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África Primero

ni sus historias particulares? Su majestad Haile Selassie I de Etiopía, nos enseña una gran lección al respecto: “[...] El conocimiento prepara el camino hacia el amor, y el amor a su vez promueve el entendimiento, y lo conduce a uno a lo largo del sendero de los grandes logros comunes [...]” (Emperador Haile Selassie I, 1951)8. Necesitamos del conocimiento para poder amarnos, amar a nuestro prójimo, y amar a la Madre Naturaleza y al Padre Creador. Además necesitamos el conocimiento para superar el impacto que causó el racismo en nuestra psiquis, pues éste último nos divide y nos impide amar plenamente. Decimos esto con base en los trabajos de William DuBois ([1967] 2009) y Frantz Fanon (1973), quienes hablaron de nuestras realidades psicoafectivas, ilustrándonos sobre los daños que genera la expoliación racista euroamericana en la psicología de la gente Negra9. Para sanar las patologías psicológicas que genera el racismo (ver nota 9), la afrocentricidad propone como método terapéutico, incrementar el autoconocimiento, la autoconfianza y la autoafirmación, que no son otra cosa que puro amor propio. (Nascimento, 1981; Dei, 1994). De acuerdo con George Dei, este método consiste en que los africanos en el continente y en la diáspora, tomemos nuestro derecho a conocer y hablar de nuestras experiencias dentro y fuera del continente africano; a disfrutar de nuestra cultura; a celebrar nuestras historicidades; y a continuar sobreviviendo y juntándonos con gente africana, independientemente de donde hayamos decidido residir: 8. En: Lorne, et al, (1997: 3). 9. Al estar inmersos en la sociedad racista euroamericana, los pueblos Negros, en la mayoría de los casos, hemos sido coartados para producir nuestros propios conocimientos históricos y antropológicos, pues el sistema racista nos impone sus valores culturales, nos coloca en las márgenes de su civilización, y usualmente se refiere a nosotros tácita y explícitamente como: “los Otros”. Esta situación también la afrontan todos los pueblos no-blancos marginalizados en la civilización Occidental. En consecuencia, las personas racializadas por los pueblos euroamericanos -en general, pero no necesariamente- se ven a si mismas con los ojos del opresor, se miden a si mismas con los valores euroamericanos (Fanon, 1973). Es decir, no definen su “Si mismo” como propio, sino en función de una “Otredad”, en función del apego o la aversión que sienten por la cultura del opresor. Así, la cultura euroamericana define al “Otro”, como un problema, y el “Otro” internaliza ese problema, se ve a si mismo como un problema, y empieza a vivir en una continua contradicción que se experimenta con una sensación de duplicidad o “conciencia dual” (Du Bois, [1967] 2009; Morikawa, 2001; Verharen, 2002). Frantz Fanon (1973) además, demostró que cuando la gente Negra internaliza la construcción colonial de “otredad”, adquiere patologías psicológicas como: el complejo de inferioridad; el autorechazo; la adopción de patrones estéticos exógenos o “blanqueamiento” socio-cultural; la consecuente domesticación; y el complejo de sobre-compensación adleriana, que puedo definir a groso modo como un resultado del complejo de inferioridad, que consiste en que para compensar dicho complejo, la persona busca la forma de demostrar superioridad ante algunos de sus compañeros(as) que están bajo el mismo régimen de opresión (Ibíd.). Abdías do Nascimento y Guerreiro Ramos, llegaron a conclusiones similares sobre los daños psicológicos del racismo (Nascimento, 1981). Mientras, el pensador Afrochocoano Carlos Arturo Caicedo Licona (2002), también encontró los mismos daños psicológicos ocasionados por el racismo en la psicología de los afrochocoanos.

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Revista negarit n06 2010  
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