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Garabatos Hecha por alumnos para alumnos

NĂşmero 1 noviembre-diciembre 2013


Garabatos Número 1 noviembre-diciembre 2013

Director / editor: Gianfranco Hereña Comité editorial: Alumnos del Taller de Literatura y Periodismo del Colegio Pío XII (Niveles: Primaria y Secundaria).

Índice 4 Nota del editor 6 Cuento

Coordinación: Ana Bertha Lucich Nelly Cáceres Espinoza

12 Poesía

Colaboraciones especiales: Erick Benites

20 Periodismo

27 Libres


Nota del editor

El reencuentro

Por: Gianfranco Hereña

P

ude haberme echado a correr y dejar a la clase plantada en la biblioteca, irme donde la directora y decirle: con permiso, usted se equivocó de persona. Pero ya era demasiado tarde. Ahí estaban, muy inquietos, los rostros con los que debería de convivir durante

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todo un año. Avanzaban a gritos, empujándose, me analizaban como lo haría un boxeador antes subir al ring, como midiendo mis potenciales debilidades. Antes, ya me había paseado de aula en aula, explicando, embutido en un terno que tomé prestado, las bondades de ese taller

que pensaba implantar. Pero ni siquiera ese primer contacto me había liberado del pánico escénico. Por primera vez tuve que elevar la voz, pararme delante de una pizarra acrílica y escribir, casi temblando, mi nombre con un plumón de color rojo: “Profesor Gianfranco Hereña”. Escuché un ligero murmullo. Luego, sin más preámbulo, fui asaltado por la voz de un alumno que me hizo notar mi primer gran error: “Usted dijo que nos íbamos a divertir”. A partir de ese momento supe que ser profesor no iba a ser una tarea fácil. Había cometido el desliz de venderles una utopía y caer en el círculo vicioso de los medios que venden a la lectura como algo fascinante ¿Cómo hacerle entender a ese chico, tan ilusionado, que el camino a seguir sería más complicado de lo que parecía? Explicarle que leer es , por el contrario, una actividad solitaria, que exige desprenderse del mundo audiovisual y sumergir las narices en un nido de ácaros que conviven entre página y página. No tuve otra alternativa que explicarle a él y a los otros, cómo es que sería el curso. Explicarles, por ejemplo, que leer era solo una parte y que veríamos también películas, escucharíamos música y hasta iríamos al teatro cuando lo conviniera. El chico hizo un gesto de desaprobación y se aplastó contra el respaldar del asiento. No pasa-

ron ni dos minutos para que esta actitud se diseminara por todo el lugar, poniéndome en aprietos. Poco a poco tuve que volver sobre mis pasos y tratar de entenderme como el adolescente que había olvidado ser. Producto de ese reencuentro me he permitido volver a sentir al chico de gafas, flacuchento y poco extrovertido estudiante que fui en la secundaria, lleno de conflictos internos, con ganas de quemar el mundo: un auténtico garabato. He vuelto a reír con mi adolescente interno. Nos hemos divertido enseñando como nos hubiese gustado asumir la literatura en aquel entonces: un juego de roles donde el profesor y el alumno interactúan sin ambigüedades, prestos a recalar en una conversación futbolística o de modas, jugando a ser periodistas sin serlo a tiempo completo. La primera edición de esta revista va dedicada a esos dos grupos de entusiastas muchachos que han hecho posible ese reencuentro. A ellos y a la muy amable plana docente: Gracias.

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Cuento El cuento debe solo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja. Julio Ramón Ribeyro

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Bajo el árbol

– ¿Aquí hay osos?– dijo Marta, casi temblando. – En Chosica no hay osos- respondió Vladimir–Ves demasiadas películas. – ¿Por qué lo dices? Camina nomás, que ya estamos cerca- pregunté, acaso queriendo aparentar una seguridad inexistente. – Esas marcas no son humanas-añadió Marta y me miró, como sugiriéndome que regresáramos por donde habíamos venido. Ya casi era de noche. – Tengo miedo– interrumpió Valentina– vámonos rápido, antes de que anochezca. –¿Tiene miedo la señorita?– dije mientras empezaba a hacer como un fantasma, gruñía y ella se tapó la cara.

Por: Marcelo Colina

Me reí, pero en el fondo estaba temblando. Las instamos a continuar el camino. Marta comenzó a quejarse, Vladimir también tenía miedo y parecía haber descifrado mi código: cualquier cosa menos tirarse atrás. Ya estábamos ahí, teníamos que aguantar: ¡Cállense, que van a despertar a los pumas!, dijo, pero las piernas nos flaqueaban y aunque nadie decía nada, sólo nos mirábamos, con el mismo terror que tienen los cómplices antes de cometer un robo. Esta vez, sin embargo, la suerte jugó a nuestro favor. Encontramos un pequeño arroyo y decidimos acampar. El frío nos azotaba con violencia. Pensábamos que las carpas saldrían volando en cualquier momento. Desde nuestro lugar, escuchamos que Marta y Valentina murmuraban algo. Queríamos descifrar lo que hablaban, si acaso el esfuerzo de ir hasta ese lugar había valido la pena. Pero no, sus voces empezaron a perder protagonismo. Algo extraño empezó a chirriar e iba en aumento. Los cuatro salimos de nuestras tiendas. – ¿Lo escuchan? – preguntó Valentina.

Por: Marcelo Colina ¿Cómo podría olvidarlo? Hacía sol y eran las casi las diez de la mañana. Vladimir y yo no sabíamos a dónde ir, pero queríamos impresionar a Marta y Valentina, un par de chicas que habíamos conocido la noche anterior y que sedujimos diciendo que éramos scouts. Nos pidieron que les enseñáramos a acampar y eso hicimos. Estábamos ahí, perdidos en el bosque, tratando de buscar un lugar donde instalar nuestras tiendas. Nos adentramos cada vez más y entonces ocurrió; una serie de rasguños fueron apareciendo en los árboles. Eran marcas enormes, parecían hechas por un animal.

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Todos asentimos. – Ha de ser un simple grillo– dijo Vladimir– si tanto miedo tienen podemos ir a averiguar. Y ambos emprendimos un largo camino que se extendió por todo el bosque, cada vez más oscuro. Hundido en la penumbra, nuestras linternas alumbraban tan débil que no sabíamos dónde pisábamos y nos fuimos aturdiendo conforme el sonido iba en aumento. Nuestras cabezas empezaron a pesar más de lo debido y caímos en un sueño muy profundo. CONTINUARÁ...

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Yola

Por: Alfredo Calderón Molleda Nadie supo cómo, simplemente estaba ahí. Algunos en la familia decían que Yola había llegado a la casa cuando era muy pequeña y que el “Tío Chanty”, el hermano de nuestro abuelo, la había adoptado más por pena que por convicción. Aunque nunca quedó claro el mito de su hallazgo, a Yola la queríamos todos. Cada cinco meses íbamos a visitarlo con la esperanza de encontrarla a ella también. Era una mujercita de baja estatura, flaca y casi nunca hablaba. Su vocecita era tan débil que cuando lo hacía pasaba desapercibida. Pero era inevitable no encariñarse con Yola; atendía al tío con un esmero que daban ganas de construirle un monumento; iba y venía de la cocina, alineaba sus pastillas de menor a mayor importancia y hasta le daba de comer cuando su boca, producto de sus casi ciento dos años, se torcía dejando caer restos de puré por las comisuras del labio.

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A Yola jamás le conocimos un novio, ni siquiera un amigo del que pudiesen despertarse algunas sospechas. Parecía de esas mujeres que habían nacido viejas, con un crucifijo atado al cuello para rezar los domingos y pedir por la salvación de una humanidad que jamás logró comprender. Sin quererlo, Yola parecía haber aceptado que todo su universo giraba en torno al Tío Chanty y por más que éste le insistió para que saliese a conocer el mundo, ella contestaba con una negativa, meneando la cabeza de un lado a otro. Una tarde, casi al promediar las dos de la tarde, mamá apareció en el colegio para explicarme lo que acababa de suceder. Yola, como siempre, había ido a la cocina y al regresar, había encontrado al Tío Chanty congelado en una mueca inerte. Tenía el rostro de piedra. Sus ojos habían quedado fijos, extraviados hasta la eternidad, con la misma sorpresa que tendría cualquier mortal al comprobar que acaba de ganarse un boleto sin retorno al más allá. Encontramos a Yola en la clínica, agazapada en un rincón, llorando sin decir una sola palabra. Nadie se le acercó; solo el médico, quien no hizo sino confirmarle la noticia del fallecimiento. Todos en la familia estábamos tristes, pero le concedimos a Yola el privilegio de cambiarlo por última vez. El día del velorio, el Tío Chanty estaba tan buen mozo como cada vez que lo íbamos a visitar. Me despedí de él en silencio y a lo lejos, pude ver a Yola, más vieja que nunca, con los ojos hinchados y la piel cuarteada de tanto llorar. – ¿Y qué va a ser ahora de Yola, mami? – pregunté. Ella se quedó en silencio. Nunca más supimos de ella y entonces supe que era posible llorar dos muertes en un mismo día.

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Poesía Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro. Octavio Paz

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Ventanas Cierras las ventanas de tu habitación te perturba el ruido de las cosas cayéndose adentro por eso las ventanas solo están abiertas cuando quieres gritar Lo hiciste muchas veces sin respuesta y el eco se agigantó entre esas cuatro paredes tan diminutas que por eso prefieres dejar todo como antes

Ana Lucía Rodríguez Siles

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Juguetes Lo usabas al llegar a casa después de clases También en los recreos hasta que una niña te dijo que era lo más feo que había visto al llegar un lunes descubriste que no había lugar para ti en el patio y entonces tuviste que negar todo llegaste a casa llena de rabia y lo pateaste al verlo descompuesto pensaste que podías arreglarlo y uniste arterias con venas pero el corazón ya había dejado de latir

Luis Felipe Montes

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Verano Algo se ha roto en tus pupilas y sangra transparente nos hemos olvidado de hablar conversan nuestras sombras el verano se ha ido y tú también

Sebastián Carlín

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Periodismo Ser periodista es tener el privilegio de cambiar algo todos los días. Gabriel García Márquez

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Historia de un suicidio

Un video cambió su vida para siempre. Amanda Todd deja un legado eterno a pesar de su trágico descenlace. Por: Silvana Villanueva Ana Sofía Rodríguez

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manda Todd está a punto de suicidarse. Por su mente transcurren una a una las imágenes del día que cambió su existencia para siempre: el video, el maldito video, se repite constantemente. A los

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quince años, la vida de esta joven canadiense ha tomado un camino sin retorno. Alista una cámara web y se para delante del ordenador. Es la misma cámara con la que años antes, cuando inició la historia de su desgracia, decidió usar para complacer a su

“cibernovio”, muchos años mayor que ella y acosador en potencia. Es el 10 de octubre de 2012 y durante la semana ha venido preparando una serie de apuntes que enseñará bajo el título de: My Story: Struggling, bullying, suicide and self harm (‘Mi historia: Lucha, acoso e intimidación, suicidio y automutilación’). Estos apuntes, que son como tarjetas didácticas, las usará para “hablar” de su experiencia como víctima de acoso. Cada trozo de papel es un episodio en el que narra cómo el cibernovio no solo la traicionó sentimentalmente (descubrió que le estaban jugando una broma) sino que además colocó el vídeo en Internet y fue blanco de acosos y burlas por parte de sus compañeros. Amanda tuvo que optar por mudarse, pero eso no pudo vencer a la red en la que estaba el degenerado y volvió a aparecer para no dejarla. Fue en este remolino que Amanda decidió que ya no daba más y optó por suicidarse. El vídeo ahora es un viral en Youtube. Las cientos de visitas generaron también una pregunta fundamental ¿cuál es el límite para el acoso estudiantil?

Las redes sociales son muy comunes entre los adolescentes pues en ellas pueden expresarse libremente, pero algunos parecen no darse cuenta de que eso tiene un límite y no pueden usar esa libertad para insultar o burlarse de una persona, sin pensar en las consecuencias. Las cuales son muchas como estrés, humillación, ira, depresión y otras. Un estudio demostró que al menos el 12.1% de los peruanos, entre los 10 y 18 años de edad lo sufre. El ciberbullying es una de las peores formas de acoso y violencia escolar, debido: a lo difícil que es identificar a los agresores que muchas veces se esconden bajo el anonimato, también a diferencia del acoso corriente este no ocurre en un lugar fijo sino que te sigue y atormenta en toda lugar con acceso a una red. Este acoso digital debería parar de una vez, debemos empezar a entender que no todo en Internet es bueno y que mucho de lo que decimos puede herir a otros.

Cifras peligrosas Hay que tomarlo como algo muy serio, pues la juventud actualmente puede ser muy cruel y no se da cuenta de que lo que empieza como una “broma” puede terminar con la muerte de alguien.

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Rouge: “The color of Dior”

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ior pensó en el monumento a Washing ton e hizo un lápiz labia l. Aunque ya tenía cier to prest ig io, este ser ía apenas el inicio de una ser ie de conquistas en el universo de la moda. Desde 1920, su marc a v iste sonr isas con elegancia y ha sido, muy sut ilmente, uno de los más revolucionar ios accesor ios de maquillaje en la histor ia de la moda. Un rojo distinto Simple y arquitectónico. Así es el Rouge de Christian Dior; un labial rojo que destaca por su sutileza y amplia variedad de tonalidades. No existe mujer en el mundo que no quisiera tener uno en su cartera y es que aunque está diseñado para combinar exclusivamente con toda la línea, puede considerarse el Rouge especial, casi indispensable, como si en ese frasco se pudiesen encerrar los más de 80 años que lleva en el mercado irradiando femineidad.

Casi un siglo después, el Rouge de Christian Dior sigue dibujando sonrisas en millones de rostros a nivel mundial. Conozcamos su glamorosa historia. Por: Sebastián Elbers

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Justamente aquí es donde hay algo que debemos resaltar más allá de su ingenio para crear. Christian Dior supo posesionar su marca. Escogieron a mujeres que por sí mismas aparentaban elegancia y coquetería. Desde Marylin Monroe, por ejemplo, una diva de todos los tiempos, (quien inmortalizó el Rouge en la memorable película “Rubias

excéntricas”) hasta Kate Moss, quien vuelve a ser imagen de Christian Dior (tras 5 años de ausencia), pero esta vez para su línea de lápiz labial, Dior Addict The Lipstick. Una nueva línea de 44 colores que incorporan la exclusiva fórmula ‘mirror jely‘ que potencia el brillo y da volumen. Podría considerarse a este, un buen punto de partida. Dior, ya con el producto posesionado, pudo sacar otros tipos de prendas en favor de estilizar la figura femenina. Dior supo que no viviría siempre y por eso recurrió al diseñador Yves Saint Laurent, quién desde niño fue reconocido por Christian ya que tenía un gran talento en el dibujo de moda, casi idéntico al del diseñador, aparte de una personalidad peculiar que le fue útil a Christian. Yves fue su ayudante y aprendió desde patronaje y confección, hasta liderar la marca. Y es así que Dior, a pesar del tiempo, se mantiene vigente con la misma elegancia y objetivo: hacer lucir a la mujer sensual sin necesidad de vulgarizarla. En 2013 cumplen 93 años y pueden darse por servidos: sonreír tiene más valor si los labios están pintados con un Rouge.

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Yatincu

Páginas Libres

Le habían puesto “Yatincu” porque siempre estaba feliz y vivía en el paraíso de la sierra peruana, donde nunca podía anochecer. Un día, el diablo amenazó con llenar el planeta de oscuridad y empezó a pelear con Yatincu y así vienen peleando hasta ahora, por ver quién gobierna los días. A veces cuando anochece, puede verse a Yatincu en forma de sonrisa y vomitando estrellas. Luna le dicen algunos, yo le digo Yatincu. María Alejandra Rojas

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A saltos por el tiempo

Así, Shigeru junto a Nintendo™ y un grupo de expertos, sacaron infinidades de versiones del juego y sus personajes.

3 datos sobre Mario Bros

La voz de Mario y Luigi es de Charles Martinet quien fue elegido por una audición de “un plomero italiano de Brooklyn”.

Su nombre nació por su parecido a Mario Segali quien alquilaba las oficinas a Nintendo.

Mario Bros ha quebrado la barrera del tiempo. De salto en salto traspasó generaciones y hoy, 30 años después de su lanzamiento, sigue más vigente que nunca. Por: Adriana Wertheimer Luis Felipe Montes

M

ario nunca pensó que los hongos eran su única fuente de crecimiento; el niño mimado de Nintendo ha revolucionado con el tiempo y hoy está más vigente que nunca. Este juego fue lanzado en 1983 y fue diseñado por Shigeru Miyamoto, el famoso diseñador y productor de videojuegos japonés. Con el rotundo éxito internacional se sintieron obligados a mejorarlo.

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Mario fue visto por primera vez en el juego Donkey Kong, pero fue llamado “Jumpman” (hombre saltador). El además era carpintero, no plomero.

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“Lo que importa ahora es insistir en la necesidad de que los docentes, a pesar del maltrato social y económico, comprendan que leer no es solo un ejercicio para incrementar el vocabulario y exhibir una mayor cultura general, sino un arma de resistencia contra la animalidad y una auténtica conquista humana”. Jorge Eslava “Un placer ausente”

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