a larga distancia. Estas redes funcionan además dentro de la economía de mercado de unos de los más extensos sistemas-mundo de sus épocas respectivas. Por la sofisticación tecnológica, y por el uso de las materias primas o productos exóticos y la gran cantidad de tiempo social invertido, el armamento completo de un guerrero o un soldado es muy caro. Lo financia directamente el estado o el costo se traslada a las comunidades que sostienen al guerrero de elite en sistemas socio-económicos similares en muchos aspectos al régimen señorial del feudalismo europeo, por ejemplo Siria y Anatolia en el Bronce Medio y Tardío (Moorey 1986). Si comparamos el armamento arriba enumerado con el armamento andino resultan evidentes las diferencias no solo en el campo de tácticas y de estrategias de combate sino también las diferencias del orden político y social. Salvo el caso de puntas y cuchillos de obsidiana, el armamento andino fue producido por los guerreros mismos, o por especialistas locales, verbigracia, puntas líticas o porras vaciadas de cobre. Todos los hombres desde la edad determinada por los ritos de iniciación hasta la vejez podían y debían participar en la guerra, así como en las actividades ceremoniales relacionadas con la preparación para el conflicto. La posición social del individuo –según toda probabilidad– dependía en buen grado de su suerte en la guerra. Las características que acabamos de esbozar se desprenden de la comparación de las escenas rituales en la frondosa iconografía moche con las informaciones etnohistóricas (Hocquenghem 1978, 1987; Makowski 1996, 1997; Quilter 2002).


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La formación de las sociedades guerreras Los resultados de las investigaciones recientes confirman la validez de la hipótesis de Collier (1955) y de otros investigadores (Wilson 1988, 1995) quiénes planteaban que el surgimiento de una sociedad guerrera marcó el fin de la época chavín en la costa y en la sierra de los Andes Centrales y de hecho precedió el fenómeno Moche en la costa norte. La aparición de armas en los contextos funerarios en los últimos siglos de la era pasada es al parecer universal y precede a la difusión de las imágenes de guerreros y duelos. Las principales evidencias del cambio provienen de los contextos funerarios relacionados con los estilos cerámicos parcialmente emparentados por el uso ocasional de la pintura blanca sobre la superficie roja o marrón de los cuales Salinar-Puerto Moorin en la costa, y Huarás así como Layzón en la sierra, son los más conocidos. Desafortunadamente pocos lugares de entierro de esta fase quedaron preservados de la codicia de huaqueros. Menos aún han sido sistemáticamente excavados. Una de las pocas excepciones son nuestras excavaciones en Tablada de Lurín. Un 18 por ciento de los entierros masculinos contiene porras y/o estólicas (Makowski 2009a). Excepcionalmente se representa a los guerreros con armas, o hombres con tocados muy parecidos a los que llevan los cazadores de cabezas-trofeo en los soportes materiales de estilo Nazca. Instrumentos musicales, antaras y tambores suelen asociarse a las armas. Hay una relación al parecer directa entre estos cambios y la aparición de sitios fortificados en las cimas. En la parte meridional de la costa norte parece tratarse de templos fortificados y eventualmente de refugios (Ghezzi 2006, 2007, 2008a, 2008b; Giersz y Prządka 2008, 2009; Wilson 1988, 1995). En la costa central hay asentamientos fortificados en las cimas que fueron habitados, a juzgar por las evidencias de almacenamiento de agua y de producción de alimentos. El complejo de Chankillo, desde varios puntos de vista excepcional, es hasta el presente el único complejo fortificado de cima excavado de manera sistemática. Ghezzi (2006, 2007, 2008a, 2008b) argumenta que no solo fue escenario de combates rituales, posiblemente representados en los modelos de terracota, sino que sirvió de refugio en los conflictos armados. Uno de estos conflictos puso fin a la existencia del templo fortificado de la cima. La configuración espacial de este asentamiento, que pudo haber sido una especie de capital de un organismo político capaz de controlar buena parte del valle, llama poderosamente la atención. El sistema defensivo protege el templo, el cual dominaba las áreas destinadas a multitudinarios eventos festivos. Desde estas últimas se observaba el desplazamiento del sol y de la luna con el probable fin de definir las fechas del inicio de las actividades ceremoniales. Es difícil no evocar paralelos con el Cuzco imperial y las actividades llevadas a cabo en sus plazas y en Sacsayhuamán según el calendario precisado mediante la observación de las sukankas. El castillo de Ampanu en el valle de Culebras, investigado por nuestro proyecto (Giersz y Prządka 2008, 2009; Prządka y Giersz 2003),


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es similar a Chankillo en varios aspectos, ha sido construido en la misma época y también podría haber sido un templo fortificado, de la misma manera que varias otras estructuras registradas por Wilson (1988, 1995) en los vecinos valles de Santa y Casma. Los complejos mencionados y la iconografía salinar, virú, recuay y moche proporcionan argumentos muy fuertes para descartar la hipotética secularización de la sociedad, la que varios investigadores (Collier 1955; Schaedel 1978; Shimada 1994) relacionaban con el surgimiento de la sociedad guerrera. Por el contrario, la religión y el rito norman el comportamiento de cada miembro masculino de la sociedad, sistemáticamente preparado a través de iniciaciones y combates rituales para cumplir su papel de guerrero (Makowski 1996, 2001, 2008a, 2008b, 2008c). La guerra y las estrategias de dominación Existe en la actualidad un consenso entre todos los estudiosos del fenómeno Moche quiénes sometieron las fuentes iconográficas al análisis atento y sistemático (Bawden 1995, 1996, 2004; Bourget y Newman 1998; Castillo y Holmquist 2000; Donnan 1975, 1982, 1997; Donnan y McClelland 1999; Giersz et al. 2005; Hocquenghem 1987; Makowski 1994a, 1996, 1997, 1999, 2001, 2003; Quilter 2002): las imágenes de combate moches aluden a contiendas rituales y no a batallas en el marco de conflictos bélicos, como postulaba por ejemplo Wilson (1988). Makowski (1996, 1997, 2001; Giersz et al. 2005) ha comprobado que no se trata de un combate ritual sino de dos. Ambos conllevan a la captura de los derrotados quienes se convierten en víctimas de sacrificios y suplicios. En el combate principal los cautivos son forzados a correr desnudos por el desierto y cuesta arriba hacia la cima de las primeras estribaciones de los Andes. Los que dejan de correr son despeñados (Zighelboim 1995) y descuartizados por las mujeres en honor al Guerrero del Buho (Makowski 1994a, 1996; personaje D de Donnan 1975). Luego los restantes regresan corriendo al centro ceremonial de la costa. Los que caen son recogidos y llevados en litera para luego sacrificarlos con un corte en la yugular. Su sangre se ofrece a la deidad Guerrero del Águila (Makowski 1994a, 1996; personaje A de Donnan 1975). En el segundo combate los cautivos son sacrificados en las islas a las que se les lleva en embarcaciones de totora. La sangre de las víctimas se ofrece a la única deidad femenina, la Diosa del Mar y de la Luna (Makowski 1994a, 1996; personaje C de Donnan 1975) y al Mellizo Marino, una de las dos deidades de cinturón de serpientes. Este segundo combate conmemora un evento mítico profusamente ilustrado en la iconografía moche, entre otros en las paredes del edificio más reciente de la Huaca de la Luna: la rebelión del Guerrero del Búho y de la Diosa del Mar y de la Luna quiénes invaden la tierra al mando de vestidos, armas y objetos de tejer animados (Makowski 1996; Quilter 2002). Una de las variantes más complejas de combates rituales sugiere que en cada com-


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bate tomaban parte cuatro grupos de guerreros, dos en cada orilla del río. Un grupo venía del valle bajo y otro descendía del lado de la sierra. Es probable que cada uno de los combates haya tenido lugar en otro mes del año, como intuía Hocquenghem (1987). De hecho algunos combates involucraban no solo a los habitantes de la costa sino también los de valle medio y alto, con vestidos y tocados conocidos de las representaciones en estilo Recuay (Makowski y Rucabado 2000). Estas fuentes iconográficas dejan poco lugar a duda que los combates ceremoniales se constituían en ceremonias centrales con finalidades múltiples: ritos en los que se somete a prueba jóvenes guerreros recién iniciados, ritos de propiciación y ante todo ritos de afirmación del orden político imperante (Hocquenghem 1987; Makowski 2008b). Es menester destacar que los máximos gobernantes mochicas se hacen sepultar con el atuendo de jefe guerrero y no con atributos del sacerdote (Makowski 1994a, 2005, 2008a, 2008b, 2008c). El hecho de que los ritos de preparación de jóvenes y adultos para que adquieran y mantengan la destreza y el valor del guerrero se constituían en el eje central de organización de todas las ceremonias supra-comunitarias en el mundo Moche, y que sus elites se identificasen con la imagen del combatiente victorioso, ya de por sí es un indicio de que es una sociedad que vive en medio de la guerra latente y que se prepara para conflictos con los vecinos. La ausencia de imágenes de conquista no es un argumento fuerte para inferir la inexistencia de la guerra. Tampoco se conoce este tipo de iconografía en el Horizonte Tardío y nadie va negar por ello que los Sapan Inca de Cuzco hayan tenido éxito en las conquistas del vasto territorio del Tawantinsuyu. Desde nuestro punto de vista esta ausencia es uno de los indicadores de que la guerra moche carece del carácter de la guerra total. Creemos que los combates rituales y los eventos festivos relacionados servían para afirmar los lazos de parentesco ritual entre los ex-combatientes y afirmar lealtades entre jefes y grupos étnicos diversos. Han sido la base de las alianzas que permitían desplegar una notable fuerza militar cuando las circunstancias lo requerían, a veces bajo el mando de líderes exitosos. Nuestras investigaciones en los valles de Alto Piura (Makowski 1994b, 2008b; Makowski et al. 1994) y Culebras (Giersz 2007; Giersz y Prządka 2008, 2009; Makowski 2010a) confirman el éxito de las guerras de conquista emprendidas por grupos que usaban a diario la cerámica gallinazo mientras que los atuendos y la cerámica en estilo Moche Temprano les servían en contextos ceremoniales. En la rica iconografía de las vasijas escultóricas moche de Piura y en las vasijas vicús se retrata a los conquistadores vestidos con atuendos conocidos de las piezas en estilos Virú, Moche y Recuay, procedentes de los valles al sur de las Pampas de Paiján. En el valle de Culebras (fase Mango: Giersz 2007) como en el valle de Santa la conquista implica el abandono de los asentamientos fortificados de las cimas. Los sustituyen residencias de elite como Quillapampa. Hay múltiples evidencias que tanto en Piura como en el valle de Culebras demuestran que el sistema


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de alianzas rituales que se sellaban en los centros ceremoniales de Vicús-Huaca Nima y de Pañamarca ha sido muy eficiente. Wilson (1988, 1995) ha calculado que el número de sitios fortificados conocidos como “castillos” había decrecido significativamente en el periodo de la Pax Mochica tanto en Santa como en Casma. Los sitios moches a lo largo de caminos tienen el carácter abierto sin fortificaciones de envergadura hasta por lo menos el siglo VIII d.C.

El estilo de cerámica y las identidades: tecnológica, étnica y política Cronologías, culturas y sociedades En el área centroandina hasta la fecha se utiliza paralelamente varios sistemas cronológicos de los cuales el más difundido es el propuesto por John H. Rowe (1962). Este sistema mide el tiempo por medio de los cambios en las formas y en los diseños de la cerámica ceremonial procedente de los asentamientos y cementerios prehispánicos del valle de Ica, en la periferia del área cultural sur. Por convención, la que no siempre concuerda con las evidencias objetivas, se asume que la secuencia establecida para el valle de Ica es válida para todo el extenso territorio de los Andes centrales. La secuencia de Rowe reconoce las épocas de influencias foráneas, denominadas horizontes, que se alternan con otras en las cuales predominan los estilos locales, llamadas periodos intermedios. Hay que tener en cuenta que este sistema cronológico implica la aceptación a priori de los siguientes supuestos implícitos: – Los alfareros y los usuarios de la cerámica siguieron modas estilísticas, comportándose de manera similar a la actual sociedad occidental. – La producción de cerámica fue centralizada en alto grado y se distribuía con suma facilidad a pesar de las limitaciones del transporte y las dificultades objetivas del medio ambiente desértico y con el relieve accidentado; no menos centralizada y eficiente en cuanto al adoctrinamiento tendría que ser la formación de los alfareros mismos. – Las creencias religiosas de los Andes centrales se difundieron cíclicamente desde un centro determinado y en forma de exitosas doctrinas proselitistas, como las de las religiones reveladas, para inundar el vasto territorio andino con su iconografía y con su cerámica ceremonial. La validez de estos supuestos no se ha corroborado y en todo caso es materia de encendidos debates. Dado que la cerámica se produce en pequeños talleres no


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centralizados, la diversidad local y regional estilística es alta y las eventuales imitaciones de estilos foráneos escasos, lo que comprobaron todos los investigadores que emprendieron trabajos de prospección. Asimismo, los estilos locales relacionados con los periodos intermedios suelen mantener plena vigencia en los periodos-horizontes. Por ende, la ubicación de un sitio o una unidad en una época y fase determinada depende del hallazgo de forma o diseño exótico de carácter diagnóstico. Desafortunadamente esta clase de cerámica no fue usada siempre por todos y por lo tanto no aparece en todos los contextos, siendo más recurrente en ajuares funerarios. Por las razones expuestas, el mismo contexto puede ser asignado tanto a una fase final de un periodo intermedio como a una de las primeras fases del periodo horizonte (verbigracia estilos Nazca 8 y 9, Lima 8 y 9, Moche IV y V asociados de manera recurrente a cerámica diagnóstica del Horizonte Medio), pero depende si el material diagnóstico es local o se trata de una imitación o importación de estilos exóticos. Hacia fines de 1960 Luís Lumbreras (1981) propuso otro sistema cronológico, cuestionando el esquema establecido por Rowe. Este sistema está construido tomando como base el criterio económico-social. Los siguientes periodos corresponden a supuestos estadios evolutivos: el poblamiento por grupos de cazadoresrecolectores (periodo Paleoindio), la domesticación de plantas y animales (periodo Arcaico), surgimiento de jefes y de elites y la división de la sociedad en estratos (periodo Formativo), la urbanización (periodo de los Desarrollos Regionales), y el surgimiento y colapso de los imperios y estados regionales (periodos Wari, Estados Regionales e Inca). Es cierto que las cronologías tradicionales elaboradas por Rowe y Lumbreras no pueden captar los cambios socio-políticos ni estilísticos en el nivel regional. Para suplir esta carencia, los investigadores de la costa norte suelen usar un tercer sistema cronológico, en el que se toma en cuenta tanto el estilo de la cerámica ceremonial, las técnicas constructivas y el patrón arquitectónico, los comportamientos funerarios, así como otros aspectos de la cultura material en los que se reflejan situaciones de continuidad o discontinuidad cultural. En este sistema los periodos llevan el nombre de las hipotéticas culturas étnicas, como MocheMochica, Lambayeque-Sicán o Chimú (Bawden 1996; Donnan 2010; Donnan y Mackey 1978; Larco Hoyle 1948; Shimada 1994; entre otros). Existe también otro método para establecer cronologías relativas. Este método, conocido como el método Ford, fue elaborado por el arqueólogo norteamericano del mismo nombre y se fundamenta en los cálculos del porcentaje de fragmentos de cerámica que poseen ciertas características de confección y acabado. Durante el proceso de estudio se elaboran los cuadros estadísticos de los grupos de tiestos ordenados


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según el matriz de abundancia (Ford 1957; Meggers y Evans 1969; entre otros). Los periodos del tiempo reciben entonces el nombre del sitio más representativo, donde se han encontrado en abundancia todos los tipos decorativos usados durante un cierto lapso, como por ejemplo Guañape, Puerto Moorín, Gallinazo o Huancaco (Strong y Evans 1952). Este cuarto método fue usado por los miembros del Proyecto Virú y sus sucesores (Ford y Willey 1949; Strong y Evans 1952; Willey 1953; Wilson 1988, 1995; entre otros). El método Ford, aunque parece ser el más avanzado, tiene ciertas debilidades. Primero, la percepción de la circulación de cerámica está basada en un modelo válido para la sociedad industrial moderna con sus mecanismos de mercado, pero no necesariamente aceptado para una sociedad prehistórica con mecanismos sociales y económicos fundamentados en modelos totalmente diferentes. Segundo, en la mayoría de casos los tiestos usados para construcción de matriz de abundancia provienen exclusivamente de las prospecciones de superficie. Se analizan todos los fragmentos disponibles sin tomar en cuenta el tipo y la función del sitio. Hay que tener en cuenta que en la costa norte la mayoría de los sitios cuentan con varios episodios de ocupación y con varias fases constructivas, y además con suma frecuencia fragmentos de cerámica diagnóstica se trasladan de un lugar a otro con la arcilla para hacer adobes y tapia, o con tierra y basura utilizada como relleno de construcción o para nivelar superficies de uso. Adicionalmente, los edificios de una época, después de su abandono, se convierten en cementerios. El huaqueo hace aflorar en desmontes fragmentos mezclados de diferentes contextos y épocas. Estas circunstancias nos hacen pensar que el uso de cualquier método de análisis cuantitativo de cerámica para establecer una secuencia cronológica debe ser confrontado con evidencias estratigráficas procedentes de excavaciones sistemáticas. Procedimientos metodológicos El estudio de la cerámica es aún uno de los campos de investigación más productivos en la arqueología. Esto se debe por un lado a su gran potencial para revelar aspectos fundamentales de la producción y especialización artesanal, las relaciones de intercambio, las formas de organización social, la identidad étnica, la ideología, etc. y, por el otro, a su valor como herramienta cronológica e histórico-cultural (Cecil 2004; Crown y Bishop 1994; Leeuw 1984; Makowski et al. 2011; Makowski y Vega-Centeno 2004; Miller 1985; Orton et al. 1993; Riederer 2004; Schwedt y Mommsen 2004; Speakman y Neff 2005; entre otros). La reflexión sobre la variabilidad de formas, diseños y técnicas de cerámica en los Andes prehispánicos se inicia con los estudios de los pioneros de la arqueología científica. Gracias a la realización de varios proyectos arqueológicos de larga


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o mediana duración se dispone de una muestra del material cerámico bastante representativa para la costa norte y la cultura Moche en particular. Desafortunadamente los estudios sobre la cerámica post-moche no tienen el mismo nivel y la discusión suele apoyarse en las propuestas pioneras de Larco (1948), Menzel (1964) o Donnan y Mackey (1978). Como lo hemos mencionado anteriormente, los cambiantes modos de entender la cultura, el proceso y las razones de cambio en la prehistoria varían sustancialmente entre los estudiosos. No sorprende que la manera de concebir el estilo como fenómeno cultural y como herramienta, y ponderar las variables de análisis, también varíe de generación en generación. Los evolucionistas, por ejemplo, se centraron en los estudios estilísticos, considerando que el estilo refleja directamente los cambios culturales y el recorrido del tiempo (O’Brien y Lyman 1999, 2000; entre otros). Los diferentes puntos de vista se reflejan en la afamada discusión entre Albert Spalding y James Ford acerca la definición del “tipo” en Arqueología (O’Brien y Leonard 2001). Los estudios sobre la cronología de la costa norte así como sobre la identidad étnica de los grupos humanos asentados en esta parte del litoral del Perú se fundamentaron hasta el presente en siguientes supuestos implícitos: – La supuesta relación directa entre los estilos de la arquitectura pública y la cerámica, por un lado, y la identidad étnica de las poblaciones por el otro. – La equivalencia entre el grado de centralización del poder político y la uniformidad o variedad estilística perceptibles en la región. Por consiguiente, la supuesta equivalencia entre el estilo, la organización política y la identidad étnica de elite se nutre aún de aparentes argumentos empíricos con las evidencias concernientes a la difusión de formas y diseños en cerámica, textiles y arquitectura. En el debate acerca de los procedimientos metodológicos tenemos que plantear algunas preguntas: ¿Han sido afectados por las coyunturas políticas los procedimientos tecnológicos de los alfareros, las formas y los diseños de su cerámica? ¿Seguían en uso las tradiciones locales alfareras después de la incorporación de un territorio a una entidad política foránea? En primera instancia, estamos de acuerdo que el convencimiento de que las culturas-estilos corresponden en primera instancia a sistemas clasificatorios, los que fueron creados a partir de metodologías diferentes a lo largo del siglo XX para ordenar la variabilidad tecnológica, formal e iconográfica con criterios de lo más


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diversos. En segundo lugar, estamos de acuerdo con Makowski y Vega Centeno (2004:684) que las redes de distribución de cerámica establecidas por sociedades complejas no guardan relación directa con las identidades políticas o étnicas de sus usuarios. Todo lo contrario. La distribución cronológica y espacial de los estilos cerámicos se desprende de manera directa de la organización de la producción y distribución de artefactos expresando las relaciones políticas, económicas e ideológicas de la sociedad. A base de estas propuestas hay que recordar que el mapeo de la distribución no necesariamente permite configurar los espacios étnicos y precisar claramente las fronteras que separan a pueblos y estados diferentes. Una propuesta importante que se deriva de estas ideas es que la tradición tecnológica es un indicador más directo de la identidad étnica. Como lo subraya el autor recientemente citado, los talleres que poseen una tradición tecnológica definida pueden usar su repertorio amplio de materias primas y procedimientos para producir cerámica de estilos muy variados. Como lo sustentan Makowski y Vega Centeno (2004:683; véase también Makowski et al. 2011) la correspondencia directa entre el espacio político, el estilo cerámico y arquitectónico y la identidad étnica se da en contados casos, y requiere de condiciones especiales para manifestarse, como por ejemplo: – Cuando la construcción, o la producción y la distribución están organizadas y normadas centralmente por las instancias del poder dominadas por un solo componente étnico. – Cuando la identidad étnica, derivada de la conciencia de ser diferentes de los vecinos y/o ser amenazados por ellos, se exprese en estilo, tal como efectivamente ocurre a veces con las sociedades fragmentarias, como el pueblo originario Shipibo-Conibo de la selva peruana (véase DeBoer 1992; DeBoer y Moore 1982). ¿Es posible, entonces, establecer la cronología relativa a base del estudio cerámico? Estamos convencidos de que sí, pero este proceso analítico debe fundamentarse en firmes y restringidos procedimientos metodológicos. Estos últimos, según nuestra opinión, deben basarse en los métodos arqueométricos y el análisis de composición en cerámica proveniente tanto de las prospecciones de superficie del amplio territorio investigado, como de las excavaciones arqueológicas. El estudio composicional de la cerámica ayuda a abordar varios temas, como la tecnología y la organización de la producción, la especialización artesanal, la inferencia de la función, la identificación de las materias primas empleadas, las técnicas de manufactura usadas en la formación, acabado y decoración de las vasijas, y las condiciones de su cocción (García-Heras et al. 2001; Glascock et al. 2004; Rice 1987; Rye 1981).


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Todos los problemas metodológicos que acabamos de discutir se reflejan en el debate sobre cómo interpretar la co-existencia de los estilos Gallinazo y Moche durante el Periodo Intermedio Temprano (Millaire y Morlion 2009). En esta discusión se mantienen dos posiciones contrapuestas. Los partidarios de una de ellas toman por suyas las propuestas preliminares de Larco (1948), Strong y Evans (1952) y Willey (1953). Para este grupo de investigadores (Chapdelaine en este volumen; Millaire 2009; Shimada y Maguiña 1994; entre otros) tanto la cerámica mayormente utilitaria gallinazo (Ford y Willey 1949), como las vasijas decoradas ceremoniales virú (Larco 1945), fueron confeccionadas y usadas por un grupo étnico que dominaba a los valles de la costa norte antes del auge de la cultura Moche (fases Moche III y IV). Por consiguiente, a cada estilo respectivo,Virú-Gallinazo por un lado y Moche por el otro, correspondería un grupo étnico con su organización política, tradiciones tecnológicas, estilo de vida, religión y costumbres particulares. Los argumentos a favor de esta hipótesis son los siguientes. Tanto en los valles de Moche y Chicama como más al sur, entre Virú y Huarmey, se registran sistemáticamente niveles de ocupación con el material cerámico gallinazovirú y con pocas o nulas evidencias de Moche Temprano (Moche I, II), debajo de estratos con los fragmentos diagnósticos Moche III. Asimismo, la aparición de la cerámica Moche III, por lo general cercanamente emparentada con el estilo de Huaca de la Luna (valle de Moche), se relaciona con una recomposición del sistema de asentamientos e incluso, hipotéticamente, con la reorganización de la red de riego. El segundo grupo de estudiosos (Donnan 2009; entre otros) consideran en cambio que bajo el término Gallinazo se suele clasificar a las vasijas utilitarias moches. Los argumentos a favor de esta segunda hipótesis son también de peso. En primera instancia, en las secuencias estratigráficas y en los contextos cerrados registrados en el área Moche Norte, la cerámica moche, casi siempre tecnológicamente refinada, se encuentra sistemáticamente asociada con las vasijas o fragmentos gallinazos, por lo general correspondientes a recipientes para almacenamiento y cocción de alimentos. En los niveles de ocupación al interior de las áreas domésticas y de producción –salvo por supuestos talleres especializados en la cerámica moche– el número de fragmentos moches no suele pasar del 10 por ciento de la totalidad de la muestra recolectada. En cambio el porcentaje de vasijas y fragmentos moches se incrementa drásticamente en los entierros de elite. Hay también evidencias directas e indirectas que indican que los mismos alfareros podían producir la cerámica gallinazo y la cerámica moche. Makowski (2009b) asume en esta discusión una posición intermedia. Por un lado coincide con Donnan que los artefactos diagnósticos, clasificados como Protochimú por Uhle (1915), Mochica por Larco (1945, 1948), y como Huancaco por Ford y Willey (1949), y por generaciones de sus seguidores hasta el presente, po-


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seen siempre características tecnológicas y funcionales diametralmente distintas de los objetos y fragmentos clasificados como gallinazo por Ford y Willey (1949). Por la cerámica moche se entiende el conjunto de formas que sirven en primera instancia para el manejo ceremonial de líquidos: botellas asa-estribo, gollete central asa-cinta o asas-auriculares, cántaros chicos y medianos, vasos acampanados con sonaja (floreros), cancheros, vasos y copas. Un número de imágenes moches demuestra el uso de este tipo de vasijas en las ceremonias de sacrificio, de libación, de transporte de líquidos ceremoniales y de preparación de cuerpos de difuntos. Por añadidura se considera moche a los textiles, artefactos de metal, madera, concha, mate, decorados con los mismos diseños que se presentan en la cerámica. En todos estos casos se trata también de parafernalia de culto, producida en talleres especializados por artesanos particularmente diestros. Se ha definido también como típicamente moche a la arquitectura ceremonial y las hipotéticas residencias de elite con ambientes destinados para banquetes y rituales, la que fue construida gracias a un sofisticado sistema de producción de adobes de gavera. La conclusión que se desprende de esta constatación objetiva de usos y practicas es inevitable: los investigadores no definieron al estilo y a la cultura Protochimú-Mochica-Moche-Huancaco a partir de la cerámica y a partir de objetos de vida diaria, los que pudieron haber sido producidos por artesanos más o menos diestros en cualquier aldea, sino a partir de recipientes, vestidos, adornos, armas y cetros en los que se expresan complejos contenidos religiosos y que son asimismo símbolos del poder. Los curacas de muy distintos niveles jerárquicos los tuvieron depositados como parte de su ajuar. La iconografía registrada en estos objetos es la única variable realmente compartida por las “sociedades mochicas”, asentadas a lo largo de 700 km de la costa norte, en la percepción consensuada de todos los investigadores. Si expresamos esta idea de otra manera, la cerámica y por asociación los artefactos y los espacios ceremoniales mochicas deben su existencia a una red de poder, a un mini sistema-mundo en los que las elites intercambian objetos y facilitan el desplazamiento de los artesanos. Las coyunturas de la historia, los vaivenes de poder, los matrimonios, las conquistas y las derrotas, las alianzas y las felonías, están detrás de la presencia/ausencia, pericia/provincialismo que el arqueólogo registra en un valle, en un lugar y una fase dada del Periodo Intermedio Temprano u Horizonte Medio. Bajo el nombre de Gallinazo, Ford clasificó en primera instancia, y a diferencia de Huancaco (Moche III y IV), a los fragmentos correspondientes a la cerámica utilitaria de uso doméstico, las formas para conservar, cocinar y en menor grado servir los alimentos. Un pequeño porcentaje de esta muestra, insignificante numéricamente, correspondía a vasijas finas (verbigracia Carmelo Negativo), algunas de ellas de uso ceremonial y a las formas que Larco (1945) llamaba Virú. No


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obstante, hay que enfatizar que Larco mismo ha reunido en su primer artículo sobre Virú a los casos de botellas hechas por alfareros que claramente quisieron imitar y de manera no muy bien lograda a las botellas moches. Por otro lado, hay un consenso que propone que la cerámica gallinazo aparece en los contextos de arquitectura y de entierros cuyos rasgos son los mismos que los de la arquitectura moche. Makowski (2009b) considera por ende que la cerámica gallinazo fue utilizada a diario por la misma gente que expresaba su rango y función social por medio de vestidos, adornos y cerámica en estilo Moche. Dado que la fase temprana de Gallinazo-Virú claramente antecede a Moche al sur de Pampas Paiján, incluyendo los valles epónimos de Moche y de Virú, y dado que un estilo de vida particular se refleja en la cerámica y en los contextos domésticos gallinazos, el mismo autor considera que la relación entre este estilo y cierta identidad étnica es probable. Caso contrario no se explicaría la difusión amplia de este estilo, y su conservadurismo. El carácter conservador es la expresión de los componentes íntimos, familiares, locales del habitus, en contraposición al “cosmopolitismo” de la cerámica ceremonial moche. Establecimiento de la secuencia cronológica local para el valle de Culebras La cronología relativa que hemos establecido para el valle de Culebras difiere en varios aspectos metodológicos de la de Larco (1948), o la de Ford y Willey (1949). Su punto de partida es la clasificación a partir del análisis convencional macroscópico por alfares. Por el alfar entendemos siguiendo a Rice (1987:484) un tipo cerámico que comparte las mismas técnicas de preparación y amasado de pastas, construcción, y también los regímenes convencionalizados de cocción. Los procedimientos tecnológicos guardan estrecha relación con las formas y con las funciones esperadas del recipiente, y están en buen grado determinados por la tradición conservada en un taller o un grupo de talleres. El acabado y la decoración pueden ser en cambio compartidos por varios alfares lo que ocurre con frecuencia cuando los ceramistas desean imitar estilos foráneos. Los alfares pueden ser por ende mono o pluriestilísticos (Makowski y Vega Centeno 2004; Makowski et al. 2011). Gracias al cruce de información procedente de las prospecciones y las excavaciones arqueológicas efectuadas en el valle del río Culebras se ha podido establecer un cuadro cronológico tentativo para la zona estudiada, basándonos en el análisis de cerámica, las relaciones estratigráficas y los fechados radiocarbónicos obtenidos durante el proceso de investigación. El análisis convencional de pastas de la muestra compuesta por 4863 fragmentos o vasijas enteras diagnósticas seleccionadas entre 20581 fragmentos recuperados ha permitido definir 32 alfares (Giersz 2007:44-132). Estos taxones se distribuyen en ocho fases cerámicas bien


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definidas: Panteón, Ampanú, Mango, Quillapampa, Molino, Santa Rosa, Ten Ten y Chacuas Jirca. Una serie de fechados radiocarbónicos de los materiales arqueológicos provenientes de los contextos excavados (Giersz 2007:137-144), procesados mediante el método convencional por el Laboratorio GADAM del Departamento de Radioisótopos del Instituto de Física de la Universidad Tecnológica de Silesia, Polonia, proporcionó fundamentos adicionales para sustentar nuestra secuencia cronológica local. El resultado final del proceso de investigación fue el establecimiento de la secuencia cronológica local para el valle de Culebras, compuesta por diez fases consecutivas. Las fases llevan nombres de sitios más característicos para cada época, salvo la fase correspondiente a los periodos precerámicos. La secuencia cronológica propuesta ha sido comprobada por medio de los análisis de relaciones estratigráficas documentadas durante las excavaciones y cateos de prueba (Giersz 2007:132-134).

La organización espacial de asentamientos, las relaciones con los vecinos y las estrategias del poder El ordenamiento de los datos de registro de prospección por fases previamente establecidas ha puesto en evidencia que la organización espacial de asentamientos, su carácter y las relaciones con los centros de poder cambian de manera sustantiva a lo largo del tiempo. La fase Panteón (1000 – 350 a.C.) De los 14 sitios de la fase Panteón, solo tres poseen características de centros locales por la presencia de arquitectura monumental y los tres pertenecen al tipo de templos fortificados. Junto con los restantes 8 asentamientos y 3 cementerios los sitios están distribuidos de manera equidistante en ambas orillas (6 sitios en la margen derecha y 8 en la margen izquierda del río). Su extensión es más o menos uniforme y no supera una hectárea de superficie. El asentamiento de mayor envergadura es la fortaleza Panteón III (Pv34-118), ubicada en la cima del cerro Junco Chico. Se compone de un conjunto de edificios construidos con piedras colocadas a manera de ortostatos y unidos con argamasa, ubicados en las terrazas artificiales y cercados por un sistema de murallas concéntricas (Prządka y Giersz 2003: Figura 67). Los sitios de la fase Panteón provienen de la época marcada por los drásticos cambios paleoclimáticos sucedidos en los albores del primer milenio a.C. (Fuchs 1997; Wells 1990). Se trata de las manifestaciones tempranas de una nueva y totalmente diferente modalidad de organización social. Sus expresiones materiales fueron


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registrados por primera vez en sitios de la costa norte como Puémape y Moro de Eten (Elera 1992). Su desarrollo posterior se pudo seguir gracias a los estudios de los asentamientos de la tradición Salinar: Cerro Arena del valle de Moche (Brennan 1980, 1982; Mujica 1975), Huambacho del valle de Nepeña (Chicoine 2004; Proulx 1968, 1973, 1982, 1985), o San Diego del valle de Casma (Pozorski y Pozorski 1987; Thompson 1961; Wilson 1995). El fechado GdS-489 (1125-830 Cal. d.C., 2σ), proveniente de los primeros estratos de sitios de la fase Mango I (Pv34-51), podría fechar el comienzo de esta nueva era, marcada por el abandono gradual de los centros ceremoniales en los valles de la costa norte y el auge de Chavín de Huántar y Kunturwasi (Burger 1992; Pozorski y Pozorski 1987). La fase Ampanú (350 a.C. – 100 d.C.) El final del Horizonte Temprano con el ocaso de la civilización Chavín-Cupisnique trajo también en el valle de Culebras notables cambios que ya se estaban anunciandos en el periodo anterior. La zona de costa norcentral, y los valles de Casma y Culebras en particular, cumplían un rol muy importante en este periodo, formando uno de principales focos del poder en la zona. Entre los 19 sitios explorados se puede diferenciar 3 centros con arquitectura pública, 11 asentamientos, 4 cementerios y 4 sitios fortificados. Los asentamientos son por lo general pequeños y dispersos, con ambientes aglutinados, construidos de quincha o de piedra con argamasa de barro. La aparición de fortificaciones en lugares estratégicos es una de las características más destacadas para la época (véase también Willey 1953; Wilson 1988, 1995). El sitio fortificado de mayor rango en el valle estudiado es sin duda el Castillo de Ampanú, ubicado en la margen derecha del río Culebras, aproximadamente a 8 kilómetros del mar, en la cumbre de un cerro alargado. Este conjunto arquitectónico se compone de tres estructuras de planta rectangular con muros de piedra conservados de hasta 5 metros de altura, varios cuartos, subdivisiones y una serie de terrazas con habitaciones (Giersz y Prządka 2008:Figura 10). El edificio central fue construido alrededor de los 845-200 cal a.C., 2σ (fecha Gd-19079 de la capa de relleno constructivo; terminus post quem). Dos de dichas estructuras están acompañadas por bastiones situados en sus esquinas, uno en el suroeste y otro en el noreste. La fortaleza está rodeada por muros de piedra de carácter defensivo. Todo el complejo, con su mampostería, demuestra fuertes semejanzas con la fortaleza de Chankillo ubicada en la margen izquierda del río Casma y fechada por la mayoría de los autores al final del Horizonte Temprano (Collier 1962; Ghezzi 2006; Pozorski y Pozorski 1987:95-103; Thompson 1961:262). El sitio cumplía probablemente el papel de centro administrativo, templo y refugio en caso de conflictos y guerras. Los datos de la fase Ampanú sugieren que la fragmentación política registrada en la fase anterior se ha incrementado a la par con las expresiones materiales de la violencia institucionalizada.


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La fase Mango (100 – 400 d.C.) A juzgar por las evidencias tanto cerámicas como por la arquitectura, la fase Mango (100-400 d.C.) del valle de Culebras se correlaciona de manera muy cercana con la fase Gallinazo del valle de Virú (Willey 1953), fase Suchimancillo del valle de Santa (Wilson 1988), o fase Cachipampa del valle de Casma (Wilson 1995). Como en otras partes de la costa norte junto con la cerámica virú-gallinazo aparecen en las colecciones muy escasos fragmentos de estilo Moche Temprano. El total de sitios de esta fase alcanza los 20, de los cuales 10 están distribuidos en la margen derecha y 10 en la margen izquierda del río Culebras. Entre los sitios se puede distinguir 2 asentamientos con arquitectura pública, 10 asentamientos de carácter aldeano, 5 cementerios y 3 puestos de vigilancia (Giersz y Prządka 2008:Figura 11). A diferencia de las fases anteriores los hipotéticos centros locales de poder no tienen características de templos fortificados sino de residencias de elite de traza ortogonal. En ambos, tanto en el sitio Mango I (Pv34-51), como en Quillapampa I (Pv34-75), la primera fase constructiva corresponde a la arquitectura simple de quincha, a modo de un campamento provisional, que durante la segunda fase fue reemplazada por la arquitectura monumental de piedra con adobes de gavera lisa utilizados para pisos. En el caso de Mango I se trata de una estructura regular, de base rectangular, con ocho subdivisiones internas (Giersz y Prządka 2009:Figura 12). El uso de muros de contención, sobre los cuales se levantan las estructuras, tiene paralelos en el patrón arquitectónico que es característico de la tradición Gallinazo (véase Bennett 1950, Willey 1953; entre otros). Hay que poner énfasis en el hecho que los templos y residencias de elite fortificadas en las cimas quedaron remplazados por un sistema de vigilancia de caminos de acceso al valle por una de las quebradas que llevan hacia el norte. La fase Quillapampa (300/400 – 700 d.C.) La fase Quillapampa se caracteriza por la aparición de la cerámica Moche III y posteriormente de variantes locales de Moche IV en los contextos funerarios y en asociación con la arquitectura de elite. La cerámica utilitaria similar a gallinazo se sigue produciendo no sin ciertas transformaciones de formas y acabados. El número de sitios es similar al de la fase anterior (22: 8 están distribuidos en la margen derecha y 14 en la margen izquierda del río Culebras) y su distribución es también homogénea. Similar es también su organización espacial y sus características. Los 3 centros con arquitectura monumental pertenecen a la misma categoría que Mango, puesto que se trata de residencias de elite que se distribuyen entre 11 asentamientos aldeanos y 5 cementerios (Giersz y Prządka 2008:Figura 13). No hay fortificaciones pero sí un sistema de vigilancia compuesto de tres atalayas que cuidan accesos al gran camino norte-sur que atraviesa las quebradas laterales


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y asimismo desde la parte media del valle, desde la sierra (Giersz 2007:208-211, Figura 134). Ni los asentamientos aldeanos ni las hipotéticas residencias de elite tienen características defensivas, todos están ubicados cerca del piso del valle, en áreas abiertas y no defendibles. Una de estas residencias, ubicada en la margen izquierda del río Culebras, en la parte media-baja de la cuenca, en una loma de tierra al pie del cerro Gallinazo - el sitio Quillapampa I (Pv34-75) - fue excavada y ha revelado tener típico carácter de la arquitectura conocida del valle de Moche. Se trata de una estructura de horcones y quincha con el techo decorado con porras de cerámica que se levanta en la cima de una plataforma atarazada construida con muros de contención de piedra y con rampas de acceso. Una cámara funeraria moche se relaciona con uno de los episodios de uso. La residencia palaciega domina visualmente la parte media-alta del valle donde se ubica la mayoría de sitios moches con diferentes características y funciones: asentamientos rurales, talleres alfareros, cementerios y templetes de adobe (Giersz 2007:198-217). Frente a la residencia, del otro lado del valle desemboca al camino principal intervalle norte-sur. La fase Molino (700 – 850 d.C.) La fase Molino se define en el valle del río Culebras por la brusca aparición de la cerámica sureña, ubicada por Menzel (1964) en el Horizonte Medio I y IIa, en el contexto de la cerámica provincial Moche Tardío. Hay que tomar en cuenta que la cerámica moche se sigue produciendo en el área sur hasta por lo menos el 850 d.C. y en el área norte hasta el 1000/1100 d.C. Se recomienda ver los ceramios moches de las tumbas lambayeque (Sicán Medio) de Batan Grande y transicionales de San José de Moro. Castillo (2000) interpreta a las importaciones e imitaciones de la cerámica chakipampa, ocros, viñaque, nievería y teatino como el resultado del funcionamiento de la nueva red de intercambios tejida por las elites en el contexto de la crisis política que anticiparía al ocaso de la cultura Moche. En el caso del valle de Culebras esta alternativa de interpretación no se condice con las evidencias registradas en vista de la magnitud y el carácter de cambios en la organización de asentamientos. Las residencias de elite moches quedan abandonadas o se convierten en cementerios. Por otro lado, aparecen nuevos centros locales de distinto patrón arquitectónico, dominados por los recintos cercados de trazo ortogonal (Prządka y Giersz 2003:48, 49, 75, 76). Hay también un cambio notable en la ubicación de asentamientos. El área densamente poblada se traslada al valle medio-bajo y su centro se localiza cerca del pueblo moderno de Molino, donde también desemboca ahora la vía intervalle norte-sur de la época. El nuevo eje vial asegura la comunicación con el centro provincial huari en el Castillo de Huarmey. A partir de este pe-


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riodo se inicia el crecimiento sostenido del número de sitios registrados: el total de sitios alcanza los 26, de los cuales 10 están distribuidos en la margen derecha y 16 en la margen izquierda del río: 2 centros públicos, 8 asentamientos, 15 cementerios y 1 sitio fortificado (Giersz y Prządka 2008:Figura 16). Queda por lo tanto evidente que este es un periodo de relativa prosperidad. Por otro lado, la construcción de sitios fortificados sugiere la existencia de conflictos con las entidades políticas ubicadas al norte de Culebras. El incremento del número de asentamientos y su ubicación en el fondo del valle, y en las ubicaciones difíciles de defender indica a su vez que este sistema de defensa resultó efectivo. El cambio de patrón de asentamiento y la aparición de cerámica exótica huari en el contexto de construcción de nuevos centros administrativos, con edificios cercados de trazo ortogonal, parece implicar que una nueva autoridad de origen foráneo ha logrado imponerse y ejercer el poder de manera directa desde el cercano valle de Huarmey. En esta misma dirección apuntan los cambios en los comportamientos funerarios: necrópolis con las cámaras construidas sobre la superficie. Por otro lado, la predominancia de la cerámica de origen local, con la iconografía derivada de la tradición Moche, el probable uso continuo de adobes marcados y otros elementos arquitectónicos característicos para la costa norte y la tradición Moche en particular, la supervivencia de la práctica de enterrar los muertos en la posición extendida dorsal, y la intensificación de contactos con los valles vecinos mediante una nueva red de caminos intervalle norte-sur infieren aculturación gradual de la población y de los líderes locales como efecto de la adaptación a la nueva situación política. La profundidad de esta aculturación se observará en la fase subsiguiente. La fase Santa Rosa (850 – 1000 d.C.) Los estilos de las épocas 3 y 4 del Horizonte Medio según la cronología de Menzel (1964) caracterizan a la fase Santa Rosa. A juzgar por el número de sitios arqueológicos registrados (38: 1 centro público, 13 asentamientos, 22 cementerios y 2 sitios fortificados; Giersz y Prządka 2008:Figura 18) esta es una fase próspera. Llama sin embargo la atención el carácter aldeano de la ocupación con la ausencia de las estructuras interpretables como residencias de elite o centros administrativos locales. Los asentamientos de mayor extensión (Pv34-94, Pv34-96, Pv34-98) se concentran en la parte media de la cuenca, en las cercanías del pueblo moderno de Santa Rosa. El único sitio con la arquitectura pública y características de un centro ceremonial se ubica en la orilla del mar al norte de la Caleta de Culebras: Playa el Castillo (Pv34-2). Es un gran cerro fortificado con cercos circulares de murallas y cuatro niveles de terrazas; unas estructuras de adobe de planta rectangular están diseminadas al interior de los espacios cercados por los muros de piedra (Giersz


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y Prządka 2008:Figura 19). El fechado Gd-16456 (660-1020 cal d.C., 2σ), proveniente de la capa del relleno constructivo relacionada con la nivelación del cerro proporciona el terminus post quem para la construcción de este conjunto arquitectónico. La fase Ten Ten (1000 – 1450 d.C.) La fase Ten Ten se caracteriza por la popularidad de un estilo local de cerámica que se distingue con facilidad de los anteriores, dadas las diferencias formales, en tecnología de confección y ante todo en la decoración mediante impresiones sucesivas de círculos con caña, rasgo propio del estilo Casma Inciso. No cabe duda que el pequeño valle de Culebras se ha convertido en esta fase en el centro político regional. No solo se duplica el número de asentamientos registrados (61) sino también se construye uno de los asentamientos con arquitectura pública más extensos en esta parte de la costa norte (Ten Ten), y se percibe asimismo una compleja organización espacial de asentamientos: 2 centros con arquitectura pública, 27 asentamientos, 19 cementerios y 13 sitios fortificados o puestos de vigilancia concentrados generalmente cerca de los centros públicos (Giersz y Prządka 2008:Figura 20). Se nota que los poblados están distribuidos de manera homogénea y que la densidad ocupacional llegó a los límites sostenibles. La mayoría de los asentamientos se sitúan sobre las laderas elevadas de terrazas fósiles o en las entradas a las quebradas laterales, y se asocia con una nueva red de caminos. Ten Ten I (Pv34-74), con 100 hectáreas de extensión, ubicado en la margen derecha del río Culebras, en el valle medio-bajo, a unos 16 kilómetros de las orillas del mar y a una altura promedio de 250 msnm, ha sido sin duda construido como la capital de un organismo político regional (Giersz y Prządka 2008:Figuras 21, 22). El fenómeno del surgimiento de las nuevas entidades políticas regionales que observamos en Culebras en el contexto del vertiginoso aumento de la densidad poblacional se manifiesta simultáneamente, entre los siglos IX y X d.C., en varios valles de costa norte y norcentral (Prządka-Giersz 2009). La fase Chacuas Jirca (1450 – 1532 d.C.) En la última fase prehispánica, Chacuas Jirca, el valle del río Culebras fue incorporado al imperio Inca a juzgar por los cambios en el estilo Casma Inciso (aríbalos casma-inca), escasas importaciones de la cerámica de estilo Cuzco Polícromo y las fechas C14 calibradas. Entre los 39 sitios establecidos durante esta fase se puede diferenciar 3 centros públicos, 16 asentamientos, 13 cementerios y 7 sitios fortificados (Giersz y Prządka 2008:Figura 23). Excepto tres sitios, los demás presentan una ocupación de la fase anterior. Como en la fase Ten Ten, los asentamientos se encuentran en todas partes del valle. Los tres centros públicos se sitúan en lugares estratégicos, en las principales rutas intravalle e intervalle. La arquitectura es gene-


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ralmente de piedra, y solamente en los centros con arquitectura de carácter público se encuentran edificaciones de adobe. Asimismo encontramos las estructuras de quincha relacionadas con zonas domésticas y de producción. El centro primario es el asentamiento de Chacuas Jirca (Pv34-87), ubicado en la margen izquierda del río Culebras, en la parte alta de la cuenca (Prządka-Giersz 2009).

Un valle que conoció varias fronteras: a manera de conclusiones La secuencia de cambios en la organización espacial de asentamientos que acabamos de presentar, lleva a una conclusión aparentemente paradójica: los sistemas defensivos, y en general la arquitectura relacionada con la violencia institucionalizada, como los templos fortificados, aparecen de manera contundente en los periodos de fragmentación política, al fin del Horizonte Temprano, en las fases finales del Horizonte Medio y en el Periodo Intermedio Tardío. Fenómeno similar observó Wilson (1988, 1995) en los valles de Casma y Santa. Esta es una paradoja aparente. Las fortificaciones andinas no cumplen las mismas funciones estratégicas que se espera de ellas en una guerra total, tanto antigua como moderna. Como hemos visto líneas arriba, por las características tecnológicas y por el alto impacto de normas y reglas rituales que rigen en el caso de un conflicto bélico, la suerte en el combate se decide en el enfrentamiento directo mano a mano. El ataque por la espalda o con armas de largo alcance (arco) parece estar reñido con el ethos guerrero. Las características de la ubicación y de la arquitectura de los templos fortificados y de las murallas sugieren que se pretende obtener efectos psicológicos más que tácticos sobre el adversario. Las murallas y los bastiones son símbolos de poderío y resultan útiles en el contexto de competencia por la hegemonía en el dominio del valle entre poblaciones vecinas. Su función táctica no es la más importante ni la única. En la asociación entre el lugar fuerte y la arquitectura ceremonial se materializa y se fija en el paisaje este particular sistema de convivencia y de formación permanente de jóvenes guerreros cuyos detalles revela la iconografía mochica. Los templos fortificados fueron al mismo tiempo lugares de combates rituales (tinkuy), refugios en el caso de asedio por invasores foráneos, lugares de culto y eventualmente residencias temporales del gobernante. Resulta muy significativo que cuando el valle de Culebras quedó incorporado en la organización política Moche, hecho que ocurrió en la fase Mango, a más tardar en la transición hacia la fase Quillapampa, bastó un simple sistema de vigilancia para proteger a los asentamientos abiertos. Nuestras investigaciones demuestran que los representantes de la cultura Moche tuvieron en primera instancia interés en conseguir el dominio de tierras fértiles y con abundante agua. Los asentamientos moches tanto en Culebras como en Huarmey tuvieron carácter aldeano. Con frecuencia


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únicamente se conservan cementerios y pueden ser registrados, dado el carácter perecible de la arquitectura residencial. Es significativo que hasta el presente no se ha localizado ni centros administrativos con la infraestructura de depósitos, ni grandes centros ceremoniales, como el de Pañamarca. En su lugar hay probables residencias de gobernadores gallinazo (¿moche temprano?) en Mango y Moche en Quillapampa (Giersz 2007). A partir de estas evidencias Makowski (2009b) sugirió que la frontera sur moche se defendía en base a alianzas selladas por la participación en rituales. Un camino norte-sur unía las colonias agrícolas de avanzada con el centro ceremonial de Pañamarca. La ocupación huari ha impuesto en el paisaje cultural del valle una marca muy distinta en comparación del dominio moche, lo que implica necesariamente diferencias en la estrategia del poder. Nuestros recientes y aún inéditos hallazgos en el Castillo de Huarmey aportan argumentos a favor de una exitosa conquista de Huarmey y Culebras por parte de los guerreros oriundos del sur. Las evidencias de Culebras sugieren asimismo, a título de hipótesis, que la administración huari haya convertido a este valle en la frontera fortificada durante la fase Molino (700-850 d.C.), quizás preparándose para la conquista del estado Moche. Al comparar los mapas de asentamientos correspondientes a los periodos anteriores al inicio del Periodo Intermedio Tardío con los mapas de los periodos tardíos saltan a la vista diferencias relevantes. Desde el Horizonte Temprano hasta el fin del Horizonte Medio en la definición de Menzel (1964), la densidad ocupacional es relativamente baja y se limita a áreas particularmente privilegiadas por la abundancia de agua en puquiales activos todo el año, por los suelos y por la buena ubicación respecto al camino norte-sur intervalle. El mapa de aldeas y residencias de elite varía posiblemente en relación con los cambios coyunturales en el funcionamiento de puquiales que suelen secarse de manera alterna. Grandes avenidas de agua causadas por fenómenos de El Niño (ENSO por sus siglas en inglés) particularmente fuertes también afectan cíclicamente el mapa de suelos cultivables, hacen variar el recorrido del río y provocan eventualmente la aparición de nuevas fuentes y afloramientos de agua subterránea en la superficie. Es posible que uno de los eventos de esta naturaleza haya debilitado la presencia del estado Moche en el valle durante el siglo VII, facilitando el posterior avance huari. Recién en la fase Ten Ten los recursos agrícolas y marinos de la cuenca son aprovechados al máximo lo que se desprende, entre otros factores, del aumento en 100 por ciento tanto del número total de sitios registrados como de la extensión de zonas residenciales. ¿Por qué el valle de Culebras fue escogido para fundar a Ten Ten, un gran centro regional, plenamente comparable con El Purgatorio del valle de Casma?


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Creemos que esto se debe en primera instancia a las ventajas que ofrece la geomorfología del valle. A diferencia del vecino valle de Huarmey, en Culebras amplias terrazas elevadas colindan con áreas de cultivo y con puquiales; el valle mismo se estrecha en varias partes creando una especie de lugar fuerte natural con los accesos fáciles de controlar. Los extensos campos del valle bajo de Huarmey están cerca, a escasas horas de camino a pie. La estrategia política y militar casma fue aparentemente exitosa. No contamos con evidencias de la presencia política chimú como en el valle de Casma. En todo caso, un eventual episodio de conquista por tiempo breve no ha dejado huellas materiales. Los pobladores de Culebras y de Huarmey han logrado mantener incólume no solo el dominio de los valles sino también su identidad cultural. Lo sugiere la sorprendente popularidad del estilo local de la cerámica utilitaria y ceremonial, el estilo Casma Inciso, que se mantiene vigente hasta el Periodo Transicional, a pesar de que su aspecto arcaico salta a la vista en comparación con finas obras de los alfareros chimúes e incas. Resulta de particular interés constatar que la conquista del valle por el Tawantinsuyu no ha implicado el traslado de alfareros mitmaquna y que no se producía localmente imitaciones provinciales de la cerámica de estilo Cuzco Polícromo. Esta particularidad guarda probablemente relación con la aparente ausencia de ushnus, canchas y kallankas en los centros administrativos de Ten Ten y de Chacuasjirca. El interés de la administración del imperio se focaliza en el control de recursos agrícolas (Ten Ten) y de la minería y metalurgia (Chacuasjirca). Como se desprende de estas conclusiones, el valle de Culebras llegó a formar parte sucesivamente de varios mini sistemas-mundos antes de formar parte del Tawantinsuyu. La perspectiva metodológica que hemos adoptado ha sido útil para aportar evidencias novedosas en el debate sobre las características de los estados moches del sur y las razones de su expansión, sobre la cronología y la modalidad de la conquista de la costa norte por parte del hipotético imperio Huari y sobre las fronteras meridionales del reino Chimor.

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Andes 8 (2011): 271-310

Los guardianes de la frontera sur: la presencia moche en Culebras y Huarmey Miłosz Giersz

Dentro del mosaico de las culturas prehispánicas del Perú la cultura Moche es quizá, después de los incas, la más conocida a nivel internacional. La comprensión del mundo Moche se afianza en la asombrosa cantidad de información obtenida durante los procesos de investigación. A pesar de eso, su pasado aún nos plantea un sinfín de interrogantes, cada vez más problemáticas y fundamentales. Uno de los aspectos menos conocidos de la sociedad Moche es el concerniente a su frontera meridional. Aunque varios especialistas han sugerido identificar al valle de Huarmey como la frontera meridional del estado Moche, en muy pocos casos se ha publicado material moche procedente de esta región que respalde tal sugerencia. En este artículo se presentaran los resultados de varios años de investigaciones arqueológicas en los valles de Culebras y Huarmey acerca de la presencia de la cultura Moche en esta zona limítrofe de su territorio. Among the mosaic of pre-Hispanic cultures of Peru, the Moche culture is, perhaps after the Incas, the best known internationally. The understanding of Moche Culture relies upon an astonishing amount of information produced during the investigation. Despite this, its past still poses a myriad questions, more and more problematic and fundamental. One of the least known aspects of Moche society is relative to its southern frontier. Although several scholars have suggested that Huarmey valley was the Moche state’s southern border, in very few cases Moche material has been published from this region to support this suggestion. In this paper we present the results of several years of archaeological investigations in the Culebras and Huarmey valleys, focusing on the Moche presence in this border area of its territory.

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entro del mosaico de las culturas prehispánicas del Perú la cultura Moche es quizá, después de los incas, la más conocida a nivel internacional. Esta situación se debe al inusitado desarrollo de numerosos proyectos de investigación y espectaculares hallazgos de las tumbas de elite moche en Sipán (valle de Lambayeque), La Mina, Dos Cabezas y San José de Moro (valle de Jequetepeque), Cao Viejo (complejo El Brujo, valle de Chicama), así como los descubrimientos de relieves polícromos y pinturas murales en Cao Viejo, Huaca de la Luna (valle de Moche) y Pañamarca (valle de Nepeña). La comprensión del mundo moche se afirma en la asombrosa cantidad de información obtenida durante el proceso de investigación. A pesar de eso, su pasado aún nos plantea un sinfín de interrogantes, cada vez más problemáticas y fundamentales. Uno de los aspectos menos conocidos de la sociedad Moche es el concerniente al límite meridional de su territorio, que comprende la zona límite entre la costa norte y la costa central del Perú, que comúnmente lleva el nombre de la costa norcentral.

Miłosz Giersz ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Arqueología y Centro de Estudios Precolombinos, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: mgiersz@uw.edu.pl


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Miłosz Giersz

Durante mucho tiempo se ha creído que la frontera sureña de la cultura Moche fue el valle de Nepeña (Kosok 1965; Larco Hoyle 1938, 1939, 2001; Proulx 1968, 1982). Esta afirmación fue respaldada por el descubrimiento del templo de Pañamarca, situado en la parte media baja del dicho valle, y considerado como uno de los conjuntos arqueológicos más importantes e impresionantes construidos por los moches, comparable con la llamada Huaca de la Luna. Lo significativo es que es el único sitio monumental conocido en la parte meridional del supuesto estado Moche. El primero que discutió la posición de Nepeña como la frontera meridional del estado Moche y sostuvo que en verdad estaba más al sur fue Hans Horkheimer (1961). Este autor la situaba en el valle de Huarmey. Las investigaciones llevadas a cabo posteriormente, sobre todo en las últimas dos décadas, le dan la razón al citado arqueólogo alemán. Aunque posteriormente varios especialistas han sugerido identificar al valle de Huarmey como la frontera meridional del estado Moche (Bawden 1994, 1996; Bonavía 1982; Castillo y Donnan 1994; Makowski 1994, 2010; Bonavía y Makowski 1999; Prümers 2000; Shimada 1982, 1994; Thompson 1966; Tabío 1977; entre otros), en muy pocos casos se ha publicado material moche procedente de esta región que respalde tal sugerencia. Resulta interesante que, si bien se han encontrado vestigios moches, tanto en el valle de Casma (Pozorski y Pozorski 1996; Tabío 1977; Tello 1956; Wilson 1995), como en el de Huarmey (Bonavía 1982; Prümers 2000; Tabío 1977), en ninguno de ellos se ha efectuado un proyecto arqueológico integral dedicado estrictamente a la cultura Moche. En general, la naturaleza exacta de la ocupación cultural durante el Periodo Intermedio Temprano en los valles costeros ubicados entre Nepeña y Fortaleza sigue siendo un enigma y objeto de varias especulaciones, no necesariamente fundamentadas por datos empíricos. A raíz de varias hipótesis acerca de la organización política, el poder, la legitimidad y la estructura del supuesto estado (o estados) Moche, surgen las siguientes preguntas, consideradas como fundamentales para nuestro estudio: ¿Los valles de Casma, Culebras y Huarmey se incorporaron al estado Moche?, y si esto fue así, ¿en qué fases?, ¿qué tipo de relaciones políticas se establecieron con el probable principal centro regional en Pañamarca durante el Periodo Intermedio Temprano? El objetivo principal del presente estudio es la búsqueda de las respuestas a las preguntas planteadas.

En los orígenes del estado multiétnico Moche En el fin del periodo Formativo se observaron importantes cambios culturales en todo el territorio de la costa norcentral del Perú que fuera afectado por el fenómeno religioso Chavín-Cupisnique. Durante este periodo surgieron nuevos centros de gran envergadura relacionados con una nueva y totalmente diferente modalidad de organización social, como San Diego en el valle de Casma (Pozorski y Pozorski 1987;


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Thompson 1961; Wilson 1995) o Huambacho en el valle de Nepeña (Chicoine 2004; Ikehara y Chicoine en este volumen; Proulx 1968, 1973, 1982, 1985). Por un lado, los contactos entre las poblaciones de la costa y la sierra parecen haber sido aún más fluidos que en los siglos anteriores. Por otro lado, la penetración gradual de poblaciones asentadas en las periferias del mundo Chavín-Cupisnique trajo nuevas tecnologías, crecimiento poblacional, nuevas instituciones de la guerra, irrigación y nuevos patrones de consumo relacionados con incremento de la producción agrícola y la difusión de camélidos. Alrededor de 300 años a.C. se produjeron los resultados de este recambio poblacional que puso fin a la civilización Chavín-Cupisnique. Se observa un fuerte cambio en el patrón de asentamiento. La aparición de fortificaciones en lugares estratégicos es una de las características más saltantes para la época (Willey 1953, 1974; Wilson 1988, 1995). En la zona ubicada entre los valles de Virú y Huarmey se presenta un fenómeno peculiar de imponentes recintos fortificados, ubicados siempre en lugares estratégicos, sobre todo en cimas de cerros que rodean los bordes de los valles. Estas “fortalezas”, como Chankillo en Casma (Collier 1962; Fung y Pimentel 1973; Ghezzi 2006 y en este volumen; Pozorski y Pozorski 1987; Thompson 1961; entre otros) o Castillo de Ampanú en Culebras (Giersz y Prządka 2008; Giersz y Prządka-Giersz 2009; Prządka y Giersz 2003) cumplían el papel de templos, refugios en caso de conflictos y guerras, y posibles observatorios astronómicos; según los recientes hallazgos provenientes del sitio de Chankillo del valle de Casma, existen pruebas de la existencia de un sofisticado sistema calendárico basado en el registro de la salida y la puesta del sol en el horizonte dominado por las célebres Trece Torres de Chankillo (Ghezzi y Ruggles 2007). Los asentamientos de la época son por lo general pequeños y dispersos, con ambientes aglutinados e incluso compuestos de simples cortavientos, salvo el caso excepcional del sitio Cerro Arena en el valle bajo de Moche, con más de 2000 estructuras de piedra distribuidas sobre más de 2,5 km2 (Brennan 1980, 1982; Mujica 1975). Los importantes cambios sociales ocurridos en los tres últimos siglos a.C. están aún más visibles en la iconografía. Desaparecen casi totalmente los motivos basados en la ideología religiosa Chavín-Cupisnique, dando lugar a los motivos relacionados con la importancia de una nueva clase de elite guerrera. En la sierra, este cambio se manifiesta en la aparición de cerámica con decoración pintada blanco sobre rojo y desaparición de los motivos chavín (Burger 1992, 1998; Kaulicke 1994; Onuki 1995, 1999; Terada y Onuki 1985; entre otros). La diversidad de estilos de cerámica producida sin uso de molde ni paleta (Salinar/Puerto Morrín, Vicús Temprano, Layzón, Cajamarca Inicial, Virú Temprano, Huaraz Blanco sobre Rojo; entre otros), sugiere una marcada fragmentación política representada por comunidades locales con autoridades independientes, encontrándose en un estado de guerra permanente con el fin de ganar la hegemonía a nivel local. La zona de la costa norcentral, y los


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valles de Casma y Culebras en particular, cumplían un rol muy importante en este periodo, formando uno de los principales focos del poder en la zona; las “fortalezas” de Chankillo y Castillo de Ampanú son los centros fortificados más imponentes de la época en la escala interregional. Aunque las verdaderas causas y fechas de la caída de los centros del poder de la época emparentada con las manifestaciones locales Salinar no son conocidas hasta la fecha, resulta claro que en los primeros siglos d.C. en toda la costa norte peruana, desde el valle de Piura hasta el de Huarmey, se ha logrado consolidar los estilos regionales. Este periodo, ubicado por la mayoría de los estudiosos aproximadamente entre 0 y 400 d.C., es conocido por varios nombres, según los valles: Gallinazo en el valle de Virú (Willey 1953), Suchimancillo en el valle de Santa (Wilson 1988), Cachipampa en el valle de Casma (Wilson 1995) o la fase Mango en el valle de Culebras (Giersz y Prządka 2008; Giersz y Prządka-Giersz 2009). Es cierto que durante esta época nacen dos principales tradiciones cerámicas, la de Virú-Gallinazo y la de Moche Temprano, esta última caracterizada por rasgos estilísticos de las fases I, II y algunas variantes de III de Larco. En la literatura del tema existen tres modelos para interpretar las culturas Virú-Gallinazo y Moche, así como las relaciones acaecidas entre ellas; el problema ha sido recientemente recopilado y ampliamente discutido por Makowski (2009) en una síntesis del problema planteado. Recordemos que los modelos propuestos por Larco (Virú = dimensión étnica, competidores y súbditos de los moches), Ford, Strong y Evans (Gallinazo = dimensión temporal, cultura antecedente a la de Moche; cerámica de estilo VirúGallinazo desplaza estratigráficamente la del estilo Salinar-Puerto Morrín) y Willey (Virú-Gallinazo = dimensión política, un estado o la confederación de cacicazgos locales conquistados por los habitantes del vecino valle de Moche) están emparentados por la idea de que el estilo cerámico es un indicador fijo de la identidad política. La interpretación de Willey (1953:397) ha ganado mayor número de seguidores entre los estudiosos y fundamentó el conocimiento de los moches como un estado territorial enfocado en las conquistas de nuevos dominios. No obstante, en los últimos diez años, gracias a nuevos hallazgos y revisión de viejas hipótesis, se cambió, poco a poco, la visión de las relaciones y naturaleza de las culturas-estilos Virú-Gallinazo y Moche-Mochica. Shimada y Maguiña (1994) y Shimada (2010) han propuesto una interpretación diferente de la naturaleza de la cultura Virú-Gallinazo y de su relación con la cultura Moche. Para los autores citados, que retomaron las ideas principales de Larco (1945), los virús-gallinazos y los moches coexistían, como dos diferentes grupos étnicos, en el amplio territorio de la cultura Moche. Las investigaciones recientes efectuadas por Bourget (2003, 2010)


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y Millaire (2009, 2010) en el valle de Virú proporcionaron datos de primera mano acerca de la naturaleza de las relaciones emprendidas entre las elites moche y gallinazo. Las excavaciones de Bourget (2003, 2010) no comprobaron la antigua hipótesis de Willey, proporcionando evidencias de que el Castillo de Huancaco cumplía el papel de palacio y residencia de elites locales, más vinculadas, por lo menos en cuanto a la tradición tecnológica y estilística de alfarería y metalurgia, a las tradiciones Virú-Gallinazo y Recuay-Santa. Al contrario de la alfarería, la arquitectura del palacio Huancaco guarda estrecha relación con la que se encuentra en los valles de Moche y Chicama, sobre todo en cuanto al sistema constructivo, la organización del espacio (plazas vs. ambientes techados, entradas restringidas, tres niveles ascendentes, etc.), como la decoración mural. Por su parte Millaire (2009), en base a sus excavaciones en Huaca Santa Clara, llegó a la conclusión de que los representantes de elites Virú-Gallinazo establecieron relaciones diplomáticas con los moches, intercambiando bienes e ideas, lo que hace pensar, según el autor citado, en una urgente necesidad de reevaluación de la teoría de estrategias hegemónicas moches en el valle de Virú y en la costa norte en general. Los datos adicionales han sido proporcionados por las revisiones de antiguos hallazgos y nuevos descubrimientos en el núcleo cultural moche en Huacas del Sol y la Luna del valle de Moche. Aunque Topic (1977:51-138) ha registrado las capas de ocupación gallinazos debajo de las capas de ocupación moches en el norte del extenso descampado que se extiende entre la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna, cabe subrayar que los contextos funerarios excavados por la misma estudiosa, los cuales contenían cerámica virú-gallinazo, contaban también con la presencia de cerámica de estilo Moche I y II, y piezas en un estilo híbrido Gallinazo-Moche (Topic 1977:128-138). En el año 1995, Chapdelaine, Kennedy y Uceda presentaron los resultados de un estudio sobre la producción local de la cerámica en el sitio de Huacas del Sol y la Luna en base al análisis de la activación neutrónica de muestras de arcilla extraídas de canteras cercanas al sitio y arcillas extraídas de material arqueológico. Según los autores citados, la relativa homogeneidad que existe entre los vasos no decorados contrasta con la uniformidad de los objetos asociados a la elite (Chapdelaine et al. 1995:207). Otro trabajo efectuado en el mismo sitio por Gamarra y Gayoso (2008) proporcionó datos muy interesantes en cuanto a la producción de la cerámica doméstica en la supuesta capital de estado Moche Sur. Los últimos autores llegaron a la conclusión que la cerámica doméstica del sitio Huacas del Sol y la Luna no experimenta grandes cambios a través del tiempo: la alfarería utilitaria con las mismas características formales se encuentra asociada a cerámica ceremonial de los estilos Moche II, III y IV de la secuencia estilística de Larco. El hallazgo más llamativo es la omnipresencia de cerámica doméstica con decoraciones de estilo Virú-Gallinazo. A la luz de todas las evidencias presentadas resulta claro que no podemos diferenciar las culturas-estilos Virú-Gallinazo y Moche-Mochica como dos entidades


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de una ubicación cronológica totalmente distinta. Recientemente Makowski (2009, 2010) presentó argumentos de peso para destacar definitivamente el escenario de dos pueblos, los Virú-Gallinazo y Moche-Mochica. El autor citado demostró en manera muy convincente que la alfarería del estilo Virú-Gallinazo consta en 90 por ciento de formas utilitarias (tinajones, ollas con y sin cuello, tazones con ralladores, cántaros, cuencos) y en tan solo 10 por ciento de cerámica ceremonial (botellas asa puente, gollete central y asa cinta, cancheros), mientras que la alfarería del estilo Moche consiste en aproximadamente 10 por ciento de en cerámica utilitaria (ollas con y sin cuello, cántaros chicos y medianos, cuencos y platos) y en aproximadamente 90 por ciento de en cerámica de formas estrictamente ceremoniales de botellas asa estribo, gollete central y asa puente, cántaros, cancheros y vasos acampanados, salvo para los lugares directamente asociados con un gran centro de producción alfarera, tan importante como la Huaca de la Luna. Según Makowski (2009), esta observación, complementada por otros hallazgos de no menor peso, como la asociación recurrente y directa de componentes diagnósticos para ambas culturas-estilos en los mismos contextos arqueológicos, los semejantes patrones arquitectónicos y funerarios o analogías en la iconografía demuestran claramente que el estilo Virú-Gallinazo, que principalmente caracterizaba al pueblo guerrero responsable de la conquista del vasto territorio de la costa norte, se mantuvo vigente por más tiempo en la producción local con fines domésticos, mientras que el estilo Moche, representado casi exclusivamente por cerámica de uso ceremonial, fue un de objeto de identidad política de las nuevas elites moche de distinto origen, opinión que compartimos plenamente. Otros autores tratan de interpretar este fenómeno en forma mucho más radical. Según Donnan (2009) los estilos Moche Temprano y Virú-Gallinazo fueron dos expresiones de un mismo fenómeno cultural, una vinculada a las elites y otra al pueblo.

El caso de una zona limítrofe: presencia Virú-Gallinazo y Moche Temprano en la provincia de Huarmey Los estudios acerca de la presencia virú-gallinazo y moche en la costa de Ancash han sido fuertemente influenciados por las propuestas de los miembros del Proyecto Virú. La mayoría de los estudiosos de la problemática de los patrones de asentamiento del Periodo Intermedio Temprano en los valles costeros ubicados entre Santa y Huarmey (Bonavia 1982; Daggett 1983, 1984, 1985; Proulx 1968, 1973, 1976, 1978, 1979, 1980, 1982, 1985, 2004; Wilson 1988, 1995) tomaron la secuencia cultural del valle de Virú como el principal y decisivo punto de referencia. Siguiendo la metodología basada en la prospección superficial de sitios no han creído conveniente emprender los avanzados estudios ceramológicos con el fin de crear sus propias matrices de abundancia, ni buscar un fundamento estratigráfico para sus propuestas. Como lo veremos en las páginas siguientes, varios de los autores citados


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excluyeron la cerámica utilitaria sin decoración, perdiendo así datos muy importantes y llegando a conclusiones diferentes. En el valle del río Huarmey la época correspondiente al Periodo Intermedio Temprano es sin embargo muy poco reconocida (Figura 1). No obstante, nuestro conocimiento de la prehistoria de este valle se basa principalmente en los informes de prospecciones efectuados por Tabío (1977), Thompson (1966, 1967) y Bonavia (1982). Sin embargo, las informaciones más detalladas provienen de la obra de Tabío (1977). Este autor describe dos sitos con arquitectura y cerámica correspondiente a la manifestación local de la tradición Virú-Gallinazo. El primer sitio es el afamado Cerro Fortificado de Aiguay, ubicado a unos 3 kilómetros al este de la actual ciudad de Huarmey. En el libro de Tabío (1977:113-114) este sitio lleva el indicativo H-52, mientras que en el catálogo publicado por Bonavia (1982:437) figura bajo el nombre de Macabalaca y código Pv34-72. Este sitio ha sido incluido también en la lista de pocos sitios del valle de Huarmey visitados por la expedición japonesa (sitio No 97 en Ishida et al. 1960:448-449). Es un sitio con arquitectura simple, aislada, ordenada y aglutinada, con presencia de basurales. Tiene la forma de un cerro fortificado en la parte lateral mediante un sistema de tres muros altos, muy bien hechos, con piedras grandes y escogidas, sin defensas en la parte que da al valle que no lo necesita por ser prácticamente vertical. No hay restos de construcciones. En exploraciones anteriores efectuadas por Bonavia y Tabío en la década de 1950, se ha encontrado la cerámica del estilo Virú-Gallinazo, tratada externa e internamente con engobe blanco y decorada con diseños en negativo, delineados en negro. Esta cerámica ha sido reconocida por Tabío (1977:110-111) bajo el nombre de Aiguay Negativo. Junto con ella se encontraron unos fragmentos de cerámica decorada en patrón bruñido (Tabío 1977:111). En un reconocimiento posterior se ha encontrado también varios fragmentos de puntas de pizarra (Bonavia 1982). Tabío (1977:111) menciona también un sitio ubicado en la zona del puerto de Huarmey, en donde se ha encontrado un ejemplo particular de cerámica negativa de estilo Aiguay Negativo (variante local del estilo Gallinazo), el cual pertenecía en aquellos tiempos a la colección del Museo Amano. Este ejemplar guardaba mucha semejanza con ejemplos clásicos de alfarería virú-gallinazo reconocidos por Bennett (1950) en el valle de Virú. En la parte media y alta de la cuenca del río Huarmey se encontraron, en cambio, varios ejemplos de cerámica serrana perteneciente al estilo Blanco en Rojo de Wilkawaín de Bennett (1944:91). Entre ellos destacan vasijas encontradas en los alrededores de la antigua Hacienda Huamba, entre ellos un ceramio de doble cuerpo, pintado con negro y blanco sobre pasta roja y otro ceramio en forma de un ave (Ta-


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bío 1977:112). El autor citado menciona también un ejemplar de colador de color marrón-rojizo, asociándolo con el estilo Recuay del Callejón de Huaylas. Sin embargo, el catálogo de los sitios del valle de Huarmey, publicado en el apéndice del libro de Bonavia (1982) contiene mayor número de sitios atribuidos al Periodo Intermedio Temprano. Resulta algo decepcionante que nueve de los 19 sitios atribuidos por Bonavia (1982:415-447) al Periodo Intermedio Temprano no contuvieran cerámica y hayan sido fechados por el autor en base a otros hallazgos encontrados in situ, como el contenido de basurales con material orgánico. En el valle del río Culebras, las evidencias arqueológicas correspondientes a la presencia moche fueron proporcionadas por las prospecciones y excavaciones efectuadas por el Proyecto de Investigación Arqueológica “Valle de Culebras”, dirigido por el autor del presente artículo junto con Patrycja Prządka-Giersz y Krzysztof Makowski, bajo el convenio entre la Universidad de Varsovia y la Pontificia Universidad Católica del Perú. Estas investigaciones consistieron en una minuciosa prospección del valle bajo y medio de Culebras y las quebradas confluentes, la revisión de colecciones privadas, así como en excavaciones arqueológicas de sitios-claves de la zona de investigación (Giersz 2007; Giersz y Prządka 2008; Giersz y Prządka-Giersz 2009, 2011; Giersz et al. 2004, 2005, 2006, 2008; Prządka y Giersz 2003; Prządka-Giersz 2009). Las primeras evidencias de ocupación post-formativa en el valle del río Culebras, vinculada a la aparición de dos principales tradiciones cerámicas, la de Virú-Gallinazo y la de Moche Temprano, datan a la fase Mango (100-400 d.C.), emparentada con el periodo Gallinazo del valle de Virú (Willey 1953), el periodo Suchimancillo del valle de Santa (Wilson 1988), o el periodo Cachipampa del valle de Casma (Wilson 1995). El total de sitios de este periodo en el valle de Culebras alcanza los 20, de los cuales 10 están distribuidos en la margen derecha y 10 en la margen izquierda del río Culebras. Entre los sitios se puede distinguir 2 centros públicos, 10 asentamientos, 5 cementerios y 3 puestos de vigilancia (Figura 2). Ambos centros primarios de la fase Mango fueron erigidos en dos etapas consecutivas a lo largo de un periodo relativamente corto. Tanto en el sitio Mango I (Pv34-51), como Quillapampa I (Pv34-75), la primera fase constructiva corresponde a la arquitectura simple de quincha, a modo de un campamento provisional, que durante la segunda fase fue reemplazada por la arquitectura monumental de piedra. El pueblo que invade el valle de Culebras y construye sus propios palacios y centros ceremoniales, muy frecuentemente en lugares donde anteriormente se encontraban los centros y asentamientos de la fase Panteón (manifestación local de


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Figura 1. PatrĂłn de asentamiento prehispĂĄnico de la costa norcentral del PerĂş durante el Periodo Intermedio Temprano.

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la cultura material Chavín; 1000-350 a.C.), tales como el sitio de Quillapampa I, es portador de la cultura material Virú-Gallinazo. En base al análisis del patrón de asentamiento y la distribución de los materiales muebles, no encontramos pruebas de la continuidad cultural entre los portadores de la cultura material Salinar de la

Figura 2. Patrón de asentamiento durante la fase Mango (100-400 d.C.) en el valle del río Culebras.


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fase Ampanú (300 a.C.-100 d.C.) y los Virú-Gallinazo/ Moche Temprano de la fase Mango, lo que respalda un escenario de la aparición de los grupos virú-gallinazos en forma de una “colonización” del área poco o nada poblada, y no una “conquista”. Los resultados del análisis ceramológico y la prueba estadística de correlación entre los diferentes alfares, demostró que el componente cerámico de la fase Ampanú (alfares A3 y A4 en Giersz 2007:55-60) es muy homogéneo y no guarda ninguna relación con los alfares de las tradiciones tecnológicas Virú-Gallinazo, Moche y Recuay (alfares A5-A15 en Giersz 2007:60-88). El centro público primario fue, sin duda, el sitio Mango I (Pv34-51). Este pequeño centro está ubicado en la margen izquierda del río Culebras, al pie de un cerro pedregoso, a una altura de 235 msnm. Los restos de arquitectura de carácter monumental constan de una estructura regular de piedra, de base rectangular. Sus dimensiones en la actualidad son de 43 a 46 m de largo (este-oeste) y 24 a 29 m de ancho (norte-sur). Su eje principal está alineado de sureste a noroeste con una desviación de aproximadamente 12° hacia el este. El conjunto ocupa un área de aproximadamente 1170 m2 de superficie. En su plano se distinguen tres plantas y ocho ambientes diferentes (Figura 3). Todos los muros del conjunto son de piedra con argamasa. Su grosor varía entre 0,75 a 1,2 m. Los muros estaban revestidos con enlucido fino. El adobe de gravera lisa, ocasionalmente con marcas intencionales de manos humanas, fue usado exclusivamente para la construcción de pisos. El patrón constructivo consiste en habilitar el terreno a través de la acumulación de materiales transportados con textura semicompacta (tierra, grava, arena), logrando su aterrazamiento, para luego ser delimitados por muros de contención (Figura 4), sobre los cuales se levantan las estructuras, denotando un patrón arquitectónico que es característico de la tradición Gallinazo (véase Bennett 1950, Willey 1953; entre otros). Durante las excavaciones en el sitio Mango I se hallaron dos entierros de camélidos, supuestas ofrendas relacionadas con el proceso de construcción del edificio. Los animales fueron depositados en las esteras de Phragmites communis, en dos fosas ubicadas debajo del piso, por ambos lados de la entrada al ambiente principal de todo el conjunto (Figura 5). Dos fechados radiocarbónicos de los contextos excavados datan el sitio en la primera mitad del primer milenio d.C. (véase las fechas GdS-499 y Gd-17471 en Giersz 2007: Figuras 78 y 79). Los principales componentes cerámicos de la fase Mango son cántaros de cuerpo globular, ollas sin cuello y con cuello, así como botellas cantimploras y botellas escultóricas. Dicha cerámica muestra huellas de la decoración incisa y/o pintada blanco sobre rojo o blanco sobre anaranjado, e indudablemente está relacionada


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Figura 3. Plano y reconstrucción isométrica del sitio Mango I (Pv34-51).


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Figura 4. Perfil Este (Norte-Sur) de la Operaciรณn 1 del sitio Mango I (Pv34-51).

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Figura 5. Las ofrendas de camélidos ubicadas debajo del piso original, de ambos lados de la entrada principal al principal conjunto arquitectónico del sitio Mango I (Pv34-51).

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Figura 6. Cerámica de la fase Mango registrada en el valle de Culebras.

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con las tradiciones alfareras Virú-Gallinazo y Moche Temprano de la costa norte (Figura 6). Durante la fase Mango contamos diez sitios que podrían clasificarse, desde un punto de vista morfológico-funcional, como asentamientos (Pv34-25, Pv34-27, Pv34-35, Pv34-41, Pv34-54, Pv34-60, Pv34-61, Pv34-85, Pv34-96 y Pv34-104). Entre ellos podemos distinguir dos grupos diferentes: los asentamientos primarios, en una extensión que sobrepasa una hectárea, y los asentamientos secundarios, o aldeas pequeñas, de menos de una hectárea de superficie. Sin embargo, la presencia moche en Culebras se manifiesta más en la fase subsiguiente de la cronología local.

Los valles de Culebras y Huarmey bajo el dominio del Estado Moche Entre los siglos V y VI d.C. acontecen varias importantes transformaciones de orden político en el territorio del estado Moche Sur. La mayoría de los estudiosos está de acuerdo que los señores de los valles de Chicama y Moche se organizaron para formar el primer estado (Bawden 1994; Shimada 1994). Los centros moches en los valles arriba mencionados, como las Huacas del Sol y la Luna y Huaca Cao Viejo en el complejo El Brujo, adquieren en esta época las características urbanas y monumentales. Si bien existe el consenso de que el estado territorial Moche Sur logró en aquellos tiempos controlar el espacio entre Chicama y Huarmey, los mecanismos de este control son muy discutibles. La hipótesis principal de la existencia de una fase expansionista moche y la conquista militar, planteada originalmente por Willey (1953) y retomada por la mayoría de los mochicólogos que estudiaron la costa norcentral del Perú (Chapdelaine 2010, y en este volumen; Donnan 1973; Proulx 1982, 1985; Wilson 1988, 1995) toma mayor aceptación entre el público. Este escenario de conquista militar implica la suposición de que los vencedores construirán un centro regional mayor para dirigir o coordinar la dominada población autóctona. Según nuestra opinión, existen suficientes datos empíricos para replicar esta hipótesis. En primer lugar, no existen indicios claros e indudables que apoyen la existencia de un “ejército estatal” (Topic y Topic 1987). Es cierto que los datos iconográficos ilustran escenas de enfrentamientos y combates, pero estas tienen esencialmente carácter ritual (Donnan 1978; Hocquenghem 1987; Topic 1998; Topic y Topic 1997; entre otros). En segunda instancia, las recientes investigaciones efectuadas en los principales centros regionales moches fuera de la área núcleo, como Huancaco en el valle de Virú (Bourget 2003, 2010), no parecen sostener su rol geopolítico y demuestran un fuerte papel de las elites locales. En el valle de Huarmey, Bennett (1932:22) reporta dos botellas asa estribo con claros rasgos estilísticos moches, provenientes de un supuesto sitio arqueológi-


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co Cerro El Maltino ubicado en el sector costero comprendido entre los valles de Culebras y Huarmey. En los años siguientes, entre 1958 y 1960, Tabío (1977) realizó una primera prospección arqueológica en el valle de Huarmey. Durante estos trabajos, como afirma el autor, se colectaron algunos ejemplos de cerámica moche y “mochicoides” (Tabío 1977:112). Entre los años 1959 y 1960, Thompson (1966) también llevó a cabo las investigaciones arqueológicas en esta parte del litoral peruano. Según este autor, el valle habría sido abandonado durante el Periodo Intermedio Temprano o estuvo ocupado por una cultura rural (Thompson 1966:4). Tabío (1977:112-113) registró cuatro sitios con la presencia moche en los cuales encontró seis piezas de esta cultura. Todos estos sitios eran cementerios, en mayor parte destruidos por las excavaciones clandestinas. En los cementerios H-13, H-15 y H-56, aparte del material evidentemente “mochicoide”, se hallaron también fragmentos de cerámica pertenecientes a los estilos típicos del Horizonte Medio. En el sitio Hacienda Huamba (H-100 B) que consta de un cementerio y una pequeña huaca conocida localmente bajo el nombre de La Adobería, dentro de una tumba huaqueada se recolectó un fragmento de cerámica muy fina de estilo clásico Moche, posiblemente algo tardío, que correspondía a la cabeza modelada de un pato “pico de cuchara” (Tabío 1977:112-113). Otros datos acerca de la presencia moche en el valle de Huarmey provienen de los trabajos de Bonavia (1982), realizados entre septiembre de 1976 y febrero de 1977. En su inventario de los sitios arqueológicos del valle de Huarmey el autor citado menciona por lo menos nueve sitios con evidencia de la cultura Moche (PV35-14, PV35-24, PV35-28, PV35-37, PV35-45, PV35-57, PV35-58, PV35-64, PV35-78). Todos los sitios mencionados por Bonavia están localizados en ambas márgenes del río Huarmey, tanto en la parte baja y media, como en la parte alta del valle. Cuatro de los sitios son los cementerios (PV35-14, PV35-24, PV35-37, PV35-78), entre los cuales dos presentan ocupaciones del Horizonte Temprano y del Horizonte Medio, un sitio (PV35-24) corresponde a la presencia moche y Horizonte Medio 3, y un sitio (PV35-78) está asociado a las ocupaciones moche, Horizonte Medio 2B y Chimú (Bonavia 1982:419-437). El único sitio registrado por Bonavia con la arquitectura compleja, correspondiente a la presencia moche, es Taica (PV 35-45), ubicado en los terrenos de la exhacienda del mismo nombre. El sitio se puede subdividir en tres sectores que corresponden a varios periodos entre el Horizonte Temprano y el Periodo Intermedio Tardío. Sólo uno de los sectores fue posiblemente reocupado por la cultura Moche (Bonavía 1982:427). El sitio Huamba (PV35-58) demuestra la presencia moche, aunque la ocupación básica corresponde al Horizonte Temprano con manifestación chavín y de un estilo “chavinoide” local (Bonavia 1982:431).


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Otro sitio perteneciente al Horizonte Temprano que fue posteriormente reocupado por los moches es el sitio Chapachacay (PV35-57). Se compone de una estructura pequeña de piedra con cuerpo lenticular y plataforma rectangular. Según Bonavia (1982:431), de acuerdo con los fragmentos de cerámica recogidos en la superficie, el sitio corresponde a fines del Horizonte Temprano y el Periodo Intermedio Temprano (Moche). El último sitio que presenta la posible reocupación moche es el asentamiento llamado Mal Paso (PV35-28), con arquitectura compleja, aislada y ordenada, hecha de piedra. Como afirma el autor, la construcción está asociada con el Horizonte Temprano, pero hay evidencias de ocupaciones posteriores del Periodo Intermedio Temprano (Moche) y Horizonte Medio 3 (Bonavia 1982:422). En el inventario de los sitios registrados por Bonavia, están también mencionados dos sitios, Cerro Carcar (PV35-16) y Mandinga (PV35-64), ambos con evidencias de alfarería moche. En ambos casos se trata de cementerios con tumbas intrusivas con cerámica moche o de influencia moche (Bonavia 1982:419 y 434). Durante su prospección del valle de Huarmey, Prümers (1990:61-62, Laminas 50 y 51) notó la presencia de cerámica del estilo Moche IV en la superficie de dos cementerios: uno localizado cerca del Castillo de Huarmey (PV35-78d) y el otro localizado en la Hacienda Lecheral (PV35-85). Vale la pena recordar también, que las dos impresionantes colecciones de piezas de oro, mencionadas por Goddard (1921), Bennett (1932) y Lothrop (1954), habrían provenido del valle de Huarmey. Según Thompson (1966:4) estas piezas podrían fecharse en el Periodo Intermedio Temprano y corresponder al estilo Moche. En el valle de Culebras el reflejo de estas transformaciones se observa durante la fase Quillapampa (400-700 d.C.). El total de sitios de la fase Quillapampa alcanza los 22. Respecto a la repartición espacial de los sitios, 8 están distribuidos en la margen derecha y 14 en la margen izquierda del río Culebras. Podemos apreciar también una distribución homogénea de los sitios dentro del sector estudiado. Entre los sitios explorados se pueden diferenciar 3 centros públicos, 11 asentamientos, 5 cementerios y 3 puestos de vigilancia (Figura 7). El centro público primario y la residencia de la elite local de la fase Quillapampa es el sitio Quillapampa I. Este sitio se ubica en la margen izquierda del río Culebras, en la parte media-baja de la cuenca, a una altura cercana a los 435 msnm, en una loma de tierra sedimentada al pie del cerro Gallinazo. El sitio domina sobre el fondo del valle en un lugar de ubicación estratégica, en el camino intervalle norte-sur y controla visualmente un amplio segmento del valle de Culebras (Figura 8). El sitio se puede dividir en cuatro


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sectores. Cada uno se compone de una serie de plataformas, en algunas de ellas hay estructuras de planta regular con muros de piedra y adobe (Figura 9). Sin embargo, los resultados de nuestra intervención han dejado fuera de duda la continuidad de ocupación virú-gallinazo y moche desde su fase temprana en la fase Mango (Figura 10).

Figura 7. Extensión (en hectáreas) de los asentamientos de la fase Mango en el valle de Culebras.


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Durante la fase Quillapampa estos recintos fueron aprovechados para crear un zócalo elevado y construir encima ambientes tipo audiencia, con plataformas con rampas y con techos soportados por columnas de algarrobo, y adornados con porras de cerámica (Figura 11). La clausura del penúltimo de los niveles de ocupación estaba relacionada con la construcción de una cámara funeraria de adobes paralelepípedos de gavera lisa. Se trata de una tumba de cámara que mide 3,1 m de largo por 2,4 m de ancho y 1,1 m de profundidad (Figura 12). La cámara funeraria estaba cubierta originalmente por una superestructura sostenida por vigas de algarrobo (Prosopsis juliflora), fechada por radiocarbono entre 410-640 Cal. d.C., 2σ (véase la fecha Gd-12760 en Giersz 2007: Figuras 78 y 79). El contenido de la cámara fue completamente alterado por la actividad de huaqueros, pero se ha podido recuperar parte de su rico ajuar, de una calidad artística excepcional. La sepultura contenía restos óseos humanos de por lo menos nueve individuos. Se han identificado también restos óseos de camélidos (tres mandíbulas), supuestas ofrendas mortuorias. Entre el material arqueológico rescatado de los desmontes de la tumba y del contenido de la cámara, logramos identificar un mínimo de 74 vasijas diferentes, que supuestamente formaban parte de la ofrenda mortuoria (Figura 13). Estas vasijas representan los rasgos formales de los estilos Virú-Gallinazo y Moche de las fases ¿II? y III según la cronología de Larco Hoyle (1948). El componente más representativo es la cerámica moche local, producida por los talleres locales (Figura 14). Entre las formas sobresalen cántaros, cancheros, vasos acampanados y una serie de botellas asa estribo de uso ceremonial.

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Figura 8. Panorámica del valle de Culebras a la altura de Quillapampa. Los números marcan las siguientes ubicaciones: 1. Sitio arqueológico Quillapampa (Pv34-75), 2. Entrada a la quebrada Gallinazo, 3. Sitio arqueológico Panteón I (Pv34-114), 4. Cerro Junco Chico, 5. Entrada a la quebrada Junco, 6. Sitio arqueológico Laguna I (Pv34-120). Vista desde la cumbre del cerro Gallinazo.


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Figura 9. Plano del sitio Quillapampa I (Pv34-75) y mapa general de distribuciĂłn de diferentes componentes cerĂĄmicos caracterizados por distintos tipos de alfares.


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Figura 10. Perfil Sur (Este-Oeste) del sitio Quillapampa I (Pv34-75).

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Figura 11. Porra decorativa de cerámica encontrada en el sitio Quillapampa I (Pv34-75) en contexto de un techo caído.

Figura 12. Tumba de cámara moche y restos de la superestructura sostenida por vigas de algarrobo halladas en el sitio Quillapampa I (Pv34-75).


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Figura 13. Cerámica fina moche con rasgos estilísticos de la fase III; parte del ajuar funerario de la Tumba No 1 del sitio Quillapampa I (Pv34-75).

Figura 14. Cerámica moche local del alfar A7; parte del ajuar funerario de la Tumba No 1 del sitio Quillapampa I (Pv34-75).


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Figura 15. Parte del ajuar funerario de la Tumba No 1 del sitio Quillapampa I (Pv34-75): adornos en oro, cobre dorado, cobre, turquesa, conchas y hueso.


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Aparte de la cerámica, en los desmontes se hallaron varios fragmentos de adornos de cobre, cobre dorado, oro, turquesas y conchas, entre ellos: cabezas de lechuzas de cobre repujado que supuestamente integraban un collar, sujetadores de cobre para adornos plumarios, lentejuelas colgantes de cobre dorado de forma circular, placas cuadrangulares de cobre dorado, láminas de oro finamente cortadas representando guerreros moche enfrentándose en duelo con porras (posibles fragmentos de narigueras), partes de un pectoral de piezas triangulares de Spondylus sp. y turquesas integradas por sujetadores de cobre y fragmentos de pectorales confeccionados con incrustaciones de concha de nácar y turquesas (Figura 15). Las ampliaciones arquitectónicas y sobre todo las remodelaciones de pisos han sido relacionadas con ritos de ofrendas . En diferentes partes del conjunto se hallaron también ofrendas humanas, entre ellas un guerrero adulto masculino en posición decúbito ventral con las extremidades inferiores flexionadas, con el cráneo presentando traumatismo cerca de la base del occipital comprometiendo la apófisis basilar, posible causas de su muerte (Figura 16).

Figura 16. Ofrendas humanas de un guerrero adulto masculino en posición decúbito ventral del sitio Quillapampa I (Pv34-75).


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Sin embargo, la presencia moche en Culebras no se reduce a los sitios anteriormente mencionados. En todo el núcleo principal moche en la parte media-alta del valle encontramos diferentes sitios vinculados al culto como asentamientos rurales, talleres alfareros, cementerios, templetes de adobe, y un pequeña plataforma techada, ubicada encima de una pared vertical rocosa, situada al frente del sitio Quillapampa I, en margen opuesto del valle; un lugar ideal para el despeñamiento ritual con más de 200 m de caída libre (Giersz 2007:198-217). De los 11 asentamientos de la fase Quillapampa, seis (54,5%) presentan una continuidad de ocupación de la fase Mango (Pv34-25, Pv34-27, Pv34-41, Pv3454, Pv34-61, Pv34-104). Cinco (45,5%), en cambio, han sido fundados en la fase Quillapampa y durante las épocas siguientes seguían en uso, cumpliendo varios papeles, sobre todo el de cementerio. Entre los asentamientos es difícil distinguir aquellos primarios de los secundarios, pues la extensión de los sitios es más o menos uniforme y no supera una hectárea de superficie. El patrón de asentamiento señala claramente que las sociedades que dominan el valle tienen una fuerte vocación agrícola y ocupan las pequeñas aldeas centradas alrededor de las mejores tierras de cultivo. Los sitios no tienen características defensivas y generalmente están ubicados cerca del piso del valle, en áreas abiertas y no defendibles. Los únicos sitios de carácter defensivo son los puestos de vigilancia, repartidos en lugares muy estratégicos. De hecho, dominan todo el fondo del valle medio-alto y medio-bajo. El análisis GIS de cuencas de visibilidad sugiere una relación directa de los puestos investigados con el control de vías de comunicación intra e intervalle (Figura 17). En el valle del río Culebras, el problema del fin de los moches está indudablemente relacionado con la influencia Huari en la sierra y la costa norte. Durante la fase Molino (700-850 d.C.) se nota una reconfiguración del patrón de asentamiento. Los sitios registrados se concentran en el valle medio-bajo, con su núcleo en las cercanías del pueblo moderno de Molino, y se relacionan con el sistema de la red vial intervalle norte-sur de la época. El total de sitios alcanza los 26, de los cuales 10 están distribuidos en la margen derecha y 16 en la margen izquierda del río. La distribución de los sitios en el seno de las diferentes categorías es la siguiente: 2 centros públicos, 8 asentamientos, 15 cementerios y 1 sitio fortificado (Figura 18). Los centros moches se quedan abandonados o se convierten en cementerios. Por otro lado, aparecen nuevos centros de distinto patrón arquitectónico, dominados por los recintos cercados de trazo ortogonal.


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Durante la fase Molino, emparentada con las épocas 2A y 2B del Horizonte Medio, aparece una nueva tradición de cerámica local que tiene una amplia distribución territorial. Esta cerámica, de cocción oxidante, decorada en el estilo Casma Impreso de Molde (Carrión Cachot 1959; Giersz 2007:89-91), presenta un nutrido repertorio iconográfico, basado tanto en la vieja tradición Moche, como en nuevos elementos culturales del norte y del sur (Figura 19). Entre los diseños destacan formas geométricas (meandros, olas, olas en forma de cabezas de pájaros, caras humanas en volutas ralladas) y temas complejos basados en la iconografía moche (parejas radiantes copulando, caza de venado, felinos enfrentándose, personajes radiantes bajo el arco bicéfalo, escenas marinas, felinos o dragones sobre la luna creciente). Se presentan también los cántaros antropomorfos de cara gollete o representaciones en bajo relieve de los personajes frontales con báculos, tan ca-

Figura 17. Análisis de la cuenca de visibilidad (viewshed analysis) de las fortificaciones (puestos de vigilancia) de la fase Quillapampa, valle de Culebras.


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racterísticas para la iconografía Tiahuanaco y Huari. Otro componente local de la fase Molino es la cerámica con decoración pintada de blanco, anaranjado y negro sobre rojo, con diseños geométricos. El cambio de la tradición alfarera se manifiesta también en la introducción de nuevas formas de recipientes, sobre todo la

Figura 18. Patrón de asentamiento durante la fase Molino (700-850 d.C.) en el valle del río Culebras.


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forma de vaso ceremonial tipo kero. La cerámica local aparece en los mismos contextos arqueológicos junto con la cerámica de origen foráneo, de diversos estilos clásicos Huari. Nuestras últimas investigaciones en el sitio Castillo de Huarmey en el valle de Huarmey demuestran claramente que esta zona limítrofe de la costa norte cumplió el papel principal en el intento de la incorporación de la costa norte al nuevo imperio andino (Bogacki et al. en este volumen). Contrariamente a las hipótesis presentes en la literatura del tema, formuladas a partir de algunas evidencias de superficie, en el Castillo de Huarmey se ha encontrado la superposición de la arquitectura moche y huari. La arquitectura de Castillo de Huarmey es asimismo completamente excepcional en los Andes Centrales en cuanto a sus características de planta y del sistema constructivo que comprende un entramado de largas vigas de madera, uso de tablones para pisos, muros de adobe de gavera y revestimientos externos de piedra (Figura 20). Se hallaron también dos tumbas de elite huari con un ajuar de excepcional belleza, en uno de los más importantes complejos de esta cultura en la costa norte del Perú.

Figura 19. Cerámica del la fase Molino registrada en el valle de Culebras.


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Figura 20. Castillo de Huarmey en el valle de Huarmey, el centro primario de la cultura Huari en la costa norcentral del PerĂş.


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Conclusiones A lo largo del presente artículo se ha visto que los estudios efectuados por nuestros antecesores muestran el nivel de trabajo y la cantidad de información disponible de manera muy diversa, variando esencialmente según cada autor, lo que hace imposible intentar hacer un estudio estadístico o un análisis avanzado del patrón de asentamiento durante cortos y específicos periodos del tiempo. Los mayores problemas que entorpecen este paso analítico son: la falta de compatibilidad de sistemas clasificatorios de sitios y artefactos arqueológicos, y el uso de diferentes sistemas cronológicos, no necesariamente basados en un previo estudio del contexto local. No obstante, los trabajos del Proyecto de Investigación Arqueológica “Valle de Culebras” proporcionaron datos únicos de primera mano acerca de la naturaleza de la presencia moche en la zona limítrofe de la provincia de Huarmey. Al analizar con mayor profundidad los cambios en patrones de asentamiento y la dinámica de las permutaciones en la producción y uso de la cultura material en un contexto local hemos llegado a precisar el carácter y la identidad de las poblaciones que habían introducido los estilos de cerámica Virú-Gallinazo y Moche en el valle de Culebras. Los hallazgos recuperados hasta la fecha respaldan un escenario de aparición de los grupos virú-gallinazo en forma de una “colonización” del área poco o nada poblada, y no una “conquista”. El escenario de una “colonización”, en lugar de una “conquista” del valle de Culebras por grupos portadores de la cultura material VirúGallinazo contrasta con el escenario registrado en el lejano valle de Piura, donde Makowski (1994:131-135) observó una gradual atrofia de instituciones políticas locales de la cultura Vicús, finalmente sometidas por los virú-gallinazos y moches. La casi ausencia de fortificaciones, salvo los puestos de vigilancia, ligados al control del camino intervalle norte-sur, nos hace pensar que el valle de Culebras, a diferencia de tales valles como Virú o Santa, fue dominado pacíficamente y no fue escenario de conflictos internos o externos, ni de una tensión política muy alta que frecuentemente acompaña los procesos de subyugación o asimilación de la población vencida. Las nuevas elites de la costa norcentral, que vivían en la lejana periferia del mundo Moche, sufrían sin embargo de una fuerte necesidad de legitimar su poder y los derechos políticos por medio de indispensables negociaciones con sus aliados de la costa norte y –eventualmente– los vecinos de la sierra, portadores de la cerámica de estilos Huaraz y Recuay. Los hallazgos provenientes del valle de Culebras sugieren una dicotomía referente al acceso a la tecnología y el repertorio iconográfico durante la fase Mango, mostrando la presencia de influencias tanto de la costa norte, como de la sierra norcentral peruana. Por un lado, la fuerte influencia de la sierra se refleja en la presencia de cerámica importada en los entierros (Giersz 2007:80-83) y la aparición de típicas formas Recuay en la cerámica lo-


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cal (trompetas, coladores con asa lateral; Giersz 2007:85-87). Por otro lado, la presencia de formas típicas moches, tales como vasos acampanados o botellas escultóricas, en la cerámica de clara afiliación tecnológica virú-gallinazo (Giersz 2007:60-65) demuestra claramente que los colonos del valle de Culebras han tenido el acceso a la tradición Moche. Estas evidencias respaldan la hipótesis de que las culturas-estilos Virú-Gallinazo y Moche-Mochica forman parte del mismo fenómeno y no pueden ser analizadas por separado. La presencia de formas y elementos decorativos moches en la cerámica Virú-Gallinazo, la falta de fuertes diferencias en el patrón arquitectónico y las semejanzas en el patrón de asentamiento respaldan tal sugerencia. Las alianzas selladas por las negociaciones con fuertes elites locales, los matrimonios, los regalos, los desplazamientos de artesanos, peregrinajes y visitas suelen jugar el papel decisivo en el proceso de consolidación de un estado multiétnico, constituido a base de varias identidades políticas. En el caso del valle de Culebras, la legitimización del nuevo poder del estado Moche se vislumbra en la presencia de la residencia de elite de considerable envergadura, de los complejos rituales fúnebres y en el acceso de las elites locales incorporadas al sistema estatal a los vestidos y los recipientes de uso ceremonial de la mayor calidad, tales como los elementos del sorprendente y rico ajuar funerario de los personajes enterrados en la Tumba N° 1 del sitio Quillapampa I. Es durante la fase Quillapampa cuando se nota una fuerte centralización de los centros públicos y puestos de vigilancia en la cuenca media-alta del valle, en la frontera oriental del territorio dominado por los moches. Sin embargo, el principal objeto de esta reconfiguración podría ser el control de la ruta intervalle norte-sur y del posible reservorio de agua en la localidad de Laguna, así como la legitimización del poder y el prestigio en la supuesta frontera con los Recuay y sus aliados de la sierra. En cuanto a la naturaleza de la ocupación virú-gallinazo y moche en la costa norcentral del Perú, el patrón de asentamiento registrado por nosotros en el valle del río Culebras durante las fases Mango y Quillapampa señala claramente que las sociedades que dominan el valle tienen una fuerte vocación agrícola y ocupan las pequeñas aldeas centradas alrededor de las mejores tierras agrupadas en cinco zonas de hábitat. Contrastando el patrón de asentamiento del Periodo Intermedio Temprano en otros valles de la costa norcentral con el paisaje edáfico reconstruido a partir de los informes de la Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (1972a, 1972b) se nota el mismo fenómeno de la presencia de varias agrupaciones de asentamientos centrados alrededor de las tierras aptas para el riego de la mejor calidad. Este último hallazgo contradice las críticas de Bonavia (1965:599), planteadas a la publicación de Horkheimer (1961) quien sospechaba que la presencia moche en los valles de la costa de Ancash se fundamentaba en el intenso cultivo de


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tierras. En estas críticas Bonavia sostenía que la presencia moche en esta zona del litoral peruano se limitaba a una ocupación esporádica y que las piezas del estilo Moche halladas allí representan tan solo objetos de cambio. Esta interpretación se introdujo a la literatura del tema y aún sigue en pleno uso (Proulx 2004; entre otros). Los patrones de asentamiento moche registrados por varios autores en los valles de Santa, Casma y Huarmey (Bonavia 1982; Chapdelaine 2010, y en este volumen; Wilson 1988, 1995; entre otros) muestran características muy similares. No hay sitios defensivos y generalmente los asentamientos están ubicados cerca del piso del valle, en áreas abiertas y no defendibles. Este patrón sugiere una Pax Mochica, es decir un periodo caracterizado por relaciones intravalle e intervalle pacíficas. Los únicos posibles enemigos de los moches del sur eran los grupos serranos, partidarios de la tradición Recuay. En el sur del valle de Huarmey, en las quebradas Las Zorras y Gramadal, y en el valle de Fortaleza, no se ha reportado vestigios representativos del Periodo Intermedio Temprano. A la luz de todos hallazgos mencionados, la frontera sur del estado Moche no tiene carácter del limes sino es un enclave al fin del camino, y posee las características de una zona limítrofe. El control de este camino y de la frontera no se ejercía por medio de un limes fortificado, tal como lo suponían Proulx (1968, 1973, 1976, 1978, 1979, 1980, 1982, 1985, 2004) y Daggett (1983, 1984, 1985) para el valle de Nepeña, sino mediante negociaciones políticas con las elites locales. Es de suponer en este contexto que la eficiencia del sistema de parentescos ceremoniales era el principal escudo contra los enemigos (Makowski 2010). El centro ceremonial y templo de Pañamarca en el valle de Nepeña es en todo caso el asentamiento más importante de la frontera y el principal centro ceremonial y supuestamente también administrativo de toda la región. Según nuestra opinión, el control político en las fronteras del mundo Moche se ejercía gracias a la ideología religiosa, y no mediante la ideología del poder. Los habitantes de las periferias comparten los mismos ritos, las mismas deidades y, supuestamente, similares secuencias ceremoniales y modelos de concebir la sociedad y el poder. Los miembros de la elite local tuvieron acceso a vasijas ceremoniales, textiles, adornos de cobre y oro y armas producidas en los talleres especializados, o incluso a los mismos artesanos diestros. Basta recordar las semejanzas entre el ajuar funerario encontrado en las tumbas de elite moche de Quillapampa en valle de Culebras (compuesto por pectorales de cobre, hueso y conchas tropicales, coronas, narigueras y aretes de cobre y cobre dorado y botellas escultóricas con representaciones plásticas de los principales dioses del panteón moche: el Mellizo Marino, el Mellizo Terrestre, la Divinidad de las Montañas y, posiblemente, la Divinidad Femenina según Giersz et al. 2005) y el ajuar funerario de señores y otros miembros de la autoridad suprema, registrados en Loma Negra o Sipán.


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El presente artículo intentó dar cuenta de algunos problemas que han sido dejados de lado durante varias décadas de las investigaciones acerca de la prehistoria de la costa norte. Esperamos que el presente trabajo haya servido para aclarar algunos tópicos no sin generar un sinfín de nuevas interrogantes, abriendo una nueva discusión académica. La complejidad de diferentes problemas requiere de nuevos fundamentos, entre ellos de una nueva cronología relativa, basada en contextos primarios, con una buena definición de estilos, y requiere asimismo de estudios sobre identidades tecnológicas de las poblaciones, para no caer en el círculo vicioso cultura-estilo-ethnos.

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Andes 8 (2011): 311-325

Detección remota y análisis con GIS de distribución de artefactos en superficie en el Castillo de Huarmey Miron Bogacki, Miłosz Giersz, Patrycja Prządka-Giersz, Wiesław Małkowski y Krzysztof Misiewicz

Una prospección arqueológica integral del sitio Castillo de Huarmey, uno de los centros ceremoniales y religiosos prehispánicos más importantes del periodo Horizonte Medio (600 – 900 d.C.), fue llevada a cabo por especialistas polacos. La prospección comparó diferentes métodos no destructivos: mapeo con GPS RTK, fotogrametría aérea con cometa, magnetometría de cesio y análisis espacial de la distribución de artefactos en superficie. Los datos de la prospección fueron combinados usando una base de datos de sistemas de información geográfica para registrar la arquitectura monumental de adobes y la vasta necrópolis de los miembros de alto rango de las elites prehispánicas, y para reflejar la superficie subyacente del sitio. A comprehensive archaeological survey of the Castillo de Huarmey site, one of the most important pre-Hispanic Middle Horizon period (AD 600-900) ceremonial and religious centers on the Peruvian North Coast, was carried out by Polish scholars. The survey combined different non-destructive methods: GPS RTK mapping, kite aerial photogrammetry, cesium magnetometry, and spatial analysis of surface artifact distribution. The survey data was combined with spatial information using a geographic information system to record the monumental mud-brick architecture and the vast necropolis of the high-ranking members of pre-Hispanic elites, and to reflect the subsurface site. The undertaking of methodical and comprehensive nondestructive archaeological survey on the North Coast of Peru was one of the first such projects in this region, and is promising for achieving significant advances in the current understanding of local pre-Hispanic societies.

T

écnicas de prospección arqueológica no invasivas y no destructivas aún son, en gran parte, desconocidas por los arqueólogos que investigan los Andes. Gracias al financiamiento provisto por el Ministerio de Ciencia y Educación Superior de Polonia, especialistas polacos llevaron a cabo una prospección arqueológica integral Miron Bogacki ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Arqueología, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: miron.bogacki@gmail.com Miłosz Giersz ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Arqueología y Centro de Estudios Precolombinos, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: mgiersz@uw.edu.pl Patrycja Prządka-Giersz ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Estudios Inderdisciplinarios “Artes Liberales” y Centro de Estudios Precolombinos, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: p.przadka@uw.edu.pl Wiesław Małkowski ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Arqueología, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: wmalkowski@uw.edu.pl Krzysztof Misiewicz ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Arqueología y Academia de las Ciencias de Polonia, Instituto de Arqueología y Etnografía, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: geomis@iaepan.edu.pl


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del sitio Castillo de Huarmey, uno de los centros ceremoniales y religiosos prehispánicos más importantes de la costa norte del Perú. La prospección comparó diferentes métodos no destructivos: mapeo con GPS RTK, fotogrametría aérea con cometa, magnetometría de cesio y análisis espacial de la distribución de artefactos en superficie. Los datos de la prospección fueron combinados usando una base de datos de sistemas de información geográfica para registrar la arquitectura monumental de adobes y la vasta necrópolis de los miembros de alto rango de las elites prehispánicas, y para reflejar la superficie subyacente del sitio. El proyecto es dirigido por el doctor Miłosz Giersz y realizado sobre la base de cooperación entre el Centro de Estudios Precolombinos de la Universidad de Varsovia y la Pontificia Universidad Católica del Perú, en el marco de un acuerdo bilateral entre ambas universidades.

El sitio arqueológico Castillo de Huarmey El sitio Castillo de Huarmey se ubica a un kilómetro de distancia al este de la ciudad de Huarmey, provincia de Huarmey, región de Ancash. Castillo de Huarmey es el sitio más grande del periodo Horizonte Medio (600 – 900 d.C.) en la parte sur de la costa norte del Perú. El sitio se ubica a un kilómetro al este de la actual localidad de Huarmey, en la cima de un largo espolón rocoso que se proyecta hacia el valle. Este centro está situado en el extremo norte del valle ribereño, en la entrada de un pequeño cañón seco adyacente, a unos 4 kilómetros en dirección este desde el Océano Pacífico. El sitio se extiende sobre 45 hectáreas. Se conforma por cerca de 17 hectáreas de restos de arquitectura monumental y zonas funerarias dispersas. Los complejos arquitectónicos son claramente multifuncionales, incorporando espacios para actividades públicas, domésticas y rituales. Las construcciones son visibles en la superficie. El sector ceremonial principal, denominado “El Castillo”, presenta una pirámide erigida con adobes (con cerca de 200 m de largo, 65 m de ancho, 14 m de altura). Dos estructuras menores rodean la plataforma principal de norte a sur al nivel de los campos agrícolas. Desafortunadamente, debido a su cercanía a la localidad y su fama, el sitio ha sufrido más saqueos que otros sitios prehispánicos de la región. En Castillo de Huarmey nunca se han llevado a cabo estudios sistemáticos con excavaciones, a pesar que, de hecho, se sabe que en el pasado se intentó iniciar dichos estudios, sin éxito alguno (Bonavía 1982; Bueno 1979; Tabío 1977). Las únicas investigaciones iniciales en el sitio se limitaron a algunos estudios e investigaciones de campo de algunos artefactos arqueológicos procedentes de Castillo de Huarmey y depositados en colecciones de museos (Prümers 1990, 2000). Desde el punto de vista científico, el sitio es la clave para entender uno de los temas más enigmáticos en la arqueología andina moderna: el origen, forma y rol de las


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transformaciones sociales, políticas y culturales que ocurrieron a lo largo de esta área durante el periodo Horizonte Medio (600 – 900 d.C.). El sitio Castillo de Huarmey, lugar de origen de la más grande colección de textiles prehispánicos de estilo Moche–Huari que se conozca –obtenidos, desafortunadamente, como resultado de saqueos– (Prümers 1990, 2000) es un candidato natural para ser considerado como el centro primario de autoridad durante la segunda mitad del primer milenio d.C. Hay también premisas confiables que nos permiten suponer que dentro del perímetro del sitio existe una necrópolis de las elites de alto rango de la cultura Huari (Bueno 1979), las cuales llegaron a la región probablemente en la primera mitad del octavo siglo d.C., dispersándose desde el área de la actual cuenca de Ayacucho, y luego interactuaron culturalmente con la población local de la cultura Moche.

Prospección con GPS RTK La prospección de locación y altitud fue llevada a cabo con la ayuda de dos receptores GPS Topcon HiPer PRO integrados de doble frecuencia (L1, L2). Localmente, la conexión de los sensores fue lograda mediante la banda de radio moderna UHF. Mientras se realizaba la prospección, se definió una serie de coordenadas como UTM Sur – Zona 17 84W – 78W de acuerdo al elipsoide referencial WGS 84. La estabilización de la estación base receptora con un punto de red conocido permitió mantener una exactitud a escala de centímetros durante las mediciones diferenciales (Cinemática de Tiempo Real – RTK). Esto, a la vez, permitió definir el ámbito de la prospección, incluyendo la demarcación de la prospección geofísica y la red prospectada para estudios de excavación planificados. Adicionalmente, también se hizo un inventario de la arquitectura visible en la superficie: la colina principal de “El Castillo” y tumbas dentro de las zonas funerarias. Se generó un plano del perímetro de todo el sitio, ocupando un espacio calculado en cerca de 45 hectáreas de extensión. El GPS también se uso para registrar los artefactos recolectados en superficie, y los puntos de fotografías (photopoint) fueron usados para ajustar las imágenes aéreas tomadas con cometas. Las mediciones fueron llevadas a cabo como registros individuales de coordenadas X(N), Y(E) y H, pero también en modo automático de acuerdo a la distancia horizontal ingresada, mientras se mantiene la exactitud de las mediciones RTK: horizontal H: ±10 mm + 1 ppm; vertical V: ±15 mm + 1 pmm. Como resultado del procesamiento de los datos de la prospección se produjo un mapa digital – el modelo para el sitio Castillo de Huarmey enriquecido por un sistema de georeferencias para bitmaps (ortofotos aéreas, mapas e imágenes geofísicos). Una versión vectorizada del mapa de Castillo de Huarmey debería ser, por lo tanto, utilizado como una base para el análisis específico del sitio y para un trabajo activo con las bases de datos dentro de un modelo de datos integrados único.


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Software Las prospecciones de campo con GPS se benefician con la aplicación Top Surv 7, que se usa para señalar, registrar puntos, realizar cómputos geodésicos, etc. Los archivos ASCII fueron procesados con el software de cálculo geodésico Winkalk. Se logró realizar una interpolación preliminar de rasantes con el programa Mikromap, y el dibujo final del mapa digital se realizó con AutoCAD MAP 3D. Se produjeron mapas geofísicos con la aplicación Surfer 9.0 y luego se adjuntaron a la plataforma de AutoCAD, y también fueron transformados en imágenes georeferenciadas con el software de gráficos de trama RASTER DESIGN. Resultados La prospección llevada a cabo en este sitio reveló una gran concentración de artefactos arqueológicos en las proximidades de la plataforma principal, al igual que tres áreas funerarias en el valle cercano, ocupando un total de 4 hectáreas (Figura 1). Las tumbas se ubican al pie de las colinas circundantes, y mientras que estas muestran señales de saqueo y daños, son legibles en la topografía del terreno y su extensión es confirmada y detallada por la prospección geofísica. En la cima y en la zona escarpada de la pirámide principal se puede observar vestigios de arquitectura. Los muros de aproximadamente un metro de ancho se erigieron con adobes así como con piedra, y otros elementos arquitectónicos presentes en esta estructura monumental son vigas de madera. Los muros constituyen los límites de las estructuras que son estrictamente contiguas y fueron adaptados a ejes específicos que corresponden a la forma de la colina. Dentro de estos límites del complejo, que se extiende sobre cerca de 5 hectáreas, es posible percibir el punto de desviación del eje principal, más o menos al centro de la colina con una elevación cercana a los 14 metros sobre el terreno circundante.

Fotogrametría aérea con cometa El Castillo de Huarmey se ubica cerca a la costa del Océano Pacífico. En enero de 2010 hubo condiciones favorables allí para tomar fotografías desde una cámara suspendida en una cometa. Casi todos los días un fuerte viento soplaba desde el océano. El paisaje de la región de “El Castillo” es muy ventajoso y permite moverse alrededor con la cometa sobre toda el área. Normalmente 2 o 3 personas tomaron parte en la toma de fotografías desde la cometa. La cámara controlada mediante control remoto fue operada por Miron Bogacki y la cometa fue controlada por Wiesław Małkowski (Figura 2). En situaciones más complejas se contó con la ayuda de otros miembros del proyecto. No es posible lanzar una cometa sin ayuda alguna


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Figura 1. Plano del sitio arqueolรณgico Castillo de Huarmey.

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Figura 2. Cámara fotográfica operada por control remoto usada en el sitio Castillo de Huarmey (foto: Miłosz Giersz).

Figura 3. Cometa flow-form durante la prospección (foto: Miłosz Giersz).


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y operar una cámara al mismo tiempo debido a la intensa fuerza de elevación de la cometa. El operador de la cometa no coge el hilo de esta de manera directa. Más bien, el hilo es enroscado a través de una serie de poleas y atado a elementos de un arnés para escalar, por lo cual es posible avanzar libremente junto con la cometa, y sin mucho esfuerzo. Se usaron tres cometas flowform de diferentes tamaños (Figura 3). Con vientos fuertes solo se utilizó la cometa más pequeña, de 2 por 3 metros. Con vientos moderados o suaves se uso o bien una cometa de tamaño mediano o la más grande, con una superficie de 12 m². Las cometas no tienen bordes, por lo que no se rompen con vientos fuertes. Por su forma adecuada, las cometas logran una gran estabilidad de vuelo y permiten así obtener imágenes bien definidas y de alta resolución. Las cometas no se elevan de manera vertical. Para capturar una imagen de un área de interés nos tuvimos que mover en la parte delantera de los sitios en la misma dirección del viento. Las imágenes fueron tomadas desde diferentes altitudes, usualmente dentro del rango comprendido de 100 a 200 metros. Las imágenes fueron tomadas con una cámara Canon 5D equipada con lentes Canon de 35 mm f2.0 y de 28 mm f1.8. Esta cámara tiene un sensor de fotograma completo de cerca de 13 megapixeles y produce imágenes de alta calidad incluso en locaciones de alta sensibilidad. Se escogieron lentes de foco fijo debido a que la gran estabilidad mecánica de su interior los hace más compatibles con el software fotogramétrico. La cámara fue montada sobre un armazón especial controlado remotamente, diseñado por Miron Bogacki, el cual es capaz de rotar horizontal y verticalmente y permite tomar imágenes en todas las direcciones. El armazón se auto nivela debido a la suspensión tipo Picavet (Beutnagel et al. 1995). Este equipo ha sido usado antes, en condiciones similares, durante excavaciones en Libia, en Ptolemais (Bogacki 2009; Bogacki et al. 2008). El fotógrafo emplea radio control para lograr total manejo de los movimientos de la cámara, el disparador y el auto enfoque. El uso de transmisión de imágenes inalámbrica de 2.4 GHz desde la cámara permite tener una vista preliminar de las imágenes tomadas en un monitor en la consola de comandos y recortar apropiadamente el armazón. La toma de imágenes se llevó a cabo usualmente a las 17:00 horas, con viento apropiado y siendo el momento en que el sol brillaba a una altitud más baja, resaltando la textura del terreno. Se llevaron a cabo cinco sesiones fotográficas, durante las cuales fue posible capturar toda el área. Cada sesión involucró 500 fotografías, que luego fueron sometidas a una selección para dejar las mejores. En la mayoría


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de casos se tomó imágenes verticales. Sin embargo, también se tomaron fotografías oblicuas para mostrar el sitio desde una perspectiva más natural (Figura 4). Transformando las fotografías aéreas en imágenes cartométricas Para propósito de documentación arqueológica, las imágenes verticales son las más útiles. Sin embargo, ellas no constituyen el reflejo cartométrico de la realidad. Las longitudes y dimensiones en las fotografías tomadas en campo, recalibradas, difieren de las dimensiones reales de los objetos. En primer lugar, esto se relaciona con el hecho que una fotografía es una proyección de una perspectiva – no ortogonal – de la imagen tomada por el sensor CCD. En segundo lugar, las distorsiones en la fotografía son introducidas por la misma cámara, y particularmente por los lentes. Nunca lidiamos con lentes ideales – debido a que cada uno de ellos tiene algún tipo de desperfecto, como por ejemplo distorsiones. Una clase de lente solo nos dice si los desperfectos son importantes, o poco significantes en relación a una fotografía determinada (Kurczynski 2006). Para eliminar estos desperfectos es necesario definir los parámetros de la distorsión. Esto ocurre cuando se calibra la cámara (Image Master 2007; Remondino y Fraser 2006). Así, para obtener la documentación tridimensional más precisa del área investigada, se tiene que usar software fotogramétrico. Sobre la base de fotografías tomadas y procesadas de manera apropiada, la aplicación Image Master Pro crea un DSM (Modelo Digital de Superficie) tridimensional y ortoimágenes (Longley et al. 2001). Para que el software funcione correctamente deben tomarse en cuenta varios criterios. En primer lugar, la cámara debe estar calibrada – junto con los lentes usados para tomar las imágenes – con el módulo Image Master Calib (Image Master 2007; Remondino y Fraser 2006). El perfil de la cámara preparado de esta manera, diferente por cada lente, se usa para remover aberraciones ópticas y de perspectivas en las imágenes. Luego de la calibración, el procesamiento del proyecto puede iniciarse con el software fotogramétrico Image Master de Topcon. En una primera etapa, es necesario marcar puntos de control en tierra en las fotografías tomadas. A mayor número, mejor y más preciso será el Modelo Digital de Superficie. Los puntos de control en tierra son subsecuentemente capturados como puntos de fotografías (photopoints) – puntos de referencia. Este proceso es llamado georeferenciación de imagen (Longley et al. 2001; Zhu et al. 2008). Por esta razón, el área investigada de Castillo de Huarmey fue marcada con cruces de alrededor de 0,5 m pintadas de modo que sean claramente visibles. Los puntos de fotografías – las cruces – fueron dispuestas en un patrón irregular. Las distancias entre estos variaban entre los 15 y 80 metros.


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Figura 4. Fotografía oblicua del sitio arqueológico Castillo de Huarmey (foto: Miron Bogacki).

Las mediciones exactas de los puntos de referencia fueron llevadas a cabo con el método de GPS RTK por Wiesław Małkowski. En la etapa de procesamiento se ingresó en el programa un archivo de texto con las designaciones y coordenadas de estos puntos (X – norte; Y – este; Z – altitud). Luego registramos en el programa las imágenes de toda el área. Se usaron ocho pares de fotografías para producir tanto el DSM y el ortofotomapa del sitio. Fotografías individuales cubrieron áreas de límites mayores midiendo entre 55 y 210 metros. La regla básica fue que un par de fotos debía traslaparse en un 60 a 80 por ciento. Para propósitos del proyecto, cada imagen fue reorientada y así se creó un modelo estereoscópico del área capturada en imágenes. El proyecto mostró tanto los puntos de referencia que permiten convertirlos de acuerdo a un grupo de coordenadas predefinidas, y puntos adicionales que vinculan fotografías individuales entre sí de manera recíproca. De esa manera podían ser unidas de manera más precisa. Resultados Luego que el programa generara los estereopares, se podía crear un Modelo Digital de Superficie. La superficie TIN (red irregular triangulada) fue creada para


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el área designada por el usuario (Longley et al. 2001). Para facilitar la manipulación de la data, la resolución de la cuadriculación se estableció en 0,5 m. Esta resolución podía incrementarse reduciendo el tamaño de un único triángulo a solo unos centímetros. La cuadriculación se produjo en base a todas las fotografías y finalmente se consolidaron dentro de un único modelo tridimensional con una superficie igual a 169469 m² (Figura 5, izquierda). El modelo encajaba dentro de un rectángulo de 700 por 500 m. Es posible modificar libremente este modelo, crear secciones trans-

Figura 5. El modelo tridimensional consolidado con una superficie igual a 169469 m2 (izquierda) y ortoimagen de toda el área con una resolución de 3cm/pixeles (fotos: Miron Bogacki).


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versales, crear mapas de contorno, extraer y resaltar elementos arqueológicamente significativos, medir distancias y superficies, etc. Cada área puede ser analizada y procesada separadamente. También se produjo una ortoimagen de toda el área con resolución de 3cm/ pixeles - 12321x23751 pixeles (Figura 5, derecha). El mapa fue guardado en formato Geo Tiff, y de esa manera puede ser importado fácilmente a otros programas manteniendo la georeferenciación. También se exportó un modelo tridimensional del terreno en formato VRML, permitiendo su rápido procesamiento en programas 3D (p.e. Autodesk 3D Studio Max) así como su publicación en la web. Los datos obtenidos son complementarios mutualmente e integrados al entorno de GIS Autodesk Autocad Map con los datos de: a) La prospección geodésica con GPS RTK de Wiesław Małkowski. b) La prospección geofísica de Krzysztof Misiewicz. c) La prospección de la superficie arqueológica de Patrycja Prządka-Giersz y Roberto Pimentel Nita. d) La excavación arqueológica de Miłosz Giersz. La precisión general del Modelo Digital de Superficie que se generó puede ser considerada completamente adecuada para los propósitos de la arqueología. Las diferencias entre las coordenadas de los puntos de control definidos sobre la base del modelo 3D del terreno y las coordenadas de los mismos puntos prospectados con el método GPS RTK no excedían los 3 cm. Sin embargo, la precisión en la altitud era menor y llegaba incluso a una docena o más de centímetros. Durante la segunda semana de trabajo en el sitio Castillo de Huarmey, la fotografía con cometa reveló solo algunos desperfectos menores. El mayor problema fue la obtención de la cobertura fotogramétrica del terreno de todo el sitio arqueológico. Esta área mostró ser mayor de lo que había resultado en un reconocimiento previo. Otra dificultad involucró la integración de datos de varios estereopares dentro de un mismo proyecto. Esto requirió mucho tiempo y trabajo para procesar fotografías individuales con el software fotogramétrico. Como resultado de la fotogrametría con cometa se obtuvo: fotografías verticales y oblicuas, ortoimágenes y TINs de ciertos lugares específicos y también de todo el terreno. Los materiales presentados documentan el estado de conservación del sitio previamente al inicio de las excavaciones. También constituyen un argumento importante y exhaustivo para la continuación de este trabajo y mayores estudios arqueológicos.


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Cuando se evalúa la utilidad de las fotografías tomadas con cometa en conjunción con software fotogramétrico, son evidentes las ventajas que provee. Al compararse con imágenes tomadas desde satélites, aviones o helicópteros, las imágenes tomadas desde cometa son menos costosas. Además, las fotografías pueden ser tomadas en cualquier momento del día y pueden cubrir todo el terreno seleccionado. Al compararse con aviones controlados por control remoto y helicópteros usados para los mismos fines (Eisenbeiss et al. 2005), el equipo demostró ser más fácil para transportar (también por aire), menos costoso, y se construye y opera de manera menos complicada. Gracias a la fotografía de cometa en asociación con fotogrametría fue posible obtener información objetiva, actualizada, en alta resolución y precisa, superando a los métodos más costosos.

Prospección geofísica Se escogió seis áreas para nuestra investigación, con un total de superficie de más de 3,5 hectáreas. En las primeras tres áreas se llevó a cabo el reconocimiento de un área amplia para ubicar artefactos arqueológicos preservados. Las áreas restantes fueron usadas con propósitos de validación – respecto a las estructuras definidas. La prospección geofísica fue llevada a cabo con la ayuda de un gradiómetro de fluxgate Bartington grad601-2 dual y un magnetómetro de cesio Geometrics G858 MagMapper en su versión gradiente. Las mediciones se realizaron dentro de cuadrados de 30 por 30 m o de 50 por 50 m, marcando líneas cada metro y registrando los cambios de valores medidos en puntos distantes a 0,25 m a lo largo de cada perfil. Los resultados se presentaron a modo de mapas y diseños de modelos tridimensionales de valores medidos de intensidad de campo magnéticos, con la ayuda de Surfer 9.0 Graphic Suite de Golden Software Inc. Resultados Los resultados más sorprendentes se obtuvieron en las áreas 1 – 3, donde se ubican los restos de arquitectura de adobe, no visibles en superficie (Figura 1). En el área investigada se pueden observar estructuras lineales, que tienen ángulos rectos y líneas paralelas, así como dimensiones típicas de complejos residenciales y funerarios (área 2). En la primera área se registraron algunas anomalías, causadas por la presencia de partes preservadas de una estructura funeraria. Los daños significativos al terreno y la presencia de estructuras de metal actuales que causan anomalías bipolares no permiten determinar de modo no ambiguo el lugar preciso donde se ubican los artefactos. Solo permiten determinar la ubicación precisa de los límites de la estructura preservada. Un reconocimiento del área funeraria más al norte, respecto a la pirámide principal de Huarmey (área 3), permitió recrear el modo


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como estaban organizados los entierros, aislar esta concentración de estructuras y definir su grado de conservación bajo la superficie de la tierra (tumbas o bien saqueadas o bien intactas).

Análisis de la distribución de artefactos en superficie con GIS En la arqueología moderna, la prospección de la superficie de un sitio se usa para encontrar los límites del mismo, evaluar su función, estudiar la distribución de artefactos y planificar futuras excavaciones. Dentro de los alcances de nuestro proyecto, llevamos a cabo una prospección sistemática de la superficie del sitio de total cobertura. La prospección implicó una inspección sistemática visual de los rasgos culturales y la recolección y documentación de todos los artefactos en la superficie del sitio. Métodos de prospección e investigación En enero del 2010, Patrycja Prządka y Roberto Pimentel Nita llevaron a cabo una prospección sistemática de la superficie del sitio de total cobertura previamente al inicio de las excavaciones. Todos los artefactos fueron mapeados con el GPS RTK antes de su recolección, proporcionando datos espaciales con una precisión de centímetros. Los artefactos recolectados fueron identificados, separados, colocados en bolsas y registrados por tipos. Luego, estos artefactos fueron limpiados, analizados y documentados. La prospección produjo un amplio rango de artefactos bioarqueológicos y una gran muestra de materiales arqueológicos que representan un número de diferentes clases de artefactos, principalmente cerámica, textiles, metales pequeños, objetos líticos y de madera, todos los cuales fueron caracterizados como formas prehispánicas. El examen de la distribución de artefactos incluyó varias etapas. Nos centramos en los patrones y conglomerados en los datos de los artefactos, basados en la cantidad de dispersiones recolectadas y las posibles razones de dichos patrones y conglomerados. Se integró un cuadro de datos de los artefactos recolectados dentro del entorno de AutoCad Map 3D. El mapa final (Figura 1) ilustra la distribución de las categorías individuales de artefactos por cantidades. Resultados En general, los patrones de distribución se relacionan directamente con las actividades de saqueo. Sin embargo, las concentraciones de dispersiones reflejan algunas diferencias importantes en relación a la cronología, función y estatus de las


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M. Bogacki, M. Giersz, P. Prządka-Giersz,W. Małkowski y K. Misiewicz

unidades relacionadas. El patrón espacial de distribución de cerámica mostró una dispersión general de materiales cerámicos a lo largo de la mayoría del área prospectada, tanto en el área funeraria como en las áreas de asentamiento, sin un patrón obvio. Otras dispersiones, que consistieron de materiales como textiles finos y objetos de metal, líticos y de madera, se concentraron mayormente en las proximidades de la pirámide principal, considerada como una necrópolis de las elites prehispánicas de mayor rango. La falta de estos materiales en el perímetro de dos estructuras de adobe menores sugiere que estos conjuntos jugaron un rol diferente al de esta plataforma funeraria. La falta de restos óseos humanos claramente confirma esta teoría.

Conclusiones En este artículo demostramos los enfoques metodológicos que pueden utilizarse para registrar, analizar e interpretar los sitios arqueológicos complejos. Usando técnicas modernas, de sensores remotos, Castillo de Huarmey, un sitio arqueológico altamente complejo, fue registrado en solo dos semanas de trabajo de campo. La metodología combinada, basada en el mapeo con GPS RTK, fotogrametría aérea con cometa, prospección geofísica y el análisis de la distribución de artefactos en superficie con GIS, sobrepasó vastamente los métodos de prospección tradicionales, ya que la precisión, como en densidad y adquisición de puntos son asuntos de interés. El procesamiento de los datos permitió elaborar y visualizar modelos 2D y 3D que serán los puntos de inicio para futuras investigaciones arqueológicas. Nos sentimos seguros al concluir que esta metodología puede ser importante y tomada como un modelo a seguir, especialmente en el escenario andino, donde condiciones medioambientales específicas son muy favorables para la aplicación de estos métodos.

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Detección remota y análisis con GIS de distribución de artefactos...

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Andes 8 (2011): 327-355

La presencia casma, chimú e inca en el valle de Culebras Patrycja Prządka-Giersz

Desde el año 2002, arqueólogos polacos y peruanos están realizando prospecciones y excavaciones arqueológicas en el valle del río Culebras, en la costa norte del Perú. Hasta la fecha se han descubierto más de cien sitios arqueológicos hasta ahora desconocidos. Se han propuesto también algunas interpretaciones en cuanto a su función, su cronología y los patrones de asentamiento. En el presente artículo presentamos los resultados de las investigaciones llevadas a cabo durante ocho temporadas subsiguientes, analizando sus implicaciones. A partir de los hallazgos arqueológicos provenientes del valle de Culebras, reconstruimos los patrones de asentamiento, la subsistencia y la producción artesanal de las sociedades prehispánicas, poniendo énfasis en los componentes derivados del Horizonte Medio, así como el impacto chimú e inca en las sociedades precolombinas locales. Since 2002 the Culebras valley has been the focus of an extensive archaeological surface survey and limited excavations at selected sites, carried out by Polish and Peruvian scholars. Over one hundred previously unknown archaeological sites have been recorded so far, and tentative interpretations of their chronology, functions and settlement patterns have been suggested. In this article, we report results of eight field seasons and discuss their implications. We employ fieldwork data from the Culebras valley to reconstruct settlement patterns, subsistence and craft production, focusing on post-Middle Horizon components, as well as the impact of Chimú and Inca cultures on local preHispanic societies.

E

n la prehistoria de las sociedades andinas, todavía se encuentran periodos que están menos reconocidos en algunas regiones que en otras. Esta situación se refiere en particular a la zona límite entre la costa norte y la costa central del Perú, donde la naturaleza exacta de la ocupación cultural durante los últimos siglos antes de la llegada de los españoles sigue siendo un enigma y objeto de varias especulaciones, no necesariamente fundamentadas por datos empíricos. Los investigadores cada vez dan más importancia a la complejidad de las transformaciones ideológicas y socio-políticas que tenían lugar en estos tiempos. Dichos procesos, que se iniciaron en el fin del Horizonte Medio y el comienzo del Periodo Intermedio Tardío, a principios del siglo X, se mantuvieron hasta la conquista de los incas, es decir hasta el siglo XV. Fueron cambios muy generales, que correspondían a aspectos diversos de la vida cotidiana y ceremonial de los habitantes de esta región del Perú. En el inicio de dicha época, en diferentes regiones del mundo andino, se desarrollaron nuevas entidades políticas independientes. Su importancia Patrycja Prządka-Giersz ■ Universidad de Varsovia, Instituto de Estudios Inderdisciplinarios “Artes Liberales” y Centro de Estudios Precolombinos, ul. Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: p.przadka@uw.edu.pl


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Figura 1. Mapa de la costa norte del Perú, con indicación de los sitios más importantes de los periodos tardíos.


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y naturaleza tenía su reflejo tanto en la riqueza artística y costumbres funerarias, como en patrones de asentamiento. En estos tiempos, tuvo lugar el crecimiento de la diversidad de especializaciones y las técnicas de producción. Se empezó a producir cerámica a gran escala, gracias al uso masivo de molde, paleteado y nuevos tipos de hornos (Shimada 1994). Además, aparecieron nuevos estilos de decoración de la cerámica, tanto ceremonial como doméstica, que se extendían en grandes áreas de la costa y la sierra (Castillo 2000; Kaulicke 1997; Makowski 2006; Shady y Ruiz 1979; entre otros). Este proceso de cambios socioculturales fue acompañado por un incremento de la población el mismo que se ha reflejado también en el tamaño de asentamientos y en la construcción de centros administrativos de particular envergadura, como Pacatnamú, Chan Chan o Túcume (Figura 1). Según las evidencias arqueológicas, el crecimiento de las poblaciones fue generalmente condicionado por la expansión de la frontera agrícola –se construyó el único sistema de irrigación intervalle que conectaba tres cuencas: La Leche, Zaña y Lambayeque– y por algunos avances tecnológicos, como por ejemplo la introducción de bronce arsenical como materia prima para la confección de herramientas agrícolas (Hocquenghem y Vetter 2005). Durante este periodo, a raíz de las transformaciones culturales surgieron nuevas entidades políticas como Lambayeque-Sicán y Chimú, en la costa norte, Chancay e Ychsma en la costa central e Ica-Chincha en la costa sur (Eeckhout 2004; Krzanowski 1991, 2008; Makowski y Vega Centeno 2004; Menzel 1959; Moore y Mackey 2008; Shimada 1995; entre otros). Dentro del mosaico cultural de esta época, la cultura Chimú fue la que jugó un papel importante en la organización política de la costa norte. Como indican algunos investigadores, los chimús lograron controlar toda esta parte del litoral desde Tumbes y, por corto tiempo, pudieron haber extendido su dominio hasta la costa norcentral (Mackey y Klymyshyn 1990; Moore y Mackey 2008; Ravines 1980; entre otros). Al principio, el termino chimú estaba referido a las manifestaciones culturales, en particular al estilo de la cerámica recurrente en Chan Chan y en los contextos funerarios. Esta cerámica se caracterizaba, entre otros factores, por las formas de las botellas escultóricas con asa-estribo, las vasijas de dos cuerpos con doble pico asa puente y botellas globulares. La mayoría de estas piezas era de color negro o gris, dependiendo del ambiente de reducción en el que estuvieron horneados. Desde los primeros trabajos concentrados en el fenómeno político del reino Chimú y su supuesta unidad cultural, varios investigadores, siguiendo las sugerencias de Tello (1929), indicaban que dentro de su dominio se registraban variadas identidades étnicas. Ramos de Cox (1951) trató de correlacionar algunas expresiones culturales del valle de Piura con la etnia de los tallanes. Por su lado Carrión


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Cachot (2005 [1959]) manifestó que existían relaciones entre la iconografía chimú y la cerámica impresa de molde de la costa norcentral, al sur de su área de influencia, mientras que Zevallos Quiñones (1971) demostró la existencia del estilo y cultura Lambayeque, anterior a la de Chimú. Actualmente, la comprensión de esta cultura se afirma en la estupenda cantidad de información obtenida durante las investigaciones de Shimada (1985, 1995) y sus colaboradores en el sitio Batán Grande. Los resultados de estas investigaciones han revolucionado el conocimiento de la cultura Lambayeque-Sicán y asimismo permitieron entender mejor los antecedentes del reino Chimú. A base de fechados radiocarbónicos, se supone que alrededor de 1310 – 1325 d.C. los señores chimús conquistaron los centros de la cultura Lambayeque-Sicán (Keatinge y Conrad 1983; Moore y Mackey 2008:789). En poco tiempo dominaron todo el valle de Jequetepeque y fundaron nuevos asentamientos, como Talambo y Algarrobal de Moro, que se distinguían de las estructuras locales por sus rasgos arquitectónicos, como amplios patios, audiencias y series de almacenamientos (Briceño Rosario 1996; Castillo et al. 1997; Keatinge y Conrad 1983; Mackey 2004). Durante el siglo XIV d.C. los señores de Chan Chan iniciaron su conquista más hacia el norte. Como lo muestran las evidencias arqueológicas, entre 1360 y 1400 d.C. los chimús consolidaron el territorio recién conquistado desde el valle del río de Jequetepeque hasta el valle de La Leche. Antes del año 1450 d.C. los chimús expandieron su control hasta Tumbes, pero como sugieren varios autores, probablemente no lograron consolidar su poder en el territorio del extremo norte (Moore y Mackey 2008). Mientras que la frontera norte del dominio chimú está bien definida, gracias a las investigaciones efectuadas durante las últimas décadas, el límite de su hegemonía en la parte sur de la costa norte sigue siendo objeto de diferentes especulaciones, no necesariamente fundamentadas por los resultados de los trabajos arqueológicos. Como hemos mencionado anteriormente, según la fuente anónima del siglo XVII, el tercer rey de Chimor llamado Ñancenpinco llevó la conquista de las tierras hasta el valle de Santa. Kolata (1990) sitúa este momento alrededor del año 1200 d.C., luego de la supuesta derrota de la dinastía Sicán de Batán Grande. Durante la gran expansión del reino Chimor, iniciada en el siglo XIV d.C., las conquistas se extendieron también hasta el sur de la costa norte. Sobre la base de los últimos trabajos realizados en esta parte del litoral peruano, se supone que alrededor de 1350 d.C. los chimús lograron expandir su dominio hasta el valle de Casma, donde construyeron su centro provincial de Manchán (Mackey 1987; Mackey y Klymyshyn 1990). Pero, como lo presumen Mackey y Klymyshyn, la conquista del Chimor al sur no fue uniforme en todo el territorio


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y se caracterizó por diversas estrategias de control político. Aunque el área entre los valles de Chao, Santa y Nepeña quedó bajo la influencia política directa de los señores de Chan Chan, en todo el territorio comprendido entre los valles de Virú y Casma no existen evidencias arqueológicas de la presencia de centros administrativos con claras características chimús (Mackey y Klymyshyn 1990; Moore y Mackey 2008; Topic 1990). El centro de Manchan, anteriormente considerado como la sede principal del poder chimú en el valle de Casma, se componía generalmente de una serie de estructuras aglutinadas dentro de las cuales se encontraban plazas amplias, pequeños depósitos y áreas identificadas como residencias de la elite local (Mackey 1987). Dentro de las estructuras aisladas, que se localizaban en la parte noroeste del sitio, solamente tres edificios poseían las características propias de arquitectura residencial de la elite Chimú. Se caracterizaban por la presencia de audiencias, sistemas laberínticos de accesos y patios con nichos y rampas. Dentro de dicho complejo aún no se han registrado las plataformas funerarias, lo cual según los investigadores del sitio indica que Manchan no tenía el estatus imperial (Moore y Mackey 2008). Además, como subraya Moore (1985, 1989), dentro del complejo principal de arquitectura monumental se encontraba una zona de viviendas con áreas de preparación de comida y áreas de producción artesanal (textiles, objetos de madera, chicha; entre otros). Como muestran las últimas pruebas arqueológicas del valle de Casma, aparte del caso de Manchan y de Quebrada de Santa Cristina no se han evidenciado otros sitios de origen claramente chimú y, asimismo, no se han aportado pruebas del cambio cultural, político y económico de la estructura local (Moore y Mackey 2008).

Patrones de asentamiento tardío en el valle del río Culebras Como hemos mencionado anteriormente, uno de los aspectos menos conocidos de la prehistoria es el concerniente al límite meridional de la expansión chimú. A base de las fuentes etnohistóricas y la distribución de la cerámica ceremonial del estilo Chimú, varios especialistas sugerían que los soberanos de Chan Chan conquistaron la costa peruana hasta el valle de Chillón (Mackey y Klymyshyn 1990; Ravines 1980; entre otros), aunque recientemente algunos estudiosos prefieren hablar de “influencias” y/o “importaciones” chimú en la costa central, ubicando su frontera política sur en el valle de Huarmey (Dulanto 2008; Makowski 2006; Moore y Mackey 2008). Este problema se hace aún mayor en el contexto de la falta de investigaciones arqueológicas sistemáticas realizadas en los valles al sur de Casma, que podrían respaldar tales sugerencias. A raíz de varias hipótesis acerca de los cambios sociopolíticos que tenían lugar en el extremo sur de la costa norte después de la caída del imperio Huari, surgen las siguientes preguntas, consideradas como fundamentales para nuestro estudio:


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a) ¿Qué tipo de transformaciones culturales caracterizaban la costa norcentral en el principio del Periodo Intermedio Tardío? b) ¿Qué nuevos estilos se desarrollaron en esta época de la prehistoria andina en esta región de la costa? c) ¿Los chimús consolidaron su poder en los valles más al sur del valle de Casma? Y si esto no fue así ¿Qué entidad política estaba en poder de estas tierras? d) ¿Cuáles fueron sus manifestaciones culturales (arquitectura, cerámica, estilo del arte figurativo, textiles)? e) ¿Qué tipo de cambios socioeconómicos sucedieron después de la conquista inca en la costa norcentral del Perú? Estamos convencidos de que la mejor manera de responder a las interrogantes planteadas, fue comenzando las propias investigaciones arqueológicas al sur del valle de Casma, en el vecino valle de Culebras. Cabe subrayar que este valle hasta ahora no ha sido investigado sistemáticamente, formando una de las últimas manchas blancas en el mapa arqueológico de la costa norte del Perú. Los trabajos realizados en el valle de Culebras nos demostraron que la zona considerada hasta ahora como una región de poca importancia arqueológica, cumplía un papel significativo en el mapa del desarrollo cultural prehispánico de los Andes Centrales (Prządka y Giersz 2003; Prządka 2009). El resultado final del proceso de investigación fue el establecimiento de la escala cronológica local para el valle de Culebras, compuesta por diez periodos consecutivos, mencionados por Giersz en el presente tomo. Entre las fases más significativas de la prehistoria de la región, se encuentran las que correspondían a los últimos seis siglos antes de la conquista española, durante las cuales se observó el gran aumento de nuevos sitios en todo el valle bajo del río Culebras. Se trata de tres periodos de la cronología local: fase Santa Rosa (850 – 1000 d.C.), fase Ten Ten (1000 – 1450 d.C.) y fase Chacuas Jirca (1450 – 1523 d.C.). La fase Santa Rosa (850 – 1000 d.C.) Después de un corto periodo de la indirecta influencia huari sobre la población local del valle de Culebras (portadores de la cultura material Virú-Gallinazo y MocheMochica), la zona de estudio sufrió una reconfiguración del patrón de asentamiento. Durante la fase Santa Rosa (850 – 1000 d.C.), emparentado con las épocas 3 y 4 del Horizonte Medio según la cronología de Menzel (1964), el número de sitios arqueológicos aumenta significativamente. Entre los 38 sitios pertenecientes a esta fase se pueden diferenciar: un centro público, 13 asentamientos, 22 cementerios y dos sitios


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fortificados (Figura 2). Los asentamientos primarios (Pv34-94, Pv34-96, Pv34-98) se concentran en la parte media de la cuenca, con su núcleo en las cercanías del pueblo moderno de Santa Rosa. El único sitio con rasgos de un centro ceremonial es Playa el Castillo (Pv342; Figura 3). El sitio está ubicado junto al mar, en el lado norte de la Caleta de Culebras. Es el gran cerro fortificado de plano circular con cuatro niveles de terrazas y unas estructuras de adobe de planta rectangular ubicadas dentro de los espacios cercados por muros de piedra. Su función primaria podría ser la de un templo dedicado al culto marino y/o de un puesto de vigilancia dedicado al control del litoral y del trafico marino. Los ejemplos de cerros fortificados, ubicados junto al mar, son característicos para la época; basta recordar tales sitios, como Cerro Azul del valle de Cañete (Rostworowski 2004:91) o Cerro Pasamayo y Cerro Colorado de la zona del Norte Chico (Krzanowski 2008:84-88). Un fechado radiocarbonico calibrado con 2σ entre 660-1020 d.C., proveniente de la capa del relleno constructivo relacionada con la nivelación del cerro proporciona el terminus post quem para la construcción de este conjunto arquitectónico. La cerámica de la fase Santa Rosa no evidencia grandes cambios estilísticos (Figura 4). La alfarería muestra semejanzas con la de la fase anterior (el principal componente cerámico es la alfarería de cocción oxidante, decorada en el estilo Casma Impreso de Molde que presenta un repertorio iconográfico, basado tanto en la vieja tradición Moche, como en nuevos elementos culturales del norte y del sur), aunque muchos rasgos estilísticos derivados de las viejas tradiciones costeñas desaparecen. Por otro lado, aparece un nuevo estilo local de cerámica ceremonial que guarda semejanzas con el estilo Wari-Santa (Gambini Escudero 1983-1984:178) y la cerámica reconocida por Larco Hoyle bajo los nombres de Huari Norteño B y Huari-Lambayeque. La fase Ten Ten (1000 – 1450 d.C.) Entre los siglos X y XI d.C. en la costa norcentral surgieron nuevas entidades políticas independientes o reinos locales de diferente carácter e importancia, lo que tenía su reflejo tanto en la riqueza artística, como en patrones de asentamiento. Este proceso concierne a varios aspectos: la cultura material, el incremento de la población y el brusco aumento de los asentamientos y centros administrativos con la arquitectura monumental. Durante la fase Ten Ten el valle de Culebras llegó a su máxima complejidad socio-económica (Figura 5). Entre los 61 sitios registrados hasta la fecha se pueden diferenciar: 2 centros públicos, 27 asentamientos, 19 cementerios y 13 sitios fortificados o puestos de vigilancia concentrados generalmente cerca de los centros públicos. Se nota una distribución homogénea de los sitios dentro del sector


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Figura 2. Patrรณn de asentamiento prehispรกnico en el valle de Culebras durante la fase Santa Rosa (850-1000 d.C.).


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Figura 3. Vista aérea del sitio Playa El Castillo (Pv34-2) hecha a base de tres fotografías realizadas con ayuda de una cometa (foto: Maciej Słomczyński).


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Figura 4. Muestra de cerรกmica proveniente del valle de Culebras: a) de la fase Santa Rosa, b) de la fase Ten Ten, c) de la fase Chacuas Jirca.


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Figura 5. Patrón de asentamiento prehispánico durante la fase Ten Ten (1000 – 1450 d.C.).


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estudiado. La mayoría de los asentamientos se sitúa sobre las laderas elevadas de terrazas fósiles o en las entradas a las quebradas laterales, y se asocia con una nueva red de caminos. Un asentamiento y centro público de gran importancia para la época es el sitio Ten Ten I (Pv34-74), el cual presentaremos más adelante. Generalmente la arquitectura es de piedra. En pocos casos se registró construcciones de adobe y/o de piedra, que solamente se encuentran en asentamientos y centros públicos primarios. En los sitios hemos registrado también las estructuras de quincha relacionadas con áreas domesticas y de producción. El principal componente cerámico de la fase Ten Ten consta de alfarería del estilo Casma Inciso (Figura 4). Cabe subrayar que entre los estilos que caracterizaban la parte norcentral de la costa durante el Periodo Intermedio Tardío, este estilo de cerámica utilitaria llama la atención especial. Los ceramios decorados en este estilo particular se caracterizan principalmente por una excesiva decoración que cubre sus cuerpos, y que abunda en diversos diseños plásticos. Esta ornamentación se destaca por el motivo del círculo estampado con un punto en el centro, que aparece en diferentes variantes decorativas. El primero que definió con más precisión este estilo fue Collier (1962:415), quien analizó la cerámica proveniente del valle de Casma. Este estilo particular se caracteriza por la fina decoración incisa con diseños geométricos (mayormente de círculos y puntos) y adornos zoomórficos aplicados (como pájaros, serpientes o monos). Los resultados de varias investigaciones efectuadas en este tramo del litoral peruano mostraron que dicha cerámica se desprende en este tiempo desde el valle de Virú en el norte, hasta el valle de Fortaleza en el sur (Collier 1962; Daggett 1983; Fung y Pimentel 1973; Proulx 1973; Thompson 1964; Wilson 1988). Además, según los autores (como p.e. Fung y Pimentel 1973; Koschmieder 2004; Tello 1956; Wilson 1988), la cerámica pertenecía a una cultura local que se desarrolló en esta parte de la costa tras los procesos culturales que tuvieron lugar en las últimas fases del Horizonte Medio. La fase Chacuas Jirca (1450 – 1532 d.C.) En el último periodo prehispánico, en la fase Chacuas Jirca, el valle del río Culebras fue incorporado al Imperio Inca. Entre los 39 sitios establecidos durante este periodo se puede diferenciar 3 centros públicos, 16 asentamientos, 13 cementerios y 7 sitios fortificados (Figura 6). Excepto tres sitios, los demás presentan una ocupación de la fase anterior. Como en la fase Ten Ten, los asentamientos se encuentran en todas partes del valle. Los tres centros públicos se sitúan en lugares estratégicos, en las principales rutas intra e intervalle. La arquitectura es generalmente de piedra. Solamente en


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Figura 6. Patrón de asentamiento prehispánico durante la fase Chacuas Jirca (1450 – 1532 d.C.).


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los centros públicos se encuentran edificaciones de adobe. Asimismo encontramos las estructuras de quincha relacionadas con zonas domésticas y de producción. Uno de los centros más relevantes de la época es sin duda Chacuas Jirca (Pv34-87), un sitio ubicado en la margen izquierda del río Culebras, en la parte alta de la cuenca, construido aprovechando unas elevaciones naturales y pedregosas, al pie del Cerro Perolito (Figura 7). El asentamiento se compone de cuatro sectores de estructuras aterrazadas (sectores A, B, C y D) que se extienden sobre aproximadamente 27 ha de superficie. En su plano predominan los recintos cuadrangulares y rectangulares con subdivisiones internas. Todas las estructuras fueron construidas de piedra con argamasa de barro. Hay que notar que el sitio Ten Ten adquiere en este periodo las características urbanas y alcanza su máxima complejidad. Durante la fase Chacuas Jirca se continúa la producción de alfarería local del estilo Casma Inciso. Aparecen también nuevos estilos decorativos, relacionados con las tradiciones provenientes de la sierra peruana y sobre todo de la tradición inca (Figura 4). Por otro lado, la cerámica de los estilos Inca Polícromo y Chimú-Inca constituye menos de uno por ciento de toda la muestra registrada.

Ten Ten: el centro administrativo-ceremonial primario en el valle de Culebras de los periodos tardíos Un asentamiento y centro público de gran importancia para el entendimiento de la de las transformaciones socio-políticas sucedidas en la costa norcentral del Perú durante los periodos tardíos es el sitio Ten Ten I (Pv34-74), ubicado en la margen derecha del río Culebras, en el valle medio-bajo, a unos 16 kilómetros de las orillas del mar y a una altura promedio de 250 msnm (Figura 8). El sitio tiene unas 100 hectáreas de extensión. Ten Ten es un sitio multicomponente. Se distinguen cuatro sectores del sitio dependiendo de la naturaleza de relieve y el tipo y la función de la arquitectura registrada. El principal sector del sitio comprende un complejo monumental ubicado en la entrada de la quebrada Huaco. La mayor parte de este sector consiste en plataformas construidas con adobe sobre las cuales hay un sistema de estructuras con varias divisiones internas, de un carácter administrativo y residencial. Dentro de la monumentalidad de los edificios de barro se encuentran plazas y pirámides públicas (Figura 9). Con el sitio corresponden seis puestos de vigilancia con restos de estructuras defensivas y habitacionales ubicadas sobre los cerros vecinos. Un estudio de cuencas de visibilidad demostró que los puestos de vigilancia podrían cumplir el papel de control


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Figura 7. Vista al Sector B del sitio Chacuas Jirca (Pv34-87).

Figura 8. Vista panorámica al sitio Ten Ten (Pv34-74).

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SECTOR D

SECTOR C

SECTOR B

SECTOR A N Equidistancias: 10 m Datum vertical: nivel medio del mar Copryright PAVC '08

Figura 9. Plano del sitio Ten Ten (Pv34-74).


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Figura 10. Cuencas de visibilidad de sitios fortificados directamente relacionados con el centro primario de Ten Ten I (Pv34-74).

visual de tráfico de gente y bienes en el camino intervalle norte-sur entre los valles de Huarmey, Culebras, Río Seco y Casma (Figura 10). En cuanto a las técnicas constructivas y el patrón arquitectónico, Ten Ten guarda muchas semejanzas con el sitio El Purgatorio del lindante valle de Casma (Tello 1956; Vogel y Vilcherrez 2007; Wilson 1995). Este último sitio está considerado como la capital de una nueva entidad política, el supuesto estado Negro-Blanco-Rojo de Wilson (1995:203-206) que surgió alrededor del año 900 d.C. Dadas las circunstancias, nuestro interés científico se centró en los estudios sistemáticos del sitio Ten Ten con el fin de obtener mejores fundamentos cronológicos y entender la naturaleza de esta nueva cultura arqueológica en un contexto local. Entre los años 2003 y 2007 hemos realizado los trabajos arqueológicos en diversos sectores del sitio Ten Ten. Debido a la extensión de la arquitectura, se trataba por lo general del levantamiento, el análisis de vestigios de construcciones y la recolección controlada de superficie, así como las excavaciones limitadas a amplios sondeos relacionados con la limpieza de trazo arquitectónico y la documentación de la columna estratigráfica maestra.


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La estratigrafía vertical observada en el sitio es relativamente compleja. En los conjuntos de arquitectura monumental del Sector B se ha establecido la existencia de 44 unidades estratigráficas, desde la superficie actual hasta el nivel culturalmente estéril. En términos generales, en todo el sitio podemos observar tres momentos cruciales para su desarrollo. El inicio de la fase más temprana del asentamiento se relaciona con la aparición de arquitectura de quincha, que fue registrada en el área del Sector B del Conjunto III (Figura 11). Este periodo está indudablemente relacionado con la aparición del estilo local de cerámica Casma Inciso y el declive de la cerámica impresa de molde de manufactura descuidada y la cerámica de estilos Blanco-Negro-Rojo y WariSanta indudablemente relacionados con los fines del Horizonte Medio (épocas 3 y 4 del Horizonte Medio; fase Santa Rosa del valle de Culebras; Giersz y Prządka 2008). La fecha obtenida para la muestra de carbón recolectada del fogón hallado dentro de la estructura de quincha fue calibrada con 2σ dando un lapso entre 980-1315 d.C. Estas construcciones de quincha rapidamente fueron reemplazadas por las construcciones de adobe. Se trata de los conjuntos de arquitectura pública de carácter ceremonial. La fecha de la muestra de carbón (de 645±55 BP) procedente del fogón relacionado con la última remodelación del piso que se extendía directamente sobre las estructuras de quincha, dio con una probabilidad de 95 por ciento (2σ) una edad que varía entre 1270-1410 d.C. Durante este periodo se observa en el sector mencionado una notable dinámica de crecimiento arquitectónico y renovación del espació público. Las estructuras del Conjunto III ganaron altura gracias al uso de la técnica arquitectónica de cuartos de relleno con piedras, cascajo y material de descarte. Estas remodelaciones fueron acompañadas por ceremonias rituales de deposición de ofrendas dentro de los rellenos constructivos y nuevos pisos. La presencia de sapos (Buffo sp.) y esponjas de río (Luffa operculata) dentro de los pequeños hoyos haría suponer que se trataría de un tipo de ofrenda relacionada con rituales asociados al culto a la fertilidad y/o al agua. Dentro de los pequeños pozos, llenos de arena suelta, se encontraron restos de sapos bien conservados. Algunos tenían trenzas hechas de cabello humano, y en los cráneos, en la parte superior se registraron las huellas de pintura roja (cinabrio). Es significativo que las practicas de las ofrendas relacionadas con remodelaciones de pisos son conocidas en varios sitios de los periodos tardíos de diferentes regiones de la costa peruana, como por ejemplo en Cajamarquilla, en la costa central, o en el sitio Farfán en el valle de Jequetepeque (Mackey 2006:353; Narváez Luna 2006:35-60).


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T5 B/8

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280 msn

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pa

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dor

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B20 CONJUNTO III

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e corr

B19

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plaza B5 B4

B7 B6

N

Figura 11. Plano detallado del Sector B del sitio Ten Ten (Pv34-74).

La diferencia entre los hallazgos encontrados en diferentes regiones se basa generalmente en el contenido de las ofrendas dispuestas, que mayormente consistían de restos de plantas, huesos de animales y material cerámico. Apoyándose sobre los resultados de tres fechados radiocarbónicos calibrados con 2σ, provenientes de diferentes etapas de la remodelación de las Estructuras B1 y B2 del Sector B, fechamos esta parte de la secuencia ocupacional del sitio entre aproximadamente 1270-1440 d.C. (Figura 11). Es importante subrayar que dichas fechas corresponden bastante bien a la posición cronológica atribuida a la supuesta cultura Casma y otras culturas de la costa norte del Periodo Intermedio Tardío.


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Durante esta fase de la ocupación del sitio sobresale la presencia de diversos alfares, y lo que es significativo, es que ninguno de ellos está asociado directamente a la cerámica del estilo Chimú. Sin embargo, parece que el sitio durante esta etapa del desarrollo se limitaba solamente al Sector B, cuya arquitectura monumental de adobe ocupaba alrededor de 3,5 hectáreas. A la luz de evidencias recuperadas en las excavaciones, puede sostenerse que el mayor crecimiento físico del sitio fue asociado con el proceso de desarrollo socioeconómico, que tuvo lugar en el siglo XV (en la fase Chacuas Jirca de la cronología local del valle de Culebras). Durante este periodo el sitio pudo ocupar un rol prominente, posiblemente bajo la influencia cultural y política del Imperio Inca. Se observa el surgimiento de talleres de producción, áreas de producción especializada, barrios de población dependiente y residencias de elite. Este proceso coincidió con la aparición de tres nuevos componentes cerámicos: la alfarería utilitaria derivada del clásico estilo Casma Inciso, y también la cerámica ceremonial de los estilos Chimú-Inca e Inca Polícromo. En el Sector B, el Conjunto III se convirtió en un centro residencial compuesto por varios recintos techados y ambientes amplios que estaban directamente relacionados con depósitos para almacenamiento localizados al lado oeste del muro perimetral y viviendas con muros de piedra, que contenían diversas banquetas y pequeños depósitos de uso doméstico. Durante este momento, dentro del Conjunto IV aparecieron también nuevas construcciones de uso público con ambientes amplios. Dichas edificaciones corresponden a un único evento de construcción y se caracterizan por cimientos de piedra sobre los que construían paredes de adobe. Probablemente en el mismo episodio de construcción aparecieron extensas áreas de almacenamiento al norte del Conjunto IV. La comunicación entre las estructuras ubicadas en la parte norte y las edificaciones localizadas en el sur facilitaba el principal corredor-rampa del sector que dividía el área en dos conjuntos arquitectónicos (Conjunto III y IV; Figura 11). El área total de la arquitectura monumental del sector alcanzó 4,35 ha de terreno. Durante la misma etapa de construcción el sitio creció en tamaño y complejidad, extendiéndose a nuevos sectores de la arquitectura administrativa y doméstica. Aunque no se dispone de datos suficientes para definir el momento exacto de la fundación de todos los complejos arquitectónicos del sitio, podemos suponer que a la luz del desarrollo del Sector B aparecieron las principales edificaciones de los sectores C y D. En el fondo de la quebrada Huaco, en un lugar estratégico, surgió un extenso complejo de edificaciones que alcanzó el área de 4,57 ha. Fue un sector de función principalmente administrativa que comprendía áreas de almacena-


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miento y de la producción especializada que fueron rodeadas por aglomeraciones de arquitectura doméstica habitada posiblemente por artesanos especializados y la elite dirigente. A base de los resultados de excavaciones realizadas en la zona de almacenamiento del Sector C (Figura 8), resulta que en algunos depósitos subterráneos se guardaba un tipo de fertilizante de origen natural, utilizado posiblemente en la agricultura. Se pudo observar una dependencia entre el material constructivo de las estructuras y su funcionamiento. Las edificaciones públicas y administrativas fueron construidas generalmente de adobe mientras que las estructuras domésticas fueron levantadas principalmente de piedra. Un rasgo común de las edificaciones encontradas en esta área es que fueron levantadas durante un único episodio constructivo, lo que fue demostrado tanto por la estratigrafía como por la homogeneidad de las técnicas de construcción y el material cerámico. Entre la fragmentaría de cerámica predominaban las vasijas grandes de almacenamiento tipo tinaja, y también vasijas utilitarias como cántaros y ollas. Junto con este material, en la superficie aparecieron también escasos fragmentos de la cerámica de estilo Inca Polícromo. Apoyándose sobre el resultado de un fechado radiocarbónico (Gd-11775: 270±40 BP), esta parte de la secuencia ocupacional del sitio se data entre aproximadamente 1480-1680 Cal. AD, 2σ. Junto con el surgimiento de las áreas de producción y de almacenamiento, se desarrolló el sector de viviendas residenciales, ubicado en el fondo de la quebrada, afuera del segundo gran muro de contención, en una ladera de regular pendiente (Sector D). Como mostraron las investigaciones realizadas dentro de esta zona, aparte de las viviendas se encontraban áreas techadas de producción especializada y depósitos subterráneos. Estas edificaciones corresponden a un único evento de construcción. Un fechado radiocarbónico (calibrado con 2σ Gd-15810: 370±60 BP) obtenido para la muestra de carbón recolectado del fogón del área doméstica ubicada en las terrazas, fue calibrado dando un lapso entre 1430-1650 d.C. El material relacionado con este momento de la ocupación se caracterizaba por la presencia de los alfares de la tradición estilística Casma y también la cerámica reducida del estilo Chimú-Inca. Entre las formas utilitarias predominaban ollas, cántaros medianos y grandes, así como las vasijas grandes de almacenamiento tipo tinaja. Cabe notar que este sector consta de un complejo más grande de la arquitectura doméstica del sitio, que ocupa un área de 4,79 ha y a juzgar por el conteo preliminar de unidades habitacionales en las terrazas, pudo haber sido habitado por alrededor de 100 familias. Sin embargo, para obtener las estimaciones más detalladas de la densidad de población prehispánica del lugar, sería necesario realizar excavaciones más extensas con el fin del reconocimiento de la función de terrazas de diferentes conjuntos.


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Probablemente en la última etapa del desarrollo del sitio, surgieron dos complejos de arquitectura residencial en los sectores A y B. Se trata de las residencias de elite o palacios ubicados al pie de cerros, cuyos tamaños y diseños reflejan una notable fuerza de trabajo invertida en su construcción, y por lo mismo sus altos estatus. Todas estas estructuras fueron construidas durante un único episodio constructivo y parece que fueron ocupadas durante un periodo relativamente corto. El área total de arquitectura abarcó 8,7 ha. Los resultados de dos fechados radiocarbónicos provenientes de material botánico del relleno constructivo de la estructura principal del Sector A, han dado fechas muy tardías. Un fechado radiocarbonico calibrado con 2σ obtenido del relleno constructivo del Nivel 1 dio una edad que varía entre 1450-1700 cal d.C. Entre la fragmentería predominaban tiestos de cerámica reducida del estilo Chimú-Inca, entre estos cuencos y botellas, y también fragmentos de vasijas utilitarias como cántaros y escudillas. A la luz de los datos expuestos e inferencias planteadas resulta claro que la supuesta presencia o influencia directa chimú en el sitio no tiene fundamentos firmes. La falta de cerámica y textiles del estilo Chimú, y los típicos elementos arquitectónicos de esta cultura como audiencias, patios con nichos y plataformas funerarias, entre otros, forma la base científica que sustenta nuestra hipótesis. Sin embargo, no podemos despejar la posibilidad que la población de Ten Ten mantenía contacto permanente con poblaciones de los valles del norte, con las cuales podrían estar relacionados por intercambios de recursos económicos. Un aspecto importante es que el sitio durante su apogeo de crecimiento territorial se convirtió en un centro de producción artesanal. Aunque hasta ahora no se ha hallado algún horno en el sitio, existen evidencias que soportan la hipótesis de la producción de la cerámica del estilo Casma Inciso en este lugar. Entre el material recogido durante los trabajos se encontraron varios fragmentos de cerámica sin cocción o mal quemada, y también diferentes tipos de moldes. Además, durante las excavaciones se recuperó una muestra de herramientas usadas en el proceso de la producción de cerámica. Otro aspecto importante de la economía del sitio lo constituyó la producción de textiles, cuya presencia en el material arqueológico fue muy numerosa. La colección abarcó tanto los textiles decorados como los textiles llanos. La principal materia prima de la cual han sido hechos los textiles recuperados fue el algodón, que forma aproximadamente el 90 por ciento de toda la muestra. Además fue evidenciado, pero en menor proporción, el empleo de fibra de camélido. Hemos registrado también algunos textiles en los cuales se utilizó tanto el algodón como la fibra de camélido. Con respecto a los colores de tejidos, predominan tonalidades naturales de las


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fibras como marrón, beige, blanca y crema, pero también se utilizaban los tintes que fueron empleados para obtener el repertorio más amplio de los colores. Entre los colores registrados destacan el verde, rojo y negro, pero el uso del último color fue menos frecuente en todo el material del sitio y aparece solamente en los textiles decorados. La evidencia arqueológica de numerosas valvas de Concholepas concholepas con huellas de diversos tipos de pigmento, puede indicar que los tintes fueron elaborados localmente. Además, hemos encontrado un telar de cintura envuelto en un tejido llano. Dentro del paquete se encontraron 20 instrumentos (en forma de varas) que se denominan rodillos y servían para separar dos secciones de la urdimbre. Las herramientas llevaban las huellas de uso, y en algunas de ellas fueron amarrados hilos alrededor de uno de sus extremos. Este tipo de telar fue comúnmente usado en los tiempos prehispánicos en diferentes regiones del territorio andino. Como mostraron los análisis efectuados, la mayoría de los textiles desde el punto de vista tecnológico y estilístico correspondía a la tradición de la costa norte de los periodos tardíos, con fuertes influencias locales. Entre los motivos destacan aves marinas estilizadas, olas escalonadas, serpientes bicéfalas y algunas formas geométricas. En cuanto a la densidad de la población prehispánica de Ten Ten, en esta etapa de estudio es imposible dar una cifra exacta. Esto se debe generalmente a la falta de excavaciones arqueológicas amplias y sistemáticas en todas partes del sitio. Además, debido al carácter de la arquitectura del sitio, estamos muy lejos de la reconstrucción del número de habitantes por medio de la aplicación de uno de los modelos y algoritmos usados por diferentes investigadores para este tipo de cálculos. En el caso de Ten Ten, las zonas estrictamente habitacionales se concentran en dos sectores (A y D) en las laderas de cerros. Apoyándose generalmente en los conocimientos previos de cálculo de habitantes de estas zonas, el sitio en el momento de máximo apogeo pudo estar poblado por cerca de 150 a 200 familias. Parece muy probable que el sitio adquirió un peso significativo en tiempos de los incas, posiblemente por ubicarse en el camino principal intervalle de la costa nortesur. De acuerdo al avance de estudios en otros valles de la costa peruana, se puede considerar que los incas en su conquista se basaron en la centralización del poder de las organizaciones políticas regionales conquistadas para desarrollar su propia administración. En este contexto cabe subrayar que la cerámica del estilo Inca, tanto en Ten Ten, como en otros sitios de la costa norcentral y norte, es muy escasa y ningún detalle arquitectónico formal o tecnológico sugiere un parentesco directo con la tradición arquitectónica inca. Más bien se percibe una continuidad cultural desde la época anterior. Esta situación es muy parecida al caso de otros sitios de los periodos tardíos que se ubicaban en el camino principal costero del sistema vial incaico Capac Ñan, como Manchan del valle de Casma o Farfán del valle de Jequetepeque.


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Por otro lado, hay que notar que el desarrollo socioeconómico del centro del valle de Culebras fue posiblemente influenciado por el cambio climático que sucedió después de la ocurrencias del fenómeno El Niño alrededor del año 1460 d. C. (Salaverry Llosa 2006), cuando aparecieron condiciones climáticas favorables para el desarrollo de agricultura. Basándonos en los resultados del estudio resulta que la dieta de la población local ha sido basada principalmente en la agricultura con un apoyo supletorio en la fauna marina y terrestre. Hemos identificado en total 31 especies de vegetales y 36 especies de animales –tanto silvestres como domésticas– que fueron utilizadas a escala comunitaria. Las especies alimenticias que fueron más frecuentes en el material analizado son maíz (Zea mays, 38,5%), guanábana (Annona muricata, 31,5%) y lúcuma (Pouteria lucuma, 7%). Un rasgo llamativo es que las frutas han sido registradas en todos los contextos del sitio, lo que puede sugerir que diferentes grupos de los pobladores del sitio tenían el acceso a estas plantas. La importancia de la lúcuma y la guanábana en la dieta de las sociedades de la costa norte a partir del Periodo Intermedio Tardío está subrayada también por varios investigadores (S. Pozorski 1980; Pozorski y Pozorski 2003). Similares resultados han sido reportados igualmente por Koschmieder (1997, 2004), quien mostró el predominio cuantitativo de maíz y guanábana en la dieta de la población del sitio Puerto Pobre en el valle de Casma. Los resultados del análisis de los restos de la fauna nos indican que los moluscos fueron la más importante fuente de proteínas en la dieta de la población del sitio Ten Ten. Dada su localización, tamaño y la cantidad de estructuras de carácter tanto público como residencial, el sitio Ten Ten parece haber cumplido el papel del principal centro administrativo y residencia de la nobleza local respecto a esta parte de la costa peruana. De hecho, Ten Ten cuya área total alcanzó 100 ha, entre la cual la arquitectura ocupó 22,41 ha, supera en extensión a otros asentamientos contemporáneos de los valles de Culebras y Huarmey. Además, sobre los cerros que rodeaban el sitio, se ubicaban seis sitios satélites de los cuales se podría controlar visualmente la entrada del camino al valle de Culebras desde el sur y el norte. El carácter especial del Ten Ten cobra mayor significación frente al hallazgo de la presencia de los menores asentamientos del carácter habitacional, ubicados alrededor del sitio. El otro centro de la costa norcentral que se puede comparar con Ten Ten, en cuanto a la extensión, planificación, técnicas constructivas y el material cerámico es el sitio El Purgatorio localizado en el valle bajo de Casma.

Conclusiones De acuerdo con las evidencias presentadas, se puede suponer que el valle de Culebras, considerado hasta ahora como una zona de poca importancia arqueoló-


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gica, cumplía un papel significativo en el mapa del desarrollo cultural prehispánico de los Andes Centrales, sobre todo durante los últimos siglos antes de la conquista española. Las evidencias arqueológicas presentadas sugieren que después de la caída del Imperio Huari la zona de estudio sufrió fuertes cambios sociopolíticos y culturales que se vislumbran en la brusca transformación del patrón de asentamiento y la aparición de nuevos estilos decorativos y tecnologías de producción de cerámica. A la luz de dichos procesos, alrededor del siglo XI d.C., en la costa norcentral surgió una nueva entidad cultural y política, cuya cultura material posee sus peculiares elementos diagnósticos, como por ejemplo la cerámica finamente decorada con incisiones e improntas de caña (estilo Casma Inciso), lo que pone en duda la aún vigente suposición sobre la presencia directa chimú en esta parte del litoral peruano. En el caso del valle de Culebras, el centro primario de esta nueva entidad política ha sido el sitio Ten Ten I (Pv34-74). Las excavaciones arqueológicas realizadas en este sitio arrojaron los primeros datos sobre la naturaleza y la cronología de este importante centro administrativo y ceremonial de la cultura Casma. La columna estratigráfica maestra registrada en los perfiles culturales de los principales componentes de arquitectura monumental de carácter público, complementada por una serie de fechados radiocarbónicos, reveló que el sitio tuvo tres momentos cruciales durante su desarrollo, convirtiéndose de un asentamiento relativamente pequeño (3,5 ha) con una arquitectura simple, a un centro ceremonial y administrativo de gran envergadura (22,41 ha de arquitectura monumental dispersa en el área total de 1 km2). Lo que sorprende, es la relativamente tardía cronología de desarrollo y crecimiento territorial del sitio (a partir del siglo XIV d.C. –según los fechados C14– con su apogeo en la época Inca). Este último hallazgo exige repensar las viejas ideas de Tello (1956) y Wilson (1995) sobre la cronología del fenómeno cultural Casma y la fecha exacta del surgimiento de su supuesto estado regional. Estamos convencidos de que la complejidad de diferentes problemas que aparecen en la región de la costa norcentral del Perú, y en toda el área cultural de los Andes, requiere de nuevos fundamentos, entre ellos de una cronología relativa basada en contextos primarios, con una buena definición de estilos, y la cual requiere asimismo de estudios sobre identidades tecnológicas de las poblaciones, para no caer en el círculo vicioso cultura-estilo-ethnos. Esperamos que el presente trabajo haya servido para aclarar algunos tópicos no sin generar un sinfín de nuevas interrogantes, abriendo una nueva discusión académica.

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Arquitectura de El Purgatorio: capital de la cultura Casma Melissa Vogel y David Pacifico

El Proyecto Arqueológico El Purgatorio (2004-2011) se enfoca en la investigación del sitio El Purgatorio en el valle de Casma y tiene dos objetivos principales: la comprensión de la arquitectura y organización espacial, y la investigación de prácticas funerarias y evidencias de la salud de la población en base al análisis de los restos humanos. En el presente artículo buscamos mostrar los resultados de la investigación sobre la arquitectura de este sitio inmenso y una interpretación de sus funciones y significados tanto para los residentes del sitio como para nuestra comprensión de la cultura Casma en general. Así esperamos que El Purgatorio pueda iluminar aspectos de la historia de la costa norcentral del Perú y del urbanismo pre-industrial, tanto en los Andes como en otros lugares. Project El Purgatorio (2004-2011) is focused on the archaeological investigation of the site of El Purgatorio in the Casma Valley and has two primary objectives: to achieve an understanding of the architecture and spatial organization, and using human skeletal remains, to study funerary practices and evidence for the population’s health. This article describes the results of the architectural analysis of this immense site, and interprets its function and significance, not only for the site’s inhabitants but also for our understanding of Casma culture in general. In this way we hope that the research at El Purgatorio can illuminate aspects of north central coast prehistory and pre-industrial urbanism, both in the Andes and elsewhere.

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a investigación sobre la arquitectura precolombina tiene una larga historia en la arqueología. La arquitectura codifica diversos mensajes desde los antepasados así como lo hace la categoría de cultura material más grande y más completa del registro arqueológico. A partir del estudio detallado de la organización espacial de un sitio podemos interpretar varios aspectos de las culturas antiguas como por ejemplo las actividades, rituales, viviendas, organización social y política, los recursos disponibles y recuperados en su región, etc. Este tipo de análisis puede lograrse con mayor éxito cuando se combina con otras clases de datos, como artefactos portátiles, fechas radiocarbónicas, restos orgánicos, restos humanos, etc. Un proceso importante en este análisis es la definición de elementos arquitectónicos, tales como la tipología de estructuras y la comparación de sus tipos en relación con su función y cronología. Los resultados de este tipo de análisis respecto a la arquitectura del sitio El Purgatorio son presentados en el presente artículo.

Melissa Vogel ■ Assistant Professor of Anthropology at Clemson University; correo-e: mvogel@ clemson.edu David Pacifico ■ PhD candidate in the Department of Anthropology at the University of Chicago; correo-e: dpacifico@uchicago.edu


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Melissa Vogel y David Pacifico

El Proyecto Arqueológico El Purgatorio (2004-2011) se enfoca en la investigación del sitio El Purgatorio en el valle de Casma y tiene dos objetivos principales: la comprensión de la arquitectura y organización espacial, y la investigación de prácticas funerarias y evidencias de la salud de la población en base al análisis de los restos humanos. En el presente artículo buscamos mostrar los resultados de la investigación sobre la arquitectura de este sitio inmenso y una interpretación de sus funciones y significados tanto para los residentes del sitio como para nuestra comprensión de la cultura Casma en general. Así esperamos que El Purgatorio pueda iluminar aspectos de la historia de la costa norcentral del Perú y del urbanismo pre-industrial, tanto en los Andes como en otros lugares.

La ciudad en los Andes Aunque podemos encontrar varias definiciones de “urbanismo” para el análisis de las sociedades antiguas, en los Andes es especialmente difícil definir una “ciudad”. La mayoría de ciudades andinas desafía nuestros conceptos de ciudad. Según diversos arqueólogos, las ciudades andinas precolombinas presentan características que las distinguen de otras ciudades del mundo antiguo así como de las ciudades actuales (Janusek 2009; Kolata 1997; Makowski 2008). En el Viejo Mundo, las ciudades frecuentemente surgieron debido a propósitos económicos y atrajeron residentes por las oportunidades económicas que ofrecían. Pero en los Andes no había mercados, al menos no como entendemos el concepto para el caso del Viejo Mundo o en la cultura Azteca con la tiendez (Brumfiel 1998:4). Las evidencias sugieren que las ciudades en los Andes antiguos tuvieron principalmente un carácter ritual y una población limitada. Kolata (1997:246) explica que la ciudad precolombina andina se caracteriza por la falta de mercado administrado, la falta de diversidad social, la falta de población extensa, y por sus fuertes instrumentos de control social. Desde esta perspectiva, las ciudades son consideradas principalmente como asentamientos reales y rituales (Kolata 1997:246; Von Hagen y Morris 1998:9). En algunos casos, la arquitectura avala estas interpretaciones. Por ejemplo, la arquitectura de Chan Chan indica que existía una separación notoria entre la realeza (dentro de sus ciudadelas) y los especialistas que vivieron fuera de los imponentes muros (Moore 1996, 2003; Topic 1982). Aún siendo proletarios, las clases bajas en Chan Chan trabajaron a instancias de las élites de manera comparable a los yanaconas incaicos (Topic 1982:160). De acuerdo a las evidencias arquitectónicas y esquemáticas -entre otras- Makowski (2008:640) sugiere que la forma de urbanismo característica de los Andes fue una forma de solidificar el poder difuso como de inscribir la memoria social en el paisaje. Así pues, las poblaciones urbanas habrían surgido en momentos específicos debido a la inmigración temporaria de peregrinos que llegaban para aprovechar el poder que se manifestaba en los paisajes urbanos. Las investigaciones que se encuentran en proceso en las afue-


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ras de las ciudades precolombinas en los Andes están revelando dimensiones de esas ciudades y de la naturaleza de su urbanismo que eran antes desconocidas. Es por ello que nuestro proyecto intenta evaluar las características del urbanismo andino con una perspectiva de la costa norcentral peruana. Las ciudades andinas precolombinas no solo albergaban a personas importantes sino que también eran lugares de riqueza y poder ritual. Es en base a ello que dichas ciudades fueron frecuentemente consideradas como centros políticos, asociados típicamente por la literatura académica con los estados preindustriales. Hasta el momento las investigaciones sugieren que la organización política Casma no muestra características de ser un estado centralizado. Es por ello que nosotros nos referimos a la cultura Casma como una “polity”. A partir de la evidencia que tenemos hasta el momento podemos señalar la probabilidad de que la Casma “polity” podría haber estado compuesta por algunos caciques locales unidos en una confederación que compartía el mismo idioma, religión y otras prácticas culturales. Asimismo las similitudes en sus estilos de cerámica, la manera de construir sus edificios y su patrón de asentamiento indican una identidad cultural común. Con fines de este capítulo usaremos la acepción “organización política” o “cultura Casma” para referirnos a la “polity” Casma debido a que el concepto “polity” no tiene una contraparte adecuada en español. Aunque no podemos concluir que la cultura Casma era un estado, es cierto que tenía asentamientos urbanos, identificados así por su extensión geográfica, diversidad arquitectónica y densidad de construcciones. El Purgatorio ha sido considerado por diversos arqueólogos como la capital de la cultura Casma por ser la ciudad más extensa e impresionante perteneciente a este grupo (Mackey y Klymyshyn 1990; Vogel 2003; Wilson 1995). De acuerdo a Janusek (2009), el término “capital” es usado para describir asentamientos actuales. Es por ello que el autor señala que no se debe calificar una ciudad como “capital” sin dar cuenta de las diferencias entre las capitales - y culturas - de hoy y del pasado. Janusek también arguye que los estados precolombinos tuvieron ciudades principales que merecen este apelativo. Las capitales precolombinas fueron ciudades que funcionaron como centros simbólicos, fueron habitados por élites y líderes, fueron locales centralizados en redes políticas, económicas y religiosas y tuvieron residentes de diversos roles políticos, culturales, y económicos (Janusek 2009:159). Aunque Janusek se refiere específicamente a los estados precolombinos, nosotros no proponemos en el actual estado de entendimiento de la cultura Casma que esta era un estado. Sin embargo, sí proponemos que la cultura Casma era un grupo político complejo (véase Smith 2003). Así el apelativo “capital” sirve aquí para describir a El Purgatorio como un asentamiento central en el territorio y organización sociopolítica de la sociedad integrada de la cultura Casma.


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Figura 1. Mapa de la costa norte con la extensiรณn del territorio casma.


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La cultura Casma La cultura Casma ha sido poco comprendida (Fung y Williams 1977). Actualmente sólo han sido excavados tres sitios casmas: el denominado Cerro la Cruz en el valle de Chao (Silva Vigo 1991, 1992; Vogel 2003), Ten Ten en el valle de Culebras (Giersz y Przadka 2009; Przadka-Giersz 2009) y el sitio descrito aquí, El Purgatorio en el valle de Casma (Figura 1) (Vogel y Vilcherrez 2007). Según los datos más recientes, los casmas parecen haber sido un grupo costeño, lo cual significa que ocuparon solo la chala y las yungas. Sin embargo, una meta de nuestra investigación es determinar qué relación, si es que hubiera alguna, existía entre la cultura Casma y la región Sierra. Mackey y Klymyshyn (1990) han sugerido que la cultura Casma se extendió desde el sur del valle de Chao hasta el valle de Huarmey, una distancia de aproximadamente 300 kilómetros. Esta afirmación es sostenida debido a la distribución de sitios y cerámica de los estilos Casma a lo largo de la zona. Aunque los orígenes temporales de la cultura Casma también se encuentran bajo investigación, esta ha sido generalmente considerada por los investigadores como una cultura del Horizonte Medio (alrededor de 600-1000 d.C.) (Daggett 1983; Tello 1956; Wilson 1988, 1995) que persistió dentro del Periodo Intermedio Tardío (alrededor de 1000-1470 d.C.) (Fung y Williams 1977; Mackey y Klymyshyn 1990; Vogel 2003). Estas fechas han sido principalmente basadas en fechas relativas a la cerámica de los estilos Casma Inciso y Casma Moldeado encontradas en varios sitios, pero no en combinación con otras evidencias o fechas radiocarbónicas. Sin embargo, la investigación de los sitios Cerro la Cruz y El Purgatorio ha producido una serie de fechas radiocarbónicas de aproximadamente 700-1400 cal d.C. (calibrado, 2-sigma, ver Tabla 1) que confirman la larga duración de la cultura en la costa norte del Perú. El tiempo de apogeo de la cultura Casma parece haber sido hacia el fin del Horizonte Medio y la primera parte del Periodo Intermedio Tardío, lo cual correspondería aproximadamente con el periodo Transicional entre la cultura Moche y el imperio Chimú (Rucabado 2008; Rucabado y Castillo 2003). El periodo Transicional ha sido interpretado como una época de alto grado de interacción entre las culturas de la costa y de la sierra, así como un tiempo de transición política y transformación social. Recientes investigaciones en sitios de la costa norte del Perú, como San José de Moro y la Huaca de la Luna, sugieren que durante este tiempo se presentó una gran cantidad de cambios complejos en las culturas peruanas (Rucabado 2008; Rucabado y Castillo 2003). En los últimos años la comprensión del Horizonte Medio y el Periodo Intermedio Tardío en la costa norcentral ha cambiado debido a los resultados de investigaciones recientes (Brown Vega 2008; Giersz y Przadka 2009; Nelson et al 2010; Vogel y Vilcherrez 2007). Según las dataciones obtenidas en nuestras investigaciones, la ocupación del sitio El Purgatorio habría continuado durante el Periodo Intermedio Tardío.


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Melissa Vogel y David Pacifico El Purgatorio: Fechas radiocarbónicas 2006-2009

Sector y unidad A2R33U1 A3R14U1Bu1 A3R37U1-SW A1PZ2TH1-CS1 CCM1U2L16-CS1 CCM1U2F6-CS3 CCM1U3F1-CS1 A1PZ2TH3-17 A1PL7TH6-49 A1PL7TH7-91 A1PL7TH8-30 A1PL7TH10-20 A1PL7U1L4-34 CCM1U6F2-4 A1PL2TH2-CA1 A1PL2TH3-CA1 CCM1U8F1-CA2 CCM1U8XIFI-CA1 A6PL2U1L6-CA3 A6PL2U1L7-CA5 A6R13U1L1-CA1 A6R13U1L2-CA3 A6R13U1L2-CA4 A6R48U1L1-CA1 A6R48U1L2-CAS3 A6R48U1L4-CA4 A6R56TH1F1-CA2 A6R68U1L2-CA3 A6R68U1L5-CA5 CCM1U7F1-CA2 CCM1U7F2-CA1

Material Carbón Carbón Madera Caña Carbón Carbón Carbón Carbón Maíz Carbón Carbón Maíz Carbón Carbón Madera Maíz Carbón Carbón Maíz Carbón Maíz Maíz Carbón Carbón Carbón Carbón Maíz Maíz Maíz Carbón Carbón

14C Edad a.P. 630±34 691±34 657±34 582 ± 41 2160 ± 43 869 ± 41 2113 ± 43 708± 36 696 ±36 822 ±36 1,322 ± 37 745 ±36 678 ±37 1,019 ± 37 584 ± 31 645 ± 36 1,023 ± 34 942 ± 32 692 ± 36 682 ± 37 443 ± 31 514 ± 36 460 ± 36 683 ± 36 675 ± 35 595 ± 35 377 ± 35 452 ± 35 660 ±35 2,206 ± 38 2,242 ± 37

1-sigma (cal.) 1320-1351 d.C. 1274-1300 d.C. 1360-1386 d.C. 1391 - 1435 d.C. 180 - 54 a.C. 1183 - 1265 d.C. 158 - 1 d.C. 1290-1383 d.C. 1294-1385 d.C. 1227-1272 d.C. 683-776 d.C. 1274-1378 d.C. 1300-1390 d.C. 1024-1140 d.C. 1395 - 1425 d.C. 1316 - 1399 d.C. 1023 - 1136 d.C. 1049 - 1201 d.C. 1296 - 1386 d.C. 1299 - 1388 d.C. 1447 - 1496 d.C. 1421 - 1449 d.C. 1439 - 1489 d.C. 1299 - 1388 d.C. 1301 - 1390 d.C. 1328 - 1424 d.C. 1491 - 1624 d.C. 1443 - 1495 d.C. 1312 - 1394 d.C. 351 - 112 a.C. 357 - 191 a.C.

2-sigma (cal.) 1301-1365 d.C. 1263-1316 d.C. 1343-1394 d.C. 1318 - 1446 d.C. 352 BC - 2 d.C. 1054 - 1279 d.C. 194 BC - 50 d.C. 1280-1391 d.C. 1286-1391 d.C. 1189-1289 d.C. 665-866 d.C. 1230-1388 d.C. 1291-1396 d.C. 995-1154 d.C. 1323 - 1439 d.C. 1299 - 1407 d.C. 995 - 1152 d.C. 1043 - 1214 d.C. 1287 - 1392 d.C. 1290 - 1395 d.C. 1435 - 1621 d.C. 1400 - 1463 d.C. 1420 - 1619 d.C. 1290 - 1394 d.C. 1293 - 1396 d.C. 1318 - 1438 d.C. 1463 - 1631 d.C. 1426 - 1621 d.C. 1297 - 1400 d.C. 359 - 54 a.C. 383 - 115 a.C.

Año Colectado 2006 2006 2006 2007 2007 2007 2007 2008 2008 2008 2008 2008 2008 2008 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009 2009

Tabla 1. Fechas radiocarbónicas (AMS).

Nuestra comprensión de la organización política de la cultura Casma es aún un poco indistinta, pero la evidencia hasta ahora encontrada indica que tuvo una organización política menos centralizada y más parecida a una confederación de élites regionales posiblemente bajo el mando de un cacique mayor en el valle de Casma. A partir de nuestros datos tenemos la impresión de que su gobierno fue de carácter más hegemónico que imperial y que contrató e incorporó élites locales dentro de una alianza en lugar de conquistar cada valle. Sin embargo, esta interpretación demanda mayor exploración en los otros valles para poder ser confirmada. Fung y Williams (1977) han designado los siguientes elementos arquitectónicos como parte del estilo Casma: recintos planeados con subdivisiones internas, plataformas, y patios rectangulares conectados por un sistema de terrazas (Fung y Williams 1977:138). Los autores atribuyen los sitios de Huanchuy1 y Cahuacucho a la cultura Casma, y los dos son ubicados en cerros aterrazados. Asimismo, Fung y Williams (1977) notaron técnicas de construcción en varios sitios que corresponden a las técnicas encontradas en los sitios de Cerro la Cruz, Ten Ten y El Purgatorio. Dichas técnicas incluyen muros anchos de piedra y muros que parecen ser de adobe pero tienen fundaciones de piedra (Fung y Williams 1977:126). En algunos casos las es-


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tructuras se encuentran aglutinadas, o conectadas una con otra, pero en otros casos se encuentran aisladas.

Valle de Casma El sitio El Purgatorio está ubicado en el valle medio del río Casma, provincia de Casma, regíon Ancash. El sitio se encuentra localizado a 9° 31’ 20” de latitud Sur y a 78° 12’ 53” de longitud Oeste, cerca del Pueblo Mojeque y a una altura promedio de 180 msnm. En el año 1990 Mackey y Klymyshyn realizaron un mapa regional que muestra la ubicación de este sitio, el cual fue adaptado para nuestro trabajo (Figura 2). Situado entre el valle de Nepeña hacia el norte y el valle de Culebras hacia el sur, el valle de Casma es el más extenso de los tres y presenta la mayor cantidad de tierra cultivable. El valle de Casma es influenciado por dos ríos: en el norte por el río Sechín y en el sur por el río Casma. A pesar de que el paisaje del río Sechín presenta más tierra cultivable, el valle del río Casma cuenta con una afluencia de agua más confiable. Estos dos ríos convergen a unos 15 kilómetros al noroeste del sitio, cerca del pueblo de Casma. Las condiciones climáticas cambian a medida que aumenta la altitud: se presentan características más áridas en el desierto cerca del mar, estepas de maleza en el valle medio y finalmente pampa montaña húmeda en la parte alta. El Purgatorio se encuentra dentro de la región de Desierto Pacífico Subtropical (Brack 2006). Esta región bordea la costa desde La Libertad hasta Lima y luego se interna por detrás del litoral hasta el sur de Arequipa. La región tiene paisajes muy áridos interrumpidos por lomas costeras distribuidas irregularmente a altitudes menores de 800 metros, y montes ribereños en los ríos Moche, Virú, Santa, Rímac, Mala, Ica, etc. La franja litoral se encuentra bordeada por acantilados y playas con algunas lagunas salobres con totoras y juncos. El clima es de desierto con temperaturas que promedian entre 15° y 17° C y prácticamente no presenta lluvias en las partes más bajas. En las partes más altas el clima es de estepa con lluvias de mayo a agosto que alcanzan un máximo de 200 mm anuales (Brack 2006). En esta zona se desarrollan principalmente las siguientes especies: “Cardo de lomas” (Tillandsia spp), “Amancaes” (Hymenocallis amancaes), “Papaya silvestre” (Carica sp), Tropelum pelpetophorum, Drymaria weberbauer, Discorrea chancayensi, y “tomates silvestres” (Lycopersicon peruvianum y Lycopersicon hirsutum). Esta región es pobre en fauna, pero alberga especies endémicas como por ejemplo mariposas de los géneros Phoebis y Eurema (Familia Pieridae) y Junonia (Nymphalianae). También se encuentran mamíferos como ratones y el “zorro costeño” (Pseudalopex sechurae), reptiles como el “jergón” (Bothrops roedingeri), aves


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Figura 2. . Mapa del valle bajo de Casma con los sitios mencionados.

como la “lechuza oreja corta” (Asio flammeus), el “fingilo apizarrado” (Xenospringus concolor) y el “gavilán acanelado” (Parabuteo unincinctus) (Brack 2006). Existe poca literatura sobre la cultura Casma y las etapas del Horizonte Medio y el Periodo Intermedio Tardío en el valle de Casma. Sin embargo, se han llevado a cabo proyectos conducidos en localidades diferentes del valle Casma que arrojan una muestra general del paisaje arqueológico. Las prospecciones de Tello (1956) y Collier (1962) fueron importantes para establecer las fases de ocupación del valle de Casma, así como para identificar sitios, estilos y culturas. Posteriormente, la prospección de Fung y Williams (1977) ofrece también información importante para conocer algunos sitios ubicados a lo largo del río Sechín. La reciente prospección de Wilson (1995) es la más completa y en base a ella se puede realizar una secuencia cultural del valle e identificar los sitios que probablemente pertenecieron a la cultura Casma. Pozorski y Pozorski han realizado muchos trabajos sobre el Periodo Formativo del Valle (Pozorski y Pozorsky 1992, 1998, 2002; T. Pozorski y S. Pozorski 1999). La prospección de Mackey y Klymyshyn (1990) es también importante para entender la ocupación chimú durante el Periodo Intermedio Tardío. Wilson (1995) describió los patrones de asentamientos de la cultura Casma, pero nunca se refirió a la cultura por este nombre (sino con el nombre de Estado Negro/ blanco/rojo). Según su prospección, los periodos dominados por la cultura Casma, periodos Choloque y Casma en su cronología, fueron los periodos con mayor población en la prehistoria del valle de Casma. Sus estimaciones son de 245 sitios en el Periodo Choloque (alrededor de 650-900 d.C.) y 387 sitios en el Periodo Casma


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(alrededor de 900-1100 d.C.). Wilson sugiere que dichos periodos muestran una “jerarquía distinta de tamaño y función” y que el sitio El Purgatorio es un asentamiento de primera clase en el valle de Casma [(Wilson 1995:204) traducción por los autores]. Otro resultado importante es lo que podría ser una característica de la cultura Casma: durante los periodos Casma en el valle del mismo nombre se observa un aumento de sitios fortificados y localizados en lugares defensivos2. Fung y Williams (1977) han propuesto que la cultura Casma dominó el valle de Casma desde el inicio del Horizonte Medio e incluso quizá desde antes. Los autores contrastaron la ausencia de huacas piramidales, que se consideran estructuras ceremoniales, con la presencia de recintos rectangulares, los cuales se consideran estructuras administrativas. A pesar de las características descritas, Fung y Williams (1977) identifican a la cultura Casma como una organización política de carácter más secular, a diferencia de los periodos anteriores que fueron de carácter más teocrático (Fung y Williams 1977:138). Los autores afirman que la orientación secular se refleja en el patrón de asentamiento, el cual se centra en los sitios de administración o de defensa en lugares estratégicos3. El patrón de los elementos descritos por Fung y Williams (1977) - la falta de huacas piramidales, la proliferación de recintos rectangulares, los centros administrativos situados a la defensiva con relativamente pocas estructuras ceremoniales - es conforme con las observaciones de Vogel sobre la ubicación y organización del espacio en los sitios El Purgatorio y Cerro la Cruz (Vogel 2012). Dicho patrón también fue observado en Ten Ten (Giersz y Przadka 2009). Del mismo modo tenemos también nuevas observaciones encontradas por nuestra investigación en relación con la arquitectura casma, las cuales son elaboradas en los párrafos siguientes. Las opiniones sobre el tamaño de la población de la entidad política Casma en el valle de Casma varían ampliamente entre los investigadores. Collier (1962) se basa tanto en la ausencia de grandes huacas como en la ausencia de evidencia de ocupación moche en el valle de Casma durante el Periodo Intermedio Temprano para sostener que dicho valle no fue ocupado en gran parte durante este tiempo. Sin embargo, inmediatamente después de este periodo (es decir, durante el Horizonte Medio) parece haber habido un pico poblacional en el sur de la costa norte, lo cual podría haberse debido al crecimiento de la organización política Casma (Proulx 1973:66; Thompson 1974:97). Wilson (1995) también asocia la organización política Casma con un pico en la población del valle de Casma, pero no ofrece estimaciones poblacionales específicas.

Investigaciones en El Purgatorio Antes del desarrollo de nuestro proyecto, el sitio El Purgatorio no había sido investigado de manera intensiva. No se había realizado ninguna delimitación del


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sitio ni una prospección intensa en él, tan sólo habían informes dispersos. Algunos arqueólogos visitaron el sitio durante sus prospecciones del valle (Collier 1962; Mackey y Klymyshyn 1990; Tello 1956; Wilson 1995), pero no realizaron excavaciones. Thompson (1974) menciona haber realizado un reconocimiento y pocas excavaciones en el valle de Casma en el año 1956 bajo la dirección de Collier. Thompson aclaró que su trabajo fue exclusivamente sobre patrones de asentamiento y arquitectura del valle. Dicho autor ubicó el sitio El Purgatorio dentro del Periodo Tiahuanaco en la secuencia de Collier (1962), aproximadamente entre los años 800 y 1375 d.C. Dicho autor señala cuatro pozos de prueba en su plano de El Purgatorio (que es solo parcial) pero no hay ninguna descripción de ellos en su artículo ni en su tesis. El autor se limita a explicar que el sitio “consta de numerosas plataformas, plazas, cuartos y pasajes. Su planta es de forma regular y en algunos sitios sus muros están decorados con frisos geométricos o nichos”. (Thompson 1974:19). Este es un estudio general y preliminar por lo que no contiene detalles específicos. Anteriormente se han manejado ciertas hipótesis sobre este sitio. Una de ellas señala que el sitio es la capital de la cultura Casma (Mackey y Klymyshyn 1990:198; Wilson 1995) y una localidad importante del Horizonte Medio (Tello 1956:290-294). Otra hipótesis sugiere que el sitio también pudo haber funcionado como un centro administrativo chimú después de que conquistaran el valle (Mackey y Klymyshyn 1990). En base a nuestro conocimiento de la arquitectura y cerámica casma consideramos que ambas hipótesis son correctas. Los resultados de nuestro proyecto indican que por casi toda la duración de su ocupación el sitio perteneció a la cultura Casma. Sin embargo, también existe evidencia de que los chimús tuvieron contacto con este sitio después de su conquista del valle. Aunque existe evidencia de una presencia inca en el área esto no significa necesariamente que esta haya abarcado el sitio El Purgatorio. No hay ninguna evidencia de una ocupación wari, pero a partir de la cerámica recuperada durante varias temporadas tenemos evidencia del intercambio cultural entre el sitio y varias sociedades contemporáneas (Lambayeque, Moche, Wari, Pachacamac). La idea de nuestro proyecto es enriquecer la comprensión de dicho periodo y también de la cultura Casma. Esto es particularmente necesario para entender totalmente los procesos de reorganización de las unidades políticas en la costa norte del Perú.

La cerámica Casma Se puede encontrar una descripción más detallada de la cerámica casma en otras publicaciones (Vogel 2003, 2012), pero en breve podemos señalar que la cerámica casma está compuesta por tres sub-estilos: Casma Inciso, Casma Moldeado y Rojo/ Blanco/Negro (un estilo pintado)4. En los ejemplares adjuntos (Figuras 3-6) pode-


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Figura 3. Cerรกmica Casma Inciso.

Figura 4. Cerรกmica Casma Moldeado.

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Figura 5. Cerรกmica Rojo/Blanco/Negro.

Figura 6. Cerรกmica Casma Fina.


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mos ver que existe preferencia por los diseños geométricos, pero también existen algunas figuras antropomórficas y zoomórficas. La mayoría de la cerámica es de pasta roja, pero también podemos observar cerámica negra. Las formas son típicas de la costa norte: ollas, jarras, cuencos y tinajas, con algunos ejemplos de botellas asa-estribo. Comúnmente se conoce a la cerámica casma por su carácter utilitario, sin embargo también hay ejemplos de cerámica de carácter más fino encontrados en El Purgatorio (Figura 6). Como es común en muchos sitios arqueológicos, los mejores ejemplos de la cerámica fueron encontrados en contextos funerarios, donde se preservan de manera más frecuente y completa que en los lugares arquitectónicos. Es importante mencionar que no se encontró mucha evidencia de la cerámica pintada (Rojo/Blanco/Negro) en la arquitectura, por lo cual es posible que este estilo haya sido típico de prácticas funerarias y no de episodios de la vida diaria.

El sitio El Purgatorio El Purgatorio es un sitio urbano y monumental ubicado en el centro del valle de Casma (Figura 7). Al abarcar aproximadamente 5 km2, El Purgatorio es el sitio más grande en el valle de Casma, incluso si consideramos cualquier periodo5. Se encuentra en el lado noreste del río Casma al margen de los campos de cultivos y a la vista de dos sitios importantes del Periodo Formativo: Chankillo y Pampa de las Llamas-Moxeque. Tello (1956) describe el paisaje alrededor de El Purgatorio como compuesto por una planicie en la base del Cerro Mucho Malo y por laderas áridas del mismo cerro. Como se puede ver en la fotografía adjunta (Figura 8) las laderas del cerro son suficientemente escarpadas como para requerir terrazas para la construcción de estructuras. Los recintos grandes están ubicados en la base del cerro y los lados sur y este contienen gran cantidad de estructuras. El Purgatorio está situado en un punto estratégico para el comercio y cerca de un camino prehispánico. Debido a su ubicación Tello (1956) sugiere que el sitio también pudo haber sido una especie de “tambo” durante la época inca. El sitio se encuentra conformado por cuatro sectores extendiéndose a través de la base del Cerro Mucho Malo en sus lados oeste y sur, así como por el valle hasta las laderas del este. La mayoría de la arquitectura monumental, que consta de varios recintos grandes con estructuras internas complejas, se encuentra en el lado occidental de la montaña en el Sector A (Figura 9). A pesar de que los recintos del Sector A son independientes, algunos tienen anexos (salas anexas o patios) u otras estructuras asociadas que rellenan los espacios entre los recintos. En el Sector B encontramos numerosas terrazas habitacionales que se extienden a una distancia considerable en la parte superior de la ladera. En esta se encuentran una gran cantidad de densas estructuras más pequeñas que las del Sector A y por lo menos un


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Figura 7. FotografĂ­a aĂŠrea del sitio El Purgatorio (Google Earth).


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Figura 8. El Purgatorio: las laderas del Cerro Purgatorio (Sector B).

Figura 9. El Purgatorio: Sector A.

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Figura 10. El Purgatorio: Sector B.

Figura 11. El Purgatorio: Sector C.


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Figura 12. El Purgatorio: Sector D.

Figura 13. Cerro la Cruz, valle de Chao.

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pequeño cementerio (Figura 10). En el lado sur de la colina de apoyo del Sector B hay una tercera zona: el Sector C. Este consta de algunos recintos, varios grupos de cuartos aglutinados y otras estructuras asociadas (Figura 11). Una novedad de la última temporada de investigación es que hemos encontrado un cuarto sector nombrado Sector D (Figura 12). Este se encuentra situado en la parte superior del cerro al extremo sur del Sector C y tiene un patrón arquitectónico similar, aunque menos denso, al del Sector B. El Sector D contiene la misma cerámica de los estilos Casma en la superficie y tiene muchas similitudes con el Sector B. Hasta ahora se han encontrado por lo menos siete cementerios huaqueados: tres en el Sector A, uno en el Sector B y tres en el Sector C. Las técnicas de construcción consistieron en la utilización de una mezcla de adobe y piedra sin tallar. Este es el mismo patrón observado en la investigación en el sitio Cerro la Cruz (Vogel 2012) con una importante característica distintiva: presentan capas de material orgánico (compuesto por tallos de maíz y mazorcas, caña, hojas, etc.) como relleno de muros anchos y plataformas. Hallamos terrazas residenciales hasta la parte alta del cerro, de modo similar a las del Cerro la Cruz. Nuestro proyecto confirmó lo que Tello (1956) había señalado anteriormente: la cerámica de estilo Casma se encuentra dispersa sobre toda la superficie de los cuatro sectores del sitio. Al acercarse al sitio uno se enfrenta a un conglomerado casi laberíntico de paredes, pero no hay montículos principales como se encuentran en sitios moches. Tan solo se observan algunas plataformas al interior de algunos recintos. A pesar de que hay al menos doce plataformas, es notable el tamaño relativamente pequeño de las plataformas en un valle conocido por tener uno de los primeros grandes montículos en el Perú antiguo. A diferencia del sitio Cerro la Cruz en la frontera casma, El Purgatorio no se encuentra rodeado por grandes muros perimetrales o cualquier otra huella evidente de fortificaciones. Aún así, hay restos de un muro de delimitación muy cerca de la acequia moderna, la cual también podría haber sido utilizada en tiempos antiguos. A pesar de las diferencias, los dos sitios muestran muchas similitudes arquitectónicas debido a sus grandes paredes y laderas compuestas de terrazas llenas de estructuras residenciales (Figura 13). En ambos sitios se manifiesta una división espacial entre las áreas dominadas por los recintos (residencias de las élites) y la zona de pequeñas terrazas residenciales (para los plebeyos). También observamos técnicas de construcción similares: una combinación de adobe y piedra sin tallar y el uso de la técnica “case and fill”. A pesar de las semejanzas, podemos observar dos grandes diferencias: la cantidad utilizada de adobe y el alcance de la construcción son mucho mayores en El Purgatorio. Estas diferencias no nos sorprenden, ya que el tamaño de El Purgatorio es aproximadamente de entre cuatro a cinco veces mayor que el del Cerro la Cruz.


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Figura 14. Plano del sitio El Purgatorio (Sectores A, B y C).

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Figura 15. Plano del Sector A del sitio El Purgatorio.


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En la primera temporada del proyecto (año 2004) se realizó una evaluación de la destrucción de partes del sitio por causas como la fuerza de eventos catastróficos como temporadas de Fenómeno de El Niño (ENSO por sus siglas en inglés) o terremotos y por la expansión de los poblados de Mojeque y El Purgatorio después de la construcción del canal Chinecas. Es evidente que las partes más altas del sitio, así como las estructuras más cercanas a los cerros, fueron las más destruidas por eventos naturales. Las partes más exteriores del sitio, es decir aquellas colindantes con la zona de cultivo del valle, también están siendo destruidas por el avance del poblado Mojeque y las chacras del poblado El Purgatorio. Por estas razones consideramos que una de las metas más importantes de nuestro proyecto era el mapeo completo del sitio, concentrándonos primero en las zonas más exteriores y en la documentación digital de los restos arquitectónicos que aún permanecen. Estos últimos se presentan en cantidades abundantes y muestran distintos estados de conservación (Figura 14).

Descripción de la arquitectura Nuestra investigación en el sitio El Purgatorio fue enfocada principalmente en la arquitectura del sitio con el fin de encontrar y describir su estilo, así como para comprender su organización espacial. La idea era poder determinar las funciones de diversos lugares así como las relaciones entre los diferentes tipos de estructuras. Sector A El Sector A consiste en doce grandes recintos de diversos tamaños y diferentes diseños entre sí, compuestos de cuartos, corredores, plazas y plataformas (Figura 15). En nuestra tipología de arquitectura los recintos son conjuntos arquitectónicos con muros perimétricos que incluyen diversas estructuras al interior. Los recintos en el Sector A son aislados, no están conectados unos con otros. En algunos casos hay estructuras asociadas (doce en el Sector A). Estas se diferencian de los recintos debido a que se encuentran adyacentes a un recinto pero no son incluidas en los muros perimetrales. La mayoría de los recintos en el Sector A fueron construidos en base a adobes colocados sobre piedras, pero en algunos casos los muros son de piedras con mortero sin adobe. Otro elemento importante de los métodos de construcción es la presencia de paja, caña y otros restos orgánicos como niveles de relleno. Por ejemplo, las excavaciones en la Plataforma 7 del Recinto A1 revelaron que dicha plataforma se encuentra compuesta de un relleno de piedras y tierra con niveles de paja. Esta manera de rellenar parece ser muy emblemática de la cultura Casma. De acuerdo a nuestras excavaciones, existen muchos lugares que contienen evidencia de por lo menos tres fases de construcción. En algunos casos se encontraron


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Figura 16. Friso cuadrado, Plataforma 7, Sector A, Recinto 1.

muros muy profundos que no corresponden a los de encima lo cual puede ser evidencia de dos periodos distintos de ocupación en el sitio. El tipo de construcción de dichos muros profundos es muy similar al de los que se encuentran encima. Asimismo, no contamos con fechas radiocarbónicas antes del 700 d.C. en este sector, de manera que es probable que sean parte de una fase anterior de la misma cultura. En base a los artefactos encontrados en los cuartos interiores, podemos señalar que los recintos contienen evidencia de varias funciones: residencial, ritual y administrativa, lugares de cocina y de almacén. También una de las estructuras asociadas, AAS-3, así como su patio muestra evidencia de la producción de cerámica en forma de moldes, herramientas (como platos de alfareros), arcilla sin cocer y cerámica mal cocida. El más grande de todos los recintos es el Recinto A1, que es realmente enorme. Sus dimensiones son 245,5 m de largo por 196 m de ancho, más de cuatro veces más grande que el recinto adyacente (A2) el cual presenta 111 m de largo por 87,5 m de ancho. A pesar de estar localizado en el lado suroeste, el Recinto A1 parece ser el punto central de todo el sector. El Recinto A1 es el único recinto del Sector A que presenta un elemento arquitectónico importante en la tradición de la costa norte del Perú: muestra un complejo conformado por una plataforma frente a una plaza.


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Este patrón de complejo plaza/plataforma se repite ocho veces en el mismo recinto, pero varía en tamaño y orientación. Ninguno de los complejos es exactamente igual al otro y sus formas de orientación varían entre sí. Por ejemplo, la Plataforma 7 y la Plaza 2 tienen frisos de adobe pintados en varios colores a manera de fachada (Figura 16). Los frisos son geométricos en formas cuadradas, rectangulares, en forma de cruz, en forma de “T” y, en forma de “T” invertida (Figura 17). Este patrón arquitectónico se repite en todos los lados de la plaza y todos los niveles de la plataforma. Por el contrario, la Plataforma 2 del mismo recinto no tiene frisos, pero tiene columnas de nichos ubicados en pilastras sobre la cara de la plataforma alrededor de los cuartos en su nivel más alto y también en uno de los muros de su plaza. La Plataforma 2 tiene una escalera al lado este en lugar de tener una rampa central para el acceso hasta los niveles superiores tal como lo tiene la Plataforma 7. La Plataforma 6 presenta también evidencia de tener un tipo de friso geométrico muy destrozado con restos de pintura amarilla. La plataforma no presenta evidencia de ningún tipo de acceso, sin embargo consideramos que esto podría deberse al mal estado de preservación en el que se encuentra su cara frontal. El Recinto A2 parece encontrarse en mejor estado de conservación en lo que respecta a la superficie. Este recinto se encuentra ubicado al lado del recinto más grande (A1), en la parte oeste del Sector A cerca el moderno pueblo Mojeque. El Recinto A2, en comparación con la mayoría de recintos del sitio, presenta mayor cantidad de adobe que piedra en su construcción. Tiene dos plazas grandes y, como todos los recintos, cuartos de varios tamaños conectados por corredores. Es interesante notar que este recinto no presenta ninguna plataforma. Parece que tuvo una planificación arquitectónica bien organizada. Los cuartos del recinto están divididos en por lo menos dos tipos: las áreas más grandes y públicas, y los cuartos más restringidos. Estos últimos podrían haber estado dedicados a funciones más privadas. Las dos plazas y sus cuartos asociados fueron áreas destinadas a usos públicos, como fiestas o banquetes. Sin embargo, es necesario investigar más este recinto para conocer las funciones de todos los cuartos, los cuales podrían haber sido para usos administrativos, ceremoniales o domésticos. El Recinto A3 tiene una forma más rectangular y alargada que la mayoría de los recintos. Se ubica directamente al lado este del Recinto A2 y oeste del Recinto A4. La construcción del recinto presenta mayor cantidad de piedras que de adobe y es posible que sea por esta razón que su estado de conservación es menor que el del Recinto A2. Las dimensiones de sus muros perimetrales son de aproximadamente 139 m de largo por 88 m de ancho. Este recinto presenta una plaza grande en forma de “L” y en una de sus esquinas observamos una plataforma baja. También presenta cuartos aglutinados en los lados sur y este de la plaza. A diferencia de la organiza-


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ción espacial del Recinto A2, los lugares y formas de los cuartos interiores parecen ser menos formales y posiblemente de un estatus menos elevado. Además de la plaza principal, los cuartos son más privados y menos planificados, ya que parecen estar diseñados para funciones más domésticas. A cierta profundidad dentro de un pozo de huaqueros en el Cuarto 37, es posible observar cuatro nichos: uno en cada lado del cuarto. Dicho cuarto no presenta una puerta y es asimismo probable que para llegar hasta el nivel de los nichos se haya dependido del uso de una escalera. Hasta el momento este cuarto es único en su estilo en el sitio. Aunque no se encontraron restos de artefactos que nos ayuden en la interpretación de su función, señalamos que este podría haber sido un lugar ritual.

Figura 17. Friso en forma de “T,” Plataforma 7, Sector A, Recinto 1.


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El Recinto A4 es más pequeño y cuadrado que el Recinto A3, aunque aún presenta una forma irregular. Su construcción contiene una gran cantidad de adobes, sus cuartos son generalmente pequeños y no presenta ninguna plaza o plataforma. Podemos señalar que el recinto parece haber tenido carácter residencial debido a su forma y a los restos encontrados. Es interesante contrastar los recintos adyacentes, A3 y A4. El Recinto A3 cuenta con un tamaño más grande que el Recinto A4 y, su construcción es en base a piedra, mientras que el Recinto A4, a pesar de contar con un tamaño más pequeño, presenta una mayor cantidad de adobes. Esperamos que las funciones del Recinto A4 sean esclarecidas de realizarse futuras excavaciones en el lugar. A pesar de que el Recinto A5 es el más pequeño de todo el Sector A, se encuentra ubicado sobre un montículo que le da la ventaja de tener una buena vista sobre toda el área. El recinto también presenta un patio en el lado sur, en cuya superficie se encontró una gran cantidad de restos de cerámica. El interior tiene tan solo tres cuartos de tamaños casi iguales y con acceso restringido. Las hipótesis que manejamos sobre este recinto señalan que posiblemente pudo haber sido un lugar administrativo con facilidades para el almacenamiento. Sin embargo aún existen planes para excavar en este lugar. A6 es el segundo recinto más grande del Sector A. Este presenta una forma muy distinta a la de los otros recintos, ya que es menos rectangular y más en forma de “zigzag”. De acuerdo a su forma, a los materiales usados en su construcción (piedra y adobe) y a los artefactos encontrados en las excavaciones, es probable que este recinto haya tenido por lo menos dos fases principales en su construcción (y otros episodios de remodelaciones más pequeñas). Uno de ellos habría sucedido antes de la conquista de los chimús y otro después de ella. Este recinto tiene dos pequeñas plataformas pero ninguna de ellas tiene una plaza asociada como los complejos de plaza/plataforma del Recinto A1. El recinto también presenta ambientes de diversas formas y tamaños, por lo cual parece haber servido para la realización de varias funciones como residenciales, productivas, administrativas y de consumo. En general, este recinto parece ser de carácter más privado que público y podría estar asociado con AAS-3, el taller de cerámica. Los recintos A7, A8 y A9 fueron construidos en base a piedra sin tallar y son los menos preservados, por lo cual es difícil mapear sus divisiones internas sin realizar excavaciones. Es posible que ellos hayan sido los que más sufrieron la fuerza de las inundaciones y desprendimientos de piedras por los episodios de ENSO y terremotos, debido a que se encuentran ubicados directamente en el camino de la destrucción. Los recintos A10, A11 y A12 son pequeños pero un poco mejor preservados debido a su ubicación y por que contienen una mayor cantidad de adobe en su construc-


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ción. Los recintos A11 y A12 parecen ser residencias. El Recinto A10 se encuentra conectado con la esquina sureste del Recinto A1 por lo que podría asociarse con sus funciones administrativas. Existen dos quebradas en el lado sur del Sector A que presentan entierros muy huaqueados. A través de los pozos de los huaqueros se pueden ver algunos muros de estructuras pequeñas, pero es muy difícil determinar su forma por la fuerza de la destrucción. Este patrón de entierros intrusivos corresponde a la evidencia de entierros intrusivos en la arquitectura del Recinto A6 y del grupo de cuartos aglutinados CL-4 ubicado en el Sector C. Sector B Como parte del Proyecto El Purgatorio las investigaciones intensivas en el Sector B empezaron cuando Pacífico adquirió una foto de alta resolución del satélite (Quickbird/Digital Globe 2007) a partir de la cual empezamos a identificar patrones arquitectónicos en el Sector B. Las fases tempranas de las investigaciones indicaron que el Sector B se encuentra dividido en dos secciones que pertenecen a dos lomas del Cerro Mucho Malo. La zona norte, que llamamos Sector B Norte, se encuentra ubicada en la loma norte del Cerro Mucho Malo y se caracteriza por presentar terrazas en la subida de la pendiente de la ladera. El Sector B Sur es la loma sur de Mucho Malo y presenta una variedad de estructuras (Figura 18). Ubicamos la zona de estudio en el Sector B Sur para aprender de los significados de su diversidad arquitectónica. Observemos que la parte sur se encuentra dividida por un muro horizontal ancho (Figura 19). En fases tempranas de la investigación en el Sector B observamos caminos en nuestra área de estudio, y uno de ellos continúa hasta la cumbre de Mucho Malo. El análisis inicial de GIS indicó que son aproximadamente 7 ha de espacio dentro de las estructuras observadas en la parte sur del Sector B, espacio suficiente para albergar algunos millares de personas e incluso más. En el año 2008 Pacifico observó toda el área de investigación y concluyó que a pesar de los eventos de erosión y huaqueo el estado de preservación del sitio era bueno. Se identificaron cientos de estructuras, evidenciadas por cimientos superficiales hechos por piedras de la misma montaña. Aunque no se encontraron fogones ni basurales formales, sí se encontraron batanes y chungos por toda el área sur del Sector B. Esto indica que el área tuvo una función residencial o al menos de procesamiento de alimentos. En el año 2009 Pacifico continuó el mapeo del sitio y empezó un registro cuarto por cuarto de artefactos y de detalles arquitectónicos en las es-


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Figura 18. Sector B norte y sur.

tructuras ya mapeadas. Se encontraron cerámicas y conchas marinas en casi todos los cuartos. Todas las estructuras, menos la Tipo 5 (definida abajo), tenían al menos un batán. A pesar de que no se pudiera identificar las puertas de manera consistente, la preservación de las mismas permitió la identificación general de patrones de circulación. De esta manera, fue posible desarrollar una tipología de la arquitectura, basada en la forma esquemática de la arquitectura y el patrón de circulación. Para desarrollar una tipología de la arquitectura, Pacifico identificó atributos sencillos, a partir de los cuales se habrían construido las estructuras. Los atributos básicos fueron murallas de dos tipos: de contención y de separación (Figura 20). Las murallas de contención dividen áreas de diferentes alturas, mientras que las murallas de separación dividen áreas de la misma altura. La mayoría de estas murallas fueron construidas en base a piedra sin trabajar y sin mortero. Con estos elementos básicos podemos identificar cuatro tipos de cercados o ambientes definidos por las murallas que los encierran. Los cuartos son cercados,


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Figura 19. Sector B sur.

Figura 20. Tipos de muros.


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conformados principalmente por murallas de separación. Las terrazas son cercadas, caracterizadas por presentar murallas de contención y normalmente encontradas en serie desembocando en un patio, o terminando al borde de un edificio o agrupación de ambientes. Los patios son cuartos grandes normalmente rodeados en varios lados por murallas de separación, pero a veces también incluyen murallas de contención. Los patios se encuentran además bordeados por diferentes conjuntos de otros tipos de ambientes, siendo por ello focos o zonas centrales dentro de las estructuras amplias. Finalmente tenemos las plataformas, las cuales son áreas definidas por murallas de contención en cuatro lados y levantan una superficie por encima de sus alrededores. Las plataformas consisten en una forma de ambiente menos frecuente entre las estructuras estudiadas. El paso final fue estudiar de qué manera los cercados se combinan. Así, Pacifico desarrolló los seis patrones de arquitectura del Sector B. Podemos considerar algunas estructuras como residenciales debido a que cada tipo contiene ejemplares con evidencia de actividades domésticas; como por ejemplo batanes, cerámicas de cocinar, almacenar, y/o servir, y restos de conchas marinas como evidencia de alimentos. Sin embargo, es posible que algunas de estas estructuras tuvieran también otros propósitos. La arquitectura Tipo 1 se caracteriza por presentar conjuntos de terrazas que suben hasta las zonas altas de la montaña (Figura 21). A primera impresión, parece que estas terrazas fueran más largas y delgadas que las terrazas que interactúan con cuartos en otras clases de arquitectura. Esta conclusión aún necesita de más análisis. La arquitectura de Tipo 2 se caracteriza por presentar agrupaciones irregulares de cuartos y terrazas. Asimismo, las agrupaciones resultan ser más pequeñas y menos rectangulares que otros tipos de agrupación (Figura 22). Una característica importante de la arquitectura Tipo 2 es que sus estructuras carecen de patios. El Tipo 3 se caracteriza por tener agrupaciones más regulares que el Tipo 2, y por tener formas rectangulares. La arquitectura Tipo 3 presenta las estructuras más ortogonales y más regulares de todas las estructuras estudiadas (Figura 23). Asimismo, los únicos adobes encontrados en la zona de estudio fueron hallados en una estructura de Tipo 3. De esta manera resulta posible que el Tipo 3 pertenezca a estructuras de alta importancia, o posiblemente de función administrativa y/o semi-pública. Llegamos a esta conjetura debido a las semejanzas que presenta esta estructura con los recintos de los sectores A y C. La arquitectura Tipo 4 se caracteriza por tener grandes agrupaciones de cuartos y terrazas ubicadas alrededor de uno o varios patios (Figura 24). Estos patios forman focos de circulación y en algunos casos se interconectan por pasajes anchos entre cuartos. Normalmente encontramos uno o más batanes en los patios, por lo que proponemos que estos fueron ambientes dedicados al


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Figura 21. Sector B Tipo 1 - BCL15, BCL16.

Figura 22. Sector B Tipo 2 - BCL2.


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Figura 23. Sector B Tipo 3 - BCL8.

Figura 24. Sector B Tipo 4 - BCL5.

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Figura 25. Sector B Tipo 5 -BAS 2, BAS 3.

trabajo probablemente comunal. En otras palabras, el Tipo 4 pertenece al conjunto grupos-patios. La arquitectura del Tipo 5 se caracteriza por presentar agrupaciones aisladas y pequeñas –presentan un promedio de cinco cuartos o terrazas– las cuales no ofrecen muchas pistas acerca de su propósito (Figura 25). Finalmente tenemos el Tipo 6 que se caracteriza por tener terrazas bajas, rectas y superpuestas que sostienen plataformas (Figura 26). Solo existe un ejemplar de arquitectura Tipo 6 el cual se encuentra ubicado en el centro de la zona de investigación. Debido a su semejanza con la estructura del sitio Cerro la Cruz de Chao, investigado por Silva Vigo (1992) y Vogel (2003), y por su centralidad y originalidad, suponemos que la estructura de Tipo 6 fue de gran importancia, y que probablemente tuvo propósitos distintos al de las estructuras del Tipo 3. Posiblemente fue un sitio dedicado a rituales públicos. Sin embargo, nos encontramos a la espera de los resultados de las excavaciones para poder probar esta posibilidad. Resulta interesante que aunque la arquitectura de Sector B pertenezca a la zona de residencias plebeyas presente una clara diversidad arquitectónica. Algunos posibles significados sugieren que incluso los mismos plebeyos tuvieron características diversas o pudieron haber estado involucrados en distintas actividades en sus re-


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Figura 26. Sector B Tipo 6 -BAS 5.

sidencias, áreas domésticas y distrito residencial. Es también posible que la diversidad arquitectónica represente cambios en los estilos de vida a través del tiempo. Podemos señalar que debido a la falta de evidencia de estructuras superpuestas, es probable que la mayoría de los tipos arquitectónicos fueran coetáneos. Sin embargo, aún nos encontramos a la espera de los resultados de las excavaciones para comprobar esta posibilidad con mayor precisión. Sector C Aunque nuestra investigación del Sector C aún se encuentra en proceso tenemos algunos resultados preliminares acerca de su arquitectura de este. A pesar de que el Sector C presenta un área muy extensa y una gran cantidad de estructuras (Figura 27), podemos señalar que en general la arquitectura de este sector no llega a tener el nivel de monumentalidad que presenta el Sector A, ni sus estructuras son tan pequeñas como las del Sector B. Actualmente los muros de estas estructuras son de tamaño medio y se encuentran construidas completamente en base a piedra. Pero en algunos casos, como en los Recintos C3, C4 y C5, las áreas son extensas.


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Adicionalmente la arquitectura del Sector C es más diversa que la del Sector A. El Sector C presenta cinco recintos y ocho estructuras asociadas tal como en el Sector A, y la mayoría de los muros muestran haber sido construidos a partir de piedras sin tallar. El único recinto que tiene cantidades significativas de adobe es el Recinto C5. En este sector tenemos seis ejemplos de otro tipo de estructura llamado “cuartos aglutinados” debido a que presentan características similares en su construcción y organización espacial a los recintos, pero no tienen un muro perimetral claro. Los recintos en el Sector C son mayormente aislados, pero dos de ellos (C1 y C3) se encuentran conectados con grupos de cuartos aglutinados. Generalmente, el estado de preservación de la arquitectura de este sector es menor debido al saqueo de muchas piedras, algo que ha ocurrido hace aproximadamente treinta años en la parte norte del sector, y a la fuerza de eventos del ENSO y terremotos que destruyeron muchas de las estructuras en la parte central del sector. Este sector tiene también tres cementerios: dos grandes al lado norte y uno pequeño al lado sur. Tal como en los casos anteriores, los cementerios han sido muy huaqueados. Según los restos encontrados en la superficie y por los resultados de las excavaciones, los recintos tuvieron varias funciones: residencial, producción de comida y chaquiras, administrativo, y ritual. El Recinto C5, más que todos los otros del sector, parece haber sido un lugar de élite debido a la cantidad de adobes que presenta y la vista que maneja sobre todo el lado sur del sector. La falta de evidencia de cerámica doméstica en el recinto es notable, por lo que se sospecha que podría haber sido un lugar de actividades rituales y administrativas en lugar de un sitio de producción o residencia. La presencia de banquetas es un rasgo más común en el Sector C que en el Sector A. Muchos cuartos contienen una o dos banquetas al costado de sus muros. La mayoría no son muy altas pero se encuentran bien definidos por una fila de piedras a modo de límite del área. Se sospecha que las banquetas fueron lugares de dormir, de descanso o de otras actividades domésticas. En base a las excavaciones de la temporada 2010, señalamos que algunos lugares del sector presentan evidencias de dos o tres fases de construcción. Originalmente tuvimos la hipótesis de que este sector fue anterior a los otros, pero a partir de las excavaciones realizadas en la temporada del año 2010 observamos que los artefactos indican que los sectores fueron ocupados al mismo tiempo. Sector D Más hacia el sur del Sector C encontramos un sector adicional, denominado Sector D. Es muy similar en su construcción y organización al Sector B y está si-


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Figura 27. Plano del Sector C.

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tuado en la llanura del cerro al extremo sur del sitio. La designación de este sector como parte del sitio es reciente, por lo que su organización espacial se encuentra todavía bajo investigación. Sin embargo, un reconocimiento rápido reveló que aunque el sector presenta cimientos de piedra muy similares a los encontrados en el Sector B, su organización es menos completa. Tenemos la impresión de que este sector fue ocupado por menos tiempo. La superficie tiene restos de cerámica de los estilos Casma Inciso y Casma Moldeado, pero hasta el momento no tenemos muestras que determinen fechas absolutas.

Interpretación de la arquitectura Las investigaciones sobre el fenómeno del urbanismo y la organización espacial de las ciudades andinas han resultado en conclusiones muy importantes sobre las sociedades precolombinas y su organización política, económica y religiosa. La arquitectura es considerada como una forma de dato muy importante en el estudio del urbanismo debido a que manifiesta el significado del espacio e influye en su uso. De igual modo, la arquitectura indica los deseos y refleja las ideas de sus diseñadores y, hasta cierto punto, también las de sus usuarios. La comprensión de la organización espacial de los sitios importantes de cualquier cultura podría darnos una idea de su carácter y su enfoque. Por ejemplo, Tiwanaku pudo haber sido un centro ceremonial y un cosmograma andino (Kolata 1997), Chan Chan pudo haber sido una manifestación de la ideología de separación y la centralización de poder chimú (Conklin 1990; Day 1982; Kolata 1990; Moore 1996), y Cuzco pudo haber sido un símbolo de la fuerte interrelación entre la religión, economía y poder político inca (Hyslop 1990). Considerando su ubicación histórica durante la transición entre los moches y los chimús, es necesario preguntarnos ¿cómo se ve el urbanismo desde la perspectiva de los casmeños en El Purgatorio? La arquitectura y organización espacial del sitio El Purgatorio indican que la cultura Casma siguió la misma tradición arquitectónica que sus predecesores y vecinos en la costa norte, pero con distintas formas e innovaciones propias. Las plataformas no son de gran tamaño como las moches y lambayeques, ni como sus antepasados del periodo Formativo en el valle de Casma, pero sus recintos tienen una lógica espacial y funciones similares a las cercaduras de Galindo (Bawden 1982) y las ciudadelas de Chan Chan (Moore 2005). Los recintos de los sectores A, B y C sirvieron para varias funciones comunes durante las épocas de la ocupación del sitio: existen lugares residenciales, rituales y de producción. A pesar de las similitudes, el estilo de ornamentación y la técnica de construcción son distintos a los de la cultura Casma. La presencia de grandes plazas y com-


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plejos plaza/plataforma en vez de enormes huacas significan una forma de ritual público menos espectacular o teocrático y más enfocado en la administración política y económica de su territorio. Los artefactos sugieren la participación de los casmas en el intercambio a larga distancia tanto con la sierra como a lo largo de la costa. Sin embargo, la abundancia de evidencia (incluso de restos humanos) indica que el sitio no fue ocupado por gente de la sierra. La enorme extensión del sitio y la cantidad de recursos y la labor necesaria para su construcción muestran un fuerte poder y un nivel de planificación característico de un centro administrativo y lugar principal de la cultura Casma, una sociedad que parece haber sido importante en su época. Asimismo, las fechas radiocarbónicas sugieren que la duración de la ocupación fue de más de seis siglos. Según los resultados de las fechas analizadas por espectrometría por aceleración de masas en combinación con los estilos de cerámica y sus contextos, no podemos decir que el Sector C es de mayor antigüedad que el Sector A. Hasta el momento no tenemos ninguna fecha radiocarbónica para el Sector D ni para el Sector B, aunque suponemos que dichos sectores son relativamente contemporáneos con los sectores A y C, debido a la omnipresencia de cerámicos casma incisos. Las conclusiones del Sector B y Sector D aún esperan ser analizadas en el futuro. Sin embargo, podemos adelantar que si es que los cuatro sectores del sitio fueron ocupados en el mismo momento, la población del sitio pudo haber alcanzado una cifra enorme, posiblemente de más de 30,000 habitantes. En tanto al tamaño y la variedad de la arquitectura, el sitio El Purgatorio muestra evidencias de una gran población estratificada socialmente, con un mínimo de dos pero probablemente tres clases sociales (las élites, los intermedios y los comuneros). El Purgatorio satisface mínimamente dos de los criterios que caracterizan a la definición de ‘capital’ propuesta por Janusek (2009:159), por lo que encontramos que El Purgatorio fue una ciudad principal –no necesariamente la única– de una cultura muy compleja que tuvo su cuna en el valle de Casma. Las similitudes arquitectónicas con otros sitios costeños de su época (como Cerro la Cruz en el valle de Chao y Ten Ten en el valle de Culebras) sugieren que esta cultura abarcó varios valles. Sin embargo, hasta el momento no es tan evidente si su organización política fue centralizada bajo una autoridad principal o un grupo de caciques regionales más o menos unificados por su cultura y por sus metas comunes. Aunque previamente se pensaba que el urbanismo en la costa norcentral era provocado por inmigrantes de la sierra (Schaedel 1966; Thompson 1974), los resultados de las investigaciones sobre la cultura Casma y su arquitectura continúan cambiando esta idea. Es por esta razón que las investigaciones sobre la cultura Casma tienen un carácter importante para entender los eventos de los periodos tardíos de la costa


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norte del Perú. Antes del año 1999, el conocimiento de esta cultura era muy disperso pero actualmente tenemos una mejor idea de la presencia de la cultura Casma y la importancia para su época gracias a los nuevos datos registrados en los valles de Chao (Rosales et al 2008; Vogel 2003, 2012), Culebras (Giersz y Przadka 2009) y Casma (Vogel y Vilcherrez 2007). Es de gran importancia continuar con las investigaciones en el sitio El Purgatorio de manera que podamos obtener información significativa sobre la estructura, expansión e impacto de la cultura Casma en la prehistoria del Perú. Al tener una mayor comprensión de la cultura Casma tendremos una mejor idea de la transición entre la teocracia de los moches y la burocracia chimú. Finalmente, al ser esta época de tal importancia en la historia precolombina de los Andes, consideramos que debería tener un rol importante en nuestra comprensión del urbanismo preindustrial del Nuevo Mundo.

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Notas Wilson (1995) cree que el sitio Huanchuy fue establecido durante del Periodo Intermedio Temprano, pero fue ocupado durante el Horizonte Medio también. 2 Este podría ser un patrón para lugares de sitios casmas, considerando el lugar y las fortificaciones del sitio Cerro la Cruz. 3 Lamentablemente, Fung y Williams (1977) no describen los patrones de asentamiento en detalle, pero los resultados de la prospección de Wilson (1995) sostienen su hipótesis. 4 En prospecciones de otros valles la cerámica casma fue denominada de diversas maneras (Huari Norteño B, Tiahuanaco Costeño, etc.). Véase el trabajo de Vogel (2003) para una explicación completa. 5 De acuerdo a Shelia y Thomas Pozorski (comunicación personal 2010) Sechín Alto ocupa más territorio que El Purgatorio, pero es un complejo que incluye cuatros sitios arqueológicos. 1


Andes 8 (2011): 399-448

Estrategias de subsistencia en la periferia sur del imperio Chimú: el caso de Puerto Pobre, valle de Casma Klaus Koschmieder

El estado Chimú amplió sus zonas de influencia durante varias fases de expansión. Su presencia se manifiesta en los centros de control o administrativos, construidos en los diferentes valles de la costa norte y norcentral. El presente estudio analiza los cambios en las estrategias de subsistencia en el valle de Casma durante la hegemonía del imperio Chimú (entre el 1350 y 1500 d.C.). Para la ocupación inicial del sitio arqueológico Puerto Pobre se observaron diferencias marcadas en el régimen alimenticio. Mientras la dieta de la población autóctona dependió en gran parte de la explotación de los recursos silvestres, las preferencias de los chimús mostraron una demanda hacia los productos manipulados, como el maíz y la carne de camélidos. Los cambios hacia una alimentación uniforme, identificados para la ocupación tardía de Puerto Pobre, probablemente se deben a la convivencia persistente de los dos grupos prehispánicos y a un proceso inicial de aculturación. The Chimú state expanded its area of influence over several phases. Their presence is manifested in the control or administrative centers, built in the valleys of the north and north-central coast. This study analyzes the changes in subsistence strategies in the Casma Valley during the hegemony of the Chimú Empire (ca. 1350-1500 A.D.). For the initial occupation of the Puerto Pobre archaeological site, several marked differences in diet were observed. While the diet of the old-established Casma people had been dependent mainly on the exploitation of wild resources, the preferences of the Chimú show a demand for manipulated products, such as corn and the meat of camelids. Changes in diet identified for the late occupation of Puerto Pobre, are probably due to the persistent coexistence of the two pre-Hispanic groups and an initial process of acculturation.

E

n una economía de subsistencia tradicional, la cuál incluye actividades como la caza, la recolección, la pesca, la agricultura, la horticultura y el pastoreo, los hombres no producen para el mercado sino para el propio consumo. En la mayoría de los casos no existe un autoabastecimiento puro, ya que desde épocas remotas las diferentes poblaciones producían excedentes para adquirir ciertos productos vitales y exóticos por medio del intercambio, como por ejemplo la sal (Seymour-Smith 1996). También hay que tener en cuenta que en muchas sociedades prehistóricas los miembros de las clases bajas tenían la obligación de suministrar productos para el consumo de las élites o gobernantes. En una economía de subsistencia puede haber especialistas, como por ejemplo los pescadores. Las diferentes formas de subsistencia se complementan mediante transacciones recíprocas dentro de las comunidades correspondientes. Los estudios sobre las formas de subsistencia durante los tiempos prehistóricos deben ser considerados como investigaciones interdisciplinarias (Mignon 1993). Klaus Koschmieder ■ Arqueobios, Centro de Investigaciones Arqueobiológicas y Paleoecológicas Andinas, Universidad Nacional de Trujillo; correo-e: rockydog@web.de


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No solo se analizan y cuantifican los restos orgánicos recogidos, sino se estudian también las herramientas o artefactos asociados, los recursos naturales en las zonas de investigación (flora y fauna), el paleoclima, el patrón de asentamiento y los antiguos campos de cultivo. Algunos restos orgánicos pueden proporcionar datos sobre procesos que provocaron nuevas estrategias de subsistencia. De tal manera la presencia de peces y moluscos de aguas tropicales en los contextos arqueológicos pueden ser indicadores para antiguos fenómenos climáticos, como “El Niño” (Diaz y Ortlieb 1993; Espino 1999), mientras el estudio de los recursos naturales proporciona valiosas informaciones sobre alteraciones en la flora y fauna desde los tiempos prehispánicos. Estos cambios podrían haber sido provocados por la sobreexplotación de los recursos naturales, como la tala de los bosques o la caza indiscriminada. Indispensables son también los estudios sobre las técnicas utilizadas en las diferentes actividades de subsistencia, como por ejemplo durante la recolección de los moluscos, la pesca o la caza de los animales silvestres. Hasta la fecha se han realizado pocos estudios de subsistencia en el Perú, aún sabiendo que la conservación de los restos orgánicos en los valles áridos de la costa es excelente. Inclusive a este tipo de evidencia se le trata como a un “subproducto fastidioso”. Para la identificación no es necesario emplear métodos especiales, como un análisis de los pólenes, fitolitos o granos de almidón, ya que los macrorestos son fácilmente identificables. Los restos de animales y plantas no solamente proporcionan datos importantes sobre el régimen alimenticio de los antiguos pobladores, sino revelan también ciertos cambios en las estrategias de subsistencia y desigualdades entre diferentes grupos sociales y étnicos (Cohen 1971; Cutright 2009; Gumerman 1991; Hastorf 1990; Koschmieder 2004; Pozorski 1976). Muchos investigadores se dedicaron a estudiar los primeros procesos del cultivo de plantas y de la domesticación de animales (Bird et al. 1985; Bonavía 1982; Feldman 1980; Grieder et al. 1988; Quilter et al. 1991; Weir et al. 1988). El objetivo principal de sus investigaciones ha sido definir los posibles centros de domesticación, determinar los precursores de los animales y de las plantas manipuladas y establecer los momentos cuando sucedieron estos procesos importantes. Según los especialistas, estos procesos tuvieron lugar durante el Periodo Precerámico y continuaron hasta el Periodo Inicial (6000-1500 a.C.), mientras durante las épocas subsiguientes las especies fueron mejoradas, creando nuevas razas y variedades para diferentes usos. Parece que la búsqueda de las pruebas más antiguas de la domesticación de animales y plantas ha sido un reto más interesante que los procesos y cambios que sucedieron durante los periodos posteriores, así que las informaciones sobre posibles cambios en las estrategias de subsistencia son escasas. Uno de los pocos trabajos de


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esta índole fue realizado por S. Pozorski (1976) en el valle de Moche. El objetivo principal ha sido documentar y reconstruir los cambios diacrónicos que sucedieron en los sistemas de subsistencia entre el Precerámico Tardío y el Horizonte Tardío (2500 a.C.-1530 d.C.). La investigadora reconoció de qué forma cambiaron las preferencias alimenticias y las estrategias de subsistencia en el transcurso de los periodos prehispánicos. Durante las épocas tempranas los productos marinos jugaron el rol más importante en la economía de los pobladores del valle de Moche, mientras a partir del Periodo Intermedio Temprano (200 a.C.-600 d.C.) los animales domesticados y las plantas cultivadas fueron de mayor relevancia. Pozorski se enteró que durante la hegemonía chimú (1000-1470 d.C.) existían diferencias entre las formas de subsistencia de los grandes centros (Chan Chan) y de los asentamientos rurales, las cuales podrían explicarse con las relaciones de dependencia. Otros estudios de subsistencia investigan la alimentación de diferentes clases socio-económicas y supuestos grupos étnicos. A base de las fuentes alimenticias se pueden reconocer diferencias en el status de la gente (Reitz y Wing 1999). El estudio de Gumerman (1991) en Pacatnamú muestra que las diferencias socio-económicas no solo se observan en la arquitectura o en los objetos, sino también en la alimentación. El poder sobre la disponibilidad de los productos manipulados, como el maíz y los camélidos, estuvo en manos de la élite, mientras que las clases subordinadas trataban de recompensar el déficit con productos silvestres, como con los recursos marinos. Cambios fundamentales en las estrategias de subsistencia pueden relacionarse también con la llegada de invasores foráneos, los cuales modifican las formas de subsistencia existentes mediante la introducción de nuevos productos y nuevas preferencias alimenticias. Los cambios en la obtención y en el consumo de ciertos alimentos por parte de las poblaciones autóctonas pueden relacionarse con las consecuencias de la colonización, como por ejemplo con un proceso inicial de aculturación (Hastorf 1990:274). El presente estudio investiga las formas de subsistencia y las preferencias alimenticias de dos poblaciones prehistóricas (Casma y Chimú), las cuales convivían en el sitio prehispánico Puerto Pobre, en el valle de Casma. Los cambios en las estrategias de subsistencia de la población autóctona, que fueron registrados para la ocupación tardía del asentamiento, se relacionan con la situación socio-politica alterada por la presencia o hegemonía chimú.

Chimor y la expansión territorial El imperio Chimú (o Chimor) fue uno de los estados prehispánicos más grandes del Perú (Moore y Mackey 2008). Hasta fines del Periodo Intermedio Tardío


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(1000-1470 d.C.) controló todos los valles costeños entre la zona de Tumbes y la costa central. La fundación de su capital y centro socio-económico Chan Chan en el valle de Moche no fue mera casualidad, ya que los chimús poblaron el territorio de sus antepasados, los moches. La arquitectura, los objetos de la cultura material y la iconografía chimú muestran continuidades del estilo Moche, pero también algunas modificaciones debido a la influencia de grupos serranos durante el Horizonte Medio, las cuales contribuían al nacimiento de una nueva “cultura arqueológica” (Koschmieder 2004:44-50). Por otro lado, la “leyenda de Tacaynamo” (Rowe 1948), en muchas ocasiones citada para explicar la dinastía chimú, implica que las innovaciones y los desarrollos en el valle de Moche fueron producto de extraños forasteros y la situación antes de su llegada fue descrita como atrasada. Pero los grandes complejos de barro de Chan Chan, usualmente llamados ciudadelas, parecen ser desenvolvimientos ulteriores de las cercaduras de la fase final Moche (Bawden 1977; Conklin 1990; Conrad 1974; Day 1982; Shimada 1994; Topic y Moseley 1983). Por otro lado, la orientación de los primeros palacios de Chan Chan hacia las pirámides de Moche demuestra los fuertes vínculos entre Chimor y los moches: “Esto significaría que las personas de clase superior en el reino Chimú relacionaban las construcciones de la época moche, ubicadas al pie de Cerro Blanco, con sus antepasados” (Sakai 1998:68). En general se observa un cambio desde la construcción de grandes estructuras piramidales (huacas) hacia complejos arquitectónicos rectangulares y amurallados. Esta situación probablemente se debe a los cambios en la organización socio-económica. Mientras entre los moches las actividades principales se desarrollaron en la esfera religiosa, en el estado Chimú los asuntos seculares (administrativos) tuvieron más importancia. En este sentido se puede observar que los dioses chimú, derivados de la iconografía moche y representados en los objetos como los ceramios, muestran una fisonomía más humana, como demuestra el “Dios de los Báculos”, el cuál “perdió sus colmillos” (Menzel 1977:38). La capital Chan Chan muestra varios tipos de arquitectura, interpretadas como áreas de actividades ceremoniales, administrativas y artesanales, correspondientes a diferentes clases sociales (Moseley y Day 1982), pero hasta el momento no se han podido definir zonas residenciales de la élite, especialmente dentro de las ciudadelas (Moore 2005; Rowe 1995). Destacan grandes patios con rampas y banquetas, estructuras en forma de U (audiencias), depósitos y plataformas funerarias. Parece que las ciudadelas sirvieron exclusivamente para fines administrativos y religiosos, especialmente en relación con ciertas actividades funerarias, como demuestra una escena dentro de un patio, representada en una maqueta de madera (Uceda 1997).


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La hipótesis de que cada ciudadela sirvió como palacio y última morada de un sólo soberano chimú (Conrad 1982; Kolata 1990; Moore y Mackey 2008; Topic y Moseley 1983) no parece muy probable, puesto que la larga ocupación de Chan Chan (más de 500 años) no puede coincidir con el reinado de solo diez soberanos. La ecuación “un rey – un palacio – una plataforma funeraria” (Conrad 1982) debe ser modificada. Es de suponer que las ciudadelas fueron utilizadas por varias generaciones. Especial atención merecen las denominadas audiencias, estructuras en forma de U con nichos y frisos, que se ubican en posiciones estratégicas, quizás para controlar el acceso hacia ambientes importantes como los depósitos y las plataformas funerarias (Andrews 1974; Day 1982; Keatinge 1982, Keatinge y Conrad 1983; Klymyshyn 1987; Kolata 1990; Topic 1982). Por lo tanto, las audiencias y depósitos fueron consideradas como la manifestación arquitectónica del control estatal sobre el almacenamiento, la administración y la redistribución de ciertos productos indispensables, posiblemente bienes suntuarios. Una construcción masiva de audiencias y depósitos ocurrió después de cada campaña de expansión y fue extendida hacia otros tipos de arquitectura, como los denominados elite compounds (Kolata 1990). Este proceso demuestra que una de las razones principales para la expansión chimú fue la extracción de productos no disponibles en su propia tierra. La expansión chimú Chimor amplió sus zonas de influencia hacia el norte y sur durante varias fases de expansión. La percepción inicial del tiempo en que se dió esta migración, obtenida inicialmente de las fuentes históricas (Rowe 1948), ha sido sustancialmente modificada por las evidencias arqueológicas (Moore y Mackey 2008; Moseley y Cordy-Collins 1990). Durante la primera fase expansiva (1100-1200 d.C.) la región entre los valles de Chao y Jequetepeque fue ocupada, mientras la segunda etapa (1300-1400 d.C.) abarcó todo el área entre Paramonga en el sur y Tumbes en el extremo norte del Perú (Conrad 1990; Kolata 1990; Mackey y Klymyshyn 1990; Richardson et al. 1990; Topic 1990). Nuevos datos presentados por Moore y Mackey (2008:789) indican tres fases de expansión, todas realizadas durante el siglo catorce. Algunos investigadores postulan que la primera fase expansiva fue realizada en forma violenta, mientras que las otras campañas fueron caracterizadas por la diplomacia y alianzas con algunos de los grupos autóctonos (Moseley 1990; Topic 1990), pero las pruebas históricas y arqueológicas son insuficientes. El dominio de los chimús se limitó a los valles de la costa, posiblemente debido a las condiciones ambientales favorables y a la gran biodiversidad, especialmente en lo que se refiere a la disponibilidad de productos marinos.


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Las causas y factores que originaron el proceso de migración no están del todo aclaradas. Varios investigadores han llamado la atención acerca de la coincidencia de las fechas de inicio de las fases expansivas con probables eventos ENSO (El Niño Southern Oscillation). Se ha propuesto que la expansión chimú vino a ser una respuesta a los desequilibrios en el abastecimiento de Chan Chan debido a las lluvias torrenciales y la subsiguiente destrucción de campos de cultivo y canales de irrigación (Moseley y Deeds 1982; Nials et al. 1979a, 1979b; Ortloff 1988; Pozorski 1987; Wells 1987, 1988). Probablemente a causa de la escasez de víveres y una presión demográfica en la zona urbana de Chan Chan, varias poblaciones migraron para colonizar otros valles de la costa. Según Conrad (1981) hay que buscar las causas de las campañas de expansión chimús en su sistema de herencia, considerado un principio universal entre las poblaciones prehispánicas. Según este principio, cuando el hijo o el hermano mayor de un rey fallecido era elegido como nuevo soberano, este tenía la obligación de construir su propio palacio y acumular riquezas, mientras los otros herederos administraban los bienes de su antecesor y se preocupaban de mantener el antiguo palacio y su mausoleo. Dadas las circunstancias, parece que la única solución para mantener su status era adquirir nuevas tierras, mano de obra y bienes de lujo a través de una política de expansión extensa y exitosa. La expansión chimú se manifiesta principalmente con la presencia de centros administrativos en las provincias, los cuales están subdivididos por sus tamaños y sus rasgos arquitectónicos en centros de diferente rango (Keatinge 1974; Keatinge y Conrad 1983; Koschmieder 2004, 2006; Koschmieder y Vega-Centeno 1996; Mackey 1987; Mackey y Klymyshyn 1990). En los centros regionales, como Manchán o Farfán, residían los gobernantes. La arquitectura muestra grandes patios, algunas audiencias, depósitos, y en los sitios construidos durante la primera etapa expansiva también plataformas funerarias, interpretadas como evidencias de un control directo por medio de un noble chimú de alto rango (Conrad 1990; Moseley 1992). Estos mausoleos no se encuentran en los valles ocupados durante la segunda fase de expansión. Esta discrepancia fue interpretada con un control indirecto mediante gobernantes locales y leales (Covey 2008:321; Moseley 1992:261) y/o con la presencia de una nobleza baja en las regiones alejadas (Mackey 1987:129). Los centros administrativos de menor rango se ubican en zonas estratégicas para poder controlar la explotación de los recursos naturales, la producción agrícola y el mantenimiento de los canales de irrigación (Keatinge 1974; Keatinge y Conrad 1983;


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Koschmieder 2004, 2006; Koschmieder y Vega-Centeno 1996; Pozorski 1987). Sus complejos arquitectónicos muestran algunas particularidades, como una orientación norte-sur, la ubicación del acceso prinicipal en el muro perimétrico norte, grandes patios, estructuras en forma de U (audiencias) con nichos y otros rasgos característicos (Keatinge 1974; Keatinge y Conrad 1983; Koschmieder 2004, 2006; Koschmieder y Vega-Centeno 1996; Mackey 1987). Las audiencias tienen un ingreso en el muro norte u oeste y se ubican alejadas del acceso principal (Koschmieder y Vega-Centeno 1996). Se accede a estas estructuras de manera indirecta mediante corredores levantados en forma laberíntica. Como los recintos no fueron construidos para controlar el acceso hacia estructuras de almacenamiento (depósitos), las cuales están ausentes en centros de tercer y cuarto rango, parecen responder más a móviles religiosos que a facilidades administrativas, y refuerzan la idea de una función ceremonial (Pillsbury 1993; West 1970). El estudio de subsistencia fue realizado en el sitio arqueológico Puerto Pobre, un centro administrativo “clásico”, construido durante la fase final de la ocupación chimú en la parte baja del valle de Casma. Nuevos elementos arquitectónicos, como grandes patios de reunión con rampas, plataformas y banquetas, y la presencia de pequeñas plataformas funerarias demuestran que algunos de los centros de control perdieron su carácter exclusivamente administrativo después de la última fase expansiva. Sitios como Puerto Pobre parecen “ediciones de miniatura” de las ciudadelas de Chan Chan.

Puerto Pobre en la prehistoria tardía del valle de Casma Prehistoria tardía del valle de Casma El valle de Casma se encuantra entre las zonas mejor investigadas por los arqueólogos en el Perú. La mayoría de los trabajos de excavación se llevaron a cabo en sitios de épocas muy tempranas (Pozorski y Pozorski 1987; Samaniego et al. 1985) o tardías (Koschmieder 2004; Mackey y Klymyshyn 1981, 1990; Moore 1981, 1985), mientras los periodos intermedios fueron investigados solamente mediante trabajos de prospección (Tello 1956; Thompson 1961; Wilson 1995). Una nueva cronología de la prehistoria del valle fue establecida en base a los datos disponibles y nuevas evidencias arqueológicas (Tabla 1). Para el presente trabajo parece importante reflexionar cómo y cuando se originó la “cultura arqueológica Casma” y en que momento sucedió la invasión chimú. La cerámica del estilo Patazca parece ser el precursor de la cerámica del estilo Casma Inciso, popular durante los periodos tardíos en el valle de Casma. El estilo


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Cronología

Tello 1956

Collier 1962

Tabio 1977

Fung/Williams 1977

Wilson 1995

Horizonte Tardío (1470-1532 d.C.)

Horizonte Superior (Inca)

Inca

Inca Chimú

Manchán

Chimú-Inca Chimú Casma Inciso

Periodo Intermedio Tardío (1000-1470 d.C.)

Horizonte Superior (Casma y Sub-Chimú)

Chimú Casma Inciso

Chimú Casma Inciso

Manchán Casma

Chimú Casma Inciso

Horizonte Medio (650-1000 d.C.)

Horizonte Medio (Paramonga y Huaylas Yunga o Santa)

Casma Inciso Tricolor Santa Casma Modelado TiahuanacoCosteño

Tricolor Geométrico Casma Modelado Santa Casma-Pachacamac

Huari Estilo Casma

Casma Choloque

Casma Inciso Casma Modelado Santa

Periodo Intermedio Temprano (0-650 d.C.)

Muchik

Chavín derivado (= Casma Inciso)

Nivin Cachipampa

Casma Modelado Moche Gallinazo

Horizonte Temprano (1000 a.C. – 0)

Horizonte Inferior (Chavín-Pallka)

Época Colonial

Koschmieder 2004 Chimú-Colonial

Patazca Gualaño

Patazca Casma Chavinoide

Patazca Chavín

Patazca Pallka

Patazca Pallka Chavinoide

Período Inicial (2100-1000 a.C.)

Cahuacucho

Gualaño Cahuacucho

Cahuacucho Gualaño

Moxeke

Cahuacucho Gualaño Estilo Haldas Estilo Pampa de las Llamas

Periodo Precerámico (antes de 2100 a.C.)

Huaynuná Tortugas

Huaynuná Tortugas

Huaynuná Tortugas Mongoncillo

Tabla 1. Cronologías del valle de Casma.

Patazca apareció por primera vez en sitios del Periodo Inicial (Sechín Alto), pero las formas tardías y más parecidas a la cerámica Casma Inciso abundan en asentamientos del Horizonte Temprano (1000 a.C.-0), como Pampa Rosario y San Diego. Las decoraciones de esta cerámica muestran lineas incisas, una pintura blanca y por primera vez improntas en forma de un círculo con puntos en el medio (Carlevato 1979:11; Pozorski y Pozorski 1987:Figura 37). A partir del Periodo Intermedio Temprano (0-650 d.C.) el estilo Patazca fue reemplazado por la cerámica del estilo Casma Modelado. Este nuevo tipo parece ser un producto de la presencia de grupos foráneos en el valle de Casma. En un primer momento se encuentra junto con objetos moches en sitios como Pacae, Cerro Mongón, Nivin, Huaraspampa y Olivera. La presencia moche durante el periodo Nivin (Wilson 1995) está restringida a pocos sitios habitacionales, varios cementerios y tumbas intrusivas en sitios tempranos, como Pampa de las Llamas y San Diego (Pozorski y Pozorski 1996). Los ceramios del estilo Casma Modelado muestran en su fase temprana animales con rasgos antropomorfos y personajes con tocados elaborados, los cuales recuerdan a elementos de la iconografía moche (Tabio 1977:66; Wagner 1977:96). Durante la fase final del Horizonte Medio el estilo Casma Modelado presenta nuevos motivos, como personajes con báculos ceremoniales y atributos de maíz (Carrión Cachot 1959), los cuales fueron relacionados con una influencia tiahuanacoide (Collier 1962; Tabio 1977). La presencia de grupos serranos


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(¿Huari?) se manifiesta también en los ceramios de los estilos Santa (Collier 1962) y/o Huaylas Yunga (Tello 1956), los cuales están decorados con representaciones de felinos estilizados y una pintura polícroma. A fines del Horizonte Medio apareció por primera vez la cerámica del estilo Casma Inciso, la cuál perduró hasta la época Colonial Temprana. Las decoraciones del estilo Casma Inciso incluyen una pintura blanca, líneas incisas, aplicaciones y círculos impresos que llevan un punto en el medio (Daggett 1983, Koschmieder 2004:188-204), las cuales recuerdan a la cerámica del estilo Patazca del Horizonte Temprano. Durante el Periodo Intermedio Tardío ocurrió la invasión chimú. Wilson (1995:203207) subdividió este periodo en dos fases: El periodo Casma (900-1100 d.C.) y el periodo Manchán (1100-1532 d.C.), pero su clasificación no corresponde a la situación encontrada en el valle de Casma. Su periodo Casma empieza a fines del Horizonte Medio y termina en 1100 d.C., a pesar de que la “cultura arqueológica Casma” perduró hasta la llegada de los españoles en el siglo dieciséis. Por otro lado, su periodo Manchán, supuestamente el momento de la ocupación chimú e inca, empieza en 1100 d.C., pero los chimús recién llegaron durante el siglo catorce a la zona de Casma (Mackey y Klymyshyn 1990; Moore y Mackey 2008). La fase pre-Chimú debe abarcar el tiempo entre el 1000 y 1350 d.C., durante la cuál el sitio El Purgatorio, construido en una época más temprana, funcionó como centro urbano de la “cultura Casma” (Vogel y Vilcherrez 2007). Fue el único centro monumental casma, puesto que la mayoría de los asentamientos en el valle muestran construcciones simples de quincha. La cerámica fue rústica y sirvió a la vez para fines domésticos y funerarios. Sitios con la típica cerámica del estilo Casma Inciso se ubican entre los valles de Supe (Hudtwalcker 1996) y Virú (Collier 1955). La gran cantidad de asentamientos casmas en la costa norcentral motivó a Wilson (1995:205) a clasificar el fenómeno como “un estado”, mientras otros autores hablan de “una cultura Casma” (Fung y Pimentel 1973:77-78; Vogel y Vilcherrez 2007:21). La segunda fase del Periodo Intermedio Tardío (1300-1470 d.C.) puede relacionarse con la llegada de los chimús (Koschmieder 2004; Mackey y Klymyshyn 1981, 1990; Moore 1981, 1985; Moore y Mackey 2008). Varios asentamientos casmas se ubican en las cercanías de los nuevos sitios, como en las zonas de Manchán y Puerto Pobre, posiblemente a causa de un traslado forzoso de la población hacia los centros administrativos chimús (Koschmieder 2004). La mayoría de los sitios chimús fueron construidos cerca del borde de las zonas de cultivo en la parte baja y media del valle (Figura 1), lo que deja suponer que sirvieron para controlar la producción agrícola y para facilitar el acceso a las zonas con recursos naturales como el mar,


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Figura 1. Patrón de asentamiento y campos de cultivo durante la hegemonía chimú, valle de Casma.

las lomas y los alrededores del río Casma. La presencia chimú continuó durante el Horizonte Tardío (1470-1532 d.C.), mientras la influencia inca ha sido mínima (Koschmieder 2004; Mackey y Klymyshyn 1990; Wilson 1995). Muchos sitios, establecidos durante el Periodo Intermedio Tardío, continuaban ocupados hasta la llegada de los españoles. Parece interesante el surgimiento de un nuevo estilo Chimú-Casma en la cerámica y en los textiles, producto del encuentro de las dos poblaciones prehispánicas. El sitio arqueológico Puerto Pobre El sitio arqueológico Puerto Pobre fue descrito por primera vez por los arqueólogos Tello (1956:295-296) y Thompson (1961:274-276). Presentaron mapas esquemáticos y una descripción general de la estructura principal de adobe. Tello (1956:295) recogió cerámica “utilitaria negra semejante a la del tipo Chimú”, pero afirmó que el sitio “pertenece claramente al periodo de los Incas”. Para Thompson (1961:274-276) la estructura de adobe ha sido un “palacio” y/o “pequeña ciudad”. Realizó tres pozos de sondeo, pero a pesar de que las excavaciones no proporcionaban cerámica inca ni colonial, aseguró que se trataba de una construcción inca-colonial. Investigacio-


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Figura 2. Mapa del centro administrativo chimĂş, Sector 2, Puerto Pobre.

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Figura 3. Ubicaciรณn de los dos sectores de Puerto Pobre, valle de Casma.


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Figura 4. Mapa del asentamiento Casma, Sector 1, Puerto Pobre.

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nes posteriores describen a Puerto Pobre como un centro administrativo chimú de cuarto rango (Mackey y Klymyshyn 1990:201; Figura 2) o como un centro de segundo rango durante el periodo Manchán (Wilson 1995:226, Figura 14). Durante el año 1992 el autor del presente artículo elaboró un mapa topográfico de la estructura principal de adobe (Figura 2) y recogió objetos diagnósticos de la superficie (Koschmieder 1993). Identificó el sitio como un centro administrativo “clásico” chimú, el cuál muestra evidencias de una reutilización durante las épocas inca y española. En 1995 y 1996 se realizaron excavaciones sistemáticas dentro de la estructura principal de adobe (Sector 2) y en una zona a unos 350 metros hacia el noreste del lugar, donde se ubica una zona con construcciones de quincha (Sector 1), las cuales pertenecían a un asentamiento de la “cultura arqueológica Casma” (Figura 3). Puerto Pobre El sitio arqueológico Puerto Pobre se ubica a unos ocho kilométros hacia el noroeste de la ciudad de Casma y a un kilométro de la orilla del mar (distrito de Comandante Noel, provincia de Casma, región de Ancash). Sus coordenadas UTM son N 8955850 y O 789000 (Figura 1). El sitio se levanta sobre un relieve árido, en una zona de transición entre los campos de cultivo y un paisaje desértico, donde resalta la presencia de médanos parcialmente cubiertos con algarrobos. Consta de dos zonas con evidencias arqueológicas (Figura 3), las cuales se distinguen por sus rasgos arquitectónicos y el material asociado. El asentamiento Casma (Sector 1) En el Sector 1 se ubican las bases de numerosas chozas de quincha y los restos de pequeñas estructuras de adobe de un asentamiento de la “cultura arqueológica” Casma (Figura 4). Este sitio está directamente asociado con el centro administrativo Chimú (Sector 2), el cuál se encuentra a unos 350 metros hacia el suroeste (Figura 3). La superficie del asentamiento Casma cubre un área de aproximadamente 35000 m², pero solamente en la parte media se han podido definir patios, corredores y los contornos de algunas estructuras de quincha. Las chozas tienen una planta rectangular y cubren un área de 3,0 por 2,5 m hasta 5,0 por 3,9 m, mientras los corredores muestran un largo de 10 a 20 m y un ancho de 1,2 a 1,4 m (Figura 4). Las paredes presentan un ancho de 10 a 14 cm y una altura actual de hasta 40 cm. Constan de cañas colocadas en forma vertical y horizontal, amarradas con soguillas de fibra vegetal. En algunas ocasiones se observaron postes de cañas colocados


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a una distancia de 50 cm cada uno, los cuales tenían la función de reforzar la construcción de la pared, la cuál fue cubierta con un enlucido de barro. Debajo de algunos de los postes se hallaron ofrendas depositadas, como mazorcas de maíz y cuyes, envueltos en hojas de pacae (Inga feuillei). Dentro de las estructuras se han podido identificar hasta cinco fases de ocupación y/o remodelación, caracterizadas por la superposición de los apisonados de barro y la construcción de nuevas paredes. En el interior de las chozas se encontraron hoyos para depositar los desechos orgánicos, pequeños depósitos para el almacenamiento de ciertos productos (sal, vainas de algarrobo, frijol de gentil) y dos tipos de fogones. En la cercanía de los fogones simples de forma redonda u ovoidal se ubicaron algunas ollas (Figura 5), recipientes de mate y pequeños depósitos, algunos con una base de barro o de cañas atadas. Los fogones simples sirvieron para diversas actividades de cocina, mientras el segundo tipo estaba exclusivamente relacionado con la preparación de chicha. Están compuestos por dos filas paralelas de 2 a 4 adobes cada una. Tiene un largo de 100 a 150 cm y un ancho de 35 a 80 cm. El espacio entre las filas de adobe parece estar diseñado para sostener vasijas de grandes dimensiones.

Figura 5. Fogón y olla (Unidad 5 - Sector 1), Puerto Pobre.


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Figura 6. Cuyero (Unidad 12 – Sector 1), Puerto Pobre.

Figura 7. Cuy momificado (Unidad 8 – Sector 1), Puerto Pobre.


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Figura 8. Depósitos de adobe (Unidad 10 – Sector 1), Puerto Pobre.

Por otro lado, este tipo de fogón está asociado con tinajas, maíz chancado, residuos de chicha (afrecho) y depósitos de algarrobo. Dentro del asentamiento se ubicaron varias estructuras de adobe, las cuales fueron levantadas sobre la arena estéril. Hay tres tipos que sirvieron como cuyeros, depósitos y estructuras funerarias. Los cuyeros presentan una forma irregular y cubren un área de hasta 2 m² (Figura 6). No muestran accesos y tampoco pisos de barro. Las paredes, con una altura de 50 a 80 centímetros fueron construidas con adobes y ocasionalmente con piedras. No muestran un enlucido. Los recintos sirvieron como cuyeros, ya que en sus bases se hallaron capas con excrementos de estos animales y varios cuyes desecados (Figura 7). Los tres depósitos excavados tienen una forma cuadrangular y cubren una superficie de aproximadamente 1,5 por 1,5 m (Figura 8). Carecen de acceso a nivel, pero al contrario de los cuyeros muestran un piso de barro compacto y un enlucido fino en sus paredes interiores. Por la cantidad de adobes caidos se calcula que los recintos no han tenido una altura mayor de 1,0 a 1,2 metros. Por sus dimensiones reducidas de área y altura, y por la presencia de varios ceramios fragmentados e incompletos, además de recipientes de mate, se considera que se trataba de depósitos.


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Una última estructura de adobe se identificó en el extremo norte del asentamiento. Tiene forma en “U” y un acceso en la parte noroccidental. Los muros del recinto, casi desaparecidos por la destrucción masiva despúes del abandono del sitio, fueron levantados con adobes rectangulares. La estructura, la cuál muestra los restos de un piso, tiene un largo de 7,8 m y un ancho de 1,5 m. Sirvió como lugar de entierro, posiblemente para personas de alto rango de la “cultura arqueológica Casma”, ya que en sus alrededores se recuperaron los restos óseos de seis individuos (envueltos en textiles), valvas de Spondylus princeps y una gran cantidad de cuentas de collar. Por otro lado, el cementerio para la gente común se ubica a unos 350 metros hacia el noreste, cerca de la actual carretera (Figura 3). La estructura principal de adobe o centro administrativo chimú (Sector 2) El Sector 2 se ubica en la parte sur de la zona arqueológica de Puerto Pobre y comprende el área del complejo principal y sus alrededores, donde se observaron restos de estructuras de quincha (Figura 2). El complejo principal es una construcción de planta casi cuadrangular que presenta en su interior grandes patios, recintos menores y corredores. Cubre un área de más de un hectárea (106 por 104 m) y está orientado hacia el nor-noreste. Su interior fue protegido por un muro perimétrico de más de tres metros de altura, el cuál muestra un solo acceso en el lado norte. La entrada con pilastras, que tiene un ancho de 1,2 m, ha sido cubierta con largos dinteles de madera. Presenta un umbral el cuál se eleva unos 25 centímetros sobre el nivel del piso interior. Los vanos de acceso de los grandes patios tienen entradas similares que se caracterizan por ser anchas. En un caso se han localizado pequeños nichos dentro de los grandes bloques de las pilastras. Algunos patios muestran plataformas y rampas (Koschmieder y Vega-Centeno 1996:Figura 18). Mientras una rampa de grandes dimensiones conduce de norte a sur hacia una plataforma central, en cada plataforma lateral pueden observarse tres rampas de tamaño reducido. Las plataformas, cada una con un ancho de 4,6 m, muestran evidencias de una remodelación (pisos superpuestos) y postes en la superficie. Por debajo de las plataformas se ha localizado una construcción más antigua en forma de una banqueta con talud, la cual tiene un ancho de hasta 2 metros. Es probable que los patios grandes hayan servido como lugares para reuniones o ceremonias públicas. Algunos de los recintos menores también presentan plataformas, rampas y nichos. Se ubican delante de otros ambientes, posiblemente audiencias y/o residencias de la élite (Figura 9). Las cuatro audiencias identificadas en Puerto Pobre muestran una forma en “U” cerrada con accesos en el muro oeste o norte. Originalmente


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llevaban nichos en sus paredes interiores, de las cuales quedan solamente algunas bases. En todos los casos los ambientes importantes se ubican al final de un sistema de corredores y accesos construidos en forma laberíntica. Algunos se ubican en la parte sureste del complejo. Posiblemente controlaban el acceso hacia dos recintos que muestran pequeñas plataformas funerarias, accesibles mediante unas rampas. En los pozos de huaqueo se recuperaron los restos óseos de cuatro entierros, mantos decorados, ceramios escultóricos fragmentados, cuentas de collar y otros objetos (Koschmieder 2004:Figuras 61 y 62). Actividades de cocina se registraron en un sólo ambiente en el extremo este del complejo. En un primer momento este recinto sirvió como “cocina” ya que se registraron dos fogones y ollas asociadas (Koschmieder y Vega-Centeno 1996:Figura 20). Posteriormente el ambiente fue clausurado con un muro de tapia y el interior fue cubierto con un piso de barro que muestra algunas concavidades enlucidas que sirvieron para colocar grandes vasijas. Parece que el recinto funcionó como depósito para almacenar tinajas y recipientes de mate, las cuales sirvieron para la elaboración y el consumo de chicha, bebida importante especialmente durante las reuniones públicas.

Figura 9. Recintos con plataformas, rampas y nichos en la parte media del complejo de adobe (Unidad 1 - Sector 2), Puerto Pobre.


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Al sur y norte de la estructura principal se ubican los restos de algunas chozas de quincha, posiblemente las viviendas de algunos de los usuarios del complejo administrativo-ceremonial. Al igual como en el asentamiento casma, se localizaron dos tipos de fogones, cuyeros y depósitos entre las estructuras de quincha, pero en este caso la cerámica chimú predominó con un 95 por ciento. El abastecimiento de aguas funciónó mediante un reservorio de agua artificial (wachaque), el cuál se ubica a unos 120 m hacia el oeste del complejo principal (Figura 3). Tiene un largo de 150 m, un ancho de 10 a 15 m y una profundidad máxima de 6 m. Por sus rasgos arquitectónicos y los objetos asociados, el complejo principal fue reconocido como un sitio administrativo “clásico” de los chimús (Koschmieder 1993, 2004, 2006; Koschmieder y Vega-Centeno 1996). Según la clasificación de Mackey (1987) debe ser el centro de tercer rango más grande (e importante) en los valles de la costa norte. Al igual que otros centros administrativos rurales muestra una orientación hacia el norte, un solo acceso en el muro perimétrico norte, patios amplios y recintos menores, los cuales sirvieron como depósitos, residencias (¿para la élite?) y/o como lugares para fines administrativos y ceremoniales. Las pequeñas plataformas funerarias, por primera vez documentadas en un sitio de menor rango, demuestran que después de la segunda fase expansiva algunos de los sitios chimús perdieron su carácter exclusivamente administrativo. La cerámica inventariada de Puerto Pobre La cerámica recuperada en Puerto Pobre pertenece a los estilos Casma (Inciso), Chimú, Chimú-Casma e Inca Provincial. Las formas más recurrentes son ollas, tinajas, cántaros, cuencos, platos, jarras, botellas de asa estribo (Chimú), figurinas (Chimú – Figura 10), aríbalos (Inca Provincial), vasijas tripode (Casma) y los denominados trompitos o sonajeros casmas, con base cónica y asa canasta (Figura 11). Las decoraciones más corrientes del componente Casma incluyen incisiones, aplicaciones, círculos impresos y una pintura blanca sobre un fondo rojo (Collier 1962; Daggett 1983; Koschmieder 2004). Además destacan asas trenzadas y el “pájaro Casma”, modelado en la superficie de las ollas o encima de las asas (Figura 11). Los ceramios casmas fueron modelados a mano y no se ha registrado una forma especial para fines funerarios. Usualmente se encuentran ollas y trompitos en los contextos funerarios casmas. La cerámica chimú muestra decoraciones de campos con “piel de ganso” entre diseños geométricos, combinados con motivos como espirales o seres zoomorfos.


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Figura 10. Figurina chimú (Unidad 8 – Sector 1), Puerto Pobre.

Adicionalmente aparecen fragmentos con una decoración paleteada, típica para la costa norte. La mayoría de los ceramios chimús fueron elaborados utilizando moldes y un 80 por ciento muestra un color negro-gris. La cerámica de estilo Chimú-Casma aparece durante los últimos momentos de la ocupación de Puerto Pobre. Básicamente se trata de formas chimús con una decoración casma, en su gran mayoría aplicaciones, las cuales incluyen tiras y serpientes estilizadas, el “almendrado” (Bastiand 1985:22-23) y el “pájaro Casma”, combinado con la técnica de “piel de ganso” (Figura 12). La cerámica de estilo Inca Provincial (Chimú-Inca o Casma-Inca) no llega a 1 por ciento en ambos sectores de Puerto Pobre. Se han identificado pequeños aríbalos y cuencos que muestran una pintura negra sobre roja en la superficie (Koschmieder 2004:217-220). La presencia de la cerámica del estilo Inca Provincial en la periferia del asentamiento Casma y en algunos estratos intermedios y superiores de las unidades de excavación, al igual que los tres fechados de radiocarbono disponibles (Beta Analytic 114062-114064; muestras de carbón y madera – 320-440 ± a.P. [2 sigma]), comprueban una ocupación bastante tardía para Puerto Pobre, pero la presencia inca debe haber sido débil.


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La cerámica y otros objetos diagnósticos sirvieron para identificar las zonas residenciales de las dos poblaciones prehispánicas (casma/chimú) de Puerto Pobre y en especial para definir los diferentes contextos arqueológicos (casma, chimú-casma y chimú). Los contextos casmas comprenden los estratos inferiores del asentamiento Casma (Sector 1), donde predomina la cerámica casma con una cuota encima del 60 por ciento. En el caso de la Unidad 3 los niveles 3 a 8 pertenecen a los contextos casmas (Figura 13), mientras cerca de la superficie (niveles 1 a 2) abunda la cerámica chimú. Los objetos chimús siempre están presentes en el asentamiento Casma, pero predominan solamente durante las últimas fases de ocupación (= contextos

Figura 11. Trompito casma (Unidad 8 – Sector 1), Puerto Pobre.


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Figura 12. Cerámica chimú-casma (Piel de ganso combinado con el «Pájaro Casma»), Puerto Pobre.

Figura 13. Distribución de la cerámica chimú y casma según los niveles de excavación en las unidades 3 (Sector 1 - arriba) y 8 (Sector 2 - abajo), Puerto Pobre, valle de Casma.


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chimú-casma), posiblemente a causa de la hegemonía consolidada de los nuevos soberanos. Los desechos orgánicos fueron separados y analizados según su pertenencia a contextos casmas (estratos inferiores) o chimú-casma (estratos superiores). Los restos orgánicos, recuperados en los contextos casmas, deben reflejar las preferencias alimenticias de la población autóctona (Casma), mientras el análisis de los desechos orgánicos, encontrados cerca de la superficie, deben revelar posibles cambios en las estrategias de subsistencia durante la última fase de ocupación del sitio. Por otro lado, el régimen alimenticio de los chimús fue estudiado de los contextos arqueológicos encontrados en el complejo de adobe y sus alrededores (Sector 2), donde siempre predomina la cerámica chimú con una cuota que fluctua entre 70 y 90 por ciento (Figura 13). A continuación se comparan las preferencias alimenticias de las dos poblaciones prehispánicas (Casma/Chimú) de Puerto Pobre. Después se presentan los datos para la ocupación tardía del asentamiento Casma, los cuales demuestran cambios decisivos hacia una adaptación a las preferencias alimenticias de los chimús. Parece necesario anticipar algunas consideraciones respecto a los métodos de cuantificación y el análisis en general, ya que los desechos orgánicos encontrados en sitios arqueológicos nunca pueden ser equivalentes a los productos alimenticios consumidos.

Estudios de subsistencia. Algunas consideraciones sobre los métodos y problemas en la cuantificación del material orgánico En los sitios arqueológicos de la costa del Perú los desechos orgánicos se conservan muy bien. Esta situación se debe a la extrema aridez y la falta de organismos para poder iniciar los procesos de descomposición (Cohen 1972-1974). Sin embargo, los macrorestos encontrados en sitios como Puerto Pobre no reflejan el total del régimen alimenticio de las poblaciones prehispánicas. Muchos procesos naturales y artificiales alteraron el estado de conservación de los desechos orgánicos durante y después de la ocupación de los sitios prehistóricos. Los restos orgánicos están expuestos a procesos bióticos y abióticos, los cuales dañan o destruyen las partes blandas de los crustáceos, moluscos, peces, restos óseos y vegetales. Entre otros podemos mencionar fenómenos naturales (erosión, El Niño) y/o una destrucción mecánica a causa de alguna intervención humana. Semillas arrojadas durante la ocupación del sitio fueron consumidas por las aves y según cálculos recientes se recuperan solamente hasta un 5 por ciento de los restos óseos de mamíferos en sitios arqueológicos (Lyon 1970; Sommer 1991; Walters 1985),


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visto que la gran mayoría fueron alterados y consumidos por perros y roedores. También hay que tener en cuenta que los antiguos pobladores no transportaron grandes mamíferos marinos (lobos del mar) o silvestres hacia sus asentamientos, sino los descuartizaron y sacrificaron a una cierta distancia de las zonas residenciales. Es de suponer que hayan repartido la carne entre varias familias u otras unidades domésticas para anticiparse al rápido proceso de descomposición. Este procedimiento puede causar problemas en el análisis, ya que los restos óseos de un solo individuo pueden encontrarse en diferentes contextos arqueológicos (Reitz y Wing 1999:272-273). Algunos desechos orgánicos fueron utilizados como combustible (mazorcas de maíz), pasto (restos vegetales en general) y abono (pescados) o sirvieron para elaborar herramientas (restos óseos) u otros artefactos (moluscos), así que no están disponibles para un estudio de subsistencia. Hay que distinguir también entre animales y plantas que sirvieron para fines alimenticios y los que fueron utilizados para otros propósitos. En Puerto Pobre algunos cuyes se encontraron como ofrendas debajo de las paredes de quincha, mientras varios perros acompañaron a sus amos en una estructura funeraria. Los esqueletos se encuentran en forma completa, mientras muchos huesos de los animales sacrificados con fines alimenticios muestran huellas de cortes, evidencias de un proceso de carnicería. Para realizar un estudio de subsistencia es indispensable excavar en área y analizar solamente el contenido de contextos o elementos primarios como fogones, depósitos o basurales (Renfrew y Bahn 1996). Analizar el contenido de rellenos dudosos o un volumen reducido de pequeños pozos de prueba puede alterar la información científica. Cuanto más grande el volumen de una excavación tanto más grande la cantidad de las especies identificadas. Para que no se pierdan pequeñas semillas (ají) o vértebras (peces) y por lo tanto para evitar la sobrerepresentación de algunas especies, es indispensable utilizar zarandas tupidas durante el trabajo de recolección. Siempre hay que tener en cuenta que no se analizan los alimentos consumidos, sino solamente los desechos orgánicos arrojados o perdidos. Especialmente en el análisis de los restos vegetales las interpretaciones pueden resultar erróneas ya que existen productos que se consumen por completo (tubérculos o tomates silvestres), mientras otras especies producen una gran cantidad de otros elementos (por ejemplo, semillas) y por lo tanto están sobrerepresentados ante otras plantas alimenticias. En este sentido en los sitios arqueológicos el maíz siempre excede a los diferentes tubérculos. Algo similar sucede con las frutas. La guanábana, la cuál abunda en sitios del Periodo Intermedio Tardío (Chimú) produce una mayor cantidad de


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semillas que otras especies, como por ejemplo la lúcuma, la cuál deja solamente dos a cinco semillas. Se puede constatar que es prácticamente imposible realizar una cuantificación total de los restos vegetales, y que las estadísticas efectuadas para otras clases de restos orgánicos (restos óseos, moluscos, crustáceos, peces) también resultan problemáticas.

Nombre Común

Nombre de Especie

Casma (S 1) 127 contextos primarios

Chimú-Casma (S 1) 100 contextos primarios

Chimú (S 2) 37 contextos primarios

Maíz

Zea mays

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Camote

Ipomoea batatas

Frecuencia baja

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Yuca

Manihot esculenta

-

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Achira

Canna edulis

-

Frecuencia muy baja

-

Pallar de Gentil

Canavalia sp.

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Frecuencia alta

Pallar

Phaesolus lunatus

Frecuencia baja

Frecuencia baja

Frecuencia alta

Frijol

Phaesolus vulgaris

Frecuencia muy baja

Frecuencia baja

Frecuencia baja

Ñuña

Phaesolus polyanthus

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Mate

Lagenaria siceraria

Frecuencia alta

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Zapallo

Cucurbita máxima

Frecuencia baja

Frecuencia alta

Frecuencia alta

Loche

Cucurbita moschata

Frecuencia muy baja

Frecuencia baja

Frecuencia alta

Jaboncillo

Luffa sp.

Frecuencia muy baja

-

-

Guanabana

Annona muricata

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Pacae

Inga feuillei

Frecuencia alta

Frecuencia alta

Frecuencia alta

Palta (Avocado)

Persea americana

Frecuencia alta

Frecuencia alta

Frecuencia baja

Lúcuma

Pouteria lucuma

Frecuencia baja

Frecuencia muy baja

-

Ciruela de Fraile

Bunchosia armeniaca

Frecuencia baja

Frecuencia muy baja

-

Maní

Arachis hypogaea

-

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Ají (Chili)

Capsicum sp.

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Frecuencia alta

Palillo de Árbol

Campomanesia lineatifolia

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Algodón

Gossypium barbadense

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Huayruro

Ormosia sp.

-

-

Frecuencia muy baja

Ishpingo

Nectandra sp.

-

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

Algarrobo

Prosopsis sp.

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Frecuencia muy alta

Faique (Espino)

Acacia macracantha

Frecuencia muy baja

Frecuencia baja

Frecuencia baja

Tara (Taya)

Caesalpina tinctoria

Frecuencia muy baja

Frecuencia muy baja

-

Tabla 2. Registro semi-cuantitativo de los restos botánicos en contextos casmas, chimús-casmas y chimús (Puerto Pobre, valle de Casma).


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A pesar de todo, los intentos de una cuantificación de los restos orgánicos son importantes para poder comparar la intensidad del uso de los animales y plantas durante la ocupación de los sitios arqueológicos (Reitz y Wing 1999:143-145). Para el análisis del material vegetal de Puerto Pobre se utilizó solamente un registro semicuantitativo para poder reconocer si una especie se ubica en un contexto con una frecuencia muy alta, alta, baja, muy baja o si está ausente (Tabla 2). Otro método es averiguar en cuántos de los contextos arqueológicos analizados aparece cada especie (Hastorf 1993:166). Para la cuántificación de los restos animales utilizamos tres diferentes indicadores de abundancia taxonómica: NISP (Number of identified specimens), MNI (Minimum number of individuals) y la biomasa de los animales. El NISP describe la cantidad de los huesos (y dientes) identificados (Davis 1987; Lyman 1994; Mengoni 1988), mientras con el MNI se determina el número de individuos identificados en un contexto arqueológico (Casteel 1977; Grayson 1973, 1984; Klein y Cruz-Uribe 1984). Para los mamíferos una sola cuántificación según el MNI no parece muy conveniente, ya que los animales grandes (lobo del mar) proporcionan mucho más carne que por ejemplo un cuy. La carne de un mamífero asciende a un 50-70 por ciento de su biomasa (= peso total), dependiendo de la edad, sexo y el tamaño del individuo (Reitz y Wing 1999:221-222; White 1953). Para la cuántificación de los restos de los mamíferos y aves identificados en Puerto Pobre utilizamos el MNI y la biomasa, para los peces y cangrejos el MNI, y para los moluscos el MNI y el peso de sus valvas o placas calcáreas, ya que no disponemos de datos sobre la biomasa de cada especie.

La alimentación de los pobladores de Puerto Pobre (Casma/Chimú) Los resultados del estudio de subsistencia demuestran que durante la ocupación temprana de Puerto Pobre hubo diferencias marcadas en el régimen alimenticio de los pobladores autóctonos del valle de Casma y de los invasores (Chimú). Mamiferos Contextos casmas Ocho especies de mamíferos fueron identificadas en Puerto Pobre (Figura 14), pero solamente cuatro se localizaron en el asentamiento Casma (Sector 1). Con respecto al número de individuos predominan los cuyes (Cavia porcellus) con un 34,78 por ciento de los mamíferos identificados (Koschmieder 2004:Figura 81), pero por sus tamaños reducidos proporcionaban solamente un 0,39 por ciento de la cantidad de carne calculada. Este resultado coincide con los datos de Manchán, donde la cuota tampoco llega a 1 por ciento (Altamirano 1983:73). Como los perros


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masticaron y consumieron los huesos de los pequeños animales, este resultado no refleja la verdadera importancia de los cuyes en la economía de los pobladores de Puerto Pobre. La poca cantidad de cuyes contrasta también con el gran número de cuyeros encontrados en el sitio (Figura 6). Los cuyes tenían múltiples funciones en las sociedades prehispánicas (Koschmieder 2004: 271-280; Rofes 1998). Algunos ejemplares de Puerto Pobre, en parte momificados (Figura 7), fueron depositados como ofrendas debajo de las estructuras de quincha. Los perros (Canis familiaris) no tenían mucha importancia en el abastecimiento de las carnes en el asentamiento Casma, pero durante la ocupación temprana proporcionaron un 4,87 por ciento de la carne de mamíferos. Algunos de sus huesos muestran huellas de corte, evidencias de los procesos de descuartizamiento. Más que nada, los perros acompañaron a sus amos en la caza de animales silvestres (venados) y otras actividades. Tres de los perros identificados no sirvieron para fines alimenticios, ya que fueron recuperados (envueltos en textiles) en una estructura funeraria como parte del ajuar funerario de seis entierros humanos. No se ha podido identificar las razas de los perros de Puerto Pobre, pero Altamirano (1983:66) menciona los restos de perros sin pelo (viringo o lampiño – Canis familiaris sechurae) y perros lanudos (lanudo - Canis familiaris ingae) para el centro administrativo Manchán. Especialmente la carne de los perros sin pelo fue consumida por las poblaciones prehispánicas (Acosta 1940:398-399 [1590]). Las llamas y los lobos marinos proveían casi toda la carne de mamíferos (95,64 por ciento) consumida por los pobladores del asentamiento Casma (Figura 14). Desde las épocas precerámicas las llamas estaban presentes en los valles de la costa norte (Bonavía 1996), donde sirvieron como animales de carga y proveedores de lana, carne, piel y otros productos. Además fueron sacrificadas durante ciertas ceremonias y acompañaron a los difuntos en las tumbas. Desde mucho antes de la llegada de los chimús, jugaron un rol importante en el abastecimiento del valle de Casma con proteinas (Pozorski y Pozorski 1987), pero según el MNI (26,09 por ciento) y la biomasa (40,55 por ciento) se ubican solamente en el segundo lugar de los mamíferos que proveían carne para la población Casma de Puerto Pobre. Los camélidos sirvieron también para la producción de textiles, pero la cuota (3,52 por ciento) es baja en relación con las prendas de algodón (Fernández 1996). Otros objetos manufacturados de los desechos orgánicos de camélidos fueron herramientas elaboradas de los huesos largos, y sandalias de cuero. Los lobos del mar (Otaria byronia) proporcionaban más de la mitad de la carne de mamíferos (54,19 por ciento - Figura 14). Posiblemente fueron sacrificados en las playas, ya que faltan ciertos huesos (craneales) en la colección de Puerto Pobre. Los lobos marinos no solamente sirvieron para el consumo humano, sino también para obtener sus colmillos y pieles, su grasa (Cobo 1956:I:295 [1653]) y sus piedras bezoares, las cuales fueron utilizadas para fines medicinales y mágicos (Rostworowski 1981:113).


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Figura 14. Mamíferos identificados en contextos casmas, chimús-casmas y chimús, Puerto Pobre, valle de Casma (según la biomasa de los individuos identificados).

Contextos chimús

En el centro administrativo Chimú y sus alrededores (Sector 2) la situación se presenta al revés. Los camélidos ocuparon el primer lugar con un 56,91 por ciento en el abastecimiento de carnes, seguido por los lobos marinos con un 41,93 por ciento (Figura 14). La gran mayoría de los huesos de camélidos pertenecían a las llamas, pero en base a la osteometría (Kent 1982) se han podido identificar dos alpacas (Lama pacos) y posibles híbridos en la zona residencial Chimú (Vásquez y Rosales 1996). Al parecer el control sobre las alpacas para fines alimenticios y para la producción textil estuvo en manos de los chimús. Según los cronistas la carne de alpacas fue más apreciada que la de llamas (Garcilaso 1959:147-148 [1617]). Es interesante también el hecho de que un 70 por ciento de los huesos de las llamas en el sitio Chimú pertenecían a animales con una edad menor de tres años, una cuota mucho más alta que en el asentamiento Casma (Vásquez y Rosales 1996). Parece que la carne de los animales jóvenes fue separada para el consumo de los chimús, ya que es más tierna y “muy agradable hasta los primeros años, después adquiere el sabor de la clase de yerbas con que se alimenta” (Mejía Xesspe 1931:19). En los contextos chimús aparecen más especies de mamíferos que en el asentamiento Casma, pero la contribución al abastecimiento de carnes de alpacas (Lama pacos), venados de cola blanca (Odocoileus virginianus), vizcachas (Lagidium peruvianum) y zorros (Lycalopex sechurae) ha sido mínima, al igual que la de los cuyes y perros (Figura 14). La presencia de restos óseos de venados y vizcachas en la zona residencial chimú deja suponer que solamente los chimús aprovecharon los recursos naturales de las lomas costeñas, los cuales al parecer no fueron explotados por la gente autóctona de Casma.


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Podemos resumir que entre los mamíferos solamente los camélidos y lobos marinos jugaron un rol importante en el abastecimiento de carnes en Puerto Pobre. Los “casmeños” se dedicaron sobre todo a la caza de lobos marinos, mientras que los chimús le dieron más importancia a los animales domesticados y en especial a la cría de las llamas. Por otro lado, el uso de otros animales domesticados (cuyes y perros) para fines alimenticios fue más común en el asentamiento Casma. La presencia de una mayor cantidad de especies en el sitio Chimú deja suponer que los nuevos soberanos controlaban la explotación y el consumo de ciertos recursos naturales. Aves En Puerto Pobre se identificaron los restos de 108 aves las cuales pertenecen a un mínimo de nueve especies. La conservación de los restos de aves ha sido excelente. Se recuperaron algunos ejemplares momificados con su plumaje completo y algunos huevos de aves marinas (Koschmieder 2004:Foto 43). Las especies que abundan en la colección son las aves marinas que producen el guano. Los guanayes (Phalacrocorax sp.) y pelícanos (Pelecanus thagus) proporcionaban casi toda la biomasa aviar con una cuota encima del 95 por ciento. En todos los contextos predomina el consumo de la carne de pelícanos, pero el porcentaje es mayor en los contextos chimús (71 por ciento) que en los contextos casmas (58 por ciento), mientras el consumo de la carne de guanayes fue más común en el asentamiento Casma (40 por ciento), comparado con el complejo Chimú (23 por ciento). El pelícano fue muy popular entre los chimús (Paz 1998:4), ya que ha sido retratado con frecuencia en la arquitectura y en los objetos de la cultura material. En Puerto Pobre se encontraron varios esqueletos completos en estructuras con rampas y plataformas del complejo principal de adobe, lo que deja suponer que sirvieron como una especie de mascotas o animales sagrados. En algunos textiles chimús se observan pelícanos, los cuales son llevados encima de unas andas (Rowe 1984:115-117), un privilegio que correspondía solamente a los soberanos chimús. Es probable que los guanayes fueran consumidos con más frecuencia por la gente de las clases bajas, ya que según Cobo (1956:I:317 [1653]) “no es de ninguna estima”. Otras especies marinas de menor importancia fueron los zarcillos (Larosterna inca) y dos especies de gaviotas (Larus pipixcan y Larus modestus). Restos de aves del campo como las palomas (Zenaida asiática y Zenaida auriculata) fueron recuperados en el asentamiento Casma, mientras los restos de algunos patos (Anas sp.) se hallaron en el complejo principal Chimú. Según Guamán Poma (1980:306 [1615]) la carne de los patos fue uno de los alimentos preferidos de las élites prehispánicas. Las especies que viven y anidan en la tierra firme no jugaron un rol importante en la alimentación con carne, pero demuestran que las dos poblaciones de Puerto Pobre explotaban diferentes ecosistemas.


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Peces Las 35 especies de peces identificadas en Puerto Pobre pertenecen a 26 familias. La gran mayoría de estas especies viven en el mar, dos en el río y una en las humedales o aguas mixohalinas. La conservación de los restos ictiológicos ha sido excelente. Hasta las cabezas separadas, las cuales sirvieron como un abono natural, y los cuerpos desecados de las anchovetas (Engraulis ringens) y sardinas (Sardinops sagax sagax) se hallaron encima de los pisos de las estructuras de quincha y en los basurales del sitio. Según el número mínimo de individuos (MNI), las anchovetas y sardinas predominan en los contextos arqueológicos con un 50 a 65 por ciento de los peces identificados, pero se observaron algunas diferencias en el consumo de las poblaciones casma y chimú. Durante la ocupación temprana del asentamiento Casma sus pobladores consumían más sardinas (36 por ciento), mientras la cuota para las anchovetas (27 por ciento) y los peces de la familia Sciaenidae (14 por ciento) es más baja. Por otro lado los chimús consumían principalmente la carne de anchovetas (56 por ciento) (Koschmieder 2004:Figura 88). No hay una explicación satisfactoria para este comportamiento diferente, ya que antes de la explotación industrial los cardúmenes de ambas especies se hallaron frecuentemente cerca de las playas, donde fueron capturadas con redes. Es muy probable que las anchovetas fueran seleccionadas para el consumo de los chimús. Según el cronista Cobo (1956:I:299 [1653]) “se tiene por pescado regalado y de muy bién sabor”. La mayoría de las especies identificadas en Puerto Pobre fueron capturadas desde la orilla con anzuelos y redes simples. La cuota es más alta para el asentamiento Casma (99,05 por ciento) comparado con el resultado obtenido para el complejo Chimú (93,13 por ciento), mientras los peces de alta mar aparecen en menor cantidad (0,95 por ciento) que en el sitio Chimú (4,48 por ciento). Especies como los bonitos (Sarda chiliensis chiliensis), sierras (Scomberomorus sierra), cojinovas (Seriolella violacea) y merluzas (Merluccius gayi peruanus) solamente pueden ser capturadas utilizando embarcaciones y redes especiales. Es muy probable que los chimús hayan introducido nuevas técnicas para la pesca en alta mar. Restos de peces de agua dulce (MNI = 0,90 por ciento) y salobre (MNI = 1,49 por ciento) se encontraron solamente en el complejo Chimú. Los monengues (Dormitator latrifans) viven cerca de Puerto Pobre en las humedales de la “Acequia La Monenga”, la cuál se llena con aguas mixohalinas durante los meses del verano. Las dos especies de agua dulce (Lebiasina bimaculata y Aequidens rivulatus) viven en los rios de la costa norte (Sifuentes 1992) y probablemente fueron capturadas en el río


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Casma. La presencia de peces de agua dulce y salobre y la mayor cantidad de peces de alta mar en los contextos chimús demuestra una vez más que los nuevos soberanos consumían y/o explotaban una mayor variedad de recursos naturales que los “casmeños”. En total se identificaron 32 especies de peces en los contextos chimús, mientras que para la ocupación temprana del asentamiento Casma se registraron solamente 22 especies (Koschmieder 2004:Figura 88). Crustáceos La cuantificación (según MNI) de los crustáceos resultó difícil, ya que muchos de los ejemplares recogidos se encontraron fragmentados. Doce especies fueron registradas durante el trabajo de gabinete, de las cuales cinco viven en biotopos rocosos y cuatro en las playas arenosas. Otras tres especies son dulceacuícolas. En los dos sectores de Puerto Pobre predominan los cangrejos de las playas arenosas (Casma – 57,38 por ciento; Chimú – 61,19 por ciento), sobre todo los muy muy (Emerita analoga y Blepharipoda occidentalis), los cuales sirven para el consumo humano y como carnada para la pesca. Otros cangrejos identificados, que viven enterrados en las playas arenosas, son los cangrejos de arena (Hepatus chiliensis), los cangrejos planos (Arenaeus sp.) y los carreteros (Ocypode gaudichaudii). Crustáceos del litoral rocoso se encuentran en mayor cantidad en el asentamiento Casma, donde alcanzan una cuota de 42,86 por ciento. Pertenecen a las especies Platyxanthus orbignyi (cangrejo violáceo), Grapsus grapsus (cangrejo de rocas), Cancer polydon (cangrejo peludo) y Petrolisthes sp. (cangrejito). La cuota para el complejo Chimú es más baja (17,91 por ciento) y los cangrejitos están ausentes en la colección. Las tres especies dulceacuícolas se registraron exclusivamente en contextos chimús, lo que refuerza la impresión que solamente los chimús explotaban y consumían los recursos de los ríos y de las lagunas. Se identificaron dos especies de camarón de río (Chryphiops caementarius y Macrobrachium sp.) y un cangrejo de río (Hypollobocera sp.). En el complejo Chimú el porcentaje de las especies dulceacuícolas (20,90 por ciento) supera la cuota para los crustáceos de las playas rocosas (Koschmieder 2004:Figura 92). Para capturar los camarones de río los antiguos pobladores de la costa utilizaron una especie de nasa, la cuál llamaban yxanga (Guamán Poma 1980:1028 [1615]). Moluscos Se han identificado 57 especies de moluscos para el sitio de Puerto Pobre, de las cuales cuatro especies corresponden a la clase Polyplacophora (chitones), 33


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a gasterópodos marinos (caracoles), 14 a pelecypodos marinos (bivalvos) y 4 a gasterópodos terrestres y/o dulceacuícolas (Koschmieder 2004:Figura 93), pero no todas las especies sirvieron para fines alimenticios. Los bivalvos marinos proporcionaban la mayor cantidad de carne para los pobladores de Puerto Pobre (aproximadamente 70-90 por ciento), pero se reconocían diferencias marcadas en el consumo por parte de las dos poblaciones prehispánicas (Casma/Chimú). Durante las primeras fases de ocupación los pobladores del asentamiento Casma (Sector 1) consumían sobre todo la carne de dos especies de la familia Mytilidae, las cuales viven en el litoral rocoso. Según el MNI y el peso de las valvas predominan los choritos negros (Perumytilus purpuratus – 47-59 por ciento), seguidos por los choritos playeros (Semimytilus algosus – 20-27 por ciento), mientras las otras especies de este biotopo, como el choro común (Aulacomya ater), tenían menos importancia, ya que al parecer por su mayor cantidad de carne fueron reservadas para el consumo de los chimús. Los bivalvos de las playas arenosas, como las palabritas o señoritas (Donax obesulus) proporcionaban menos carne para la población Casma (9-11 por ciento), puesto que obviamente preferían el consumo de las especies de la familia Mytilidae. Raspaban los moluscos de las rocas en vez 


Figura 15. Correlación entre la cerámica y los moluscos encontrados en la Unidad 3 (Sector 1), Puerto Pobre, valle de Casma. 



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de desenterrar las especies de las playas arenosas. Es curioso que en los diferentes contextos arqueológicos del asentamiento Casma (Sector 1) el porcentaje para los Perumytilus purpuratus se correlaciona con el de la cerámica casma encontrada, mientras el porcentaje para los Donax obesulus se correlaciona con el de la cerámica chimú (Figura 15). Este resultado obviamente implica que hubo diferentes preferencias alimenticias. Esta suposición ha sido confirmada por los resultados en el complejo Chimú (Sector 2), donde los Donax predominan en todos los contextos arqueológicos (36-44 por ciento de la colección). Normalmente el porcentaje para los Donax en asentamientos chimús alcanza una cuota encima del 70 por ciento (Pozorski 1976; Sachún y Vasallo 1987; Vásquez et al. 1987, 1991), pero hay que destacar que las cifras bajas de Puerto Pobre se deben a la mayor presencia de playas rocosas en la zona de Casma y consecuentemente a una disponibilidad limitada de estos bivalvos. Los chitones de la especie Acanthopleura echinata (barbón) asi como los gasterópodos marinos y terrestres jugaron un rol más importante en la alimentación de los chimús (10-30 por ciento de los moluscos) que en la de la población Casma (3-10 por ciento). Entre los gasterópodos marinos destaca la presencia de las grandes especies Concholepas concholepas (chanque) y Thais chocolata (caracol común). Estos moluscos de la familia Muricidae ofrecen una mayor cantidad de carne con un alto porcentaje de proteinas y calorías (Hinostroza et al. 1979), lo que deja suponer que fueron separados para el consumo de la élite chimú. Muchos ejemplares se encontraron en las estructuras importantes del complejo principal (Sector 2). Interesante también el resultado de un análisis minucioso de las valvas de los moluscos de Puerto Pobre. El promedio del peso de las valvas y por consiguiente también de la cantidad de la carne fue mayor en los contextos chimús que en el asentamiento Casma (Koschmieder 2004:544), lo que indica que hubo una pre-selección en favor del grupo dominante. Caracoles terrestres de la especie Scutalus proteus se encontraron casi exclusivamente en el complejo Chimú, pero con solo un 0,72 por ciento de la muestra no tenían mucha importancia en la alimentación de los chimús. Los datos demuestran nuevamente que solo los chimús explotaban o consumían los recursos de las lomas (caracoles terrestres, venados y vizcachas). Restos vegetales En Puerto Pobre se identificaron más de 30 especies vegetales, las cuales sirvieron para la alimentación de sus pobladores y otros fines domésticos (por ejemplo algodón para la producción de los textiles). Como una cuantificación total de los


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restos vegetales es imposible, se elaboraron dos tablas que muestran la frecuencia o abundancia de los restos de cada especie en los contextos casmas, chimúscasmas y chimús (Tabla 2) y la cantidad (el porcentaje) de los contextos donde aparece cada especie (Koschmieder 2004:Figura 102). Según los datos obtenidos predominan el maíz (81-90 por ciento), la guanábana (81-90 por ciento), el mate (68-82 por ciento), el algodón (67-75 por ciento) y el algarrobo (45-80 por ciento) en la colección de Puerto Pobre. Estas plantas cultivadas, así como el pallar de gentil, el zapallo, el pacae (guaba) y la palta, aparecen con una frecuencia alta hasta muy alta en los diferentes contextos arqueológicos (Tabla 2). El alimento básico fue el maíz (Zea mays), pero hay que tener en cuenta que los tubérculos están infra-representados ya que son consumidos completamente, así que no podemos medir su importancia en la alimentación. Obviamente el camote (Ipomoea batatas) tuvo más importanica en los contextos casmas (que en el complejo Chimú) visto que se registró una mayor cantidad de sus rizomas en las estructuras de quincha. Por otro lado, la yuca (Manihot esculenta) fue encontrada solamente en el complejo Chimú, donde se hallaron también artefactos para rallar el tubérculo (piedras pómez, ralladores de cerámica). La gran cantidad de restos vegetales del maíz, especialmente en el asentamiento Chimú, perteneció a diez diferentes protorazas, las cuales sirvieron para la producción de la chicha (Mochero, Alazan) y la preparación de choclos (Chullpi, Pardo, Huachano), popcorn (Pagaladroga, Confite Puntiagudo) y kcancha (Huayleño, Paro, Chullpi). Algunas mazorcas de maíz sirvieron como ofrendas debajo de las paredes de quincha en el asentamiento Casma. En un caso se identificaron dos mazorcas de protorazas costeñas para la producción de la chicha (Mochero, Alazan) y dos otras de protorazas serranas (Huayleño y Chullpi – Figura 16) para la producción de la kcancha. En el complejo Chimú se depositaron grandes tinajas debajo de los muros, plataformas y banquetas, posiblemente con el mismo propósito de dejar ofrendas antes de iniciar la construcción. La bebida más importante para los pobladores de Puerto Pobre fue la chicha (de maíz), la cuál fue endulzada con algarrobina y las pulpas de guanábanas, lúcumas y guayabas. Sus semillas se encontraron en el afrecho de la bebida. La producción tuvo lugar en las pequeñas unidades domésticas (familias), ya que casi todas las estructuras de quincha estaban asociadas con fogones (de adobes), donde se registraron frecuentemente tinajas, vainas de algarrobo, la jora y el afrecho. Es de suponer que las unidades domésticas se alternaron en la producción de la chicha para asegurar que la bebida esté presente siempre y poder consumir grandes cantidades en forma colectiva, un procedimiento típico hasta el dia de hoy (Moore 1989:688).


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Figura 16. Dos mazorcas de maíz de proto-razas serranas (Huayleño - izquierda; Chullpi - derecha), Puerto Pobre.

Entre las frutas consumidas en Puerto Pobre predominan las guanábanas (Annona muricata). Las más de once mil semillas recuperadas durante las excavaciones corresponden a una biomasa mínima de una tonelada. Por su mayor cantidad de semillas (20-50 por fruta) están sobrerepresentadas frente a otras especies, pero obviamente jugaron el rol más importante en el abastecimiento con vitaminas para las dos poblaciones (Casma/Chimú) de Puerto Pobre. Según Pozorski y Pozorski (1997) las guanábanas recién aparecieron durante el Periodo Intermedio Tardío en los asentamientos de la costa norte y abundan en sitios chimús. En el asentamiento Casma se consumieron las frutas de seis especies (guanábanas, paltas, pacaes, guayabas, lúcumas y ciruelas del fraile), mientras en los contextos chimús faltan las lúcumas y las ciruelas. Especialmente la ausencia de las lúcumas sorprende ya que durante el Periodo Intermedio Tardío fueron las frutas más importantes en el valle de Moche (Pozorski 1976). Parece que el consumo de las frutas en general fue más popular entre la población Casma de Puerto Pobre, mientras en el complejo Chimú solamente las guanábanas y pacaes se encontraron con una frecuencia alta.


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Solamente entre las diferentes especies de frijoles y pallares intentamos una comparación (según cantidad y peso), ya que se tratan de productos vegetales muy similares (Figura 17). En este caso se observaron las diferencias más significativas en el consumo de los productos vegetales. Mientras en el asentamiento Casma el pallar de gentil (Canavalia sp.) predomina con un 80 por ciento de la colección, en el complejo Chimú abunda el pallar (común) (Phaesolus lunatus) con un 64 por ciento de las leguminosas identificadas. El frijol (común) (Phaesolus vulgaris) en Puerto Pobre aparece en menor cantidad, pero con una frecuencia más alta en el asentamiento Chimú (Casma = 3,5 por ciento; Chimú = 19,8 por ciento). Es muy probable que los resultados indiquen diferentes preferencias alimenticias, ya que el valor nutritivo de las dos especies es muy similar. Las poblaciones casmas consumían el pallar de gentil desde el Formativo (Pozorski y Pozorski 1987), pero recién durante las épocas tardías se convirtió en uno de los alimentos básicos de los “casmeños”. Por otro lado los chimús cultivaban y consumían tradicionalmente el pallar (común), el cuál fue muy popular desde el tiempo de los mochicas tal como lo demuestran muchas escenas de su iconografía. Los pallares de Puerto Pobre pertenecen a diferentes variedades y/o fenotipos que se diferencian por sus tamaños, formas y colores. Los ejemplares más grandes de las dos especies se encontraron en el complejo Chimú (Canavalia sp. – S 1 [Casma] – 1,10-1,20 gr, S 2 [Chimú] – 1,27-1,47 gr; Phaesolus lunatus – S 1 [Casma] – 0,85-0,88 gr, S 2 [Chimú] – 0,89-0,95 gr), lo que deja suponer que hubo una preselección en favor de la población chimú. Algunas plantas alimenticias “de lujo” como el maní (Arachis hypogaea) se encontraron exclusivamente en el complejo Chimú. Su presencia indica el estatus es
pecial de sus consumidores, ya que según Garcilaso (1985:II:174 [1617]) “esta fruta

Figura 17. Semillas de frijoles y pallares identificadas en contextos casmas, chimús-casmas y chimús (según cantidad y peso), Puerto Pobre, valle de Casma.


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y el inchic son de la gente regalada y no para la gente común y pobre...”. El hallazgo de algunas semillas de huayruros (Ormosia sp.) e ishpingos (Nectandra sp.) en los grandes patios del centro Chimú demuestra que sirvieron para ciertas ceremonias públicas dentro del complejo administrativo-religioso chimú.

Cambios en las estrategias de subsistencia en el asentamiento casma: la ocupación tardía En los contextos tardíos del asentamiento Casma (Sector 1), donde predomina la cerámica chimú (= contextos chimús-casmas), se registraron cambios en la composición de los restos orgánicos encontrados. Estos cambios probablemente se deben a la consolidación del poder por parte del grupo dominante chimú, la cuál tuvo consecuencias en todas las esferas vitales de la población Casma. Mamíferos Durante las fases tardías el consumo de carne de camélidos predominó entre la población Casma. Las llamas (y alpacas) proporcionaban un 49,91 por ciento de la biomasa total de los mamíferos, mientras la cuota para los lobos marinos retrocedió a un 45,75 por ciento (Figura 14). Los cambios no parecen muy significativos, pero demuestran que el régimen alimenticio de la población Casma se adaptó al de los chimús. Por otro lado los perros y cuyes ya no tenían mucha importancia en la dieta y su cuota durante la ocupación tardía se asemeja a la del complejo Chimú. Aves El análisis de los restos óseos de las aves (marinas) reveló las mismas tendencias observadas para la clase de los mamíferos. El consumo de la carne de los pelícanos aumentó (63,85 por ciento), mientras los guanayes perdieron su importancia como proveedores de carne aviar (35,91 por ciento). Nuevamente observamos una tendencia hacia la adopción del régimen alimenticio chimú. Además aparecen por primera vez restos óseos de gallaretas (Fulica sp.) en los contextos tardíos del asentamiento Casma, un indicio de una explotación incipiente de lagunas y ríos. Peces No se observaron cambios significativos en el consumo de la carne de peces. Según el MNI las sardinas (30,84 por ciento), las anchovetas (19,82 por ciento) y los peces de la familia Sciaenidae (16,74 por ciento) continuaban como las especies más populares para los “casmeños” (Koschmieder 2004:Figura 88), mientras la cuota para


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las especies de alta mar sube un poco, especialmente para las merluzas (Merluccius gayi peruanus), lo que podría significar que la pesca con embarcaciones tuvo más importancia durante las últimas fases de ocupación. Por primera vez aparecen también algunos monengues (Dormitator latrifans) en la colección, un indicio para la explotación de los recursos de las lagunas de agua salobre. Crustáceos A causa de problemas en la conservación, recuperación y cuantificación de restos de crustáceos, carecemos de datos precisos para la ocupación tardía del asentamiento Casma. Durante el pasado muchos de los exoesqueletos que se ubicaron en las capas superiores fueron aplastados, debido a que frecuentemente pasan personas con sus rebaños de cabras y ovejas por el lugar. No obstante se identificaron por primera vez los restos de un cangrejito (Petrolisthes sp.) y un cangrejo de río del género Hypollobocera, lo que refuerza la impresión que la población Casma recién durante las fases tardías aprovechó los recursos naturales de los ríos y de las lagunas. Moluscos Los cambios más significativos se observaron en la composición de los restos malacológicos. Durante las fases tardías predominaban los bivalvos de las playas arenosas, y en especial los Donax peruvianus, los cuales alcanzan una cuota de entre 57 y 71 por ciento en el asentamiento Casma (MNI/peso), mientras las dos especies más representativas del litoral rocoso (Perumytilus purpuratus y Semimytilus algosus) alcanzan apenas un porcentaje de 23 a 26 por ciento (Koschmieder 2004:Figura 93). Curiosamente estos cambios correlacionan con las modificaciones en el inventario de la cerámica encontrada en los diferentes contextos arqueológicos del asentamiento Casma y del complejo Chimú. El porcentaje de la cerámica Casma coincide con la cuota para los moluscos de la familia Mytilidae, mientras el porcentaje de la cerámica Chimú correlaciona con la cuota para los Donax (Figura 15). Los resultados de Puerto Pobre demuestran que hubo diferentes preferencias alimenticias durante las fases tempranas, mientras durante la ocupación tardía los “casmeños” se adaptaron al régimen alimenticio chimú. Restos vegetales Para la ocupación tardía del asentamiento Casma no se observaron cambios significativos en el uso de las plantas alimenticias, pero obviamente el cultivo y el consumo del maíz ganaron en importancia. Una mayor cantidad de sus desechos orgánicos en los contextos chimús-casmas (capas superiores) demuestra que los


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pobladores de Puerto Pobre intensificaban la producción del maíz. Hasta las zonas cercanas a las playas con terrenos salitrosos y un mal drenaje (Acequia La Monenga) fueron utilizadas para el cultivo del maíz (Moore 1988; Pozorski et al. 1983; Zak 1984). Por otro lado, la presencia de restos de tubérculos (camote, yuca, achira) fue aún menor que durante las fases tempranas del asentamiento Casma. En el consumo de otros productos vegetales no se detectaron cambios esenciales, pero al parecer las especies de la familia Cucurbitacea (zapallo, loche) jugaron un rol más importante durante la ocupación tardía del sitio. Al igual que el maíz las cucúrbitas pueden ser almacenadas durante un prolongado lapso de tiempo, algo ideal en periodos de crisis.

Discusión Los resultados de Puerto Pobre demuestran que durante la ocupación temprana hubo diferencias marcadas en las estrategias de subsistencia de las poblaciones Casma y Chimú. El abastecimiento de carnes de la población Casma se basó sobre todo en la explotación de los recursos marinos, especialmente en la caza de lobos del mar y en la recolección de moluscos y cangrejos del litoral rocoso. Por otro lado los chimús tenían la costumbre de consumir los productos de las playas arenosas, en especial la carne de los bivalvos de la especie Donax obesulus. Sin embargo un mayor porcentaje de las proteinas fueron proporcionados por los camélidos, los cuales por sus múltiples usos jugaron un rol muy importante en la economía chimú. El maíz (Zea mays) y la guanábana (Annona muricata) fueron las plantas más importantes para todos los pobladores de Puerto Pobre, pero se comprobó que los tubérculos jugaron un papel secundario como alimentos básicos en el asentamiento Casma, mientras que entre los chimús nunca llegaron a ser muy populares. Solamente los chimús explotaban y consumían los productos naturales de las lomas, ríos y lagunas, lo que deja suponer que durante la ocupación temprana el acceso hacia estos ecosistemas estuvo reservado para la población chimú. Los productos más voluminosos y nutritivos se identificaron en el complejo chimú, indicios para una preselección en favor de los chimús. Este procedimiento fue reconocido en base al estudio de los pallares y algunas especies de moluscos. Durante las últimas fases de ocupación cambiaron las formas de subsistencia de la población local de Puerto Pobre, la cuál se adaptó a las costumbres alimenticias del grupo dominante chimú. Estos cambios se manifiestan especialmente en el consumo de la carne, ya que finalmente predominan los restos óseos de las llamas y los productos de las playas arenosas. Especialmente la cuota para los Donax subió hasta


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Figura 18. Recursos de agua dulce en contextos casmas, chimús-casmas y chimús (según MNI), Puerto Pobre, valle de Casma.

un 70 por ciento de todos los moluscos recuperados (Koschmieder 2004:Figuras 93 y 96 b). Los resultados demuestran que los “casmeños” cambiaron sus estrategias de subsistencia. En vez de recolectar moluscos en las rocas empezaron a desenterrar los bivalvos y cangrejos de las playas arenosas. Además, dedicaron más tiempo a la explotación de camélidos en vez de cazar animales silvestres (lobos del mar). Al parecer se produjo también una intensificación del cultivo del maíz, mientras los tubérculos jugaron un rol menos importante en la economía de la población local. Durante la ocupación tardía aparecieron por primera vez algunos recursos de las lomas así como los restos de cangrejos, aves y peces de agua dulce y/o salobre en el asentamiento Casma (Figura 18). Estos hallazgos indican que el acceso hacia ciertas eco-zonas ya no estuvo limitado a la población chimú. Los cambios, constatados para la ocupación final del asentamiento Casma, podrían ser relacionados con las fuertes relaciones de dependencia entre las poblaciones Casma y Chimú y por ende con la nueva situación sociopolítica en el valle de Casma. Probablemente la adopción de nuevas estrategias de subsistencia fue el resultado de medidas coercitivas, pero también de la consolidación de las relaciones sociales (la convivencia permanente en el valle de Casma) y un proceso inicial de aculturación, entre otros manifestándose en la presencia de objetos (cerámica, textiles) del nuevo estilo Chimú-Casma. Es de suponer que la población Casma haya tenido la obligación de trabajar y producir para los nuevos soberanos. En este sentido tenían que explotar recursos antes rechazados o ignorados por ellos, como por ejemplo las especies de las playas arenosas. La explotación contínua de estos recursos en favor de los chimús podría haber conducido a un cambio hacia un consumo propio de estos productos. También es probable que la población Casma haya aprovechado las nuevas tecnologías introducidas por los chimús para facilitar la explotación de los recursos natura
 les. Estrategias más efectivas incluían también la explotación de camélidos, la cuál


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reemplazó la caza de los lobos del mar. La expansión máxima de los campos de cultivo hacia las zonas desérticas y de mal drenaje (campos elevados – Moore 1988; Pozorski et al. 1983; Zak 1984) y la intensificación de la producción del maíz, probablemente impulsadas por los chimús, fueron aprovechadas también por los pobladores del asentamiento Casma. El consumo de maíz aumentó, mientras los diferentes tubérculos disminuyeron su importancia. Las investigaciones sobre el régimen alimenticio en los valles de Moche (Pozorski 1976), Jequetepeque (Cutright 2009; Gumerman 1991) y Casma (Koschmieder 2004) comprueban que el rango social determinó las estrategias de subsistencia y las costumbres de consumo de los diferentes grupos o clases socioeconómicas en el estado Chimú. Las élites controlaban la explotación de los productos “manipulados” (camélidos, maíz) y el acceso hacia los recursos naturales (por ejemplo, las lomas y las zonas de agua dulce), mientras que los grupos subordinados trataban de compensar los déficits con una explotación masiva de los recursos marinos y la caza de mamíferos silvestres. En general, las clases bajas aprovechaban las mismas plantas alimenticias que las clases dominantes, y en especial el maíz, pero obviamente consumían más tubérculos, frutas y productos de plantas silvestres, mientras el acceso a las plantas alimenticias “de lujo”, como el ají y el maní, fue restringido para el consumo de las élites. Los resultados de las investigaciones en los diferentes valles de la costa norte demuestran que las diferencias entre varios grupos socio-económicos y/o étnicos no solamente se reflejan en la arquitectura, las formas de enterramiento o en los objetos de la cultura material, sino también en las formas de subsistencia.

Agradecimientos El autor del presente artículo agradece al Instituto Nacional de Cultura por haber aprobado el “Proyecto Arqueológico Puerto Pobre” (Resolución Directoral Nacional No. 321-95). En los trabajos de campo ayudaron varios arqueólogos y estudiantes de arqueología de la Pontificia Universidad Católica del Perú (Rafael Vega-Centeno, Ricardo Garcia Malpartida, Giancarlo Marcone Flores) y de la Universidad Nacional de Trujillo (Jeisen Navarro Vega, Cesar Cornelio Lecca). A todos ellos mi sincero agradecimiento, al igual que a los colaboradores de Casma, los amigos Julio Isidro Salinas, César Isidro Durand y Pedro Francia Estrada. El material arqueológico fue analizado por John Verano (óseo humano), Víctor Vásquez S. y Teresa Rosales T. (material orgánico), y Arabel Fernández López (textiles). La cerámica fue dibujada por Felix Farro Buitrón (Museo Max Uhle, Sechín). A todos ellos agradezco por su colaboración.


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Estudio bioantropológico de los restos humanos del Sector II, Punta Lobos, valle de Huarmey John W. Verano y J. Marla Toyne

La evidencia arqueológica del sacrificio humano en la costa norte del Perú continúa incrementándose, tal y como lo muestran los recientes descubrimientos en los valles de los ríos Moche, Chicama y Lambayeque. Los estudios iconográficos y los datos etnohistóricos correspondientes al periodo prehispánico tardío, proveen un marco general en el cual estos descubrimientos pueden ser interpretados. Sin embargo, debe aclararse que durante esta época existió una gran diversidad en las prácticas de sacrificio, la cual no ha sido reconocida previamente. Dicha diversidad incluye características tales como el perfil demográfico de las víctimas sacrificiales, los contextos en los que son encontrados, la presencia o la ausencia de ofrendas asociadas y la forma en que los individuos fueron sacrificados. En cambio, el entierro masivo descubierto recientemente en Punta Lobos posee algunas características únicas que lo distinguen de ejemplos ya conocidos de sacrificios de cautivos y de entierros, tanto dedicatorios como de acompañantes para los dignatarios. En el caso de Punta Lobos, la ausencia de una asociación con algún tipo de arquitectura o de ofrenda, el perfil demográfico de las víctimas y la forma en la que fueron tratados, antes y después de la muerte, sugieren que se trata de una ejecución sumaria masiva, más que de un ritual de sacrificio. Las fechas de radiocarbono indican que este evento es contemporáneo a la expansión sureña del estado Chimú hacia el valle de Huarmey. El entierro masivo de Punta Lobos podría representar una respuesta chimú a la resistencia local. Archaeological evidence of human sacrifice in northern coastal Peru continues to grow, as evidenced by recent discoveries in the Moche, Chicama, and Lambayeque River Valleys. Iconographic studies and ethnohistoric data from the late prehistoric period provide a general framework in which these discoveries can be interpreted. It is becoming clear, however, that there is greater diversity in sacrificial practices than has been recognized previously. This diversity includes features such as the demographic profile of sacrificial victims, the contexts in which they are found, the presence or absence of associated offerings, and the manner in which victims were sacrificed. A recently discovered mass burial at Punta Lobos shows a number of unique features that distinguish it from other known examples of prisoner sacrifice, dedicatory or retainer burials. In the Punta Lobos case, a lack of association with any architecture or offerings, the demographic profile of the victims, and the way in which they were treated before and after death are more suggestive of a mass summary execution rather than a ritual sacrifice. Radiocarbon dates indicate that the event is contemporary with the southward expansion of the Chimú state into the Huarmey Valley. The Punta Lobos mass burial may represent a Chimú response to local resistance.

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os sacrificios humanos en el antiguo Perú fueron llevados a cabo de distintas formas. Algunos individuos fueron ejecutados y colocados dentro de tumbas como acompañantes de personajes importantes –bajo la creencia de la vida después de la muerte–, otros fueron enterrados como ofrendas al interior de la arquitectura monumental y otros más se sacrificaron a los dioses en diversos contextos (Verano 1995; 2001a). También se capturaron prisioneros en incursiones a pequeña escala o en guerras organizadas y, algunos de ellos, fueron John Verano ■ Tulane University, New Orleans, Louisiana; correo-e: verano@tulane.edu Marla Toyne ■ University of Central Florida; correo-e: jmtoyne@ucf.edu


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victimados en ritos formales, en represalia por actos de rebelión o bien, para reafirmar el control social. En discusiones recientes varios autores tratan el tema de la relación entre lo ritual y la guerra, así como entre el control religioso y el político, en las sociedades prehispánicas andinas (Arkush 2008; Arkush y Stanish 2005; Brown 2009; Ghezzi 2006). Sin embargo, es posible que en varios contextos arqueológicos no se puedan distinguir estos aspectos del poder. En algunos casos, partes de los cuerpos de los enemigos muertos fueron modificados y coleccionados como trofeos u objetos sagrados (Tung 2008; Tung y Knudson 2008; Verano 2008). Este artículo examina la evidencia bioarqueológica para entender los eventos de ejecución de prisioneros, específicamente a partir de los restos humanos recuperados de una gran masacre ejecutada en el sitio de Punta Lobos, en el valle de Huarmey.

La violencia en la prehistoria andina Ritos de sacrificio El sacrificio humano es una práctica extendida en los Andes y con una larga historia, especialmente para la costa norte de Perú. Existen varias fuentes de información sobre las tradiciones prehispánicas incluyendo las representaciones en cerámica -como la moche- (de Bock 2005; Donnan y McClelland 1999) y también descripciones de los ritos incas en las crónicas tempranas (Cieza de León 1959 [1548]; Cobo 1990 [1653]; de la Calancha 1972 [1638]). Durante los últimos años, diversos arqueólogos han descubierto en la costa norte del Perú numerosos sitios con contextos mortuorios atípicos, en donde los individuos tenían evidencia de trauma violento (Bourget 2001; Gaither et al. 2008; Hamilton 2005; Klaus et al. 2010; Verano 1986, 1995). El estudio de Eeckhout y Owens (2008) nos presenta un modelo de entierros atípicos para el sitio de Pachacamac y en éste se investiga un contexto de entierros humanos dentro de un espacio sagrado. Esperamos entender las diferencias y la continuidad en la práctica a partir del análisis detallado de los cuerpos de las víctimas (Verano 2008). No solamente hemos reparado en los contextos donde estaban los restos, sino también las distintas formas de manipulación perimórtem. Éstas incluyen la evidencia en los individuos heridos de muerte y las transformaciones posteriores (por ejemplo desmembramiento, obtención de trofeos, etc.). La guerra Existen varios tipos de restos arqueológicos utilizados para investigar el papel de la violencia en las sociedades prehispánicas del Perú, tal es el caso de la ar-


Estudio bioantropológico de los restos humanos de Punta Lobos

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quitectura, los artefactos, el arte y los restos humanos (Vencl 1984). En estudios sobre las guerras o los conflictos entre grupos independientes, algunos arqueólogos han examinado la presencia de cambios arquitectónicos como la ubicación estratégica de las ocupaciones, el conjunto de asentamientos, la construcción de una palizada o rasgos defensivos como muros o entradas poco accesibles (Arkush 2008; Ghezzi 2006). También han realizado el análisis de los artefactos asociados con la defensa o la conquista de grupos, incluyendo la acumulación de piedras o bolas usadas para lanzar las flechas, las lanzas, las porras, las hachas, etc. (Topic y Topic 1978). A partir de las tradiciones artísticas de algunos grupos se pueden reconstruir aspectos de la violencia, así como saber quiénes participaron en las guerras, la constitución de sus vestimentas, cuáles fueron las armas utilizadas, las formas de confrontación, quiénes eran las víctimas de sacrificios, así como conocer los ritos que acompañaron las ofrendas (de Bock 2005; Verano 2001b). En términos de los restos humanos, se puede analizar el contexto en donde se encontraron, el perfil demográfico y la prevalencia de traumas antemórtem y perimórtem (Knüsel 2005; Komar 2008; Walker 2001). Después de las grandes batallas, la forma más conveniente para disponer de los muertos era dejándolos en el lugar del combate o preparando una fosa común para todos, la cual se ubicaba cerca del campo de batalla. Sin embargo, es posible que en algunas ocasiones los sobrevivientes regresaran para recuperar los restos de sus compañeros y así darles un entierro formal en su lugar de origen, lo que implicaría la inexistencia de un contexto conteniendo los restos de los individuos ultimados en el mismo campo de batalla. Las lesiones antemórtem representan eventos violentos, es decir, de trauma directo en donde los combatientes han sobrevivido y los huesos han logrado sanar (Sauer 1998). Generalmente, los antropólogos físicos registran los traumas del cráneo, la cara y los antebrazos (fracturas defensivas conocidas como “Parry”) y los interpretan como evidencia de violencia intencional interpersonal (Judd 2002, 2008). Las fracturas localizadas en otras partes del cuerpo son difíciles de distinguir de las heridas accidentales. El trauma perimórtem se presenta como una lesión traumática en donde, al momento de morir, no se genera evidencia de curación en los huesos (Sauer 1998). Los patrones presentes en este tipo de trauma también son observados para tratar de identificar las armas o los implementos utilizados y las formas en que sucedió la mutilación (Hamilton 2005; Toyne 2009). El trabajo reciente de Murphy, Gaither, Goycochea, Verano y Cock (Murphy et al. 2010) presenta un estudio de las heridas perimórtem de un grupo de guerreros, los cuales muy probablemente murieron durante los conflictos con los soldados españoles (cementerio 57AS03).


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Muestra

No de Laboratorio

C/12C

Edad Radiocarbono

Edad Calibrado (2 sigmas)

Entierro 49

Beta-182048

-22.7 ‰

710 ± 40 BP

Cal d.C. 1260-1310 Cal d.C. 1370-1380

Entierro 70

Beta-182049

-23.8 ‰

720 ± 40 BP

Cal d.C. 1250-1300

13

Tabla 1. Fechas radiocarbónicas de muestras de Punta Lobos.

El contexto arqueológico Punta Lobos se ubica sobre una plataforma natural, al sur de la desembocadura del río Huarmey, casi escondido por pequeños cerros característicos de la franja costera de esta zona. El contexto fue descubierto por un equipo de arqueólogos dirigidos por el licenciado Hector Walde entre 1997 y 1998, cuando realizaban el trabajo de exploración para el desarrollo de un puente minero (Walde 2002). Al principio, por la buena preservación de los cuerpos y los textiles, algunos pensaron que este contexto era el resultado de una matanza moderna, pero al avanzar las excavaciones reconocieron que los textiles y los materiales con que estaban manufacturados los taparrabos eran de origen prehispánico. De este modo, se encontraron los restos humanos de 108 individuos los cuales fueron enterrados en pozos poco profundos, la mayoría de ellos boca abajo, con las manos y los pies atados (indicándonos que fueron prisioneros ejecutados), así como con las cabezas orientadas hacia el mar. El área de estudio está conformada por más de 600 m2 de cerro cubierto por arena y la evidencia arqueológica incluye únicamente restos humanos asociados con textiles. El análisis de dichos textiles fue realizado por Arabel Fernandez, quien los identificó como pertenecientes a un estilo costeño de la zona, correspondiente al Periodo Intermedio Tardío (10001470 d.C.). Logramos fechar dos pequeñas muestras de soguilla asociadas directamente con los Entierros 49 y 70, usando el método AMS (Espectrometría de masa por aceleración) y los resultados calibrados (2 Sigmas), son presentados en la Tabla 1. Adicionalmente, los arqueólogos del Proyecto Punta Lobos descubrieron en la cima de un cerro cercano un pozo con ofrendas. En éste se encontró una red para pescar y varios objetos cerámicos como ollas, platos utilitarios simples, entre otros artefactos (Walde 2002).

Patrón funerario En Punta Lobos los individuos no fueron enterrados en pozos sino que sus cuerpos fueron dejados sobre la superficie y se cubrieron con la arena acarreada, ya


Estudio bioantropolรณgico de los restos humanos de Punta Lobos

Figura 1. Cabeza de Entierro 38 con una venda tapรกndole los ojos.

Figura 2. Pierna de Entierro 13 amarada con soguilla.

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Figura 3. Dibujo en planta (detalle) indicando la posiciรณn de los cuerpos (redibujado por J.M. Toyne).


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sea por el viento o intencionalmente. Se observó que los restos fueron expuestos al ataque postmórtem de insectos y de animales carnívoros, pero aparentemente no permanecieron mucho tiempo a la intemperie. Así mismo, gracias a las condiciones de conservación se encontraron artefactos acompañando a los cuerpos, los cuales no son comúnmente hallados en este tipo de contextos. En algunos casos, había taparrabos in situ como única vestimenta. Varios de estos individuos tenían una venda en la cabeza, la cual les tapaba los ojos y parte de la cara (Figura 1). Dichas vendas fueron elaboradas con textiles simples, sin decoraciones. En varios casos se conservaron fragmentos de soga de materia prima vegetal, la cual amarraba los brazos y/o las piernas a la altura de los tobillos (Figura 2). La distribución de los individuos puede observarse en el plano. La gran mayoría de los cuerpos estaban orientados con la cabeza hacia el oeste y las piernas hacia el este; casi todos ellos estuvieron boca abajo y, solamente en pocos casos, se desviaron de este patrón (Figura 3). Además de los cuerpos completos y articulados, sobre la superficie de la playa se encontró un gran número de restos humanos perturbados y desarticulados, consecuencia de excavaciones clandestinas. La presencia de huesos con huellas de corte en la muestra del material perturbado, así como un perfil demográfico similar al de los entierros no alterados, nos lleva a la conclusión de que probablemente toda la muestra en conjunto pertenece al mismo contexto.

Análisis de laboratorio El análisis osteológico se llevó a cabo siguiendo métodos estandarizados y detallados para material óseo humano procedente de contextos arqueológicos (Bass 1995; Buikstra y Ubelaker 1994; Ubelaker 1999). La información que se registró para cada esqueleto (parcial o completo) incluyó un inventario óseo y dental, la estimación de la edad y del sexo, la toma de medidas craneales y de los huesos largos, así como la observación de patologías alimenticias, de infecciones y traumas, además de las prácticas culturales de modificación del cuerpo, como los tatuajes y la deformación craneal. También se registró el tipo, el número, la ubicación y la distribución de los traumas perimórtem, lo cual podría revelar aspectos del tratamiento que recibió el individuo antes de su muerte (Larsen 1997; Walker 1989). La colección presentó un excelente estado de conservación, pues en algunos casos se observó la preservación de tejidos blandos, incluyendo cabezas con cabello, así como manos y piernas e incluso se recuperó el cuerpo parcialmente momificado de un individuo joven (E58). En este caso en particular no se extrajo la piel para exponer el hueso, sino que fue registrado en ese estado. Generalmente los individuos se hallaron completos, pero algunos fueron perturbados por lo que carecían de bastantes elementos óseos.


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Categorías

N

Porcentaje

Juveniles (8 a 18 años)

47

34.1%

Adultos jóvenes (19 a 34 años)

56

40.6%

Adultos medianos (35 a 44 años)

21

15.2%

Adultos mayores (45 a 54 años)

5

3.6%

Adulto (edad no determinada) TOTAL

9

6.5%

138

100.0%

Tabla 2. Distribución de edades de los individuos.

Demografía Los arqueólogos del proyecto estimaron que, antes de ser perturbados por las excavaciones clandestinas, debieron haber existido al menos 200 entierros individuales. Nuestro análisis, basado en la presencia de la porción derecha de la pelvis como el elemento más numeroso, arrojó un número mínimo de 178 individuos. El perfil de edad de la muestra fue de un 65,9 por ciento de adultos y un 34,1 por ciento de sub-adultos (menores de 18 años) (Tabla 2). Además de los entierros completos, la muestra perturbada presentó un promedio de 81,4 por ciento de elementos correspondientes a adultos y un 18,6 por ciento a juveniles. La gran mayoría de los individuos tenía entre 19 a 34 años de edad, al momento de su muerte. Es notoria la ausencia de niños menores de 7 años y de hombres mayores de 55 años. Todos los restos de adultos que presentaron elementos diagnósticos para la determinación de sexo son claramente masculinos. Entre los restos incompletos, todos los cráneos y los huesos coxales también mostraron rasgos diagnósticos del sexo masculino. Por su parte, el sexo de los sub-adultos no pudo ser determinado a partir de sus restos óseos. No obstante, algunos rasgos culturales encontrados en la muestra de Punta Lobos, como los textiles asociados a las víctimas (taparrabos) y el cabello corto, sugieren que se trata de niños del sexo masculino. El estudio preliminar de ADN de una muestra de estos restos juveniles confirmó que, en 5 casos, los niños eran del sexo masculino (E10: 11 a 12 años, E11: 16 a 18 años, E36: 9 a 11 años, E52: 9 a 10 años, y E80: 7 a 9 años) (Scola 2004).

Estatura y morfología física A partir de las medidas de los huesos largos y siguiendo los requerimientos de las formulas de Santiago Genovés (1967), se realizó el cálculo de la estatura que habrían tenido en vida 85 individuos de la muestra, todos ellos varones adultos.


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Estudio bioantropológico de los restos humanos de Punta Lobos

La Tabla 3 resume las medidas correspondientes a la longitud del fémur y/o tibia izquierda, registradas en la muestra de Punta Lobos. Al realizar la comparación con las estaturas de adultos de otras poblaciones indígenas de la costa norte peruana, tanto precolombinas como modernas, fue posible observar que estos individuos muestran un rango de estatura similar a otros grupos, aunque en promedio fueron un poco más altos (Lasker 1962; Verano 1994; Verano y Anderson 1997). En general los adultos presentan un físico robusto, lo cual nos indica que trabajaron en labores cotidianas para la época. Investigaciones anteriores han demostrado que las huellas de las inserciones musculares y de los ligamentos reflejan el nivel de fuerza habitual experimentado por un individuo. La observación de las huellas producidas por el estrés muscular en los huesos de los brazos demostró cambios muy pronunciados, pues éstos fueron sometidos a un estrés constante durante su vida, realizando actividades que involucraban esfuerzo en dichas extremidades superiores. Este patrón de uso es comparable con otros estudios de esquimales antiguos del Ártico, los cuales navegaron por el mar en canoa y kayak (Toyne 2004). Estos resultados sugieren que, muchos de estos individuos -tanto adultos jóvenes como mayores-, posiblemente ocuparon sus días pescando en el mar. En las articulaciones de algunos adultos mayores (con más 40 años de edad) se observó que 29 individuos presentaban evidencia de osteoartritis en, por lo menos, una de sus articulaciones. Se registraron 30 casos de osteoartritis no muy pronunciada y 44 casos de osteoartritis pronunciada. Hemos observado que los cambios artríticos producidos en diferentes huesos tienen distintas formas: labiación, osteofitos, espículas, rebordes, herniación, pérdida ósea, porosidad y eburnación. La articulación más afectada fue el codo (26 casos, 12 brazos derechos y 14 izquierdos), seguida por las rodillas (12 casos, 6 individuos por ambos lados). No había ninguna diferencia entre los lados afectados del cuerpo. Estos cambios corresponden al pro-

Muestra

Periodo

N

Promedio

Rango

Punta Lobos

Intermedio Tardío

85

161.3

151.8-169.2

El Brujoa

Intermedio Temprano

9

159.9

152.7-166.3

Pacatnamúb

Intermedio Temprano

53

157.6

148.2-168.7

San Joséc

Moderno

46

156.6

-

Monsefúc

Moderno

67

158.6

-

Tabla 3. Estaturas estimadas de la muestra esquelética de Punta Lobos, y otras poblaciones de referencia (aVerano et al. 1997, bVerano 1994, cLasker 1967).


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ceso natural de degeneración de las articulaciones por la edad y por una vida con actividad física (Jurmain 1999). En las columnas también se observaron cambios osteoartríticos que iban de leves a pronunciados; éstos se registraron en las vértebras de 55 individuos adultos (50 por ciento adultos jóvenes, 85,7 por ciento adultos medianos, 100 por ciento adultos mayores). En los adultos jóvenes, todos los casos fueron cambios de un grado menor. Otra característica patológica vertebral es la presencia de varios individuos (n=7 adultos jóvenes y n=4 del material perturbado) con evidencia de espondilólisis, fractura lateral o bilateral del arco neural de una vértebra lumbar. Esta condición está asociada con un estrés pronunciado o un evento traumático de la columna. En un estudio de esquimales, Merbs (1983) notó un alto porcentaje de estas fracturas y dedujo que estaban relacionadas a la navegación del mar en kayaks. Esta idea apoya la hipótesis de que estos individuos participaron en actividades marítimas durante sus vidas.

Patrones de salud y enfermedad El estudio osteológico identificó la presencia de patologías óseas las cuales indican que los individuos sufrieron periodos de estrés, incluyendo cribra orbitalia, hiperostosis porótica, periostitis, así como patologías dentales. Desafortunadamente, muy pocos materiales osteológicos recuperados de cementerios prehispánicos del valle de Huarmey (o de otros valles cercanos) han sido estudiados o publicados, lo cual nos limita a comparar los patrones de salud de este grupo. A nivel general y en comparación con otros grupos costeños precolombinos, los individuos de Punta Lobos muestran, en términos de patologías, el mismo tipo de condiciones, con una distribución similar (Larsen 1997; Murphy 2004; Tung y del Castillo 2005; Verano 1994). Podemos decir que dichas condiciones no eran de un nivel elevado, por lo que no indican un patrón de salud desfavorable. Identificamos la presencia de dos padecimientos, cribra orbitalia e hiperostosis porótica (espongio hiperostosis) (Weiss 1984), los cuales suelen ser considerados como una evidencia de desnutrición, enfermedad o una infección parasitaria, por lo que afectan los niveles de hierro en el cuerpo, así como la formación ósea (Larsen 1997; Ortner 2003). Observamos solamente 16 casos de cribra orbitalia y 50 casos de hiperostosis porótica, entre los que se cuentan 15 individuos que padecían ambas condiciones. En casi el 90 por ciento de los casos las alteraciones ya estaban curadas al momento de la muerte, lo que indicaría que se trataba de problemas sufridos durante la niñez. Este patrón es consistente con estudios recientes de otras poblaciones andinas (Blom et al. 2005).


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Figura 4. Dentadura de Entierro 16 que muestra varias patologĂ­as dentales.

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Figura 5. Cráneo con deformación del tipo fronto-occipital (Entierro 16).

También observamos algunos individuos con evidencia de periostitis en las diáfisis de los huesos largos. La periostitis es una patología ósea resultante de la inflamación del periostio; esta reacción podría reflejar un daño directo o una infección sistemática (Ortner 2003). Los 27 casos registrados corresponden a alteraciones leves, de los cuales 16 individuos ya habían sanado, en tanto que en 11 el problema se encontraba activo al momento de la muerte. En esta muestra de individuos observamos varias patologías dentales tales como caries, abscesos, pérdida antemórtem de los dientes, así como defectos en el desarrollo representados por la hipoplasia del esmalte, malformaciones y la retención de piezas dentales que no brotaron correctamente (Figura 4). Como era de esperarse,


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Figura 6. Cráneo con deformación del tipo anular (Entierro 99).

en términos de la frecuencia, los adultos mayores mostraron mayor recurrencia de estas condiciones. Todas estas patologías son comunes para las poblaciones costeñas (Verano 1994).

Deformación craneana En este grupo se observó la alteración de la forma craneal en 75 de 91 cráneos (81,5 por ciento). En 68 casos, dicha deformación se manifiesta como un aplanamiento de la región occipital que va de leve a moderado (Figura 5). En general, esta forma se clasifica como deformación “tabular erecta” (Imbelloni 1933) o “deformación por cuna” (Weiss 1972). En nuestra muestra 34 cráneos fueron deformados


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asimétricamente y 33 cráneos lo fueron simétricamente. Muy probablemente, este tipo de modificación craneal fue el resultado de la antigua y difundida costumbre de amarrar a los infantes a sus cunas. Esta clase de alteración de la forma craneal es un hallazgo común en colecciones costeñas desde el Periodo Intermedio Temprano al Horizonte Tardío (Verano 1994). En 7 casos (7,7 por ciento de los cráneos modificados) se registró otra forma de modificación craneal clasificada como “anular” (Imbelloni 1933). Ésta es conocida porque consiste en la colocación de una banda de tela alrededor del cráneo para crear una forma más cilíndrica y alargada (Figura 6). Esta modificación craneal también se llama “aymara” y, aunque se encuentra más frecuentemente en los Andes centrales, no era completamente desconocida en la costa del sur de Perú y en Bolivia.

Trauma antemórtem En esta serie de entierros existe evidencia de trauma correspondiente a fracturas soldadas y en proceso de hacerlo (Figura 7). En 47 individuos se encontra-

Figura 7. Fracturas soldadas (Entierros 104 y 44).


Estudio bioantropológico de los restos humanos de Punta Lobos

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ron fracturas y 15 de ellos presentaron más de una. Al individuo E13 se le registraron 13 fracturas en varias costillas, quizás como parte de un mismo evento traumático. En general, las fracturas se observaron con mayor frecuencia en las costillas, los huesos de la nariz, el radio y en los huesos de las manos. Solo un caso de fractura perimórtem (asociado con la muerte), fue encontrado en una primera costilla. En efecto, solamente un subadulto presentó este tipo de fractura, mientras que el 34,6 por ciento de los adultos presentaron lesiones traumáticas ya soldadas. La distribución de dichas fracturas incluye el 18,2 por ciento (22/121) de heridas craneales y el 82 por ciento (100/121) post-craneales; la mayoría de estas corresponde a costillas (n=51). Este patrón de trauma sugiere lesiones sufridas, muy posiblemente, en consecuencia de accidentes (asociados al medio ambiente u ocupación) más que vinculadas a la violencia interpersonal (guerra). Este patrón no es consistente con otros estudios en esqueletos de guerreros o soldados, los cuales sufrieron más traumas craneales durante los conflictos (Jurmain y Bellifemine 1997; Phillips 2009; Walker 1997).

Figura 8. Huellas de cortes sobre el aspecto ventral de la primera vértebra torácica (Entierro 12).


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Figura 9. Cortes en la primera costilla derecha y en clavícula, ambas del lado derecho (Entierro 82).

Lesiones perimórtem Las lesiones perimórtem son definidas como aquellas que ocurren durante o en algún momento cercano a la muerte, cuando el hueso aún está fresco y flexible (Sauer 1998). Las lesiones encontradas con mayor frecuencia en la muestra de Punta Lobos son las huellas de corte, las cuales se presentaron como un patrón constante sobre los huesos del cuello y la parte superior del tórax (Figuras 8, 9). El elemento más frecuentemente cortado fue la primera costilla derecha (n=51, 53,1 por ciento de las costillas observadas) (Figura 10). También observamos cortes sobre la primera costilla izquierda, en ambas clavículas y en las vértebras C7, T1 y T2, pero con una frecuencia mucho menor. En la muestra de los 108 individuos que se encontraron prácticamente completos, observamos que 77 de ellos (68,8 por ciento) presentaban, por lo menos, una huella de corte (60/91 adultos y 17/47 subadultos). El individuo con una mayor cantidad de huesos afectados fue E64, pues fue cortado en la primera costilla derecha, la clavícula derecha y las vértebras C7 y T1. La ubicación de estas huellas refleja una trayectoria horizontal, probablemente con una dirección de izquierda a derecha, por la base y en la parte anterior del cuello, realizada con un instrumento muy afilado.


Estudio bioantropológico de los restos humanos de Punta Lobos

Distribución de Huellas de Corte por Elemento T2, 10.1%

T1, 12.8% C7, 9.2% C6, 0.9% C5, 1.8% Clavícula Izq, Clavícula 3.7% Da, 9.2%

1ra Costilla Da, 46.8%

1ra Costilla Izq, 5.5%

Figura 10. Distribución de huellas de corte por elemento.

Figura 11. Ubicación de cortes, usando un esqueleto de laboratorio como referencia.

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Las huellas dejadas en el hueso parecen reflejar que el degüello de los individuos fue realizado con un instrumento de metal (probablemente un cuchillo o tumi de bronce), con las víctimas de espaldas al victimario, mientras se encontraban atados y, según la evidencia, de rodillas o tirados boca abajo (Figura 11).

Interpretación del evento: la ejecución de los cautivos Existen varios documentos etnohistóricos que describen la ejecución de cautivos durante las fiestas, después de las batallas incas. En ellos también se relatan las matanzas por represalias como repuesta a actos de resistencia o de rebelión (D’Altroy 2002, Rostworowski de Diez Canseco 1999; Rowe 1946). La ejecución de prisioneros fue una actividad distinta al sacrificio de niños y a las ofrendas sagradas a las huacas y a las deidades, por lo que tal vez “sacrificio humano” no sea el término apropiado para describir este acto. Mientras los enemigos eran matados como “ofrendas” a los dioses, la ejecución y la mutilación de cautivos también funcionó como un método poderoso para humillar y aterrorizar a los enemigos. Por ejemplo, en el caso de la conquista inca a los collas, los incas decapitaron a los líderes adversarios y pusieron sus cabezas en un sitio especial en Cusco llamado el Llaxaguasi, exponiéndolas públicamente (Sarmiento de Gamboa 1967 [1572]: Capitulo 37). Las matanzas y las represalias también servían para reafirmar las conquistas incas y disuadir la resistencia de otros grupos (Rostworowski de Diez Canseco 1999:73-79). El tratamiento corporal de los cautivos ejecutados podría esclarecer nuestras ideas respecto a cómo estas víctimas fueron vistas. Un entierro dispuesto con ofrendas suntuarias, implica que el individuo fue “transformado” obteniendo así un carácter sagrado, tal y como se observó en los entierros dedicatorios de las mujeres en las plataformas funerarias de Chan Chan (Pozorski 1979). En contraste, la profanación y la mutilación del cuerpo, la exposición a los animales carroñeros, las quemaduras o la ausencia de un rito de enterramiento formal, implican un mensaje distinto. El sitio de Pacatnamú, ubicado en la costa norte de Perú, presenta un ejemplo de enterramiento múltiple de hombres que fueron mutilados en esta forma. En éste, los restos de prisioneros ejecutados y sometidos por sus captores (con sogas amarrándoles los tobillos), fueron tirados al fondo de una trinchera, en la entrada del recinto principal, donde los cuerpos estuvieron expuestos a insectos y otros animales carroñeros (Faulkner 1986, Rea 1986, Verano 1986). En este caso, la exposición de los cadáveres de las victimas en descomposición y la inexistencia de un enterramiento formal fueron actos intencionales. Los moches de la costa norte del Perú también tomaron prisioneros masculinos y los sacrificaron en sus plazas ceremoniales. Los restos de los cautivos sacrifi-


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cados en Huaca de la Luna fueron expuestos sobre la superficie de las plataformas y quedaron enterrados únicamente por el lento proceso de acumulación de arena o barro durante los episodios de lluvias (Bourget 1997, 2001; Bourget y Millaire 2000; Verano 2001a, 2001b). Los restos humanos, completos o desarticulados, también fueron colocados en el relleno de las plazas durante episodios constructivos de este sitio monumental (Tufinio 2006). Los únicos objetos asociados a los esqueletos fueron fragmentos de vasijas cerámicas con la forma de prisioneros desnudos y sentados. La incorporación de víctimas dentro de arquitectura ceremonial de los moches ha sido observada también en el complejo arqueológico El Brujo, en el valle de Chicama. Es en este lugar fue encontrado un fragmento del fémur de un individuo desmembrado, el cual fue incrustado en la fachada norte de la Huaca Cao, específicamente dentro de un friso en donde se plasmó la presentación y el sacrificio de prisioneros. Hasta ahora, Punta Lobos representa la muestra más grande de prisioneros ejecutados en el registro arqueológico andino. En contraste con el entierro múltiple de Pacatnamú y la mutilación de prisioneros en Huaca de la Luna (en donde las víctimas fueron enterradas en asociación con arquitectura ceremonial), los individuos de Punta Lobos fueron encontrados a pocos centímetros de la superficie, en un cerro y sin ninguna asociación arquitectónica. Además de algunos fragmentos de concha del género Spondylus, los mismos que no es posible definir como parte de los ajuares relacionados con este evento o con los individuos, no se encontraron otras ofrendas asociadas a los cuerpos. El pozo mencionado anteriormente se encontró en un cerro cercano, presentando objetos sencillos que incluyen cerámica de estilo Casma local, una red de pescar y comida. Este contexto puede ser interpretado como una ofrenda clandestina realizada por los familiares de las víctimas (Walde 2002). Podríamos esperar que los deudos (sobrevivientes y/o familiares), les dieran un entierro apropiado a los cuerpos de los difuntos; sin embargo, aparentemente esto no fue permitido por los victimarios. Punta Lobos también se diferencia de otros contextos de sacrificios de cautivos por el perfil demográfico de las víctimas. Aunque la mayoría fueron adultos jóvenes, también se capturaron y sacrificaron niños a partir de los 7 años de edad y a hombres mayores. Este perfil demográfico es distinto a los encontrados en Pacatnamú y Huaca de la Luna, en donde todas las víctimas fueron adolescentes o adultos jóvenes, varones, y de edad apropiada para ser guerreros. Además, las víctimas de Punta Lobos no demostraron una alta frecuencia de fracturas soldadas, como las que se asocian a los cautivos moches. Esto sugiere que los individuos de Punta Lobos no tuvieron experiencia en conflictos violentos durante sus vidas, antes de su muerte (Phillips 2009).


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Otro detalle significativo es el tratamiento perimórtem y la manipulación de los cuerpo de los individuos. Huellas de corte han sido observadas para casi todos los cuerpos de las víctimas en la Huaca de la Luna, en un patrón consistente con varias actividades. Éstas incluyen el degüello, la decapitación, el desmembramiento, el desollamiento, el descarnamiento y la curación de los elementos óseos. Este elaborado y complejo tratamiento para esta muestra moche puede sugerir distintos ritos o situaciones en las cuales l