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Carahue, Primer Encuentro al Bicentenario con mi Historia

Manual de Consulta Turístico e Histórico de la Comuna de Carahue

Ilustre Municipalidad de Carahue

GOBIERNO DE CHILE

Fondo Regional de Cultura Gobierno Regional de la Araucanía


Aportaron su conocimiento: Pescadores de Nehuentúe Buzos de Nehuentúe Organización Newen Pu Lafkenche Juntas de Vecinos Trovolhue Junta de Vecinos de Nehuentúe Junta de Vecinos Villa Estación, Carahue Junta de Vecinos Alcalde Herrera, Carahue Vecinos de Carahue, Santa Celia, Trovolhue, Tranapuente y Nehuentúe Rotary Club de Carahue Departamento de Acción Social DAS Carahue Ejecución /aportes al proyecto: Municipalidad de Carahue, incluyendo las siguientes instancias: Centro Cultural Municipal de Carahue Red de Turismo, Municipalidad de Carahue Biblioteca Pública Municipal de Carahue Biblioteca Pública Municipal de Trovolhue Escuela Municipal de Tranapuente Escuela Municipal de Santa Celia Delegaciones Municipales en Trovolhue, Nehuentúe, y Tranapuente Servicio País Depto. Extensión y Comunicaciones UFRO Club de Cine Carahue Marco Teórico y realización entrevistas: Gloria Carrillo, antropóloga, ONG Manco Capaj Nicolás Philippe, ONG Manco Capaj Registro Audiovisual: Werner Hansen, Producciones Audiovisuales Carahue Redacción: Jorge Pinto Rodríguez, ensayos históricos, 2ª. Parte Jorge Scheihing Harves, ensayo sobre navegación, 2ª. Parte Giancarlo Bucchi Roccatagliata, textos 1ª. Parte Guillermo Valck Berkhoff, “Recuerdos de un Carahuino” Edición periodística y diagramación: Giancarlo Bucchi Roccatagliata

FONDO REGIONAL DE CULTURA GOBIERNO REGIONAL DE LA ARAUCANÍA ILUSTRE MUNICIPALIDAD DE CARAHUE Carahue, 2008

Manual de Consulta Turístico e Histórico de la comuna de Carahue Fondo Regional de Cultura – Gobierno Regional de la Araucanía – Municipalidad de Carahue


Manual de Consulta Tur铆stico e Hist贸rico de la Comuna de Carahue


Ilustre Municipalidad de Carahue


PREFACIO Estimado lector, estimada lectora, Este modesto manual es el fruto de un proyecto denominado Carahue, Primer Encuentro al Bicentenario con mi Historia, que fue presentado por la Ilustre Municipalidad de Carahue al Fondo Regional de Cultura, y acogido por esa instancia, con vistas a contribuir a la recuperación,

conservación y difusión del patrimonio cultural y natural de la comuna. La iniciativa valoriza el contexto sociocultural y territorial de cada uno de los espacios y comunidades que se consideran, para luego representarlo y sistematizarlo en un documento escrito y una publicación digital que servirán como manual de consulta histórico y turístico. Para obtener e incorporar la riqueza del testimonio oral existente, se realizaron foros temáticos y tertulias en las comunidades, extendiéndose invitaciones abiertas a organizaciones y personas. En el transcurso de estos foros, quedó claro que historia local y patrimonio natural no pueden desligarse de la dimensión productiva o económica, ya que se determinan mutuamente. Por esa razón este Manual hace referencia a la dimensión productiva y su proyección futura. En el proceso de generar este manual participaron actores del ámbito académico y humanista, tanto de la comuna como de la región. Se incorporan además, ensayos sobre la ciudad Imperial y el período de la Conquista, la fundación de Carahue, la navegación fluvial, y otros aspectos específicos de la comuna, escritos por connotados historiadores del ámbito nacional. Es nuestro deseo que este Manual sirva para promover el turismo en Carahue, y para difundir su singular patrimonio natural y cultural.

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ÍNDICE PRESENTACIÓN PREFACIO INTRODUCCIÓN LOS ORÍGENES

PRIMERA PARTE: CARAHUE HOY I. II. III. IV. V. VI. VII. VIII. IX. X. XI. XII. XIII.

EL ESPACIO FÍSICO RÍOS Y PLAYAS HUMEDALES FAUNA FLORA PRESENCIA HUMANA PUEBLO MAPUCHE CIUDAD DE CARAHUE TROVOLHUE NEHUENTÚE TRANAPUENTE SANTA CELIA ACTIVIDADES PRODUCTIVAS

SEGUNDA PARTE: CARAHUE Y SU HISTORIA XIV.

LOS VIEJOS TIEMPOS DE LA COLONIA XV. 22 DE FEBRERO 1882 XVI. LOS AÑOS PIONEROS XVII. UN SIGLO DE HISTORIA, 1910 – 2000 XVIII. CARAHUE, EL ÚLTIMO PUERTO DE LA FRONTERA XIX. RECUERDOS DE UN CARAHUINO: GUILLERMO VALCK B. XX. NOTAS PARA LA HISTORIA DE TROVOLHUE Y NEHUENTÚE

FUENTES LOCALES Y BIBLIOGRAFÍA BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES LOCALES CRÉDITOS FOTOGRAFÍAS Y ENSAYOS

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INTRODUCCIÓN Este Manual de Consulta Turístico e Histórico responde a una necesidad muy sentida, no solo por quienes visitan la histórica comuna de Carahue en busca de destinos turísticos, sino también por los propios vecinos que desean profundizar en el conocimiento de su entorno, tanto natural como cultural. ESPACIO FÍSICO – FAUNA – FLORA

Los habitantes de Carahue recién comienzan a valorar en toda su

magnitud la extraordinaria riqueza natural de sus sistemas hídricos fluviales, en particular el gran estuario conformado por la desembocadura de los ríos Imperial y Moncul, y por la laguna de Trovolhue.

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Los humedales de agua salada o de agua dulce ubicados en este sistema hídrico, albergan una variada fauna acuática de crustáceos, peces (principalmente lisas, robalos, y pejerreyes), muchas especies de aves, patos, coipos, lobos marinos, mientras que al otro lado de la barra, no faltan los ocasionales avistamientos de ballenas, delfines y pingüinos. Nuestra fauna marina, y también nuestra flora, son una riqueza aún desconocida, tanto para los visitantes, como para la mayoría de los carahuinos. Afortunadamente hoy existen excelentes recursos de información sobre el tema, por ejemplo, http://avesaraucania.blogspot.com para las aves, y www.chilebosque.cl para la flora, sitios que recomendamos por su calidad y generoso aporte. En el borde oceánico, el visitante se asombra al contemplar kilómetro tras kilómetro de blancas arenas en la playa de Moncul, tesoro de la naturaleza que sólo en estos últimos años ha sido objeto de atención por parte de algunas autoridades y vecinos visionarios, quienes comienzan a comprender la importancia de ocuparse del desarrollo sustentable de este inigualable patrimonio natural, y ven en ello la posibilidad de generar empleos, a la vez que se rescata el patrimonio natural.

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LA PRESENCIA HUMANA

Quizá

bastaría con los sorprendentes atractivos naturales antes citados, para convertir a Carahue en un destino turístico de primera línea. Pero es la historia humana que han presenciado estas colinas y ríos a través de los siglos, la que encierra el mayor potencial en este sentido, y aquí, nuevamente debemos reconocer que Carahue está recién tomando conciencia de las verdaderas dimensiones de este legado. Aquí presentamos sólo una aproximación: quienes deseen tener más información sobre aspectos particulares de nuestra historia, pueden consultar la Bibliografía al final de este Manual. También sugerimos visitar el Archivo Regional de la Araucanía y el Archivo Nacional en Santiago. El esfuerzo bien vale la pena. La presencia humana en estas tierras hunde sus raíces en el paleolítico, estimándose que los primeros poblamientos humanos en la Araucanía tienen una antigüedad, como mínimo, de entre 7.000 y 11.000 años. En épocas mas recientes, aparecen en el Cono Sur unas gentes cuyo idioma (hoy llamado mapudungun) proviene de los Montes Altai en Asia. A fines del siglo XV estos pueblos, ya asentados en el sur de Chile y en Argentina, derrotan a los ejércitos Incas que incursionaron hacia la Araucanía, e intentaron incorporarla al Tahuantinsuyo. Se sabe que hubo otros contactos con antiguas culturas del Perú: por ejemplo en la isla Mocha se han encontrado artefactos pertenecientes a la cultura Moche (primeros siglos de nuestra era).

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Poco después de la incursión de los Incas, llegan los españoles al mando de Pedro de Valdivia, quien funda la ciudad Imperial en 1551, en el lugar hoy ocupado por Carahue. Valdivia proyecta que ésta será la capital del Reyno de Chile. Aquí se crea un Obispado – uno de los dos en todo el país - y el Rey Felipe II apoya el proyecto de crear aquí, en la ciudad Imperial, la primera Universidad del país. Pero la presencia hispana es breve: los españoles, como los Incas, son derrotados, y la ciudad Imperial es abandonada un día 4 de abril de 1600. A partir de esta fecha vienen 281 años en que el pueblo Mapuche se mantiene independiente en sus tierras ancestrales, resistiendo los embates del imperio español - el más formidable de esos tiempos - y de los criollos, siendo esta resistencia exitosa un caso único en el Nuevo Mundo. A fines del siglo XIX la zona es ocupada por el ejército chileno, en la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”, momento en que comienza la incorporación acelerada de estas tierras al Chile republicano, incorporación marcada por la llegada de gran número de colonos, los remates de tierras y el confinamiento de la población mapuche a “reservas” o “reducciones”. Simultáneamente, la ciudad de Carahue, fundada en 1882 sobre el trazado original de las calles de La Imperial, se convierte en puerto fluvial y poco después, en terminal del Ferrocarril, incentivando un comercio exuberante, una intensa explotación agrícola y forestal, y una considerable actividad minera (oro), que sólo comenzarán a decaer allá por los años de 1940.

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Estos son los principales hitos, ampliamente conocidos, de la historia de Carahue dentro de la realidad mayor que es la Araucanía. Pero hay otros aspectos anecdóticos que le dan un sabor especial a esa historia, y que nos complace presentar en estas páginas, esperando que UD, amable lector y lectora, los encuentre de interés. LA PEQUEÑA HISTORIA

En

algunos casos, se trata de curiosas anécdotas que nos fueron contadas en entrevistas realizadas a vecinos de distintas comunidades de la comuna. Otras veces, en fuentes bibliográficas o durante la revisión de archivos históricos en Temuco y Santiago, salieron a luz sorprendentes datos, coincidencias singulares, hechos insólitos, algunos de ellos relativos a la Araucanía en general, y otros específicamente sobre Carahue y su gente, sus circunstancias y sus sueños. ACTIVIDADES PRODUCTIVAS

Dentro

del conjunto de información aquí presentada, hablaremos de las actividades productivas tradicionales, como el cultivo de la papa, la pesca, la pequeña minería, pero también veremos las nuevas áreas productivas que nos permiten soñar con un futuro mejor: los servicios, los cultivos alternativos, las pequeñas empresas agro-alimentarias, el agro-turismo y el eco-turismo, entre otros. Sin embargo, sigue siendo una realidad inquietante que, en el ámbito económico, lo que más preocupa a los carahuinos es la falta de oportunidades laborales, lo que obliga a muchos jóvenes a emigrar a las grandes ciudades. Además, en algunos sectores rurales, se ha visto repetirse el mismo proceso: las familias venden sus parcelas a las empresas forestales, y emigran a la ciudad.

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PERSPECTIVAS VARIADAS Desde el principio, quisimos que este Manual reflejara una variedad de visiones y opiniones sobre el pasado, el presente y el futuro de la comuna, y lo que ésta puede ofrecer al visitante. Para ello, se realizaron foros en varios lugares de la comuna, solicitando la concurrencia de cuantos tuvieran interés en participar y opinar. Creemos que el objetivo se ha cumplido en buena medida, aún cuando los que participaron en los foros y entrevistas, aunque numerosos, son solo una pequeña minoría de los Carahuinos. Esperamos que lo expresado por ellos constituya un verdadero aporte para la comuna entera. La Primera Parte de este Manual es una especie de resumen o compendio de lo escuchado en dichos foros, y de lo visto en terreno. Lo hemos puesto en nuestras palabras, acompañándolo con fotografías. Algunas de estas fotos, y eventualmente otras informaciones, han sido obtenidas de los excelentes sitios sobre distintos aspectos de la comuna de Carahue disponibles en la Web (en esos casos, entregamos los créditos correspondientes, e invitamos al lector interesado a visitar aquellas fuentes directamente). Agradecemos a quienes participaron de estos foros y dieron de su tiempo y conocimientos. No hay lugar aquí para nombrarlos a todos, y por cierto, ellos saben quienes son. Sus nombres aparecen en la sección Bibliografía y Fuentes Locales, al final del Manual. Esperamos con este modesto librito despertar el interés de gentes de otras ciudades, de otras regiones, y de otros países, para que nos visiten y descubran lo que Carahue ofrece. Sepan ellos que estos ríos y colinas, como los icebergs, lo que ocultan es bastante más de lo que se deja ver a primeras, y ni siquiera nosotros, los Carahuinos, hemos podido sondear todo lo que aquí hay, porque mientras más descubrimos, más asombrados quedamos de lo poco que sabemos, y de lo mucho que nos falta por aprender.

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Porque, si un día tratamos de seguirle la pista al Rey Orllie-Antoine I en sus andanzas por las ruinas de la Imperial, poco después nos enredamos en el contenido de esos documentos ya apolillados y casi consumidos por el tiempo, que el cacique Marivilu, en sus dominios cercanos a Trovolhue, una día de 1897 le mostró al misionero franciscano Fr. Felipe Santiago Bórquez, y en ellos el misionero pudo leer las súplicas de un Capitán español al antetatarabuelo del cacique, pidiéndole “que no hostilice a los españoles que por su territorio transitan”, solicitándole su amistad, y recomendándolo al Rey de España. Estos curiosos asuntos, y otros como ellos, son el pan de cada día en la historia de Carahue, y si no nos alargamos más en ellos, es porque debemos dejar espacio y tiempo para escribir de otras cosas, más prosaicas y más inmediatas, como los excelentes caminos que recientemente se han construido en el borde costero de nuestra Araucanía, y la cosecha de choros en Nehuentúe, que por su sabor no son igualados por otros en nuestro país, y el Raid del Mar, que tanta y merecida fama ha adquirido en estos años. Finalmente, afable lector, le recomendamos la lectura de los ensayos históricos contenidos en la Segunda Parte de este pobre libro, que fueron escritos por renombrados eruditos de la Universidad de la Frontera, entre ellos el catedrático Jorge Pinto y el profesor Jorge Scheihing. Porque no hace más de ocho años que ellos aceptaron el desafío, lanzado por la Ilustre Municipalidad de Carahue, de resumir, en la medida de lo posible, la larga y compleja historia de Carahue. Y aquí se presenta parte de lo por ellos escrito, y decimos parte, porque mucho tuvo que quedar fuera, por razones de espacio y del limitado presupuesto para la impresión de este Manual. Y no podríamos dejar de reconocer el importantísimo aporte de algunos vecinos o ex vecinos que, para apoyar este trabajo, entregaron ensayos de su propia autoría, o material documental y fotográfico, o informaciones y conocimientos de primera mano, y el primero entre

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ellos debe ser nuestro Jorge Navarrete Solís, sin desmerecer a Mariano del Picó, Patricia Fuentes Sandoval, Guillermo Valck, Olegario Baeza, Hernán Thiers, Germán Bustos, y tantos otros que se nos escapan en este momento. También va nuestro reconocimiento a Albino Altamirano, quien compartió valiosos secretos sobre los mejores lugares para la pesca deportiva, cual no es el menor de los atractivos turísticos de estas costas y ríos Carahuinos.

El editor Carahue, mayo de 2008

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PRIMERA PARTE:

CARAHUE HOY


K

Kai Kai y Xeng Xeng1

LOS ORÍGENES DE ESTA TIERRA El gran mito mapuche nos cuenta los orígenes de esta tierra y de su gente: el escenario es el colosal enfrentamiento de dos gigantescas fuerzas: Kai Kai y Xeng Xeng, dos descomunales serpientes, fuerzas primordiales eternamente opuestas. p Kai Kai, gigantesca serpiente acuática, furiosa, intenta destruir a los hombres, sumergirlos en el caos del agua primordial, ahogarlos y deshacerlos en las profundidades del agitado mar. Enormes olas se abalanzan sobre la tierra. Xeng Xeng, protectora de la humanidad, ve que las aguas suben y suben, destruyendo todo a su paso, ahogando a la gente. Xeng Xeng interviene, levantando los cerros y las montañas, para que éstas sirvan de refugio al hombre. Es tal la altura de estas montañas que, para no sucumbir, la gente debe proteger sus cabezas de los rayos del sol. La Tierra ha sufrido las consecuencias de las fuerzas desatadas: se han quebrado las llanuras, se han formado nuevos ríos y cerros. Pero lentamente, el paisaje adquiere la configuración que hoy conocemos. Los únicos cuatro sobrevivientes se convertirán en los antepasados de todos los seres humanos que hoy existen. Gradualmente la tranquilidad retorna a los Cuatro Rincones del Mapu.

1

Crédito Imagen Kai Kai y Xeng Xeng: sitio web “www.serindigena.cl”

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CARAHUE HOY

I. EL ESPACIO FÍSICO

Esta

vista satelital muestra la parte sur de la comuna de Carahue. Pueden distinguirse los dos principales sistemas fluviales, el Imperial y el Moncul, con su extraordinaria laguna y sus humedales. Estos dos ríos confluyen hacia una desembocadura común en las cercanías de Nehuentue, y forman el gran estuario paralelo a la costa. El estuario está separado del mar por las dunas – o barra – (claramente visible, siendo esta barra la prolongación de la playa de Moncul.) El estuario está unido al mar por una apertura relativamente angosta y, según la marea suba o

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baje, el estuario es inundado por agua salada o agua dulce. Esta geografía accidentada ha sido conformada por el choque de las placas tectónicas que se enfrentan a lo largo de las costas de Sudamérica. Como resultado de estas fuerzas, la zona es afectada, de tiempo en tiempo, por grandes terremotos. Los grandes humedales cercanos a la Laguna de Trovolhue fueron formados, en gran parte, por el terremoto de 1960, el mayor sismo jamás registrado en cualquier parte del planeta. Este sismo alteró la altura promedio (sobre el nivel del mar) de grandes extensiones. Al bajar su altura, esas tierras – antes agrícolas - se inundaron, y hoy albergan los humedales. Ese terremoto y maremoto también corrieron la desembocadura del estuario (visible en la parte inferior – izquierda de la foto) varios kilómetros hacia el norte, llegando a estar casi frente a Nehuentúe. Sin embargo, con el pasar de los años, la desembocadura ha ido acercándose a su posición original, en el extremo sur del estuario, cerca de Puerto Saavedra. Esta geografía dinámica también impactó sobre los destinos de la ciudad de Carahue. En efecto, la navegabilidad del río Imperial se ha visto afectada en décadas pasadas, ya sea por la poca profundidad de la barra o por la sedimentación del río, sentenciando el término del puerto fluvial de Carahue (en esta foto, la ciudad de Carahue puede verse cerca del gran recodo del río, a la derecha de la imagen). Otro rasgo geográfico determinante es la Cordillera de Nahuelbuta, que alcanza sus mayores alturas hacia el norte de la comuna. Cubierta de espesos bosques hasta hace pocas décadas, hoy en gran parte está dedicada a las plantaciones industriales de pino y eucalipto. Tiene varios cordones montañosos debido a lo cual muchas partes de ella son de difícil acceso, aunque en años recientes se han construido obras viales importantes que la atraviesan, como la Carretera de la Costa.

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CARAHUE HOY

II. PLAYAS y RÍOS

La nueva Carretera de la Costa permite acceder fácilmente a las playas del

borde costero de la comuna de Carahue. Estas playas poseen variadas características físicas: si comenzamos un recorrido de esta costa desde la extensa playa de Moncul con sus arenas blancas, sus dunas y su declive gradual, a medida que avanzamos hacia el norte el terreno se vuelve rocoso y accidentado, hasta llegar a los acantilados de Hueñalihuén y Casa de Piedra.

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LAS PLAYAS Playa Moncul Es la playa de mayor extensión, (aproximadamente 14 kilómetros). De blancas arenas y dunas, es apta para bañarse, la extracción de mariscos y la pesca. Se accede a través de una lancha-trasbordador que se toma en las cercanías de Nehuentúe. En su extremo sur, la Playa de Moncul se extiende hasta la misma desembocadura del estuario del Imperial, frente a Puerto Saavedra. Playa Los Obispos. Desde Carahue, se llega ya sea por Puyangue (Carretera de la Costa) o subiendo por la playa de Moncul; aquí los lugareños extraen piures y se puede pescar. Playa Lobería Ubicada a 38 km. de la ciudad de Carahue. Posee una longitud de 5 km. y arenas suaves. Su característica mas relevante es la “Piedra de Pilocura”, gigantesca roca de mar, donde se pueden apreciar multitud de lobos marinos. Playa Coi Coi. Hermosa playa ubicada al final de un angosto valle entre los cerros de la costa. Playa Hueñalihuen Se ubica a 34 km. al norte de Carahue. Paisaje de extraordinaria belleza. La playa misma es de poca extensión y de arenas suaves. Cuenta con un estero de agua dulce y se pueden adquirir mariscos, pescados y cochayuyo. Es apta para la pesca de orilla. Playa Casa de Piedra Se ubica a 42 km. al noroeste de Carahue y es apta para la pesca de orilla. Es posible encontrar en el lugar almejas, locos, machas y cholgas.

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LOS RÍOS La historia de Carahue, y su identidad misma, forman un entramado inseparable con sus ríos. Desde tiempos antiguos, la población mapuche se concentraba cerca de los ríos, especialmente a lo largo del río Cagtén (hoy Imperial) y del Moncul, así como en otros más pequeños como el Colico. La pesca era extraordinariamente abundante en estos ríos, según nos informan los cronistas. Se sabe también que en tiempos prehistóricos se extraían mariscos cerca de Nehuentúe. Desde muy antiguo estos ríos eran transitados por diferentes tipos de embarcaciones, siendo uno de ellos los wampo, hechos de troncos ahuecados. Pedro de Valdivia fundó la Imperial en la confluencia de los ríos Cagtén y el (hoy llamado) Damas. Y las primeras décadas de la moderna Carahue vieron una actividad febril en su puerto fluvial, que era punto de trasbordo al ferrocarril, y permitía el comercio con otros puertos de Chile y con Europa. Nuestros ríos siguen siendo importantes para la economía de la comuna: renuevan la fertilidad de las llamadas “vegas”, inundándolas en invierno. Permiten la crianza de mariscos y la pesca artesanal, son el escenario de actividades recreativas y deportivas, destacando el canotaje y la pesca deportiva y por último, con sus humedales son un gran atractivo para el turismo, especialmente en el estuario conformado por el Imperial y el Moncul, que cuenta con servicio de transbordadores para vehículos y pasajeros. Agreguemos que un moderno puente, parte de la Carretera de la Costa, ahora atraviesa el río Moncul en Puyangue, remplazando la antigua balsa, mientras que otro gran puente cruza el Imperial frente a Tranapuente. El caudaloso río Imperial nace de la confluencia del Cautín con el Chol Chol, cerca de la ciudad de Nueva Imperial. Es de notar que el Cautín, poco antes de

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unirse con el Chol Chol, ya ha recibido las abundantes aguas del río Quepe, lo que explica el importante caudal del Imperial. El Imperial representa una de las dos grandes cuencas hidrográficas de la Araucanía (siendo la otra la del río Toltén). En total, el Imperial drena una cuenca de unos 13.000 km2. y a lo largo de sus aproximadamente 50 kilómetros, recibe otros pequeños aportes, como el río Damas y el estero Ranquilco. Ya cerca de su desembocadura, se une con el río Moncul para formar un gran estuario, separado del mar por una barra arenosa.

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CARAHUE HOY

III. LOS HUMEDALES

Los grandes humedales se encuentran en la Laguna de Trovolhue, arriba a la derecha. En el borde costero se ve parte de la playa de Moncul.

Desde el terremoto del ’60, la superficie de humedales cercanos al río Moncul aumentó considerablemente – la tierra bajó y grandes extensiones se inundaron, creando hábitats para un variadísima fauna. Para muchos carahuinos, esto significó pérdida de tierra agrícola, pero con el paso de los años, algunos ahora ven en esto una bendición. Veamos lo que nos dice al respecto don Miguel Bonifay, vecino de Nehuentúe.

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“Al inicio uno piensa que los humedales son pantanos, inservibles y todo, y no tenemos idea que los humedales son una gran reserva de la humanidad, no solo no hay que secarlos, pero hay que cuidarlos y ojala mantenerlos tal cual y acá hay mas de 57 especies de animales en el humedal pero aquí casi nadie sabe eso, (pero) los pescadores y las personas que más se acercan a los humedales conocen, porque el que pasa ahí una noche, es impresionante toda la vida que hay ahí.”

“Hay lobo (marino), peces, pueden pasar peces que son curiosos como las lisas cuando ustedes van en un bote en las tardes, así cuando se está subiendo la marea pasa la lisa y no la ve pero ve la estela que deja cuando pasa, lo ve así de los dos lados del bote, se ve mucho coipo en la noche, se ven ahí pasar cerca, hartos patos, aves y montón de animalitos que se ven permanentemente, harto ruido hay mucho ruido en la noche de seres vivos que están ahí en la biodiversidad, es impresionante, es tanto que es impresionante...”

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Grupos ecologistas, biólogos y otros especialistas se han interesado por estudiar y conservar los humedales del río Moncul; también se organizan excursiones fotográficas para capturar la gran variedad de avifauna marítima, y la belleza de este hábitat. Belleza capaz de inspirar a un niño: Eliana Navarro, la gran poeta chilena, tenía 7 años cuando compuso “Laguna de Trovolhue”, que en parte dice:

“¡Oh! laguna de aguas tranquilas que reflejan los rayos del sol donde las quilas besando las aguas parecen llorar donde las guabas repiten su triste cantar...”.

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CARAHUE HOY

IV. FAUNA Comencemos diciendo que en la Comuna de Carahue se han hallado restos fósiles de animales prehistóricos hoy desaparecidos: el mastodonte Mastodon andium y el caballo prehistórico americano Equus curvidens. Pero alégrese, amable lector, pues aún existe una abundante fauna en este rincón de la Araucanía, comenzando por las aves: los carpinteros, los peucos, las bandurrias y las garzas, el zarapito, el chercán, el chucau, el mirlo, el playero vuelve-piedras, los pelícanos, variedades de patos, la gaviota de Franklin que nos visita desde el Hemisferio Norte, las loicas, el picaflor y el jote planeador, las codornices, entre tantos otros. En los últimos años han llegado cisnes de cuello negro. En Nehuentue el turista amante de las aves puede contratar un tour en bote para ver la fauna avícola de los humedales. Para quienes busquen más información sobre las aves que pueden verse en la comuna de Carahue, recomendamos el sitio web http://avesaraucania.blogspot.com/, excelente recurso sobre el tema, y también fuente de algunas de las fotografías que presentamos a continuación.

Garza blanca

Garza Cuca: la más grande de las garzas en la Araucanía.

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FAUNA Aves

Bandurria

Cisnes de Cuello Negro

Pájaro Carpintero Peuco

Zarapito

Tagüita

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FAUNA Aves

Playero vuelve piedras

Pelícano

Choroy

Queltehue

Pidén

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FAUNA Mamíferos Entre los mamíferos que pueden ser vistos en los humedales o en la desembocadura, están los lobos marinos, que en años recientes han estado aumentando sus incursiones dentro del estuario. Siguen siendo abundantes en sus moradas tradicionales cerca de Lobería. En el río Moncul abundan los coipos, estos lejanos parientes de los castores, que construyen sus casas en las orillas de esteros y canales, y son grandes nadadores. En años pasados los coipos eran cazados por sus pieles, pero afortunadamente esta práctica ha decaído, como resultado de la gradual concientización ecológica que se impone cada día más, y de las leyes y normativas que ahora protegen a la fauna del borde costero. Entre los mamíferos terrestres, en la comuna ya son muy raros los avistamientos del pudú - pequeño ciervo del tamaño de un perro - debido a la deforestación y a los monocultivos que han diezmado su hábitat. El león (puma) también ha visto su hábitat (los bosques y matorrales de montaña) afectado por los monocultivos, y para conseguir su presa, debe alejarse de sus áreas de caza “tradicionales”. Por ello, a veces hay avistamientos en predios netamente agrícolas: el temor al león aún sigue vivo entre los parceleros de zonas semi-montañosas como Santa Celia y Quiripío. El hermoso zorro cumpeo – según su estado de ánimo – puede o no dejarse ver en caminos poco transitados, trotando por la mitad de la calzada, luciendo su pelaje blanco amarillento. ***

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CARAHUE HOY

V. LA FLORA Una parte importante de la superficie de Carahue está bajo el dominio de los monocultivos forestales, sobre todo el sector norte correspondiente al área de la Cordillera de Nahuelbuta, con una superficie que supera las 33 mil hectáreas de plantaciones de pino y eucalipto. En esos sectores montañosos la cubierta vegetal sigue siendo un recurso importante, pero sólo es posible encontrar formaciones boscosas (nativas) en las partes más altas. En este espacio predominan especies tan importantes como la Araucaria, Coigüe, y Roble, mientras que en las quebradas húmedas aumentan los colihues. Es indudable que la variedad y cantidad de especies, así como la superficie de bosque y flora nativa, ha disminuido dramáticamente debido al proceso de forestación industrial. También, en décadas pasadas, los colonos y los grandes propietarios explotaron la madera de los bosques nativos y desbrozaron grandes superficies para la agricultura y la ganadería. Miles de árboles fueron sacrificados por la industria del tanino. Esos procesos han disminuido el potencial turístico inherente a los bosques nativos de la comuna. Sin embargo, quien quiera ver la flora de nuestra comuna en toda su magnífica variedad, todavía puede encontrar retazos de ella en distintos lugares donde, con un poco de suerte podrá ver ciprés de montaña, palo santo, coigüe, canelo, avellano, radal, hualle, ulmo, lingue, laurel, raulí, tepa, araucarias, y otros.

Conciencia ecológica Niños plantando palmeras en la costanera de Nehuentúe

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CARAHUE HOY

PRESENCIA HUMANA


CARAHUE HOY

VI. PRESENCIA HUMANA

“Gente” Acrílico de María Burgaz

La comuna de Carahue cuenta con una población de 25.696 habitantes, según datos del último censo, de las cuales más del 60% vive en el área rural. En tanto, la población mapuche es elevada, concentrándose en los pequeños predios cercanos al río Imperial y en el sector costero. Aparte de la ciudad de Carahue, los centros urbanos son Trovolhue, Nehuentúe y Tranapuente. La ciudad de Carahue en los últimos años ha recibido una importante inmigración de pequeños agricultores que abandonan sus predios (vendiendo a las forestales). A causa de esto el sector rural ha sufrido un despoblamiento notorio.

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Se sabe que Pedro de Valdivia decidió fundar aquí la ciudad Imperial por la gran densidad de población que observó cerca del río Cagtén. Las cercanías del río Moncul y del lago Budi también estaban muy pobladas. En efecto, en el siglo XVI, estas tierras estaban más densamente pobladas que cualquier otra en Chile. La abundancia de caza y pesca, el clima temperado, los grandes ríos, los bosques, todos eran recursos que favorecían el poblamiento humano. En la Araucanía, como en otras latitudes, la población siempre se concentró cerca de los cursos de agua., mientras que las tierras altas estaban relativamente despobladas. La evidencia arqueológica indica que en la Araucanía hubo presencia humana desde aproximadamente diez milenios atrás. En nuestra comuna se multiplican las evidencias (cerámica, líticos) de poblaciones que en los últimos dos milenios tenían contacto con pueblos andinos incaicos, y con lo que es hoy la Argentina. Los primeros pobladores de Chile provenían de Asia y se supone llegaron por tierra (por el Estrecho de Bering), o más probablemente, en pequeñas embarcaciones que seguían las costas de Asia, Alaska y el continente americano. En Chile también hay ciertos indicios de contactos prehistóricos con pueblos de Oceanía, los que se abrían producido mediante la navegación de alta mar. También hay evidencia de contactos prehistóricos entre gentes del altiplano andino y culturas del norte de África, los que se habrían producido por el Atlántico. A su vez, los pueblos andinos estaban en contacto con los habitantes de Chile. En general, cada día hay más evidencia que no existían pueblos o culturas aisladas, más bien debe entenderse que siempre hubo un constante flujo de influencias entre toda la población del planeta.

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PRESENCIA HUMANA

RESTOS ARQUEOLÓGICOS

Quien opine que estos objetos (arriba y derecha) son herramientas neolíticas, deberá enfrentarse a otra opinión, muy arraigada en nuestra gente. Pues es sabido desde muy antiguo que estos objetos son “PIEDRAS DE RAYO”, que en noches de tormenta eléctrica, son lanzadas desde el cielo a la tierra. Las piedras de rayo pueden partir los grandes árboles, calcinarlos y rendir sus enormes troncos. Penetran profundamente en la tierra, y después de algunos años, suben a la superficie, donde permiten que un ser humano las encuentre. A veces se hallan entre las raíces de árboles derribados por el viento. Muchas de estas piedras horadadas, de 10 -15 cm. de diámetro, han sido encontradas en la comuna de Carahue. Algunas de ellas pueden verse en el Centro Cultural Municipal. Su origen es desconocido. Posiblemente eran el equivalente de un martillo, para lo cual se introduciría un mango de madera en el orificio. Otros piensan que servían como pesas para redes de pescadores.

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CARAHUE HOY

VII. PUEBLO MAPUCHE

“La presencia étnica mapuche define la identidad de la región y notoriamente también la de nuestra comuna, representando una tradición cultural necesaria de fortalecer y potenciar en el ámbito del desarrollo rural.”1 En este corto capítulo sobre la presencia mapuche en la Comuna de Carahue, hemos optado por no hablar de aquellos aspectos que pudieran considerarse de interés para una especie de etno-turismo – vestimenta, comida, costumbres, etc. Más bien hemos preferido dar una visión desde dentro de la etnia, para lo cual entrevistamos a un miembro de las comunidades Lafkenches, quienes constituyen una parte importante (aunque no la única) de la presencia mapuche en nuestra comuna. La entrevista, centrada sobre el tema “Realidad mapuche y perspectivas de turismo en el borde costero de Carahue” se extendió por 90 minutos, sobrepasando la posibilidad de reproducirla entera.2 Sin embargo hemos seleccionado partes de ella, tratando de reflejar fielmente su contenido: 1 2

Gobierno Regional de la Araucanía, http://www.laaraucania.cl/turismo-com_carahue.htm La transcripción de la entrevista completa se puede ver en http://giancarlo.bucchi.googlepages.com/entrevistaamoisesvilches

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“Mi nombre es Moisés Vilches, y soy miembro de la Comunidad José Painecura, que está ubicada más menos a 54 Km. de aquí de la ciudad de Carahue. En la actualidad soy dirigente de la Asociación Newén Pu Lafkenche, que está conformada por 8 comunidades, en este caso, las comunidades que están en el sector de la costa (de la comuna de Carahue). La Newén Pu Lafkenche es una organización mapuche, que nace producto de un problema que se les generó a las comunidades, cuando llega el tema de la Carretera de la Costa, y lo que tiene que ver con el tema del mar. En el tema del mar, se les empieza a generar el problema cuando se crea la Ley de Pesca y Acuicultura en el año 91, y luego esta famosa Carretera de la Costa. Esta organización se crea para hacerle frente a estos dos problemas, y para defender el territorio; tiene que ver con todo el tema de la tierra, y todo lo que la ley implica. De ahí empieza y nace la Newén Pu Lafkenche, que es lo que lleva por nombre. “Esta ley, que es la Ley de Pesca y Acuicultura, efectivamente a nosotros nos causa un problema, y fuerte, ya que esta ley no contempla los derechos de las comunidades, los derechos ancestrales que han tenido las comunidades por estar ubicadas en ese territorio, y porque su relación, y en este caso la relación que tiene el Mapuche Lafkenche con el mar, es lo que nos da nuestra identidad, por eso es que hoy día existen los Lafkenches, existen los Pehuenches, existen los Nagche, y otras identidades más. Entonces ¿qué hace esta ley? Se crea y empieza a privatizar todo lo que tiene que ver con el mar, ya sea a través de la entrega de Áreas de Manejo, o a través de cuotas de pesca, en este caso también les da la entrada a las salmoneras, y en este caso en el Sur, para mencionar algunos sectores, Calbuco, Chiloé y más al Sur, tienen ya bastante contaminado todo lo que es el mar. Entonces eso es lo que empieza a generar esta ley. “Entonces desde ahí, nuestra organización empieza todo un análisis, tanto de las comunidades nuestras, como de las comunidades de más hacia el norte que están ubicadas en el sector de Tirúa Sur, donde empieza toda una articulación y conversaciones de dirigentes de las comunidades, empiezan a difundir esto que está pasando…” (Nota del editor: sigue aquí un extenso recuento del largo proceso – años de conversaciones con las autoridades, con el Congreso, viajes a Santiago

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y Valparaíso, etc, incluyendo períodos en se rompe el diálogo, hasta que se aprueba una nueva ley)

“…Y, lo que sí se llega a un acuerdo, es trabajar en una ley específica que resguardara los derechos de las comunidades Lafkenche. “Y esa es la ley que hoy día está publicada ya y promulgada, el último trámite legislativo pasó el 20 de Noviembre de 2007, y a mediados de Enero fue promulgada por la Presidenta Bachelet, y que actualmente se está trabajando en el reglamento. Y nosotros estamos trabajando en ello, porque en el fondo, esta ley fue, o se puede decir que es, como la segunda Ley Indígena. Pero aquí, la diferencia que marca esta Ley, que lleva por nombre El Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios, que es la Ley 20.249, en esta Ley, nosotros, de hecho cada Título que está ahí, fue consensuado con nosotros, porque, luego de que el Presidente accede a esto, nosotros buscamos una forma de poder conversar con ellos y de empezar a trabajar en esto, formamos un equipo de personas profesionales, en este caso, constituido por abogados, algunos biólogos marinos, sociólogos, y otros profesionales de diferentes áreas, más una contraparte que éramos nosotros, una contraparte dirigencial. Y con el equipo de Gobierno para empezar a construir esta Ley. Entonces podemos decir que esta ley es como una Segunda Ley Indígena, pero con la particularidad que tiene, que la Ley Indígena fue… reunió mucha información, pero salió ni la cuarta parte de lo que las comunidades plantearon. “Entonces podemos decir que en cierto modo, hemos llegado a uno de los objetivos por los cuales se forma esta organización Identidad Lafkenche, de la cual es parte la Newén Pu Lafkenche, y que también tiene sus dificultades todavía, aún habiendo una ley específica. ¿Por qué razón? Porque lo que se está dando hoy día en Mehuin, con el tema de CELCO, donde el Gobierno, en cierto modo no está abordando el tema, sino que en algún momento dijeron, en cierto modo, “aquí este tema es entre privados y soluciónenlo Ustedes”, entonces por un lado ¿qué hace el Gobierno de Michelle Bachelet?: por un lado nos apoyan en que salga esta Ley con todos nuestros planteamientos y con todo lo consensuado con ellos y todo, donde tuvimos que hacer un desgaste de dirigentes, un despliegue de dirigentes, podríamos decir, y un desgaste de recursos humanos inmenso, porque ¿qué hicimos nosotros una vez que se logra llegar a este consenso?, se empieza a construir la ley, después el Ejecutivo la envía a la Cámara de Diputados, y de ahí en adelante, nosotros no descansamos hasta Diciembre del 2007, hubo todo este tema de viajes hasta

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Santiago, que empezamos a ir a Santiago, a la Moneda, viajes a Valparaíso, muchos viajes, ¿para qué?: para ir a conversar con los diputados, hacerles entender que este Proyecto de Ley venía a dar solución al tema que la propia Cámara de Diputados, y el Senado, habían creado, porque pasó por ahí, que en ningún momento se había llegado a la preocupación de decir “garanticemos los derechos de las comunidades”. O sea prácticamente, sistemáticamente, dijeron “este mar se va a privatizar a través de esta forma”. Entonces muchos de los diputados con los que conversamos, se sintieron extraños, dijeron: “nosotros no nos dimos cuenta de esto, de que el derecho de acceso al mar, no quedó contemplado”. Eso nos decían cuando estábamos haciendo Lobby con los diputados. Y no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que eso no era así. “Esta Ley, que crea el Espacio Costero Marino, viene a resguardar los derechos de las comunidades, pero sólo en un cierto modo, ¿por qué? Porque la Ley también es clara, y nosotros estamos conscientes de que no podemos recuperar todo lo que ya nos ha sido quitado, como por ejemplo, donde están las salmoneras, adonde están los sindicatos, porque ¿qué pasa?: los sindicatos son pescadores que viven de eso, y nosotros lo reconocemos, y respetamos que ellos también trabajen del mar, pero lo que no aceptamos, es que nosotros, siendo y viviendo ahí, generaciones y generaciones, no se nos garantizara el acceso, por ejemplo si yo vivo en Hueñalihuén, al frente mío está el mar, y nuestra comunidad siempre ha usado ese mar, ¿cómo no quedaba garantizado eso? Eso es lo que no entendíamos nosotros. Ahora está garantizado, y algo que es claro, es que esta Ley no viene a crear conflictos, porque ¿qué dice?: “Esta Ley respetará los derechos adquiridos.” Entonces, donde hay Área de Manejo, la Ley no se aplica, no se puede aplicar. Se aplica donde hay espacios libres, donde no han sido pedidas Áreas de Manejo. Por otro lado también, puede ser que los sindicatos que estén constituidos por comuneros, por peñis, puedan renunciar a esta figura de Área de Manejo, y puedan tomar la figura de Borde Costero y Marino de los Pueblos Originarios. “Pero, ¿cual es el problema hoy día? Si hablamos de hoy día lunes 5 de mayo, el problema es que en Mehuin hay un conflicto que, en el eventual caso de que salga el ducto al mar, todo este espacio Costero Marino que esta ley resguarda para las comunidades, se muere, y ¿por qué razón?, porque este ducto contaminaría, según estudios, mucho más allá del norte de la Isla Mocha. Entonces, por un lado, no tiene ningún sentido que hayamos invertido tanto

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tiempo en esta ley, tantos recursos humanos, tanta sabiduría de mucha gente que aportó, gente que ya no están con nosotros, gente que falleció, soñando en que esta ley iba a protegernos, y hoy día vemos que, de la noche a la mañana, puede ya no servir más. ¿Por qué razón, por qué? Nos van a entregar un espacio de borde Costero Marino contaminado. Entonces eso, si lo miramos, en la práctica no tiene ningún sentido. “Entonces, todo eso, es lo que yo le puedo llegar a contar de lo que ha sido la Newén Pu Lafkenche, porque la Newén, está por 8 comunidades conformada, pero es parte de la Identidad Lafkenche que es una organización nacional, que está entre la Octava, Novena y Décima Región hasta el Sur. ¿Qué actividades productivas realizan los Mapuche Lafkenche? “Lo que voy a hablar con respecto a ese tema, tiene que ver con lo que nosotros hacemos en la costa de Carahue, específicamente en estas 8 comunidades que conforman la Newén Pu Lafkenche. ¿Cuáles son nuestras actividades económicas, hoy día? Pequeña agricultura, recolección, en este caso en el mar, que son temporadas que nosotros trabajamos (en eso). Pesca, nosotros hacemos, pero es más que nada pesca artesanal, así, desde el litoral, pero en el territorio de Carahue, no hacemos nosotros pesca con bote. Estamos hablando desde Moncul hasta Hueñalihuén, por el norte. Nosotros hacemos recolección de algas, buceo también hacemos. ¿También pescan en el río Moncul, en la desembocadura? “Los buzos hacen ese recorrido, de repente van a Moncul, a sacar mariscos, eso lo hacen, así como lo hacen las otras comunidades más al norte. Eso es lo que nosotros hacemos. Y está quizá, lo que conversábamos fuera de grabación, el tema turístico…

Turismo “…el tema turístico, no lo vemos igual como lo ven los demás. En las comunidades Lafkenche sí estamos analizando en qué términos lo podríamos hacer. Pero no es algo que nosotros queramos hacer, más bien es algo que por fuerza, estamos como obligados a considerarlo. Porque no nos gusta por ejemplo que vengan a sacarnos fotos. Algunas personas también no tienen respeto por la forma en que trabajamos en la recolección. Por ejemplo, en la

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recolección del cochayullo, nosotros nos metemos al mar, y cortamos la parte del cochayullo que está madura, y el mar se encarga de sacarlo a la playa. Después, eso tiene que quedar ahí en la playa un cierto tiempo, para secarse. Pero resulta que a veces vienen personas que no son de las comunidades, y ven el cochayullo botado, y piensan que lo pueden tomar. No son todas las personas que vienen, así, pero algunos sí lo hacen. Lo mismo con el ulte, que es como el tronco de la planta del cochayullo, nosotros casi no lo sacamos, porque al hacer eso, se termina la planta, nosotros sacamos lo que está maduro. Pero si la gente viene, y saca el ulte, no nos gusta, por eso. “También en la recolección del loco, resulta que el loco tiene su ciclo de vida, y en una etapa tiene que salir del agua y estar afuera un tiempo, y después volver al agua. Por eso, nosotros, solamente sacamos el loco que ya está grande, no el chico. Pero hay personas que nos ven recolectando, y quieren copiarnos, y van y sacan cualquier tamaño. “Pero con otros turistas, no tenemos problemas, al contrario. Vienen no con el ánimo de sacar algo, vienen ellos a descansar, a estar tranquilos, quizá nos pueden pedir que les mostremos el territorio, que vayamos como guías, o si necesitan algo, están dispuestos a pagar por ello. Y nos hemos dado cuenta de que hay personas que vienen, y hablando con ellos, resulta que nunca en su vida han visto el mar, y ¿por qué nos va a molestar que vengan? Pero estamos estudiando cómo sería lo del turismo, en qué términos se podría hacer, es algo que se está discutiendo en las comunidades.”

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CARAHUE HOY

VIII. La CIUDAD de CARAHUE

Esta

vista satelital nos muestra la ciudad de Carahue ocupando el promontorio entre el río Imperial y el río Damas (este último se ve como una línea oscura en la parte superior de la imagen). La historia de Carahue, así como de La Imperial, han sido determinadas por sus ríos. El emplazamiento mismo de la ciudad se debe a la confluencia de los dos ríos antes citados. Pedro de Valdivia valoró la importancia estratégica de ello, ya que estas defensas naturales protegían al fuerte de Anchacaba. La cercanía de tierras aptas para la agricultura fue otro factor importante que lo llevó a escoger esta ubicación, y también lo fueron la alta densidad de población, la abundancia de pesca en el río y la facilidad de las comunicaciones.

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Puente colgante: después de muchos años de lucha, los carahuinos consiguieron la construcción del puente colgante, lo que no solamente uniría los dos lados del río Imperial, sino que sería la puerta de entrada a Puerto Saavedra, Puerto Domínguez y el Lago Budi. Los vecinos argumentaban que:

“cuentan con inmensos paisajes por los paseos que pueden hacerse a las riberas de sus feraces ríos y otros lugares importantes y dignos de ser observados” En ausencia del puente, el cruce del río se hacía gracias al servicio de seis balseros, cuya labor se hacía absolutamente insuficiente para el tiempo de las cosechas. …el tránsito para las carretas se iniciaba a las 3 de la madrugada y se cerraba para la población a las 4 de la tarde. El puente era considerado una obra impostergable. Finalmente, en 1949, se inauguró el puente colgante de Carahue.

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Museo de Máquinas a vapor Durante varias décadas después de la fundación de Carahue, los inmensos bosques nativos de la cordillera de Nahuelbuta fueron el objeto de la explotación maderera, o mejor dicho, de una intensa sobre-explotación, para satisfacer la enorme demanda de maderas finas en la capital. Los aserraderos en plena montaña eran accionados por máquinas a vapor que usaban leña como combustible. Muchas de estas grandes máquinas, conocidas localmente como “locomóviles”, fueron importadas desde Alemania e Inglaterra. La época del vapor pertenece al pasado, pero en Carahue hoy existe el mayor museo al aire libre de máquinas a vapor de todo el mundo. Los aficionados a la época del vapor también pueden ver en nuestra ciudad un Museo de Locomotoras y vagones ubicado cerca del puente colgante de Carahue, además de un centro cultural construido en lo que eran las bodegas y boleterías de la estación de FFCC, en Villa Estación. La muestra de estas máquinas viene a complementar otra parte de la historia de Carahue: los vapores que surcaban el río Imperial desde el puerto fluvial de Carahue, y cuyo recuerdo es un elemento esencial de la identidad de los carahuinos. Es sabido, y él mismo nos los dice, que en esos vapores y esos trenes viajó muchas veces el joven Pablo Neruda.

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Durante

la primera mitad del siglo XX, la villa Estación fue el verdadero centro vital de Carahue. Ahí estaba la actividad del puerto y del ferrocarril. Los pasajeros desembarcaban del tren y se dirigían a los vapores. Entre ellos, frecuentemente caminaba uno llamado Neftalí Reyes. Ahí llegaban los convoyes de carretas cargadas desde la montaña, con todo tipo de productos. Toda esa pujante vida comercial y de tránsito de pasajeros, ya es cosa del pasado, pero en los últimos años la Villa Estación ha sido el escenario de varios proyectos encaminados a recuperar su patrimonio arquitectónico; se han realizado iniciativas de renovación urbana, y nuevas poblaciones han sido construidas. Villa Estación ha renacido. Para saber más sobre Villa Estación, su arquitectura, su pasado ferrocarrilero y ver fotos recientes, le recomendamos visitar una excelente página web: www.biblioredes.cl/BiblioRed/Nosotros+En+Internet/mibarriolavillae stacion/Villa+Estacion.htm

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LA FUNDACION DE LA IMPERIAL (1552) Gerónimo de Bibar, en Crónica y Relación Copiosa y Verdadera de los Reynos de Chile, nos habla sobre el día en que Pedro de Valdivia decide fundar la Imperial: “Como el gobernador hallase tan buen sitio y en tan buena comarca y tan apacible y que allí podía pagar a los conquistadores su trabajo y dales muy bien de comer, fundó allí una ciudad e intitulola La Imperial. Pasa por ella el río Cautén hondo y muy poderoso. Pasa otro pequeño río por un lado de la ciudad. Luego puso por obra hacer un fuerte encima de la loma donde había de ser la ciudad en que dejase la gente que le pareciese para volverse con quince o veinte hombres a la ciudad de la Concepción. Luego se entendió en hacer una cava y casas y en recoger comida para que quedasen apercibidos y que no les faltase. Esta es una loma que está sobre el río Cautén. Es tierra doblada, en partes llana; es tierra muy poblada; no tiene el monte legua y media de donde se trae la madera para las casas”.

¿QUÉ QUEDA DE LA IMPERIAL? Se dice que unas balas de cañón han sido recuperadas, y están a la vista en el Museo Araucano de Temuco. Se supone que unas campanas de oro esperan ser recuperadas del fondo del río Damas. Pero Eliana Navarro, poeta sin igual, en su obra La ciudad que fue, que se reproduce a continuación, ha capturado ese extraño recuerdo de la Imperial, que no es recuerdo sino ensoñación; alusión a eventos épicos, distantes, arraigados en la cercanía de estas colinas y estos ríos:

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CARAHUE: CIUDAD QUE FUE Eliana Navarro

A la memoria de mi amigo Waldo Muñoz

Ciudad que fue, Imperial, la lejana, de bosques y de trigos coronada, batida por el puelche, acariciada por el cantar del río flauta de verde música y de plata. Estremecida por el galope ronco de caballos, por la lenta salmodia de los indios, por el rumor de la selva araucana: fragancia y canto, oscuridad y llama. El río va arrastrando en la noche tus sueños, tus sombras legendarias. Don Alonso de Ercilla desenvaina su espada y su corcel manchado de súbito relámpago, atraviesa la noche como una sementera desplegada. Suena el grito guerrero de la indiada, estallan las hogueras y las pisadas de los pies descalzos vibran con el fragor de una resaca. Sur indómito y dulce, cuna de los trigales, el corazón del viento te entrega sus secretos. Te rodea la lluvia con sus cortinas frágiles, te ciñen las estrellas inmensas, extasiadas. Vuelvo a mirarte, te contemplo en sueños, entre voces lejanas, y cruzo tus caminos al lado de mi padre, desentraño tu selva y en su pura fragancia como en un mar oscuro me sumerjo, para volver al sol, al aire de mi infancia.


CARAHUE HOY

IX. TROVOLHUE

Trovolhue siempre ha sido, por excelencia, el lugar de entrada a los cordones

montañosos, a los bosques y quebradas de la Cordillera de Nahuelbuta, aunque de bosques ya queda bastante menos que antes. En Trovolhue confluyen varios cursos de agua, que ahí dan origen al río Moncul. Es una localidad habitada desde muy antiguo por comunidades mapuches. En 1924, el Diccionario Jeográfico de Chile describía así a Trovolhue:

Trovolhue

38º 39’ 73º 18’ (Lugarejo) Es de corto caserío, reune las producciones agrícolas i las maderas de la comarca i se encuentra en la orilla de la laguna del mismo nombre; fué mandado fundar en terrenos fiscales por decreto de 27 de junio de 1895, el que fué anulado por el de 1º de setiembre de 1900. La ciudad de Trovolhue antiguamente estaba concentrada en las tierras más bajas del lugar donde confluyen varios esteros que bajan de la Cordillera de Nahuelbuta, dando origen al río Moncul. Pero hoy la mayoría de sus casas están en las faldas de los cerros. La Sra. Humilde Durán Robles nos explica que el pueblo de Trovolhue, en su presente ubicación, fue fundado por el padre Pedro Pablo Contreras. Porque, con el terremoto del ’60, los bajos donde antes estaba emplazada la ciudad, quedaron muy expuestos a las inundaciones. “Pero no todos quisieron venirse, y quedan muchas casas en el bajo”.

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Don Teobaldo Burgos Ríos, 70 años “Yo nací el año 1938 en Puyangue que queda hacía la costa, después me hice jovencito en Chomío, después de Chomío me fui a Temuco a trabajar y hice mi servicio militar como reconocimiento de ciudadano chileno y después ya me fui para Santiago. En Santiago estuve 45 años trabajando y lo primero que tuve fue una compañera y esa compañera era casada y enviudó y tenía 6 niños, yo me hice cargo de esos 6 niños y me dio a mí 2. Así que trabajé allá con mis hijos los crié, les di buena educación y después a los años ya se fueron, me dejaron solo y total después ya me jubilé yo y jubiló mi compañera también que estamos juntos, vivimos en la población Villagrán, ahí estamos los dos viviendo hasta el día de hoy y acá mi trabajo mío es como coordinador de adultos mayores y como Junta de vecinos, siempre tratando de hacer el bien a la comunidad, este es mi trabajo desde que soy jubilado. “Entonces ahí me entretengo, paso mi tiempo, en veces alegrones, en veces amargos ratos también, por hacer el bien a la comunidad, eso es lo que yo hago a este tiempo que todavía existo acá, y acá hacen 8 años que vine acá, compré ahí, tengo mi propiedad también y hice una casita y en Santiago también tengo mi casita con esfuerzo, porque así no más no lo viví así 45 años en Santiago, lo viví trabajando y tuve todo lo que tengo y tuve mis ocho hijos que los crié y ahora estoy acá que hacen 8 años que estoy, pero mis hijos están conmigo, vienen y también voy, y ese es mi sistema de vida que yo tengo acá por la parte de mi persona, eso es lo mío. Porqué lo eligen en organizaciones comunitarias:

“Esa parte es un poco… ni yo conozco esa parte, no sé, la gente me elige a mí porque yo siempre comparto con las autoridades municipales y cosas así. Entonces no sé, ellos me eligen como coordinador de adultos mayores porque pertenezco a un grupo de adultos mayores que se llama “el Proleto” aquí en Trovolhue, llevo 5 años con ellos y los 5 años he estado como dirigente con ellos. Después, el dirigente que había, a mí me llevó a Carahue y me eligieron allá 4 años, un año fui reemplazante de mi presidente, trabajé con 24 grupos de adultos mayores como coordinador, y quién está en esto? Está el señor alcalde

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que es Don Héctor Figueroa, está el sostenedor de la república también está con nosotros y esa es la vida que tengo yo acá, me entretengo porque para mí es como vivir más amplio, tener comunicación con la gente, me entretengo acá porque no tengo otro trabajo, yo trabajo mi huerta, hago las cosas de mi casa no más. “En los años cuando yo tendría mis 10 -12 años veníamos de Chomío, veníamos a buscar madera por estos lados. En esos años había una fábrica de frutilla…Trovolhue quedaba en la parte de abajo y después del maremoto si vino por acá. Era bonito Trovolhue, paro uno que era del campo era bonito Trovolhue pero ahora con los años cuando uno a recorrido muchas partes… era un pueblecito abandonado existía mucho la pobreza no había como para que se ganara la vida la gente sino que atacaban la parte de la madera en esos años, había mucha madera nativa entonces habían hartos bancos, y explotaban el bosque nativo y lo vendían. “En esos tiempos existían mucho los durmientes que llevaban para los carros de ferrocarriles, se llevaban eso, los ferrocarriles y se transportaban porque aquí ya habián veces que nosotros como trabajábamos con mi padrastro porque mi padre falleció muy joven, entonces fletábamos madera de aquí de Trovolhue a Carahue, sus 20 -30 carretas y se llevaban las maderas, se hablaba de pulgadas… “Trovolhue siempre ha sido así, ahora está un poco más moderno, pero en esos tiempos eran caminos que a los bueyes había que darle firme para poder salir con las carretas porque había el barro, era terrible… “el sistema de vida, bueno, no es bueno, acá faltan muchas cosas, nosotros peleamos por el camino que tenemos de Puerto Peral a Trovolhue, estamos luchando por eso para que se haga realidad y se haga para que cree vida aquí en Trovolhue porque de aquí, de allá, en vez de tener esos terminales de Santiago a Carahue, nosotros los tendríamos aquí a lo mejor, terminales en Trovolhue al estar buena la carretera. Y de aquí los pensamientos que tenemos que se arreglará de esto a Tirúa y de aquí habría una cosa así hacía Concepción, y se haría una plaza de trabajo para mucha gente y se le daría vida a Trovolhue, esos son los pensamientos que tenemos nosotros los que

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estamos en esa parte, porque lo que más importa acá es que queremos que sea esto para que lleguen de lleno esos proyectos de plata y todo eso para dar el salto, queremos que llegue aquí en Trovolhue, que no llegue a Carahue, que pase por acá, esto se está pensando acá que se haga comuna esto, tratamos ojalá que se cumplan estos pensamientos que tenemos nosotros, que se arregle esta zona, que se arregle este pueblo que tenga vida, deseamos que venga un banco, un tribunal queremos que este acá, que venga un supermercado, que venga fuente de trabajo, y como? Que venga algún empresario grande que les den trabajo a la gente porque aquí ya son poco la gente estamos quedando casi todos ya la vejez de nosotros que estamos acá viviendo porque la juventud tiene que salir todos tienen que salir a otros lados, eso queremos nosotros, que esto se haga plaza de turismo como la laguna, que la gente llegue acá que baje por acá, eso, tenemos esas lindas playas que tenemos, también que se les dn uso a esas partes para que algo quedé acá. Se está peleando por algo que es muy importante y de a poco va a tener que salir por adelante esto, que se cumplan estos pensamientos y estas proyectaciones que se está haciendo, sobretodo el mismo río que se está haciendo aquí, queremos que se haga una zona acá con los botes y quedaría acá una zona como tipo piscina, cosa que en el verano se le dé vida y llegue gente acá a esto, es lo que se está peleando en este momento y en esto hay mi persona también luchando por el bienestar de Trovolhue. Y eso lo a que estamos aspirando y luchando. Ojalá que yo alcance a ver lo que nosotros estamos tratando que salga adelante para la juventud. Ahora tenemos colegio acá, que es un colegio técnico que está para este año, para el fin de año a lo mejor estará terminado para que el otro año ojalá esté estudiando la juventud, cosa que dé buenos entendimientos, de algo que sirva para la zona. Se trata de esto, y eso es lo que queremos nosotros acá que sea algo importante para Trovolhue. Es un pueblo de tradición que tenemos nosotros acá y siempre lo respetamos como pueblo antiguo y está dentro de la Araucanía, entonces es como un pueblo histórico que es poco conocido pero existe, entonces tenemos que darle un valor, yo para mí le doy un valor, por eso pedimos que venga algo, que se haga para que se vea vida acá, eso es lo que estamos pidiendo. Pero el pueblo, yo lo tengo como un pueblo de historia, poco se nombra pero existe, entonces

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yo estoy de acuerdo que siempre se escuche Trovolhue porque es como una reliquia que hay aquí.

Don Raúl Contreras Bastías, de 65 años, nació en Bajo Yupehue, pero vivió

gran parte de su vida en Trovolhue. Ahora comparte su tiempo entre Santiago y Trovolhue. Siempre participó en organizaciones comunitarias que lucharon por el adelanto, por ejemplo para conseguir agua potable y alumbrado eléctrico, cosas que se hicieron realidad. Hoy comparte la idea de hacer de Trovolhue una comuna independiente, “para que tenga todos los servicios, Registro Civil, bancos, se puedan tramitar proyectos aquí mismo”. En el ámbito productivo, don Raúl recuerda los frutillares, que le dieron fama a Trovolhue. “Fueron muy importante acá, y mucha gente ganó plata. Había una

fábrica de frutillas en Carahue, pero se terminó. La frutilla blanca-rosada se perdió, esa era la buena. La madera también se ha ido terminando. Trovolhue se ha ido estancando.” Don Raúl también nos habló de la fábrica de tanino que hubo aquí en la década del ’40: En la montaña se volteaban los árboles, se les sacaba la cáscara para traerla a Trovolhue y hacer tanino. Los árboles quedaban botados, se perdía la madera.”

Silvia Carrasco, 45 años, técnico agrícola,

es hija de padre y madre originarios de Puerto Saavedra, que habían emigrado a Santiago, y que luego de muchos años visitaron Trovolhue, les gustó, se compraron un sitio y se vinieron a vivir acá. La Sra. Silvia por su trabajo también se vino al sur, primero a Valdivia “por el tema de las papas”, y después llegó a Trovolhue hace 12 años, en parte por su trabajo y en parte para acompañar a su padre que “ya tiene su buena edad”. Hoy la Sra. Silvia se dedica a la ganadería y a la crianza de abejas. Admira a las abejas por su incansable trabajo, y por su función esencial en los ciclos de la Naturaleza, “haciendo el 70% de la polinización total”. Considera que la apicultura tiene buen potencial en la zona de Trovolhue.

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En cuanto al avance logrado en términos de urbanización y desarrollo, la Sra. Silvia considera que se han visto ciertos avances, como la biblioteca pública, teléfono, un poco de pavimentación, pero en general “ha habido falta de

políticas gubernamentales suficientes para apoyar este sector de la costa y por eso que estamos atrasados.” Cree que lo más importante sería potenciar la parte productiva para que los jóvenes puedan quedarse, y no tengan que irse a buscar trabajo a otras partes.

La Sra. Felicia Delgado Contreras, 68 años, es nacida en Puyangue. Después de vivir unos años en Concepción y Santiago, volvió a Trovolhue, se casó, crió sus hijos acá, y ahora “estamos solitos los dos” con su marido. “Yo me dedico

a trabajar aquí por la comunidad para formar comité para el desarrollo de la localidad, para el asfalto participativo, formar las organizaciones y poder trabajar para que sea realidad, si no hay personas que lo puedan hacer entonces uno tiene el derecho de ponerse en su lugar y trabajar, y ayudar a organizar.” Por otro lado, hace como dos años que la Sra. Felicia se dedica a la apicultura. “Yo descubrí esto porque siempre mis padres fueron apicultores, yo continué con el rubro, porque me gustaba. Ahora coseché como doscientos kilos de miel”. “La localidad de Trovolhue me significa mucho porque yo aquí me eduqué en este pueblo, eduqué a mis hijos y he logrado de que mis hijos salieran a trabajar afuera con la poca educación que les di ellos pueden también ganar su vida pueden formar su hogar y trabajar en un lugar para ayudar a mucha gente. Para mí mucho valor tiene Trovolhue. Por eso que trabajo aquí dentro de la comunidad, trabajo en el comité de salud y en el comité de pavimentación participativa. Me encanta trabajar en la comunidad ayudar al que no puede, me muevo en ese sentido, ya los años me están llegando pero me siento todavía con vida para dar ayuda a los demás.”

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Silvia

Patricia Fuentes Sandoval, nacida en Trovolhue, ha vivido prácticamente toda su vida aquí. Es encargada de la Biblioteca Municipal y de Biblioredes, servicio gratuito que ofrece el único acceso a Internet en el pueblo. “Para mí este trabajo es importante porque puedo acercar parte de lo que es

conocimiento, de lo que es cultura a las personas de mi comunidad… Este proyecto ha sido, diría yo, una de las cosas más importantes dentro de mi trabajo, acercar parte de ese conocimiento, cumplir con el objetivo que es acortar la brecha entre las personas que sí saben, sí tienen acceso, sí tienen conocimiento y las personas que no saben. En una localidad pequeña es fundamental, porque durante los últimos 4 años y medio, el proyecto fue la única parte donde se podía acceder a Internet.” “De mi primera infancia, yo recuerdo el quehacer del cultivo de la frutilla, la venta de la madera, la agricultura con la producción de papas y algunos cereales. Trovolhue tenía más comercio que hoy en día en el sentido de que había más movimiento, llegaba la gente a vender sus productos, a comprar mientras que hoy muchos van a Carahue o Temuco.” “Trovolhue tiene proyección en la medida que todas las personas pongamos como norte que haya progreso, porque todo lo que se ha logrado en este pueblo, los beneficios, todos los logros que han sido importantes vinieron de esfuerzos de la comunidad, de las personas y de las fuerzas organizadas” “Yo pienso que la sustentabilidad del desarrollo va por la parte turística, pero será cuando existan caminos en buenas condiciones, cuando nosotros tengamos algo que ofrecer como crear diferentes cosas para que la gente pueda llegar, rescatar lo que tenemos y en base a lo que tenemos ofrecer como un producto a los turistas. Yo pienso que eso va a ser el desarrollo futuro de Trovolhue, no va ser cercano, y no va a ser fácil ni rápido pero por ahí va.” Trovolhue puede aprovechar los paisajes, la belleza natural que Trovolhue tiene, y en base a esa belleza fomentar el turismo, yo insisto que en gran parte

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el turismo y las microempresas van a hacer que Trovolhue pueda salir adelante, porque no podemos esperar a que vengan personas de afuera o grandes capitales, sino que en la medida que nosotros queramos hacer cosas y tengamos la iniciativa, como ya tenemos productores de miel, tenemos productores de papas, de avellanas, entonces será en la medida que nosotros demos a conocerlos, en la medida que esos bienes por decirlo así, se ofrezcan.”

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CARAHUE HOY

X. NEHUENTUE

El Pilpilén

Miguel

Bonifay, Presidente del Comité de Desarrollo Local de Nehuentúe, se ha impuesto una misión en la vida: desarrollar el turismo en su comunidad, especialmente el eco-turismo de la naturaleza no intervenida del estuario y los humedales.

Ante vecinos y autoridades, don Miguel lleva adelante su campaña, incansablemente, con paciencia y determinación. Sus armas de combate son su entusiasmo y su amor por la naturaleza. Porque don Miguel está comprometido con el futuro turístico de Nehuentúe. Hace unos años, adquirió una lancha en la que saca a los turistas, los lleva a la barra, los lleva a la laguna de Trovolhue, recorre con ellos los humedales, a veces en viajes nocturnos en que la vida acuática y de las aves es ¡extraordinaria! – ¡Cuánta actividad! , ¡Cuántos sonidos! - una sinfonía silvestre de graznidos y chillidos, peces que

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rompen la superficie bruscamente, veloces, dejando a su paso una estela fosforescente, una huella luminosa junto al bote. Una vez, sus pasajeros habían venido especialmente desde Europa a estudiar la fauna de los humedales, estuvieron toda la noche en el bote, entre los juncos, estudiando insectos y pequeños crustáceos. Para el común de los humanos, don Miguel ha diseñado varias rutas que duran uno, dos, o tres días. Una ruta parte desde Trovolhue, pasa por la laguna y los humedales, bajando el río Moncul hasta Nehuentúe, y después el estuario, hasta Puerto Saavedra; alojamiento en el puerto, traslado al lago Budi y de ahí hasta Puerto Domínguez. Otra ruta parte de Nehuentúe, recorre el estuario y la barra, y después remonta el río Imperial hasta Tranapuente. Don Miguel puede hablar horas, días enteros, sobre las maravillas de este mundo acuático y su potencial para el desarrollo turístico: “… y no es

solamente para los extranjeros, ¿Saben Ustedes que hay mucha gente aquí en la Araucanía, que nunca ha visto el mar?” Y continúa don Miguel: “La localidad de Nehuentúe tiene bellezas naturales

que difícilmente se encuentran en otros lugares porque tiene 2 ríos importantes, una zona costera de mar, alrededor de 18-20 Km. de pura arena, de arena limpia, blanca, hartas dunas, tiene bastante pesca, tiene posibilidad de cultivo de choro, tiene cerros como para hacer trekking creo que se llama ahora, caminatas o andar a caballo tiene una desembocadura espectacular.”

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M

anuel Salas Palma, de 71 años de edad, nació en Nehuentúe. Ha sido pescador desde los 10 años, en el Budi, en Puerto Saavedra y en Nehuentúe. También ha sido marisqueador en la playa de Moncul.

“Aquí en Nehuentúe me dedico a la pesca, siempre me he dedicado a esto, pescábamos Lisa, Pejerrey, Huaiquile” “… la rutina diaria de uno, era nada más que llegar en la mañana, entregar el pescado y en seguida tomar redes y componer los hilos. Entonces en el día hacía uno eso, dormía un poco, pescaba sus redes y componía los hilos, llegaba la tarde, ya dejaba de componer, arreglaba sus redes, tomaba once y vamos a pescar de nuevo…” “La macha, lo mismo. Las machas las entregábamos por $150 cuando teníamos que echarnos 800 machas en más de 3.000 – 4.000 metros. Andar con un saco al hombro de 80 kilos no era muy bonito...llegábamos bien contentos a la casa, a dormir no más” “…nadie nos manda. Entonces para uno está bien así, no tenía patrón no tenia nada, entonces uno vivía su vida, en cambio ahora la gente tiene su patrón y su patrón si no llegaste el día lunes te fuiste del trabajo no más. Nosotros gracias a Dios que vivimos la vida así. No tenemos acceso a libreta, a nada de eso, pero tenemos mas libertad que trabajar apatronado, porque apatronado tiene que estar uno al pie del cañón y por bonito que sea de corbatita y todo eso, tiene que estar al pie del cañón, y si no vino, muy buena explicación tiene que tener al otro día...” Sugerencias de don Manuel para fomentar el turismo en Nehuentúe: “que hubieran más lugares donde la gente pudiera alojar, no es necesario que hayan hoteles sino una casa limpia y bien acomodadita para la gente que viene a visitar nuestro lugar… Nehuentúe ofrece al turista sus pescados, choros, machas, todas esas cosas que para el turista son novedosas, y aquí está la papa, si quieren llevar ahí donde Don Mario Álvarez hay papas para llevar.”

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Mario Omegna, hace 20 años vivía en Temuco, pero nos cuenta que se hastió de la vida en Temuco “que está tan agitada y opté por elegir algún lugar para irme a vivir y estar más tranquilo…” En Nehuentúe se dedicó al comercio, y siempre ha participado como dirigente en organizaciones comunitarias. Durante varios años fue presidente de la Junta de Vecinos. Nos cuenta que hoy, una de sus grandes satisfacciones es ser entrenador del Club Deportivo de Football Femenino: “hace un par de meses

atrás salimos campeones nacionales en la competencia en Ovalle. Entonces son satisfacciones que uno se va dando a través del tiempo.” Recuerda las inundaciones en Nehuentúe, que hoy son cosa del pasado: “uno

de los problemas más grandes que teníamos años atrás eran las inundaciones usted ve mi casa acá, y el local comercial; cuando había inundaciones, caso anecdótico, en varias oportunidades tuve que atender el negocio con pantalones de buzo, me faltaba ponerme la pura casaca para arriba no más, las puertas del local son amplias, ahí entraban en botes adentro del negocio… La plaza acá por ejemplo, los botes traficaban por sobre la plaza, los asientos no se veían.” ¿Don Mario, ¿ Qué tiene de especial Nehuentúe que no lo tiene otro lugar?

“Una cosa serían sus paisajes, eso me hizo venirme para acá, como 14 km. de playas vírgenes, hoy en día no hay una playa tan limpia como esa, tan extensa, con arenas tan hermosas, unos paisaje tan preciosos, pero no hemos sabido valorizar lo lindo que es Nehuentúe.”

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CARAHUE HOY

XI. TRANAPUENTE Ubicada en el costado norte del río Imperial, la localidad de Tranapuente está

a mitad de camino entre Carahue y Nehuentúe, en el cruce con la Carretera de la Costa. Esta es una ubicación estratégica dentro de la red vial de la Araucanía, que permite el acceso a todo el borde costero de Carahue, y a sus playas de Moncul, Hueñalihuén, Lobería, Casa de Piedra, y otras. Desde Tranapuente, en minutos se llega a Nehuentúe, desde donde se puede visitar los humedales. Además, en Tranapuente la Carretera de la Costa cruza el río Imperial, permitiendo llegar en cosa de minutos a Puerto Saavedra y al lago Budi. Por su ubicación privilegiada, algunos vecinos de Tranapuente comienzan a proyectar la oferta de servicios a los turistas que están de paso: alojamiento y provisiones, y también una oferta turística propia, cuyas características falta definir, para aprovechar el río y la tradición agrícola de la zona, como veremos en los siguientes testimonios:

Leonardo Cabrera Pinto, 48 años, nacido y criado en Tranapuente: “Siempre me he dedicado a la agricultura, cultivo papas y trigo que es lo más rentable hoy día. “Me fui yo un tiempo por razones de trabajo, para los agricultores hubo años muy malos y estuve 2 años en Temuco, me enfermé por el hecho de vivir en Temuco, en el pueblo, en la ciudad, yo no soy una persona que me voy a hallar, hoy día voy a Temuco por el día y me vengo, hago mis cosas y me vengo, a pesar de que hay toda mi familia allá, pero no me aguantaba yo, era muy difícil que me quedara a alojar allá, y venirme al otro día porque eso me enferma a mí la ciudad y cuando voy a Carahue, voy y vuelvo también. En este momento no estoy viviendo en Tranapuente, estoy viviendo en la isla Doña Inés, es la isla que supuestamente era fiscal antiguamente. Está ubicada

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en el sector de Pichingual en el río Imperial más o menos a 4 kilómetros de Tranapuente hacia Nehuentúe, son 40 hectáreas la isla, está al medio del río. En la isla vivo yo con un hijo no más y nadie más. Vivo ahí porque es de nosotros la isla. Nadie más viene ahí, porque es algo particular, puede ir a mirar, a conocer la isla pero nada más. Ahí vino el Presidente Errázuriz cuando vivía ahí, tenía un chalet ahí, el Presidente asistió cuando vino a inaugurar el ferrocarril en Temuco, él se vino a alojar aquí.” “La isla iba siempre en paquete con el fundo Nehuentúe que hoy día es de Mario Álvarez, entonces antiguamente mi papá trabajó con Don Mario Álvarez y en el tiempo de la Unidad Popular supuestamente la querían tomar,… y ahí Don Mario se la ofreció a mi papá y la compró él. Mi papá fue agricultor toda su vida también acá en Tranapuente.” Recuerdos de Tranapuente años atrás:

Cuando yo estudié aquí había mucha juventud en ese entonces, la juventud no estaba como para irse como hoy día a la ciudad, irse a estudiar a la escuela básica después enseñanza media, hoy día prácticamente la juventud no vuelve hacia atrás, echa sus raíces en el pueblo donde está funcionando su trabajo, y realmente si vienen acá vienen a ver a su papá y se van no más. Por eso aquí, es muy lindo para vivir pero aquí se está quedando con mucha gente adulta, hay poca juventud.” “Entonces yo me recuerdo que cuando tenía como 12 años, para la Semana Santa aquí salíamos a pescar, nos juntábamos aquí del puro sector de aquí de los alrededores 30-40 botes a pescar al río al frente y salía pescado y ahora uno sale aquí ni hay ni un bote ni pescado, era una cosa muy linda, antiguamente era muy lindo. Se perdió por lo mismo por la falta de juventud, porque todos tenían que migrar por trabajo, por estudio y trabajo. Hoy día uno que no tiene estudio igual se va a trabajar de temporero y después se queda por allá y el que no, es profesional. Proyección de Tranapuente a futuro:

Le veo proyección a Tranapuente, pienso que va a llegar más gente a vivir por la calidad de vida, por la tranquilidad, aquí hay gente muy sana, Tranapuente es muy sano para vivir, en este sentido es muy tranquilo, es muy bonito,

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tenemos buena locomoción que es lo importante hoy día, antiguamente no existía eso, buenos caminos todo está casi asfaltado, ahora si asfaltan la carretera de la costa mucho mejor. “Para desarrollarse le falta algo más relacionado con el turismo, darle un poquito más de brillo a Tranapuente, algo más vistoso como la ribera que se está perdiendo, algo muy lindo se podría hacer, algo tipo Nehuentúe, una defensa buena y yo pienso que le daríamos otro toque a Tranapuente. “Llevo años pensando desarrollar el turismo con mi hijo que está conmigo y tiene mucha visión en este sentido del turismo, en la isla hemos pensado en eso pero chocamos en la parte monetaria. El turismo aquí no se ha desarrollado porque es mucha la inversión, porque estamos en cero, entonces es mucha la inversión en el sentido de proyectarse a un turismo más moderno. “A mí aquí me gustaría hacer un turismo tipo granja, y se puede tener bote, tener unos caballos ensillados para cabalgatas, me estoy dedicando a la parte ovina, entonces todas esas cosas son novedosas para la gente que viene de afuera, para el turista. El turista no puede ir todo el tiempo a lo mismo, por eso hay que ir innovando en este sentido, aquí hay partes muy lindas, con una lancha uno recorre hasta Carahue, o llega a Trovolhue, de Trovolhue llega a Puerto Saavedra, después a Nehuentúe, todo eso lo recorrimos en una lanchita. “Tranapuente no está aislado, tiene buena locomoción, tranquilo, muy bonito, está cerca del mar tiene río al pie, tiene donde salir para recorrer por cualquier lado, para el lado que se de vuelta aquí en Tranapuente, va ir a algo relacionado con el turismo.” “Por la tranquilidad y porque hoy el campo no lo cambiaría por nada, y menos aquí donde se vive en este sector. Es importante crear iniciativas para conservar esos lugares y para que no se vaya la gente, si hubiera posibilidades de trabajo por la juventud, que se echen raíces aquí, que formen familias aquí y no se vayan.

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José Florenco Peña Salazar, 82 años, lleva 60 viviendo en Tranapuente:

“Yo conocí Tranapuente cuando era una escuelita allá abajo, hecha de material ligero, un cerco de tranquilla, unas casas de paja, que antes se usaba mucho el techo de paja. Aquí estaba la casa del fundo frente a las palmeras, y las casas de la cocina del fundo conocí yo en esas épocas, los Duhalde eran los dueños de esas casas. Ellos trabajaban en la agricultura, tenían una quinta grande, en esos años se trabajaba a puro arado con bueyes, en ese tiempo venía gente del norte a trabajar, se cortaba el trigo, la avena a hechona, todo esto de Tranapuente y Chomío más abajo eran los campos que ellos tenían… Tranapuente ha cambiado en la población, la escuela, una posta, hay comité de agricultores, arreglos en los caminos, esta escuela acá en Tranapuente fue de bastante prestigio - muchos niños venian acá, mis hijos terminaron octavo aquí.” “Yo toda mi vida trabajé en la agricultura en medias, después arrendé y luego estuve con un caballero Neira 27 años. A mí me gustaría que la agricultura continuara existiendo por muchos años más, que acá en Tranapuente hubiera una escuela agrícola, donde los jóvenes de aquí no se fueran y aprendieran eso, porque la agricultura es sana, es la alimentación, y la alimentación no es solo para la gente de campo, la gente del pueblo vive de lo que produce el campesino.”

Osvaldo Enrique Galindo Monsalvez, de 67 años, nacido y criado en esta zona de Tranapuente:

“Mis primeros pasos en la educación fueron en la escuela primaria Nº 53 ahí hice mi educación básica en el año 1948 hasta el año 1954. Después pasé a educarme en el liceo de Temuco y actualmente vivo en Santiago. Me fui a los 20 años a Santiago por motivos personales. Tengo mis raíces acá, todas mis raíces y eso es lo que le he inculcado a mis 3 hijos, les he inculcado fuertemente, y no pienso perder mi pedazo de tierra que tengo, porque son mis raíces y son las raíces de ellos. Eso es lo que significa Tranapuente para mí. “Lo bonito era cuando éramos niños porque todas eran familias numerosas, esto aquí eran los patios, llenos de niños, ciento de niños… son recuerdos hermosos. En las casas había solamente los profesores y el director y todos los

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niños venían de dos – tres kilómetros o más caminado yo también vine caminando a los 6-7 años como dos o tres kilómetros, para llegar a este colegio todos los días, no como ahora, cierto. En ese tiempo en la escuela había por curso mínimo 45-50 alumnos en el colegio en esa época. En esta época no había comercio, no había nada. La gente se sustentaba de la agricultura solamente. “Había vapores también en ese tiempo, estaban muy bonitos, viajé en algunos de ellos. Pasaba por aquí en Tranapuente a las 8.00 y llegaba (a Carahue) como a las 11.00 – 10.30 porque debía llegar antes de un tren que salía a las 12.00 hacia Temuco. Proyecciones de Tranapuente a futuro:

“Creo que se puede proyectar en algunos años más Tranapuente con educación, con un liceo para que la gente no tenga que irse de acá, ojalá fuera técnico. Le veo poca proyección turística a la localidad, de paso no más porque veo que Puerto Saavedra, lago Budi, Nehuentúe, la carretera de la costa va a ser de paso solamente. “Le veo poca proyección turística a la localidad, de paso no más porque veo que Puerto Saavedra, lago Budi, Nehuentúe, la carretera de la costa va a ser de paso solamente, tenemos más allá playas mucho mejor que las que tenemos acá.” “La posibilidad de desarrollo turístico sería lo de la granja ecológica, tener los botes, tener los caballos, tener las ovejas para los niños. Yo llevo mis niños y mis nietos para que conozcan ese tema, pero yo sé que hay niños en las ciudades que no conocen ese medio, conocen solamente donde están, pero no el campo, la costa, los ríos.

Robustiano Ailio, 65 años, nacido en Tranapuente: “Me dedico ahora a la agricultura, no siempre me he dedicado porque hubo un tiempo también, que todo joven sale a trabajar, estuve trabajando como 10 años en Santiago, me vine por acá después en el ‘ 70. Me fui porque no había fuente de trabajo, y cuando volví me dediqué a la agricultura. Volví porque me fue mal en cuanto a la salud, me enfermé y no tuve la capacidad para seguir trabajando en el pueblo. Y con la agricultura me ha ido bien, no mal, pero ha estado bien.

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Tranapuente años atrás:

Tranapuente se desarrolló bastante, antes era muy pequeño, tenía como unas 4 casitas, eso no queda, ahora hay su escuela, su internado, eso era Tranapuente, era bueno. Yo no tuve la oportunidad venir al colegio aquí. Estudié en Pichingual, tenía hasta cuarto y fui hasta los 13 años a la escuela, después no fui nunca más. Pero venían aquí a Tranapuente muchos vecinos venian acá. Para mí, Tranapuente en mi tiempo de escuela Tranapuente era una escuela muy superior a Pichingual, Pichingual era una escuela donde uno podía ir a pata pelada, descalzo con su cuaderno pero aquí era superior. Era superior en la enseñanza, en presentación también. No iba a ir uno en descalzo a la escuela. Para mi vida Tranapuente ha tenido un buen significado por los medios de comunicación, en ese tiempo, de correos. Tranapuente era una escuela muy buena, era la única parte donde podía haber comunicación, un correo todo eso, y aparte de la escuela había un pequeño negocito como de campo. A mí me gusta vivir en Tranapuente porque como pequeño agricultor donde uno vive en su campo es más libre donde uno puede criar una gallina, un chanchito, una vaquita y en otros lugares no. Me gusta vivir donde vivo yo porque uno lo identifica como su lugar. Para mí Tranapuente si tendría un desarrollo tendría un significado. Donde podría haber más comunicación entre la población y el vecindario de Tranapuente. Desarrollo de Tranapuente:

Para que se desarrolle Tranapuente habría que prepararlo también, pienso yo que con una buena preparación podría hacerse un desarrollo como en conjunto, un desarrollo entre escuela y en el sector. Me parecería bien que Tranapuente se desarrollara y sería perfecto que se desarrollara en el ámbito turístico. Porque habría más comercio y sería más conocido. Yo creo que sería mejor que se desarrollara conservando su propia naturaleza para no perder su tradición, su identidad. ***

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CARAHUE HOY

XII. SANTA CELIA

Santa Celia es un sector al norponiente de Carahue, en la cordillera de Nahuelbuta. Antiguamente fue un solo fundo de 5.000 hectáreas, que empleaba a muchos medieros. Luego, a mediados del siglo pasado, el gobierno lo adquirió para dividirlo y entregarlo a la gente en parcelas, que iban desde aproximadamente 30 a 40 hectáreas. Existe un aura de misterio que rodea a Santa Celia, por las minas y lavaderos de oro de los ríos Colico, el Pantano, y el Lucero, que ya fueron explotadas en tiempos de la Imperial. Existió allá por las décadas de 1930 y 1940 una gran compañía minera en Santa Celia que usó la técnica del pistoneo, mediante enormes mangueras y chorros de agua, literalmente se desintegraban los cerros, para pasar el material por canoas y extraer el mineral. Cuando empezó a disminuir el oro, la compañía se terminó. Nuevamente, el gobierno dividió los terrenos al borde del río Colico, entregándole 3 o 4 hectáreas a cada familia de mineros. Después anduvo la Colonia Dignidad mineando a lo largo del río Colico. También estuvieron unas pequeñas compañías de norteamericanos. Hoy continúa la minería a muy pequeña escala, siendo la agricultura la principal actividad. De gran belleza escénica, el sector atrae a muchos veraneantes en verano.

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Liliana Suazo Fonseca, 27 años: “Soy de Santa Celia Las Minas y toda mi vida he vivido acá. Para mi lo más importante es vivir aquí, no me imagino en otro lugar, entonces soy totalmente campesina. Tengo 27 años. Nací acá, estudié en el colegio, nunca he salido de acá. La minería:

“Siempre se ha caracterizado Santa Celia por la historia de las minas. Por ejemplo, cuando era chica mi papá trabajaba en la agricultura unos poquitos meses y después totalmente minero, me acuerdo que mi infancia ha sido la mejor de todos mis hermanos, porque yo me crié con todo gracias a la mina, no faltaba leche, yo creo que yo era la más regodeona, tomaba pura leche. Entonces yo me crié con todo. Había mucha abundancia en el oro entonces, cuando era chica estaba mineando super bien. En el Lucero me acuerdo que fue mineando igual. Estuvo sacando harto, entonces no nos faltaba nada. En cuanto a accidentes, de lo que me recuerdo, no murieron muchos mineros, pero antiguamente dicen que sí porque los trabajos eran profundos y se intoxicaban, los mineros no tenían las condiciones para trabajar tanto y ahí se les terminaba el aire y ahí se intoxicaban. El turismo:

“Yo estoy tratando de hacer turismo, hago turismo en pequeñas cantidades, o sea no soy una gran empresaria del turismo pero voy para allá, es eso que quiero algún día. Definiría el turismo que desarrollo como un “turismo rural”. Por ejemplo, yo acá el turista si llega, yo le ofrezco puras cosas de acá del sector, productos naturales, cosas de acá, nada que tenga que ver con mucha tecnología ni cosas así, lo más rustico posible, un mesón con tablas gruesas, no sé, un tronco para sentarse y cosas así, fogón para hacer asado, a ese tipo de cosas, a ese tipo de turismo estoy enfocada. Podría ser un turismo con identidad local, a eso quiero llegar yo. Totalmente de acá de la zona.

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“Para mí es muy importante desarrollar eso en mi vida, porque es la posibilidad para quedarme yo acá y hacer las cosas que a mí me gustan y al mismo tiempo tener una fuente laboral para tener dinero. La localidad de Santa Celia para mí es todo, mis raíces, mi estabilidad, lo que yo quiero tener, todo, mi futuro. Para mí tiene cierto encanto, yo lo encuentro super bonito, mucha naturaleza, en otras partes uno no ve un árbol, todo loco que llega a dar pena, aquí todos los árboles producen mejor, son mas naturales, los ríos no están contaminados, todavía se vive una vida de campesino, la gente no es mala, no andan robando cosas así. Tipos de oferta turística:

“Yo ofrezco un tipo de camping para venir a acampar con su carpita, hay mesita para asado, las mesitas, el agua, hay baño, igual si quieren comida preparada, me llaman antes y yo cocino hago cazuela, asado, depende de lo que ellos quieren. Este año no he sacado todavía la cuenta pero debe ser como 100 personas que vinieron a camping. Incluso vinieron hartas personas que las dejé pasar como para que conocieran, para que dijeran “chuta, yo fui, estaba bonito” entonces yo no cobraba. Esa gente venía preferentemente de la comuna, de Carahue, de Temuco y otras personas de Santiago que venían a ver familiares acá en Carahue y los sacaban a hacer una vueltecita por el campo. Vinieron hartas personas de otras partes y venían con sus familiares acá. “La idea del camping se me nació a mí sola, en realidad no sabía lo que significaba turismo, yo solamente no quería que se destruyera las cosas bonitas que había al lado del río que era super bonito, es relajante, tranquilo y que otras personas igual podrían disfrutar de lo que yo disfrutaba, y ahí se me ocurrió hacer turismo, como para tener una fuente laboral y hacer lo que a ti te gusta, sin destruir la naturaleza y para no perjudicarle a nadie. Entonces eso quiero hacer, porque no se botan los árboles, no se cortan, no se queman, nada, se cuida más la naturaleza. Y mis vecinos ahora me han apoyado harto, todos me dicen que sí, sí, que si te falta algo ya no es tanto , ya me dan ánimo entonces es lo que más necesita uno, porque no sirve de nada que uno haga turismo y que otro quiera hundirte, hay super buenas intenciones, yo creo que

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mis vecinos cambiaron harto, porque antes no confiaban nada y ¿esta niña que está haciendo? ahora tienen más confianza, incluso ellos mismos yo creo que piensan en que puedan hacer algo y es bueno porque así hay más desarrollo para el sector.

Proyecciones de Santa Celia:

“En realidad como lo mío es el turismo, Santa Celia tiene harto futuro, depende de que uno le ponga harto empeño y siga luchando, porque todo no va a hacer ganar al tiro, y vamos ganando plata, tampoco no es tanto. Pero poniéndole harto empeño y poniéndole 10 años más, yo pienso que las cosas se van a arreglar, porque hay hartas partes lindas, y no solamente cerca del río donde vivo yo, entonces se pueden hacer hartas otras cosas como cabalgatas, cosas así. Me gustaría hacer cannopy aquí, porque como estamos en una parte super riscosa, está como ideal no hay para qué ponerle altura porque ya tiene la superficie perfecta. En el río se puede nadar, pescar, hacer hartas cosas, se puede poner botecito inflable porque igual hay partes como pozones hondos donde se acumula el agua entonces ahí hay harto espacio. Hay harta pesca en el río, está super buena la pesca deportiva en el río aquí. Sale salmón, el pintado y el arcoíris también sale, especies típicas de aquí. Con respecto a la parte histórica, igual deberían seguir los pirquineros porque podría servir para todo, para hacer turismo y no es prejudicial porque son pequeños pirquineros, no sacan una cantidad industrial, entonces no van a destruir tanto la naturaleza.

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Leyendas de Santa Celia:

“Aquí tengo hartas leyendas, y la que está más cerca de mi casa es la leyenda de la botella del caballero muerto:

“Cuentan los más antiguos que ahí vivía un minero y se encontró con una gran cantidad de oro, mineaba sólo, y su familia estaba en Carahue. Entonces, él le decía a la señora: yo voy a minear y después te voy a dejar para los hijos que tengo en Carahue. Entonces trabajaba toda la semana y se iba el fin de semana. Entonces le dijo a la señora “tengo tanto oro guardado en una botella y todos los días saco la misma cantidad”. Entonces ella comentando, no faltó el mamo que se enteró y dijo “vamos a quitarle la botella a este viejo para hacernos ricos”. Entonces vinieron, pero no con la intención de que el caballero se muriera. Lo vieron y le dijeron: “ya entréganos la botella” y él les dijo “no, es que tengo mi familia, y eso es para mantener a mi familia.” Entonces, a uno de ellos se le pasó la mano por ahí, y murió el caballero, y el caballero ya la tenía escondida la botella, y nadie sabe donde la escondió, entonces el caballero murió y nunca dijo donde estaba escondida la botella, y ahí quedó, ahora dicen que hay una botella entera llena de oro.”

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Don Daniel Godoy Campos, 76 años: “Llegué a los 7 años aquí en Santa Celia, vivíamos en El Peral antes, siempre nos trasladábamos donde había mas pega, y partimos cuando yo todavía era chico. Se vinieron porque donde vivían no había agricultura, había crianza de animales, ovejas, pero no daba el terreno para la agricultura. Entonces se vinieron aquí tenían dos yuntas de bueyes, hablo aquí en Santa Celia, y por eso lo aceptaron altiro y nos dieron un barbecho para sembrar 10 sacos de trigo, entonces ahí le vino bien, dijo: “vamos a ir donde haya mas pega” y nos vinimos y estuvimos viviendo al lado de las casas de Santa Celia 9 meses, y de ahí nos trasladaron aquí abajo donde vivimos ahora y de ahí no hemos salido. “Yo he trabajado en la agricultura, en minería también he trabajado pero no tanto que digamos. Me ha ido bien en la minería cuando trabajé aquí, en Colico sacamos bastante orito en el año sacamos 6 kilos 400 gramos, pero no bien trabajado el año, mas o menos, cuando en invierno era duro ahí no trabajábamos, se nos llenaba el trabajo de agua (y) no podíamos trabajar bien, había meses que no trabajábamos, pero siempre cuando trabajábamos en el tiempo bueno se ganaba plata, después trabajé como pirquinero en trabajos más chicos, se ganaba platita ahí también. “Trabajé como 10 años en la minería pero no seguido. Terminé porque tenía que trabajar en la agricultura para tener el alimento, porque acá es medio duro el trabajo de mina. El último año ahí me salió plata para hacer casa, para vivir un poquito mejor. Al inicio no trabajé en las cuadrillas que trabajaban en los trabajos grandes, trabajaba en la cuadrillas así no más, no teníamos las herramientas que necesitábamos, por eso fue…, y después ya teníamos de todo y nos ayudaba la ENAMI que nos daba trajes de agua, de todo, entonces ahí estábamos mejor. “En la agricultura todavía siembro a medias, tengo mi campito como para sostenerse, y cuando el suelo ya no da más le pongo animalitos. Que me den los animalitos dos vaquitas, si dan dos crías en el año, ya es plata.

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“Haber trabajado en la minería me hace orgullecer porque quien trabajaba debajo de la tierra donde trabajábamos ahí, cientos de metros, mas de cien metros trabajé yo ahí, era barretero. Entonces eso me hace orgullecer más del trabajo de mina, yo iba trabajando y iba mirando el oro, ahí salía el oro. La gente como es tan como un pollito, uno tiraba una palada a una carretilla, iba el material revuelto, entonces así no quedaba el oro encima para que sacaran la pintita y se la echaran al bolsillo. Entonces ahí había que tener mucho ojo, y el que no hacía eso llegaba y le echaba a la carretilla y el oro es tan tentativo que cualquiera dice “oh esa pintita” y después se la echan en el bolsillo. “Entonces yo no, yo sacaba el oro ahí, la echaba a la carretilla por allá y ahí había otro con la pala echándolo al tarro y le tiraban para arriba y arriba habían más donde vaciaban el tarro entonces en todos esos de arriba había que tener ojo para que todos ganaran igual y que no unos ganarán mas y otros menos. “Donde trabajé yo, la cantidad más grande fueron 180 gramos en el día, eso es lo más grande, pero todos los días había arriba de 100 gramos, 120, 125, 130, 150, pero era raro que llegáramos a 180 en el día. Santa Celia años atrás...

“Antes aquí en Santa Celia había más gente, más juventud, nosotros antes cortábamos el trigo a hechona teníamos que amarrar y después emparvar y teníamos carreta, no eran carros como ahora, eran carretas emparvadoras con varillas, así no mas, y la íbamos a trillar lejos en una sola parte. Aquí íbamos a trillar arriba allá en Santa Celia y era lejos, y a veces no trillábamos en el mismo día y teníamos que quedarnos en la noche, cuidando ahí para que los animales no comieron el trigo. Antes había harta juventud, nos juntábamos varios y en la noche había así cuestiones donde íbamos a comprar sandías y al otro día los hermanitos mas chicos amanecían meaditos, donde comíamos sandia en la noche, nosotros los cuidábamos pero siempre se les pasaban, pero había harta comunicación entre todos, en las trillas así había casi todos los agricultores, venían a trillar de todas partes. “La gente en ese tiempo se dedicaba a la agricultura y tenía ganadería también, nosotros mismos, el fundo nos dio 300 chivas para que las

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cuidáramos y ahí nos pagaban, a mi padre, y al año les pagaban por la crianza, si criaba 150 chivos nuevos, así le pagaban las crianzas y mensuales era poco, casi nada más que la crianza. Proyecciones de Santa Celia:

“El futuro yo lo veo mal, porque ya no queda tierra, para sembrar no queda, si que dejamos algunos pedacitos de tierra allá, todo está forestado, las tierras, todo lo plano que era no más para sembrar triguito, papitas, pero poco para el gasto no más. Me gustaría que la gente joven hiciera un trabajo en el río, yo les digo háganlo, yo les muestro donde pueden ganar plata en la minería y como ustedes son jóvenes... yo creo que eso es lo más en que puede ganar plata la juventud, porque en la forestación son meses en los que trabaja no más la gente, en cambio en la minería pueden trabajar años ahí, pueden trabajar varios años y crearse más cuadrillas de pirquineros, hacer un trabajo aquí, hacer otro más allá, y así la juventud van ganado su billete y se va poniendo más al trabajo, eso digo yo que podría hacer que la juventud tendría mas oportunidades de trabajo y mejores. “El otro día no más conversando con los cabros que quieren trabajar y que yo les enseñe adonde pueden ganar. Vamos a Temuco y hablamos ahí que nos den permiso y asimismo puede ser del alcalde de aquí a Temuco, entonces que allá se nos den un permiso y si nos den para empezar a trabajar, eso es lo que se quiere, y que con una cuadrilla que va ganando plata en la mina se puede ir haciendo otras cuadrillas y de ahí de a poco de a poco se va formando. “Queda mucho oro, es que son retazos que quedan no más, no es que es como antes no... son retazos que dejó la gente y eso es escaso de pillarlo y los que no saben, pero yo sé más o menos donde puede salir oro. Significado que tiene vivir en Santa Celia:

“Me gusta el campo, nunca me ha gustado el pueblo, me gusta porque es más libre, agarra viento más puro, y como tengo la hijuelita salgo a mirar, llevo el machete, voy recortando zarcitas, cerrando los pasitos donde pasan los otros animales, por ahí me entretengo ahora y yo creo que andar hace bien, estar

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sentado no es bueno, tiene que estar caminando, tiene que hacer ejercicios, y eso lo he hecho por eso he durado un poco mas. Ahora, la idea del turismo, con el turismo podríamos criar corderitos, hacer tortillitas para vender, lo que se pueda hacer, ayudar cualquier parte y conservar los lugares también.

Sra. Guacolda Matus, 68 años: “Nací en Santa Celia, en el bajo, en Huertos Mineros, cerca el río. Mis papás vivían cerca de donde Don Daniel Godoy y se vino mi papá, mi mamá y después se vino también Don Daniel con su papá. Me dedico a la huerta, pero ahora se me secó la huerta por el agua y ahora no hago nada. Anteriormente me dedicaba a sembrar, salíamos a sembrar con mis hermanos, a sacar papas también a hacer leña, carbón. “Yo me recuerdo de la compañía de minería, mi papá cuando se levantó la compañía, él le fletaba los cañones. En esos años vivía harta gente, había población en todos los lados, donde vivo yo había ahí también casas cerquita. A Santa Celia llegó una compañía minera y después mineaban así no más, no tan grande como la compañía. “De Paul Schaeffer también, yo estoy agradecida también, porque a mí se me quemó una hija, tenía 3 años entonces; estaban mineando cerca de mi casa y me la llevaron para Parral. La tuvo 3 meses allá y allá se mejoró también, se la llevaron en avión y después le dijeron a mi esposo que la tenía que ir a buscar, que no la iban a traer porque allá se las dejaban, así que lo llevaron a mi esposo a Parral, y la fue a ver y después se la vinieron a dejar ellos. Paul Schaeffer venía con hartos jóvenes que se los llevaba y se los dejaban, ellos no se los entregaban a sus papás, les decían que morían, hacen 35 años que estuvieron ellos acá. “Donde está hoy Daniel Mascaró, ahí había carabineros también, tenían población, tenían luz también. Venían de todas partes a trabajar en la mina. Los vecinos también, porque había harta juventud y ahora se fueron todos. Pero ahora no queda casi nada de eso, sí Don Daniel no más que queda.

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Significado que tiene Santa Celia para su vida:

“Me gusta vivir aquí porque nací acá y nunca salí hasta que se murieron mis padres, y me gusta porque es mas lindo, mi papá cuando estuvieron, criaron chivos alcanzaron 100 chivos, y criaban abejas también, como 200 cajones de abejas, después se terminaron ellos y se terminaron todo. Mi papá sembraba harto, también de todo vendía y sembraba también, vendía papas, porotos, arvejas de todo y lo pasábamos bien y ahora no. Proyecciones de Santa Celia:

“Así como vamos ahora, veo el futuro más o menos no más, porque no tenemos ni agua, ni leña. Me gustaría que haya más trabajo no más, tengo 7 nietos, que haya más trabajo no más, como la agricultura, la apicultura, todo eso para que nunca salieran de Santa Celia. Me gusta el turismo porque nunca había visto eso, yo casi no tengo ni luz, todos tienen luz pero menos yo, ni mi hija tampoco, a lo mejor con el turismo nos podría llegar la luz, uno nunca sabe como llegan las cosas.

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CARAHUE HOY

XIII. ACTIVIDADES PRODUCTIVAS

La actividad productiva de la gente de Carahue gira hoy básicamente en torno a la pequeña agricultura y la agricultura de subsistencia. Los cultivos tradicionales son la papa - que se da muy bien en la comuna - el trigo y otros cereales. Existen otras actividades tradicionales como la pesca artesanal, la recolección de algas marinas, y la pequeña ganadería. Sin embargo, debido a distintos factores, estas actividades tradicionales ya no logran retener a las nuevas generaciones, que hoy en su mayoría optan por abandonar el campo y emigrar.

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En las comunidades rurales se escucha la misma historia, contada por la gente mayor: los jóvenes se van. Se van, primero para educarse, y se siguen quedando lejos cuando consiguen trabajo. Ya no vuelven a vivir acá, sólo vuelven a ver a los papás… Quienes se han quedado en sus parcelas no culpan a sus hijos por irse, los entienden, aunque su mayor deseo es que hubiera oportunidades laborales en la misma localidad, y que así, los jóvenes pudieran quedarse. La agricultura tradicional parece no ofrecer perspectivas alentadoras, más allá de la subsistencia:

“Las mayores actividades económicas están relacionadas con la producción para el auto-consumo, vale decir, dejando un porcentaje mínimo para la venta. La tecnología es sumamente rústica, utilizando básicamente la yunta de bueyes, arado de palo, rastras artesanales, y la cosecha se realiza por lo general a mano. También existen agricultores, en un porcentaje mínimo, cuya tecnología es más moderna, donde se utilizan maquinarias y semilla certificada.”1 Si bien es cierto que en la comuna existe una inversión considerable en plantaciones industriales de pino y eucalipto (las grandes empresas son dueñas de unas 30.000 hectáreas plantadas con estos monocultivos forestales – aproximadamente el 25% de la superficie de la comuna), esta actividad económica prácticamente no genera puestos de trabajo y por lo tanto no ha tenido un impacto sobre la economía a nivel de la gente. Por otro lado, una gran parte de esa superficie que hoy está bajo monocultivos forestales, en años pasados era trabajada por pequeños agricultores que han abandonado la actividad agrícola a causa de factores que se confabulan en su contra: pérdida de fertilidad (agotamiento) de las tierras, fuertes alzas en el precio de los abonos y de otros insumos, fluctuaciones impredecibles en el precio de los productos agrícolas. Esto ha causado una migración desde las áreas rurales a los centros urbanos, y generado desempleo a nivel comunal. Por lo tanto, al hablar de actividades productivas con perspectivas de futuro para nuestra comuna, necesariamente hablamos de búsqueda, de nuevas iniciativas quizá inciertas, de planes piloto, sobre el trasfondo de una agricultura tradicional estancada.

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Gobierno Regional de la Araucanía www.laaraucania.cl/turismo-com_carahue.htm

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En busca de soluciones, se han desarrollado interesantes iniciativas de agricultura alternativa, algunas de las cuales han tenido alentadores resultados a pequeña escala, como las plantas de murtilla multiplicadas en invernadero para una variedad de usos - bajo asesoría de Inia Carillanca; la recolección y primera etapa de elaboración de la avellana -proyecto promovido por la ONG Departamento de Acción Social del Obispado de Temuco; secado y molido de algas marinas como suplemento alimenticio; producción de flores en invernadero; la producción de semilla de papa. En general, los cultivos alternativos requieren de nuevas inversiones y de nuevas tecnologías y conocimientos, por lo que son de lenta penetración en los sectores rurales, a pesar del apoyo de organismos municipales, gubernamentales y de ONGs. En los últimos 20 años se ha ido imponiendo la idea de que Carahue debe ampliar sus opciones productivas, mediante el rescate y promoción de elementos tales como su historia, su identidad cultural (o identidades culturales), su naturaleza, sus playas, y su misma agricultura, para así ofrecer servicios a turistas, a visitantes, a estudiosos de nuestra realidad. En diferentes lugares de la comuna, vecinos visionarios están llevando a cabo iniciativas propias, orientadas a acoger turistas, brindarles servicios, servirles de guías, en fin, variedades de agro-turismo, eco-turismo, etc. En el marco de esta valoración del turismo como rubro económico en potencia, se están generando nuevas ideas y nuevos productos, como este mismo Manual de Consulta Histórico y Turístico, que Usted, amable lector o lectora, tiene en sus manos, y que esperamos sirva para motivarlo y decidirlo a visitar y explorar nuestra singular comuna.

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SEGUNDA PARTE:

CARAHUE Y SU

HISTORIA


CARAHUE Y SU HISTORIA

XIV

LOS VIEJOS TIEMPOS DE LA COLONIA

Jorge Pinto Rodríguez

Los hombres barbados se deslizaron por la meseta castellana en dirección a los puertos de Andalucía, navegaron luego el Atlántico y cruzaron las selvas y cordilleras americanas. Caminaron por el desierto, en cuyas tórridas arenas estuvieron a punto de zozobrar. Al fin, casi al fin del mundo, llegaron a su destino: un lejano rincón llamado Chile1. Las crónicas hablan del invierno de 1536 y de un capitán llamado Diego de Almagro, natural de Extremadura y tuerto de un ojo. Hablan también de una empresa fracasada que recorrió estas tierras hasta los dominios de Michimalonco y Tanjalonco, en el Valle de Aconcagua.

La historia de la vieja Imperial, cuyo antecedentes más relevantes trataremos de resumir en este capítulo, ha sido sintetizada con profusión de datos en la obra Carahue, la Antigua Imperial, editada por Myriam Hernández con el apoyo de la Ilustre Municipalidad de Carahue, en 1992.

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Las costas del Pacífico sur no los recibieron bien. Todo era diferente: la tierra, el clima, su gente. Todos llegaron, sin embargo, arrastrando recuerdos de la patria lejana y de las aventuras vividas. También de los sueños que venían con ellos. Esos sueños fueron los que enterraron en este confín cuando decidieron volver al Perú, para encontrar la muerte en las luchas intestinas que transformaron en enemigos a viejos amigos. Así terminó la aventura de Almagro. Algunos años después, en 1541, un segundo aventurero apareció en el horizonte de Chile. Se llamaba Pedro de Valdivia, era natural de La Serena (España) y poseía una larga y honrosa trayectoria militar. Su prestigio estaba asegurado y su fortuna en vías de consolidarse. Eso fue, tal vez, lo que lo impulsó a repetir una experiencia de tan funestos recuerdos. Con él venían poco más de 150 compañeros y una mujer, doña Inés de Suárez. Valdivia era el cuarto o quinto europeo en acercarse a estas tierras. A los nombres de Magallanes y Almagro habría que agregar el de Calvo de Barrientos y uno que otro español que se atrevió a salir del Perú en dirección al sur. Ninguno obtuvo lo que se había propuesto; sin embargo, algo los atraía: el ansia de riqueza, correr el mundo, alcanzar una gloria que parecía esquiva o, simplemente, la necesidad de escapar de la justicia. Después de una larga travesía, no exenta de dificultades y conflictos, Valdivia llegó al Mapocho y allí instaló su campamento. Días más tarde, en febrero de 1541, le dio traza de ciudad, y llamándola Santiago, la convirtió en la capital del reino. Valdivia no disponía de muchos recursos. Los indígenas tampoco se sometieron con la facilidad esperada. Buscando el oro que resultaba tan esquivo, exploró los alrededores e intentó conseguir más ayuda del Perú. En esos afanes fundó la Serena en 1544 y en 1550, después de un viaje al Perú, durante el cual pudo demostrar su destreza militar, decidió partir al sur donde pensaba encontrar metales preciosos y una población con la cual explotarlos. Así empezó la aventura del español en las tierras del indómito mapuche.

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Los cronistas de la época dicen que Valdivia envió por mar al capitán Juan Bautista Pastene a reconocer el litoral de Arauco y por tierra a Jerónimo de Alderete. El, en Santiago, se ocupaba de arreglar los últimos detalles y daba tiempo a la llegada de nuevos refuerzos. Sus cálculos le hacían presumir que hacia febrero de 1541 podría partir al sur en un viaje que sería, a fin de cuentas, sin retorno. Por cierto, él lo ignoraba. Desde el comienzo las relaciones con los indígenas del sur no fueron amistosas. Jerónimo de Bibar, el cronista que estuvo en estas aventuras, da cuenta de enfrentamientos que dejaron muertos entre los españoles e indígenas tan pronto los primeros pusieron sus pies en la isla Mocha. Era el punto de partida de una larga historia de enfrentamientos que todavía no logra apaciguarse. Alderete fue el primero en avanzar al sur de Concepción, ciudad fundaba por Valdivia tan pronto cruzó el río Andalién. Según Mariño de Lobera, otro cronista que relató estos acontecimiento, pasó el Cautín y recorrió la región de Maquehua, describiendo la feracidad de la tierra y su numerosa población. Alderete habría sido el primero en recomendar la fundación de una villa en el sitio que más tarde acogería a la Imperial y en el siglo XIX a la renovada Carahue. La historia de nuestra ciudad debe reconocer en este capitán a unos de sus primeros promotores. Alertado Valdivia de las potencialidades de la región decidió recorrer personalmente el territorio, ordenando establecer en marzo de ese mismo, 1551, un fuerte encima de una loma donde fijaría la ciudad. Por coordenada el gobernador indica “cuatro leguas de la costa, río arriba”. El propio Valdivia, antes de retornar a Concepción, hizo la traza de la ciudad, repartió los primeros solares, señaló sitio para la iglesia catedral y dedicándola al arcángel San Miguel, concluyó su tarea haciendo los últimos arreglos para dejar establecida la fundación. Avanzaba ya el mes de abril de 1551. Faltaría, sin embargo, un año todavía para que en acto solemne, el 16 de abril de 1552, el mismo gobernador la fundara oficialmente, designando sus primeras autoridades. Por corregidor y su teniente nombró al capitán Pedro de Villagra, por alcaldes ordinarios a don Pedro Maldonado y don Gaspar de

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Orense y como alguacil mayor a don Miguel de Velasco y Avendaño, todos militares en los cuales podía confiar con absoluta seguridad. Así nació la Imperial, la ciudad cuya historia, envuelta ahora en el nombre de Carahue, estamos tratando de evocar. ¿Qué impulsó a Valdivia a fundar nuestra ciudad? Motivos no le faltaron. Desde luego, los españoles necesitaban establecer hitos que fueran marcando el control del territorio. La ciudad era para ellos una especie de toma de posesión que ratificaban con la designación del cabildo y sus respectivas autoridades. Eso fue lo que hizo Valdivia el 16 de abril de 1552, cuando dio por oficialmente fundada la ciudad. Lograba también con esto establecer un verdadero puente con las tierras que estaban más al sur. Cada ciudad se convertía, en realidad, en un foco de irradiación y comunicación que le concedía una enorme importancia. Sin ellas, la expansión española en América habría sido imposible. Valdivia tenía, sin embargo, otras razones. Haciendo ciudades hacía vecinos y haciendo vecinos podía repartir encomiendas y descargar responsabilidades. Cuando entregaba encomiendas, vale decir, indígenas que los encomenderos podían utilizar en beneficio propio, recompensaba a sus viejos compañeros de aventura y los obligaba a la vez a defender la tierra. Con indígenas tan altivos y celosos de su autonomía, no cabía dudas que la fundación de ciudades era el mejor camino que permitía al gobernador compartir la responsabilidad de dominar el territorio y controlar su población. El oro, también el oro, pesó en las decisiones de Valdivia. Don Américo Gordon, el arqueólogo que tanto contribuyó al conocimiento de esta historia, decía que Valdivia recorrió el sur siguiendo una ruta del oro trazada por algunos indígenas que decidieron orientarlo en la Araucanía. Desde Concepción y los lavaderos de Quilacoya, se desplazó a los llanos de Angol, donde también podía conseguirlo y a las colinas de la Imperial, en cuyos alrededores sabía que lo encontraría. Desde la Imperial siguió a la Villa Rica, cuyo nombre da cuenta de las ambiciones del español y

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desde allí a Valdivia para explotar en las márgenes de su río las arenas auríferas de Madre de Dios. Cuanto no hizo el español por conseguir oro. Nuestra ciudad debe también su nacimiento a esta fiebre que movió voluntades y transformó sueños en empresas cuando todo parecía reducirse a la obtención de este metal. Todavía en sus alrededores es posible localizar ruinas que dan cuenta de los esfuerzos que se hicieron por obtenerlo. Fue esa ambición la que cegó al español porque aunque la fundación de Imperial respondió también a la necesidad de establecer un lugar de asentamiento para los misioneros que venía a convertir a los mapuche, la ambición del oro los fue distanciando de una población indígena que vio en ellos sólo al buscador de tesoros que se propuso conseguirlo a cualquier precio. Al comienzo la Imperial tuvo un desarrollo modesto. A los esfuerzos desplegados por los vecinos para construir las viviendas tuvieron que sumar los que implicaban echar andar la economía. Debían trabajar la tierra, cultivarla y producir sus alimentos. Fue una época de grandes esfuerzos. La muerte de Pedro de Valdivia, ocurrida a manos de mapuche dispuestos a defender su libertad, hacia la Navidad de 1553, apenas un año después de haberse fundado la ciudad, hizo crecer la incertidumbre. Sin embargo, la crisis fue superada. En 1570 se calculaba que tenía unos 170 vecinos y una traza que daba cuenta de sus progresos. La vida era difícil, pero absolutamente soportable. Antes habían pasado por allí otros gobernadores cuyas acciones fueron tejiendo historias que sus pobladores transformaban en la memoria colectiva de la comunidad imperialina. También pasó el poeta, don Alonso de Ercilla y Zúñiga, cuya vida estuvo a punto de perderse por las iras del gobernador García Hurtado de Mendoza, cuando ambos eran demasiado jóvenes para asumir las responsabilidades que las circunstancias pusieron sobre sus hombros. Cuenta la tradición que en las fiestas por el ascenso al trono de Felipe II, que don García decidió celebrar en la Imperial, el gobernador encubrió su rostro para no ser reconocido y participar del carnaval como cualquier hijo de vecino. Un accidente casual

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derivó en una discusión y la discusión en un conato de riña. Indignado uno de los protagonistas descubrió el rostro decidido a aplicar todo el rigor de la ley al otro involucrado. Cara a cara se vieron entonces el gobernador y el poeta. La sentencia hizo templar a la ciudad: pena de muerte para el agresor. La tradición cuenta que el ruego de las mujeres aplacaron la ira del gobernador y salvó la vida del poeta. Desde entonces para Ercilla, este fue un recuerdo que no olvidó y que en su poema resume casi desprecio hablando del “joven capitán acelerado”. El progreso de la ciudad y la necesidad de avanzar en la ocupación del territorio la transformó en sede episcopal. Su primer obispo fue fray Antonio de San Miguel, designado en 1561, aunque en propiedad asumió casi siete años después para llegar a nuestra ciudad sólo hacia 1571. Litigios con Santiago demoraron un asunto que ya puso de manifiesto el interés de la capital de evitar que en la Araucanía surgiera un poder capaz disputarle la hegemonía en la Capitanía General. A las dificultades propias de la naciente ciudad se agregaron otras desgracias que pusieron a prueba el temple de los primeros imperialinos. El 16 de diciembre de 1576 un fuerte terremoto sacudió los cimientos de sus casas. El terremoto fue seguido de una salida de mar que provocó terror entre sus pobladores. Antes, en 1570, un sismo menor ya había alertado de los peligros de un fenómeno al cual los indígenas estaban más habituados y que los españoles desconocían por completo. Pestes, cosechas no del todo generosas y el constante temor a los alzamientos mapuche fueron moldeando el espíritu de sus primeros pobladores. Sin embargo, también imperó la alegría de vivir en una naturaleza de belleza sin igual, con ríos caudalosos que riegan con generosidad la tierra y la temperan en los veranos. Por estos años se levantaron también algunas voces de protestas por el mal trato que se daba a los indígenas. No muchos creyeron que los terremotos y las epidemias eran el castigo de Dios por las prácticas abusivas de los encomenderos. Poco a poco, la Imperial, iba forjando su fisonomía. ¿Qué tanto de ella ha llegado hasta nosotros? ¿Hasta donde esta historia tan lejana nos sigue acompañando? Al evocar en estas páginas los episodios que estamos narrando anidamos la esperanza que cada poblador de

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Carahue pueda reconocer por si mismo los vínculos que lo unen a sus orígenes más remotos. Estos orígenes están también estrechamente ligados a sus más antiguos pobladores y a los mapuche que resistieron al español. Eran ellos caciques de tierras ricas y mocetones erguidos que miraban al europeo con tono desafiante, seguros de sus fuerzas y confiados en la ayuda de sus dioses. Los nombres de los caciques Yepicheuque, Guanchala, Guanchuquilque, Carellanga, Guarracha, Quemanguetureo y el famoso Inllagulien, cuyos guerreros se pasearon por los llanos de Angol desafiando al invasor, forman parte de la historia que estamos recuperando. Hacia el 1600 esta historia sufre un quiebre radical. Medio siglo de dominación o de esfuerzos por controlar la tierra se derrumbaron como un castillo de arena a partir de diciembre de 1558. Al aproximarse la navidad, el gobernador don Martín García Oñez de Loyola, de paso por la Imperial, se empeñó en salir al norte a castigar a algunos indios rebeldes. Nada lo detuvo, ni los consejos de los buenos conocedores de la tierra que atisbaban en el ambiente un clima de agitación, ni los presagios de los agoreros que hicieron cuanto pudieron por retener al gobernador en la Imperial. Don Martín, sobrino de San Ignacio, el fundador de la Compañía de Jesús, y casado con una princesa quechua, confiaba en su buena estrella. Sus cálculos le fallaron. Los cronistas de la época señalan reiteradamente que los españoles han exagerado el mal trato a los indios. La soberbia parece haberse apoderado de ellos. Algunos refuerzos recibidos desde el Perú y la aparente tranquilidad de los mapuche los tiene tranquilos. Don Martín no alcanza a darse cuenta de la hoguera que está a punto de encenderse. Entre tanto los indígenas se reunían sigilosamente en Ongolmo. El alma de la junta era un cacique de gran valor. Lo llamaban Pelantaru. A su valor, agregaba una palabra seductora y una enorme capacidad de organización. Era el líder indiscutido. A su lado estaban Caupallante, Licancura, Melicura, Longanaguel, Andalicán, Antemaulén y varios más que no trepidaron en elegirlo toqui. Mediante tretas y escaramuzas lograron despertar la inquietud del gobernador, cuya decisión de castigarlos personalmente les abrió la oportunidad para infringirle la más grave derrota.

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Los cronistas e historiadores que relataron estos hechos cuentan que la noche antes de partir el propio gobernador tuvo un sueño premonitorio: dos bravísimos toros lo despedazaban dejándolo sin vida. Un astrólogo también había anunciado el desastre y un par de indios cristianos, Pedro Igantaru y Diego Naucopillán, dieron cuenta de una rebelión general que puso en alerta a varios de los soldados del gobernador. Los vecinos de la Imperial le imploraron que se quedara; nada, sin embargo, le detuvo. El 23 de diciembre de 1598 salía de la ciudad en dirección a Purén para castigar a los rebeldes. Pelanturo seguía paso a paso sus movimientos y esa misma noche, mientras la expedición pernoctaba en Curalaba, se dejó caer sobre el campamento matando a casi 50 españoles y a un número considerable de indios amigos. Los mapuche habían logrado una de las victorias más soberbias en tierras americanas. En los días siguientes la rebelión se generalizó. Unido ahora a Ancanamón, Pelantaru hizo temblar la tierra. Las ciudades del sur fueron sitiadas y luego despobladas; entre ellas la Imperial. Sus habitantes se empeñaron en resistir; algunos dieron prueba de un coraje y heroísmo sin igual; Doña Inés Olmos de Aguilera trató de contener la estampida, infundiendo valor a los soldados y confianza a los vecinos; sin embargo, todo estaba perdido. El 2 de abril de 1600 el cabildo y los capitanes entendidos en la guerra recomiendan su abandono, sugerencia que se concretó tres días más tarde, en medio del pesar de quienes partían para nunca más volver. La antigua ciudad fundada por Valdivia, sede de una silla episcopal y lugar de residencia de largas temporadas de los gobernadores terminó convertida en ruinas que poco a poco fue cubriendo el bosque.

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ABANDONO DE LA IMPERIAL (1600)

Reparó mucho en esto el gobernador (don Francisco de Quiñones) y en que

los vecinos de la Imperial pidieron que los despoblase de aquel asiento y que los trajese a tierra de cristianos, sacándolos de entre bárbaros, y a donde pudiesen vivir sin tantas zozobras y pesadas hambres. Y deteniéndose el gobernador en esta determinación, porque no se le atribuyese que despoblaba ciudades cuando debiera poblarlas (recomendó al) ... cabildo pedírselo, dando por sus escritos eficaces razones para ello, y las más fuertes fueron que en aquella ciudad no habían quedado más de cuarenta y tres hombres con religiosos, porque todos los demás habían fallecido, y de todo el servicio cuanto tenían, que era en gran número, sólo les habían quedado cinco personas, y que para sustentar aquella ciudad entre tanto enemigo eran menester más de trescientos hombres, y pocos más tenía todo el ejército, y mucha comida y bastimentos y traérsela desde la Concepción en escoltas, que era imposible, por haber cuarenta leguas de tierras de enemigos. Y así que lo mejor era retirar aquella ciudad y la de Angol a la Concepción y asegurar con sus guarniciones lo demás, que no poner en peligro el Reyno de que todo diese al traste. Y este mismo parecer dieron todos los de su consejo, con la cual se determinó el Gobernador a despoblar las dos ciudades”. Diego de Rosales, Historia del Reyno de Chile, tomo II, pp. 352-353. El abandono se produjo el 5 de abril de 1600.

Varios años después, cuando los ánimos ya se habían aquietado, el gobernador Francisco López de Zúñiga, más conocido como el Marqués de Baides, consiguió llegar hasta las ruinas de la vieja Imperial. Con respeto y

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profundo recogimiento se recordó a los caídos y a la que fuera una de las ciudades más prósperas del sur. Apenas unas pocas ruinas testimoniaban el progreso que había logrado cincuenta años antes. Era el 6 de enero de 1643. ¿Qué pasó después en las tierras en las cuales se había erguido la vieja Imperial? La historia que vino a continuación da cuenta de cómo el mapuche recuperó su territorio y empezó a tejer alianzas de todo tipo con el español. Las investigaciones más recientes sugieren que después de Curalaba se constituyó en la Araucanía un espacio fronterizo caracterizado por la complementariedad de la sociedad indígena con la sociedad no indígena. Aunque la guerra había sido para los primeros el factor fundamental que les permitió conservar sus tierras y su libertad, pronto descubrieron las ventajas de mantener con el “huinca” una relación de amistad e intercambios económicos. Diversos autores han probado que floreció aquí una próspera economía basada en actividades e intercambios que concediera un carácter peculiar a la región. Desde luego la sociedad indígena logró notables avances en la producción de textiles y en el traslado de ganado y sal desde la otra banda de la cordillera. Respecto de los textiles, sabemos que el uso del poncho fabricado por los mapuche se generalizó en nuestro país, el Perú, Argentina y aún el Paraguay. Los viejos cronistas cuentan de un comercio que partía en la Araucanía y se extendía a lugares muy distantes. Con el ganado y la sal ocurría algo parecido. Obtenidos ambos en la Pampa argentina y en los salares de Neuquén, era traído hasta la Frontera por grupos de “maloqueros” que lo comercializaban acá en verdaderas ferias de animales a las cuales acudían comerciantes de la zona de Concepción y del Valle Central. La sal, producto indispensable para procesar la carne y conservarla cuando aún no existían los modernos procedimientos de refrigeración del siglo XX, completaba la lista de productos que aportaba el mundo indígena a la economía colonial. De los españoles los mapuche obtenían lanas, tinturas para sus textiles, alimentos y productos de adorno. Se presume que también de ellos consiguieron la plata, un metal que aprendieron a trabajar con particular

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precisión. Convertidos en expertos artesanos, contribuyeron a enriquecer los intercambios.

los

aperos

de

plata

Indígenas y no indígenas se reunían cada cierto tiempo en parlamentos para asegurar la paz y establecer los acuerdos necesarios para conservarla. A estas ceremonias acudían caciques y mocetones de toda la tierra y las principales autoridades del reino. Los parlamentos fueron un pilar de enorme gravitación en la vida fronteriza. LA SUERTE DE UN OBISPO Aunque el episodio que vamos a contar a continuación no ocurrió precisamente en la vieja Imperial, aconteció en Tirúa, muy cerca de Carahue, y así lo relata el padre Luis Mansilla Vidal: “El Iltrmo. Señor Obispo de la Concepción Mons. Marán, encontrándose de visita en su Diócesis el año 1787 en las alturas de Tirúa, cerca de la Imperial, hoy Carahue, fue capturado con toda su comitiva, por los araucanos, con el fin de ultimarlos. Más para ver si eran dignos de vida o de muerte convinieron entre los indios arribanos y abajinos jugarles a la chueca, unos por la libertad de los cautivos y otros por la muerte de éstos. Pero la Divina Providencia que vela por sus fieles servidores permitió que vencieran los que luchaban por la libertad. De este modo volvieron sanos y salvos custodiados por sus libertadores. ¡Gloria a Dios!” “Este hecho tuvo lugar el 3 de noviembre del año expresado” Padre Luis Mansilla Vidal, Las Misiones Franciscanas y el importantísimo rol que han desempeñado en la civilización y pacificación de la Araucanía, Imprenta Asilo de Huérfanos, Ancud, 1930, p. 16.

La tierra también era recorrida por misioneros, jesuitas principalmente, y algunos aventureros que optaron por este tipo de vida. De vez en cuando se desataba el conflicto y los mapuche se levantaban en armas; fueron, en todo caso, episodios circunstanciales que se superaron sin grandes

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pérdidas. La paz convenía a todos y el entendimiento de ambos pueblos parecía asegurarla. Atrás habían quedado los años de zozobra e intranquilidades. Españoles y mapuches habían logrado tejer relaciones que permitió a ambos pueblos prosperar en un ambiente de respeto y solidaridad. Fueron buenos tiempos para estos territorios y la gente que los poblaba. La inquietud brotó de nuevo al comenzar el XIX. En todos los parlamentos los mapuche habían jurado lealtad al monarca y eran hombres de palabra. Por eso vieron con inquietud los movimientos de quienes se alzaron contra la Corona en favor de la Independencia de Chile. Amantes de su propia libertad, sabían que los españoles la respetarían si ellos cumplían sus pactos. Esta fue una de las razones fundamentales por la cual numerosas parcialidades mapuche resistieron la Independencia y se sumaron a las llamadas “tropas realistas”. Más que eso, el ejército que resistía en la Frontera, con numerosos caciques y mocetones como soldados, era una suerte de fuerza regional constituida al amparo de los intereses económicos en juego. A nadie cabía duda que el espacio fronterizo, tal como funcionaba hasta el momento mismo de la Independencia, convenía a los mundos indígena y no indígena que poblaban la Frontera. Y si a esta conveniencia agregamos el peso de esa especie de pacto colonial que se establecía en los parlamentos, ¿cabía esperar que los indígenas se sumaran a la causa independentista? Obviamente la respuesta es negativa. Algunos rompieron el acuerdo alineándose junto al llamado “ejército patriota”, argumentando lealtades con caudillos o jefes militares que los habían apoyado; sin embargo, la mayoría de los pobladores de la frontera resistieron la Independencia, transformando a la Araucanía en el escenario de duros enfrentamientos. La historia oficial habla de una “guerra a muerte”, aunque más que eso fue una especie de resistencia regional frente a un proyecto político que se fraguó en Santiago. La lucha duró unos 15 años. Hacia 1835 las cosas volvieron a su curso normal. Asegurada la Independencia el gobierno decidió no actuar en la frontera y evitar un agravamiento de la situación. Con la vista puesta en el

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norte y en el Valle Central, las autoridades de Santiago retomaron los parlamentos y confiaron de nuevo en los misioneros para facilitar su relación con los mapuche. Para esto se envió a un emisario a Italia con el cual volvieron numerosos franciscanos italianos que reanudaron la labor que desarrollaban con anterioridad los frailes en la frontera. Hacia 1850 en las tierras de la antigua Imperial las cosas seguían casi como en la Colonia. Por esos años llegaron los capuchinos italianos, contratados también por gobierno, para tratar con los mapuche, dueños casi absoluto de las tierras que el conquistador quiso dominar cuando fundó la ciudad en 1552. Era cacique de Imperial el Paiñanco, hombre viejo y cargado de sabiduría. El hizo posible la existencia de la misión de la Imperial y el trabajo de los capuchinos, labor que también facilitaron los caciques Paillalef y Huincafil, cuyos consejos contuvieron la resistencia de otros caciques que incendiaron la primera misión y amenazaron a los capuchinos con no dejarlos instalarse en el valle. Estos, sin embargo, lograron ganarse su voluntad, actuando no sólo como sacerdotes, sino como verdaderos médicos del cuerpo, tarea para la cual combinaban lo que habían aprendido en Europa con los consejos de la machi. Las crónicas de la época hablan de una mortal epidemia que amenazó a la población de la Imperial el año 1850, dando oportunidad a los capuchinos para que demostraran sus conocimientos médicos. Aunque hubo varios muertos, la acción de los misioneros suavizó sus efectos. La epidemia no fue, sin embargo, la única amenaza que se levantaba en el horizonte. Las guerras civiles de 1851 y 1859 también repercutieron en la Araucanía, creando un clima de intranquilidad que afectó la vida fronteriza. Esta vez, el gobierno tomó la decisión de resolver el problema, aprobando una intervención militar para ocupar estas tierras. Fue la ocupación definitiva. La historia recuerda la resistencia mapuche y los esfuerzos que algunos sectores de la sociedad regional por evitarla. Sin embargo, la presencia de inmigrantes europeos, la necesidad de colocar la Araucanía al servicio de la

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economía nacional y la convicción de que los mapuche debían transformarse para colaborar al progreso del país, selló la suerte de una región que hasta ese momento había tenido una historia muy particular. Esa historia fue la que se cerró para dar paso a la que se abre con la fundación de Carahue. Entre dos vértices, nuestra ciudad nació arrastrando una larga y hermosa historia y dando comienzo a otra en la que el empuje de sus primeros pobladores recuerda el de aquellos que llegaron en el verano de 1552.

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CARAHUE Y SU HISTORIA

XV

22 DE FEBRERO DE 1882: UNA HISTORIA QUE SE VUELVE A REPETIR Jorge Pinto Rodríguez

Los alzamientos indígenas de 1851 y 1859, que acompañaron a las guerras civiles de aquellos años, causaron preocupación en Santiago, Concepción y la Frontera. Principalmente en la capital se desató un vendaval de comentarios y juicios sobre el mapuche, que los hacía aparecer como un grupo de bárbaros que acosaba al país. Chile, se decía, no logra aún sentar soberanía en este territorio a causa de la conducta de unos indios rebeldes que retardan, además, el progreso del país. Era evidente que también interesaban sus tierras. El Mercurio de Valparaíso difundió la idea de que el porvenir de Chile dependía del sur y llamó la atención respecto del valor de un territorio que hasta entonces no había llamado la atención del gobierno ni los empresarios. Cuatro mil leguas cuadradas no es poca cosa, decía en 1859, más aún si se tiene en cuenta que son tierras feraces por las cuales podemos, además, conectarnos a los mercados del Atlántico1. El asunto como era ocupar estas tierras. Arturo Leiva, autor de un libro clave para entender este proceso, señaló que la refundación de Angol en 1862, dio con la solución2. Conforme a un proyecto del general José María 1 Véase artículos aparecidos en El Mercurio de Valparaíso los días 10, 11 y 24 de mayo de 1859. Sobre este interés se pueden consultar también las obras de José Bengoa, Historia del pueblo Mapuche, Ediciones Sur, Santiago, 1984 y Jorge Pinto, Del discurso colonial al proindigenismo, Ediciones Universidad de la Frontera, Temuco, 1998. 2 El primer avance a la Araucanía. Angol, 1862. Ediciones Universidad de la Frontera, Temuco, 1984.

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de la Cruz, que apoyara como propio Cornelio Saavedra, el gobierno decidió avanzar lentamente a través de fuertes que fueran asegurando líneas de ocupación en la Frontera. Se logró así avanzar hacia Angol, Traiguén, Collipulli, Victoria y, en 1881, hasta el mismo Temuco. Fueron casi 20 años de duro batallar y de una heroica resistencia mapuche encabezada por Mañil y su hijo Quilapán. En cierta medida, se podría afirmar que las tropas fueron avanzando por la depresión intermedia, ocupando lo que ya entonces se llamaban los llanos de la Frontera. La costa había interesado menos, salvo las proximidades de Concepción, donde el carbón despertó tempranamente la atención de los empresarios mineros del Norte Chico, siempre necesitados de un fundente que les permitiera procesar sus minerales. La costa preocupaba por varias razones. En primer lugar, era punto importante a la hora de pensar en refuerzos en caso de algún levantamiento indígena y, en segundo lugar, era punto neurálgico si se pensaba en las exportaciones de los productos que se obtendrían de la tierra. Un puerto, eso era lo que necesitaba la región. Sin embargo, las primeras andanzas por las antiguas ruinas de la Imperial con el propósito de refundarla no corrieron por cuenta de militares ni funcionarios de gobierno. Estas estuvieron a cargo del padre Angel Vigilio de Lonigo, prefecto de los capuchinos llegados a Chile en 1848, en 1849. A propósito de la alarma que se produjo en Santiago por el naufragio de la Joven Daniel, fragata que se accidentó en Puancho, unos 15 kilómetros al sur de Puerto Saavedra, culpándose sin fundamento a los indígenas de haber asesinado a los náufragos, el padre Lonigo decidió recorrer lo que el llamaba el corazón de la Araucanía e instalarse en pleno dominio mapuche. De acuerdo a un relato de la época, el padre Lonigo convenció a las autoridades de la capital de las ventajas de fundar allí una misión y sin más tardanza partió a la Imperial, a fines de 1849, acompañado del joven Martín Paillalef, hijo del cacique Paillalef de Pitrufquén, que a la sazón se encontraba en Santiago. Apenas llegado a la Araucanía, el prefecto cruzó el Imperial y se dirigió a las ruinas de la vieja ciudad para parlamentar con los indígenas. Aunque logró entonces fundar la misión en el mismo sitio que se proponía,

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echó las bases de la Misión de Bajo Imperial, 20 millas a la costa, dando comienzo a una obra que desde la desembocadura del Imperial los capuchinos extenderían al interior, a pesar de haber sido incendiada por los indígenas a los pocos días de su fundación. Su primer encargado fue el padre Constancio de Ponzone, a quien se sumarían después los padres Tadeo de Pfatter, Constancio de Trisobio y Adeodato de Bolonia. Hacia 1854 habían logrado establecer ya una escuela misional, por la cual pasaron los hijos de casi todos los caciques del lugar3. En lo que se refiere al gobierno propiamente tal, los primeros intentos de ocupar la costa se iniciaron recién en 1865, cuando el gobierno convocó al coronel Cornelio Saavedra para confiarle la defensa del litoral, a propósito de presuntos ataques que podría realizar la escuadra española que operaba en Chile durante la curiosa guerra de ese año. Saavedra avanzó por Quidico, y desde este punto se dirigió al sur con la intención de cautelar también la actitud de las parcialidades mapuche, cuya alianza a los españoles causó cierta alarma en las autoridades. En diciembre de 1866 Saavedra llega a Queule y desde allí se propone alcanzar hasta Toltén, donde parlamenta con los caciques de Toltén, Pocoyán, Comuy, Pitrufquén, Imperial, Boroa, Maquehua y Villarrica. Saavedra sabía que la única posibilidad de ocupar la zona dependía del acuerdo y respaldo de los caciques. Las reuniones fueron tensas. Los caciques no estaban convencidos de las buenas intenciones de Saavedra y sus palabras demostraron esa desconfianza. “Mira coronel, -le habría dicho uno- ¿no ves este caudaloso río, estos dilatados bosques, estos tranquilos campos? Pues bien, ellos nunca han Los pormenores de este viaje y las acciones de los capuchinos en Bajo Imperial fueron relatados por el padre Fortunato de Drena, ofm. cap., en su Relación Histórica de las Misiones Capuchinas en Araucanía, Chile, escritas en 1892 y publicadas en Jorge Pinto, Misioneros en la Araucanía, 1600-1900. Ediciones Universidad de la Frontera, Temuco, 1988. En este mismo libro el padre Sergio Uribe, ofm. cap., incluyó un excelente estudio sobre la labor de los capuchinos en la zona. Es precisamente el padre Uribe quien sitúa esta misión en el mismo punto donde hoy se levanta Puerto Saavedra. Ver p. 289 de la obra citada. 3

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visto soldados en estos lugares. Nuestros ranchos se han envejecido muchas veces y los hemos vuelto a levantar; nuestros bancos el curso de los años los han apolillado y hemos trabajado otros nuevos y tampoco vieron soldados; nuestros abuelos tampoco lo permitieron jamás. ¡Ahora! ¿Cómo queréis que nosotros lo permitamos? ¡No! ¡No! Vete coronel con tus soldados, no nos humilles por más tiempo pisando con ellos nuestro suelo”4. A pesar de sus dudas los caciques lo admitieron, permitiéndole quedarse en Toltén. Sin embargo, no contento con esto, Saavedra se las arregló para convocar a un nuevo parlamento en las propias ruinas de la antigua Imperial para pactar con los indígenas la paz, amagada por noticias que daban cuenta de un alzamiento general. El hombre clave en estas conversaciones fue un militar que empezaba a hacer carrera en la Frontera: don Gregorio Urrutia. En los años siguientes la Marina de Chile continuó sus estudios sobre la región. Sus pilotos exploraron el río Toltén y el Imperial, levantando las primeras cartas de navegación. El más empeñoso fue un oficial a quien el país le debe la creación del Instituto Hidrográfico de la Armada, el entonces joven teniente Francisco Vidal Gormaz. Aunque el reconocimiento de la costa iba muy avanzado, en 1867 se produjo un repliegue. Llamado a Santiago Cornelio Saavedra por el Ministro de Guerra don Federico Errázuriz para que se hiciera cargo del avance de la Frontera por el norte, tuvo que abandonar la zona del Imperial. El hecho de que Saavedra aceptara el ofrecimiento, supeditó el avance en esta zona al resultado de las operaciones en el norte. Esta fue la razón por la cual la refundación de la Imperial debió esperar la consolidación de la línea del Malleco y la penetración por Lumaco y Chol Chol.

Estas palabras fueron recogidas por Horacio Lara en su Crónica de la Araucanía y citadas por Ricardo Ferrando en Y así nació la Frontera, Editorial Antártica, Santiago, 1986, p. 362. 4

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Lo anterior no significa, sin embargo, que el deseo de ocupar la costa se haya postergado definitivamente. Dos años más tarde, en 1869, el propio Ministro de Guerra le sugirió a Saavedra la idea de repoblar la antigua Imperial. La falta de tropas y de recursos lo obligó a desistir de la idea, pero la intención existió. Tanto fue así que ese mismo año Saavedra se reunió con los caciques en Hipingo para tratar de convencerlos. El temor a una rebelión general y a perder todo lo que se había avanzado, le aconsejó no sobrepasar la línea del Malleco, decisión que contó con el respaldo de varios caciques. En tanto, a cargo de Queule y Toltén había quedado el teniente coronel Orozimbo Barboza. Así se mantendrían las cosas por una década más. Toltén llevaba una vida lánguida. Al menos eso se desprende de los informes de los gobernadores del Departamento de la Imperial, nombre con el cual se designaba a todo su territorio. “Nada, absolutamente nada, ha adelantado este pueblo; por el contrario, varios vecinos han desarmado sus casas, y se han traslado con ellas a otros pueblos de la República”, escribía el gobernador Orozimbo Barbosa, en 1874. Los indios de la comarca son pacíficos, pero tenemos muy poco que ofrecerles5. 1881 fue clave. Ese año se funda el fuerte de Temuco y concluye el último gran levantamiento mapuche. Los actos de crueldad que se habían cometido y el temor de perderlo todo, obligó a las autoridades a actuar con más celo y cautela. Todos recordaban la vieja Imperial, abandonada en 1600 en medio de la desolación de sus vecinos por los abusos cometidos contra los indígenas. Todos sabían también que se había levantado en un sitio estratégico, fundamental para defender la tierra y asegurar la llegada de refuerzos a través de la navegación del río Imperial. Y si se pensaba en los tiempos de paz, el comercio que dicha navegación permitiría sería de incalculable valor. Uno de los primeros en percatarse de esto fueron los oficiales de nuestra Marina en 1855, cuando informaron de las ventajas del lugar. El sitio más a propósito para una fundación, señalaron entonces, es el mismo de la antigua Imperial. Chile avanzaría muchísimo en la pacificación de la zona si

Memoria del gobernador de la Imperial, Toltén, 17 de marzo de 1874. En Memoria del Ministerio del Interior de 1874, Imprenta Nacional, Santiago, 19874, p. 29. 5

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exploraba la posibilidad de refundarla. Eso concluyeron los autores del Informe que la Marina entregó al gobierno en 18556. En 1867, cuando el coronel Gregorio Urrutia parlamenta con los indígenas en las propias ruinas de la ciudad, había llegado a la misma conclusión. Años más tarde, en noviembre de 1881, asegurado el control del norte, Urrutia marcha desde Traiguén con destino a la Imperial al mando de una tropa compuesta de casi 400 hombres para sofocar la rebelión indígena ocurrida ese año y analizar de nuevo, en el propio terreno, la posibilidad de refundar la ciudad. Los informes señalan que el coronel Urrutia avanzó hasta Chol Chol y desde allí a la Imperial, donde estableció su campamento el 23 de noviembre. A los pocos días retornó a Angol para informar a sus superiores de los resultados de su expedición. La repoblación definitiva se concretaría tres más después. En efecto, de acuerdo a los partes que entregó el propio coronel Urrutia, a los informes del Ministerio de Guerra y a los oficios de Toltén, podemos reconstituir con ciertos detalles los episodios previos a la fundación de Carahue. Uno de los primeros en poner la voz de alerta respecto de los movimientos indígenas fue el gobernador de la Imperial o Toltén. Es absolutamente conveniente, oficiaba a sus superiores el 2 de marzo de 1881, mantener expedita la comunicación con los caciques del interior, “vigilar sus movimientos e impedir las continuas malocas y otros actos bárbaros” que cometen. Aunque en ese momento no recomendó refundar la Imperial, habló de la necesidad de designar nuevos capitanes de amigos con sueldos de 25 y 15 pesos7. Sin embargo, los indígenas no se aquietaron y la rebelión cundió por toda la zona. El propósito de controlarla fue, pues, lo que desplazó a Gregorio Urrutia hacia la vieja Imperial.

Memoria de la Marina de 1855. Citada Luis Solís y Eliana Theil en Myriam Hernández, obra citada, p. 80. 7 Oficio Nº 41, Toltén, 2 de marzo de 1881. Archivo Regional de la Araucanía, libro de Copias de Oficios.

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Sobre la fecha de la fundación de Carahue, según diferentes Crónicas y relatos de la fundación de Carahue “ ..llegando como a las cuatro de la tarde (del 9 de Noviembre de 1881), a (la) Imperial. A medida que la tropa de las diversas compañías iba llegando, tomaba su colocación designada a primeros, en el patio de las casas de la Misión Capuchina San Franciscana, que allí había, la que fue casi totalmente despedazada por los alzados aborígenes..” José del Carmen Alderete A., “Apuntes Históricos” Edit. San Francisco, Padre las Casas, 1934 p. .... La crónica de Alderete merece ser estudiada, porque de ser ciertas sus afirmaciones, el cuerpo del ejército chileno compuesto por las compañías Valdivia, Toltén, Talcahuano, Lota y Coronel habría tomado las ruinas de la Imperial en esta temprana fecha. Todo esto acontece mucho antes de la llegada del coronel Urrutia el 21 de febrero de 1882 en compañía del Ministro de Guerra Carlos Castellón, un ministro de la corte de Concepción, el Intendente del Ejército, Sr Matías Rioseco, el Sr. secretario del Arzobispo y el ingeniero Teodoro Schmidt. (Carahue, La Antigua Imperial, pgs 80 & 81). Bien es cierto que el mismo coronel Urrutia había acampado el día 23 de Noviembre de 1881 “en las ruinas de la Imperial, tres meses antes de fundar Carahue”, donde se le juntaron los contingentes de Cañete y Lebu, que marchaban por la costa para reducir a rebeldes”. (Carahue, la Antigua Imperial, p. 80), pero para esa fecha, las compañías más arriba detalladas, (aparentemente al mando del Gobernador López), llevaban dos semanas allí. También es interesante que un acta del Ejército (Acta Oficial Nº 28 del año 1882), dirigida al comandante en Jefe del Ejército, le informa que Carahue fue fundada el día 22 de Febrero (a quien supuestamente habría sido el propio fundador). “..en su tránsito, el coronel Urrutia (sic) fundó los fortines de Chol Chol y de Carahue el día 10 de Noviembre de 1881 (P. Luis Mansilla, prefecto de Misiones) “..el 19 de febrero de 1882, el Ministro Castellón puso los cimientos de la actual Carahue, en la misma altiplanicie donde estuviera la catedral y lo más granado de la antigua Imperial” (P. Paulino Mansilla, quien fuera cura párroco de Carahue, en entrevista al diario Austral)

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Disponemos de un documento excepcional para conocer algunos detalles de esta expedición. Se trata de una relación de la expedición contra los indios autores de la última rebelión, realizada entre noviembre y diciembre de 1881 que se conserva en el Archivo Regional de la Araucanía. En la acción no participó personalmente Urrutia; como sabemos, él volvió al norte a dar cuenta del estado de la situación, dejando instrucciones para proceder contra los alzados. Las operaciones se iniciaron el 18 de noviembre con 200 soldados y algunos indios amigos que se sumaron a las tropas del ejército. Una de las partidas salió de Queule por la ribera sur del Imperial, con el apoyo del cacique Painemilla; otra de la Imperial, con el cacique Pedro Painemi y una tercera de Boroa con el apoyo de Antonio Neculmán. Todas iban al mando de oficiales que conducían tropas de infantería y caballería. Los informes dan cuenta de varios indígenas muertos, otros flagelados y varios apresados por su actitud con los “chilenos”. Entre los últimos figuraba el propio Painemil, cuya conducta no dejó dudas respecto de su lealtad con el pueblo mapuche. Painemil gozaba de enorme prestigio entre su gente y entre los propios soldados. Apaciguados los ánimos, enfrentó sin descaro al gobernador de Toltén, reprochándole su falta de confianza en él. “¿Qué clase de Gobernador eras vos entonces, le dijo, que no crees en la verdad y me has querido azotar y me has tenido preso porque te avisaba y porque he servido al gobierno? Mejor gobernador es mi caballo”8. El soldado que relata este episodio agregó que el gobernador no se atrevió a dar una orden contra él, porque temía que no fuera obedecida. Nadie habría tomado preso a Painemil, nadie se habría atrevido contra él. La conducta de los soldados que participaron en esta campaña, que concluyó hacia el 14 de diciembre de 1881, fue ácidamente criticada por las José del Carmen Alderete. Apuntes históricos. Sublevación de la Araucanía en 1881. Imprenta San Francisco, Padre Las Casas, 1934, pp. 60-61. 8

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autoridades judiciales y del propio ejército, por el empleo de una violencia innecesaria y la apropiación por parte de algunos oficiales de bienes quitados a los indígenas, particularmente ganado, que en gran cantidad retiraron de las parcialidades mapuche9. Con bastante violencia se preparaba el terreno para que Gregorio Urrutia retornara a la vieja Imperial dos meses más tarde a refundar la ciudad. Conforme a los datos que se tienen, Urrutia salió de Angol el sábado 18 de febrero en una comitiva presidida por el propio Ministro de Guerra, don Carlos Castellón, y formada, además, por prósperos hombres de negocios y altos funcionarios públicos, entre los cuales destacaba el ingeniero civil don Teodoro Schmidt, encargado de las mediciones y los estudios topográficos. Ese mismo día llegaron a Lumaco y al siguiente a Chol Chol, donde fueron recibidos por el cacique Venancio Coñuepán, descendiente de los famosos Coñuepán que venían haciendo historia desde por lo menos un siglo10. Al día siguiente, el lunes 20, el ministro parlamentó con varios caciques y el martes 21 cruzó el río Chol Chol a los sones del himno nacional. A la vista quedaban los llanos que conducían a la vieja Imperial, a donde llegaron el mismo día por la tarde. El miércoles 22, al medio día, se celebró un nuevo parlamento con los indígenas y a las 4 de la tarde Gregorio Urrutia dio por fundado el fuerte, dejando un destacamento de 30 soldados al mando de un oficial. Al día siguiente, girando hacia la cordillera, se desplazó a las confluencias del Chol Chol con el Cautín donde fundó Nueva Imperial.

Informe de Pascual López al Intendente de la Provincia de Arauco, Toltén, 26 de diciembre de 1881 y papeles adjuntos. Archivo Regional de la Araucanía, Notas de la Gobernación de Toltén, febrero 10 de 1881 a enero 20 de 1882. 10 Abundante documentación sobre la expedición de Urrutia se encuentra en el Archivo Regional de la Araucanía y en la Memoria del Ministerio de Guerra de 1881. Véase también el trabajo de Solís y Theil, antes citado. 9

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Así empieza la historia que nos proponemos relatar en las páginas que vienen. A las 4 de la tarde de un día de verano, en las orillas de dos ríos cuyas aguas habían corrido sigilosas desde tiempos inmemoriales. Carahue. Ese fue el nombre que Gregorio Urrutia colocó al fuerte que fundó el 22 de febrero de 1882 en las confluencias del Cautín con el Damas. Recogió el nombre de la propia tradición indígena. En mapuche Carahue significa “el lugar de una ciudad”. A pesar de los años, los mapuche no habían olvidado que muchos años atrás se levantó allí una ciudad que sus pobladores abandonaron al fragor de la guerra. Jacinto Toro, el cacique del lugar, facilitó las cosas: ese mismo día vendió el terreno al gobierno en 460 pesos para que el coronel Urrutia fundara el fuerte. Al momento de nacer Carahue tenía apenas dos ranchos pajizos, una superficie de 2.500 metros cuadrados, un foso de 3 metros de ancho y profundidad y unos 40 habitantes en total, 30 soldados que formaban la guarnición, el oficial que los comandaba y unos 8 ó 9 pobladores dedicados al comercio. El parte de su fundación consta en un breve informe firmado por el teniente Alejandro Larenas un par de semanas después. Dice así:

“Fuerte de Carahue” “Este fuerte fundado el 23 de Febrero del presente año en las antiguas ruinas de la ciudad Imperial encierra una superficie de 2.500 metros, circuido por un foso de 3 metros de ancho por igual hondura y lo guarnecen 25 hombres de infantería y 5 de caballería, todo al mando de un oficial”. “Existen dos ranchos pajizos con la suficiente capacidad para alojar la tropa que lo

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guarnecen y guardar los víveres que ha menester por 6 meses”. “Se han establecido seis y siete [¿personas?] siguiendo la delineación de la antigua ciudad, que se ocupan del negocio con la tropa e indios”11.

En el mismo documento que estamos citando, el propio teniente Larenas se encargó de rectificar la fecha de la fundación. En el oficio enviado al Comandante en Jefe del Ejército del Sur, decía:

“Tengo el honor de poner en conocimiento de Ud. que el 22 de febrero del presente año se fundó el fuerte de Carahue, en las ruinas de la Antigua ciudad de Imperial...”12.

Según don Luis Elgueta, uno de los vecinos más antiguos de Carahue e hijo de uno de los fundadores del fuerte, el general Urrutia compró el terreno para fundar el fuerte al cacique Jacinto Toro en $ 46013. Eso habría costado al fisco la fundación de nuestra ciudad.

11 Actas de la comandancia de Chol Chol, abril de 1882. Papeles en poder del prof. Jorge Scheihing. 12 Oficio Nº 28, Nueva Imperial, 8 de abril de 1882. Papeles en poder del prof. Jorge Scheihing. 13 Reportaje a don Luis Elgueta, El Diario Austral de Temuco, 1º de diciembre de 1951, Segundo Cuerpo, p. 9

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RECUERDOS DE LA FUNDACION El testimonio de don Armando Huenchual Currifuta (Carahue, junio-agosto de 1999) “Aquí, cuando llegó Pedro de Valdivia, iba a ser esta la capital de Chile, pero quizás lo hallaron muy quebrado. Llegó este Pedro de Valdivia buscando lugares para fundar una ciudad. Le gustó mucho estos lugares para fundar el reino de Chile. Hermoso sería porque no habría el smog que tiene allá Santiago y lo bañan los hermosos ríos de Imperial y Damas”. “Después los mapuches hicieron un malón. Vinieron muchos de otras partes. Quedó de nuevo tierra mapuche”. “Volvieron, pero ahora no con esa prepotencia. Al mismo tiempo a uno lo educan, lo preparan, cuando fundaron Imperial. No hubo tanta matanza. Pero se llegó al entendimiento entre el mapuche y el huinca”. “Donde está la lancha de Quillem vivía un cacique que era dueño de toda esta tierra de la ciudad de Carahue, según lo que conversan los viejos. Fueron a hablar que tenían la intención de hacer una ciudad. Fueron muchas veces hasta que lo cabrearon. Le dijeron que le ofrecieron tres partes de la tierra para que se fuera, que fuera a verlas. En Colico hay tres o cuatro caciques, tengo que entrar a conversar con ellos, según lo que me digan lo aceptaré”. “Se reunieron los caciques ... Aceptaron, pero dijeron que les de más tierras de la que tienes tu. No te va alcanzar. Fue a ver tres lugares. Le gustó el lugar de Chacán, camino a Puerto Saavedra, por la loma, al otro lado del río. Se fueron para allá. El cacique era Jacinto Toro, según lo que me dicen mis viejos. Se fueron y están allá viviendo”. Teodoro Schmidt, el ingeniero que acompañaba la comitiva, describió con emoción el sitio elegido. “El antiguo Imperial –escribió el ingeniero- ocupa una posición tan hermosa como más no pudiera ser y reúne las condiciones a que aspira el ser humano, al abrigo de todo viento. Es

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un lugar delicioso que invita a ser habitado. El terreno mismo en que están las ruinas no es una extensa llanada, como muchos imaginan: es más bien una meseta en forma de península, elevada a cien metros sobre el nivel del río, ocupando así una superficie de quince a diecisiete hectáreas”. “Una franja de verde vega de 200 a 300 metros de ancho lo separa del terreno elevado en que están las ruinas. En todo el resto del paisaje no se divisan sino serranías altas cubiertas de bosques vírgenes. El río mismo, cuyas aguas relumbran como espejo, muestran únicamente pequeñas ondulaciones en la alta y baja marea. El lado norte del recinto está limitado por el profundo cauce del estero de las damas y cubierto por espesos bosques. La entrada es al oriente y apenas de 50 metros de ancho. Se ven allí ruinas de un fortín antiguo y fosos. Un camino de cuatro varas de ancho, artificialmente labrado de caracol, comunica al lado poniente con el río y antiguo puerto. Por las ruinas se ve que había calles de 10 varas de ancho y por todo 10 a 20 manzanas edificadas” 14. Así vieron el sitio y los alrededores del paraje que cobijó a nuestra ciudad los hombres que fundaron Carahue.

Carta de Teodoro Schmidt a Benjamín Vicuña Mackenna, Angol, 28 de febrero de 1882. Citada por Solís y Theil, obra citada, p. 81. 14

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CARAHUE Y SU HISTORIA

XVI LOS AÑOS PIONEROS, 1882-1910

Jorge Pinto Rodríguez

A la fecha de su nacimiento, el 22 de febrero de 1882, Carahue apenas tenía un cuartel formado por dos ranchos pajizos y unas cuantas ramadas que servían de tiendas de comercio. Sus habitantes no llegaban al medio centenar, la mayoría soldados. Eso era todo. Al comienzo sus progresos fueron lentos. Tal vez demasiado lentos. En los fortines de Galvarino y Carahue, informaban las autoridades militares en 1884, prácticamente no existen cuarteles, la tropa habita “en ranchos pajizos que a causa de la lluvia se encuentran inhabitables i por esto son malsanos. Tampoco existen galpones para la fuerza de caballería”1. Cuando conocí Carahue por primera vez, escribió el padre Luis Mansilla, refiriéndose a una visita que hizo al año siguiente, tenía sólo unos cuantos ranchos pajizos y un cuartel de adobe construido en la pendiente del cerro que mira hacia el río Damas. Todo era frágil y precario. Carahue no lograba despegar2. Sin embargo, por esos años, Carahue empezaba ya a mostrar rostro de ciudad. Cinco años después de la fundación de la plaza, en 1886, escribe otro hombre de la época, se había formado un villorrio compuesto de una agrupación de ranchos y en 1888 el ingeniero don Cristian Sommermeier establecía las demarcaciones del pueblo, formando un plano que abarcaba una Libro de Notas de la Gobernación de Nueva Imperial. Citado por Luis Solís y Eliana Theil, obra citada, p. 87. 2 Fr. Luis Mansilla, ofm, Las Misiones Franciscanas en la Araucanía, Imprenta El Misionero Franciscano, Angol, 1904, p. 302.

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superficie de 30 manzanas3. Pintoresco y lleno de atractivos, su elevación sobre el nivel de las aguas, permitía a Carahue disponer de una vista de considerable extensión, “limitada al sur y poniente por los altos cerros de Nahuelbuta con sus laderas de opulenta vegetación y las colinas inmediatas con sus praderas simulando verde alfombra”4. El autor que estamos citando calculó su población en 1.500 habitantes y agregó que la ciudad disponía de un servicio postal semanal, dos escuelas para la enseñanza de niños de ambos sexos y una oficina de teléfonos. A poco de fundarse Carahue fue adquiriendo la fisonomía que conservaría durante todo el siglo XX y que la haría famosa como la ciudad de tres pisos. La fuente que vamos siguiendo dice que en lo que es hoy el segundo piso o sector céntrico de la ciudad, se ubicaban los principales edificios, hoteles y locales comerciales. En la parte baja, en cambio, en la ribera norte del Cautín, se habían instalado los establecimientos fabriles, las bodegas, los molinos, muelles y agencias de vapores. Sin duda, allí estaba el nervio económico de la ciudad, mientras en el piso superior se desarrollaba la vida urbana más propia de un villorrio que se empeñaba en abandonar los aires pueblerinos que le asignaban algunos visitantes. Carahue debió ser por aquellos años una ciudad de febril crecimiento. A las instalaciones de don Enrique Valk, de Pablitza Hermanos, Alejandro Holzapfel y de varios otros activos empresarios, se sumaban las destilerías, molinos y agencia comercial de don José Bunster, todas de bullente actividad. Hacia 1890 operaban, además, tres Compañías de Vapores (la Línea SudAmericana, Armadores de Valdivia y la Sociedad Prochelle y Cía., de Valdivia), que en su conjunto movilizaban cerca de una decena de vapores de 400 toneladas cada uno. Tan activo parecía Carahue que el autor de la Guía que estamos citando terminó afirmando que “acaso no esté muy lejano el tiempo en que Carahue, como puerto fluvial llegue a ocupar un lugar prominente entre todos los demás de la República”5.

Julio Mansoulet, Guía-Crónica de la Frontera Araucana de Chile, años 1892-93, Imprenta y Encuadernación Barcelona, Santiago, 1893, p. 101. 4 Mansoulet, obra citada, p. 101. 5 Mansoulet, p. 104.

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EL VALOR DE PASAJES Y FLETES EN VAPOR En 1887 el Ministro del Interior don Aníbal Zañartu aprobó la siguiente tarifa de pasajes y fletes en el vapor Ester. Pasajes De Talcahuano a Imperial Bajo y Misiones $15 en primera clase $ 7.50 en segunda De Misiones a Carahue $ 1.50 en primera $ 0.50 en segunda

Fletes $ 12 ton.* $ 2 ton.

* El flete de retorno era más caro: costaba $ 13 la tonelada métrica. Fuente. Oscar Arellano, Albún-Guía del Cincuentenario de Temuco (1881-1931), p.167.

El gran obstáculo para su desarrollo era, sin embargo, según otro visitante, la dificultad que tenía para consolidarse como el puerto fluvial de la región debido a la “terrible barra de la desembocadura del río”6. Corría el año 1897 y Gustave Verniory, el ingeniero belga que construía los ferrocarriles de la Araucanía, describía a Carahue como un “pueblo menos importante que Nueva Imperial”, dotado de algunos hoteles, varios negocios, varias casas en construcción y de unos alrededores encantadores. El puerto, a pesar de las dificultades de la barra, seguía siendo visitado por vapores de gran tonelaje, a pesar de lo cual no eran pocos los que ya estaban pensando en el reemplazo del puerto por una estación de ferrocarriles que favoreciera la extracción de la riqueza por ese medio de transporte7. Algunos pensaban, incluso, que el ferrocarril y la navegación juntos podrían transformarse en la palanca del progreso de la ciudad.

Gustave Verniory, Diez años en la Araucanía., 1889-1899, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1975, p. 427. 7 Verniory, obra citada, pp. 427-428.

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A decir verdad, la barra del Cautín era un obstáculo difícil de superar. Las autoridades de Santiago, siempre interesadas en estimular el desarrollo de las ciudades fronterizas, tenían plena conciencia de su existencia. En el informe que preparó el Ministro de Industria y Obras Públicas en 1893, señalaba, precisamente, que la navegación del Imperial ofrecía dos graves obstáculos: el primero era el banco de Ruca Diuca, que obstruye completamente el lecho, una legua más abajo de Carahue, y, el segundo, la peligrosa barra de la desembocadura. Para superar el primero los barcos debían esperar la alta marea y confiar en la pericia de los pilotos; la barra, en cambio, los obligaba a veces a tener que permanecer “más de un mes para efectuar la salida, siempre más peligrosa que la entrada”. Por esos años, el Ministro confiaba en dragar el banco y mejorar las condiciones de navegación por la barra8. El puerto de Carahue era fundamental para el desarrollo de la región. En 1895 el gobierno instaló una oficina de Registro Civil y paulatinamente la población carahuina empezó a registrarse en los libros de que disponían los funcionarios públicos nombrados para esos efectos. Administrativamente hablando Carahue era entonces distrito de la subdelegación de Nueva Imperial, situación en la que permaneció hasta 1917, fecha en la cual se le hizo subdelegación del departamento de Nueva Imperial, situación que todavía conservaba en 19519. Por su parte, los franciscanos y capuchinos seguían desarrollando una intensa labor para evangelizar a la población indígena y mantener a los no indígenas bajo el control de la moral y costumbres cristianas. Según el padre Luis Mansilla, el ex Prefecto de las Misiones Franciscanas en la Araucanía, la misión franciscana de Carahue se fundó e 1895 y desde ese año desplegó una intensa labor en toda la zona10. Memoria del Ministerio de Industria y Obras Públicas, Santiago, 1893, pp. 93-94. “Con una inversión de $ 460 el fisco fundó el pueblo de Carahue. La historia a través de don Luis Elgueta”. El Diario Austral, Temuco, sábado 1º de diciembre de 1951, p. 9 del Segundo Cuerpo. El señor Elgueta afirmaba en esta entrevista que Carahue fue distrito de Nueva Imperial hasta 1917; sin embargo, en el Boletín de Leyes y Decretos de 1921, se señala que la Subdelegación de Carahue se creó sólo en 1921, siempre formando parte del Departamento de Imperial. Véase del citado Boletín, el decreto 391 “Subdelegación de Carahue. Se crea y se fijan sus límites”, Santiago, 18 de febrero de 1921, publicado en las pp. 198-199. 10 Luis Mansilla, ofm, Impreciones de Viaje de Osorno a Angol, Imprenta El Misionero Franciscano, Angol, 1905, p. 19. En título original de la obra contiene la falta ortográfica en la palabra Impreciones que aquí hemos conservado.

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LOS PRIMEROS INSCRITOS EN EL REGISTRO CIVIL DE CARAHUE Como hemos dicho, el Registro Civil de nuestra ciudad se inauguró en 1895, trece años después de la fundación de Carahue. El primer nacimiento se registró el 14 de mayo de ese año. Ese día, a las tres cuarto de la tarde se inscribió a Elvira del Carmen Valencia Jara, nacida en El Alma, a la una de la tarde del 31 de marzo de 1895. Sus padres eran Gregorio Valencia y Eugenia Jara. El primer matrimonio se inscribió el 13 de mayo del mismo año. A las 5 de la tarde acudieron al registro Estanislao Matus Gallardo, agricultor, de 21 años, y Adela Díaz Hermosilla, costurera, de 20 años, a contraer nupcias. La primera defunción se registró, en cambio, el 16 de ese mes y correspondió a José Arsenio Leal, de apenas tres años, domiciliado en Codihue. José Arsenio había muerto dos días antes, en Quillem, a las 10 de la noche, de disentería.

Hacia 1911 Carahue aún no perdía el carácter pintoresco de los primeros pueblos de la Frontera. Don Ramón Laval, médico de oficio y entusiasta recopilador de nuestro folklore, visitó la ciudad ese año, dejando hermosos testimonios de su paso por aquí. El Dr. Laval cuenta que el 1º de febrero de ese año, a las 6 P.M. tomo el tren nocturno en Santiago para dirigirse a Temuco y luego a Carahue, en un viaje que duraría en total 22 horas, interrumpido sólo por hora y media de estada en Temuco.

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“Carahue11, en su calidad de pueblo, escribe el Dr. Laval, cuenta apenas treinta años de existencia, pues fue fundada en 1881. Se encuentra sobre unas pequeñas eminencias situadas a la margen derecha del Imperial, río de mansísimas aguas en tiempo seco, navegable desde el mismo pueblo hasta su desembocadura. En la parte baja no existen sino dos o tres grandes establecimientos industriales y bodegas y unas pocas casas que en algunos inviernos tienen que ser abandonadas por sus moradores, porque aquellas aguas, tan tranquilas que apenas se las ve deslizarse, se inflan, aumentando de tal modo su caudal en los inviernos lluviosos, que inundan por completo toda la parte plana y amenazan cubrir las habitaciones”. “Los habitantes del pueblo -continúa el Dr. Laval, entre los cuales hay algunos riquísimos, llevan una vida sosegada, dedicados casi exclusivamente a sus trabajos agrícolas y comerciales, y son de lo más hospitalarios que cabe imaginar: está uno en casa de ellos como en la propia; todos se desviven por agasajarlo y hacerle fácil y agradable la permanencia en el lugar. Quien los haya visitado, tiene que guardar forzosamente gratos recuerdos de ellos”12. Para un hombre que venía de Santiago, ciudad que empezaba ya a adquirir la fisonomía de una urbe que superaba con largueza lo que habían sido nuestras ciudades en el siglo XIX, Carahue aparecía, sin duda, como un remanso de tranquilidad y hospitalidad. Sin embargo, no debemos sólo al Dr. Laval estos juicios tan generosos para nuestros abuelos, sino una de las recopilaciones más interesante de nuestras tradiciones y costumbres más De cara = ciudad, y hue = lugar; que es como decir: “lugar en que hubo una ciudad” (nota del Dr. Laval. En su texto aparece como nota 1). 12 Ramón A. Laval, Contribución al folklore de Carahue (Chile), Librería General de Victoriano Suárez, Madrid, 1916, pp. 7-8. 11

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íntimas. Su libro nos ayuda a comprender, como ningún otro testimonio, como era la vida en nuestra ciudad en los albores del siglo que acaba de terminar. Desde luego, no cabe dudas que los habitantes de Carahue sentían particular temor por el chuncho, los chonchones (descritos por Laval como brujos que se convierten temporalmente en pájaros) y los males de ojo. Las niñas en edad casadera, confiaban en cambio en San José y San Antonio, aunque sospechaban que el primero les daría marido pobre, pero bueno y el segundo rico, pero malo13. Así mismo, el Dr. Laval da cuenta de la medicina popular y de los secretos de la naturaleza que dominaban nuestros abuelos. El agua de romero, de malva, el sudor de hacha (obtenido quemando un papel o trapo blanco encima del fierro del hacha) o las cruces con el vientre de una culebrita nueva, eran santo remedio para los males que nos aquejaban cuando recién estaba naciendo el siglo XX14. Las oraciones y conjuros también ayudaban a ahuyentar los malos momentos y nadie dudaba de recurrir a ellos cuando el dolor o la mala fortuna rodeaba sus vidas15. Ramón Laval recopiló también nuestra poesía popular y las canciones de cuna con nos arrobaban nuestras abuelas. Aunque tal vez hoy ya no se canten, en el pasado no habrá carahuino que algún día no las haya escuchado. “Dórmite16 niñito dórmite por Dios, por los capachitos de San Juan de Dios”. “Dórmite niñito que viene la vaca con los cachos di oro y las uñas e’ plata”. “Dórmite, niñito, que tengo que hacer: Laval, obra citada, pp. 14-18. Laval, obra citada, pp. 22-24. 15 Laval, obra citada, pp. 25-44. 16 Dórmite = duérmete (Nota de Ramón Laval. En el texto aparece como nota 1). 13 14

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lavar las mantillas, ponerme a coser” 17. También por el Dr. Laval conocemos los juegos de los niños que recorrieron las calles de Carahue en los albores de nuestra vida ciudadana. Hay que imaginar una ciudad distinta, sin alumbrado eléctrico y con calles polvorientas o barrosas. Una ciudad del 1910 o 1920. Entonces el pillarse era para los muchachos la tiña, que se jugaba en grupo, arrancando unos y persiguiéndolos otro al son de una glosa que decía: “Tiña - veriña, pasó - por la viña, vendiendo - carachas, por uvas - borrachas, tin - tun - tacha, la vieja - borracha”. Con otra variante que también registró Laval. “Unilla, - dosilla, tresilla, - guatana, color - de manzana, verruga - la tez, contigo - son diez”18. El Dr. Laval se refirió también al mandumdirum, al refunfín, al diablo colorado, a la gallina ciega, a la viudita, al peuco y a tantos otros juegos que llenaron el mundo infantil del Carahue que conmemoró en 1910 el Primer Centenario de la Independencia de Chile19. Eran, sin duda, otros tiempos, tiempos que quedaron en un pasado que hoy evocamos para recuperar una memoria colectiva que jamás debe perderse.

Laval, obra citada, pp. 49-50. En estas coplas hemos seleccionado sólo algunas de un canto más largo íntegramente transcrito por Laval. El mismo anota al final del verso que aquí copiamos una variante que reemplaza los dos últimos versos por “lavar las mantillas, ponerme a coser”. 18 Laval, obra citada, pp. 80-81. 19 Los juegos aquí señalados en Laval, obra citada, pp. 74-102.

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Don Enrique Valck, semblanza de un pionero A mediados de 1880 don Enrique Valk Greve liquidó todas sus pertenencias en Toltén y se trasladó a lo que pronto sería Carahue. Instaló un molino de trigo, otro maquilero, una destilería de alcohol, una fábrica de quaker, otra de arvejas partidas, de café de cebada, una barraca de maderas y una tienda para la venta al por mayor y al detalle. Don Enrique era un hombre de la frontera. Agente de varias compañías, construyó, además, un galpón a orillas del Imperial para la engorda de cerdos. Hablaba tan bien el alemán, el castellano como el mapudungun, idioma que aprendió a través del permanente contacto que tuvo con la población mapuche. En 1904 adquirió el fundo Santa Celia de 5 mil hectáreas y mandó construir en Europa el “Carahue”, un barco de mil toneladas, especialmente acondicionado para pasar la barra del Imperial. Para llevar adelante todos sus negocios contrató técnicos en Alemania y dio trabajo a numerosos pobladores de la nueva ciudad. Introdujo entre ellos el amor al deporte y se le puede considerar uno de los precursores del fútbol regional, deporte que difundió entre sus trabajadores. También propició la práctica del tenis. Su muerte, ocurrida cuando tenía 80 años, provocó un gran pesar en la comunidad carahuina. A esa edad, era ya un chileno más, nacionalidad que obtuvo en gratitud al país que lo cobijó durante tantos años. Carahue y la región tienen con don Enrique y sus trabajadores, una deuda que la historia debe recordar. FUENTE. Recuerdos de don Guillermo Valk.

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Hacia esa fecha Carahue ya tenía Municipalidad. De acuerdo a Eduardo Pino Zapata, la comuna fue creada el 22 de diciembre de 1891, pero su primer Municipio se habría instalado recién el 6 de mayo de 190020. En otra obra se data la fecha de la creación de la Municipalidad en 1899 y su constitución oficial en 17 de marzo de 1900. Su primer alcalde fue don Alejandro Holzapfel y sus primeros regidores don Enrique Valk, don Carlos Greve, don Delfín Lavín, don Eudocio Díaz, don Enrique Thiers, don Nazario Riquelme, don Alejandro Santander y don Manuel Burgos todos importantes vecinos vinculados a las actividades industriales, comerciales y agrícolas de la región21. Las preocupaciones de los alcaldes y regidores poco tenían que ver, sin embargo, con los juegos infantiles, las rimas populares o las canciones de cuna. Había otros problemas cuya solución exigían con cierta urgencia los vecinos. Siguiendo un cierto orden, se podría decir que estos estaban relacionados con los repartos de sitios, el consumo de alcohol, las enfermedades y la eficiencia de los funcionarios públicos. Respecto de los sitios, el problema se originaba, en la existencia de dos planos regulares de la ciudad, uno que habría correspondido a lo que las fuentes llaman la “ciudad antigua” y otro, elaborado en 1895 por el ingeniero Johnson Gana, que correspondía a la “ciudad nueva”. A la falta de coincidencia entre ambos, se agregaba la dificultad proveniente de lo accidentado del lugar, con quebradas que no permitían la exacta medición de los solares. De esto resultaba que había sitios de 100 metros por 25, otros de 25 por 20 y algunos de 20 por 10, con los consiguientes reclamos de parte de aquellos pobladores que se sentían perjudicados por tan desigual distribución. En 1905 el alcalde don Alejandro Holzapfel solicitó al gobierno el envío de otro ingeniero para la confección de un nuevo plano que corrigiera los errores de los anteriores y enmendara las omisiones del segundo. El alcalde había iniciado las gestiones nombrando una Comisión de Sitios, presidida por el mismo, que se encargaría de sentar las bases del nuevo y definitivo plan regulador22.

Eduardo Pino, Carahue. La ciudad Imperial Antigua, Telstar Impresores, Temuco, 1982, p. 36. 21 Solís y Thiers, obra citada, p. 92. 22 Oficio 254, Carahue, 26 de octubre de 1905. Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación de Imperial, vol. 55, fs. 237-237 vta.

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DE QUE MORIAN NUESTROS ABUELOS (1895) He aquí las causales de muerte durante el primer año de funcionamiento del Registro Civil de Carahue, es decir, 1895. Hemos anotado los datos tal cual aparecen en el libro. CAUSAS DE MUERTE Disentería Tisis Espasmos Fiebre Afección al hígado Vejez Empacho Ataque al cerebro Epilepsia Ataque al corazón Aplastado por un árbol Ahogado en el Cautín Tumor al estómago Tumor al pescuezo Nacidos muertos Muerte repentina Resfriado Mal de orina Alfombrilla Asesinado Raquitis Hernia Tos convulsiva Tumor al pecho Parálisis Costipado Diarreas Parto TOTAL

NUMERO DE FALLECIDOS 4 8 5 15 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 4 3 1 1 2 2 1 1 1 1 1 2 2 1 66

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Por estos mismos años el alcalde Holzapfel empezó a dar denominación a las calles y a reglamentar el uso de algunos sitios públicos, entre ellos el cementerio. Los problemas, sin embargo, no terminaron. Todavía algunos años después algunos vecinos seguían reclamando sitios entregados años antes que no aparecían registrados en los planos de la ciudad23. De acuerdo a algunos títulos que hemos tenido a la vista, la planta principal de la ciudad se dividió en dos sectores. La primera correspondía a las manzanas “ubicadas hasta tres cuadras en contorno de la plaza principal” y la segunda a todas las demás24. Cada vecino podía solicitar por escrito el sitio vacante que le pareciera oportuno al gobernador del Departamento, quien lo otorgaría bajo la condición construir en el término de un año casa tejada, que tuviera por lo menos 20 metros de frente y que por ningún motivo fuera mediagua o utilizare material pajizo. El sitio debería también cerrarse con cerco de madera o muros de adobe, que no bajen de metro y medio de altura, y llenarse “con ripio las veredas correspondientes al frente y costado” del sitio. Quien no cumpliera estas normas debería devolverlo al fisco25. Así, pues, exigiendo el cumplimiento de estas normas se fue configurando la geografía urbana de nuestra ciudad. El segundo problema que debieron enfrentar las autoridades carahuinas estaba relacionado con el excesivo consumo de alcohol. A comienzos de siglo se desató en todo el país una verdadera cruzada para contener los efectos perniciosos que provocaba el alcoholismo. Este vicio fue calificado como una lacra que amenazaba el futuro de Chile. El gobierno, las organizaciones sindicales, la prensa, la Iglesia y lo que hoy día podríamos llamar las “fuerzas vivas” de la población se empeñaron en terminar con el mal. En relación a este problema, se denunciaba que las tomateras derivaban en desórdenes, robos y lesiones que comprometían la integridad Varias solicitudes de este tipo se pueden ver en el vol. 64 de la Gobernación de Imperial, en el Archivo Regional de la Araucanía. 24 Título Provisorio concedido a don Constantino Barmen en la población de Carahue, Nueva Imperial, 14 de marzo de 1906. Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación de Imperial, vol. 58. f. 24. 25 Ibídem. Estas normas se aplicaban a todas las ciudades del país conforme a un Decreto del Gobierno fechado en Santiago el 24 de abril de 1885. 23

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física de los carahuinos. El problema afectaba no sólo a la ciudad, sino a todos sus alrededores, particularmente a las zonas hasta donde el control de las autoridades no llegaba con la prontitud requerida. En 1908, el subdelegado de Tirúa, escribía al gobernador de Nueva Imperial poniendo en su conocimiento “los grandes desórdenes y tomaduras que hay de continuo en este pueblo” con las consiguientes “desgracias, robos, heridos, salteos” y otros males provocados por las borracheras a las que hacía referencia. Rogaba el subdelegado al gobernador el envío de unos cuantos soldados para contener los excesos denunciados26. Notas de este tipo abundan en los archivos de la época. Las enfermedades eran otro peligro latente. La falta de higiene, la escasez de médicos y hospitales y la ausencia de medicamentos exponían a la población a riesgos que hoy día casi no imaginamos. A comienzos de siglo las amenazas más temidas provenían de la viruela y el tifus. La primera recorría la región cada cierto tiempo provocando verdadera alarma y el segundo solía repetirse todos los años con efectos también muy lamentables. La viruela aparecía sigilosamente en los puntos más insospechados. Tan pronto se tenía una denuncia las autoridades aislaban los lugares afectados e iniciaban las vacunaciones colectivas. Tenemos, por ejemplo, una denuncia hecha en 1905, en el mes de abril, que alertó a las autoridades locales. El subdelegado de Carahue, don Enrique Valk, ordenó de inmediato vacunar a la población y estar alerta a los efectos de la epidemia27. Ese año, sus efectos fueron menores; otros, en cambio, casi diezmaron a la población. Muchas veces el problema se agravaba debido a que todo el departamento de Imperial disponía de un solo vacunador, absolutamente insuficiente cuando la presencia de la viruela amenazaba a los vecinos. El año 1907, dos años después del brote de 1905, ese único vacunador logró inocular a 2.508 hombres y 2.456 mujeres, sumando en total a 4.964 personas que pudieran sortear con mas posibilidades de sobrevivencia los males de una enfermedad que por fortuna hoy día está casi extinguida28. Carta del subdelegado de Tirúa don R. Navarrete, Nehuentue, 10 de agosto de 1908. Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación de Imperial, vol. 63, f. 100. 27 Comunicación del subdelegado de Carahue al gobernador de Imperial, Carahue, 15 de abril de 1905. Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación de Imperial, vol. 55, f. 226. 28 Memoria del Gobernador de Nueva Imperial, Nueva Imperial, 7 de febrero de 1908. En Memoria del Ministerio del Interior, Santiago, 1908, pp. 936-937. 26

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La misma memoria del año 1908 hizo referencia al tifus. Según el gobernador de Imperial, se trataba de la epidemia “que ha hecho más estragos en este departamento”. El gobernador agregaba que el brote se originó en la cárcel pública, “dada las malas condiciones de hijiene en que se encuentra el edificio”, provocando una mortalidad mayor que los años anteriores, debido precisamente al desaseo de la población29. La eficiencia y honestidad de los funcionarios públicos fue otro asunto que debieron enfrentar las autoridades carahuinas en los orígenes de nuestra historia citadina. Las tentaciones eran grandes: numerosos sitios por repartir, tierras aledañas que se podían expropiar, fortunas que se empezaban a formar y que requerían, de vez en cuando, de alguna ayuda estatal; en fin, tantas situaciones propias de una sociedad en plena formación. Los gobernadores, subdelegados y alcaldes debían estar, por lo tanto, muy alertas a cualquier situación sospechosa. La exoneración de gendarmes y policías, las renuncias de funcionarios menores y las denuncias respecto de situaciones poco claras eran pan de todos los días. Con todo, nuestra ciudad logró salir adelante sin que los abusos de poder hayan perturbado su desarrollo urbano. Había también otras cosas importantes de las cuales preocuparse. En primer lugar, la extensión del ferrocarril de Temuco a Carahue fue la ilusión de todos nuestros abuelos hasta 1908, año en el cual por fin la locomotora llegó a nuestra ciudad. Casi diez años antes Gustavo Verniory hizo los primeros estudios y ya en el siglo XX los trabajos se consideraron impostergables. En 1907 se consideraba que el ramal a Carahue era asunto vital para la región, habiéndose ya habilitado una boletería en la ciudad para empezar a atender al público. Ese año se gastaron más de $ 154 mil pesos en la obra, estando casi a punto de concluirse30. El puerto fluvial era otro asunto de permanente preocupación. También las inundaciones que lo afectaban cuando los inviernos desataban aguaceros que todavía recuerdan los viejos carahuinos. 1910 parece haber sido un año particularmente lluvioso. Ese invierno cayeron puentes y se produjeron

29 30

Ibídem, p. 937. Ibídem. p. 926.

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inundaciones que dejaron a Carahue “en un estado ruinoso, inhabitable y peligroso”31. Mientras tanto, la población de Carahue superaba ya los dos mil habitantes. Según el censo de 1907, en la misma ciudad vivían 1.106 hombres y 1.145 mujeres, sumando en total 2.251 personas. En sus alrededores se concentraba también otra interesante población, superior incluso a la urbana. Según el mismo censo de 1907, la población rural de Carahue era de 1.365 hombres y 1.194 mujeres, sumando en total 2.559 pobladores rurales32. Después de Nueva Imperial, Carahue era el centro urbano más importante del sector y su comuna una de las más poblada. Así transcurría la vida en nuestra ciudad en sus primeros años de existencia. Un listado de las acciones emprendidas por la Ilustre Municipalidad hasta 1930, tomada del Albún Guía del Centenario de Temuco (1881-1931) de Oscar Arellano, complementa la información que hemos venido entregando33. *** NOTA DEL EDITOR: A continuación, se presenta un listado de los primeros Gobiernos Municipales de Carahue: 1900-1903 17 de marzo de 1900. Sesión preparatoria de constitución de la Ilustre Municipalidad de Carahue. 6 de mayo de 1900. Sesión de instalación de la Ilustre Municipalidad. Alcalde: don Alejandro Holzapfel. Municipales: don Enrique Valk, don Carlos Greve, don Delfín Lavín, don Eudocio Díaz, don Enrique Thiers, don Nazario Riquelme, don Alejandro Santander y don Manuel Burgos. Trabajos: Fija los límites urbanos de la ciudad. Organiza los servicios de matadero y abasto. Organiza los servicios de policía y salubridad. Levanta el primer rol de patentes. Organiza el primer cobro de contribuciones.

Carta del subdelegado de Carahue, Carahue 5 de julio de 1910. Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación de Imperial, vol. 66, f. 48. 32 Censo de la República de Chile de 1907, Imprenta Universo, Santiago, 1908, p.1093. 33 Este resumen aparece entre las pp. 307 y 312.

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Organiza los registros electorales, los servicios del cementerio e inicia los arreglos de las calles. 1903-1906 Se inicia este segundo período municipal el 3 de mayo de 1903. Alcalde: don Alejandro Holzapfel. Trabajos: Intensifica la campaña de higiene pública. Dicta un reglamente para el cementerio. Solicita la extensión urbana denominada “Parque Municipal”. Propicia la visita de médicos dos veces al mes para la atención de los pobres. Da denominación a la calles y continúa sus arreglos. Solicita al Supremo Gobierno impulse las obras del ferrocarril de Temuco a Carahue. 1906-1909 Se inicia este tercer período el 6 de mayo de 1906. Alcalde: don Alejandro Holzapfel. Trabajos: Solicita al Supremo Gobierno la creación de nuevas escuelas, una oficina de giros postales, la Caja Nacional de Ahorros y la Subdelegación de Carahue. Practica dragado del bajo “Ruca Diuca” y continúa el arreglo a las calles. 1909-1912 Se inicia este cuarto período municipal el 2 de mayo de 1909. Alcalde: don Alejandro Holzapfel. Trabajos: Incluye los predios indígenas en el rol de avalúos de contribuciones. Comisiona al alcalde para que personalmente agite en Santiago la elevación a subdelegación del “Distrito de Carahue” y la anexión a este distrito de Nehuentue, quedando como cabecera el pueblo de Carahue. Solicita al Supremo Gobierno una draga para los trabajos de “Ruca Diuca”. Proyecta el alumbrado a gas acetileno. Continúa arreglos de las calles. 1912-1915 Se inicia este quinto período el 5 de mayo de 1912. Alcalde: don Jorge Valk. Trabajos: Rectificó el plano de la ciudad. Instala el alumbrado público a gas acetileno. Abre varias calles que estaban cerradas y se continúa el arreglo de otras. Restituyó a la Municipalidad algunos terrenos ocupados

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ilegalmente por particulares. Solicitó al Supremo Gobierno el ensanchamiento de la comuna por el norte, a continuación de “Casa Blanca” y se le reiteró la petición de la creación de la subdelegación. Se proyectó un puente en calle Villagrán, que uniría el centro con el llamado “Pueblo Nuevo”. 1915-1918 Alcalde: don Eudocio Díaz. Trabajos: Designa una comisión compuesta por los señores Adalberto Santander, Eulogio Figueroa, Eduardo Holzapfel y Julio Valk para que se trasladen a Santiago con el fin de obtener la suspensión de la medida por la cual se reducían los límites comunales, comisión que tuvo pleno éxito. Esta misma comisión consigue la creación de la subdelegación. 1918-1921 Alcalde: don Alejandro Holzapfel. Trabajos: Se oficia a la comuna de Nehuentue a fin que suspenda cobros de contribuciones que corresponden a Carahue. Defiende ante el Supremo Gobierno los derechos municipales contra algunos particulares que pretendían el remate público del terreno cedido para “Parque Municipal”. Designa administrador del Cementerio Municipal a don David Álvarez. Impulsa arreglos y reparaciones de calles. 1921-1924 Alcalde: don Laureano Mora. Trabajos: Solicita los servicios del vacunador de Imperial. Resuelve construir un matadero a orillas del río Imperial. Solicita al Supremo gobierno un terreno necesario para el Matadero Municipal. Acordó una subvención municipal a la Caja Nacional de Ahorros, por $ 50 mil mensuales, desde agosto a diciembre de 1921. 1924-1927 Alcalde: don David Álvarez Trabajos: Obtiene del Supremo Gobierno la promesa de construir dos escuelas modelos; se hacen los estudios del caso, pero no se construyen durante esta administración municipal. Reorganiza la Policía Comunal. Impulsa vigorosamente los arreglos de calles, y de una manera especial el “Puente de Tierra” de la calle Villagrán.

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1927-1928 Primera Junta de Vecinos. Alcalde: don Guillermo Chaparro. Vocales: don Alejandro Santander y don Jermán Haupt. Inicia su gestión el 6 de junio de 1927 y concluye el 12 de enero de 1928. Trabajos: Arregla definitivamente las finanzas municipales. Obtiene del Supremo Gobierno el dragado de “Ruca Diuca” y la instalación de la Caja de Ahorros. 1928-1930 Segunda Junta de Vecinos. Alcalde: don David de la Maza Larenas. Vocales: Alejandro Santander y don Jermán Haupt. Inicia su gestión el 12 de enero de 1928 y concluye el 15 de julio de 1930. Trabajos: Promulga el código de Policía Local. Reglamenta el funcionamiento de los establecimientos de comestibles, carnicerías, chancherías, cocinerías, panaderías y cantinas. Dicta Reglamento y arancel del Cementerio. Liquida todos los juicios pendientes. Levantó un rol de avalúos. Solicitó al Supremo Gobierno agua potable y alcantarillado. Impulsó los arreglos de calles y plazas. 1930 Tercera Junta de Vecinos. Alcalde: don Guillermo Muñoz. Vocales: don Trinfo Leal y don Luis Salas Díaz. Inicia su gestión el 15 de julio de 1930. Trabajos: Reorganiza los servicios administrativos. Levanta el 10º Censo Nacional (1930). Nivela la Plaza Chile y construye su kiosko. Arreglo de la calle que conduce al Hospital y ripiadura de varias otras. Aumenta el alumbrado eléctrico. Renumera la población en trabajo costeado con fondos municipales. Rectifica y completa el rol de contribuyentes.

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CARAHUE Y SU HISTORIA

XVII

CARAHUE UN SIGLO DE HISTORIA 1910 - 2000

Jorge Pinto Rodríguez

Al finalizar el siglo XX Carahue tiene alrededor de 8 mil habitantes y la comuna unos 27 mil1. En poco más de cien años el caserío de ranchos pajizos y viviendas a medio construir, de apenas unos cien habitantes, se ha convertido en una ciudad intermedia con avances muy evidentes, pero con limitaciones que aún no logra superar. Es, desde luego, una comuna con altos índices de pobreza, con centros urbanos y villorrios que no logran retener a la población y con expectativas que muchas veces se marchitan. La agricultura sigue siendo su principal actividad. de acuerdo a los datos censales de 1992, unas 4.200 personas trabajan en ella, representando el 57 % de la fuerza laboral. El comercio sigue siendo la segunda actividad, con unos 736 comerciantes que satisfacen la demanda local. El resto de las ocupaciones se distribuyen entre el servicio doméstico, los servicios públicos, el transporte y la construcción2. ¿Qué pasó con Carahue? ¿Por qué la ciudad y la comuna no lograron despegar como otras de la región? ¿Qué ocurrió con el puerto de la Araucanía? En cien años se tejió una larga historia que explica lo que ocurrió con nuestra ciudad. Aunque ésta no progresó en los términos esperados, no Datos del censo de 1992. La comuna de Carahue tenía en 1992 los siguientes delegaciones con la población que se indica. Carahue, 7842 habitantes; Trovolhue, 1.949; Nehuentue, 769; Tranapuente, 269; Villa las Araucarias, 120 y Pancul, 90. Por nuestra gente, Cuenta Pública 1998. Ilustre Municipalidad de Carahue, Carahue, 1998, p 10. 2 Ibídem, p. 10. Respecto de la extrema pobreza, Carahue ocupa el 5 lugar, después de Galvarino, Puerto Saavedra, Lonquimay y los Sauces, con un 27 % de población en esa situación. 1

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desapareció y hoy día sigue siendo uno de los centros urbanos más típicos de la vieja Araucanía.

Lo del puerto de la Araucanía se frustró. Las dificultades que ofrecía la navegación del río y la barra en su desembocadura se convirtieron en escollos insalvables que prontamente desplazaron la atención hacia el ferrocarril. La estación que se inauguró en 1908 volcó el tráfico hacia Temuco y poco a poco la capital regional empezó a absorber a Carahue. A la larga, resultó paradojal que una obra en la que tanto empeño pusieron los carahuinos terminara convirtiéndose en un factor que limitó su propio desarrollo. En efecto, con la llegado del ferrocarril, el tráfico se dirigió hacia Temuco, ratificando no sólo su condición de capital regional, sino convirtiéndolo en un punto neurálgico por el cual pasaban todos los productos de la zona. Temuco se transformó así en un verdadero emporio, dinámico y emprendedor. De haberse mantenido Carahue como el gran puerto de la Frontera, ese lugar lo habría ocupado nuestra ciudad, desplazando a Temuco y

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LA CONSTRUCCION E INCENDIO DE LA CASONA Uno de los acontecimientos que más llamó la atención de los carahuinos cuando la ciudad recién empezaba a vivir la segunda década del siglo XX, fue la construcción de la Casona. Este verdadero edificio público, emplazado en el segundo piso de la ciudad, de cara al actual puente colgante, fue mandado a construir por el empresario español don David Villagrán, iniciándose sus obras en 1914 para quedar concluida dos años más tarde, en 1916. Su arquitecto y constructor fue don Pedro Aguayo, avecindado en Puerto Saavedra. La gente recuerda que las maderas de pellín, laurel y raulí fueron traídas desde Trovolhue, por el río Moncul. Desde Francia don Juan Landerretche trajo las planchas de fierro galvanizado, las que fueron estampadas con el martinete de don Luis Cosh en el mismo Carahue. Más asombro provocó todavía la llegada por barco de los finos muebles, lámparas, espejos y vajilla traídos también del Viejo Continente. Pocos saben que la copa del torreón guardó un listado de los obreros que en ella trabajaron, los costos de la construcción, las monedas de la época y los vinos que se consumían. La Casona fue durante muchos años un símbolo arquitectónico de Carahue. Algo deteriorada se mantuvo desafiante a los cambios de la segunda mitad del siglo XX, albergando en sus últimos años a un restaurante que llevaba el mismo nombre que la hizo famosa: La Casona. Hoy ya no existe. El 7 de marzo de 1994 fue incendiada por tres sujetos con el propósito de cobrar un seguro de 20 millones de pesos contratado con anterioridad. Pertenecía entonces a doña Mina Fiedler Villablanca, descendiente de su primer dueño. Con su desaparición se fue una época de grandeza que la ciudad intenta recuperar. Fuente: “La Arquitectura” de Gonzalo Cerda, publicado en Carahue, La Antigua Imperial, p. 120 y “Cadena Perpetua para 3 sujetos que incendiaron casa histórica”, Crónica de El Mercurio de Santiago, 19 de junio de 1996.

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volcando el tráfico hacia la costa. Puerto Saavedra y Nehuentue habrían sido también otra cosa y nuestro paisaje urbano habría cambiado radicalmente. Lo anterior se explica también por las dificultades que ofrecía la navegación. En realidad, cuando los carahuinos del 900 pensaban en el ferrocarril, suponían que nuestra estación se convertiría en el punto de llegada de todos los productos regionales que se juntarían en Carahue para iniciar por barco su viaje a los mercados externos. Nuestra ciudad sería, así, el gran puerto exportador de la Araucanía. Y si por él salían sus productos, por él también entrarían los consumos regionales, transformando a Carahue en un puerto comparable a Valparaíso o Talcahuano. Por eso la llegada del ferrocarril fue recibida con verdadero alborozo. El día en que apareció la primera locomotora en Carahue fue día de fiesta y grandes ilusiones. El diario El Imperial expresaba su euforia señalando que “una salida al mar es un mercado de manera pues que el ferrocarril de Temuco a Carahue y la navegación cómoda y fácil por el río Imperial abre a esta región de la Frontera un vasto horizonte industrial y comercial”3. Tan grande fue el entusiasmo que de inmediato se inició la discusión en torno a la conveniencia o inconveniencia de extender el ferrocarril a la costa. Al margen de los sueños de los costinos, que ya se imaginaban transformados en pobladores de un puerto de incontenible progreso, prontamente se desataron las disputas entre Puerto Saavedra y Nehuentue. ¿Donde establecer el terminal ferroviario de la Frontera? La polémica duró casi 20 años, años que la discusión paralizó las obras y demostró su inconveniencia, sepultando una alternativa de desarrollo que chocaba, además, con las dificultades que ofrecía la navegación. Todo se fue confabulando para que de 3

Citado por Pino, obra citada, p. 38.

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punto de llegada y partida de todos los productos de circulación regional, nuestro tendido ferroviario se convirtiera en un modesto ramal del ferrocarril central.

LA CRECIDA DEL 22 Los recuerdos de don Guillermo Valck “A mediados del mes de julio de 1922 se produjo la crece más alta conocida del río Imperial. Aumentaba 30 centímetros por hora. Llegó a 10 metros sobre su cauce normal, quedando 40 cm. sobre la línea férrea de la estación.”

La importancia administrativa de Temuco, los servicios concentrados en la capital regional, los bancos y los agentes de las principales casas comerciales fueron acentuando su importancia en el contexto regional, impidiendo que Carahue pudiese competir con ella. Desde muy temprano el éxodo a Temuco fue una posibilidad que los carahuinos tuvieron que tener en cuanta. Con todo, hasta los años 40 o 50, Carahue vivió una época de relativo esplendor. Todavía se practicaba la navegación por el río Imperial, el ferrocarril agilizaba la vida y la crisis del 29, que tanto afectó al país, reactivó una actividad minera asociada al oro que también contribuyó a darle movimiento a la ciudad y a toda la comuna. Un historiador regional se refirió a estos hechos en términos muy elocuentes, escribiendo lo siguiente: “Una nueva y gozosa nota de confianza en el porvenir surgió cuando la actividad de los lavaderos de oro de Santa Celia, Dinamarca, Los Corrales y Chacaico hicieron revivir la fama de sus esteros que desde los tiempos hispánicos esperaban a los buscadores de fortuna. Al llegar la década del 40 unos dos mil trabajadores sumaban sus esfuerzos y en cada mes de labor extraían varios kilos del apreciado mineral que junto con darle alas a la leyenda de riquezas inagotables ponían a la región a la misma

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altura de la provincia de Coquimbo en la estadística de la producción de oro, con altas leyes”4. Aunque en los años siguientes esta actividad declinó, fue sin duda el oro carahuino otro motivo de interés para nuestros vecinos cuando corría la primera mitad del siglo XX. Hacia 1930 Carahue había alcanzado un cierto desarrollo. El Albún-Guía del Centenario de Temuco (1881-1931) de Oscar Arellano, publicado precisamente ese año da cuenta de la existencia en Carahue de prósperos y modernos negocios, un hotel y varias industrias que se aprecian muy activas5. Entre los primeros destacan los de Valk Hermanos, cuyas ofertas en ventas al por mayor y por menor los colocaba tal vez a la cabeza de los comerciantes carahuinos. La tienda de don Ignacio Molina le ofrecía se dedicaba más bien a la venta de géneros, almacén y abarrotes y La Primavera, de don Guillermo Muñoz se anunciaba como paquetería con gran surtido en géneros, camisería y sombrerería. Por último, se anunciaba también la panadería Vascongada, de don Carlos Zavala, ubicada en la calle Pedro de Valdivia, que ofrecía un servicio de reparto a domicilio, asegurando contar con espléndidas instalaciones aseguraban prestigio y seriedad. Todas tenían teléfono y casilla de correos. El mismo Albún-Guía anunciaba el mejor hotel de la ciudad: Hotel Carahue, de don Juan Briones, instalado frente a la plaza de armas, con teléfono y casilla. Su dueño ofrecía cocina chilena y una atención especial hecha por el mismo. Disponía de piezas para viajeros, departamentos especiales para familias y en el verano una gran novedad: un servicio especial de góndolas a Puerto Saavedra. Según el Albún-Guía. El Hotel Carahue reunía todas las exigencias de emanaban del Ministerio de Fomento. Respecto de las industrias, destacan los molinos de Stanke y Schlaeger, el de Antonio Konig y el de los Hermanos Valck. Todos se anunciaban como industrias modernas, capaces de competir en cualquier mercado. Junto a ellos estaba la Empresa de Luz Eléctrica de don Enrique

4

Pino, obra citada, p. 40.

5

Del Albún-Guía de Arellano, véase pp. 313-320.

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Thiers, que disponía, además, de un depósito de la cerveza de Valdivia y los mejores vinos y licores embotellados. Disponemos, también, de otra fuente de información preparada en 1937 que nos permite apreciar los cambios que se habían producido veinte años después de lo que relata don Guillermo Valck y siete de lo que anunciaba el Albún- Guía de Arellano del año 30. Las diferencias saltan a la vista. Se describía, en primer lugar, a Carahue como una de las comunas más pintorescas de la provincia de Cautín. Era su alcalde don Antonio Álvarez Sáez y sus regidores la señorita Edelmira Mora, don Trinfo Leal y don Carlos Gottschalk. De acuerdo al relato que vamos siguiendo, sus principales preocupaciones eran llevar adelante las obras de progreso que demandaba la ciudad, construir nuevas escuelas, instalar la red de agua potable y construir el puente sobre el río Imperial. La Municipalidad había logrado convencer a los vecinos de la necesidad de dar juntos la lucha para conseguir estas obras, para lo cual constituyó un Comité de Vecinos que se entrevistaron con varios ministros de estado para plantearles sus requerimientos6. Carahue tenía entonces dos escuelas de hombres y dos de mujeres, con una matricula aproximada de 400 alumnos cada una. Según las autoridades, las cuatro funcionaban en lugares inadecuados y antihigiénicos, razón por la cual era de primera necesidad construir nuevos edificios para que los muchachos y muchachas se educaran como corresponde. Tan urgente como construir esas escuelas era dotar a Carahue de agua potable. Hacia esos años, nuestros vecinos obtenían el agua de pozos

6

Albún del Cincuentenario del Departamento de Imperial, Nueva Imperial, 1937, p. 32.

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DE QUE MORÍA LA GENTE Listado de las causales de los fallecimientos ocurridos en 1942 Enfermedades Nefritis Fractura al cráneo Catarro intestinal Bronconeumonía Tuberculosis pulmonar Contusiones internas Marasmo senil Neumonía Epilepsia Parálisis Ulceras al estómago Disentería Debilidad Colitis Ahogados Tifoidea Bronquitis

Fallecidos (en %) 2 4 38 12 12 2 4 2 2 2 2 2 2 2 4 2 2

insalubres que ponían en peligro su salud. “El agua en abundancia es un elemento indispensable en la vida de un pueblo, a tal punto que su escasez o su desaparecimiento puede llegar hasta paralizar toda actividad humana”, decían los carahuinos en 1937, y por eso insistían en dotar a la ciudad de agua potable. Por la proximidad de los ríos Damas e Imperial, concluían en su demanda, no será gravoso para el gobierno emprender esta obra que con tanta urgencia reclama la ciudad7.

El puente sobre el río Imperial era la tercera obra que reclamaban los carahuinos. La construcción de ese puente frente al balseadero “Herrera”, sería el punto de entrada al Budi, Puerto Domínguez y Puerto Saavedra, Fuente. Libro de Registro de Defunciones, 1942. con los consiguientes beneficios Archivo del Registro Civil de Carahue. Se han por las posibilidades de atraer anotado las causales de fallecimiento tal cual turistas. Los vecinos aparecen en el registro. Estos datos corresponden argumentaban que “cuentan con a un muestreo al azar. inmensos paisajes por los paseos que pueden hacerse a las riberas de sus feraces ríos y otros lugares importantes y dignos de ser observados”8. En ausencia del puente, el cruce del río se hacía gracias al servicio de seis balseros, cuyos labor se hacía absolutamente insuficiente para el tiempo de las cosechas. Según las informaciones de la época, el tránsito para

7 8

Ibídem, pp. 32-33. Ibídem, p. 33.

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las carretas se iniciaba a las 3 de la madrugada y se cerraba para la población a las 4 de la tarde. El puente era considerado una obra impostergable. Para fines de los años 30 ya se había terminado la construcción del Hospital, obra que se logró gracias a la iniciativa de un grupo de señoras de Carahue y que contó con el respaldo de la Municipalidad. Disponía de dos salas comunes, una maternidad y un pensionado. Encargado a la Beneficencia, era dirigido por el Dr. Víctor Trucco. Además del Hospital, Carahue contaba con un Policlínico Municipal que funcionaba en el mismo edificio de la Tenencia de Carabineros, funcionamiento que había sido autorizado por la Jefatura de Carabineros de Imperial en retribución a los gastos que había hecho la Municipalidad en la construcción del edificio9. Con la cooperación de la Municipalidad y un Comité de vecinos acaudalados se había creado, además, una banda de músicos que amenizaba los paseos por la plaza y que contaba con la simpatía unánime del pueblo. Su participación en los desfiles públicos era también muy reconocida, acompañando con sus sones el paso de los bomberos, boy scouts y estudiantes carahuinos que lucían sus mejores galas los 21 de mayo y 18 de septiembre. Carahue tenía también un club de tenis, una asociación de fútbol que registraba siete clubes y un comercio muy activo. Entre las principales casas comerciales destacaban Almacenes La Chilenita, fundado en 1921 y que funcionaba en la calle Pedro de Valdivia, frente a la plaza, ofreciendo un completo surtido de tejidos de lana, seda, algodón, calzado, paquetería en general y productos de ferretería, cristalería y abarrotes surtidos. Su dueño era don Pedro Segundo Sepúlveda Conejeros. Almacenes La Chilenita era un verdadero emporio, preludio de las grandes tiendas que aparecerían a fines del XX. Otros negocios importantes eran el Emporio Central, de don Rosamel Ortiz, que atendía a sus clientes en la calle Lautaro 367, y el Emporio San Salvador, de don Salvador Álvarez, cuyo surtido en abarrotes, vinos y harina le permitía ofrecer al público los mejores precios de la plaza. Además de los anteriores, los viejos carahuinos deberán recordar la Tienda y Almacén Lautaro, de don José Jiménez, la Zapatería Francesa de don Juan Landarretche y la Botica Carahue, de

9

Ibídem, p. 33.

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doña Florencia Concha, atendido por personal técnico profesional encargado de despachar las recetas con la prontitud que requerían los enfermos10. En la década del 30 existía también un servicio telefónico más difundido, que permitía a algunos vecinos y a las principales casas comerciales disponer de teléfonos particulares. Así mismo, gracias al empuje de don Enrique Thiers, la ciudad contaba con un servicio eléctrico desde 1925. En 1928 don Enrique consiguió una nueva concesión por treinta años con el compromiso de mantener un servicio eficiente y económico para los usuarios. Ese año se comprometió a mantener el servicio eléctrico en la misma ciudad y en sus alrededores, fijando como radio para la primera los siguientes deslindes: por el norte el estero Damas, por el oeste el río Imperial, por el sur la línea del ferrocarril a Temuco y su prolongación en dirección oriente-poniente, y por este una paralela a la calle Bulnes, trazada a 500 metros al este. El señor Thiers debía suministrar también energía eléctrica para uso industrial a todos los establecimientos que lo solicitaran11. Las obras portuarias eran también otro factor de desarrollo local. Las autoridades de Santiago enviaban permanentes recursos para agilizar el tráfico marítimo. Aunque el tráfico ferroviario por Temuco estaba alcanzado ya bastante intensidad, todavía Carahue era el puerto de la Frontera. En 1937, por ejemplo, se realizaron obras en Puerto Saavedra y Trovolhue, con el expreso propósito de favorecer el tráfico marítimo por el río Imperial hasta Carahue12. Con hospital, escuelas públicas, matadero, cementerio, un comercio dinámico, una estación ferroviaria y puerto para la navegación fluvial, banda de músicos, teléfonos, luz eléctrica, una tenencia de carabineros y una municipalidad muy activa, Carahue era hacia 1940 una pequeña ciudad que empezaba a dejar atrás la historia de los pioneros y que gozaba de todos los beneficios a los que podía aspirar un centro urbano del Chile de los tiempos

Ibídem. Para la redacción de estas noticias sobre las casas comerciales se han usado el avisaje del Albún del Cincuentenario. 11 Boletín de Leyes, Santiago, 1928, pp. 775-779. 12 Memoria de la Dirección General de Obras Públicas, 1937, Imprenta La Ilustración, Santiago, 1938, pp. 106-107. 10

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TESTIMONIO DE UN CARAHUINO DEL 38 Conversaciones con don Armando Huenchual Currifuta Entrevista de Giancarlo Bucchi, Carahue, junio-agosto de 1999

“Yo nací el año treinta y ocho, pero no en el hospital, había entonces matronas campesinas. Mi padre se llamaba Onofre Domingo Huenchual Levio. Mi madre se llamaba Lorenza Currifuta, muy linda madre, en el nombre de Dios. Hernán Thiers la conoció. A mis dos viejos los conoció”. “Mi madre era una de las que hablaba muy bien el castellano. Mi padre era de Colico. Se llamaba Tchanleufu, donde se juntan dos ríos, ahí en Colico. Mi madre era de Chanco, arriba, yendo para Santa Celia. Mis padres hicieron un matrimonio muy hermoso. A mi padre nunca lo vi discutir una palabra. Ese amor. Mi padre era muy trabajador, sembraba cualquier siembra. Se hacía un mingaco, lo que decía el papá aceptaba la mamá, y lo que decía la mamá aceptaba el papá. Y se hacía el trabajo”. “Yo me casé de 25 años. Lo poco que sembrábamos lo trillábamos. Lo trillábamos a palo. Y después se terminó el palo. Llegó la civilización y empezamos a trillar a bestia, a caballo. Después llegó la máquina de planta, con motor a vapor. Y así, ahora todo es automotriz. La ciudad ha servido de mucho. Y porque llegó la ciudad yo se hablar el castellano”. “Yo hallo que la llegada de la ciudad es muy bueno para el adelanto, pero nos achicaron la tierra. Eso no fue muy bueno. Ahora nos preocupamos de sembrar más. Aquí se sembraba tan poco. Una familia sembraba dos almudes de trigo y uno de cebada. Después llegó la papa. Uno no conocía tanto la papa como ahora. Andábamos a pata pelá, con un chamalcito de lana entonces.”

en que asumía la presidencia de la República don Pedro Aguirre Cerda. Con evidente muestras de modernidad, seguía conservando, sin embargo, resabios de la antigua vida fronteriza que recordábamos recién, al menos en la memoria colectiva. Uno de esos resabios era el bandolerismo. Hacia 1940 todavía operaban en la zona algunas bandas, envueltas en un hálito de misterio y de

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cierta admiración por parte de lugareños que las veían aparecer como ráfagas de viento. Todavía hacia 1940 las andanzas de bandoleros y cuatreros eran comentadas en Carahue como si fueran ocurrencias diarias.

INSTITUCIONES Y ORGANIZACIONES SOCIALES DE CARAHUE

Del libro Carahue, La Antigua Imperial, Myriam Hernández, editora, y otros testimonios

INSTITUCIONES

FECHA DE FUNDACIÓN

Bomberos de Carahue Sociedad de Socorros Mutuos de Carahue Club Deportivo Enrique Valk Sociedad de Beneficencia de Señoras de Carahue Audax Deportivo de Carahue Asociación de Fútbol de Carahue Club Deportivo Ferrovilla Rotary Club de Carahue Club de Pesca y Caza “Caleuche” Cruz Roja de Carahue Liceo de Carahue Club del Rodeo Chileno de Carahue Coro de Profesores de Carahue Teatro Experimental Municipal Conjunto Lafkenche Club de Leones de Carahue Club de Cuecas “Espuelas del Sur” Radio Angel F.M. Club de Cueca Copihue Lafken Liceo Comercial de Carahue

15 de noviembre de 1910 1 de mayo de 1911 1 de noviembre de 1920 9 de enero de 1921 8 de octubre de 1924 25 de agosto de 1936 9 de diciembre de 1944 16 de marzo de 1946 20 de febrero 1951 25 de agosto de 1960 4 de mayo de 1965 10 de mayo de 1965 25 de mayo de 1968 1969 4 de mayo de 1981 24 de mayo de 1982 20 de octubre de 1983 14 de septiembre de 1988 14 de marzo de 1989 4 de abril de 1990

Un acontecimiento que marcó a los carahuinos de esos años fue una visita de la Escuela Militar y el Regimiento Tucapel para ejecutar las maniobras de campaña. Debió ser en 1940, recuerda don Jorge Navarrete. Entonces la calle Urrutia se llamaba Calle Larga y era la principal del pueblo. Recién Carahue empezaba a traspasar el “puente de tierra” que comunicaba el segundo piso con el tercero y ya estaba en plena decadencia “la fiebre del oro”,

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que había consolidado a las Villas Damas y Estación, en las riberas del río13. La fiebre del oro se había desatado en los años 20, especialmente con la fundación de la Compañía Minera de Carahue, que empezó a funcionar entre 1923 y 1924, trayendo a muchos inmigrantes y dando trabajo a muchos carahuinos14. Conocí Carahue en 1941 ó 1942, cuenta otro testigo de esa época. Fui en tren, bordeando el río. “Temuco era una ciudad de unos 30 ó 40 mil habitantes. Carahue parecía entonces apenas una aldea de dos pisos: la Villa Damas en la ribera del río y la ciudad propiamente tal que se encontraba en el segundo piso. Villa Damas estaba en una llanura ribereña muy expuesta a las inundaciones, a pesar de lo cual junto a la estación y al embarcadero se notaba gran actividad. Fue un viaje inolvidable: las carretas, los bueyes, el comercio y esa febril actividad que se notaba en sus bodegas y en las tiendas del segundo piso daban a Carahue un atractivo especial”15. Por entonces, las tragedias cotidianas de Carahue eran las crecidas del río, las inundaciones y una que otra sequía. Poco más ocurría en una ciudad de unos cinco mil habitantes que desafiaban al viento en los tres pisos que ya empezaban a darle forma. En la década del 40 se produjeron, sin embargo, tres hechos que calaron muy hondo en la ciudad y, en cierto modo, cambiaron el giro de su historia: nos referimos al incendio del fundo Santo Domingo y los naufragios del Cautín y del Helvetia, ocurridos uno detrás del otro con apenas dos meses de diferencia. El incendio del fundo Santo Domingo ocurrió el 10 de febrero de 1944. Según la señora Juana Baeza Herrera, testigo presencial de los hechos, las llamas se desataron como a la 1 de la tarde por causa de un fuego encendido por unos recolectores de miel que no tuvieron la precaución de apagar bien. Doña Juana, que había nacido en Victoria en 1924, tenía entonces unos 20 años. Testimonio de don Jorge Navarrete Solís, entrevistado en enero de 2000 por Jorge Pinto. 14 Jorge Navarrete Solís, La fiebre del oro en Carahue, inédito. Agradecemos a su autor habernos permitido consultar este trabajo. 15 Testimonio de Pedro Riffo, entrevistado en 1999 por Jorge Pinto. 13

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Estaba casada con don Pedro Ramírez Torres, encargado de los aserraderos del fundo, propiedad de don Genaro Concha y administrado por don Roberto Pacheco. El fuego, cuenta la señora Juana, empezó al medio día y se fue esparciendo rápidamente por las raíces secas de los árboles por causa de un puelche que agitó las llamas. En un par de horas, el fundo estuvo envuelto en llamas. Se quemaron los galpones, las casas de los inquilinos, los establos y la madera que se había recolectado16. “Yo veía como todo se quemaba, cuenta con lágrimas en los ojos la señora Juana. Me dijeron que me fuera, pero como yo creo en Dios y la Santísima Virgen, le pedí que protegiera mi casa y dije que no me iría. Guardé mis cosas, vi como cayó el molino envuelto en llamas y como se quemaban las casas tal cual si las hubiesen rociado con parafina. Mi marido se tiró por el río y ahí estuvo el resto del día, hasta la media noche, cuando pudo salir libre ya de las llamas. Perdió toda la ropa que llevaba, salvo su mate, la yerba y el azúcar que protegió como hueso santo”17. La mayoría de los trabajadores escaparon hacia una vertiente que hoy día la gente llama “Agüita de los Muertos”, pues allí quedaron atrapados sin poderse salvar. El fuego duró toda la tarde. Según la señora Juana, murieron 23 personas, 21 están enterradas en una tumba colectiva del pasillo central del Cementerio Antiguo, contigua al patio 4, levantada por la Sociedad de Socorros Mutuos Carahue, bajo una lápida que lleva una inscripción sin nombres, con una referencia genérica a “los 21 mártires del trabajo” del incendio del fundo Santo Domingo. Ese día, recuerda el hijo de la señora, Juana, ardió la montaña18. Tenía once años, cuenta otro testigo, y vi llegar los cadáveres al Hospital Viejo, donde está actualmente el Liceo, porque en ese tiempo vivía a dos cuadras de allí, en la calle Almagro. Había mucho dolor en Testimonio de la señora Juana Baeza Herrera, entrevistada en enero de 2000 por Jorge Pinto. 17 Ibídem 18 Testimonio de don Juan Ramírez Baeza, entrevistado en enero de 2000 por Jorge Pinto. Don Juan nació en Carahue, diez años después del incendio; sin embargo, desde niño escuchó a sus padres el relato de estos hechos. 16

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la gente19. Venían como chanchitos embarrados después de haberse revolcado en el barro, concluye otro vecino de esos años. Fue tremendo20. “En ese tiempo era regidor y corresponsal de El Diario Austral, cuenta don Mariano del Picó. Con otras autoridades de Imperial requisamos el camión de don Manuel García, el único que había en Carahue, y partimos al fundo Santo Domingo. El camino estaba muy malo y bloqueado por los árboles quemados que habían caído por efecto del incendio. Al fin, tuvimos que hacer a caballo los últimos kilómetros. Por el camino nos fuimos encontrando con las carretas que traían a los muertos y heridos. Fue impactante. Como no teníamos máquina fotográfica, ni rollos, desde el diario me mandaron una cámara con un rollo usado que consiguieron en Los Ángeles. Con ella tomé las primeras fotos que aparecieron en El Austral. Los heridos sumaron más de cien, 107 si mal no recuerdo. La actual iglesia San Pablo estaba en plena construcción. Habilitamos un piso y allí velamos a los muertos. Fue una inauguración muy dolorosa. Hubo después mucha polémica por las causas del incendio, pero se comprobó que fue por el fuego que hicieron unos recolectores de miel”21. Al año siguiente, en 1945, se celebró en Carahue el Congreso Mariano, encabezado por el obispo de Temuco, Menchaca Lira. Asistió gente de todo el país. Las ceremonias se realizaron en la plaza, alcanzando una solemnidad pocas veces vista en nuestra ciudad. Carahue se transformó poco menos que en el centro de Chile22. Con todo, las desgracias de la década estaban recién comenzando. El hundimiento del Cautín, la segunda tragedia de los años 40, se produjo el 19 de enero de 1948 en circunstancias muy dramáticas. Fue año Testimonio de don Germán Bustos. Entrevistado en enero de 2000 por Jorge Pinto. Don Germán, profesor titulado la Escuela Normal de Victoria, nació en Carahue en 1933. 20 Testimonio de don Octavio Sepúlveda. Entrevistado en enero de 2000 por Jorge Pinto. 21 Testimonio de don Mariano del Picó. Entrevistado en noviembre de 1999 por Jorge Pinto. 22 Testimonio de don Jorge Navarrete Solís, ya citado. 19

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bisiesto y había partido con siniestros presagios: nada bueno se puede esperar cuando florecen las quilas y ese verano los carahuinos vieron flores en sus ramas23. Como todos los años, ese 19 de enero numerosos peregrinos se dirigieron a Puerto Saavedra para estar presente, al día siguiente, en la fiesta de San Sebastián. Ese día, después de la llegada del tren de Temuco, Carahue se llenó de gente que esperaba ansioso el zarpe del Cautín. La partida estaba prevista para las 7 de la tarde, tan pronto llegara el tren; sin embargo, recién pudo salir como a las 20.30 horas Según cuentan algunos sobrevivientes, la demora se debió a la excesiva carga que se puso al barco: 500 sacos de cemento, 6 pipas de vino y dos arados24. El capitán, don Humberto Faúndez, no calculó los riesgos. Con la línea de flotación bajo el agua, el Cautín se convirtió en una urna mortuoria, más todavía cuando se le siguió cargando en el trayecto a Puerto Saavedra. Íbamos a menudo, cuenta otro testigo, a ver la llegada del tren y la salida de los barcos. Era todo un espectáculo. Ese día, el Cautín iba repleto de gente bullanguera, encaramada en el barco como un ramillete colgando de las barandas. Incluso, quedó mucha gente en el muelle, porque no se pudo embarcar25. Se trataba, además, de un barco viejo, que tenía dos naufragios anteriores y que, a pesar de las reparaciones que había recibido, merecía cierta atención. La gente, que no se dio cuenta del peligro, cometió, además, el error de embriagarse y desequilibrar aún más la embarcación. Al fin, a las 11 y media de la noche, frente a la isla Santa María, se descontrapesó hacia babor y comenzó a hundirse, a sólo 5 metros de la orilla. En medio de la oscuridad, el caos y los efectos del alcohol, la mayoría de los pasajeros nadó, por increíble que parezca, hacia el centro del río en vez de hacerlo hacia la orilla, provocando la muerte de unos 300 peregrinos. Lo que había ocurrido era que el barco había encallado y arrastrado por una ola, quedó mirando en la

Jorge Navarrete Solís, El Imperial, río de la muerte, trabajo inédito. Agradecemos a su autor habernos permitido consultar este trabajo. 24 El Diario Austral de Temuco, 15 de marzo de 1998. Hemos tenido a la vista también el trabajo de Javier Garrido Vásquez, Vapores entre Carahue y Puerto Saavedra, 1885-1960, Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de la Frontera, Temuco, 1998 (inédito). 25 Testimonio de don Germán Bustos, ya citado. 23

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dirección contraria a la que venía y eso confundió a la gente, por eso nadó hacia el centro del río26. En medio de un profundo dolor, los cadáveres fueron devueltos al muelle de Carahue, desde donde se llevaron en carretas al gimnasio de la Escuela 7 y al salón del Cuerpo de Bomberos, para ser reconocidos por sus parientes27. El Helvetia se hundió a las 11 de la mañana del 10 de marzo del mismo año 48, a menos de dos meses del naufragio del Cautín. Era un lindo día, de aire diáfano, miércoles, día de feria, arreos de animales, carretas cargadas de trigo y comerciantes esperando en el muelle fluvial los cueros, chanchos, corderos, aves y quesos procedentes de la costa28. El Helvetia era más bien un barco pequeño, de una capacidad de diez toneladas que pertenecía a don Carlos Oth y se dedicaba, de preferencia, al transporte de pasajeros. Era como un vagón de tren, con pasillo al medio y ventanas a los lados29. Ese día, el barco había salido en la mañana de Puerto Saavedra con un gran número de personas que tomaría en Carahue el tren con destino a Temuco. Según algunos testigos, el causante de la tragedia fue el propio capitán Oth30. Al llegar a Carahue y habiendo visto la balsa que cruzaba el río, intentó adelantarse enredando en la maniobra la hélice del barco con los cables de la balsa. El barco estaba frente al molino de los Valk y a pesar del auxilio que recibió se ahogaron cerca de 50 personas, 47 según las fuentes. El capitán, consciente de su error, luego de salvar a los pasajeros que pudo, entre los cuales se encontraba su madre, volvió al barco y se hundió con él aferrado al timón31.

Testimonio de don Jorge Navarrete, entrevista ya citada. Jorge Navarrete, obra citada. Javier Garrido incorpora además, el testimonio oral de don Manuel Garrido, que también hemos utilizado en esta oportunidad. Lamentablemente no pudimos entrevistar al profesor don Luis Muñoz Astete, uno de los pocos sobrevivientes del naufragio que todavía puede relatar el hecho. 28Jorge Navarrete, El Imperial, río de la muerte, ya citado. 29 Testimonio de don Germán Bustos, ya citado. 30 Solís y Theil, obra citada, p. 99. 31 Garrido, obra citada, p. 57.

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UN ALMA CARITATIVA

Testimonios de la señora Mariluz Martínez, Dionisio Cabrera y Germán Bustos(entrevistas de Jorge Pinto)

Nadie sabe cuando nació ni cuando murió. Presumen que pudo haber fallecido hacia 1935, pero no hay certeza de nada. Cuentan que pertenecía a una familia adinerada que le dio vuelta la espalda. Le quitaron todo lo que tenía y cuanto le correspondía como heredera de sus padres. La pobre mujer enloqueció y se entregó al alcohol. Algunos dicen que la vieron vagando por las calles de Carahue, andrajosa, ebria y con los sentidos extraviados. Así paso por la vida, hasta que un día se la dejó de ver. Después de su muerte se levantó un “animita” en su honor en las riberas del río. Cuentan que hacía milagros. Seguramente con el terremoto esa “animita” desapareció. Entonces la gente acudió a su tumba, al sitio 114 del patio 2 del Cementerio Antiguo. Allí, en una modesta sepultura, descansan los restos de Eloisa Campo, la Pichirruca, rodeada de flores y placas que recuerdan sus favores. Es una “animita” milagrosa que anida un alma caritativa. Sus devotos le ofrendan lo que tanto bebió en su vida. Cada 1º de noviembre su tumba es visitada por cientos de carahuinos que llegan hasta ella con las botellas del vino que extravió sus facultades. En el extravío no perdió, sin embargo, su generosidad. Todo pueblo tiene su cementerio y todo cementerio su historia. Eso me dijeron en Carahue cuando visité la tumba de doña Eloisa y me contaron lo que aquí relato a los lectores.

Los naufragios del Cautín y del Helvetia pusieron la voz de alarma. Hacía mucho tiempo que los detractores de la navegación por el Imperial venían insistiendo en la necesidad de mejorar las vías de comunicación no fluviales y abandonar el río como medio de transporte. Ambas tragedias parecieron darles la razón. Tal vez no sería un error pensar que en ese momento se decidió la suerte del último puerto de la frontera. El ferrocarril ya había echado raíces y la presencia de automóviles y las

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tradicionales góndolas obligaban a pensar en las carreteras como vías de transporte. Al año siguiente de los naufragios del Cautín y del Helvetia, se inauguró el puente colgante que comunica Carahue con la costa. La primera piedra se había puesto en 1946, cuando era Ministro de Obras Públicas don Eduardo Frei Montalva, y su inauguración se produjo el 30 de octubre de 1949, durante el gobierno de Gabriel González Videla. Fue una ceremonia solemne, que contó con la asistencia del Ministro de Obras Públicas, don Ernesto Merino; el Intendente de la Provincia de Cautín, don Enrique Campos Menéndez; el Senador Eduardo Frei Montalva; el Alcalde de Carahue, don Mariano del Picó Espinoza y otras autoridades civiles y religiosas. Su costo había sido de ocho millones de pesos, de los cuales dos se gastaron en los cables que se compraron en Estados Unidos. Alcanzó una longitud de 155 metros, de los cuales 135 son colgantes32. Estuve en ambas ceremonias, cuenta don Jorge Navarrete, tanto en la colocación de la primera piedra como en la inauguración. Esta última fue impresionante; se juntaron más de dos mil jinetes, carretas llenas de campesinos y un grupo de autoridades que dieron solemnidad al acto. “Recuerdo que el ministro llegó en un tren que disparaba fulminantes, provocando la admiración de la gente. Los vecinos aportaron vaquillas y víveres para una fiesta que todavía recuerdo. Fue una obra muy importante para Carahue”33. El puente se consiguió con el esfuerzo de todos los vecinos, fue una especie de cruzada local que comprometió a todas las fuerzas vivas de Carahue. La campaña se había iniciado varios años antes, pero fue el compromiso de Eduardo Frei Montalva, en su calidad de Ministro de Obras Pública, lo que permitió se concretara la idea. Al comienzo, recuerda don Mariano del Picó, se recurrió a una ley promulgada a propuesta del diputado Gustavo Loyola, mediante la cual se destinaba el 1 % de los bienes raíces a la construcción del puente; pero, como muchas propiedades indígenas no pagaban este impuesto, los fondos no se juntaban. Fue Eduardo Frei el gestor de la obra. 32 33

Solís y Theil, obra citada, p. 103. Testimonio de don Jorge Navarrete, ya citado.

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La situación derivada de la Segunda Guerra Mundial fue otro escollo que se tuvo que salvar, pues parte importante de los materiales debían conseguirse en Estados Unidos o Europa, cuyas industrias, por efectos de la Guerra, no podían producir lo que se necesitaban para construir el puente, aunque no todas las dificultades provenían de circunstancias externas. Esa suerte de decidia que caracteriza tanto a los chilenos contagiaba a veces a las autoridades de Santiago, impidiendo que la obra avanzara como querían los vecinos. Todo se confabulaba contra los trabajos del puente. El año 48 los carahuinos recurrieron a un procedimiento inusual para expresar su preocupación, estrategia que terminó dándoles buenos resultados. Cansados de las tramitaciones y postergaciones, decidieron marginarse de las elecciones de diputados que se verificaron ese año para manifestar su malestar. El hecho impactó al país, comentándose en casi todas las regiones de Chile. “Los pueblos de la ría de Imperial, dispersos en una de las regiones más hermosas, más ricas y abandonadas del país, informaba El Mercurio de Antofagasta el año 48, se habían cansado de conseguir por las buenas que les hicieran caminos o que por lo menos les pusiesen medianamente transitables los pocos que existen”34. ¿Qué hicieron, entonces, se preguntaba El Mercurio? Algo muy simple, se negaron a votar y optaron por manifestar con su silencio el repudio de la comunidad a las postergaciones de que eran objeto. A primera vista, dice el diario, “tal actitud tenía algo de suicida”. Sin embargo, lejos de autoinmolarse, los carahuinos hicieron sentir con su silencio su voz con más fuerza que si se hubiesen puesto a gritar. Por su parte, la Municipalidad y la Gobernación de Imperial, a cargo por esos años de don David Alvarez, carahuino, no desmayaron y siguieron insistiendo en la necesidad de construir el puente. Don Mariano del Picó recuerda que todo el pueblo recibía a cuanta autoridad se acercaba por estos lados con una tonadilla, que se cantaba con los sones del Río, Rio: “Que grande que viene el río, que grande se ve la mar, cuando el puente se construya, El Mercurio de Antofagasta, 1948. Lamentablemente no tenemos el día en que apareció esta crónica que la obtuvimos por gentileza de don Mariano del Picó.

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que grande que va a quedar”35. El año 49 El Diario Austral de Temuco publicó la noticia de la inauguración del puente a lo ancho de toda su primera página. Allí se reconoció el aporte de don Eduardo Frei, de don Armando Holzapfel, ex diputado por la provincia de Cautín, de don Gustavo Loyola, actual diputado, del ex senador don Rudecindo Ortega y de don Mariano del Picó, alcalde subrogante de Carahue36. Todos habían puesto un granito de arena; sin embargo, recuerda don Mariano hoy día, esta fue una obra que se ganó la comunidad carahuina. Por eso fue inaugurado con tanto entusiasmo: matamos 8 vaquillas, 32 corderos, infinidad de aves y preparamos una ramada de 100 por 100 metros para cobijar a todos los invitados. Fue una fiesta inolvidable37. A pesar del dolor que provocaron el incendio del fundo Santo Domingo y los naufragios del Cautín y del Helvetia, existía en Carahue un sentido de comunidad que le permitió a la ciudad avanzar hacia el progreso. Las pugnas políticas, que existían como en todos los tiempos, no alcanzaban, sin embargo, a confundir a los dirigentes de la época. Como siempre, recuerda don Mariano del Picó, hacíamos “maula” en las elecciones, triquiñuelas que usábamos a sabiendas que el otro también las hacía, pero la gente era honesta y comprometida. Las rivalidades políticas terminaban tan pronto estaban de por medio los intereses de Carahue; desde comunistas hasta conservadores, pasando por radicales, falangistas, socialistas y liberales, nos uníamos para trabajar por nuestra ciudad38. Por esos años conocí Carahue, recuerda un destacado arquitecto de la zona. Aunque presentaba un aspecto modesto, llamaban la atención sus numerosas bodegas y la febril actividad que se desarrollaba junto a la estación y el muelle. De Temuco se viajaba en tren, siguiendo el curso del río y la llegada a Carahue recordaba en algo a Valdivia, tal vez por el río y los barcos del puerto. Era un lugar pintoresco y lleno de atractivos. El camino para automóviles se usaba muy poco, aunque ya se insinuaba, sobre todo respecto de los pueblos de la costa, cuyas comunicaciones por el río era tan peligrosa. El Testimonio de don Mariano del Picó, ya citado. El Diario Austral de Temuco, 30 de octubre de 1949. 37 Testimonio de don Mariano del Picó, ya citado. 38 Testimonio de don Mariano del Picó, ya citado. 35 36

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tráfico de carretas era incesante. Tarde o temprano, el ferrocarril o los automóviles terminarían reemplazando la navegación a vapor Y así ocurrió. En los años 50 empiezan a desaparecer los barcos y a adquirir importancia los caminos terrestres39. “Nací en Carahue el año 1952, recuerda otro carahuino, y mis primeras imágenes datan de los años 56 o 57. Ya los barcos estaban desapareciendo y era la estación lo que daba movimiento a ese viejo sector de Carahue. Recuerdo que la ciudad tenía claramente perfilados sus tres pisos. En el primero, contiguo al río, crecía la Villa Estación, donde yo nací. A los pocos años me trasladé al 2º piso, un sector más residencial y de gran movimiento comercial. Recuerdo de esos años la enorme cantidad de carretas que llegaban a la ciudad, todas tiradas por bueyes. En el verano con maderas y en diciembre con frutillas, esa frutilla pálida, pero de un dulzor incomparable. Pueblo Nuevo, o el tercer piso, estaba en plena formación y aunque su desarrollo se debe al impulso que tuvo la construcción durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, a partir del año 64, ya existía”40. Los niños se entretenían con los bolos, el trompo y los “pillitos”, una especie de “pillarse” que se jugaba al estilo de las películas de vaqueros que veíamos en el cine y que daba ocasión a que compitieran distintos grupos vinculados a los tres barrios de Carahue: la estación, Ramón Freire y el centro. Estos grupos se contactaban en las escuelas, principalmente en el Grupo Escolar Darío Salas, en el cual funcionaban las escuelas 7 y 8, de hombres y mujeres, respectivamente, concertándose los juegos que se desarrollarían en las horas libres41. Carahue tenía dos cines: el Cervantes y el Carahue. El primero era de don Rosamel Ortiz y el segundo del inolvidable “Ronco” Sepúlveda, don Bartolo, el Capitán del Puerto. Don Bartolo exhibía películas y acomodaba el cine para veladas de box. Con dos vistosos braseros colocados en lugares estratégicos, ofrecía lo que entonces era casi inalcanzable: una sala Testimonio de Gustavo Navarrete, entrevistado en Temuco en 1999 por Jorge Pinto. Testimonio de Rubén Leal, entrevistado en Temuco en 1999 por Jorge Pinto. 41 Ibídem.

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calefaccionada. Con su voz inconfundible, el “Ronco” animaba los chascarros del cine. No pocos muchachos se acercaba a él para pedirle los dejara entrar por un valor inferior al precio de “la galera”. “Entra no más cabro, les decía, pero te salís a la mitad de la película”42.

Para el 4º Aniversario de la fundación de la Imperial, alguien pensó que sería una buena idea representar, en una especie de dramatización, los enfrentamientos entre los Mapuche y los Conquistadores españoles. El acto debía realizarse al lado de la Plaza de Carahue. Sin embargo, los ánimos se caldearon, y pronto la dramatización se convirtió en una refriega de verdad entre mapuches y no mapuches, con pugilatos y apaleos.

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Ibídem.

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LOS 18 EN CARAHUE

Testimonios recogidos por Jorge Pinto

En los años 40, 50 y 60 los 18 en Carahue eran inolvidables y todavía son recordados por los viejos carahuinos como fiestas que no volverán. A los rodeos, carreras a la chilena y asados campestres, había que agregar el brillo de las ramadas. Al comienzo, recuerda don Octavio Sepúlveda, un Imperialino del 31, pero poblador de Carahue desde el 39, se hacían en una explanada contigua al Grupo Escolar Darío Salas, más tarde pasaron a la Avenida Ercilla y hoy casi se están perdiendo. La celebración duraba casi una semana. Se lucían trajes nuevos, se asistía al desfile cívico y la ciudad se embanderaba entera. Algunos tomaban más de lo que podían y los niños encumbraban sus primeros volantines. Hoy día Carahue está más bonito, reconoce doña Zulema del Carmen Astorga, vecina de Carahue desde hace unos 20 años, y visitante continua de nuestra ciudad desde los años 30. Las calles están pavimentadas, tenemos puentes, escuelas, pero hemos perdido esas fiestas del 18. Nosotras veníamos desde Puerto Domínguez. Carahue se llenaba de fiesta.

Don Rosamel Ortiz tenía también la única radio del pueblo, Radio Carahue, que funcionaba en una casa que quedaba frente a la plaza. Su antena era un alambre conectado al punto más alto de la torre de la Iglesia y así lanzaba sus ondas al aire. Por cierto, transmitía sólo durante algunas horas del día, con la voz inconfundible de Paulino Salas. No pocos lo recuerdan

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aletargado a veces por los efectos de brebajes que consumía entre disco y disco y que terminaban poniéndolo a tono, más allá de lo que él hubiese querido que se notara43. “El año 60, cuando viajé por primera vez a Temuco, sigue recordando Rubén Leal, ya se podía venir en micro. Aunque el tren seguía siendo muy importante (en el verano hacía dos viajes diarios, uno a las 7 de la mañana y otro a las 12), las micros ya funcionaban. Salían desde la plaza, unas tres al día, siguiendo el viejo camino que iba por el borde del río. Los viajes a Temuco eran inolvidables. En la víspera no dormía y toda la conversación en los días previos y siguientes giraba en torno a esta visita. Aunque en Carahue habían numerosos negocios, verdaderos emporios que vendían de todo (entre otras recuerdo las tiendas Jodue, Docomound, El Minero, la Ferretería Fernández y la Botica Iglesia), la gente venía a Temuco a comprar ropa. Temuco nos parecía una ciudad inmensa, de gran movimiento. Las tiendas de la estación, donde uno podía encontrar ropa usada, eran incesantemente recorridas por la mayoría de los carahuinos. Algunos comerciantes venían a comprar al por mayor para después vender en Carahue. Los retornos por la tarde eran inolvidables después de la agitación del día”44. Carahue arrastraba por los años 50 y la primera mitad de los 60 una vida pueblerina, sin grandes sobresaltos y confiando en el progreso que ofrecían los gobiernos central y regional. “Sin embargo, las expectativas eran escasas, sobre todo para los jóvenes. Carahue era también una ciudad pobre, por eso, la mayoría sólo quería emigrar. El alcoholismo era una amenaza latente, difícil de evadir en una ciudad donde los bares y cantinas casi competían en número con las demás tiendas”. El deporte era, tal vez, una de las pocas distracciones, sobre todo el fútbol, recuerda otro profesor de la zona. 43 44

Ibídem. Ibídem.

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“Fui muchas veces a jugar a Carahue como jugador del Liceo y seleccionado de Temuco. Jugábamos en la vieja cancha que está camino al cementerio, partidos inolvidables. Los carahuinos eran jugadores duros, aguerridos, pero siempre leales. Como olvidar a Gustavo y Luis Iglesia, a Luis y Pimpin León, hijos del jefe de la estación que jugaban por el Ferrovilla, al Pato Bustos, que se fue después al Universitario de Concepción, a Germán Fiedler y Ramón Agurto. Eran buenazos para la pelota. Aunque no alcancé a jugar con Caupolicán Peña, conocí a varios compañeros de la Normal de Victoria que jugaron con él. Peña era ya una figura legendaria entre los carahuinos”45. Y a propósito del fútbol, el año 54 Carahue vivió una verdadera fiesta deportiva: el Octavo Campeonato Nacional de Futbol Escolar. El Diario Austral informó profusamente de esta competencia. Jornadas de fiesta vivieron Carahue, Nueva Imperial y Puerto Saavedra, decía el diario. El campeonato se realizó entre el 14 y 21 de noviembre, siendo la sede fue Carahue y jugándose una fecha en Nueva Imperial y otra en Puerto Saavedra. Participaron las selecciones de Domeyko, San Bernardo, San Carlos, Traiguén, Curacautín, Nueva Imperial, Santiago y Carahue. Campeón se proclamó Santiago, seguido de Domeyko, Carahue y Curacautín; más atrás quedaron, en el mismo orden, Nueva Imperial, San Carlos, Traiguén y San Bernardo. Todas las delegaciones se alojaron en el Grupo Escolar Darío Salas y el Liceo Mixto Pedro Aguirre Cerda aportó la reina, Marianela Muñoz Cánova, Su Majestad Marianela I, del 2º año de Humanidades. El equipo de Carahue, como ya dijimos resultó tercero, y estuvo formado por Lofts, Peña, Manríquez, C. Llancamil, A. Carrasco, Reyes, S. Llancamil, Cid, P. Carrasco, Retamal y Rojas. Según El Diario Austral, la entrega y entusiasmo de todos los participantes brindó a la ciudad la oportunidad de participar de una verdadera fiesta deportiva, apoyada, por lo demás, por todas las autoridades educacionales, de gobierno y municipales y las instituciones de la comunidad46. 45 46

Testimonio de Pedro Riffo, entrevista ya citada. “Recuerdo del Pasado. 1954: Octavo Campeonato Nacional de Futbol Escolar”. El

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La afición al fútbol, cuenta otro deportista de la época, era muy grande. Iba mucha gente al estadio. “En Carahue había muy buenos jugadores. Los Fiedler eran infaltables, Tito, Waldo, Enrique y Germán. Dago (Dagoberto) y Tatao (Gustavo) Iglesias, no lo hacían mal. Como arquero Arnaldo Jara era irremplazable. Recuerdo también a Pedro Arévalo y al Pato Méndez, a Lucho León. Allá por el 46 jugamos con el Iberia de Santiago y empatamos a uno. También empatamos con el Audax Italiano en partidos inolvidables. Yo alcancé a jugar, cuando apenas tenía como catorce años, con Caupolicán Peña y en 1955, reforzando a la Selección de Temuco, en el equipo que salió vice campeón de Chile en el Nacional que se jugó en la cancha del Bajo de Temuco. En ese equipo también jugaba Pedro Riffo, la Vieja, ahora profesor de la Universidad de la Frontera”47. En eso sobrevino el terremoto del 60 y así como los hundimientos del Cautín y del Helvetia marcaron el fin del puerto fluvial, el terremoto del 60 obligó a ciertas remodelaciones que le cambiaron el rostro a Carahue. “Eran las tres de la tarde del domingo 22 de mayo de 1960, recuerda Rubén Leal y aunque tenía sólo 8 años todo se conserva nítidamente en mi memoria. Con varios amigos nos encontrábamos en el Servicentro del señor Muñoz, de la calle Pedro de Valdivia, inflando una pelota para ir a jugar fútbol, cuando sobrevino el primer remezón. Salimos disparados cada uno para su casa. Yo vivía en la calle Lautaro al llegar a Pedro de Valdivia. Al primer movimiento siguieron otros. Vi caer el cortafuego de la casa de los Thiers y moverse los avisos de los negocios como jamás lo imaginé. En medio del pánico apareció de pronto un tractor que venía de abajo con el regidor Rodolfo Riquelme anunciando que por el cauce del río venía el mar y que había que arrancar a las colinas vecinas. Seguramente vio una ola inmensa que se formó en el río y en medio Diario Austral, 17 de octubre de 1988. 47 Testimonio de don Germán Bustos, ya citado.

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del susto imaginó una salida del mar que llegaría hasta Carahue. La gente arrancó igual, muchos se fueron a Pueblo Nuevo, otros a la plaza. Por supuesto que la gente de la villa Estación fue la primera en abandonar. Carahue quedó paralizado por varias semanas. Al día siguiente se supo lo ocurrido en Puerto Saavedra y empezaron a llegar los primeros damnificados, a los cuales se hospedó en el Grupo Escolar Darío Salas. No cayeron muchas casas, pero todo el mundo se asustó”48. Ese día, recuerda otro testigo, me encontraba en Santiago. Como era funcionario de Obras Públicas me presenté de inmediato al Ministerio a requerir información. “En realidad, agrega el testigo, lo hice al escuchar por la radio una entrevista al diputado Samuel Fuentes dando cuenta de la magnitud del terremoto. Allí nos informaron que debíamos retornar al día siguiente a nuestros lugares de trabajo. El 23, a las 8 de la mañana, luego de vacunarnos a todos, nos embarcaron en Cerrillos en un DC 3 que aterrizó en Temuco como a las 11 de la mañana y al día siguiente, el martes 24 estábamos en Carahue como a las 9 de la mañana. Mi misión era bien clara: evaluar los efectos del sismo y llevar tranquilidad a la gente. Carahue me sorprendió. Toda la gente estaba en la plaza, en un clima de gran alarma. A primera vista se veían varias casas caídas y algunos edificios agrietados. Nos dirigimos de inmediato al Grupo Escolar y luego al Banco del Estado. En ambos se notaban los estragos del terremoto, aunque pronto nos dimos cuenta que las estructuras mismas de los dos edificios no se habían dañado. Recuerdo nítidamente que estando en el segundo piso del Grupo Escolar sobrevino una réplica muy fuerte. Era difícil mantener la calma y transmitir tranquilidad cuando todos estamos muy asustados”. “Nos dirigimos luego a Puerto Saavedra. Allí el espectáculo era sobrecogedor. A 6 ú 8 kilómetros de la costa ya se apreciaba todo tipo de objetos lanzados por la furia del mar, desde animales 48

Testimonio de Rubén Leal, entrevista ya citada.

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muertos hasta ropa y muebles sacados de las casas. En el pueblo no había nadie, todos habían escapado a los cerros vecinos. Con el Oficial de Carabineros encargado del orden tuvimos que tomar las primeras medidas, entre otras repartir alimentos de los propios almacenes abandonados. Las casas eran espectros de viviendas, algunas sin frontis, conservaban sus estructuras interiores como si nada hubiese ocurrido. La Iglesia se mantenía en pie, aunque inclinada y llena de escombros”49. Después del terremoto empezó a cambiar el rostro de todas las ciudades del sur, concluye Gustavo Navarrete, se modernizó la infraestructura urbana y mejoraron los caminos. Hasta entonces Carahue era un pueblo pintoresco, con sus tres pisos bien definidos, una plaza bien ordenada, grandes caserones, bodegas, muchas carretas en sus calles, mucho comercio, algo sucio, pero simpático. Los caminos eran incómodos y eso lo mantenía más bien aislado. Como el camino a Temuco iba por la ribera del río, en invierno se inundaba, haciéndolo intransitable. La Herradura y la Obra eran dos puntos críticos. No había invierno en que no se cortara el camino. El viaje de Temuco duraba unas dos horas para cubrir los apenas 60 ó 70 kilómetros que separan ambas ciudades. El camino a Puerto Saavedra era ripiado y presentaba las mismas incomodidades del anterior. Después del terremoto las cosas no podían seguir igual, entonces se empezó a pensar en el camino por arriba, por donde va ahora la cinta asfaltada50.

Testimonio de Gustavo Navarrete. Conviene recordar que Gustavo Navarrete era por entonces un joven arquitecto, funcionario del Ministerio de Obras Públicas, a quien se encomendó la tarea de evaluar los daños del terremoto y colaborar con el plan de reconstrucción. 50 Testimonio de Gustavo Navarrete. 49

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EL MISTERIO DE LA PLAZA

(Testimonios recogidos por Jorge Pinto) No son pocos los carahuinos que siguen creyendo que la Plaza de Carahue encierra algunos misterios. Menos aún se atreverían a pasar por el centro a las 12 de la noche. He escuchado decir, cuenta don Sergio Carrillo, un carahuino de 55 años, que la gente se pierde y parte en cualquier dirección. Nadie sabe que pasa. Don Germán Bustos relata que su padre vivió una experiencia muy particular. Al cruzar por el centro de la plaza a media noche se encontró en un lugar desconocido, rodeado de grandes edificios, llenos de luces y personas desconocidas. Horas después recuperó la conciencia en el sector de la Villa Damas, sin poderse explicar que había pasado. Don Sergio Carrillo asegura saber de algunos carahuinos que llegaron caminando hasta Nueva Imperial, enceguecidos por las luces de los edificios que aparecen al pisar el centro de la plaza. Esta historia fue corroborada por la señora Mariluz Martínez y don Dionisio Cabrera, funcionarios municipales que trabajan en el Cementerio de Carahue. Sin embargo, la persona que con mayor propiedad puede hablar de este misterio es la señora Eloisa Astorga, la famosa folklorista de Carahue, quien asegura haber vivido en carne propia esta experiencia. “Hace varios años, cuenta doña Eloisa, cuando aún vivía en el campo y venía a Carahue a vender los productos de mi tierra, me reía de la leyenda que contaban, son puras tonterías decía. Una vez me pilló la noche y luego de arreglar las cosas para seguir al día siguiente caminé hacia la Plaza, sin acordarme siquiera de lo que se decía acerca de las personas que se perdían. En eso estaba cuando vi un edificio colonial tan lindo, con bronces dorados, parecía una plaza española. Vi también varios hombres y mujeres, ellas eran tan lindas, delgadas, los hombres vestidos con gabán. Pensé que eran artistas que habían llegado a Carahue y entonces dije me voy. Pero no llegaba nunca, caminaba y caminaba, estuve como tres horas, hasta que me encontré con un niño que estaba cerrando un bodegón y le dije que andaba perdida. No será la única me dijo el niño. Yo la voy a ir a dejar y me puse a llorar. Y así llegué a mi casa, llorando. Mi marido me decía que te pasó, por que llegaste tan tarde, por que lloras. Y ahí le conté todo. Dicen que es porque debajo de la Plaza hay unas campanas de oro y muchas riquezas más”. Algo extraño ocurre en nuestra plaza. Algunos lo atribuyen a las campanas de oro de que habla la señora Eloisa, otros al embrujo de los viejos túneles construidos en los tiempos de los españoles, cuyos secretos nadie descubre todavía.

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Un carahuino, cuyo testimonio hemos citado varias veces, recuerda como los tres hechos más impactantes de la segunda mitad del siglo XX, el terremoto del 60, el triunfo de Allende y el golpe del 73. En cierta medida fueron configurando la historia de Temuco de los últimos años. El terremoto porque empezó a cambiarle el rostro a la ciudad; el triunfo de Allende por el apoyo que la gente le brindó y el golpe por los problemas que provocó a todos aquellos que habían manifestado cierta adhesión al gobierno de la Unidad Popular51. Antes, como ya hemos dicho, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, empezó a desarrollarse el sector poblacional del tercer piso. Con Allende, la Reforma Agraria y los asentamientos, cuenta Rubén Leal, muchos campesinos que antes no podían acceder al mercado, pudieron adquirir bienes que compraban en Carahue. El comercio se agilizó y la ciudad retomó el dinamismo de años anteriores. La reforma educacional, el florecimiento de escuelas rurales, la fundación del Liceo y el retorno de algunos estudiantes convertidos en profesionales, fueron modificando la estructura física y humana de Carahue. Después del terremoto, la fundación del Liceo en 1965 aparece como uno de los grandes logros de la ciudad. Fue una especie de cruzada que comprometió a todos los sectores de la población. De acuerdo a unas notas de don Jorge Navarrete y un informe que acompañó doña Lucina Sandoval Leiva, Rectora del Liceo en 1974 solicitando la construcción de un nuevo edificio, conocemos parte de su historia52. La historia del Liceo se remonta a 1947. Según don Jorge Navarrete, el 12 de marzo de ese año y a iniciativa de la Unión de Profesores, sección Carahue, La ilustre Municipalidad y el Rotary Club, se fundó la Universidad Popular, que abrió sus puertas en abril de 1947 con un curso de contabilidad y el primer y segundo año de humanidades. Funcionaba en la Testimonio de don Germán Bustos, ya citado. Jorge Navarrete, El Liceo de Carahue, notas inéditas y Oficio Nº 285 del 21 de septiembre de 1974. Archivo del Liceo de Carahue. Agradecemos muy sinceramente a la señora Ercila Concha González y a los señores Roberto Saavedra Tessahuac, Winston Fuentes Riveros y Jaime Cruces Quezada, funcionarios de este establecimiento la ayuda que nos proporcionaron para ubicar algunos papeles en el Archivo del Liceo. 51

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Escuela 7, es decir, en el Grupo Escolar Darío Salas. Como los exámenes se rendían ante comisiones del Liceo de Hombres de Temuco, contó desde el comienzo con el reconocimiento del Ministerio. Su primer director fue don José Merino Fuentes, a quien lo reemplazó cuatro años después don Víctor Zúñiga Villaseca. Inspectora General era la señora Elena Meriño de Arias y entre sus profesores podemos nombrar a don Delfín Espinoza, en matemáticas; don Carlos Jadue, regidor, que enseñaba francés; los médicos Alberto Miranda y Edison Pérez Rojas; el señor Víctor Zúñiga (Castellano); la señorita Izmelda Aguayo (Castellano); la señorita Edith Shwalen (Historia); don José Merino (Historia); la señorita Mercedes Rodríguez (Ciencias Naturales); don Eduardo Arias (Fronacés); don Sidney Torrealba (Inglés) y don Ernesto Escamilla (Inglés)53. Años más tarde, la Universidad Popular pasó a llamarse Liceo Nocturno Pedro Aguirre Cerda y luego Liceo Nocturno Mixto Pedro Aguirre Cerda, siendo su director don Eduardo Arias del Canto e inspectora su señora, doña Elena Meriño de Arias. Mas tarde asumió la dirección don Floridor Jara Salazar y con la incorporación de nuevos profesores completó hasta el 4º humanidades. La juventud de Carahue que no tenía la posibilidad de ir a Imperial o a Temuco a cursar sus estudios secundarios, tenía en este Liceo la oportunidad de avanzar en sus estudios hasta parte de sus humanidades y poder trabajar en algo distinto a lo que se podía aspirar sin educación. Para los que no podían seguir estudiando, la gente la época decía que tenían que quedarse en el “campo a picarle el trasero a los bueyes y los del pueblo a trabajar de carretoneros”54. Como establecimiento diurno fiscal, el Liceo inició su funcionamiento el año 1965, en un pequeño inmueble arrendado a un particular, en una casa que tenía 5 salas de clases. En ese tiempo, el Liceo dependía del Liceo Nº 1 de Temuco, cuyo rector era don Daniel Rodríguez, siendo Inspectora en Carahue doña Lucina Sandoval. Posteriormente, el año 67, se trasladó a un inmueble del Hospital, que se adecuó para estos efectos.

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Jorge Navarrete, El Liceo de Carahue. Ibídem, p. 3.

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PROFESORES DEL LICEO DE CARAHUE EN 1974 NOMBRES Lucina Sandoval Leiva José Díaz Torres Ramón Soto Flores Ambrosio Paillán Salas Rubén Hidalgo Díaz José Flores Véjar Rafael Lobos Domínguez Trinidad Pereira Grandón Zaira Silva Elgueta Juan Escamilla Neira Hugo Carrasco Esparza Olga Chávez Avendaño Nelson Pino Martínez José Santos Cabrera Pinto Miguel Angel Salas Rubilar Orlando Figueroa Sanzana Rosalía Valdebenito Saravia José Boggen Lara Graciela Torres Riffo Andrés Acuña Cuevas Hugo Portiño Portiño Luis Muñoz Ibáñez Ercilia Concha González Marta Riquelme Muñoz Sergio Urra Espinoza

ASIGNATURAS Rectora. Filosofía Inspector General. Química Castellano Castellano y Filosofía Ciencias Sociales e Historia Ciencias Sociales Ciencias Sociales e Historia Inglés Inglés Ciencias Naturales Ciencias Naturales Matemáticas Matemáticas Matemáticas Física Artes Plásticas Artes Plásticas Artes Plásticas Técnicas Especiales Educación Física Educación Física Música Paradocente Inspectora Ayudante de Gabinete

En 1974 el Liceo tenía 340 alumnos Fuente: Nómina de Funcionarios del Liceo. Archivo del Liceo de Carahue.

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En 1970 los carahuinos se dispusieron a dar la lucha para conseguir la independencia del Liceo de Temuco y concederle autonomía al establecimiento creado el año 65. Disponemos de una interesante petición que contiene los nombres de todas las autoridades del Liceo, encabezadas por su Inspectora, doña Lucina Sandoval, las demás autoridades educacionales de Carahue, Sindicatos, Juntas de Vecinos, el Coro Polifónico, las Damas de Beneficencia, La Liga de Estudiantes, el Super Intendente de Bomberos, el Rotary Club, la Cruz Roja y los dirigentes de todos los partidos políticos. Uno a uno fueron firmando Dagoberto Iturra, por el Partido Socialista; Arnaldo Sepúlveda, por el Partido Comunista; Pedro Guerrero, por el Partido Demócratacristiano; Mariano del Picó, por el Partido Nacional; Raúl Arroyo por el Partido Socialdemócrata y Pedro Arévalo, por el Partido Radical. Todas las fuerzas de la ciudad se unían para apoyar a su Liceo, que a la fecha sólo tenía hasta tercero medio. La autonomía llegó el 72 y a partir de entonces los esfuerzos se orientaron a conseguir un edificio digno y apropiado para la labor del Liceo. Una petición del 74 insistió en el punto; esta vez, sin embargo, ya no llevaba las firmas de los representantes que figuran el 70. Con el golpe se había quebrado una convivencia, a veces crítica, pero convivencia al fin que admitía la existencia de todas las corrientes de opinión que había en el país. En los años 60, Carahue consiguió mejorar también su servicio eléctrico. Tal como veremos en otro capítulo, era éste un anhelo largamente acariciado por todos los carahuinos. Luego de un incendio que afectó a la planta que la suministraba en 1967, Carahue se quedó prácticamente a oscuras. El gobierno decidió entonces enviar un motor a petróleo que se trajo desde Coyaique, pero como la ciudad quería conectarse a la red central de Endesa, las autoridades locales optaron por poner el motor en la plaza, donde más molestara y, luego, frente al Cuerpo de Bomberos, en la Avenida Ercilla. Así presionaban a las autoridades de Temuco y Santiago para que buscaran otra solución. Finalmente, el apoyo personal del presidente Frei, hizo posible que Carahue se conectara a la red central. Fue un gran avance55. Por los 80 empezó la pavimentación de caminos. La ruta a Temuco se desplazó a los llanos y mejoró el camino a Puerto Saavedra. Este se

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Testimonio de don Mariano del Picó, ya citado.

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pavimentó recién a fines de los 90, hace apenas un par de años. Y esto contribuyó también a cambiar la vida de los carahuinos. EVOLUCION DE LA POBLACION DE CARAHUE Años Población 1882 50 habitantes 1920 3.056 habitantes 1940 4.341 habitantes 1952 5.012 habitantes 1960 5.891 habitantes 1970 5.558 habitantes 1982 6.582 habitantes 1992 7.842 habitantes Fuentes: 1882: cifra del primer campamento militar; 1920: Censo de ese año; 1940, 1952, 1960, 1970 y 1982: Jorge Hernández (coordinador), Geografía de Chile, Tomo IX Región, Instituto Geográfico Militar, Santiago, 1985.

El nuevo trazado y la pavimentación del camino CarahueNueva Imperial, que era el tramo que estaba faltando para tener la ruta asfaltada hasta Temuco, se consiguió en el verano de 1982 gracias al apoyo del gobierno central de 70 millones de pesos. En una visita que hizo Pinochet a Carahue escuchó diversos planteamientos de dirigentes locales que insistentemente le plantearon el problema de los caminos “y el deficiente estado de los existentes, la mayoría de los cuales quedan intransitables varios meses del año por las lluvias”56. Por Carahue habló el miembro del Codeco don Mariano del Picó. Sus puntos de vista fueron compartidos por representantes de Teodoro Schmidt, Puerto Saavedra y Nueva Imperial, convenciendo a las autoridades de la necesidad de apoyar la pavimentación del camino. Según cuenta don Mariano del Picó, Pinochet habría pedido ese mismo día (el 16 de febrero de 1982) una estimación del costo de las obras y comprometido los 70 millones que anunció en una reunión que se hizo por la tarde en el Gimnasio de Carahue. Lo que no estaba en los cálculos de nadie, agrega del Picó, fue la brusca alza del dólar que se produjo en los meses siguientes, reduciendo casi a la mitad el aporte del gobierno. De nuevo a conseguir otros fondos, sigue recordando don Mariano, y gracias a la gestión 56

El Diario Austral de Temuco, 17 de febrero de 1982.

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de toda la comunidad se logró salvar la situación. Dos años más tarde, las obras estaban terminadas57. Con nuevos caminos y otras obras de inversión la ciudad ha iniciado, últimamente, un proceso de modernización interesante. Han aparecido los miradores, la plaza se ha tornado atractiva y la movilización casi continua a Temuco y a Santiago, acercan las distancias. Ya no existe el tren, pero los buses y microbuses han ocupado su lugar, haciéndolo casi olvidar. Para los más jóvenes el tren es una historia vieja; para los más viejos, un recuerdo que todavía conservan en su memoria. Carahue entra al siglo XXI de modo muy distinto a como entró al XX. El modesto caserío de ranchos pajizos ha sido reemplazado por la ciudad de tres pisos que se formó en el curso de estos últimos cien años, cobijando con mucha pobreza todavía, con dificultades y problemas, pero con la voluntad de superar las adversidades, como lo han hecho siempre los carahuinos.

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Testimonio de don Mariano del Picó, ya citado.

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CARAHUE Y SU HISTORIA

XVIII

CARAHUE, EL ÚLTIMO PUERTO DE LA FRONTERA

Jorge Scheihing Harves

1. Observaciones preliminares: la ocupación de la Baja Frontera Costina, 1850-1875 Inmediatamente después de la Independencia, Chile debió enfrentar complejos problemas de organización, en especial, diseñar el Estado e integrar sus territorios1. Consensuado el Estado unitario el mundo indígena y los vastos espacios provincianos pasaron a formar parte de los proyectos integradores de nuestra elite dirigente. A partir de entonces, la incorporación de la Araucanía se transformó en una especie de compromiso nacional que fue marcando nuestra vida republicana. La tarea la emprenderá, finalmente, el ejército, cuando el gobierno decide actuar al promediar el siglo XIX. La Marina de Guerra empezó a explorar sistemáticamente la costa de Arauco desde 1840. En 1841 la goleta de guerra Colo Colo practicó los primeros reconocimientos de la “boca del Imperial”. Varios años más tarde, en 1855, otra expedición de reconocimiento a cargo del Teniente Ricardo Rogers en el vapor “Maule” practica un levantamiento hidrográfico de la cuenca del Toltén, Queule y Mehuín. Entre sus objetivos se contemplaba elegir un lugar para establecer una misión religiosa2. El Parte de esta expedición, escrito al estilo de relato, describe costumbres y las prácticas sociales propias de la Frontera, entre ellas los Mario Góngora, Ensayo Histórico Sobre la Noción de Estado en Chile en los Siglos XIX y XX. Editorial Universitaria. 1988, pp. 38-41. 2 “Parte del Jefe de la expedición a los ríos Imperial, Budi i Toltén i relación detallada de las operaciones”, 12 de abril de 1855. En Memoria de la Marina, Imprenta de la Sociedad, Santiago, 1855, pp. 45-56.

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“regalos” mutuos”, apoyo de un “práctico de tierra” y la intermediación de un “Comisario de Naciones”, además, de dar cuenta de la práctica de los Parlamentos, y las “visitas” a las Misiones establecidas. Inclusive el uso de Contratos (animales de tiro). Agrega, por último, un informe adverso a la navegabilidad de la “barra” del río Imperial, señalando, “que la boca de ese río se hallaba completamente obstruida por bancos de arena sobre los cuales el agua se derrama, sin formar un canal capaz de dar paso a una embarcación que calase más de cuatro pies de agua”3. El área septentrional de la costa de la Araucanía, era sometida, mientras tanto, a las observaciones del teniente 2º Francisco Vidal Gormaz, que desarrolló una dilatada labor cartográfica e hidrográfica. En 1862 explora la embocadura de Lebu hasta la Punta de Morguilla4. Su informe contiene relevantes observaciones etnológicas, descripciones antropométricas, ritualistas y, aún, opiniones sobre el carácter de los indígenas. Su propósito central consistía en establecer la posibilidad de fundar una población en el área, cuyo sustento económico sería posible por la extracción carbonífera. Un reconocimiento más detallado de la navegabilidad del Imperial se desarrolló ese mismo año (marzo de 1862) por el teniente 1º don Marcial Gundian5. Su informe (fechado en Lebu el 27 de marzo de 1863) reconoció que “intentar la entrada al río Imperial es casi una temeridad para cualquier clase de embarcación que lo haga, va con seguridad a su pérdida”. El conflicto suscitado con España en 1866, que significó el bombardeo de Valparaíso, provocó cierta preocupación en el Gobierno en el sentido de que España podría llegar a acuerdo con los mapuche, acelerando las exploraciones en la Araucanía. El 14 de Diciembre de 1867 un Decreto del Presidente Pérez, estableció en su artículo 3º “Se anotaran como campaña la internación de cuerpos del Ejército y de la Guardia Nacional al territorio de la Araucanía para adelantar la línea de frontera i establecer poblaciones o plazas, Ibídem, p. 50. Informe al Sr. Comandante del Vapor Maule... Francisco Vidal Gormaz. En Memoria de la Marina, Imprenta Nacional, Santiago, 1862, p. 43. 5 Parte Nº 2 de J. S. Aldunate (Comandante Jeneral de Marina) al Sr Ministro de Marina (14/04/1863). En Memoria de la Marina, Imprenta Nacional, Santiago, 1863, p. 61. 3 4

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ya sea en la frontera norte o sur, ya en la costa del territorio Araucano”6. En febrero de ese mismo año se comisionó al teniente don Santiago Rugg para que explorara nuevamente la boca del Imperial. El día 24 del mes apuntado salió de Toltén con destino a la barra del Imperial para realizar mediciones hidrográficas. “Al día siguiente salí yo, señala en su Informe, con un lenguaraz, el Capitán Puchi de la reducción de Toltén, con el mismo pretesto (sic) que Vidal para cazar a las inmediaciones a la boca del río i después de haber rodeado una laguna situada en la boca i de haber tirado algunos tiros a los patos que en grandes bandadas la pueblan, subí un cerro como de cien metros de alto poco más o ménos i persuadido de que no había ningún indio en mi observación saqué mi brújula i me eché al suelo para mejor observar la barra i canal de la entrada del río Imperial, tomé mis mareas quedando satisfecho de que podía entrar al río en el bote Salbavida (sic) i tiempo oportuno”. El mismo año don Cornelio Saavedra, Comandante en Jefe de las Operaciones de la Costa, enviaba una Memoria Militar (del año anterior) al Ministro de Estado (Departamento de Guerra)7. En dicho documento queda de manifiesto la colaboración de la Marina y el Ejército en las fundaciones de las Plazas de Quidico, Lebu, Queule y Toltén (esta última ocupada el 7 de enero de 1867). Así mismo, la intervención táctica de los vapores “Ancud”, “Antonio Varas” y “Fósforo”. También se menciona uno de los argumentos centrales que justifican la ocupación, como fue la delicada controversia internacional con España en 18668. Boletín de Leyes y Decretos, Imprenta Nacional, Santiago, 1867, pp. 374-375. Cornelio Saavedra, Memoria de los trabajos emprendidos en la Ocupación Militar de la Costa de la Araucanía en el año 1867, Memoria de la Marina de Guerra, Imprenta Nacional, Santiago, 1867, pp. 5-17. 8 Saavedra, ob. cit., p. 8. “Como se comprende fácilmente, con las nuevas plazas de Toltén i Queule i las de Quidico i Lebu, tenemos la posesión real y efectiva de toda la costa de la Araucanía. Ventaja es ésta de una vital importancia, mucho más si se atiende a que una guerra marítima, como la que hemos sostenido i aún sostenemos, habría podido privársenos completamente de nuestras comunicaciones con nuestras 6 7

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Una vez más, este informe, reitera las evidentes dificultades que ofrecía el río Imperial para su navegación, estableciendo que “no he creído conveniente ocupar la desembocadura del río Imperial, porque del reconocimiento que se ha hecho por tierra resulta que las rompientes y bravezas que se notan en la barra de este río, no permiten su acceso a las embarcaciones, i una plaza i población en esa situación se encontraría aislada i sin porvenir”9. Una nueva opinión, complicará más aún las dudas sobre este punto, cuando Vidal Gormaz, informa (30 abril de 1867) al Sr. Jefe de la Ocupación de la Costa, que “los frecuentes cambios a que está sujeta la barra del Imperial, junto con las dificultades de poder observar por largo tiempo, impiden, por ahora, el formarse un juicio sobre la posibilidad de su navegación”10. Al margen de estas vicisitudes técnicas, el puerto más cercano a la boca del Imperial, Queule, tenía un interesante movimiento marítimo. Entre el 1º de abril de 1874 y el 31 de marzo de 1875, registró 30 buques a vapor, con una carga total de 29.117 toneladas y dos buques de guerra, con 1.260 toneladas11. 2. El apostadero de Carahue y la navegación por el Imperial. Primer ciclo Un interesante indicador del desarrollo económico, lo constituye el tráfico de buques, favorecido por la tecnología a vapor que desarrolló la Revolución Industrial. Los buques “a vapor” se constituyeron en una alternativa de transporte rápido y económico, integrando vastos espacios geográficos y articulando economías locales.

provincias del sud de la República”. 9 Saavedra, ob. cit., pp. 7-8 10 Informe del Sr Comandante en Jefe de la Ocupación de la Costa de Arauco por el Teniente 1º Francisco Vidal Gormaz, Memoria de la Marina 1867, p. 158. 11 Según el Sub Delegado Marítimo de Queuli (sic).

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En Chile la “navegación interior” se expandió a las vías fluviales y lacustres12. A pesar de los informes de la Comisión Hidrográfica13, el río Imperial se incorporó a la navegación, por la iniciativa de privados, como es el caso del empresario José Bunster, propietario del vapor “Ester”, al contratar con el Fisco chileno el primer cabotaje regular entre Talcahuano e Imperial (la denominación “Imperial” es genérica, ya que articulaba toda la Cuenca Hidrográfica) 14. El primer Contrato (24 de Septiembre de 1885) entre el Estado (Ministerio del Interior) y este particular, estableció el siguiente articulado: Articulo 1 Don José Bunster se compromete a establecer un vapor que haga carrera mensual entre el lugar que ocupó la antigua Imperial y el puerto de Talcahuano y otro más al norte. El vapor será de reciente construcción de 200 a 250 Tns de carga con comodidad para el transporte de pasajeros y carga. Articulo 2 El Gobierno abonará al Sr. Bunster una subvención de $6.000 anuales por el término de 8 años. Articulo 3 Se colocará por cuenta del Estado un práctico en la desembocadura del río Imperial para que sirva de entrada y salida al vapor. Articulo 4 Diversas “Concesiones” estatales se contrataron a fines del siglo XIX, por ejemplo la de la navegación lacustre otorgada a don Juan B. Ponchuqe y Guillermo Hanne en la Laguna de Lanalhue (subvencionado por cien pesos mensuales), también el Contrato del Lago Llanquihue con doña Federica Wagner de Mártin, cabotaje lacustre entre Puerto Varas y Puerto Octay por la suma de $4,800. Memoria del Interior, Imprenta Nacional, Santiago, 1886, p. LXXX. 13 Oscar Arellano, Albun-Guía del Cincuentenario de Temuco, p. 166 14 El 13 de Julio de 1887 se firma el Contrato de Navegación entre Talcahuano e Imperial por don José Bunster y el Estado; modificado por Decreto Supremo el 24 de Septiembre de 1885. Su articulado en lo principal establece: “Durante seis años el Sr Bunster cubrirá el cabotaje entre Imperial i Talcahuano, en cuyo puerto último se le subvencionará por la Tesorería Fiscal”. Boletín de Leyes y Decretos. 1885. Tomo II. Imprenta Nacional. Pag. 680-681. 12

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La tarifa de fletes y pasajes se fijará por el s.f. Bunster de acuerdo con el Gobierno. Articulo 5 El s.f. Bunster se compromete a iniciar la navegación antes del 31 de diciembre de 1886 salvo por caso fortuito y la subvención se pagará desde el día en que se establezca la carrera del vapor. Articulo 6 El Sr. Bunster se compromete a traer gratuitamente las valijas de los correos, las tropas y pertrechos que se movilicen en todo el curso del río”. El carácter fronterizo de la Araucanía queda en evidencia en este articulado, sobre todo al priorizar el “transporte de tropas y funcionarios del Estado”, consecuente con la idea de ir consolidando las “líneas” de ocupación. Asimismo, se asegura el transporte de la valija postal ante la precariedad y la seguridad de los caminos. Demostrada la navegabilidad del río Imperial, se desencadenan los siguientes fenómenos económicos: a) Incorporación o competencia de compañías navieras nacionales y de cabotaje internacional. b) Especulación sobre la propiedad agrícola. c) Acelerado desarrollo urbano de los puertos fluviales de Bajo Imperial o “Misiones” (Puerto Saavedra), Nehuentúe, Carahue, Nueva Imperial y Chol Chol. d) Formación de un empresariado naviero-agrícola. e) Efecto multiplicador de una economía de explotación cerealera a gran escala y de producción ganadera, maderera. Incorporación de maquinarias agrícolas “a vapor”, y formación de caminos. f) Formación de Industrias de transformación agrícola. g) Definición citadina de Carahue como “puerto fluvial” (Apostadero). Inmediata creación de una zona portuaria. El gobierno estableció, además, diversos contratos con otras empresas. El 5 de mayo de 1887 el Gobierno celebró, por ejemplo, un contrato con la Compañía Sudamericana de Vapores y el 1 de Febrero de 1888 se promulga la Ley de Contrato Adicional con la misma Compañía, que incorpora una combinación del cabotaje hacia el sur chileno (hasta Puerto

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Montt) y, lo más importante para nosotros, “Se obliga igualmente a establecer un vapor de trescientas toneladas de carga en la navegación del río Imperial, el cual hará un viaje semanal entre la desembocadura del río y el puerto fluvial de Carague (sic)15. La compañía inició la navegación el 17 de Septiembre de 1887. Junto a los contratos de tráfico nacional, el Estado firmó otro para el cabotaje internacional (Valparaíso-Panamá) y para ello la Compañía Sudamericana de Vapores incorpora uno de los vapores de mayor capacidad de registro: el “Imperial”, construido en acero, con máquinas de triple expansión, luz eléctrica y un registro de 3.000 toneladas. Se había construido en la Casa Laird Brothers, en Birkenhead. Aunque el propósito del gobierno era estimular el comercio, el fantasma de una guerra siempre rondaba en La Moneda. “Este Contrato, se decía en el informe del Ministerio, que ha tenido por objeto principal asegurar la estabilidad de una compañía nacional de navegación, destinada a llevar la bandera de Chile a lejanos mares, coloca al país, en la dolorosa emergencia de una guerra, en situación de poder disponer de una flota numerosa de transportes con cruceros de gran velocidad que le aseguren el dominio del mar” 16. El creciente tráfico de productos agrícolas y semi elaborados, desarrolló una sostenida articulación de los espacios de reciente ocupación, incorporando otras organizaciones navieras como la “Compañía de Armadores de Valdivia”. En 1890, la Memoria del Intendente de Valdivia, sostenía que “en cuanto a los vapores de la Compañía de Armadores de Valdivia, ellos empezarán desde luego a viajar, no sólo a Valparaíso, como lo hacen con más o menos regularidad, sino también a Carahue i a Trumag, con itinerario fijo”. Este mismo informe destaca la creciente integración marítima internacional a que está sometida la costa del centro-sur con los cabotajes de las compañías Sud-Americana, Compañía Inglesa y la compañía alemana “Pacífico” y “Kosmos” (Valdivia-Hamburgo)17.

Memoria del Interior, 1888. Imprenta Nacional, pp. XLVI-XLIX. Memoria del Interior, 1886. 17 Informe Memoria Intendencia de Valdivia. 1890. En Memoria del Interior. 1890. Tomo II. Imprenta Nacional, Santiago, 1890, p. 51.

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Por lo anterior la administración marítima, creó el “Puerto Menor” de Imperial, por Decreto Supremo del 10 de agosto de 1886, que funcionaría con un teniente administrador, con setecientos veinte pesos de sueldo anual y un marinero, con ciento ochenta pesos de sueldo anual. La configuración geomorfológica de la denominada “barra del Imperial”, condicionó la navegación en su primer ciclo, es decir el cabotaje que oscilaba entre las 50 y 450 toneladas de registro neto. Así, el embancamiento de la barra, obligó la creación de un servicio de “Prácticos de Navegación”, reglamentado por Decreto Supremo del 12 de octubre de 188718. Una opinión bastante optimista de este cabotaje manifiesta desde la óptica militar, don Alejandro Gorostiaga, en su “Memoria de la Comandancia Jeneral del Ejército del Sur” (15/3/1887) al Sr. Ministro de la Guerra ...” la navegación del río Imperial, establecida ya felizmente por dos vapores de los señores Leal vendrá a impulsar poderosamente el comercio i la agricultura en las regiones australes del territorio, proscribiendo para siempre de ellos la inercia del pasado..”19. (1) 18 El título oficial de ésta pieza legal es ”Reglamento sobre el Servicio de Prácticos para la navegación en el río Imperial”. (12 de octubre de 1887). Algunos de sus artículos señalan: Art. 3° “Corresponde al práctico de servicio señalar la oportunidad de la entrada o salida de los vapores, como asímismo el calado que ha de tener según el estado i fondo de la barra, dando aviso previo a la autoridad marítima” Art. 5° “La dirección del canal que atraviesa la barra se marcará con la enfilada de un tablero de 4 metros por lado, pintado de blanco, apoyado en el cerro i a cincuenta metros sobre el nivel del mar i colocado en la playa al extremo de un palo de ocho metros de altura” Art. 6° “N°1 Una bandera blanca indicará que la barra está buena. N°2 Una bandera azul que indicará que la barra está mala. N°3 Una bandera azul con diagonales blancas significará que debe esperar sobre la máquina. N°7 Un gallardeton rojo indicará, váyase a Corral. N°8 Un Gallardeton blanco, váyase a Tirúa. N°12 Una bandera blanca i un gallardeton rojo ¿Ha tocado en la barra? (Boletín de Leyes y Decretos, 1887. Tomo II. Imprenta Nacional, p. 1635). 19 Alejandro Gorostiaga, Memoria Comandancia Jeneral del Ejército del Sur. Al Sr. Ministro de la Guerra, 15 de Marzo de 1887. En Memoria de Guerra, Imprenta Nacional, p. 187.

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Creada la “Subdelegación Marítima de Boca río Imperial” se informa del movimiento de cabotaje realizado en 1887: “los vapores entrados i salidos a esta barra i al presente año han sido: Río Claro, de la Compañía SudAmericana, once viajes, Ester, propiedad del Sr. José Bunster, dieziseis viajes; Longaví, Compañía Sud-Americana, un viaje, Queuli, propiedad del Sr. Antonio Leal, dos viajes; i Chamil, una entrada. Este vapor a quedado en Nueva Imperial i hace carrera hasta Chol Chol, ocupándose en la conducción de harinas i trigos entre uno i otro punto” 20. El práctico, P. Frederiksen registró la salida y entrada de 18 vapores, con 2.818 toneladas y 38 pasajeros de entrada y 24 de salida21. El mismo subdelegado evacuó, al año siguiente, otro informe relativo a ingresos del Erario Fiscal por “Derechos de Rol y Practicaje”22: MESES

ENERO FEBRERO MARZO ABRIL MAYO JUNIO JULIO AGOSTO SEPTIEMBRE OCTUBRE NOVIEMBRE DICIEMBRE TOTALES

DERECHOS DE ROL PARTE DEL GOBERNADOR MARITIMO $4 $2 $4 $6 $4 $8 $4 $6 $6 $4 $4 $6 58

TOTAL

$4 $2 $4 $6 $4 $8 $4 $6 $6 $4 $4 $6 58

POR PRACTICAJE TOTAL PARTE DE LOS PRACTICOS $ 25 $ 10 $ 15 $ 35 $ 20 $ 40 $ 20 $ 30 $ 30 $ 20 $ 25 $ 30 300

$ 25 $ 10 $ 15 $ 35 $ 20 $ 40 $ 20 $ 30 $ 30 $ 20 $ 25 $ 30 300

Memoria de la Marina de Guerra, 1889, Imprenta Nacional, Santiago, pp. 316-319; Este informe elevado por Don Juan Fredes, al Director de la Oficina Central de Faros i Capitanías de Puertos de Valparaíso; contiene un interesante observación sobre su estado y perspectivas. “Como vera Ud. en ésta Subdelagación marítima no existe astilleros i varaderos por ser un puerto que hace menos de dos años a que ha tomado el nombre de tal.... en el lugar de Ruca Diuca, hai una roca donde continuamente se varan los Vapores ... mui (sic) conveniente será conseguir la destrucción de esas rocas en el punto citado”. 21 Memoria de la Marina, 1888, Imprenta Nacional, Santiago, 1888, p. 201. 22 Memoria de la Marina, 1889. Imprenta Nacional, p. 319. 20

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Caracteriza al “primer ciclo de navegación” el cabotaje a escala, las combinaciones al norte23 y sur del país y la internacional24, las modalidades empresariales individuales (Bunster, Valck, Pablitza, etc.) y la intervención de grandes compañías y Asociaciones de Armadores (Valdivia y Lebu). Probablemente en estos últimos, su estrategia competitiva fue intentar monopolizar el transporte de carga y pasajeros de menor escala hasta la década del 20, considerando las limitaciones de los caminos públicos. El período de la navegación en este primer ciclo, se habría iniciado con el ingreso del “Toltén” (30 Toneladas) propiedad de don Alejandro Holzapfel25. El 19 Marzo de 1887 ingresa el vapor “Ester” del empresario José Bunster contraviniendo los “Informes de la Marina” sobre su navegabilidad en el Imperial. En octubre del mismo año ingresa a la competencia la poderosa Compañía Sud-Americana de Vapores, cuando el “Río Claro” cruza la barra, iniciando el cabotaje a escala. Hasta la segunda década del siglo XX, esta compañía operaba con los vapores “Longaví”, “Malleco”, “Chillan”, “Bio Bio”, “Maule” y “Lumaco”. La empresa naviera “Prochelle y Compañía” de Valdivia, competía con las unidades “Rupanco”, “Teja” y “Valdivia”. También la “Asociación de Armadores de Valdivia” ingresa a este cabotaje fluvial con el “Trumao” y el “Villarrica”. Paralelo a estos consorcios, los empresarios navieros-agrícolas, creaban una modalidad de explotación de mayor complejidad y riesgo (productor, acopiador y comprador en grandes bodegas de “Frutos del País”, transportador y finalmente vendedor). En esta modalidad empresarial destacan José Bunster (vapor Ester), Alejandro Holzapfel (vapores Toltén, Río Bueno), Enrique Valck Greve (vapor Carahue), José Duhalde y en menor medida don Arturo Leal (vapores Queuli y Chamil).

Entrevista a Jorge Landarretche Maffei. “... el comercio se hacía directamente a Europa (vía marítima) y los productos se solicitaban por catálogos ...”. 24 Entrevista al Dr. Luis Valck K. “... el vapor Carahue realizaba eventualmente, viajes al Perú...” 25 “Apuntes” (manuscritos) de Eduardo Guillermo Valck Berkhoff, 1993, p. 9.

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Un notable documento de 1891 correspondiente a la Tesorería Municipal de Carahue, nos revela el cabotaje, y las toneladas transportadas, como los tipos de productos, valores comercializados y destino de la carga26: VIAJES 11 11 03 04 07 04

MOVIMIENTO DE VAPORES EN 1891 VAPORES TONELADAS LONGAVI ESTER VILLARRICA BIO BIO TRUMAO CHILLAN

255 119 127 408 252 447

Siguiendo el documento, los puntos geográficos de exportación eran Valdivia, Coronel, Talcahuano, Valparaíso, Coquimbo y Arica. Al primer puerto, se enviaban: aguardiente, afrecho, arvejas, arena, cartuchos de bala (¿re-exportación?), cáscara de lingue, cebada, camas, costillares secos, cognac, chanchos, duelas, esencias, equipaje, frejoles, gallinas, grasa, harina flor, huevos, manteca, maderas, papas, pavos, trigo, vasijas vacías. El valor de lo exportado ascendía a $294.653. Significativa es la información relativa a la exportación de oro y plata a Valparaíso (aunque es el único producto que no declara su valor comercial). Así mismo a Coquimbo se comercializa la harina flor (386.400 kilos, valorados en $42000) y al puerto de Arica, aguardiente (3000 litros, valorados en $600). Un problema permanente lo seguían constituyendo los "bajos" (embancamientos) de Ruca Diuca, considerando la capacidad de algunos vapores, como el Longaví, superior a las 400 toneladas de registros. A menudo era necesario desestibar y transportar la carga por tierra hasta Carahue. El Intendente de Cautín en su Memoria Anual del año 1892 sugiere aumentar el Movimientos de la Tesorería Municipal de Carahue, Movimiento de Vapores, 18901891. Archivo regional de la Araucanía,. Fondo Intendencia de Cautín. Volumen 15. El movimiento que registra este cuadro deja la impresión que la Revolución del 91 no repercutió en estas actividades. 26

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caudal del Imperial, vía un canal artificial que lo conectase al río Allipen, subsanando las dificultades de Ruca Diuca27. Por Decreto del 1º de Junio de 1892, se comisionó al Ingeniero don Camilo de Cordemoy, para realizar un diagnostico sobre este asunto. El Informe anual de la Capitanía de puerto del río Imperial de ese mismo año registró el ingreso al sistema fluvial de 66 vapores nacionales, con 23.077 toneladas y dio cuenta de los naufragios dentro de la jurisdicción Marítima, de los siguientes vapores: “Flamstead”, “Teja”, “Trumao” y “Arno”. La mayor parte de los capitanes eran extranjeros, entre ellos James Bock, A. Elbe, J. Davidson y J. Holm. El Flamsted se dirigía a Hamburgo, a cargo del marinero alemán don Juan Wanget. Los productos que se exportaban hacia 1893, se relacionaban con el mercado cerealero y materias primas semi-elaboradas: TRIGO............................... ARVEJAS......................... CEVADA.......................... FREJOLES........................ HARINA FLOR................... LANA BLANCA............... CUEROS SALADOS........ TABLAS........................... CASCARAS LINGUE.....

75.000 1.200 800 80 5.700 170 450 13.000 82.500

FANEGAS “ “ “ QUINTALES “ KLGRMS PIEZAS KLGRMS28

Cuatro años después la Capitanía de Puerto, informaba el ingreso de 30 vapores nacionales, con 13.053 toneladas de registro. El mismo informe especificaba que el tráfico menor, era servido por las lanchas “Igrena” (10 toneladas), “Oscar” (2 toneladas), “D. Mac Iver” (2 toneladas) y los vapores “Chol Chol” (27 toneladas), “Damas” (10 toneladas) y “Río Bueno” (22 toneladas).

27 28

Memoria Intendencia de Cautín, 1892. Archivo regional de la Araucanía, p. 999. Memoria Intendencia de Cautín. 1892. Pag. 1013. (A.R.A.)

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Al comenzar el siglo se denotan los síntomas de crisis que afectan al cabotaje nacional. La Dirección Jeneral de la Armada, remite en su Memoria Anual del año 1900 un “Proyecto de Lei” (sic) de protección a la Marina Mercante Nacional, cuyo artículo 1º postulaba “Asígnase a los buques de vela i a los de vapor que forman parte de la Marina Mercante Chilena, una prima anual de cincuenta centavos por cada tonelaje de registro i por cada mil millas recorridas durante el año”. El artículo 9 establecía “...los vapores que se dediquen al tráfico interior de los ríos ... Imperial ... disfrutaran de una prima suplementaria anual de ciento por ciento sobre la asignación del articulo 1º”. 3. El segundo ciclo de la navegación fluvial El aumento de la población, los progresos de la colonización, la formación de algunos incipientes núcleos urbanos (Nehuentúe, Moncul) y la articulación fluvial Chol-Chol, Nueva Imperial, Carahue, Nehuentúe, Puerto Saavedra, Moncul, Trovolhue, estimuló las redes del comercio y el tráfico de pasajeros, dando origen a un segundo ciclo de navegación que se manifiesta por a) b) c) d) e)

Alta competencia entre medianos empresarios navieros. Cabotaje al interior del sistema hidrográfico del Imperial. Especialización en buques de pasaje, carga y remolque Empresarios subvencionados por el Estado por propuestas públicas El registro de los vapores no supera las 50 toneladas

En 1902 se llama a Propuesta Pública para el servicio fluvial de los ríos Chol-Chol-Imperial-Trovolhue29. Dos años antes, el 7 de mayo de 1900 el Ministerio del Interior, a través de un documento dirijido al Intendente de Cautín autorizó a dicho Gobernador para que en representación del Fisco, suscribiera con diversos particulares contratos como el que se establece con los “señores Alejandro Holzapfel y José Duhalde (que) se obligan a establecer una línea de navegación a vapor que haga el servicio del río Imperial, hasta Carahue, Chol Chol y Trovolhue. El servicio se hará con los vapores Río Bueno, de 40 toneladas de registro, y Chol Chol de Acta de apertura de propuesta para la navegación de los ríos Imperial, Chol-Chol y Trovolhue. Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación de Imperial, 1902,.vol. 43. 29

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35 toneladas de registro, de propiedad del Sr. Holzapfel el primero y del Sr. Duhalde el segundo”30. Se obligan, además, a la conducción de la correspondencia oficial y la particular, además el transporte de empleados públicos y autoridades. Aunque la gran navegación (conexión a Alta Mar) comenzaba a declinar, aún es posible hacia 1904, registrar el ingreso de 35 buques, que representaron 12.862 toneladas (entrada) y al año siguiente 26 buques, con 12.419 toneladas igualmente de entradas31. La misma fuente registraba al año siguiente el ingreso de 16 naves nacionales movilizando 8.315 toneladas y 910 personas; 10 buques británicos que representan 4.104 toneladas y 650 personas. A pesar del control estatal sobre el servicio, la firma DuhaldeHolzpfel no estuvo exenta de reclamos, según se puede apreciar en la documentación que se conserva en el Archivo Regional de la Araucanía32. Un nuevo contrato del Estado celebrado en 1909, esta vez con la firma Duhalde-Valck y Compañía, estableció viajes de cabotaje hacia los puertos de Valdivia, Lebu, Corral, Lota, Talcahuano, Tomé y Valparaíso, itinerario que debería realizar el vapor “Carahue”. La compañía propone cobrar por cada travesía hasta Valparaíso la suma de $20.4033. Aunque, los vapores se obligaban a llevar la valija postal, este servicio recibió reiteradas quejas de parte del Administrador General de Correos, dirigidas al Sr. Gobernador del Departamento, como al Jefe de Correos de Nueva Imperial por acciones negligentes34. Con todo, la Tesorería

Susana Fritz Ríos, “La navegación a vapor en la Araucanía: 1900-1904”, universidad de la Frontera, 1999 (inédito). 31 Estadística Comercial de la República de Chile, 1905. 32 Archivo Gobernación de Imperial, 1902, vol. 42. 33 Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación de Imperial, Oficios recibidos, 1909, vol. 64. 34 Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación Imperial, 1913, vol. 74.

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Fiscal de Imperial, pagó por este concepto la suma de $4.000, del Ítem 4262, partida 32 del Presupuesto de Interior. Hacia 1907 el puerto de Carahue ya había desarrollado un movimiento financiero que moviliza en productos nacionales y extranjeros35. En cuanto al tonelaje movilizado en el primer semestre de 1909 y 191036, Carahue arrojaba las cifras siguientes en toneladas:

PRIMER SEMESTRE 1909

PRIMER SEMESTRE 1910

EMBARQUES

DESEMBARQUES

EMBARQUES

DESEMBARQUES

1.796

135

1.051

91

Hacia 1912, una intensa actividad se desarrolla en el Imperial, consolidándose los barrios del Apostadero, Villa Estación y Villa Damas, que se animan pintorescamente, mezclándose los silbatos de los vapores y del ferrocarril que habíase inaugurado en 1908. Este espacio se transformará rápidamente en el área comercial y de mayor competencia. Ese mismo años, por decreto 3074 del Ministerio de Hacienda, se aprobó la solicitud de don Alfredo Rosselot para construir un atracadero de lanchas “entre la estación de ferrocarriles y la ribera norte del río Imperial”37. Otro permiso es aprobado al año siguiente, por decreto 3601 del mismo Ministerio de autorizándose la construcción de un atracadero (y concesión de playa) en la ribera sur del río Tirúa, beneficiando esta vez a don Adolfo Bruna. Paralelo a lo anterior, se suman las solicitudes para los “balseaderos” del Imperial, debiendo la Intendencia de Cautín, reiterar por oficio 113 del 14 de febrero de 1913 que en Carahue sólo está autorizado el de “Boldos” y “Quillem”. “Chile en la Exposición de Quito. El comercio interior de Chile”, Imprenta y Litografía Universo, Santiago, 1909, p. 93. 36 Superintendencia de Aduanas. Departamento de estadística comercial. Valparaíso 1910. Pag 46. 37 Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación Imperial, 1912, vol. 71. 35

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tarifario:

Sobre esta última balsa, la de Quillen, se reglamentó el siguiente

“Pasajeros a caballo, cinco centavos; Coche de dos ruedas, cinco centavos; Coche de cuatro ruedas, cinco centavos; Carreta de dos ruedas, veinte centavos; Carreta de cuatro ruedas, veinte y dos centavos; Ganado bovino, asnal, equino, mular y porcino; un centavo cada animal”38.

Los balseaderos, que se prolongaron en sus funciones hasta la construcción del puente colgante, fueron el de Quillen (Sr. Villablanca), el de doña Zelima Elgueta (lugar del actual puente) y otro frente a la industria Valck. ¿Es posible imaginarnos el sector portuario en plena actividad? Ciertamente, el rasgo pintoresco y vernáculo, con sus usos de “cultura fronteriza” se manifestaron entre el ruido de los trenes que se “combinaban” con el itinerario de los vapores, el tránsito de innumerables carretas la acción afanosa de comerciantes y bodegueros, pasajeros ansiosos, la confluencia cultural. De fondo los “palafitos” y su arquitectura típica. Olores a humedad y bosque39. ¿No es acaso aquí, donde está más cercana la identidad del Carahue histórico? ¿Podemos en la autenticidad cotidiana de estos barrios conocer el carácter de la ciudad y sus habitantes? “...El caserío estaba formado por casuchas de madera en bruto y se levantaban a la entrada de éste, frente a la estación de ferrocarriles. Era un punto al que convergían caminos de diferentes regiones. Todos los productos de la rica zona eran comprados por los comerciantes establecidos en el lugar. Desde la cinco de la mañana hasta las doce del día, se desarrollaba un movimiento comercial interesante... se hacían los embarques a Temuco, hasta la Oficio Intendencia de Cautín N° 77, Archivo Regional de la Araucanía, Gobernación de Imperial, 1913, v. 75. 39 Entrevista a Eduardo Vergara, antiguo vecino y comerciante de Carahue. 38

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línea central, desde donde eran despachados a diferentes puntos del país. Era un ramal próspero y sonriente, mirando confiado el porvenir...”40. Los muelles y el sector ribereño fueron ocupados por los empresarios. Hacia 1893, don Alejandro Holzapfel, ocupó el sitio Rol Nº16, correspondiéndole 4,68 hectáreas; a la Empresa Pablizta Hermanos, el sitio Rol Nº13, con 2 hectáreas; a doña C. viuda de Barrueto el sitio Rol Nº10, con 1,90 hectáreas (deslindaba con el río Damas); y a la Empresa Valck, los sitios Nº 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9, totalizando 20,95 hectáreas. Posteriormente el espacio portuario se subdividió, incorporándose el “Muelle de Cabrera”, el muelle Holzpfel, genéricamente conocido como “del buey”, enlazado a los FFCC. En el largo trayecto del Imperial, existían muelles pequeños, entre otros “El Cometa”, “Ruca Diuca”, “Puerto Peral”, “Cullinco Maffei”, “Cullinco Herrera”, “Colico”, “Tranapuente”, “Nehuentue” y a fines del siglo XIX el de la isla “Doña Inés” y “Millonhue”41. Todo el candor, la respuesta ladina, el conversar lo cotidiano, se expresaba a bordo. En la más pintoresca navegación, convivían pasajeros que se entretenían en el juego de naipes, comerciantes y mercaderías por doquier, inclusive pequeños animales. Hernán Díaz Arrieta, “Alone”, visitó en 1921 al poeta Augusto Winter, describiendo el viaje mágico “ ... Aléjase Carahue con sus casitas blancas en el fondo negro de los bosques, en el muelle se agitan manos que saludan, sombreros, pañuelos, mientras con parsimonia, con serenidad el “Cautín” se desliza a través de la masa azul y burbujeante...”42.

Pedro Riquelme, Miguel Tauro, Imprenta Gutiérrez, Temuco, 1957, pp. 5-6. Juan Wagnet, Memoria Subdelegación Marítima Río Imperial. 1897. En Memoria de la Marina, Imprenta Nacional, 1987, p. 815. 42 Revista “Zig-Zag” , 20 de enero de 1921. 40 41

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Un considerable número de embarcaciones recorrieron el Imperial entre 1920 a 1960. Algunas se especializaron en transporte de pasajeros y otras en carga. Muchas se transformaban, además, en grandes bodegones para almacenar la “compra y venta de Frutos del país”. En estos espacios se practicaban compras y ventas o simplemente trueques de trigo por yerba u otros productos de consumo diario43. Otras importantes bodegas de acopio de “frutos del país”, fueron las de don Tomás Echavarri, Ernesto Michaeli. Lugar destacado lo ocupó la Empresa Falck y Cía., por la diversidad y volumen de su producción y competitividad. Entre los vapores que navegaban por el río se registraban el “Saturno” (su propiedad sufrió varios traspasos. Entre ellos la Firma Ricardo Herrera, posteriormente don Eduardo Bravo); el “Napoleón” (Firma Vicente Cabrera. Originalmente perteneció a don Casimiro Donat y Conrado Brand); El “Nerón” (remolcador), que había pertenecido al armador valdiviano don Guillermo Oettinger y llegado con el nombre de “Naguilan”44. 4. Los hombres y vapores del Imperial El “Cautín”, de trágico y conocido fin. Su primer nombre fue “Lumaco”. Al momento de su hundimiento, el 19 de enero de 1948, pertenecía a la Firma “Lüer Hnos”. Don Rufino Maiza de Trovolhue, poseía el “Estrella del Sur”, y el “Lagarto”. Además, navegaban el “Colico” (de Conrado Brand), “Moncul” (Miguel Ansorena), “Pacífico” (Sucesión Carlos Retamal Olea), “La Flecha” (Natalio Surjan Nadilo), “El Rápido”, “Lucita” (Arturo Ruiz Díaz), y embarcaciones menores como el “Burrito”, “Carahuito” (Valck y Cía.), “Elizabeth” (Ricardo Gottschalk).

Entrevista a Elizabeth Golschatt, descendiente del empresario Ricardo Golschatt, de Puerto Saavedra. 44 Entrevista a Eduardo Cabrera Payá, descendiente del empresario Vicente Cabrera, de Carahue. 43

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Alrededor de 1959 ó 1960 circuló el último vapor comercial entre Chol-Chol y Nueva Imperial, “La Loba”, siendo su capitán y propietario don Humberto Solano Fonseca. Fueron en Carahue Capitanes de Puerto don Luis Toro Gutiérrez, Roberto Valenzuela Román, Jorge Hirth Markmann, Bartolomé Sepúlveda, Hermójenes Lobos. En 1914 con agudeza de análisis, del ingeniero de ferrocarriles don E. Aguirre S., escribió “La dura antesala predictora del ocaso de la navegación fluvial ... ésta vía fluvial es espléndida para la salida de los productos de la zona entre Carahue y Puerto Saavedra, pero no puede pensarse en que ella llegue, a constituir, una salida al mar de la carga proveniente del sur, pues sería necesario invertir enormes sumas en obras de un puerto fluvial a todas luces inconvenientes dada la vecindad de los puertos de Valdivia y Lebu”45. dragado.

En 1929 los bancos de Ruca Diuca, debieron ser sometidos a

La Memoria de ese año de la Dirección Jeneral de Obras Públicas, en sus páginas 13 y 14, informa ... “se trazó un canal preliminar a través del banco de Ruca Diuca, único obstáculo que presentaba la navegación del río Imperial, entre Carahue y la desembocadura, el canal tiene 200 mts. de largo por 2,500 mts. de hondura mínima y 16 mts. de ancho. Se invirtieron $ 125.000”46. Eran los signos de problemas que nunca se pusieron resolver. De todos los vapores el “Cautín” fue el de mayor personalidad y simbolismo social. ¿Cómo explicamos que después de medio siglo su recuerdo trágico siga generando reacciones colectivas, aún con interpretaciones no exentas de pasión? “Proyecto de Ferrocarriles. Para optar al Título de Ingeniero Civil. 1914. p. 16 (inédito). 46 Memoria Dirección General de Obras Públicas. 1929. Imprenta Cervantes. Pag. 13-14.

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La navegación fluvial fue un símbolo para la gente. Con ella viajaban también los sueños, las esperanzas, las ilusiones. Cada viaje era un espacio de convivencia. En su trayecto coexistían sentimientos de pertenencias con el paisaje, en cada embarcadero, auténticas ritualidades para un mundo compartido; el viaje más que un recorrido, era un lugar que legitimaba la construcción social, la utopía y los sueños de los pioneros fronterizos. Una “visión mítica” de los antiguos vapores subsiste en el colectivo histórico, en ella se entrelazan componentes simbólicos, el agua como estructurante de la muerte y la vida47. A menudo estas lecturas míticas, reconstruyen heroicos capitanes, los naufragios idealizados y sus riquezas. Una interpretación popular, un canto a “lo humano”; una letanía triste y evocadora, subsistió como tradición oral, tras el hundimiento del “Cautín”. La fuerza de este canto vernáculo reconstruye la tragedia48: ... El día 19 de Enero fue ocurrido un fatal tragedia al pueblo la hizo sentir cerca de Puerto Saavedra ... El barco en las aguas Se hundía lentamente Y las madres pedían Con sus hijos el perdón ... Esta durísima prueba, lo sería aún más, cuando el 10 de marzo de ese mismo año se hundía la lancha motora, “Helvetia”.

Mircea Eliade, Imágenes y Símbolos, Editorial Taurus, 1955, p. 165 “... la inmersión repite el gesto osmogónico de la manifestación formal; la inmersión equivale a una disolución de las formas. Por esto, el simbolismo de las Aguas implica tanto la Muerte como el Renacimiento ...”. 48 Informantes orales, señores Juan Burgos y Familia, Puerto Domínguez.

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Concluía la navegación masiva. Desde Valdivia, el “Piloto Campbell”, último buque de proporciones en cruzar la barra del Imperial, intenta reemplazar al “Cautín”. El impacto de las tragedias, la aparición de los caminos públicos y el Puente colgante, terminarían rápidamente con la navegación fluvial. A media centuria del último viaje y de su indudable aporte a la formación de una identidad local, del “Mississippi chileno”, sólo nos quedan testimonios materiales diseminados, constituyéndose en los últimos testigos de la fragilidad histórica de los sueños del ayer. Carahue fue, con todo, el último puerto de la Frontera. ***

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CARAHUE Y SU HISTORIA

XIX

RECUERDOS DE UN CARAHUINO

Guillermo Valck Berkhoff

Nota del Editor: Los Carahuinos que han leído este relato, lo han considerado de extraordinario interés. Es por ello que presentamos aquí en forma íntegra los apuntes escritos en 1993 por Don Guillermo Valck Berkhoff con el fin de dar permanencia a sus recuerdos. Estos apuntes rescatan la memoria de muchos de los primeros vecinos de nuestra comuna, entre ellos los antepasados del autor. Además, los hechos relatados aquí nos aportan valiosa información relativa no sólo a la historia general de Carahue, sino que también sobre aspectos particulares que fácilmente podrían perderse con el pasar del tiempo, y además, interesantes y valiosas observaciones sobre la historia natural, clima, etnología, etc, de la comuna, todo lo cual nos ayudará a conocer mejor nuestra realidad. Se ha mantenido la ortografía del original.

Apuntes de Don Eduardo Guillermo Valck Berkhoff Junio de 1993 “Don Heinrich (Enrique) Valck Greve nación en Cassel (Alemania) a mediados del siglo pasado1, era contador titulado, profesaba la fe católica, y por motivos religiosos decidió venirse a Chile. Llegó a Valdivia en 1869 a la edad de 21 años aconsejado por su hermano Ludwig (Luis) que había estado en ese lugar seis años antes. En la década de 1870 lo encontramos instalado con una curtiembre y un molino maquilero en la ciudad de Toltén. Surtía entre otras cosas, con materiales de cuero al ejército que operaba entre esa ciudad y Lebu desde que

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El autor se refiere al siglo XIX. (nota del editor)

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el coronel Don Cornelio Saavedra tomara posesión de la costa Araucana a fines del año 18632 En 1877 con sus amigos, los hermanos Clemente y Alejandro Holzapfel se dirigían en viaje por asuntos comerciales a Carahue. Se encontraron que la noche anterior, en la costa y en la playa, había varado un gran barco, el “Menantic”. Este viajaba desde Europa a California. La tripulación empezó a botar la mercadería que llevaba al agua, para tratar de reflotarlo, en tanto que los Araucanos3, que estaban en gran número en el lugar, se apropiaban de ésta. Don Enrique aprovechó de comprarles muchas cosas entre las cuales adquirió para su novia Doña Luisa Deppe el ajuar completo. Se casaron un año más tarde. Doña Luisa nos mostró a sus nietos su ajuar que aún guardaba y nos relató como lo había adquirido junto a otras cosas Don Enrique Valck, nuestro abuelo. Don Clemente Holzapfel se casó con Doña Lina Deppe, hermana de Doña Luisa. Don Clemente fue virtualmente el fundador de la ciudad de Pucón, donde se estableció. Carahue ya era un pueblo con bastante movimiento comercial. Por el río Imperial llegaban veleros y vapores de hasta 400 toneladas. En el lugar que está la estación de FFCC del E existía un molino y una destilería de alcoholes dirigida por Don Germán Pablitza socio de la firma Pablitza Hermanos y Compañía. Don Carlos Leal M. puede confirmar esto por conversaciones que tuvo al respecto con su difunto tío Don Carlos Manser. A mediados de la década de 1880, Enrique Valck Greve liquida sus pertenencias en Toltén y se traslada a Carahue, comprando al Señor Pablitza sus instalaciones industriales. Contrata técnicos en Alemania para instalar y modernizar éstas y otras industrias al norte de la desembocadura del río 2

La toma de posesión de la costa a la que se refiere el autor, tomó varios años. La localidad de Queule sólo fue incorporada al territorio chileno en Diciembre de 1866, y Toltén a principios de 1967. (nota del editor) 3 Menciono a este pueblo autóctono como “araucanos”, pues ellos siempre me han manifestado pertenecer a esa etnia. EGVB

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Damas y bajo el nombre de Enrique Valck y Cia. En 1888 empieza su nueva actividad. Molino industrial con 300 quintales métricos de molienda de trigo en las 24 horas. Molino maquilero. Destilería de alcoholes con una producción de 400.000 litros al año. Fábrica de Quaker. Fábrica de arvejas partidas. Fábrica de café de Malta (cebada). Barraca elaboradora de maderas. Una tienda al por mayor y al detalle, para atender la necesidades de la zona. Exportación de productos agrícolas y forestales. Agente de varias Compañías de Seguros. Construyó un galpón grande a orillas del río Imperial dedicándolo a la engorda de cerdos, con cabida para más de 500 de ellos. Tuvo criadero de caballos de tiro liviano raza York-Shire, para viajes de negocio que hacía continuamente hacia las ciudades de Angol, que desde 1876 era punta de rieles de FFCC del E y Valdivia. Cuando ya no hubo necesidad de estos caballos transformó el criadero para caballos de carrera fina sangre. Comprando terrenos cerca de la industria forma el fundo “El Avellano”. En 1904 adquirió el fundo “Santa Celia” de 5.000 Hectáreas que era todo bosque e instaló aserraderos en él. Mandó construir en Europa el “Carahue”, un barco de 1.000 toneladas con doble fondo y plano, con un calado a carga completa de 3,60 mts para pasar la barra (desembocadura) del río Imperial sin riesgos, con la finalidad de sacar la producción de la zona hacia la costa del mar Pacífico. Instaló una feria de animales en el mismo lugar en el que está la actual4, pero funcionó poco tiempo. Tuvo un molino en Lautaro, el cual no dirigió personalmente. Contrató los servicios del geólogo alemán Sr. Fölsch para efectuar estudios de probables minas de carbón en la zona, los que no fueron positivos (este Señor dirigió los trabajos geológicos de Lota-Schwager). Tenía Don Enrique Valck Greve en su oficina un cuadro diploma que le otorgó el 1er premio por presentación de sus productos en una exposición efectuada 4

El autor se refiere a la feria que funcionaba al final de la calle Ercilla, en Carahue. (nota del editor)

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en Quito, Ecuador, esto demuestra que además de comerciar con las salitreras lo hacía con países al norte del nuestro. A su personal de trabajadores les tenía cancha de foot-ball y toda clase de elementos deportivos. A sus empleados cancha de tenis, cancha de juegos de palitroques y una mesa de billar. Además poseía un vapor con cabida para 30 personas llamado “Carahuito” que se usaba para paseos del personal. A todos sus empleados los hacía almorzar junto a él a su mesa. Cuando sus hijos Jorge, Germán, Guillermo, Enrique, Julio y Luis terminaban sus estudios en Valdivia, Valparaíso, Santiago y/o Alemania, los fue integrando a sus quehaceres. Como era lógico por sus actividades se nacionalizó Chileno. La administración de la firma la ejerció el propio Don Enrique hasta su último día de vida. Al fallecer a los 80 años de edad hubo duelo general en Carahue. El fundo Santa Celia lo compró al Señor Schacht de Santiago quien lo adquirió en remate fiscal efectuado en Santiago el año 1894 sobre las tierras de esa zona. La planificación e hijuelización partió de un hito de roble pellín grueso ubicado en la hijuela “La Huacha”, perteneciente a Don D. Belmar, en las nacientes del río Damas. Los ingenieros de la época llegaron a este lugar con una faja que partió desde Traiguén. En este remate el valor de la tierra por hectárea fluctuó entre $0.60 y $1.00 según su ubicación. Copia autorizada de estos planos y de las ciudades de Nueva Imperial, Carahue y Puerto Saavedra poseía la firma Enrique Valck y Compañía y en ellos figuraban perfectamente demarcadas todas las reservas indígenas con los respectivos nombres de sus caciques. Los araucanos eran tranquilos y pacíficos siempre que no los molestaran dentro del terreno que ellos ocupaban en torno a sus rucas, donde ellos tenían los sembrados para el sustento durante el año y los pastos para sus vacunos, caballares y oveja. El cacique era el que mandaba en su reducción. Los campos en que vivían estaban todos en vegas y planadas, por ser las más fértiles tierras existentes, a orillas del mar, del lago “Budi” y de los ríos. Las lomas y cerros que correspondían mas o menos a un 80% del total de los suelos, estaba todo cubierto por bosques de los cuales sólo aprovechaban la leña para sus fogatas.

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En los veranos muchos Araucanos de este sector viajaban por Pucón, Curarrehue a Mamuimalal en Argentina para visitar a sus parientes, que según ellos tenían muchos en esos lugares. Al venirse cambiaban sus cabalgaduras por otros de dos colores, los preferían castaño con manchas blancas. Cuando trabajó Don Enrique Valck Greve en Toltén viajaba continuamente dentro del sector que comprendía desde Chol-Chol pasando por Traitraico5 hacia el sur hasta el río Toltén, de allí hacia el pueblo de Toltén, siguiendo por la costa hasta Bajo Imperial y desde ese lugar siempre al norte del río Imperial hasta Chol-Chol en la compra de cueros y cáscaras de lingue, para fabricar tanino utilizado en la curtiembre. Aprendió rápidamente el lenguaje nativo para comunicarse con ellos. Conoció a fondo costumbres, carácter y manera de ser de los araucanos de este lugar. Siempre los atendía y conversaba con ellos en su oficina, como si fueran ciudadanos importantes, llegaban con sus atuendos: chiripa, chamal y torso desnudo en buen tiempo y con poncho cuando llovía y descalzos. A raíz de la ocupación de la costa araucana por tropas del Ejército, empezó a poblarse el sector con chilenos venidos desde el sur de Lota, los que aumentaron en gran número al declararse la guerra del 79 por temor a ser enrolados al ejército. Y desde Valdivia vía Mehuin a Toltén llegaron las siguientes familias alemanas: Diner, Wilfredo, tonelero Bachman, Germán Brand, Conrado Fiedler Greve, Carlos, comerciante, tienda Hansen, Juan, calderero, maquinista Haupt, Germán, Agente de Correos, tienda, exportación de productos agrícolas Hoppe, Juan, socio de Pablitza Hnos. y Cía. 5

Traitraico era el nombre mapuche del poblado que había en la ubicación de la actual Nueva Imperial. (nota del editor)

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Holzapfel, Alejandro Múnzmayer, José, constructor, carpintero Michael, Ernesto, socio de Pablitza Hnos. y Cía. Manser, José, comerciante Möller, Germán, abogado titulado en Alemania, contador de E. Valck y Cía. Pablitza, Germán Riesemann, Ricardo, técnico molinero de E. Valck y Cía. Schmidt, Justo, Agente telegráfico Schmidt, Máximo, carnicero Schwade, Ernesto, constructor de molinos Von Struensee, Pablo Thiers, Enrique, depósito de cervezas y bebidas gaseosas Troll, fabricante de calzado Valck, Enrique Además, varios artesanos y agricultores de los cuales no tengo datos debido a los años transcurridos hasta la fecha. Mientras duró la guerra del Pacífico, las tribus araucanas hacían de vez en cuando los Malones arrasando con todo, saqueando, quemando casas y cosechas, robando los animales, etc. Respetando sólo las propiedades de los extranjeros. Los araucanos siempre le decían a Don Enrique Valck “Oye, tú, Enrique somos amigos porque eres extranjeros igual que nosotros en nuestra tierra.” Un poco más al norte en el río frente a Puerto Saavedra encalló sobre un roquerío que no estaba a la vista, el barco “Tejas” procedente de Río La Plata, partiéndolo por la mitad. Estas partes se llevaron a Carahue, la proba (¿proa?), después de ponerle un mamparo, fue llevada a remolque a Talcahuano, y la popa, cuando se estaba preparando, vino una crece de río que la arrastró hasta la Villa Damas dejándola hundida al lado de donde estuvo el antiguo matadero municipal. Sus restos aún se veían antes del terremoto de 1960. La hélice de este barco la tenía enterrada cerca de su casa Don Enrique Troncoso para que le sirviera de anclaje a ésta y no ser arrastrada aguas abajo en las creces del río. Esta casa estaba frente a Villa Damas.

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En un viaje que hice por la costa a Toltén en 1950, todavía se veían en la rompiente de las olas, al norte de “Piedra Alta”, los restos de un mástil del vapor “Menantic”. Entre ese lugar y “Chelle” aún quedaban restos del barco “Flamstead” varado mas o menos alrededor del año 1900. En remate de la Compañía de Seguros, la Sociedad José Duhalde y Cía. De Puerto Saavedra se adjudicó este barco para desmantelarlo quedando en el lugar sólo su casco. También estaban a la vista restos del vapor “Maule” y del “Bio-Bio” en la barra del río Imperial, que se hundieron casualmente después que FFCC del Estado llegara a Carahue. A raíz de estos accidentes las Compañías de Seguros dejaron de asegurar barcos y carga que pasaran por la desembocadura del río Imperial. En Nehuentué el Señor Wilson construyó un barco que en su primer viaje, cargado con papas se hundió entre la isla “Mocha” y la costa. Desde Talcahuano el barco costero “Longaví”, de la Cía. Sudamericana de Vapores y desde Valdivia los vapores “Villarrica” y “Trumao” de la Asoc. De Armadores de Valdivia, mantenían un contacto regular varias veces al mes con Carahue. Hasta seis vapores de alta mar hubo en una oportunidad en el río Imperial frente a Carahue, entregando y recibiendo carga. El barco fluvial “Toltén”, de 30 toneladas fue el primer vapor que llegó a navegar en el río Imperial; éste lo adquirió Don Alejandro Holzapfel cuando vivía en Toltén para trabajarlo en ese río, negocio que no prosperó. La propulsión era con ruedas de paletas a ambos lados del casco. Al trasladarse Don Alejandro a carahue, lo trajo, navegando aquí por más de 40 años, hundiéndose con el nombre de “Laura” entre Cuyinco y Tranapuente. El vapor “Río Bueno” de 50 toneladas, de fondo plano, con un máximo de 1.20 mts de calado a carga completa, propulsado por una rueda de paletas a la popa y 9 millas de velocidad por hora, lo adquirió Don Alejandro en el Río Bueno, por eso su nombre. Se hundió por exceso de carga a orillas del río frente a Llihuin. Sus calderas y máquinas fueron vendidas a la carbonífera Pupunahue en Antilhue. El “Cautín”, copia fiel del barco “Río Bueno” fue armado en Nueva Imperial con el fin de llevar la producción de esa zona hasta los barcos de alta mar en

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Carahue. Quedó trabajando entre Carahue y Puerto Saavedra. Tuvo un accidente trágico la víspera de un 20 de Enero6 frente a la Isla de Santa Inés en que fallecieron más de 100 personas. Fue desarmado cuando llevaba el nombre de “Lumaco”. Además de los barcos nombrados existían los más pequeños el “Rápido” y el “Colico” perteneciente a Don Conrado Brand, técnico a cargo de la destilería de alcoholes en la firma E. Valck y Cía. Después de 1930 llegaron de Valdivia a trabajar entre Trovolhue, Puerto Saavedra y Carahue los vapores “Saturno” de Don Ricardo Herrera, el “Naguilán” un remolcador de Don Vicente Cabrera, el “Cruz del Sur” y el “Lagarto” de la fábrica de tanino de Trovolhue del Señor Maiza y el “Helvetia” armado en Quepe, el cual, al enredarse con el cable de la lancha motorizada que atravesaba el río frente a Carahue, se hundió pereciendo muchas personas. Muelles que existieron a orillas del río Imperial: La Estación, V. Cabrera, Valck, El Cometa, Rucadiuca, Puerto Peral, Cullinco Maffei, Tranapuente, Nehuentúe, Moncul, y Puerto Saavedra con sus dos muelles. La navegación de barcos por el río terminó al arreglarse los caminos a ambos lados del Imperial. Don Alejandro Holzapfel se dedicó en Carahue a la compra de cereales, a atender la carga, descarga y almacenaje de mercaderías y en general todo lo relacionado con la navegación. Tenía las bodegas a orillas del río frente a la estación de FFCC del Estado. Al construirse el muelle se encontraron en el agua de ese lugar basas de madera de raulí todavía intactas de la época de “La Imperial”. Los barcos de hasta 200 toneladas llegaban en toda época hasta Carahue, los de mayor tonelaje sólo hasta Rucadiuca entre los meses de Octubre y Abril pues en esa época del año en ese lugar el río era poco profundo.

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El 20 de Enero, día de San Sebastián, es una fiesta religiosa muy celebrada en la zona, razón por la cual el vapor iba lleno de peregrinos. (nota del editor)

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En esta parte se efectuaba la carga y descarga de mercaderías trasladándose a Carahue o viceversa en vapores fluviales y/o carretas. Para las carretas hubo que hacer el camino a orillas del río por el “Atracón Grande”, ya que éste subía detrás del molino pasando por sobre las lomas y bajaba a un lado de las antiguas casas de Don Onofre Aguilera. En Puyangue en un aserradero dirigido por Don Abel Parodi se construyeron lanchones para utilizarlos en el dragado de los bajos de Rucadiuca, este trabajo no se efectuó. Se hicieron en la primera mitad de la década de 1930, quedando el río canalizado con buena profundidad. Puerto Saavedra se llamó “Misión” o “Bajo Imperial”, los Araucanos lo llamaban “Cuartel”. En la Capitanía de puerto oficiaba de práctico el marinero alemán Juan Wagnet, que tenía por misión principal guiar desde tierra con señales de bandera la navegación de los barcos a través de la barra del río. Una compañía Holandesa hizo los estudios para crear un puerto marítimo en el lugar y facilitar el paso de barcos por la desembocadura del río Imperial. De esa manera ellos pedían derechos de peaje para durante 25 años, cumplidos éstos se retirarían dejando todo al Estado. Intereses de los puertos al sur y norte de Cautín, ejercieron sus influencias convenciendo al gobierno no aceptara este ofrecimiento. Lanchas para atravesar el río: la de Quillen (Rosauro Herrera) en el puente actual; frente a Villa Damas, una motorizada frente al Molino Valck y poco más al norte la de Don Germán Bachmann y una en Cullinco. A raíz de la construcción del puente colgante7 sobre el río Imperial quedó funcionando solamente la de Quillen. Por haberse cambiado la desembocadura del río a causa del terremoto de 1960, dejó de funcionar la que unía Puerto Saavedra con la puntilla de Moncul. Quedan funcionando en esa zona la lancha de Nehuentúe a Puerto Saavedra, Nehuentúe a Moncul y la de Puyangue. A mediados del mes de Julio del año 1922 se produjo la crece mas alta conocida del río Imperial. Aumentaba 30 cm. de altura por hora. Llegó a los 10 mts sobre su cauce normal quedando 40 cm. sobre la línea férrea de la estación. Las causas que producen estas creces del río Imperial en Carahue, según experiencia familiar, ya que vivía a orillas del río, son los deshielos repentinos 7

El puente colgante fue inaugurado en 1949. (nota del editor)

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en la Cordillera de los Andes por efecto de lluvias abundantes seguidas de vientos Puelche procedentes de la pampa Argentina que soplan tibios y arrastrados. El nivel mas alto de las aguas se produce siempre después de media noche a 36 horas del deshielo. Esto coincide en las creces mas altas, entre 6 y 10 mts sobre el cauce normal, con la fase de luna llena, probablemente influenciado por las mareas marítimas que llegan hasta Carahue. En mi opinión el aluvión catastrófico que se produjo en Mayo de este año (1993) en Santiago, también fue efecto de vientos Puelche por la hora en que se produjo y la distancia que existe entre la cordillera de este sector y la pampa Argentina. Para que hubiera sido efecto de la Corriente del Niño en el mar, el aire tibio tendría que haber viajado a por lo menos 100 Km. por hora ya que estos deshielos solamente se producen por combinación de aire tibio con el calor del día. No faltaron en esa época bandas de cuatreros y ladrones. El año 1940 conocí en San José de la Mariquina a una persona, propietaria de un predio agrícola, de avanzada edad y que era tuerto, del cual me hice amigo. En una oportunidad le pregunté por la causa de la pérdida de su ojo. “Guárdeme el secreto” me contestó. “Lo perdí en el trabajo que efectuaba cuando joven, formaba parte de una banda de cuatreros que operábamos desde aquí hasta las vegas del río Imperial donde intercambiábamos los animales con otros traídos desde Cañete, volviéndonos nuevamente a esta zona para negociarlos. También me conversó sobre una mujer muy decidida y temida por todos llamada Demetria C., era de Bajo Imperial, montaba muy buenos caballos, vestía como hombre y bajo la manta de castilla usaba siempre la carabina lista para hacer fechorías, generalmente viajaba sola recorriendo desde Lota a San José de la Mariquina. Las bandas de cuatreros y ladrones fueron mermando a medida que el jefe de una de ellas las fue liquidando, al final él y su cuadrilla quedaron con el monopolio de esta actividad. Nombres de personas no menciono para evitar controversias y mal entendidos. Los viajes a Angol se hacían por Chol-Chol, Galvarino, Traiguén y/o Nueva Imperial, Temuco y Traiguén. Nunca se usaba el mismo camino de regreso para evitar posibles asaltos. Se viajaba con cuatro acompañantes bien armados. En algunos sectores había que pasar a toda velocidad por cuanto existían nidos de forajidos. En algunas oportunidades se llevaba a esta ciudad gran cantidad

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de artesanías de plata que usaban las Araucanas como adorno y los Araucanos en forma de argollas en las riendas de sus caballos, para enviarlos a la Casa de Moneda en Santiago, vendiéndose a ésta por kilos, y en la cual la transformaban en monedas de plata”. “Cuando no había barcos en viaje a Valdivia, se hacía éste a caballo por Puerto Saavedra, Toltén, Queule, Mehuín y Chunimpa, donde se tomaba un vaporcito hasta Valdivia. El viaje se demoraba más de dos días. Era un gran sacrificio para los estudiantes y/o para el médico que se mandaba a buscar cuando había algún enfermo grave. En avisarle y traerlo demoraba por lo menos una semana. Nueva Imperial empezó a desarrollarse pocos años después de Carahue, se llamaba entonces Traitraico, nombre que todavía existe en un lugar poco al sur de esta ciudad. A principios de este siglo, llegó a esta ciudad el Ferrocarril del Estado. Se construyó un puente sobre el río Chol-Chol para continuar la línea hasta Carahue. A la inauguración de esta obra fue invitado entre otras personas importantes de la zona Don Enrique Valck G. e intuyendo que el Ferrocarril del Estado significaría la muerte para el progreso de Carahue, no concurrió. Al pasar la locomotora arrastrando carros con invitados y lastre por el puente, éste cedió cayendo todo al río, falleciendo varias personas. El edificio del molino de Don Enrique Valck fue construido para instalar posteriormente más maquinaria y producir el doble, lo que no se llevó a cabo debido a que en Nueva Imperial Don José Bunster instalara años mas tarde, uno con mayor capacidad de producción. En la zona en el año 1888 en que empezó a trabajar el molino de Don Enrique Valck tendrían que haberse estado produciendo cerca de 100.000 quintales métricos de trigo, de lo contrario Don Enrique no habría instalado su industria y una vez en actividad el molino de Nueva Imperial mas de 200.000 quintales. ¿Cuanta gente de trabajo intervino hasta que los cereales y demás productos agrícolas llegaran a producirse y comercializarse por cantidades a las bodegas de la ciudad? ¡Esto no es fruto de pocos años! Trabajé hace 50 años al interior de la provincia de Valdivia en un campo de puro bosque nativo. La experiencia adquirida durante 10 años en esa actividad

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me autoriza a afirmar que se necesitan por lo menos 25 años para transformarlo en productivo agrícola, si no se dispone de elementos mecánicos. En la época en que comento lo referente a Carahue y sus alrededores, recién se estaba empezando a formar esta zona. Como se estaba poblando, había escasez de mano de obra, no existían caminos, comenzó la roza de los bosques, la crianza de animales, muchos sembrados se perdían debido a las lluvias por la lentitud de la corta y trilla de los cereales que se hacía en forma primitiva, etc, etc. La vida de la época se desarrollaba en forma más o menos similar a como se presenta en algunas películas sobre el Oeste Norteamericano. Las bandas de cuatreros y asaltos de bandoleros, el desorden en las cantinas que existían en abundancia, principalmente por los buscadores de oro, la lucha por los deslindes de los predios agrícolas, etc. La diferencia está en el paisaje, aquí la mayoría de las tierras estaban cubiertas de bosques y que los nativos se contactaban más con los forasteros que estaban poblando la zona, pero igualmente no les trabajaban. Llama la atención que tanto los aborígenes de allá como los de aquí han preferido los caballos con grandes manchas blancas, tal vez por mimetismo de color para no ser reconocidos desde lejos en el terreno. Sobre lavaderos de arenas auríferas en esta zona. Hace mas o menos 12 años conversé lo mas interesante con Mariano del Picó. Algo de esta conversación se publicó en el Diario Austral de Temuco. Podría agregar algunas cosas más. Durante la corta existencia de La Imperial, los españoles trabajaron en la extracción del metal sólo lugares cercanos a esta ciudad. En las quebradas, aparentemente explotadas en esa época, hay pocos vestigios de materiales que normalmente acompañan al oro de esta zona. Por lo tanto el oro extraído fue poco. Para los indígenas era maldición nombrar la palabra oro y/o extraerlo, pues este metal, según ellos causó la desgracia de su pueblo, de manera que era lógico que no dieran datos de los lugares en que existía. Jamás vi a Araucanos trabajar en lavaderos de oro.

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A un lado del río Colico a 50 mts de altura sobré él y en la hijuela Lo Mera en la Puntilla Santa Rosa, existen saldos de aluvión que contiene oro, en él trabajaban hace poco más de 60 años los Srs. Espinoza, encontrando restos de huesos de un animal prehistórico grande, sin saber la importancia y el significado que podrían tener éstos, los destruyeron, quedando sólo un molar, el cual, según ellos, entregaron a Don Eudocio Díaz, dueño en esa época del fundo Chanco, quien lo habría mandado a Concepción. En una ocasión en que estaba pistoneando con monitores hidráulicos de noche un aluvión con manterías auríferas en un terreno en el sector El Peral, perteneciente a la Sucesión Benjamín Leal, encontré al amanecer huesos ya cristalizados de un animal prehistórico, ninguno de ellos estaba entero a causa de la potencia del chorro de agua. En todo caso se trataba de un animal mas grande que un vacuno. Hice un piquete y lo llevé a casa, tiempo después tuve oportunidad de viajar a Santiago, busqué el paquete y al no encontrarlo me explicaron que no le habían dado importancia a su contenido y lo habían botado. Nací en 1916, en la casa ubicada en la primera cuadra de la calle Lautaro en Carahue, donde vivimos con mi padre, don Guillermo Valk D. hasta el año 1928. La adquirió don Vicente Cabrera y posteriormente el señor Grandón. En ella funcionó en el siglo pasado y principios de éste8, un colegio alemán probablemente el primero de esta nacionalidad en la Araucanía ya que la colonia Alemana era numerosa, su director era el Señor Paul von StruenseeBittner-Cleffel. Entre otros estudiaron sus primeras letras en este establecimiento Don Adalberto Thiers, fue compañero en el de Don Enrique Troncoso, que por mas de 35 años trabajó en la firma Valck. Nombro a ellos por haber sido conocidos por muchos de los actuales Carahuinos. En el pasillo de entrada y en el piso existía una tarima que se levantaba para bajar al subterráneo, las paredes eran de tierra y en ellas se veían, perfectamente marcadas, sepulturas una al lado de otra; los huesos de los cadáveres, al removerlos se desintegraban. En el sitio que entonces llegaba hasta la calle Villagrán había restos de murallas de piedra laja, enterradas en dirección norte al sur. Con seguridad son restos de la Antigua Imperial fundada por Don Pedro de Valdivia en Octubre de 1551 y que corresponderían a la Iglesia. 8

Es decir, principios del siglo XX. (nota del editor)

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Cerca de Nehuentúe en una reducción indígena, al lado del río Moncul existen en la tierra vetas de conchas de varias especies de moluscos mezclados con algunos hueso de aves y mamíferos, que al tomarlos se desintegran fácilmente. ¿Cuando y cómo llegarían a ese lugar? En mis andanzas por Sta. Celia y el Peral encontré entre maderas podridas y tierra de hojas del bosque, plantas con hojas, flores celestes y tubérculos poco enterrados similares a nuestra actual papa. Los tallos algo más delgados y largos, la papa más bien grande y alargada de cáscara color morado o blanco y su carne color blanco cristalino. Cocida ésta, con un sabor parecido a la papa común pero dulce, no tanto como el Camote. Un amigo, mayor que yo, me contó que él las había conocido cuando niño en los bosques de la zona de Puyangue. ¿Serán estas papas antecesoras de las actuales? Podría, tal vez sacarse alguna conclusión si se pudiera establecer la época en que se hicieron los bancos de conchas los cuales mencioné anteriormente ya que el lugar de Puyangue es cercano a Moncul. En Puerto Domínguez existió una instalación telegráfica que con sus postes atravesaba por el medio del lago Budi en dirección a Puerto Saavedra. Esto nos indica que el lago es de poca profundidad. Conversando después del terremoto de 1960, con un anciano cacique de esa zona, éste me contó que por transmisión de padres a hijos de sus antepasados él sabía que ese mismo fenómeno (el hundimiento de la tierra causado por el terremoto) también había sucedido cientos de años antes. Quiere decir entonces que primitivamente este lago fue una gran vega y que por terremotos de gran intensidad fueron hundiendo la tierra hasta dejarla transformada en el lago actual. Este hundimiento se podría confirmar también con el siguiente hecho: En Carahue al construirse el puente colgante que atraviesa el río Imperial y hacerse el pique para los anclajes de su lado Oriente, a los 14 mts. de profundidad, con respecto al nivel de las aguas de esa época se encontraron restos de troncos de madera de pellín de Roble. Recuerdo haber escuchado comentarios sobre la existencia, antiguamente, de un vapor que hacía recorridos dentro del lago. Poco sé de los ciudadanos Españoles que vinieron a colonizar el sector entre Puerto Domínguez y el río Toltén. Algo tal vez puedan aportar sobre esto los descendientes de ellos que aún viven en Carahue y Nueva Imperial.

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La ciudad de la Imperial fue fundada por Don Pedro de Valdivia, y su ubicación estratégica evitó que fuera atacada y destruida por los Araucanos; está muy bien ubicada en el segundo piso de la ciudad de Carahue, a la cual muchos llaman la ciudad de los tres pisos. Rodeada al sur y al occidente por el río Imperial y al norte por el río Damas lo cual le favorecía una defensa natural en caso de ataques en masa de los Araucanos. En el faldeo del cerro, entre el primer y segundo piso, los conquistadores ubicaron varias cuevas a su alrededor en forma de túneles de poca profundidad como guarida para vigilantes de este contorno. Por lo tanto los túneles que se han encontrado en estos sectores no llegaban, como muchos comentan, hasta por debajo del centro de la ciudad. Los ataques masivos de los Araucanos solamente podían haberse efectuado, favoreciendo la pendiente, desde el tercer piso. Los defensores tenían que hacerlo en un frente, de norte a sur, de mas o menos dos cuadras. A la Imperial también se llegaba por navegación marítima. Hace mas o menos 50 años, después de una avenida del río en que éste se abrió paso hacia el mar por el mismo lugar en que lo hizo para el terremoto del año 1960, cortando la puntilla Moncul, se encontraron restos de un galeón ¿Español? algunos de los cuales guardó en su fundo de Nehuentúe Don Miguel Larroulet. Hace mas o menos 45 años conocí en el sector El Peral a un veterano del 79 de muy avanzada edad Don Pedro Carter, creo, se trataba del comandante que fue primera autoridad militar en la historia de Temuco, a fines de febrero de 1881. En Trovolhue donde se juntan el río Centinela con el San Juan existió una barraca elaboradora de maderas perteneciente a Don Casimiro Donat que en Temuco tenía el depósito para la venta de su producción. Este señor fue la persona que ideó la “regla maderera” con la cual se mide en un extremo el diámetro de un trozo de madera, obteniéndose de inmediato la cantidad de madera aserrada que dará ese trozo. La isla Santa Inés era propiedad de un hermano del presidente Federico Errázuriz y tenía en ella una gran mansión y un zoológico bien surtido. Don

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José Duhalde adquirió este predio y trasladó su habitación a Puerto Saavedra para vivir en ella. Personas nacionalmente conocidas que poseían, hace mas o menos 70 años, propiedades en la zona: existió entre Puerto Domínguez y el río Toltén, la Sociedad Agrícola y Ganadera “Budi”, dueña del fundo “la Esperanza”; una de las tres personas dueñas de este Sociedad era Don Arturo Alessandri Palma. Al lado sur del río Imperial y frente al bajo de Rucadiuca tenía su fundo “El Cometa” el almirante Nef y al lado norte el general Chaparro poseía el fundo “Rucadiuca”. El fundo “Los Corrales” pertenecía al almirante Bannen. En febrero de 1881 partieron desde Angol fuerzas expedicionarias del ejército hacia el sur con el fin de lograr unir esta zona con la de Valdivia e incorporar la región central y oriental de Cautín definitivamente al territorio nacional ya que la zona costera prácticamente hasta mas de 50 Km. hacia el interior ya lo estaba. En el año 1882, los ingenieros marcando calles y sitios confeccionaron el plano de Carahue. En esa época debió haber tenido aproximadamente 600 pobladores, pues cuando en 1886 Don Enrique Valck empezó a construir la destilería de alcoholes ya contaba esta ciudad con mas o menos 1.000 habitantes. En el año 1935 llegó a Carahue un grupo de ingenieros con la tarea de proyectar y estudiar un camino entre esta localidad y la de Tirúa. El estudio se completó e incluso quedó el estacado en el terreno. Para evitar las creces del río, empezaba éste con un puente sobre el río Damas en el lugar del matadero Municipal, un relleno de la vega hacia el cerro del frente y orillándolo subía con poca pendiente a las lomas de “El Avellano” siguiendo en dirección a Santa Celia, etc. En el año 1940 se estaba trabajando en la construcción de este camino en la cuesta de “El Avellano” pero la faena se paralizó repentinamente. Los planos relativos a esta obra estaban en la dirección de Caminos de Nueva Imperial.

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COMENTARIOS: Para Carahue, si es que quiere prosperar como a fines del siglo pasado9, le es primordial el camino a Tirúa. Se debe presionar de todas formas imaginables para lograr este objetivo. El futuro de toda la región de Nueva Imperial, CholChol, Carahue, Puerto Saavedra, Toltén Puerto Domínguez, etc, va a depender en gran parte de la madera, ya que la mayoría de los terrenos son lomas y cerros, y éstos con los años inevitablemente se erosionan. Como Concepción es un gran centro de consumo, la agricultura y ganadería también saldrían beneficiadas con esta vía de comunicación. Una de las conclusiones mas importantes que nos da todo lo relatado es que Carahue, “la ciudad que fue”, en lengua nativa, empezó a formarse inmediatamente después que el coronel Don Cornelio Saavedra tomara posesión de la costa de la Araucanía el año 186310. También fue sin lugar a dudas la ciudad mas importante de Cautín a fin del siglo pasado y principios de éste11, hasta que llegara el Ferrocarril del Estado a ella.” Eduardo Guillermo Valck Berkhoff, Junio de 1993

9

ídem Como se ha indicado más arriba, la costa de Arauco y de la Araucanía fue integrada al territorio chileno en un proceso gradual: Lebu 1862, Quidico en la década de 1860, Queule en Diciembre de 1866, Toltén a comienzos de 1867, Cañete 1868. Por lo tanto la influencia directa del Estado chileno en Carahue se comenzó a sentir a partir de 1867. 11 Es decir, fines del siglo XIX y comienzos del XX. (nota del editor) 10

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CARAHUE Y SU HISTORIA

XX

NOTAS PARA LA HISTORIA DE TROVOLHUE Y NEHUENTUE Trovolhue

(autoría de Jorge Pinto Rodríguez en base a información entregada por Silvia Patricia Fuentes Sandoval, Dino Flores, y otros vecinos)

El gran auge que alcanzó Trovolhue en las postrimerías de la primera mitad del siglo XX hizo de él el centro de la mirada de todos los sectores de la región. El gran dinamismo que otorgó a la zona la actividad maderera, impulsada por algunas industrias que se instalaron en sus alrededores, allá por la década del 30, convenció a un grupo de audaces pobladores que habían llegado hacia 1938 a las serranías de Alto Matte y Sánchez, Yupehue-Chanco, Alto Yupehue y Alto Aillinco, de la necesidad de luchar por conseguir mejores condiciones de vida. Nada podía ser más triste y desolador que enfrentar la vida en lugares tan inhóspitos y apartados de los centros poblados y comerciales de la región; por eso, todo esfuerzo por acercar a sus habitantes a los centros comerciales y a la civilización, valía la pena. Con esta convicción estos pobladores, la mayoría de los cuales provenía de Temuco, se asociaron en la Cooperativa de Colonos Balmaceda y tomaron posesión de los territorios de los lugares que señalamos en el párrafo anterior, uniéndose a las numerosas familias que ya habitaban estos sectores de la sierra montañosa de la gran Cordillera de Nahuelbuta. Probablemente, gracias a aquellos primeros pobladores, Trovolhue se había formado como una pequeña villa alrededor de 1920 o 19251, pues en ese El Estado de Chile había decretado la fundación de Trovolhue en terrenos fiscales mediante un decreto del 27 de junio de 1895, el que fue anulado por otro del 1 1

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tiempo ya había algunas casitas que albergaban a un grupo de vecinos que eran visitados, con cierta frecuencia, por un cura encargado de su atención espiritual. En esa época existía también un fundo, propiedad de la señora Ruth Marín, y eso era todo. Por varios años Trovolhue fue sólo un par de calles con algunas casas. Fue, precisamente en los años 30 que el gobierno impulsó el poblamiento de este sector, a través de una política que dio origen a lo que la gente llamó las “colonias”. Esto fue a partir del año 1935 ó 1936. Don Santiago Fuentes Arriagada, padre de una de los autores de este capítulo, fue una de las personas que acompañó al ingeniero que hizo las mediciones de los terrenos para asignarlos a cada familia. Fue por esos años que se instaló en Trovolhue una fábrica que procesaba el “tanino”. Los campesinos sacaban las cáscaras de los árboles y las traían a Trovolhue para venderlas. Y el resto del árbol se perdía. Fue la llegada de esta fábrica la que dio más sentido de pueblo a Trovolhue. Se instalaron negocios, panadería, retén de carabineros y dos escuelas, una fiscal y otra particular. Durante esta primera expansión, la gente se tomó las tierras del fundo de la señora Ruth. Entonces el pueblo pertenecía a la comuna de Puerto Saavedra. Sólo años después pasaría a Carahue. Mientras tanto, los colonos que habían llegado de Temuco y otras partes del país a ocupar las montañas de la Cordillera de Nahuelbuta, tuvieron que someterse a duras pruebas para salir adelante. A veces tenían que caminar hasta Carahue para conseguir sus alimentos; otras, adaptarse a la condiciones brutalmente contrapuestas a las de la ciudad. Nada era fácil. Convertidos en verdaderos exploradores, se deslizaban por las cumbres de Yupehue, Aillinco y Matte y Sánchez, en medio de una soledad y aislamiento a los cuales no estaban acostumbrados. La vida era difícil. Las distancias que debían recorrer con sus mochilas al hombro, por caminos que eran apenas una huella, mediaban entre los 40 y 50 kilómetros, llevando muchas veces un quintal de harina liado a la espalda y bolsos y paquetes Septiembre de 1900. En la primera década del siglo XX ya existía servicio regular de vapores entre Carahue y Trovolhue. Además comunidades mapuche estaban radicadas ahí desde antaño. (nota del editor)

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menores colgando de la mano. El trayecto entre Carahue y la montaña se hacía duro e interminable; en ocasiones, estos esforzados viajeros debían alojar en el camino, al abrigo de la casa de un amigo o simplemente protegidos por los matorrales. Como los trámites municipales se realizaban en Puerto Saavedra, comuna de la cual dependía el distrito de Pellahuén al que pertenecía Trovolhue, no pocas veces debían emprender viaje a la costa. Las inscripciones de nacimientos, matrimonios y defunciones se hacían en Nehuentue, localidad donde ya existía una oficina del Registro Civil y estaba el cementerio. Trovolhue tenía también un cementerio, tal vez más antiguo que el de Nehuentue; pero, como era un cementerio indígena, la tradición mapuche no permitía sepultar en él a los huinkas. ¡Cuántas fatigas! ¡Cuántos sudores extenuantes derramados sobre las agrestes montañas por aquellos hombres que cargaban sobre sus hombros, rotos y sangrantes, los cuerpos de sus difuntos! Todo esto hizo pensar a los socios de la Cooperativa de Colonos Balmaceda, la idea de proponer a todos los habitantes de los sectores vecinos fundar una villa en el valle de Trovolhue que centralizara las actividades agrícolas, forestales y comerciales de la región costera. Para llevar adelante la idea se hacía necesario que cada sector se organizara en comités de colonos. Fue así como de la informalidad de las palabras los cooperativistas pasaron a la formalidad de las cartas. Las misivas fueron distribuidas a los comités de cada uno de los sectores organizados e invitaban a sus dirigentes a una primera reunión que tendría lugar en la sede del Comité Lucero-Chanco, que presidía Félix Sepúlveda y que integraban, además, Humberto Ávila, Florín Peña y Gregorio Mejías. Participarían también Salomé Díaz y Elías Gómez, por el Comité de San Juan de Trovolhue; Hércules Rebolledo y Pedro Rebolledo por el Comité Puyangue; Miguel Pérez, José Llancao y Miguel Llancao por el Comité Yupehue-Chanco; Hilario Larenas y Figenio Larenas, por el Comité Matte y Sánchez; Manuel Campos, Luis Viscarra y Manuel Segundo Campos, por el Comité de las Ñochas y por la Cooperativa de Colonos Balmaceda, sus dirigentes e ideólogos, Rosario Gavilán y José Alegría.

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La asamblea se llevó a cabo en la primera semana de septiembre de 1939, en la sede Lucero-Chanco, tal como lo indicaba la invitación y la presidió Rosario Gavilán, quien se puso a la cabeza del movimiento. A la cita concurrieron los dirigentes de todos los sectores mencionados, quienes escucharon entusiasmados los planteamientos claros, firmes y decididos que sobre la idea de fundar un pueblo en el valle de Trovolhue les hiciera aquel enfervorizado líder, idea que apoyada por la unanimidad de la concurrencia. Durante el desarrollo de la reunión los asambleístas nombraron una comisión que se encargaría de redactar la solicitud y gestionar ante las autoridades la petición de la creación del pueblo. En el año 1940 se formó un sindicato de inquilinos en el fundo Pilmaiquenco, dirigido por los hermanos Fernando y David Ulloa Bascur, sindicato que se sumó a la petición de fundación del pueblo. Lo propio hizo la Comunidad Indígena Francisco Lázaro Marivil, que presidía el lonco Aniceto Quián. Otro que se sumó a la misma petición fue el artesano industrial en tejas y ladrillos Pedro Ferrada, nombre que algunos hoy asocian a los fundadores de Trovolhue. Una sensación de alivio invadió a las familias de aquellos pioneros, que compartían sentimientos comunes de destierro y marginalidad, con tan sólo imaginar la realización de un proyecto tan auspicioso para la zona y sus familias. Sin embargo, entre 1939 y 1941, las opiniones se dividieron. Por un lado estaban los que apoyaban el proyecto del pueblo, y, por otro, un grupúsculo que se puso de parte de los que defendían los intereses de “su mercé”; es decir, del poder del capital que estaba radicado en Rufino Mainza, el señor del tanino. A menudo ambos bandos sostenían acaloradas discusiones, en las que cada cual buscaba, según sus propios puntos de vista, hacer entrar en razones al otro. Así llegó el mes de enero de 1942, con los vaivenes propios de un tiempo cargado de tensiones, en que algunos, al ver frustradas sus esperanzas por no tener respuestas de las autoridades, habían abandonado la idea de fundar el pueblo. Más, no todo estaba dicho. El tiempo, que todo lo aclara y facilita, ocultaba, detrás de aquella nube gris de frustraciones, su palabra.

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Una tragedia ocurrida en el recinto de la Industria Donat y Mira, que operaba en el valle y que afectó a casi todos sus trabajadores, precipitó el curso de esta historia en lo que a la estructuración del pueblo se refiere. El día 20 de enero de 1942, a las 12 horas, un incendio declarado en una de las ranchas, convirtió en cenizas a los conventillos donde vivían los obreros de la industria con sus respectivas familias. Los afectados por el incendio fueron las familias Cruces, Fernández, Martínez, Rivera, Fernández-Cartes, Fernández-Mallorga, Gómez-Fernández, Alegría, Vidal, Oñate, Bascuñán, Mayorga, Morales-Chávez, Salvador Pérez Tapia, Segundo Fritz y Jerónimo Muñoz. El dolor y sufrimiento de estas familias no lograron, sin embargo, modificar la opinión de quienes se oponían a la fundación del pueblo. Al contrario, Jaime Casanova, administrador de los bienes de Rufino Mainza en Trovolhue y que tenía arrendadas las vegas del fundo Pilmaiquenco de la señora Ruth Marín, temiendo que las familias siniestradas se tomaran por la fuerza las tierras, tal como había ocurrido años atrás, se opuso con todos los medios a su alcance a que dichas familias levantasen de nuevo sus ranchas en el sitio de los quemados conventillos. No obstante la tenaz oposición de Casanova, los damnificados, amparados en la sombra de la noche, empezaron a levantar sobre las cenizas del incendio sus modestas chozas, utilizando para ello latas fundidas, restos de tablas, cartones y ramas de árboles. Estos precarios materiales alentaban la prepotencia de Casanova, quien llegaba cada mañana con sus mocetones a echar por tierra lo que en la noche levantaban los porfiados pobladores, que no se resignaban a aceptar la forma vejatoria y humillante con que eran tratados. Siete días más tarde, agobiados por la persecución y hostigamiento de que eran objeto por parte del “manda más” Casanova, los pobladores fueron a exponer su problema a la señora Ruth Marín, la dueña de las tierras en cuestión, y a solicitarle un sitio para cada una de las familias afectadas por el fuego, comprometiéndose, al mismo tiempo, a retirarse voluntariamente de él si el Gobierno no aceptara la población. Conmovida por los insistentes ruegos de los pobladores, la señora Marín les extendió un papel escrito y firmado de su puño y letra, autorizando a dieciséis familias cuyas viviendas había consumido

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el fuego, a ocupar a partir de esa fecha tres hectáreas de tierra en la ribera sur del estero Centinela. Corría el mes de enero de 1942. Felices y reconfortados por tan halagadora conquista, los pobladores tomaron posesión del terreno y comenzaron de inmediato a planificar la población. Mientras dos o tres las hacían de ingenieros urbanistas, los demás, serrucho y martillo en mano, empezaron a levantar las primeras casas. Al atardecer de ese día, la naciente aldea daba tímidamente sus primeros pasos de vida. Habían transcurrido tres largos años de lucha; se había ganado la batalla más importante, aunque quedaban varias otras para lograr que Trovolhue se convirtiera en lo que es hoy. EL TESTIMONIO DE UNA PROFESORA Cecilia Delgado Castro Entrevista de Jorge Pinto, Trovolhue, enero de 2000

La señora Cecilia Delgado Castro llegó a Trovolhue el año 1947, a los 4 meses de

edad. Su padre venía a hacerse cargo del Retén de Carabineros de Trovolhue, creado precisamente ese año. El retén no quedaba en el pueblo propiamente tal, sino en el fundo de don Ricardo Posec, desde donde carabineros mantenía un servicio montado que cubría una vasta región. “A Trovolhue se llegaba por barco, recuerda la señora Cecilia. Como veníamos de

Concepción, …vinimos a Temuco por tren, luego seguimos a Carahue y por último en un vapor a Trovolhue. En 1954 llegó como administrador del fundo don Arnoldo Conejeros y entonces se estableció un colegio fiscal que era atendido por su esposa, doña Heroina Valenzuela.” “La personalidad que más nos marcó, dice la señora Cecilia, fue el padre Pedro Pablo Contreras. Era un hombre múltiple, profundamente religioso, empresario, poeta, incansable luchador por el progreso de Trovolhue. Fue uno de los gestores del traslado del pueblo al sector alto, donde está ahora la plaza. Abajo no se podía vivir.” La Sra. Cecilia agrega que “la gente se ha ido superando, el alcohol es lo más

lamentable; lo mejor, la vida en comunidad, somos como una gran familia.”

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Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el año 1965, en conjunto con una organización llamada Cuerpos de Paz y el cura párroco de la época, Pedro Pablo Contreras, se formó parte del pueblo nuevo, ya que las tierras del sector bajo se inundaban. A todos los interesados se les dio sitio y techo para sus casas. Desde ese año la plaza y las principales calles se encuentran en el sector alto. Este acontecimiento ha sido, sin duda, el más importante para Trovolhue. Se podría decir que casi empezó su vida de nuevo. Aunque la parte baja todavía se conserva, el interés se centró en los contornos de la plaza y en la calle larga por donde se llega a ella. Por esos años, en los veranos se producía un gran acontecimiento: la llegada de vehículos. Era la única época del año en que se podía viajar en ellos. Durante el invierno se viajaba a pie o en el vapor que hacía la ruta entre Puerto Saavedra y Carahue. El camino era francamente malo. El presidente Frei Montalva se preocupó también de arreglarlos. Ya en los años 70 la locomoción se regularizó y más tarde se hizo más continua. La vida religiosa se hizo también más intensa. Ahora hay una parroquia católica con un sacerdote permanente y varias iglesias evangélicas. Entre estas últimas destacan cuatro Pentecostales, una Bautista, dos Adventistas y una Alianza Cristiana. A partir de los años 90 Trovolhue experimenta cambios que sus pobladores consideran muy gravitantes en su vida cotidiana. En primer lugar, se pavimentan algunas calles; en segundo lugar, aumentan las escuelas y, por último, progresan las organizaciones comunales con lo que las actividades se hacen con mayor participación y retorna la confianza en el futuro. Hoy día, las principales actividades económicas son la madera, el cultivo de la papa y la agricultura en general. La falta de un camino asfaltado a Carahue, las pocas oportunidades para la juventud y el alto consumo de alcohol siguen siendo problemas delicados; sin embargo, dicen algunos vecinos, hay más confianza. Dicen que la historia más valiosa de un pueblo es aquella escrita con la pluma del coraje de sus habitantes, entintada con el sudor y las lágrimas de quienes la hacen. Trovolhue no es la excepción.

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EL GOLPE DEL 73 El testimonio de la señora Patricia Fuentes

Conversaciones con Jorge Pinto, Trovolhue, enero de 2000

El

Golpe del 73 tuvo un enorme impacto en la zona. Inmediatamente de producido se propaló la noticia de que en Nehuentue había una escuela de guerrilleros donde militantes del MIR se preparaban para acelerar la revolución o combatir con las armas a un eventual gobierno que derrocara a Salvador Allende. “Me impresionó, cuenta la señora Patricia Fuentes, al recordar la intervención militar. “El 11 de septiembre de 1973 yo estaba en

1º Medio, en el Liceo de Carahue. Ese día, a pesar de ser todavía adolescentes, nos dimos cuenta de la gravedad de los hechos. Mis padres nos pagaban pensión en Carahue para poder estudiar. El 12 decidimos con mi hermana, que estudiaba conmigo, venirnos a pie a Trovolhue. Partimos como a las 10 de la mañana y llegamos como a las 5 de la tarde. Nos vinimos por el mismo camino que existe hoy día”. “El 15 ó 16 vinieron a allanar la casa. Mi papá era Secretario de la Junta de Vecinos y mi hermano profesor en Tranapuente. Buscaban armas. Por cierto, no las encontraron. Mi mamá le dijo a los militares: esas son las armas que buscan, mostrándole los libros de mi hermano. Todos los días veíamos volar helicópteros”. “La vida se tornó difícil. Para seguir estudiante en Carahue teníamos que viajar todos los días, ya no había plata para la pensión. Terminé con muchas dificultades el 4º Medio y luego tuve que conformarme con estudiar Auxiliar de Párvulos en el DUOC de Temuco. No había como ir a la Universidad. Al final volví a Trovolhue el 81 y aquí me he quedado, trabajando por el progreso de mi pueblo. Ahora estamos más tranquilos, pero siempre pensando que nuestra vida pudo ser mejor de no haber ocurrido el Golpe”.

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Nehuentúe (autoría de Jorge Pinto Rodríguez en base al testimonio de don Segundo Leal, antiguo vecino del pueblo, entrevistado por Iván Inostroza en 1999, y otras fuentes)

Los orígenes de Nehuentue están indisolublemente ligados a los Nahuelpan y

Lefuman, sus familias eran las dueñas de esas tierras, cuya propiedad defendieron con el ardor de los viejos mapuche el año 1881 cuando el gobierno extendió sus dominios hasta las riberas del Imperial. Ese año, recuerdan los viejos lugareños, los Toros de Carahue encabezaron el malón que los soldados del ejército chileno aplastaron a sangre y fuego. En 1906 las comunidades mapuche fueron erradicadas y los terrenos adquiridos por los Schlaeger, los Larroulet y los Duhalde, que pasaron a convertirse en los grandes terratenientes de esa parte de la provincia de Cautín. Desde Puerto Saavedra vino un señor Vidal a realizar las mediciones y a entregar sitios para la nueva población que se proyectaba. El mismo se adjudicó uno y se hizo vecino de Nehuentue. La vida era, por esos años, muy difícil. Había apenas un sólo negocio que surtía a la población de azúcar, jabón, grasa y cuanto se necesitaba para vivir. Este negocio era de un señor Retamal. Hacia 1930, Nehuentue era descrito como una villa que había recibido algunas obras de adelanto, tales como nivelación de sus calles principales, relleno de hoyos y arreglos de veredas y calzadas, embellecimiento de los jardines de la

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plaza pública y reparaciones del muelle municipal. El servicio de alumbrado que no existía, se hacía con faroles a bencina “Nulite” ya que no ha sido posible dotarlo de otro mejor. En 1930 Nehuentúe dependía todavía de la municipalidad de Puerto Saavedra2. Por entonces, apenas tendría unos 200 habitantes. La comunicación con Carahue se hacía a través de los vapores. Estos mismos vapores, especie de lanchones, en realidad, servían también para viajar hacia Trovolhue. Los vapores partían de Carahue, llegaban a Nehuentue y desde aquí giraban hacia Trovolhue, hasta llegar a sus lagunas. Este servicio se mantenía todavía hasta los años 40 y 50 y era el medio más utilizado para viajar o transportar mercaderías. La única escuela que había estaba en Moncul y la principal actividad económica era la explotación de la madera. Había montañas de madera, recuerdan los viejos pobladores de Nehuentue, riqueza que atrajo a otras familias como los Navarrete, Higueras y Riquelme que adquirieron grandes fundos. El gobierno decidió, por lo mismo, repartir tierras de nuevo, así estimulaba también la llegada de colonos. El ingeniero que trabajó en estas labores fue don Hernán Sommermayer. Además de la madera, hubo propietarios que se dedicaron a la crianza de ganado. Este también era transportado por vapores. El naufragio de alguno de estos, cuando no provocaba muertes, era de fiesta para los lugareños. Todos acudían a sacar harina, azúcar o lo que llevara el barco que se hundía. Uno de los más famosos que navegó por estos ríos y las Lagunas de Trovolhue fue el Labra, que se hizo en el mismo Trovolhue. Por esta misma razón, algunos propietarios y comerciantes empezaron a pensar en caminos por tierra. Las primeras sendas fueron hechas por los Larroulet y los Schlaeger. Su intención era llegar hasta Carahue para llevar sus animales.

2

Oscar Arellano, Albún-Guía del Cincuentenario de Temuco (1881-1931), p. 394.

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Los viejos nehuentuinos recuerdan que el año 1917 se salió el mar; sin embargo, ese episodio no guarda relación con los estragos que causó el terremoto del año 60. A partir de entonces, el temor al mar y a los movimientos de la tierra acompañan a los pobladores de Nehuentue. Aunque la primera micro apareció por el año 1950, todavía Nehuentue tiene ningún camino asfaltado3 Así, difícilmente puede progresar. población prácticamente se ha mantenido estancada durante los últimos años. En 1920 registraba 159 habitantes; 553, en 1970; 554 en 1982 y 769, 19924.

no Su 30 en

***

3

Esta entrevista es de 1999. Hoy se llega a Nehuentúe por una excelente rutas

pavimentada. 4 El dato de 1920 en Censo de ese año; los de 1970 y 1982 en Geografía de Chile, Tomo IX Región, p. 214 y el de 1992 en Censo de ese año.

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FUENTES LOCALES Y BIBLIOGRAFÍA

FOROS Y ENTREVISTAS TROVOLHUE 9 de marzo 2008 SILVIA CARRASCO HENRÍQUEZ - entrevista FELICIA DELGADO CONTRERAS - entrevista RAUL CONTRERAS BASTÍAS - entrevista TEOBALDO BURGOS RÍOS - entrevista SILVIA PATRICIA FUENTES SANDOVAL - entrevista NEHUENTUE 16 marzo 2008 MANUEL ERITO SALAS PALMA - entrevista MIGUEL BONIFAY ALIAGA - entrevista MARIO OMEGNA - entrevista ANAVINA SOLIS GARRIDO MARYORETH OMEGNA Dirigentes de los Buzos Dirigentes de los Pescadores TRANAPUENTE 23 marzo 2008 OSVALDO ENRIQUE GALINDO MONSALVEZ – entrevista JOSÉ FLORENCIO PEÑA SALAZAR - entrevista ROBUSTIANO AILIO - entrevista LEONARDO CABRERA PINTO - entrevista HECTOR ASTETE OLGA ORTIZ AREVALO EVA MUÑOZ SEPÚLVEDA GINA DURAN OSORIO SANDRA RUBILES RUBILES LIANDRO PEÑA BURDILES ADRIANA FIERRO FIERRO CARLOS SANHUEZA SAN MARTÍN

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SANTA CELIA 30 marzo 2008 DANIEL GODOY CAMPOS - entrevista GUACOLDA MATUS RAMIREZ - entrevista LILIANA SUAZO FONSECA - entrevista LUIS CARIAGA OMAR BUSTOS RENE RIFFO MIREYA LEAL URRUTIA HILDA ARANEDA RAMÍREZ ROXANA SÁEZ ANA JARA NANCY MATUS SR. GODOY MIGUEL VARELA MARIA VALDEBENITO ALEJANDRA ORTIZ ALBERTINA RAMIREZ MARIA RAMIREZ JAVIER MATUS SILVIA MATUS DANIELA GODOY MARÍA MIREYA GODOY MATUS DIEGO RIVAS SUAZO JUAN NAVARRETE

BIBLIOGRAFÍA Los servicios de 112 fundaciones en el Reino de Chile, Gabriel Guarda, Revista “Historia”, Nº 23, Universidad Católica de Chile, Santiago 1988 Acta fundación fuerte Carahue, 1882 Acta constitución I. Municipalidad de Carahue, 1891 Memoria del Ministro de Colonización i culto, tomo III, Imprenta Nacional, Stgo. 1899 Carahue, la ciudad Imperial Antigua, Ed. I. Municipalidad de Carahue, 1982

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Carahue, la Antigua Imperial, Ed. I. Municipalidad de Carahue, 1992 Población Mapuche – Tabulaciones Especiales, Población 1992

XVI Censo Nacional de

Carta General de Colonización de la Provª de CAUTIN, formada con los datos del archivo de la Inspección General de Colonización e Inmigración, construida i dibujada por Nicanor Boloña. Escala 1:100.000, Santiago, Setiembre de 1916. Apuntes Históricos, José del Carmen Alderete, Sublevación de la Araucanía en 1881, Imprenta y Editorial San Francisco, Padre Las Casas, 1934 Guía-Crónica de la Frontera Araucana de Chile, Años 1892-93 J. Julio Mansoulet, Imprenta y Encuadernación Barcelona, Santiago de Chile, 1893 Contribución al Folklore de Carahue (Chile) Ramón A. Laval, Librería General de Victoriano Suárez, Madrid, 1916 Diez años en la Araucanía, 1889-1899, Gustave Verniory, Universidad de Chile, 1976

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aventura, salí de Concepción para visitar aquel campo clásico de la historia chilena: la Araucanía" Jorge Teiller, en Boletín de la Universidad de Chile, Santiago, Nº58 (07.1965), pp. 4-12. ver http://www.uchile.cl/cultura/teillier/artyentrev/1.html er Datos historia de la Araucanía, http://www2.anales.uchile.cl/CDA/an_sub_simple/0,1280,SCID%253D4252 %2526ISID%253D271%2526GRF%253D4108%2526ACT%253D0%2526PRT %253D4116,00.html Escritos de .....Maas (mediados siglo XIX) La Araucanía/Pu Mapunche, Eulogio Suarez, , edición bilingüe con José Calfuqueo, ed. América Morena, Santiago, 1994 Vientos de silencio, algo más que mosto y música en La Frontera, Juan Jorge Faundes, , ed. Planeta, Santiago 1999 Voces Mapuches, Carlos Ramírez Sánchez, Marisa Cúneo Ediciones, Valdivia, 6ª edición, 1989 Diccionario Jeográfico de Chile, Luis Riso-Patrón, Santiago 1924 Otras fuentes locales Apuntes, Eduardo Guillermo Valck Berkhoff, junio de 1993 Breve Historia de La Imperial (hoy Carahue), Artículo publicado en folleto de Sociedad de Socorros Mutuos, Carahue. La maciza historia eclesiástica de la Imperial, Luis Eduardo Diaz Pasmiño, manuscrito, Pto. Domínguez, 22 febrero 1985 Prehistoria Imperialina, Luis Diaz Pasmiño, Puerto Diminguez, Febrero 1985, Trabajo para optar al título de “Especialista rural” Pedro de Valdivia, Luis Diaz Pasmiño, monografía sin fecha, Carahue Historia de La Imperial, Ernesto Escamilla Torres, memoria para optar al título de Profesor primario, Carahue, Octubre de 1963

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Fotos, artefactos, documentos de la colección particular de Hernán Thiers Diaz, Carahue Documentación y artefactos en Rincón de la Memoria, Biblioteca Pública 138 de Carahue Cementerio de Carahue Colección de fotos, Municipalidad de Carahue Registro Civil Matrimonios

de

Carahue,

Libros

de

Nacimientos,

Fallecimientos,

Tradición oral Mapuche, recopilada en entrevistas en Carahue Documentación antigua, Notaría de Carahue e Imperial, en Archivo Regional de la Araucanía, Temuco Información hidrográfica hidrografia.htm

sobre

los

ríos:

www.laaraucania.cl/turismo-

Datos flora y fauna: www.laaraucania.cl/turismo-com_carahue.htm Datos Villa Estación www.biblioredes.cl/BiblioRed/Nosotros+En+Internet/mibarriolavillaestac ion/Villa+Estacion.htm Todo lo referido a la forestación con monocultivos, y cubierta vegetal, de www.laaraucania.cl/turismo-com_carahue.htm Datos población de la comuna, y población mapuche, de: http://www.laaraucania.cl/turismo-com_carahue.htm

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CRÉDITOS DE FOTOGRAFÍAS

Imagen Kai Kai y Xeng Xeng, sitio web www.serindigena.cl Datos playas de pesca, sitio web de Red de Turismo de la Araucanía Fotos de aves, puma, zorro culpeo: www.villaohiggins.cl/ Fotos Bandurrias, Peuco, www.caracara.org Fotos Zarapito y Garza, http://aves-araucania.blogspot.com Playero-vuelvepiedras , http://aves-araucania.blogspot.com Pelícano, http://aves-araucania.blogspot.com Datos playas, sitio web de Red de Turismo de la Araucanía Mujer mapuche: www.dibam.cl/bellas_artes/noticias.asp?id=2620 Crédito imagen kultrún: sitio web www.serindigena.cl Foto Villa Estación, del sitio web: www.biblioredes.cl/BiblioRed/Nosotros+En+Internet/mibarriolavillaest acion/Villa+Estacion.htm Se hace mención especial de la extensa y excelente colección de fotografías de distintos sectores de la comuna, que ha sido reunida por Gonzalo Leal de la Red de Turismo de la Municipalidad de Carahue.

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Este libro se imprimi贸 en TRAZOWEB www.trazoweb.cl Santiago, mayo de 2008


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