Page 1


Galo Ghigliotto

AEROPUERTO (Versi贸n preliminar)


"Ceci est l’histoire d’un homme marqué par une image d’enfance." Chris Marker, La Jetée


en el cruce de caminos habita el vacĂ­o hacia donde no caemos sino peor somos transportados automĂĄticamente a un punto inexplorado.


imagino que tienes la capacidad de abducirme a diferentes películas que me raptan sin intención alguna sin siquiera conocerme esta dimensión que me invento se cruza a veces con la tuya como aviones que pasan de un lado a otro formando asteriscos mientras somos el ojo que puede ver cualquier cosa menos a sí mismo y enfrentamos con estoicismo el dolor que produce ser órganos que se miran al interior de cuerpos que se alejan


tu vuelo salió muy tarde decías con una voz que sabía absorber mi piel y el agua de los ojos eso me hacía convertirme en distintos animales al mismo tiempo pero yo sabía que la pantera que llevabas adormecida adentro se sentía sola en medio de la noche porque tampoco sabía mirarse y la intuición de un animal no bastaba para saberse como el carbón sobre el cual se sostendría el sol por la mañana tu vuelo salió muy temprano decía yo mientras escuchaba el eco de alguien que gritaba adentro más allá de las diez transfiguraciones de tiempo en algún punto de la imagen calidoscópica bautizamos como maldición el hecho de que hubiésemos aprendido a dormir mientras el otro despertaba separados como el halcón y el lobo como el agua encerrada en dos vasos que se miran


nos asignaron los asientos y cuando se es niñ0 no se tiene derecho a reclamar en caso contrario se nacería grande decíamos mientras mirábamos la pantalla de un cine que emitía imágenes tan solemnes que nos daban risa


en esa hora incierta oculta bajo la oscuridad de la sala decidimos que tenĂ­amos lo que durara una pelĂ­cula para sentarnos juntos e hicimos un trueque con la fantasĂ­a que se habĂ­a compadecido de nosotros al vernos tan inseguros de no saber si usar las manos o los ojos para vivir


no era un balancín lo que usábamos en esa época era algo mucho más rudo y fuerte no era que subiéramos y bajáramos eran nuestros rostros distorsionados por la transparencia de las botellas a veces nos costaba reconocernos entonces uno subía y el otro bajaba hasta que de repente amanecíamos tirados en el suelo oyendo el mugir de vacas que aparecieron para comerse el pasto que había crecido a nuestros costados mientras dormíamos


las azafatas siempre estaban en turbulencia y los pilotos lucían sus gorras oficiales para distraernos ellos eran todos del mismo bando de una misma empresa que lucraba de modo extraño de nuestras uñas bien firmes sobre la tela de los asientos a la espera de la bolsa que caería para que bebiéramos de ella todo nuestro desprecio


cuando la lluvia era el sudor de nuestros arrepentimientos la enfrentábamos desde luces titilantes que eran nuestros ojos destellando entre imágenes de placer una vez en el cielo ya despedidos de los hombres nos hundíamos en la dimensión donde nada más existía salvo nuestro vuelo


adorabas pensar cómo sería tu vuelo a Dubrovnik imaginarte al capitán que te acompañaría deslizándose sobre las nubes como si fuera un velero y no un avión y este aeropuerto no fuera nuestra desastrosa morada sino una playa paradisíaca en donde vaciarías todo tu cuerpo que era la carne que le faltaba al sol para estar satisfecho


igual de iluso yo adoraba quedarme con azafatas cosidas a mano de ojos afirmados con alfileres de gancho y canciones que salĂ­an de un aparato arrugado y borracho desde la esquina de un aviĂłn de Ăşltima clase


cómo nos bebían esos vampiros a los que otorgábamos tanta devoción porque sabían volar con sus propias alas no como nosotros que debimos conseguirnos un aeropuerto que a la vez era vertedero y templo del credo extraño que nos unía en un punto perdido del tiempo


a veces olvidábamos cómo encontrar el rumbo cuando era de noche y nos manteníamos a la deriva un largo rato siguiendo luces que en ciertas ocasiones nos llevaban a estrellarnos eso era lo mejor del hecho que no existiéramos porque así siempre teníamos posibilidad de volver


la ciudad era una red luminosa cuando despegábamos de noche todo lo que antes nos parecía gigante se empequeñecía bajo nosotros entre la neblina tras ella todo lentamente desaparecía


el problema de fondo decías es que tú eras europea y yo un indio que había muerto poco después de 1492 yo decía que tú eras una puta y yo un imbécil pero siempre hallabas la forma de mover un dedo y hacer que todos los aviones que se acercaban dieran giros en el aire antes de aterrizar en forma perfecta a eso le llamabas poesía y me tragué esa palabra como un hueso que había sido hecho para completar mi garganta


esas veces que me lanzaba a correr sobre las luces y lograba contagiarme de la adrenalina de tu despegue ĂŠramos devorados por una boca gigante y oscura que se abrĂ­a entre los desiertos flotantes y la luna


todavĂ­a recuerdo todas esas veces que aterrizamos al mismo tiempo y podĂ­amos saludarnos de una ventanilla a otra en el breve lapso que duraban nuestras manos antes de ser cortadas por las alas


la gente adoraba ver que siempre nuestros aviones estuvieran a punto de chocar pero no nos importaba aunque sabíamos que siempre viajaban junto a nosotros mujeres y niños queríamos que se conociera la locura de dos pilotos veteranos que habían peleado en guerras distintas para que los humanos supieran cómo hubiésemos sido semejantes animales sueltos juntos en la misma selva


era fantástico cuando lograbas acelerar de tal modo que podías volver en el tiempo y hacer un túnel que yo atravesaba rápidamente de ida y de regreso mientras caías y te levantabas ya de vuelta al presente solíamos encontrarnos en la fecha acordada por el rato que nos durara la vista nunca sabíamos cual caería primero quien cerraría los ojos antes o después sólo queríamos saber que había que vivir rápido morir joven y dejar cabellos hermosos sobre la cama


odiaba las veces cuando me abducían del futuro porque aunque era mi lugar no me gustaba que me lo recordaran yo sólo quería estar contigo y disfrazarme de niño si era posible para poder acercarme a ti sin problemas y localizarte enviar a mi adulto justo antes de caer como presa bajo tus ojos por las balas de un cazador envidioso que no soportó que yo aprendiese a escapar del futuro para venir al presente a tan sólo mirarte


estaba lleno de capitanes navales que sabían volar aviones y aunque eran viejos de todos modos hacían temblar las losas del aeropuerto la única forma que aprendí de quitarles el temblor fue escribiendo sobre ellas mi propio epitafio


un buen hombre me dijo una vez que lo único que existía era el presente y le creí pero cuando fue su turno de viajar al futuro se volvió loco entonces me di cuenta que su realidad era una trampa que siempre duraba un día


fue mi turno de viajar sobre un aviĂłn que recorrĂ­a los anillos del arco iris: el tronco de un sol gigante que no sabe otra rutina mĂĄs que el atardecer


llegué hasta un lugar en donde me dijiste aquí nací y darme cuenta que habían pasado miles de años entre tu boca y la mía me ayudó a salir disparado desde el ojo del asterisco que bautizamos por aeropuerto


el camino a la locura es vaselina como canto de sirena


el camino a la locura es gratis y el regreso tampoco


antes de que aparecieran las esferas de aire enrarecido a devorar nuestro aeropuerto había visto hombres peleándose a muerte por un trozo de carne rubia animales domésticos y salvajes huyendo hacia las montañas órbitas que zumbaban su presencia desde lo alto de la noche y ciudad


los aviones se fueron y sĂłlo quedaron fantasmas en nuestro aeropuerto rostros cadavĂŠricos de azafatas cayendo en paracaĂ­das gorras de capitanes zigzagueando hacia el suelo nosotros que miramos la misma muerte no podemos vernos pero aguardamos con ansias que algo caiga del cielo para cubrir nuestros genitales


a veces me preguntaba si existías de verdad y no me preguntes por qué pero sé que tú tenías la misma duda así que saltábamos de nuestras cabinas esperando recogernos mutuamente en vuelo rasante hasta que nos veíamos cayendo con una distancia de diez años entre cada paracaídas


pocas veces nos preguntábamos por los otros pasajeros qué poco nos importaban hacíamos que nuestros aviones giraran en el aire temerarios de la voluptuosidad debiéramos confesar que siempre supusimos a nuestros acompañantes como muñecos inflables que eran parte del decorado y nada más decorado que montamos en modo B o bajo el influjo del lado desconocido de nuestra luna pero en cada uno de ellos depositamos una fracción de locura que al final irremediablemente bebimos


a veces creemos que han muerto pero si nos quedamos mucho tiempo sobre la losa a la hora del despegue podemos verlos paseĂĄndose con su maletas de un lado a otro sacudiendo la neblina como si se tratara de una parte tangible del sueĂąo


en algo siempre coincidimos y era en nuestro deporte favorito de cazar niños alados que jugaban con gansos migratorios sobre el terreno del aeropuerto pasábamos con nuestros aviones a toda velocidad para partirles la cara como si fueran naranjas de gajos asimétricos y jugos mucho más dulces y coloreados tardes como esa la losa del aeropuerto se parecía al paño de una parturienta que daba a luz orgasmos que bautizamos por María


los operadores aéreos aprendieron a leer mientras dormíamos pasaban las páginas de tus sueños y cotejaban copias con el mío para seguir afirmando que no debían dejarnos despegar al mismo tiempo su tristeza más grande era adivinar sus trágicas vidas sin que nadie les dijera que el único aeropuerto que tendrían sería el nuestro que no inventamos pero querían cenarnos como quien come el pescado cocido pero el caviar crudo querían cenarnos porque se nace siendo alimento o hambre siendo agua o siendo sed


en las pesadillas de los tripulantes de mi avi贸n los operadores son personas crueles e insensibles que maltratan a sus mujeres y golpean a sus hijos lo peor es que en la mayor铆a de los casos viven solos y no tienen sexo con nadie tampoco vuelan aunque tienen alas escuchan las plegarias de los pilotos que se han encandilado de haber visto dos aviones copulando contra la noche


en el primer viaje en que nos encontramos tu avión venía desde el lado de la noche y yo traía la mañana saliendo de mis turbinas qué fácil me sumergí en esa boca que se abrió oscura de tu epifanía mi espectro me dijiste pues pensaste que era yo quien provenía de la noche


de nuestros aviones te has preguntado quien marca el adelante quien atrás los operadores aéreos sólo nos dicen que uno debe salir antes y otro después pero el sueño acaso cuando es mi avión el que se acerca hacia ti ¿no es porque estuve soñando con eso desde antes?


veíamos nubes horizontales avanzando una sobre otra en dirección al sol a veces sabíamos que lo único que había sobre nosotros era un polvo que se difuminaba hacia el vacío nos escondíamos en nuestras propias dimensiones que moldeábamos de modo que parecieran otros cuerpos con el completo afán de jugar a las escondidas y en lo posible olvidar nuestras antiguas apariencias para perdernos con facilidad entre las máquinas del aire


mientras duró el polvo negro que oscurecía el cielo y el sonido de nuestras turbinas fue la voz del sosiego dos pasajeros de mi avión coincidían en un sueño que contenía bolas de aire enrarecido dispuestas como trampas mortales en ciertos sectores de la noche en tu avión una cantidad indeterminada de pasajeros soñaba con una selva transportada al interior de la cabina serpientes de pitón que colgaban del portaequipaje panteras negras recostadas a lo largo de los asientos penetrantes ojos amarillos que a ratos ocupaban toda la pantalla leones amancebados en la parte trasera mimosas gigantes cuyas hojas se abrían despidiendo un veneno soporífero y algunos pasajeros entremedio bien amarrados a sus asientos podían ver a su alrededor las alimañas que aprendían la palabra hambre del sudor y de la recitación de los latidos cada vez más entrenados en el miedo


los pasajeros gritaban de locura porque querían saltar no se imaginaban otra vida si no era sobre una caída algunas mujeres levantaban la voz para emitir graznidos de reclamo porque el conductor del avión se había vuelto un muñeco inflable de ojos fijos y sonrisa inmóvil: cuando todo era pose un accidente aéreo fue lo único que podía rescatarnos


en la parte trasera de tu avión hay fantasmas cuando es de noche y los paisajes pasan volando junto a las ventanas pueden oírse gemidos desde el fondo que consiguen que los pasajeros que habían logrado atraer el sueño a sus caras grisáceas por el manto de la noche abran los ojos en forma de sorpresa nadie gusta de los fantasmas cuando gritan a medianoche nombres desconocidos que transportan la memoria que no hay hasta una época en la que nuestro aeropuerto todavía no existía


la mayoría del tiempo parecíamos aviones invisibles cruzando simultáneamente y en gran número hacia todas las direcciones sin emitir sonido planeadores que colman el cielo volviéndolo transparente: nada divide los recuerdos de los momentos habituales


parecía que estábamos a punto de chocar pero tú estabas en la dimensión de mi sueño y nuestros cuerpos se cruzaron sin darnos cuenta lo extraño fue que después de pasar uno a través del otro habíamos intercambiado algunos pasajeros se encontraban ahora dándose vuelta sobre sus asientos tratando de encontrar a sus acompañantes aplicando el uso de miradas perdidas


un día en que la luna se llenaba sobre la superficie del mar pasamos a través de ella en vuelo rasante y nos dimos cuenta que era posible trasparentarnos lo suficiente hasta estar juntos por fin en un mismo avión deberías disfrazarte de piloto pensabas mientras te probabas el disfraz de azafata sólo había que elegir el avión correcto el tuyo o el mío robarlo y huir para siempre de nuestro aeropuerto


no todo es cosa de combustible seg煤n tus manuales mi avi贸n se maneja s贸lo con la mirada


es posible llegar al cielo siguiendo las líneas blancas que dejó el vientre de una serpiente gigante que voló para reclamar su asiento después de larga espera al interior de un avión gigante y sin forma ahora, cuando es extensa su comitiva otros aviones se salen de su curso destejiendo sus trajes metálicos y dejando entrever la verdadera rusticidad al interior de sus cabinas es un enjambre que parece pequeño desde los ojos del sol pero sabe aletear al ritmo de la supernova hileras superpuestas sin orden aparente pero que vistas desde arriba forman claramente un asterisco a esta hora nadie llora ni se persigna tan solo se desvisten y los ojos de la nueva serpiente alada estrenan un nuevo brillo bajo el polvo


aparecimos uno a cada extremo del avi贸n ri茅ndonos de nosotros mismos y de nuestros disfraces pero en vez de pasajeros hab铆as bestias sobre los asientos amarradas sobre sus puestos con el cintur贸n de seguridad


nos miran fijamente y se ven bien dispuestas a devorarnos


Aeropuerto  

Versión preliminar

Advertisement
Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you