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Álbumes ilustrados del diseño de la pieza a la pieza de diseño El álbum ilustrado es más que un libro. Es una manifestación creativa que recibe más de la comunicación visual que de la literatura. El funcionamiento armónico entre imagen y texto produce una síntesis de dos formas de lectura, la textual y la visual, que prolonga el sentido de relato. Un extenso colectivo de artistas y diseñadores han encontrado en la fuerza poética del álbum un soporte privilegiado para su trabajo. Por Piu Martínez

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“Un libro tiene que ser una sorpresa, también para un niño” Vicente Ferrer, editor de Media Vaca. Hace diez años, hablar de álbum ilustrado en España era un desafío. Los libreros no conocían el concepto, los bibliotecarios intentaban, ensimismados, definir de qué tipo de documento se hablaba y los lectores, en su mayoría público infantil, se limitaban a denominarlo “cuento”. El uso del término álbum estaba limitado a un pequeño grupo de editores o ilustradores de literatura infantil y juvenil (LIJ) que empezaban a sentar las bases de la edición de álbumes. En el resto de Europa, a pesar de la tradición literaria y los hábitos lectores de franceses, italianos o nórdicos, la situación no era muy distinta. En Alemania, el gremio de editores y libreros se vio obligado a hacer una campaña de formación entre sus asociados para mitigar las fobias que surgían en sus negocios cuando un “álbum ilustrado”, debido a la variedad de sus posibles formatos, era capaz de trastocar el orden y desestabilizar el equilibrio entre libros y anaqueles. Vivíamos el ocaso de un siglo y, con él, el alumbramiento de un nuevo milenio y de nuevas manifestaciones artísticas, nuevos soportes y, por supuesto, de un modelo de lector que ya no se conformaba con las propuestas editoriales al uso. A partir de este momento, el álbum ilustrado se independizó de la familia de libro infantil y reclamó su propio espacio en las mesas de novedades. Pero ¿en qué se diferenciaba el álbum ilus-

trado de los libros ilustrados tradicionales? El álbum ilustrado es una manifestación artística en la que opera un funcionamiento armónico entre imagen y texto: la ilustración prolonga el sentido de relato y el relato busca las orientaciones que conducen a la fantasía mediante el lenguaje visual. Sintetiza dos lecturas, la visual y la textual, de forma que su narración resulta de la suma de texto e ilustración. Del coloquio entre ambos surge la fuerza poética del álbum. Mientras que la imagen nos sugiere un sentido ambivalente (tiende a evocar y abrir significados), el texto forma parte de la página como un elemento visual más. Por tanto, las ilustraciones hacen posible que la obra no sea un mero libro ilustrado, sino un álbum, que recibe más de la comunicación visual que de la literatura. Esta última característica ha servido de reclamo para un extenso colectivo de artistas y diseñadores que han encontrado en el álbum un nuevo soporte para sus trabajos. La gráfica de este tipo de álbumes, en ocasiones experimental y más próxima a la pieza artística que al libro, otorga el rango de excepcionalidad a un conjunto actual de álbumes ilustrados. Y no solo por lo renombrado de sus autores (Bruno Munari, Iela Mari, Saul Bass, Paul Rand, Tomi Ungerer o Seymour Chwast, todos ellos figuras imprescindibles en la historia del diseño) sino también por la difusión que han alcanzado. Más allá del ámbito de la producción gráfica, muchos de los álbumes de estos artistas se han convertido en clásicos contemporáneos de la LIJ.

Bruno Munari, The Circus in the Mist (1968), Corraini, 1996.

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Saul Bass, Henri viaja a París (1962), Editorial Gustavo Gili, 2011. Texto de Leonore Klein.

La década de 1960: La época dorada del álbum Buena parte de este valioso y, en ocasiones, desconocido acervo bibliográfico se fraguó en la segunda mitad del siglo xx en Estados Unidos. En esta época el gremio del diseño gráfico y la publicidad se hicieron más visibles. A mediados de siglo xx en Estados Unidos se vivía la época dorada de la publicidad y, en Europa resonaba el eco de un número considerable de cartelistas británicos. A la cabeza de ellos, Tom Eckersley, quien con sus carteles revolucionó el mundo de la comunicación social y contribuyó a la explosión de la cultura visual de Gran Bretaña, mostraba a la comunidad gráfica que elementos como los trazos y colores superpuestos, los tipos gruesos o las formas sencillas podían ser útiles para conseguir la atemporalidad y la funcionalidad del diseño. En 1946 se editó en Londres Cat o’Nine lives, un pequeño álbum ilustrado por Eckersley con texto de su esposa Daisy que, además, estaba dedicado a sus hijos. El álbum tenía 52

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dos tipos de ilustraciones, unas a página completa, normalmente en blanco y negro, y otras, más pequeñas, insertas en el texto. El uso del color es reservado, sólo algunas pequeñas manchas se emplean como fondo de algunas de las escenas. Con un estilo similar al entintado de los álbumes de Eckersley, André François (diseñador francés que trabajó para el departamento de diseño de Citroën y de publicaciones como Le Monde o New Yorker), realizó varios álbumes infantiles, con imágenes de trazo muy simple, gran esmero en el detalle narrativo y, sobre todo, mucho sentido del humor. Lágrimas de cocodrilo apareció por primera vez en Francia en 1950. André François dio un valor añadido al libro tratando su producción y edición como la de un objeto artístico: su formato alargado hacía referencia a la forma del protagonista, un cocodrilo, y la apariencia externa de la caja simulaba la de una carta enviada por avión, ambos elementos detalles sugerentes y deliciosos sobre la trama.

A unos miles de kilómetros de París, el joven neerlandés Dick Bruna se convirtió en el padre de uno de los personajes más visibles de la LIJ: Nijntje, nombre oficial en holandés de la conejita Miffy1. Diseñador, dibujante de cómic e ilustrador de libros infantiles, entre otras cosas, e hijo de un afamado editor, durante años estudió la forma de simplificar el dibujo, tanto en sus líneas como en sus formas, intentando expresar los conceptos con lo mínimo necesario, tal como hacía su adorado Matisse. Miffy (1955) se convirtió en una serie de álbumes, en cada uno de los cuales el personaje se situaba en diferentes contextos. Son libros fácilmente reconocibles por los niños gracias a sus trazos sencillos y gruesos y a que todos respetan la misma estructura: 16 páginas, una ilustración en cada página y, debajo de ella, cuatro líneas de texto con rima, todo en pequeño formato. A mediados del siglo xx, en Estados Unidos el diseño ya se había convertido en un referente cultural y económico. La sociedad

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Sus libros se han traducido a 40 idiomas y su fama es tal que el gobierno holandés ha creado un museo, la Dick Bruna Huis, situado en Utrecht y dedicado por completo al artista y su obra.


Ann y Paul Rand, Chispas y cascabeles (1957), Barbara Fiore Editora, 2006.

bailaba inquieta al ritmo del bebop, veía la televisión y se mostraba hospitalaria con los recién llegados arquitectos de la Bauhaus. Se pronosticaban buenos tiempos y las predicciones fueron certeras. Estados Unidos se convirtió en la meca del diseño, con grandes estudios, grandes diseñadores y con proyectos visuales que hoy en día nos siguen resultando imponentes. Hablamos de Seymour Chwast, Alvin Lustig, Alex Steinweiss, Charles Eames o Paul Rand entre otros. Abner Graboff fue diseñador editorial de Viking Press NY y director de arte de la CBS. Sun looks down, con texto de Miriam Schlein, fue el primero de más de 30 álbumes en los que Graboff demostró su habilidad y puso de relieve todas las influencias que había tomado de artistas como Kandinsky, Klee o del movimiento cubista. Paul Rand se inició en la década de 1930 como diseñador editorial (tal y como hiciera su colega Graboff) y llegó a convertirse en mascarón de proa del diseño americano, con trabajos de gran notoriedad como los que realizó para UPS, IBM o Ford. Junto a su esposa Ann, arquitecta, desarrolló varios proyectos de diseño e ilustración de álbumes. En 1957 se publicó Sparkle and Spin, un álbum ilustrado que se tradujo en España como Chispas y cascabeles. Se caracteriza por el uso de colores planos, elementos geométricos y collages. Hizo evolucionar la tipografía hacia formas y a estas, hacia dibujos. Sus libros tienen un lenguaje conciso pero muy expresivo y su voluntad, más allá de diseñar libros, era la de todo padre, leer

y jugar con sus hijos. Para ellos ilustraba. Antes de finalizar la década de 1950, aparecieron varios álbumes de gran calado en el mundo del diseño y de la LIJ como Pequeño Azul, pequeño amarillo de Leo Lionni, diseñador y publicista, director de arte de la revista Fortune, que se sirvió de la abstracción y del collage para narrar visualmente la historia de un encuentro. La historia nació por azar: durante un viaje en tren con sus nietos y para evitar que se aburrieran, Lionni recortó unos papelitos de colores con los que dio vida a dos personajes entrañables y llenos de emociones. Era 1959 y, a partir de entonces, el álbum se convirtió, por derecho propio, en un clásico contemporáneo de la LIJ. Por su parte, volviendo al concepto de abstracción, William Wondriska, un diseñador estadounidense, ilustró 11 libros infantiles. Entre ellos está 123 A book to see (1959), un álbum sin palabras y a dos tintas dedicado a los números. Incluye imágenes abstractas que dan vida a objetos cotidianos. Durante la década de 1960, con su progresiva implantación en la vida cultural, el diseño empezó a ser reconocido por la sociedad como sinónimo de moda y buen gusto. Paralelamente, se produjo una expansión del campo de actuación en el diseño gráfico. En 1962 aterrizó en las librerías Henri viaja a París, el único álbum creado por el diseñador gráfico estadounidense Saul Bass. De su trabajo como publicista son de sobra conocidos sus logotipos para AT&T, Kleenex o American Airlines aunque, a pesar de la 53


difusión de estas creaciones, el reconocimiento internacional le llegó de la mano del cine, como pionero de los títulos de crédito animados. Durante sus cuarenta años de carrera trabajó para los más grandes directores de Hollywood, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick o Scorsese, entre otros. Henri viaja a París es un fantástico escaparate del diseño de la década de 1960 en el que Bass combina a la perfección la ilustración, la tipografía y una paleta de colores vivos para deleitarnos con el viaje iniciático de su pequeño protagonista. El mismo año de esa primera edición de Henri… vio la luz un álbum de otro afamado diseñador americano, Water Einsel (pareja de Naiad Einsel). Did you ever see?2 es un libro para primeros lectores que nos muestra, mediante la doble página, dos visiones distintas de un mismo animal. Es un álbum de conceptos sencillos, con colores y formas básicos e ilustraciones exquisitas. De esa misma época, en Europa debemos mencionar algunos nombres de absoluta relevancia: Celestino Piatti, Warja Lavater, Iela y Enzo Mari o Tomi Ungerer, entre otros. Celestino Piatti3, fue un artista gráfico suizo que bien podría considerarse la navaja multiusos de la editorial alemana DTV. Además de las cubiertas, de las que creó más de seis mil piezas, Piatti se encargó de la tipografía corporativa, el branding y la publicidad de la empresa. Su mantra: un dibujo extravagante, casi infantil, sobre fondo blanco y tipografía grotesca. En 1963 publicó Happy owls, un álbum ilustrado en home54

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naje a sus animales favoritos, los búhos. 1965 fue el año de Warja Lavater y su Petit Chaperon Rouge. La diseñadora suiza revolucionó el mundo de la tradición oral a través de sus novedosos proyectos editoriales. En ellos jugaba con la música, la edición y la tradición oral. El mayor de sus logros fue transcribir los antiguos textos de los cuentos de hadas con símbolos gráficos propios del lenguaje abstracto, ofreciéndonos una versión pictórico-geométrica de los cuentos populares. De acuerdo con sus investigaciones de esta forma se contribuía en mayor medida al desarrollo de la creatividad e imaginación de los niños. Su primer editor fue el galerista Maeght. Le Petit Chaperon Rouge4 es un rara avis de la tradición oral. En esta obra la retórica visual constituye la ficción. El libro carece de texto, los personajes, fondos y acciones están simbolizados por puntos de color en un proceso que tiende a la abstracción. Poco después y desde Italia surgió Iela Mari, una diseñadora que ejerció de profesora de Didáctica de la Educación visual para niños discapacitados. Era esposa del diseñador de juguetes Enzo Mari. El globo rojo, su buque insignia, es un álbum sin palabras de 1967 en el que Iela se vale de la expresión mínima de la línea para mostrarnos la evolución de la forma. A partir del volumen del globo, la artista nos conduce hacia un destino en el que todo se transforma en nuevos objetos: mariposa, manzana, paraguas, etc. El mismo año que se publicó El globo rojo

apareció uno de los álbumes que más han contribuido al desarrollo de la imaginación de niños y adultos de medio planeta: Mondman, de Tomi Ungerer, otro de los genios del álbum ilustrado. Ungerer era un joven diseñador alemán, que como Eric Carle, emigró a Nueva York en la década de 1950. A su llegada se dedicó al diseño de revistas como Life o el NY Times y pronto tomó contacto con la edición de libros infantiles; antes de darse cuenta ya estaba manos a la obra con su primer título, Los Mellops. En Mondman Ungerer nos propone una amable sátira en la que cuenta las aventuras del hombre en su periplo lunar. Traducido a doce idiomas, recibió grandes elogios, Sendak afirmó que era: “Posiblemente, el mejor álbum del momento”. En la actualidad el equipo de producción estadounidense Kickstarter intenta sacar a flote un proyecto cinematográfico sobre la vida de Tomi Ungerer, basándose en la animación de ilustraciones de diferentes épocas, sus carteles contra la guerra, libros infantiles, dibujos eróticos..., todo ello animado con unos sencillos procesos que intercalan fotografías y declaraciones del diseñador (en 2009 Spike Jonze hizo algo similar con Sendak). A mediados de la década de 1960, la producción de este tipo de piezas fue en aumento. Figuras como Charley Harper, Walter Erhard, el rey de las postales, o Bob Gill, trabajaron en el mundo de la ilustración infantil añadiendo nuevas sensaciones visuales a los álbumes, experimentando

Arriba: Leo Lionni, Pequeño azul y Pequeño amarillo (1959), Kalandraka Ediciones, 2008. Página siguiente: Warja Lavater, Le Petit Chaperon Rouge, Adrien Maeght Editeur, 1965.

2 Fuente: Curio Books lab-curio.com 3 En 1959 Suiza homenajeó a Piatti con una colección de sellos. 4 Su formato es, si cabe, más espectacular aún: la pieza es un libro acordeón que desplegado mide 4’74 metros, dando una sensación infinita de doble página.


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con tintas y formatos para acercar sus particularidades gráficas y artísticas a los más pequeños. Como verdadero broche de oro de la década, llegamos hasta Eric Carle. Graduado en Stuttgart (en la misma escuela de diseño en la que se formó Ungerer) Carle llegó a Estados Unidos para trabajar como diseñador en el New York Times. Años más tarde, y tras un encargo de ilustración, Carle empezó a crear el álbum que le llevaría a alcanzar el reconocimiento universal, La pequeña oruga glotona (1969), un clásico de la literatura infantil que ha sido traducido a más de 50 idiomas. La composición de Carle es compleja, pero la visualización resulta una experiencia placentera, estimulante y perenne para sus lectores. Se vale del collage y de las formas del cubismo para conseguir una flora y fauna inimaginable a base de papel cortado. Recientemente afirmaba en una entrevista: “Cuando creo mis papeles, me siento inspirado por el impresionismo y cuando los corto para crear mis ilustraciones, soy más expresionista”. Para Carle: “El álbum se convierte en un juguete que se puede leer y un libro con el que se puede jugar”.5

De la década de 1970 a la actualidad Comienza la década de 1970 y se publica un álbum de especial interés para los amantes del diseño: Still another alphabet book, de Seymour Chwast, cofundador, con Milton Glaser y Edward Sorel, del estudio Push Pin. De naturaleza ecléctica y completamente opuesta al canon del diseño suizo, los componentes de Push Pin consiguieron sellar la brecha entre ilustración y diseño. El álbum representaba un muestrario de las técnicas y conceptos de diseño del momento, que Chwast presenta de manera magistral a través de un inocente y fantasioso abecedario. Muchos de los diseñadores formados en la década de 1960 dedicaron gran parte de sus vida a las tareas propias del oficio, pero de forma escalonada, a finales de los 70, muchos de ellos migraron hacia el campo de la ilustración de libros infantiles. Anthony Browne es un claro ejemplo de ello. Browne es un artista británico formado en el área de diseño gráfico, que siempre viste pantalón corto ,y que, durante la época en la que trabajó como ilustrador de temas médicos (se dedicaba a ilustrar disecciones en un instituto de anatomía forense), tomaba su almuerzo en la morgue. Construye su ilustración mediante sentimientos y líneas finas a partes iguales, a lo que suma una larga lista de personajes melancólicos que nos ponen sentimentales con solo ver sus caras. Él es Anthony Browne, o Willy, un personaje autobiográfico a través del que Browne nos 56

T Tomi Ungerer, Der Mondmann, Diogenes M Verlag, 1966. V

5 Fuente: Eric Carle Museum: http:// www.eric-carle.com/bio. html.


habla de los miedos y metas de su propia infancia. Los gorilas son para Anthony Browne lo que los ratones o las ranas para Arnold Lobel, que piensa que son "aparentemente fuertes y seguros pero a la vez tímidos y muy sensibles", como él, como muchos de nosotros. Si alguien abre álbumes como El taller de las mariposas o El pato y la muerte difícilmente podrá averiguar que Wolf Erlbruch recaló en el álbum infantil tras haberse dedicado a ilustrar portadas para revistas como Esquire o Playboy. Fue el editor alemán Peter Hammer quien animó a Erlbruch y, en 1989, publicó El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza, uno de los personajes literarios más queridos de la LIJ, junto con la oruga de Carle o Max, de Dónde viven los monstruos. Erlbruch

es un ilustrador con multitud de recursos gráficos: papel milimetrado, mapas, sellos de goma, animales recortados de enciclopedias... Sus escenas se desarrollan en escenarios de colores cálidos, donde los personajes se desenvuelven como actores. El artista estadounidense Richard McGuire se dio a conocer en el mundo del álbum durante la década de 1990. Hasta entonces había sido dibujante de cómics, diseñador, creador de juguetes, director de cortos de animación..., en una palabra, un hombre renacentista. En 1989 debutó con honores en el mundo del cómic con Here, una tira que apareció en la revista RAW, de Art Spiegelman. Here es un cómic abstracto, revolucionario por su capacidad narrativa, con un tratamiento único del eje espaciotemporal. Chris Ware, que fue su prologuista

y es uno de sus mayores admiradores, dijo de él: "Personalmente, creo que es un genio". De sus tres álbumes, el más conocido en nuestro país es The orange book (1992). Otro artista prolífico que no debe faltar en este recorrido es el japonés Taro Gomi. Diseñador industrial y gráfico, se pasó al mundo del libro infantil, en el que ha publicado más de 350 títulos. Los libros de Taro Gomi son únicos. Su éxito se debe al uso de un lenguaje visual y textual muy próximo a los niños, aunque en ocasiones traspase la barreras de lo socialmente establecido. En 1990 se publicó en Japón el primer libro de su colección Garabatos, que se convirtió en una de sus series más representativas y en un auténtico bestseller mundial. Durante la última década, algunas pequeñas editoriales han ido dándonos a conocer

Arriba: Seymour Chwast y Martin Stephen Moskof, Still Another Alphabet Book, MacGraw-Hill Book Company, 1969. Abajo: Shirley y Milton Glaser, The Alphazeds, Hyperion Books for Children, 2003.

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Kv˘eta Pacovská, Hasta el infinito, Faktoría k de libros, 2008.

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títulos y autores indispensables para entender el álbum, como es el caso de la artista checa Kv˘eta Pacovská. Su obra supuso un movimiento aperturista en el mundo del libro infantil, hasta el punto de que sus trabajos pueden considerarse incluso juguetes, esculturas, objetos artísticos... Se apoya en del soporte como parte de un juego metaliterario: busca la tridimensionalidad a través de la doble página, a la que añade capas o texturas metálicas para reflejar la imagen de la página opuesta. En 2008 se publicó en España Hasta el infinito, un viaje a través de números y letras que evoca conceptos pictóricos, escultóricos y gráficos y que eleva el proyecto de libro a pieza de arte. Hasta el infinito es un cuadrado, blanco en su exterior y de color en su interior. Las cubiertas son blancas, e incluyen figuras geométricas que se construyen con capas de papel. Las guardas son rojas. El lomo aparece desnudo, únicamente ajado con el sutil hilo rojo del cosido. A pesar de que la artista checa no procede del mundo de las artes gráficas, incluimos el nombre de Kv˘eta Pacovská en esta breve lista de destacados porque ha otorgado un valor añadido a los libros infantiles, concibiendo un nuevo libro más allá de los soportes o materiales convencionales. Hojear cada página de alguno de sus libros es una aventura única. Lo mismo sucede con el ilustrador estadounidense Ed Emberley que, aún sin dedicarse de manera directa al diseño gráfico, revolucionó los libros para colorear con sus

lecciones para aprender a dibujar. Según muchos profesionales son “libros que te empujan a ser diseñador”. Emberley tenía la teoría de que todo el mundo puede aprender a dibujar y, por ello, en sus libros se incluyen instrucciones detalladas sobre cómo hacer dibujos mediante un sistema "paso a paso", empleando simplemente números, letras y formas básicas. El mundo del diseño y la ilustración infantil se nutren de un número ilimitado de coincidencias que, aunque carecen de una base teórica, son fácilmente demostrables. Por ejemplo: el diseñador/artista sale a la calle en busca de un libro para su hijo y regresa insatisfecho. ¿Cómo reacciona? Creando obras didácticas pensadas para estimular los sentidos de sus hijos en su encuentro con el libro. Heinrich Hoffman con Pedro Melenas, Jean de Brunhoff con Babar, Bruno Munari con Nella notte buia, Lionni con Pequeño azul, pequeño amarillo, Wolf Erlbruch con Leonardo, Kv˘eta Pacovská o Katsumi Komagata fueron algunos de ellos. Porque si hay algo que se debe suponer común a todos los diseñadores es su capacidad para resolver problemas. Esta tarea la han ejecutado con maestría genios como Munari, Erlbruch o Komagata. El primero no encontró ni un solo libro que le gustase para su hijo… y creó los Pre-Libri. Erlbruch creó Leonardo para ayudar a su hijo Leo a superar el miedo a los perros. Cada día, el pequeño Leo dibujaba cientos de perros furiosos hasta que un día se dio cuenta de que ya no le asustaban. La ilustración de las guardas de este álbum


Grassa Toro e Isidro Ferrer, Una casa para el abuelo (2001), Ediciones sins entido, 2005.

corre a cargo del pequeño Leo Erlbruch. Katsumi Komagata se adelantó más aún que Erlbruch y Munari. No esperó a que su hija tuviese necesidad de leer, sino que diseñó su primer libro para estimular la percepción de su hija recién nacida a través de la primera forma que los pequeños reconocen, el círculo (por analogía con el seno materno). En ocasiones la coincidencia en el nacimiento de álbumes se multiplica por dos y da lugar a grandes parejas como la formadas por Walter y Naiad Einsel, Ann y Paul Rand, Tom y Daisy Eckersley, Iela y Enzo Mari, Barbara y Ed Emberley o los míticos Charles y Ray Eames que, a pesar de que no crearon ningún libro, hicieron de sus vidas y diseños piezas propias de un álbum ilustrado.

Nuestros diseñadores de álbumes En España hay una nutrida lista de autores de álbumes procedentes de las diversas ramas de las artes gráficas, el diseño industrial, la decoración o la publicidad. Buen ejemplo de cómo llegar a alcanzar proyección internacional son Martí Guixé y Elena Odriozola, dos diseñadores con formación en decoración y experiencia en la ilustración de álbumes. Ella llegó a la ilustración de libros infantiles después de haber pasado ocho años en una agencia de publicidad y unos cuantos más como directora de arte. Su línea, sus curvas estilizadas y los patterns de sus fondos dotan de cierta teatralidad a la secuencia de las imágenes. Por su parte, Martí Guixé estudió en Elisava en la década

de 1980, se enfrascó en el diseño industrial y, hace unos años, encabezó un movimiento de ex-diseñadores. Ha trabajado para marcas como Camper, Chupa-Chups, Imaginarium o Vitra, y actualmente cuenta en su haber con cuatro álbumes o libros para pintar que poco tienen que ver con los patrones clásicos del libro de dibujo. Otro de los diseñadores que debemos mencionar inevitablemente es Isidro Ferrer, que, sin lugar a dudas, goza de un mundo propio y de un ideario artístico más allá de lo imaginable. Hay un vergel de sugestión y sosiego en cada cubierta que realiza, en cada cartel que compone o en cada libro que ilustra. Sus trabajos están cocinados a fuego lento y sus ingredientes favoritos son la metáfora visual, la originalidad, la creatividad y la imaginación. Isidro es un poeta y una muestra de ello es el álbum Una casa para el abuelo (2006), que en palabras del propio Isidro: “Nació de la necesidad de ajustar cuentas con mi biografía”. La impronta dejada por los maestros del diseño gráfico en el mundo de la edición de álbumes ilustrados se refleja en la evolución de los libros infantiles así como en la del propio álbum, que de mano en mano ha ido transformándose gracias a las aportaciones personales y los enfoques de las distintas tendencias. Actualmente, y gracias a la labor de editores interesados o formados en el ámbito del diseño y el arte, es posible disfrutar de la reedición de obras como las mencionadas en este artículo. En cuanto al futuro del álbum, está por escribirse, pero

tratándose de este soporte seguirá su curso valiéndose del diálogo visual-textual que nos ha hecho lectores o simplemente entusiastas de estas muestras artístico-literarias. Es obvio que no están todos los que son, la falta de espacio nos impide detenernos en Emilie Vast, Maurizio Quarello, Marc Taeger, Stian Hole, Blexbolex, André da Loba, Gusti, Ragnar Aalbu, Martin Jarrie…, pero es completamente cierto que todos los que están han dejado una huella imborrable en el panorama del álbum ilustrado y, por ende, en la literatura infantil y juvenil del último siglo.

Bibliografía básica: Teresa Durán, Àlbums i altres lectures: Anàlisi dels llibres per a infants, Associació de Mestres Rosa Sensat, Barcelona, 2007. Sophie Van Der Linden, Lire l'album, L'atelier du poisson soluble, Le Puy en Velai, 2006. 59


Imágenes, editorial, ilustración, identidad, lettering, tipografía...

Jost Hochuli / Futura / Champ fleury / Rude Britannia / Felix Pfäffli / Sergio Membrillas / Olivia Grandperrin / Grayoval

Fondo & forma

Texto(s)

Pure & Applied / Laurent Fetis / Álbumes ilustrados / Iittala /

Book Show / Crítica del diseño / Excoffon

© Pablo Muñoz de Arenillas Ganador ex aequo de nuestro concurso Contraataca! 2011

SUMARIO Actualidad

étapes 17 > Álbumes ilustrados  

Artículo de Piu Martínez publicado en étapes 17 sobre los álbumes ilustrados. Más info: http://ggili.com/es/posts/etapes-17-albumes-ilustrad...

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