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Giancarlo Andaluz

VERSOS TRANSITORIOS

“Tarde. Caes como una constante gota de agua sobre mi frente. Me golpeas pero no logras matarme. Gozo. Me satisfago con tu dulce veneno. Poetizo.�

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Quizá esta espera Se alargue inútilmente Y sin embargo aun sigo de pie Frente a la muralla sorda Que construiste entre lágrimas y gritos ahogados Como un soldado fiel Que espera el día En el que olvides cerrar la puerta Con doble vuelta de llave Para no tener que entrar Como cada noche A través de la ventana para amarte. Y a pesar de todo y de nada, Siento una punzada acelerada en el pecho Cada vez que encuentro tus ojos tristes Sobre el universo de mi cama Por las mañanas, Esperando en silencio La muerte del día Para mezclarnos en el aire tórrido De la oscuridad.

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Cuál es la historia poco conocida Que te precede Oh fantasma de mis noches, Qué buscas al llamar A mi puerta de madrugada. Llegas como aquella avalancha Que cae desde lo alto del tejado Y va directo a los confines de mi cama. Dime qué golpe es ese que siento En lo profundo del pecho Cuando oigo tus pisadas Estrujando el piso de mi habitación. Te busco y hallarte parece imposible, Y cuando al fin lo logro te pregunto; ¿Cuál es la prisa? Mi íntima amante, Cuál es tu prisa por llegar Si al final huyes colándote En lo espeso de la niebla nocturna. Por qué me buscas, poesía Si al final huyes de mí.

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Aún siento latente En lo ancho de mi universo Esa voz taimada que se oculta En la densidad del aire Como un gemido perdido en horas tardías En las aguas mustias del reloj. Aún al despertar Si me concentro, bajo tu piel Puedo oler tu aroma añejo Y eso me pone feliz. Incluso bajo la tarde Si mi mente se disloca En el paisaje anoréxico De estas tardes de invierno, Puedo verte cabalgando el cierzo En el horizonte desnuda, Mientras ocultas en tus cabellos Aquella sonrisa petrificante De la que siempre trate de huir.

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Tener este largo puente Como único camino hacia tu piel, Trasmutar en aire Para llenarme de esperanza, Sobrevolar el abismo Imponente de la lejanía, Arruinar lo alegre del momento, Tapar el sol con las dos manos Y aún así nos termine sobrando Nueve dedos inútiles, Esperar la luna llena A la hora del ángelus Para poder transitar las calles Y escapar esta ciudad, Cerrar los ojos en la noche Para que no nos desespere la soledad, Esquivar todo resquicio de dicha Para encontrar de nuevo nuestras lágrimas, Caer en lo más profundo de nuestra mente Para luego intentar una y otra vez salir del hoyo, Y ser por fin, hombre otra vez.

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No soy yo el que huye, Al morir la tarde, de tu encuentro, No soy yo el que pierde de vista Su sombra en las calles Para ocultarse en un claro del bosque, No soy yo quien abandona sus lágrimas A su suerte, No soy yo quien calla ante la soledad Más pura en su habitación A la hora en la que las agujas del reloj Flotan perdidas en el espacio insalvable Del tiempo, No soy yo quien duerme sereno Cuando siente tu cuerpo abandonar Mis dominios, No soy yo el que cierra los ojos Y trata de encontrar en la penumbra Algún verbo de esos que tu boca lanza Al olvido Tan solo para distraerme de tus labios, No soy yo el que busca tu mirada En el fondo lejano del espejo.

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Qué lugar tan cálido tu tumba, Perfecto para descansar eternamente, El sol no apuñalará más tu piel Ni quemará tus sueños al despertar, Ya el viento no se colará por tus cabellos Al atardecer. Ya no veré esos ojos ni esa mirada Que ahogaba los días descoloridos. Qué buen lugar tu osario, Ya no oirás a los árboles silbar Sus cánticos a los dioses, Ni a los niños entonando Inocentes canciones en el parque Mientras que un arbusto Se consume lentamente en el fuego En señal de regocijo por tu ausencia.

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No intentes borrar con un soplido Austero la violencia con que pasaron los años. No intentes desperdigar nuestros momentos Por la acera, A la merced de las demenciales aves. Ni siquiera pienses en escupir Sobre nuestra lapida En señal de libertad. No vendas las cadenas opresoras Ni tiñas de rojo tu negro corazón; Explota en risa si quieres Llora alegremente hasta el punto De ahogarte en tus lágrimas, No disminuyas el tic-tac De tu insana alma Que podía calcular nuestro tiempo. Vete ya, busca tus restos en el pantano Más olvidado de la ciudad Acelera el ritmo de tus latidos Corre desnuda por las calles Divierte al inhumano mundo Que ya tuve bastante de ti.

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Es tarde, lo sé Y lo sé porque un viento fresco Toca mi rostro cuando divago, El sol ya no calienta mi cabeza Y mis ideas explotan De tanto frío a su alrededor. Es tarde, porque yo quiero que así sea Quiero que mi sombra Se pierda al doblar la esquina, También que mis manos Busquen lo intocable de tu cuerpo. Quiero que mis ojos No te encuentren a menos de una cuarta de mi boca; Pero lo que más deseo Es que acurruques mi sexo abatido Y melancólico En el universo aún inhóspito De tu cuerpo.

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Calma este impulso errado, Ciego, devastado Devora esta felicidad vaga, Compulsiva, enfermiza Como la sonrisa de la estatua perenne, eterna, apócrifa Que te reemplaza en nuestras noches; Quien más que tú para ser juez y parte, Causa y consecuencia. La que da continuidad al día sólo hasta Que lo desees, eso eres. No desistas, intenta remediar Esta amarga agonía Calla a estas voces lejanas Caducas, imponentes, Que se sublevan en mi mente, Cállalos, mantén alejada la soledad Consumidora de mis días, Haz todo eso por mí Que yo cansado estoy Del despertar insufrible de mi cuerpo.

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No importa lo que pase Igual quiero que me esperes Desnuda, soñadora Montando alegremente el dócil lomo De un abatido cuarto menguante Con una sonrisa en los labios, Que más da si mi llegada se hace eterna; Que el frío intente tocarte cada noche Y las nubes vagas acaricien tu menudo Cuerpo Que más da si soy yo el que consumirá Finalmente todo tu ser Cada recodo de tu cuerpo, Cada palabra de tu boca, Cada pensamiento al vacío; Que más da si tardo en llegar, Si el camino es largo y agreste O si la naturaleza me desvía Cuando estoy apunto de tocarte, Que más da si toda la vida Viajo a tu encuentro Si al final compartiré Sólo unos segundos de tu calor.

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Ese soy, Detrás de mi no hay nada No hay historias que contar Tan sólo soy un punto en la tierra Sólo eso soy. Ignoro mi pasado, Soy presente Mi tiempo es este momento Cada segundo pasa y se pierde. No espero nada del futuro Porque lo ignoro también Sólo lo recibo Con la tranquilidad Que me permite saberme vivo, Verme de pie y ver morir mis momentos. Ese soy, Detrás no hay nada Soy sólo presente vivo y fugaz.

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La marea sube constantemente Golpeando las rocas del acantilado En un acto natural Como la caĂ­da del sol en el horizonte O las zambullidas de las gaviotas En busca de alimento en el oscuro mar. La brisa se escapa de las olas, Se termina estrellando contra tus mejillas Que guardan el humo del cigarro vespertino Y eso te hace sentir despejada. Sobre el muelle contemplas La profundidad del mar Y dos lĂĄgrimas saltan de tus ojos Igual que los pejerreyes enganchados Al anzuelo, Son dos horas de hacer nada LlenĂĄndote de vida, Escapando del gris cemento de la ciudad. Son dos horas que te hacen pensar Mientras sigues naufragada En la isla de la memoria.

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El viento rompe el silencio Muerto de las calles, Alas y plumas caen desde el cielo y cubren La piel dura de esta selva inorgánica Donde nos revolcamos cubiertos Por la húmeda bruma Que se pierde por la tierra. Me hago un nudo en el cuello Y resbalo de la silla Solo para burlarme de la vida, Pierdo el aire en mi cerebro Y corto la soga que me libera de la muerte Justo cuando logro ver esa Expresión de impotencia En el rostro fatuo de la muerte Y caigo al suelo satisfecho Me jacto mudamente y me adormece El vacío que me acompaña, Y duermo finalmente Pensando en esa utopía eterna llamada paciencia Que ha de ocultarme por siempre la mañana.

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Camino sosegado y feliz Tengo el mar y el desierto Como testigos taciturnos Me abrazan la agonía de los días Y la soledad por las noches Camino, ya las piedras no entorpecen mi andar errabundo, Lacónico Sin rumbo fijo Como el vuelo primario de la plumas al viento Nada me cruza las pisadas Intento sacar los pensamientos Que obstruyen mi mente, No me preocupo, la buena compañía Que tengo ahora lo hace menos complicado. Si, estoy solo y el mal ya no aflora de mis poros, Este camino aparece tan callado No necesito nada más Que el sonido de las olas rompiendo En la orilla y del viento Formando remolinos con la piel del desierto. Si, ahora camino y estoy bien acompañado No necesito nada más.

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Gozo, empero, pierdo lágrimas con cada expiración Y muero alegremente Bajo un blanco techo infinito y desnudo. Tendido y falto de cobijo Mas calor no me falta. Te tengo cerca. Sueño, despierto sonriente Descansado y complacido Tengo un motivo más para otro día Abro los ojos y en silencio espero Tu venir corpóreo No me vence la impaciencia Te tengo a mi lado. Te miro, tu fuego opaca El inclemente sol que me apuñala Pero no logra matarme Porque te tengo dentro mío.

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Sombrío, todo lo que me rodea Se opaca y pierde su vitalidad Anochece en mis ojos y en mis venas Se diluye la sangre que las recorre. Depresión, viaje violento a través De mi memoria. Tiempo pretérito. Monotonía. Los torpes pasos que doy tienen Vida propia pero el dolor es el mismo para los dos. Decadencia entre dos huesos y dos almas. Principia el dolor en mis órganos El golpe es mortal pero medido Como para ponerle una sonrisa Burlona al sufrimiento. Ahora me entrego a la noche Y su oscuridad universal ocupa La inmensidad de mi mente El dolor se torna imperceptible Pero sé que aún vive y crece. Lo ignoro. Mientras la noche me invade Con su anacrónica luz. Respiro.

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¿Por qué siempre llueve sobre mí? Por qué siempre llueve sobre mí, Tal vez porque siempre quiero estar mojado, Hoy no pude dormir otra vez Tal vez haya descansado demasiado, Siento a veces ganas de gritar Y la voz simplemente no me sale Quiero también desaparecer Pero siento que aun no he llegado. Intento sacarte de mi mente Y no logro alejarte de mi lado Quiero llevarte siempre conmigo Y consigo todo lo contrario. ¿Por qué siempre llueve sobre mí? Si solo quiero estar soñando, Siempre camino y no estas a mi lado A veces te busco y termino temblando Quiero decirte que te pienso Pero termino diciendo que te he olvidado.

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Transpiración sobre tus sienes Y en la frente donde crece Un macizo de hierba mala, Sudor a dos pulgadas de los ojos Temblor en los labios y en los dientes. Trémula voz. Despacio veo caer una gota Desde tu mejilla hasta el suelo. Explosión de la ansiedad A centímetros de la cama Y a millones de años luz De mi cuerpo. Impotencia. Tus dedos estrangulan un revólver firmemente, Su tórax contiene la salvación a ese dolor De pecho que te agobia Piensas en borrar de un soplido Tu existencia mientras que tu cuerpo Pide todo lo contrario al revés. Rebelión de las masas. Esclavitud del alma. Un cuerpo vencido por la infame voluntad del tiempo.

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En suma, todo lo que veo en vida Morirá conmigo Como expira una garantía O un domingo en las orejas claras de un burro Al final de la tarde. Todo elemento trasmuta por la vida Como un soplo sagrado Lanzado por los dioses Para no sentirse tan miserablemente solos. Hoy lunes que moriré bajo una sombra tímida En la pared, Contemplo lo que por gracia Me pertenece del mundo, Lo consumo como a este último cigarro, Encañonado y enmudecido, Caeré y todo lo que me rodea Colapsará por completo Y entonces, solo entonces Podré decir con la voz en el alma que he vivido.

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Se hace tarde, Lo sé por el silencio casi obligado Del mundo después de la muerte del sol. Pronto no habrá nada más allá de nuestros ojos Ni heridas para escapar del silencio, Ya llega el día, lo sabrás por el extraño cielo púrpura Que cubrirá nuestra tierra Y también por la repentina falta de naturaleza. Hombre, hermano ya llega el momento De despegarse de las raíces Que nos aprisionan a la tierra, Ya llega la hora en la que despertaremos De nuestros días moribundos Y daremos paso a eso que llamamos vida.

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Añoranza, golpes de vida Cinco segundos antes de la muerte Algún bostezo de último minuto Y una terrible jaqueca A la hora del nacimiento del día. Amanece como todos los días en mi interior Y un grito se escucha A lo lejos y viaja por el cierzo Como una bandada de gaviotas Ante la presencia de un cardumen infinito De coloridos peces diminutos. El despertar se hace largo Y se asemeja a un sueño, En ese sueño aparezco Inofensivo, intimidado por la inmensidad del bosque. El cielo aparece estático Como la impresión de algún libro de geografía, Mientras me desplazo entre los árboles Como una fresca brisa de otoño Hasta llegar al final del camino Donde me espera calma la eternidad.

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Baladas a la sombra del árbol caído ...o los cánticos finales del último soldado en pie.

Canción del soldado caído al otoño que llega. Saltan las palabras Que antes galopaban impasibles estas tierras, Tierras que ahora me contienen Como un espejismo a la realidad del día. Las nubes estallan metros bajo tierra En mil lágrimas que se abrazan Al tiempo inesperado de estación, La luz se apodera del nombre Sagrado de los cielos Lo cubre con su tierna mano Que sin sentido, Atropella las mentes que rebotan impetuosas Cada tarde de este mes entristecido Sobre la piel vencida del verano.

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Declaración. Quisiera oír tu voz al clarear el día Rompiendo el sonido del silencio Quemando con mil fuegos el deseo perpetuo De tenerte tan ausente este día de hoy, presente Quisiera decirte lo nunca dicho Antes por cualquier hombre en tierra, Escupir verdades enteras al cielo Despejado de tus ojos Al despertar de un sueño de libertad. Quisiera recorrer con las manos de mis pensamientos El territorio baldío de tu alma Enloquecida por la falta de comuniones al mediodía Por la sobra de arenas escurriéndose torpes e impetuosas Por los hoyos inhóspitos de mis dedos. Quisiera tan solo mirarte de frente y de costado sin decirte nada Sino con el lenguaje universal y sincero del silencio interpretado por nuestros cuerpos desnudos al anochecer, Dentro de una alcoba y a la muerte de este lecho cómplice que nos cobija.

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El último soldado. Cuando la noche caiga como el llanto etéreo de los ángeles, Me preguntaré si el cuerpo que yace a mi lado Es el tuyo complacido O si tan sólo se trata de un oasis iluminado con la tenue luz De la luna A la mitad de este desierto que me mantiene aun con vida.

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Cuando la muerte acelera el paso y la sentimos venir. No basta la espera prematura al comienzo del día Ni el silencio obligado de la tierra Cuando la brisa acaricia suavemente los árboles De la callecita que me vio nacer. Sólo cuenta el murmullo lejano de tu corazón, Las sutiles pisadas de tus pies sobre el suelo Y el calor que siento en el cuerpo Que me indica que estas próxima a llegar.

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El último deseo. El camino se acorta Y esta inmensa línea negra que la divide Parece inquebrantable. Pesa la duda, la creencia de un final a seis pies bajo tierra, Los pasos perdidos de los pecadores, los lamentos circunstanciales Que se confunden con el impetuoso rugido del cierzo, El patético cantar de los cuervos que posan su negro espíritu En los árboles que allí viven y La luz que deslumbra al final del sendero. El lugar aquel donde crece mi sentencia definitiva, Cubierta del mármol terminal, Mis ojos empujados psíquicamente hacia el abismo etéreo de desesperanza, Mis pies que desean más que nada desobedecer Las inquietantes órdenes de mi cerebro enceguecido Y tomar por fin el camino Correcto al final del mundo.

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Mensaje en la botella. La herida crece en pleno pecho Y la sangre se escurre como gotas de rocío de las hojas de los árboles, Y aún sigo andando sin sentido Por este territorio olvidado Al que ahora pertenezco inevitablemente. Aparecen y mueren días de soldado Y las noches se asemejan a los suspiros perdidos de mi alma O a esta sensación de hambre que me atormenta desde hace varios días. Camino casi ciego de sed y de palabras En dirección contraria a la salvación, En busca de el frío mar Para aplacar estas ganas de calor, Y tal vez, sólo tal vez (y solo tal vez) En busca de alguna botella vacía Para llegar de una forma u otra A rasgar por última vez tu corazón.

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Cada día tú recuerdo se desvanece de mi memoria. Frío, siento frío cuando duermo por las noches, Siento unas manos que sigilosas me tocan y me estremezco El calor de este fuego se pierde Frente al miedo que me abraza, El silencio del mundo se hace notar con un bostezo tardío, El viento no sopla por las laderas desnudas Ni despeina la piel del desierto Y este charco que me mantiene con vida Se va terminando de morir secamente Con cada medio día un poco más, Al igual que la sombra que me cobija con la caída del sol por la tarde; Y es aquí que siento frío y mucho más cuando mi mente, Al recordar tu rostro entre sueños, Va cubriendo con la nube del olvido Tú recuerdo que desvanece de mi memoria.

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Una luz de esperanza. Al horizonte, El fulgor de una duda se desata cual rayo incalculable En el amplio paisaje ecum茅nico, Brota una pregunta pertinente para malgastarla El calor aumenta como aumentan los minutos para el cambio de turno, El temor se acerca a caballo Y una luz de esperanza aclara El rostro victorioso de la salvaci贸n.

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La pregunta. ¿Si éste día nunca hubiese llegado como llegó, dónde estaría en este momento, o si no fuese a mí a quien le llegue éste día sino a otro, que estuviera haciendo, o si tal vez nada de esto hubiera sucedido, que sería de mi vida entonces? Seguramente no trataría de responder preguntas Estaría perdido otro día más buscando al tipo que me robó el destino. Pero si nada de esto hubiera pasado, le preguntaría a dios seguramente; ¿El porqué de la demora para mi fin?

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Caída del otoño. Eclipsada está tu voz esta mañana, Desolados corazones esperan oír el canto moribundo De la hojas cayendo en cámara lenta sobre tu cuerpo Que yace tendido en su verde costado natural. Una a una, las hojas tocan cada espacio de tu desnudez Y en el remolino puedo ver tu inmóvil sonrisa de satisfacción.

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Mi pasado camina y corre levemente. Mi pasado camina, corre levemente Sobre sus patas delanteras Avanza a tropezones gastando un suela cada tres pasos Se detiene en pleno andar Apoyándose en el suelo mojado Por un océano trasatlántico reducido a charco sin islas, de camino. Sucumbe el derecho del autor Intelectual que vive quemando las naves del olvido, Los templos arden como una estufa al sol Las mil fotos de una sola vida Se extinguen en el ubérrimo humo blanco Que abraza esta maleta con sus dos manos ciegas, sin alma Ni pasado que recorrer.

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Callan las voces vencidas. Callan las voces vencidas Hablan los triunfantes oponentes El sello sepultado en la cera roja Firma un cupón de oferta De una vida regalada, Las bocas vencidas callan y aceptan Sin pensar qué pasaría si las migajas hediondas de una absurdo tratado donde Tiemblan las falanges lloronas apretando el duro cuello de la tinta, Y cayeran sobre el blanco universo de la hoja Dos lágrimas contenidas, rebeladas, La primera mancha el escudo opresor Con la magia luminosa de sus ojos, La segunda discurre como un río seco Por el lado más caudalosos de la libertad.

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Condena de muerte. Aquí estoy, Una multitud me acompaña y sin embargo Me siento más solo que de costumbre. La herida duele y el dolor aumenta En el último refugio que ha de verme vivo. El espectáculo comienza algo tarde, El sol está por ponerse tras aquellas dunas albas Y yo, aquí parado como un trofeo en un estante, Sólo soy un premio más, una cabeza nueva Para alimentar los infinitos estómagos De mis enemigos íntimos.

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Bajo la sombra del último árbol en pie. Cuando el viento amaina de golpe, De un corazón furtivo brota el llanto, El silencio natural se irrita desolado, Cumplen condena las horas sin tiempo, Y el viento abandona al fin estas tierras Dando paso a la opresión del sol. Escupe el cielo sus tentaciones Contra los santos óleos consagrados, Caen impetuosos, abatidos Como moscas sobre una enorme dona, Se desvanece la distancia Entre el miedo y la muerte, Cruzan caminos los círculos de Dante, Tiemblan sin tregua mi memoria y mi hastío Y espera éste cuerpo vencido Bajo la sombra del último árbol en pie, Las palabras que me despidan por fin De este mundo hostil.

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Con tan poca fe. Tengo sed, Parte de mí quiere beber Pero la otra mitad no quiere nada, resignación. Pierdo el hábito de orar Sin un dios que oiga estas súplicas, Ni manos que cruzar en santo acto de bondad. Qué hacer con tan poca fe. Quiero dormir, Descansar de la vida, De esta soledad desquiciante, De éste sol que me apuñala el alma, Dormirme del resto del mundo Y no despertar jamás. Sucede que bajo éste árbol pierdo la fe, Mi sombra se ha olvidado de su cuerpo Y mis ojos no quieren volver a ver Todo en lo alguna vez creí.

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Campos de Silencio Sensación de sueño El clamor de las campanas Abriéndose paso entre la tormenta Y la arena que paraliza el tiempo, Ocultando al mundo Tras un manto grumoso y ennegrecido. Se apagan las luces de la ciudad Y un retumbo malherido Se pierde en la extensión De este laberinto de cristales y piedra Que esconde la piel de la tierra Alejándolos de sus habitantes Agarrotados como efigies encendidas Que inmóviles esperan al viento Para su baño habitual De ese murmullo que llaman esperanza. La venda termina resguardándome los ojos Y la sensación de dilatación Crece a medida que seguimos cayendo al vacío, Y sé que esta impresión cesará Cuando nuestros cuerpos en tempestad Golpeen suavemente las almohadas.

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Visita al cementerio A veces, cuando suprimimos los sentidos En sacrificio estentóreo a los dioses, Un extraño placer se apodera de nuestro cuerpo Que yace plantado como un árbol A la espera del paso del camino. El hálito transita sutil Acompañado del mutismo más sonoro jamás oído, Sensible por las criaturas más extrañas de la tierra. Este lugar idealizado, Donde se concentran La calma y la apatía Y comparten cama el miedo y la sumisión, Parece una caverna atiborrada de espejos Tan diáfanos como el llanto de los ángeles, Y donde el reflejo de sus paredes heterogéneas Explota en la masa líquida Que surca como una caravana la columna, Igual que un batallón de hormigas rojas A la selva virgen, Hasta perderse tras una roca sepulcral. Sobre ella me siento y observo, Bajo el velo negro que me cubre el rostro Y también el corazón, Este eterno desfile de las almas silenciosas Hacia donde se bifurca el camino.

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Vida en el desierto Hacia el cielo, una multitud de campos de cultivo Íntegramente amorrados En el vacío que los acoge Y viene desde el sur, Donde la mujer de los sueños multitudinarios Oculta con su brioso y caliente cuerpo, Lo que antes fue agua Y ahora no es más que cierzo perdido En la inmensidad más hermosa Y taciturna que haya conocido el género humano. Alguien me hablo de aquella dama Tan solitaria y quise conocerla. Al verla pretendí perderme en su áspero sexo de pan de oro, Deseé hundirme en las niñas desbordantes de sus ojos, Quise que me absorba Para formar en la eternidad de nuestra unión, Un templo de culto a la soledad.

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Duelo al atardecer Sobre mi pecho descansa tu furia de plata A la espera de que la sangre deje De buscar mi corazón. Me miras y estas a la expectativa, Esperando que el calor de tu enojo Termine de una vez conmigo. Justo cuando finalizan sus cantos Los gorriones, Y los cuervos se encuentran A la espera de mis restos, El cielo se fractura y sucumbe Ante el sonido lejano de la luna Y todo cambia de tonalidad, todo, El cielo se desvanece En el aliento inconfundible de los astros, La bala toca por última vez mi corazón, Mi cuerpo se une con la tierra húmeda de la noche Y caigo rendido y satisfecho, Pero aún así, tú sigues a la espera De algo inesperado por venir.

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Acuerdo de pareja Te alejas de ti sin contrición alguna, Abandonas tu cuerpo que flota Perdido en el mar inactivo de mi cama. Cierras los ojos y dejas que el viento Se cuele por la ventana Y que mis torpes manos hagan el resto. Estás desnuda en la habitación Y yo no se qué hacer contigo, Fumo uno tras otro el mismo cigarro Eterno que prendí Hace ya mucho tiempo. Nunca se acaba, Se regenera con la piel que perdemos En las luchas húmedas que libramos Por las noches. La cama se oculta bajo un mar sólido de ceniza muerta, Cada bocanada es un llamado de atención Para recordarnos siempre Que debemos seguir viviendo bajo las órdenes De nuestros sexos incansables, Hasta que no tengamos más piel que fumar En honor a este extenso y sublime calvario.

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Sonambulismo El cenicero sobre la mesa Cargando un pesado universo en hombros, El calor retuerce las ventanas Y mata de sed al león pardo Que descansa en el suelo Boquiabierto, lengua afuera Pensativo. Eternamente al acecho. Un rumor aletea por la salita En interminable vaivén embrutecido, Sonoros abdómenes vibran Por cuenta propia en la inmensa Oscuridad del apartamento Sin vista alguna al mar. Cuelga del ventilador El cadáver empobrecido del reloj Mientras que un grito ausente, Igual a los latidos del corazón, Retumba insoportable A lo ancho de tu entumecido cuerpo. Aquí te alejas de tu sombra Y caminas lentamente Hacia esta hermosa oscuridad.

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Desde el faro A lo lejos un albor acelera el paso intransigente del tiempo, Esa luz está perdida en la inmensa mancha negra Que cubre la tierra por completo. Vaga perdidamente y en silencio Como una luciérnaga buscando Algún farol nocturno donde dormir. Produce un sonido esencial Una mezcla de cadenas y lluvia en conjunción opuesta, Cayendo suave contra el suelo. A simple vista no percibo la luz Necesito un ejército de ojos Para que el calor encienda mis pupilas En este triste encierro vertical. Mi torre estática desaparece Bajo la capa áspera del viento pacífico, Para luego brotar Con los primeros llantos del sol. Yo le pertenezco de por vida, Yo la alimento de vida Y ella con su luz pendular y ciclópea Me obsequia cada noche Las más hermosas visiones del oeste.

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Recuerdos Algún día todo lo que vivimos Quedará archivado en nuestra memoria Y no tendremos más nostalgia Que la remembranza De lo que en el pasado ocurrió. Un par de lágrimas saltarán irremediablemente De la cuenca insondable de nuestros ojos Hacia el abismo infinito del recuerdo eterno Y no las culparemos, Tan solo alzaremos nuestras copas Colmadas de esperanza y de buen vino Y brindaremos a viva voz Porque todo tiempo pasado fue mejor.

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La guía Cuando estoy perdido bajo un manto de legañas Surges para mostrarme el camino, Silenciosa y repentina Como una sombra o un fantasma A la mitad de la mañana, Para tomarme de las manos Y guiarme nuevamente en línea recta por el mundo. Resulta que cuando abatido a un lado del camino, Sentado sobre una enrome roca estoy, Ya no lloro desesperado Pues sé que de algún lugar Llegarás para conducirme a través del viento Y de las horas Por mejor camino que puedo imaginar.

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La risa final Mudo aguardo el día En que el viento dejará de soplarme su furia a la cara Y el sol parará de quemarme la ilusión, Y sobreviviré a este frío seco Por miles de años más Sólo para que al final de la vida, Los hombres vengan a mí, Sumisos y convencidos Que lo que dije alguna ve en mi vida Era la pura verdad, Y reiré, sobre mi lecho final, Orgulloso de mi inquebrantable espíritu, Reiré, sí, mientras muero feliz Viendo malvivir a los demás.

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El juicio Hacia el oeste Se oye el estruendoso trote de los caballos Pero nadie hace algo para que disminuyan su acelerado paso. Pronto aparecerán para juzgar a los hombres De este gran pueblo circular En el que vivimos Pero igual nadie se inmutará con el juicio. Sólo te pido que te pongan Las botas y el abrigo, A ti que me escuchas únicamente a mí, Porque el trayecto final Trazado para los hombres Es frío y lleno de huesos, Silenciosos y agreste, Pero también sé que al final de ese largo tramo Una luz verde brillará Sobre el horizonte sólo para los hombres Dispuestos a mirarla sin el temor De una inevitable ceguera.

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Camino espinoso Por más dificultoso que sea el camino Estoy a la mitad y no puedo rendirme ahora. He pasado lo más fácil de sobrellevar, lo sé Y sé también que me espera Lo peor del viaje Pero justo ahora no vale la pena abandonar Todo lo vivido Por un instante de temor justificado si, Pero evitable. Pronto he de llegar al final Y me sostendré en mis dos piernas cansadas, Alzaré mis ojos en señal de triunfo Para después descansar al fin Como un verdadero hombre.

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Primer cuento Una vez hace mucho tiempo Hubo un hombre, una mujer, Una selva, varios animales, Un sol en lo alto, un árbol, un antojo, una fruta, Una serpiente, una tentación, Una mentira, un pecado, Temor, un Dios, furia, Ningún perdón, ninguna oportunidad. De pronto, apareció el pudor, dos cuerpos desnudos, Una luz rompiendo el cielo, una espada encendida, La expulsión, el abandono... Es aquí cuando comienza la verdadera historia.

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Himno de libertad De la ciudad se percibe un silencio ensordecedor Como ninguno, Los hombres ciegos de temor y muertos de frío, Esperan de pie que cese ese horrendo sonido Que los obliga a callar. El miedo les impide pronunciarse Y es por eso que cierran sus bocas. Todos tenemos mucho que decir Pero callamos por el miedo a no ser escuchados. En otro tiempo no habrá nadie que nos impida Pronunciar palabra alguna Por minúscula e insignificante que esta sea, Ese momento será el de los hombres libres, Ya no existirán fronteras ni muros opresores, Sólo una tibia brisa otoñal Acompañando al himno de libertad Que entonaremos a una sola voz Todos los hombres del mundo.

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La voz ¡Vamos, levántate de una vez de ese naufragio en tierra!, que pronto llegará el día en el que a lo lejos retumbarán los tambores libertarios y se oirá una voz multitudinaria como un estruendoso rugido, que abrirá en dos este cielo gris que nos abraza!

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Extramuros Del desierto vengo, De ese vacío donde mi pueblo sobrevive A la voracidad del clima, A las inclementes tormentas de arena que golpean sus muros como enjambres de enloquecidas abejas, Al implacable frío nocturno que circula fustigándome la piel Cuando atraviesa las cortinas de mi tienda de campaña, A este sol tan prematuro y hosco Que hiere nuestros ojos Cada vez un poco más al mediodía. Vivimos a la expectativa pero libres, Lejos de esos muros tiranos Que crece como mala hierba en pleno desierto. Nuestra aldea sobrevive esperando eternamente Que nuestra voz sea oída por los hombres de Intramuros, Aquellas almas que no tienen voz. Mi pueblo malvive en pleno arenal entre el silencio y el calor Pero autónomos y con la esperanza tras la camisa, A la expectativa que los hombres de las murallas Se levanten de sus tumbas vivas Y hagan sentir su grandiosa voz a las voces sin rostro Que los gobiernan.

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